Arkitektura

Monasterio de Leire

El monasterio de este nombre se encuentra en un alto, al nivel casi de las cumbres, innaccesible, sobre todo en la Edad Media. Su posición estratégica lo convirtió en un magnífico observatorio y lugar de repliegue. Si interesante es su estudio artístico no lo es menos el profundizar en la historia de este monasterio que tanto prestigio alcanzó en el reino de Navarra.

Desconocemos la fecha de fundación. Moret afirma que es anterior a la invasión árabe. El primer documento del que disponemos es el que recoge la donación que en el año 842 hicieron el rey Eneco Jiménez Arista y el obispo Wilesindo.

"En el nombre de la Santa e Individua Trinidad. Este es el testamento que yo, Enecco, a una con el obispo Wilesindo hago en honor de San Salvador y de las Santas Vírgenes Nunila y Alodia. Yo, pues, D. Iñigo, por la gracia de Dios rey hijo de D. Jimeno, viendo que todas las cosas que poseemos en el mundo son caducas y desaparecen... pero sin embargo, por ellas, si se administran bien se pueden conseguir las eternas que se conservarán con toda felicidad... yo, D. Enecco, concedo a San Salvador y a las Santas Mártires Nunila y Alodia dos villas, a saber, Esa y Benasa con todos los términos que a ellas pertenecen de tal suerte libres y francas de todo derecho real que desde el presente día y en los tiempos venideros ni rey ni algún otro señor tenga algún género de mando en ellas, sino sólo el abad y los monjes de San Salvador... Y yo, D. Wilesindo obispo... dono de mi haber que el Señor se dignó darme a San Salvador y a las Santas Mártires la mitad de los dos tercios decimales de todos los frutos que percibo en Valdonsella, Pintano y Artieda..."

López, Carlos M.ª Leyre. Pág. 34-35. Martín Duque, Angel J. Documentación medieval de Leyre (siglos IX-XIII) Pamplona, 1983.

Según la Crónica de San Juan de la Peña, Eneko Arista fue enterrado en la iglesia de San Salvador de Leyre (cfr. Crónica de San Juan de la Peña. Versión latina e índices preparados por Antonio Ubieto Arteta, Valencia 1961, p. 33). Dos años más tarde encontramos una nueva referencia al monasterio en la carta que San Eulogio, obispo de Córdoba, escribe al obispo de Pamplona. Además de mencionar la"santidad de los varones del monasterio", se refiere a las obras que componían la biblioteca, en especial a un opúsculo sobre el profeta Mahoma que se llevó a Córdoba. Obras que San Eulogio encontró en la biblioteca del monasterio de San Salvador de Leyre: Una vida de Mahoma, Códices de La ciudad de Dios de San Agustín, Códices de las Sátiras de Juvenal, Códices de los Poemas de Horacio, Códices de los opúsculos de Porfirio, Códices de Epigramas de Adelelmo, Códices de Fábulas métricas de Avieno (Todas estas obras se las llevó a Córdoba).

En el año 880 Leyre recibe una nueva donación, esta vez del rey García Iñiguez.

"Las villas de Lerda y Añués con todos sus términos, libres de todo derecho real y de cualquier otro señorío para que sean enteramente del abad y los monjes, y un campo entre Navardun y Sosito...".

Moret, Anales de la Historia de Navarra tomo I, pág. 287-288.

García Íñiguez es enterrado en Leyre. Su sucesor, Fortún Garcés, continúa la tradición: en el año 901 hace la siguiente donación.

"En el nombre del Señor. Yo Fortuño, rey, hijo del rey Don García, viendo que los bienes que parece tenemos se nos desvanecen entre las manos como el humo en el aire y que es de brevísimo tiempo nuestra permanencia en esta peregrinación del mundo en que armándonos siempre diferentes lazos el enemigo antiguo ni una hora vivimos sin pecado, vengo al monasterio de Leyre a recibir hermandad como vi recibirla a mi padre y humildemente ruego a las Santas Mártires me sean buenas intercesoras con el Señor por cuyo nombre no dudaron en derramar su sangre. Para que tenga, pues, efecto mi petición y mis ruegos sean bien atendidos, yo, D. Fortuño, rey, hijo del rey D. García, doy a San Salvador y a las Santas Mártires Nunila y Alodia algo de lo que poseo, conviene a saber: a Oyarda con sus términos y San Esteban de Serramiana con sus herencias y aquella casa llamada "Turris" (Tur) y aquellos molinos que están cerca de la villa llamada Yesa. Esta donación concedo a San Salvador y a las Santas Mártires. Y cualquiera que intentare quebrantarla o quitar algo de los que en ella escrito, a San Salvador y a las Santas Mártires y a los monjes sea maldito por Dios y excomulgado y condenado por todos los días de su vida. Y después de su muerte tenga su habitación en el infierno con el demonio y sus ministros para siempre. Amén".

En el año 905 sube al trono Sancho Garcés I. Con él, se instala en Pamplona una nueva dinastía: la Jimena. Aliado con los reyes de León dará un nuevo impulso a las luchas contra los árabes. En 922, con motivo de la toma de Viguera, hace la siguiente donación a Leyre.

"Yo Sancho, rey... con la reina Toda, mi esposa... concedemos a San Salvador y a las Santas Mártires Nunila y Alodia... dos tiendas, una espada, una lóriga, una diadema, un escudo, una lanza, un caballo y un mulo con sus sillas y frenos de plata y dos eunucos, dos vasos de cuero y dos villas, a saber, San Vicente y Liédena con todos sus términos, y donamos a D. Basilio, obispo, señor y maestro nuestro, un cáliz de plata, un pabellón, dos colchones, un tapiz, un caballo con su silla y freno de plata...".

El rey muere en el año 925 y es enterrado en el castillo de Monjardín. Poco tiempo después, sus restos fueron trasladados a Leyre. García II Sánchez, su hijo, sube al trono. Son momentos difíciles. Abderramán III de Córdoba ha proclamado la guerra santa. Los ejércitos cristianos le derrotan en la batalla de Simancas (939). Antes de partir a la guerra García Sánchez había acudido al monasterio para.

"Encomendarme a Nuestro Señor y Salvador del Mundo y a las oraciones de las Santas Mártires y también a las oraciones de los hermanos que aquí moran en la confesión del nombre de Cristo y pido la participación en las vigilias, ayunos y limosnas que hacen aquí con la ayuda de Dios, como hicieron mis padres y mis antepasados...".

López, op. cit. pág 64.

El Obispo Don Galindo, que acompañaba al rey, hace la siguiente donación:

"Las décimas de todos los frutos que percibo en estas villas señaladas, conviene a saber: Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Lucientes, Sistricas, Orrio, Eliso, Tolosana, Castelmanco, Agüero, Murilla, Cercastiel, Longares, Lobera, Castellón, Miana, Sibrana, Pitilla, Polavagente, Espanes y Asín...". El rey confirma la donación en el año 938 y añade además "Todos los lugares cualesquiera que sean que de aquí en adelante, con la ayuda de Dios, podamos ganar a los infieles".

López, ibídem. pág. 65.

Sancho Garcés Abarca sucede en el año 970 a García Sánchez I. En el año 991, con motivo de la muerte de su hermano Ramiro, rey de Viguera, donará a Leyre lo que su hermano tenía en la villa de Navardún, y la villa de Apardues:

"tal como se la había donado al infante en vida, con sus palacios, huertas, viñas y señorío y con todos los derechos reales..."

Moret, Anales, Tomo II, pág. 95-96.

También en 991 Leyre recibe de manos del rey y su hermana Toda el monasterio de Bayacoa, en el valle de Ibargoiti y una villa en Arzanegui. Seis años más tarde, en el 997, el rey García III Sánchez "El Tembloroso" dona al abad Jimeno y a Leyre el monasterio de San Miguel y San Martín de Isusa, en el valle de Salazar. Las correrías de Almanzor asolan la península, la corte navarra se refugia en Leyre donde bajo la tutela del abad D. Sancho, estudia el infante Sancho. En 1004 el rey Sancho el Mayor ocupa el trono. Comienza una etapa de reorganización interna y de expansión. Con fecha de 1014 disponemos del siguiente documento.

"En el nombre de Dios. Esta es la carta de testamento que yo Sancho, rey por la gracia de Dios, hago, a una con mi mujer doña Mayora, a honor de Dios... damos y ofrecemos al mismo Dios y a los Santos ya nombrados y Monasterio de Leyre... en los términos de Hernani a la orilla del mar un monasterio que se dice de San Sebastián con su parroquia y aquella villa que los antiguos llamaban Izurun con sus iglesias, conviene a saber, de Santa María y de San Vicente Mártir".

Este documento, aceptado como verdadero por autores como Moret, Sandoval o Camino, fue, sin embargo, refutado por otros como Ricardo de Izaguirre y Serapio Múgica. Ambos autores coinciden en señalar que las causas de las falsificaciones hay que buscarlas en los problemas de límites que surgieron más adelante entre las diócesis de Pamplona y de Bayona. En 1019 el rey Sancho el Mayor hace la siguiente donación a Leyre.

"Yo Sancho, rey por la gracia de Dios, a ti el Abad Don Sancho. Con todo el alma me place darte y concederte el monasterio que se llama Genepreta con todos sus límites, y los molinos que están en Oya, y en Eso un palacio con sus viñas y sus tierras recibiendo de ti en compensación dos caballos, uno por Genepreta y otro por los molinos. Y yo di además a los de Leyre 100 sueldos y un mulo y tu, e1 dicho abad, poseerás durante toda tu vida todas las cosas arriba mencionadas y después de tu muerte podrás dejarlos a quien quieras, bien sea a Leyre, bien sea a San Marcial, disponiendo de dichos molinos para bien de tu alma y de la mía a fin de que recibamos la recompensa ante el tribunal de Dios".

Disponemos de dos documentos con fecha de 1022 y de 1023, en realidad constituyen falsificaciones realizadas en el siglo XII. A ellos nos referiremos más adelante, al hablar del problema de la exención. Don Sancho será el introductor de la reforma cluniacense en Navarra, en 1025, en el monasterio de San Juan de la Peña poco después, en Leyre. No obstante, Leyre continúa bajo la jurisdicción del obispo de Pamplona, que en este momento es también el abad del monasterio.El rey muere en 1035. Su hijo García Sánchez IV, el de Nájera, le sucede. En 1051 dona a Leyre el monasterio de Centurifontes, las tercias de Elesa y Esco y una pardina llamada Aquis, entre Tiermas y San Vicente (Moret, Anales, Tomo I, cap. III, pág. 64). En 1054 García Sánchez es sucedido por su hijo, Sancho García IV, el de Peñalén. En 1057, dona a Leyre, con motivo de la consagración de su iglesia, el monasterio de San Juan de Riesa (Lacarra, El primer románico en Navarra pág. 231. Becerro Antiguo de Leyre, p. 198. Becerro Menor, p. 95). En 1061 el monasterio de San Miguel de Villatuerta pasa a formar parte del patrimonio de Leyre (López, ibídem, pág. 93). El monje Fortuño, ahora obispo de Álava, difunde las simpatías hacia el monasterio en el señorío. En 1067, el conde Marcelo, señor de Marañón y gobernador de Álava, en compañía de su esposa Doña Goto y del obispo Don Fortuño (antiguo monje legerense), visitan el monasterio y hacen donación al abad D. Blas y a la comunidad de la iglesia de San Miguel de Ribas y de la villa que está en la Sonsierra (Moret, Anales, Tomo II, pág. 387). En este mismo año el rey incorpora a la familia monástica de Leyre "el nobile el regale monasterium de S. Salvador" situado en el alto de Ibañeta y que recogía a numerosos peregrinos santiagueses (López, ibid. pág. 96-97). Ibañeta completaba el número de monasterios que Leyre tenía apostados en los caminos pirenaicos junto a las rutas compostelanas. En el camino de Roncesvalles, San Salvador de Ibañeta, Zubiri, Larrasoaña y San Agustín; en el valle de Ibargoiti, Bayacoa. Y en la vertiente francesa, San Vicente de Cesa. También tenía sus alberguerías y capillas. Pero además había trazado una ruta propia a lo largo de los valles de Salazar y Roncal: desde Santa Engracia de Sumo Puerto en el valle francés de Zuberoa a través del monasterio de Roncal, Isusa, Urdaspal, Igal, Domeño, portillo de Bigüezal y San Salvador; de aquí, a enlazar por el camino de Yesa con la ruta de Santa Cristina y Jaca. En el camino de Bayona tenía emplazado el monasterio de Urdax para los que llegaban por Belate (Lacarra, Las peregrinaciones a Santiago. Tomo II, págs. 28-30). La influencia de San Salvador es enorme.

En 1075 el señor de Domeño dona sus palacios y posesiones de Arguiroz y Cortes. Poco después, Mencia Fortuñez dona una villeta llamada Aldea. En 1075, un año antes de la muerte del monarca, se escribe la "Regla del monasterio de San Salvador de Leyre", un obituario en el que se catalogan los reyes sepultados en el monasterio. [Hoc est Carta Regum quorum corpora tumulata requiescunt in Monasterio Legerensi... (Iturralde y Suit, Obras, tomo IV)]. Tras ser asesinado Don Sancho en Peñalén, sube al trono Don Sancho Ramírez, cuyo reinado se prolonga hasta el año 1094. Son abades de Leyre Don Blas (muerto en 1079), Don García Ramírez, conocido como "el abad infante", y Don Raimundo, cuyo abadiato abarca los años 1085-1104. Don Raimundo reafirma la influencia de Leyre en el Camino de Santiago: el 28 de enero de 1085 recibe de manos del rey cuatro monasterios: Igal, con todas sus decanías; Urdaspal, con sus decanías de Santa María de Ollace, San Martín de Olast y las Iglesias enclavadas en Urdaspal, Burgui y Sagarra; Roncal, con sus decanías de Síos, Bagón, Arriauz y las iglesias de Roncal y Garde; Santa Engracia del Sumo Puerto, con sus iglesias de Francia y España. En el año 1090, Leyre recibe una nueva donación: Doña Toda Huarte dona el monasterio de San Esteban de Huarte con sus casas, cementerio, viñas y demás tierras y huertas que pertenecen al monasterio, las veces que tiene en los molinos del rey en Huarte y varias casas (López, ibid., pág. 104). En el año 1094, Pedro I sucede a Sancho Ramírez. Durante su reinado tuvo lugar la consagración de la iglesia del monasterio. Con este motivo Leyre obtuvo diversas donaciones.

"En el nombre de la Santa e Individua Trinidad. Yo Pedro, por la gracia de Dios rey de Pamplona, Huesca y Aragón, conociendo que la limosna libra de la muerte al alma y es la que limpia los pecados y hace conseguir la vida eterna, viniendo a la consagración de la iglesia de San Salvador... hago donación de dos villas llamadas Serramiana y Undues con todos los términos que poseían cuando esta carta fue hecha... añado además a esta donación una villa llamada Arascos que está en la región de Huesca con todas sus pertenencias... añado la mitad de los impuestos de los judíos a Huesca, excepto el décimo... y para vestir a los monjes y hermanos del monasterio de Leyre doy mil sueldos de denarios anuales...".

Lacarra El primer románico en Navarra. Príncipe de Viana. 1944 págs. 234-235 (Becerro Antiguo de Leyre, pág. 59, siglo XII) -Año 1098-.

En 1101 el rey Pedro I dona:

"En nombre de la Santa e Individua Trinidad. Esta es la carta de donación o de confirmación que hago yo Pedro por la gracia de Dios Rey de los Aragoneses y Pamploneses al Señor Dios Salvador del Monasterio de Leyre y a Santa María y a los Santos Mártires Nunila y Alodia cuyos cuerpos descansan allí y hago donación al abad Raimundo y a los demás hermanos... aquella iglesia de San Sebastián que está en la orilla del mar en los límites de Hernani con su villa, con sus términos y pertenecidos todos, tierras, montes y valles, llanos, árboles frutales y no frutales, con sus marismas y pastos, y censos como Sancho rey de los Pamploneses dio y confirmó al monasterio de San Salvador con todo lo que hemos dicho por su alma a fin de poser eternamente su propio patrimonio. Sobre lo dicho añado yo... aquella pardina que se llama Oroztegui con sus términos y todos los pertenecidos, tierras cultas e incultas, pastos, árboles fructíferos e infructíferos y con aquella agua que se llama Urumea que es pertenencia de Orostegui, todas estas cosas que quedan dichas las nombro y dono y confirmo yo Rey Pedro a Dios y a San Salvador del Monasterio de Leyre...".

El hecho de que en esta carta no se aluda a las iglesias de Santa María y de San Vicente es un dato más, según Serapio Múgica, para dudar de la autenticidad del documento de 1014 (Múgica, Serapio, op. cit. pág. 408-409. Becerro Antiguo de Leyre, p. 79).

Las donaciones de reyes y particulares habían contribuido a aumentar el patrimonio y, por lo tanto, la influencia, del viejo monasterio.

A principios del siglo XII eran 72 los monasterios que dependían de Leyre y en los qué los monjes observaban la Regla de San Benito: Monasterio de Isusa, de Bayacua, de Oyerda, de Irumendi Engera, de Yuso, de Zeyazarra, de Egurzana, de Izaldu, de Villanueva, de Zubiri, de Aristu, de Lisabe, de San Babil, de Santa Eugenia Adansa, de Santa María de Monte Ederra, de San Juan de Aspurz, de San Martín de Domeño, de Santa María de Ezcaroz, de Cienfuentes, de Zuburribun, de Arroza, de Santa María de Egorteguía, de Santa María de Arboniés, de Santa Columba de Aspurz, de Indurain, de San Andrés de Uncastillo, de San Miguel de Villatuerta, de San Vicente de Cina, de San Agustín de Larrasoain de Antalla, de Santa María de Ortariz, de San Miguel de Triberri, de San Martín de Lacabe, de Santa María de Zabalza, de San Miguel de Bermendori, de Santa Cruz de Albayza, de San Cristóbal de Izalbe, de San Román de Miranda, de San Miguel de Eusa, de San Juan de Oteiza, de Santa María de Elimberría, de San Cosme y San Damián, de Santa María de Irzu, de San Julián de Carbonera, de San Vicente de Berganza, de San Juan de Peña, de San Miguel de Junda, de San Andrés de Villascusa, de Santa Columba de Iriberri, de San Pelagio de Garisuri, de San Esteban, de San Salvador de Irunieta, de Santa María de Montezano, de San Miguel de Mercosa, de Santa María de Irzu, de Berantevilla, de Ariznarriz, de San Martín de Viztuñiga, de San Tirso de Arravia, de Obercuri, de San Jorge de Berstiniana, de Odieta, de Ollaferreira, de San Salvador de Ardanaz, de Santa María de Elcart, de Santa Engracia de Urdax, de San Vicente de Igal, de Urdaspal, de Burgui, de San Martín de Roncal y de San Esteban de Ugatte. Además tenía señorío feudal sobre las siguientes poblaciones: Pagosaldeas, Payos o aldeas de Yesa, Benasa, Lerda, Añués, Oyarda, San Esteban de Tierramediana, Apardués, Navardún, Adain, Brinas, Ororvi, Esacar, Villanueva, Santa María, Mentosa, Bozo, Beor, Salce, Erma, Arriarain, Tondonia, Arguillor, Cortes, Aldea, Ribas, Fondón, Ezcaniz, Zabalza, Besolla, Aderiz, Arascues, Unzu inferior, Macarriaín, Aldunate, San Sebastián (en la orilla del mar), Liédena, Yegueda, Beriain, Belzunce, Campanas, Nardues, Andueza, Canela, Zuazu, Larrañeta, Oricain, Legarda, San Martín de Azpa, San Vicente, Ariz, Sarromiana, Undues, Equisoin y Nagubi.

Es en este siglo, cuando Leyre ha llegado a ser el monasterio más importante del reino de Navarra, cuando comienzan los problemas, problemas que a la larga determinarán la pérdida de poder y prestigio del monasterio. El rey Sancho el Mayor había introducido en 1025 la reforma en los monasterios de su reino. El contacto con Cluny elevó el nivel cultural de los monjes y puso a Leyre en contacto con las grandes corrientes europeas, pero planteó un nuevo problema: el de la exención, es decir, la dependencia o independencia del monasterio respecto del obispo de Pamplona. Durante el siglo XI el problema se había evitado porque ambas dignidades, abad de Leyre y obispo de Pamplona, habían sido ostentadas por la misma persona. Pero en el siglo XII nos encontramos con Don Raimundo como abad y con Don Pedro de Roda como obispo de Pamplona. Comienzan las presiones para que el monasterio se someta a la jurisdicción episcopal. Los monjes legerenses se resisten, falsifican bulas y decretos reales.

Es en este contexto cuando tiene lugar la redacción de dos falsos documentos, supuestamente firmados por el rey Sancho el Mayor de Navarra en 1022 y 1023. Veamos que dicen:

Documento de 1022: La elección del abad queda en manos de los monjes, según la Regla de San Benito, y se evita "que pueda introducirse un abad del orden laical o del orden canonical y hasta del orden monástico traído de otra parte" (Pérez de Urbel, Sancho el Mayor de Navarra, pág. 361 ).

Documento de 1023: Tras referirse a la situación de la iglesia iruniense como a la de una "pupila sin tutor", "viuda sin marido" y "cautiva en las manos de los pérfidos moros", se la encomienda al abad Sancho para que la restaure y la reedifique y ordena además, que en el futuro, los Obispos de Pamplona sean elegidos entre los monjes de Leyre (Iturralde y Suit, op. cit.).

Se intentó reforzar el cuadro añadiendo que Sancho el Mayor estaba dispuesto a poner el monasterio bajo la jurisdicción papal y que si no lo había hecho fue porque había sido necesario que con sus bienes contribuyera a reconstruir la iglesia de Pamplona. Para completar la superchería, se falsificó una bula del Papa Juan XIX confirmando la elección exclusiva de los obispos de Pamplona entre los monjes legerenses. Todo este trabajo no tenía sino una meta, conseguir para el monasterio el privilegio de la exención, privilegio que le libraría de la intervención de los obispos. El monasterio de San Juan de la Peña consiguió el ansiado privilegio, no así Leyre.

En las bulas del siglo XII, ante la presión de los obispos de Pamplona, los Papas afirman la dependencia del cenobio legerense respecto de la sede iruniense. Así, por ejemplo, las bulas de Celestino II (1143), Lucio II (1144), Eugenio III (1146), Adriano V (1156) y Alejandro III (1165). Sin embargo, los monjes no se resignaban y continuaban entablando pleitos. En tiempos del obispo Pedro de París la situación llegó a hacerse insostenible. Alegando una falsa bula de Alejandro II, el abad Jimeno consigue del Papa Alejandro III el uso de la mitra y del anillo y una carta para el rey de Aragón en la que el Papa le ordena "defender Leyre de las pretensiones episcopales porque pertenece a San Pedro". El obispo protesta, comienza un pleito, pleito que finaliza en 1185 siendo Papa Urbano III, y abad, Don Arnaldo. Leyre pierde el proceso al ser reconocidos como falsos todos los privilegios alegados por el abad. Este se ve obligado a jurar sumisión.

"Yo Arnaldo, abad del monasterio de San Salvador de Leyre prometo desde ahora en adelante que seré fiel a la iglesia de Santa María de la sede de Pamplona y a vos, Don Pedro, obispo de la misma sede y a vuestros sucesores canónicamente instituidos "in perpetuum" y con mi propia mano así lo confirmo".

López, ibid. página 119.

No duró mucho la paz. Tras la muerte del Papa, el abad se niega a obedecer al obispo. Nuevo pleito que es fallado a favor de Pamplona. Finalmente, una bula del Papa Celestino III en 1191 terminó con el litigio: Leyre quedó sometido a la jurisdicción del obispo de Pamplona. Son escasas las donaciones reales en el siglo XII, los reyes se limitan a confirmar las anteriores; así, en 1113, D. Alfonso el Batallador confirma la donación de la villa de Arascosa. Hay que esperar hasta 1141 para encontrarnos la primera donación real efectuada por García Ramírez. Son, sin embargo, numerosas las donaciones de los señores y magnates, así, en 1119, D. Juan de Liédena dona al monasterio unos mezquinos que tenía en Ubiliceta y en 1142 Leyre recibe de Don Lope López unos palacios y collazos en Larrasoaña. A finales de siglo Leyre sostiene un nuevo pleito con el obispo de Pamplona, motivado por la apropiación por parte de la sede episcopal de once iglesias de la Montaña que el monasterio consideraba le pertenecían. Por su parte, el obispo protestaba porque Leyre no respetaba sus derechos. El fallo fue imparcial, por un lado se reconocían los derechos de la abadía sobre las once iglesias, por otro, se instaba al abad a reconocer los derechos episcopales. Con todos estos conflictos no es extraño que la influencia de la abadía entrara en decadencia.

A comienzos del siglo XIII, Leyre no era un modelo de disciplina. Preocupado por la situación de la abadía, Fray Domingo escribe al rey Teobaldo I sugiriéndole la conveniencia de que se instale en el monasterio una comunidad cisterciense. El rey le apoya, el abad viaja a Roma y expone al Papa los problemas a los que se enfrenta en el monasterio, el Papa ordena entonces al obispo de Pamplona, D. Pedro Ramírez, al prior de los dominicos de Pamplona y a Fray Pedro Ximenez que "reformen el monasterio de arriba a abajo y lo trasladen a la orden del Císter".

El Capítulo General accede en 1237 a introducir en la abadía la reforma cisterciense. Los cluniacenses no aceptan la decisión papal. Comienza una larga lucha que acabará por completo con el antiguo prestigio del monasterio de San Salvador de Leyre. Los monjes que no habían aceptado la Reforma fueron excomulgados más tarde, en 1239, el Papa Gregorio IX, permite mediante la bula "Cum olim intellecto" que sean absueltos "ad cautelam" los monjes que admitan las disposiciones. Los benedictinos no renuncian, acuden al cabildo de Pamplona, quien decide apoyarlos porque los cluniacenses (monjes negros) permanecen bajo su jurisdicción y los cistercienses (o monjes blancos) no.

El Capítulo General del Císter decide afiliar Leyre al monasterio de Huerta. En 1242 es nombrado obispo Don Pedro Ximenez de Gazolaz, éste, decide apoyar a los monjes negros. Pronto reaccionaron los blancos; para atraer al obispo a su causa, le conceden bienes y rentas que Leyre tenía en Pamplona. El obispo cambia de opinión y decide excomulgar a los benedictinos, quienes ocupan violentamente el monasterio, intento éste que no prospera: en 1255 continúa en poder de los monjes blancos. El Capítulo General del Císter aprueba en 1269 la filiación de San Salvador al monasterio de la Oliva:

"Igualmente el Capítulo General aprueba la unión entre la abadía de San Salvador de Leyre y la de la Oliva, de tal modo que los de la Oliva procuren que haya en la casa de San Salvador un número competente de monjes".

Goñi Gaztambide, Los obispos de Pamplona en el siglo XIII, Príncipe de Viana, pág. 152.

El Capítulo General del año siguiente, en el estatuto 22, aclaraba esta decisión.

"El Capítulo General entiende de este modo la unión hecha entre la abadía de San Salvador y La Oliva: que en la casa de San Salvador se puedan celebrar ininterrumpidamente, es decir, todos los días, los oficios divinos, por ser panteón de las personas de la nobleza y de otros muchos cristianos, cuyos cuerpos están sepultados en el cementerio de dicho lugar. Y que sea una dependencia propia de La Oliva".

Goñi Gaztambide, op. cit. pág. 152.

Teobaldo II se muestra favorable a los cistercienses: en el año 1269 absuelve a los collazos del monasterio de la carga de castillos y todas obras reales por los 10.000 sueldos que le habían dado los monjes para la guerra santa (Moret, Anales, tomo IV, pág. 351). Al año siguiente, confirma al abad Raimundo todos los privilegios y donaciones anteriores, ya que muchos de ellos habían sido robados en los últimos años (Moret, Anales, t. IV, p. 351).

Enrique, sucesor de Teobaldo, atraído por los 8.000 maravedís de oro que le ofrecen los cluniacenses, les concede su apoyo. Los monjes blancos fueron expulsados de la abadía. El comportamiento de los benedictinos deja mucho que desear, numerosas y antiguas posesiones fueron vendidas, así, por ejemplo, el hospital de Roncesvalles, el monasterio y hospital de Santa Engracia de Sumopuerto, con todas sus iglesias y derechos, la casa y hospital de Irauzqueta, etc. Todas estas pérdidas fueron consignadas en el "libro de la Regla".

El Papa Gregorio X condenó en 1273 a los cluniacenses. Al año siguiente, fueron expulsados del monasterio. El rey exigió a los monjes blancos el pago de los 8.000 maravedís; al no poder pagarle, se incautó de las cuatro mejores casas de la abadía. Tras la muerte del rey, atendiendo a las súplicas de los cistercienses, la reina Doña Blanca se las devolvió.

Aprovechando la confusión de la guerra civil (1276-1277) los monjes negros vuelven a Leyre y venden el Monasterio con sus pertenencias al abad de Cluny, al convento y prior de Nájera y al camarero de Carrión. Estos contratos de venta son declarados nulos por el rey Felipe III quien devuelve la abadía a los cistercienses. Durante 17 años, los monjes blancos poseen el monasterio, en ese intervalo ostentan el cargo de abad Don Miguel, Don Raimundo de Bearne y Don Martín Pérez (López, ibid. 152).

En 1296, siendo obispo de Pamplona D. Miguel Periz de Legaria, los benedictinos recobran Leyre. El prior de Carrión, camarero de Cluny en España, se hizo cargo del monasterio y de los bienes que en él había:

"Imágenes de plata, cruces de plata, relicarios de plata con piedras preciosas, cálices de plata, vestimentas reales et otros muichos ornamentos de la eglesia, pan, vino, leitos (lechos), muichas ropas, libros, privilegios..., ganados menudos et granados".

Goñi Gaztambide, op. cit., pág. 197.

Los monjes blancos no se resignaron, acudieron al rey obteniendo su apoyo. Pero cuando entran en el monasterio lo encontraron desvalijado. El obispo acudió en ayuda de los cluniacenses prestándoles cien libras de sanchetes, bajo la garantía de "una imagen de plata, dos arquetas, una de plata et la otra de madera pintada con las reliquias que son dentro de eillas, dos tablas de plata et privilegios et cartas de muchas maneras" (Goñi Gaztambide, op. cit., pág. 197). No obstante, y a pesar de la ayuda y del apoyo del obispo, los cistercienses ganaron el pleito, aunque no terminaron sus problemas, porque Don Miguel se dedicó a hacerles la vida imposible.

"Ordenó a su oficial general de la ciudad y diócesis de Pamplona que no hiciese justicia al monasterio de Leyre sobre ciertas peticiones, acciones, quejas y demandas que los cistercienses intentaban plantear, mandó a García Miguel de Ororbia, presbítero, que cobrase los diezmos de la villa de Orerbia pertenecientes a Leyre... asimismo ordenó a los feligreses de Ororbia que no entregasen sus diezmos a Leyre, sino a Miguel de Ororbia...".

Goñi Gaztambide, op. cit., Pág. 198.

En 1307 el rey Don Luis Hutin, protector de los monjes blancos, devuelve al monasterio sus antiguas rentas, señoríos e iglesias, pero las pérdidas de este siglo habían sido incalculables. De corazón de Navarra, Leyre se convierte en una pequeña abadía cisterciense. Un ejemplo de la pérdida de prestigio sufrida por el monasterio es cuando, a finales del siglo XIII, una cuadrilla de bandoleros dirigida por Juan Pérez asaltó Leyre y tuvo secuestrados durante 7 meses a los monjes que allí vivían. Este hecho, que un bandido pudiera mantener encerrados durante tanto tiempo a unos monjes sin que nadie se enterase, nos indica ya que Leyre había perdido su antiguo poder y ya no era tan respetado como lo fuera antaño (Sáez, Emilio, Un robo al monasterio de Leyre a principios del siglo XIV. Príncipe de Viana, 1945, págs. 559-564).

Nos detendremos en los siguientes aspectos: El "Tributo de los Salmones", las obras realizadas en el monasterio entre 1562 y 1568, el "milagro" de 1638, las obras del siglo XVIII y propiedades del monasterio.

  • El Tributo de los Salmones.

A principios del siglo XII, Don Aznar, abad de Santa Engracia, intentó liberarse del dominio de Leyre. Don García, abad de Leyre, entabló un pleito que terminó con la obligación, por parte del monasterio de Santa Engracia de Urdax, de entregar el día de la Ascensión dos salmones, y el día de San Juan Bautista, dos bueyes. Este compromiso fue incumplido en numerosas ocasiones. Finalmente se acordó que darían solamente un salmón el día de la Ascensión. La cuestión de la medida de éste, ya que tenía que ser de la "forma et medida que esta feita et signada forma del salmón sobre el portal de la Iglesia de Sant Salvador", trajo numerosos problemas. Finalmente, en 1487, se estipuló que Santa Engracia pagara "40 sueldos dineros jaqueses moneda d'Aragon" (López, ibid., pág. 172-178).

  • Las obras realizadas en el monasterio entre 1562 y 1568.

En el siglo XVI el monasterio amenazaba ruina. Se acordó la construcción de uno nuevo que se alzaría en la parte meridional, junto a la iglesia. Varios fueron los maestros que intervinieron: Juan de Ancheta(1567-1572): Se comprometió a edificar los tres cuerpos de casa, cuatro claustros, sobreclaustros, refectorio, capítulo, sacristía, dormitorios, sobreescalera del claustro, cocina y despensa. En lo referente al plazo, pago y responsabilidad de la obra se acordó lo siguiente.

"...El dicho maestre Juan de Ancheta sea obligado a darla acabada con toda perfición que se rrequiere dentro de los seis años primeros venientes y que para ello los dichos abbat y monges le aian de dar al dicho maestre Joan de Anchete en cada un año quinientos ducados pagaderos aquellos en dos metades a sauer a natiuidad y sant Joan, y la obra se comience luego, y el primer pagamiento será a sant Joan primero venient..." "Item que si el dicho maestre Juan de Ancheta durante los seis años no diere acabada con la perfición que se requiere la dicha obra que los dichos abbat, prior y monges, a toda costa y daño del dicho maestre y provecho del dicho monasterio, puedan tomar maestros para el efecto de hazer cumplir esta obra".

Oyaga, Julio R. de Maestros constructores del monasterio nuevo de Leyre. Príncipe de Viana 1952-1953, pág. 328-329.

La muerte de Ancheta, en 1572, paralizó la obra durante seis años. Juan Luis Mosantes y Rubiano, Domingo Artal, Juan de Echenagusía, Miguel Recesido y Juan de Gorría continuaron los trabajos. Fue este último, Juan de Gorría, quien en 1648 terminó la obra.

  • El milagro de 1638.

En 1638, con motivo de una romería popular para pedir lluvia, se produjo un supuesto milagro: la aparición de una fuente milagrosa. El culto a las Santas Nunila y Alodia se incrementó (López, ibid., págs. 190-192). El convento fue suprimido y ocupado para su conservación por el arrendador de tierras de amortización, con motivo del decreto de 3 de septiembre de 1835, promulgado por el conde Toreno.

  • El siglo XVIII. Nuevas obras en el monasterio. Sus propiedades.

Se llevaron a cabo las siguientes obras: 1725: Altar de San Virila; 1782: Se levantó el enlosado del pavimento de la iglesia y se entarimó; 1784: Se hacen los nuevos retablos de San Juan Bautista y San Esteban; 1792: Se hacen las mesas de los altares de San Bernardo, San Virila, las Santas Vírgenes y San José; en el ala occidental, se construyen seis celdas; se modifica la librería; se instaló el archivo encima de la Sala Capitular. Francisco de Arbeloa da cuenta en unas notas preparadas para la Real Academia de la Historia de las propiedades que el monasterio tenía en 1793: Quince iglesias de la cuenca de Pamplona, pertenecientes a la abadía, pagaban 1.000 ducados por su arriendo. Eran las siguientes: Ororbia, Lizasuain, Marcalain, Garciriain, Añezcar, Oteize, Garrues, San Esteban de Huarte, Egüés, Elcano, Urroz, Meoz, Salinas, Idocin y Zabalza. El monasterio administraba directamente las iglesias de Artieda, Navascués, Igal, Izalzu, Yesa, Liédena y Villatuerta, que le pertenecían y de las cuales sacaba el trigo que necesitaba para su abastecimiento. Percibía también las cuartas de Güesa, Sarries, Burgui, Vidángoz, Roncal y Garde. En Aragón poseía la iglesia de Tiermas, donada por Don Pedro II de Aragón en 1220, la de Undués, Fillera el Real y Añues. Con el trigo que obtenía de estas iglesias tenía suficiente para su manutención. También por donación de Pedro II, disponía de los pastos de Tiermas. En Iparralde, en el valle de Soule, tenía derecho a apacentar ganados mayores y menudos en los Pirineos. En este valle tenía también, compradas desde 1120, unas majadas llamadas Beluza Mayor y Beluza Menor. Por donación de Sancho Ramírez tenía en el monte Ori, un cubilar llamado Arlotua.

Con anterioridad a 1836 había habido dos destierros: en 1809 y 1820. En 1821, y ante la posibilidad de una ley que aboliera las comunidades monásticas, se trasladaron a Sangüesa las reliquias de las Santas Vírgenes Nunila y Alodia, reliquias que se encontraban en Leyre desde los tiempos de Iñigo Arista. Volvieron luego al monasterio para ser entregadas en 1862 a Adahuesa. (La Arqueta se quedó en Sangüesa). En 1836 los monjes abandonan Leyre. Las fincas del monasterio son puestas a la venta y adquiridas por las familias Mendiolo y Goyena de quienes pasan a las familias de Oyaga y Pérez de Obanos, por una parte, y a la familia Octavio de Toledo, por otra. En el momento de la salida de los monjes la biblioteca del monasterio contenía las siguientes obras: 66 obras de Biblia y Patrología, 32 obras de Exégesis, 44 tratados de Teología, 31 tratados de Derecho Canónico y civil, 72 obras de Teología (predominaban las obras de moral), 80 libros de Historia (monástica y eclesiástica fundamentalmente, aunque había también libros de Historia de España y General), 84 libros de Espiritualidad, 54 libros de Sermones, 64 libros de Sermones predicables entre los que también figuraban clásicos latinos, 4 libros que correspondían a la sección de manuscritos, Biblia, El Libro de la Regla, un obituario, los Breviarios, Crónica de San Salvador de Leyre. Todas estas obras se encuentran en el Archivo General de Navarra (Lojendio, Luis M.ª: Leyre, Navarra Temas de Cultura Popular, Diputación Foral de Navarra). El Monasterio quedó abandonado. En 1867 se subastó por 8.000 reales. La Comisión Provincial de Monumentos consigue que el gobierno de Isabel II lo declare Monumento Nacional, impidiéndose su venta. Comienzan las obras de restauración.

Durante el primer tercio de siglo se alzan numerosas veces abogando por la conveniencia de reconstruir el monasterio de Leyre, continuando con la tradición comenzada en San Juan de la Peña y en La Oliva. Tras la guerra civil todas estas gestiones se orientan positivamente. En 1946 se llegó a un acuerdo entre Silos y la Diputación de Navarra para que una comunidad de monjes de este monasterio se instalara en Leyre. Se llega a un acuerdo y bajo la dirección de la Institución Príncipe de Viana comienzan las obras. En 1952 el obispo de Pamplona, Don Enrique Delgado Gómez, concede su permiso para la instalación de una nueva casa religiosa en el viejo monasterio. El 15 de septiembre del mismo año, se obtiene el permiso del Papa (Archivo Monástico de Leyre, López, ibid., pág. 220). Finalmente, el 10 de noviembre de 1954 Ilegan los benedictinos silenses (13 monjes de coro y 5 hermanos conversos). Tras más de cien años de abandono, el monasterio de Leyre, que tanta importancia ha tenido en la historia de Navarra, vuelve a ser habitado.

CAM

Leyre, cuna del reino y panteón en su tiempo de los reyes de Navarra, es la iglesia más antigua que se conserva en la provincia. Al paso de los años la circunstancia histórica completará la fisonomía de Leyre, por lo que habrá que diferenciar diversos momentos y modos de hacer en el conjunto. La complejidad de estilos constructivos superpuestos, plantea serios problemas de datación. En determinados períodos de su historia, Leyre ha sido la gran fortaleza y reserva para el pueblo navarro. Su posición estratégica fue decisiva para fijar una línea contra el peligro de las invasiones. Aquí se refugió la monarquía y la iglesia de Pamplona y de este lugar partió el impulso para la restauración material y espiritual del reino. Historia y Arte, nos lo presentan como uno de los monumentos del medioevo pirenaico más interesante de estudio.

Sobre la balconada de la montaña aparece majestuoso San Salvador de Leyre. A la espalda por el Norte, la sierra, que se extiende desde el Arangoiti, hasta la entrada del valle del Roncal. Al fondo del valle, el pantano y la cuenca de la canal de Berdún. Al oriente surge la silueta del Oroel y las rocas de San Juan de la Peña. Al occidente, la cuenca de Pamplona flanqueada por cadenas de montañas. Actualmente una arteria de comunicación importante surca el fondo del valle bordeando el pantano: la carretera Barcelona-San Sebastián. Desde este emplazamiento privilegiado el paisaje que se domina ha perdido su valor estratégico, ganando en belleza y serenidad, a lo que ha contribuido el embalse de Yesa, que cubre ahora el cauce del Aragón. Estas condiciones paisajísticas y el habilitamiento de su hospedería lo convierten en un lugar apropiado y frecuentado para el descanso.

Los orígenes del monasterio quedan todavía en entredicho, pero no existen datos referentes al monasterio con anterioridad al siglo IX. El primer documento escrito que poseemos data del año 842 y procede de los cartularios del propio monasterio. Otra referencia a la existencia del monasterio se conserva en una carta escrita por San Eulogio que lo visitó durante su viaje en el año 848 por el Norte. Otro documento específico, para ilustrar la obra del monasterio, nos lo dan las excavaciones. Se descubrieron bajo el pavimento de la nave gótica de la iglesia los cimientos de una construcción primitiva, anterior a la fábrica de la cripta. Esta debió de constar de ábsides irregulares (el central apainelado y los laterales casi semicilíndricos) y un cuerpo de edificio dividido en tres naves por dos series de columnas o pilastras. En el centro de la nave, cubriendo la totalidad de su anchura, encontramos un cuadrado de grandes dimensiones que tal vez responda a una fuente bautismal o a las bases de las paredes del nartex o, lo que es más probable, las bases de una torre. A estos restos, los especialistas no saben con seguridad qué origen atribuirles. Para algunos se trataría de una iglesia de tipo mozárabe, otros la ven como perteneciente al arte de la reconquista. Algunos dan un origen carolingio al monasterio, ya que según ellos, una colonia de monjes francos fundó el monasterio con fines político-religiosos. Esta iglesia sería destruida a fines del siglo IX por resultar insuficiente dada la importancia que iba adquiriendo el monasterio. Sirvió sin embargo de punto de partida de la futura ampliación representada por la actual cabecera y su cripta correspondiente.

Desde finales del siglo IX en adelante y hasta el siglo XII, en que parece que comienza a decaer la grandeza del monasterio, se conservan una extensa lista de donaciones hechas por los primitivos reyes navarros al monasterio que se irá haciendo cada vez más rico y poderoso. También el siglo XI marcará en la historia de Leyre un hito en la hegemonía y preponderancia que poseyó. La ampliación de Leyre es obra de este siglo y culminó en la consagración de 1057. Esta obra responde a la unidad de la cabecera de la iglesia, con sus naves, ábsides y cripta. Su planteamiento es de tiempo de Sancho el Mayor. Este estaba interesado en el movimiento de reforma cluniacense y pensó llevar a cabo en Leyre las mismas reformas que habían tenido lugar en el monasterio de San Juan de la Peña. Hubo oposición y la filiación con los benedictinos no tuvo lugar hasta medio siglo más tarde. En este momento y como si fuera para apaciguar a los monjes por la pérdida de su independencia, fue planeada una nueva iglesia que en 1098 consagró Pedro Sánchez I (rey aragonés). Sabemos por los documentos que fue una importante consagración, pero no resulta fácil concretar en el edificio actual la traza arquitectónica de las partes a las que afectó, ya que los reconstructores cistercienses, si bien respetaron la cabecera románica, destruyeron en gran parte la ampliación de esta segunda fase románica para hacer la gran nave gótica y reorganizaron la portada occidental.

El largo forcejeo con la mitra socavó el prestigio moral del monasterio. Decae el poderío de Leyre, aunque sigue dominando media Navarra. Esta etapa de crisis se ve agravada por las luchas entre monjes blancos y negros (benedictinos y cistercienses) por la posesión del monasterio. Serán los cistercienses quienes se queden en Leyre y los artífices de las grandes construcciones góticas. Esta orden permanece allí hasta el momento de la desamortización en el siglo XIX.

A partir de 1954 una nueva comunidad de monjes benedictinos, procedentes de Silos, restablece la vida monástica del histórico monumento. El siglo XIX se presentó funesto para la vida monástica. Tras la Ley de Desamortización las fincas del monasterio de Leyre se ponen enseguida en venta y la fábrica del monasterio permaneció abandonada durante veinticinco años, hasta 1864. El edificio se va desmoronando. Resulta improductivo para la administración de propiedades y derechos del Estado por lo que determinan ponerlo a subasta pública. Esta no se lleva a efecto gracias al interés de la Comisión Provincial de Monumentos que además gestionará para que el monumento sea declarado Monumento Nacional. Objetivo que se consigue el 16 de octubre de 1867. Se adjudica la propiedad y custodia a la Comisión Provincial. El vicario de Yesa, don Hermenegildo Oyaga y Rebolé, impulsó la idea de restaurar el monasterio para lo que pidió ayuda al secretario de la Comisión de Monumentos Artísticos e Históricos de Navarra. Concedida ésta, se empieza a trabajar en septiembre de 1874 y se termina en abril del año siguiente. En este primer momento se dedicaron a la construcción de nuevas techumbres y a escombrar la cripta. Una vez realizados se realizó la apertura al culto. Este plan de restauración contó también con la colaboración del Ministerio de Fomento. En 1888 el Sr. Oyaga recibe un oficio de la Dirección General de Instrucción Pública por el que se le comunica la asignación de una cantidad para la total restauración del edificio y su nombramiento como vocal de una junta de obras que se crea. Al morir D. Hermenegildo en 1915, es su sobrino José Oyaga el que seguirá promoviendo la obra. El entusiasmo de los señores Oyaga, la Comisión de Monumentos, la significación histórica, política y religiosa de Leyre dentro del ámbito navarro, contribuyeron al deseo de verlo definitivamente restaurado. A mediados de 1922, parece que al fin va a ser restaurado y convertido en un seminario misional, aunque esto no se llegó a hacer nunca por contratiempos económicos. Ante este impasse, surgen algunas quejas apelando a que los elementos oficiales de Navarra no se tomaran el debido interés en la restauración. Por ello, la Diputación Foral de Navarra comenzó a hacer gestiones con diversas comunidades, con el fin de restablecer la vida monástica en el monasterio y actividades culturales una vez habilitado el edificio. Para las obras de restauración, se aprobó el proyecto presentado por la Institución Príncipe de Viana confeccionado por José Yarnoz, miembro de la institución. En el convenio de 1946, la Diputación Foral hace constar también, que serán los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos los que se instalen en el monasterio. La restauración, dirigida por Yarnoz, duró diez años. Las obras devuelven a Leyre la silueta de otros tiempos. En 1952 la Diputación impone un ritmo acelerado a las obras de restauración y amueblamiento del monasterio. Con la llegada de los benedictinos el 10 de noviembre de 1954 surge la nueva vida monástica.

Las dimensiones del edificio, hacen necesaria una visión general de conjunto para situar los distintos momentos artísticos que ensamblados crean la armonía de Leyre. Al Sur, destaca la gran construcción monástica del siglo XVII. Obra de recia sillería que remata al estilo aragonés en un piso final de ladrillo con gran alero artesonado que sobresale sobre la línea de la fachada. En el frente oriental, encuadrados entre la obra del XVII y el antiguo palacio de los reyes y de los obispos de Pamplona, están los magníficos ábsides exteriores de la construcción románica. Tambores sobrios de bella y precisa línea integrados por enormes sillares. Por encima de los ábsides asoma una espadaña que responde a la construcción cisterciense del siglo XIV. Por la parte que da a la sierra y detrás de la hospedería se encuentran los restos del monasterio antiguo. Por el frente oeste, aparece solemne la portada principal, obra del siglo XII y excelente ejemplar del románico. La sensación de sobriedad que da al exterior, responde -según Tyrrel- al carácter militar que debió tener el monasterio en sus primeros momentos. La misma severidad de línea, muestra la torre cuadrada cerrada y maciza, con sus triples ventanas de tipo catalano-aragonés que está en el tramo más oriental de la nave del mediodía.

  • Cabecera de la iglesia.

En esta denominación incluimos el conjunto de naves y ábsides de la iglesia superior y de la cripta. Ambas constituyen un todo que se adelanta en tiempo a las grandes obras del románico peninsular del siglo XI.

  • La cripta o iglesia inferior.

Está dividida en dos partes. La mayor y más importante ocupa la totalidad del área debajo de la iglesia superior a la que sirve de fundamento. La segunda sección es como una estancia adosada compuesta de dos pequeñas divisiones que está separada de la cripta propiamente dicha por un muro en el que se abre una puerta. La planta de la cripta consta de tres naves que rematan en ábsides semicirculares. Pilares cruciformes gruesos separan las naves. La nave central está proyectada sin divisiones pero más tarde y con el fin de soportar mejor el peso se colocan tres hiladas de fustes y arcos, una de las cuales se sitúa en el centro y a lo largo de la nave e incluso en el ábside central (esto dará lugar a soluciones improvisadas), mientras las otras dos se colocan transversalmente a cada lado de los pilares centrales, lo que da una sensación de una estructura de cuatro naves que contiene cuatro pequeños tramos. Cortas columnas sin basas apoyadas directamente en el suelo y con grandes capiteles trapezoidales sostienen los arcos bajos peraltados que a su vez sustentan las bóvedas de piedra de cañón corrido con perpiaños sólidamente doblados. Esta estructura de atravesar sobre el capitel una larga piedra, que sirve a modo de ménsula para sustentar la fuerza que están ejerciendo las bóvedas -sería según los estudiosos- una fórmula tomada de los caballetes de las estructuras en madera. Ante esta construcción invade una sensación de arcaísmo muy pronunciado que ha llevado muchas veces a atribuirle una antigüedad excesiva sin fundamento, ya que no hay dato histórico que permita sospecharlo y el arqueológico es contrario al supuesto de fecharlo en el siglo IX. Más bien hay que pensar que la causa es solamente el peso enorme que va a recaer sobre ella, en función de la enorme cantidad de piedra acumulada en la cabecera del templo. La decoración escultórica de los capiteles, se reduce a estructuras geométricas (ondas y arcos trazados con intención asimétrica) o una tosca decoración vegetal a base de una combinación de bulbos y volutas. Esta decoración no distrae, sino que refuerza el principio de energía y sobriedad que da el conjunto. Es decir, existe una perfecta adecuación de la decoración a la arquitectura. Y si es cierto, como dice Almech, que algunos de los capiteles son basas relabradas traídas quizá de las ruinas romanas de Liédena, habría que seguir admirando el buen ajuste conseguido. De la cripta se sale por el portal más antiguo de los cuatro de Leyre. El análisis de sus elementos es una pauta para fijar el proceso cronológico de la construcción. Tiene este portal, arcos en degradación, trasdosado el externo por una simple moldura biselada y embutidos unos en otros. Las dovelas son muy desiguales, la arquivolta de medio punto como los arcos, pero muy irregular, se apoya por los cimacios de unos supuestos capiteles. Como imposta, los arcos se asientan en machones sin otra decoración que la imposta biselada. Se trata de un románico incipiente que aún no ha prodigado en ornamentación, pero que posee el valor de lo esencial y permite fecharlo en el primer cuarto del siglo XI. En cuanto a la datación, habría que dar una fecha de la primera mitad del siglo XI tanto para la iglesia superior como para la cripta, que serían construidas conjuntamente ya que cripta e iglesia tienen las mismas dimensiones y que los pilares centrales de la primera se hallan bajo los pilares análogos de la estructura superior. Esta obra responde a la ampliación de Leyre y culminó en la consagración del año 1057.

  • La iglesia superior.

Que en la construcción actual es la cabecera, viene a ser una proyección hacia lo alto de la estructura de la cripta. La cabecera con el firme fundamento de la cripta posee una gran esbeltez. Una y otra comunican hoy por una escalera interior que no pertenece a la antigua distribución del monumento. La planta consta de tres naves sin crucero que rematan hacia el este en su ábside correspondiente, en este caso semicircular. Es una planta de tipo basilical común a otras iglesias peninsulares de la época y que también apunta a ciertas relaciones con las iglesias poitevinas del SO. de Francia, sobre todo en lo que respecta al alzado de las naves por la casi análoga altura de las laterales con respecto a la central. La cubierta en las naves es de cañón corrido y en los ábsides de cuarto de esfera. Las bóvedas arrancan de una misma línea, pero por ser mayor el radio de la curva de la central, ésta es algo más alta. Las naves están separadas por cuatro enormes pilares acodillados de sección cruciforme con medias columnas adosadas en sus frentes. La nave de la epístola es más ancha que la del evangelio. Columnas también van adosadas a las paredes laterales. No tienen base, pero sí rematan en hermosos capiteles. Los arcos son doblados y de medio punto con anomalías de ejecución. Los perpiaños parecen rebajados y entre los formeros hay alguno que tiene una leve tendencia a la herradura, como también se acusa en el arco más abierto de la ventana del ábside central. El empuje de la bóveda se asienta sobre el cimacio que es una moldura prismática con un corte de bisel en su parte inferior. Bajo el cimacio, los capiteles, que son de gran tamaño y de dos tipos -los más alargados y de gran volumen se estrechan hacia el collarino, otros se ajustan al modelo cúbico. Son más cortos y su decoración es distinta de la de los anteriores, a base de rosas, etc. Ambos tienen collarino circular y en varios es doble. Los temas decorativos por lo general, repiten los de la cripta, a base de bulbos, estrías y volutas; de otro tipo aparecen en los capiteles cortos. El tema más común y reiterado de tos capiteles de esta iglesia se repetirá en todos los capiteles románicos. Lo que se convierte en peculiaridad, es que cada capitel tiene su cimacio correspondiente. Todos ellos van decorados. Algunos con la típica decoración de este momento del ajedrezado, otros con un vaciado de perlones, otros con esquemas lineales de roleos y rombos, rayados geométricos y una particularidad al aparecer tres rostros muy elementalmente esculpidos y enmarcados por unos arcos que parecen de herradura. Esta cabecera presenta al exterior por la parte oriental del monasterio tres sobrios y hermosos ábsides, de una misma altura. Característica que unos la relacionan con las primeras iglesias románicas del Poitou y que otros sólo ven como una característica típica del primitivismo de la construcción y como algo extraño en nuestro románico. Otra peculiaridad de estos ábsides es el empalme continuo sin resaltes entre sus zonas recta y curva y la casi carencia de adornos. La inexistencia de columnas adosadas o de ventanales decorados, el poco vuelo de los canes, su pequeña curvatura y la sencillez decorativa, reducida en su mayor parte a una cabeza de hombre o de animal o esquemáticas figurillas, lazos, bolas y otros atributos. Esta sobriedad primera dista mucho del modelo más típico de León, Jaca y Fromista que más tarde se extenderá en España y nos permite datarlo de la primera mitad del siglo XI.

A esta parte de la cabecera más antigua, que quedó intacta, se añade en tiempo de los cistercienses la gran nave gótica de Leyre. Pero en los muros de esta construcción, se descubre una segunda fase románica, pues se conserva el muro que cierra la iglesia por el Sur que por la traza de la construcción y el estilo son de fecha posterior a la cabecera consagrada en 1057. Los sillares son menores que los de la cabecera. Aparecen dos ventanas típicamente románicas, muy abocinadas y de estricto medio punto. Ambas llevan columnas de fustes muy estrechos que asientan sobre sus correspondientes basas (detalle que no se da ni en la cripta ni en la cabecera del templo). También la escultura de sus capiteles a base de temas vegetales de hojas partidas y caladas, racimos y ramas que se entrecruzan, muestra ya el hacer de un período románico más avanzado.

En este mismo muro donde están estas ventanas se abre la portada sur que actualmente comunica la nave central con la capilla de enterramiento de los reyes de Navarra aunque en su origen era una puerta exterior. Consta de tres columnas con sus correspondientes capiteles que pertenecen al siglo XII ya avanzado. Sobre ellas asientan arcos lisos de grueso bocel entre los que se dispone un abundante número de cañas y molduras que suplantan la falta de tallas en las arquivoltas. El tímpano que recae sobre ménsulas con cabezas de animales, está decorado con el clásico crismón pirenaico. El tratamiento que aquí recibe es muy sobrio comparándolo con el de otras iglesias. Tiene gran parecido con el de San Lázaro de Estella, por lo que hay que datarlo entre 1135 y 1150. Los capiteles sin embargo se fechan en un siglo XII avanzado ya que el tema de los pájaros picoteándose las patas es de influencia compostelana y leonesa.

La capilla a la que da acceso, es de construcción más reciente. En el centro, el enterramiento de los reyes de Navarra. (Los restos de los reyes fueron trasladados al panteón real de la catedral de Pamplona). El mausoleo es una talla en mármol de comienzos del siglo XX. También se puede ver en esta capilla una imagen de la Virgen de fines del siglo XII, comienzos del XIII, sostenida a modo de peana. Sobre los muros románicos se completó la obra ojival. La gran nave gótica del siglo XIV que también es una parte importante dentro del conjunto. Los constructores voltearon una cubierta más complicada como corresponde a un momento más avanzado, logrando una nave magnífica de 14 m. de ancho, solamente sobrepasada por la de Ujue. La bóveda se apoya sobre columnas triples góticas que se adosan a los muros románicos y, en otros casos, sobre las propias columnas románicas subsistentes. Con esta construcción toda esa parte del edificio se vio muy modificada, con lo cual resulta imposible saber las partes de la iglesia que fueron objeto de la consagración del 1098. Tras la transformación, el rosetón del oeste quedó descentrado por las necesidades de la obra.

  • La portada principal.

Forma parte del hastial de la gran nave gótica. Su estilo escultórico responde al románico característico del siglo XII pero el desorden que se advierte en la distribución de las tallas plantea la duda de si pudo ser reconstruida posteriormente en la época cisterciense. La estructura de la portada, consta de tres columnas a cada lado que dan la sensación de multiplicarse al tener las aristas de los. codillos redondeadas. Estas sustentan cuatro arcos decorados con una escultura muy expresiva, que cobijan un tímpano de figuras muy arcaicas y de diferente tamaño, rodeadas de una corona de palmetas desiguales. Bajo el tímpano, en los extremos ménsulas con las típicas cabezas del león y del toro y en el centro el parteluz, columna con capitel y basa muy decorados. Por encima de la puerta, en la línea del frente y las enjutas, un gran número de figuras desiguales completa el espacio superando ese "horror vacui" tan presente en el románico. Una serie de modillones en lo alto, indica que estuvo protegido por un tejaroz. Hoy día una gran visera y unos muros laterales hechos para este mismo fin desfiguran un tanto el conjunto.

En cuanto a la decoración escultórica, hay que distinguir tres momentos:

  • Tallas más antiguas: el tímpano.

Siete figuras componían originariamente el espacio. Una de ellas ha desaparecido y otras dos no tienen cabeza. Sólo cuatro quedan en buen estado. En el centro el Salvador, a su derecha la Virgen y San Pedro, y a la izquierda, San Juan. Son figuras de mucho empaque de talla muy plana, que tienen trajes acampanados. Los rostros son parecidos y muy estilizados.

  • Segunda fase: capiteles y columnas.

Esto resultó así porque probablemente se aprovechó un tímpano ya existente. Los capiteles son seis, y entre los diferentes temas representados aparecen leones de dorso arqueado, figuras en cuclillas, pájaros con los cuellos entrelazados que recuerdan a los de las ventanas interiores del muro sur y que por la temática hay que relacionar con el maestro Esteban; y otros de menor expresión a base de estilizaciones de hojas o tallos, apareciendo en uno de ellos una cabeza entre el follaje. Todos ellos son un reflejo del arte del Camino de Santiago. De fecha posterior, es el capitel del parteluz, cuya representación es de cuatro personajes sentados en los ángulos. Los capiteles llevan cimacio, algunos con moldura lisa y otros retallados. Las columnas de fuste alargado asientan sobre basas sencillas románicas. Volteados sobre los capiteles se encuentran los cuatro grandes arcos de la portada en una gran variedad temática y simbología románica. En el primero aparecen tallados de forma radial (como es lo habitual en el románico) un conjunto abigarrado de garras, patas, frutos y nudos con caracoles en el intradós. En las otras aparecen tallas muy diversas, expresivas y caricaturescas (pájaros, máscaras, serpientes y personajes como músicos o mujeres arreglándose los cabellos que pueden simbolizar los pecados capitales). En las zonas intermedias unos cordones galoneados y animales alargados que parecen seguirse, completan, junto con el arco exterior de triple ajedrezado, el conjunto. Las tallas del románico, invitan a ver tras ellas, dejando patente una finalidad moralista y catequética, dirigida a un pueblo a menudo iletrado al que había que instruir y excitar la devoción por medio de imágenes.

  • Tercera fase: línea alta del fuste y enjutas.

No se sabe exactamente cuándo se llevó a cabo porque la suspensión de las obras, que acredita la falta de simetría y armonía en la distribución, coincide con la crisis suscitada por el largo pleito de la exención canónica. Cabría pensar que los materiales, ya preparados, se colocaban en el período cisterciense. A la izquierda, las figuras mayores están en la parte superior, mientras que a la derecha ocupan la parte baja, destruyendo la simetría. Entre las figuras mayores del lado izquierdo, aparece de nuevo un Pantocrator y San Pedro. Se diferencian de los del tímpano en que ya no es una talla plana sino que marcan los volúmenes y los hábitos se enriquecen con hileras de perlas siendo muy cuidado y más naturalista el trabajo de pelo y barba. Hay otros dos apóstoles en el grupo y al extremo un San Miguel con escudo. En el centro, el tamaño de las tallas se reduce. Aparecen dos escenas, representando el martirio de las Santas Nunilo y Alodia y otras más deterioradas. Seguido, una gran cabeza de cuya boca salen cinco cintas, que pueden aludir al agua. La danza de la muerte, y un gran pez en el centro de un arco que describe un hombre a quien se le ha identificado como Jonás. Bajo esta línea, la decoración es más anárquica. Simbólica es la representación de dos ángeles trompeteros y un cadáver despertando como ante la llamada al juicio, que aparece tallada en la curva del arco. A la derecha, dos grupos de figuras estilizadas, uno representando la Visitación y otro la Anunciación y un santo. Debajo un relieve eucarístico de racimos y sarmientos entrelazados aprisionando una cabeza humana. En la enjuta izquierda un santo con un gran cayado, sin personalidad definida, que unos atribuyen a Santiago y otros a San Marcial, fundador del monasterio. Debajo, un entrelazo en forma de malla y como relleno la cabeza de un hombre con barba. Formando parte del conjunto aparece un gran ventanal de estructura gótica con capiteles que también lo son aunque el arco lo hacen de medio punto. Un matacán en lo alto da a la construcción un aire de fortaleza. Otro elemento propio del estilo gótico es el arbotante, que se coloca en los muros exteriores y en el ábside y cuya misión es recibir los empujes laterales de las bóvedas de crucería ojivales descargándolos sobre los contrafuertes que, a su vez, refuerzan el muro. En el muro norte de Leyre encontramos un gran arbotante único de esta época gótica y varios recios contrafuertes. En uno de ellos se lee la inscripción "MAGOISTER FULCHERIUS ME FECIT" y en otro "AZENARIUS" atribuyéndose a los maestros de la obra gótica.

Existen obras artísticas que pertenecieron a Leyre pero que tras el momento de la desamortización pasaron a otras entidades. De la época romana quedan en Leyre algunos restos menores, entre los que se destaca un ara romana dedicada a las ninfas. Si bien perteneció en su tiempo al monasterio hoy se halla en el Museo de Comptos. Tiene unas dimensiones de 0,60 por 0,34 m. y la inscripción es la siguiente: QUINTUS/ LICINIUS/ VSCVS. AQUILE/ GUS VARAIEN/ SIS NIMPIS/ VIVENS. M(ERITO)/ V(OTUM). S (OLVIT). "Quinto Licinio Lusco Aquilego de Varea cumplió gustoso su voto a las ninfas" según interpretación y transcripción de Taracena y Vázquez de Parga.

Conservado en el Museo de Navarra hay cuatro canecillos románicos decorados y un fragmento de rica tela árabe de guarnición, ambos pertenecientes a las primitivas construcciones del monasterio.

La arqueta de marfil perteneció durante muchos años al monasterio. En los años de la desamortización pasó a Sangüesa, de allí pasó al obispado, quien lo vendió a la Diputación Foral. Contenía las reliquias de las santas Nunilo y Alodia, santas mártires de origen no bien conocido, tal vez naturales de Huesca. Santas que eran ya veneradas en Leyre desde el siglo IX, en que son trasladadas al monasterio por orden de la reina Oneca. La arqueta de marfil data del 1005. Es una caja rectangular con tapa que tiene diecinueve piezas de marfil y medidas de 32, 22 y 22 cms. En las caras, medallones con ocho lóbulos. Un gran personaje barbado rodeado de servidores, entre los que se ha querido ver representada la figura del califa Hixam II. A la izquierda, dos personajes más, que serían el primer ministro Abd-el Malik y el Amiri, hijo de Almanzor. En el centro de la Composición, tres mujeres tocan instrumentos musicales. El resto plenamente cubierto por una decoración abigarrada. En un lateral, dos gacelas atacadas por animales (tigres y leonas) y dos unicornios mirándose y desplegando sus alas. Un árbol, probablemente símbolo del árbol de la vida, tan caro a los musulmanes, en cuyas ramas hay pájaros, llena todo el espacio restante. En el otro, los felinos atacan a ciervos de gran cornamenta y dos animales de cuerpo de león y cabeza de ave se enfrentan (grifos?). En medio una figura de hombre con los brazos extendidos y dos cuadrúpedos mirando hacia arriba. En la cara posterior, un hombre rodeado de leones, tal vez un domador, con una inscripción en su escudo: EN EL NOMBRE DE ALAH, BENDICION A ALAH, FELICIDAD Y PODER. Dos jóvenes con lanza y escudo montados en pequeños elefantes. Dos caballeros, uno con la lanza y otro con escudo, justan a pie. Todo el ambiente nos da la impresión de que se describe una fiesta en Córdoba, con el califa como invitado principal de el-Amiri o de Abd-el-Malik y de que se describen los jardines y los números de entretenimiento. En la tapa, un águila con su presa, y leones que atacan búfalos. En la cara delantera, cuatro medallones de más pequeño tamaño representando escenas de caza y más escenas de leones o tigres atacando a gacelas. Otras de las representaciones son: aves de presa que extienden sus alas y torneos de elefantes. En los laterales, un solo medallón con un pavo real. Rodeando la arqueta, una inscripción en caracteres cúficos de cuyos extremos ondean volutas vegetales. El contenido nos da la clave de su autor y de sus ayudantes así como de la oportunidad de su confección. Dice así: EN EL NOMBRE DE ALAH, PROSPERIDAD, ALEGRIA, ESPERANZA DE BUENAS OBRAS, TARDANZA DEL MOMENTO SUPREMO PARA EL HAYIB SAYF AL DAWLA ABC AL MALIK BEN AL MANSUR. QUE DIOS LE ASISTA. HECHO HACER POR SU ORDEN BAJO LA DIRECCION DE FATA AL KABIR ZUHAIR BEN MUHAM MAD AL AMIRI SU ESCLAVO. AÑO TRESCIENTOS NOVENTA Y CINCO". Este año de la Ejira corresponde a nuestro 1005. Cada cara lleva la firma de su autor y además una inscripción que dice: HECHO POR FARAY Y SUS DISCIPULOS. Aunque se ignoran la identidad y las obras de ese tal Faray. Se ignora a su vez, cómo el cofre pudo llegar tan pronto a Leyre, aunque se ha conjeturado que fue con ocasión de la conquista de Huesca, en 1098.

La Sillería del Coro también fue trasladada a la iglesia de San Salvador. Obra de Pedro de Pantrovel (según atribución de Biurrun). Plateresca en su concepción, datada hacia 1580, época en que ya era más pujante la tendencia a la romana.

El retablo principal también se trasladó, esta vez a la parroquia de Burgui, pero se quemó en 1885 cuando la desamortización. Quedan en Leyre dos retablos colaterales renacentistas atribuidos a Gaspar Ramos y a su socio Victoriano de Echenagusía. Dedicados a San Bernardo y a las Santas Nunila y Alodia. La decoración se atribuye a Alonso de Logroño y Vega.

TPS

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