Lexikoa

RETRACTO GENTILICIO

Concepto. Así como en Vizcaya todo el Derecho patrimonial está inspirado por la troncalidad en la idea de que los bienes inmuebles no salgan de la familia de procedencia (v. TRONCALIDAD), en Navarra sólo existen algunas instituciones tendentes al mismo fin. Una de ellas es el retracto gentilicio, que permite a determinados parientes adquirir para sí los bienes familiares cuando su propietario los pretenda enajenar o haya ya enajenado a título oneroso a un extraño a la familia. Como en la troncalidad, las raíces de esta institución se encuentran en los Fueros municipales creados en la Edad Media, en los que la propiedad se contemplaba como un derecho social, al servicio del grupo y no del individuo. Este concepto explica que el propietario no pudiera vender los bienes inmuebles, sustento y cobijo de la familia, sino con el consentimiento de determinados parientes. Con el tiempo, este consentimiento se sustituyó por un derecho a favor de aquéllos de readquirir los bienes enajenados a un extraño, con el fin de que su propiedad no saliera de la familia. Aunque en la actualidad el retracto gentilicio haya quedado reducido al ámbito de los Derechos forales (además de en Navarra, está vigente en Aragón, bajo el nombre de «derecho de abolorio o de la saca»; en el Valle de Arán, como «derecho de tornería»; y en Vizcaya, como «derecho de saca foral». v. TRONCALIDAD), antes de la codificación era una institución de Derecho común, recogida en las Recopilaciones de Derecho castellano. Por lo que respecta a Euskal Herria, además de en la legislación vizcaína, la institución se halla presente en los Fueros de Laburdi (1514), títulos V y VI, y Zuberoa (1520), rúbrica XVII, lo que demuestra el desarrollo alcanzado por la misma en el Derecho histórico pirenaico. En el Derecho navarro aparece la figura desde los textos de Derecho local, ininterrumpidamente, en todos los posteriores, presentando una completa y desarrollada regulación en el Fuero de la Baja Navarra, de 1681, cuando esta Merindad navarra se había separado ya del Reino de Navarra. El retracto gentilicio se configura en la actual Compilación navarra como un derecho de adquisición preferente de origen legal, ejercitable bien bajo la forma de tanteo, antes de la consumación de la enajenación, o bien bajo la de retracto, una vez producida ésta.
Fuero de Navarra. Enajenación. Para el Fuero Nuevo es la transmisión onerosa el supuesto de hecho que permite el ejercicio del retracto. Así se adopta una postura hacia los retractos menos restrictiva que la del Código civil, que los admite sólo en relación con la venta y dación en pago. Ahora bien, para resolver si ante una determinada enajenación se hace posible o no el retracto, es imprescindible atender a los dos ejes alrededor de los cuales gira esta institución: el de la onerosidad, y el de la subrogación a través de la que se hace efectiva. Atendiendo a estos dos hilos conductores, no parece posible admitir, a diferencia de lo que sucede en el Derecho vizcaíno para la saca foral (si bien con algunas limitaciones: cfr. art. 125 Ley del Parlamento Vasco 3/1992, de 1 de julio), el retracto gentilicio cuando los bienes se han enajenado a través de una permuta, dada la dificultad que ésta presenta para aplicar el principio subrogatorio que rige al retracto. Quizá, como excepción, sería posible el retracto en el caso de permuta de la finca familiar por bienes fungibles o genéricos, que por su naturaleza el retrayente sí podría entregar al adquiriente retraído.
Fueros de Laburdi (1514) y Zuberoa (1520). En ambos Fueros se limita la facultad de disposición de los bienes procedentes de los abuelos o "papouaux et avitins" mediante un complejo procedimiento: se exige el consentimiento de determinados parientes para la enajenación, y después, una vez realizada ésta, los más próximos tienen derecho a ejercitar el retracto a su favor. La regulación de estos Fueros, muy similar, puesto que claramente el de Zuberoa, posterior, se inspiró en el de Laburdi, resulta mucho más ambigua, oscura y primitiva, así como menos técnica, que la del Fuero Reducido navarro y la del de Baja Navarra de 1681. En ambos textos se regulan por separado, en diferentes títulos o rúbricas, la enajenación de los bienes y el derecho de retracto sobre los mismos. Pervive en ellos, junto con el retracto, la exigencia del consentimiento de determinados parientes para la enajenación, lo que constituye un signo de ese primitivismo que señalábamos, ya que históricamente, el retracto viene a sustituir al consentimiento. En consecuencia, la enajenación de los bienes sometidos a tales mecanismos se dificulta enormemente, en ese afán de mantener los bienes ligados a su familia de procedencia como base y sustento de ella. Bajo la misma rúbrica -"De las ventas y otras enajenaciones"- el Fuero de Laburdi (título V) y el de Zuberoa (rúbrica XVII) regulan el complejo procedimiento requerido para la enajenación de los bienes procedentes de los abuelos. Como hemos dicho, la regulación resulta complicada y carente de técnica, por lo que se hace precisa una reorganización de los artículos para comprender las limitaciones a que se hallaba sometida la enajenación de tales bienes. Ambos Fueros (art. I de los mencionados títulos) hablan de "vender, hipotecar o de cualquier otra manera enajenar"; no existe ninguna referencia a que la enajenación haya de ser sólo onerosa. En consecuencia, parece que cualquier tipo de enajenación se halla sujeta a las exigencias del Fuero. Sólo se excluyen las hechas por asignación matrimonial o necesidad urgente (art. I). La enajenación requiere, para ser válida, el consentimiento del hijo mayor emancipado, cuando la pretendieren los padres (art. I), o el de los padres, cuando la pretendiere el hijo emancipado (art. VI F. de Laburdi y IV de Zuberoa). Los bienes sometidos a este régimen son los de abolengo, que se denominan troncales, de linaje o "papouaux et avitins" y se definen como los que proceden del abuelo o abuela o del más alto grado, tanto muebles como inmuebles (art. VII F. de Laburdi y V de Zuberoa). Resulta sorprendente la inclusión como bienes troncales de los muebles: lo habitual es que la troncalidad se asocie a los bienes inmuebles, permaneciendo ajenos a su ámbito los muebles. Hecha la enajenación sin tales consentimientos, se considera "indebida, nula y de ningún efecto". Ahora bien, si el hijo mayor emancipado o el que debe suceder no protesta ante el comprador en el plazo de un año y un día, tal enajenación "vale" (art. III de ambos Fueros). El de Laburdi contempla expresamente la aplicación de estas normas a la venta en subasta: el más próximo habrá de mostrar su oposición y protesta durante la subasta, si está presente, y si no, en el plazo de quince días desde su regreso (arts. IV y V). En contraposición, los bienes adquiridos o conquistados pueden enajenarse libremente (art. VI Laburdi y IV Zuberoa). Los Fueros mencionan expresamente que los bienes se considerarán adquisiciones en la persona de su primer adquirente y en la de su primer heredero o sucesor (art. VIII F. de Laburdi y VI de Zuberoa). Independientemente de este procedimiento, el Fuero de Laburdi y el de Zuberoa regulan, en sus respectivos títulos VI y XIX, el retracto de los bienes troncales. Este tiene lugar cuando con los consentimientos exigidos se hubiera vendido algún bien troncal: el retracto se limita a los supuestos de venta. Puede ejercitarlo el pariente más próximo en la sucesión del vendedor, de grado en grado, aunque no se menciona hasta cuál. En el Fuero de Zuberoa el plazo es de 41 años consecutivos, previo pago del precio, gastos, expensas y mejoras (art. I). El de Laburdi no menciona plazos más que para el retracto en caso de subasta y para el de bienes muebles; al recoger la declaración general sobre el retracto el Fuero se limita a decir que el pariente podrá recuperar la cosa "siempre y cuando le parezca bien" (art. III). Por otra parte, en ambos Fueros se presta especial atención a la venta realizada en subasta: procede el retracto, pero la regulación del mismo es diferente en cada cuerpo legal. El Fuero de Laburdi concede el retracto, al pariente presente, durante el plazo de un año y un día desde la ejecución del decreto (art. IV); si estuviera ausente al tiempo de tal ejecución, y aunque volviera transcurrido el plazo de año y día, tendrá derecho de retracto durante los quince días siguientes a su regreso (art. V). El Fuero de Zuberoa se muestra más restrictivo: el pariente no tiene derecho de retracto si al tiempo de la subasta se hallaba presente. Sólo habrá retracto si se hallaba ausente y volviera dentro del plazo de año y día desde la ejecución del decreto. En relación con el orden de prelación del retracto familiar o de linaje y otros derechos de adquisición preferente, ambos Fueros establecen la preferencia del derecho del pariente sobre el señor feudal y de los censos (arts. V y VI del F. de Zuberoa y XIII del de Laburdi). La atención a la procedencia de los bienes se halla presente también en el régimen de las sucesiones. En ambos Fueros existe libertad testamentaria en relación con los bienes adquiridos, mientras que para testar sobre bienes de abolengo es necesario el consentimiento de quien debe suceder (título XI del F. de Laburdi y XXI del de Zuberoa). En la sucesión intestada, existe derecho de primogenitura sobre los bienes de abolengo: en el Fuero de Laburdi, a favor del mayor, sea hijo o hija y con derecho de representación a favor del descendiente del hijo o hija premuertos (arts. III y IV del título XII). En el de Zuberoa, a favor del primer varón, y sólo a falta de hijos en favor de la primera hija; ahora bien, el Fuero recoge numerosas reglas sobre la sucesión masculina y femenina en diversas localidades y Casas del país (arts. I a XVIII de la rúbrica XXVII). Por el contrario, en ambos Fueros los bienes adquiridos son heredados a partes iguales por los hijos; esto es, en estos bienes no existe esa preocupación de no dividirlos para que sirvan al sustento familiar. En conclusión, puede advertirse la presencia de la figura del retracto familiar también en los Fueros de Laburdi y Zuberoa, junto con la exigencia del consentimiento de determinados parientes para la enajenación de los bienes familiares. Ello, junto con la regulación de las sucesiones, es muestra de la preocupación de los textos legales por el mantenimiento del patrimonio familiar, como medio de sustento de las familias.

Roncesvalles BARBER CÁRCAMO
Bienes. El retracto gentilicio es ejercitable exclusivamente sobre bienes inmuebles radicantes en Navarra o cuotas indivisas de éstos. La razón de que sólo sean retraíbles los inmuebles se halla en la propia naturaleza de la institución: tradicionalmente, eran los inmuebles los bienes que aseguraban, además de cobijo, sustento y medio de supervivencia a la familia. Actualmente, aunque los bienes muebles alcancen en determinados casos valor superior a los inmuebles, siguen careciendo de las notas de afección, sustento e identificabilidad familiar que caracterizan a los inmuebles. La mención específica de las cuotas indivisas no se hallaba en los textos de Derecho histórico: constituye una aclaración, conforme con la naturaleza de la figura, establecida por la vigente Compilación. Por otra parte, el retracto gentilicio sólo procede sobre unos bienes determinados fijados en la ley (ley 453 del Fuero Nuevo): los llamados de abolorio o de patrimonio, y los llamados conquistados o adquiridos. Tal clasificación sólo es predicable de los bienes inmuebles. Dependiendo del tipo de bienes de que se trate, varía la legitimación para el ejercicio del retracto, como veremos seguidamente. Para calificar el bien, se le contempla en manos de su actual propietario, esto es, quien pretende enajenarlo o lo ha hecho ya. Son bienes de abolorio los que el enajenante recibió directamente de su abuelo a título lucrativo; de patrimonio los que, como los anteriores, habiendo pertenecido a su abuelo, el enajenante adquirió a título lucrativo a través de su padre o de otro descendiente del mismo abuelo; y bienes conquistados, los adquiridos, tanto a título oneroso como lucrativo, por el enajenante o por sus padres. La referencia al abuelo ha de entenderse comprendiendo a la abuela, y la de los padres a cualquiera de ellos. Las notas caracterizadoras de los bienes de abolorio y patrimonio son: su procedencia familiar, en cuanto que han tenido que pertenecer al abuelo del enajenante, y el título de adquisición por el que éste los ha recibido, que ha de ser lucrativo. En consecuencia, cualquier transmisión de los bienes a título oneroso, aunque sea entre miembros de la familia, hace perder a los bienes su condición de retraíbles. La nota que diferencia a los bienes de abolorio y a los de patrimonio es que el enajenante los haya recibido directamente del abuelo, en cuyo caso son de abolorio, o a través de un descendiente de éste, en cuyo caso son de patrimonio. En este último punto la actual regulación del Fuero Nuevo ha introducido una novedad: la doctrina y la jurisprudencia venían entendiendo tradicionalmente que sólo eran bienes de patrimonio los recibidos de los padres, rechazando que bienes recibidos de colaterales (esto es, hermanos, tíos o primos) fueran retraíbles. Actualmente, no sólo los recibidos de los padres, sino también de los hermanos, tíos o primos del enajenante quedan sometidos al retracto, ya que todos ellos son descendientes del abuelo. El criterio de definición de los bienes conquistados o adquiridos viene dado por su título de adquisición: oneroso. La menor vinculación con la familia que presentan estos bienes explica la limitación de su legitimación activa. Por otra parte, conviene destacar que bienes conquistados no es sinónimo de bienes de conquistas, nombre que reciben en Navarra los gananciales. En el supuesto de enajenación de varias fincas, habrá de ejercitarse el retracto sobre todas las sujetas a él. Si se vendieron por un precio único junto con otras no susceptibles de retracto, se determinará la parte del precio que corresponda a las retraíbles.
Sujeto activo. La legitimación para el retracto varía, según hemos dicho, dependiendo del tipo de bienes. Pueden retraer los bienes de abolorio y los de patrimonio los descendientes del enajenante y sus parientes colaterales de la línea de procedencia de los bienes dentro del cuarto grado. Los bienes conquistados o adquiridos sólo pueden ser retraídos por los descendientes del enajenante. El parentesco requerido por la ley es el de consanguinidad, considerándose los afines, a los efectos del retracto, extraños a la familia, de manera que cualquier enajenación a uno de ellos produce la salida de los bienes del ámbito familiar. En este punto en concreto viene planteándose en los últimos años una problemática, desconocida con anterioridad, que ha requerido la atención del Tribunal Superior de Justicia de Navarra en las Sentencias de 31 de octubre y 10 de diciembre de 1991 y 17 de marzo de 1993. Planteada la trascendencia de la titularidad del afín para los bienes, el Tribunal Superior, interpretando la ley de forma flexible, considera que en algunos supuestos muy cualificados (por ejemplo, el testamento de hermandad entre los cónyuges con designación de herederos comunes en las personas de los hijos) en los que pueda entenderse que la titularidad del afín es meramente fiduciaria, no produce la ruptura en la línea familiar de los bienes. Para poder ejercitar el retracto, se exige a los retrayentes la condición foral de navarros (ley 452), lo que, unido a la exigencia de que los inmuebles radiquen en Navarra, muestra que la institución se rige por un estatuto mixto. Para el caso de que concurran al retracto parientes de grado distinto, la ley 455 del Fuero Nuevo establece que tendrá preferencia el más próximo; si son de igual grado, el ascendiente, y, en la línea colateral, el entroncado en ascendiente anterior. Además, en igualdad de condiciones, se otorga preferencia al pariente de más edad. Para la prelación entre contrayentes no ha sido nunca, en ningún texto ni proyecto, determinante el sexo. Por otra parte, la ley 456 recoge la exclusión del criterio de la prioridad en el ejercicio: el orden de prelación que acabamos de mencionar no se verá alterado por el momento de interposición de las demandas ni por la voluntad del adquirente operada a través del allanamiento a una de ellas. ¿Es renunciable el derecho de retracto gentilicio? Así lo considera la ley 447, que permite su renuncia siempre que se realice en relación a una determinada enajenación, aun cuando la renuncia sea anterior a ésta. Esto es, la norma no permite una renuncia «en blanco», sino realizada por el titular del derecho en contemplación de unos elementos y condiciones ya fijados.
Ejercicio. El retracto gentilicio, como decíamos, puede ejercitarse en dos momentos: bajo la forma de tanteo antes de la consumación de la enajenación, desde que el enajenante comunica al titular del derecho su voluntad de enajenar y las condiciones de la enajenación, y, bajo la forma de retracto propiamente dicho, una vez consumada la enajenación. La ley 458 establece los plazos de ejercicio del retracto, que son de caducidad. A tal efecto, se distinguen tres supuestos: a) Si la enajenación se hubiera notificado fehacientemente, con indicación del precio, forma de pago y demás condiciones del contrato, el retracto podrá ejercitarse en un plazo de nueve días a contar de la notificación. b) En efecto de tal notificación, el plazo será de treinta días a partir de la fecha de inscripción de la enajenación en el Registro de la Propiedad. c) En defecto de notificación e inscripción, el retrayente dispondrá de un año y un día a contar de la enajenación, salvo si ésta se hubiere ocultado maliciosamente, en cuyo caso no caducará la acción, sin perjuicio de la prescipción adquisitiva. Si el retrayente hubiera tenido un conocimiento incompleto, tendrá treinta días para requerir del transmitente una información completa de la transmisión, y una vez recibida, un plazo de nueve días para ejercitar la acción. Aunque la Compilación navarra no prevé plazo para el ejercicio del tanteo, por analogía procederá el de nueve días a contar de la notificación, que será de la enajenación proyectada. En el caso de que el retrayente decida impugnar el precio de la transmisión, por considerar que el manifestado por las partes no es el real, el plazo de ejercicio del retracto se suspenderá hasta que la acción de impugnación se resuelva (ley 449). El ejercicio de la acción de retracto exige la consignación por el retrayente del precio de la enajenación o, si no es conocido, el ofrecimiento de consignarlo cuando lo sea. Tal precio ha de ser el real de la enajenación, no el escriturado. Este requisito constituye una medida de seguridad para el adquirente, para asegurarle la cantidad desembolsada en su adquisición. Además, una vez conseguido el retracto, el retrayente habrá de pagar al adquirente retraído los llamados «gastos de legítimo abono», esto es, los derivados del propio acto de transmisión y los realizados en la finca. La finalidad de esta medida es evitar que el retracto le sea gravoso al adquirente. Ejercitado el retracto, el inmueble adquirido a través del mismo es inalienable por actos intervivos durante dos años. Esto es, la enajenación que de él haga el retrayente será nula de pleno derecho, por opuesta a una norma imperativa. Se manifiesta así la preocupación del legislador por que el retracto se ejercite de acuerdo con su finalidad, y no con un ánimo fraudulento alejado de su justificación institucional.
Legitimación pasiva. El retracto gentilicio procede frente a los adquirientes extraños a la familia, entendiendo como extraños a los no legitimados para el mismo. Si el bien se hubiera enajenado a un pariente con derecho al mismo, aunque sea de grado más alejado que quien pretende retraerlo, el retracto no prosperará (Ley 454).
Práctica hereditaria en Vasconia. El retracto gentilicio navarro es expresión de la troncalidad, al igual que la saca foral vizcaína y disposiciones similares de Zuberoa y Lapurdi, aunque cada una de estas instituciones tenga sus propias características y diferente alcance. Podría definirse como un derecho colectivo que el grupo de parientes tronqueros ejerce sobre determinados bienes, que en sentido amplio podrían definirse como troncales, con el fin de evitar la enajenación de esos bienes de la familia troncal. Al igual que la saca foral y las demás disposiciones vascas sobre herencia y ordenamiento de la familia, el retracto responde a la necesidad de dar continuidad física y simbólicamente a un patrimonio raíz, que encuentra su máxima expresión en la figura de la Casa, que está íntimamente unido a un grupo familiar que lo posee, lo habita y que incluso toma su nombre de él. La Casa no es sólo la unidad económica y de producción en la que la familia encuentra su sustento, sino que es también la que da nombre a la familia, le otorga un lugar en la comunidad y le procura, incluso, la capacidad de participar en la vida política de la comunidad por medio de un representante en cada generación (Imizcoz, 1993: 78). Al mismo tiempo, la Casa no puede pervivir sin un linaje y, por tanto no hay patrimonio troncal sin una familia troncal. La relación entre ambos lo establece la sangre, aunque siempre en relación con unos bienes: son parientes tronqueros aquellos que provienen de la línea de quien primero poseyó ese patrimonio. En este sistema social, la enajenación de los bienes troncales, al igual que su partición supone una grave quiebra económica y simbólica para todo el grupo: para los que en un determinado momento ostentan la propiedad del patrimonio la partición o la necesidad de enajenar un bien raíz tiene evidentes consecuencias económicas y también sociales, como la posible perdida del prestigio necesario para los intercambios y relaciones sociales; para los que están ligados a ese patrimonio por el vínculo troncal sin que sean los dueños de los bienes, tales bienes, además de un evidente valor económico, tienen un valor simbólico muy importante. La perdida de la Casa significa perder el medio de vida, pero también el estatus social necesario para ser miembro de pleno derecho en las comunidades tradicionales vascas; es perder la memoria de los pasados, ya que ésta no puede pervivir sin el patrimonio que la sustenta. Por ello, el retracto gentilicio y otras disposiciones similares ponen los medios para que el vínculo entre bienes y parientes no se rompa, y el patrimonio raíz quede siempre en el seno de la familia. Esta organización social dio lugar a figuras jurídicas como la del retracto que están presentes en Navarra, Zuberoa y Lapurdi, algunos de los cuales han pervivido hasta nuestros días.

Navarra

El retracto gentilicio se ejerce en Navarra siempre sobre los bienes raíces o inmuebles: los de abalorio o patrimonio, equivalentes a los troncales vizcaínos, y los de conquista. En el caso de los bienes de abalorio o patrimonio pueden ejercer el retracto los descendientes del enajenante y los colaterales de la línea de procedencia del bien hasta el cuarto grado. En el caso de los bienes de conquista sólo los descendientes pueden ejercer este derecho. En cualquier caso, la relación se establece entre unas personas concretas y unos bienes concretos, unidos por una línea de procedencia. El retracto puede tener lugar en diferentes momentos, en el momento de la enajenación del bien o cuando éste ya ha sido enajenado, por medio del pago al adquiriente de la cantidad real que ha costado el bien (Ley 1/1973: leyes 452-459).

Zuberoa y Lapurdi

En los fueros de Zuberoa (1520) y Lapurdi (1514) se limita también la capacidad de las personas de disponer de los bienes "avitins et papouaux", es decir, los bienes raíces recibidos de sus abuelos, mediante la obligatoriedad del consentimiento de determinados parientes para la venta de un bien y el posterior derecho de retracto. Actualmente estas disposiciones no están en vigor ya que la Revolución Francesa trajo la derogación de los Fueros de los territorios de Zuberoa, Lapurdi y Baja Navarra. Hay que mencionar que ninguna de estas disposiciones hace diferencia alguna entre sexos, aunque habría que conocer la práctica real para saber si tal derecho se ejerce o ejercía de igual manera por hombres y mujeres. En todo caso, esto tiene relación con el hecho de que la mujer era considerada miembro de la Casa y pariente igual que el hombre, aunque tuviera diferentes espacios de actuación y atribuciones.

Gipuzkoa

Al no tener redactada su costumbre hereditaria en sus Fueros, no es posible encontrar en la legislación guipuzcoana nada parecido a un derecho de retracto. Sin embargo, se pueden rastrear algunas pistas de comportamientos guiados por la troncalidad en otro tipo de documentación, como, por ejemplo, los pleitos. En un pleito datado en el siglo XVI los nietos de los dueños de unos bienes raíces que pretendían enajenar una casería acudieron a impedir la venta alegando sus derechos como parientes tronqueros (Oliveri, 2001: 225). Ver Sucesión.

Bibliografía

  • Imízcoz Beunza, José María: "Comunidad de Valle y Feudalismo en el norte de la península: algunas preguntas desde el Valle de Baztán", en Servicio y Feudalismo en la Península Ibérica (ss. XII-XIX). Vol. III, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1993, pp. 67-86.

  • Oliveri Korta, Oihane: Mujer y herencia en el estamento hidalgo guipuzcoano durante el Antiguo Régimen (siglos XVI-VIII). Donostia-San Sebastián: Diputación Foral de Gipuzkoa, 2001.

  • Ley 1/1973, de 1 de marzo, por la que se aprueba la Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra.

    Oihane OLIVERI KORTA