Filosofoak

Marx, Karl

Filósofo alemán (1818-1883), hijo de un abogado judío convertido al protestantismo. Acabó brillantemente sus estudios en Berlín integrado ya a la izquierda hegeliana antes de acabar la carrera. Finalizada ésta y su tesis doctoral sobre Demócrito y Epicuro, comenzó a colaborar en la Rheinische Zeitung de Colonia de la que llegó a ser redactor jefe.

Es en 1844 cuando aparece su primera referencia a los vascos en el mencionado periódico. Aludiendo al paneslavismo, añade:

"No hay ningún país de Europa que no tenga en algún rincón ruinas populares, restos rechazados de una población primitiva sometidos por la nación que fue, luego, portadora de la evolución histórica. Estos restos de una nación pisoteados sin piedad por la marcha de la Historia (como dice Hegel), esos desperdicios populares son, hasta su destrucción o desnacionalización completa, los portadores fanáticos de la contrarrevolución, y su misma existencia significa ya una protesta contra la gran revolución histórica. Estos son, en Escocia, los montañeses defensores de los Estuardo de 1640 a 1745; en Francia, los bretones, defensores de los Borbones de 1792 a 1800; en España, los vascos, defensores de D. Carlos; y, en Austria, los sudeslavos, que no son otra cosa que los restos de una enrevesada evolución milenaria".

Otro párrafo, más tardío, del filósofo de Treveris, El tradicionalismo español, publicado en el New York Daily Tribune en 1849 dice, en cambio, lo siguiente:

"El carlismo no es un mero movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales; es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagado de papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales, de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo, las nuevas clases de comerciantes y agiotistas, la democracia latifundista y los intelectuales secularizados que, en la mayoría de los casos, pensaban con cabeza francesa o traducían, embrollándose, del alemán".

Ambos textos han solido ver la luz por lo general separados, a tenor de las preferencias políticas del comentarista. Pero resulta de interés confrontar dos opiniones tan contrapuestas, separadas sólo por un lapso de cinco años.

Se trata de cinco años importantísimos en la vida de Marx. Si seguimos la orientación de tratadistas y marxólogos tan importantes como Mandel y Althusser, es precisamente entre 1847-1848 cuando vemos producirse lo que Althusser llama la "ruptura epistemológica de Marx", es decir, el momento en que se produce el corte entre lo que se denomina "el joven Marx" y el "viejo Marx", es decir, el momento en que, valga la redundancia, Marx se convierte verdaderamente en "marxista". En el párrafo primero Marx se declara todavía discípulo de Hegel; discípulo de un hombre que creía en la existencia de una racionalidad mecanicista de tipo metafísico en la marcha de la Historia, lo cual sería contrario a la esencia misma del marxismo (Althusser, Poulantzas) consistente en un estudio concreto de las bases económicas y de clase que actúan dentro de una realidad concreta.

Por lo tanto, así como el párrafo de la Gaceta Renana está todavía fuertemente influenciado por el idealismo de Hegel y por las ideas políticas y sociológicas extraídas por Marx de los tratadistas alemanes de la revolución democrático-burguesa (Von Stein sobre todo) el párrafo de 1849 corresponde en cambio a un análisis histórico dialéctico basado fundamentalmente en la estructura de clases que soportaba el fenómeno social carlista. El primer párrafo coloca, como fundamento de su argumentación, la existencia de una razón, de una racionalidad histórica que lleva a la historia a su consumación en unos fines fijados de antemano, es decir, es un contexto puramente idealista. El segundo es un análisis de la realidad concreta de un fenómeno social concreto, tratando de establecer, sin apriorismos metafísicos, la relación entre la ideología y el modo de producción de la vida material. Las posteriores apreciaciones de Marx en su La Revolución en España confirman esta interpretación.

La introducción de las ideas marxistas en el País Vasco se produjo de la mano de la II Internacional y el grupo inicial socialista de Vizcaya. El primer planteamiento, a su vez, de la cuestión nacional vasca en el seno del socialismo tiene lugar a finales de 1918 cuando el derrumbamiento del Imperio Austro-Húngaro desata la polémica, ya casi centenaria, de las nacionalidades. El médico socialista Madinabeitia y Toribio Echeverría rompen una lanza por la "nación vasca" y Luis Araquistain llegará incluso a reconocer el derecho a la secesión en lo que pueden otearse ya las doctrinas leninistas sobre la autodeterminación de los pueblos. La misma es recogida por los vascos de la III Internacional ya en los años 20 y 30, en especial de la mano de su dirigente Bullejos y del Partido Comunista de Euskadi fundado tras la revolución de octubre. Tras la guerra, el debate marxista desaparece hasta el recambio generacional de los años 60. Esta vez se plantea desde la óptica nacionalista, concretamente en el seno de la sindical ELA-STV del interior, el año 1963. Un año después, bajo el influjo del FLP español, ETA también va a plantear la cuestión nacional vasca bajo el prisma de la teoría marxista y/o leninista. Con el advenimiento de la democracia parlamentaria y ante las primeras elecciones inorgánicas del 15 de junio de 1977, son varios los grupos que se reclamarán del socialismo y/o del marxismo puro. La mayoría de ellos acabarán constituyendo las formas epigonales del movimiento político suscitado por ETA: Euskadiko Ezkerra, por una parte, Herri Batasuna, por otra. En el extremo izquierdo de esta especie de marxismo de corte autóctono podrían situarse el Movimiento Comunista y la Liga Comunista Revolucionaria, hijos ambos de la ETA de los años 60-70. Para una mayor información consúltese el artículo dedicado a cada partido, grupo o movimiento.

Consta la traducción al euskara de Xabier Kintana de una obra de Marx bajo el título Lan alokatua eta kapitala, 1971, y del célebre Manifiesto del Partido Comunista, bajo el título Alderdi Komunistaren manifestua, Zarauz, 1980.