Literatoak

Aurtenetxe Marculeta, Carlos

Escritor guipuzcoano nacido en San Sebastián (1942), autor de una obra literaria narrativa, poética y de pensamiento de gran consistencia.

La primera noticia de Aurtenetxe es narrativa. Desde que publica su primer cuento en 1963, hasta que obtiene el "Ciudad de San Sebastián", con el relato "Los lemmings" (1977), Aurtenetxe irá decantándose progresivamente hacia la poesía. Aunque ha publicado relatos en antologías, y escrito una obra de pensamiento y crítica, la poesía ha determinado y minado su vida. Así lo explica, en 1978, cuando afirma: "La causa de mi dedicación a la literatura, si causa se puede llamar, puede que sea este inmoderado dolor que el mundo me produce". En 1979 publicó su primer libro de poemas, Caja de silencio, en la colección "Ancia", que dirigía Jorge G. Aranguren. En 1982 recibe el premio "Ciudad de Irún" de poesía (Pieza del templo, 1983) y el "Blas de Otero" (Figuras en el friso ) y, en 1983, el premio "Alonso de Ercilla", del Gobierno Vasco, por Las edades de la noche, que ha sido vertido al euskara por Pello Zabaleta. Estos dos libros permanecían inéditos hasta la publicación por parte de la Universidad del País Vasco del volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990), en el que se recoge la mayor parte de su creación poética, correspondiente al periodo 1977-89. El libro, introducido por Fernando Aramburu, agrupa veintiún poemarios, dos de los cuales están escritos originariamente en francés, lengua en la que habitualmente se expresa también Aurtenetxe.

La editorial donostiarra [Bermingham] ha publicado sus libros Eduardo Chillida, la casa del olvido (1999) y Jorge Oteiza, la piedra acontecida (2000), diálogo entre la expresión poética y el conjunto de dibujos de los dos artistas que conforman el libro. Los cormoranes (2002) es su último libro de poemas publicado, prologado por Carlos Rojas. Esta editorial Bermingham, publica su nuevo poemario, Remigio Mendiburu, a canto ciego, con collages del artista. Aurtenetxe tiene a su vez varios libros de poemas inéditos, así como algunos textos narrativos y de pensamiento. Colaboró a su vez en las revistas Kurpil y Kantil, editadas en San Sebastián.

Su poesía ha sido valorada por escritores contemporáneos como Carlos Rojas, quien considera que Los cormoranes es uno de los mejores libros de poemas del último medio siglo. Similar consideración por su poesía han expresado otros escritores contemporáneos como José Manuel Caballero Bonald y Antonio Gamoneda. Sobre el sentido de su poesía, ha escrito el profesor Patricio Hernández (1995):

"Tan pronto como nos adentremos en la lectura atenta de los poemas observaremos que su escritura apenas tiene concesiones: ya sean contemplativas, narrativas o preciosistas en su estilo. Prevalece, por lo general, la clara intencionalidad de utilizar la palabra como aguijón inteligente que espolee la mente del lector. Aludir a una realidad sin ningún tipo de bálsamos, subterfugios o coartadas literarias. Que el hombre observe con la mirada alta y alcance a ver "cara a cara" su propia realidad. Este motivo se impone a cualquier otra finalidad, lo que exige siempre del poeta un trabajo inteligente y deliberado para no caer en ningún tipo de ideología, ya sea esta política o religiosa. De ahí que su estilo se acomode al fin perseguido: una profunda reflexión elaborada a través de un lenguaje complejo y directo que evita ambigüedades para que alcance un alto grado de precisión, corrección y gran entereza. No sin razón, otro escritor vasco, Bernardo Atxaga, ha caracterizado a Carlos Aurtenetxe como el "poeta de las palabras exactas", pues la finalidad que pretende no es otra que la de desnudar al hombre de todos los engaños e ilusiones que se forja para eludir un presente que prefiere ignorar".

"Analizando las causas que impiden al hombre ver su presente -escribe Patricio Hernández-, Aurtenetxe se percata de que, quizás, la causa principal radique en la relación de poder y sometimiento que desde siempre ha determinado nuestra actuación, ya se exprese esta relación de forma más o menos solapada, o incluso maquillada. Su teoría se basa en considerar el presente como perteneciente al poderoso, mientras que al sometido sólo le queda la esperanza de un futuro de justicia. Esa relación no es meramente anecdótica o circunstancial sino que se constituye en uno de los ejes principales para entender, en buena medida, su poesía. Esa misma relación es, precisamente, la que existe entre una realidad desfigurada por dogmas y credos y el ser humano que se somete a ella. Ya sean dogmas religiosos o políticos que aún perviven, para desgracia del hombre, en el entramado social de nuestra comunidad. Por ello, su poesía es una constante denuncia contra esos pequeños dioses que engañan al hombre cuando, sin ningún tipo de pudor, lo elevan por encima de su categoría, creando en torno a él una ideología capaz de conducirlo hacia un degradante proceso de humillación, en el que injustificadamente llega a alcanzar validez la trasgresión de la vida humana. Algunos de los versos, incluidos en el poemario Desembarco (1983-1984), resultan sumamente paradigmáticos de esta concepción: "A partir de este día / he decidido que no se me ocurra ya idea alguna, /sino leones, abismos, edificios. / Así ya no pensaré cosas infinitas que nos salven, / sólo seré / cosas comunes y reales en peligro. Pues yo mismo soy un edificio disfrazado de idea, / de palabra, / que discurre por otros edificios exteriores, ya no puedo / permitidme la paz".

Como señala el profesor Hernández, en la poesía de Aurtenetxe "las circunstancias dolorosas del tiempo y el espacio de inspiración del poeta (País Vasco, 1977-1990) no le son en absoluto ajenas. Sin abandonar el hilo conductor general de su poética llega a alcanzar altas cotas en los momentos de gran dolor ante cualquier muerte violenta, sentida siempre tan próxima y tan propia. No nos dejan indiferentes, por ejemplo, los versos conmovedores del poema Euskalerria ese dolor:

"Se ha equivocado de nuevo toda la muerte / en esta noche sin sonido. / No tengo casi tiempo de abrir todas las jaulas / que algo reconstruye a mis espaldas. / Un sitio distinto nos despide. / Todo el divorcio tratar de hacer / un tiempo de dos tiempos, una sangre / de dos sangres, / un rostro de todos los rostros cuando arden / o se apagan / en las plazas de toda oscuridad".

Aurtenetxe considera que la poesía nace de la vida y la supera. De ahí, como apunta Patricio Hernández, su virtud y su necesidad:

"Nombrar significa dar existencia a lo nombrado y otorgarle permanencia en el interior del poema. Una vez plasmado en la obra literaria queda siempre a merced del lector y no del autor. En este hecho se aprecia el paralelismo existente entre vida y literatura. Ambas se constituyen en actos irreparables, en los que no cabe posible rectificación ulterior. Y aunque la palabra poética contenga toda la realidad de nuestra existencia, una vez pronunciada deja de pertenecer al poeta. Se transforma en "palabra perdida", título general de la obra y de uno de los poemas más representativos de su quehacer poético: "Tuyo el crepitar del fuego / tuyo el declinar de las imágenes / tuyo el amargor / del mar / tuya la sublime lentitud del zarpar de las naves / sin retorno / Si algo fue de alguien / tuyo fue el rostro de la noche / en mis labios / palabra perdida". Las dos funciones primordiales que acabamos de describir: la liberación de las ataduras dogmáticas del ser humano y la búsqueda de existencia para lo nombrado, guardan coherencia y fiel reflejo en el modo de componer de Aurtenetxe. Su escritura tiende hacia la desnudez, la desposesión".

En diciembre de 2003 el museo Chillida-Leku acogió una exposición de dibujos de Eduardo Chillida, fruto del encuentro creativo entre el escultor donostiarra y Aurtenetxe. La Casa del Olvido toma su nombre del libro de poemas que Aurtenetxe escribió bajo el impacto que le supuso la exposición antológica de Chillida celebrada en el Palacio de Miramar de San Sebastián, en 1992. Un total de 26 dibujos, junto con varias gravitaciones y algunas obras en terracota, conformaron esta exposición, comisariada por Félix Maraña.

  • Caja de silencio (1979)
  • Pieza del templo (1983)
  • Palabra perdida / Galdutako hitza (1990)
  • Eduardo Chillida, la casa del olvido (1999)
  • Jorge Oteiza, la piedra acontecida (2000)
  • Los cormoranes (2002)
  • Remigio Mendiburu, a canto ciego [en prensa].
  • "Cuentos Ciudad de San Sebastián" ("Los lemmings", 1977)
  • "Ciudad de Irún" (Pieza del templo, 1982)
  • "Blas de Otero" (Figuras en el friso, 1982)
  • "Alonso de Ercilla" (Las edades de la noche, 1983)

Del resplandor en las columnas

Que un rostro resbale en los cristales,
entre las manos, es algo involuntario
que cae,
como las horas que dijiste, ligero
otoño,
lluvia atardecida en tu frente,
un nombre,
pues todo se hace tiempo
en el avance
de tu voz,
la gravedad, el riesgo, el trigo.
Amaneces.
Un resplandor en las columnas,
un rostro ardido vuelve,
silencia todo.
Y cuando dentro de unos años,
y ya no esté yo aquí,
te acerques a la orilla, y observes
esa mar tranquila
sabrás que es mi tristeza, y cuando
esa mar hirviente
sabrás que es mi tristeza que sigue,
en tu mirada:
la grave certidumbre.

(Del libro Teoría del Grito )