Gerrillariak

Mina Larrea, Martín-Javier de

Célebre guerrillero de la Guerra de la Independencia, nacido en Otano (Noáin - Valle de Elorz, Navarra) en 1789 y muerto en México, en situación trágica, en 1817.

Era sobrino del otro no menos célebre guerrillero Francisco Espoz e Ilundáin, más conocido como Francisco Espoz y Mina. Hijo de unos modestos labradores, pudo, empero, dedicarse a los estudios, primero en el Seminario de Pamplona y luego en la Universidad de Zaragoza, merced a unas generosas ayudas que recibió. Fue esta circunstancia de sus estudios la que a Martín-Javier de Mina y Larrea le valió más tarde el título de Mina "el Estudiante" o Mina "el Mozo", que lo distinguía de su tío Francisco Espoz e Ilundáin. Se hallaba en Zaragoza cuando, a raíz de los sucesos del 2 de mayo de 1808, se generalizó la resistencia del pueblo español frente al invasor francés. Es voz común -y así lo recoge el articulista de la Enciclopedia Espasa en el artículo Mina (Francisco Javier)- que el futuro guerrillero tomó parte activa, junto con otros estudiantes, en la resistencia que organizó la ciudad de Zaragoza, a las órdenes de Palafox, en las dos ocasiones Obligado por la enfermedad a volver a su lugar natal y testigo aquí de los desmanes que cometieron en haciendas y personas una tropa de doscientos dragones franceses, se lanzó al monte junto con su tío y otra partida de jóvenes labriegos.

Una bravura sin límites, el entusiasmo a raudales y una agilidad de movimientos desconcertante, fundada en un conocimiento palmo a palmo del terreno: he ahí la clave que explica su fulgurante acción en Navarra, donde se hizo temible a los imperiales, a los que batió en diversas ocasiones, haciendo, por lo demás, famoso su nombre en La Rioja y en Aragón. Otro rasgo descollaba en la acción guerrillera de Mina y Larrea, no menos que su legendario valor: su humanidad, que hizo que deparase un trato desusado en su tiempo a cuantos franceses caían prisioneros de su cuadrilla. A estas alturas, tan popular se había hecho Mina con sus emboscadas y ataques, sus luchas y victorias, que fue objeto de ofrecimientos especiales por parte del general D'Agoult para que se retirase de la guerrilla. Llegó también la fama de sus hazañas a los dirigentes de la resistencia nacional: El gobernador de Lérida le facilitó armas y municiones y la Junta Central, por su parte, le envió una bandera con la más honrosa de las dedicatorias. Al fallar los recursos de la persuasión, Mina y su partida fueron objeto de una tenaz persecución por las tropas del general Harispe.

El guerrillero se replegó en las montañas y esperó a que amainase el temporal. No tardó en hacer nuevamente acto de presencia, infligiendo serios daños a los imperiales en Cinco Villas, Egea, Puente la Reina y el Carrascal. A finales de marzo de 1810 Mina cayó prisionero en Labiano, víctima de una falaz delación. Un grupo de patriotas pamplonicas, que se hacían pasar por "afrancesados", consiguió del general Dufour que no fuese fusilado inmediatamente. Confinado en Vincennes, se dedicó a perfeccionar sus conocimientos tácticos y del arte militar en general. Vuelto a España en 1814, Mina "el Mozo" se acogió a la sombra de su tío, el que, a raíz de su detención en Labiano, pasó a comandar la partida "el Corso Terrestre" y se hizo también famosísimo en los anales de la guerra de la Independencia española con el nuevo nombre de Francisco Espoz y Mina (éste de Mina, adoptado sin duda con el propósito de hacer incidir sobre sí y su partida las resonancias y el prestigio inmenso que suscitaba el nombre entre las masas). Lo que sea de esto, tío y sobrino hubieron de pechar con una nueva realidad: la de que en España imperaba el más feroz absolutismo. Por otra parte, la visita que tío y sobrino hicieron a Madrid en la espera de obtener alguna gratificación de parte de Fernando VII en premio a sus resonantes acciones de guerra, evidenció a los guerrilleros navarros el profundo desprecio que el militar de carrera sentía por los genios improvisados en la guerra.

Estas y otras frustraciones (entre las que cabría mentar la de la secreta aspiración del tío general al título de virrey de Navarra) hicieron que ambos célebres guerrilleros se lanzasen a la insurrección. Mina "el Mozo", que ahora se llamaba Francisco Javier Mina y Espoz (sin duda, para aprovecharse en beneficio propio de la fama de su tío general...) fue encargado en esta operación del asalto a la ciudadela de Pamplona; pero el golpe no prosperó y ambos hubieron de ganar la frontera francesa. Si el tío acertó a bandearse con desahogo en el exilio, la suerte del sobrino fue de lo más desgraciada. Detenido por conspirador, estuvo confinado en la ciudadela de Blaye, cerca de Bordeaux, hasta finales de febrero de 1815. Liberado al fin y dispuesto a pasar a Inglaterra, volvió antes a Navarra, embarcando luego en Bilbao, rumbo a Bristol. En Inglaterra, donde se hizo pasar como general y como víctima del absolutismo borbónico, mantuvo interesantísimas relaciones, sobre todo con algunos grupos de conspiradores sudamericanos.

Trató, entre otros, con lord Holland y el general estadounidense Winfield Scott, siendo notorio que fue aquél, junto con otros varios lores, los que sufragaron los gastos de la expedición que al mando de nuestro famoso ex-guerrillero se dirigió contra el virreinato de México en la primavera de 1815. Mina pasó antes por Norfolk, Nueva York, Filadelfia y Baltimore, donde fue engrosando el número de expedicionarios. En septiembre de 1816 se dirigía ya rumbo a Puerto Príncipe, en Haití, donde con toda probabilidad trató al futuro libertador de Sudamérica, Simón Bolívar. Tras una nueva escala en los Estados Unidos, con objeto de hacerse con dos navíos más, Mina enfiló al fin rumbo a México, donde desembarcó en abril de 1817. Haciendo gala de sus dotes de guerrillero y como en los mejores días de la Guerra de la Independencia, Mina mantuvo en jaque a fuerzas realistas muy superiores, pero a la postre fue hecho prisionero y fusilado en noviembre del mismo año. Parece probado que Mina y Larrea se hallaba afiliado a la masonería desde el año 1815, coincidiendo probablemente su ingreso con su estancia en las cárceles de Blaye o sus actividades de conspirador en Inglaterra.

  • J. M. Iribarren: Espoz y Mina, guerrillero, Madrid 1965.
  • Idem: Espoz y Mina, el liberal, Madrid 1967.
  • William Davis Robinson: Memorias de la Revolución de México y de la expedición del general D. Francisco Javier Mina, trad. de José Joaquín de Mora, Londres 1824.
  • Alfonso de Otazu y Llana: «Hacenditas Navarros en Indias», pp. 341-345.
K. J. O.