Kontzeptua

Txistu

Flauta de pico de la que se conocen tres clases: la flauta ordinaria (txistu), la txirula (más pequeña) y el silbote. Sus dimensiones son diferentes y también su sonoridad. El txistu clásico (parte de la madera) es de 422 mm. El diámetro exterior de la cabeza, 30 mm. Diámetro exterior de la parte baja, 20 mm. La cabeza tendrá 25 mm. de largura. El calibre interior, 13 mm. de diámetro. El hueco de la lengüeta, 15 mm. de ancho. La dirección de ésta, a la parte baja de la boquilla. Los agujeros se harán con broca de 9,5 mm. De la parte baja al centro del primer agujero dista 53 mm.; al segundo, 80, y al tercero que queda debajo, 114. La largura total de la boquilla será de 43 mm. Anchura, parte alta, 15 mm.; parte baja, 13 mm. y medio. La chapa de tope está a los 27 mm. de la parte baja. La lengüeta tendrá 83 mm. de largo, 16 de ancho y termina en forma puntiaguda en la parte baja, donde se sujeta el anillo. El txistu lleva un aditamento de anillos que se fabrican a gusto, según la clase o categoría de instrumentos (de boj, palo santo o ébano), y son de latón, metal blanco o plata. El cabezal será de chapa, y termina donde comienza el hueco de la lengüeta en su parte delantera. Atrás tendrá un rebaje, lo mismo que la madera, para evitar la incomodidad del canto vivo en la barbilla. El anillo de la parte baja (también de chapa) tendrá 14 mm. de ancho. El resto de los seis anillos son de media caña y tienen una anchura de 5 mm.; en la parte baja el último anillo lleva cruzado verticalmente otro en el que se introduce el dedo anular, y así se sujeta el instrumento. Es de 19 mm. El material empleado en el txistu clásico ordinario y en el silbote puede ser ébano, boj y hasta se ha llegado a preparar con madera exótica paddu. Esta, como el boj, es de color claro: hay que teñir estos txistus; con el roce pierden el tinte y no son agradables a la vista. Modernamente se hacen también de metal y de plástico. La calidad del sonido varía según el material empleado. Los anillos, si no son de plata, pierden el cromado que se da a los de latón. Se han fabricado también bastantes de alpaca, que se conservan bastante bien. Hay otros de acero inoxidable. El txistu lleva un anillo en la parte inferior del instrumento, en el que se introduce el dedo anular. El dedo meñique está libre para cerrar o abrir la extremidad inferior del tubo. Los dedos índice y corazón se aplican a los dos orificios o agujeros colocados en la parte superior: el dedo pulgar se coloca en el orificio inferior. El txistulari lleva colgando de su brazo izquierdo un tamborcillo que es más alto que ancho.

La extensión del txistu ordinario tradicional es de dos octavas. La txirula tiene los mismos límites que el txistu ordinario, pero sus notas agudas suenan más rasgadas. Su ámbito bueno es de una escala más una cuarta. Las restantes salen borrosas. El silbote suena una quinta baja: su parte más utilizable, por sonar mejor, es poco más o menos una escala. Sin embargo, abarca dos escalas completas: más una quinta más grave do a sol, que suena agradablemente cuando el instrumento es bueno. Las notas altas son algo difíciles de dar. No olvidemos que el silbote es desmontable en dos piezas. Para escribir la música destinada a este instrumento en combinación con banda, orquesta, etc., la solución es considerarlo en si natural y no en si bemol. Por lo tanto, escribiéndose el txistu en do, el silbote debe ir en sol; es decir, los tonos más próximos a estos dos instrumentos cuando van con orquesta, etc., son si y fa sostenido. La fusión con otro conjunto instrumental nunca es perfecta, pues en estos instrumentos populares la tendencia de sus betas interiores es distinta en cada uno: así, aunque todos reciban el mismo tratamiento, salen, sin embargo, distintos. Los constructores achacan, además, estas diferencias a las partes porosas de la madera. El sonido depende del aire y de la dirección que lleva cuando sale de la boquilla para que la lengüeta se encargue de cortarlo o interceptarlo. El sonido resulta más o menos amplio según las dimensiones del tubo por donde discurre el aire. El txistu de 43 cm. tiene una sonoridad dulce, agradable. Su parte baja es algo oscura, sobre todo cuando en los aires populares se toca al aire libre. Las últimas notas son algo silbantes. Su mejor registro es el central. La txirula es de menor sonido en volumen, pero más incisivo por su tesitura a la octava alta. La sonoridad del silbote es opaca, aunque agradable, y su papel en el conjunto orquéstico popular es el del bajo, lo que le reduce ordinariamente a un puesto secundario como interés musical. El txistu admite el vibrato y el trino. Hemos visto hacer el vibrato con un rápido movimiento del dedo encima del orificio que da la nota, aunque sin cerrarlo. El trino se ejecuta cerrando con rapidez el orificio inferior al que suena. El sonido del txistu, aunque dulce y no rasgado, tiene una área de extensión auditiva mayor de la que nos imaginamos. Así, nos cuenta Iztueta haber oído decir a un anciano pastor de su pueblo que, en un monte elevado de Zaldibia (pueblo de origen de Iztueta), solía bailar gustosísimo las txantxakak, ejecutadas por el tamborilero en la plaza de Ordizia, que dista dos horas de dicho lugar. El mismo Iztueta, yendo a Lazkao, oyó, desde una colina que llaman Alditxueta, las alboradas que ejecutaba el tamboril en el pueblo de Orendain: entre ambos pueblos hay hora y media de camino. La proliferación de sesiones de txistu en lugares cerrados ha inducido a los artesanos a elaborar instrumentos de sonido más dulce que los tradicionales.

El nombre actual de la flauta vasca es txistu, txirola. Estos son los corrientes. No olvidemos que esta misma palabra significa también silbido y saliva. Txistua bota = escupir; txistueta = gorgeo; txistuki = rama con que se hacen silbatos; txistu-belar = avena silvestre; txiru-liru = cabeza ligera y onomatopeya del canto de los pájaros; etc. El P. Donostia cita en una canción popular la palabra flaiola (flabiol), que no es conocida en el lenguaje corriente, y no aparece en los diccionarios de Azkue y P. Lhande. No deja de sorprender que la palabra txistulari, hoy tan en uso para denotar al tamborilero, no se haya usado en documentos de relativa antigüedad, s. XVI, XVII, XVIII y XIX. El apelativo usado es siempre jular, juglar, tamborilero, tamboritero... Iztueta usa la palabra chilibitua, para el txistu, y danboliñ para el tamborilero, tamboril. Notemos que en Burgos se llama chirola al pitero que acompaña a los gigantones. [F. Olmeda, Cancionero popular de Burgos, 1903, pág. 157].

Para denotar la flauta vasca encontramos en épocas recientes la forma "tibia vasca". La traen el Diccionario Geográfico-Histórico de España (p. 326), Iztueta (1842:2) y algún escritor moderno. Creemos que hay un error en esta denominación, aplicando al adjetivo latino "vasca" como si perteneciera a un pueblo, cuando su sentido es el de "ligero, vacío". A. Oihenart, en su Notitia utriusque Vasconiae (1638, 34-35), habla de la flauta vasca, y dice:

"Tibiarum quoque ufum iis proprium fuisse significare videtur vox Vafcae tibiae (ab eo enim quod indigenae in recto Vafco dicunt rite formatur Latinum Vafcus, ut alias dicemus). Occurrit autem haec vox apud Iul. Solinum cap. 5 Seruium in lib. XI Aeneidos et Auctorem veteris Glossarij Latino-Graeci, qui eam meletetikon aulon vertit, ideo forte, quod non tam arte quam assidua exercitatione eius tyrocinium constet: (etsi non deçunt qui ibi meliko scribendû cenfeant) tria enim tantummodo habet foramina, quibus quolibet sonitus aut moduli genus diftincte et concinne reddût qui eius artem callent. Cur auten Seruius eamdem plagiaulon vocet non aliam poffum redere rationen quam quod non recto nec tranfuerfo positu, vt caeterae tibiae, seb obliquo staret in manu tibicinis ea personantis, idque etiamnum comprobat hodiernus vfus tibiae, qui apud Vascones maxime viget, nec enim alio fere organo vtuntur in fuis choreis et saltationibus; Alia tamen mens est doctissime Salmasij quod attinet ad explicationem Vafcae tibiae, suis in Flau. Vopiscum notis et in Plinian, exercit ad cap. 5. Solini, neque ego authoritati tanti viri repugnare ausim."

Aunque ya Silio Itálico usa la palabra vascus para indicar al habitante o natural de Vasconia, con todo, esta palabra significa: "vacío, desocupado (sentido de hueco), que no pesa, ligero". Forcellini dice: "Vascus, Vascus est vacuus, inanis, levis" ( Totius Latinitatis Lexicon, 1875). A propósito del tema que tratamos, dice:

"Vasca tibia, si Salmasium audimus in notis ad Vopisc. Carin. 19 est ea, quae meletetikos aulos in Gloss. Philo dicitur; h. e. tibiae quoddam genus curvum et obliquum soni levioris et acutioris quae praecipue tibicines inflandi artem ediscere et meditari consueverunt: a vasco sono quem edebat. Solin, 5 a med. insula arundinum ferax quae acomodatissimae sint in omnen sonum tibiarum, seu praecentorias facias, quarum locus est ad pulvinaria praecinendi seu vascas quae foraminum numeris praecentorias antecedunt; h. e. flauti a traverso, storte. Hinc Serv. ad illud Virg. II Aen. 737: Bacchi autem ideo, quia apud Veteres ludi theatrales non erant, nisi in honorem Liberi Patris. Hanc tibiam Graeci plagiaulon vocant, Latini vascam tibiam et est Dionysia cum maxime: ea Satyri utuntur. V. Plagiaulus. Nota. His placet subdere Glossariorum veterum expositiones. Glossa apud Mai., loc. cit., t. 7, p. 585. Vascum, inanem vel nugatorium. Et t. 8, p. 623. Vascus, inanis. Et p. 621. Vascus, nugax, nugatorius, nugigerulus, gerroneus, vaniloquus. In Gloss, S. Genov. scribitur ucavum, vel wascum." (Páginas, 252-253.)

Vemos citado a Solino. Su texto es el que transcribimos a continuación:

"Nam illinc excidunt signa ad facies hominum uel deorum. Thermitanis locis insula est arundinum ferax, que accomodatissimae sunt in omnem sonum tibiarum siue Precentoria facias, quarum locus est ad Pulvinaria praecinendi, siue Vascas, quae foraminum numeris Praecentorias antecedunt, seu Puellatorias quibus a sono clariore uocamen datur...".

En el mismo folio, el comentario de Camercio:

"Vascas. Sipontinus legit: Vastas fortassis a magnitudine, uel foraminum multitudine, sic nuncupans. Aduertendum Tibias interdum denominari ab usu, ut precentorias, aliquando a sono, quem edunt, ut puellarias, nonnumque a forma, ut Vastas, saepe e materia ex qua fiunt, ut Gingrias, atque miluinas, aliquando a patria, ut Lydias, frequenter ab officio, ut Thura rias...".

En A. Ernout y A. Meillet, en la voz tibia, se lee:

"1.o, flûte; 2.o, tibia, os de la jambe et la jambe elle-même".

En la lengua vasca hay algo que lo recuerda, pues existe la palabra belhain = genou y balkhain = txülüla, tibia (flûte du genou) [ Dictionnaire étymologique / de la / Langue Latine / Histoire des mots par..., 1939, y P. Lhande, Dictionnaire basque-français, París, 1926]. Estos testimonio parecen indicar, como hemos dicho más arriba, que la denominación vasca tibia no debe aplicarse a la flauta popular del País Vasco como si hubiera sido algo privativo suyo. Entenderlo así fue una lectura equivocada de Oihenart, a quien, probablemente, han seguido los que más modernamente han repetido la especie.

El término popular vasco que actualmente indica el instrumento es txistu, que significa flauta y saliva, escupir. Todas las palabras que hacen referencia a silbar se basan en él. Txistuki = rama con que se hacen silbatos; xulubita, txulubita = silbato, flauta; xilibitu = silbido, flauta de sonidos agudos; xistu = salivazo, silbido; xistu-belhar = hierba de tallo alto de que se sirven los niños para emitir un sonido parecido al del flautín; xit = especie de silbido para llamar la atención de alguno; ziztu = gran silbo; ziztubelhar = avena salvaje; lekaxistu = silbido que se hace con los dedos metidos en la boca; Txuztu = silbo que los niños hacen con vegetales, etc. Variedades dialectales: uxtü egin = silbar; uxtü, hustü = silbo; silbar; xuxtu = silbido, silbar. En Iparralde se usa de la palabra txirola, txürüla, txulula para indicar el instrumento, y siempre permanece en pie la radical txi, txu = tchi, tchu. Esta palabra aparece en el S. Pouvreau: txirola = chirola = fluste, fluteau. Aunque más bien de la parte vascofrancesa la palabra chirola aparece en versos vizcaínos de Navidad (1826), llamando chirola a la flauta o txistu. Esta radical aparece también como indicadora de sonido en la palabra xirularru = flauta de piel, significando musette, gaita (gallega?); xirulika = roulade, trino, adorno de voz; txiru-liru = cabeza ligera y onomatopeya del canto de los pájaros; xuxurla = murmullo; xirulikan, xirulikatuz = lanzar un palo dándole vueltas (a causa del zumbido). Hay sin embargo, otras palabras que no proceden de esta raíz, y significan, por ejemplo, el caramillo = ziburrun (silbo que los muchachos hacen con vegetales); kopetxa = silbo. A la flauta que se toca de lado se llama zeiar-xirola. Esta raíz ( txiru) entra también en la onomatopeya que se pone en las canciones populares refiriéndose al canto de los pájaros: txiruliruli... Derivados de esta raíz son las que indican al músico popular: txistulari, xirolari, txulubitari, txilibitulari, txilibistari, txilibistero, etc., según las variedades dialectales o de cada pueblo. Hay otro nombre usado también popularmente para designar al juglar; danbolindari, que significa tamborilero.

Hay varias representaciones del txistulari en monumentos religiosos del País Vasco: en el monasterio de la Oliva, en la catedral de Pamplona [P. Olazarán de Estella, "Koreografía", en rev. Yakintza, año 1933, n.º 4, julio-agosto, San Sebastián, pp. 310 ss], en la catedral de Bayona (tímpano de la sacristía), en la portada de la iglesia de Lekeitio [ G. M. de Z., Las Cornamusas, en Bol. de la R. S. V. de Amigos del País, año VII, cuad. 2.º, ss., 1951. Véase el dibujo en la pág. 282]. Podemos añadir a estas representaciones la del txistulari que aparece en el retablo del altar mayor de la iglesia de Lekeitio (s. XVI), en una de cuyas escenas, la de los pastores a quienes el ángel anuncia el Nacimiento del Salvador, se ve a un txistulari tocando su instrumento. En Olite (Navarra), en una de las fachadas de Santa María la Real, aparece mutilado un tamborilero, cuyo modo de sostener el tambor con la izquierda parece denotar que le falta la flauta. Recordemos también al tamborilero que montado sobre un animal toca el txistu y tambor (capilla de San Francisco Javier, refectorio de los Canónigos de Pamplona).

Solamente hacia 1780-90 se transcribió o puso en música la del txistu. Lo hizo un tal Pepe Antón. Los anteriores tamborileros la conocían sólo por tradición, de oído. No conocemos ningún método antiguo para aprender a tocar el txistu. La gente iletrada lo aprendía sin papel. Al extenderse la afición al instrumento, se ha querido llenar este vacío. Así, el P. Hilario Olazarán, de Estella, publicó en 1932, Txistu, método y repertorio para flauta baska, en la que hay melodías tradicionales y otras de su invención. Anterior a él (de 1929) es El Txistu, lo que es y cómo se toca. En la revista Txistulari, Isidro Ansorena publicó algunas lecciones de txistu. Las reunió y amplió en un Primer curso (de 53 páginas) con el título Txistu ots gozoa, ¿nola? "¿Cómo obtener sonido dulce de txistu?". La efímera revista vascofrancesa Aintzina, vio comenzar, sólo comenzar, un método de txistu, por Jean Hillau y Pierre Landaburu.

El txistu, emparentado con el flabiol catalán y el silbo o pito castellano, parece haber sido conocido en el país desde hace muchos años. Tal vez haga referencia a él el epitalamio dedicado a la reina Leodegundia (hija de Ordoño I de Asturias), versos del siglo X, en los que aparecen los términos: «laudes dulces fluant tibiali modo», «tibia resonat», «modulament tibiale», «cantu (dulce), tibia (personet)» [José María Lacarra, Textos navarros del Códice de Roda, Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, Zaragoza, 1945; «Versi Domna Leodegundia Regina», pp. 271 ss.]. Según cuenta Iztueta, en la música de los primeros txistularis primaba al tamboril sobre el txistu. En los volúmenes de registros de Pamplona (Edad Media) se citan, junto a sonadores de gaita, como Diago, algunos «tamborer», «tamborino», como Bernat d'Oyon, Martín de Artajo de Lumbier, y un tal Samuel, que por su nombre parece israelita. Las cuentas municipales nos suministran datos más o menos abundantes acerca de la existencia de estos «julares o juglares» (así vienen llamándose hasta épocas muy recientes). Por documentos de Tudela de 1480-81, sabemos que Juan de Valero, tamborín, tocó en la procesión de Corpus Christi el 18 de julio de 1480, que al año siguiente en la misma procesión hubo dos tamborines [Francisco Fuentes, La música religiosa y profana en Tudela, Pamplona, «Príncipe de Viana», número XXII, año VII, separata, p. 6]. De mediados del s. XVI (1552-1564) tenemos notas de pagos a tamborinos que tocaban en la procesión de Corpus de la parroquia de Xemein (Bizkaia). El tamborino que venía todos los años para las procesiones de Corpus y su octava era Pedro Gorosarri, tamborilero de Berriatua [Libro 1.o de fábrica de la parroquia de Xemein, de 370 folios, habiéndosele agregado otros 163 f. el año 1669. En su folio 1.o dice: «Este libro es de la Iglesia de Ntra. Señora de Xemein el ql. yso traer de Flandes Sancho de Marquyna a su costa el año MDXXVI que fué alldo. y mayordomo de la dha. Yglesia]. En Balmaseda, en 1549, Pedro de Figueroa, «ministril y tamborino», es citado para este empleo [Martín de los Heros, íbid. Apuntamiento del Arch. libro II de Escrituras]. En 1571 «se dieron a dos hombres tañedores de instrumentos tamboril e rabel de arco, por dos días que se ocuparon en tañer en los regocijos del Nacimiento del Príncipe Nuestro Señor, 470 maravedises» [Arch. Mund. de Lekeitio]. Siempre es el hombre el que aparece tocando el tamboril. Alguna, rara vez, la mujer. Así, en un proceso de brujas de 6 de mayo de 1611, en Hondarribia, aparece una confesión de Isabel de Arano, diciendo haber visto a «Inesa de Gaxen, francesa, muger de Pedro de Sanza, que tocaba un tabolin» [Arch. Mun., Sección Historia. Brujas, Sección B, Negociado I, serie I, libro 5, exped. 2]. Antiguamente, tal vez, se importaban estos instrumentos. En 1650, por la «Pragmática» se prohibieron importaciones de cascabeles con bordecillo en medio, flautas y chiflos. Eran de importación francesa. Antes, en 1603, al reanudar el comercio con los Países Bajos Españoles, se importaban, como géneros traídos de Nuremberg: «cascabeles, chiflos...» Tal vez alguna de estas partidas se refiera a la flauta popular. Según el libro de Pierre de Lancre (que vino al País Vasco a proceder contra la epidemia brujeril), las reuniones de brujas o akelarres no se hacían sin música de txistu y tambor, salterio o violín. El autor da los nombres de algunos de estos juglares que tocaban dichos instrumentos [Tableau de l'Inconstance des mauvais Anges et démons..., à Paris, chez Nicolas Bron, rue Saint Iacques, M.DC.XIII (lib. III, p. 211)] El txistulari era la base imprescindible de las alegrías populares. Lo era también en momentos de tristeza, como el entierro de un niño, según atestigua el Conde de Laborde [Itinéraire / Descriptif. de l'Espagne / par M. le Cte. Al. de Laborde. Troisième èdition 1834, t. I, pp. 275-276], testimonio parecido al de Luis de Marcillac, cuando habla de Bilbao, en 1807. El txistu se utilizó en Lekeitio en 1573 para reanimar el espíritu del pueblo, aterrado por una peste de nueve meses, en cada uno de los cuales morían de setenta a ochenta personas. «Pagué a Domingo de Licona, tamborín, por lo que sirvió con el dicho oficio de tamborín todo el tiempo de la dicha enfermedad para que no la sintieran, 8 reales.» [Arch. Mun. de Lekeitio, citado por Cavanilles]. El tamborilero hacía antiguamente de atalayero en los puertos, llamando con toque a los marineros cuando una ballena se presentaba a la vista, a fin de que aprestasen las lanchas para darle caza. [Estanislao J. de Labayru, Historia General del Señorío de Vizcaya, año 1895, p. 731]. Jean Laborde, en su artículo La pêche à la baleine par les harponneurs basques [Rev. «Gure Herria», Bayonne, 1951, n.o 5, p. 259], cita a Cleirac, en su Us et coutumes (ed. de 1671), el cual dice: «...ont decouvert la baleine..., lors ils excitents un grand tintamarre, ils battent tambours et tambourins, parcourent le village...». En Bilbao, en 1742, hubo ocasión en que llegando un forastero de nota se apresuraban a festejarle, acudiendo todos a saludarle. Le enviaban como embajador un tamborilero a la casa donde se alojaba, para que «esté gozando de esta música que dise ser mui afisionado» [G. Manso de Zúñiga, Cartas de Bilbao, ibid., p. 193]. También en el pueblo de Deba (Gipuzkoa) el txistu daba la bienvenida a los forasteros que iban a bañarse a aquella playa. El tamborilero, incansable, se situaba frente al edificio donde se albergaban los recién venidos y tocaba un zortziko [Francisco de Paula Madrazo, Una expedición a Guipúzcoa en el verano de 1848, Madrid, 1849, página 42]. Por el contrario, para despachar del pueblo a las mujeres de mala nota, que, a pesar de los patriarcas del pueblo, no cambiaban de conducta, intervenía el tamboril. A estas mujeres les rapaban el pelo y las cejas, y al son de una melodía [conocemos esta melodía que aparece en el libro de música de Iztueta con el título, 51, Neskatx gizonkoiak erritik botatzeko soñua, pág. 53, ed. de 1926] las despachaban dándoles un pedazo de pan y dos rábanos [D. J. A. de Zamacola, Historia de las Naciones Bascas..., ed. de 1898, Bilbao, pág. 435]. Las mujeres vizcainas, después de cargar y descargar los navíos de Bilbao, volvían a sus casas por la tarde, a veces bailando al son del tamboril, entrelazadas las manos unas con otras. La villa tenía asalariada una flauta y tamboril para que éstas bailasen los días de fiesta y de recreación: sus bailes son violentos [Diccionario Geográfico Histórico de España, por la R. Academia de la Historia, Madrid, 1802, t. I, página 178]. En 1749 se utilizó el txistu para redoblar el esfuerzo de los que construían el juego de pelota de Oiartzun, ciento ochenta personas, «a que contribuyeron mucho los tamborileros y tambores que con su continuo estrépito los fomentaban y alentaban, de modo que ha costado menos de 80 pesos todo aquel aparato y trabajo, habiendo entrado en él cerca de 4.000 personas» [Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Oyarzun, 1749, fol. 321 v. o]. Hoy en día, algunos txistularis llegan a una gran habilidad en el manejo del instrumento, venciendo dificultades no pequeñas que les acreditan de «virtuosos». Antiguamente, es decir, hace ciento cincuenta o más años, también debió de haberlos, según testimonio de Iztueta (1767-1845). Cita a Vicente Ibarguren, juglar de San Sebastián, que ejecutó en Madrid, con el txistu, un concierto de violín [J. I. de Iztueta, íbid., pág. 67]. Tal vez era este mismo txistulari, Vicente, el que fue a Madrid llevado por el Duque de Medinaceli y entusiasmó a sus oyentes en un salón aristocrático, tocando la melodía del Ezpata-Dantza. De Baltasar de Manteli, natural de Vitoria (1748-1831), se cuenta que tenía tal habilidad, que podía tocar dos silbos a la vez, y en esta forma piezas de gran dificultad; por ejemplo, unas variaciones sobre el tema «Oh cara armonía» de Il Flauto Magico, de Mozart [La Zarzuela, periódico de música. Madrid, 1856, 3 de mayo]. Zamacola [1818, y Bilbao, 1898; p. 447] dice haber conocido dos txistularis que hicieron la admiración de los músicos de la Capilla Real, grupo tenido por el más competente en música. En 1823 un viajero francés asegura haber tropezado alguna vez con un cortejo que se dirigía a una boda, llevando por delante la txirola y el tambor; conducía en triunfo un ternero adornado con cintas y lazos, que era destinado a ser sacrificado para el convite nupcial [E. B(oucher), Souvenirs du Pays Basque et des Pyrénées en 1819 et 1820; París, 1823, pág. 67]. En Baztán (Navarra) el txistu acompañaba, en el s. XVIII, a los paisanos que pasaban la revista de armas por el alcalde, que era su capitán [Libro de Cuentas que dio principio el año de 1766 del lugar de Oronoz siendo Regidor D. Bernardo de Larrain, dueño que fue de la casa Echandia del mismo].
El verdadero tipo orquéstico popular es el de un txistulari con su tamborcillo y el atabal. Una sola flauta es la necesaria para tocar las melodías de baile: éstas están concebidas como simple melodía, sin necesidad de adimentos armónicos o contrapuntísticos. Si en algunos sitios se tocan con el grupo orquéstico de cuatro músicos, ha sido por adaptación, no porque las melodías hayan nacido en esta forma polimelódica o acompañada. Se echa de ver esto en la misma forma de adaptación, que es un relleno más o menos afortunado. Debemos hacer una observación personal referente al trío o cuarteto de juglares vascos, populares. Hemos dicho que la mejor sonoridad del instrumento está en su parte central. No siendo sino restringida la escala del txistu, se comprende que, en música de conjunto, el segundo haya de moverse parte en el ámbito central y parte en el bajo. De ahí poca sonoridad, poca claridad en el conjunto, esa claridad que es característica, por ejemplo, de un cuarteto de cuerda. De esta opacidad participa en mayor grado el silbote. Por consiguiente, no podemos pedir a este conjunto de flautas lo que exigiríamos de un cuarteto de instrumentos de viento o de cuerda. Esta opacidad disminuye cuando los txistularis reunidos son 20, 50, 100 y hasta 200, como se ha visto en manifestaciones algo frecuentes, alardes, habidas en Bilbao, San Sebastián, Pamplona, Bayona, etc. Entonces, todo toma cuerpo, y las diversas cuerdas se oyen suficientemente claras para que el conjunto resulte agradable al oído. Este pequeño grupo orquestal, destinado más bien al concierto que no al acompañamiento de la danza, ha hecho nacer una literatura musical que fue apareciendo sobre todo en la revista «Txistulari» creada en 1928. De este repertorio se sirven los grupos de flautistas existentes en pueblos crecidos. Humboldt habla del silbote, a partir del cual nacen las bandas municipales. En sus papeles existentes en la Biblioteca de Berlín se dice: «Para la música de varias partes usan de otro silbo mayor, que está naturalmente en tono de Capilla, y entonces ese hace de segunda voz». En estos papeles de Humboldt hay piezas de música a dos txistus. Debió de haber conjuntos de dos o más silbos (¿sin silbote?) en el s. XVIII, pues en 1779 se leen partidas como ésta: «Recibimos... 90 rs. de vellón por la asistencia a tañer por mí y mi compañero, silvos acompañados por cajas en el Octavario de Corpus... Joseph Antonio de Lizaso». En 1816 se pagaron «100 rs. por los dos tambores y los dos silbos» (Arch. Mun. de Bilbao). En Hondarribia, por ejemplo, con ocasión de las Juntas Generales, se reunían varios tamborileros. En 20 de octubre de 1784, Francisco de Lizarriturri, juglar, dice: «tubo en su casa de orden de los comisionados de V. S. quatro juglares cuio gasto...», etc. (Arch. Mun. de Hondarribia). En la sesión del Ayuntamiento, de 1777 (30 de agosto) se decide «que se hagan venir dos tamboriles» (íd. íd.). Carlos Dembowski (1838-1840) dice que el zortziko «se baila al son del tamboril, orquesta compuesta de dos pífanos y dos tamboriles. Estos instrumentos no son tocados más que por dos músicos. (Nótese que no era necesaria la presencia de atabal para reforzar el ritmo). En las grandes ocasiones... la orquesta es reforzada con otros dos músicos, que tocan uno el silbato, flauta de sonido bajo, y el otro un tambor más bronco, y que hacen, por decirlo así, ellos dos el bajo de los sonidos más agudos de los instrumentos» (aquí tenemos el grupo completo conocido actualmente). Un viajero inglés, de 1700 [Una descripción de San Sebastián publicada en Londres en 1700. Traducción y notas de Manuel Conde López, dibujos de Carlos Ribera, aguafuertes de Andrés Lamberte. Editora Internacional, San Sebastián, 1943, pp. 59-60], hablando de San Sebastián, dice que en el baile de los domingos y días festivos «hay 3 tambores y flautas. El tambor mayor que, además, ejerce el oficio de verdugo, lleva el tambor más grande, que viene a ser del tamaño de un tambor infantil. Tocan el silbato sosteniéndolo con una mano, mientras con la otra baten sus tambores hasta que se forma un corro». Con ocasión del paso del rey Fernando VII y la Reina Doña Amalia, leemos en relatos de la época refiriéndose a las fiestas celebradas en Bilbao en 1828: «...no se olvidó sazonar esta fiesta con el acostumbrado agregado de una famosa tanda de tamborileros». A mediados del s. XIX comienzan a proliferar las bandas, llamadas a tener gran éxito a lo largo del siglo. Sin embargo, a comienzos del siguiente la moda había pasado. Poco menos que en vías de extinción se hallaba el txistu cuando se celebró en 1918 el Congreso de Oñati en el que se creó la Sociedad de Estudios Vascos. Esta tomó bajo su protección la reimplantación del txistu pero tropezó con la dificultad de obtener dichos instrumentos, obra de artesanos escasos y pluriempleados. Costó años crear un stock para su distribución gratuita. Cuando la Sociedad de Estudios Vascos relanzó el instrumento en 1927 llevaba años contratando artesanos. De uno de ellos dice A. de Lizarra en carta del 18 de dic. de 1922 a la SEV: «El fabricante es un anciano que habita en lo más escondido del Pirineo, entre Mendaur y Artikutza. Hace año y medio lo visitamos en su caserío de Ixkibo. Y vimos que el pobre no puede aumentar la producción por los instrumentos rudimentarios que emplea y por las múltiples ocupaciones de su actividad: carbonería, calera, carpintería, relojería, dentista, leñador, agricultor, pastor... Le hemos trasmitido el último encargo de Ud. y ha avisado que vendrá pronto a traernos algunos». El instrumento, orlado con la inscripción Eusko-Ikaskuntzak emandakoa, fue entregado primero indiscriminadamente y luego, en los años 30, sólo a entidades colectivas y a lugares donde se hubiera extinguido el arte de tocarlo. Eusko-Ikaskuntza evitó así su desaparición antes de la guerra. Isidro Ansorena y Alejandro Lizaso impulsaron la creación de una banda municipal en Donostia en 1922. En 1927 se creó la Asociación de Txistularis que dinamizó la proliferación de bandas en el país hasta el estallido de la contienda civil de 1936. Después de ésta, estuvo proscrito pero no desapareció, hallándose presente en todos aquellos lugares del mundo en el que hubiera una colonia vasca. En la actualidad, merced a la labor de la Asociación de Txistularis, existe un amplio repertorio para bandas y solistas. El grupo experimental dirigido por Javier Hernández Arsuaga ha ampliado el abanico de posibilidades incorporando el txilibitu y el bajo o txistu IV. También experimenta sobre la utilización de esta instrumento para música de cámara y música moderna.

Ref. Donostia, P. J. A. de: Historia de las danzas de Guipúzcoa, de sus melodías antiguas y sus versos. Instrumentos musicales del pueblo vasco, Zarauz, 1956, 56-77. Véase, además: Ansorena, José Luis: La trayectoria del txistu, «Cuadernos de Secc. Música», E. I., n.º 1, 1983; -: Txistua eta txistulariak, 1966; Hernández Arsuaga: Problemática del txistu, «Cuadernos de Secc. Música», EI, n.º 1, 1983; Sánchez Equiza, Carlos: Del «tamborilero» al «txistulari»: la influencia de la música «culta» en la música popular de txistu, CEEN, 1988, n.º 52; Satrústegui, José María: Datos para el estudio de la evolución del txistu, CEEN, 1988, n.º 52.