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Bilbao. Arte

Artículo principal Bilbao.

Desde que la villa de Bilbao fuera fundada en el año 1300 por Don Diego López de Haro, el devenir de los diferentes estilos y movimientos artísticos fue dejando su huella en manifestaciones de interés. Pese a que no todas ellas han perdurado hasta época contemporánea, muchos son los ejemplos que atestiguan la llegada y el desarrollo de diferentes lenguajes y formas de concebir la creación artística, tanto en el ámbito sacro como en el profano.

En el ámbito de la arquitectura, la huella de la Edad Media se puede apreciar en varios ejemplos. El más antiguo es la Catedral de Santiago, edificio que se asienta sobre los restos de un primitivo templo erigido con anterioridad a la fundación de la villa. Fue a partir del último cuarto del siglo XIV cuando se acometieron las obras de construcción del actual templo, que nació como una parroquia de villa a la que se otorgó el rango de basílica en 1819 y el de catedral en 1949. Construida en estilo gótico, consta de tres naves, crucero, girola y un claustro que data de comienzos del siglo XVI al que se accede por la llamada Puerta del Ángel. Tras numerosas intervenciones su fachada fue sustituida por la actual, proyectada por Severino de Achúcarro en estilo neogótico y finalizada en 1891. Posee también notables ejemplos escultóricos como el sepulcro tardo-gótico de los Arbieto (1504), o el de Diego Pérez de Fuica de mediados del siglo XVI, así como algunas tallas policromadas entre las que destaca un San Antón de fines del siglo XV y ejemplos barrocos como una Piedad (1642) o una Inmaculada Concepción de Francisco de Arizmendi (c.1783). Requieren asimismo una mención especial su sagrario del siglo XV, procedente de la iglesia de San Pedro de Mendexa y el Cristo del Amor (1543) obra de Guiot de Beaugrant.

Santiago

Pórtico de Santiago. Grabado de 1849

La primitiva iglesia de San Antón fue consagrada en 1433 y su construcción se llevó a cabo sobre los restos de un alcázar construido en 1334. En 1478 se proyectó la reforma y ampliación que dio lugar al actual templo gótico de tres naves y cabecera recta. Destacan en su interior las imágenes de la Virgen de la Piedad, atribuida a Juan de Beaugrant (1540), las de San Pedro, San Pablo y los relieves del Lavatorio de los Pies y la Última Cena, obra de Esteban de Velasco (1593). Esta últimas pertenecieron al desaparecido retablo proyectado por Martín Ruiz de Zubiate, y ocupan el muro del presbiterio junto a las pinturas que el artista bilbaíno Iñaki García Ergüin realizó en 2003. En el exterior sobresalen la torre barroca proyectada por Juan de Iturburu en 1774 y la portada renacentista obra de Juan de Garita (1544) decorada a base de grutescos, motivos vegetales y cabezas de ángeles. Sobre ella se sitúa la tribuna desde la que los miembros de la corporación municipal asistían a los actos que se celebraban en la Plaza Vieja. De hecho, el entorno de San Antón fue durante siglos el foco de la vida política, social y comercial de la Villa, pues allí estuvieron ubicados el Ayuntamiento, la sede del Consulado del Mar y el puerto.

Iglesia de San Antón

Iglesia de San Antón

La Basílica de Begoña es otro interesante ejemplo del gótico tardío. Su construcción se inició a comienzos del siglo XVI, según traza del cantero Sancho Martínez de Arego, quien proyectó un edificio de tres naves y seis tramos. En su interior destacan la ausencia de triforio, debido a la escasa diferencia de altura entre la nave central y las laterales, así como la intrincada red decorativa presente en las bóvedas que cubren el templo. Cuenta además con una portada renacentista en forma de arco de triunfo y una torre proyectada por José María Basterra en 1901. Sobresalen también la popular talla policromada de la Virgen de Begoña del siglo XIV, un sagrario gótico procedente de la iglesia de Nabarniz, así como una Coronación de la Virgen de Begoña pintada por José Echenagusia a finales del siglo XIX.

A lo largo de su historia, Bilbao fue una villa que contó con numerosos conventos. Uno de los ejemplos más notables de esta tipología, lo constituye el Convento de La Encarnación. La iglesia fue concebida a comienzos del siglo XVI con una sola nave y capillas laterales, pero una reforma de mediados del siglo XX alteró radicalmente su distribución cuando se eliminaron las paredes que separaban las capillas y éstas fueron transformadas en naves laterales. Su gran fachada, atribuida a Fray Martín de Santiago, posee una portada renacentista en forma de arco de triunfo, así como un relieve de la Anunciación y un campanil de finales del siglo XVII, elementos que fueron realizados bajo la dirección del arquitecto Martín de Zaldúa. Sobresale además el claustro del convento, hoy sede del Museo Diocesano de Arte Sacro de Bizkaia, institución de referencia en lo que al arte sacro de la provincia se refiere.

Convento de la Encarnación

Convento de la Encarnación

La iglesia de San Pedro de Deusto es otro claro ejemplo del gótico tardío cuya traza data del primer tercio del siglo XVI. Consta de tres tramos, siendo el de la cabecera el más amplio, un coro proyectado por Antonio de la Vega en 1731, una torre obra de Martín de Larrea de 1744 y una sacristía que Luis Abaunza labró en 1769. Su retablo mayor constituye un notable ejemplo de escultura romanista, en el que con un lenguaje claramente miguelangelesco varias tallas y relieves narran la historia de San Pedro. Fue obra de los maestros Martín de Basabe y Martín Ruiz de Zubiate. Destacan además otros dos retablos de menor tamaño atribuidos al taller de los Beaugrant y dedicados a San Nicolás de Bari y Santa Catalina.

La construcción del templo de San Vicente de Abando comenzó a mediados del siglo XVI y se prolongó hasta bien entrado el XVII. Esta iglesia columnaria o "hallenkirche", con sus características tres naves de igual altura, consta de cinco tramos y bóvedas de crucería que apoyan en ocho gruesas columnas. El resultado fue un espacio interior muy diáfano y unitario, que rompe con la habitual fragmentación espacial de los templos góticos de siglos anteriores. En el exterior destaca su portada elaborada por la cuadrilla del cantero Juan de la Peña (1556), así como la espadaña que remata la fachada, proyectada por José María Basterra (1894). Sobresalen también, el retablo neoclásico cuya traza fue realizada por Juan Blas de Ormaeche (1860), así como varias tallas contemporáneas, obra de Julio Beobide e Higinio de Basterra.

San vicente de Abando

San vicente de Abando

La parroquia de los Santos Juanes debe su advocación a un desaparecido templo del mismo nombre que en origen estuvo ubicado en la Plaza de los Santos Juanes. Concebido como el colegio e iglesia jesuita de San Andrés, le fue otorgada su actual advocación tras la expulsión de esta orden de España en 1767. Los Santos Juanes fue proyectada en 1617 y su construcción se dilató hasta el último tercio del siglo XVII. Consta de planta de cruz latina de tres tramos y capillas laterales, cubiertas a base de bóvedas de cañón y un crucero rematado por una cúpula sobre pechinas. De su mobiliario destacan el retablo mayor de estilo churrigueresco realizado entre 1683 y 1689, algunas tallas pertenecientes a la Cofradía de la Vera Cruz como el Santo Cristo de mediados del siglo XVI atribuido a Juan de Beaugrant, una escultura de San Luis Gonzaga probablemente realizada en el siglo XVIII por Luis Salvador Carmona, así como un Cristo crucificado (c.1555) realizado en el taller de los Beaugrant.

El emblemático templo de San Nicolás de Bari, es otro de los ejemplos que muestran el desarrollo del barroco en Bilbao. Pese a que en su ubicación se ha documentado la presencia de templos desde la Edad Media, la actual parroquia fue proyectada tras la demolición de un edificio anterior en 1740. Así, en 1743 comenzó su construcción según traza del arquitecto Ignacio de Íbero, a la sazón director de obras de la basílica de San Ignacio de Loyola en Azpeitia. En 1756 se celebró la primera misa en este edificio que consta de una planta centralizada en la que se entremezclan la forma de cruz griega y el octógono sobre el que descansa la cúpula. Su fachada, ligeramente modificada por el arquitecto José María Basterra y el escultor modernista Josep Llimona a finales del siglo XIX, está conformada por dos torres laterales y un cuerpo central, hecho que le confiere cierta función de fachada telón, pues tiende a ocultar el planteamiento centralizado de su interior. De entre su mobiliario, destacan varios de sus retablos rococó diseñados por el maestro Diego Martínez de Arce, e imágenes como las del titular del templo, San Nicolás, las de San Crispín y Crispiniano o la Piedad (c.1755) realizada por Juan Pascual de Mena.

En el ámbito de la escultura de época moderna sobresalen algunos pasos procesionales como el del Cristo de la Villa (1615) obra de Juan de Mesa, el de Nuestra Señora de la Soledad (1693), El Prendimiento (1705) y el de La Cruz a cuestas (1717), realizados todos ellos por Pascual Capuz, el de La Coronación de espinas (1745) de Manuel Romero o el de Nuestra Señora de la Piedad (1756), obra de Juan Pascual de Mena.

San Nicolás de Bari

San Nicolás de Bari

Pese a que el lenguaje neoclásico quedó plasmado en algunos de los proyectos que se gestaron en la villa en la primera mitad del siglo XIX, lo cierto es que los más representativos ligados al ámbito religioso han desaparecido. Estos fueron el cementerio de San Francisco (1822) proyectado por Agustín Humaran y el cementerio de Mallona (1828-1830), obra de Juan Bautista de Belaunzarán, cuya huella podemos observar en algunos elementos conservados como su portada.

El crecimiento de Bilbao derivado de las anexiones de las anteiglesias circundantes de Abando, Begoña y Deusto, en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, propició la construcción de templos de nueva planta. Tal es el caso de algunos ejemplos que en clave neogótica se llevaron a cabo en las postrimerías del siglo XIX, como la iglesia de San Francisco de Asís o Quinta Parroquia (1890-1908), proyectada por Luis Landecho. Este arquitecto, fiel seguidor de las ideas de Viollet-Le-Duc, creó un edificio que tomó como referencia algunos ejemplos del gótico francés del siglo XIV. El conjunto posee el clásico planteamiento de iglesia de tres naves escalonadas y ábside poligonal, con una potente fachada rematada por dos torres que le otorga una fuerte presencia en el ensanche. Sobresalen en su interior el púlpito y las vidrieras realizadas en 1908 por la casa de Munich Real Establecimiento de Baviera.

San Francisco de Asís

San Francisco de Asís

La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús o Residencia de la Compañía de Jesús, fue proyectada por José María Basterra y construida entre 1889 y 1894. Este templo neogótico destaca por el contraste cromático logrado por el uso del ladrillo y la piedra caliza, aspecto que otorga una impronta muy particular a su exterior. El mencionado contraste es otro de los factores que dominan el interior de esta iglesia de tres naves y ábside semicircular, pues se halla profusamente decorada con motivos geométricos y vegetales a base de vivos colores y dorados. Tanto en el interior como en la labra de la piedra, participaron escultores como Vicente Larrea Aldama, José María Garros y el cantero Juan de Ajuria.

La iglesia de San Felicísimo de Deusto fue una de las últimas obras del arquitecto Pedro Ispizua. Proyectado en 1955, la construcción de este edificio de lenguaje expresionista se dilató hasta 1966. Sobresale por la potente presencia de su portada, así como por el uso del hormigón armado que permitió la creación de un espacio interior tan diáfano como monumental. Asimismo cabe mencionar la iglesia de Nuestra señora de El Carmen de Indautxu, proyectada en 1967 por Francisco Javier Ortega, un edificio cuya novedad radicó en aspectos como el tratamiento del espacio interior o el uso de piezas prefabricadas para su construcción.

La escultura religiosa contemporánea tuvo numerosos representantes en Bilbao. Tal es el caso de creadores como Bernabé de Garamendi, Manuel Basterra, Serafín Basterra, Higinio Basterra, el taller Basterra-Larrea, Nemesio Mogrobejo, Valentín Dueñas, Enrique Barros, Moisés de Huerta, Quintín de Torre o Joaquín Lucarini. Mucha de esta producción sacra puede verse en el cementerio de Bilbao (1896-1901), proyectado por Edesio Garamendi y Enrique Epalza, además de en los fondos del Museo de Bellas Artes de Bilbao y del Museo Diocesano. Por otro lado, a lo largo del siglo XX fueron varios los escultores que realizaron pasos procesionales para diferentes cofradías de la villa. Quintín de Torre fue, sin lugar a dudas, el más prolífico de ellos. Suyos son los pasos de La oración en el huerto (1924), El descendimiento (1926), Las tres cruces (1945) o la Virgen de los Dolores. Destacan además otros como el de La última cena (1943) de Juan Guraya, el teatral Ecce Homo (1944) y el de Los azotes, ambos de Ricardo Iñurria, el del Cristo yacente (1944) de Higinio de Basterra, el de San Juan (1944) de José Larrea, el de Jesús ante Anas (1945) de José María Garrós, o el de Nuestro Padre Jesús Nazareno (1945) obra de Federico Coullaut-Valera. Algunos de estos y otros muchos pasos de fechas posteriores, forman parte de la colección del Museo de Pasos de Bilbao.

Museo diocesano

Museo diocesano

Si bien durante el siglo XX, la producción pictórica de temática religiosa decrece en volumen con respecto a la de épocas anteriores, debemos destacar los interesantes fondos de instituciones como el Museo Diocesano de Arte Sacro, que en su sección de arte contemporáneo cuenta con relevantes ejemplos de pintores como Jesús Basiano, Ramón de Zubiaurre, Genaro Urrutia, Santiago Uranga, Alfonso Ramil, José María Muñoz, Gabriel Ramos Uranga o Iñaki García Ergüin. Asimismo resulta indispensable la mención a los fondos del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que posee en su colección obras de importantes pintores desde la Edad Media hasta época contemporánea, de la talla de Bartolomé Bermejo, Sánchez Coello, El Greco, Ribera, Zurbarán, Murillo o Zuloaga.

Pese a que Bilbao contó con arquitectura civil desde sus orígenes, pocos son los ejemplos de raíz medieval que han llegado hasta época contemporánea. Los numerosos incendios e inundaciones acaecidas en la Villa desde el siglo XIV, han hecho que la huella de la Edad Media únicamente pueda apreciarse en el trazado urbanístico de su núcleo fundacional, en los escasos restos que se conservan de la muralla del siglo XIV, así como en los ejemplos de arquitectura religiosa mencionados anteriormente.

El palacio es un claro exponente del auge y de las demandas de la burguesía comercial y de los poderosos linajes que marcaron el devenir histórico de la villa de Bilbao. El Palacio Arana (c.1590) ocupa un extenso solar frente al mercado de la Ribera, entre las calles Belosticalle y Carnicería Vieja. Su imponente y maciza presencia exterior contrasta con su interior, pues siguiendo el modelo de palacio renacentista cuenta con un patio en el que confluían sus diferentes estancias. Convertido en casa de vecindad desde los años noventa, cuenta con una interesante portada en la que aparece el escudo de armas del matrimonio formado por Diego de Angulo y María de Aguirre, flanqueado por las figuras de dos hombres salvajes. Destacan también construcciones barrocas como el Palacio de Mazarredo del siglo XVII, así como el Palacio Yohn (1727) popularmente conocido como "La Bolsa". Situado en la confluencia entre las calles Pelota, Perro y Santa María, destaca por su planta irregular, derivada de las peculiaridades del solar en el que se halla ubicado. Con un patio triangular en su interior, esta arquitectura sobresale tanto por su monumentalidad como por su estratégica ubicación, ya que posee entradas por tres de las calles que lo rodean. Asimismo, dentro de esta tipología son de interés otros edificios del siglo XVIII como el Palacio Gómez de la Torre (1791), en la calle Viuda de Epalza nº1, o el de Gortázar en la calle Correo nº8.

El neoclasicismo dejó interesantes muestras en las que se aprecia claramente la aplicación de las teorías de la Ilustración en lo que a ordenación del espacio y cuestiones de salubridad se refiere. El Antiguo Hospital Civil (1835) ubicado en la Plaza de los Santos Juanes, es un claro ejemplo de ello. Proyectado por Daniel Benito de Orbegozo, sobresale por su planta en forma de tridente que potencia aspectos básicos como la iluminación y la ventilación de este recinto que, tras la inauguración del Hospital de Basurto a comienzos del siglo XX, fue reconvertido en centro de enseñanza. En él estuvieron ubicadas, entre otras, la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, pilar fundamental en la formación de muchos artistas vascos hasta la guerra civil. Este mismo planteamiento racionalista se aprecia en la Plaza Nueva (1821-1851) proyectada por Silvestre Pérez, Antonio de Echevarría y Avelino Goicoechea. El orden, la proporción, la austeridad decorativa y la mirada al lenguaje arquitectónico de la antigüedad, rasgos fundamentales de la arquitectura neoclásica, pueden percibirse en esta plaza que surgió como alternativa a la Plaza Vieja, situada en el solar del actual Mercado de la Ribera y alrededores. El proyecto de la Plaza Nueva priorizó además una de sus fachadas con el fin de remarcar la ubicación de la Diputación Provincial, hoy sede de Euskaltzaindia.

Plaza Nueva

Plaza Nueva

Entre lo escultórico y lo funcional se hallan los proyectos de varias de las fuentes del siglo XVIII y comienzos del XIX que se conservan en el Casco Viejo. Si bien hoy en día poseen un carácter esencialmente decorativo, la presencia de estos elementos supuso, en origen, una notable mejora en las condiciones de vida de los habitantes de la Villa, ya que proporcionaban agua a escasos metros de las viviendas y del puerto. El pintor Luis Paret y Alcázar fue el encargado de proyectar las fuentes de la plazuela de Santiago y la de la Plaza de los Santos Juanes, ambas de 1785. La popular Fuente del Perro (1800), con su remate de tejado a dos aguas y su triple arquería, constituye, junto con las de Paret y Alcázar, la muestra de la huella del Neoclasicismo en esta tipología.

La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por hechos que condicionaron notablemente el desarrollo de la arquitectura y del urbanismo del Bilbao de finales del siglo XIX y de las primeras décadas del XX. La anexión de la anteiglesia de Abando propició la expansión de la Villa, hecho que comenzó a materializarse tras el proyecto de ensanche que Severino de Achúcarro, Pablo Alzola y Ernesto Hoffmeyer llevaron a cabo en 1876.

En lo que a la arquitectura se refiere, el lenguaje que predominó en las últimas décadas del siglo XIX fue el eclecticismo, cuya esencia radica en la mezcla de estilos visible en numerosos ejemplos. La casa matriz del Banco de Bilbao (1868-1898) en la plaza de San Nicolás fue proyectada por Eugène Lavallé y posteriormente reformada y ampliada por Severino de Achúcarro. En este edificio de claro gusto francés, se combinan elementos tanto clásicos como barrocos. Achúcarro proyectó también la sede de la Sociedad "El Sitio", hoy transformada en la Biblioteca Municipal de Bidebarrieta (1890). Su monumental fachada de aire barroquizante y cubierta amansardada, está en total consonancia con su interior. En él sobresalen la sala de lectura, la escalera, así como el salón de actos que alberga pinturas de Anselmo Guinea y José de Echenagusia. Destacan asimismo otros proyectos en clave historicista, como el que Francisco de Cubas llevó a cabo en 1886 para la Universidad de Deusto.

El primer teatro estable con el que contó Bilbao estuvo ubicado en la calle Ronda y fue proyectado por el arquitecto neoclásico Alejo de Miranda en 1799. Juan Bautista de Escondrillas diseñó en 1933, en el Arenal, otro teatro que perduró hasta que en 1890 fue sustituido por el actual Teatro Arriaga, obra de Joaquín Rucoba. El Arriaga constituyó un claro ejemplo del uso de materiales novedosos, así como de la influencia de algunos modelos franceses contemporáneos de esta tipología arquitectónica. Su estructura de hierro y su estrecha relación formal y decorativa con el Teatro de la Ópera (1875) y el Teatro de la Renaissance (1873) ambos en París así lo atestiguan. Poco más de una década después de la inauguración del Arriaga se construyó el Teatro Campos Elíseos (1901-1902), edificio de estilo modernista ideado por Alfredo Acebal. Su exterior fue obra de Jean Baptiste Darroquy, colaborador del arquitecto Luis Aladrén. Junto a él llevó a cabo otro interesante edificio modernista como fue la Casa Montero (1904), ubicada en la confluencia de las calles Alameda de Rekalde y Colón de Larreategui.

Palacio de la Diputación Foral de Bizkaia

Palacio de la Diputación

Fueron varias las instituciones que proyectaron sus nuevas sedes en las postrimerías del siglo XIX. Tal es el caso del Ayuntamiento de Bilbao que encargó al por entonces arquitecto municipal Joaquín Rucoba su nueva casa consistorial. Inaugurado en 1892, este edificio de estilo ecléctico sobresale tanto por su monumental presencia junto a la ría, como por su rico interior. En él son de especial interés el vestíbulo, el cuerpo de escaleras, el salón de plenos, así como el salón de recepciones. Este último fue decorado por José Soler y constituye un interesante ejemplo de interior neoárabe. Destaca también el Palacio de la Diputación inaugurado en 1900 y proyectado por el arquitecto Luis Aladrén. La suntuosidad de este compacto edificio situado en la Gran Vía es un claro reflejo de la bonanza económica del momento, fruto del proceso de industrialización que se estaba operando en la provincia. Destacan en su interior la escalera principal, así como varios salones en cuya decoración participaron los pintores Anselmo Guinea, José Echenagusia, Álvaro Alcalá Galiano y el ceramista Daniel Zuloaga.

Casa Consistorial

Casa Consistorial

La llegada del siglo XX trajo consigo la creación de nuevas infraestructuras y espacios para la Villa a uno y otro lado de la ría. Tal es el caso de las estaciones de ferrocarril entre las que cabe mencionar el proyecto que Severino de Achúcarro y Valentín Gorbeña idearon para la Estación de FEVE en 1898. En él, el trabajo de ingeniería realizado por Gorbeña encuentra su perfecto contrapunto en la monumental fachada telón que creó Achúcarro. Consta de dos secciones claramente delimitadas, tanto por el lenguaje utilizado como por el tipo de materiales. Su cuerpo principal, compuesto por acero roblonado y vidrio, posee un lenguaje cercano al del secesionismo vienés, mientras que los cuerpos laterales poseen un tratamiento más clásico, llegando el izquierdo a emular la estética de una stoa. Muy diferente a éste fue el proyecto que Manuel María de Smith ideó para la Estación de Atxuri (1912), en el que se combinan el regionalismo vasco y montañés. Pese a haber sufrido numerosas intervenciones, sigue conservando la esencia ligada a la arquitectura popular con la que fue concebido, aspecto apreciable en los diferentes elementos que la componen, como la torre o las solanas. Sobresale asimismo la Estación de Abando (1941-1950), fruto de la colaboración entre el arquitecto Alfonso Fungairiño y varios ingenieros, que destaca tanto por la amplitud de la nave de los andenes (192x47 m.), como por la gran vidriera decorada con motivos ligados a Bilbao.

El impulso municipal a la creación de nuevos espacios e infraestructuras en las primeras décadas del siglo XX, se aprecia en otros proyectos de interés. Tal es el caso de la creación del Parque de Doña Casilda Iturrizar (1907), obra de Ricardo Bastida y del ingeniero agrónomo Juan Eguiraun, que dotó de un espacio verde al ensanche de la ciudad. Bastida proyectó también varios lavaderos en clave modernista, la Casa Cuna de Urazurrrutia (1912) y la Alhóndiga municipal (1909). Este último edificio, concebido como almacén de vinos, fue reformado y transformado en centro cultural por el diseñador francés Philippe Starck entre 2003 y 2010. El Hospital de Basurto (1908) es otro ejemplo destacable, obra de Enrique Epalza que se basó en un esquema a base de pabellones separados por zonas ajardinadas, modelo que ya había sido experimentado en algunos hospitales europeos en la segunda mitad del siglo XIX. Asimismo cabe mencionar dos emblemáticos proyectos de Pedro Ispizua como fueron el Kiosko del Arenal (1923) y el Mercado de la Ribera (1930), edificio que ha sido objeto de una reforma integral concluida en 2012.

Los centros de enseñanza ocupan un lugar destacable en la arquitectura bilbaína de la primera mitad del siglo XX y muchos de los ejemplos conservados ponen de manifiesto el interés por parte del Ayuntamiento en promover la ampliación de plazas escolares, así como de mejorar las condiciones de este tipo de equipamientos. Ricardo Bastida fue el encargado de realizar tres interesantes proyectos como fueron las Escuelas Múgica (1918), el Colegio Público Félix Serrano (1918) y el Instituto de Enseñanza Media (1928), hoy Miguel de Unamuno. También Pedro Ispizua llevó a cabo dos importantes aportaciones como fueron las Escuelas Maestro García Rivero (1928) o el Colegio Luis Briñas (1933).

La vivienda burguesa cuenta con notables ejemplos en el ensanche de Bilbao. Tal es el caso del Palacio Chávarri (1894) proyectado por Paul Hankar, que destaca por su peculiar planteamiento en el que la asimetría y la variedad de elementos le otorgan un aspecto muy original. Sobresalen asimismo proyectos como el palacio de Olabarri (1894) de Julián de Zubizarreta, la casa de vecindad de las Rampas de Uribitarte nº3 (1907) de Enrique Epalza, el chalet para Luis Allende en Indautxu (1910) de Leonardo Rucabado, el Palacio Ibaigane (1920) de Gregorio Ibarreche o las imponentes casas de Ramón de la Sota ubicadas en Gran Vía 45 (1919), obra de Manuel María de Smith. Este arquitecto fue el artífice de otro emblemático edificio como es el Hotel Carlton (1926). También debemos mencionar el proyecto que Calixto Emiliano Amann llevó a cabo en 1910 para la Sociedad Bilbaina, institución que simboliza a la perfección las inquietudes culturales y recreativas de la burguesía del momento.

Varias son las arquitecturas que muestran el auge económico vivido en la preguerra y que se materializó en construcciones ligadas a bancos y empresas. Tal es el caso del antiguo Banco de Comercio ubicado en la confluencia entre las calles Gran Vía y Alameda de Mazarredo, obra de Pedro Guimón de 1919 que cuenta con una monumental escultura del dios Mercurio realizada por Moisés de Huerta. También Manuel Ignacio Galíndez proyectó en clave racionalista dos emblemáticos edificios como son el de La Equitativa (1934) y el de La Aurora (1935).

El desarrollo de las artes plásticas en Bilbao a finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, estuvo estrechamente vinculado a la Escuela de Artes y Oficios fundada en 1879, pues en ella se formaron muchos de los artistas vascos de preguerra. Fue además una etapa en la que se desarrollaron, entre otras, las exposiciones de arte moderno de Bilbao (1900-1910) y surgieron importantes colectivos como la Asociación de Artistas Vascos (1911). De este periodo destacan creadores que contribuyeron a la renovación de la escultura en el País Vasco como Francisco Durrio, autor del Monumento a Arriaga (1906-1933) del que el Museo de Bellas Artes de Bilbao posee una estimable muestra de su producción como escultor y orfebre. También la obra de Nemesio Mogrobejo se halla representada en esta institución con obras como Risveglio (1903), Eva (1904), Hero y Leandro (1904) o La muerte de Orfeo (1904-1906), creaciones que destilan claras influencias modernistas. Más clásicos en sus planteamientos fueron los escultores Higinio de Basterra, que destaca por obras como Barrenadores (1907), Busto de Emiliano Arriaga, Monumento a Luis Briñas o Miedo (1953) y Moisés de Huerta, del que cabe mencionar El mirón (c.1907-1908), Una hetaira (1911), Don Miguel de Unamuno (1924) o Palankari (1934). Asimismo merece ser mencionada la producción de Quintín de Torre, que además de su prolífica labor como imaginero creó interesantes obras como El timonel (c.1913), Cargador de Bilbao (c.1921), Monumento a Aureliano Valle (1922), Desencanto (1923) o La farsa (1930).

Museo de Bellas Artes

Museo de Bellas Artes

La pintura de Adolfo Guiard propició, con sus reminiscencias impresionistas, la llegada de la modernidad pictórica al Bilbao de fines del siglo XIX. Pese a que su obra no siempre fue bien acogida y valorada, dejó interesantes creaciones como En el café (1885), los tres lienzos que realizó para la Sociedad Bilbaina en 1887 titulados La ría de Axpe, En la terraza y Cazadores en la Estación del Norte, El cho (1887) o La aldeanita del clavel rojo (1903). También Anselmo Guinea es considerado otro de los pilares de la renovación de la pintura vasca finisecular. Suyas son obras como Recuerdos de Capri (1884), La sirga (1892), ¡Cristiano! (1897), Vuelta de la romería (1899), Alegoría de Bizkaia (1900) o Gente (1904). Otros pintores como el prolífico Manuel Losada destacaron por sus nostálgicas vistas de un Bilbao que estaba sufriendo grandes cambios, mientras que Ángel Larroque abordó fundamentalmente los temas populares, el paisaje y el retrato. Asimismo destacaron los hermanos Valentín y Ramón de Zubiaurre que cultivaron su particular visión del País Vasco, sus costumbres y sus gentes, línea temática que los hermanos Alberto y José Arrúe trabajaron, si bien con un carácter y estética diferentes. La introspectiva pintura de Juan de Aranoa, la sobriedad del posimpresionista Juan de Echevarría y la meticulosidad de las creaciones de José María Ucelay, contrastan con el trabajo influido por las vanguardias de Aurelio Arteta y la extrema modernidad de Antonio de Guezala, algunas de cuyas propuestas están estrechamente vinculadas con el cubismo y el futurismo. La obra de estos y otros pintores testimonian la riqueza de lenguajes que manejaron los pintores vascos del primer tercio del siglo XX.

Euskalduna

Euskalduna

Durante segunda mitad del siglo XX Bilbao, como capital de Bizkaia, vivió una realidad marcada por el desarrollismo y la reconversión industrial. En el ámbito arquitectónico, entre los años cuarenta y finales de los setenta se gestaron interesantes proyectos de la mano de arquitectos como Rafael Fontán, Manuel Ignacio Galíndez, Eugenio María Aguinaga o Álvaro Líbano. Sobresalen, entre otros, el edificio de Aviación y Comercio (1944) de Pedro Ispizua y Fernando Arzadun, el de la Naviera Aznar (1948) de Galíndez, el bloque de viviendas en la confluencia entre las calles Elcano y Henao (1960) de Aguinaga, las viviendas municipales de Larrako Torre en San Ignacio (1964) de Rufino Basáñez, Esteban Argárate y Julián Larrrea, las oficinas de Babcock Wilcox (1965) de Líbano, o las viviendas en Etxezuri (1975) de Aguinaga. Por otro lado, los años ochenta estuvieron marcados por la reconversión industrial que sufrió Bizkaia, hecho que obligó a una revisión del modelo fabril vigente hasta el momento y propició la búsqueda soluciones alternativas. Fruto de esta nueva perspectiva surgieron grandes proyectos como la construcción del Museo Guggenheim Bilbao (1997) de Frank O. Gerhy, considerado uno de los hitos de la historia de la arquitectura del siglo XX, el Metro de Bilbao (1995) de Norman Foster o el Palacio Euskalduna (1999) de Dolores Palacios y Federico Soriano. La llegada del siglo XXI trajo consigo la mejora de algunas infraestructuras como el Aeropuerto de Bilbao (2000) de Santiago Calatrava, así como la gestación de ambiciosos proyectos como el complejo Isozaki Atea de Arata Isozaki, la Biblioteca de la Universidad de Deusto (2009) de Rafael Moneo, el Bizkaia Aretoa de la Universidad del País Vasco (2011) de Álvaro Siza o la Torre Iberdrola (2011) obra de César Pelli.

Museo Guggenheim

Museo Guggenheim

En lo que a la escultura se refiere, tras el punto de inflexión y ruptura que supuso la guerra civil, destacaron algunos creadores como Joaquín Lucarini que comenzó su carrera en la preguerra con interesantes proyectos como los relieves que realizó para el Club Deportivo de Bilbao (1929-1930), Del 14 al 18 (1930), Leyendo (1932) o la Alegoría de la Justicia (1935), ubicada en el edificio La Equitativa. A su periodo de posguerra pertenecen, entre otras obras, El tigre (1942), popular escultura de hormigón que corona un edificio proyectado por Pedro Ispizua en la calle Botica Vieja de Deusto, Ceres y Mercurio (1949), o El trabajo (1950). Destacan también Enrique Barros, con obras como Boxeador (1944) y la polémica Musa del monumento a Arriaga que sustituyó hasta el final de la dictadura a la original proyectada por Durrio y Dueñas, así como Arturo Acebal del que cabe mencionar Cabeza azul (1951), además de otras obras en cerámica vidriada como Reflexión y Ambitrite. Por otro lado, a partir de los años sesenta surge una nueva generación de escultores que se adentra en nuevas vías de expresión. Entre ellos destacan Néstor Basterretxea con obras como Intxixu, Illargi Amandre, Eiztaria y Akelarre, todas ellas de 1972 y Vicente Larrea con creaciones como Formas concéntricas (1968), su serie Formas (1970-71), La Venus de Santimamiñe (1985-1986) o Dodekathlos (2002). Sobresalen además otros creadores como José Ramón Morquillas, Ricardo Catania, José Ibarrola, José Chavete o Txomin Badiola. Asimismo en el ámbito de la escultura urbana cabe mencionar las piezas ubicadas en Abandoibarra y los alrededores de la ría creadas por artistas como Salvador Dalí, William Tucker, Ulrich Rückriem, José Zugasti, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Ángel Garraza, Markus Lüpertz, Anthony Caro, Jeff Koons, Anish Kapoor o Louis Bourgeois.

La efervescencia creativa que vivió la pintura bilbaína del primer tercio del siglo XX, se vio cercenada por el estallido y posterior desarrollo de la guerra civil. Sin embargo, en la posguerra surgieron grupos y asociaciones destinadas a promover la vida artística de la ciudad como fueron el Grupo del Suizo (1941), la Asociación Artística Vizcaína (1945) y el grupo Joven Pintura Bilbaína (1951). La creación del grupo Emen en 1966 supuso un auténtico hito, por cuanto pretendió aglutinar a un colectivo de artistas tan nutrido como dispar en sus planteamientos artísticos e incluso ideológicos. En él se dieron cita artistas comprometidos con causas de tipo social como Agustín Ibarrola, María Dapena o Dionisio Blanco, junto a otros ajenos a este tipo de concienciación como Iñaki García Ergüin, Carmelo García Barrena o Pelayo Olaortua. Confluyeron en este grupo además, otros creadores más experimentales como Gabriel Ramos Uranga, José Barceló y Javier Urquijo. El panorama de las últimas décadas del siglo XX lo compone una nutrida nómina de artistas entre los que cabe mencionar a Mari Puri Herrero, Iñaki Bilbao Delgado, Daniel Txopitea, Juan Luis Goenaga, Daniel Tamayo, Alberto Rementería, los hermanos Fernando y Vicente Roscubas, Ricardo Catania, Iñaki de la Fuente, Darío Urzay, Andoni Euba, Luis Candaudap, Jesús Mari Lazkano y Jon Mikel Euba.

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