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CAJA DE AHORROS Y MONTE DE PIEDAD MUNICIPAL DE SAN SEBASTIÁN (1879-1990)

Fundación.
Desde que la Real Orden de 17 de abril de 1839 impulsara a las autoridades a la creación de Cajas de Ahorro en sus respectivas provincias, las de Donostia-San Sebastián buscaron el momento de crear una en la capital. No obstante, como ya se ha indicado en otro lugar (véase CAJAS DE AHORRO EN VASCONIA), las tensiones bélicas vividas durante el siglo XIX fueron el freno que impidió que cuajaran los diferentes intentos que se realizaron. Finalmente, en 1877 se inició un proceso que terminaría con la apertura de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Sebastián el 1 de abril de 1879. Con anterioridad habían sido aprobados los Estatutos por el Gobierno del Estado (4-2-1879) y constituido su primer Consejo de Administración o Junta Directiva, haciéndose responsable el Ayuntamiento de los fondos que se ingresaran. Sus oficinas estuvieron instaladas en los locales del propio Ayuntamiento hasta que, años después, se trasladaron a una nueva sede en la calle Getaria.

Ahorro 1879-1940.

De esos primeros momentos hay que destacar unos detalles que son significativos. Uno, el período fundacional, coincidiendo con el fin de las guerras carlistas (1876) y con la firma del Primer Concierto Económico (28-2-1878); otro relativo a las condiciones económicas de la población trabajadora a la que estaba proyectada la Caja, que había padecido las consecuencias de una guerra, que no siempre tenía trabajo y sufría las enfermedades sin más ayudas que las proporcionadas por la Beneficencia pública.

Sus promotores dejaban traslucir cierto paternalismo al proponer una institución con fines benéficos y educativos, puesto que era: "deber sagrado fomentar y sostener la instrucción, el trabajo, el ahorro y cuantos elementos moralizadores combaten los vicios propios de la naturaleza humana" (Pedro Fernández de Landa, Memoria leída el día de la apertura de C.A.M. Documento nº 5, Oribe: 1977, p. 514), considerando "vicio" lo que simplemente era necesidad y pobreza. En un principio, la Caja se abrió al público unas horas los domingos por la mañana, algo habitual en este tipo de instituciones, lo que motivó la queja de los que consideraban sagrado ese día. Uno de los más destacados prohombres de la provincia, José Machimbarrena, zanjó la polémica diciendo que el domingo era cuando la clase obrera recibía el importe de sus jornales y convenía "facilitarles en ese mismo día la colocación del dinero y evitarles la tentación de gastarlo en las tabernas" (Documento nº 4, Oribe: 1977, p. 513). Confirmándose la teoría de Foucault, en la que se sostiene que las Cajas de ahorro y Cooperativas permitían controlar la economía de los obreros (Foucault: 1995. p. 131).

Aunque no solamente eran obreros sus clientes. Porque lo curioso de ésta, y de otras Cajas, fue que a ella acudieron desde un principio personas de cierto poder adquisitivo. Así, en 1881, más del 92% de las imposiciones fue superior a las 75 pesetas, y un 46,28% de los fondos correspondieron a ingresos entre las 250 y las 500 pesetas, cantidades que sobrepasaban con mucho lo que una familia humilde podía ahorrar. Precisamente para asegurar la viabilidad de la Caja y del Monte de Piedad y aumentar las imposiciones, en 1880, la Junta directiva incrementó el interés asignado del 3% al 5% y los límites de las imposiciones iniciales y sucesivas a 500 y 125 pesetas respectivamente, lo que permitió acceder a una clientela de mayor poder ahorrador. Además, estaban todos aquellos destacados donostiarras que habían abierto libretas para predicar con el ejemplo, y apoyar el fondo inicial de 50.000 reales aportado por el propio Ayuntamiento, cantidad que no fue necesario utilizar gracias al desarrollo económico alcanzado por la propia Institución. La importancia de esas ayudas es evidente y se aprecia en los libros de la C.A.M., donde aparecen los nombres de destacadas personalidades. Estas circunstancias permitieron cumplir con creces los objetivos iniciales y ver aumentar los ingresos de forma progresiva y continuada, basándose en diversos tipos de libretas y ensayando nuevas formas de ahorro según transcurrieron los años.

AñoImponentesSaldos en pesetas
1879
1885
1890
1895
1900
1905
1910
1915
1920
1925
1930
1935
99
1.394
3.588
6.664
8.008
18.416
28.744
39.775
49.726
61.986
68.132
71.930
23.426,24
860.743,04
2.624.299,54
5.316.103,65
7.071.032,07
11.782.224,63
16.269.482,34
18.839.363,98
26.248.635,98
34.973.117,83
47.441.906,26
57.235.407,76

Fuente: Memoria C.A.M., 1935.

Durante todo este tiempo, como indica la tabla anterior, los clientes y el ahorro fueron aumentando, siempre con mayor porcentaje de ingresos que de reintegros. En 1935 el dinero depositado en la C.A.M. estaba en libretas ordinarias, generales (las que se concedían a los recién nacidos con 5 pesetas iniciales en esa fecha) y libretas a plazo fijo.

La C.A.M. tuvo que buscar formas para invertir con seguridad y suficiente liquidez los fondos del ahorro. La idea inicial de que fuera el Monte de Piedad donde se invirtiera el capital quedó pronto superada, pues los saldos y los beneficios fueron muy superiores a las necesidades del Monte que, por otra parte, nunca proporcionó beneficios. A principios del siglo XX, la acelerada urbanización de Donostia-San Sebastián impulsó a la Caja a la compra de solares edificables. En todo esto hubo un punto positivo, impedir la exagerada especulación del suelo; y otro negativo, no aprovechar esa circunstancia para atajar el acuciante problema de la vivienda barata o económica en la capital donostiarra.

En 1935, la cartera de valores estaba compuesta por valores: del Estado, provinciales y municipales, ferroviarios, industriales, y un importante porcentaje en inmuebles (8,04% del saldo a favor de los impositores). Se habían concedido préstamos y créditos al Ayuntamiento y la Diputación de Gipuzkoa; y a particulares, con garantía de libretas a plazo fijo, hipotecarios, sobre alhajas, ropas, colchones y muebles (Monte de Piedad). El fondo de reserva ascendía a 4.500.000 pesetas y en Obra Social (incluido el Monte de Piedad) se habían invertido 308.912,33 pesetas (Memoria, 1935).

Las dos Cajas de Ahorro guipuzcoanas prestaron sus fondos tanto a la Diputación como al Ayuntamiento donostiarra. Si la Caja de Ahorros Provincial fue el báculo en el que se apoyaron en múltiples ocasiones las cuentas de la Diputación, la Municipal lo fue de las del Ayuntamiento donostiarra, al que prestó en condiciones inmejorables (sin interés o a un interés muy bajo) importantes cantidades de dinero para diversas obras públicas e infraestructuras: Puente de María Cristina; encauzamiento del Río Urumea (al 50% con la C.A.P.); construcción del Asilo Reina Victoria (beneficencia pública) y del Mercado de San Martín; instalación del teléfono municipal; adquisición del Monte Urgull (1921); financiación de la Fábrica Municipal de Gas (junto con la C.A.P. y el Banco Guipuzcoano); financiación del alumbrado eléctrico; y compra de terrenos para el ensanche de la ciudad. Tanto es así que, en 1921, cuando las dos Cajas buscaban la forma de competir con los Bancos sin hacerse entre ellas la competencia, la Municipal tuvo problemas para elevar el interés concedido a los clientes y hubo de renegociar sus préstamos con el Ayuntamiento (Martínez, 1996: p. 332). Esta política fue modificada a partir de 1926 cuando el Estado comenzó a dictar unas normas para los créditos y unas inversiones obligatorias. Otra forma de apoyo a la Corporación municipal se hizo invirtiendo en las obligaciones emitidas por el Ayuntamiento.

El problema de la vivienda y su carestía es algo que se arrastra en Donostia-San Sebastián desde el siglo XIX. Esta Caja podría haber hecho más para remediarlo, al invertir en terrenos de la ciudad, pero no lo hizo hasta bien avanzado el siglo XX. En 1903 la Junta de Gobierno de la C.A.M. concedió un crédito al Ayuntamiento de un millón de pesetas, sin interés y pagadero en cien años, para la construcción de un barrio obrero, pero el Ayuntamiento decidió gastar 700.000 pesetas de esa donación en la construcción del Puente de María Cristina, dejando sin usar las otras 300.000, que volvió a solicitar en 1914, pero las circunstancias eran otras y la Caja no pudo desprenderse de ese dinero. La C.A.M. se limitó a conceder créditos hipotecarios y préstamos a asociaciones surgidas al amparo de la ley nacional. En 1914 concedió 70.000 pesetas para la construcción de un grupo de viviendas en el Monte Ulía a una cooperativa de "obreros de levita". Al comienzo de los años veinte, y ante una situación social bastante tensa, el Ayuntamiento decidió promocionar la construcción de casas con renta limitada, para lo cual la C.A.M. concedió créditos por valor de 500.000 pesetas.

Los años de la Guerra Civil causaron el lógico impacto en una Caja que había pasado en cuestión de meses de una a otra autoridad. Se vio dividida y privada de parte de sus fondos y de los lotes más importantes del Monte de Piedad, trasladados primero a Bilbao y luego a Francia a medida que se producía el avance del entonces llamado "ejército nacional". A pesar de todo ello, los saldos del ahorro siguieron creciendo.

AñoSaldos
1936
1937
1938
1939
57.578
60.834
66.163
65.365

* en miles de pesetas
Fuente: Oribe, 1979: p. 347.

El Monte de Piedad.

El Monte de Piedad, que se inauguró el 4 de agosto de 1879, satisfizo igualmente las expectativas proclamadas en sus fines: acabó con las casas de empeño y con los usureros, al ir abriendo sucursales en los barrios e incluso en aquellas calles donde se sabía que actuaban. Estas sucursales no tuvieron más objetivo que terminar con el negocio de la usura, siendo gravosas para la Caja, por lo que algunas cerraron conforme iban desapareciendo los prestamistas, quedando en 1915 únicamente las de mayor movimiento.

En realidad el Monte de Piedad fue la primera gran obra social de la C.A.M., que siempre ocasionó más gastos que beneficios, al necesitar locales para almacenar los objetos empeñados y personal especializado en la tasación, conservación y desinfección de los objetos pignorados. Este último asunto causó las lógicas preocupaciones, sobre todo en los momentos de epidemias. En 1885 y 1892, tras sendas epidemias de cólera, se prohibió el embargo de enseres sospechosos de propagar el contagio (colchones, ropas de cama o de vestir), hasta que en 1893 el Monte de Piedad adquirió una estufa de desinfección y dedicó una habitación especial para desinfectar la ropa de color. Gracias a ello pudieron realizarse empeños en épocas de epidemia.

Las joyas y objetos valiosos se guardaron en la caja fuerte de la Institución, haciéndose la propia C.A.M. responsable en los casos de robo o accidente; posteriormente, se contrataron los oportunos seguros con empresas del ramo. Con este tipo de empeños hubo un problema añadido, la posibilidad de que fueran objetos robados y de que su legítimo dueño los reclamara, con la lógica pérdida económica para el Monte. La solución a esto la proporcionó una ley de 1889, que obligó a los reclamantes a pagar la cantidad y los intereses que se hubieran establecido al efectuar el empeño.

El carácter benéfico del Monte pervivió durante muchísimo tiempo. Fue normal que muchas personas pudientes dejaran mandas testamentarias para desempeñar los lotes más humildes, o proporcionar limosnas con igual fin. La C.A.M., cuando se estableció el Día del Ahorro (1925), consideró como premios la cancelación de las papeletas de empeño y la retirada de objetos de primera necesidad. También acentúa ese carácter el hecho de que se dispusiera de una habitación para las máquinas de coser empeñadas, a donde podían acudir las mujeres a trabajar durante el horario de apertura de la Institución. Asimismo, se quiso establecer en 1916 préstamos sobre útiles de trabajo sin desplazamiento de prenda, lo que no pudo hacerse en ese momento por resultar un servicio caro que acentuaba las pérdidas del Monte (100.000 pesetas ese mismo año).

El Monte de Piedad fue necesario e imprescindible durante muchos años, todos aquellos en los que no hubo respuestas sociales a los más acuciantes problemas de los seres humanos: enfermedades, accidentes laborales, paro, etc.. Ha seguido en funcionamiento durante toda la vida de la C.A.M., pasando a la nueva entidad Kutxa en 1990, aunque ahora tenga unas características muy diferentes. Ya no acuden personas con los objetos más corrientes, solamente lo hacen con los más valiosos. Varias iniciativas se han realizado aprovechando la experiencia del Monte, como un servicio de tasación y certificación de joyas con la posibilidad de solicitar un crédito con la garantía de las mismas (Servikutxa Joyas).

Obras Sociales, 1879-1940.

Durante este período, la Caja consideró al Monte de Piedad como su obra social más destacada. En 1902 se inauguró La Gota de Leche de San Sebastián, obra que sería sufragada a partes iguales por las dos Cajas de Ahorro guipuzcoanas y que fue, de 1902 a 1985, centro de puericultura y pediatría. En 1929, con motivo de la celebración de su cincuenta aniversario, se decidió crear una Maternidad en la capital, que comenzó a funcionar en 1933 y en la que se invirtieron 1.200.000 pesetas, dotándola de los más modernos medios de la época. Nació con el objetivo de atender a las mujeres en el momento del parto, pero también con el de prestar asistencia ginecológica y, a la vez, servir como escuela de comadronas. Esta institución recibiría ayudas para su mantenimiento de la Caja Provincial, llegando a asistir a las primeras beneficiarias del seguro de maternidad (véase CAJA DE AHORROS PROVINCIAL DE GUIPÚZCOA).

Otras obras sociales fueron las ayudas alimenticias a la población necesitada en los momentos de crisis económica; los socorros a náufragos; el cine educativo (1928); los premios a los escolares de las Escuelas Municipales y a los imponentes; la imposición inicial de las libretas a los recién nacidos; la participación en los Homenajes a la Vejez y diversos donativos entregados a entidades de tipo benéfico y asistencial.

A medio camino entre la inversión y la Obra Social figuran algunos créditos, como el concedido para la construcción del Asilo de San José (iniciativa benéfica privada); y los hipotecarios que, a partir de 1921, se realizaron sobre solares de particulares para la construcción de viviendas de renta moderada.

Ahorro 1940-1990.

Con las vicisitudes propias de tan largo período histórico (véase CAJAS DE AHORRO EN VASCONIA), exceptuando el de la postguerra (1939-1941) en que los saldos disminuyeron, el ahorro siguió un ritmo ascendente, hasta alcanzar sumas que hubieran resultado inimaginables a los impulsores de C.A.M.. Entre 1939 y 1940 se fueron recuperando las joyas y objetos sacados de Donostia-San Sebastián en 1936, e igualmente se regularizaron las cuentas que habían tenido movimientos fuera de la provincia.

En 1945 se produjo un aumento espectacular del ahorro (109.149.702,17 pesetas), que llegó por imposiciones en las libretas generales, a la vista, a plazo, de ahorro obrero, escolar, especiales, en cuentas corrientes y en huchas de ahorro. La Caja proporcionaba créditos hipotecarios, con garantía de valores y personal, anticipos sobre sueldos y jornales, sobre libretas a plazos, sobre prendas sin desplazamiento y los realizados por el Monte de Piedad, además de otros créditos especiales. Tenía establecido el intercambio con otras Cajas de Ahorro, la domiciliación de contribuciones e impuestos, el pago de letras, un servicio de tasación, y operaciones de Bolsa y Depósito de Valores. Disponía de cuatro oficinas en Donostia-San Sebastián, que al finalizar la década serían trece, seis en la capital y siete en la provincia.

El desarrollo más llamativo se produjo a partir de 1950, influyendo considerablemente las circunstancias económicas, con el inicio de un nuevo período que se consolidaría en los años sesenta con un gran impulso industrial en la provincia. Eso supuso para la C.A.M. un aumento del volumen de su negocio y de sus clientes debido, en parte, a la población emigrante instalada en la provincia. Las modalidades de ahorro evolucionaron y se crearon otras de acuerdo con los nuevos tiempos.

AñoSaldos
1940
1945
1950
1960
1965
1970
1975
1978
1989
64.138*
109.149
230.939
1.282**
2.448
8.438
21.308
35.393
186.477

* en miles de pesetas
** en millones de pesetas

Fuente: Oribe, 1979: pp. 347,385; Memorias, C.A..M.

Fue el inicio de una política de apoyo a la construcción de viviendas en diversos barrios, algunos de nueva creación, como el de Amara Nuevo. Tras el Decreto sobre Viviendas de Renta Limitada (13-4-1956) se impuso a las Cajas la obligación de dedicar parte de sus beneficios a ese fin. Durante muchos años los créditos hipotecarios serían los más numerosos que concedió la Caja. También se otorgaron créditos a la agricultura y a la industria de acuerdo con la normativa general y, a partir de 1978, se pudieron iniciar las ayudas a la exportación y el descuento de letras. Fueron también los años en que comenzó el proceso de mecanización e informatización de las operaciones de la Caja, con nuevas cartillas y la introducción de la Tarjeta 6000.

La denominada crisis del petróleo de 1973 supuso para la Caja una disminución de sus recursos ajenos y una caída bursátil que mermó su cartera de valores y limitó su liquidez. El aumento de la inflación, la reconversión industrial y el paro fueron motivos de preocupación, sin que por ello se vieran disminuidos sensiblemente sus recursos ajenos. Todo ello unido al cambio político que se efectuó tras la muerte del general Franco (1975), y que propició una nueva legislación sobre las Cajas de Ahorro. Esto le permitió intervenir más directamente en la marcha económica provincial, con unas nuevas relaciones con el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno Vasco. A partir de ese momento, hubo un mayor apoyo a la industria guipuzcoana y a los proyectos de grandes infraestructuras (carreteras, autopista Bilbao-Behobia, ferrocarril, autobuses, aeropuerto de Hondarribia...). Por lo que respecta a sus oficinas, en 1975 tenía ya 18 sucursales en la capital y 43 en otras localidades de la provincia, y en 1989 la cifra alcanzaba las 93.

Obra social 1940-1990.

Al finalizar la guerra civil dio comienzo una nueva etapa, con una legislación nacional uniforme. A partir de 1943, el Gobierno del Estado dio prioridad a la restauración de las zonas más afectadas por la guerra y a la construcción de viviendas baratas y protegidas. De 1948 a 1977 la Obra Social se ajustó a lo especificado por la legislación, colaborando con la Obra Social Nacional (Universidad Laboral de Gijón, Universidades Laborales). Se continuó subvencionando a instituciones de carácter benéfico social (lucha contra la tuberculosis, Comité de Represión a la Trata de Blancas, ropero de Santa Victoria, Obras Femeninas, etc.); y continuaron sus antiguas obras sociales: Monte de Piedad; Gota de Leche; Casa de Maternidad (que en 1953 se transformó en Escuela de Hogar Virgen del Coro); Colonias de verano (1954); Piscinas de La Concha (1966); apoyos al sector primario (emisiones radiofónicas, Escuela Rural Zabalegui, creada por iniciativa privada -con financiación de la C.A.M.- y que en 1962 se convertiría en obra social de la misma).

Se iniciaron nuevas obras sociales, con un peso cada vez mayor de lo educativo y cultural: Centros del Patronato San Miguel para niños con minusvalías psíquicas (1961); Bibliotecas Infantiles; Escuela de Asistentes Sociales (1965); Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones (1967); Residencias Femeninas de Estudiantes (1970); Centros de Formación Familiar (1966); Centro de Miramón (1969); Talleres Protegidos Gureak (1975), para jóvenes con minusvalías; Grupo Doctor Camino de Historia Donostiarra (1966) y Biblioteca (1973); adquisición de las Torres de Arbide (1973) para su traslado e instalación en Miramón, finca adquirida en 1961; reconstrucción y acondicionamiento de edificios emblemáticos guipuzcoanos; Instituto Geográfico Basco Andrés de Urdaneta "INGEBA" (1977); Salas de Cultura y Exposiciones, Archivo Fotográfico, etc..

En 1989 la Obra Social de esta Caja destinó 400 millones de pesetas de sus fondos de dotación a los siguientes fines: Colonia Infantil de Etxarri (Larraun, Navarra); Centros de Formación Familiar y Social; Patronato San Miguel, Escuela Rural Zabalegui; y para la Fundación Social y Cultural de la C.A.M. (Obra Cultural -Salas de cultura y exposiciones, música, Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, y Grupo Dr. Camino-, Escuela Universitaria Diocesana de Trabajo Social, Escuela Virgen del Coro, becas, subvenciones y colaboraciones).

Lo invertido en obras sociales fue en progresivo aumento a lo largo de los años: 725 mil pesetas en 1950; 166 millones en 1978; 275 en 1987; y 405 presupuestadas para 1990. Aunque en éstos, como en otros datos de los que se han ido aportando, haya que deducir el efecto de la inflación producida a lo largo de los años y que fue particularmente intensa durante parte de los setenta y ochenta.

Conclusión.

En 1989, último año de vida como Caja de Ahorros Municipal, la entidad contaba con 671 empleados, 93 oficinas (26 en Donostia-San Sebastián, 64 en diversas poblaciones guipuzcoanas, una en Madrid y otra en Vitoria-Gasteiz). Los recursos ajenos ascendieron a 186.477 millones de pesetas y el beneficio neto antes de impuestos fue de 1.177 millones, una vez separado la provisión de impuestos (367 millones de pesetas), 405 millones se dedicaron al fondo de la Obra Social y otra cantidad similar a la Dotación de reservas. Además, había puesto en marcha diferentes servicios para la atención de sus clientes, modernizando y actualizando su sistema informático.

Era una Caja moderna que pretendía seguir siéndolo y que trabajaba para su integración en otra entidad mayor. La ciudad que vio nacer la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Sebastián en 1879 y la sociedad para la que se fundó esta Caja eran totalmente distintas a las de 1989, año en el que comenzó un proceso de fusión con la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa que concluiría el 1 de diciembre de 1990. Ambas instituciones pasan a formar una sóla denominada Kutxa Gipuzkoa Donostia, quedando así finalizada su andadura durante parte del siglo XIX y del XX y preparando una nueva Caja que fuera capaz de realizar servicios tan importantes como los prestados por sus antecesoras. Véase CAJA DE AHORROS Y MONTE DE PIEDAD DE GIPUZKOA Y SAN SEBASTIÁN-GIPUZKOA ETA DONOSTIAKO AURREZKI KUTXA (KUTXA GIPUZKOA DONOSTIA).

  • BARRENA OSORO, Elena. Hemen. Kutxa - Gipuzkoa, 1897-1995. Donostia. Fundación Social y Cultural Kutxa, 1995.
  • Caja de Ahorros y Monte de Piedad de San Sebastián: Memoria, 1989.
  • FOUCAULT, Michel. La verdad y las formas jurídicas. Barcelona: Gedisa ed., 1995.
  • MARTÍNEZ MARTÍN, Mª Ascensión. Gipuzkoa en la vanguardia del reformismo social. Beneficencia, Ahorro y Previsión (1876-1936). Donostia, Fundación Social y Cultural Kutxa, 1996.
  • ORIBE CANTERA, A.; IZARO, T. de; BERRUEZO, J. 100 años al servicio de Guipúzcoa. La Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián (1879-1979). San Sebastián. CAM, 1979.

Mª Ascensión MARTÍNEZ MARTÍN
Historiadora