Lexikoa

MEGALITO

Piedra de grandes dimensiones. Sepulcro monumental prehistórico.
El megalitismo en Euskal Herria. Desde el Neolítico avanzado y hasta el final de la Edad del Bronce y su transición a la del Hierro se conoce en Euskal Herria una amplia serie de construcciones megalíticas en su mayoría como depósitos funerarios y en otros casos con destinos rituales o conmemorativos. Su estudio e interpretación cultural sólo es posible en el amplio contexto de los países del Sudoeste que nos rodean, en las diversas áreas de especial concentración de megalitos: la Bretaña, los países del Lot, el ámbito pirenaico, el Sudeste español y Andalucía, o el frente atlántico gallego-portugués. Existieron relaciones de base en los elementos de la cultura material, en el ritual y en la propia «arquitectura» megalítica: pero su cronología, vías y reiteración aún no están bien establecidas. El neologismo «megalítico» (según su etimología griega «de grandes piedras») fue creado por A. Herbert, un erudito de Oxford, en 1839, para referirse a las construcciones prehistóricas alzadas con grandes bloques de piedra en Inglaterra y en la Bretaña francesa. Fue pronto adoptado por los tratadistas ingleses y franceses de mediados del siglo pasado, como forma más objetiva de designar a los monumentos que, acogiendo tradiciones populares de diversos ámbitos del Sudoeste de Europa, se venían denominando «druídicos», «célticos» o «ciclópeos», etc. El término megalítico sigue siendo aún hoy un tanto confuso. En un sentido muy restrictivo se habría de aplicar sólo a las construcciones con piedras de gran tamaño y apenas escuadradas. De hecho, muchos monumentos «megalíticos» lo son sólo en parte: algunas losas de cubierta o algún hito vertical resultan ser realmente grandes, mientras que el resto de la construcción emplea lajas de menor tamaño, paramentos de piedra seca o acumulaciones de tierras o de cantos menores. Incluso se adosan a partes cavadas en la roca viva y hasta (los megalitos y «cuevas» artificiales) pueden ser sustituidos por esa excavación tallada en las masas de piedra. Otros términos formados de antiguas raíces célticas se han ido acuñando para designar algunos tipos concretos de megalitos: dolmen (La «mesa de piedra»), cromlech (círculo de piedras), menhir (piedra larga), galgal (o túmulo), cairn (montículo de piedra). En euskara diversos sustantivos normalmente indicativos del origen o destino legendario de las construcciones designan algunos de esos grupos: trego-arriak (en el Aralar), gentilbaratzak, ilso, arluzeak, jentillariak,... Múltiples referencias toponímicas y legendarias recuerdan, en las tradiciones orales del pueblo vasco, la existencia y pretendidos usos de bastantes de esos monumentos. Tal como ya se expuso anteriormente (capítulo 10), las referencias populares a los dólmenes suelen atribuir su construcción a gentes de fuerza excepcional (los gentiles), pensándose que sirvieran de sepultura o de refugio a personajes especiales (el cíclope Tartalo, las brujas, los gentiles, etc.). La creencia tradicional en tesoros encerrados en el interior del monumento ha excitado, lógicamente, la codicia de labriegos y pastores; de forma que ha sido común y reiterada la violación de los depósitos arqueológicos de buena parte de los dólmenes vascos.
El estudio del megalitismo vasco. Uno de los aspectos más llamativos de la Arqueología de la zona es el constituido por las cámaras megalíticas funerarias, cuya monumentalidad, relativa abundancia y ajuares ocupan, con razón, páginas numerosas y destacadas en la bibliografía del territorio vasco pirenaico. Pese a lo publicado, quedan aún muchas cuestiones que resolver en este capítulo siempre privilegiado de nuestra Prehistoria. El estudio del "fenómeno megalítico" ha pasado por altibajos de interés y de finura metodológica en los programas de investigación de la Prehistoria europea. Hace no mucho se evaluaba lo realizado en Francia a este respecto: el juicio de valor de P. R. Giot ( 1976:202) resulta perfectamente trasferible a la situación de esas investigaciones en la Península Ibérica y, desde luego, a la historia de tales estudios en Euskal Herria. "Tras haber conocido un puesto de interés privilegiado entre los primeros "anticuaristas" y prehistoriadores, su estudio ha sido a menudo desfavorecido salvo en algunas regiones en que se mantuvo la tradición hasta alcanzar las exigencias de la investigación moderna. Pese a la mala reputación que tienen a veces los megalitos entre los prehistoriadores dedicados a otras especialidades, su estudio sistemático tiende a renovarse aunque por desgracia no con los medios materiales ni con los efectivos personales que requiere. Bien entendido que con ello no deben hacerse aislar los megalitos de su contexto en las diversas civilizaciones del Neolítico y del Calcolítico que les son no sólo contemporáneas sino la cuna y el medio en que esa arquitectura se desarrolló y evolucionó en formas diferentes". No es difícil apreciar esas etapas definidas por Giot en la historia del conocimiento del megalitismo francés también en nuestro País: añadiendo las vicisitudes de las dos guerras sucesivas (la Civil española y la Segunda mundial) a dificultades a la continuidad entre las dos etapas básicas (la antigua y "clásica", hasta 1936; y la reciente, de hace quince años ahora) de la historia de las investigaciones sobre el megalitismo vasco.

En una primera etapa, dentro del siglo pasado, se produjeron los hallazgos de algunos monumentos espectaculares, cuya arquitectura y disposición fueron con mayor o menor fortuna aproximadas a las que los eruditos alaveses o navarros conocían de Inglaterra o de Francia. Tal fue el caso de los monumentos dolménicos de la Llanada alavesa (Aizkomendi y Sorginetxe, en el segundo cuarto del XIX), de la zona de Cuartango y de los "túmulos" de Eskalmendi y Kapelamendi (en las proximidades de Vitoria), cuya atribución a los "celtas" o a los indígenas "iberos" llenó muchas páginas polémicas en las revistas ilustradas de la época. Los primeros descubrimientos navarros se hicieron en el Aralar en 1894 por F. de Huarte, estudiándolos de inmediato J. Iturralde y Suit, cuyos trabajos fueron amparados por la Comisión de Monumentos de Navarra. Posteriores hallazgos, en la misma estación, por F. de Ansoleaga exigieron la intervención científica de T. de Aranzadi y, de seguido, la constitución del equipo de investigadores que habría de producir el mayor incremento científico en el conocimiento de los dólmenes de Euskal Herria.

La etapa "clásica" o de madurez de estos estudios llenó las dos décadas anteriores al estallido de la guerra civil de España. La actividad de exploraciones, excavación y estudio de T. de Aranzadi, J. M. de Barandiarán y E. de Eguren produjo un impresionante cúmulo de datos de localizaciones dolménicas, formalizándose la organización básica de los monumentos en estaciones o grupos. Una decena larga de detalladas memorias de excavación ha quedado de esos trabajos como fondo bibliográfico de consulta imprescindible para quien desee estudiar nuestros dólmenes. Dos fueron firmadas por T. de Aranzadi y F. de Ansoleaga con sendas entregas de exploraciones en el Aralar (publicadas en Pamplona, en 1915 y 1918), otras dos por T. de Aranzadi y J. M. de Barandiarán con los resultados de un estudio de otros ocho monumentos de Aralar y el del dolmen de Basagain en el contexto de investigaciones prehistóricas guipuzcoanas (se editaron en San Sebastián, en 1924 y 1928) y otras ocho por Aranzadi, Barandiarán y Eguren correspondientes a sus exploraciones en nueve dólmenes del Aralar guipuzcoano, seis de Aizkorri, siete de Ataun-Borunda, ocho de Altzania, nueve de Entzia, dieciséis de Elosua-Plazentzia, seis de Urbasa y cuatro de Belabieta (cuyos tomos se editaron en San Sebastián en 1919, 1919, 1920, 1921, 1922, 1922, 1923 y 1923 respectivamente). A ese repertorio de publicaciones deben añadirse las noticias de descubrimientos y exploraciones complementarias que J. M. de Barandiarán (en un total de seis textos en las revistas "Euskalerriaren Alde" de 1916, "Revista Internacional de Estudios Vascos" de 1924 y 1926, "Anuario de Eusko Folklore" de 1928 y 1932, y "Vida Vasca" de 1936) y E. de Eguren (en "Revista Internacional de Estudios Vascos" de 1927 y 1927, "Anuario de Eusko Folklore" de 1929, y en una monografía sobre el túmulo de Oquina de 1928) dieron a publicación en esos años. El trabajo continuado de Aranzadi, Barandiarán y Eguren en estaciones dolménicas guipuzcoanas y, menos, alavesas y navarras, coincidió con los inicios de las prospecciones megalíticas de R. Gombault (desde 1914) en Bajanavarra y en Zuberoa. Por aquellos años debe anotarse la notable aportación de los investigadores catalanes al conocimiento del megalitismo del Pirineo oriental, con los trabajos de J. Serra Vilaró en la comarca de Solsona y en importantes síntesis sobre toda Cataluña, con la actividad del "Institut de Estudis Catalans" que P. Bosch Gimpera había creado en 1915 y con los estudios iniciales de L. Pericot (que culminaron en 1925 con la publicación de sus Tesis Doctorales sobre el megalitismo en todo el ámbito pirenaico). No debiéndose olvidar las excelentes relaciones de amistad y de intercambio científico que se establecieron entre los prehistoriadores vascos y catalanes, tanto por el magisterio académico del propio Aranzadi en la Universidad de Barcelona, cuanto por la intervención reiterada del propio Bosch Gimpera en publicaciones y reuniones científicas de nuestro País.

Los años de la postguerra y de etapa de transición se caracterizan por la lógica dispersión de aquel equipo anterior y, pronto, por la aparición de diversos grupos de investigadores que emprenderán las exploraciones dolménicas en las diferentes provincias. J. M. de Barandiarán, desterrado en Iparralde, producirá la mayor parte de las identificaciones (casi medio centenar entre dólmenes y túmulos) de aquel territorio: aunque no se produjeron excavaciones. J. Elósegui (en diversas entregas impresas, desde 1951 , en la revista "Munibe") incrementará sensiblemente el catálogo dolménico de Guipúzcoa y Navarra. La organización de un Servicio de excavaciones en la Institución Príncipe de Viana de Pamplona permitirá el trabajo de excavación sistemática de varios importantes dólmenes navarros: en campañas dirigidas por B. Taracena y por J. Maluquer de Motes y D. Fernández Medrano (cuyos resultados se publicaron en "Excavaciones en Navarra" y en "Príncipe de Viana"). La vuelta de J. M. de Barandiarán, en 1953, le permitió dedicarse de nuevo al estudio y excavación de algunos otros monumentos de gran interés: tal es el caso, por ejemplo, de las exploraciones que con D. Fernández Medrano realizó en algunos de los dólmenes del valle de Cuartango y en los más importantes de la Rioja alavesa (San Martín, El Sotillo, Peciña...) o los trabajos que en alguna estación guipuzcoana llevó a cabo con T. de Atauri y M. Laborde.

La etapa actual de las investigaciones sobre dólmenes vascos tiene diversos protagonistas en el quehacer de las prospecciones y de las excavaciones. La preparación de su Tesis Doctoral (que se publicó, en varias entregas en 19731 75) le llevó a J. M. Apellániz a la revisión de bastantes de los monumentos conocidos y a la excavación de varios -en Vizcaya, en Alava y en Guipúzcoa- solo o en colaboración con otros (J. Altuna, J. Fariña, A. Llanos, P. Rodríguez de Ondarra). En Navarra destacan las prospecciones de T. López Sellés y de F. de Ondarra. En Iparralde, desde 1968, J. Blot ha emprendido un intenso plan de búsqueda y más recientemente de excavaciones con resultados realmente positivos. Hace poco ha sido el Instituto Alavés de Arqueología, con J. I. Vegas sobre todo y también con F. Galilea y J. J. Vivanco, quien ha planificado un programa de actuación a largo plazo, abordando el estudio del megalitismo por áreas geográficas concretas. Del mismo modo que grupos de prospectores de la Sociedad Aranzadi incrementan el catálogo dolménico guipuzcoano con los trabajos de L. del Barrio o las excavaciones de A. Armendáriz y los estudios de J. Peñalver. La realización (en l977) de la Tesis de Doctorado de T. Andrés aportó un replanteamiento crítico de bastantes cuestiones de tipología constructiva y .de cronología de los monumentos megalíticos. Mientras que detallados trabajos en curso (por A. Cava en torno a las industrias de la piedra tallada, por ejemplo) permitirán, en un futuro no lejano, presentar los caracteres esenciales del "fenómeno megalítico" en lo tocante a cronología y evolución y a relaciones culturales con otros ámbitos de la Prehistoria contemporánea. Como una muestra muy significativa de lo que han supuesto estos últimos quince años en cuanto a incremento de las informaciones sobre el megalitismo vasco recordaré que los 126 dólmenes en Navarra catalogados por J. Elósegui en 1953 pasaron a ser 230 en el inventario de J. M. Apellániz de 1973, y a sumar 298 dólmenes más 41 túmulos en el de I. Barandiarán y E. Vallespí de 1980. En Iparralde el total de monumentos que catalogó J. M. de Barandiarán en 1953 comprendía 50 dólmenes (de los que él mismo había descubierto 42), 16 túmulos (5 descubiertos por él) y un lote de casi un centenar de cromlechs. Veinte años después, y como efecto de las prospecciones de J. Blot, se añaden al catálogo de J. M. de Barandiarán 38 dólmenes nuevos, 3 cistas dolménicas, 52 túmulos, 2 menhires y un número notable de cromlechs. A lo que se acompaña un plan de excavaciones en varios túmulos y cromlechs, obteniéndose las primeras fechaciones absolutas de estos monumentos. Del catálogo global de Iparralde que Blot presentó en 1974 resultan los siguientes tipos de monumentos en las tres provincias (L: Laburdi; BN: Baja Navarra; Z: Zuberoa), en un repertorio que posteriormente, en lógica, se ha incrementado:

  Total L. B.N. Z.
dólmenes
cromlech
monolitos
túmulos
fondo cabaña
104
242
6
unos 190
+ de 500
68
54
3
21 %
unos 12
28
151
3
36 %
unos 107
8
37
0
43 %
unos 400

Catálogo de monumentos megalíticos en Euskal Herria Es difícil mantener al día el inventario de construcciones megalíticas de un territorio. La aportación de novedades es continua y se produce, a menudo, en forma de referencias escuetas no siempre completas en sus detalles imprescindibles y por cauces que no son, a veces, de fácil control (en el contexto de otras informaciones, o en publicaciones de reducido alcance o hasta en la prensa diaria). Por ello, se requiere siempre de una revisión crítica por especialistas que delimiten la veracidad de la noticia y consagren su entidad en los catálogos, inventarios y cartas oficiales. Problemas concretos de precisión toponímica (dos monumentos distintos han solido ser designados con el mismo nombre, o bien una sola evidencia denominada de varias formas), de ubicación exacta y hasta de diagnóstico (¿son prehistóricas o no algunas de esas construcciones en ruinas o enmascaradas?) añaden dificultades no pequeñas al empeño. Muchas veces sólo la excavación del monumento permitirá decidir sobre su datación y su tipología. Más aún: hay bastantes noticias de hace algunas décadas cuyas evidencias ya no existen ahora, pues diversas actuaciones (forestales, industriales, agrícolas o urbanizadoras) han removido los terrenos en que se asentaban y destruido sus restos. El catálogo que sigue recoge el inventario de lo conocido y publicado hasta 1983. Se basa inmediatamente en los repertorios bien conocidos: el general de J. M. de Barandiarán de 1953, los referidos a todo Euskal Herria en lo dolménico de J. Elósegui ( 1953), lo tumular de F. Galilea ( 1980) y los hitos o menhires de J. Peñalver (1983), o los por regiones o provincias por J. M. Apellániz de 1973 (para las provincias peninsulares), por J. Blot en 1971-1974 (para Iparralde), por I. Barandiarán y E. Vallespí en 1980 (para Navarra), por J. Altuna y otros en 1982 (para Guipúzcoa) y por F. Galilea para algunas zonas de Alava. Diversas noticias de series particulares se vienen sucediendo, por otro lado, en revistas especializadas de estos años: «Kobie», «Munibe», «Estudios de Arqueología Alavesa» y «Bulletin du Musée Basque de Bayonne». Sin que, como antes se avisó, sea fácil decidir sobre la calificación tipológica de algunos monumentos, presentamos en las páginas siguientes un catálogo que se pretende completo de las construcciones dolménicas, una referencia detallada de los menhires o hitos de piedra y las noticias de aquellos «túmulos» de probable referencia a este contexto cronológico-cultural: es decir, evidencias «megalíticas» atribuibles a los tiempos que van del Neolítico avanzado al final de la Edad del Bronce. Sólo los cromlech inmediatos a áreas dolménicas han sido referidos. Quienes han sintetizado la dispersión de esos grandes restos han tendido a agruparlos en series por su proximidad geográfica y su evidente concentración: se habla en la literatura especializada de «estaciones», «áreas», «sectores» o «grupos». Como es lógico, la intensificación de las prospecciones y la fortuna en nuevos hallazgos dolménicos puede llegar a aconsejar alguna redistribución de esas series, agrupando las anteriormente definidas como distintas o subdividiendo alguna ya conocida: lo que -para evitar confusiones- he querido señalar aludiendo a la actual distribución megalítica y a su equivalencia anterior. Recordaré, así, los casos de contigüedad-continuidad interprovincial de varias estaciones dolménicas, tumulares y de cromlech del catálogo del megalitismo vasco: entre Vizcaya y Alava (Gorbea, Amboto), Vizcaya y Guipúzcoa (Kalamua), Vizcaya y Cantabria (Encartaciones y Carranza), Alava y Burgos (Bóveda y Salvada), Alava y Rioja (Rioja), Alava y Guipúzcoa (Elgea-Artia), Alava, Guipúzcoa y Navarra (Aratz-Alsasua), Guipúzcoa y Navarra (Altzania, Ataun-Boronda o Aralar), Navarra y Alava (Urbasa con Enzia), Laburdi y Baja Navarra (Artzamendi). Sobre el eje de la cadena pirenaica se producen estaciones megalíticas en la línea fronteriza entre Navarra y Baja Navarra: así los monumentos navarros señalados en las estaciones de Urepel- Ibañeta, Saioa-Loiketa, Errazu-Aldudes o Izpegi cuya continuidad con otros de Baja Navarra es evidente. En la estación de Orbaiceta, el monumento de Ydopil u Organbidea (identificado así por J. Elósegui) debe ser el de Idopile que señala recientemente Blot, en cuyo centro se yergue el mojón de límite n.° 212 España-Francia, entre Navarra y Baja Navarra (entre Orbaiceta y Esterenzubi).
Provincia de Vizcaya. Su catálogo megalítico se formula sobre la base de los monumentos inventariados en el conocido Corpus de J. M. Apellániz (1973), completándolo con referencias posteriores publicadas en notas de «Munibe» y de «Kobie». En territorio de Vizcaya o en el inmediato, por limítrofe, de las provincias vecinas se han individualizado las agrupaciones de monumentos, o «estaciones» siguientes, más o menos de Oeste a Este: estación de Kotobasero: término municipal de Carranza; estación de Altubal-El Mazo: término municipal de Carranza; estación de Armañón: término de Catranza; estación de Betayo-Ventoso: término municipal de Trucios; estaciones de Arcentales y Mello-Muñekas; estación de Eskatxabel: término de San Pedro de Galdames; estación de Ereza: término de Güeñes; estación de Kanguren-Abril: término de Bilbao; estación de Munarri 'ko Landa: término municipal de Berango; estación de Gorbea: términos municipales de Orozco y Ceánuri; estación de Amboto: término de Aramayona (Alava) y término de Axpe (Vizcaya); estación de Oiz: términos municipales de Bérriz y de Jemein; monte Saibigain; estación de Kalamua.
Provincia de Alava. Su catálogo de dólmenes y fenómenos tumulares a partir del inventario contenido en el corpus de J. M. Apellániz (1973) se ve notablamente acrecido con los datos referidos en síntesis por zonas alavesas, incluidas en «Estudios de Arqueología Alavesa» (así colaboraciones por Ciprés, Galilea y López, o por F. Galilea) o en «Kobie» (por F. Galilea). Como se observará, bastantes de los nuevos monumentos alaveses entran en la categoría de los «túmulos», cuyo carácter prehistórico resulta, en casos, dudoso y sólo será decidido tras la necesaria prospección arqueológica: Estación de Añes: términos del Valle de Ayala (Añes, Menoyo) y de Orduña; estación de Bóveda: Oeste de Alava, zona limítrofe con la provincia de Burgos; estación de Sierra Salvada: extremos occidental de Alava en su límite provincial con Burgos; estación de Gibijo: bordea esta estación, por el Noroeste, el Valle de Cuartango; estación de Arkamo: empalma con Guibijo y Salvada; estación de Cuartango: término de Cuartango; estación de Badaya; valle de Cuartango; estación de Zigoitia: término de Cigoitia; estación de Turiso-Ebro; términos de Salcedo y de Igay; estación de Rioja-Alavesa: términos de Laguardia y Elvillar; estación de Okina: términos de Okina y de Izarza; estación de Arrazua: término de Arrazua; estación de Salvatierra: término de Salvatierra; estación de Entzia: ocupa, en la parzonería de Entzia, lo que geomorfológicamente es prolongación de la Sierra de Urbasa; estación de Elgea-Artia: por su situación limítrofe interprovincial, ha sido incorporada al catálogo de megalitos guipuzcoanos.
Provincia de Guipúzcoa. El catálogo megalítico de Guipúzcoa, tras las sucesivas ampliaciones de los repertorios conocidos de J. M. Barandiarán (1953), J. Elósegui (1953) y J. M. Apellániz (1973), se ha visto actualizado y notablemente aumentado en la Carta Arqueológica de Guipúzcoa de 1982. De este último repertorio tomamos básicamente la determinación de estaciones y el catálogo de monumentos: estación de Elgea-Artía: términos municipales de Salinas de Léniz, Escoriaza y Oñate (Guipúzcoa), término municipal de Gamboa (Alava); estación de Kurutzeberri: término de Escoriaza; estación de Orkatzategi: término de Oñate; estación de Aizkorri: se sitúa en Urbía (parzonería general de Guipúzcoa y Alava en su mayoría), en término de Oñate y en parzonería de Altzania; estación de Aratz-Alsasua: cerca de la muga Guipúzcoa/Alava/Navarra, en la parzonería de Altzania; estación de Brínkola- Zegama: términos de Cegama y Cerain; estación de Altzania: términos de Ataun, Idiazábal y Cegama; estación de Ataun- Borunda: repartido casi por igual entre Guipúzcoa y Navarra; sobre una prolongada cordillera que viene de Idiazábal a Aitzu y Lizarrusti; estación de Aralar: términos municipales de Zaldibia, Ataun y Amezketa (Guipúzcoa), términos municipales de Huarte Araquil, Arruazu, El Realengo, Lacunza y Arribas (Navarra); estación de Otsabio-Zárate: términos de Gaztelu y de Alzo (Guipúzcoa) y un tercero, un túmulo, en Navarra; estación de Urkita: término de Lizarza; estación de Belabieta: términos de Berástegui y de Elduayen; estación de Udala-Intxorta: término municipal de Vergara; cerca del límite con Vizcaya; estación de Satui-Arrolamendi: términos de Legazpia y Anzuola; estación de Kalamua: término de Elgóibar (Guipúzcoa) y término de Markina (Vizcaya); estación de Elosua-Plazentzia: términos municipales de Vergara, Anzuola, Azkoitia, Placencia de las Armas (Soraluce); estación de Izarraitz: término municipal de Azkoitia; estación de Murumendi: términos de Beizama y Beasain; estación de Ernio: términos de Asteasu y Aya; estación de Pagoeta: término de Aya; estación de Andatza: términos de Usúrbil, Cizúrquil y Andoain; estación de Igeldo: términos municipales de San Sebastián, Usúrbil y Orio; estación de Onyi-Mandoegi (antes de Adarra-Mandoegi): términos municipales de Urnieta, Hernani, Andoain, Elduayen, Berástegui (Guipúzcoa) y en el límite de Arano (Navarra); estación de Jaizkibel: término de Fuenterrabía.
Provincia de Navarra. Su catálogo megalítico fue puesto al día en 1980 por I. Barandiarán y E. Vallespí, a partir básicamente de la recopilación inédita que nos proporcionó T. López Sellés y con algunas notas de detalle por F. de Ondarra. Aquel catálogo que ahora se corrige mínimamente para acoplarlo al más amplio repertorio de las provincias inmediatas- suma casi tres centenares de dólmenes, más de cuarenta estructuras tumulares, una docena de menhires, por lo común emplazados en la zona montañosa de Navarra. En su ordenación geográfica de Oeste a Este es éste su inventario, al que evidentemente- deben añadirse los monumentos ya citados por integrarse con otros próximos en una común estación limítrofe con la vecina provincia de Guipúzcoa: estación de Aratz-Alsasua: cerca de la muga Guipúzcoa/Alava/ Navarra; estaciones de Altzania y de Ataun-Borunda: términos de Urdiain, Echarri-Aranaz y Alsasua; estación de Aralar: términos de Huarte Araquil, Arriazu, El Realengo, Lacunza y Arribas; estación de Larraun: término de Larraun; estación de Urbasa: términos de Baquedano y Monte de Urbasa; estación de Andía: términos de Arteta y de Goñi; estación de Sarbil: término de Azanza; estación de Araiz: término de Azcárate; estación de Gorriti-Huici: términos de Gorriti y Huici; estación de Aritz-Ireber; estación de Besaburua: términos de Igoa, Arrarás, Beruete, Saldías y Erasun; estación de Onyi-Adarra-Mandoegi: términos de Hernani, Andoain, Elduayen, Berástegui (Guipúzcoa) y en el límite de Arano (Navarra); estación de Goizueta-Artikutza-Aranaz; estación de Lesaca: término de Lesaca; estación de Atxuri; estación de Bertiz-Arana; estación de Legate (o Lerate); estación de Gorramendi; estación de Alkurrunz; estación de Gorramendi; estación de Alkurrunz (también denominada de Otsondo-Gorospil); estación de Izpegi; estación de Errazu- Aldudes: términos de Errazu, Aldudes y del Valle del Baztán; estación de Urkizte-Larrebeltz; estación de Saioz-Loiketa: términos de Alcoz-Ulzama y Lanz-Anue; estación de Ulzama: término de Ulzama; estación de Almandoz-Gaztelu; estación de Otsola-Belate; estación de Atez: término de Beunza; estación de Juslapeña: término de Beorburu; estación de Anue-Esteribar: términos de Usechi y Egozcue-Iragi; estación de Erro; estación de Arritz: términos de Espinal, Mezquiriz, Viscarret y Valle de Erro; estación de Urepel- Ibañeta; términos de Irurita, Burguete y Valcarlos; estación de Orbaiceta; estación de Abodi: términos de Ochagavía y de Villanueva de Aezkoa; estación de Roncal; estación de Ardaitz; estación de Arriasgoiti: términos de Zunzaren y de Ardaitz; estación de Arce: términos de Aristu y de Oroz- Betelu; estación de Salazar: término de Izal; estación de Idokorri-Ugarra: términos de Napal, Imiridalzu y Domeño; estación de Leire-Illón: términos de Bigüezal, Navascués y Castillo Nuevo; estación de Artajona.
Provincia de Laburdi. La base de su catálogo megalítico se encuentra, lógicamente, en los repertorios publicados en 1953 por J. M. Barandiarán y por J. Elósegui, poniéndose al día -con un notable incremento en la serie publicada por J. Blot en el Boletín del Museo Vasco de Bayona (de 1971 a 1974) y en algunas notas sueltas posteriores. En este territorio de Iparralde se distinguen las siguientes estaciones: Estación de Larrun: términos de Sara, Ascain y Urruña; estación de Ibantelly: término de Sara; estación de Akoka: término de Sara; estación de Usategieta: término de Sara; estación de Ibardin: términos de Sara y de Urruña; estación de Xoldokogaina; estación de La Plana: término de Ascain.
Provincia de Baja Navarra. Su catálogo megalítico se basa en la aportación de conjunto de J. M. de Barandiarán (1953) y de J. Elósegui (1953), ampliamente aumentado con las referencias de J. Blot ( 1971- 74 y 1980). Estación de Artzamendi: términos de Itxassou y Bidarray; estación de Iholdy: término de Iholdy; estación de Garralda: término de Ayherre; estación de Jarra: término de Iruleguy; estación de Labiarin: término de Urepel; estaciones de Sarastegi y Zamukegi: término de Alduides; estaciones de Armiaga y Teileriborda: término de Mendive; estación de Salbatore-bide: término comunal de Lecumberry; estación de Irati: término comunal de Lecumberry; estación de St. Martin d`Arrossa; estación de Okabe.
Provincia de Zuberoa. Estación de Bostmendita: término de Larrau; estación de Egizuri.

Ignacio BARANDIARÁN MAESTU