Plataformak

Liga Foral Autonomista

Organización política creada en San Sebastián a finales de 1904 con la finalidad de reavivar y salvaguardar el sentimiento foral del País Vasco.

Mientras Navarra posee en dicho año un corpus jurídico más o menos completo al que referir su actuación político-administrativa (Ley de Fueros de 1841), las provincias vascongadas se hallan todavía en la situación de interinidad suscitada por la ley del 21 de julio de 1876. Un folleto de ese año (Jamar, J.: Lo que es el fuero...), plantea exactamente cuál es la situación para los fueristas:

"La ley de 21 de julio de 1876, quedó pues cumplida en lo que tiene de onerosa para las provincias, pero está incumplido el artículo 4.º de la misma, porque no se ha dictado aún ninguna disposición, por la cual, con audiencia de las provincias y dando cuenta a las Cortes, se establezcan las reformas necesarias y convenientes en el régimen foral. Con la aplicación dada a la ley de 21 de julio, llegamos al concierto económico, pero no al administrativo como podía y debía hacerse si se atendieran las justas reclamaciones de los vascongados".

Pero además del inconveniente de la provisionalidad es el mismo concierto económico el que se siente amenazado por la intervención gubernamental, ya que

"de seguir ese camino, llegaría un momento en que a fuerza de hacer reducciones en los cupos concertados por haberse suprimido el importe sobre tal o cual especie tarifada, vendrían a reducirse a cero los encabezamientos y las diputaciones se encontrarían con que ya no tendrían cupo ninguno que satisfacer, por intervenir directamente el tesoro público en la percepción de todos los tributos establecidos"

(VG, 3 dic., p. 1).

Fuerismo político y fuerismo económico van a unir sus esfuerzos ante un nuevo "contrafuero", la ley de alcoholes.

El 19 de julio de 1904 firma Alfonso XIII la modificación de la tributación especial de los alcoholes. Las diputaciones vascongadas no la aceptaron alegando que afectaba a un impuesto ya encabezado; la de Navarra había llegado a un acuerdo polémico en 1889 y el 16 de octubre de 1900 había aceptado un impuesto semejante que gravaba el azúcar, mediante una indemnización de 400.000 pts. A partir de este momento se abre un conflicto que dará lugar a diversas protestas colectivas y a la creación de la LFA. Los hechos se precipitan desde la ruptura entre los comisionados vascongados y el Gobierno el 27 de setiembre a lo que sigue un RD del 28 de octubre confirmando el concierto pero también la ley de alcoholes. Dos días después una multitudinaria manifestación recibió a los comisionados en San Sebastián. Veremos a sus organizadores seguir reuniéndose, esta vez para crear un organismo estable.

Tras diversas asambleas celebradas en los locales de "La Unión Artesana" de San Sebastián por parte de representantes de las corrientes de opinión agrupadas alrededor de los diarios "La Voz de Guipúzcoa" (republicanos y liberales), "El Correo de Guipúzcoa" y "El Pueblo Vasco" (carlista el primero, derecha católica liberal el segundo), el 17 de noviembre de 1904 se crea la LFA. En su junta directiva veremos nombres significativos:

Presidente.
Eugenio Gabilondo Alcorta, presidente de la Unión Artesana, del Orfeón Donostiarra y de la Unión Republicana de San Sebastián.

Vicepresidente.
Cándido de Orbe, hermano del marqués de Valdespina, ex diputado provincial, carlista. Juan de Olazábal y Rameri, fundador de "La Constancia", jefe del Partido Integrista.

Secretario.
Agustín Brunet González, financiero, liberal.

Tesorero.
Antonio Albizu, republicano.

Delegado en Madrid.
Francisco de Goitia, industrial, publicista, miembro de la Unión Republicana.

Vocales.
Felipe Irazusta, Salustiano Iturrioz por el part. foral de Tolosa; Jesús M.ª Echeverria, Máximo Laborda por el de San Sebastián; Juan Ramón Beristain, Pedro Arrillaga por el de Vergara; Jesús Alzuru, José M.ª Aizpuru por el de Azpeitia. Además: marqués de Valdespina, Wenceslao Aguirrebengoa, Leopoldo Ducloux y Francisco Atrillaga. Como puede advertirse por los nombres, la composición es sumamente plural. Sin embargo faltó acreditación oficial de los partidos liberal y conservador, así como nacionalista; la Unión Republicana, excepto Goitia y Gabilondo, se retrajo también del movimiento, así como su órgano de difusión "La Voz de Guipúzcoa". Por otra parte, "El Pueblo Vasco", dirigido por R. Picavea, jaleó el nacimiento y el monarquismo vizcaíno manifestó, a través de "El Nervión", su desconfianza hacia "juntas populares, ávidas por lo común del aplauso de las multitudes y no suficientemente discretas para contenerse en el punto en que deben quedar limitadas sus iniciativas". El nacionalismo, finalmente, pensó que "corrió la causa muy serio peligro... " "por si nos dejábamos envolver en las redes fueristas" (Aranzadi: Ereintza, 189-191). El 3 de diciembre la LFA publicó su "Manifiesto al Pueblo Guipuzcoano" cuyo extracto es el siguiente: Su Junta "está compuesta por representantes de todos los partidos políticos y de todos los organismos y de los distritos forales de la provincia". "Misión de sostener y, avivar el fuego por las libertades éuskaras, siendo la aliada fiel de sus Diputaciones". "Somos... complemento de la Diputación... las fuerzas vivas del país...". "Hay que hermanar y, confundir en el mismo sentido a las provincias de Alava, Vizcaya y Navarra". Plan: "pedir la autonomía foral equivalente a la libertad fiscal y administrativa". Saben que asustarán a las gentes pusilánimes que temen "dar vastas proporciones a movimientos populares en los que se arriesga la tranquilidad y la pérdida de lo que se posee". Al "restaurar las democracias regionales." se conseguirá también "la resurrección de España, que yace moribunda por los estragos del centralismo.". Aspiraciones: 1.-Restauración de nuestra Constitución secular. 2.-"Ley paccionada" para las vascongadas en la que se concrete claramente esta situación. Ejemplos: Austria-Hungría en Europa, EE. UU. en América, el proyecto de Home Rule de Irlanda. "Funcionarios e ideólogos son nuestros únicos enemigos".

Primeros éxitos.
Con estos propósitos, la LFA comienza a estructurarse mientras secunda a las tres diputaciones que cada vez se manifiestan con más dureza. A finales de diciembre "recibe numerosas adhesiones, calurosas todas ellas, de autoridades y personalidades importantes de Navarra, donde cunde el entusiasmo a impulsos del noble deseo que guía a la raza éuskara" y ha celebrado una entrevista con F. Cambó "que ha venido expresamente" a San Sebastián (VG, 3 dic., p. 1). Se constituyen, presidida por lo general por el alcalde, las juntas locales de Tolosa, Villabona, Andoain, Villafranca, Zumaya, Rentería, Hernani, Oyarzun, Lezo, Astigarraga, Zumárraga, Motrico, Orio, Régil y Beizama. Entrado 1905 publica una Cartilla foral y realiza fiestas forales en diversas localidades como Astigarraga y Zumárraga. El 16 de febrero celebra una reunión en Zumárraga con 70 presidentes de juntas locales, algunas de las cuales de Vizcaya y anuncia la "creación inmediata de un organismo análogo" en Alava (VG, 17, p. 1). El 12 de marzo obtiene un importante éxito electoral en las elecciones provinciales de Guipúzcoa colocando, bajo su lema, a tres integristas, tres carlistas, un republicano y un monárquico alfonsino. Sin embargo, la extensión a otras provincias no debió de prosperar de modo significativo.

Cara a las elecciones generales del 10 de setiembre, la LFA se reúne en Tolosa para concretar su estrategia (23 de julio). Para ello constituye, en el seno de la misma, una junta provincial de la liga facultada para designar a los candidatos. Disconformes con el reparto de distritos, los carlistas y los picaveistas abandonan la LFA lo cual no impide que en los comicios el triunfo del agrupamiento sea otra vez total en Guipúzcoa: dos liberales (Balbás y Orueta), dos mauristas (García Ogara y Santillana) y un integrista (Sánchez Marco). Hay que resaltar, sin embargo, que preeminentes carlistas como Cándido Orbe y Teodoro Arana no se retiraron y que el marqués de Valdespina lo hizo sólo por disciplina de partido y probablemente por indicación de la jefatura del tradicionalismo.

En 1906 los catalanes van a experimentar un interesante agrupamiento. Carlistas, Lliga Autonomista, republicanos federales, Unión Catalanista y Esquerra se unen para presentar un flanco solidario frente a la agresividad anticatalanista y para tratar de obtener la ansiada autonomía. En el País Vasco, la LF no consigue, sin embargo, apenas, rebasar las fronteras de Guipúzcoa. El fuerismo económico es un axioma (conciertos económicos) pero en el camino del fuerismo político surgen los obstáculos del partidismo y de la obediencia de los partidos vascos, en su mayoría, a instancias superiores.

Así, a primeros de año vascongados y navarros firman la enmienda vizcaína al proyecto de reforma municipal de Moret pero la LFA no consigue institucionalizarse en Vizcaya, Alava o Navarra, pese al deseo manifestado en la Asamblea de Zumárraga del 18 de marzo y a las continuas exhortaciones del "Noticiero Bilbaíno" de la capital de Vizcaya. La ley de jurisdicción,que significa una amenaza rigurosa a los regionalismos vasco y catalán, acerca a éstos (votaron contra ella 17 republicanos, 7 regionalistas y 2 tradicionalistas). El 22 y 23 de mayo Solidaridad Catalana organiza un homenaje a todos los que combatieron el proyecto asistiendo una representación de la LFA encabezada por Juan de Olazábal, Juan Bautista de Larreta y José Albizu.

Del 8 al 14 de julio son los catalanes -Cambó por Solidaridad Catalana, Abadall, Bertrán y Musitu, marqués de Camps, Fortuny, Pardo, Puig y Alfonso por la Lliga- los que visitan el P. Vasco causando un inusitado revuelo en los medios políticos españoles que ven constituirse una temible entente "separatista". Carles Fortuny, cronista del viaje, relata los prolegómenos del mismo: El movimiento regionalista en las provincias vascongadas tal vez no tenga una intensidad tan ostensible como entre nosotros, pero está fuera de duda que resulta mucho más extenso, debiéndose notar la particularidad que allí y principalmente en la provincia de Guipúzcoa no se han debido estos trabajos a una fuerza centrífuga y de irradiación de la capital a los pueblos como se ha venido observando en Barcelona sino con un proceso completamente distinto. Y la cosa tiene muy clara explicación.

La densidad de población rural verdaderamente extraordinaria ha hecho que la propiedad proporcionalmente subdividida hiciese conservar el amor al propio terruño y que la tradición de familia como depósito sagrado pasase más pura de unas a otras generaciones. En cambio la moderna capital de Guipúzcoa viviendo casi exclusivamente de la industria del veraneo se ha cosmopolizado debiéndose por lógica consecuencia mercantilizarse un tanto sus pensamientos. Por esto en San Sebastián es donde menos se nota el regionalismo vasco, porque aun los que íntimamente lo sienten se ven imposibilitados de exteriorizarlo sin perjudicarse en sus materiales intereses.

Este estado de cosas fue aprovechado por los elementos centralistas de la capital, fundando poco tiempo antes de nuestra llegada un diario, sostenido según de público se decía, por fondos secretos del Ministerio de Gobernación, con el único objeto de desacreditar la Liga foral valiéndose para ello de todos los medios. Procuraron presentar incompatibilidades que jamás han existido entre nosotros y S. M. el rey de España, gran protector de San Sebastián; haciendo creer que la ruina de su comercio estaba vinculada a nuestro trato; que una alta personalidad de la política ex-jefe del Gobierno había prometido conceder todo lo que Vasconia con urgencia solicitaba, con la única condición de romper toda relación con nosotros y finalmente, usando el arma ya pasada de moda aquí, de insultarnos con el nombre de separatistas. Y cuando el periódico fuerista La Región Vasca, propagandista infatigable de la Liga foral, en legítima defensa atacó a los calumniadores, éstos llegaron a todo hasta la cobarde agresión personal contra el director de aquella publicación señor Cullaré.

Llegados los hechos a este punto, llenos de entusiasmo todos los pueblos de Euskeria y dividida la capital en su modo de apreciar la finalidad y consecuencias de nuestra visita, creyeron algunos en la conveniencia de un aplazamiento". Efectivamente en San Sebastián se producen disturbios que no consiguen interrumpir la visita, que prosigue en olor de multitudes. El día 11 en Tolosa ambas ligas se prometen ayuda mutua. "Pretendéis -dice Camps- vosotros completar vuestra personalidad; nosotros, que la perdimos toda, trabajamos para reconquistarla. Para ello contamos sólo con nuestro esfuerzo, con el vuestro y con el de todas las regiones españolas que quieran ayudarnos en la reconstitución de nuestro país". El día 12 visitan Guernica y dedican un recuerdo a Arana-Goiri. A su despedida el 14 acudirán ligueros, nacionalistas, republicanos federales, integristas y una multitud.

Pese a su éxito popular, la LFA va a desaparecer tras la negociación del concierto económico firmado el 13 de diciembre de 1906. Desertada primero por los carlistas, la visita de los catalanes ahuyenta de sus filas a los republicanos y liberales más sumisos a las órdenes centrales, entre ellos a "La Voz de Guipúzcoa" de San Sebastián. En cuanto a las derechas, va a ser la Ley de Asociaciones religiosas la que siembre la discordia. "¿Qué ha sido muy principalmente la Liga sino la unión electoral que ha mermado la representación de los católicos en las Cortes y en la Diputación?" escribe el carlista Luis de Zabala al integrista Juan de Olazábal el 12 de julio de 1906. En un país sumido, a ambos lados de la frontera, en una desaforada campaña religiosa, la existencia de un organismo interpartidista semejante al catalán va a resultar imposible.

El espectro político se divide en dos rabiosos agrupamientos: católicos, por un lado, sumisos a las indicaciones diocesanas (nacionalistas, conservadores, carlistas, integristas) e izquierdas, por otro (republicanos, liberales y socialistas). La manifestación que recibió a los comisionados vascos el 26 de diciembre fue ahogada por los mítines católicos y laicistas que le sucedieron. Francisco de Goitia recoge con amargura:

"La Liga Foral de Guipúzcoa se deshizo al soplo de la furiosa tormenta que levantó en el País Vasco la discusión parlamentaria del proyecto de ley de asociaciones, no bastando los avisos de gente sesuda que indicaba a los clericales lo inútil de sus alarmas ante la amenaza de aquel proyecto que no se convertiría en ley y el peligro que haría correr a la causa del fuero, si rompían la Liga o Solidaridad Vasca por temores pueriles de un fantasma sin encarnación posible por entonces".

(Autonomía Mundial, págs. 311 y 312).

Solidaridad Catalana, mientras tanto, consiguió llevar (10 de marzo de 1907) a Prat de la Riva a la presidencia de la Diputación catalana donde esbozó, al decir de Pabón, "todas las instituciones que la Mancomunidad desarrollaría más tarde". El "Noticiero Bilbaíno", solitario ya, insiste: "Resuelta la cuestión económica, quedaba por resolver una segunda parte; la de la autonomía, la reintegración foral. Las diputaciones deben tratar este punto con el Gobierno". Y añadía:

"Comparemos la conducta de los vascongados con la de los catalanes. Los carlistas, los integristas y los conservadores de la derecha son en Cataluña tan fervientes católicos como los de aquí. También hubo allí mítines clericales y anticlericales en abundancia, pero a nadie se le ha ocurrido la idea de romper la Solidaridad. Por el contrario, se han repartido amigable y equitativamente, entre los buenos catalanes., los puestos para las diputaciones provinciales, como se repartirán los de las Cortes. Cada cual defenderá sus ideas especiales, pero estarán todos conformes en una, que es la necesidad imperiosa y primordial de una región autónoma dentro del Estado español. Seguramente, la agitación actual pasará. Caerá la venda que ciega a quienes en el fondo sienten amor vivo por Euskaria y por sus leyes. Nosotros seguiremos rindiendo fervoroso culto a nuestro ideal foral".

Pero las tres diputaciones, tras un último amago foralista, abandonan también la tarea:

"Las Comisiones de las Diputaciones Vascongadas que dieron cima a los trabajos de revisión de cupos del Concierto Económico y que plantearon al Gobierno liberal, que en aquella fecha regía los destinos de la nación, el problema de la reintegración foral, sin que les fuera posible continuar con él las gestiones iniciadas por la caída de dicho Gobiemo se reunieron en la ciudad de Vitoria, acordando dirigirse al Gobiemo del señor Maura en igual forma que ya lo hicieron ante el Gobiemo de los señores Moret, López Domínguez y Vega de Armijo, una vez que se estudiaron algunas cuestiones que afectan a nuestro régimen económico y administrativo. Con objeto de dar lectura y examinar los trabajos citados, se reunieron ayer en el Palacio Provincial las Comisiones de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, y aprobaron por unanimidad las conclusiones propuestas; se reiteró el acuerdo de acudir a Madrid a plantear al Gobiemo de Su Majestad la cuestión foral en toda su integridad; pero, considerando por una parte que los momentos actuales no son los más a propósito para practicar las gestiones conducentes a causa de las ocupaciones perentorias del Gobierno ante las próximas elecciones generales y, por otra, que debiendo legalmente renovarse muy en breve las diputaciones provinciales y variar su constitución actual, cesando algunos de los señores diputados tanto en el cargo que desempeñan como en su investidura de tales diputados, sin que tampoco hubiera probabilidad de solucionarse la cuestión en el corto tiempo que resta hasta la nueva constitución de las diputaciones, se acordó aplazar la ejecución de la resolución adoptada en estas conferencias hasta que se constituyan las nuevas diputaciones, no dudando que las mismas, impulsadas por el amor a nuestros derechos y aspiraciones, emplearán todo su celo y diligencia en la consecuencia del fin acordado"

(Not. Bilb., 5 abril 1907).

Habrá que esperar a 1917 para conocer un nuevo movimiento autonomista, esta vez marcado de cerca por el nacionalismo.