Monarkia eta noblezia

Antso VII.a Azkarra (1996ko bertsioa)

Rey de Navarra (1194-1234); hijo de Sancho VI «el Sabio» y de Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla.
Incorporación de la Baja Navarra (1194). Se hallaba Sancho atacando el castillo de Loches (en Indre et Loire) cuando tuvo noticia de la muerte de su padre, el rey Sancho el Sabio. Entonces abandonó el sitio y regresó a Pamplona para ser proclamado rey y proceder a la jura de los Fueros. Recibió el reino sin las tierras de Vizcaya, Bureba y Rioja, perdidas por su padre. El reino, reducido de esta forma, se contraía a sólo las tierras de Durango, Alava, Guipúzcoa y Navarra. Se llamaba ahora «Reino de Navarra» y no «Reino de Pamplona» como se había acostumbrado en tiempos anteriores. La única compensación fue la incorporación definitiva de la Baja Navarra por la ayuda prestada a su cuñado Ricardo Corazón de León. Por otra parte, su matrimonio con la princesa Berenguela, hermana de Sancho el Fuerte, suavizó las relaciones entre los reinos, hasta el punto de que hacia 1196 (1193, o incluso antes de 1189, para Jaurgain), Ricardo cedió la soberanía de Baigorry, Arberoa y Ossés y reconoció la navarra sobre Cize. Desde este momento, estos cuatro valles bajonavarros consolidan su situación dentro del reino navarro. Casó don Sancho en 1195 con Constanza, hija de su enemigo el conde de Tolosa aquitana Raimundo VI. Es también digno de anotarse que el mismo año su hermana Blanca se casaba con el conde de Champaña Teobaldo V. Sancho el Fuerte se veía protegido por el poder inglés fronterizo como freno a las ansias castellano-aragonesas de reparto del reino. Todo ello auguraba días de seguridad y de confianza.
Reunión de los tres reyes (1196). «Conocidamente y con toda la fuerza aspiró don Sancho a recobrar enteramente todas las tierras enajenadas de la Corona de Pamplona, la Rioja, la Bureba, lo que se había desmembrado de Alava y lo que en lo antiguo llamaban Castilla la Vieja, como las había señalado Sancho el Mayor». El rey de Aragón, por su parte, ya había recobrado prácticamente lo que realmente pertenecía a ese reino.
De duque a rey. Puede observarse que en la bula del Papa del 29 de marzo de 1196 se le titula a Sancho el Fuerte con el calificativo de «Duci Navarrae» y ya en la de abril del mismo año de «Rex Navarrae». Ha habido un cambio sustantivo en la posición diplomática de la Santa Sede, muy entrometida entonces en los asuntos políticos de los reinos cristianos. Este tratamiento de «Duci» tiene su trastienda y data del momento en que García Ramírez restaura la dinastía y reino de Pamplona en 1134. La Santa Sede, por lo que parece, no veía con buenos ojos la separación de Aragón y Navarra y de ahí ese gesto en cierto modo despectivo de llamar duque a un rey al que, por lo que se ve, no se le reconoce como tal. Con Sancho el Sabio sucede lo mismo y se transmite a las relaciones diplomáticas entre el Papa y Sancho el Fuerte. Pero ahora, con el peligro musulmán y la nueva política del rey, es el mismo Papa, quizá, para atraérselo, el que le eleva de jerarquía titulándole «Sanctius illustris Rex Navarrae».
Del halago a la excomunión. Si en 1196 el Papa halagaba a Sancho el Fuerte, al año siguiente, 1197, cambia fulminantemente su postura lanzándole la excomunión por su alianza con el rey de León a quien también alcanza la misma pena canónica pero con repercusiones políticas siempre en favor de Castilla. Se ha puesto en duda esta excomunión de Sancho el Fuerte pero, en la bula del 16 de abril de 1198, el nuevo papa Inocencio III ordena a su legado Rainerio que compruebe si ha sido promulgada la excomunión. El motivo parecería ser el que el rey de Navarra se había apoderado de los castillos, fianza de la tregua con Castilla.
Tratado de Calatayud para repartirse Navarra (1198). Ante nuevo papa, nuevos reclamos contra Navarra. Alfonso VIII es un especialista en explotar el hecho religioso en favor de sus ambiciones. Ahora la reclamación se dirige a Inocencio III. Alega que Sancho el Fuerte ha quebrantado las treguas y ocupado los castillos que tenía en garantía y alega también que había sido excomulgado por el cardenal Gregorio, uno de los árbitros de la bula de Celestino III. Por lo que parece en Roma no se dejaban sorprender tan fácilmente por alegatos de ese tipo ya que Inocencio III envía al cardenal Rainerio para que intervenga en favor de la paz entre los monarcas y averiguar, a su vez, lo que haya de cierto relativo a Sancho el Fuerte. Antes de que Rainerio pudiera entrar en averiguaciones, los reyes de Castilla y de Aragón se reúnen en Calatayud, reiterando la vieja aspiración de repartirse el reino matriz de Navarra.
Invasión del reino (1198). Los reyes de Castilla y de Aragón encontraron el momento oportuno para llevar a cabo su vieja aspiración de reparto del reino. Por la primavera de 1198 lo invadieron ambos reyes, uno desde la frontera oriental y el otro desde la occidental. Castilla invadió por Alava ganando, después de varias peripecias, a Miranda de Ebro y a Inzura. El aragonés, por su parte, invadió la merindad de Sangüesa adueñándose de Aibar y la villa y castillo de Burgui en el valle de Roncal. La campaña había finalizado para julio de 1198.
Don Sancho viaja a Africa (1199). Se da como fecha segura el año 1199 ya que en febrero de este año se hallaba en Burgui (Roncal) otorgando privilegio a los moradores de Aspurz. Parece ser que don Sancho esperó a que regresaran de Africa sus embajadores, que llegaron al fin trayendo muchos dones y dinero y la expresa petición del Miramamolín para que partiera a la corte para recibir a su hija como esposa. No se sabe cuál fue el camino seguido por don Sancho para desplazarse a Africa. Se sospecha de un viaje en secreto hasta alcanzar el señorío de Albarracín en poder de persona tan leal al rey navarro como Pedro Ruiz de Azagra. Además, había algunas fortalezas ligadas a ese señorío o solidarias con él como la de Rueda y otras. El camino de Aragón es, pues, el más verosímil.
Situación desesperada (1199). Si bien es verdad que Aragón se ha desligado de Castilla en el asunto del reparto de Navarra, también lo es que Alfonso VIII prepara su campaña ofensiva para la invasión del reino vasco. Don Sancho viaja apresuradamente al Africa en busca de aliados poderosos, ya que la situación aquitana se muestra confusa y revuelta. Al otro lado del Pirineo solamente podía confiar en su cuñado Ricardo «Corazón de León» pero la suerte le es adversa. Se hallaba Ricardo sitiando el castillo de Chaluz, en el vizcondado de Limosín, cuando es herido mortalmente por una saeta disparada desde la muralla, muriendo el 12 de marzo cuando tenía cuarenta y dos años de edad. Si Ricardo era cuñado de Sancho por estar casado con su hermana Berenguela, Alfonso VIII de Castilla tenía por esposa a Leonor, hermana de Ricardo. Ahora, con la muerte de Ricardo, se plantea el problema de la sucesión de Aquitania. Alfonso VIII reclama dicha sucesión para su esposa Leonor.
Don Sancho inmovilizado en Africa (1199). No cabe duda que el proyecto de don Sancho el Fuerte iba por lo grande y de tener éxito resolvía de una sola vez la situación difícil de su reino enclavado entre reinos ansiosos de su reparto. La situación entre los almohades había cambiado. Había muerto el Miramamolín Aben Jacub el 22 de enero de 1199 y le sustituía un hermano suyo, Brahém (Mohamed al Naser), en nombre del sucesor y menor de edad Mahomed. Sobre la muerte del Miramamolín se dieron diversas versiones todas ellas sumidas en el misterio. Fue recibido don Sancho en la Corte de Marruecos. La proposición. impuesta por las circunstancias, difería la solución del problema de su reino y le colocaba en el peligro de ser invadido por los reyes de Castilla y Aragón. Halagos y amenazas encubiertas debieron condicionar la conducta de don Sancho, de hecho prisionero y a merced del nuevo gobierno.
Cerco de Vitoria (1200). Al año siguiente, 1200, las tropas castellanas, ahora sin ayuda aragonesa, rompieron por sorpresa la tregua acordada y penetraron de nuevo por Alava. Después de apoderarse de algunas fortalezas menores, Alfonso VIII atacó y cercó Vitoria el 5 de junio. La ciudad no tuvo más remedio que defenderse heroicamente. Los defensores se encerraron bajo el mando de su gobernador don Alfonso Fernández de Guendulain. En vista del cariz que tomaban las cosas, Alfonso VIII de Castilla apeló a la rendición por hambre, ya que no podía rendirla por las armas. Aunque provista la villa de víveres, el cerco se hizo largo y el racionamiento llegó a ser escaso para el sostenimiento de Vitoria. Llevaba la ciudad cinco meses de sitio.
Viaje del obispo don García a Africa. Rendición de Vitoria (1200). La situación de Vitoria se hacía insostenible a causa del hambre. El reino, acéfalo, se hallaba en situación de indefensión atacado por ambas fronteras. Viéndolo así el obispo de Pamplona don García, se decidió a intervenir echándose sobre sí una misión difícil y llena de peligros. Y habiendo representado la verdad del estado, obtuvo del rey que Vitoria se entregase al rey de Castilla. Una vez caída Vitoria, la rendición de Guipúzcoa y el Duranguesado fue rápida y sin apenas resistencia. Así cayeron San Sebastián, Fuenterrabía, Feloaga (en el valle de Oiartzun), Zaitegi, Arluzea, Aizorrotz, Vitoria la Vieja, Marañón, Ausa y Ataun. Resistieron sin caer Treviño y Portella, que fueron intercambiadas, una vez hecha la paz, por Inzura y Miranda, respectivamente.
Caída de Guipúzcoa y el Duranguesado (1200). Diego López de Haro, sumado a la causa castellana, vuelve a dominar en Vizcaya anexionándose, además, el Duranguesado, pero conservando su fuero propio. Las tres tierras vascas occidentales se incorporan de esta forma a la Corona de Castilla, pero no al reino de Castilla como ocurría ya con la Rioja y Bureba. El beneficiaciario más directo de estos acontecimientos fue Diego López de Haro, ahora al frente de los territorios conquistados, ya que el 11 de octubre de 1200 era ya tenente en Soria, Nájera, Marañón y San Sebastián.
Invasión del reino. Versión del poeta Anneliers (s. XIII). Lai correc traicios. en alcus de sa gent,Et adoncs i mesage anec sen mantenetA Morrocs al rey Sancho, é dissli apertament,«Seinnor rei de Navarra, be sapchas certament,Que tu perdes ta terra é ton eretament,Quel rey, Alfons que tu tens per leial parent.Es intrat en Navarra ab gladi é ab foc ardent,Quar tal en cui fidavas. sapchas queo conssent,E si tu no vens trestot ton regnament,Sapchas quauras perdut, que mas á ton viventNo y albergaras jorn com te vei á present,Car perdut as Bitoria, é Alava issament,Ipuzcoa, é Amesquoa ab lur pertenement,E Fonterabia, é zo que si apent,E San Sebastian, or es la mar batent,E vílas é castels, que eu non ay ement,E si laisses Navarra par la paiana gent,Deus tan airara, é far tena parventu.Luis del Campo traduce así este pasaje provenzal:Esta noticia corrió, entre algunos de su gente,Y entonces un mensajero se dirigió inmediatamenteA Marruecos al rey Sancho, y díjole abiertamente,«Señor rey de Navarra, sabrás bien ciertamente,Que pierdes tu tierra y heredad totalmente,Que el rey Alfonso que tienes por leal pariente,Ha entrado en Navarra con espada y con fuego ardiente,Pues tal en quien fiabas, sabrás que lo consiente,Y todo tu reino si no regresas prontamente,Sabrás que lo habrás perdido, pero muy rápidamente,Y allá no morarás un día, como te vi hasta el presentePues has perdido Vitoria, y Alava igualmente,Guipúzcoa, y Amézcoa con lo perteneciente,Y Fuenterrabía, y todo lo concerniente,Y San Sebastián, donde el mar es batiente,Y villas y castillos que no tengo en la menteY si dejas Navarra por la pagana genteDios te escarmentará, al encolerizarle reiteradamente».
Vuelta del rey (1201). Sancho el Fuerte habría partido para Africa después de julio de 1198 y volvía tres años después, en 1201, cuando se había llevado a cabo ya el asalto a su reino indefenso. Rogerio de Hoveden, historiador de la época, dice que don Sancho fue retenido en Africa y obligado a someter a los reyes rebeldes al niño Mahomad. Según se desprende de las noticias históricas y arqueológicas del momento, no le quedó más remedio a don Sancho que luchar y, en los momentos de tregua, entretenerse en la caza de leones, como parece indicarlo una escultura del claustro de Santa María de Pamplona.
Testamento de Alfonso VIII de Castilla (1204). A finales de 1204 ocurrió algo inesperado, la enfermedad de Alfonso VIII. Viéndose en peligro de muerte otorgó testamento el día 8 de diciembre de 1204 para descargo de su conciencia. Le remordía por la usurpación a Sancho el Fuerte del occidente de su reino y a Diego López de Haro del Señorío de Vizcaya a raíz de la guerra sostenida entre ambos desde 1202. En este testamento se ordena devolver a Navarra las tierras que le había ocupado y a don Diego, su Señorío de Vizcaya. Dice el historiador Labayru: «Y respecto a lo que retenía sin título legítimo a Navarra se expresa así: que promete, si Dios le devuelve la salud, que restituirá al rey de Navarra todo lo que le ocupó desde Puerto Araniello a Fuente Rabía, el castillo de Buradón, el de San Vicente, el de Toro, Marañón, Alcázar, Santa Cruz de Campezu, la villa de Antoñana, la de Atauri y Portilla de Cortes, pues sabía que todo esto pertenecía al rey de Navarra». Prosigue Labayru: «Don Alfonso, aun temiendo la muerte, buscaba condiciones para soltar su presa. Alfonso VIII de Castilla recobró la salud y no sólo no devolvió las tierras usurpadas sino que entró a sangre y fuego por Laburdi y tierras gasconas.
Batalla de las Navas de Tolosa. Las cadenas de Navarra (1212). La derrota castellana de Salvatierra (1211) preocupó hondamente al monarca castellano. Alfonso VIII de Castilla se percató de inmediato de la importancia del ejército almohade y del peligro de sucumbir en la lucha desencadenada, y, ante el sesgo que tomaban los acontecimientos, dispuso una llamada general a los pueblos cristianos europeos para que vinieran en su ayuda. Una de estas llamadas, la más significativa, se dirigió al papa Celestino III, su amigo, pidiéndole que proclamara la cruzada contra los musulmanes. El Papa, complacido, lo hizo. La participación de Sancho el Fuerte le costó -como dice Moret- una batalla consigo mismo porque se consideraba agraviado no sólo en su padre y abuelo, en todos sus progenitores desde la muerte de Sancho el de Peñalén, en tantas invasiones y ocupaciones de provincias pertenecientes a la Corona de Pamplona. Fue necesario que el arzobispo de Narbona interviniera para convencerle. En la torturada conciencia del rey vasco pudo más su responsabilidad ante la Cristiandad que los graves agravios sufridos. Se jugaba quizá la suerte de Europa y la de su reino. Cruzada europea y guerra santa cobraban un potencial peligroso en extremo. Así es que, superando el trance, se presentó también en Toledo con su caballería pocos días antes de que aconteciera el memorable encuentro de las Navas de Tolosa. Le esperaba en Calatrava el rey de Aragón. El intrincado problema de ingleses y franceses, de ingleses y vascos, dejaba paso a los nuevos acontecimientos. Sancho el Fuerte llevó consigo no solamente tropas de su estricto reino sino también de las tierras bajo su protección como Laburdi, Zuberoa y Bearne. Iban en persona el vizconde de Zuberoa Guillermo y el de Bearne Gastón VI. Alfonso VIII se hallaba desbordado por problemas de abastecimiento de tanta tropa. El gran ejército cristiano se componía de dos alas, la derecha a cargo de Sancho el Fuerte, y la izquierda, al mando del rey de Aragón. Alfonso VIII mandaba al conjunto del ejército desde la retaguardia. La batalla comenzó con gran ímpetu al amanecer del día 16 de julio de 1212. Los musulmanes con su empujón inicial desbarataron a la vanguardia poniéndola en fuga. Alfonso VIII y su inseparable arzobispo don Rodrigo se dieron cuenta inmediatamente de lo que ocurría. Desde el ala derecha Sancho el Fuerte se apercibe inmediatamente de lo que sucede y, mediante una hábil maniobra, cae fulminante sobre el flanco de los musulmanes victoriosos sorprendiéndoles, de tal modo que cunde el desconcierto y el pánico entre sus filas. Lo mismo hizo por el flanco izquierdo el rey de Aragón dando lugar a que el ejército del centro se rehiciera e iniciara la ofensiva espoleado por el propio rey Alfonso. El hecho legendario de esta batalla corrió a cargo de Sancho el Fuerte. Alcanzó la retaguardia musulmana y la propia tienda del Miramamolín, defendida, según se dice, por diez mil negros sujetos unos a otros con cadenas, que son las que, según la tradición, rompió don Sancho y que luego incorporó simbólicamente al antiguo escudo navarro de barras en cruz y aspa. La batalla terminó en una gran derrota musulmana. El héroe -siempre según la tradición- fue don Sancho el Fuerte.
Viaje a Navarra de Teobaldo y gestiones sobre la sucesión al trono (1225). El hijo de la hermana del rey, doña Blanca, Teobaldo de Champaña, aspiraba a suceder a don Sancho en el trono y en realidad era el único heredero directo. Había nacido en 1201 y ya había obtenido la mayoría de edad. Don Sancho tenía dos hijos, pero eran bastardos, Remiro y Guillermo. Al primero le habían hecho canciller de Champaña y más tarde obispo de Pamplona con cien libras de renta. Como se ve, se mantenía estrecha relación entre Blanca y sus amistades de Pamplona. Entretanto Sancho el Fuerte tenía ya setenta años. En 1225 Teobaldo viajó a Navarra y trató que los nobles se pusieran de su parte prestándole homenaje como a sucesor del trono sin menoscabo de la lealtad debida a su tío el rey. No logró su cometido. Los dos hermanos bastardos se unieron e impidieron que los nobles rindieran el homenaje solicitado. Sancho el Fuerte dirigió la vista a Aragón y en especial a su joven rey Jaime I.
El problema de sucesión. Prohijamiento de Jaime I de Aragón. (1231). Sancho el Fuerte se veía solo y abatido. Viudo y sin hijos legítimos, sin sucesor al trono. La Dinastia Pirenaica se rompía sin hallar un vínculo sucesorio salvo si se tenía en cuenta que su hermana Blanca, casada en 1195 con Teobaldo V de Champaña, tenía un hijo llamado también Teobaldo, en quien podría recaer la sucesión si no se encontraba otra solución. Ambos monarcas veían las cosas desde distinta óptica, y en razón a su edad. Don Jaime, joven y ambicioso; don Sancho, viejo y enfermo, en vísperas de su muerte, que presentía. El discurso del rey de Aragón le cayó mal. A él solamente le interesaba la recuperación de las provincias navarras Rioja, Bureba, Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, el reino de sus mayores. Don Jaime, en cambio, ansiaba una guerra ventajosa con abundantes ganancias. Y no sólo eso; se atrevió a pedir al rey de Navarra un préstamo de cien mil sueldos. Se comprometía a la preparación de mil caballeros que traería por Pascuas y otros mil que traería por San Miguel. Entregó como garantía los castillos de Ferrera, Ferrellón, Zalatamor, Ademuz y Castielfabib, y en donación la Peña Faxina, junto al Moncayo, y la Redonda, para fortificarlas. El rey de Aragón gastó el préstamo en la conquista de Mallorca. No cumplió sus compromisos y sin embargo se atrevió a presentarse en Tudela con sesenta caballeros. La entrevista fue de desconfianza. De nada valieron las razones de Jaime para convencer al viejo monarca. Quería convencerle de que con dos mil caballeros que preparaba y enviara a la frontera podían vencer a Lope Díaz de Haro y que, vencido éste, la guerra quedaría concluida. Oído todo esto don Sancho atajó cortante: «Dejadme hablaros. ¿No conocéis de qué se trata? Todos los nobles se comportan falsamente conmigo y desean solamente obtener de mí todo el dinero posible». Con un «ya lo pensaré», terminó el diálogo.
Muerte de Sancho el Fuerte. Nuevo rey (1234). El viernes 7 de abril de 1234 murió Sancho el Fuerte en su castillo de Tudela, habiendo probado de por vida su lealtad a toda prueba y su amor al reino, cuya restauración se había constituido en razón de su vida. Reunidas las Cortes en Pamplona proclamaron como rey a Teobaldo (Tibalt) de Champaña, invitándole a ocupar el trono.

Bernardo ESTORNÉS LASA