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PAMPLONA, Cuenca de

Comarca navarra de unos 990 km² emplazada en una situación casi céntrica en el mapa de Navarra. Supone el paso clave de la transición entre las dos Navarras físicas contrapuestas.
Esta comarca ha recibido también la designación de Cuenca subpirenaica, dividida en Cuenca de Pamplona y Cuenca de Aoiz-Lumbier, siempre dentro de la llamada «Montaña» de Navarra. Pero su morfología está muy lejos de ser montañosa en su conjunto; más bien semeja una amplia cubeta cerrada por montañas muy continuas, donde se abren valles espaciosos de suave ondulación, entre las que se alzan series de colinas y montañas. Nos encontramos ante un dominio de gran riqueza morfológica, tanto por la variedad de sus tipos de relieve, como por su filiación genética. La oposición entre depresiones y montañas de altitud media e incluso alguna elevada cresta, viene impuesta por el factor resistencia litológica de los tres tipos de roquedo del edificio pirenaico: las margas, el flysh y las calizas. Las margas del Eoceno superior son las responsables de las áreas deprimidas más extensas -Cuenca propiamente dicha-, que con una altura media en tomo a los 500 m. y un desnivel relativo a sus montañas circundantes del mismo valor, representan una pausa en la montaña navarra, favoreciendo un régimen fluvial de acumulación que ha dado lugar a los sistemas de terrazas y glacis en los cursos medios de los ríos que atraviesan dicha Cuenca. En ocasiones, la fácil descalcificación de las margas, hace que éstas se erosionen en cuanto no están protegidas por la vegetación o las terrazas de aluvión, dando lugar a abarrancamientos tan típicos como los del Valle del Romanzado o Aranguren. La montaña de altitud media está vinculada al afloramiento del flysh pirenaico eoceno-cretácico. Este material comporta una alternancia de niveles margosos con calizas y areniscas, que ofrecen una mayor resistencia a la erosión, al menos en comparación con las margas masivas de la Cuenca. Sin rebasar los 1.200 m. de altitud, este tipo de montaña media constituye el paisaje dominante que rodea a toda la Cuenca de Pamplona; aguas abajo de los ríos Arga y Ultzama, existen unas cuantas cumbres. Se trata de los montes de Alixeto (912 m.), y, siguiendo el curso de las corrientes, la Peña de Berrondo (877 m.), la Peña de Aertxoriz (870 m.), Iruntzu (763 m.) y, antes de juntarse los dos ríos, Miravalles (597 m.), que separa los pueblos de Huarte y Villaba, a las puertas de la capital. Tras la amplia vega que forma la cuenca baja del Valle de Egües, se alza la Sierra de Aranguren, formando una media luna con la de Tajonar, dejando encerrados en su cara interna todos los pueblecitos del Valle de Aranguren. Todas su alturas son de escasa importancia: Malkaitz (771 m.), Taugorri (845 m.), Pico de Lakidain (892 m.), Zemborain (883 m.), y la prolongación de la Sierra de Tajonar (757 m.), que llega en alargada loma descendente hasta las puertas de Noain. Tras ese arco montañoso que cierra la Cuenca por el NE, se encuentra solitaria la Peña de Izaga (1.355 m.). Está situada entre los Valles de Izagaondoa, Unziti e Ibargoiti; es la montaña más elevada del sector meridional de Navarra, al margen de Beriain y Kodes. Elomendi o Higa de Monreal (1.298 m.), inseparable de la anterior y en la misma dirección, es epicentro de las Sierras de Alaitz e Izko, que de ella dimanan. La Sierra de Alaitz se prolonga hacia occidente, en sucesión de pequeñas cotas, y una corta estribación al S. que termina en la Peña de Unzue (990 m.) sobre la zona de Karraskal. Remontando el Zidakos, la Sierra de Erreniaga, conocida también como El Perdón, obliga al Arga a describir una amplia curva en su trayecto. Siguiendo con nuestra panorámica hacia el NO. y salvando el curso del Arga hacia las tierras llanas de la Ribera, encontramos la Sierra de Sarbil, considerada como derivación de la Sierra de Andía, que, circundando el Valle de Ollo, alcanzará su mayor elevación sobre la cantera calcárea del Valle de Etxauri. Sobresalen en este tramo la altura de Mortxe (1.107 m.), que protege el Valle de Ollo, y la Peña o Cabezón de Etxauri (1.132 m. ). El sector más relevante lo encontramos más al S. del Sarbil, al entrar propiamente en la Sierra de Andía, separada de la de Aralar por el Valle de Arakil. La parte que corresponde a la Cuenca comienza al E. originando el paso de Oskia, que salva el río de Arakil, al que antes se le ha unido el río Larraun. Sobre ellos se encuentra la cumbre del Gaztelu (996 m.), unido por medio de un amplio collado llamado de Ollariegi al Pico de Txurregi (1.104 m.), donde se inicia la barrera que, rebajando el Pico de Satrustegi (1.207 m.), alcanza el puerto de Irañeta o Yabar. En realidad, todo este largo espolón es una sola rampa ascendente desde el Valle de Ollo, que culmina en Beriain (1.492 m.), altura máxima. La sierra aún se prolonga hacia occidente hasta el Iyurbain (1.420 m.), saliente extremo de la sierra que domina los Valles de Ergoiena y Burunda. Regresando nuevamente a la Cuenca, encontramos la alargada Sierra de Bizkai u Oskia, que se prolonga de occidente hacia el visible triángulo montañoso de Añezkar. Tras él merece destacarse el monte Erga, también conocido por Trinidad de Aginaga o Irurzun (cierre oriental de Aralar). Por último, la Peña de Añezkar (658 m.) queda separada por la carretera principal entre Pamplona y San Sebastián, de los montes Eltxumendi (737 m.) y Agüe (852 m.).
Climatología. El clima de Navarra viene gobernado por dos dominios climáticos contrapuestos; el atlántico (al Noroeste), y el mediterráneo (al Sur). Ambos ambientes, en ocasiones modificados como consecuencia del factor altitud, se sitúan en los vértices de un triángulo cuyas influencias hacen de la Navarra subpirenaica, una zona de transición climática cuyo régimen depende, según los años, de la mayor o menor energía con que se presentan tales influencias. En este contexto climático general, cabe destacar el importante papel desempeñado por el relieve. Mientras las montañas pirenaicas constituyen un fuerte obstáculo a la penetración de las condiciones atlánticas, más al oeste la divisoria atlántica-mediterránea, supone un más fácil acceso a la humedad y efecto termorregulador del océano. En consecuencia, no crean un cambio brusco sino una gradación hacia el S. y hacia el E., donde las divisorias de los valles pirenaicos van creando un abrigo topográfico sucesivo que se traduce en una gradual disminución de la humedad y en una menor inercia térmica. Las sierras que cierran la Cuenca, van frenando los últimos efluvios oceánicos y provocando una progresiva desecación del aire, preludio del ambiente climático de la Navarra Media, donde cada vez es más patente la influencia submediterránea.
Precipitaciones. En la Cuenca, éstas marcan un gradiente decreciente de O. a E. , con valores que oscilan entre los 1.200-1.400 mm. del corredor del Arakil a los 1.000-1.200 de la propia Cuenca de Pamplona. Cerrándolas por el S. aparecen islotes pluviométricos con valores superiores, debido a las lluvias de tipo orográfico ocasionadas por sierras como las de Alaiz o El Perdón. Sus totales anuales varían entre los 1.400-1.600 mm. En cuanto a los volúmenes de precipitación anual, hemos de decir que en la Cuenca, el coeficiente de irregularidad es el más elevado de Navarra, debido a que se comportan como una zona de transición entre la Navarra húmeda y seca. Cuando la influencia oceánica es más intensa, Pamplona recibe totales anuales propios de la Cuenca del Bidasoa (en 30 años se ha registrado uno de 1.200 mm., tres de 1.975 mm., uno de 1.600...). Por el contrario, cuando domina la influencia mediterránea, los totales son muy similares a los de la Navarra Media (un año de 450 mm., seis de entre 600 y 650...). En consecuencia, se pasa de años de 450 mm. a otros de hasta 2.000. Por estas razones, el coeficiente de irregularidad alcanza el valor de 6, al estar a caballo entre dos influencias que difieren precisamente por su distinta regularidad pluviométrica interanual. En cuanto al reparto de las precipitaciones a lo largo del año, diciembre es el mes de máxima precipitación, si bien la influencia equinoccial-mediterránea es ya bastante sensible. Los mínimos de precipitación corresponden a julio y agosto, y de forma más acusada a este último.
Temperaturas. Teniendo en cuenta el período comprendido entre los años 1931-60, a pesar de que el 25 % de los años tienen temperaturas medias muy similares a los 12,5 °C, los valores han oscilado mucho más -entre 13,6 y 10 °C-, hasta el punto de ser la zona de máxima variabilidad interanual. Su peculiar topografía y situación, a caballo de tres marcadas influencias condiciona que, junto a años de matiz templado (influencia del noroeste) o cálido (influencia del sur), se den con relativa frecuencia, años de acusado matiz pirenaicofrío. De este modo, considerando la variabilidad como la amplitud máxima de los valores medios anuales, la más elevada corresponde a la Cuenca con 3,6 °C. En cuanto a las medias de las temperaturas máximas y mínimas, éstas oscilan entre 25 °C y 2,5 °C respectivamente, con lo que obtenemos una amplitud térmica anual de 22,5 °C.
La red hidrológica de la Cuenca de Pamplona, queda constituida por un río principal, el Arga, el cual marca perfectamente la transición hidrológica entre los Pirineos y las Montañas Vascas. Su curva de variaciones estacionales de caudal es, en líneas generales, de tipo fluvial oceánico o atlántico. Nace en el macizo de Alduides -Quinto Realy con dirección Norte-Sur atraviesa el Valle de Esteribar. En Eugi, y una vez recibidos los riachuelos que bajan de Okoro, Saioa y Erregerena, sus aguas son represadas formando el pantano de Eugi. Entre Huarte y Villaba recibe al Ultzama, el cual desciende desde Belate a través del Valle de Odieta. A partir de aquí, la dirección del Arga sufre un cambio de dirección orientándose hacia el O. al tiempo que bordea la ciudad de Pamplona. Desde las estribaciones de la Sierra de Izko viene el Elorz, que se le une en las inmediaciones de Cizur. En las campas de Ororbia, las aguas del Arga se ven engrosadas por los aportes del Juslapeña, y un poco más abajo por las del Arakil. No debe sorprender que el Arga tenga en Etxauri, después de recibir los afluentes mencionados, un caudal absoluto de 40 m³/sg. o un caudal específico de 22,62 1/sg/km²., lo que es mucho para una cuenca de 2.704 km². Recuperando su dirección S. el Arga baja ahora comprimido entre las estribaciones de las Sierras de Sarbil y El Perdón hacia el exterior de la Cuenca.
Biogeografía. Los dominios de vegetación traslucen las influencias climáticas y la orografía de la comarca. Tienen gran importancia los microclimas locales y las diferencias entre solanas y cumbrias se reflejan con fuerza en la distribución de dicha vegetación. La Cuenca de Pamplona, incluida en la región eurosiberiana, forma parte de la provincia submediterránea, donde un clima transitorio determina el predominio de una vegetación submediterránea. En un esquema de cómo sería la depresión de la Cuenca en su estado potencial -antes de la intervención humana- veríamos cómo según vamos hacia el N. , lindando ya con las zonas húmedas y, en general, en las cumbrias regadas por lluvias y nieblas frecuentes -Peña Izaga, Sierras de Aranguren, Izko y Alaiz-, encontraríamos los hayedos (Fagus sylvatica), situándose en las caras N. del límite de la Cuenca con los robledales húmedos típicos en las zonas más inferiores. En la zona S. estarían los encinares (Quercus ilex), que caracterizarían un clima más mediterráneo. Incluso podríamos encontrarlos más al N., pero ya en áreas relictas con suelos que pierden constantemente el agua. Ya propiamente en la Cuenca, la vegetación típica vendría representada por el robledal (Quercus puberceus) con boj, un bosque con hoja caediza, poco sombrío, y el quejigal (Quercus faginea) que con una sombra poco densa, representa una de las formas más xerofíticas del robledal mediterráneo venteado. Es quien verdaderamente refleja una transición conflictiva, caracterizando la unión entre el hayedo y el robledal. En la actualidad, estos originales paisajes boscosos están profundamente alterados, de forma que casi han desaparecido de todos los llanos y de los terrenos menos empinados, quedando relegados a las laderas más pronunciadas. Las lomas que antes ocupaba el quejigal, están llenas de un matorral poco productivo, y que únicamente como pasto estacional, a veces, produce algún beneficio, todo ello debido a la mala explotación y quema abusiva. En los llanos inferiores y depresiones -las zonas más fértiles-, es donde encontramos el cultivo masivo del cereal predominando de un modo mayoritario sobre toda la Cuenca, rodeado de matorrales y pastos, generalmente espinosos y variables, según el ambiente.-S. Z. M.