Lexikoa

GITANO

Léxico. Dícese del individuo de ciertos pueblos errantes, que parecen proceder del norte de la India, ijito (G), kito (AN), gito (L, BN), gitoar (H.), jito (T-L), zito (L, R), xito (BN, R), buhame (L, BN, S), amia (AN): errumanzel (Fr. M.), erremaitzela, txiautu (git.); (por mote, lit. esquilador) motzailla, motzaille (B, G); (pl.) asiaganbariak (Soral., J. G.); (f.) buhamesa; poblado de gitanos, buhamezko hiria (Az.); Bidarraiko buhamea (Lh.), el gitano de Bidarrai; zeren hura da ohoiñen kapitaiña, ijitoen kondea, bertzeren ebatsietan ere parte duena (Ax.), porque él es el capitán de los ladrones: el Conde de los gitanos, que aun en el botín de los otros tiene parte.

Diccionario Auñamendi.
HISTORIA.
Orígenes. Poco se sabe sobre los orígenes de este pueblo, en parte aún no asentado de forma estable y dotado de características diferenciadas propias, al que se supone llegado de la India apareciendo en Europa a comienzos del siglo XV. El hecho de que casi todas las lenguas europeas registren una voz derivada del vocablo egipto para designar a los miembros de este pueblo sirvió de sustentáculo a la teoría que los hacía proceder de tal país africano, aunque la existencia de variantes tales como húngaro, zíngaro o bohemio denoten otra posible adscripción geográfica, por otra parte difícil, como todas, de demostrar. El euskara registra la voz ijito pero también buhame, predominando la primera en la zona meridional y la otra en el N. de los Pirineos. Los primeros asentamientos de estos nómadas tienen lugar en las zonas fronterizas de los reinos que compondrán las monarquías francesa y española: Aragón, Castilla o Aquitania.
Primeras persecuciones y ordenamientos. La presencia de estos extranjeros no cristianos y echadores de suerte en su mayoría (Alemania en 1417, Italia en 1422, París en 1427, Cataluña en 1447), alarma a las poblaciones europeas sumidas, por aquel entonces, en una creciente psicosis antibrujeril que desemboca con frecuencia en persecuciones tales como azotes y hoguera (véase art. BRUJERÍA). En Castilla, la primera disposición sobre los gitanos es la Pragmática de los RRCC de 1499 que ordena a "los egipcianos y caldereros extranjeros, durante los 60 días siguientes al pregón, tomen asiento en los lugares y sirvan a señores que les dé lo que hubiere menester y no vaguen juntos por los reinos... so pena de 100 azotes y destierro perpetuo, la primera vez, y de que les corten las orejas y estén 60 días en la cadena y los tornen a desterrar la segunda vez que fueren hallados". Si no se llega a acusarles de deicidio, como a los judíos, se les imputa, sin embargo, el no haber acogido a la Sagrada Familia en su viaje a Egipto, conseja popular que les acompañará durante siglos. En Francia el primer reglamento conocido llega en 1504. Nuestras Juntas y las Cortes y Estados de Navarra desde la conquista de este reino gravitarán en torno a las disposiciones dictadas desde ambos tronos, generalmente bien acogidas y sancionadas con el pase o sobrecarta foral.
Endurecimiento de las penas en el siglo XVI. Si, a su aparición, fueron recibidos con órdenes de expulsión y azote en caso de no adscribirse a un techo fijo, durante el siglo XVI las penas van a ser más duras llegando hasta la esclavitud, los trabajos forzados en galeras, la prohibición de efectuar ventas y la marca con hierro ardiente. De esta forma, Carlos V completa la Pragmática de los RRCC estipulando (1528) que si algunos fueran aprehendidos por tercera vez "sean cautivos por toda su vida de los que los tomasen", añadiendo (1537) la pena de galeras para aquellos gitanos varones comprendidos entre los 20-50 años. En su adopción por Guipúzcoa (10 de junio de 1539) a solicitud de Segura, vemos que se les llama egipcianos é de Egipto y que la condena es de 6 años al remo mientras que para los menores de 20 años y más de 50 se indica que "sean egecutadas y egecuten las penas en las leyes y é prematicas destos Reinos contenidas". Por estas fechas, sin embargo, en el resto de la tierra vasca perdura sólo la pena de expulsión y azotes combinada con una cierta tolerancia de hecho que les permite ser tratantes de ganado, caldereros y artistas como aquéllos que distrajeron a los asistentes a la boda de Felipe II e Isabel de Valois en tierras laburdinas (1560). También sirven, los varones, en las milicias reales y señoriales, según consta en numerosos testimonios como el pleito ganado por Carlos de Bustamante, en 1573, al habérsele denegado su avecindación en Navarra tras servir al rey en la guerra contra los moriscos, y los veremos, asimismo, tomando parte en las guerras religiosas del país vasco norpirenaico. Incluso ocurre, como en las Cortes de Navarra de 1569, que se exceptúe de condenas a los pobres de necesidad e impedidos. Pero las quejas de las localidades más afectadas por los hurtos y depredaciones que se atribuyen a los gitanos -en especial en la merindad de Tudela donde circulan más de 400 grandes "camaradas" de ellos- presionarán de tal forma sobre los poderes locales que a éstos no va a caberles más posibilidad que endurecer y acrecentar el peso de la justicia, estableciendo penas para las autoridades que no apliquen las reglamentaciones (Cortes de 1572), ordenando se marque en la espalda a los ladrones después de ser azotados (Consejo Real de Navarra, 1584) o permitiendo, "à toutes sortes de personnes de s'en saisir comme en crime de flagrant délit" (Reglamento de Laburdi, acuerdo de los Estados de la Baja Navarra, 1592). Los Cuadernos de Quejas de las Cortes insisten en que no se dé, por parte de los virreyes, licencia alguna de residencia e, incluso, se organizan batidas de vecinos como la que puso en fuga (1590) a una partida de unos 50 gitanos refugiada en un pajar de la Oliva (Nav.), partida a la que se atribuían todos los robos de la vecindad, o la que atrapó al Conde de los gitanos del Baztán, Juan de Iturbide alias "Ustarits", con dos compinches más, tras el desvalijamiento cometido en Sumbilla la noche del 5 de mayo de 1597.
La persecución a muerte. Durante el siglo XVII y gran parte del XVIII la represión sobre este pueblo errante redobla llegándose hasta la prohibición del uso de lengua, costumbres y traje propios así como la de ejercer oficios no adscritos a la tierra. El gitano vagabundo es susceptible de ser condenado incluso a muerte, se toman medidas contra los que toleran su establecimiento y se inicia el sistema de primas por gitano apresado. El Consejo Real de Navarra ordena en 1602 que, en el plazo de 15 días, se aprese a todo vagabundo no impedido y sea enviado a galeras durante 6 años. Una representación de las Cinco Villas de la Montaña a las Cortes se queja, en 1608, de las depredaciones de que son objeto los montañeses por parte de los gitanos que viven en el vecino reino, pero en éste, tampoco se muestran las autoridades más liberales al prohibir a los habitantes (Reglamento de 1612) "loger, rétirer ni souffrir en leurs maisons, bordes, granges ou pressoirs, des bohémes, des mendiants valides ni aucune sorte de fainéants, vagabonds, á peine de cent livres carlins pour chaque fois contre chacun." Como puede apreciarse, las medidas adoptadas en ambos lados de la frontera son, salvo ligeros desajustes cronológicos, muy similares advirtiéndose una suavización de las mismas cuando proceden de las Cortes de Navarra o de las instancias virreinales. Así, mientras en una cédula de Felipe III (1619) se conmina a los gitanos a que salgan de sus reinos, so pena de muerte, salvo en el caso de que se avecindaran en pueblos de más de 1.000 habitantes y renunciaran al traje, usos y lengua, las Cortes navarras (1628), debido a los latrocinios que se registran en el reino, acuerdan castigar con los consabidos galeras, azotes y destierro. Mayor dureza encontraremos ahora en tierras laburdinas, donde, tras retirarse (1641) la prohibición de acoger a gitanos aunque haciendo responsables a sus acogedores de los "vols, larcins et dommages que les dits Bohêmes pourraient faire", el Reglamento de 1669 ordena a los magistrados, jurados y diputados de villas y comunidades que prendan a los gitanos y los lleven a las prisiones de Pau amenazándose a la población remisa con:

1.° Pérdida de calidad de nobleza y, por tanto, de acceso a los Estados, a los gentilhombres.
2.° Los restantes "seront punis exemplairement".
3.° 150 libras de multa al rey a las comunidades.

De 1675 es el Memorial de los gitanos de Navarra al Virrey solicitando, infructuosamente, licencia para ejercer los oficios que se les prohibían. En el informe, negativo, que da la Diputación al Virrey, hallamos que sigue siendo su carácter de nómadas lo que les priva de credibilidad ante el pueblo y sus autoridades: "Tampoco escusamos de representar a V. Exa. que, en gente que a vivido tan largo tiempo con la livertad de Jitanos, se puede presumir no perseveren en los oficios que proponen, y que resulten los daños e imcombenientes que a esperimentado el Reino de tan perniciosa gente, y este rezelo puede tener mas fundamentos en el ynterin que no constare lexitimamente que estan bautizados y en que pilas, y si estan casados con los requisitos dispuestos por la Santa Madre Iglesia y el Concilio de Trento". A partir de estas fechas y hasta mediados del siguiente siglo se va a desarrollar la más feroz de las represiones que conozcamos, iniciándose, en 1677, el sistema de recompensa en metálico para los que colaboren con la justicia, en el país norpirenaico: un tercio de la multa de 1.000 libras con que se sanciona tanto a particulares como a comunidades que acojan durante más de tres días a los "bohemios". Se establecerán, luego, primas fijas que llegarán hasta las 60 libras concertadas por los Estados de la Baja Navarra en 1722. Una Pragmática de Carlos II (1695) ordena que se empadronen todos los gitanos de sus reinos registrando sus armas y ganado y debiendo ocuparse de cultivar el campo. Se les prohíbe desempeñar oficios, hablar en su lengua, usar trajes, tener caballos y armas de fuego, vivir en barrios y abandonar, sin permiso, su residencia habitual. Las tierras forales surpirenaicas, en especial Guipúzcoa, no sólo aceptan la orden sino que proceden a expulsar incluso a residentes habituales. Pero las expulsiones muchas veces quedan sin efecto "a cause du peu d'application de la noblesse, des magistraz et du peuple mesmes" según dice un acuerdo de los Estados de Navarra de 1699 que añade que "il y en a plus de soixante qui vaquent pour le pays de Cize armés de toutes armes, qui font des ravages infinis..". Con ellos circulan, además, gentes de otras procedencias que "se joindront aux bohémienes et auront commerce avec elles et les rendront enceintes" y contra las que se legisla en 1713 condenándoselas a "être attachés à la chaîne". Durante este período, sin embargo, no son los Borbones franceses los que hagan gala de mano más dura sino los de España. Felipe V reitera la pena de muerte (1720) para los gitanos rebeldes, decreta la leva de vagabundos que destina a éstos al servicio de armas y deniega el derecho de asilo eclesiástico (1745), al que se acogían con frecuencia los gitanos, suscitando un gran número de incidentes con las autoridades eclesiásticas hasta que, en 1773, la Iglesia se adapta a la medida. Su sucesor Fernando VI, instruye (1749) esta R.O. por la que las familias gitanas debían de ser desmembradas enviándose a los varones adultos a trabajar en las obras públicas y a las mujeres, ancianos y niños a diversos hospicios. La medida, rápidamente adoptada en Guipúzcoa y Vizcaya, tuvo que ser suspendida tras verificarse el cúmulo de tropelías e injusticias a que dio lugar la detención indiscriminada, tanto de sedentarios como de errantes. Y es que tanta dureza no se acepta ya en las mentalidades ilustradas que, poco a poco, van haciéndose a la idea de que el gitano es un ser humano más. Esta actitud filantrópica puede detectarse en la Diputación de Navarra que desautoriza las ordenanzas dadas por la Monarquía en 1751 y 1775 por considerar contrafuero el hecho de que los acusados no puedan ser oídos antes de la condena, actitud que adoptan las Cortes navarras y la generalidad de las autoridades a partir del último tercio del siglo XVIII.
Cambio de tratamiento a la cuestión gitana. Tanto en la Monarquía como entre las capas ilustradas de la población comienza a verse en los gitanos a un grupo social al que su misma situación de discriminación empuja fatalmente hacia el delito. En boca del defensor de oficio de un gitano en 1739 leemos:

"...Siendo cierto que en los parajes donde éstos andan, hurtan los paisanos a banderas desplegadas con el seguro de que se ha de culpar a los gitanos. Y porque tampoco es de extrañar que mis partes transiten por los campos y caminos diversos, ya porque en los lugares no se les quiere dar vecindad y es preciso que anden por la tierra de lugar en lugar, buscando qué trabajar y en su defecto limosna; ya, porque algunos tiene por exercicio la caza, que es preciso buscarla en despoblado. Y porque el que tengan algunas caballerías no es vicio en ellos, antes si necesidad, pues como no se les da domicilio seguro y se ven precisados a andar de un pueblo a otro, con sus mujeres, niños y ropa, y finalmente, por no tener cebada y ropa para mantenerlas, les es forzoso sacarlas a que pasten los campos, con que se satisface el cargo que se les hace de tener caballerías y andar por despoblado..."

La solución que se vislumbra no radica ya tanto en la represión como en la facilitación de medios de inserción social. Lo vemos, por ejemplo, en la respuesta que da, en 1777, el Intendente de la Generalidad de Burdeos (a la que pertenecía Laburdi desde 1775) a la sugestión de su delegado de "distribuir dans diverses maisons de force ou de les faire passer dans les colonies" a las 50 familias de gitanos de San Juan de Luz y las 8 del resto de Laburdi: "il n'est pas proposable de décerner les peines contre toux ceux qui la composent ni de les chasser des cantons qui les a vu naitre pour aller dans un autre mener une vie plus malheureuse...". En la misma línea vemos situarse a las Cortes de Navarra de los años 1780-1781 cuya revolucionaria ley 23 merece reproducirse:

"Cuiden las Justicias por todos medios de atraerlos á un domicilio fijo, y á la ocupacion de oficio ú otro honesto modo de vivir; velando con incesante y pausada diligencia y empleando para eso la amonestación caritativa, la amenaza, y por fin la cárcel; consultando en este caso la providencia que conviniere aplicar con el Consejo. Y este, verificados que sean los hospicios, aplique todo su celo en hacer que se recojan en ellos los niños y niñas que no estuvieren aun viciados, para que allí se les dé la instrucción de Doctrina, y la enseñanza que los haga buenos vecinos desarraigando la preocupación que su nombre y concepto inspiran generalmente; y entonces y desde ahora, siempre que se proporcionen caminos u otros trabajos públicos o cualquiera empleo, y ocupación de estas personas, dé rigurosas órdenes para la captura de todos ellos, y sucesiva aplicación á estos fines; exceptuando de esta providencia aquellas personas o familias que prefiriesen avecindarse y vivir honrada y quietamente dedicadas al trabajo ú oficio; sin ponerles en ello obice ó impedimento. A este fin los Alcaldes, y donde no los hubiere los Jurados y Regidores de los pueblos, cuidarán de que los vecinos y habitantes, á cuya noticia llegare el paradero de gitanos vagantes ó acuadrillados, la comuniquen inmediatamente y sin ninguna tardanza á los de Gobierno; y en caso necesario publiquen, y repitan para esto, bando con pena de 50 libras, que exigirán con aplicación de sus dos partes á la Receta del pueblo, y la tercera al Alcalde, Regidor ó Jurado, respectivamente, que en esto endendiere."

Y es que Europa entra en una fase de civilización y de dulcificación de las costumbres difícilmente parangonable, con una María Teresa de Austria, un José I, un Carlos III que esbozan las primeras cartas de derechos de la raza gitana. A este último va a deberle la célebre Pragmática de 1783 cuyo primer punto reza:

"Declaro que los que llaman y se dicen gitanos, no lo son por origen ni por naturaleza ni provienen de raza infecta alguna".

Como en la ley 23 de las Cortes navarras, la Pragmática permite a los gitanos ejercer cualquier oficio -esquilar, herrar, arreglar calderas, hacer cestas, comprar y vender ganado, acudir a ferias- y les abre el acceso a los gremios. La revolución liberal acabará con las penas corporales en ambas monarquías librando a los gitanos del azote y de ser marcados a fuego. Pero no solucionó sus restantes problemas.
La deportación como solución final. A comienzos del siglo XIX vemos aparecer, junto con una mayor intervención del Estado, la idea de deportación a cargo del mismo. En 1802 la prefectura de los Bajos Pirineos planea una operación conjunta franco-navarra. La noche del 6 de diciembre el virrey establece un cordón en la frontera de las dos Navarras. Una redada en las subprefecturas de Mauleón y Bayona finalizará con 500 presos de ambos sexos en las cárceles de San Juan de Pie de Puerto y de Bayona destinados a ser desembarcados en alguna playa de Ultramar. Pero la necesidad de reclutas para la guerra contra Inglaterra impidió la deportación: todos los varones fueron enviados a servir al Emperador con las armas en la mano, y las mujeres, tras permanecer más de un par de años en la Rochela, fueron puestas en libertad volviendo al cabo del tiempo. En 1806 se repite la operación llevandóseles a Rochefort con la intención aunque infructuosa de enviarlos a la Luisiana. Acabarán regresando, poco a poco, a San Juan de Luz, Ciburu y otras poblaciones vascas costeras. El vizconde de Belzunce se quejará, casi cuarenta años después (Mémorial des Pyrénées del 18 de enero) de que el Gobierno haya reclutado gitanos para reforzar la policía fronteriza en vez de deportarlos, en masa, a Argelia. En 1848 es el Consejo del distrito de Mauleón el que pide al Consejo General que los gitanos que no poseyeran bienes muebles fueran llevados a Cayena. Todas estas peticiones son desestimadas ya que se reconoce, como lo hacen las autoridades laburdinas en un informe de 1852, "qu'il-y-a dans l'idée de frapper de proscription une population presque tout entière, quelque chose qui répugne á nos moeurs et á l'état actuel de notre législation", aunque se pida al Consejo General que se libre al país de una "horde de cinq á six cents malfaiteurs, étrangère aux deux arrondissements (de Mauleón y Bayona)."
Los últimos tiempos. A partir de la segunda mitad del siglo XIX esta "solución final" va desapareciendo de los programas administrativos aunque no de la mente de las gentes que soportarán difícilmente la psicosis de víctima, real o imaginaria, de la actividad delictiva de los gitanos. En el País Vasco se les seguirá expulsando periódicamente, ya sea como a tales gitanos ya como a vulgares vagabundos, cosa que, por otro lado, es frecuente en los demás países de Europa donde, a partir de la ascensión de Hitler al poder, vuelve a conocerse el exterminio, esta vez en masa, de la "raza" gitana. El problema de la restitución de los derechos humanos a esta desgraciada franja de la sociedad sigue pendiente, pese a lo avanzado en los últimos años merced a la labor de las Diputaciones, secretariado diocesano y sociedades como la Asociación española "Presencia Gitana". Cabe destacar, en este terreno, la inauguración, en 1971, del poblado experimental Gao Lacho Drom en Gasteiz (Lakua), con 50 familias gitanas asentadas en dos plantas de 25 viviendas. El poblado, que cuenta con guardería, comedor escolar, escuelas, frontón y servicios diversos ha sido financiado por la Diputación de Alava, Cáritas, Ayuntamiento de Vitoria y Protección de Menores.
Jerarquías y lengua de los gitanos vascos. Desde su aparición en Europa los gitanos están constituidos en tribus dotadas de jefes que, adoptando la terminología occidental, serán condes, duques e incluso reyes. En 1581, el conde Francisco Hernández ofrece prendas a las autoridades locales por el paso de sus gentes a Buñuel (Nav.) "como es uso y costumbre que los condes y mayores, por si hacen algún danno los gitanos y gitanas, lo pagan". En 1590, un grupo de gitanos preso en Pamplona dio a entender que su conde recaudaba un real por cada objeto robado y solicitó la ayuda de su dignatario, que vivía en Imas (Mendavia). También era conde ese año, pero del Baztán, Juan de Iturbide, alias "Ustarits", del que hemos hablado más arriba. En 1848 era reina de los gitanos Catina Béhasque de Méharin (Baja Navarra), mientras que el rey habitaba Guipúzcoa. Decía ser hija natural de un magistrado "payo". En cuanto a la lengua de los gitanos, ha solido ser clasificada dentro del grupo indoeuropeo y subgrupo indio del NO, subdividido a su vez en europeo y asiático, con gran asimilación de la lengua dominante del territorio en el que se hallen. De las series léxicas recogidas en tierra vasca se ha concluido que la lengua gitana es idéntica en ambas vertientes, así como la de los kaskarots con los que habrían emparentado los gitanos entre los siglos XVII y XVIII. En cuanto a los apellidos, vemos aparecer tanto apellidos vascos como no tales. En la documentación del siglo XVI son frecuentes Bustamante, Hernández, Aragonés, Zamora, Malla, Heredia, Cortés, Campo, Ribera, Iturbide, Gaiferos, García, Navarro, Moyno y Moreno. En la de los siglos siguientes vemos aparecer los vascos Barrutia, Iturbide, Echeberria o Aguirre. Se sabe que hablan el euskara no sólo por el testimonio de gitanos contemporáneos o el de facetas novelescas como el de la Cármen de Mérimée que nace en Etxalar a comienzos del siglo pasado, sino por testimonios recogidos en la documentación de los siglos XVI y siguientes. Reproducimos, a modo de ejemplo, el siguiente diálogo, glosado por Idoate, entre el conde de Echauz, y el gitano Iturbide, a propósito de los robos cometidos a finales del siglo XVI en la vertiente S. de los montes de Baztán por éste:

"Este (Echauz) hacía de amigable componedor entre las partes y después de mucho discutir y regatear, solían llegar a un acuerdo. Generalmente, el Vizconde interpelaba a Ustáriz con estas o parecidas palabras: = "¿Cerdioc hic Uztariz? Ordituc" (¿Qué dices Ustáriz? Ahí lo tienes). El interpelado contestaba, sin rastro de rubor, como en el caso de Juan de Adalor de Garzáin: -"Vay eguiada amendira" (si, es verdad, aquí están). Otras veces respondía: -"Eguiada orrelaco gauza baxuec guc ecarri guinduncen" (es verdad, unas cosas como esas trajimos nosotros)."

En cuanto a las procedencias familiares, difícil resulta establecer algo sistemático sobre ellos, salvo, mediante declaraciones procesales más o menos credibles. Citemos, entre las aportadas por Idoate, la declaración de oriundez de un tal Salomón, en un proceso de 1571. El encausado opera en la zona de Burguete y Roncesvalles. Su padre es francés (Juan Gordo), su madre es castellana, y su mujer de Artajona. Se declara pariente de Baltasar, conde de los gitanos.
Fuentes y bibliografía. Las recopilaciones forales de las diferentes regiones vascas, en especial Libros de Acuerdos y Cuadernos de Cortes o Novísima Recopilación navarra contienen la normativa, sobre todo penal, referente a los gitanos aunque, por lo general, les denominen sólo vagamundos. Pueden citarse a este respecto los acuerdos contemplados en El Guipuzcoano Instruido... (San Sebastián, 1780), la Colección de Cédulas... de González Palencia, el epígrafe Des bohêmes, vagabonds et mendiants del "Inventaire des Archives du Labourd. Régistre Duvoisin, V", los Réglaments et délibérations des Etats de Navarre o la Novísima Recopilación ya citada, amén de los libros de acuerdos municipales y registros parroquiales y diocesanos. En cuanto a la bibliografía, podemos decir que no existe ningún trabajo de conjunto sobre la raza gitana en el País Vasco aunque sí los haya parciales y/o reducidos a una provincia. Destacaremos entre éstos los siguientes:
Daranatz, J. B.: Les bohémiens au Pays Basque en "Curiosités du Pays Basque", t. II, pp. 329-348.
Gorostarzu, M.: Les bohémiens en Labourd, "G. H.", 1925, V. pp. 70-77.
Idoate, F.: Los gitanos en Navarra, "P. de V.", 1949, pp. 443-474 (dotado de un excelente apéndice documental).
Brujos, judíos y gitanos, "R. de la H. de N.", t. I, pp. 142-164; Una expedición contra los gitanos, "R. de la H. de N.", t. I, pp. 148152; Un gitano vasco ante el Vizconde de Echauz, "R. de la H. de N.", t. I, pp. 153-156; A vueltas con los gitanos en Valcarlos, "R. de la H. de N.", t. I, pp. 167-170; Gitanerías, "R. de la H. de N.", t. II, pp. 211-218.
Iribarren, J. M.°: Carmen, la gitana que sabía vascuence, en "Historias y costumbres", Pamplona, 1949.
Michel, F.: Le Pays Basque, París, 1857 ("Les bohémiens du Pays Basque").
Iráizoz Unzué, Jenaro: Gitanos, "T. C. P." n.° 180; Labayru, E. M. HGSB, t. IV, V, VI.
Yanguas y Miranda: Diccionario de los Fueros del Reino de Navarra y..., 1829, San Sebastián, veáse, sobre todo Bilbao, I.: voces Agotak y Gitanos en la Eusko Bibliographia de esta Enciclopedia, t. I y IX.
Series léxicas de vocabulario gitano.
En J. M. de O.: El euskera de los gitanos, "E. Alde", 1921, pp. 131-132;
Berraondo, R.: El euskera de los gitanos, "E. Alde", 1921, pp. 195-198;
Daranatz, J. B.: Op. cit., pp. 335-340;
Michel, F.: Op. Cit., pp. 144-146.

Idoia ESTORNES ZUBIZARRETA