Lurraldeak

Bizkaia

Este territorio adoptó en 1986 la grafía Bizkaia por decisión de sus Juntas Generales. Hasta entonces la denominación oficial había sido Vizcaya. Gentilicio: vizcaíno.

Mañaricúa (1984) recoge las distintas variantes gráficas del nombre de Vizcaya en las fechas iniciales de su aparición en la documentación:

  1. Bizcai (hacia 900, Cónica de Alfonso III)
  2. Biçcaia (1047 Becerro antiguo de Leyre y 1066 Documentos del reinado de Sancho Ramírez)
  3. Bicchaya (1135 Lacarra, 1972)
  4. Bicikaga (1071 Ibarra, Docs, II)
  5. Biçkaga (1070 Ibid)
  6. Biçkaia (1070 Ibid)
  7. Biscadia (1124 Cantera, 1960)
  8. Biscagia (hacia 1134 Liber Sancti Iacobi) y 1243 Jiménez de Rada)
  9. Biscahia (1124 Cantera, 1960)
  10. Biscaia (1121 Rodríguez de Lama, 1976, y 1175 Ibid)
  11. Biscaya (1162 Mañaricua, 1950) y 1184 Serrano, 1936)
  12. Bischaia (1076 Becerro de Leyre) y 1136 García Larragueta, 1957)
  13. Bizcahia (1078 Colección Minguella, 1082 Ibidem, 1089 Ibidem, 1091 Ibidem)
  14. Bizcaia (1043 Becerro ant. de Leyre, 1072 Colección Minguella; 1113 Cartulario de Nájera; 1135 Lacarra; 1136 Jimeno Jurio, 1968; 1137 García Larragueta; 1143 García Larragueta; 1149 Lacarra)
  15. Bizcaya (1088 Lacarra, 1965; 1143 Lacarra; 1204 Testamento de Alfonso VIII)
  16. Uiçkahia (1053 Mañaricúa, 1957)
  17. Uizcaia (1062 Becerro ant. de Leyre)
  18. Uizcaya (1249 Alamo, 1950)
  19. Vicahia (1093 Colección Minguella)
  20. Viscaja (1124 Llorente)
  21. Viscaya (hacia 1140 Historia Compostellana)
  22. Vizcahia (1086 Colección Minguella; 1053 Ubieto, 1963; 1084 Becerro antigup de Leyre; principios del s. XII Liber Itaci; 1156 Llorente)
  23. Vizcaya (1043 Documento de San Millán; 1092 Cartulario de Albelda; 1135 Lacarra)
  24. Vizchaia (1113 Colección Minguella)
  25. Vizkahia (1076 Ibidem)
  26. Vizkaia (1087 Col. Minguella)
  27. Vizkaya (1061 Cartulario de Albelda).

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Recibió el dictado de "Noble y Leal" el 20 de setiembre de 1475. Los Reyes Católicos le otorgaron el calificativo de "Noble y Leal Condado de Viscaya" por los servicios prestados a la Corona castellana en sus guerras con Portugal y Francia (Documento Archivo General del Señorío de Vizcaya, Gernika, Cart. Real, carp. 1).

Según norma foral del 27-12-1986 el escudo de Bizkaia consta de: en un campo de plata, un roble de copa verde con el tronco recto y sin nudos sobre tierra, de color siena (tronco y tierra) y en su copa los tres cabos de la cruz de color blanco; y una bordura de color oro con 8 aspas de color rojo distribuidas tres en la parte superior, otras tres en la inferior y las otras dos en la mitad de cada lateral. El escudo será circundado por una corona de hojas de roble de color verde. Hasta entonces había sido: con cabeza de león por casco y sosteniendo con sus garras el escudo y asomando la cola al pie, fondo de plata, roble y en su copa, los tres cabos de la cruz, acompañado de dos lobos pasantes al pie, cebados con sendos corderos y bordura de oro con cinco leones andantes. El escudo tradicional aparece en piedra en lo alto de la fachada neoclásica de la Casa de Juntas construida en la primera mitad del siglo XIX que sustituyó a la ermita juradera que puede verse en el cuadro que pintó Mendieta y que representa el acto de la jura de los Fueros por Fernando el Católico como Señor consorte de Vizcaya. Se repite en diversos lugares de la Casa de Juntas, con o sin otros elementos decorativos. También se hallan dos escudos muy sencillos que corresponden al templete que se levantó en 1483 para la jura de Isabel la Católica.

Sobre los elementos constitutivos del escudo tradicional de Bizkaia se polemizó a finales del siglo XIX y primer tercio del XX, razón por la cual González Echegaray publicó en 1967 un informe, que seguimos, en el que se recogen las versiones y se analiza cada uno:

a) El Árbol. Pieza fundamental de este escudo, no ha ofrecido nunca demasiadas dudas. Labayru, en sus informes (1898) dice que el árbol ha de ser un roble frondoso y frutado, con raíces descubiertas, que es alegórico del de Gernika y que simboliza las libertades del País. En su descripción viene a coincidir con lo escrito por Henao y otros autores. Guerra dice en su informe (1917) que el roble representa al de Gernika, conocido en la heráldica europea como representativo de su País, y que simboliza el batzarre o asamblea. También afirma que en algún tiempo hubo en el escudo dos árboles, el segundo de los cuales representaba al de Gerediaga, simbolizándose así la unión del Duranguesado a Bizkaia.

b) La Cruz. Este ha sido uno de los elementos del escudo más discutidos. Así Labayru, en 1898, dice textualmente que "no es verdad" y la califica de "añadidura o superposición que desfigura la verdad del escudo". Se funda en el escudo del Fuero de 1572 y en el de Avellaneda de 1635 (entonces derribado y al que propone recoger y trasladar a la Casa de Juntas de Gernika). Reconoce Labayru que se equivocó al tratar este problema en el tomo I de su Historia de Vizcaya. Echegaray, en su informe (1899), dice que la cruz aparece descrita por primera vez por Juan de Castañiza en 1680 y que trae su origen de los falsos cronicones del s. XVII y que "al introducir la cruz en el escudo de armas del Señorío se pretendió, seguramente, halagar los sentimientos del pueblo vizcaino, cuyo espíritu profundamente cristiano...", y añade: "... pero no porque una fábula sea simpática y halagüeña deja de ser fábula". Cita las ediciones del Fuero de 1528 y 1575 en las que no aparece la cruz. En el segundo expediente (1917) la Comisión, en principio, parece que aceptó suprimir la cruz, y así aparece en el borrador manuscrito del Acta, pero dicho párrafo está tachado. Efectivamente, la mayoría formada por los diputados Cruceño, Arana y Aznar disintieron de lo propuesto en los informes de Labayru y Echegaray para suprimir la cruz, mientras que los diputados Cobreros y Allende apoyaron a los citados historiadores. Sabino Arana opinó en su informe que debía subsistir la cruz -pese a su origen demasiado reciente (s. XVII) y no explicado- por haber sido aceptada tácitamente por las Juntas y el Gobierno del Señorío sin acuerdo en contra. Por el contrario, considera Antonio Allende que el razonamiento de Arana carece de fuerza, ya que los lobos fueron introducidos cuando se formó el escudo de Vizcaya, a causa de la batalla de las Navas de Tolosa y que no puede sobreponerse la razón religiosa a la histórica como justificación, ya que no podría calificarse de poco cristianos a los informantes opuestos a la inclusión de la cruz, Labayru y Echegaray, "el primero, ministro del Señor, y el segundo católico ferviente". El asunto fue sometido a votación y, al adherirse al voto de Arana, Cruceño y Aznar, fue admitida la cruz en el escudo. En el segundo expediente (1917) se suscitan diversas opiniones sobre este mismo punto, y así, Luis de Salazar manifiesta que está conforme con el acuerdo de 1899 porque, al incluir la cruz (ya admitida por la costumbre), se diferenció el escudo de Vizcaya del de la familia Haro. Guerra dice que la cruz debe ser roja (para evitar la transgresión heráldica de "metal sobre metal") y que representa el juramento del Señor de Vizcaya so el árbol y, al mismo tiempo, la fe católica del pueblo vizcaino. Asegura que esto no tiene nada que ver con los falsos cronicones y que esa cruz "le consagra como árbol juradero y excelso sobre todos los árboles del armorial eúskaro".

c) Los lobos. Ha habido más unanimidad respecto a esta figura heráldica que con las anteriormente citadas. En el informe de Labayru (1898) se describen como dos lobos andantes en sable (negro), uno sobre otro, cebados (es decir, llevando sendos corderos en la boca). Ya Henao había concretado sus características. En cuanto al origen histórico, todos coinciden en atribuírselo a los Haros y parece, según Labayru, que fue Lope Díaz de Haro, el de Nájera, quien primero usó como emblema un lobo andante y sin cebar. Su hijo, Diego López de Haro el Bueno, o el de las Navas, también adoptó el lobo, pero después de esta batalla añadió otro, ambos cebados por el botín cogido en dicha acción. En este tiempo se generaliza ya la costumbre del escudo heráldico y Vizcaya la adoptó por ser las armas de su Señor. Una de las polémicas más encendidas fue sobre el supuesto origen de los lobos en la batalla de Padura. A este respecto dice Labayru: "Es una papa hacer proceder el escudo de Vizcaya del tiempo de la batalla de Padura o Arrigorriaga, tiempo en el cual, aun suponiéndola verdadera (para mí no lo es), no se conocieron los escudos o blasones heráldicos, los cuales se introdujeron a fines del s. XII, como es constante entre los mejores heraldistas e historiadores". En el nuevo expediente de 1917 este tema es origen de renovadas controversias, destacando los informes de Angel de Zabala, quien dice que los lobos deben desaparecer del escudo. Guerra, por su parte, recuerda la etimología de Lope (lupus), de donde vendría el emblema parlante del lobo y cree que esto fue reforzado por la leyenda de la batalla de Padura contra los leoneses, que ya era popular en el s. XV. También aduce el dato aportado por Lope García de Salazar, según el cual Lope Zuría tomó por escudo dos lobos encarnizados con dos árboles, hipótesis curiosa a que ya hemos aludido al hablar del árbol y que se refiere a la unión del Duranguesado con Vizcaya.

d) La bordura. Quizá sea éste, juntamente con la cruz, el elemento más discutido del escudo del Señorío. La polémica gira fundamentalmente en torno a si la bordura debe llevar aspas o leones. En el expediente de 1898-99 se plantea ya este dilema y Carmelo Echegaray opina que no existen datos tan concretos y fidedignos como en el caso de la cruz, pero que, según las ediciones antiguas del Fuero, debe llevar cinco leones, dos en la parte superior, uno a cada lado, y el quinto en "punta". Labayru considera que no hay base segura a este respecto, pero se inclina por las aspas que recuerdan a la batalla y toma de Baeza, el día 30 de noviembre de 1227, en la fiesta de San Andrés, del cual es símbolo el aspa. En dicha batalla se distinguieron el Señor de Vizcaya, don Diego López de Haro, y sus gentes. Labayru emite un segundo informe poco después, en el que rectifica esta opinión: "aunque lo de las aspas pueda parecer más vizcaino... juzgo... no debe innovarse nada, sino seguir con los cinco leones". La Comisión de Fomento de la Diputación, al recoger los informes de Echegaray y Labayru puntualiza que se trata de bordura y no de orla. El color deberá ser de oro viejo, y la disposición de los leones según la propugnaba Echegaray, suprimiendo también la redundancia que supone la leyenda "Vizcaya". El debate de la bordura se enciende de nuevo en 1917, al incoarse nuevo expediente, y Zabala afirma que las aspas sólo conmemorarían una batalla (Baeza) en la que participó el Señor con "algunos" vizcainos y fuera de su país, por lo que están de más y que deben ser sustituidas por árboles (?) en números de diez, en representación de las Merindades y Villas. El extenso informe de Juan C. Guerra (1917) expone que los leones prevalecieron con el tiempo sobre las aspas, para diferenciar el escudo señorial de los blasones particulares orlados de aspas. Aduce también que hay otros hechos de armas importantes que podrían haber sido representados con igual derecho. Los leones proceden de la heráldica del matrimonio de don Diego López de Haro con doña Violante, hija del rey Alfonso X el Sabio, aportando una bordura de cuatro castillos y cuatro leones. Después se dio otra interpretación al escudo, suprimiéndose los castillos, añadiendo la leyenda "Vizcaya" y un león más y poniendo a los cinco leones en posición de andantes. La agregación del quinto león se debería, según Guerra, a la existencia no probada de un escudo anterior del Señorío, formado por "cinco torres de plata con sendos hombres tañendo sendas bocinas", representativos de los cinco Alcaldes del Fuero que, por medio de sus sayones, convocaban a las Merindades desde las cinco cumbres del Señorío (Gorbea, Oiz, Sollube, Ganekogorta y Kolitza).

e) El león. En ambos expedientes se toca también el tema del león soporte del escudo, aunque sin mayores polémicas. Dice Echegaray (1899) que "a todo el escudo embraza un león que asoma su cabeza por el frente". Es interesante consignar que el segundo expediente, el informe de Zabala, que resulta bastante iconoclasta suprimiendo aspas, lobos, cruz, banderas y otros signos, opina que el león debe ser conservado.

La bandera de Bizkaia es la tradicional de color carmesí, figurando en el centro de la misma el escudo del territorio histórico de Bizkaia.

Las primeras referencias documentales que sobre ella se encuentran se remontan al siglo XVI, siendo la más antigua del año 1559. En 23 de noviembre de dicho año, reunido el Regimiento en Bilbao, el Corregidor dijo que una bandera del Señorío estaba en guarda en poder de Pedro de Gallarza, escribano, y para que no se perdiese, mandó la tuviese el citado escribano. Esta bandera la habían hecho algunas anteiglesias. El 23 de agosto del año 1576 se ordenó que "la bandera del Señorío la tengan los Síndicos o cualquiera de ellos, para su buena guarda y custodia". Pero los resultados de estas disposiciones debieron ser nulos, ya que el 17 de noviembre de 1595 el Síndico dijo "que hacía muchos años que no se sabía dónde estaba la bandera... y juntamente... se haga un atambor y pífano". En 26 de enero de 1596 el Regimiento de la Tierra Llana acordó que "atento que no se halla la bandera de este Señorío, se ordenó que en buscarla se hagan las diligencias necesarias y que del primer repartimiento se haga una bandera nueva con las armas de Vizcaya, y dos cajas y dos pífanos...". Aquí aparece una nota que dice: "la vieja no se halló y se hizo otra nueva y dos cajas". Esta nota debe ser posterior, porque meses después, en septiembre, el Regimiento del Señorío "mandó que Ortuño de Alcíbar, Síndico General del Señorío, a costa de él, haga una buena, con las armas reales de S. M. por la una parte y por la otra con las del Señorío". Al margen hay una nota que dice: "hízose". Esta referencia es de interés por contener la primera descripción de la bandera, que unida al color carmesí del fondo de la misma que conocemos por otras descripciones, nos bastaría para reconstruirla, si no hubiera llegado a nuestros días conservada en el pendón de la Corporación provincial, que lo heredó del Señorío.

Hay todavía un punto que aclarar en esta cuestión y es el del color de la bandera. Efectivamente, a pesar de haberse conservado en la Diputación la tradicional bandera carmesí, en algunos autores del siglo pasado se alude a una bandera del Señorío de color blanco. Así aparece descrita en la jura de los Fueros en Gernika por Carlos VII, segunda carlistada. Pero aquí surge una duda ¿Esa bandera blanca, no sería más bien el pendón real de la rama carlista borbónica? Otro testimonio curioso: Sesmero, durante las obras de restauración, halló en un desván de la Casa de Juntas de Gernika una bandera triangular (semejante a las de las antiguas anteiglesias) blanca por un lado y azul por otro, sin ninguna figura. También en la Casa de Juntas se halla el espejo en forma de escudo que donó Eugenia de Montijo; está enmarcado por tres banderas a cada lado, una de las cuales es la española, otra azul y otra blanca, con el escudo de Vizcaya. El color azul celeste de esta bandera, del reverso de la anteriormente citada, son refuerzos de esta hipótesis por dos distintos caminos: por un lado, el azul es el color heráldico de la familia Borbón y por otro, el azul con el blanco son los colores simbólicos de la Inmaculada Concepción. También se podría citar aquí una litografía ejecutada por Juan E. Delmas. Se trata de la portada de uno de los tomos impresos de las Actas de Juntas del Señorío del año 1852. En ella aparece el escudo de Vizcaya sobre un manto carmesí y cruzadas sobre él la bandera española (en su versión de la marina mercante de entonces) y una que pudiera ser la bandera de Vizcaya, color blanco y sobre ella una cruz de Malta de color oro. Ahora bien, esa cruz y el campo blanco, ¿no podrían simbolizar el cristianismo como uno de los puntales del país, al lado del patriotismo representado por la otra bandera? Por lo menos, en la pintura de historia del siglo XIX, así aparece la bandera de los reinos cristianos de la reconquista. Recuérdese, sobre todo, la que suele pintarse en manos de Pelayo en Covadonga y la ovetense Cruz de los Angeles, a la cual se parece la grabada por Delmas. También es análoga la que la imaginería piadosa pone en manos del apóstol Santiago en su advocación de ecuestre "matamoros". En realidad, la bandera no sería otra cosa que la versión del cristiano Lábaro, que los historiadores vizcaínos del siglo XIX relacionaban con el lau-buru o cruz vasca precristiana. Como resumen, queda probadamente de manifiesto que, por lo menos desde mediados del siglo XVI, la bandera del Señorío era carmesí con ambos escudos, uno en cada cara de la enseña.

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Ver Bizkaia. Geografía

El territorio histórico de Bizkaia tiene una superficie de 2.236 km², que representan el 30,66% de la Comunidad Autónoma Vasca.

Presenta un relieve montañoso especialmente en el sur y en el este de la provincia aunque se dan, en general, formas suaves y poco abruptas. La red hidrográfica de Bizkaia es moderadamente densa y está relativamente jerarquizada. Salvo algunos sectores meridionales, la mayor parte del territorio se articula dentro de la vertiente cantábrica. Bizkaia presenta un clima oceánico litoral (litoral fresco o de fachada occidental), abierto a las influencias marítimas. Este tipo climático se caracteriza por su marcada homogeneidad térmica -temperaturas moderadas en invierno y suaves en verano- y por sus elevadas precipitaciones.

En las sociedades históricas, el desarrollo demográfico ha sido una de las expresiones más claras del bienestar y de la riqueza de un país. El número de efectivos humanos así como su estructura interna en un momento histórico dado es, uno de los signos más claros de la capacidad de una sociedad para producir los bienes necesarios para su desarrollo social. En las sociedades europeas preindustriales, en las que el desarrollo tecnológico era escaso y apenas experimentaba cambios sustanciales, el principal rasgo ha sido la dificultad de la expansión demográfica. El ritmo de crecimiento demográfico era muy lento. Pocas veces se superaba un incremento medio del 0,5 por cien habitantes al año. Eran muchas las constricciones que impedían crecer a la población a un ritmo intenso durante un largo periodo de tiempo. Por un lado, las sucesivas crisis de mortalidad, en forma de hambrunas, conflictos bélicos y epidemias, se encargaban de diezmar la población de forma cíclica. Por otra parte, las posibilidades de expansión de estas colectividades vienen determinadas por los recursos disponibles: la tierra, el espacio y otros elementos naturales. Las poblaciones reaccionan y ajustan el número de efectivos humanos a las coyunturas recesivas o expansivas a través de una serie de estrategias demográficas. Nos referimos a la posibilidad de crear mayor o menor número de unidades familiares, de alargar o acortar el periodo de reproducción mediante la edad a la que las mujeres contraían matrimonio, o a la posibilidad de desplazarse geográficamente.

Evidentemente una vez iniciada la primera revolución tecnológica este equilibrio demográfico se altera profundamente. En la civilización occidental, a lo largo de los siglos XIX y XX, se rompen las históricas constricciones al crecimiento de la población y se supera ese antiguo techo poblacional marcado por la producción de alimentos. El proceso de industrialización desencadena, desde una perspectiva poblacional, una sucesión de cambios que constituyen lo que los demógrafos denominan como "transición demográfica". Consiste en la sucesión de etapas por la que atraviesa cualquier comunidad para pasar de estadio pretransicional -un ritmo de crecimiento demográfico muy bajo basado en altas tasas de mortalidad y natalidad- a un estadio postransicional, en el que se sitúan los países occidentales en la actualidad, definido por un crecimiento moderado de la población, esta vez basado en bajas tasas de natalidad y mortalidad. La transición demográfica incluye una primera fase de explosión demográfica, debido a un descenso intenso y sostenido de la mortalidad, y una segunda fase que se caracteriza por un control de la natalidad como reacción al incremento de la supervivencia de los hijos. Evidentemente los cambios económicos y culturales asociados a la nueva sociedad industrial explican en última instancia esta sucesión de transformaciones demográficas. Veamos la cronología y los rasgos de este proceso en Bizkaia.

A la hora de reconstruir la historia demográfica del Señorío de Vizcaya nos enfrentamos a dos problemas básicos. El primero es la escasez de fuentes disponibles. Teniendo en cuenta que las principales fuentes para determinar el volumen de población así como los rasgos estructurales (composición por edades, sexo, distribución territorial, etc...) son el conjunto de censos o recuentos generales, se puede decir que hasta mediados del siglo XIX no comienza la época propiamente estadística. La línea divisoria se debe de situar en 1856, con la creación de la Comisión de la Estadística General del Reino por el gobierno de Narvaez.

Debido a esta circunstancia histórica, antes de la época estadística los historiadores de la población se enfrentan a un segundo problema, y es la interpretación demográfica de una serie de fuentes que en su origen tienen funciones de carácter fiscal o militar. En las regiones que poseen autonomía fiscal, como el caso de las provincias Vascongadas, las autoridades locales y territoriales tomaron la iniciativa en la realización de sus propias estadísticas demográficas. Es por eso que cuentan con una serie de recuentos propios, como por ejemplo las fogueraciones, en las que se contabilizan el número de vecinos que debían de pagar la contribución. Ahora bien, esta misma condición de provincias exentas explica que las autoridades no participaran en la elaboración de aquellos censos o recuentos que se llevaron a cabo en la Corona de Castilla a lo largo de los siglos XVI y XVII. Asimismo, las provincias vascas fueron las únicas que no realizaron el Vecindario de Campoflorido (1712-1717). Tampoco participaron en lo que algunos demógrafos han calificado como "la mayor operación estadística realizada en el Antiguo Régimen". Nos referimos al Catastro de la Ensenada (1749-1753). Es a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando los fondos documentales de Bizkaia cuentan con aquellos censos oficiales promovidos y ejecutados por los gobiernos ilustrados de la Corona de Castilla. Bajo el espíritu ilustrado se llevaron a cabo los intentos estadísticos más ambiciosos de esta etapa. Se le denomina como fase "protoestadística" ya que por primera vez se realizan recuentos con carácter universal, dirigidos por una Administración central y que pretenden registrar el estado poblacional de todos los territorios: el volumen y la distribución de la población. Ahora bien, en los resultados que aportan todavía no se toma como unidad de análisis al habitante. La información se presenta de forma agregada en forma de pequeños estadillos en donde se recoge el total de habitantes, la estructura de la población por edad y sexo, de cada municipio.

Censos y recuentos de población de Bizkaia (siglos XVIII-XX)
(*) Los resultados se encuentran de forma agregada por unidad municipal.
(**) En el INE los resultados se encuentran de forma agregada por unidad municipal. Se pueden encontrar las listas uninominales originales en los Archivos Municipales de cada localidad.
Censos/recuentosUnidad de análisisArchivo
Época preestadística
Fogueración 1704vecino (unidad fiscal)Arch. General del Señorío de Bizkaia
Fogueración 1745vecino (unidad fiscal)Arch. General del Señorío de Bizkaia
Fogueración 1797vecino (unidad fiscal)Arch. General del Señorío de Bizkaia
Época protoestadística
Censo de Aranda 1768Habitantes (*)Arch. Histórico Nacional
Censo de Floridablanca 1787Habitantes (*)Arch. Histórico Nacional
Censo de Godoy 1797Habitantes (*)Arch. de la Diputación de Vizcaya
Censo de Thouvenot 1810Habitantes (*)Arch. General del Señorío de Bizkaia
Censo de 1814Habitantes (*)Arch. de la Diputación de Vizcaya
Padrón de Policía 1825Lista uninominal de habs.Arch. General del Señorío de Bizkaia
Época estadística
Censo de 1857Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1860Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1877Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1887Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1897Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1900Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1910Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1920Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1930Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1940Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1950Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1960Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1970Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1975Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1980Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Censo de 1991Habitantes (**)Instituto Nacional de Estadística (INE)
Población actualizada 1998Habitantes (**)Eustat

Decíamos que junto al problema de la escasez de fuentes hay que enfrentarse a la dificultad de interpretación de muchos de los recuentos de población que no tuvieron un carácter estrictamente demográfico. Así, por ejemplo, en el caso de las fogueraciones vizcaínas (1704-1706, 1745-1747, 1790) se toma como unidad la foguera que sería el equivalente al vecino, una unidad de carácter fiscal. Esta circunstancia obliga a tomar con mucha prudencia los resultados sobre los efectivos de población ya que hay una tendencia a la ocultación de población. Es sabido el recelo de los ciudadanos, de las instituciones locales y provinciales frente al control de las Administraciones centrales. Las autoridades municipales procuraban disminuir el número de habitantes para evitar que se incrementara el peso de las cargas de los servicios personales y por impuestos fiscales. También es cierto que el subregistro y la calidad es muy desigual de un censo a otro.

En la segunda mitad del siglo XVIII contamos con el Censo de Aranda (1768) -el primer censo que no lleva emparejado la imposición fiscal- el censo de Floridablanca (1786-1787), y el censo de Godoy Larruga (1797). Entre todos ellos cabe destacar el censo de Floridablanca, el primer censo realizado con algunas características modernas en la medida en que había un interés expreso de las autoridades de desterrar la idea de que todo recuento de población conlleva nuevas quintas o imposiciones fiscales. Aún así no estamos todavía ante un censo plenamente moderno, ya que no fue obra de un determinado organismo adhoc, ni tampoco es el resultado de un recuento de inscripciones nominales. De hecho, no se tomaron los nombres de los habitantes, sin duda para evitar sospechas y prevenir ocultaciones.

En la primera mitad del siglo XIX se llevaron a cabo el Censo de Thouvenot (1810), así como el de 1814, y el censo de Policía, de 1825. Cabe destacar este último por ser la primera lista uninominal en la que aparece una relación muy interesante de variables sobre cada habitante (origen, profesión, lugar que ocupa dentro de la unidad familiar...). El Censo de la población del año 1857 marca el inicio de la época estadística. Las tres características que definen a un censo como moderno son que la confección se confíe a un organismo estatal adhoc, -en este caso al INE o Instituto Nacional de Estadística- es un recuento por habitantes, el interés es, por lo tanto, exclusivamente demográfico, es un censo que se ordena en base a una inscripción nominal, consecuencia de la creación de la cédula de familia u hoja de empadronamiento familiar. El listado de recuentos de población de naturaleza civil desde entonces es el siguiente: 1857, 1877, 1887, 1897, 1900, 1910, 1920, 1930, 1940, 1960, 1970, 1975, 1986, 1991.

La otra información utilizada para el estudio demográfico tiene un carácter indirecto. Nos referimos a los principales hechos vitales (nacimientos, matrimonios y defunciones) a través de los cuales se mide la tendencia y los ciclos demográficos. No cabe duda que ha sido de gran utilidad a la hora de identificar los avances y retrocesos en la dinámica población en relación a la coyuntura económica y, en definitiva, a la hora de completar los grandes vacíos documentales de las fuentes oficiales. Las fuentes sacramentales depositadas en las parroquias han sido la base de esta información hasta que a partir de 1877, la propia Administración se encargó de llevar esta contabilidad, el Registro Civil, depositada en los archivos municipales o en los juzgados.

  • Etapa foral (siglos XVI-XVIII)

Finalizada la crisis bajo medieval y concluída la intensa política urbanizadora con la fundación de villas (vide Baja Edad Media), se desarrolló una larga fase de estabilidad social. La etapa propiamente foral que marca la cronología de la modernidad vasca (siglos XVI-XVIII) se caracterizó por un crecimiento demográfico contenido. A tenor de los totales poblacionales estimados por la historiografía, el ritmo de incremento de la población en este período fue de un 0,18 por cien. Esto significa que la población tardó tres siglos en duplicar sus efectivos. Si a principios del siglo XVI contaba con cerca de 70.000 habitantes, esta población no supera los 140.000 habitantes hasta el primer cuarto del siglo XIX. Estamos, por lo tanto, ante una sociedad que adopta una intensa contención demográfica como mecanismo de supervivencia.

Evolución del número de habitantes en Bizkaia (siglos XVI-XX)
AñoNúmero de habitantes
Principios siglo XVI69.860
159172.500
170483.590
1787116.042
1797111.063
1810111.920
1825144.785
1857160.579
1860168.705
1877189.954
1887235.639
1900311.361
1910349.923
1920409.550
1930485.205
1940511.135
1950569.188
1960751.014
19701.043.310
19751.151.674
19811.189.278
19911.153.622
19981.141.407

¿Sobre qué bases se asienta la obtención de recursos y cuáles son, en definitiva, los límites al crecimiento demográfico en Bizkaia? Como en cualquier sociedad estrechamente dependiente de la producción de alimentos, la riqueza agraria era un factor de primer magnitud que explica los cambios en el número de efectivos humanos. Los vizcaínos tuvieron siempre muy claro que vivían en una tierra deficitaria. Tanto es así, que en el mismo Fuero Nuevo se reconoce que el Señorío es una zona de acarreo, es decir, estructuralmente dependiente de la importación de alimentos del exterior. Por otra parte, adoptaron un sistema hereditario basado en la troncalidad y la libertad elección que impuso serias restricciones a la formación de nuevas familias y, en definitiva, a la expansión demográfica. La filosofía de la troncalidad obligaba a legar indiviso el patrimonio familiar. Ello suponía un auténtico freno social al crecimiento de la población rural ya que quien no heredaba la tierra dificilmente podía crear un nuevo hogar.

La habilidad de los vizcaínos consistió en lograr optimizar una serie de recursos naturales y humanos que les permitió hacer frente a la importación de subsistencias en un contexto de internacionalización de la economía (siglos XVI-XVIII). Así, por ejemplo, se desarrolló una potente industria del hierro, con clara vocación exportadora. Se aprovecharon los ricos yacimientos de mineral de hierro, la energía hidráulica de sus ríos caudalosos que movían los fuelles y martinetes de las ferrerías, así como los frondosos bosques en donde se producían el carbón vegetal necesario para la fundición y transformación del mineral. Asimismo, se optimizó la situación estratégica entre el interior de la Península y Europa, llegando a controlar los circuitos comerciales de intermediación y a desarrollar una intensa actividad como transportistas. Se instaura una organización social económica con intensas cotas de mercantilización y estrechamente dependiente de la demanda exterior. En definitiva, las actividades derivadas de los sectores secundario y terciario fueron claves en el equilibrio económico y demográfico de los vizcaínos. Constituyeron una fuente de ingresos sustancial para un colectivo importante de familias vizcaínas. A partir de aquí la interpretación de la evolución de la población vizcaína va a estar históricamente relacionada con las fases de expansión o regresión de los mercados internacionales. Evidentemente los cambios en la coyuntura de aquellos sectores inducidos desde el exterior provocaba auténticos proceso de crisis y reconversión sobre la dinámica demográfica. Repasemos estas etapas.

a) Entre 1450 y 1550/1570, el Señorío de Vizcaya participó, como el resto de la Europa occidental, de una larga etapa de crecimiento. Una vez puestas las bases de una nueva estructura urbana con la fundación de las villas, se vivió una fase de auge demográfico. Si bien es cierto que no contamos con estimaciones fiables sobre el total de habitantes para Bizkaia, los historiadores han utilizado algunos indicadores de tipo cualitativo, de carácter indirecto, para medir este proceso. Nos referimos a la multiplicación y desmembración de las parroquias así como las manifestaciones de los observadores contemporáneos (L. M. Bilbao, 1979, 124). "Entre 1448 y 1557 el número de parroquias que se fundan o desmembran en Vizcaya es de 38, lo que significaba el 38% por cien (...). Los labradores censuarios de Vizcaya, que en 1436 se inscribían en 818 fogueras, en 1493 alcanzaron la cifra de 1037". En cualquier caso el tirón demográfico se produjo fundamentalmente en las villas y zonas costeras. Es lo que se ha denominado la expansión del "modelo urbano", una expansión demográfica estrechamente vinculada al incremento de la población asalariada cuyos ingresos dependían de la coyuntura del comercio exterior y a la masiva exportación del hierro vasco hacia Europa.

b) A partir de 1550/1570 se rompe la tendencia expansiva de la población y se produce una fase de contracción general que dura hasta 1630. La guerra europea y la pérdida del eje atlántico marcan una coyuntura recesiva para el comercio y la exportación de hierro vasco. A falta de recuentos de población para esta época, la tendencia de las series vitales de bautismos ha servido para reconstruir la evolución coyuntural (Ortega, 1996). Se dio una intensa caída en el número de nacimientos ya desde 1550 entre la población más dinámica concentrada en las villas, y a partir de 1575 entre la población agraria. Se produce una crisis del modelo urbano que sustentaba la fase expansiva del período anterior. Los colectivos de población que vivían de actividades mercantiles e industriales se vieron obligados a realizar una dura reconversión. Por otra parte es una fase en la que la población se vio envuelta en una serie de crisis de mortalidad que agravaban la crítica situación social. A finales del s. XVI (1598-1602), la población vizcaína no pudo escapar a los estragos que produjo la epidemia de peste que afectó a la cornisa atlántica europea. Asimismo, entre 1631 y 1634 se experimentó la acción combinada de crisis de subsistencia y hambres. También es cierto, que a lo largo del primer tercio del s. XVII se inicia una reconversión de la estructura productiva en la que se asientan bases más sólidas para la siguiente fase expansiva de la modernidad. Nos referimos por un lado, a la introducción masiva del maíz en los campos vizcaínos, de rápida adaptación y altos rendimientos, lo que permitirá incrementar la capacidad de autosubsistencia del medio rural. Por otro lado, los naturales del Señorío se hacen definitivamente con el control del sector comercial, en manos extranjeras hasta entonces.

c) A partir de 1635, una vez superada la dura crisis económica y demográfica de 1631-1634, se inicia una recuperación sobre nuevas bases sociales y económicas. El proceso de ruralización (explotación de nuevas tierras e incremento de la productividad de las zonas ya roturadas) permite un aumento de la producción de alimentos. La producción agrícola se triplica en 150 años (1620-1766). El campo demanda cada vez más mano de obra y, por lo tanto, fija a su población. El excedente de los caseríos que antes emigraba hacia las villas, ve una salida en los nuevos campos y tierras que se roturan. En la segunda mitad del siglo XVII, la población rural crece a expensas de una pérdida de la importancia de la población urbana.

En el conjunto del dieciocho, el crecimiento de la población siguió un ritmo lento, difícil de estimar y sujeto a polémica entre los estudiosos de la población vasca. Algunos autores hablan de un crecimiento inferior al resto del Estado, ya que si la tasa de crecimiento anual para toda la centuria fue de 0,45% en España, en Bizkaia no alcanzó más que el 0,33%. Otros dan por buena la estimación de un crecimiento global de un 0,47% entre 1704 y 1799. Se suele hablar de dos dieciochos. A lo largo de la primera mitad básicamente se continúa el impulso generado en la centuria anterior. La segunda mitad, estuvo marcada por momentos de dificultades que progresivamente se acumulan, complejizan y acentúan. La expansión de este modelo agrario basado en un cultivo intensivo de la tierra asociado a la cultura del maíz tocó techo en el último tercio del siglo XVIII. El ritmo de crecimiento de la población rural disminuyó hasta producirse cierto estancamiento. Esta segunda mitad de siglo XVIII estuvo caracterizada por el estancamiento e incluso retroceso del medio rural. En cualquier caso, el desajuste entre tierra y población en el medio rural coincidió con un incremento en la demanda de trabajo industrial al calor de la coyuntura expansiva económica expansiva del siglo XVIII. La demanda internacional situó a la industria autóctona de transformación siderometalúrgica en su momento más álgido. Bizkaia sostuvo un crecimiento a un ritmo superior al resto de las provincias vascas, y sostenido hasta la crisis finisecular entre 1790-1814, debido a una economía mucho más diversificada y menos dependiente de la coyuntura agrícola. Un signo evidente fue el fuerte tirón demográfico de Bilbao, que no mostró signos de agotamiento. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII, el crecimiento demográfico de la población vizcaína no se detuvo gracias a que fue posible una orientación del excedente rural hacia los sectores urbanos. De nuevo la industria del hierro y el sector de los servicios sostuvieron esta dinámica expansiva.

d) La crisis de finales del siglo XVIII (Guerra de la Convención-Guerra de la Independencia), junto a la crisis social propia de los últimos coletazos del Antiguo Régimen, marca el final de este ciclo así como de la larga etapa de la modernidad.

  • La transición demográfica (siglos XIX y XX).

A comienzos del siglo XIX, se inicia en Vizcaya el ciclo demográfico moderno. Al igual que en el conjunto de la Europa Noroccidental, esta fase reúne una serie de características que le distinguen de cualquier otro ciclo demográfico. En primer lugar, se distingue por la intensidad y velocidad del crecimiento demográfico. Se supera el fatídico 0,5 por cien habitantes al año y lo habitual es que se alcancen niveles superiores al 1 por cien. En segundo lugar, el gran salto adelante estuvo caracterizado por un crecimiento demográfico prácticamente sostenido e intenso a lo largo de dos centurias. Apenas hay fases de retroceso o estancamiento de población a parte de las crisis coyunturales asociadas a los tres conflictos bélicos. En tercer lugar, ha durado casi dos siglos hasta la actualidad. Entre 1800 y 1991 se dio un incremento medio anual del 1,26 por cien, lo que se tradujo en un número de efectivos humanos 8 veces mayor, una vez consumada la revolución demográfica en esta región.

Número de habitantes según el censo de 1857
AyuntamientosHabitantesAyuntamientosHabitantesAyuntamientosHabitantes
Abadiano1.897Ermua639Morga579
Abanto y Ciérvana1.172Frúniz377Múgica1.245
Amorebieta2.064Galdácano1.254Mundaca2.102
Amoroto654Galdame1.285Munguía4.313
Aracaldo107Gámiz-Fica876Murélaga1.414
Aranzazu254Garay365Musques1.297
Arbácegui-Guerricaiz1.156Gatica932Ochandiano1.744
Arcentales1.054Gauteguiz de Arteaga978Ondárroa1.935
Arrancudiaga588Gordejuela1.760Orduña2.691
Arrieta1.118Górliz773Orozco3.109
Arrigorriaga781Guecho2.079Pedernales309
Baquio347Güeñes1.610Plencia1.229
Baracaldo2.695Guernica y Lumo2.754Portugalete1.435
Barrica487Guizaburuaga274Rigoitia1.221
Basauri811Ibarranguelu1.066San Salvador del Valle722
Berango556Ispáster855Santa María de Lezama835
Bermeo5.759Izurza298Santurce-Antiguo---
Berriatúa1.125Lanestosa603Santurce-Ortuella1.509
Berriz1.403Larrabezú1.170Sesta384
Bilbao17.923Lauquiniz483Sopelana650
Busturia1.558Lejona600Sopuerta1.514
Carranza3.995Lemona787Trucíos829
Castillo y Elejabeitia712Lemóniz503Ubidea428
Ceánuri2.508Lequeitio2.834Urdúliz634
Ceberio1.861Mallavia1.028Valmaseda2.309
Dima2.157Mañaria686Valle de Achondo---
Durango2.827Marquina-Jemein1.767Vedia585
Ea1.453Maruri624Villaro878
Echévarri330Mendata1.116Yurre1.170
Echevarría1.116Mendela290Zaldíbar591
Elanchove967Meñaca631Zalla1.475
Elorrio2.735Miravalles411Zarátamo361
Ereño560
Total160.759

e) Desde un punto de vista demográfico la ruptura del equilibrio preindustrial se produjo en los dos primeros tercios del s. XIX. A partir de 1811, se dio un aumento demográfico al calor del desmantelamiento del Antiguo Régimen y de la desaparición de aquellos límites que tradicionalmente ponían freno a una expansión demográfica constante. Efectivamente las transformaciones sociales como la desamortización y cultivos de nuevas tierras parece que socavan las bases sociales y económicas tradicionales de una sociedad agraria cuyo crecimiento dependía en gran medida del acceso a la tierra. A partir de 1841 aquellos principios liberales que cristalizaron en un nuevo marco institucional, dejan sentir sus efectos sobre la vida económica y demográfica. Se alcanzan por primera vez tasas de crecimiento demográfico superiores al 0,5 por cien, incluso al 1 por cien, umbral considerado como propio de un estadio transicional.

f) Esta expansión sostenida se convierte en una auténtica explosión demográfica una vez finalizada la segunda guerra carlista en 1877. El nuevo ciclo de inversiones de la mano del boom minero de los años setenta, la implantación siderúrgica en los años ochenta y la consiguiente diversificación de la actividad industrial (química, eléctricas, metalurgia y naviera) de los años noventa, explican esta explosión demográfica. Hay dos rasgos de esta dinámica que mediatizan el proceso de modernización demográfica en Bizkaia: la rapidez y la intensidad con que se produjo. A lo largo del último tercio del siglo XIX, período en el que emerge la nueva sociedad industrial vizcaína, se registró el incremento más intenso hasta la fecha, con una tasa de crecimiento real superior al 2 por cien anual. El crecimiento económico industrial generó una masiva demanda de mano de obra debido a las unidades de explotación de tipo extensivo como la minería, y a las dimensiones de las primeras plantas industriales.

g) Tras la guerra civil y los duros años de la postguerra, la dinámica expansiva generada en la década de los años cincuenta y sesenta reprodujeron una auténtica segunda explosión demográfica, con una velocidad de incremento anual de la población de nuevo muy intensa -tasas de crecimiento anual de 2,81 por cada cien habitantes entre 1950 y 1960 y de ¡nada menos que 4,40 por cien habitantes al año! entre 1960 y 1970-, y concentrada en el tiempo. Vizcaya duplica el número de habitantes en apenas veinticinco años, entre 1950 y 1975, pasando de medio millón de habitantes a un millón.

h) La crisis económica de 1975 tiene un efecto implacable sobre la población vizcaína. Es la primera vez en los últimos doscientos años que Bizkaia pierde población, con una tasa de crecimiento negativa de -0,30 por cien entre 1981 y 1991. No cabe duda que los sectores sobre los que se ha asentado el tejido industrial vizcaíno han sido duramente castigados por una nueva situación económica definida por la internacionalización de los mercados. El cierre de Altos Hornos de Vizcaya, como símbolo del antiguo esplendor de la producción siderúrgica, es el máximo exponente de la pérdida de la competitividad de la industria vizcaína. Prácticamente todos los sectores económicos que forman el tejido industrial vizcaíno se han visto sometidos a una dura reconversión económica que ha generado una de las tasas de desempleo más elevadas de España, con alrededor de un 20 por cien de la población activa en paro. La población se encuentra en una situación de impasse social, en la que la emigración se convierte en la válvula de escape para cada vez más colectivos sociales.

La interpretación del crecimiento demográfico nos lleva necesariamente a determinar los componentes del mismo, el movimiento natural (la diferencia entre la natalidad y la mortalidad), así como los movimientos migratorios. Abordaremos algunos factores que explican las respuestas demográficas en las distintas fases históricas, de forma que obtengamos una mejor comprensión de los mecanismos que se ensayan.

  • La etapa preindustrial (siglos XVI-XVIII)

La población vizcaína, junto a la del resto País Vasco costero, participó de las tres principales estrategias de ajuste de la población o, como lo denominan otros, de las tres opciones posibles que se practicaron en Europa Occidental a largo de la edad Moderna: junto a la restricción de la nupcialidad como forma de controlar la natalidad, se dio una utilización intensa de los movimientos migratorios como instrumento de redistribución de la población. A ello hay que añadir una amortiguación de la mortalidad extraordinaria hasta su práctica desaparición. Vayamos por partes.

En las sociedades preindustriales en las que no existen controles de fecundidad dentro del matrimonio, las estrategias nupciales constituyen un sistema de control del crecimiento demográfico de primera magnitud. La edad al matrimonio de las mujeres delimitaba la fase de reproducción y, por lo tanto, el número de nacidos dentro del matrimonio. Así mismo, las posibilidades de contraer matrimonio entre la población femenina (medidas a través de un indicador como el celibato definitivo) es el otro componente de la nupcialidad que explica la capacidad de reproducción de un colectivo. En este sentido, el País Vasco Húmedo se alinea con aquellos paises de la Europa Occidental que consiguieron un control de su natalidad mediante la puesta en práctica de una nupcialidad femenina tardía y selectiva. Es lo que se denomina un "régimen demográfico de baja presión". La tasa bruta de natalidad alcanzó en Bizkaia una media del 33,1%. Son niveles de natalidad relativamente bajos para un sistema demográfico de Antiguo Régimen, y nos hablan de un comportamiento preventivo frente al de otras regiones del interior y del sur de España. De forma combinada con la contención de su natalidad, se ponía en marcha un segundo mecanismo, una emigración intensa que conseguía mantener los efectivos humanos justos y necesarios para un área geográfica agrícolamente deficitaria. El saldo migratorio negativo (-0,27 por mil a lo largo del siglo XVIII) pone en evidencia que la emigración ha sido otra de las estrategias fundamentales utilizadas por la población vizcaína que ha contribuido a un ritmo demográfico contenido hasta el segundo tercio del siglo XIX.

La propia organización de acceso a los recursos explica algunas de estas estrategias de control de la dinámica poblacional. La sociedad rural estaba estructurada en torno a pequeños labradores con escasas posibilidades de acceder a una unidad de explotación familiar si no era heredando la tierra familiar. Este sistema imponía serios límites a la hora de crear nuevas unidades familiares y, por lo tanto, a la posibilidad de crear nuevas unidades de reproducción. Además, las dificultades se reforzaban en el Señorío de Bizkaia debido al sistema de sucesión adoptado, basado en la combinación de los principios de la libertad de testar y la troncalidad. Este sistema hereditario tenía como finalidad clara impedir que la excesiva parcelación de una tierra pobre y escasa condujera a una situación insostenible para la mayoría de los campesinos. No es difícil adivinar las consecuencias demográficas. En primer lugar el retraso de la edad al matrimonio era inevitable. Nunca se casaban antes de los 25 años. Hasta que alguno de los hijos no hubiera demostrado sus capacidades, su inteligencia para la conservación y aumento de los bienes, así como su fidelidad hacia los padres, éstos no deciden quién les sucederá al mando del caserío. El matrimonio del heredero se realizaba precisamente una vez establecida la sucesión dentro del caserío. En segundo lugar, esta organización de distribución de los recursos dentro del hogar propiciaba que alrededor del 10% de la población, aquella que no acceda al patrimonio familiar, nunca llegará a contraer matrimonio. Por último, se generaba una expulsión de aquellos que no heredaban los bienes troncales. Es fácil comprender entonces que la emigración fuera un mecanismo de ajuste de primera magnitud entre la población vizcaína.

Esta forma de explotación de la tierra tan fragmentada y vinculada generó un importante colectivo de población no dedicada directamente con la agricultura. En el modelo socioeconómico vizcaíno, hombres y mujeres tenían posibilidades de acceso a ingresos económicos derivados de la industria del hierro y de los servicios. La producción del lingote del hierro y su manufactura generaban toda una serie de actividades extra-agrarias (extraccción y acarreo de mineral, tala de bosques, carboneo, transporte de lingote, metalurgia etc...) que absorbían la mano de obra excedentaria. La nupcialidad de aquellos que no heredaban la tierra estaba sujeta a la coyuntura de la industria manufacturera y del comercio internacional que cuando era expansiva impulsaba un intenso proceso de especialización de la población, que se concentraba en las villas. Se producían entonces intensas migraciones entre el medio rural y los principales centros de transformación urbanos. Aunque en el mundo urbano no era necesario el acceso a una parcela de tierra, no obstante, la capacidad de reproducción de esta sociedad urbana está francamente limitada y constreñida debido a la dificultad de formar nuevas familias.

La nupcialidad en las áreas urbanas fue más restringida que la de la población rural. Los hombres y las mujeres residentes en las villas vizcaínas tendieron a casarse a edades elevadas, especialmente en Bilbao, que oscilaban entre los 25 y 27 años. Pero, lo más significativo, es que las posibilidades de acceder al matrimonio y de formar un nueva unidad de reproducción tampoco fueron en absoluto universales. Los niveles de soltería definitiva son francamente elevados para los residentes en estos núcleos urbanos ya que oscilaban entre un 12 y 15 por cien. La sociedad urbana preindustrial estaba organizada alrededor de pequeños talleres artesanales. Los factores que retrasaban la formación de núcleos familiares estaban relacionados con el sistema de reproducción del artesanado. Allí donde los gremios regulaban el aprendizaje del oficio y el acceso al taller era necesario pasar por una fase de capacitación primero, y de ahorro después de cara a la formación de una unidad familiar con garantías de éxito económico. Era una etapa preparatoria que se denomina la fase de "celibato forzoso". Este modo de colocación de jóvenes afectaba a una parte importante de la población de distintos grupos sociales. Las mujeres, excluidas formalmente del sistema de aprendizaje gremial, trabajaban como criadas desde los 10/15 años hasta los 25 años, para ahorrar el peculio necesario que les permitiera la independencia económica. El resultado en ambos casos es un matrimonio bastante tardío.

La intensidad de la mortalidad es el otro mecanismo demográfico que explica este sistema. El País Vasco Holohúmedo constituye, a mediados del siglo XVIII, una zona de baja mortalidad infantil propia de un sistema demográfico de baja presión. El medio rural vasco reúne unas características medio-ambientales que amortiguan el desarrollo de enfermedades infecciosas transmitidas por agua y alimentos, muy exhuberantes en climas cálidos. Un clima templado, un hábitat disperso como forma predominante de asentamiento humano y el carácter unifamiliar de las residencias, es favorable a una menor propensión del contagio de epidemias. Los bajos niveles de mortalidad en estas zonas rurales se explican además por una organización socio-económica que permite unos niveles de vida y de consumo comparativamente mejores que los de otras áreas. Por un lado un acceso relativamente generalizado a la tierra; si bien no como propietarios sino como arrendatarios, la mayoría de las familias de labradores obtenían algún recurso alimentario de su posesión con el que podían cubrir aquellas necesidades mínimas biológicas de alimentación. Asimismo, la intensa diversificación de las economías domésticas facilitaba cierta capacidad adquisitiva de la población de forma que disponía de un amplio abanico de recursos complementarios.

  • La transición demográfica

El siglo XIX es un siglo en el que se produce una ruptura en el equilibrio demográfico de tipo antiguo. Es un siglo a caballo entre la antiguo régimen demográfico y las primeras manifestaciones de modernización. Se pueden distinguir dos fases. Una primera fase, entre 1800 hasta la segunda guerra carlista (1873-1877), en la que la velocidad demográfica se acelera superando el ritmo propio de una sociedad preindustrial. Esta expansión se debe a un incremento de las tasas brutas de natalidad que aumentan desde el 33% al 35% y, sobre todo, a un lento pero progresivo descenso de la mortalidad de niveles cercanos al 28 por mil (1787) hasta tasas de 23/24 por mil, en 1877. No cabe duda que bajo la apariencia de una sociedad aún rural, estas alteraciones demográficas son un síntoma de que la población ensaya fórmulas de ajuste a las nuevas bases sociales y económicas sobre las que se asienta. Vamos a detenernos en los dos fenómenos que explican esta dinámica demográfica.

La transición de la mortalidad propiamente dicha, es decir, la disminución progresiva de la mortalidad ordinaria, estaba ya en marcha en 1800. En esta primera fase de la transición de la mortalidad, que dura hasta 1877, se produce una importante reducción de la mortalidad infantil y juvenil. El colectivo de niños muertos entre los 0 y 9 años, descendió de 350 niños por cada mil nacidos hasta niveles de 250 niños muertos por cada cien nacidos. En un contexto comparativo, se desmarcó en sus primeras fases de los ritmos seguidos por las regiones de la España Interior. La tendencia estaría más acorde con la de las otras provincias vascas (Gipuzkoa y Navarra) y con las regiones periféricas como Cataluña o la misma Cantabria. Algunos de los factores que explican esta cronología están relacionados, por un lado con aquellas transformaciones que se llevaron a cabo en la primera mitad del siglo XIX en las estructuras económicas agrarias y que apoyan la tesis de una mejora de la alimentación entre la población. Las provincias vascas participaron de ese doble proceso agrícola de extensión de tierras cultivables a raíz de la desamortización y de la intensificación del cultivo con la incorporación del cultivo de la patata. Por otro lado, se produjeron cambios transcendentales en las formas de intervención social. La historia del siglo XIX en Bizkaia está definida por la reestructuración de su organización política, con importantes cambios competenciales respecto a las distintas instancias de poder. La concentración de poderes en la Diputación provincial permitió implementar políticas sanitarias coordinadas y efectivas. Se produjo además, gracias a las reformas del Estado, una mejora progresiva en el suministro de alimentos que consiguió erradicar prácticamente cualquier crisis de subsistencias; de hecho, las crisis de mortalidad del siglo XIX estuvieron motivadas por factores exógenos, más concretamente por las epidemias de cólera de 1834, 1855, 1886 y 1890.

El Señorío de Vizcaya constituye un territorio pionero en el Estado en política de infraestructuras viarias y transportes. Estas mismas transformaciones permitieron a la población superar aquellos límites que la sociedad preindustrial imponía a la nupcialidad. En el contexto liberal que se instaura a partir de 1841, se introducen modificaciones sobre las estructuras económicas que provocan una reacción procreativa entre la población. La desamortización de bienes comunales puso en cultivo nuevas tierras y aceleró e incrementó la creación de nuevas unidades familiares. Además, la mejora de las infraestructuras genera una sociedad cada vez más vertebrada y con mayores posibilidades de movilidad geográfica y sociales. Es una fase en la que se acelera el proceso de asalarización de la población. El conjunto de inversiones que se producen sobre los sectores estratégicos (minería, siderurgia, textil) mejoran notablemente las espectativas económicas y sociales para aquellos que son expulsados del caserío troncal, los no herederos. Sus posibilidades de matrimonio aumentan y el número de nacidos también. Esta dinámica expansiva se convierte en auténtica explosión demográfica en el último tercio del siglo XIX, en el que se alcanzan unas tasas de crecimiento demográfico inusitadas como síntoma del desarrollo económico bajo condiciones contemporáneas. La explosión demográfica de este período se produjo debido, en primer lugar, a una fortísima inmigración. Por primera vez en cuatro siglos se produce un saldo migratorio positivo, como síntoma del despegue industrial. Este factor constituye el principal componente del crecimiento a lo largo del último tercio del siglo XIX (1877-1900).

Componentes del crecimiento demográfico en Bizkaia (porcentaje anual)
Saldo naturalSaldo migratorioTasa anualde crecimiento
1860-18771,13-0,430,7
1877-18870,991,22,18
1887-19001,031,142,17
1900-19101,28-0,111,17
1910-19201,410,191,59
1920-19301,290,421,71

Ahora bien, el proceso de industrialización fue desde una perspectiva demográfica ciertamente contradictoria. La mortalidad y la natalidad siguieron en el último tercio del siglo XIX una tendencia no acorde con una sociedad en proceso de modernización de sus estructuras sociales y culturales. En esta fase se rompe la tendencia de progreso demográfico iniciada en el segundo tercio de siglo XIX, especialmente la que apuntaba hacia una mejora de la esperanza de vida de la población. Los rasgos del proceso de industrialización sumamente concentrados en el tiempo y en el espacio provocó comportamientos demográficamente regresivos. No cabe duda que el impacto de los movimientos migratorios sobre la población de llegada fue el factor que rompió el equilibrio tradicional en el binomio natalidad-mortalidad. Una llegada masiva de hombres y mujeres en poco espacio de tiempo y ubicados en un territorio pequeño, conllevó alteraciones profundas en el equilibrio anterior. La natalidad alcanza niveles desconocidos con anterioridad, cercanos al 40 por mil entre 1890 y 1895. Digamos que aquellas pautas de contención demográfica a través del control de la formación de nuevas unidades familiares se diluyen. Se adopta en las zonas urbano-industriales, un modelo matrimonial basado en bajas edades al matrimonio femenino (entre 21 y 23 años) y nupcialidad universal.

El incremento brutal de la nupcialidad entre una población totalmente asalarizada, constituye el otro factor que explica el intenso crecimiento demográfico. Evidentemente la formación de matrimonios a edades muy jóvenes entre aquellas mujeres que inmigraban hacia la Ría, así como el abultado número de hijos que tenían responde a nuevas estrategias de supervivencia. Cuando los ingresos familiares pasan a depender de la venta de la fuerza de trabajo, el valor económico de todos los miembros que componen la familia, y el de los hijos en particular, genera una economía familiar de suma de salarios. Era de vital importancia formar una familia para sobrevivir, por lo que el matrimonio es prácticamente universal entre las mujeres, mucho más temprano y bastante más prolífico que en tiempos pasados. Además, el incremento de la tasa bruta de la mortalidad es espectacular, de un 23 por mil entre 1860-65 a un 30,18 por mil en el quinquenio de máxima intensidad. Es este uno de los fenómenos más relevantes y particulares de la transición demográfica vizcaína. En la fase de máximo desarrollo económico, las tasas vitales lejos de comenzar a disminuir, alcanzan sus niveles máximos.

Evidentemente no se puede comprender este nuevo equilibrio demográfico sin valorar el papel de la inmigración en el nuevo equilibrio social. El desplazamiento masivo de hombres y mujeres hacia las nuevas áreas industriales de la Ría, provocó el hacinamiento de la población en ciudades que apenas se extendían territorialmente y carecían de políticas higiénico-sanitarias adecuadas. La urbanización en sus primeras etapas generó un empeoramiento en las condiciones de vida de la población. Una infraestructura sanitaria poco adecuada, la insalubridad en la vivienda y el hacinamiento en las barriadas populares incrementaron los factores de riesgo de esta población. Asimismo, un empeoramiento en la resistencia fisiológica derivada de una mala alimentación de la población explica un aumento brutal de muertes debidas a infecciones respiratorias.

El quinquenio 1896/1900 marca el punto de inflexión en este proceso, la transición propiamente dicha da sus primeras señales de vida. Aparecen los primeros signos de que las tasas vitales comienzan a bajar de forma sistemática y prolongada. El descenso fue lento al principio, algo más acelerado a partir de 1906, pero en cualquier caso sostenido e irrevocable. Tal y como postula la teoría de la transición demográfica el inicio de la revolución en las tasas comienza por la mortalidad, que es la primera en experimentar un intenso descenso de un 47% desde 1895 hasta 1915. La mortalidad no dejó de descender hasta que en 1970 alcanza niveles postransicionales del 6,3 por mil. La disminución fue superior al 10% por quinquenio exceptuando los años de crisis (epidemia de gripe de 1918, la guerra civil de 1936-1939), y el quinquenio 1956-60 que, casualidad, vuelve a coincidir con el inicio de la segunda inmigración. Teniendo en cuenta que hasta la segunda mitad del siglo XX no se desarrolla la medicina curativa, la reducción de los niveles de mortalidad entre 1890 y 1930 se explica por un conjunto de acciones públicas y privadas orientadas al control social de riesgo de contagio de las enfermedades infecciosas. Por un lado las acciones de tipo público como la construcción de alcantarillado y conducción de aguas potables que se llevaron a cabo de forma decidida en las ciudades vizcaínas tuvieron resultados espectaculares en la reducción de la mortalidad. Por otro lado, la influencia del pensamiento de los médicos higienistas así como sus acciones de tipo socioeducacional tuvieron importantes repercusiones en el aprendizaje de la prevención, y sobre todo en las formas de alimentación infantil.

Una vez iniciada la revolución cientifico-médica, a mediados del siglo XX, la reducción de la mortalidad se acelera de la mano de la aplicación de sulfamidas y antibióticos y de los progresos en la intervención sanitaria hospitalaria. El control de la natalidad fue siempre con cierto retraso respecto a la mortalidad no tanto en los tiempos sino en las intensidades. Si la mortalidad bajó fundamentalmente en la primera década de siglo, el descenso de la natalidad no tomará una intensidad comparable hasta el segundo cuarto del siglo XX; después de una lenta bajada entre 1896 y 1920, su caída definitiva se dará entre 1925 y 1935, con un descenso de una tasa de 30,12% a 22,28%. En cualquier caso, lo más significativo de la reducción de la natalidad a lo largo del siglo XX es que la población ya no regula el número de nacidos a través de su nupcialidad sino a través del control consciente de la fecundidad matrimonial. El número de hijos pasa a depender de un conjunto de decisiones que se toman en el ámbito familiar, ajenas a las posibilidades de formar o no una unidad familiar. Es lo que se denomina "la revolución silenciosa", y que constituye un buen indicador de profundos cambios sociales y culturales. El control consciente de la fecundidad es un síntoma claro de un proceso de urbanización entendido en su dimensión cultural, es decir, como proceso que genera cambios en el comportamiento de la gente que vive en las ciudades, en sus modos propios de pensamiento y en sus tipos de actividad.

Atendiendo al significado social de esta variable, se puede afirmar que los nuevos valores urbanos no se implantaron en Bizkaia hasta bien entrado el siglo XX. La evolución de la natalidad experimenta en Bizkaia tres fases muy distintas. En una primera fase (1890-1935) se produce un descenso significativo de la natalidad como respuesta al incremento de la supervivencia de niños. La población controla su fecundidad en primer lugar como respuesta a las transformaciones operadas en la mortalidad. La mejora de las condiciones de vida y, por lo tanto, de la esperanza de vida aseguran la tasa de reemplazo. Era necesario tener menos hijos para que sobrevivieran los deseados. Por otra parte, la mejora de los niveles de salariales a partir de 1920, y la aparición de los sistemas de protección social reducen el valor económico de los hijos, propio de las sociedades preindustriales y de las primeras fases de la industrialización. Tras la crisis de la guerra civil y de la postguerra, en los años sesenta, este proceso de reducción de nacidos experimenta un cambio en su tendencia. Los saldos migratorios ponen de relieve que la segunda oleada masiva de inmigrantes tendrá de nuevo un impacto fuerte en los componentes del crecimiento demográfico. El efecto más llamativo es que se dio un incremento fuerte de las tasas brutas de natalidad de un 18 por mil a un 25 por mil. Es lo que se ha denominado el "baby boom" de los años sesenta. Además de un rejuvenecimiento de la estructura de la población, que tiene sus efectos sobre la natalidad, se produce una reacción procreativa ante las buenas expectativas económicas. Tras los duros años de postguerra, los años sesenta son años de bonanza económica, es la sociedad del pleno empleo y del consumo de masas. La respuesta demográfica es evidente. A partir de 1975, se produce la última fase de la transición de la fecundidad. Con cierto retraso respecto a lo ocurrido en otras regiones europeas, la natalidad alcanza niveles postransicionales. Los factores que explican la caída de la fecundidad son sustancialmente distintos a los de la primera mitad del siglo XX por lo que algunos demógrafos prefieren hablar de una "segunda transición demográfica". Esta vez la caída de la fecundidad responde a un nuevo código de valores ligados a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y a la secularización de la población o pérdida de poder de la Iglesia en la normativa moral predominante.

Población por comarcas según lugar de procedencia y sexo
TotalSedentarios
TotalVaronesMujeresTotalVaronesMujeres
Bizkaia1.140.026555.101584.925543-909273.428270.481
Arrati Nerbioi/ Arratia-Nervión21.12810.60510.52311.5235.9395.584
Bilbo Handia/ Gran Bilbao887.977429.702458.275413.736207.033206.703
Durangaldea/ Duranguesado90.23245.06345.16941.83121.50120.330
Enkartazioak/ Encartaciones29.79114.84714.94416.4978.5527.945
Gernika-Bermeo44.40221.84222.56026.51913.15013.369
Markina-Ondarroa26.68313.32413.35917.7889.0958.693
Plentzia-Mungia39.81319.71820.09516.0158.1587.857
Migrantes internosInmigrantes
TotalVaronesMujeresTotalVaronesMujeres
Bizkaia329.800156.653173.237266.317125.110141.207
Arrati Nerbioi/ Arratia-Nervión7.3693.5513.8182.2361.1151.121
Bilbo Handia/ Gran Bilbao245.416116.148129.268228.825106.521122.304
Durangaldea/ Duranguesado29.32513.91315.41219.0769.6499.427
Enkartazioak/ Encartaciones8.2463.9874.2595.0482.3082.740
Gernika-Bermeo12.6976.1016.5965.1862.5912.595
Markina-Ondarroa6.2902.8913.3992.6051.3381.267
Plentzia-Mungia20.4579.97210.4853.3411.5881.753

MVA

Poca importancia comercial y muchos accidentes topográficos ofrecía el territorio vizcaíno en los primeros siglos de nuestra era; debido a ello, apenas quedan vestigios de la existencia de vías romanas. Dos de éstas, al menos, aunque de importancia secundaria, penetrando en la provincia por Balmaseda y Orduña respectivamente, alcanzaban la costa en Bermeo, único puerto de importancia. Durante muchos siglos debieron ser estas dos rutas las más transitadas de Bizkaia: al conseguir la villa de Bilbao, en un privilegio otorgado por Alfonso XI en 1315, que el camino de Orduña a Bermeo "vaya por aquesta mi villa de Bilbao e no por otro lugar", es decir, se una al camino de Balmaseda, la villa del Nerbión se convierte rápidamente en el principal puerto vizcaíno, en detrimento de la importancia de Bermeo.

  • El Camino de Santiago en Bizkaia.

El Camino de Santiago en Bizkaia según Carlos González Echegaray. La ruta costera, debido a los accidentes geográficos, no sigue recta la dirección Este-Oeste.

Todos los que han tratado este tema coinciden en creer que la ruta de los peregrinos debió de seguir las principales vías existentes entonces, es decir, las calzadas romanas que aún subsistían en la Edad Media. Carlos de Echegaray suponía ya en 1895, en su obra Las Provincias Vascongadas a fines de la Edad Media, que por Vizcaya habían pasado algunas calzadas romanas de segunda categoría, hipótesis confirmada más tarde con numerosos hallazgos de piezas arqueológicas romanas que testimoniaban el acierto de aquella opinión. Balparda cita unas cuantas calzadas en Vizcaya de carácter secundario, tales como la de Orduña a Bilbao y la que viene del Valle de Mena por Balmaseda y el Cadagua; en uno de los mapas de su inacabada historia de Bizkaia aparece otra más desde Guernica a Bilbao. Esta última era el camino "juradero", es decir el que habían de recorrer los Señores de Vizcaya para jurar los Fueros al ser investidos de su magistratura. La coincidencia de tal circunstancia en una vía romana es otra confirmación de la teoría expuesta arriba.

Este camino de Santiago que entraba de Francia por Irún, atravesaría Guipúzcoa subiendo después el Deva hasta Mendaro para pasar a la cuenca del Artibay por Arnoate. Una vez en Vizcaya pasaría por la actual Marquina hasta llegar a Bolívar, que hoy posee la magnífica iglesia de Santo Tomás edificada en el siglo XVII en la cual se conservan varias lápidas sepulcrales y un crucifijo bizantino respecto a cuya procedencia se señala la posibilidad de haber sido traído por algún peregrino a Santiago. Después de Bolívar, los peregrinos subirían sin duda a Cenarruza, cuya iglesia debía de existir en la segunda mitad del siglo X si nos atenemos a la vieja tradición de su origen, teniendo en cuenta que entonces sería una modesta capilla, ya que la actual fábrica data del siglo XVI; conserva sin embargo, detalles de épocas anteriores tales como la portada, que parece de fines del XIV. Por cierto que en ella hay una hornacina con una cruz y sobre la primera una estatua de Santiago "Matamoros" y las consabidas "vieiras" de peregrino en las enjutas.

En el Catálogo de Monumentos de Vizcaya de Javier Ybarra y Bergé se dice textualmente: "no resulta aventurado suponer que Cenarruza existió en época muy anterior al siglo décimo y de ahí la existencia de la antiquísima calzada, que pasa junto a la Abadía y que formaba parte de una vía paralela a la costa, que más tarde fue utilizada por los romeros que se dirigían a Santiago de Compostela y que contaban con un refugio en Cenarruza". Efectivamente, en los documentos de concesión por Juan I de Castilla, de los diezmos de la parroquia de Bolívar al Abad y Canónigos de Cenarruza, se impone a éstos la obligación de sostener una hospedería "para recreación de pobres y caminantes". Continuarían luego bordeando el monte Oiz, por Guerricaiz, divisando la magnífica panorámica que se extiende ante el "balcón de Vizcaya" y continuando por áspero y solitario camino hasta Albiz, donde hubo una ermita y existe una torre banderiza hoy en restauración. En Mendata, la siguiente estación, existiría entonces la iglesia primitiva de San Miguel, reconstruída después, a mediados del siglo XVI. Tras el paso por Mármiz, donde existe un caserío con emblemas de Santiago, bajarían a Ajánguiz para desde allí divisar a Guernica en el fondo del valle. Seguramente sería grato para los peregrinos un descanso en Guernica, con su árbol venerable y la ermita de la Antigua (...).

La magnífica iglesia parroquial de Santa María no posee recuerdos santiaguistas, pero el convento de Santa Clara inmediato al Árbol, antes de 1463 había sido hospital, lo que acaso tuviera relación con instituciones semejantes en etapas de peregrinación. Dejando Guernica, el camino se desviaba de la actual carretera a Amorebieta, pasando por la ermita de Santa Lucía hasta llegar a Ugarte de Múgica; aunque la actual iglesia de San Vicente es del siglo XVIII, la antigua fue edificada en el siglo X y aún se conservan en la actual restos de aquella, de estilo románico. También es románica la ermita de San Román, con elementos de transición al gótico.

Otra vez comienza el camino de peregrinación un lento ascenso por la falda del Bizcargui hasta la ermita de Gueréquiz dedicada a San Esteban y reedificada sobre una antigua, en el siglo XVIII. La siguiente etapa era la ermita de Andra Mari en Morga, lugar de descanso para los caminantes. Después, en el collado de Arechabalagane, se hallaba un árbol que, como el de Avellaneda y otros, cobijó las juntas correspondientes a su merindad, hasta que el de Guernica atrajo a su alrededor a los representantes de toda Vizcaya. Junto al árbol se hallaba la ermita juradera; no olvidemos que desde Guernica estamos pisando ya el camino juradero al que aludimos al principio. En uno de los barrios de Morga existía hasta el s. XVIII un palacio que según la tradición habitaron los primitivos Señores de Vizcaya; y en la iglesia de San Martín reconstruída con materiales de aquél, uno de los altares laterales está dedicado a Santiago bajo su advocación guerrera. Continúa el camino de montaña entre espesos bosques que entonces eran de robles, hayas y castaños, abriéndose el panorama después al llegar los peregrinos en su descenso ante la iglesia de Goicolejea en Larrabezúa. Debió de ser ésta erigida en el siglo XI, pero de aquella época nada queda sino cuatro losas de enterramientos. Tanto la iglesia como la torre-fortaleza son ojivales y la verdadera joya del templo es el retablo gótico en que apunta ya el realismo renacentista del período "isabelino", nombre que encaja perfectamente aquí, ya que ante este retablo juraría el Fuero la Reina Católica, porque era ésta otra de las iglesias juraderas, dedicada a San Emeterio y San Celedonio. En ella hallamos también un rastro santiaguista en una bandeja de cobre del siglo XVI de procedencia germánica, que según tradición fue traída por peregrinos jacobeos en épocas tardías.

Desde Larrabezúa por Lezama y Zamudio los peregrinos continuaban su camino subiendo hacia Santo Domingo para descender a Bilbao por Begoña, centro de antiquísima devoción mariana. Bilbao era una población jacobea, antes de su fundación como villa, pues al ser realizada ésta por Don Diego López de Haro, fue trasladada al centro de ella la iglesia de Santiago que hasta entonces estaba al otro lado de la ría, en Bilbao la Vieja. Este barrio también llamado Urazurrutia (patronato del apóstol) tenía una hospedería para peregrinos, habiendo otra en la Ronda, y el primitivo hospital de los Santos Juanes, en el solar donde después se edificó el de estilo neo-clásico, hoy Escuela de Maestría. Al salir de Bilbao los peregrinos se dirigían desde la iglesia Mayor por la actual calle del Correo (antes de Santiago) y pasando a Abando seguirían por la de Balparda (camino de Santiago se llamaba también en tiempos remotos) hacia Zorroza tomando después una de estas dos rutas: o por el Cadagua hacia Valmaseda y Burgos o por la costa tocando en Portugalete y siguiendo de allí a Castro-Urdiales, más o menos por la actual carretera de Santander. En estas últimas etapas, aparte de la advocación santiaguista de la iglesia matriz bilbaína, de su patronato de la villa, y de la citada devoción del barrio de Urazurrutia, quedan recuerdos jacobeos en la ermita de Santa Agueda en Castrejana y en la de San Antolín de Iráuregui, con sendas imágenes de Santiago, así como en la iglesia de Portugalete y en la de Galdames.

Terminado este resumen del itinerario queda por señalar que, probablemente muchos peregrinos a mitad de su recorrido por Vizcaya, se desviarían hacia el sur para tomar el Camino Mayor de Santiago, utilizando para ello vías romanas como la de Bilbao-Orduña-Burgos y Bilbao-Valmaseda-Burgos. Otro tanto ocurriría en Santander por Reinosa y por el camino de la Liébana y en Asturias por Pajares a León. Por la misma razón de amplitud de criterio por la que sostenemos la existencia de este Camino de Santiago por Vizcaya hemos de admitir la de otro paralelo a él que entraría en la provincia por Ermua, pasando por Zaldívar y Olacueta a Durango y de allí a Zornoza por la actual carretera aproximadamente. Todos estos lugares conservan recuerdos artísticos relacionados con el culto a Santiago.

  • El Fuero viejo.

Otorgado a mediados del s. XV, contiene todo un título dedicado a "los caminos e senderos e carreras e cómo han de ser". En los caminos carreteros han de poder cruzarse sin obstáculo las carretas que van y las que vienen; en los lugares en que no pudieran hacerlo se acometerá su ensanchamiento, expropiándose terrenos si fuera preciso. Durante todo el siglo XVI fueron constantes los esfuerzos por mejorar la red viaria del Señorío: en 1516 Doña Juana (la Loca) autorizó la aplicación a la reparación de caminos de los fondos obtenidos por las penas pecuniarias impuestas por el corregidor y demás justicias de Bizkaia por delitos comunes e infracciones de las ordenanzas. En los Acuerdos del Señorío de Bizkaia se citan repetidas veces, para ser objeto de construcción o reparación, los caminos de Bermeo a Otxandio, Bilbao a Orduña, (1569), Kanpanzar a Elorrio, Durango, Gernika a Lekeitio (1575), Abando a Atxoaga, Areatza y Lemoa, Atxuri a Durango, Lekeitio y Bermeo, Basigo, Morga y Arrieta, Otxandio al mar, Orduña al mar (1576) etc.

Este año de 1576 el Corregidor de Bizkaia efectúa una inspección, encontrando la mayoría de los caminos del Señorío en mal estado. De resultas de ello solicita y obtiene una Provisión Real que obliga a las villas y anteiglesias a reparar sus respectivos tramos y puentes. Ese mismo año se pretendió que Bizkaia contribuyera a la reparación de los puentes de Trespaderne, Lerma, Oña y Briviesca, aduciéndose que, si bien estaban fuera de su territorio, tenían gran importancia para el comercio vizcaíno. Aunque la petición fue rechazada, volverá a producirse en varias ocasiones en parecidos términos. En los últimos años del siglo fueron construidos, a iniciativa del Regimiento General de la Tierra Llana, dos caminos entre Bizkaia y la Llanada Alavesa: el de Urkiola y el de Arratia. Fueron financiados por las poblaciones de las respectivas comarcas, aunque recibieron importantes subvenciones del propio Regimiento. Las villas de Bilbao y Balmaseda, por su parte, convinieron en 1588 la reparación completa del camino de calzada entre ambas. En el año 1634 se hicieron estudios para un nuevo camino carretil entre Bizkaia y Álava, empezando desde Bilbao a Arrigorriaga por Olatxua-Olabarri, Ilumbe, el arroyo Oresanko hasta la casa de Bujana, Krutzeta y Beteluri, para continuar por Ugao-Miraballes, calzada de Bakiola, camino real de Arrankudiaga hasta Atxeta, límite del Señorío, para seguir por territorio de Álava por Areta, Anuncibai, Zubiaur y Oketa a Arabarrojín y Vitoria. La Diputación no pudo con esta obra, debido a su elevado coste, pero insinuó a la de Álava que podía tratar con los pueblos implicados.

  • El camino de Orduña.

La ruta comercial que, procedente de Castilla, entraba en Bizkaia por la ciudad de Orduña era, sin duda, la más transitada del Señorío; a mediados del siglo XVI el tráfico entre Bizkaia y el interior de Castilla era intenso: solamente en hierro y acero las ferrerías vizcaínas exportaban a Castilla 34.000 quintales al año. En sentido opuesto, la lana castellana alcanzaba Bilbao en grandes cantidades, para ser embarcada con destino a Flandes y otros puntos de Europa. Los caminos en torno a Bilbao eran practicables para carros, así como los de Castilla; pero las mercancías debían ser transportadas a lomo por un espacio de diez leguas entre Orduña y Pancorbo, siendo el tramo más difícil el paso por la Peña de Orduña. El Señorío acordó abrir la Peña con la construcción de un camino para carros, para lo que solicitó permiso del Emperador. Ya estaban avanzadas las obras cuando Carlos V ordenó suspenderlas, atendiendo a las protestas de Álava, Gipuzkoa y Navarra, que veían lesionados sus intereses. Efectivamente, otras rutas alternativas de las lanas castellanas al mar eran las de Vitoria y el Valle de Léniz, e incluso la que, desde Soria, alcanzaba Pamplona y de aquí Tolosa y San Sebastián o bien, por Luzaide, Bayona.

Más de un siglo hubo de transcurrir hasta que la ciudad de Orduña, la villa de Bilbao y el Consulado otorgaron una escritura, que fue presentada a la Diputación el 17 de Mayo de 1681, solicitando nuevamente la apertura de un camino por Orduña. La Diputación de Bizkaia acordó, el 25 de Abril de 1686, mejorar el "Camino Real de Goldecho" -nombre que se le daba al de la Peña de Orduña- que por entonces estaba "dificultoso para andar a pie, muy dificultoso a caballo, imposible para carros". Recomenzaron los trabajos, lo que provocó la protesta de Gipuzkoa ante la Corte. En sus escritos, los guipuzcoanos trataban de demostrar que su comercio, así como el alavés, sería gravemente dañado por la competencia de Bilbao. Otra vez fue ordenada desde Madrid la suspensión de las obras. En una pura represalia económica, y basándose oficialmente en un inexistente peligro de agotamiento de los yacimientos, acordó el 9 de Octubre de 1686 la Junta General de Bizkaia prohibir la exportación de mineral de hierro fuera del Señorío. La medida dañaba profundamente la economía guipuzcoana, ya que las ferrerías de esta provincia beneficiaban en su mayoría mezclas de mineral local de baja calidad con mineral superior vizcaino. En las Juntas Generales del Señorío del año 1752 se acordó la recomposición y apertura de caminos con Castilla, Álava y la Rioja. Para ello se solicitó licencia para imponer el impuesto de un real a cada libra de tabaco en polvo que entrara en Bizkaia durante tiempo indefinido hasta sufragar los gastos de estas obras [Estanislao Jaime de Labayru: Historia General del Señorío de Vizcaya, t. VI, p. 292].

Nuevamente aparece el Camino de Orduña como objeto de controversia en la segunda mitad del s. XVIII: desestimando las impugnaciones presentadas por las Encartaciones, Balmaseda, Logroño, Álava, Pamplona y la Diputación de Navarra, se concede en 1764 la aprobación real. Las obras no comenzaron hasta 1770, y duraron cinco años. El Señorío, la Villa de Bilbao y el Consulado contribuyeron por terceras partes al coste de la obra, que ascendió a cuatro millones y medio de reales. El nuevo camino entre Bilbao y Pancorbo, realizado por el ingeniero D. Marcos de Bierna, tenía 14 leguas de longitud y treinta pies de ancho.

ACB

El éxito del camino de Orduña motivó un fuerte impulso en la construcción de nuevas carreteras: la de Urkiola, de 20 pies de ancho, se comenzó en 1782 y sus obras duraron cinco años. El coste ascendió a 832.000 reales. Años más tarde se abría al tráfico el camino de Durango a Eibar por Berriz y Ermua. Poco antes de la invasión napoleónica dio comienzo la construcción de la carretera de Bilbao a Durango, costeada por el Señorío, que se terminó en 1817. Las Juntas Generales de 1818 elaboraron un plan de construcción en el que se declaraban "caminos de escala", a costear por el Señorío: Bermeo a Durango por el Alto de Muniketa y Gernika (en servicio en 1824); empalme de Gernika a los puertos de Ea y Elantxobe (comenzado en 1827, no se terminó hasta 1846); Lekeitio a Muniketa por Aulesti; Ondarroa a Berriz por Markina (terminado en 1843); Bilbao a Balmaseda (realizado entre 1822 y 1847); empalme con Portugalete; Urgoiti a Ubidea por Lemoa; Plentzia a Bilbao.

Cualquier otro camino que no fuera de escala debería construirse por los pueblos afectados o por compañías particulares. Así, en 1825-26 se realizó, a cargo de una compañía, la carretera de Bilbao a Bermeo por Mungia. La que une Bilbao con Vitoria por Altube fue costeada, sin embargo, por la Diputación en 1827. El Camino de Cristina, de Elorrio a Bergara por el alto de Elgeta, fue llevado a cabo por una sociedad de accionistas en 1832; el de Bilbao a Vitoria por Barázar, acabado en 1846, también perteneció a una sociedad. Mediado el siglo, ya contaba Bizkaia con 77 leguas y media de caminos reales. En 1868 la red era de 526 Kms. Las técnicas de construcción de carreteras estaban en el Señorío más avanzadas que en el resto de la Panínsula. Así, el primer puente colgante fue construido en Burceña, sobre el río Kadagua, en 1822. El de San Francisco, en Bilbao, fue tendido en 1828. Es éste el aludido en la canción, y no el transbordador de Santurtzi a Portugalete, muy posterior.

  • Financiación de las carreteras.

Las Juntas Generales de 1752 dispusieron, con destino a la construcción y conservación de caminos, un arbitrio de un real por libra de tabaco en polvo y medio real por libra de tabaco en hoja que se produjera en la provincia. Entrado el s. XIX los recursos financieros principales fueron el peaje y los impuestos sobre bebidas alcohólicas. Los caminos disponían, en los lugares adecuados, de puestos de peaje, llamados "cadenas" porque por la noche se atravesaban cadenas en la carretera. El camino de Orduña disponía de cadenas en Ugao-Miraballes, Orduña, Tertanga, Bergüenda y Pancorbo. En el camino de Bilbao a Bermeo estaban en Begoña, Mungia y Bermeo. Los arbitrios sobre bebidas alcohólicas dieron, por lo general, un rendimiento superior al de los peajes: así, en 1819 el arbitrio sobre el vino proporcionó 116.044 reales de vellón para el camino de Durango, y el peaje sólo 50.272 reales. Las tarifas de peaje eran muy complicadas, y gravaban con más fuerza a los carros de llanta estrecha y clavos salientes, que dañaban los firmes.

  • El plan de Iguala.

Las Juntas Generales de 1831 nombraron una comisión para el estudio de la simplificación del sistema de peaje y gravámenes. El 20 de febrero de 1832 fue presentado el "Plan de Iguala", en el que se creaba la "Dirección General de Caminos de Vizcaya", organismo coordinador de las distintas empresas que hasta entonces habían regido la vida de cada carretera. Se repartían asímismo más equitativamente las cargas que recaían sobre los distintos municipios y se acompañaba un "Reglamento para la Administración de caminos de Vizcaya". A partir de 1848 la Diputación adoptó decididamente la directriz de hacerse cargo de las carreteras de la provincia. Comenzó por adquirir la tercera parte que poseía Bilbao en el camino de Pancorbo. En 1849 se hizo cargo de los caminos de Balmaseda y Arratia y el tramo construido del de Portugalete a Sopuerta y Somorrostro. En 1850 subastó las obras del camino desde Cruces a Nocedal, compró el puente colgante de Burceña y adquirió la carretera de Lekeitio a Muniketa. A pesar de esta política, todavía en 1917 pertenecían a empresas privadas los caminos de Urkiola y Ermua, con los ramales de Apatamonasterio y Garay, totalizando 39,2 Kms., y de Durango a Elgeta, de 13,5 Kms. Además eran del Estado las carreteras de Bercedo a Balmaseda y Castro Urdiales, Bilbao a Las Arenas y Bermeo al faro de Matxitxako.

  • Correos.

El 6 de octubre de 1841, la Diputación ordenó que Bilbao tuviese dos peatones que corriesen a Galdakao en donde habría otros dos para Zornotza, de allí otros dos hasta Durango; en Durango habría tres, en Elorrio dos y en Otxandio otros dos. Esto se hacía con el fin de transmitir mensajes.

  • Los nuevos pavimentos asfálticos.

Hicieron su aparición tempranamente en las calles de las capitales del País Vasco, gracias al relativo avance de las obras públicas y a la cercanía de los yacimientos de Maeztu, en Álava. Al comenzar el siglo, los paseos del Campo de Volantín y del Arenal, en Bilbao, se hallaban ya asfaltados. Las carreteras vizcaínas comenzaron a ser alquitranadas en 1912. En un principio se exigió a los ayuntamientos afectados una subvención del 50% del coste, pero a partir de 1918 se hizo cargo la Diputación de la totalidad de los gastos. En 1914 Bizkaia poseía 935 Kms. de carreteras. Circulaban por ellas 5.404 carros, 303 turismos y 105 motocicletas. En 1928 la red contaba ya con 1.175 Kms. de carreteras y 3.063.300 ptas de presupuesto; el parque móvil provincial estaba formado por 4.500 carros, 2.300 automóviles de turismo, 300 de alquiler, 100 de viajeros, l.064 de mercancías y 220 motocicletas. La circulación por las carreteras se había decuplicado en catorce años.

Al comenzar la guerra civil todas las carreteras, salvo 6 Kms., de la red vizcaína estaban asfaltadas. A partir de la supresión del Concierto Económico, en 1937, el Estado se hizo cargo de 608.866 Kms. de carreteras, quedando en régimen de carreteras provinciales y caminos vecinales 606.965 Kms. En junio de 1945 se añadieron a la red de carreteras de la Jefatura de Obras Públicas de Bizkaia 44.754 Kms., al serle cedido el tramo Orduña-Pancorbo, en manos, desde la guerra, de la Jefatura de Obras Públicas de Burgos. Las dificultades económicas de la posguerra, así como el distinto enfoque dado a la política de obras públicas y a la menor cuantía de las asignaciones concedidas desde Madrid para las carreteras vizcaínas, unidos al enorme auge industrial y demográfico de la provincia, pronto consiguieron que lo que había sido red viaria modelo quedara convertido en un auténtico cuello de botella para la economía vizcaína. En particular la comarca de Bilbao precisó la construcción de una red arterial. La Jefatura Regional de Carreteras estableció en 1968 un programa de realizaciones que, seis años después, llevaba un retraso considerable:

TramoEjecución
Solución Centro1971
Solución Sur1972
Túnel de Artxanda (1ª fase)1972
Variante de Asúa1972
Mejora y ampliación C.6391974
Túnel de Artxanda (2ª fase)1975
Cornisa Centro1975
Olabeaga (Deusto-Bilbao) (1ª fase)1976
Autopista Retuerto-Valle de Trápaga1976
Autovía Puerto (Santurtzi-Valle de Trápaga)1976
Variante de Enékuri1978
Róntegi (1ª fase)1978
Olabeaga (Deusto-Asúa)1979
Olabeaga (Deusto-Bilbao) (2ª fase)1979
Róntegui (2ª fase)1981
Autopista Asúa-Berango1981
Autopista Norte1985
Autopista Berango-Plentzia1985
Autovía Portugalete-Barakaldo1985

En los años 70, Bizkaia contaba con 0, 645 Kms. de carretera por km² de superficie. 18 municipios estaban comunicados por carreteras nacionales, 53 por carreteras comarcales y 28 por otros caminos.

ACB

A partir de la incorporación en la Comunidad Económica Europea (1986), y la posterior constitución de la Unión Europea (1995), el Territorio histórico de Bizkaia presenta un emplazamiento geográfico privilegiado, centrado tanto en el corredor atlántico de la Cornisa Cantábrica como en el eje Lisboa-Madrid-París. Por tanto, el desarrollo y coordinación de sus infraestructuras es de indudable importancia para el futuro social y económico del territorio.

  • Carreteras.

La red de conexiones de Bizkaia con los principales ejes europeos de comunicación viaria está conformada por el corredor O-E, E-70 (La Coruña-Irun), el corredor N-S, E-05 (Algeciras-Irun) y el corredor Transversal, E-80 (Lisboa-Irun). Por otra parte, las redes de comunicación interior dentro de la Comunidad Autónoma Vasca, tanto las existentes como las previstas y las que se encuentran en fase de ejecución buscan la articulación integral de los territorios. Están constituidas principalmente por las vías de acceso entre las tres capitales (Bilbao-Vitoria por la autopista A-68, inaugurada el 14 de abril de 1976, y Bilbao-San Sebastián por la autopista A-8, abierta en setiembre de 1978), el corredor transversal Durango-Beasain, el tramo Llodio-Amurrio-Orduña y la conexión de Durango con Vitoria.

Red de carreteras de Bizkaia, clasificadas por tipos-año 1994
Fuente: Dpto. de Transporte y Obras Públicas del Gobierno Vasco, MOPT; Anuario Estadístico.
Km.%
Autopistas de peaje563,73
Autopistas libres382,53
Autovías y doble calzada291,93
Carreteras1.37791,8
Total1.500100

Dentro de la red interna del Territorio histórico existen diferentes carreteras que comunican las comarcas, tanto en el interior como en la costa. Algunas de estas vías son de trazado antiguo y atraviesan los cascos urbanos de los distintos municipios, creando problemas de congestión, agravados muchas veces en períodos como fines de semana y el verano, sobre todo en zonas que se consolidan como áreas de segunda residencia o de esparcimiento. Para subsanar estos inconvenientes y mejorar la accesibilidad se han habilitado actuaciones en distintos corredores como el del Cadagua, Txorierri, con un proyecto de prolongación de la actual autovía hasta Erletxe, o el de Uribe.

Parque de vehículos de Bizkaia-año 1995 (en unidades)
Fuente: Dirección General de Tráfico.
CamionesAutobusesTurismosMotocicletasTractores Ind.OtrosTotal
58.3951.177369.51118.6032.3456.905456.936

Índices de motorización-año 1995
(1) Población de derecho a 1 de julio
Fuente: Dirección General de Tráfico
Vehículos/1.000 habitantes (1)Habitantes/turismoVehículos/10 km. carretera
3933,13.046

En el área metropolitana de Bilbao, los problemas de congestión viaria tanto en el transporte urbano e interurbano de viajeros por carretera y sus servicios conexos, los servicios de aparcamiento, etc., pueden verse aliviados en los próximos años con la reciente inauguración y entrada en servicio del Metro y una planificación integral de las infraestructuras y servicios complementarios. Existen proyectos como la construcción del túnel de Artxanda que servirá de enlace directo entre Bilbao y el valle de Asua y la autovía denominada Variante Este de Bilbao. Dentro de esta perspectiva se encuentra igualmente la Estación Intermodal de Abando cuyo fin es ofrecer un servicio de terminal centralizado de los servicios interurbanos de carretera y ferrocarril.

ARS

El sistema ferroviario de Bizkaia está formado por dos redes de anchos diferentes, explotadas por tres empresas distintas: RENFE y FEVE, dependientes de la Administración Central, y Eusko Tren, de la Comunidad Autónoma.

Red ferroviaria de Bizkaia-año 1993
Fuente: Dirección de Transporte del Gobierno Vasco
RENFEFEVEFEVE (Mercancías)Eusko TrenTotal
Km.455720116238

Más del 80% del movimiento de pasajeros por año en el País Vasco se concentra en los trenes de cercanías de Bilbao, mientras que el bajo movimiento de mercancías de los ferrocarriles, absorbido en su práctica totalidad por RENFE, está vinculado a las actividades portuarias.

Transporte ferroviario en Bizkaia
Fuente: Dpto. de Transporte y Obras Públicas del Gobierno Vasco, MOPT.; Anuario Estadístico.
Tráfico de mercancías con origen en la CAV. y Navarra (Tm.)
año 1994946.698
año 19951.055.400
Tráfico de contenedores (TEUs)
año 199478.717
año 199583.476

La compañía RENFE explota las líneas de vía ancha pertenecientes a la red estatal como las líneas Bilbao-Santurtzi-Muskiz y Bilbao-Miranda de Ebro. FEVE tiene la explotación de las líneas Bilbao-Santander y Bilbao-León, que operan de manera marginal debido al mal estado de tales infraestructuras y al escaso volumen de viajeros. Por su parte Eusko Tren tiene a su cargo las líneas de vía estrecha transferidas a la Comunidad Autónoma, conformada principalmente por los servicios centrados en el área metropolitana de Bilbao y el sistema Bilbao-Donostia con los ramales de Bermeo. La característica más relevante de la red ferroviaria es su carácter obsoleto, propio de principios de siglo y básicamente ineficaz al no unir de manera directa y rápida los grandes núcleos urbanos, industriales y comerciales del Territorio con los del resto de la Comunidad, y por tanto con el resto de la península.

Actualmente, las instalaciones no permiten sobrepasar a los trenes de viajeros la velocidad de 70 km/h y a los de mercancías la de 40 km/h con tonelajes remolcados de 600 toneladas. La modernización de las infraestructuras ferroviarias está recogida en diferentes planes que relacionan su adecuación al futuro económico del territorio dentro de una comunicación más directa con el resto del Estado y con Europa. En este contexto, se ha previsto por parte de las diferentes Administraciones Públicas la necesidad de mejora y de conectar las tres capitales vascas entre sí, la denominada Y vasca, por medio de una línea de alta velocidad. Este proyecto de línea de alta velocidad prevé un tráfico mixto con ancho de vía internacional, en el que los trenes de viajeros podrían alcanzar una velocidad de 250 km/h. y los trenes de mercancías una de 100 ó 120 km/h. con tonelajes de remolque entre 1.000 y 1.200 toneladas. Esta nueva red puede permitir circular en los dos anchos, el español y el europeo, combinando unidades convencionales con otras de alta velocidad similares al AVE. Asimismo, parte del servicio de viajeros de cercanías de Bilbao se ha visto modificado con la entrada en servicio del Metro.

  • Metro de Bilbao.

El 11 de noviembre de 1995 se inauguró el servicio la Línea nº 1 del Tren Metropolitano de Bilbao entre el casco viejo de Bilbao y Plentzia, que se extiende finalmente hasta Bolueta, con lo que la longitud total de esta línea será de 31 Km. De ellos, 6. 5 Km. discurren por trazado subterráneo, bajo el centro de Bilbao, existiendo además dos túneles subfluviales bajo la ría de Nervión a su paso por Olabeaga y El Arenal. En los próximos años la Línea nº 2 sirve de conexión con la margen izquierda. El primer tramo de esta segunda línea une Bilbao con Sestao, ampliándose posteriormente hasta Santurtzi. Las obras se prolongarán durante varios años más hasta la culminación de la red ampliada hasta Basauri.

ARS

El Puerto Autónomo de Bilbao es el principal puerto peninsular, el que mueve el mayor volumen de tráfico y con un papel trascendental en la actividad económica del País Vasco. Además añade la ventaja estratégica respecto a otras zonas de disponer un fácil acceso al tráfico de mercancías con los países de la Europa Atlántica. Ocupa un lugar preferencial en el contexto de las infraestructuras de Bizkaia, como centro económico que enlaza con los principales ejes de comunicación del Cantábrico y de la Meseta.

Puerto de Bilbao
Fuente: Autoridad Portuaria de Bilbao
N.º BuquesContenedores
N.ºMiles Tm.
año 19943.481267.6782.780
Mercancías cargadas (miles Tm.)Mercancías descargadas (miles Tm.)Mercancías Totales (miles Tm.)
año 19947.76617.70125.488
año 19956.91318.09525.008

Por consiguiente, la potenciación del Puerto Autónomo es un objetivo básico para el desarrollo del Territorio Histórico, haciéndose necesaria la mejora de los accesos, tanto de líneas de ferrocarril como de la autovía de acceso a fin de agilizar y descongestionar el tráfico de mercancías, al mismo tiempo que se dota de una eficiente conexión intermodal y de una organización que sirva para una mejor prestación de los servicios portuarios, dentro del cada vez más importante movimiento comercial internacional, y en concreto de la Unión Europea. Este es el contexto en el que se llevan a cabo las obras actuales de ampliación del Puerto de Bilbao en el Abra Exterior, con lo que se conseguirá un aumento de las aguas abrigadas, de muelles de atraque y de superficies de carga y descarga, manipulación e instalación de industrias. En esta ampliación se ganan terrenos al mar en la margen izquierda del Abra, entre el puerto de Zierbana y el dique de Santurce. El desplazamiento de las actividades portuarias hacia esta zona posibilitará igualmente la eliminación progresiva de zonas portuarias situadas en el municipio de Bilbao, con lo cual la ciudad podrá disponer de un suelo de alto valor estratégico para la remodelación urbanística prevista en su plan general. Al finalizar los trabajos de ampliación, el Puerto de Bilbao dispondrá entonces de 1,5 millones de metros cuadrados de nuevas superficies y de un kilómetro más de muelles, con calados en torno a los 20 metros. En relación con los puertos menores de Bizkaia, como son los de Ondarroa, Bermeo y Lekeitio, tienen en común, en general, un estado deficitario de parte de sus infraestructuras debido principalmente a su antigüedad. Los accesos terrestres pasan necesariamente por los cascos urbanos y en algunos casos adolecen de equipamiento y de lonjas adecuadas que sirvan para la comercialización de los productos pesqueros.

ARS

El aeropuerto de Sondika se encuentra en una fase de ampliación y adecuación tanto de sus instalaciones como de los servicios y ofertas de vuelos desde 1991. Entre estas actuaciones destaca la ampliación de su pista principal con lo que se acogen aviones con radios de acción más prolongados y aumenta la seguridad. En conexión con esta acción se edificó la nueva torre de control, en funciones desde 1999, la ampliación de las terminales de cargas y de pasajeros así como la plataforma. La finalidad de tales actuaciones es la adecuación y mejora de los servicios que presta este aeropuerto dentro del transporte aéreo, no sólo en Bizkaia sino en el ámbito de toda la Comunidad Autónoma, norte de la península y cornisa cantábrica, complementándose así mismo con los servicios que presta el aeropuerto alavés de Foronda, sin necesidad de propiciar rivalidades entre ambas instalaciones. El nuevo edificio terminal ("La Paloma"), diseñado por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava, se inaugura en la segunda mitad del año 2000. Se ha ampliado en 500 mts. el campo de vuelos, para pasar de 12 operaciones por hora a 18. AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), compañía promotora del proyecto, cuenta con la mejora de la red viaria de acceso previsto por la Diputación Foral de Bizkaia. Para la consecución de este nuevo aeropuerto se restó terreno a los municipios de Sondika, Derio, Erandio, Loiu y Zamudio.

Aeropuerto de Bilbao-año 1995
Fuente: Dirección General de Aviación Civil
Tráfico interiorTráfico internacionalTráfico total
Aeronaves (unidades)12.9347.41420.348
Mercancías (Tm.)2.115,601.763,803.879,40
Pasajeros (miles)1.190,30369,71.560,00

En el ejercicio 1999, recibió un total de 36.394 aeronaves y 2,2 millones de pasajeros. Las mercancías transportadas ascendieron a 3.500 Tm.

ARS

El sector agrario desempeña un papel secundario en el conjunto de la economía vizcaína. La orografía y el clima condicionan de manera fundamental el desarrollo de un sector que se encuentra en clara minoría, en cuanto a su participación en el PIB del territorio, con respecto a las actividades propias de los sectores secundarios y terciarios, La irrupción de la actividad industrial, en el siglo XIX, es el inicio de un retroceso, que supone un descenso acusado tanto del espacio dedicado a estas actividades como de la mano de obra empleada. A partir de la segunda mitad del siglo XX, este descenso, coincidente con el gran "boom" industrial del litoral vasco, relega a la agricultura y al sector primario a un protagonismo residual que es patente en el inicio del siglo XXI y cuyo rumbo difícilmente parece que va a sufrir transformaciones en los próximos años. Al referirnos a la actividad agraria debemos obligatoriamente reseñar dos etapas claramente diferenciadas. Una cuyo final se situaría en el inicio de la industrialización y otra que a partir de finales del siglo XIX se extenderá hasta nuestros días.

  • El caserío hasta la revolución industrial del siglo XIX.

El caserío es la unidad de explotación básica y se caracteriza por un minifundismo típico que condiciona su actividad. Hasta la revolución industrial, el caserío era una explotación en la que se desarrollaba un policultivo de base cerealista, cuya variedad venía determinada por las propias necesidades familiares. La mayoría de la producción -trigo, centeno, etc.- se dedicaba al pago de rentas ya que las explotaciones estaban arrendadas. La introducción del maíz y, con posterioridad, de la patata supuso una pequeña revolución, por cuanto que una mejor adecuación al medio permitió mayores aprovechamientos. El ganado, que pasta en los terrenos comunales, forma parte del caserío con carácter complementario; su desarrollo, con el paso de los siglos, conllevará un aumento de la superficie dedicada a pastos y forrajeras para poder satisfacer las necesidades alimenticias de la cabaña ganadera.

  • Desde la revolución industrial hasta nuestros días.

El desarrollo demográfico, paralelo al industrial, supone cambios substanciales en la estructura del caserío. La explotación se orienta claramente hacia los productos de huertas, para el abastecimiento a los núcleos urbanos, y a las forrajeras como base alimenticia para el ganado. El gran "boom industrial" de la segunda mitad del siglo XX produce un considerable descenso de la mano de obra empleada en el sector, lo que se traduce, entre otras cosas, en el abandono de tierras que son repobladas con especies de crecimiento rápido o en la aparición de la figura del agricultor a tiempo parcial; esto es el trabajador que compagina las labores del caserío con las de la actividad industrial o de servicios que se desarrolla en los núcleos urbanos próximos. Consecuentemente a esta situación, asistimos a un descenso muy acusado del número de explotaciones en las décadas de los años sesenta y setenta. Esta tendencia ha desaparecido en los quince-veinte años siguientes donde el número de explotaciones se ha estabilizado. Entre 1962 y 1972, el número de explotaciones agrarias descendió el 27%, al pasar de 32.941 a 24.181. En 1982, el descenso es sensiblemente inferior ya que se censan 21.026 explotaciones, lo que supone un retroceso del 13%. Esto significa que en tan sólo veinte años 1962-1982, el número de explotaciones del territorio desciende el 37%; cifra harto significativa del proceso seguido por un sector cuya mano de obra generada es prácticamente residual. Sin embargo, esta tendencia regresiva se ha estabilizado en los últimos años. En 1989 hay un ligero aumento (11%) del número de explotaciones censadas ya que se contabiliza un total de 22.739. Las 22.739 explotaciones abarcan una superficie de 178.596 Ha. con un total de 91.657 parcelas y una superficie agrícola utilizada (SAU) de 59.964 Ha. La mitad de las explotaciones tiene cabaña ganadera con una superficie media inferior a 7 Ha. En la década de los noventa apenas hay variaciones significativas en cuanto al número y tamaño de las explotaciones. Esto significa que se configura un modelo tipo con un número reducido de parcelas (4,1 por explotación) y una superficie media de 7.9 Ha. Las modificaciones más significativas se producen con la intensificación de los cultivos bajo plástico, que de manera rápida forman parte del paisaje rural vizcaíno. Los cultivos de flores y los productos hortícolas aumentan considerablemente su producción al amparo de una creciente demanda proveniente de los núcleos urbanos. En el año 2000, el Servicio Agrícola de la Diputación Foral, contabiliza una Superficie Agrícola Útil de 60.000 Ha. Las forrajeras, pastos y sobre todo praderas (50.000 Ha) suponen, con una superficie total de 58.000 Ha, el 96.6% de la SAU; el resto lo ocupan mayoritariamente los productos hortícolas. La distribución de la SAU, según cultivos y superficies se refleja en el cuadro adjunto.

Fuente: Diputación Foral de Bizkaia
CultivosSuperficie (Ha)
Forrajeras50.000
Pastos, praderas8.000
Manzano450
Peral150
Vid100
Secos y otros20
Horticultura al aire libre1.200
Cultivos protegidos80

Independientemente de las superficies dedicadas a forrajeras, pastos y praderas, llama la atención, el progresivo aumento del manzano que, a principios de los años setenta, apenas superaba las 78 Ha, y en la actualidad ha aumentado su superficie hasta sextuplicarla situándose en las 450 Ha. Igualmente, debemos mencionar el fomento de las producciones agrícolas de calidad tanto en frutales como en hortalizas y vid. Por su producción, entre los productos hortícolas son reseñables las casi 500 Ha de patata, y las más de 200 Ha de pimientos, tomate y maíz. Las numerosas ferias de carácter agrícola y/o ganadero que se celebran a lo largo de todo el año reflejan los esfuerzos del agro vizcaíno en la búsqueda del cultivo de productos de calidad certificados a través del label de calidad emitido por los organismos competentes.

El label de calidad certifica la autenticidad de productos como: el pimiento de Gernika, el txakoli, las alubias de Gernika etc. productos de gran aceptación por parte de los consumidores, tanto en los mercados vascos como en los estatales. Como consecuencia de esta política, en la búsqueda de la calidad y de la autenticidad de los productos del agro vizcaíno, y al amparo de las ayudas de la Diputación Foral con convenios de colaboración técnico-económicos, se han formado Asociaciones y Cooperativas representativas de los distintos subsectores productivos. En la actualidad, se contabilizan las siguientes agrupaciones:

  1. Asociación de Fruticultores (BIALKA)
  2. Asociación de Txakolineros (BIALTXA)
  3. Asociación de elaboradores de Sidra Natural (BIZKAIKO SAGARDOA)
  4. Asociación de Horticultores (BIHOEL)
  5. Asociación de Agricultura Ecológica (EKOLUR-BIZKAIA)
  6. Consejo Regulador de la denominación de Origen Bizkaiko Txakolina
  7. Cooperativa de servicios agrícolas y ganaderos (LORRA)

La dedicación ganadera del caserío es muy reciente y nace como consecuencia de la demanda de productos lácteos y cárnicos de la sociedad industrial surgida del desarrollo urbano y demográfico experimentado a partir de los años cincuenta. El ganado bovino ha sido y es predominante dentro de la cabaña ganadera. La demanda de carne y leche llevó al cruce de la raza tradicional (pirenaica) con otras como la suiza, para un mayor rendimiento lechero; también, se introdujeron otras razas (frisonas y cherolesas) y explotaciones de bovinos estabulados. Sin embargo, en los últimos años es el ganado ovino el que ha conocido un significativo incremento al pasar de las 23.000 cabezas de 1972 a las más de 68.000 de finales de los noventa. El resto de las especies, caprino, porcino, caballar, son claramente inferiores en cuanto a número a las mencionadas especies bovino y ovina. La cabaña ganadera bovina se encuentra prácticamente estancada en cuanto a número, con respecto a las cifras de los años setenta. En 1972 se contabilizan 71.861 cabezas de bovino, diez años después son 73.920 y en 1989 se alcanzan las 77.724. Los datos de 1996 reafirman esta tendencia alcista al censarse 79.295 cabezas de bovino. Esto significa que en 25 años la cabaña bovina sólo ha aumentado el 10%. Sin embargo, el número de ejemplares ovinos ha ido creciendo de manera muy significativa. En 1972, la cabaña ganadera asciende a 23.828 cabezas. Diez años después, 1982, alcanza la cifra de 38.374, pasando a 55.097 en 1989 y 68.534 en el año de 1996. Esto representa un incremento próximo al 300% en sólo veinticinco años, que se contrapone de manera clara con el incremento del 10% que en el mismo período de tiempo experimenta la cabaña bovina. Las especies caprina, caballar y asnal en ningún momento han superado las 10.000 cabezas, excepto en 1989 cuando se contabilizaron 12.799 cabezas de ganado caprino. El ganado porcino está en claro retroceso. Los casi 20.000 ejemplares de 1972 (19.273 cabezas) se han reducido en un 50%.

La explotación forestal se ha visto favorecida por la topografía del territorio, ya que más de la mitad del mismo se encuentra ocupada por distintas especies arbóreas. El pino insignis es la especie dominante. Su primera repoblación data de 1840 y ocupa más de la mitad de la superficie arbolada del territorio, aunque en claro retroceso con respecto a la extensión que ocupó años atrás. Baste eñalar que en los años setenta, prácticamente el 90% de la superficie arbolada era de pino de repoblación, en detrimento del bosque tradicional y que su rápido crecimiento, con destino a la industria, posibilitó una monotonía paisajística en el territorio que sólo políticas recientes de apoyo a las especies autóctonas están consiguiendo romper. En 1986 la superficie forestal arbolada se extendía sobre 122.411 Ha, de las cuales 94.018 eran coníferas y el resto frondosas. Dentro de las primeras destaca la superficie arbolada ocupada por el pino insignis, que con sus 80.245 Ha significa el 85% del total de coníferas y el 65,5% de la superficie total. Entre las frondosas destacan eucalipto, haya, encina y roble. En 1996, la superficie total aumentó hasta las 128.244 Ha, crecimiento que prácticamente es debido al incremento de la masa forestal de las especies frondosas. Estas ocupan 35.182 Ha. (casi 10.000 Ha más que en 1986) y en ellas adquiere papel destacado el eucalipto, que llega a las 10.192 Ha, lo que supone un significativo desarrollo sobre las 3.761 Ha del año 1986. Entre las coníferas, (93.063 Ha) destacan las 79.726 Ha de pino insignis, que viene a significar la misma superficie de hace 10 años, aunque en el contexto global signifique el 62,1%, frente al 65,5% de 1986. La superficie forestal es mayoritariamente de titularidad privada. El 85% de la misma está clasificada como "montes de régimen privado". El volumen de cortas autorizadas (año 1997) asciende a 836.000 m³, de las cuales el 96% se corresponde con coníferas y el 4% con frondosas.

  • Ferias agrícolas, mercados.

El conjunto de ferias y mercados del territorio vizcaíno, al igual que el del resto del País, muestra un éxito generalizado consolidando la tendencia de estos últimos años, que supone la ruptura de la dirección regresiva que se produjo durante décadas anteriores y que llegaron incluso a poner en tela de juicio la pervivencia de estas ferias o mercados, algunas de las cuales goza de gran tradición y solera. En Bizkaia se celebran anualmente numerosas ferias y mercados.

Ferias y mercados agrícolas. Año 2000
Fuente: Gobierno Vasco. Departamento de Agricultura y Pesca. Ferias agrícolas, ganaderas y pesqueras del País Vasco. Año 2000.
MesDíaLugarContenido
Enero1er DomingoMungiaGanadero
9 y 30LoiuGanadero
16BerrizHorticultura
18MungiaAgrícola-ganadera
FebreroSin determinarMorgaAgrícola
Día San BlasAbadiñoAgric./Gan. y artesana
1er y 4º domingoMungiaGanadera
2º y 3º domingoLoiuGanadera
Marzo1er domingoSopuertaFeria chacinera
1er y 4º domingoMungiaGanadera
Sábado antes al 8Amorebieta-EtxanoAgrícola y artesana
2º y 3er domingoLoiuGanadera
Día 19BakioAgric./Gan. y artesana
Día 19GüeñesAgrícola y artesana
AbrilDías 1 y 2BalmasedaArtesania/
1er y 4º domingoMungiaMercado medieval
2º y 3er domingoLoiuGanadera
Día 30BilbaoAgrícola y ganadera
MayoDía 1TruciosGanadera y artesana
Día 7BerangoAgrícola
Día 13BerriatuaConserva de pescado y artesana
Día 13OrduñaGanadera y Agrícola
Día 14DerioAlimentacion y artesana
2º y 3er domingoLoiuGanadera
Día San IsidroZeanuriAgrícola y ganadera
3er fin de semanaBermeoPesquera
Día 21MallabiaAgrícola y artesana
Día 21MañariaArtesania y alimentacion
Día 26GetxoArtesana
Día 28ZallaDia del txakoli
JunioPrimera quincenaOndarroaPesquera
Día 3Gernika-LumoDia del txakoli de
Día 4AlonsotegiUrdaibai
Día 4MuxikaAgric./gan. y artesana
1er y 3er domingoMungiaAgric./gan. comarcal
Día 10Markina-XemeinGanadera
Día 11DurangoBaserri eguna
2º y 4º domingoLoluAgroalimentaria
Domingo antes 29MungiaGanadera
Sin determinarMundakaMercado tradicional baserritarra
JulioDía 1Gernika-LumoEuskal oiloaren eguna
Día 2DimaArtesana
1er y 2º domingoLoiuGanadera
Día 9MungiaSukalkieguna
3er y 4º domingoMungiaGanadera
Día 16SanturtziGastronomica
Fiestas del CarmenBalmasedaAgrícola
Fiestas del CarmenBarakaldoAgrícola
Del 21 al 25 (s.d)ArrigorriagaArtesana
Día SantiagoGorlizAgrícola
AgostoDía 5Gernika-LumoGernikako piperraren
Día 5Ondarroaeguna
1er domingoLeioaBaserri eguna
1er y 4º domingoMungiaArtesana
Día 10ErandioGanadera
Día 10GetxoAgrícola y artesana
Día 15ErandioAgrícola
Fiesta de S. RamónValle TrapagaAgrícola
2ª QuicenaPlentziaArtesana
2º y 3er domingoLoiuConcurso de queso
Último sábadoLekeitioGanadera
4º sábadoUrdulizBaserri eguna
Domingo 27BakioAgrícola
Domingo 27GordexolaAgrícola
SeptiembreSan AntolínPlentziaAgrícola
Día 2Gernika-LumoDia de la sidra de
Día 3AlonstotegiBizkaia
1er domingoElorrioDia del txakoli
Día 3GaldamesAgrícola y ganadera
1er y 4º domingoMungiaGanadera
Día 8Ugao-MiraballesGanadera
2º y 3er domingoLoiuAgrícola y artesana
2º domingoPortugaleteGanadera
Fiestas de la CruzSopelanaAgrícola
2ª QuincenaMendataAgrícola
S. Cosme/S. DamiánSopuertaAvicola
Día 16BermeoGanadera
Fiesta Sta. CruzGaldakaoAgrícola y artesana
Día 23ArteaAgrícola y artesania
Sábado 30 yMuskizAgrícola y artesania
domingo 1Agric./gan. y artesana
OctubreSin determinarIgorreAgrícola y artesana
Primeros de mesKarrantzaGanadera
Sábado 1BilbaoAgrícola y ganadera
Día 1Gernika-LumoGanadera
1er y 4º domingoMungíaGanadera
Primer lunesGernika-LumoMercado especial
Lunes día 2ZallaAgrícola y ganadera
Día 7Gernika-LumoDia de la alubia
2º sábadoMarkina-Xemeinde Gernika
2º domingoErandioAgric./gan. comarcal
2º y 3er domingoLoiuAgrícola
San Fausto (sábado)BasauriGanadera
Día 15BasauriAgrícola
3er domingoLoiuArtesana
Último sábadoLanestosaGastronomica y artesana
Día 29Gernika-LumoAgroalimentaria
Último lunesGernika-LumoRey del bacalao
NoviembreSin determinarArrigorriagaAgrícola y ganadera
1ª QuincenaBilbaoAgrícola
Día 1TruciosAgrícola y artesana
1º y 4º domingoMungiaGanadera
1º domingoZamudioAgrícola y ganadera
Día 11. San MartínBilbaoAgrícola
Sábado San MartínErmuaAgrícola
2º y 3er domingoLoiuGanadera
2º domingoSondikaAgric./gan. y artesana
Día 26BilbaoAgrícola
DiciembreSin determinarOrozkoAgrícola y ganadera
Sin determinarZaldibarAgrícola
Día 3GordexolaAgrícola y ganadera
1º y 4º domingoMungiaGanadera
Domingo antes de la fiesta de la InmaculadaAtxondoAgrícola
Del 5 al 8DurangoArtesana
2º y 3er domingoLoiuGanadera
Día 17Gernika-LumoConcurso de caracoles
Día 17LeioaAgrícola y ganadera
Día 21 Sto. TomásBilbaoAgrícola
Día 21 Sto. TomásLekeitioAgrícola y artesana
Día 24GaldamesConcurso Pan de Galdames
Día 31SestaoAgrícola y artesana

La actividad pesquera goza de gran tradición en el litoral, aunque el empleo generado y el número de capturas haya descendido considerablemente con respecto a la situación existente en los años sesenta, donde numerosos municipios tenían en la pesca la base de su actividad económica. La crisis que atravesó el sector pesquero vasco afectó de manera más significativa a los subsectores arrastrero o de pesca de altura y al bacaladero y fue consecuencia de múltiples factores, entre los que adquirieron protagonismo especial el sobredimensionamiento de la flota en los años setenta y las restricciones impuestas por los países de la CEE, Canadá y Noruega. Las medidas proteccionistas (implantación de las 200 millas jurisdiccionales) impuestas por los países que constituían la Comunidad Europea, junto a la débil estructura empresarial y la mala comercialización del subsector de bajura, fueron causas que influyeron muy notablemente en la recesión de esta modalidad que ha gozado de gran tradición entre los arrantzales vascos. En 1996, el número de embarcaciones asciende a 259 empleando a 2.619 trabajadores; cifra que adquiere su verdadera significación si tenemos en cuenta que en 1976 el número de embarcaciones ascendía a 614 y el personal en ellas ocupado era de 5.365 trabajadores. Bermeo es el puerto más importante dentro de la pesca de bajura. Ondarroa, además de una importante flota de pesca de bajura cuenta también con embarcaciones de altura y gran altura. Son las dos referencias pesqueras del territorio vizcaíno en la actualidad, ya que más del 90% de las capturas se realiza a través de ambos puertos. Lekeitio, Elantxobe, Santurtzi, son algunos de los municipios donde la actividad pesquera alcanzó gran desarrollo y hoy cuentan con escasa actividad. En 1996, la flota de bajura ascendía a 180 embarcaciones con un total de 1.282 personas embarcadas. Las más de 30.000 tm capturadas se distribuían de la siguiente manera:

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998
Anchoa7.886,8 toneladas
Atún4.460,7 toneladas
Bonito400,8 toneladas
Berdel4.703,9 toneladas
Merluza1.566,3 toneladas
Otr S11.699,2 toneladas
Total30.717,7 toneladas

La puesta en marcha del primer horno alto, en la primera mitad de siglo XIX, es el inicio de lo que podemos considerar el desarrollo de la moderna industria vizcaína. Esta, a partir de finales del siglo XIX, será el fundamento de la economía del territorio y factor básico que marque su devenir socioeconómico. Las transformaciones surgidas de los nuevos asentamientos industriales son profundas: progresiva urbanización, corrientes inmigratorias muy elevadas, abandono del empleo agrícola etc. Sin embargo, la gran crisis de finales de los setenta es el punto final de un proceso, que, aún retomando su destacado protagonismo en años posteriores (reconversión), tendrá características substancialmente diferentes. La industria dejará de ser el sector económico que genere más empleo y los subsectores más tradicionales se verán obligados a profundas transformaciones para encuadrarse en los modelos de modernidad y competitividad de la CEE.

Retrotrayéndonos en el tiempo podemos decir que en la industria vizcaína, una vez que las ferrerías tocan a su fin, desde mediados del siglo XIX hasta los años setenta del siglo XX, se pueden reconocer claramente cuatro etapas o ciclos:

  1. La primera industrialización (1841-1914)
  2. La segunda etapa, hasta la Guerra Civil
  3. La posguerra (1940-1959)
  4. El gran "boom" de la segunda mitad del siglo XX hasta la gran crisis

A partir de la reconversión deberemos referirnos a la industria actual, a la de finales de siglo XX.

  • La primera industrialización (1841-1914).

La supresión de las aduanas en el País Vasco (1841) es el punto de partida de la moderna industrialización. La minería y la siderometalúrgica son los sectores más dinámicos. Los yacimientos mineros, al amparo de coyunturas políticas favorables, son la base de importantes exportaciones y el estímulo que posibilita las fuertes inversiones de capital extranjero que fundan sus propias compañías mineras o empresas siderúrgicas. A finales del siglo XIX conviven compañías explotadoras de mineral de hierro de origen vasco con otras como la Cía Franco-Belga, La Cía Mac-Lennan, La Cía Otto-Kreizner, etc. En los últimos treinta años del siglo XIX se extraen de las minas vizcaínas cerca de 90 millones de tm, de las cuales 70 satisfarán la demanda de la siderurgia inglesa. La producción de Bizkaia es el 90% de la producción estatal de hierro. La margen izquierda está configurando su fisonomía que durante tantos años le ha caracterizado: la siderurgia, los altos hornos y el puerto de Bilbao comienza a adquirir protagonismo por su vitalidad y desarrollo. El enorme tráfico marítimo hace resurgir la industria naviera bilbaina culminando con la creación de grandes astilleros a finales de siglo XIX y principios del XX. Nombres de la burguesía bilbaina vinculados a la producción, exportación y transporte del mineral de hierro como Sota y Aznar, Gandarias, etc. fueron los creadores de la nueva flota naviera vasca.

  • La segunda etapa, hasta la Guerra Civil.

Es el período de consolidación del espacio circundante próximo a la Ría, y de difusión del fenómeno hacia el valle del Ibaizabal. La guerra europea supone una fuerte demanda de productos que los países beligerantes no pueden elaborar. Se produce un nuevo despegue de la industria, cuyos beneficios tuvieron otros destinos que la reinversión o ampliación y/o mejoras de las instalaciones existentes. Ello significa, que una cierta inestabilidad se adueña de una actividad que en pleno desarrollo expansivo quedó al amparo de las coyunturas económicas nacionales e internacionales (Dictadura de 1923, Crisis mundial de finales de los veinte, etc.). No obstante, se produce la aparición de importantes empresas (General Eléctrica Española, Firestone Hispania.) que se contrapone con los problemas surgidos en numerosos centros industriales que desembocan en su cierre. El levantamiento militar del año 1936 supuso un fuerte golpe para la industria vizcaína.

  • La posguerra (1940-1959).

La autarquía industrial de la posguerra significa para la industria vasca la posibilidad de copar el mercado nacional sin ningún tipo de competencia. Sin embargo, las penurias de la época y la creación del INI (Instituto Nacional de Industria) son dificultades que el desarrollo industrial deberá superar. El período en sus años finales empieza a marcar unas pautas que se acentuarán en épocas posteriores.

  • El gran "boom" de la segunda mitad del siglo XX hasta la gran crisis.
El Plan de Estabilización (1959) marca el final del período autárquico y el inicio de una generalización industrializadora, que en el caso de Bizkaia supone su expansión por todo el territorio. Es el período desarrollista por excelencia. El Gran Bilbao se convierte en un espacio donde alternan indistintamente áreas residenciales y fabriles. Todos los sectores importantes se asientan en el territorio, bien en la margen izquierda, bien a través del valle del Ibaizabal. La falta de espacio obliga a la industria a continuar su desarrollo bajo la influencia del Gran Bilbao, pero en terrenos alaveses (Amurrio y Llodio). El sector industrial en 1975 da empleo al 65% de la población trabajadora vizcaína, superándose esta cifra en muchos municipios como Sestao, Baracaldo, Durango, etc. que durante estos años han reafirmado su marcado carácter industrial. Los datos de 1976 son harto elocuentes de esta situación, ya que se contabilizan más de 13.000 establecimientos industriales, distribuidos según se recoge en el cuadro adjunto.

Fuente: Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Vizcaya
Ramas de actividadN.º
Metalúrgica5.023
Química374
Madera, corcho, papel art. gráficas2.197
Energía eléctrica y mecánica133
Alimentación1.244
Textil1.849
Construcción, vidrio y cerámica1.921
Actividades diversas578
Total13.319

Esta actividad conlleva un importante comercio exterior que se refleja en una destacada actividad del puerto de Bilbao, que, si en 1950 exportaba 283.000 tm, en 1978 llegaba a las 2.976.000, lo que significaba multiplicar por 10 el volumen de las transacciones. En 1966 las exportaciones ascienden a 365.000 tm y 3.250 millones de ptas.; en 1972 se alcanzan 1.377.000 tm y 21.221 millones de ptas.; su principal destino son los países que configuraban la CEE, que absorbían casi el 30% de las exportaciones. Pero, esta situación de bonanza económica se ve gravemente alterada por la crisis de la segunda mitad de la década de los setenta. Es el fin de un período terriblemente desarrollista, que en muy poco tiempo dará lugar a una profunda crisis cuyas secuelas serán visibles a todos los niveles: paro, destrucción de empleo, cierre de empresas, emigración etc.

  • La crisis de los años ochenta.

A finales de la década de los setenta la situación varía substancialmente. La reducción de plantillas en las principales empresas del territorio, cuando no el cierre, la aparición del paro con porcentajes de desempleo muy superiores al 20%, la reconversión, etc. caracterizan unos difíciles años ochenta. El cierre de grandes empresas conlleva la desaparición de muchos pequeños talleres y establecimientos industriales. El número de centros industriales se reduce drásticamente. En 1981, se contabilizan 3.725 empresas (sólo se contabilizan las de 2 ó mas trabajadores) y 169.073 empleos; tres años después son 3.243 las empresas censadas y 138.530 trabajadores. La recuperación de mediados de los ochenta implica un aumento del número de empresas, pero en ningún caso del número de puestos de trabajo, ya que la terciarización de la sociedad vizcaína es un hecho incuestionable. En 1990 se contabilizan 4.035 empresas y 118.247 puestos de trabajo. El Catálogo Industrial Vasco (1998) señala un total de 2.899 empresas distribuidas, según tamaño de trabajadores, de la siguiente manera:

Fuente: Gobierno Vasco. Departamento de Industria, Agricultura y Pesca
N.º TrabajadoresN.º Empresas
0-9651
oct-491.835
50-100219
Más de 100194

Dentro del conjunto de empresas destacan por su volumen de empleo, superior a los 1.000 empleados, las siguientes.

Fuente: Gobierno Vasco. Departamento de Industria, Agricultura y Pesca.
EmpresaN.º Empleos
Iberdrola2.116
Montajes Nervión1.750
Astilleros Sestao1.542
Aceralia1.069

El Parque Tecnológico de Zamudio surge en 1985 impulsado por el Gobierno Vasco, a través de la SPRI-Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial S.A.- la Diputación Foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Zamudio. La 1ª fase ya desarrollada tiene una superficie total de 376.091 m², de los cuales 48.000 se corresponden con edificios y locales de alquiler. La 2ª fase en desarrollo prevé 323.000 m² de parcelas urbanizables y 90.000 m² de terrenos industriales. En el año 2000 el parque tecnológico cuenta con 92 empresas generadoras de 3.262 empleos con una facturación conjunta de 158.000 millones. Los sectores que desarrollan su actividad son:

Sextores del Parque Tecnológico de Zamudio
Fuente: www.ptzamudio.net
AeronáuticaElectromecánica
Asesoría de comunicaciónElectrónica
AudiovisualI+D
AutomociónInformática
CalidadIngeniería
Centro de enlace innovaciónMedio Ambiente
Conocimientos empresarialesSanitario
ConsultoríaServicios del PTZ
DiseñoSoftware
DomóticaTelecomunicaciones

El progresivo proceso de terciarización de la sociedad vizcaína ha repercutido también en el número de establecimientos comerciales asentados en el territorio. Si en 1982, se contabilizaban entre comercio minorista y comercio mayorista un total de 17.096 establecimientos, diez años después se superaban los 23.000 (exactamente 23.638) y en 1997 se llegan a contabilizar 25.435, lo que supone un incremento superior al 7% en estos últimos cinco años. Estos 25.345 comercios generan un empleo próximo a los 60.000 puestos laborales, exactamente 58.782, lo que supone un tamaño medio de 2,3 personas/comercio. Seis ramas superan los 1.000 establecimientos, tal y como se recoge a continuación:

Ramas de Comercio que superan los 1.000 establecimientos
Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998.
TipoN.º
Venta repuestos y accesorios vehículos de motor1.143
Intermediarios de comercio2.884
Comercio al por mayor de productos no agrarios semielaborados, chatarra y productos de desecho1.006
Comercio al por menor en establecimientos no especializados1.401
Comercio al por menor de alimentos, bebidas y tabaco en establecimientos especializados5.315
Otro comercio al por menor de artículos nuevos enestablecimientos especializados8.354

Sólo cuatro ramas superan la barrera de los 5.000 puestos de trabajo. Las mimas son:

Ramas de comercio que superan los 5.000 empleos
Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998.
TipoN.º
Comercio al por mayor de productos alimenticios, bebidas y tabaco5.106
Comercio al por menor en establecimientos no especializados7.365
Comercio al por menor de alimentos, bebidas y tabaco en establecimientos especializados7.554
Otro comercio al por menor de artículos nuevos en establecimientos especializados14.535

La importancia del sector turístico en la economía vizcaína es cada vez mayor como lo demuestran tanto el aumento del número de visitantes como el de los establecimientos hoteleros asentados en el territorio. No obstante esta tendencia alcista, el sector sigue siendo una fuente de ingresos relativamente reducida, en consonancia, con las características del turismo del litoral cantábrico peninsular, de características diametralmente opuestas al mediterráneo. Esta tendencia alcista se ha visto reforzada en estos últimos años con la construcción del Museo Guggenheim, cuyas repercusiones superan claramente el ámbito territorial de Bizkaia. Los orígenes del turismo vizcaíno se remontan al siglo XIX. Getxo y Lekeitio son núcleos que ejercen una destacada atracción sobre las clases sociales más poderosas de la época. Getxo se convierte, al amparo del desarrollo de zonas deportivas, hoteles etc., en la zona residencial permanente de la burguesía vasca; Lekeitio es zona de veraneo regio y de refugio de aristócratas europeos en los años veinte del siglo XX.

Sin embargo, la nueva concepción que tiene el turismo a partir de la segunda mitad del siglo margina al litoral vasco por cuanto, independientemente de los problemas sociopolíticos, el mismo tiene como argumento fundamental el sol y la bonanza climática, lo que confluye en el desarrollo y potenciación de municipios mediterráneos de las costas catalanas, valencianas y andaluzas. Sólo, a partir de los años ochenta, y con la nueva configuración política del Estado Español, la potenciación de otros atractivos permite el relanzamiento de un sector cuya dinámica irá por caminos substancialmente diferentes a los de décadas anteriores: la cultura, la gastronomía, el medio rural, etc. son aspectos que atraen un turismo que es de corta duración y que no tiene en cuenta la estacionalidad estival. Junto a este turismo debemos señalar el vinculado a motivos profesionales-laborales, el de Ferias y Congresos que se desarrolla a lo largo de todo el año, y que en las sociedades desarrolladas constituye una importante fuente de ingresos. Esta nueva situación implica un considerable aumento de la capacidad hotelera del territorio.

Entre 1970 y el año 2000 el número de plazas hoteleras se multiplica por cuatro, siendo especialmente importante el crecimiento registrado entre 1980 y 1990, al duplicarse el número de plazas. En 1970, se contabilizaban poco más de 1.000 plazas hoteleras en 19 establecimientos, diez años después (1980) son 1.652 plazas y una veintena de establecimientos. En 1990 Bizkaia alcanza la cifra de 26 establecimientos hoteleros y 3.144 plazas y en la actualidad (año 2000) se superan las 4.600 plazas en casi una cincuentena de hoteles, distribuidos a lo largo de todo el territorio. Según datos del Gobierno Vasco, la oferta hotelera de Bizkaia en el año 2000 se desglosa de la siguiente manera:

Hoteles
Fuente: Gobierno Vasco. Departamento de Industria, Comercio y Turismo. Guía de hoteles, campings y apartamentos. Año 2000.
CategoríaEstablecimientosN.º habitacionesN.º plazas
*****2201349
****48761.562
***141.0811.937
**17338553
*11170296

Además de éstos, debemos señalar la existencia de numerosos hostales y hostales-residencias repartidos por todo el territorio. Igualmente, son reseñables las residencias secundarias, de uso vacacional y/o de fin de semana, que en número significativo en los últimos años se han construido en muchos de los núcleos costeros del litoral: Plentzia, Sopelana, etc. Las pernoctaciones también han aumentado de manera considerable. En 1991, se contabilizan 273.622 viajeros con 529.361 pernoctaciones. En 1998, la cifra asciende a más de medio millón de viajeros y más de un millón de pernoctaciones, tal y como se refleja en el siguiente cuadro.

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco.
AñoViajerosPernoctacionesViajeros nacionalesPernoctaciones nacionalesViajeros extranjerosPernoctaciones extranjeros
1991273.622529.361225.509429.33048.113100.031
1992------
1993284.159519.530231.698413.21452.461106.316
1994309.785585.963241.997450.39967.788135.564
1995318.005607.023249.766471.19968.239135.824
1996340.660685.390264.864521.34275.596164.048
1997375.460708.013289.506524.94585.954183.068
1998546.8541.036.773390.032732.572156.822304.201

El incremento más sustancial se produce en estos últimos años donde por vez primera se superan los 350.000 viajeros y las 700.000 pernoctaciones (año 1997), fecha a partir de la cual las cifras aumentan considerablemente. La inauguración del Museo Guggenheim, un atractivo turístico de primer orden mundial, es el punto de arranque de los "años dorados" del turismo vizcaíno que por vez primera supera los 500.000 visitantes y el millón de pernoctaciones en 1998 y que está desarrollando unas magníficas perspectivas turísticas que se han confirmado en 1999 y el año 2000. El viajero sigue siendo mayoritariamente estatal, aunque es cada vez más perceptible la presencia del turista extranjero. En 1991, el 82,4% de los visitantes eran estatales, en 1995 el 78,5% y en 1998 el 71,3%. Madrid y Cataluña son las comunidades que aportan mayor número de visitantes estatales. Entre los extranjeros destacan los franceses, británicos, italianos, alemanes y norteamericanos, estos últimos en clara tendencia alcista.

Origen de los viajeros extranjeros (1998)
Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998
Francia24.964
Gran Bretaña22.299
Italia18.039
USA-Canada16.757
Alemania15.192

Junto a este turismo que se puede considerar como tradicional de alojamientos en hostales y hoteles, Bizkaia ofrece otras modalidades vinculadas al mundo rural. Es el agroturismo que se desarrolla en municipios que tienen en el contacto con la naturaleza su principal atractivo y que ofrecen alojamientos y servicios en edificios habilitados a tal efecto y caracterizados por su escaso tamaño (habitualmente inferiores a 6 plazas) y el alejamiento de los núcleos urbanos. Este agroturismo de reciente implantación cuenta con una importante red de establecimientos, tal y como se recoge en el cuadro adjunto.

Agroturismo
Fuente: Gobierno Vasco. Guía de pequeños Hoteles y Alojamientos en el Medio rural.
ComarcaMunicipioNúmero
Las EncartacionesArcentales1
Carranza4
Sopuerta1
Zierbena1
Uribekosta. Urdaibai. Lea ArtibaiArteaga1
Aulesti1
Bakio1
Barrika1
Bermeo2
Berriatua1
Busturia1
Ea2
Erandio1
Errigoiti1
Gamiz Fica2
Gautegiz-Arteaga3
Gizaburuaga1
Ibarrangelua2
Ispaster1
Kortezubi2
Lezama1
Mallabia1
Markina-Xemein3
Maruri1
Mendata1
Mendexa1
Meñaka1
Mungia2
Munitibar1
Muxika1
Duranguesado. Arratia NerviónAbadiño1
Amorebieta-Etxano1
Atxondo2
Dima2
Elorrio3
Orozko2
Otxandio1
Zeanuri1
Zeberio1

El camping es otra de las modalidades turísticas de las que se puede disfrutar en el territorio. Bizkaia cuenta con seis campings con una capacidad total de 2.523 plazas. Algunos desarrollan su actividad a lo largo de todo el año, otros sólo a partir del período vacacional de Semana Santa, o a lo largo del período estival (junio-septiembre).

Campings
Fuente: Gobierno Vasco. Departamento de Industria, Comercio y Turismo. Guía de hoteles, campings y apartamentos. Año 2000.
CategoríaEstablecimientosMunicipioCapacidad
PortuondoMUNDAKA438
ArrienGORLIZ385
LegaiMENDEXA622
El PeñónABANTO-ZlERBENA240
EndaiMENDEXA238
SopelanaSOPELANA600

Por último debemos señalar la existencia de numerosas oficinas turísticas repartidas por todo el territorio. Bajo la forma de oficinas de turismo, consorcios de turismo, centro de iniciativas turísticas u otras desarrollan una importante labor de la promoción turística de la zona. Los 16 municipios que tienen oficinas de información turística son:

Fuente: Gobierno Vasco. Guía de Pequeños Hoteles y Alojamientos en el Medio Rural
MunicipioN.º Oficinas
Bilbao1
Bakio1
Balmaseda1
Bermeo1
Carranza1
Durango1
Elorrio1
Gernika-Lumo1
Getxo2
Gorliz1
Lekeitio1
Markina-Xemein1
Ondarroa1
Portugalete1
Santurtzi1
Sondika1

En el presente apartado vamos a hacer mención a los siguientes aspectos: Servicios hospitalarios. Oficinas bancarias. La Bolsa de Bilbao. Líneas telefónicas. Parque de vehículos. Se excluyen los apartados referidos a educación por desarrollarse en capítulo independiente (Educación y Cultura).

Servicios Hospitalarios. Bizkaia cuenta, según datos de 1997, con un total de 25 hospitales, el 48% de la CAV, y 3.677 camas, lo que significa un promedio de 3,2 camas por 1.000 Ha. cifra que se sitúa por debajo del valor alavés (4,8 por 1.000) y guipuzcoano (5 por 1.000). El personal sanitario empleado asciende a 7.351 personas y el personal no sanitario a 2.469 lo que hace un total de 9.820 personas ocupadas. El gasto total asciende a 77.102 millones de ptas, lo que supone un gasto por habitante de 66.156 ptas. La atención extrahospitalaria pública cuenta con 224 centros, repartidos de la siguiente forma:

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998.
Ambulatorios17 centros
Consultorios23 centros
Centros de salud57 centros
Servicio de urgencias18 centros
Centro periférico53 centros
Centro de salud mental24 centros
Centro asistencial mutual18 centros
Otros14 centros

El personal sanitario (facultativos y otro personal sanitario) asciende a 2.852 personas y el total de gastos se eleva a 23.119 millones de pesetas, estimándose un gasto por habitante de 20.275 ptas.

Oficinas Bancarias. El número de oficinas bancarias que operan en el territorio de Bizkaia es de 834 (año 1996), distribuidas de la siguiente manera:

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco. 1997-1998.
Banca Privada433 oficinas
Cajas de Ahorros285 oficinas
Cooperativa y Cajas Rurales116 oficinas

La bolsa bilbaína, junto a las de Madrid y Barcelona, compone la tríada del Estado Español. El volumen de transacciones realizadas en los últimos años ha ido en continuo aumento hasta situarse en 1998 casi en los 9.000.000 millones de pesetas. La evolución de las transacciones efectuadas en los últimos años es la siguiente:

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco.
* en millones de ptas.
AñoTransaccionesRenta VariableRenta Fija (*)
1990303.456216.81488.642
1991515.412453.92461.488
1992622.260357.454264.806
19931.016.377549.001467.376
19941.200.911886.561314.430
19951.114.188552.355591.833
19963.370.1671.251.5192.118.648
19975.699.0892.678.1833.020.906
19988.827.5514.289.0954.538.456

El número de líneas telefónicas ascendía en 1995 a 463.725, lo que supone un incremento de más de 65.000 líneas con respecto a las instaladas en el año 1989. Esta tendencia ascendente se ha visto frenada por la irrupción del teléfono móvil que ha supuesto una verdadera revolución sobre la telefonía tradicional a la que ha sustituido en infinidad de ocasiones.

El parque de vehículos asciende a más de 480.000, tras un proceso de desarrollo continuo que ha supuesto aumentar, entre 1989 y 1997, en más de 100.000 el número de vehículos existente en el territorio vizcaíno. Esto se traduce en una tasa de 419 vehículos por 1.000 habitantes. El crecimiento medio experimentado en el mencionado período 1989-1997 ha sido de 12.741 vehículos/año. Esta cifra es muy superior a la de épocas anteriores, ya que en el período 1983-1989 fue de 8.857 vehículos/año. Los 482.424 vehículos de que constaba el parque automovilístico de Bizkaia en el año 1997 se distribuían de la siguiente manera:

Fuente: EUSTAT. Anuario Estadístico Vasco.
Parque de vehículosNúmero
Camiones62.712
Autobuses1.266
Turismos389.196
Otros29.250
Total482.424

Ver Bizkaia. Administración pública

La administración pública de Bizkaia está marcada por el devenir histórico del principal organismo foral: la Juntas Generales, desde su origen medieval hasta nuestros días.

Los historiadores se han ocupado mucho más de la Historia externa, los hechos relativos al poder, a los Jefes de Estado o a las incidencias de la vida política que a la llamada Historia interna, que revela la auténtica realidad cultural. Lo mismo ocurre con el Derecho, pues el conocido como Derecho público oscurece casi siempre el análisis de los usos y costumbres privadas y de las instituciones jurídicas que los regulan, aunque sería muy aventurado pensar que el Derecho privado es, por ello, menos importante. El Derecho privado se ocupa de la vida de cada uno, su personalidad, su familia, el patrimonio que posee, sus relaciones contractuales o de trabajo. Este tipo de cosas es para el ciudadano particular lo más importante, aunque no se refiera a quién manda o cómo se dictan las leyes, sino a cómo se vive, de qué medios se dispone y cómo se ordena la vida de cada uno. Las relaciones privadas revelan, mucho mejor que las públicas, la vida real de los pueblos, su espíritu de libertad o de sumisión, y son, por ello, más permanentes que las relaciones públicas, que se determinan por actos de poder. Cambian los jefes de Estado o de Gobierno o las Constituciones, pero el pueblo sigue haciendo su propia vida, con los mismos contratos o formas familiares, o la misma disciplina de la herencia. Aunque las instituciones públicas cambian, incluso en sus formas más esenciales, dos o tres veces en cada siglo, el Derecho privado subsiste, y solamente cambia muy lentamente, de forma que en Europa aún están vivas muchas instituciones procedentes del Derecho Romano, especialmente en el Derecho patrimonial. No es posible conocer la vida real del Pueblo Vasco y sobre todo de las Provincias Vascongadas, muy determinadas en lo público por el Derecho de Castilla, sin conocer su Derecho privado, sus usos y costumbres, mantenidos desde tiempo inmemorial. Y esto es más evidente en Bizkaia, pues su Derecho privado se manifiesta en formas propias que en buena parte se mantienen vigentes hasta hoy. El sentido de la libertad, la cohesión social, la fuerza espiritual que hace posible mantener instituciones más libres, nacen, en buena medida de una organización familiar independiente y fundada en el trabajo y la solidaridad.

Con frecuencia se busca el origen del Derecho privado de los pueblos europeos en alguno de los dos grandes sistemas que, durante la Edad Media, pudieron ser más o menos hegemónicos, el Derecho Romano o el Germánico; pero no puede perderse de vista que, al margen de estos grandes sistemas, cada pueblo ha hecho una elaboración autóctona de su propio Derecho, utilizando, sin duda, los materiales que las grandes culturas hicieron penetrar en el mundo europeo, pero reflejando su propia personalidad en las instituciones concretas. Se ha afirmado que el Derecho vizcaíno tiene un origen germánico y así lo dice García Royo (1951) en su estudio de las instituciones vizcaínas, que considera similares a las de los pueblos germánicos, aunque no quiere referirse a lo germánico alemán sino a los paises escandinavos, cuyos habitantes, durante la Alta Edad Media navegaron por los mares de Europa estableciéndose en Gran Bretaña o en Normandía, y siendo la gran preocupación de los pequeños reinos de la época. Sin embargo, no hay pruebas de que los vikingos se asentaran en tierra vizcaína, por lo que García Royo suponía que sus costumbres se habrían recibido a través de la pesca, una deducción nada lógica, no solamente porque en aquella remota época no hay noticias de nuestra actividad pesquera, sino también porque es difícil entender que en las faenas pesqueras se transmitiesen unas costumbres vigentes en Bizkaia para regir una vida básicamente agraria.

Jon Bilbao sugería la posibilidad de que los vikingos se asentaran en la ría de Mundaca, partiendo sobre todo de la leyenda de Jaun Zuria y sus sorprendentes coincidencias con la historia de los reyes vikingos de Escocia e Irlanda, y esto podría explicar quizá la introducción del Derecho germánico. Pero no es posible fundar un estudio serio de las instituciones civiles sobre hipótesis nada demostradas. Aunque exista alguna semejanza con las costumbres escandinavas, las vizcaínas mantienen diferencias importantes. La mayor posibilidad de influencia germánica en Bizkaia podríamos hallarla en el Derecho gótico. Aunque es bastante claro que los visigodos no dominaron Bizkaia, su Derecho influyó en las leyes de Castilla, especialmente en el Fuero Viejo y pudo haber penetrado en tierra vasca. Sorprende hallar en el Fuero de 1452 (capitulo XCIX de la edición de Astuy) algo muy parecido a la gewere germánica, cuando ordena que para constituir las arras ha de entregarse la teja y rama, sacando la mujer al marido o el marido a la mujer de la finca enarrada. Sin embargo, se trataría de una influencia bastante indirecta.

El factor más importante en la formación del Derecho de Bizkaia es el Derecho castellano, que, a su vez, aunque contenga algún rasgo germánico, se inspira en buena parte en el Derecho Romano (que trataron de introducir las Partidas) y, sobre todo, en los usos y costumbres locales. Bizkaia no aceptó el Derecho castellano sino únicamente como Derecho supletorio. Los Fueros elaboraron su propio Derecho, con rasgos diferenciales muy importantes, aunque dejaron muchas materias, en el campo del Derecho contractual y de obligaciones o en el de los Derechos reales, a la regulación supletoria del Derecho de Castilla. El Derecho vizcaíno, no surge, por supuesto, de la nada, o por generación espontánea. No puede negar la influencia de las diversas culturas con las que ha estado en contacto, y de las que toma sus más importantes materiales. Lo peculiar vizcaíno es la forma de organizar los elementos recibidos, y cómo se combinan con otros autóctonos para dar lugar a un sistema singular que ha llegado hasta nuestros días. La base de las instituciones vizcaínas está en el fondo común, de antiguo origen vasco, que le asemeja a las costumbres navarras o a las de Iparralde, e incluso a las de otros pueblos esparcidos a lo largo del Pirineo. Las viejas costumbres tomaron forma en las leyes forales utilizando preferentemente la técnica que el Derecho Romano había derramado en toda la Cristiandad.

Todos los historiadores están de acuerdo en que Bizkaia, como otros pueblos vascos, tuvo antiguamente un Derecho consuetudinario, no escrito, e incluso algún autor antiguo llegó a decir que esas costumbres se expresaban en refranes en euskera. Es evidente que el pueblo sólo podía hacerlo en la lengua que hablaba, por lo que, pese a que esta tesis no esté confirmada ha de pensarse que existieron sentencias en euskera para los actos más importantes de la vida civil. Buena prueba de ello es la frase incluída en el capítulo CV del Fuero de 1452 que afirma que "el Fuero antiguo de Vizcaya manda urde urdaondo caecia etondo o en la expresión "il buruko" con la que se designa una de las formas más típicas de testamento.

Los Fueros municipales otorgados a las villas de Bizkaia no contienen apenas normas civiles, por lo que el testimonio más antiguo del Derecho civil vizcaíno resulta ser el llamado Fuero de la merindad de Durango, no datado, que recoge costumbres que al menos se remontan al siglo XIV y que expone instituciones muy similares a las que más tarde se incluyeron en los Fueros. La falta de documentos nos impide tener una idea clara de la vida civil vizcaína en la Edad Media, aunque consta que el Derecho es consuetudinario y se va reflejando en las sentencias de los Jueces, que obran con libertad y según albedrío, pero una vez dictada una sentencia la hacen prevalecer en decisiones sucesivas. La vida civil debió transcurrir sin grandes conflictos doctrinales hasta que en 1379 el Señor de Bizkaia se convirtió en Rey de Castilla con el nombre de Juan I. A partir de esta fecha, los funcionarios reales, y especialmente el Corregidor, originario de otras tierras, se halla confuso al aplicar unas costumbres muy distintas a las castellanas, por lo que pide que se le aclare el Derecho vigente, un objetivo que en el siglo XIV trataron de cumplir los Cuadernos de Hermandad, dirigidos a ordenar el Derecho penal y, especialmente a luchar contra los banderizos, pero no a regular la vida civil. Los vizcaínos se percataron pronto de que el Derecho fundado en las costumbres corría peligro de ser arrollado por el sistema castellano, mucho más culto y plasmado en leyes formales. En 1452, reunidas las Juntas en Idoibalzaga acordaron dirigirse al Corregidor para pedirle permiso para escribir sus leyes pues los vizcaínos "habian sus privilegios y franquezas y libertades" que eran de albedrío y no estaban escritos, y caían "en muchos daños é males é errores" por esta causa. El Corregidor autorizó la redacción del Fuero y así surgió el Fuero Viejo de 1452, muy importante en el campo del Derecho público pero acaso más en el Derecho privado.

En los años sucesivos, y pese a estar escritos los Fueros, la fuerza del Derecho castellano, que era bien conocido por los letrados formados en las Universidades, impedía muchas veces la aplicación del Fuero. Se alegaba el Derecho Romano, la doctrina de los doctores o el derecho de Castilla para contradecir las disposiciones del Fuero vizcaíno, mucho menos apoyado en estudios doctrinales. Esta es la razón de que en el año 1506, ante una consulta del Corregidor Vazquez de Acuña, las Juntas declararan que cualquier alegación contra el Fuero "es muy perjudicial y dañosa" por lo que acordaron que "las dichas leyes de Fuero se entendieran é guardasen al pie de la letra sin les dar entendimiento ni limitación alguna". Y establecieron que la parte que alegare contra el Fuero "pierda cualquier derecho que por razón de cualquier demanda o acusación criminal le competiere". En el mismo sentido la ley 3 del Titulo XXXVI del Fuero Nuevo reiteró que los Jueces de Vizcaya deben fallar según Fuero, y que éste de nada serviría si "hubiesen de sentenciar por otras Leyes del Reyno, o de Derecho común Canonico o Civil o opiniones de los Doctores". Y ordenaron que todo lo que se sentenciare u ordenare contra Fuero "sea en sí ninguno y sin ningún valor", y que el Letrado que directamente alegare contra Ley alguna foral "incurra en pena de seiscientos maravedís por cada vez" y el pago de las costas.

74 años después de redactado el Fuero Viejo, los apoderados declaraban en la Junta de Gernika que aquel Fuero era ya antiguo y se había escrito en tiempos en que en Bizkaia no había muchos letrados, y además contenía cosas que no se practican y omitía otras que se practican. En consecuencia acordaron una nueva redacción, que fue presentada en las Juntas y aprobada el 21 de agosto de 1526. El nuevo Fuero resulta más ordenado, dividido en títulos y leyes numeradas, y contiene algunas disposiciones nuevas en materia civil aunque básicamente conserva las tradicionales. Acaso las novedades más importantes fueran la introducción de las legítimas en la sucesión, que dio lugar a no pocos problemas y la distinción que se introduce en el régimen matrimonial según haya o no hijos. El Fuero, confirmado por el Rey Carlos I en 1527, estuvo en vigor sin modificaciones hasta la publicación de la Compilación de 1959.

  • El Fuero y la Codificación.

El movimiento codificador que, en Francia, terminó con todas las leyes territoriales y abolió las costumbres de Laburdi, Zuberoa, y Baja Navarra, no tuvo en España los mismos efectos. Un primer intento, el proyecto de 1851, seguía las huellas centralistas del Código francés de 1804, pero la resistencia de los países de Fuero, principalmente los catalanes, obligó a admitir, en el texto definitivo de 1888, que los territorios "en que subsiste Derecho foral" lo conservarán en toda su integridad sin que sufra alteración su Derecho escrito o consuetudinario (art. 12 y 13). Sin embargo, se ordenaba que se recogiera el texto de los distintos sistemas en apéndices al Código Civil, con la idea de llegar finalmente a un Código único, aunque con variantes en su articulado. Lo más grave de esta situación es que los territorios forales, tras la pérdida de sus instituciones públicas, carecían de autonomía legislativa para poder hacer evolucionar a su propio Derecho. Los apéndices no se redactaron, salvo el de Aragón, pero en 1946 se acordó en el Congreso de Zaragoza elaborar unas Compilaciones de los distintos Derechos forales, sin abandonar la idea de que pudiera llegarse más tarde al "Código Civil de las Españas". Como consecuencia, el Derecho de Bizkaia se mantenía íntegro, con las modificaciones introducidas por la costumbre, muy cuestionadas en los Tribunales, inclinados siempre a aplicar el Código, hasta que se promulgó la Compilación de Vizcaya y Alava de 31 de julio de 1959. La Compilación eliminó algunas instituciones tradicionales como las normas sobre prescripción o el testamento de hermandad, pero, al menos, fue una puesta al día en forma escrita que facilitó la vigencia de las instituciones forales. Quizá su mayor defecto fuera el de no incluir ninguna norma sobre fuentes del Derecho, lo que permitió a los Tribunales ignorar las costumbres que modificaron el Fuero de 1526. Publicada la Constitución de 1979 y el Estatuto de Autonomía del País Vasco, que concedía a la Comunidad Autónoma competencia para legislar en materia civil, se inició un estudio del Derecho Foral que terminó convirtiéndose en Ley del Parlamento Vasco de 1 de julio de 1992, actualmente vigente. La misma ley afirma en su preámbulo que las instituciones vascas necesitan ser mejor estudiadas y debe hacerse una reforma que acomode las viejas instituciones al espíritu de la sociedad actual.

Las leyes civiles de Bizkaia se aplicaban en primer término en la que Monreal denomina Bizkaia nuclear, y no se extendían al Duranguesado ni a las Encartaciones, ni siquiera cuando estas tierras se incorporaron al Señorío. El Duranguesado tenía sus propios usos y costumbres, de los que no se tiene clara noticia, aunque el llamado Fuero antiguo de la merindad de Durango, recogido en la Historia de Labayru (tomo II) recopila antiguas costumbres, en forma correlativa, que tienen gran similitud y son un antecedente de las que luego se promulgaron en el Fuero Viejo de Bizkaia. En las Encartaciones regía también el llamado Fuero de albedrío, promulgado en 1503, en el que, con algunas diferencias, se recopila un Derecho que está en el ámbito de las normas propias de todo el territorio vizcaíno. Finalmente, y después del siglo XVI, los tres territorios aplicaron el Fuero Nuevo hasta la Compilación de 1959. El Fuero no regía en toda Bizkaia. En la Edad Media se fundaron las villas, a las que el Señor concedía el Fuero de Logroño o el de Vitoria. Estos Fueros no contenían normas civiles, pero andando el tiempo se fue introduciendo en las villas el Derecho castellano, en aplicación del Fuero Real y el Ordenamiento de Alcalá. Como consecuencia, desde la Edad Media existía en Bizkaia una parte del territorio sometida a la ley castellana, las villas, y el resto, conocido como Infanzonado o Tierra Llana, que se sujetaba al Derecho civil propio. Sin embargo, esta dualidad resultaba bastante limitada por las siguientes razones:

  1. La ley castellana se aplicaba exclusivamente en el casco urbano de la villa, y no fuera de ella. Por ejemplo, aunque el fundador concedió a Bilbao unos límites amplísimos que comprendían varias anteiglesias vecinas, la ley castellana solamente se aplicaba en el casco de Bilbao, y nunca en Abando, Begoña o Deusto hasta las anexiones del siglo XIX.
  2. Por poseer numerosas casas censuarias, sometidas al Fuero de Bizkaia, algunas villas fueron acogiéndose de hecho al Fuero en su totalidad.
  3. La Concordia de 1630 permitió a las villas reclamar la vigencia del Fuero en su territorio, y en aplicación de ella, se aforaron, total o parcialmente, las villas de Bermeo, Elorrio, Otxandio y Areatza (Villaro).

Como consecuencia, y dados los posteriores desarrollos urbanos, resultaba difícil distinguir dónde rige el Fuero y dónde rige la ley castellana. La Compilación no llegó a aclarar esta cuestión. Según la nueva ley de Derecho Civil foral, están sujetas a la ley común, contenida en el Código Civil, las siguientes villas: Balmaseda, Bermeo, Durango, Ermua, Gernika-Lumo, Lanestosa, Lekeitio, Markina-Xemein, Ondarroa, Otxandio, Portugalete, Plentzia y el término municipal de Bilbao. No rige la ley común en todo el territorio de estas villas sino en su zona no aforada, que comprende el núcleo urbano originario y el suelo contiguo al mismo que esté calificado como urbano. Para que no hubiera dudas, la disposición adicional de la ley ordenó que se elaboraran unos mapas que delimiten este casco no aforado; y en efecto, los municipios realizaron los planos de sus cascos urbanos que fueron aprobados por las Juntas Generales. Su consulta permite resolver en cada caso, las dudas sobre el territorio y la vecindad aforada. El Fuero de Bizkaia rige también en los municipios alaveses de Llodio y Aramaioa que, en algún tiempo, concurrían a las Juntas Generales.

Como instituciones básicas del Derecho Civil de Bizkaia podemos destacar las siguientes:

  • El principio de libertad civil.

Permite ordenar libremente la vida personal, contratos, testamentos, y relaciones conyugales, sin la interferencia del legislador, salvo que lo exija el bien común. Las leyes no deben ser una suma de prohibiciones, sino que han de asegurar la libertad da cada uno mientras no se oponga a los derechos de los demás. En Bizkaia, como en otras regiones forales no rigen algunas importantes prohibiciones del Código, por lo que los cónyuges pueden testar en un solo instrumento, lo que prohibe el art. 669 del C. C. y admite, en cambio el art. 49 de la Ley foral vasca. El testador puede también nombrar un comisario para que designe sucesor después de su muerte, posibilidad vedada por el art. 670 del Código. Por la misma razón se pueden otorgar pactos sucesorios en los que se designa sucesor y se contratan las condiciones de la designación con el heredero elegido, y, en fin, los padres pueden en capitulaciones matrimoniales dictar toda clase de mandas y establecer las normas propias de su familia especialmente en el orden económico.

La libertad civil supone también un cierto igualitarismo, por lo que la ley foral no admite la concepción romana de la familia, en la que el pater familias es dueño y señor de la vida y hacienda de sus descendientes y de su esposa. Fieles a tal concepción, las leyes de Toro establecían que la mujer no puede obligarse ni contratar o desistir de un contrato sin licencia de su marido, y esta doctrina continuó viva casi hasta nuestros días, ya que fue incluida en el C. C. de 1888 (art. 61 y 1263) y no fue derogada hasta el año 1975. La legislación castellana fue rechazada desde el primer Fuero de Bizkaia de 1452 que decía que estas leyes que permiten a los maridos contraer deudas sin conocimiento de sus mujeres eran "muy gran perjuicio y fraude de las mujeres", por lo que ordenaron que la mujer no queda obligada por deudas del marido (capítulo CXX) y que para enajenar los bienes es preciso el otorgamiento de la mujer. (cap. CXXII). Tampoco se acepta la patria potestad romana que alargaba la menor edad hasta los 25 años pues el Fuero Viejo permitía a los huérfanos elegir sus curadores, y al llegar a los 18 años les autorizaba a pedir al alcalde de Fuero su emancipación (capítulos CXXXIII y CXXXV).

  • La troncalidad.

Es ésta una institución que en la ley foral figura en cabeza de su articulado. Responde a una concepción de la propiedad no individualista, sino familiar. En la propiedad romana, cuyos caracteres ha agudizado la revolución liberal, el propietario es dueño absoluto y puede hacer y deshacer en los bienes de su pertenencia. El mundo vasco ha mantenido una idea de la propiedad que, por una parte, se hallaba limitada por las exigencias de unas relaciones solidarias de vecindad, y, por otra, por los derechos de su familia.

En virtud de la troncalidad la propiedad se vincula a la familia, de forma que no puede salir de ella sin que lo consientan los parientes llamados tronqueros. Los actos de enajenación que no respeten esta preferencia pueden ser impugnados. La relación troncal se mantiene entre dos elementos: uno personal, los parientes tronqueros y otro real, los bienes troncales. El elemento real es siempre un bien raíz, un inmueble, que esté situado en tierra aforada de Bizkaia. Son parientes tronqueros aquéllos que desciendan del tronco, de aquella persona que en un momento anterior poseyó el bien raíz. En la línea colateral el parentesco troncal se extingue en el cuarto grado civil. Hay tres líneas de parientes tronqueros: la descendente, la ascendente y la colateral. Cada una de ellas excluye a las posteriores. Para que exista parentesco troncal se precisa que existan bienes troncales. La troncalidad se refiere siempre a un determinado bien y no a otros. Por ejemplo, una persona puede ser tronquera respecto de una finca, que procede de la línea paterna, y no de otra que procede de la línea materna. Con relación a otras legislaciones forales, la ley vizcaina mantiene importantes peculiaridades en materia troncal:

A) La troncalidad no se reserva a la sucesión intestada como en Aragón o Navarra. Funciona en todas las formas de enajenación, de modo que cuando se otorga testamento ha de hacerse a favor de parientes tronqueros y si se designa sucesores a otras personas, el testamento puede ser impugnado. Y si se quiere vender o donar, hay que hacerlo ofreciendo primero la finca a los parientes tronqueros para que la adquieran, si la quieren, por precio de tasación (derecho de saca foral).

B) Los hijos y descendientes son también tronqueros, y forman la primera línea preferente, lo que no ocurre en otras legislaciones.

C) Son troncales también los bienes que una persona adquiere de extraños, no de la familia, aunque en este caso solamente son tronqueros los hijos y descendientes. Seguramente la troncalidad, una institución de gran singularidad, es la que motiva más discusiones e incluso críticas. Y es evidente que la labor de los juristas vizcaínos debiera dirigirse, no a conservarla como está, sino a introducir a través de ella una concepción más humana y solidaria del derecho de propiedad, en la que quepan las relaciones con la comunidad, los municipios, las cooperativas, y, por supuesto, la familia.

  • Libertad de testar.

La libertad de testar se extiende a aspectos que pudieramos llamar formales y también al contenido de las disposiciones. En el orden que, aunque impropiamente, hemos llamado formal, el testador tiene en Bizkaia libertades importantes:

A) Puede nombrar un comisario, generalmente el cónyuge, para que después de su muerte otorgue testamento con las mismas facultades que tenía el testador. Lo habitual es que este testamento se otorgue entre marido y mujer, y en tal caso se suele llamar "alkar-poderoso", un poder de decisión que suele ir unido al usufructo universal de todos los bienes. Porque, como decía la ley 3ª del título XXI del Fuero "puede ser que el tal fallecido ha dejado hijos o descendientes, o profincos, que le han de suceder, pupilos y pequeños" por lo que no puede hacer bien la elección, y delega esta facultad en el comisario para que designe sucesor cuando lo crea oportuno, lo que se aplica perfectamente a la sucesión en el caserío. También es un modelo tradicional de testamento el llamado de hermandad, que el marido y la mujer otorgan conjuntamente, lo que el Código Civil prohíbe en el art. 669. No se trata solamente de unir los testamentos de ambos cónyuges en un sólo instrumento sino de unir sus voluntades porque conjuntamente disponen de los bienes comunes, y por esta razón tiene el testamento un cierto matiz contractual, pues para su revocación cada cónyuge debe notificar al otro su voluntad de revocar. El compromiso contraído garantiza el futuro del patrimonio familiar, especialmente cuando se elige un heredero continuador de su gestión. En testamentos separados podría ocurrir que el marido eligiese un sucesor y la mujer otro, mientras que el testamento mancomunado o de hermandad garantiza la transmisión ordenada de todos los bienes (art. 49 y siguientes de la ley foral). En otros aspectos puramente formales el Derecho vizcaíno era más liberal que el Derecho castellano, y, por ejemplo, en Castilla se prohibía a las mujeres ser testigos en los testamentos, una prohibición que mantuvo el Código Civil de 1888 y estuvo en vigor hasta la ley de 24 de abril de 1958 (hasta 1950 en Francia) mientras en Bizkaia se admite a las mujeres desde el Fuero Viejo.

B) Lo más distintivo de las disposiciones forales en cuanto al contenido del testamento es la libertad de testar, que permite transmitir el patrimonio a un solo sucesor. En Navarra y el valle de Ayala esta libertad es absoluta, mientras en Bizkaia está limitada por la legítima, que obliga a elegir sucesor entre los hijos. La legítima romana obliga a dejar una parte importante de la herencia entre los hijos a partes iguales, lo que muchas veces da lugar a la desmembración de la propiedad familiar y, en las zonas rurales, origina formas de minifundio incultivables. En la legislación foral vizcaina la legítima no concede a los hijos un derecho concreto a la sucesión, sino que permite a los padres designar entre ellos a un heredero, apartando a los demás. La tradición permitía así transmitir íntegros los caseríos, atendiendo a los demás hijos con una dote, o una suma de dinero para aprender una profesión, o el derecho a residir en la casa mientras permanecen solteros. La legítima fue creada en Bizkaia por el Fuero de 1526, por clara influencia castellana, y en la cuantía de cuatro quintos de la herencia, que ordenaba el Fuero Real y que hoy se juzga excesiva; pero con la limitación de que ninguno de los herederos tenía un derecho definido sobre ella sino únicamente el heredero o herederos que los padres eligen. No existe legítima en la línea colateral. (art. 53 y siguientes de la Ley Foral). Pese a todo, esta institución es en Bizkaia un cuerpo extraño introducido en 1526, que produce gran complicación en la sucesión. Hasta entonces, la libertad de testar no tenía otra limitación que la troncalidad.

  • La comunicación de bienes.

El régimen de bienes en el matrimonio vizcaíno se conoce como comunicación foral, lo que significa, como decía el capítulo XCVI del Fuero Viejo que, casados marido y mujer "los bienes muebles é rayces de ambos a dos hayan de por medio a medio, así la propiedad como el usufructo, aunque al tiempo que así se casaren haya el marido muchos bienes é la mujer non haya bienes ningunos; ó la mujer haya muchos é el marido non ningunos". De una forma similar se define en la ley 1ª del Tít. XX del Fuero Nuevo. Este régimen de comunicación daba lugar a la división de todos los bienes por mitad en caso de muerte, aunque el Fuero Nuevo limitó estos efectos al caso de que el matrimonio se disuelva con hijos. En la actualidad salvo, pacto en contrario, los bienes están comunicados durante el matrimonio, de tal forma que no se puede disponer de ellos sin el consentimiento de ambos cónyuges; pero en el momento de su disolución, hay que distinguir dos supuestos: que viva algún hijo o descendiente, en cuyo caso todos los bienes se parten por mitad entre el viudo y los herederos del premuerto; o que no haya hijos, lo que da lugar a que cada cónyuge se adjudique los bienes que aportó y los bienes ganados o conquistados se dividan por mitad. Este sistema crea una unión estrecha entre los cónyuges y explica que se hayan creado medios para que en las donaciones o en los testamentos se cuente siempre con el consentimiento de ambos, como ocurre en el testamento por comisario o en el de hermandad. La disposición por separado quebranta la esencia del sistema. Del mismo modo se dispone en común en las capitulaciones matrimoniales, u otros pactos sucesorios (prohibidos también en el C. C.) y en los que, por lo general con motivo de contraer matrimonio uno de los hijos se le designa sucesor en todos o parte de los bienes. Un uso muy general en Bizkaia es el de designar al viudo o viuda sobreviviente, usufructuario de la totalidad de la herencia, lo que consolida fuertemente su posición ante los presuntos herederos. De este modo se crea, sin llamarla así, un fuerte derecho de viudedad.

Quizá por ser más tardía su incorporación a Castilla, los Fueros de Bizkaia fueron redactados con gran espontaneidad y libertad, y en buena parte sirvieron de modelo a los de otros territorios, pues afirmaron con entereza su personalidad frente a la intrusión del Derecho emanado de los reyes. Esto ocurre también en las instituciones privadas, que se asemejan mucho más a las de Navarra u otros territorios no sometidos a la órbita de Castilla, y, por ello, pueden considerarse típicamente vascas. En el caso de Gipuzkoa, los historiadores atestiguan la pugna de las Juntas con la Corona por lograr que se conceda forma legal a las costumbres vigentes en suelo guipuzcoano, incluso reclamando que se les permita testar según las leyes de Bizkaia o de Navarra, sin conseguir nunca que esta demanda prosperase; y pese a ello, algunas costumbres tradicionales se han mantenido, incluso contra ley. Tal como ordena el art. 147 de la Ley de Derecho Civil Foral vasca de 1992, la labor futura de los juristas vascos consiste en hacer una síntesis jurídica que pueda extenderse a toda Euskal Herria, aproximándose sin duda, a los sistemas vizcaíno y navarro.

ACI

El dialecto vizcaíno es el más hablado de todas las variedades de la lengua vasca. D. Martín Olázar, siendo Presidente de Euskerazaintza/Erri-Akademia, me ha proporcionado los siguientes datos: de los 640.000 "euskaldunes" aproximadamente de todo el País Vasco (Norte y Sur), unos 300.000 pertenecen al euskera vizcaíno, es decir, poco más o menos, el 55%. Y, en cuanto a la población total de Bizkaia, el 30% aproximado.

El dialecto vizcaíno es actualmente el que más extendido está de toda la lengua vasca, ya que abarca las tres provincias o territorios históricos vascos: Bizkaia, Gipuzkoa y Álava. En Bizkaia vive con más o menos salud en toda la provincia, menos en las Encartaciones, si bien en las grandes poblaciones como Bilbao y su entorno tiene una vida muy débil. Es decir, se habla en el territorio comprendido entre el río Deba en Gipuzkoa y el río Nerbion en Bizkaia. Este río Deba nace en la sierra de Arlaban junto a Leintz Gatzaga, el último pueblo de la provincia lindando con Álava, y desemboca en el municipio del mismo nombre en la costa del Cantábrico. Antiguamente el curso del río Deba era la frontera entre las tribus de várdulos y carístios, que hemos mencionado antes. O mejor, para aclarar más este extremo y recordando a las antiguas merindades del Señorío de Bizkaia, de las que habla el Fuero de 1526, el euskera vizcaíno tiene su propio campo de lucimiento en las merindades de Busturia, Uribe, Bedia, Zornotza, Markina, Arratia y Duranguesado.

En cuanto a Gipuzkoa, este dialecto ocupa una parte muy importante de la provincia. Se oye en 14 municipios, todos ellos situados en la cuenca del citado río Deba, o en sus cercanías, y que son: Deba, Mutriku, Mendaro, Elgoibar, Eibar, Soraluze-Placencia de las Armas, Bergara, Elgeta, Antzuola, Oñati, Arrasate-Mondragón, Aretxabaleta, Eskoriatza y Leintz-Gatzaga.

Respecto a la provincia de Álava, la única población donde tiene vida lozana es Aramaio, al norte de la provincia, con sus 9 anteiglesias, y es, al mismo tiempo, según dicen los entendidos, uno de los municipios de toda Euskalerria donde la lengua tiene más vitalidad. Hace algunos años, Legutiano era una población euskeraparlante aproximadamente en el 50%, hoy lo es en un 30,7%. En el año 1965 yo mismo hice un viaje de exploración por los pueblos de la comarca para conocer "in situ" el estado en que se encontraba nuestra lengua. En Elosu, un pueblo pequeño y muy próximo al pantano de Urrunaga (Legutiano), encontré a un hombre bastante entrado en años que hablaba con fluidez un euskera muy rico, el único "euskaldun" -según me aseguró- nacido en el pueblo y vivido siempre en él. Los otros "euskaldunes" que había eran advenedizos. Me dijo que Urrunaga, muy cercano, era el pueblo más vasco de toda la comarca. Quedaban algunas familias en Cestafe, Navarrete, Urbina, etc. En cuanto a Legutiano -me informó el mismo señor- conocía a numerosas personas que conocían y hablaban euskera, pero todas eran mayores. Con los datos que recogí en aquel rápido recorrido preparé un artículo para la revista "Zeruko Argia" de Donostia-San Sebastián en septiembre del mismo año con el título Euskera Araban y firmado por Agirregabiria (mi segundo apellido). [Ref. Karmelo Etxenagusia: Euskal Idazleak Bizkaieraz, Bilbao, 1980, pág. 239].

PPU

A pesar de que los dialectos del euskera constituyen una sola lengua, hay entre los mismos grandes y profundas diferencias. Mencionaré en este apartado tres notables desigualdades del euskera vizcaíno en relación a las otras variedades de la lengua. Me referiré de un modo particular a las diferencias entre el dialecto vizcaíno y el guipuzcoano, ya que son dos dialectos que durante muchos siglos han coexistido muy próximos el uno al otro y han sido siempre vecinos.

  1. El empleo del verbo auxiliar transitivo egin en el euskera vizcaíno, y de ezan, otro distinto auxiliar, en el euskera guipuzcoano y otras variedades.
  2. Tratándose del mismo verbo transitivo, el uso en las flexiones nor-nori-nork (de doble régimen, directo e indirecto) del euskera vizcaíno de un morfema de dativo diferente al empleado en el guipuzcoano.
  3. Lugar diverso que ocupa el pluralizante -z entre los elementos constitutivos de una flexión verbal transitiva: en el último lugar de la flexión en "bizkaiera", e inmediatamente después de la raíz o núcleo verbal en "gipuzkoera".

Vamos a ampliar un poco más estos tres puntos.

  • Verbos auxiliares transitivos.

Según enseñan los maestros, en la lengua vasca hay, por lo menos, cuatro verbos auxiliares: izan y edin en el intransitivo, y en cuanto al transitivo, ukan y egin en el dialecto vizcaíno, y ukan y ezan en el guipuzcoano (y en los restantes dialectos). Los dos auxiliares del intransitivo viven en todas las variedades dialectales. Ya que no constituyen ninguna novedad, no los traemos a nuestro estudio. No sucede lo mismo con los dos del transitivo, los cuales encierran una de las más grandes divergencias o discrepancias entre el euskera vizcaíno y el guipuzcoano. El auxiliar egin existe únicamente en el dialecto vizcaíno, mientras que el guipuzcoano emplea siempre en su lugar el auxiliar ezan. El hecho de que se usen dos verbos auxiliares distintos es para mí un gran "misterio" lingüístico. Si los dos dialectos vizcaíno y guipuzcoano han coexistido durante quizá miles de años el uno junto al otro, ¿cómo se explica esta anomalía tan sorprendente de haber en cada uno de ellos dos verbos auxiliares totalmente distintos? Porque la existencia de estos auxiliares tan diversos no es un hecho reciente de los últimos tiempos, sino que viene, por lo menos, desde la época de los primeros textos escritos en euskera, y propablemente desde muchos ss. antes. Los auxiliares transitivos ukan/egin (vizcaínos) y ukan/ezan (guipuzcoanos) no se usan en todos los modos y tiempos del verbo, sino que cada uno tiene su propio campo de acción. Los dos, egin y ezan, que son los que nos interesan ahora, se conjugan en: a) El modo subjuntivo, presente y pretérito, y en las flexiones hipotéticas del mismo. b) El imperativo. c) El modo potencial. En los mismos modos y tiempos en que se conjuga el auxiliar vizcaíno egin, en esos mismos modos y tiempos aparece invariablemente en el guipuzcoano el auxiliar correlativo ezan. Para que los lectores no habituados a estos temas lingüísticos se den cuenta de la diferencia notable que viene del uso de dos auxiliares distintos en ambos dialectos, considero imprescindible presentar algunas flexiones de los dos auxiliares citados.

Flexiones hipotéticas nor-nori-nork (régimen directo e indirecto) de presente en plural (modo subjuntivo).
EGIN (Vizcaíno)EZAN (Guipuzcoano)
NIRI (a mí)
ZUK (ekar) badagidazuzbadezaiAidazu (si usted los trae a mí)
HAREK (ekar) badagidazbadezaizkit (si él los trae a mí)
ZUEK (ekar) badagidazuezbadezaiAidazute (si vos. Los traéis a mí)
HAREEK (ekar) badagidezbadezaiAidate (si ellos los traen a mí)
ZURI (a usted)
NIK (ekar) badagizudazbadezaiAizut (si yo los traigo a usted)
HAREK (ekar) badagizuzbadezaiAizu (si él los trae a usted)
GUK (ekar) badagizuguzbadezaiAizugu (si nos. los traemos a usted)
HAREEK (ekar) badagizuezbadezaiAizute (si ellos los traen a usted)
HARI (a él)
NIK (ekar) badagiodazbadezaizkiot (si yo los traigo a él)
ZUK (ekar) badagiozuzbadezaizkiozu (si usted los trae a él)
HAREK (ekar) badagiozbadezaizkio (si él los trae a él)
ZUEK (ekar) badagiozuezbadezaizkiozute (si vos. los traéis a él)
HAREEK (ekar) badagioezbadezaizkiote (si ellos los traen a él)
GURI (a nosotros)
ZUK (ekar) badagiguzuzbadezaiAiguzu (si usted los trae a nos.)
HAREK (ekar) badagiguzbadezaiAigu (si él los trae a nos.)
ZUEK (ekar) badagiguzuezbadezaiAiguzute (si vos. los traéis a nos.)
HAREEK (ekar) badagiguezbadezaiAigute (si ellos los traen a nos.)
ZUEI (a vosotros)
NIK (ekar) badagizuedazbadezaiAizutet (si yo los traigo a vos.)
HAREK (ekar) badagizuezbadezaiAizute (si él los a vos.)
GUK (ekar) badagizueguzbadezaiAizutegu (si nos. los a vos.)
HAREEK (ekar) badagizueezbadezaiAizutete (si ellos los a vos.)
HAREI (a ellos)
NIK (ekar) badagiedazbadezaizkiet (si yo los a ellos)
ZUK (ekar) badagiezuzbadezaizkiezu (si usted a ellos)
HAREK (ekar) badagiezbadezaizkie (si él los a ellos)
GUK (ekar) badagieguzbadezaizkiegu (si nos. los a ellos)
ZUEK (ekar) badagiezuezbadezaizkiezute (si vos. los a ellos)
HAREEK (ekar) badagieezbadezaizkiete (si ellos a ellos)

Estas flexiones del vizcaíno y del guipuzcoano las usan actualmente los escritores o literatos y maestros, pero murieron para el habla popular, como advertiremos más adelante.

  • Morfemas.

Morfemas de régimen indirecto o dativo del verbo transitivo. Es otra de las importantes novedades destacables entre el dialecto vizcaíno (y los restantes dialectos). El uso de los distintos morfemas tiene lugar en el verbo transitivo. En el intransitivo no hay variación.

Dialecto VizcaínoDialecto Guipuzcoano
-ST- (a mí)-KIT/DA (a mí)
-sK/N- (a tí)-KIK/N (a tí)
-TSO- (a él)-KIO (a él)
_SKU- (a nos.)-KIGU (a nos.)
_TSU- (a usted)-KIZU (a usted)
-TSUE- (a vos.)-KIZUE (a vos.)
-TSE- (a ellos)-KIE (a ellos)

Los morfemas de dativo en el dialecto guipuzcoano propiamente son los siguientes: -t/da, -ik/n, -o, -gu, -zu, -zue, -e. El elemento -ki- es infijo predatival. Me parece que en este caso también puede ser muy ilustrativo ofrecer algunos ejemplos que den luz para los posibles lectores profanos o no muy versados en estas materias. Ofreceré la conjugación del verbo ekarri (traer) en su doble versión vizcaína y guipuzcoana, destacando para más claridad con mayúscula los morfemas de dativo en ambos dialectos.

Flexiones nor-nori-nork (de doble régimen, directo e indirecto) del verbo "ekarri" (traer)
Dialecto VizcaínoDialecto Guipuzcoano
NIRI (a mí)
ZUK dakar-ST-azudakar-KID-azu (usted lo trae a mí)
HAREK dakar-STdakar-KIT (él lo trae a mí)
ZUEK dakar-ST-azuedakar-KID-azute (vos. lo traéis a mí)
HAREEK dakar-ST-edakar-KID-ate (ellos lo traen a mí)
ZURI (a usted)
NIK dakar-TSU-tdakar-KIZU-t (yo lo traigo a usted)
HAREK dakar-TSUdakar-KIZU (él lo trae a usted)
GUK dakar-TSU-gudakar-KIZU-gu (nos. lo a usted)
HAREEK dakar-TSU-edakar-KIZU-te (ellos lo a usted)
HARI (a él)
NIK dakar-TSO-tdakar-KIO-t (yo lo traigo a él)
ZUK dakar-TSO-ZUdakar-KIO-ZU (usted lo trae a él)
HAREEK dakar-TSOdakar-KIO (él lo trae a él)
GUK dakar-TSO-gudakar-KIO-gu (nos. lo traemos a él)
ZUEK dakar-TSO-zuedakar-KIO-zute (vos. lo traéis a él)
HAREEK dakar-TSO-edakar-KIO-te (ellos lo traen a él)
GURI (a nosotros)
ZUK dakar-SKU-ZUdakar-KIGU-zu (usted lo trae a nos.)
HAREK dakar-SKUdakar-KIGU (él lo trae a nos.)
ZUEK dakar-SKU-zuedakar-KIGU-zute (vos. lo traéis a nos.)
HAREEK dakar-SKU-edakar-KIGU-te (ellos lo traen a nos.)
ZUEI (a vosotros)
NIK dakar-TSUE-tdakar-KIZUE-t (yo lo traigo a vos.)
HAREK dakar-TSUEdakar-KIZUE (él lo trae a vos.)
GUK dakar-TSUE-gudakar-KIZUE-gu (nos. Lo traemos a vos.)
HAREEK dakar-TSUE-edakar-KIZUE-te (ellos lo traen a vos.)
HAREI (a ellos)
NIK dakar-TSE-tdakar-KIE-t (yo lo traigo a ellos)
ZUK dakar-TSE-ZUdakar-KIE-zu (usted lo trae a ellos)
HAREK dakar-TSEdakar-KIE (él lo trae a ellos)
GUK dakar-TSE-gudakar-KIE-gu (nos. lo traemos a ellos)
ZUEK dakar-TSE-zuedakar-KIE-zute (vos. lo traéis a ellos)
HAREEK dakar-TSE-edakar-KIE-te (ellos lo traen a ellos)

Estas dos grandes diferencias juntamente con la tercera que viene enseguida, afectan al mismo núcleo básico y vital de la lengua.

  • El pluralizante -z.

Lugar que ocupa el pluralizante -z entre los elementos constitutivos de la flexión verbal. Es la tercera importante discrepancia o diferencia entre el euskera vizcaíno y el guipuzcoano que quería hacer constar. Existe, como las anteriores, en el verbo transitivo. En el dialecto vizcaíno este elemento pluralizador se coloca en el último lugar de la flexión (si no sigue la partícula de tiempo -n). En cambio, en el dialecto guipuzcoano (y en los restantes) va inmediatamente después de la raíz o núcleo del verbo. Además, en el euskera guipuzcoano este pluralizador -z va muchas veces unido al infijo predatival -ki- haciendo de pluralizante -zki-, alterando algo la flexión. Vamos a aclarar este punto, trayendo como ejemplo la conjugación abreviada de dos verbos: el vizcaíno "eroan" (llevar) y el guipuzcoano "eraman" (llevar).

Flexiones nor-nori-nork (de doble régimen) de los verbos "eroan" y "eraman"
Presente de Indicativo
EROAN (Vizcaíno)EZAN (Guipuzcoano)
NIRI (a mí)NIRI (a mí)
ZUK daroadazu-zdaramai-zKi-dazu (usted los lleva a mí)
HAREK daroada-zdaramai-zKi-t (él los lleva a mí)
ZUEK daroadazue-zdaramai-zKi-dazute (vos. los lleváis a mí)
HAREEK daroade-zdaramai-zKi-date (ellos los a mí)
ZURI (a usted)ZURI (a usted)
NIK daroatsuda-zdaramai-zKi-zut (yo los llevo a usted)
HAREK daroatsu-zdaramai-zKi-zu (él los lleva a usted)
GUK daroatsugu-zdaramai-zKi-zugu (nos. los a usted)
HAREEK daroatsue-zdaramai-zKi-zute (ellos los a usted)
HARI (a él)HARI (a él)
NIK daroatsoda-zdaramai-zKi-ot (yo los llevo a él)
ZUK daroatsozu-zdaramai-zKi-ozu (usted los a él)
HAREK daroatso-zdaramai-zKi-o (él los lleva a él)
GUK daroatsogu-zdaramai-zKi-ogu (nos. los a él)
ZUEK daroatsozue-zdaramai-zKi-ozute (vos. los a él)
HAREEK daroatsoe-zdaramai-zKi-ote (ellos los llevan a él)

Se pueden anotar más flexiones, pero pienso que como ejemplo bastan. En el dialecto guipuzcoano y otros dialectos hay otro pluralizante de objeto de régimen directo (agente-objeto directo) que es "it", el cual se coloca antes de la raíz verbal (za-it-ut, d-it-ut, etc), y que ha pasado con el tiempo, según consigna Azkue, al euskera vizcaíno.

PPU

Las lenguas están en continua e ininterrumpida evolución. Esta verdad queda patente en la historia del dialecto vizcaino -quizá los otros dialectos habrán conocido parecida transformación- a partir del siglo XVI hasta nuestros días. Me parece que como complemento de este trabajo -ya que puede pertenecer al apartado de las peculiaridades del dialecto- vendrá bien hacer un breve resumen de esta evolución del dialecto, ciñéndonos al verbo intransitivo y transitivo. Ha habido durante estos últimos ss. tres cambios muy importantes en el euskera vizcaino, los cuales han traído como consecuencia la pérdida de una gran riqueza de flexiones utilizadas en el habla popular, por haber aparecido otras formas verbales en el mismo pueblo, las cuales viven aún en nuestros días.

El primer cambio o sustitución de las flexiones verbales ocurrió -es opinión mía- durante el siglo XVI y primera mitad del XVII, época en que surgieron en el pueblo que hablaba euskera nuevas formas verbales de hablar, habiendo muerto en el uso popular las anteriores, que eran las auténticas y las tradicionales. Para no hablar en pura teoría, ofreceré un ejemplo práctico de las flexiones verbales antiguas y nuevas del verbo intransitivo.

Flexiones AntiguasFlexiones Nuevas
NIRI (a mí)NIRI (a mí)
ZU (etorri) zakidazzaiataz (usted ha venido a mí)
HA (etorri) dakitjat (él ha venido a mí)
ZUEK (etorri) zakidazezaiataze (vos. habéis a mí)
HAREEK (etorri) dakidazjataz (ellos han a mí)
ZURI (a usted)ZURI (a usted)
NI (etorri) nakizunaiatzu (yo he venido a usted)
HA (etorri) dakizujatzu (él ha venido a usted)
GU (etorri) gakizuzgaiatzuz (nos. hemos a usted)
HAREEK (etorri) dakizuzjatzuz (ellos han a usted)
HARI (a él)HARI (a él)
NI (etorri) nakionaiako (yo he venido a él)
ZU (etorri) zakiozzaiakoz (usted ha venido a él)
HA (etorri) dakiojako (él ha venido a él)
GU (etorri) gakiozgaiakoz (nos. hemos a él)
ZUEK (etorri) zakiozezaiakoze (vos. habéis a él)
HAREEK (etorri) dakiozjakoz (ellos han a él)

El gran Azkue nos enseña que esta importantísima pérdida de flexiones que venían de tiempos anteriores y fueron reemplazadas por otras nuevas, las cuales duran hasta hoy, se produjo por la influencia de la conjugación familiar. "Nuestra ciertamente apreciable y sobradamente decantada conjugación familiar ha producido tales desaguisados en la cortés del auxiliar, que valiéranos más no hubiera nacido" (Resurrección María de Azkue: Morfología Vasca, Bilbao, 1923, pág. 573). "El dialecto en que más desaguisados ha cometido esa i de la conjugación familiar es el bizkaino" (Ibid. , pág. 577). Estas flexiones nuevas -afirma Severo Altube- "han sido consagradas por el uso de los mejores y más antiguos escritores (Capanaga, Mogel, Aita Bartolomé, Añibarro)". (Observaciones al tratado de morfología, pág. 178). Como el escritor Capanaga vivió en el siglo XVII, si él usaba estas flexiones nuevas, es de suponer que éstas eran en aquella época conocidas en el pueblo y usadas en el lenguaje popular, porque un cambio de esta índole no puede tener lugar en el habla del pueblo en un corto lapso de tiempo, sino que hace falta que hayan pasado muchos años.

El segundo cambio o pérdida de flexiones verbales con su correspondiente sustitución ocurrió a lo largo del s. XVIII en los verbos intransitivos y transitivos por influencia del castellano, en opinión de Azkue (Morfología, pág. 762).

Flexiones AntiguasFlexiones Nuevas
Verbo Intransitivo
NI (etor) banadi(etorten) banaz (si yo vengo)
HI (etor) bahadi(etorten) bahaz (si tú vienes)
HA (etor) badadi(etorten) bada (si él viene)
GU (etor) bagadiz(etorten) bagara (si nos. venimos)
ZU (etor) bazadiz(etorten) bazara (si usted viene)
ZUEK (etor) bazadize(etorten) bazaree (si vosotros venís)
HAREEK (etor) badadiz(etorten) badira (si ellos vienen)
Verbo Transitivo
NIK (egin) badagit(egiten) badot (si yo lo hago)
HIK (egin) badagik/n(egiten) badok/n (si tú lo haces)
HAREK (egin) badagi(egiten) badau (si él lo hace)
GUK (egin) badagigu(egiten) badogu (si nos. lo hacemos)
ZUK (egin) badagizu(egiten) badozu (si usted lo hace)
ZUEK (egin) badagizue(egiten) badozue (si vos. lo hacéis)
HAREEK (egin) badagie(egiten) badabe (si ellos lo hacen)

De esta forma quedó rota la tradición que venía de nuestros antepasados y sostenida por los grandes escritores del euskera vizcaino, como Juan Antonio Moguel (1745-1804), Pedro Antonio Añíbarro (1748-1830), Juan Mateo Zabala (1777-1840), Aita Bartolomé (1768-1835), Pedro J. Patricio Astarloa (1751-1821). Azkue afirma que "poco más allá de cien años atrás eran corrientes estas locuciones: adoratu banagizu, si me adoráis, egingo al dau, al badagi, hará si puede... Hoy, por lo general, e influenciados por el castellano, recurrimos a flexiones de indicativo: adoraten banozu, al badau" (Morfología, pág. 762).

El tercer cambio notable (sin desaparecer las flexiones) se produjo sobre el euskera vizcaino durante el s. XIX en el verbo sintético transitivo, no en el auxiliar, como los anotados anteriormente. Como prueba de esta evolución, voy a ofrecer algunas de las flexiones antiguas y nuevas del verbo ekarri (traer).

Flexiones AntiguasFlexiones Nuevas
NIRI (a mí)
HIK (gauza bat) dakardak/ndakarstak/na (tú lo traes a mí)
HAREK (gauza bat) dakartdakarst (él lo trae a mí)
ZUK (gauza bat) dakardazudakarstazu (usted lo trae a mí)
ZUEK (gauza bat) dakardazuedakarstazue (vos. lo traéis a mí)
HAREEK (gauza bat) dakardedakarste (ellos lo traen a mí)
HIRI (a tí)HIRI (a tí)
NIK (gauza bat) dakarkat/nadakarstat/na (yo lo traigo a tí)
HAREK (gauza bat) dakark/nadakarsk/na (él lo trae a tí)
GUK (gauza bat) dakarguk/nadakarskuk/na (nos. lo traemos a tí)
HAREEK (gauza bat) dakarke/nadakarste/na (ellos lo traen a tí)
HARI (a él)HARI (a él)
NIK (gauza bat) dakarkotdakartsat (yo lo traigo a él)
HIK (gauza bat) dakarkok/nadakartsak/na (tú lo traes a él)
HAREK (gauza bat) dakarkodakartso (él lo trae a él)
GUK (gauza bat) dakarkogudakartsagu (nos. lo traemos a él)
ZUK (gauza bat) dakarkozudakartsazu (usted lo trae a él)
ZUEK (gauza bat) dakarkozuedakartsazue (vos. lo traéis a él)
HAREEK (gauza bat) dakarkoedakartsoe (ellos lo traen a él)

La misma transformación sucedió en las flexiones de pretérito de indicativo. Para terminar, quiero recordar que durante el siglo XX, que está a punto de acabar, se está gestando en los dialectos vizcaino y guipuzcoano otro intercambio de flexiones muy importante en el verbo transitivo, porque están en peligro de desaparecer en el euskera popular las flexiones tradicionales y genuinas de nor-nork (agente-complemento directo), siendo sustituidas por las correspondientes a las nor-nori-nork (agente-objeto directo-indirecto). En el conflicto o en la oposición entre el pueblo que habla euskera, por una parte, y los autores que escriben en la misma lengua y los maestros que la enseñan, por otra, hasta ahora el pueblo ha salido triunfante siempre, como hemos visto que sucedió en los s. XVI/XVII, XVIII y XIX. Si en el caso a que me refiero, sucede lo mismo, como es lo más probable, dentro de unos años habrá cambiado notablemente el campo o el panorama de las flexiones en el verbo transitivo, lo cual sería una pérdida para nuestro viejo idioma.

PPU

No se puede abordar el estudio de la historia de "las lenguas de los vizcaínos" sin tener en cuenta el referente antigüedad en el conjunto del País Vasco y del área circunvascónica, y, sobre todo, tratándose de toponimia de origen antroponímico, a veces de áreas más amplias. En Europa occidental el latín fue en la Edad Media la lengua de la cultura, incluso en áreas en las que la lengua vulgar no era un derivado del mismo. Ello implicaba que dichas lenguas vulgares carecían de prestigio para ser escritas, y en el caso de la vasca, nos encontramos con que cuando los documentos de los monasterios fueron dejándose de escribir en latín, pasaron a serlo en romance y no en vascuence, por razones sociológicas basadas en el prestigio. La lengua vasca no pasa propiamente a ser lengua escrita hasta el siglo XVI, fundamentalmente en el ámbito religioso. En Bizkaia, Gipuzkoa y Álava no hubo grandes monasterios y los Obispados estaban fuera de su ámbito, salvo el primitivo de Álava. En lo que se refiere a Bizkaia no podemos dejar de mencionar, no obstante, la Colegiata de Cenarruza, situada en zona de habla vasca plenamente, de la cual la documentación más antigua conservada no es anterior al siglo XIV, naturalmente escrita en castellano.

El Abad de Cenarruza aparece, sin embargo, como confirmante en un documento de 1082 del Cartulario de San Millán de la Cogolla: abbatte domno Blasco de Cinaurriza. Hay en dicha Colegiata un documento de 1388, testimoniado "so el arbol de Guernjca do facen las juntas generales de Vizcaya", en el que se señala que ante los alcaldes un libro y otro de 1398, relacionado con los seles de Bolibar, en que se hace referencia a "vna letra antigua en vn libro Missal de la dicha Iglessia de Bolibar". Ello refleja que se había producido ya el cambio del uso del latín por el del castellano como lengua escrita en el área que nos ocupa, y al mismo tiempo se señala la aparición de los escribanos públicos "por el dicho sennor rey" -de Castilla-, el cual llegó a ser simultáneamente señor de Bizkaia en el siglo correspondiente a los documentos. La palabra echaabades introducida en el texto castellano del primero de ellos es, sin duda, reflejo del uso habitual de la lengua vasca al margen de lo que se hacía constar por escrito. Ej. etxa-, primer miembro de composición de etxe "casa", + abade, "abades de casa". Este estado de cosas se acerca a lo que históricamente conocemos.

Pero en períodos anteriores de la Edad Media, en los que el latín, y no los romances derivados del mismo, era, en solitario, la lengua de la cultura prestigiosa, la situación no podía ser la misma. Ello no supone, sin embargo, que en lengua vasca no podamos encontrar préstamos románicos no propiamente castellanos de épocas más antiguas, Ej. vizc., a-nav. labaña, guip. labana, lab. nabala, lab., sul. nabela, b.-nav. nabla, ronc. ñabla "navaja (de afeitar)" nauacula. En esta situación sucede que, entre historiadores actuales que se interesan por la Historia del País Vasco normalmente no se plantea la necesidad de profundizar en el conocimiento de la lengua vasca para estudiar tal historia, pues los documentos no están escritos en dicha lengua, y, si en alguna ocasión aparece algún texto antiguo que lo está, se solicita el concurso de un experto que de luz sobre tal hallazgo raro y curioso, si bien su existencia responde al uso normal y generalizado del vascuence en el País en cuestión, en la inmensa mayoría de los casos como lengua única.

En Las Bienandanzas e Fortunas de Lope García de Salazar, escrita el siglo XV, se hace referencia a las "comarcas de los Vascongados". Con toda probabilidad en Las Encartaciones, (Carranza, Arcentales, Trucios, Lanestosa, parte de Somorrostro, etc.) la lengua predominante a la sazón, aunque no la única, sería el castellano, no tanto en el área comprendida más o menos entre Barakaldo, Gordexola, Güeñes, Zalla, Galdames, etc. , donde la lengua vasca fue utilizada con cierta intensidad hasta más recientemente, lo que no impide, por otra parte, la existencia de topónimos como Retuerto (en Barakaldo), Salçedo y La Quadra (en Güeñes), respectivamente, teniendo Salçedo su equivalente en el propio Güeñes en el lugar de Sarachaga, según la Fog. de 1799, y en Barakaldo en la forma Saracho, según Sasía también Saratxu. El mismo autor, en relación con el valle de Ayala, zona contigua en Álava, dice: "E el Rey dixo pues ayala, e por esto ovo nombre Ayala, e llamose Conde don Bela Señor de Ayala, e poblada aquella tierra de vascos e de latinados...", (t. IV, fol. 14 y p. 36), debiéndose tener en cuenta que ayala, imperativo del verbo haber, constituye una etimología fantasiosa, pero vascos y latinados hace indiscutiblemente referencia a hablantes de vascuence y de romance, por lo que, a juzgar por el texto, acaso se podría pensar que también era así en la época en que el mismo se escribía, si no fuera porque en el fol. 15 (pp. 38 y 39), escribe en relación con los sucesores de los señores de Ayala: "e muerto este don Sancho Perez de Gamboa dexo fijo a don Sancho Perez de Motila que tomó este nombre porque criandolo el Rey don Alonso, que fue en la de Alarcos, le pregunto que como llamauan al moço en su tierra de vascuence e dixo que motila, e por esto le llamo Motila".

Como señala Caro Baroja (Materiales..., 1945, pp. 17-18), el libro del linaje de la casa de Ayala, refiriéndose a la época de Alfonso VI (año 1076), afirma lo mismo: "E los que vinieron a poblar la tierra de Ayala, dellos eran vascongados, e dellos latinados. E los vascongados llamaron a éste Don Bela Jaun Velaco, e los latinados Don Belaco". Sin embargo, la toponimia de Ayala es de neto sabor vasco en 1095. En el Diccionario geográfico-histórico de 1802, al tratar de Bizkaia, inmediatamente después de referirse a Bilbao, se señala: "Los más, exceptuando la gente culta, no saben otro idioma que el vascuence, salvo en Las Encartaciones y villas de Portugalete, Valmaseda y Lanestrosa (sic), donde tan solo se usa el castellano; bien que los nombres de muchos de sus pueblos son vascongados, y dan a entender haberse usado allí también en algún tiempo aquel idioma", lo que no coincide, en lo que se refiere a Portugalete, con la opinión del franciscano P. Fr. P. A. Añíbarro (1748-1830) recogida en su relación de "Pueblos de Vizcaya" que entonces hablaban vascuence, donde se señalan expresamente Baracaldo y Portugalete, Villa, así como también Encartaciones, sin más especificación (Villasante: Geografía histórica de la lengua vasca, 2ª ed. , San Sebastián 1960, p. 44 y ss).

En cualquier caso, en las familias de relieve de la época banderiza, el castellano debía ser a todas luces, incluso en zonas más amplias del País Vasco peninsular, la lengua de prestigio que les abría al mundo exterior, independientemente del conocimiento de la lengua vasca que normalmente también les era útil tener y en general tenían. Recogemos de Bienandanzas e Fortunas (libro XXII, fol. 77 y p. 180) el siguiente texto ilustrativo: "De como mataron los de Ybargoen a los de Çaldiuar, conuidandolos a comer. En el año del Señor (1330), conuidaron los escuderos de Ybargoen a comer a Juan Rois de Çaldiuar, fijo de Ruy Sanches de Çaldiuar, con XV omes, en la torre de Ybargoen. E quando se sentaron a comer, pedieron Salsal, e salieron de vna camara çinquenta omes que yasian escondidos, e mataron al dicho Juan Roys de Çaldiuar, e a todos los XV omes. E quedo por refran, que quando alguno pide sal, que disen, no sea lo de Ybargoen". Aparece el mismo, curiosamente, en Refranes y Sentencias de 1596: Gaçean, gaçean, ta ez Ybarguengorean "de la sal, de la sal, y no de la de Ybarguen", donde sal está traducido a la lengua vasca por gatz. Ya Julio de Urquijo señaló que "el refrán citado debió decirse primero en castellano y traducirse luego al vascuence: pues la doble significación de la palabra sal permite en la primera de estas lenguas un equívoco imposible de traducirse a la segunda" (Revista Internacional de Estudios Vascos, XIX, 1928, p. 562 y ss.).

Jesús María Sasía, en Toponimia euskérica de Las Encartaciones de Vizcaya (Bilbao 1966), recoge diverso material de dicha zona, compleja bajo el punto de vista lingüístico, donde el elemento vasco, cuando se trata de topónimos transparentes de tipo descriptivo, tampoco está ausente. Sasía no incluye en principio en su obra la toponimia que considera netamente de tipo románico, a la cual hace, sin embargo, referencia. La documentación antigua de antroponimia y toponimia de Bizkaia la podemos encontrar en Cartularios medievales, sobre todo en el de San Millán de la Cogolla, así como también en el de Valpuesta, en el de Oña, en el de San Juan de la Peña, etc. Pero la antroponimia más antigua ligada a Bizkaia es de época romana. Manuel Gómez-Moreno estudió la epigrafía correspondiente. ("De epigrafía vizcaína", BRAH, CXXVIII (1951), pp. 197-217, y para Arguiñeta, BRAH, 115 (1944), pp. 189-192. Luis Michelena, TAV, p. 22, 2. 1. 1). Agustín Azkárate publicó "Elementos de Arqueología cristiana en la Vizcaya altomedieval", donde recoge también la epigrafía en su conjunto. (Cuadernos de Seccción Prehistoria-Arqueología, 2, de Eusko Ikaskuntza/Sociedad de Estudios Vascos, San Sebastián 1984, 135 pp.).

Naturalmente, lo que en nuestro caso aporta la documentación antigua, por su escasez, no da más que una visión muy fragmentaria de la realidad toponímica de cada época, y en cualquier caso queda la laguna de la Alta Edad Media. En lo que se refiere a la antroponimia los nombres que registramos no difieren sustancialmente de los que en los Cartularios medievales aparecen en una área extensa para el País Vasco y fuera de él, donde se registran algunos de origen vasco, tales como Enneco, Garcea, Ahostar, Ochoa, Ochando, Hobeco, etc., y otros en general de otro origen, estos últimos en algún caso con rasgos fonéticos que delatan su uso por hablantes vascos, como en el de Acenari, procedente del latín asinari(us), "asnero", que perdía también la -n- intervocálica, o de Lehoari, etc. Pero, en general, de lo que carecemos es principalmente de las formas vulgares.

AIE

Ver Bizkaia. Educación y cultura

No se ha hallado, hasta el presente, constancia documental del funcionamiento de escuelas de primeras letras en Bizkaia hasta principios del siglo XVI. Hasta el siglo XIX y durante gran parte de este la enseñanza tenía casi como único objetivo el conocimento de la doctrina cristiana y leer, escribir y contar. A partir de los años setenta, y durante toda la última etapa del siglo XIX hubo en el país un renacimiento cultural y un creciente interés por el euskera y la cultura autóctona, la empresa cultural llevada a cabo en ese momento abarcaba no sólo los aspectos lingüísticos y gramaticales sino también la elaboración de libros y materiales pedagógicos. Este movimiento abre un camino que tendrá continuidad hacia los años veinte, con ocasión de la creación de las Escuelas de barriada, creadas por la Diputación vizcaína, constituyen una obra educativa de enorme relieve, destinada a suplir la ausencia estatal. Por otra parte se asiste a la creación durante la II República de las Escuelas Vascas: la influencia de estas Escuelas Vascas se notará en el movimiento cultural y educativo posterior, uando se reinicie la historia de las ikastolas en la postguerra.

Ver Bizkaia. Deportes.

En la vertiente atlántica de Bizkaia el deporte rural vasco se ha practicado desde el asentamiento de la población en caseríos. El Caserío era una unidad de explotación autosuficiente, no existía la especialización y por tanto el vizcaíno, se veía obligado para su subsistencia a trabajar diversas tareas, desde cortar la leña que necesitaría para protegerse del invierno y cocinar, hasta segar los campos para alimentar su ganado; desde cargar importantes fardos de heno, hasta arrastrar pesadas cargas con la única compañía de sus bueyes, cuando no en solitario. Este es el origen del aizkolari, del segalari, del harrijasotzaile, de las idi-probak, de las gizon-probak. Cómo acaban derivando en deporte es tan sencillo como lógico; cada Baserri trataba de demostrar ser el más rápido y el mejor, trataba de dejar lo más alto posible el nombre de su Caserío, y en consecuencia de su familia, no en vano la familia toma por nombre el de su casa. Enseguida surgía el desafío entre dos baserris, entre dos familias.

En la historia de los deportes modernos en Bizkaia, es necesario reseñar la importante aceptación que ya a primeros de siglo tuvieron deportes concretos, tales como el Fútbol, Ciclismo, Pelota, Remo y Montañismo. Otros deportes modernos se implantaron después de la guerra, tales como el Baloncesto, Balonmano y la mayoría de sus federaciones tomaron cuerpo entre los años 40 y 60, intervalo en el que se incrementa el nivel de deporte competitivo. La incorporación de los deportes modernos en Bizkaia coincide con el auge de la industrialización en una sociedad competitiva, que poco a poco va arrinconando unos deportes (Deportes rurales vascos) y relegando a un segundo plano a otros como la Pelota practicados con asiduidad a primeros de siglo XX.

Ver Bizkaia. Historia

Historia de Bizkaia desde la Prehistoria al final del Franquismo.

Pese a que el grueso de la producción artística en la provincia de Bizkaia se desarrolló en el periodo comprendido entre la Edad Media y la época contemporánea, conviene señalar que algunas de las manifestaciones artísticas más tempranas datan del paleolítico superior y se llevaron a cabo en forma de pintura mural en el interior de cuevas. De entre ellas cabe destacar las imágenes encontradas en la cueva Venta Laperra en el valle de Karrantza, las del conjunto de Santimamiñe en Kortezubi, así como las de las cuevas de Arenaza en Galdames y Goikolau en Berriatua.

Por otro lado, el yacimiento romano de Forua es un interesante testimonio del proceso de romanización vivido en Bizkaia durante los primeros siglos de nuestra era. Este asentamiento descubierto en 1982, fue concebido como un lugar de intercambio comercial en el que también se desempeñaron labores político administrativas entre los siglos I y V d.C. También destaca el conjunto de estelas halladas en la ermita de San Pedro de Elorriaga en Lemoa, que datan de los siglos II al IV d.C. y conforman el conjunto de epígrafes romanos más importantes de la provincia.

La huella del arte románico en Bizkaia es menor que en otras provincias cercanas. Sin embargo, existen varios ejemplos de interés que merece la pena citar, como la ermita de San Pedro de Abrisqueta en Arrigorriaga datada a comienzos del siglo XII, y que posee varias estelas funerarias romanas que fueron reutilizadas en su edificación. Al mismo siglo corresponde la construcción de otras ermitas como la de San Pelayo en Bakio, o la de San Miguel de Zumetxaga en Mungia, que guarda muchos puntos en común con la anterior. Destacan además San Román de Muxika y la iglesia de Andra Mari de Galdakao (siglo XIII) en la que conviven lenguajes derivados tanto del edificio original, como de las ampliaciones y reformas que se dieron en siglos posteriores.

En líneas generales, el desarrollo de la escultura románica en Bizkaia estuvo marcado por el devenir de una arquitectura menos prolífica que en las provincias del entorno. El tímpano de la antigua iglesia de San Jorge en Santurtzi de finales del siglo XII, en el que se representa la imagen de Cristo en Majestad o Maiestas Domini, es uno de los ejemplos más notables. Existen además muestras puntuales en la portada de la iglesia de San Salvador de Fruiz, San Miguel de Linares en Arcentales, así como en la iglesia de Lemoiz, entre otras. Asimismo requieren una mención específica algunas tallas de la Virgen o Andra Mari, como las de Arratia, Galdakao y Lekeitio.

A diferencia del románico, el gótico tuvo una presencia más que notable en Bizkaia entre los siglos XIV y XVI. Sobresale la iglesia de Santiago de Bilbao, construida entre los siglos XIV y comienzos del XV, que consta de tres naves con crucero y una girola que recorre la parte trasera del presbiterio. Posee además un claustro de comienzos del siglo XVI y una fachada neogótica (1891) obra del arquitecto Severino de Achúcarro. También en Bilbao destaca la iglesia de San Antón, construida a partir de 1478 y que posee una portada renacentista (1544) obra de Juan de Garita y una torre (1775) proyectada por Juan de Iturburu.

Otro de los ejemplos de arquitectura gótica más relevantes de Bizkaia es la iglesia de Santa María de la Asunción de Lekeitio proyectada en el último cuarto del siglo XIV, así como otros templos del interior como San Severino de Balmaseda que data del segundo cuarto del siglo XV. De aspecto más sólido y fortificado es la iglesia de Santa María de Orduña, cuya construcción tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XV. Del mismo periodo es Santa María de Ondarroa (c. 1480) que destaca por su cuerpo de luces así como por el popular cortejo de esculturas ubicadas en el remate de su muro perimetral. Otros ejemplos arquitectónicos destacables del gótico tardío son Santa María de Portugalete, cuya construcción se prolongó a lo largo de todo el siglo XVI, así como la Basílica de Begoña, proyectada por Sancho Martínez de Arego a comienzos del siglo XVI.

Muchas manifestaciones notables de la escultura gótica en Bizkaia están asociadas al embellecimiento de las portadas de templos como Santa María de Lekeitio o Santa María de Gernika, esta última llevada a cabo por Sancho de Emparan en 1449. Asimismo destacan otras portadas tardo-góticas como la Puerta del Ángel de la catedral de Bilbao, la de Santa María de Axpe en Busturia, o la Puerta del Mediodía de Santa María de Güeñes. La escultura funeraria posee ejemplos de interés, tal y como se aprecia en algunos sepulcros de la catedral de Bilbao y de Santa María de Lekeitio, templo este último que cuenta con un retablo mayor considerado como uno de los modelos más sobresalientes de la retablística gótica del País Vasco. Asimismo cruces como la de Gurutzeaga en Elorrio o la de Kurutziaga en Durango (siglo XV).

En el ámbito pictórico, pese a que los ejemplos que entroncan con el gótico no son demasiados, podemos destacar las tablas hispano-flamencas que fueron reutilizadas en el retablo barroco de Santa María de Zeanuri, así como el tríptico de la Virgen, Santa Catalina y Santa Bárbara de Santa María de Orduña, obra del "Maestro de Francfort".

La llegada del lenguaje renacentista a Bizkaia fue tardía y fraccionada. De hecho, fue a partir del siglo XVI cuando comenzó a imponerse primero en los repertorios decorativos y obras puntuales, hasta que finalmente fue asimilado por el grueso de la producción artística. La coexistencia del lenguaje tardo-gótico y las nuevas aportaciones del siglo XVI se aprecian en obras como Santa María de la Asunción de Markina-Xemein, templo de planta de salón o hallenkirche que genera el efecto de espacio unitario y monumental. El inicio de su construcción data del primer tercio del siglo XVI, fechas cercanas al comienzo de las obras de San Vicente de Abando en Bilbao. Asimismo son de interés algunos claustros del siglo XVI como el del convento de la Encarnación de Bilbao o el de la colegiata de Zenarruza (1560) de Miguel de Bolívar.

La irrupción de los repertorios decorativos renacentistas se aprecia en portadas del siglo XVI como la de la iglesia de San Antón, la de San Vicente de Abando, la de la Encarnación y la de la Basílica de Begoña, todas ellas en Bilbao. Destacan además las de Santa María de Portugalete y San Juan del Molinar en Gordexola. La escultura renacentista tuvo un gran desarrollo en el ámbito funerario durante la primera mitad del siglo XVI, tal y como se aprecia en la lauda del capitán Pedro de Bolívar en San Vicente de Sodupe, la capilla funeraria de Pedro González de Salazar en Portugalete, así como en el sepulcro del obispo Martín de Porras en la catedral de Santiago, o el del abad de Zenarruza Diego de Irusta.

El retablo será otro de los medios en los que la escultura renacentista se desarrolle plenamente a partir de la tercera década del siglo XVI. El retablo mayor de Santa María de la Asunción de Markina-Xemein (1526), es uno de los ejemplos más tempranos, aunque existen otros destacables en fechas próximas como el de Andra Mari de Galdakao. Otro importante hito lo constituye el de Santa María de Portugalete (1539-1555), obra de Guiot de Beugrant y Juan de Ayala. Ambos colaboraron en otros retablos como el de las Angustias de la colegiata de Zenarruza, o el de la capilla del Santo Cristo de San Severino de Balmaseda. También sobresale el de Santa María de Uribarri en Durango, obra de Martín Ruiz de Zubiate de finales del siglo XVI, considerado como uno de los máximos exponentes del romanismo en la provincia.

En Bizkaia el renacimiento tuvo una presencia menor en la pintura que en el resto de las artes. Destacan las cuatro tablas con escenas de la infancia de Cristo que Francisco Vázquez llevó a cabo para el retablo de la Colegiata de Zenarruza. También son de interés las pinturas que decoran el techo de la iglesia de San Andrés de Ibarrangelu atribuidas a Jan Prevost y que constituyen un claro ejemplo de la presencia del manierismo pictórico en Bizkaia en la segunda mitad del siglo XVI.

Algunas de las obras más relevantes del barroco en Bizkaia estuvieron estrechamente relacionadas con órdenes religiosas como los carmelitas, los franciscanos y la Compañía de Jesús. Esta última promovió la construcción de la iglesia de los Santos Juanes en Bilbao, cuya traza realizada por el padre Ramírez en 1617, guarda grandes paralelismos con el Gesu, iglesia matriz de la orden en Roma que fue proyectada por Vignola en 1568. Existen otros ejemplos notables asociados a esta orden, como son la iglesia de la Sagrada Familia de Orduña (1680) de Santiago de Raón y la de San José de Lekeitio, realizada en la primera mitad del siglo XVIII. Asimismo debemos mencionar otros proyectos como la iglesia del Carmen de Markina-Xemein (1724) y el monasterio dominico de Santa Ana en Elorrio.

Otro de los ejemplos representativos del barroco en Bilbao es la iglesia de San Nicolás, que tras su austera fachada esconde un edificio de planta centralizada proyectado por Ignacio Ibero en 1743. También sobresale la iglesia de Santa Ana de Durango (1723-1745) cuya traza fue obra de Lázaro de Incera. El lenguaje barroco está presente además en portadas como la de San Pedro de Romaña en Turtzioz o la de los pies de Santa María de Güeñes, ambas de raíz clasicista. Asimismo, torres campanario como las de Portugalete, Markina-Xemein, San Severino de Balmaseda, Santa Ana de Durango o San Antón de Bilbao, son un claro ejemplo de la culminación barroca de templos cuyo origen constructivo se remonta a siglos anteriores.

Durante los siglos XVII y XVIII se llevaron a cabo una cantidad ingente de retablos en los que la escultura y la pintura tuvieron un propicio marco de desarrollo. Del barroco clasicista destacan los de Santa María de Mañaria, San Juan de Molinar de Gordexola y de Santa María de Orduña, realizados entre 1640 y 1660. De estilo churrigueresco son notables los de la iglesia de los Santos Juanes de Bilbao, el de la Sagrada Familia de Orduña, el de Ispaster o el de San Pedro de Berriatúa, elaborados entre 1683 y 1730. También la estética rococó dejó su impronta en los de Santa María de Amorebieta-Etxano, de San Nicolás de Bilbao, de la Purísima Concepción de Elorrio, o el de San Juan Bautista de Aulesti, todos ellos ejecutados entre 1749 y 1758.

La pintura barroca en Bizkaia se nutrió tanto de creadores foráneos como de artistas locales. Del primer grupo sobresalen la serie de pinturas sobre la vida de Cristo que el pintor napolitano Lucas Jordán realizó hacia 1700, pertenecientes a la Basílica de Begoña, o la obra La aparición de Cristo y la Virgen a San Agustín (c.1670) de Pierre Mignard, obra de la iglesia de San Antón de Bilbao. Asimismo son de interés una Inmaculada Concepción (1769) de Antonio Carnicero procedente de Gordexola, así como una Santa Lucía (1784) de Luis Paret y Alcázar, hoy en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Bizkaia. También Domingo Martínez llevó a cabo los nueve lienzos que componen el ciclo de San José (c. 1730) que se exhiben en la Basílica de Begoña. Destacan además otros nombres como el de Francisco de Arana autor de varias de las tablas del retablo de Ispaster, Martín de Amigo del que destaca su Expectación de la venida del Mesías (1699), o el pintor de Muskiz Nicolás Antonio de la Cuadra, del que sobresale su Inmaculada Concepción (1698), hoy en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El neoclasicismo, movimiento artístico fruto del pensamiento racionalista de la Ilustración, dejó su huella en interesantes proyectos ligados a la arquitectura religiosa. De entre todos ellos, destacan las iglesias de Santa María de Larrabetzu (1777) de Ventura Rodríguez, Santa María de Bermeo (1797-1820) de Silvestre Pérez y Alejo de Miranda, la Asunción de Ajangiz (1819-1840) de los Belaunzaran, o la Natividad de Nuestra Señora de Murueta (1849-1952) de Antonio de Goicoechea. También sobresalen cementerios hoy desaparecidos como el de San Francisco (1822) de Agustín Humaran, o el de Mallona (1828-1830) de Juan Bautista de Belaunzaran, ambos de Bilbao.

El neoclasicismo también dejó su impronta en muchos retablos mayores como el de Santa María de Axpe en Busturia (1792), el del Santuario de La Antigua en Orduña (1804-1805), el de Santa María de Larrabetzu (1815-1819), el de Santo Tomás Apóstol de Arratzu (1826-1827), el de San Martín de Orozko (1844-1845), así como en los de San Vicente de Abando (1860-1864) y la Basílica de Begoña (1869), ambos en Bilbao.

En el ámbito de la pintura, resulta de interés el Monumento de Semana Santa (c. 1820) perteneciente a la Iglesia de la Asunción de Bermeo, o una Inmaculada Concepción (c. 1795) de Vicente López (atrib.) procedente de la Iglesia de Santa María de Güeñes. En la pintura de caballete destacan entre otros Francisco de Oleaga, Bernardo Costa, Domingo y Anselmo José de Rada.

En las postrimerías del siglo XIX y la primera mitad del XX, Bizkaia sufrió un espectacular aumento demográfico que propició el crecimiento de núcleos que requirieron de nuevas infraestructuras. Así, en el ensanche de Bilbao se construyeron templos de nueva planta como la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (1889-1894) de José Mª Basterra, o la de San Francisco de Asís (1890-1908) de Luis Landecho. A lo largo del siglo XX se erigieron iglesias como San Esteban en Etxebarri (1907) de Manuel Mª Smith, la Santísima Trinidad en Algorta (1926-1929) de Pedro Guimón, o Nuestra Señora de las Mercedes en Las Arenas (1940) de Rafael Garamendi y Manuel I. Galíndez. Despuntan por su modernidad -entre otras- San Andrés de Usánsolo (1958) de Emiliano Amann y Luis Pueyo y Nuestra Señora del Carmen de Indautxu (1967) de Francisco Javier Ortega.

En lo tocante a la escultura, algunos de los creadores más significativos de las primeras décadas del siglo XX trabajaron en el ámbito funerario y a la imaginería. Un somero recorrido por el cementerio de Bilbao (1896-1901) pondría de manifiesto la labor de escultores como Manuel Basterra, Higinio Basterra, Nemesio Mogrobejo, Valentín Dueñas, Enrique Barros, Joaquín Lucarini o Quintín de Torre, entre otros. Este último requiere una mención especial, pues de su taller salieron varios pasos procesionales pertenecientes a diferentes cofradías de Bilbao, como La oración en el huerto (1924) o El descendimiento de la cruz (1926). Otros escultores como Moisés Huerta, Ricardo Iñurria y Jesús Torre, abordaron la temática religiosa de forma habitual, hecho que ocasionalmente se aprecia en la trayectoria de artistas contemporáneos como Vicente Larrea.

La pintura de temática religiosa tuvo un desarrollo menor que en otros periodos, pues desde finales del siglo XIX fue abordada de forma puntual por los artistas vascos. Por mencionar algunos ejemplos, destacaremos algunos retratos como el de Monseñor Remigio Gandásegui (c. 1920) de Ramón de Zubiaurre o el de Fray Juan de Zumárraga (1922) de Alberto Arrúe, así como un Calvario (1955) que Santiago Uranga creó para el Seminario Diocesano. Sobresalen además algunas intervenciones, como las pinturas que Alfonso Ramil creó para la iglesia de Las Mercedes en Las Arenas en 1956, o las realizadas por Iñaki García Ergüin para la iglesia de San Antón de Bilbao, obras que fueron ubicadas en su retablo mayor tras la restauración del templo en el 2003.

El carácter eminentemente funcional de la arquitectura civil, así como las cambiantes necesidades a las que se ha visto sujeta a lo largo de la historia, son algunos de los factores que han condicionado notablemente su conservación. Este hecho se hace más patente en los ejemplos más antiguos conservados en Bizkaia, que arrancan de época bajomedieval en forma de casas fuertes y torres. Éstas destacan por la fortaleza y hermetismo de sus muros, que les otorgan un fuerte carácter defensivo, y por el hecho de que fueron concebidas como viviendas de los señores que las habitaron, para los que la torre fue la representación del poder de su linaje. Algunas de las más antiguas son la Torre de Barroeta (siglos XIV-XV) y la de Antxia del siglo XV, ambas en Markina-Xemein. Del siglo XV destacan también el castillo de Muñatones, así como Torre de Ercilla en Bermeo y la de La Quadra en Güeñes.

En torno al año 1500 se construyeron otras como la de Aranzibia en Berriatua y se reconstruyó la Torre de Ybargoen en Gordexola que fue completamente modificada en una reforma del siglo XVII. Cabe señalar asimismo, otros ejemplos de comienzos del siglo XVI como la Torre de Zamudio, totalmente remodelada en 1515, la de Aranguren en Orozko o la de Muxika. Por otro lado, la Torre y Palacio de Oxirando en Gordexola es un claro ejemplo de la fusión entre lo medieval y lo renacentista, en la que destacan elementos de raíz italianizante como su galería exterior. La Torre-Palacio de Muntzaraz en Abadiño es otro exponente de esta simbiosis, en la que la diafanidad de su logia superior contrasta con el carácter hermético y fortificado de su cuerpo inferior. Asimismo, a lo largo del siglo XVI se construyeron palacios con lenguaje plenamente renacentista como el Palacio Lobiano en Ermua.

Durante los siglos XVII y XVIII se erigieron un considerable número de sobrios y monumentales palacios en Bizkaia. Algunos de los más importantes del siglo XVII son el Palacio Elexpuru y el de Ormaza, ambos en Bakio, así como el de Arespacochaga-Mendibil y el de Tola en Elorrio. También destaca el Palacio de la Puente en Turtzioz, el de Solartekua (1666) proyectado por Lucas de Longa en Makina-Xemein, el de Uriarte (1677) en Lekeitio, así como el de Buniel u Orcasitas (1686) en Balmaseda. Del primer tercio del siglo XVIII sobresalen el Palacio de Yohn en Bilbao y el Palacio Alegría (1733) en Gernika. Algo posteriores son el Palacio de Valdespina (1729-1759) en Ermua, el Palacio Etxezarreta en Durango, el Amézaga en Mallabia, así como el de Zubieta en Isapaster. Sobresalen asimismo algunas casas consistoriales como la de Otxandio (1737), la de Bermeo (1733), la de Orozko (1750) o la de Balmaseda (1736-1742).

En época medieval y moderna el desarrollo de temáticas profanas en artes figurativas tuvo una incidencia mínima en comparación con el destacado lugar que ocupa el arte sacro. La razón resulta obvia si tenemos en cuenta el tipo de sociedad y el papel que la Iglesia otorgó a la obra de arte. De hecho, hasta el siglo XIX la escultura profana se desarrollará en los exiguos repertorios decorativos de algunas arquitecturas, así como en los escudos de armas presentes en algunas de las arquitecturas anteriormente citadas. Igualmente escaso resulta el ámbito de la pintura, que salvo excepciones ligadas a la pintura de historia, como la obra de Francisco de Mendieta como El besamanos (1609), rara vez se cultivó.

El neoclasicismo trajo consigo grandes cambios, que en el ámbito de la arquitectura se materializaron en la creación de hitos e infraestructuras altamente funcionales. Este carácter se aprecia claramente en Bilbao, en proyectos como el de la Plaza Nueva (1821-1851) obra de Silvestre Pérez, Antonio de Echevarría y Antonio de Goicoechea, o en el Hospital de Achuri (1818-1835) de Gabriel Benito de Orbegozo. En el resto de la provincia sobresalen la aduana de Orduña (1787-1792) de Manuel M. de la Carrera, las casas consistoriales de Aulesti (1843) y de Mañaria (1860), obras de Pedro de Belaunzaran y Martín de Saracíbar respectivamente, o la Casa de Juntas de Gernika (1824-1833) proyectada por Antonio de Echeverria.

Otras importantes infraestructuras a medio camino entre lo arquitectónico y lo escultórico son las fuentes, elementos que desde finales del siglo XVIII supusieron una mejora notable en la calidad de vida de muchos pueblos y ciudades. El pintor rococó Luis Paret y Alcázar proyectó dos fuentes durante su estancia en Bilbao en 1785, ubicadas en la plazuela de Santiago y en la plaza de los Santos Juanes de Atxuri. A escasos metros de la primera se encuentra la popular y sobria Fuente del Perro (1800). Destacan también la Fuente de Goikoportale (1785) en Markina-Xemein, la de Urgozo (1850) en Amorebieta, así como la Fuente de Vulcano (1850) en Otxandio, de Martín de Saracíbar.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX Bizkaia experimentó grandes cambios socioeconómicos derivados de su proceso de industrialización. El consabido auge económico derivado de esta evolución, tuvo enormes repercusiones que han quedado perfectamente reflejadas en su patrimonio de época contemporánea. Uno de los emblemáticos ejemplos que así lo atestiguan es el Puente de Bizkaia (1887-1893) o "puente colgante", proyectado por Alberto de Palacio y símbolo del poder económico de la burguesía industrial de finales del siglo XIX.

Los lenguajes arquitectónicos dominantes desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del XX, se movieron entre el neomedievalismo y el eclecticismo. El Castillo de Arteaga (1856), proyectado por Couvrechet, y el Castillo de Butrón (1879), obra de Francisco de Cubas, son un claro ejemplo del uso de un lenguaje neomedieval de raíz posromántica. El eclecticismo, cuya seña de identidad más notoria es la mezcla de lenguajes, cuenta con ejemplos en Bilbao, como la Biblioteca de Bidebarrieta (1890) de Severino de Achúcarro y el Teatro Arriaga (1890). Joaquín Rucoba, creador del Arriaga, proyectó también la casa consistorial de Bilbao (1892), de la que llama la atención su salón de recepciones de estilo neoárabe. Asimismo, sobresale el Palacio de la Diputación de Bizkaia (1900), obra de Luis Aladrén que marca el culmen del eclecticismo en la provincia.

El modernismo está representado en arquitecturas como el Teatro Campos Elíseos (1902) de Alfredo Acebal, cuya fachada fue diseñada por Jean-Baptiste Darroquy que también diseñó la de la Casa Montero (1902) en Bilbao. Asimismo, la arquitectura de las décadas de la preguerra en Bizkaia, osciló entre los proyectos de casas baratas que pretendieron dar cobertura a la insuficiente vivienda obrera, y las grandes residencias como el Palacio de Lezama Leguizamón en Getxo o el de Artaza en Leioa. En Bilbao destacan en este periodo edificios como el Hotel Carlton (1911-1926), de Manuel Mª Smith, el Mercado de la Ribera (1929) de Pedro Ispizua, u otros de corte menos convencional como el de Aurora Polar (1931-1935) o La Equitativa (1934), ambos de Manuel Ignacio Galíndez.

En la segunda mitad del siglo XX, Bizkaia vivió una realidad marcada por el desarrollismo y la reconversión industrial. Este último hecho propició el replanteamiento del territorio y de sus posibilidades más allá de su pasado industrial. Esta nueva óptica propició grandes proyectos arquitectónicos como la construcción del Museo Guggenheim (1997) de Frank O. Gehry, del Metro de Bilbao (1995) de Norman Foster, del Palacio Euskalduna (1999) de Dolores Palacios y Federico Soriano, o del Aeropuerto de Bilbao (2000) obra de Santiago Calatrava.

La escultura de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, contó en Bizkaia con importantes nombres, formados en su mayor parte en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. De entre ellos sobresale Francisco Durrio autor del Monumento a Arriaga (1906-1933) y principal renovador de la escultura vasca de comienzos de siglo. No menos interesante resulta la obra de Nemesio Mogrobejo, de entre las que cabe destacar su Risveglio (1903) y su Eva (1904). Deudoras de un mayor clasicismo son las propuestas de Higinio Basterra y Moisés Huerta, este último muy popular por varias esculturas que adornan edificios de Bilbao. Destacan asimismo otros escultores como Valentín Dueñas o Quintín de Torre, quien además de su amplia producción en el ámbito religioso, llevó a cabo obras tan interesantes como Timonel (c. 1913) o Monumento a Aureliano Valle (1922).

A partir de los años treinta la nómina de escultores sigue siendo extensa. Cabe mencionar a Joaquín Lucarini, Enrique Barros y Arturo Acebal, entre otros. Surge además una nueva generación de escultores que se aleja del lenguaje más convencional de los anteriores, para adentrarse en nuevas vías de expresión. Tal es el caso de Néstor Basterretxea, Ramón Carrera, Vicente Larrea o Agustín Ibarrola que, junto a otros muchos, marcaron el devenir de la escultura en Bizkaia durante el siglo XX.

La pintura, al igual que el resto de las artes, experimentó un auge sin precedentes en Bizkaia en las postrimerías del siglo XIX, tendencia que se mantuvo in crescendo hasta el estallido de la guerra civil. De este periodo cabe destacar a Adolfo Guiard, Anselmo Guinea, Manuel Losada, Ángel Larroque, los hermanos Zubiaurre, Juan de Aranoa, los hermanos Arrúe, Antonio de Guezala, Nicolás Martínez Ortiz, José María Ucelay o a Juan de Echevarria, entre otros. Especialmente interesante resulta la obra de Aurelio Arteta que despunta como uno de los pintores bilbaínos más modernos del primer tercio del siglo XX, tal y como se puede apreciar en obras como Los náufragos (1932).

La guerra civil tuvo efectos devastadores a todos los niveles, que evidentemente también repercutieron en el campo de la producción pictórica. Aunque la efervescencia creativa de décadas anteriores desapareció, surgieron grupos y asociaciones como el Grupo del Suizo (1941), la Asociación Artística Vizcaína (1945) y el grupo Joven Pintura Bilbaína (1951). El pintor y escultor Agustín Ibarrola será uno de los artistas que más destaque a partir de los años cincuenta. Asimismo en 1966 surgió el grupo Emen, formado por artistas como José Barceló, Gabriel Ramos Uranga y Javier Urquijo, tres de los máximos exponentes de la pintura abstracta del momento. El panorama de las últimas décadas del siglo XX lo compone una nutrida nómina de artistas entre los que mencionaremos a Daniel Tamayo, Alberto Rementería, Darío Urzay y Jesús Mari Lazkano.

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MBS 2011

A la hora de intentar reconstruir lo que fue la primitiva literatura vizcaína nos encontramos, como en cualquier otra literatura, con que al principio fue la voz, la palabra. Durante la Edad Media se tienen noticias de la existencia de una rica tradición de cantares épicos compuestos al amparo de acontecimientos históricos considerados como relevantes por la sociedad de la época. Normalmente giraban en torno a conflictos bélicos protagonizados por los distintos linajes y familias que intentaban imponer sus prerrogativas sobre los demás. Si tenemos constancia de esta literatura, que se remonta a los siglos XIV y XV, es gracias a historiadores como Garibay y Zaldibia que la recogieron de la tradición oral durante el siglo XVI.

Esteban de Garibay (1533-1599), dentro de su extensa obra histórica escrita en castellano, inserta algunos cantares antiguos, como el de "Milia Lastur" y el "Oñetako lur au jabilt ikara" (transcrito a continuación), que representan una de las primeras manifestaciones literarias en euskera vizcaíno (habla de Mondragón):

Oiñetako lur au jabilt ikara,
lau aragiok berean berala,
Martin Bañez Ibarretan il dala.
Artuko dot esku batean gezia,
bestean zuzi irax egia,
erreko dot Aramaio guztia.

Lope García de Salazar, en el siglo XV, constituye el autor más importante de finales del Medievo con sus Bienandanzas e Fortunas y la Crónica de siete Casas de Vizcaya y Castilla. En el Siglo de Oro, Alonso de Ercilla, oriundo de Bermeo, brilla con el poema épico La Araucana, y el licenciado Poza, nacido en Orduña, da a la luz De la Antigua Lengua, Comarcas y Poblaciones de las Españas. En comparación con el florecimiento literario que se dio en el siglo XVII en el País Vasco francés, en la vertiente sur de los Pirineos, y sobre todo en Bizkaia, pocos nombres de importancia se pueden destacar. Como consecuencia del afán de los religiosos por dar a conocer y acercar la doctrina cristiana al pueblo, comienzan a escribirse catecismos y textos de carácter religioso que, si bien no presentan gran interés literario, van afianzando al euskera como lengua de comunicación escrita. Es este el sentido que tiene, por ejemplo, la obra del clérigo licenciado Martín Ochoa de Capanaga, publicada en 1656 en Bilbao y titulada Exposición breve de la doctrina cristiana... con el examen de conciencia y acto de contricción, ejercicios cotidianos, significaciones de los ornamentos sagrados y misterios de la misa. Asimismo, es interesante la obra que escribió Rafael de Micoleta (Bilbao, 1611-?), en 1653, que es considerada como el primer intento de gramática vasca.

El siglo XVIII nos ha legado escritores en castellano de cierta calidad que escribieron sobre tradiciones y costumbres del país, como el historiador Iturriza, y un conjunto de textos religiosos en euskera que alcanzaron cierta popularidad. Don Martín de Arzadun, cura de Durango, publicó en 1731 en Vitoria un catecismo que fue reeditado en múltiples ocasiones; de 1775 es el libro Cristinaubaren doctrina, del párroco de Laukariz Bartolomé Olaechea, libro que, además de ser un catecismo en sentido estricto, contiene oraciones, ejercicios, diarios, etc., y está escrito en vizcaíno llano y popular. Mención especial merece el jesuita Agustín de Basterrechea (1700-1761) que se hizo bastante famoso por su opúsculo en verso Jesuchristo Gure Jaunaren Passioa (1777). El Padre Basterrechea, natural de Lekeitio, llegó a ser rector del colegio de Orduña y más tarde del que la Compañía de Jesús tuvo en Lekeitio. En esta localidad vizcaína nació también José Agustín Ibáñez de la Rentería (1750-1826), socio de la Bascongada, al igual que Samaniego, que llegó a publicar en la capital de España unas Fábulas en verso castellano, de las que se desprende claramente un didactismo y una filosofía naturalista muy acorde con toda la producción literaria de los Amigos del País. Así pues, la literatura en dialecto vizcaíno no empieza, si exceptuamos la tradición oral, los catecismos citados y esos célebres versos dedicados a la pasión de Cristo de Basterrechea, hasta finales del siglo XVIII o comienzos del XIX. Hasta estas fechas, la mayor parte de los textos escritos ha tenido un evidente carácter religioso ya que prácticamente todos los escritores pertenecieron a la clase o estamento clerical.

El siglo XIX se inicia con la escritura, que no la publicación, de una de las joyas de la literatura vasca: El doctor Peru Abarca, catedrático de la lengua bascongada en la Universidad de Basarte o Diálogo entre un rústico solitario bascongado y un barbero callejero llamado Maisu Juan, de Juan Antonio Moguel (1745-1804). Eibarrés de nacimiento, párroco de Markina, Moguel fue uno de los vascos más cultos de su época y más interesado por la supervivencia del euskera. Su adscripción a los principios ilustrados de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País le llevó hacia una visión neoclásica de la literatura. Es considerado por muchos, junto con el Padre Añíbarro, como el iniciador del cultivo literario del dialecto vizcaíno. Tomando como base del vizcaíno el habla de Markina, se empleó con ahínco durante toda su vida en elevar este dialecto al rango de lengua escrita literaria. Peru Abarca, escrita en 1802, contiene, además de un prólogo extenso redactado en castellano en el que se habla de las razones de la composición de la obra, seis diálogos entre un casero euskaldun puro y un barbero cirujano que habla un euskera muy imperfecto y corrupto. Los dos personajes entablan amistad por casualidad y el barbero, Maisu Juan, queda admirado por la perfección y fluidez de la lengua de Peru. Moguel evidencia que en lo que se refiere al euskera los campesinos y gentes del pueblo son los maestros y los doctores los alumnos. Haciéndose eco de las tesis románticas, en la obra se exalta lo primitivo y natural frente a la sofisticación y la civilización.

Pedro Antonio de Añíbarro (1748-1830), nacido en Villaro y ordenado sacerdote en 1772, es otro de los grandes impulsores del dialecto vizcaíno. Admirador del Padre Larramendi e íntimo amigo de Juan Antonio Moguel, compuso diversas obras entre las que se encuentran, como de las más conocidas, Escu liburua eta berean eguneango cristiñau cereguinac (1802) y una traducción al dialecto vizcaíno de la obra labortana de Axular: Gueroco Guero.

En el siglo XIX nos encontramos también con la obra de Pablo Pedro de Astarloa (1752-1806). Continuando con el trabajo iniciado por el orduñés Andrés de Poza, dentro de lo que fue la labor de apología del euskera, Astarloa escribió muchas páginas en castellano hablando del euskera como de la lengua primitiva de la humanidad, la lengua de Adán y Eva, la más excelente y perfecta. Las tesis de Astarloa se basaban en un "hiperlogicismo" y en una metodología, que hoy se considera descabellada, cuyo punto de partida residía en la atribución de un significado gramatical a cada sonido o letra. Pese a todo, no cabe duda de que Astarloa y Moguel fueron los mejores conocedores del euskera en su tiempo, de manera especial en su variedad vizcaína. Entre sus obras más importantes se encuentran: Apología de la lengua Bascongada o ensayo crítico filosófico de su perfección y antigüedad sobre todas las que se conocen: en respuesta a los reparos propuestos en el diccionario geográfico histórico de España, tomo II, palabra Nabarra (1803), Discursos filosóficos sobre la lengua primitiva o Gramática y análisis razonada de la Euskera o Bascuence (1883) y Reflexiones filosóficas en defensa de la Apología de la lengua bascongada o respuesta a la censura crítica del cura de Montuenga(1804).

Dentro de los parámetros catequistas y doctrinarios hay que situar la obra del carmelita Bartolomé de Madariaga (1768-1835). Alabado por su lenguaje rico y variado, incluso opulento, nos ha dejado obras como la trilogía Ikasikizunak, en donde se explican los distintos mandamientos y sacramentos, y el curioso texto titulado Euskal Errijetaco olgueeta ta dantzeen neurrizco gatzozpinduba (1816), que trata, desde una vertiente teológica, sobre lo peligrosas que pueden ser para la salvación del alma determinadas diversiones y bailes que se practicaban en algunas fiestas populares del país.

Más interés literario presentan las fábulas de Fray Mateo Zabala (1777-1840), no publicadas hasta el año 1907. No podemos decir que presente un gran dominio del género, sin embargo, su cuidado por los aspectos relativos a la lengua, al dialecto vizcaíno, hace de este conjunto de relatos un exponente claro de la preocupación que se empieza a tener por el aspecto formal del dialecto. Aunque no llegó a publicar en vida ninguna obra, Zabala dejó casi lista para su impresión lo que algunos consideran su obra maestra: El verbo regular vascongado. Zabala, al igual que Pedro de Añíbarro, fue franciscano en el convento que la orden tenía en Bilbao, y puede decirse que este lugar fue el primer núcleo, dentro de la capital vizcaína, en el que se comenzó a promocionar de una forma sistemática la lengua vasca escrita.

En 1879 tuvieron lugar los primeros juegos florales al sur de los Pirineos en los que se presentaron un gran número de poetas de las distintas provincias vascas. El euskera, sin embargo, debido al proceso de industrialización y al declive de la vida rural, por un lado, y a la abolición de los Fueros, por otro, sufrió un preocupante retroceso. A pesar de estos factores negativos, fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando la literatura escrita en euskera empezó a adquirir solidez. Los escritos estrictamente literarios dejan de ser un hecho aislado para convertirse en algo mucho más habitual. Así pues, el balance general se nos aparece como claramente positivo en cuanto a la producción bibliográfica en euskera. Mientras que en el siglo XVII, según datos de L. M. Múgica, la producción bibliográfica original y traducida fue de 20 libros y en el siglo XVIII de 60 (sin contar las reediciones), tal cifra asciende en el siglo XIX a 111. Como puede apreciarse, a un número superior a la producción total de los siglos XVI, XVII y XVIII. El balance del uso literario dialectal es, sin embargo, desfavorable para el vizcaíno en comparación con el dialecto guipuzcoano-altonavarro y el labortano. Las cifras presentadas por L. M. Múgica son las siguientes desde el siglo XVI al XIX (ambos inclusive):

Dialecto vizcaínoDialecto guipuzcoano-altonavarroDialecto labortanoDialecto suletino
26767814

De cualquier manera, el renacimiento de la lengua vasca y de su literatura no tuvo en Bilbao, ciudad eminentemente liberal, el empuje que adquirió en otras zonas de Euskadi. Para algunos autores fueron los carlistas y los tradicionalistas los que de manera más importante impulsaron el renacimiento euskaro. Es de destacar también la convivencia no problemática de los escritores vascos en ambas lenguas. Nacidos en las dos primeras décadas del siglo XIX, nos encontramos con una generación de escritores cuya aportación va a ser realmente interesante: en castellano pueden destacarse autores como Juan Eustaquio Delmas y Antonio de Trueba, y en euskera, los nombres de José Antonio de Uriarte y Eusebio María de Azkue.

Juan Eustaquio Delmas (1820-1892) desde muy joven comenzó a colaborar en distintos periódicos vizcaínos de tendencia más bien moderada como El Bilbaíno y El Vascongado. Estudió dibujo y litografía en Francia y, a su vuelta a Bilbao, además de hacerse cargo de la imprenta familiar, fundó el diario Irurac-bat. Hombre apasionado por los libros y de gran sensibilidad estética, demostró ser un gran conocedor del País Vasco monumental en obras como: Viaje pintoresco por las Provincias Vascongadas (1846), Guía Histórico-Descriptiva del viagero en el Señorío de Vizcaya (1881), Gastelugache, con su historia y tradiciones (1888), etc. En el apartado estrictamente literario publicó varias leyendas en la Revista Vizcaya, Euskal-Herria, etc., y una recopilación de todas ellas bajo el título Colección de leyendas (1880). Fundamentalmente son relatos folklóricos, costumbristas y piadosos, en los que se nota la influencia de Bécquer.

Pero, sin duda, el escritor vizcaíno que más éxito y popularidad tuvo en este momento histórico fue Antonio de Trueba y de la Quintana. Su poesía lírica y sus relatos de corte costumbrista alcanzaron un alto nivel de recepción durante la época de Isabel II. Nacido en la zona de las Encartaciones dentro de una familia humilde, muy joven se traslada a Madrid en busca de trabajo. En 1848 es contratado como redactor en la Correspondencia de España y empieza a frecuentar diversos círculos literarios madrileños. En 1862 regresa a Bilbao al aceptar el cargo de archivero y cronista del Señorío que le habían ofrecido las Juntas Generales de Vizcaya. Fue, asimismo, primer redactor de El Correo Vascongado y asiduo colaborador en diversas revistas fueristas. Su literatura es la típica de la época y en ella pueden observarse influencias de Scott o de autores como Fernán Caballero, en lo que se refiere a la prosa, y Rubio i Ors y Ruiz Aguilera en poesía. Entre sus novelas históricas más importantes pueden destacarse: El Cid Campeador (1851), Las hijas del Cid (1859) y, sobre todo, La paloma y los halcones (1865), cuya acción transcurre en Vizcaya, concretamente en las Encartaciones a finales del siglo XII. También escribió diversas leyendas dedicadas algunas de ellas al primer señor de Bizkaia. Entre las más conocidas se encuentran Jaun Zuría, Los de Haro, La fuente de la sabiduría o La leyenda de Begoña.

Como hemos señalado anteriormente, en euskera cabe recoger, principalmente, los nombres de José Antonio de Uriarte (1812-1869) y Eusebio María de Azkue (1813-1873). El primero nació en Arrigorriaga, se ordenó sacerdote en Azpeitia en 1836 y se dedicó buena parte de su vida a la predicación por distintas localidades del país. En 1850, y dentro de lo que es la más pura tradición de textos religiosos, publicó en Bilbao un libro de reflexión sobre la fe y otras cuestiones titulado Marijaren illa edo Maijatzeco illa. Traductor de la Biblia, escribió en vizcaíno una colección de fábulas y un libro de poesía en el que se recogen composiciones propias y otras de diversa procedencia. Fue muy amigo del Príncipe Bonaparte.

Eusebio María de Azcue dedicó buena parte de su vida al mar. Realizó estudios de Náutica en el Ferrol y, tras navegar durante varios años, volvió a Bizkaia donde se asentó en Lekeitio como profesor de náutica. Su obra lírica la escribió, principalmente, en los últimos años de su vida y fue publicada por su hijo Resurrección bajo el título Parnasorako bidea en 1896. Sus versos, que abarcan diversos campos temáticos (sátiras, devoción, epigramas, etc,), son considerados como de lo mejor de la época.

A una generación algo posterior, la de los nacidos aproximadamenete a mediados del siglo XIX, pertenece Felipe Arrese y Beitia (1841-1906). Su nombre como poeta saltó a la fama precisamente en 1879 con la celebración de los primeros juegos florales en los que consiguió el primer premio con la elegía Ama Euskeriari azken agurrak [Últimos saludos a la tierra vasca], poesía escrita a raíz de la pérdida de los fueros en 1876. La mayor parte de su producción se publicó en 1900 con el título de Ama Euskeriaren Liburu Kantaria.

Otro marino, nacido en Mundaka, José Manuel de Echeita (1842-1915), adquirió cierta popularidad, ya cerca del final de su vida, con obras como Josecho (1909), Jayoterri Maitia (1910) y Au, ori ta bestia (1913), libro de poesías, este último, en el que se recoge gran parte de la producción que había sido publicada en diversas revistas de la época, especialmente en "Euskal-Esnalea". Su narrativa se caracteriza por no alejarse gran cosa del costumbrismo y por la desideologización política de las tramas que presenta.

En castellano destaca la figura de Vicente de Arana, uno de los más prolíficos escritores de su tiempo. Nació en Abando, en 1846, y desde muy joven sintió una fuerte inclinación hacia la literatura. A los pocos más de quince años ya publicó sus primeras poesías en revistas como el Semanario popular, y a los diecisiete su primer libro de poesías: Ramillete de flores escogidas en el Parnaso. Escribió un buen número de leyendas y baladas, tanto acerca del mundo vasco como inspiradas en historias de los pueblos del norte de Europa. En Oro y oropel (1876) y Los últimos iberos (1882) se recogen buena parte de las mismas. Frecuentó también la novela histórica en Don Lope de Murélaga, de clara influencia scottiana y quizás con demasiadas digresiones pedagógicas sobre la paz, la patria, etc., y Juan Zuría o el Caudillo Blanco (1887), en donde vuelve a retomar el tema del primer señor de Vizcaya y de la batalla de Arrigorriaga. Es de destacar también su labor como traductor. Tradujo al castellano obras de autores como Longfellow y Thomas Percy, y al inglés clásicos españoles como El Lazarillo de Tormes y La vida del Buscón. Desde posturas conservadoras participó en política activamente e incluso fue condenado a muerte en 1875 por sus ataques constantes dirigidos a los carlistas. Asiduo colaborador en la prensa fuerista, fue también creador de la Sociedad del Folklore Vasconavarro.

Es en la segunda mitad del siglo XIX, cuando gracias a toda una serie de escritores con clara conciencia nacionalista, se produce la eclosión de la escritura en euskera. Si hasta entonces se había dado una existencia no problemática entre ambas lenguas a nivel oficial, en este fin de siglo comienzan a darse las primeras diferencias de importancia en torno a la visión de lo que es y significa la cultura vasca. La identidad de lo vasco se empieza a asociar fuertemente con la lengua y, aunque no pueda decirse que todos los escritores en euskera fueran nacionalistas, sí que se producen, entre la generación de los nacidos entre 1865 y 1875 aproximadamente, diferencias importantes. Es claro que los autores pertenecientes a la generación del 98 vasca, como Unamuno o Salaverría, se distancian de euskaldunistas como Sabino Arana, Azkue, Kirikiño o Domingo Aguirre.

Podemos decir que en este momento destacan de manera singular, en el ámbito de la cultura vasca en general y vizcaína en particular, dos nombres: Resurrección María de Azkue y Sabino de Arana y Goiri.

Azkue (1864-1951) nació en Lekeitio el mismo año en que nació Unamuno. Estudió teología en Vitoria, derecho canónico en Salamanca y ganó en 1888 la cátedra de euskera fundada por la Diputación de Vizcaya en el Instituto de Bilbao. Además, estuvo presente en la Academia de la Lengua Vasca desde su fundación en 1918, ostentando muy pronto la presidencia hasta el día de su muerte, y también fue nombrado académico de número en la Academia de la Lengua Española. Su labor como escritor fue realmente cuantiosa y diversa en cuanto a géneros: novelas, como Ardi Galdua (1919), zarzuelas, como Vizcaytik Bizkara, óperas, como Ortzuri (1910), libros de carácter religioso, etc. Pero, quizás, las obras que le han dado más fama y proyección hayan sido el Diccionario Vasco-Español-Francés (1905-1906), Morfología Vasca (1923) y Euskalerriaren Yakintza [Literatura Popular del País Vasco] (1935-1947). Su labor en favor del euskera y su utilización en todos los ámbitos fue fundamental. Azkue se puede considerar como una de las figuras más importantes de la cultura vasca.

La actividad del Sabino de Arana y Goiri (1865-1903) se concentró principalmente en dos áreas: en la política, como creador del Partido Nacionalista Vasco e impulsor incansable de su ideología, y en la cultura, sobre todo como defensor de la lengua vasca: son muchos los textos que escribió sobre el euskera aunque él nunca llegó a dominar la lengua. Entre sus numerosas obras podemos citar: Gramática elemental del euskera bizcaíno (1885), Etimologías euzkéricas (1887), Orígenes de la raza vasca (1889), Apellidos euzkéricos (1895) y Lecciones de ortografía del euzkera bizkaíno (1896). Sus poesías en lengua vasca fueron editadas en un librito en el año 1919 y suelen ser consideradas dentro de la corriente postromántica. Su expresión poética, cargada muchas veces de espiritualidad, busca los estados puros, los ideales, etc. Fue, además, creador de un movimiento cultural paralelo al que en San Sebastián había formado Manterola alrededor de la revista Euskalerría.

Aunque no es estrictamente autor literario, merece ser destacada la figura de Julio de Urquijo como otro de los grandes promotores del renacimiento euskérico. Nacido en Deusto en 1871, y licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca, en 1907 funda la Revista Internacional de Estudios Vascos (RIEV), una de las máximas publicaciones científicas en el ámbito vasco. Rodeado siempre de científicos, antropólogos y lingüistas llevó a cabo un trabajo serio y sistemático en torno al euskera y su cultura.

Como hemos apuntado más arriba, en estos últimos años del siglo XIX se produce una gran polémica en torno a la lengua y a la cultura vascas en general que va a tener como protagonistas a los bilbainos Miguel de Unamuno, uno de los escritores vascos de mayor proyección universal por la calidad y profundidad de sus escritos, y Sabino Arana. Es famosa la intervención de Unamuno en los juegos florales de Bilbao en 1901 en la que se mostró a favor de abandonar el euskera a una muerte segura. Esto, evidentemente, enervó a Sabino Arana y enseguida se formaron dos bandos claros que de alguna manera han fraccionado la sociedad vasca hasta prácticamente la actualidad. Además, estas discusiones iban más allá de las meras desavenecias filológicas y lingüísticas. En el fondo existía una diferente visión del mundo y de lo que verdaderamente se discutía era sobre la dinámica progreso-tradición. Eran diferentes los valores y el proyecto de futuro vasco que se defendían. Otros escritores de expresión castellana de cierto interés pertenecientes a la generación de Sabino Arana y Unamuno fueron entre otros, Esteban Calle Iturrino, Francisco de Iturribarria, y algo mayor que ellos, Ramón de Basterra, cuyas ideas están muy cerca de las defendidas por la Generación del 98.

A esta generación de fin de siglo pertenece uno de los escritores con mayor dominio del euskera vizcaíno y que más popularidad alcanzó en su época: Evaristo Bustinza (1866-1929), más conocido con el sobrenombre de "Kirikiño". El perfecto dominio del diálogo, la ironía y comicidad, la frescura de sus argumentos, etc., hacen de algunos de sus relatos breves unas verdaderas joyas literarias. De él han llegado hasta nosotros dos libros en los que se recogen la mayor parte de su producción, los dos con el mismo título: Abarrak [ramillas], uno publicado en 1918 y el otro en 1930. Sus relatos, aun siendo de tono realista y clásico (descripción de los personajes, cronología lineal, etc.), no están exentos del empleo de técnicas procedentes de la oralidad, como el relato enmarcado, las referencias al lector o el comienzo "in media res".

Ahora bien, desde un punto de vista estrictamente literario, el autor cuya obra representó un verdadero hito en la evolución del género novelístico fue Domingo de Aguirre (1864-1920). Fue autor de artículos, escribió también poesía, pero lo que le proporcionó más fama y proyección fueron, sin duda, las novelas Garoa y Kresala, de las más leídas de la literatura euskaldun. Su primer relato, sin embargo, que pasó bastante desapercibido, fue el titulado Auñamendiko-Lorea [La flor del Pirineo], publicado en 1898. Se trata de una novela histórica centrada en los acontecimientos que tuvieron lugar en el siglo VII en relación con la evangelización del pueblo vasco, que tiene como protagonista a la santa Riktrudis. Existe una fidelidad al dato histórico y el autor intenta incidir en los aspectos positivos que el cristianismo puede aportar a Vasconia. Kresala (1906) es ya una novela realista en la que, alrededor de una trama amorosa, se nos presenta una descripción de la vida y costumbres marineras de un pueblo pesquero de la costa vizcaína que no es otro que Ondarroa, localidad natal del escritor. La obra está escrita en vizcaíno, y llama la atención la objetividad casi fotográfica con la que recoge los ambientes y acontecimientos que va plasmando a lo largo de las páginas. Si Kresala es la novela del mar, Garoa (1912) lo es de la montaña. Está escrita en dialecto guipuzcoano y para la mayor parte de la crítica representa su obra cumbre por la perfección estilística, el acierto de sus descripciones y su refinado lenguaje. No cabe la menor duda de que la influencia del regionalismo en boga en la literatura en castellano se deja notar de manera intensa en las obras de Aguirre. En más de una ocasión se han comparado Kresala y Garoa con Peñas Arriba y Sotileza de Pereda. Siguiendo al historiador de la literatura Jon Juaristi, podemos decir que:

"en resumen, las características de la narrativa euskérica del primer cuarto de s. serían las siguientes: dependencia de los modelos costumbristas e historicistas del "renacimiento éuskaro", temas y ambientes preferentemente rurales, tendencia al idilio o, si prefiere, realismo "selectivo" que excluye -en función de una moral tradicional y pacata- los aspectos conflictivos y sórdidos de la realidad".

Otros autores de la generación de Domingo Aguirre son el jesuita Cándido Basabe (1867-1928), Paulo Zamarripa (1877-1950), poeta y cuentista, que también escribió sobre cuestiones de gramática y lexicografía vascas; Kepa Enbeita, reconocido bertsolari, cuya gran parte de su obra está recogida en el libro titulado Enbeitia oleskaria, y Martín de Uriarte, nacido en Zenauri en 1879, y conocido fundamentalmente por su recuperación del refranero Egi biribillak. De fecha de nacimiento cercana a finales de siglo podemos incluir nombres como los de Gabriel Manterola, Alejandro Larrakoetxea "Legoaldi" y Manuel Ziarsolo "Abeletxe". El primero de ellos fue un autor prolífico que se aventuró en diversos géneros literarios. Como prueba de ello consignamos las siguientes obras: Goi-Izpiak (libro de poesía, 1921), Santuen bizitza laburrak (1925), Ipuintxoak (1929) y diversas traducciones de textos piadosos. "Legoaldi" es conocido sobre todo por su trabajo de traductor. Antes de la guerra tradujo los cuentos de los hermanos Grimm. Y por último, el bilbaíno Ziarsolo se distinguió por su abundante producción teatral, de tipo humorístico y popular. La mayor parte de sus obras, como Jaiaurrekoa, Bermioko portuan, Sorginak Etxaburu, Agur Donibane, etc., fueron publicadas en diversas revistas.

En el ámbito de la poesía lírica destaca de manera especial la obra de Esteban de Urquiaga "Lauaxeta" (1905-1937). Podemos decir que, junto con poetas guipuzcoanos como Lizardi y Jáuregui, fueron los iniciadores de un cambio de rumbo en la poesía vasca hacia la modernidad. En ellos se ve un claro intento por abandonar los parámetros populares y el bertsolarismo e incorporar elementos modernistas que proporcionasen a sus versos cierta novedad. En este sentido se puede hablar de una cierta influencia de la llamada "poesía pura" y de autores como Juan Ramón Jiménez. Dos son los libros que publicó Lauaxeta: Bide Barrijak (1931) y Arrats-Beran (1935). El primero, obra de juventud, consta de 142 poesías dedicadas a temas como el amor, el desengaño, el dolor, la muerte, etc. En el segundo, sin embargo, da muestras de una mayor madurez y refinamiento estilístico, así como de una gran cultura literaria; es clara la influencia de los simbolistas franceses y autores del mundo hispánico como García Lorca. Llama especialmente la atención, como exponente de una incipiente poesía de lucha social, de compromiso, el poema titulado Langille eraildu bati (A un obrero asesinado). La poesía de Lauaxeta ha sido definida, a grandes rasgos, como de romántica y modernista en su primer libro, y como modernista y neopopulista en su segundo. Proveniente de las corrientes más urbanas del nacionalismo fue, pues, quien introdujo el modernismo en la literatura escrita en euskera.

La actividad teatral comienza a afianzarse también en estas primeras décadas del siglo XX. En Bilbao va surgiendo un teatro con características propias. Principalmente la capital vizcaína se surtía de la cartelera escénica madrileña, y en teatros como el Gayarre, Arriaga o Coliseo Albia se representaban obras de autores como Muñoz Seca o Arniches. Frente a este teatro que en nada se diferenciaba del que se realizaba en otras capitales de provincia españolas, surge en el periodo 1910-1935, gracias al grupo Oldargi del centro recreativo nacionalista de las juventudes vascas, una gran actividad que lleva a los escenarios múltiples textos escritos y representados por vascos. Dos autores de relieve pueden citarse. En primer lugar Nicolás Viar, quien en 1911 estrena Alma Vasca, quizás su obra más representativa. Otros textos suyos son Tercero sin principal, Maite, Nerea y Manu Soro. Y en segundo lugar Alfredo Echave con representaciones como Peru Gixon, presentada en el Arriaga en 1912, y Matilde, estrenada en el Campos en 1914. Hay que tener en cuenta también, que en la época de la República el nacionalismo vasco vio en el teatro un medio eficaz de propaganda y esto hizo que se produjera un momento de esplendor en los escenarios. Otros autores importantes a mencionar son los bilbaínos Emiliano de Arriaga (1844-1919) y Alberto Pelairea (1878-1939), autor este último de piezas muy populares.

Evidentemente, la guerra civil española sumió a la cultura en general y al euskera en particular en una situación realmente desastrosa y difícil. Toda la labor positiva que se fue realizando en las últimas décadas quedó truncada. El exilio, la prohibición de la lengua vasca como instrumento de expresión, no solamente escrito sino incluso hablado, etc., fueron factores que hicieron que la recuperación fuese excesivamente lenta. Un motor fundamental en el renacer de la cultura vasca lo constituyó la revista literaria Egan, del seminario Julio de Urquijo, fundada en 1950. Entre los escritores vizcaínos que empezaron a colaborar en ella, están Federico Krutwig, Alfonso Irigoyen y Gabriel Aresti. Por otro lado, en estos momentos se empieza a crear en Bilbao un proyecto de euskera batua, impulsado precisamente por Federico Krutwig y seguido por algunos escritores como Eusebio Erkiaga. Lo que se pretendía era utilizar en la lengua escrita un estándar que continuara los cauces del labortano clásico. Sin embargo, el exilio del promotor de la idea conllevó el que ésta perdiera fuerza. En los años cincuenta y sesenta comienzan a publicar tímidamente sus textos poetas como Paulino Solozábal "Egieder", nacido en Etxeberria en 1912, Mikel Zárate o Eusebio Erkiaga. De este último hay que destacar también su faceta de narrador con novelas como Arranegi (1959), Araibar zalduna (escrita en guipuzcoano, 1962), Batetik bestera (1962) y Jaikoko Dira (1984). En Egan, y también en la revista Euskadi, publica sus textos teatrales Agustín Zubikarai. Títulos importantes de su obra son: Seaska inguruan (1957), Jaunaren bideetan (1959) o Iru alaba (1964). Defensores de un euskera popular y vivo, frente a la tendencia uniformadora, estarían autores como Imanol Barrutia, traductor de cuentos, y Juan San Martín "Otsalar", poeta y, sobre todo, ensayista.

Gabriel Aresti, nacido en Bilbao en 1933, es quizás la figura literaria en euskera por excelencia de este siglo. Euskaldunberri, como muchos de su generación, fue poeta, dramaturgo, periodista, además de gran interesado por las cuestiones relativas a la lengua. Su poesía conllevó por fin una auténtica revolución. De él se ha dicho que fue quien realmente introdujo la literatura vasca en la ciudad. Entre sus poemas más importantes se pueden mencionar los siguientes: Maldan Behera (1959), Harri eta Herri (1964), Euskal Harria (1967) o Harrizko herri hau (1970). En sus textos se verifican influencias de Neruda, Guillén, Alberti y Blas de Otero, entre otros. Uno de los aspectos más significativos de su producción poética es que, partiendo de un profundo conocimiento de la tradición popular, y en función de ella, configura un universo lírico francamente distinto y original. Es de apreciar también en su lenguaje un claro desplazamiento desde fórmulas simbolistas hacia una expresión más directa y didáctica debido a su acercamiento al ideario de la poesía social desde presupuestos marxistas. En este cambio ideológico parece ser que tuvo algo que ver el también poeta y bilbaíno Blas de Otero. En cuanto al género teatral, sobre el cual no tenía tanto dominio como en el poético, se pueden citar obras como las siguientes: Mugaldeko herrian eginekako tobera (1962), Justizia txistulari (1965), Eta gure heriotzeko orduan (1964) y Beste mundukoak eta zoro bat. La mayoría de estas piezas teatrales fueron publicadas en la revista Egan y la pena es que pocas llegaron a ser representadas. Además de diversas traducciones de obras literarias al euskera, escribió sobre temas gramaticales y lexicográficos, y trabajos de investigación sobre escritores antiguos de la literatura vasca.

Otro poeta de cierta envergadura perteneciente a la generación de Gabriel Aresti fue Bitoriano Gandiaga, nacido en Mendata en 1928. Su poesía, de temática profunda y euskera preciosista, alcanza su plenitud en la obra titulada Elorri (1962). Con la publicación de su segundo libro Hiru gizon bakarka (1972), abandona la estética simbolista y se centra en un proceso de reflexión sobre el pueblo vasco. Ha publicado también poemas en las revistas Olerti, Aránzazu y Egan. Nicolás Alzola, nacido en Izurtza en 1922, ha escrito tanto en euskera como en castellano sobre diversos temas de cultura vasca. Entre sus obras se encuentran Cien autores vascos (1966) y Atalak (1977).

De expresión euskérica la relación de nombres podría multiplicarse. Están Félix Bilbao, que destaca sobre todo por su labor dentro del género de narrativa breve; Juan Anjel Etxebarria, traductor de autores clásicos (Fedro, Esopo, etc.) y poeta; Gotzon Garitaonandía o Mikel Zárate (1933-1979), quien en su novela Haurgintza minetan, muestra a una ciudad bilbaína en busca de su identidad: por un lado, está ese Bilbao industrial y masificado que busca la modernidad y que se expresa fundamentalmente en castellano, y por otro, ese Bilbao más tradicional y euskaldun que está en trance de desaparecer.

Los años sesenta y primeros de los setenta son tiempo de búsqueda, tanto desde un punto de vista ideológico como estético. El clericalismo y el catolicismo pierden importancia en la cultura vasca; se produce, al mismo tiempo, una mayor apertura hacia corrientes de renovación estilística procedentes de otros países europeos y, tras diversos avatares, tiene lugar también la aceptación del euskera batua. Autores como Xabier Kintana (1946) y Xabier Gereño (1924) comienzan a frecuentar modalidades narrativas desconocidas hasta el momento en euskera. Kintana es autor de la primera novela vasca de ciencia-ficción titulada Beste izakia (1969). Y Gereñu, a partir de 1968, inicia una peculiar y abundante producción novelística. La influencia en este escritor, sobre todo en lo que se refiere a sus narraciones de corte policíaco, de los grandes autores best-sellers mundiales (Dominique Lapierre, Irving Wallace y Frederick Forsyth) es evidente. Entre sus textos más importantes se encuentran las novelas biográficas Mahoma, Islam-en sortzaile y Zumalakarregi, euskal buruzagi, las novelas policíacas Xantiaia kontesari, Faro madarikatua y Ametsetan galduta, y las novelas humorísticas como Andre Catalina eta Arabiako emir-a y Zeledonio sastrea. En el año 1985 fue galardonado con el primer premio de novela Ciudad de Irún por su novela Konspiratzaileak.

Entre los poetas más importantes de los últimos años del franquismo está Ibón Sarasola (1946). Su obra Poemagintza, publicada por la editorial Lur en 1969, suele ser considerada como el único intento de interés por superar la poesía social vigente con anterioridad a la muerte del general Franco. Su poética aboga claramente por la autonomía de la poesía, poniéndose, en este sentido, en contra del ideario de Aresti. En expresión castellana, tanto en poesía como en prosa, se van a suceder toda una serie de generaciones de relieve. En poesía, por ejemplo, además del nombre de Javier de Bengoechea, etc., destacan de manera sobresaliente los de Juan Larrea y Blas de Otero.

Aunque Juan Larrea comenzó a publicar antes de la guerra civil, la mayor parte de su obra, al igual que la de Otero, se desarrolló durante la época de la dictadura. Juan Larrea nació en Bilbao en 1895. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y, en 1921, ganadas las oposiciones, entró a trabajar el el Archivo Histórico Nacional de Madrid. En 1926 se establece en París donde, en compañía de César Vallejo, publica una revista llamada Favorables París Poema. En 1936 inicia desde Francia una intensa labor política y cultural que continuará desde México en 1939 en compañía de escritores como José Bergamín y José Carner y al servicio de la Républica española. Funda en América las revistas España Peregrina y Cuadernos Americanos. En 1949 se traslada a Estados Unidos becado por la Guggenheim Foundation primero y por la Bollingen Foundation después,y en 1956 a Argentina aceptando un puesto como profesor en la Universidad de Córdoba. Entre sus obras más importantes se encuentran Oscuro dominio (1933), Rendición del espíritu (1943), La espada de la paloma (1956), Versión celeste (1969).

El bilbaíno Blas de Otero (1916-1979) comenzó su labor poética con la publicación de cuatro poemas en la revista Albor en 1941. Con su primera colección de poesías, Cántico espiritual (1942), Otero se sitúa dentro del grupo de poetas religiosos de postguerra. En este camino sigue con Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). En todos estos textos el poeta se siente en un universo desolado y busca respuestas y consuelo existencial en la divinidad. A partir de su militancia en el Partido Comunista, hecho que se produce en 1952, el tono de su poesía va a ir cambiando y la inclusión de una problemática social se hace cada vez más contundente. En obras como Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959) y Que trata de España (1964) la temática principal va a girar en torno a las masas y su problemática social. Después de la poesía social, la producción literaria de Blas de Otero disminuye. Tras diversos viajes por distintos países comunistas, publica al volver a su país Mientras (1970) y escribe toda una serie de poemas que serán recogidos en Expresión y reunión (1981).

Dentro del ámbito de la narrativa, y pertenecientes a una generación algo posterior a la de los poetas mencionados, destacan de manera especial las figuras de Ramiro Pinilla (1923), Juan A. Zunzunegui (1901) y Luis de Castresana (1925). El primero de ellos entró en el mundo literario por la puerta grande consiguiendo en 1960, con la novela Las hormigas ciegas, el Premio Nadal. Al año siguiente por la misma obra se le concede el Premio de la Crítica. Tras unos cuantos años sin publicar, en 1969 rompe el silencio con una novela policíaca, En el tiempo de los tallos verdes. Con Seno (1972) estuvo a las puertas del Premio Planeta y con El salto (1975) consigue el Premio Villa de Bilbao. Otras novelas son: Antonio B... "El Rojo" (1977) y Verdes valles, colinas rojas (1986). Llama la atención en Ramiro Pinilla su particular concepción de la literatura que le llevó en 1978, junto con otro escritor bilbaíno, Rapha Bilbao, a crear la editorial Libropueblo. La creación de este proyecto supuso un abandono del mundo de las editoriales comerciales y un intento de establecer una relación peculiar con el lector abaratando considerablemente el costo del libro.

Luis de Castresana se ha caracterizado por ser un escritor polivalente que ha cultivado prácticamente todos los géneros literarios: desde la biografía, con obras como la Vida de Dostoievsky (1953), Catalina de Erauso, la monja alférez (1967) o Vida y obra de Iparraguirre (1971), hasta la narrativa, quizás su modalidad predilecta, con títulos como Maite (1954), Adiós (1969) y, sobre todo, El otro árbol de Guernika, obra que se publicó en 1967 y con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Otro escritor interesante es José Luis Merino (1931). Entre los libros publicados se encuentran: Las cartas boca arriba (1972), Blablabla... (aforismos, 1972), Le doy galletas para saber donde le cae la boca (relatos, 1978), Dagazinda eta beste ipuinak (1991) (seis relatos traducidos al euskera por Xabier Amuriza, Eduardo Gil Bera, Joxemari Iturralde, Aingeru Epalza, Xabier Artiagoitia). Igualmente, es de destacar la obra de Enrique Ojambarrena que, con la novela Ismael (1966), fue ganador del Premio Café Gijón. Ha publicado también títulos como Sor Juana (1976), Un vasco en Persia (1986), Seducción y certeza (1986) y Leones y chacales (1991). Otros nombres a tener presentes dentro de la cultura vizcaína son, entre otros, los de Elías Amézaga o Luciano Rincón, autor, el primero, de una vastísima y meritoria recopilación de autores vascos en lengua castellana.

Dentro del apartado de los escritores que escriben en castellano pertenecientes a la generación nacida entre los años 50 y 60, son muchos los nombres que se pueden consignar. Son de destacar, por ejemplo, Miguel González San Martín (1953), director de la revista Márgenes y asiduo crítico literario en El Correo Español-El Pueblo Vasco. Entre sus publicaciones más interesantes se encuentran Siluetas de adviento (1985), el libro de relatos Tartessos (1987) y El tranvía aéreo (1991).

Ganador de diversos premios literarios en distintos géneros tenemos a Iñaki Ezkerra (1957) con obras como El zumbido (Premio Pío Baroja del Gobierno Vasco en 1983), La ciudad de la memoria (Premio Alonso Ercilla, también convocado por el Gobierno Vasco en 1984), el poemario Museo de reproducciones (nuevamente Premio Alonso Ercilla en 1991), o el libro de relatos La caída del caserío Usher (1991).

A destacar también, sobre todo dentro de la literatura infantil, a Seve Calleja (1953) ganador igualmente de varios premios literarios como los de "Ignacio Aldecoa" y "Gabriel Aresti", ambos de cuentos. Entre sus publicaciones se encuentran títulos como Dado duende (1988), Isu, el tiburón desdentado (1988) y Bakarnek ez du lagunik (1991).

Germán Yanke, periodista y abogado, publica en 1992 su Obra poética completa, cultivando asimismo el relato y el columnismo con una mezcla de erudición y fina ironía muy característica. La escritura de Pedro Ugarte (1963) es quizás una de las más esperanzadoras de su generación. Su estreno en la literatura tuvo lugar dentro del relato breve, género en el que consiguió ser premiado en diversos concursos: Villa de Rentería (1987), Gabriel Aresti (accésit, 1988), Imagina Euskadi (1991), etc. Entre sus publicaciones se encuentran dos poemarios, Incendio y amenazas (1989), y El falso fugitivo (1991), y varios volúmenes de relatos: Los traficantes de las palabras (1990). En 1996, con su primera novela, Los cuerpos de las nadadoras, consigue ser finalista del XVI Premio de Novela Jorge Herralde.

En el ámbito de la literatura en euskera tiene interés la creación en Bilbao, poco tiempo después de la muerte de Franco, de la revista Pott, fundada, entre otros, por el guipuzcoano Bernardo Atxaga. Al grupo de escritores que giraron en torno a la publicación, aunque muy diferentes entre sí, les unía principalmente el rechazo a todo lo que sonara a compromiso político o social. La idea unificadora de los componentes de Pott fue clara: liberar a la literatura euskérica de su constante instrumentalización por ámbitos ajenos a la misma, fundamentalmente de la religión y la política. Claman, en definitiva, por una literatura sin condicionamientos de ningún tipo, en la línea del movimiento iniciado por Saizarbitoria y Sarasola. Conseguidos sus objetivos, Pott se disolvió en el año 1980. Una de las voces poéticas más importantes del panorama literario vizcaíno de esta época es, sin duda, Joseba Sarrionaindia (Iurreta, 1958). Perteneció al lado de Bernardo Atxaga al grupo Pott, y al igual que éste se adherió también y apostó por una literatura independiente de cualquier presión política. Sin embargo, su propia experiencia personal le hizo retomar el compromiso. Es por esto que se suele definir su obra como de dialéctica: si en un primer momento el esteticismo se sobrepuso a la experiencia, al compromiso, en una segunda época los términos se invirtieron, estando siempre presente en sus textos ambos elementos o posturas. Su poesía se ha ido dirigiendo claramende desde "un modernismo renovado hasta la más agria experiencia comprometida". Entre sus obras más interesantes podemos destacar Izuen gordelekuetan barrena (1981), Marinel zaharrak (1987) y Gaztelako poemak (1992). Asimismo ha escrito ensayo y libros narrativos.

La influencia de Sarrionandía ha ido configurando en Bizkaia un tipo de poesía que a partir del epigrama se encamina a la importancia del culturalismo lingüístico apoyándose en el empleo de arcaísmos, dialectalismos, etc. Exponente de esta tendencia son algunos textos de Juanra Madariaga (Imentzioaren pergamuak, 1981) y Luis Berrizbeitia (Zoperna Jenerala, 1987). Otros poetas de interés son Omar Nabarro (Mundaka, 1953) con obras como Itsas txorien bindikapena, Gaua zulatzen duten ahausietan (Premio Azkue de poesía en 1985) y Odoleko eskifaia (1989); Jesús Etxezarraga con Olerki solteak y Xabier Amuriza con, por ejemplo, Menditik Mundura.

En el ámbito de la narrativa destacan nombres como los de Laura Mintegi con obras como Ilusioaren ordaina (1983), Bai... baina ez (1986) y Legez Kanpo (1991); y Edorta Jiménez (Omar Navarro) que, además de varios libros de poesías, ha escrito relatos como Speed Gauak (1991) y Hemen datzana da (1995). Se observa, lo mismo que en los restantes territorios vascos, una diversidad de corrientes novelísticas (existencialista, alegórica, fantástica, etc.) que permite al lector elegir entre un gran abanico de propuestas. De cualquier manera, el agrupamiento de la producción literaria de los últimos años, que ha ido desarrollándose a través de estéticas muy diferentes, todavía no puede realizarse atendiendo estrictamente al criterio de generación porque muchos de los autores no han terminado su obra y otros evidencian tendencias hacia una evolución sin límite.

En cuanto al teatro de los últimos años en euskera, es manifiesta la relación de los dramaturgos con grupos de teatro independiente. Un claro ejemplo de esto es el de Ramón Barea (1949), fundador y director de Cómicos de la Legua y de Karraka. De 1978 a 1980 imparte clases de teatro en la Escuela Taller de Cómicos de la Legua. Es autor del guión de los espectáculos: Oraindik Gernika, Paco Ramírez, Tripontzi eta Tiburtzi, La Palanca Gran Cabaret, Pecata Minuta, Palabrarismos y Gulliver-Comida rápida. Es responsable de la mayoría de dramaturgias y direcciones de Cómicos de la Legua y de Karraka. Otros autores importantes son Felipe Loza González, profesor en la Escuela Oficial de Teatro de Basauri. Entre sus últimas obras se encuentran La espada de Pendragon, Premio Ercilla 1991, y Última función (1992), también Premio Ercilla y escrita en colaboración con Ramón Barea. Entre los directores de grupos significativos que también son autores se encuentra Paco Obregón, director de Geroa hasta 1991 y posteriormente de Eolo teatro. No podemos terminar esta breve alusión al teatro vizcaíno sin referirnos a Akelarre que, junto con Cómicos de la Legua, es quizás uno de los grupos de mayor entidad y proyección fuera de su entorno geográfico. A partir del año 1966, en que se presentó con la obra de Valle Inclán Luces de Bohemia, su trabajo ha sido constante y de gran calidad. Desde sus comienzos llamó la atención de críticos tan exigentes como José Monleón y son muchos los premios que ha ido obteniendo a lo largo de su andadura escénica. Otros grupos vizcaínos importantes son Maskarada, Tramoia, Kukubiltxo, Kresala, etc.

En definitiva, puede afirmarse que el panorama literario vizcaíno se caracteriza por la diversidad y por la convivencia normalizada. Diversidad lingüística y estilística, pues conviven sin grandes problemas autores en castellano y en euskera de diferentes generaciones publicando sin dificultad desde diversos credos y actitudes poéticas, y convivencia normalizada en cuanto que lo que prevalece es la autonomía del creador que lleva a cabo su trabajo en libertad. La literatura vizcaína, refiriéndonos especialmente a la que se expresa en euskera, ha logrado conectar definitivamente con la modernidad y adquirir una autonomía, en el contexto social en el que se desarrolla, de la cual no había podido disfrutar hasta el presente momento histórico.

IBS

Bizkaia, con sus propias características, ocupa en la historia del bertsolarismo vasco una posición de honor junto a los otros territorios. Desde el punto de vista histórico y si comenzamos por el análisis de los textos más antiguos, al bertsolarismo vizcaíno le corresponde una tradición mayor que lo que suele creerse. De esta tradición arranca la hasta hoy viva fuerza de la extensa dinastía de los Enbeita. Asimismo, la lista de los bertsolaris vizcaínos que sostuvieron, de una u otra forma, la antorcha en los oscuros tiempos del Franquismo es larga. Son dignos de mención los campeones de aquellos años: Balendin Enbeita, Juan Mugartegi, Jon Azpillaga y Jon Lopategi, destacándose estos dos últimos también a nivel de toda Euskal Herria. El bertsolarismo en general y el vizcaíno en particular experimentan, en la década de los 80, un avance decisivo e imparable concretizado en las Bertso Eskolak y en el Eskolan Bertsolaritza (programa de iniciación y aprendizaje del bertsolarismo dentro de la enseñanza reglada). El promotor de todo ello fue el bertsolari vizcaíno y gran campeón Xabier Amuriza.

Amuriza recoge en 1980 el testigo de manos de Manuel Olaizola "Uztapide", ganador del último Campeonato Nacional de 1967. A partir de ello se abren de par en par las puertas del bertsolarismo a los nuevos tiempos en Euskal Herria. La aportación que Amuriza puso de manifiesto en el Campeonato Nacional de 1980 fue la relacionada con el entorno academicista: en contra de la opinión de que el bertsolarismo sea necesariamente una cualidad innata, un don, la posibilidad de que también se pudiera acceder al arte de versificar a través de la actividad académica; un arte al alcance de quien lo pretenda y no solamente de los dotados. Como prueba tenemos su modo particular de versificar en el que, dentro del respeto por las normas del euskera batua, cantó sus bertsos como si se tratase de texto escrito, a lo largo de toda la sesión que se celebró en el frontón Carmelo Balda. Refiriéndose a ello, Antonio Zavala en la introducción del nº 141 de la colección Auspoa escribe: "Ahora bien, estando los bertsos de Amuriza en euskera batua, hemos tenido una duda ¿cómo transcribirlos?". Todo ello, refleja el extenso y bien meditado trabajo previo realizado por Amuriza. Como trasunto de ello aparecieron en 1981 los libros Bertsolaritza 1: Hitzaren Kirol Nazionala y Bertsolaritza 2: Hiztegi Errimatua [Bertsolarismo 1: Deporte Nacional de la Palabra y Bertsolarismo 2: Diccionario Rimado] y, en 1982, Zu ere Bertsolari [Tú tambien Bertsolari], un manual para ejercitarse en la elaboración de bertsos. A comienzos del año 1980, Amuriza, siendo él mismo maestro, aporta en forma de apuntes y antes de las citadas publicaciones, los materiales y la metodología necesarios para fundar las primeras Bertso Eskolak (Escuelas de Bertsolarismo) que abrirán sus puertas en la zona de Bilbao: por una parte la Bertso Eskola de Santutxu, y, por otra, la de Algorta.

De hecho, podemos apuntar al año 1980 como la fecha del nacimiento de unas Bertso Eskolak que se multiplicarán en los años sucesivos. Añadir que, dentro del ámbito de las Bertso Eskolak, hay que señalar un antecedente, la Garriko Bertso Eskola, aparecida años antes como pionera de esta filosofía pedagógica. La Garriko Bertso Eskola había nacido en 1958 en la taberna de Pedro Ajuria de Muxika y en el entorno del gran campeón Balendin Enbeita, con la finalidad de preparar y entrenarse para el Campeonato de Bizkaia de Bertsolarismo del siguiente año. Si bien en sus comienzos sólo duró un año, le sucedió la Lamikiz Eskola de Mendata (1976-1986) hasta el nacimiento de la Garriko Bertso Eskola. Además del mismo Balendin Enbeita, y entre otros, es su hijo Jon Enbeita, subcampeón en el Campeonato Nacional de Bertsolaris de 1980, el máximo exponente de dicha Bertso Eskola. Curiosamente, tanto el campeón Xabier Amuriza como el subcampeón Jon Enbeita son vizcaínos y ambos pertenecen al entorno academicista del bertsolarismo. El principal objetivo de las Bertso Eskolak consiste en capacitar a los candidatos en el arte del bertsolarismo a la vez que hacerles partícipes en la organización, promoción y canalización de todas las iniciativas que surjan en torno del mismo: sesiones, certámenes, campeonatos de diversas modalidades y todo el quehacer pertinente a estas manifestaciones, como la edición, etc. Además de la citada Garriko de Muxika, la Bertso Eskola de Santutxu y la de Algorta llevan mucho tiempo laborando este campo en las zonas del Duranguesado, Lea-Artibai, Busturia, Mungialde, Uribe Kosta, Arratia, Orozko e, incluso, la margen izquierda de la ría. Al Campeonato Nacional de 1980 le sucede el de 1982; en el primero tomaron parte 16 bertsolaris, que en el segundo, ascendieron a 52. Merece destacar que muchos de éstos se formaron en las escuelas de bertsolarismo, sobre todo los vizcaínos. En este Campeonato de 1982 resultaron vencedores, como se ha dicho, Xabier Amuriza y Jon Lopategi, campeón y subcampeón respectivamente. De la mano del segundo y merced a la Federación de Ikastolas de Bizkaia, a partir de 1984 el bertsolarismo en general y el vizcaíno en particular van a dar un nuevo paso de importancia al incluirse como tema de estudio en la enseñanza reglada. Exponente de ello es el XIV Campeonato Infantil y Juvenil de 1997.

Sin duda, otro exponente interesante del bertsolarismo vizcaíno son los Bertsolari Txapelketak [Campeonatos de Bertsolaris]. Tras la guerra tuvieron lugar, desde 1958, en 1959, 1960, 1961, 1962, 1964 y 1966. Una nueva etapa, por otra parte, comenzará en 1987, al incluirse en el mismo a la provincia de Álava. En adelante se los conocerá como Araba eta Bizkaiko Bertsolari Txapelketa [Campeonatos de Bertsolarismo de Álava y Bizkaia]. En esa primera edición (1987) se alzó con la txapela de campeón Jon Lopategi. El siguiente Campeonato tendrá lugar en 1990, tres años después. Esta vez tomarán parte los de la "escuela vieja" (Basilio Pujana, de Zeanuri, 77 años, por ejemplo) y los procedentes de la "escuela" (Igor Elortza, durangués de 15 años, por ejemplo). Será proclamado campeón Jon Enbeita. Le sigue el de 1992, ganado también por Jon Enbeita. El campeonato de 1994 ofrece dos novedades: Por una parte, se escuchará por primera vez a una mujer, Iratxe Ibarra, cantar en las finales. Por otra parte obtendrá la txapela de campeón un bertsolari procedente de escuela, un alumno de Jon Lopategi, Unai Iturriaga, que repetirá la proeza en el campeonato de 1996.

El asociacionismo con el objetivo de despejar el futuro y de formar a las nuevas generaciones culminó en 1987 con el nacimiento de Euskal Herriko Bertsolari Elkartea. En 1992 se creará una asociación por territorio vasco, incluida la Bizkaiko Bertsolari Elkartea [Asociación de Bertsolaris de Bizkaia]. Desde 1996 la EHBE pasa a denominarse Euskal Herriko Bertsozale Elkartea [Asociación de Amigos del Bertsolarismo de Euskal Herria] y la rama vizcaína Bizkaiko Bertsozale Elkartea.

IAA

Ver Bizkaia. Antropología

En cuanto a la antropología física los primeros estudios antropológicos sobre la población vasca se remontan al último tercio del siglo XIX, cuando destacados investigadores europeos se interesaron por los orígenes del pueblo vasco. En esta época destacan los estudios del antropólogo vergarés Telesforo de Aranzadi, auténtico creador e impulsor de la antropología vasca. A partir de 1919, en que aparecen las primeras publicaciones del equipo formado por Aranzadi, Barandiarán y Eguren, se inicia una etapa de orientación antropológica en los estudios de prehistoria, analizándose los restos óseos humanos recuperados en numerosos yacimientos del país. Estas investigaciones sentaron las bases de la Paleoantropología, una de las especialidades más prolíficas en la Antropología vasca hasta mediados de siglo, cuando se publicaron los primeros estudios genéticos. En las últimas décadas, el desarrollo de la Antropología física se ha visto enriquecido con nuevos enfoques metodológicos, en donde la genética ha supuesto una gran ayuda para comprender la evolución de la población vasca.

La antropología social y/o cultural, cuyo objeto estuvo limitado a las sociedades primitivas y campesinas, se centra hoy en el estudio de las sociedades complejas y su cultura. En este artículo sobre Bizkaia se detscan dos de sus temáticas más características. Una de ellas simbólica: ciertas creencias, mitos, leyendas y rituales propios de la religiosidad popular. En segundo lugar, sobre algunos de los aspectos más característicos de la sociedad vizcaína: sociabilidad y grupos primarios, dialéctica rural/urbano, y ese complejo entramado de subculturas e identidades grupales colectivas que segmentan aquélla.

La danza, vivida en ambiente tradicional, generalmente dentro de una sociedad rural, tiene una finalidad social y colectiva manifiesta. Afecta a momentos importantes de la vida. Se baila en grupo normalmente, participando en rituales de carnaval, fiestas patronales, festividades y actos religiosos, romerías, bodas, etc. La encontramos en las exhibiciones y alardes que se realizan en los momentos solemnes en que todo el pueblo se manifiesta en días de fiestas patronales u otros de interés colectivo. También se da en fiestas de oficios o gremios. Tampoco falta en los momentos de juegos y diversiones y durante el periodo de carnaval la encontramos entre cantos y rituales importantes. Donde sí tienen las danzas su plena vigencia es en las fiestas o romerías, cuando son realizadas con participación de ambos sexos, cuando son propiamente sociales. En ellas se relacionan las personas entre sí y aparecen con una gran variedad de músicas y pasos, dada su diversidad. Participan, generalmente, jóvenes de ambos sexos, auque tampoco faltan, a veces, las personas mayores. Hasta las autoridades han tomado parte en aurreskus solemnes, completando un ritual social importante con el que simbolizaban su autoridad, en épocas pasadas. Después de este preámbulo pasaremos a presentar, de forma sencilla, las principales danzas de Bizkaia. Comenzaremos con el grupo que hemos denominado de exhibición o alarde. Lo forman grupos de jóvenes seleccionados, generalmente solteros y se baila en honor de las autoridades o de imágenes religiosas. Encontramos dos formas diferentes de armar el grupo. La primera necesita un número limitado de dantzaris, colocados en dos filas. Generalmente ocho miembros. La otra, un número ilimitado, y el grupo pernamece unido por medio de alguna herramienta como espadas, palos o aros. En Bizkaia destaca la Dantzari dantza del Duranguesado como ejemplo del primer grupo y la Ezpata dantza de Xemein para el segundo.

Conservada en el Duranguesado y actualmente muy extendida por todo el País Vasco. Aunque también se le denomina Ezpata dantza, en su lugar de origen lleva el nombre de Dantzari dantza, que es como se recoge en escritos de 1801. Fue en la mencionada fecha cuando se realizó la primera descripción de las danzas por Humboldt. Este indica que pertenecen a Durango y que se podrían llamar mejor danza de los escudos, puesto que recoge un baile realizado con estas armas. La bailaban los niños como una de las solemnidades de la fiesta del Corpus Christi. En datos de archivo de la villa de Durango encontramos durante el siglo XVI las primeras referencias de danzas de Corpus que creemos corresponderían a la Dantzari dantza. También en Iurreta y Berriz hay menciones históricas y en esta última se denominaba "el rey" al que ondeaba la bandera sobre los dantzaris agachados. Hoy en día siguen bailándola en sus fiestas patronales seis Anteiglesias de la Merindad: Abadiño, Berriz, Garay, Iurreta, Izurza y Mañaria. Los números de danza que han llegado hasta nosotros son nueve: Agintariena, Zortzinango, Ezpata joko txikia, Banango, Binango, Ezpata joko nagusia, Launango, Makil jokoa y Txontxongillo. Finalizando siempre las danzas con una soka dantza o aurresku. En Garay, junto a estas danzas, encontramos el ondeado de la bandera frente a la imagen de Santiago en medio de la procesión, así como, una danza de espadas denominada Gernikako Arbola, ya que se realiza al son de dicha melodía. El grupo está formado por ocho dantzaris en dos filas, usando espadas, palos y una bandera portada por uno de los dos zagueros. Antiguamente el abanderado era un noveno dantzari que solamente participaba en el ondeado. El instrumento al son del cual se recuerda haber bailado siempre es el txistu, componiendo el conjunto instrumental un txistulari y un atabalero. La familia Amezua, conocida como los "Patxiko", han sido los que han tocado durante varias generaciones hasta que fueron relevados por Alejandro Aldekoa, fallecido recientemente, el cual simultaneaba la ejecución de la música con el papel de maestro de danza, logrando la formación de un magnífico grupo en Berriz.

Esta danza entra dentro de la estructura de danza a la que también corresponde la Ezpata dantza de Gipuzkoa recogida por Juan Ignacio Iztueta. La característica principal de la variante de Xemein consiste en que el capitán es alzado sobre la parrilla que forman las espadas de los compañeros, en cuya posición realiza sus movimientos con las espadas pequeñas, al mismo tiempo que lo hacen los dos dantzaris que usan este tipo de espadas. El grupo está formado por un capitán o "maisu zaharra" que toma las puntas de las espadas largas portadas por los dos primeros del grupo, constituido éste con un número par de dantzaris, colocados en dos filas y enlazados entre sí con las espadas que portan sus manos. Junto a ellos existen otros dos dantzaris con espadas más cortas y adornadas con pañuelos. Se baila el día de San Miguel, 29 de septiembre, junto a la ermita de Arretxinaga y frente al antiguo ayuntamiento de la Anteiglesia de Xemein, hoy en día formando un único ayuntamiento con Markina. Aquí también ha sido el txistu el que ha acompañado a los danzantes. Lo más corriente, según los datos históricos, ha sido una pareja de músicos, el txistulari y el atabalero, aunque a principios del s. XX, muchas veces, figuran dos txistularis. Uno de los nombres que encontramos como tamborilero en el siglo XVIII es el de Martín de Arenaza. Durante el siglo XIX y principios del XX hemos de destacar a dos familias de txistularis que acompañan con sus instrumentos a nuestra danza. Estos son los Aretxabaleta, que al igual que los Iriarte más tarde, tocan el txistu abarcando muchas fiestas de San Miguel, más de un siglo. Otra familia de grandes txistularis que han vivido en Markina son los Ansola, formando una de las más prestigiosas bandas del País durante muchos años. Acompañaron al grupo "Artibai" que formó en Markina don Segundo de Olaeta el cual montó con ellos una versión de la danza de Xemein para el Congreso Eucarístico de 1944 que denominó "San Miguel de Arretxinaga" y posteriormente fue bailada por muchos grupos de danza. En Xemein se mantiene la coreografía primitiva.

Danza de estructura coreográfica general parecida a la de espadas de Xemein. Aquí el enlace entre los danzantes se realiza con aros adornados y no con espadas. Suelen salir alrededor de nueve dantzaris, aunque su número pudiera ser superior siempre que fueran impares, tal y como es en la danza de espadas. Van provistos de arcos de dos metros y medio a tres de largo, siendo siempre de espino. Se adornan con cintas de colores, sin guardar ningún orden. Se realiza el día de Nuestra Señora de las Nieves, 5 de agosto, en la Villa de Lanestosa, siendo una danza incorporada a la procesión en honor a la Virgen que se celebra dicho día. Van delante de la imagen bailando continuamente y sin soltar sus arcos. Por la tarde recorren las casas del pueblo recogiendo aguinaldos, bailando ente ellas y dando vivas a los moradores una vez recibido el donativo. Datos antiguos, del siglo XVII, indican a un tamborilero como músico en Lanestosa. Su nombre Francisco de la Brena. Este txistulari figura en la nómina que presenta Martín de los Heros para Balmaseda, indicando que era vecino del valle de Carranza y recibiendo en su vejez, ya ciego, una limosna de la villa. Durante la mayor parte del siglo XVIII figura como instrumento la gaita, siendo probable que fuera denominada gallega puesto que eran originarios de dicho reino los que la tocaban, aunque avecindados y casados en la zona. Posteriormente se vuelve al tamborilero, figurando durante el siglo XIX, en más de treinta años consecutivos, Manuel Ferrero. También se ha bailado al son de la dulzaina y últimamente se realiza al de un txistulari contratado, de fuera de la villa.

El primer domingo de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en la villa de Elorrio, se celebra un alarde de armas de fuego por una compañía de la villa que denomina Errebonbilloak. La tradición dice que con ello se conmemora la batalla de Lepanto, teniendo su origen en un grupo de elorrianos que volvía de la batalla andando y que al llegar al puerto de Kanpanzar y ver la villa de Elorrio, en la cual se realizaba la procesión del Rosario, dispararon sus armas al aire. Lo cierto es que el Alarde se hace a la procesión del Rosario, por la tarde, y que esta fiesta está instituida en conmemoración de la mencionada batalla. Realmente es una participación en procesiones religiosas de las antiguas milicias armadas locales. Los Errebonbilloak comienzan sus actos a las cinco de la madrugada en que ejecutan sus descargas en diversos lugares de la villa, donde existían las antiguas entradas a ella, despertando con esta diana el vecindario. Finalizado a la tarde el rosario de la iglesia comienza la procesión. A la salida espera a la misma la compañía armada, la cual lanza sus salvas al paso de la imagen de la Virgen. Desplazándose los Errebonbilloak por las calles, tomando la delantera a la procesión, vuelven a repetir sus salvas frente a la Virgen en diversos lugares de la villa. La fiesta termina bailándose un solemne aurresku, iniciado y dirigido por los componentes de la comparsa armada. En ella sacan a la danza a las mujeres más importantes de la plaza. El desfile se realiza al son de una banda de txistularis, tocando una melodía peculiar que nos recuerda el sonido de los antiguos pífanos usados en estos alardes militares. Txistulari muy conocido, oriundo de Elorrio, ha sido Demetrio de Garaizabal, que durante muchos años ha tocado con gran sabiduría el txistu. No sabemos si fue descendiente de un Prudencio de Garaizabal que en 1622 cobró en Elorrio por haber participado en las fiestas del Corpus Christi "por su trabajo de tocar el tamborin".

Una danza que tradicionalmente se realizaba en el lugar donde se había celebrado la cena de vecindad presidida por el alcalde en las fiestas patronales. Se bailaba en pueblos de la zona de Lea-Artibai. Actualmente se realiza al mediodía del día 1 de agosto, San Pedro advíncula, en Mendexa, y a la noche del día de San Miguel, en Xemein. En los dos pueblos ha perdido la tradición de celebrarse en la mesa de la cena y estar presidida por el alcalde. Actualmente, los jóvenes han incorporado al programa de sus fiestas la tradición de bailar sobre la mesa, realizando la danza en la plaza sobre una mesa que colocan para ello. El Alcalde, hoy en día el que le representa preside la mesa en uno de sus extremos, sube a ella un danzante que se acerca a él. Este le ofrece un vaso de vino que bebe y comienza a bailar. La danza consta de dos partes, en la primera baila solo un dantzari y para la segunda sube un segundo bailarín realizando la danza entre ambos, uno frente a otro. Seguidamente desciende de la mesa el primero y continúa el otro saludando al Alcalde, recibiendo el vaso de vino y bailando la primera parte, hasta que sube un tercero para bailar entre ambos la segunda parte, y así hasta que toman parte todos los dantzaris. En esta danza es también el txistulari el músico que ejecuta la melodía. En Xemein, previo a la danza sobre la mesa, se saca un aurresku por los componentes del grupo que representa la tradición.

Como fruto de los esfuerzos que iniciara Antoine D'Abadie en Urruña, en 1886 se celebraron en Durango unas fiestas euskaras. Para estas fiestas, los organizadores montaron una danza-estampa sobre la labor y trabajo del lino que se denominó "Gorulariak", hilanderas. Junto a esta estampa, que recogía versos tomados de un libro de Juan Antonio Moguel con música del maestro Zubiaurre, se presentaron dos danzas con más tradición en la villa: una de aros adornados y otra un juego de cintas. Todas ellas con un grupo mixto de niños y niñas. De estas dos danzas encontramos referencias escritas durante el siglo XIX; así, en los papeles que dan cuenta de la visita del rey Fernando VII a Durango en 1828, se hace referencia a unos jóvenes escogidos que bailaron, trayendo en la punta de un palo largo un muñeco, denominado "Dominguillo", al cual le hacían bailar, al tiempo que realizaban la danza de las cintas. También se nos dice que unas jóvenes teniendo en sus manos unos arcos bailaban contradanzas. Los dantzaris de Iurreta, el primer domingo de octubre, como final de sus fiestas de San Miguel, han incorporado estas danzas a su repertorio. Se bailan al son del txistu, que desde el siglo XVI al menos, figura sonando en las fiestas de Durango. Un destacado txistulari de la villa debió de ser Manuel Merladet, requerido para tocar en muchos pueblos y también en 1828 por el Ayuntamiento de Gasteiz, para "que pueda hacer arte en las diversiones, con la música del país, durante la estancia en Vitoria de los Soberanos".

Esta danza especial se realiza actualmente en Lekeitio el día de San Pedro, 29 de Junio, dentro de las fiestas de la Cofradía de Mareantes. Se baila sobre un arca sujetada en hombros de pescadores. El dantzari viste camisa, pantalón blanco, frac y chistera. Baila sin alpargatas, con un pañuelo rojo al cuello y en recuerdo del personaje histórico que representaba, una bandera roja con el escudo de San Pedro. Por la documentación existente sabemos que a principios del siglo XVII, y desde tiempo inmemorial, sobre el arca iba un cofrade representando a San Pedro y a los costados, a pie, San Juan y San Andrés. La fiesta-procesión, con gran pompa y solemnidad, acompañando al arca y sus figurantes como si fuera el Santísimo, servía para trasladarla de casa del mayordomo saliente a casa del mayordomo entrante, una vez nombrado el nuevo el día 30 de junio. En el arca iban los documentos importantes de la Cofradía. La nueva forma de representar la kaxarranka la encontramos ya en 1822, en que en documentos sobre ella se indica que sobre el arca "va un hombre o mozo bailando con una bandera en la mano". Posteriormente pasó a realizarse el mismo día de San Pedro y actualmente a la danza del arca sigue un hermoso y tradicional aurresku sacado por mujeres, denominado "Eguzki jaia". Sigue siendo el txistu el instrumento musical que acompaña a la danza. Tamborileros aparecen en Lekeitio desde los primeros datos conocidos, siendo muy mencionado el pago que figura en las cuentas municipales del año 1579, en que por motivos de la peste que asolaba a la villa se dieron a Domingo de Licona, por lo que "sirvió con dicho oficio de tamborín todo el tiempo de la dicha enfermedad porque no la sintiesen tanto". Esto nos lleva a destacar las múltiples labores que ha realizado este tipo de músico. Ha participado en procesiones tocando la trompeta o el pífano. en alardes de armas tocando el pífano, muchas veces, y en todo tipo de fiestas alegrando a la comunidad o dando el parabien a los forasteros. Como txistularis de Lekeitio destacaríamos a la dinastía Ansola. El año 1831, desde el 23 de agosto, figura cobrando por el servicio de tamborilero Román de Ansola y posteriormente descendientes suyos han tocado hasta la guerra del año 1936, cubriendo más de cien años como músicos de la villa. Hijos de Victor, último con plaza en Lekeitio, han seguido tocando el txistu y Patxi Ansola, trabajando en el entorno de la Asociación que mantienen actualmente los Txistularis.

Son dos danzas realizadas por un grupo de muchachos con palos en las manos, golpeando, en un determinado momento, un pellejo de vino colocado en el centro del mismo. La primera, se baila en fiestas de la Virgen de agosto en Ondarroa, el día 18. Debe su denominación a la primera palabra de su música cantada, "Saliñetatik etorriko da....", y se realiza con un solo palo con el que se golpea el pellejo. Con la danza se recorren diversas partes del pueblo. La segunda, es danza del domingo de Carnaval en Markina. El grupo de jóvenes y su pellejo van acompañados de gente disfrazada, entre los que destaca uno vestido de oso juntamente con su acompañante, que lo lleva sujeto con una cadena. Bailan primeramente un paloteado con los dos palos pequeños que portan los dantzaris y a continuación golpean el pellejo de vino con los mismos. En ambas fiestas, también el txistulari acompaña con su instrumento a los dantzaris.

Las Marzas, canciones de cuestación del comienzo de marzo, se realizan en la zona de Carranza y Lanestosa, así como las Pascuas el domingo de Pascua de Resurrección. Las primeras se ejecutan vestidos con pieles y algún cencerro colgando y las segundas, en la que solamente toman parte las chicas jóvenes, acompañadas de un muchacho, vestidas de blanco con una franja cruzando el pecho y adornada la cabeza. No necesitan instrumentaristas para realizar sus cuestaciones puesto que éstas son cantadas, desplazándose por los diversos barrios con sus cantos y ruidos de cencerros.

También denominadas aurreskus en Bizkaia. Estas danzas comienzan a realizarlas un grupo de personas de uno de los sexos, generalmente hombres, colocados en una fila dirigidos por un delantero o Aurresku, primera mano, al que después de realizar ciertos bailes le presentan un persona del sexo contrario a la que obsequia con una danza, incorporándola posteriormente a la fila. Cambiada la mano y colocado de delantero el último o Atzesku, repite la misma operación. Finalmente se suman más personas completando las parejas con todos los componentes. Seguido se bailan zortzikos, fandangos, arin-arines y biribilketas. Es una danza con un gran sentido social que nos llega de muy antiguo. Ha sido bailada por autoridades en danzas con un gran ritual de autoridad y obsequio entre otros pueblos e individuos y por la gente sencilla en sus momentos de esparcimiento. Se ha dicho que el aurresku es la danza principal de los vascos. Se sigue practicando en muchos pueblos que han conservado otra danza, como en el Duranguesado al finalizar la Dantzari dantza, Markina, Elorrio y otras localidades. Destacaríamos los aurreskus de anteiglesia y de villa. En los primeros son importantes las "Erregelak", señalándose las del Duranguesado y zona de Busturia, con viejas melodías o "soinu-zaharrak". En Gernika se bailan en fiestas de la Virgen de agosto las dos modalidades. Estos años se ha recuperado su práctica en Begoña el día de la Virgen 15 de agosto. No se comprende un aurresku sin txistulari. Entre los instrumentistas bilbaiínos destacaríamos a Francisco María de Arzuaga, alias "Chango", natural de Tolosa y afincado en Bilbao, por haber ganado la plaza de txistulari. Figura cobrando por participar en las fiestas de la Virgen de Begoña de 1828 y no dejó de hacerlo hasta las de 1880, por lo que creemos que estará representado en el cuadro de G. P. de Villaamil "Un aurresku en Begoña", dibujado en 1844. Toda una vida dedicada a alegrar la vida de los bilbaínos. Al gran "Chango" pintado por los pinceles más ilustres de su época, le siguieron entre otros, su sobrino Rogaciano Arzuaga, Martín Elola, Manuel Landaluce y Bonifacio Fernández. Todos ellos extraordinarios músicos que cumplieron perfectamente su papel de amenizar los momentos festivos más importantes de Bilbao, villa con una tradición muy antigua en el uso del tamborilero para sus fiestas.

Lekeitioko Eguzki jaia. No solamente han dirigido aurreskus los hombres, también las mujeres han bailado y homenajeado a los hombres con sus danzas. Así nos lo recuerda el historiador Zamácola. Actualmente destacaríamos la realizada en Lekeitio después de la Kaxarranka el día de San Pedro. Se ha incorporado a las fiestas de este día, pero tradicionalmente ha sido danza del día de San Juan con el nombre de "Eguzki Jaia", con todo el sentido ritual que contenía al ser bailado después de la primera misa por las mujeres de Lekeitio, repitiéndose al finalizar la misa mayor al mediodía y el rosario por la tarde. Comienzan la danza las muchachas, magníficamente ataviadas, con su hermoso rojo clavel en el pecho sobre el rico mantón. Bailan ante los hombres sacados al efecto y finalizan con un hermosa biribilketa. También las mujeres del pueblo durangués de Garay, si el ambiente les es propicio, se atreven a sacar el aurresku el día de Santa Ana, 26 de Julio. Como en todos los aurreskus también aquí encontramos a nuestro txistulari, instrumentista que en Bizkaia no ha dejado nunca de tocar las danzas tradicionales. Datos del s. XIX nos hablan de aurreskus de mujeres en Iurreta y Deusto, destacando en este último como figura importante de los actos del domingo de repetición, fiestas propias de los habitantes de Deusto, por motivos de visita de las autoridades bilbainas el mismo día de San Pedro.

Bizkaia ha conservado algunas danzas y comparsas de carnaval, aunque no muy espectaculares. Últimamente vienen produciéndose algunas recuperaciones y manifestaciones más preparadas, puesto que es mayor su permisividad. En Mundaka y Lekeitio son de destacar las canciones de los Atorrak o de la Estudiantina. En Gernika tenemos el juego del gallo enterrado y la cucaña de rueda. En Markina, algo más espectacular, sale una comparsa con la danza del pellejo y un oso con su acompañante por la mañana, siendo a la tarde el juego del ganso a caballo, tradición muy antigua. Todos ellos se realizan el domingo de Carnaval. En Ermua, en cambio, el juego del gallo enterrado es acto obligado de la fiesta del jueves gordo o lardero dedicada a los niños. También de niños son las cuestaciones que este mismo día se realizan en Iurreta y Gordexola. Otras poblaciones, como el mismo Bilbao, intentan animar estas fiestas con desfiles y concurso de canciones en recuerdo de las primitivas Comparsas que tanto arraigo tuvieron.

Más de 300 celebraciones brinda el calendario festivo de Bizkaia como evasión del trabajo o de la monotonía desesperante del paro. Y en ese espeso entramado de alegres celebraciones, apoyado en multiseculares patronazgos religiosos que a veces han cristianizado tradiciones aún más antiguas relacionadas con los ciclos de la Naturaleza, Bizkaia ha prendido entrañables expresiones lúdicas acuñadas durante siglos por un pueblo que, en traviesa expresión de Voltaire, "salta y danza sobre los riscos del Pirineo". Los deportes rurales, sublimación de las duras tareas agrícolas y ganaderas, tales como las pruebas de bueyes con arrastre de pesadas piedras (idi-probak), tala de árboles (aizkolariak), levantamiento de piedras (harrijasotzaileak) toro ensogado (eskamuturra), soka-tira, regatas de traineras, concursos de bertsolaris y alardes de dantzaris y aurreskularis... ya no son números exclusivos del baserri (aldea) o de los puertos pesqueros, sino que resultan obligados en los atiborrados programas de las grandes aglomeraciones urbanas al lado del último grito del jazz o del rock.

Jacinto Gómez Tejedor divide las fiestas patronales y religiosas en tres grandes ciclos:

1. Fiesta de invierno. Se inician con el Adviento y finalizan en la Semana Santa. Son las del período más crudo del año; cuando -como hace ver Caro Baroja- hay que expulsar los males de la localidad, o sea, combatir los agentes del mal. Tendríamos aquí a Santa Bárbara, mediadora contra las tormentas, o a San Antón, de los animales domésticos a los que preserva de todo mal, o a San Blas, protector contra los males de garganta.

2. Fiesta de Primavera. Dentro las fechas límite de la Cruz de mayo y la solsticial de San Juan. Época prometedora de ubérrimas cosechas, con los campos en sazón. Están aquí los "santos del maíz" (San Jorge y San Marcos) y San Isidro Labrador.

3. Fiestas veraniegas y otoñales. Enlazan el ciclo de invierno y están vinculadas a la cosecha y la recolección, por lo que se asocian a ferias y mercados. Nosotros seguimos aquí el orden del calendario, mes por mes, y así damos comienzo con el mes de enero.

Inaugura la catarata festiva con la Cabalgata de los Reyes Magos, la víspera de la Epifanía. Si los magos de Oriente se nos presentan en el Evangelio obsequiando al Niño Jesús con regalos tales como oro, incienso y mirra, es la ocasión de colmar los sueños y deseos infantiles sabiamente fomentados por los massmedia, con regalos previamente solicitados y que los buzones instalados por los grandes almacenes hacen llegar a su imaginario destino. La Cabalgata gana en vistosidad año tras año y hasta llega por nuestra bien poco transparente Ría con sus exóticas majestades (sobre todo el negro Baltasar que atrae preferentemente las miradas infantiles) y sus brillantes séquitos.

El 17 de enero, la popular devoción al Santo de los animales domésticos, San Antonio Abad, llevará a muchos cientos de peregrinos hasta el Santuario de Urkiola, donde al término de la celebración de la Misa llevarán los panes benditos de los que darán parte a los moradores de sus establos con el deseo de preservarlos de todo mal. Año hubo en el que las copiosas nevadas bloquearon los accesos al Santuario al que llegó un solo peregrino.

El 22 de enero, la fiesta del mártir San Vicente, titular de la iglesia matriz de Barakaldo, será ocasión de bullicio y regocijo en los aledaños de la parroquia, con alarde de danzas vascas, actuación de la Schola Cantorum que lleva su nombre, romerías, etc.

Y el 26, fiesta de San Policarpo, el Obispo mártir de Esmirna, celebra sus fiestas patronales Gautegiz de Arteaga. En 1856, en plena celebración popular, llegó la noticia de que las Juntas Generales de Gernika habían proclamado "Bizkaino originario" al hijo de Napoleón III y de Eugenia de Montijo, originaria del solar de Arteaga, lo que explica el bello anacronismo del castillo de estilo francés levantado por encargo de la pareja imperial sobre el solar de la Casa Torre de Arteaga.

El día 2, nos presenta a San Blas, Obispo y mártir, objeto de entusiasta devoción popular, particularmente en la iglesia de San Nicolás, del Arenal bilbaíno, que ese día revienta de miles de devotos que a lo largo del día pasan por el altar del santo para recibir su bendición sobre caramelos y cordones que aseguran su protección contra los males de garganta. Y Abadiño celebrará sus Sanblases, en plural, porque tienen su repetición al domingo siguiente. La gran feria agrícola de ganado y maquinaria se celebran los días 3, 4, y el domingo de repetición. Los idiprobak (parejas de bueyes con arrastre de piedras) y todos los festejos típicos del folklore vasco alegran la fiesta, de gran generosidad gastronómica y sin demasiada apoyatura religiosa. Pero febrero deja una huella especial en la víspera de Santa Agueda.

El 4 de febrero, desde las primeras horas de la tarde, docenas de coros (algunos auténticas corales) recorren las calles bilbaínas cantando en euskera las populares letrillas de la Santa, al son acompasado de sus recias makillas y obteniendo sustanciosos donativos que destinan a fines caritativos, terminando con el estentóreo "eup" como despedida. Los primitivos grupos de mozos, cuando en algún caserío no recibían respuesta positiva (chorizos, longanizas, queso, huevos, etc. para la merendola subsiguiente) cantaban satíricamente: "Goazen, goazen hemendik; hemen ez du xongorrik; etxe huntako gazitegian, saguak umeak egindik". (Vámonos de aquí, que aquí no hay tocino; en el saladero de esta casa el ratón ha hecho crías).

Sin duda que los Carnavales tienen mucha más riqueza folklorica autóctona en la montaña de la Navarra euskaldun (carnaval de Lanz, los "iñauteriak"), o en Iparralde (Zuberoa). Pero también en Mundaka se han conservado durante muchos años las viejas tradiciones de los "aratustes" (¿de aragi-uste, dejar la carne, o de aragi-ustel, carne podrida?) referencia universal a las carnestolendas, reflejadas en la "Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma", del jacarandoso Arcipreste de Hita. En Bilbao, las ingenuas caretas de cartón y los sencillos disfraces de la anteguerra, se han hipertrofiado hasta constituir un no pequeño ciclo de fiestas de invierno, que no siempre son un alarde de buen gusto.

Suelen enmarcar las celebraciones de la Semana Santa. Además de los desfiles procesionales de las Cofradías, encabezadas por las varias veces secular de la Vera Cruz, que ganan de año en año en vistosidad y riqueza artística de sus pasos, contemplado por muchos miles de espectadores, tienen un relieve especial las Pasiones vivientes de Arkotxa, Berango, Durango y sobre todo el famoso Vía Crucis de Balmaseda, el Viernes Santo, en el que participan con gran realismo y seriedad, cientos de vecinos que han ensayado a lo largo del año y concitan la asistencia de muchos millares de visitantes.

Santurtzi celebra su patronal el 23 de este mes, San Jorge, al cual quizá deba su nombre a transformaciones sucesivas, desde Sant Yurdi, Santurye, Santurtzi... ¿Quizá importación inglesa por la antiquísima relación de los pescadores santurzanos con la lejana Albión? El tímpano románico de su iglesia (hoy en el museo histórico) fija ya en el siglo XII esta advocación que no tiene réplica en Bizkaia.

Y Gatika se mueve en torno a la fiesta de San Marcos, el 25 de abril, con famosísimos idi-probak y todos los elementos del folklore vasco ante el imponente castillo de Butron. San Marcos y San Jorge, los "santos del maíz" a los que hace referencia el viejo refrán: "San Yurdi artoak ereiteko goizegi, San Markos artoak ereida ba egoz!" ("San Yurge demasiado temprano para sembrar el maíz; San Markos, si estuvieran ya sembrados los maíces..."). Una fiesta sin santo: el Cornites. Tal es la subida multitudinaria en romería al monte Serantes, en Santurtzi, el Lunes de Pascua. El Cornites no es santo alguno, es ¡un bollo! con un huevo y un trozo de chorizo en su interior preparado por el panadero. Varios miles de bollos (llamados "cornites" por su pequeña protuberancia en forma de cuerno) son comidos por los romeros alegrados por los sones del txistu en su penosa ascensión al monte.

Tras las múltiples fiestas dedicadas a la Cruz de Mayo irrumpen con fuerza los "ochomayos" en la única ciudad del Señorío, Orduña, que discurren entre el 8 y el 15 de mayo. Vieja y entrañable tradición la vinculada a la Virgen de la Antigua, aparecida sobre una morera. La Cofradía de la Antigua data de 1364. El actual ayuntamiento guarda con orgullo en su Archivo el acuerdo municipal de 1639 por el que, "proveyeron e mandaron que el domingo que viene, ocho de este presente mes y año, se prevengan fiestas de toros, máscaras e invenciones de fuego de los milagros de Nuestra Señora de Orduña, la Antigua". Todo esto sigue reproduciéndose hoy... y ferias que duran hasta San Isidro, "presididas por la réplica mariana del monumento del Txarlazo, atento vigía que vela por los orduñeses y por toda Bizkaia que se extiende a sus pies y se pierde en el horizonte" (Gómez Tejedor).

Pero la fiesta que siembra la alegría en el agro bizkaino es sin duda la fiesta de San Isidro Labrador el 15 de mayo. Abadiño, Arcentales, Carranza, Zeanuri, Fruiz y Errigoiti comparten la alegría y jolgorio en tal día. En Abadiño, la fiesta de San Isidro coincide con la del Patrón de la anteiglesia, el mártir y Obispo San Torcuato, trastocado en el habla popular en el vigoroso San Torkaz. Abadiano celebra el día con la consiguiente Misa Mayor, aurresku de honor, alarde de danzas vascas, romerías, partidos de pelota, etc. Errigoiti, Fruiz y Zeanuri señalan ese día con las popularísimas idi-probak a los que ya hemos hecho mención en varias ocasiones. Las más famosas son sin duda las de Zeanuri, en posesión del mejor probadero de Euskal Herria, que atrae un enorme gentío no sólo de Bizkaia sino de las provincias vecinas. Para Carranza, ese día es de los grandes del año. No faltarán demostraciones de deporte rural, alegres romerías y buen yantar en las cocinas carranzanas, que compensa, siquiera sea mínimamente, la dura brega de todo el año con el campo y el ganado.

Contiene tres fiestas verdaderamente estelares, celebradas en múltiples lugares de la geografía bizkaina: San Antonio de Padua el 13, San Juan Bautista, el 24 y San Pedro, el 29

Ocho poblaciones, Durango, Abadiño, Urkiola, Abanto (Gallarta), Etxebarri, Mallabia, Errigoiti, Sopuerta, Carranza (en la Kalera) y Bilbao (en el barrio de Atxuri), celebran alegremente la fiesta de San Antonio de Padua, el frailecito franciscano lisboeta que murió en Padua dejando un reguero interminable de milagros y convirtiéndose en el santo más popular de la cristiandad. De entre todas las celebraciones destaca la del Santuario de Urkiola, el Santuario de los Santos Antonios, San Antonio Abad y San Antonio de Padua. "San Antonio de Padua es un santo universalmente conocido. Por todo el mundo se ven imágenes suyas y difícilmente se encontrará un templo donde no esté presente. Pero Urkiola es un Santuario en el País Vasco. Su fiesta suele congregar grandes multitudes. He conocido personas que llevan viniendo ese día ininterrumpidamente durante 45 años. Viene gente de todo el País Vasco, siendo mayoría el 13 los guipuzcoanos, y al domingo siguiente, los bizkainos. Últimamente acuden más alaveses que hace unos años y no es tan infrecuente encontrarse con navarros..." (Joseba Legarza, Párroco de Urkiola).

La noche del 23, víspera de San Juan Bautista va a encender las hogueras de San Juan prácticamente en todo el hábitat vizcaíno, costumbre que enlaza con la celebración prehistórica del solsticio de verano. En Mundaka pervivía una antigua costumbre; un pintoresco cortejo, sobre todo de chavales que pasean un monigote con figura de sorgiñe (bruja), con su mochuelo y gato incluido hasta la Atalaya entre aurreskus y sorgiñ-dantzak, acabando con la quema del muñeco en una gran fogata. Años ha, se acompañaba con una copla: "Gure kalian sorgiñak ez, ba dagoz erre bitez" (En nuestra calle bruja no, si las hay, hay que quemarlas). Bakio, Barrika, y Bermeo, con su romería al islote de San Juan de Gaztelugatxe, Ea, Garai (con su espatadantza exclusiva y típica) Leioa, Mallabia, Mañaria, Markina (con alardes de pelota, deporte rural, torneos de bertsolaris, etc.) Metxikas, Ugarte, Ubide, Zalla, Bedia (con su concurso gastronómico de morcillas de caserío y frutas y hortalizas) cierran el amplio elenco de localidades festivaleras de San Juan.

¿Y San Pedro? Amorebieta-Zornotza, Arrankudiaga, Arrigorriaga, Barriatua, Berri, Pando (en Karrantza), Bermeo (con alardes de folklores vascos, regatas de traineras, romerías) Dima, Elantxobe, Fika, Frunitz, Gueñes (La Kuadra), Goikuria... De entre todos estos lugares destaca la bellísima villa de Lekeitio, fundada en 1325 por Doña María Díaz de Haro, orgullosa de su espléndida Basílica gótica de Santa María. Sobre el frontispicio de su Ayuntamiento dieciochesco, la orgullosa divisa: "Reges debelavit, horrenda cete subiecit, terra marique potens Lekeitio". (Venció a reyes sometió a horrendos monstruos marinos, por tierra y por mar poderosa Lekeitio). Es un auténtico privilegio poder estar en Lekeitio el día de San Pedro, celebrado solemnemente por la Cofradía de Pescadores que lo tienen por Patrón. No es lo mismo presenciar la danza de la Kaixarranka en un alarde de danzas en cualquier plaza o sobre el tablado de un escenario, que en el marco originario de la villa lekeitiarra. Su pista se pierde en el siglo XVI, o seguramente en siglos más remotos. Hacia 1545, el dantzari sobre el arca de madera oscura, vestía desenfadadamente capa pluvial, mitra y todos los atributos pontificales, llevando en las manos gruesas llaves doradas, un San Pedro con todas las de la ley... Tras larga polémica con las autoridades eclesiásticas por lo que se consideraba irreverente, el Obispo Lepe zanjó la cuestión cambiando la indumentaria litúrgica por un traje de ceremonia: frack, pantalón blanco, pañuelo rojo al cuello y faja roja, sombrero de copa en la mano y un pendón con las llaves petrinas en su derecha, con los pies en calcetines blancos para poder evolucionar sobre el arca. Tres veces ejecuta el hábil dantzari la Kaixarranka: ante la hornacina de San Pedro, ante la casa del Presidente del Posito de Pescadores y ante el Ayuntamiento. Mungia, Santurtzi (barrio de Kabiezes) y Sestao, celebran brillantemente su San Pedro como fiesta patronal. Especial relieve tienen las fiestas patronales de Sestao, con un largo y cuajado programa festero en el que abundan los alardes de danzas vascas, actuaciones del afamado Orfeón de Sestao, exhibiciones deportivas de toda laya, la espectacular bajada de Simondrogas, etc.

El día 4, San Valentín Berriotxoa, segundo Patrón de Bizkaia, hijo de Elorrio, en cuya basílica de la Concepción descansan sus restos en suntuoso altar de exótico orientalismo. Celebración exclusivamente religiosa.

El 10, San Cristóbal, será celebrado en Portugalete, Repélaga, Bakio, Berritz, Erandio, Forua, Arrieta, Gerrikaitz, Lumo, Mendata, Mendexa, Nabarniz, Igorre y Iurreta, con la consiguiente bendición de "pos-pos".

El 16, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, patrona de los marineros, se celebra en Zornotza y Barakaldo (fiestas patronales) pero sobre todo es motivo de una explosión de regocijo popular en los puertos pesqueros con sus correspondientes procesiones marítimas, especialmente en Santurtzi, desde el anochecer del día 10 hasta el 19 con profusión de atracciones festivaleras. En frase acuñada de Rubio Ardanaz: "Sin la mar no habría Virgen del Carmen, sin Virgen del Carmen no habría procesión y sin procesión no habría fiesta. Santurtzi no sería lo mismo sin las fiestas del Carmen".

Santa Marina pone en pie de fiesta el día 18 al pequeño pueblo de Amoroto, al barrio de Akorda en Ibarrengelua y principalmente a la villa ferrona de Otxandio, con su espléndida iglesia dedicada a la Santa (partidos de pelota, alardes de danzas vascas y romería que terminará con el canto multitudinario del "Agur Santa Mariña".

El 22 la Magdalena, fiestas de Arrigorriaga, Gatika (con el sabroso "sukalki", Gueñes, Plentzia, la bella villa veraniega (pasacalles, cabezudos, conciertos, pruebas deportivas por tierra y por mar, juegos infantiles... La Arboleda (Trapagaran) y sobre todo Bermeo. Las Madalenas de Bermeo recuerdan la toma de posesión de la isla de Izaro, frente a los vecinos de Mundaka, y no en acción guerrera, sino como fruto de una regata en 1719, la primera de que hay constancia histórica según Gómez Tejedor. Pintoresca por demás la conmemoración, con la procesión cívico-marítima de las autoridades bermiotarras, que, después de tomar simbólicamente posesión del islote arrojando la teja al mar, se prolonga hasta Elantxobe y Mundaka, terminando en alegre romería.

25 de julio, Patrono de Bilbao, que lo celebra únicamente dentro de los muros de su Catedral dedicada al santo apóstol, pero festejada en muchos hitos del Camino de Santiago, tales como Berango, Busturia, Carranza (Lanzas Agudas), Ermua (día de los aitonas y de las amonas), Garay, patria chica de los Zubiaurre (con sus dos danzas exclusivas de Garay, la "Ikurridantza" -danza de la bandera- y el Gernikako Arbola, interpretadas en la procesión ante la imagen del Santo) Gorliz, Kortezubi, Ispaster, Morga, Portugalete y ¡cómo no!, Sestao, en donde la numerosa colonia gallega echa materialmente la casa por la ventana. El 31 de julio, San Ignacio de Loyola, Patron de Bizkaia tampoco es celebrado señaladamente en Bilbao, salvo la Misa solemne en la Catedral, a no ser en el barrio deustoarra de San Ignacio. Sí abundan en alegres festejos, Getxo (en su barrio de Neguri), Portugalete y Sestao.

Se estrena el día primero en Elorrio con los sones alegres del txistu y tamboril en torno a la necrópolis de Argiñeta (siglo IX) y su ermita de San Adrián, con motivo de la festividad de San Pedro ad Víncula, que también celebra Mendexa.

Y el día 2, Zalla nos sorprende con la pintoresca romería de San Pedro Zarikete, junto a la ermita del mismo nombre (ante la que, muchos años ha, se llevaba a los que creían "posesos" para ser liberados) con festejos sobre todo infantiles, ya que los niños son presentados ese día al Santo para recibir la bendición que aleje de ellos todo mal presente o posible. Iratzagorria (Gordexola) y Karrantza (San Esteban), trasladan la fiesta del protomártir, de los rigores climáticos navideños a la benignidad veraniega de agosto.

El 10 de Agosto, San Lorenzo, motiva el regocijo popular de Ermua, Maruri, Orozko, Urigoiti, Zaratamo. con abundantes festejos de folklore vasco, deporte rural y buenas muestras gastronómicas.

Pero la cumbre de las fiestas agosteñas es el día 15, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, la Virgen de Agosto, celebrada nada menos que por 25 localidades de Bizkaia. Zornotza, Gernika (que celebra esplendorosamente sus fiestas patronales y de un modo particular sus Sanroques ) Bakio, Busturia, Zeanuri, Durango, Getxo, Larrabetzu, Lemoiz, Mallabia, Mañaria, Markina, Morga, Muxika, Mundaka, Muskiz, Ondarroa, (fiestas patronales de la Virgen de la Antigua: regatas de traineras, regatas de bateles, pelota a mano, soka-muturra, concurso de marmitako, concurso de bertsolaris, aurresku de honor y exhibición de danzas vascas, carreras de bicis, fuegos artificiales, interminable romería...). Portugalete celebra también sus fiestas patronales con programa apretado en el que nunca falta la "bajada" de San Roque, desde la ermita del Santo, en la parte alta, hasta la orilla de la Ría, y también hay alegría popular en Sopuerta, Atxondo, Balmaseda, Igorre... y Bilbao. El 15 de agosto reina en Bilbao sin competición posible la Virgen de Begoña. Desde la madrugada afluyen al Santuario del Artagan millares de romeros que a pie, y en muchos casos descalzos, vienen desde la margen izquierda del Nervión, desde los pueblos del Txori Erri, de Basauri, de Galdakao y por supuesto, de Bilbao... y a partir de entonces (las cuatro y media de la mañana) se suceden sin interrupción las Misas colmadas de fieles que desbordan las puertas hasta que se cierran pasadas las nueve de la noche. Decenas de miles de personas, más de 30.000 comuniones, fervor espeso. Fuera, en la explanada, puestos y más puestos de rosquillas, de recuerdos marianos, de suculentos bocadillos... Después de la Misa solemne de las 12, el Obispo y la Corporación municipal contemplarán el aurresku de honor y el alarde de danzas... Al día siguiente, San Roque, en las ermitas de Artxanda y del Pagasarri, recibirá el voto de gratitud de Bilbao, con sus autoridades, por la decisiva protección del santo a las pestes decimonónicas. Y ya puede comenzar y desarrollarse la aste nagusia, las fiestas mayores de Bilbao en las que no falta nada: corridas de toros, temporada extraordinaria de teatro con múltiples compañías, conciertos en la Catedral y en otros foros de la Orquesta Sinfónica, de la Coral, exhibiciones deportivas de toda laya, sokamuturrak en el Arenal, con sus txoznas, traineras en la Ría, fuegos artificiales y un largo etc. sin faltar los Gigantes y el Gargantúa.

El día 17, San Mamés (Santi Mami) en Leioa y en la ermita próxima a las cuevas de Santimamiñe, santuario del paleolítico vasco.

Todavía San Bartolomé, el 24, motivará el regocijo popular de Alonsotegi, Areatza (Villaro), Ugao-Miravalles, Carranza (Aldeacueva)... y el 28 la Degollación de San Juan Bautista en Bakio (San Juan de Gaztelugatxe), para cerrar el mes en Sestao con Santa Rosa de Lima.

Ofrece otra vez el bello escenario de Lekeitio con la atracción de sus fiestas patronales de San Antolín, que alcanzan su punto álgido en la "Antzar-Eguna", espectacular número del puerto pesquero. El ganso muerto, colgado de una cuerda tensa a la que se acercan los mozos en chalupas o motoras afanosos por atraparlo. La cuerda se distiende cuando un mozo agarra al ganso y los chapuzones se suceden entre el jaleo popular hasta que un vencedor logra mantenerse con el trofeo plumífero en sus manos.Barakaldo (Iraurgi) Arcentales, Zeberio, Gamitz, Gautegiz, Arteaga y Orozko celebran también festivamente al santo ermitaño. Y Plentzia, "la gallarda", celebra sus fiestas patronales. Cuadrillas de mozos vestidos de azul marino y acompañados de txistus, bajan desde la ermita de Andra Mari de Aguirre, en Gorliz, la imagen del Santo hasta la iglesia parroquial. Tamborrada, "zezensusko" (toro de fuego) concurso de marmitako, pelota, juegos infantiles, concurso avícola comarcal...

Pero sobre todo otra fiesta destaca la Virgen de septiembre, la Natividad de Nuestra Señora, el día 8: es el día grande de Bermeo. Los vaporcillos pesqueros vuelven a puerto desde los más lejanos mares, porque a esa fiesta, no se puede faltar. Comienzan las fiestas en el alto de Alboniga, en el santuario de Nuestra Señora. Nada falta en las fiestas bermeanas: suculento sukalki, gran concurso de idi-probak, deportes rurales, sokamuturra, concurso de bertsolaris, zezensuzko, harrijasotzailleak (levantadores de piedra), regata Villa de Bermeo, etc.

Artea, Burtzeña, Elorrio, Izurtza, Lemoa, Ugao-Miravalles (la Virgen de Udiarraga, con el popular final gastronómico de la olla gigante de cuyo sabroso guisote participan los romeros), Muzquiz, Lezama, Santurtzi< (Mamariga, la Virgen del Mar) y en Carranza, el 18, la Virgen del Suceso, que preside desde lo alto el paisaje carranzano, con corrida de toros. Y septiembre cierra el mes con la fiesta de San Miguel, con festivales en numerosos pueblos bizkainos.

Inicia ya el declinar del ímpetu festivo. Destaca el primer domingo de mes con la celebración de la fiesta del Rosario en Elorrio, con la pintoresca nota de los "errebombillos", que según quiere la tradición se remonta nada menos que a un grupo de voluntarios de la batalla de Lepanto. Y Basauri, en Ariz, el día 13, celebra clamorosamente a San Fausto, cuyo cuerpo momificado se conserva en Bujanda (Alava). San Severino, patrón de Balmaseda, cierra el magro mes de octubre.

Con climatología casi siempre adversa, nos reserva sin embargo la fiesta de San Martín, en torno a la matanza del cerdo, las txerribodas. De entre los numerosos pueblos del agro vizcaíno que lo celebran, destaca Arrieta. Y el día 30, San Andrés, si el tiempo lo permite, también es celebrado en no pocos puntos de nuestra geografía.

Poco da de si diciembre con sus rigores invernales. El día 6, San Nicolás, patrón de los pescadores, es celebrado en Elantxobe, Getxo, Algorta, Gordexola y Muzquiz y el día 21, la que fue fiesta de Santo Tomás Apóstol hasta la última reforma del calendario litúrgico, sigue celebrando el célebre mercado de Santo Tomás en la Plaza Nueva bilbaína, en la que no se puede materialmente dar un paso entre tantos y tan tentadores puestos con los mejores productos del agro vizcaíno. Los cantos del Olentzero, tradición importada del Goierri guipuzcoano, y las ruidosas jaranas del Gabon-Zar, clausurarán el año festivo de Bizkaia.

ADO

Tras diversas vicisitudes, Bizkaia, salvo las Encartaciones, perteneció al obispado de Calahorra desde 1109 en que el Papa Pascual II dictó la anexión de este territorio, junto con el de Álava, a la diócesis calagurritana. Tanto en Álava como en Bizkaia esta anexión no fue aprobada, lo cual dio lugar a que, hasta bien entrado el siglo XVI, el obispo de Calahorra (desde 1221 de Calahorra y La Calzada) no fuera admitido en el Señorío, hasta que una concordia celebrada en 1545 pusiera fin a la situación. Por su parte, las Encartaciones pertenecieron a la diócesis de Burgos y, desde 1750, a la de Santander.

En el siglo XIX esta situación cambia cuando se crea, entre 1861 y 1862, el Obispado de Vitoria que abarcó exclusivamente a Álava, Gipuzkoa y Bizkaia salvo Trucios, Treviño y las Encartaciones.

Tras la guerra de 1936-1939, en virtud de la bula "Quo Commodius" del 2 de noviembre de 1949 ejecutada en 1950, la diócesis se desmembró constituyéndose las de San Sebastián (150 parroquias), Vizcaya (211 parroquias) y Vitoria (400 parroquias). Esta última abarcó el Condado de Treviño y el municipio vizcaíno de Orduña. En la actualidad abarca el territorio vizcaíno, salvo Orduña, y el municipio de Villaverde de Trucios (Comunidad de Cantabria).

Existen 7 vicarías territoriales y cuatro vicarios episcopales. Las vicarías se subdividen en 35 arciprestazgos y éstos en 299 parroquias más 24 anejas a ellas. Dependen de esta diócesis 481 sacerdotes, 48 de los cuales no ejercen en la misma. Residen, sin embargo, 23 sacerdotes extradiocesanos y 20 del Opus Dei.

Las congregaciones femeninas que recoge la Guía del Obispado son: Agustinas de Santa Mónica, Agustinas Recoletas, Carmelitas descalzas, Capuchinas, Concepcionistas franciscanas, Clarisas franciscanas, Dominicas, Mercedarias, Salesas, Hijas de la Cruz, Hijas de la Caridad, Siervas de Jesús de la Caridad, Congregación del Sagrado corazón, Carmelitas de la Caridad, Hermanitas de los Pobres, Religiosas de María Inmaculada, Sagrada Familia de Burdeos, Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Santos Angeles Custodios, Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, Siervas de María y Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús.

En cuanto a congregaciones maculinas las órdenes más antiguas son:

Franciscanos. Primer convento en Bermeo (1357). Fundan en 1475 el convento de San Francisco de Bilbao.

Mercedarios. Primer convento en Burceña, en 1384.

Carmelitas. Establecidos en Bilbao (1618), en Markina (1691) y Sestao (1719).

Jesuitas. Revisten, por su especial influencia, un peso destacado en el territorio vizcaíno. Sin embargo su implantación es tardía aunque ya lo hicieran en 1604 en Bilbao (Colegio de San Andrés) y en 1682 en Orduña. En el decenio absolutista (1823-1833), tras la derogación de las expulsiones de 1767 y de 1820-1823, se inicia la verdadera penetración jesuítica en Bizkaia con la apertura de establecimientos en Bilbao (Santos Juanes), Gernika, Arrazua, Mundaka, Areatza (Villaro), Orduña y Durango y las misiones dirigidas desde Loyola. Bizkaia, junto con Álava, perteneció a la provincia jesuítica de Castilla Occidental. La Revolución de 1868 cortó la expansión que se reanudó con fuerza con el restablecimiento de 1880. La influencia sobre la clase dirigente vizcaína comenzó a ser enorme. El Colegio de Orduña, implantado al calor de la libertad de enseñanza de dicha Revolución, núcleo antiliberal tradicionalista dotado de internado, se convirtió en uno de los centros más prestigiosos de Vasconia no tanto por el contenido científico de sus enseñanzas como por la sólida formación católica que se imparte en sus aulas. En él se formaron los hermanos Arana Goiri, fundadores del nacionalismo vasco, pero también parte importante del patriciado monárquico que rigió los destinos de la provincia. Un jesuita navarro, Francisco de Sales Muruzabal, fue el director espiritual de Rafaela de Ybarra, fundadora de los Ángeles Custodios. Los Moyúa. Vilallonga, Iturriza, Ybarra, Chalbaud, Sota, etc. se hallan en los orígenes de la Universidad de Deusto (1883), a la que se añade la Universidad Comercial (1916), único centro universitario de Euskal Herria hasta la eclosión universitaria del último tercio del siglo XX. A estos dos centros hay que añadir el externado de Indautxu (1921), la iglesia de Bilbao con 250.000 comuniones en 1915, congregaciones como la de los Estanislaos del P. Basterra, la Congregación de la Buena Muerte y la importante publicación El Mensajero del Corazón de Jesús dirigido por la Compañía desde 1883 (14.000 ej. en 1915). Tras la expulsión de 1932, en 1962 se constituyó la provincia de Loyola con las provincias vascongadas y Navarra.

En 1529 se establecen los dominicos, en 1888 los pasionistas, en 1882 los claretianos, en 1885 los Hermnos de La Salle, en 1893 los escolapios, en 1897 los salesianos.

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