Kontzeptua

Antropología Física

En el extremo occidental del Pirineo, a caballo entre España y Francia y mirando hacia el Golfo de Vizcaya, vive desde siempre el pueblo vasco. Adelantamos que el enfoque de este artículo es antropológico y, por lo tanto, tiene unos límites, ya que no se va a analizar toda la población que actualmente vive en la Comunidad Autónoma, Navarra y País Vasco Norte, dado que, de hecho, la comunidad fecunda en ella está formada por parejas autóctonas, inmigradas o mixtas y una investigación de grupos tan dispares sería imprecisa e inadecuada. Por ello, en nuestro caso, el método científico exige precisar nuestro objeto de estudio escogiendo muestras de población autóctona vasca que, por la cantidad y singularidad de sus caracteres antropológicos, sean estadísticamente significativas, de igual forma que podría hacerse, por ejemplo, con los lapones, gallegos o gitanos. Aunque parezca que el título se refiere a un individuo singular que tenga rasgos típicamente vascos, en realidad corresponde a la población natural, es decir, al aspecto biológico del grupo humano que ha poblado Euskal Herria desde siempre, esto es, a este grupo observado desde el punto de vista de la base genética que se expresa en los rasgos morfológicos, bioquímicos, fisiológicos, patológicos y comportamentales que constituyen las respuestas adaptativas que la colectividad, a través de generaciones, ha dado a los estímulos del entorno.

Todos los humanos son descendientes de alguna población y todas las poblaciones se sitúan en algún territorio. Por esta razón, a la definición biológica de los individuos hay que añadir la de la población y el territorio. Para la antropología, el individuo es un ser que porta en su cuerpo una información genética recibida de sus antepasados que transmitirá a sus descendientes. El cuerpo vasco investigado es portador de un pasado, un presente y un futuro. Todo ello pertenece al patrimonio genético de la colectividad. Junto a la diversidad de individuos que se siguen en la cadena generacional se mantiene un patrimonio común de comunidad genética que llamamos raza o población. La realidad física de un pueblo no es la que aparece directamente en los individuos, sino la inscrita en las células sexuales de la comunidad reproductiva, siendo ésta la auténtica herencia familiar. El territorio es la comarca natural en la que se sitúa el grupo humano: la Zona de montaña del Pirineo, la franja costera del Cantábrico, el país alto (goiherri) guipuzcoano, la llanada de Araba, la Navarra media y llana, el piedemonte suletino, etc. En ese ecosistema vasco el grupo humano ha sabido controlar el entorno con un modo de vida específico, se ha adaptado con una cultura. Todo esto se encarna en el biotipo vasco actual; en los hombres y mujeres que encontramos bien en Azpeitia, Tolosa o Elizondo en un día de feria, bien en los pueblos de pescadores o cuando visitamos las fiestas populares del Duranguesado.

Los autores que han investigado el tema lo constituyen tres grupos:

  1. Los de finales del siglo XIX -Broca, Collignon, Quatrefages.
  2. Los de principios del siglo XX -Aranzadi, Barandiarán, Eguren, Hoyos Sainz, Jaureguiberry, Etcheberry, Valloisy.

  3. Los de las últimas décadas del silglo XX, Marquer, Riquet, Ruffie, Mourant, los de la Escuela de Antropología de Barcelona -Alcobé, Fusté, Pons-, los de la Universidad del País Vasco -Basabe, de la Rúa e Iturrioz-, y A. Valls de la Universidad de Madrid.

Los primeros, utilizando métodos más simples, eran más primitivos y tuvieron la oportunidad de estudiar seres humanos menos heterogéneos; los más modernos, conocedores de la Genética, la Bioquímica, la Ecología, la Prehistoria, etc. profundizan mucho más en el concepto de raza, dándole un valor muy relativo. Dos de ellos, Marquer y Riquet, niegan la denominación y la existencia del tipo "pirenaico-occidental" de Aranzadi, en parte porque no conocen las realidades biológicas de Euskal Herria peninsular.

El francés Paul Broca, considerado por algunos como fundador de la antropología, midió sesenta cráneos de Zarautz (1862-1867) y otros tantos de San Juan de Luz, haciendo muchas fotografías de personas vivas. La conclusión a la que llegó fue la siguiente: los vascos del sur son de una raza dolicocéfala (M=77,67) diferente de la dolicocéfala europea y emparentada con la blanca de Africa del Norte, la guanche de Canarias y la troglodita del Cromagnon. En el Norte de Laburdi, sin embargo, encontró una mayoría de braquicéfalos y ultrabraquicéfalos (M-80,25).

Etcheberry ha planteado la cuestión de si los cráneos medidos en Zarautz pertenecerían a vascos auténticos; y el francés Collignon ha visto el mismo problema respecto a la cosmopolita ciudad de San Juan de Luz. Si exceptuamos a Aranzadi, los trabajos de Collignon, discípulo de Broca (1893), fueron los mejores de su época, realizados con reclutas vascos del norte de aquel año y, como control, con un regimiento español de Gipuzkoa. En ellos encontró un nuevo grupo humano que se diferenciaba claramente de los que había observado hasta entonces en Francia y Africa del Norte: "de estatura elevada, mucho más altos que el francés medio, espaldas anchas, extremidades delgadas, cabeza alargada pero ancha hacia el medio, cara estrecha y larga, cabello y ojos oscuros". Termina diciendo que la cabeza vasca se caracteriza por dos peculiaridades sorprendentes: "Una encorvadura a nivel de la sien y un estrechamiento enorme de la cara hacia el mentón".

Entre las investigaciones realizadas a finales del siglo pasado y el comienzo de éste sobre población vasca, cuya evolución ha sido investigada en un plazo de más de noventa años, tenemos a dos autores de gran interés. Uno de ellos el profesor E. Vallois, antropólogo de primera línea en los últimos tiempos, y el otro Telesforo Aranzadi, el auténtico fundador de la Antropología vasca. El mencionado autor francés ha confirmado y ratificado lo observado por los anteriores. En su opinión:

"el pueblo vasco constituye un pueblo autónomo... que se diferencia en sus caracteres físicos, y ello aun dejando de lado la etnia y la lengua. El aspecto de la cabeza es especial. Encorvada en las sienes, el cráneo presenta una cara larga y delgada que va estrechándose hacia abajo y que acaba en un mentón huidizo y afilado... a pesar de la encorvadura la cabeza suele ser bastante larga, con un índice 1-83, moderadamente braquicéfala. Frente recta que se une, casi sin hondonada suprasanal, a una nariz leptorrina delgada y saliente. Los cabellos suelen ser morenos, oscuros o negros, siendo los rubios excepción. Pero los ojos son a menudo claros, verdes o castaños".

La descripción de Vallois corresponde a los vascos del norte. En el sur predominan los ojos oscuros (60 %), apareciendo a menudo un iris que tiene un componente verde (30 %). Las órbitas de los ojos son altas y redondas, siendo muy característico el perfil inferoexterno del ángulo orbitario del cráneo. Las orejas largas (M=66 mm. en los varones) con el lóbulo suelto. Los labios delgados (M=7 mm.), a menudo el superior metido hacia atrás (opistocelia), cosa que escultores y retratistas saben bien, la mandíbula es recta, el mentón afilado y los gonios son marcadamente estrechos, esto es, bajo las dos orejas el ángulo que forman el cuerpo y las ramas de la mandíbula tiene una apertura muy estrecha. Esta recopilación de caracteres formada por las sienes encorvadas, la mandíbula estrecha y el mentón afilado y entrante conforma una figura que los autores franceses han llamado "pico de liebre" ("bec de lièvre") y Aranzadi "cara de saltamontes".

Aranzadi cree que el cráneo y estructura facial que se está comentando son consecuencia de una introversión del punto delantero del agujero occipital llamado basion y, en su opinión, el anillo óseo del basion al alzarse por la parte delantera y formar ángulo con el plano horizontal, puede ser el causante de un mecanismo cráneo-facial que explica el perfil entrante de la cara, el tamaño de la nariz, el que las sienes sean tan encorvadas y la basculación de la región occipital. Según decía el antropólogo de Bergara, esta colección de rasgos "es en el fondo la misma cosa, la característica propia de una raza profundamente original, la pirenaico-occidental, que no se explica por la aportación de tipos exóticos y cuya combinación es originalmente vasca".

La tesis doctoral de Concepción de la Rúa (1984) se dedica a este tema; en el marco de esta investigación se han exhumado las tumbas de doscientos religiosos -cien varones y cien mujeres- de quienes se conocía la edad, sexo, autoctonía y origen de padres/madres y abuelos/as. La estructura corporal es fuerte. Comparando con el brazo, el antebrazo es corto y en el tronco corporal bajo, bastante largo, el muslo es bastante corto. La estatura siempre ha sido una de las más altas de la Península; en el norte comparando con el resto de Francia la diferencia no es tan pronunciada. Lo mismo aparece en el mapa de los reclutas españoles de 1967, en el esquema que Aranzadi presentó al final del siglo pasado y en las investigaciones de Esther Rebato y G. Arriandiaga sobre los hombres y mujeres de la Comunidad Autónoma.

Puede observarse el cambio de estatura ocurrido en cien años, habiéndose dado un crecimiento de 4,5 cms.; este fenómeno ha tenido lugar en casi todos los pueblos desarrollados y es, en gran medida, una consecuencia del fenómeno de explotación del entorno que repercute en la mejora de la alimentación, higiene, nivel de vida y sistema neuroendocrino. Entre 1889 y 1984 la estatura de los varones en Gipuzkoa ha aumentado 7,4 cms. y 5 cms. en Bizkaia. Algo parecido ha sucedido en el norte, llegando el mencionado crecimiento de estatura a los 4,8 cms. En lo que se refiere al tronco corporal, en las mujeres el cuerpo es bastante alargado y un poco rectangular, en los varones la espalda larga y muy alta tapa un pecho en forma de tronco cónico, que se alarga hacia abajo con un talle fino y caderas muy estrechas. Las curvas del raquis son muy vivas y le dan al andar una esbeltez y facilidad especiales. En las mujeres la anchura de espaldas iguala la media mundial de los varones; tienen una pelvis bastante ancha y se acercan a su estatura. Tanto en hombres como en mujeres la altura del empeine es notable. En las manos, como en las extremidades inferiores, tiene mucha influencia, además del genotipo de cada uno, la perístasis laboral; esto se ve en las medidas de los dedos y de las manos de pelotaris y rederos (tesis de M. Fusté), en los brazos de los remontistas y en la diferencia entre los pies de las mujeres urbanas y los de las caseras que utilizan abarcas (trabajo de K. Untzueta). La proyección del biotipo vasco queda clara en la elección y práctica de deportes que requieren mucha fuerza y rapidez. Los vascos del sur tienen como característica el escaso desarrollo de vello corporal. En la falange media de las manos y pies la población vasca, según los novecientos tipos-masculinos y femeninos-medidos, tiene el porcentaje más bajo de falta de vello entre setenta poblaciones investigadas (M= 16,47 %). El color de la piel puede expresarse cuantitativamente cuando es medido por medio de un espectrofotómetro de reflectancia colocado en la cara interna del brazo izquierdo; las curvas de reflectancia colocan a los/as vascos detrás de los/as ingleses, belgas y holandeses, siendo los/as vizcaínos más pigmentados (m=77) que los/as guipuzcoanos (m=69), pero por delante de los/las leoneses y demás españoles. En lo que respecta al color, las mujeres son más blancas que los varones vascos y que las mujeres inglesas y están al par de las mujeres caucásicas. En lo que se refiere al color del iris y, como ya ha sido dicho, tanto el de los varones como el de las mujeres, en más del 50 % de los casos, suele ser muy pigmentado presentando un porcentaje parecido (M=40,5 %), aunque más bajo, en cuanto al color del cabello. Los dermatoglifos, según Pons, colocan a los vascos entre los valores más altos de las poblaciones europeas, similares a los del este de Europa y del Oriente Próximo de Asia. No hay grupo humano que supere al vasco en cuanto a la frecuencia de figuras del área hipotenar; y se diferencian por la horizontalidad de las líneas de la palma de la mano, pues entre los europeos es en las extremidades donde mejor se observan las características. Doscientas personas estudiadas por M. Larrañaga en el Goiherri de Gipuzkoa confirman algunas características mencionadas por Pons. Todos estos rasgos de los cuerpos, cabezas y caras observados por la antropología durante cien años proporcionan un punto de vista global sobre qué es lo que evoluciona y qué es lo que permanece en los caracteres de nuestro pueblo a través del tiempo: el aumento de la estatura, la mayor esperanza de vida, la intensificación de la pigmentación del iris con la edad, sobre todo en los varones; y mucho más, la pérdida de los dientes, desaparición que, además de influir en la mandíbula inferior, cambia también caracteres fisiognómicos.

Una aproximación a la extrema singularidad de los caracteres sanguíneos de la población vasca exige estudiar los siguientes aspectos: los autores que han investigado la sangre vasca, los distintos sistemas sanguíneos investigados, los resultados obtenidos y las consecuencias a las que se ha llegado. La lista de investigadores no tiene fin: Boyd e Irizar (1937), Etcheberri (1945), Mourant y Chalmer (1948), Ruffie (1958), Goti (1966), Valls (1969), Levine (1974), Iturrioz (1979).

Entre los sistemas sanguíneos los logros más importantes corresponden al ABO, secretor de ABH, Lewis, Rh, MNSS, P. Kell, Duffy, un grupo de enzimas llamadas haptoglobinas y transferrinas y a otros marcadores genéticos. Es de señalar que dadas las condiciones que impone la determinación de sistemas polimorfos (Rh, MNSS) la cantidad de individuos fenotipados en ciertos trabajos es escasa. A veces la muestra se completa con población cosmopolita, personal de embajada y, asimismo, con vascos/as emigrados a América; todo ello pone en duda la relevancia de los grupos investigados. Los grupos sanguíneos de los vascos/as, según los resultados obtenidos, nos llevan, según E. Valls, a conclusiones paradójicas:

"desde un punto de vista morfológico, parece que, según lo investigado, son un tipo humano local que tiene características mediterráneas y alpinas y, a primera vista, en la frecuencia de estos caracteres se encuentran diferencias entre los del norte y los del sur. Las divisiones de grupos sanguíneos realizadas mediante los sistemas llamados ABO y Rh (por lo menos las de éstos) distinguen a la población vasca de la del resto de Europa Occidental. Desde un punto de vista serológico no es, pues, demasiado inapropiado hablar, como ya lo hizo Boyd, de una raza vasca. En la división actual de los grupos sanguíneos es importante la influencia de la presión selectiva y la deriva genética. Es posible que el aislamiento geográfico de la población vasca haya hecho surgir un tipo de demografía dependiente de procesos endogámicos y que, como consecuencia de esta endogamia, haya habido un cambio profundo en la frecuencia de alelos de los grupos sanguíneos mencionados. Esto explicaría el desacuerdo entre los hechos serológicos y los antropométricos y, al mismo tiempo, el desacuerdo entre las clasificaciones realizadas según unos u otros caracteres".

En resumen, nosotros añadiríamos que la antigüedad de la población testificada por las huellas prehistóricas, el aislamiento geográfico acrecentado por las barreras impuestas por una lengua sin lazos de parentesco y la consiguiente influencia de los factores de variabilidad en esta comunidad biológica especial, a todo lo cual hay que sumar la etnia y cultura especiales, han dado como resultado la producción de los hemotipos singulares de esta colectividad concreta.

En lo que se refiere a los sistemas MNSS los vascos no han dado resultados que puedan quedar fuera de la variabilidad encontrada en los caucásicos. Como sugiere una investigación hecha por Leviene (1974) sobre los vascos del norte, pueden aparecen desacuerdos fundamentales en algunos complejos de genes.

En lo que se refiere a los sistemas P. Kell, Lewis, y secretor de ABH, no se ha encontrado ninguna diferencia significativa que sea equivalente a la hallada en el caso MN. El sistema Duffy muestra, por el contrario, una alta frecuencia de alelos FyB + Fy en la población vasca. Así lo ha demostrado R. Iturrioz (1979). Es una diferencia significativamente clara con respecto a la población europea pero, dado que también hay diferencias entre las poblaciones de las distintas comarcas vascas, hay que mencionar que, según algunos sistemas de grupos sanguíneos, la población no es homogénea. Así sucede en las Encartaciones, en la ría de Mundaka (Busturia) y Arratia con respecto a los sistemas ABO y MNSS. También hay que precisar la situación peculiar de la comarca oriental de Bizkaia (Derio-Mungia), pues según el sistema ABO es diferente de la del resto de las comarcas. En lo que se refiere al Rh negativo, los valores muy altos de los complejos genéticos CDE y CDE (haplotipo) y la aparición del complejo genético CDE, que es tan raro en las demás poblaciones, proporciona un dato adicional sobre las características hematológicas de la población vasca. Según este sistema, la clasificación de la variabilidad racial oscila entre los mongoloides y amerindios que no tienen Rh negativo (q=O) y la frecuencia más alta (q=0,6), que se da entre la población vasca. Al parecer, la enfermedad hemolítica que se da en el neonato por incompatibilidad fetomaterna de Rh ha sido, en la mayor parte de la evolución del Homo Sapiens, un mecanismo de selección. Sin embargo, a pesar de que se esperara que el 10 % de los niños sufriera la enfermedad según las proporciones antes mencionadas, la proporción es mucho más baja, como se ha visto experimentalmente en Euskal Herria y en otras poblaciones; de hecho, nace un niño enfermo de cada ciento cincuenta. Y la incompatibilidad del grupo ABO, que es la protección contra la incompatibilidad Rh, es aún mucho más pequeña y, por ello, esta enfermedad sólo afecta en realidad al 5 % de la población infantil prevista. La razón principal de este hecho reside en lo siguiente: los glóbulos rojos del feto que son incompatibles con la madre son destruidos por los anticuerpos anti-A o anti-B de la madre, de forma que esta destrucción rápida no da tiempo a que los eritrocitos estimulen el sistema inmunitario materno que produciría antiRh positivo. Por otro lado, parece que se logra un equilibrio en las madres Rh-negativas compensando la pérdida de los hijos-as heterocigóticos con una mayor fecundidad. Siendo el porcentaje de Rh negativos del 53 % en los vascos/as, es la única población conocida que ha sobrepasado la frontera del 50 %. Mourant (1974) y Cavalli-Sforza (197l) han propuesto la siguiente interpretación de la singularidad hemática de la población vasca:

"entre el este y el oeste de Europa hay un gradiente decreciente del grupo B en el sistema Duffy, ya que la población vasca, que presenta la frecuencia más baja de este alelo, representa el extremo occidental del continente; y, emparentada con los pueblos antiguos del extremo europeo, ha conservado una tipología sanguínea específica que no se explica mediante los sistemas de los grupos sanguíneos de ningún otro pueblo europeo".

Del mismo modo, en el sistema sanguíneo leucocitario HLA los alelos Al y B8 de algunos antígenos tienen tendencia a unirse a nivel de población, dando lugar a lo que se conoce como equilibrio de ligamento. Cuando las poblaciones se unifican o se da un mestizaje suele haber un desequilibrio entre Al y B8, como sucedió, por ejemplo, en el Oriente Próximo como consecuencia de las grandes migraciones indoeuropeas. Este desequilibrio es nulo o casi nulo en Euskal Herria y en Cerdeña, queriendo esto decir que estas migraciones no han influido en la población vasca o en la sarda. Siendo esto así, el propio M. Marquer ha admitido que:

"no hay duda de que la fórmula serológica de la población vasca es muy antigua... por el contrario, los caracteres morfológicos que han modelado el tipo vasco con el aspecto que tiene ahora y, especialmente, la braquicefalización de los vascos del norte, tienen presumiblemente un origen más reciente".

En palabras de Vallois (1951):

"el por qué del desacuerdo entre los resultados de la serología y la morfología podría encontrarse en el origen independiente de cada uno de ellos y, del mismo modo, en el desplazamiento a lo largo del tiempo de los caracteres que les corresponden".

Desde el punto de vista de las razas, podría responderse a esta última afirmación que, dada la variabilidad de la naturaleza morfológica, la significación de la naturaleza genética es más importante. Y aunque no sea muy evidente que la variabilidad morfológica dependa más del genotipo que de la influencia ambiental, es cada vez más necesario admitir que, en muchos casos, la razón de la variabilidad morfológica reside en las diferencias genéticas. En lo que se refiere a las proteínas plasmáticas, siendo las haptoglobinas de la población vasca marcadores diferenciadores que pueden utilizarse en un mismo grupo racial, han dado diferencias estadísticamente significativas con todas las poblaciones caucásicas europeas y lo mismo ha sucedido con la D esterasa. Respecto a estos marcadores, y diferenciándose de la población vasca, la población castellana se inserta bien en la población caucásica de Europa. Ahora bien, la población de Burgos presenta analogías y diferencias con la población vasca y con otras castellanas, pudiendo, por ello, considerarse como una zona de transición. La elevada cota de fiabilidad lograda por Marian Martínez de Pancorbo en el desarrollo electroforético de bandas de actividad de haptoglobina usando un tiempo de migración de casi quince horas ha dado lugar a resultados que son diferentes de los obtenidos por Allison (1959) y Planas (1963). Además de esto, como la muestra vasca ha sido elegida con mayor atención, la afirmación de que la población vasca se diferencia del resto de la población europea respecto de la haptoglobina ahora está más fundada. Además de los caracteres serológicos añadiremos dos modalidades bioquímicas: la cera de los oídos y la sensibilidad gustativa hacia la sustancia amarga llamada PTC (Feniltiocarbamida). El análisis antropológico llevado a cabo por R. Calderón (1977) sobre la variabilidad de la cera de los oídos de la población española ha probado que, de las 1.153 personas investigadas, la frecuencia más alta de la llamada cera de oídos seca la presenta el grupo vasco, existiendo diferencias significativas en la distribución de las dos formas de cera de oídos de las poblaciones vasca y andaluza. Un carácter fisiológico singular de la población vasca es la gran sensibilidad gustativa que se ha notado hacia la substancia feniltiocarbamida, muy interesante en la genética de poblaciones humanas. Por la escasez del porcentaje de "no-gustadores", la población vasca no sólo se distingue de la peninsular sino también de la europea. Las investigaciones realizadas por R. Carballo han confirmado los resultados de Basabe (1964) y la existencia de un gradiente que crece desde Bizkaia hasta el Valle del Roncal en Nafarroa. La cera de los oídos y el llamado PTC son dos caracteres más que colocan a los vascos en una situación tipológica especial.

Todavía queda mucho por precisar sobre la sistemática de la población vasca y la distribución de los componentes tipológicos diferentes en todo el territorio. Tras comentar algunos elementos de la antropogenética de nuestra población aún nos queda por mencionar, al menos por encima, algo sobre su biodinámica.

La interpretación biológica de la naturaleza vasca sugiere cuestiones sobre los siguientes puntos:

  1. a) Grupo humano situado desde hace siglos en un territorio.
  2. b) Es una comunidad biológica dentro del ecosistema vasco.
  3. c) Los tipos de ecosistema dejan sus huellas en los genotipos, fenotipos, comportamiento y cultura de los individuos de esa población.
  4. d) Se ha dado una evolución en los modos de vida campesino, pastoril, pescador, minero e industrial.
  5. e) La industrialización y el fenómeno de migración correspondiente han cambiado la estructura de la población como en muchos puntos de España. La ruptura del aislamiento, aislamiento mantenido por las barreras lingüísticas y del relieve, ha dado lugar al mestizaje.
  6. f) La endogamia-es decir, el aparearse sólo con individuos del mismo pueblo- y la consanguineidad sólo se conservan en algunos valles pirenaicos.

El que estos datos sean tomados en cuenta ¿servirá en alguna medida para aclarar la situación de hoy en día? Sin caer en el determinismo biológico de algunos etólogos que subrayan el componente intuitivo del comportamiento de los grupos humanos, podríamos dar luz verde a la interpretación biológica de la naturaleza vasca: proporciona vías de estimación de la influencia de algunos fenómenos demográficos como la natalidad, la mortalidad, la longevidad, las distancias de casamiento, la elección de cónyuge, la consaguineidad, el mestizaje, etc. en la población vasca y en la estructura y tipología de los individuos que la componen. Como ejemplos de endogamia nos limitaremos a aportar datos de algunas investigaciones realizadas en un valle pirenaico y en otro del Aralar de Gipuzkoa. Los datos sobre la población de las comarcas pirenaicas españolas son los aportados por Olóriz, Sánchez Fernández, Hoyos Sainz y últimamente Alcobé, Pons, Prebosti, Fusté y Basabe, de la Universidad de Barcelona.

En la vertiente Norte de los Pirineos, la revista Cahiers d'Antropologie et d'Ecologie Humaine II, 3-4 (1974) reúne los diferentes temas que se presentaron en un Seminario sobre Ecología Pirenaica: Ser Humano y Pirineo Francés, Diversidad Antropológica, Condiciones Ecológicas, Paleolítico, Mesolítico, Neolítico, Edad del Hierro en el Pirineo Francés. Los antropólogos de la Universidad de Barcelona han investigado tres valles altos pirenaicos: el valle de Arán, Andorra y Cerdaña; además, Alcobé ha estudiado el Pirineo Navarro (los valles de Baztán y Aezkoa). Los investigadores mencionados han descubierto elementos raciales muy antiguos en zonas aisladas diseminadas por todo el Pirineo mantenidos por medio de la endogamia, elementos que tienen que ver con la permanencia de rasgos atribuibles al tipo humano llamado pirenaico- occidental. Parece, además, que la toponimia de muchas formas de relieve confirma esta presunción. Este tipo humano está muy extendido, empezando por Aragón, pasando por el Pirineo navarro para llegar hasta el Golfo de Vizcaya. Dos estudios, uno sobre Amezketa y Bedaio en Gipuzkoa y otro sobre el Roncal en Navarra han confirmado la influencia antropodinámica que el relieve de esos lugares tiene sobre la evolución de sus poblaciones en cuestiones como la consaguineidad, las distancias de casamiento, la repetición de apellidos, etc., haciendo surgir, como consecuencia de ello, un tipo humano comarcal bien definido en su naturaleza somática, genética y comportamental. Precisamente en los dos extremos de los Pirineos que son paso obligado entre Francia y España, se han situado unos grupos humanos que han sabido mantenerse en el lugar como entidad diferenciada incluso lingüísticamente.

Por otro lado, la dinámica de la población, basada en las exigencias ecológicas del modo de vida impuesto por la trilogía agricultura-silvicultura-pastoreo, lleva en sus migraciones periódicas, su lengua, sus genes, sus apellidos y su cultura, tanto ahora como en la Edad Media y como en la Prehistoria. Todo esto tiene una repercusión y deposita un sedimento en el genoma de la población. Si tenemos en cuenta la biodemografía de tres pueblos navarros aislados, Burgui, Roncal y Urzainqui, la oscilación de la natalidad y la dominancia de los buenos años, la escasez de nacimientos ilegítimos, el descenso de la mortalidad infantil, la acción depresiva del tamaño de la población de las carlistadas o las pestes, la alta endogamia (60 % en Urzainqui, 47 % en Roncal), el efecto determinante como factor de mortalidad del clima, los tres resultan diferentes y aislados respecto al entorno. Los valles de Gipuzkoa, Amezketa, Alegia y Bedaio, muestran algo parecido; Bedaio, que ha estado hasta hace pocos años sin teléfono y sin carreteras, ha sido el que ha sufrido un mayor aislamiento reproductivo. La edad media de casamiento de los varones ha sido de 30 años y de 26 la de las mujeres, siendo los coeficientes de consanguineidad mucho más altos que la media española. A finales del siglo XIX la esperanza media de vida individual era de 30-35 años, pasando a 55-60 a mediados del siglo XX.

Para responder a la cuestión del origen de la población vasca hay que acudir a las tumbas, necrópolis y yacimientos medievales, protohistóricos y prehistóricos. De esta forma y fundamentalmente mediante el análisis del material óseo, se abre un camino para indagar el origen de la población vasca. Modernamente, las investigaciones sobre poblaciones medievales en las tres provincias de la Comunidad Autónoma y Navarra -Cenarruza (Ziortza), Garai, Astigarribia, Ordoñana, Karrantza, Orreaga, Alaiza, etc.- están dirigidas, por un lado, al análisis antropológico de cráneos y huesos largos, y por otro, a la determinación de grupos sanguíneos ABO lográndose esto mediante una técnica moderna que se vale de la inhibición que se da cuando se incuba un anticuerpo con un suero fisiológico que tiene una trituración ósea en suspensión. Esta ciencia, llamada Paleoserología, permite conocer las frecuencias de grupos sanguíneos ABO de poblaciones desaparecidas, siendo así posible compararlas con las frecuencias de sus descendientes probables. Mediante ellas se ratificarían, por la identidad de las fórmulas sanguíneas, las concordancias métricas y morfológicas entre los cráneos vascos de hoy día y los de la Edad Media. Del mismo modo, la investigación se ha extendido a la paleodemografía y paleopatología, reconstruyéndose la forma de vida de los grupos humanos y las enfermedades que sufrían. Exponente de ello la tumba bajo un manzano de los Anda de la muralla de Vitoria del s. XII, donde fue enterrada una joven de menos de 20 años que tenía una moneda introducida entre los labios para pagar el tributo funerario, o el pésimo estado de la dentadura de la población muerta muy joven, o las anomalías de un cráneo escafocéfalo (en forma de quilla), o los estigmas artrósicos que aparecen a menudo en las articulaciones. Además, los restos óseos de la Colegiata de Cenarruza son de un gran valor sociodemográfico si tenemos en cuenta a qué tipo de personas parece que pertenecen. Por otro lado, los archivos parroquiales de algunas comarcas vizcaínas (Arratia y Encartaciones) están haciendo posible aclarar la biodinámica de estos dos grupos humanos a lo largo de cuatro siglos en cuanto al pulso de la migración (flujo de genes) y al comportamiento para la elección del cónyuge y están permitiendo igualmente clarificar la repercusión que ambos factores han tenido en la posible homogeneización de la población o la incidencia que, por el contrario, han tenido en el aislamiento relativo que podría derivar en cierta diferenciación local respecto de las poblaciones del entorno.

La singularidad de los apellidos vascos recopilados en los archivos refleja en un 70 % un valor toponímico, resaltando la importancia del relieve en el pensamiento o mentalidad de la etnia vasca: puentes, montes, iglesias y valles dan forma a la identidad de las familias o parientes. Por medios estadísticos de ordenador, se quieren hacer constar los datos de la formación de 10.000 familias vizcaínas en 300 años; creemos que no es necesario subrayar el valor de un análisis como éste para la demografía histórica de Euskal Herria. Sin contar las importantes necrópolis de la Alta Edad Media compuestas por más de 110 tumbas que se encuentran en el oeste de la Rioja alavesa, especialmente la de Santa Eulalia, la de Labastida, etc., si nos adentramos en el período de la romanización y, especialmente, en los asentamientos de la España celtibérica encontramos un pueblo muy rico en materiales arqueológicos, como en La Hoya, en el que los escasos restos de adultos muestran una tipología mediterránea; esta población se situaba a ambas orillas del río Ebro y, como demuestran los traumatismos de los materiales esqueléticos, sufrían ataques de gentes guerreras que venían de la Meseta. La población previa a la Edad de Hierro y a los asentamientos indoeuropeos, empezando en el Neolítico, está compuesta por pastores que ascendiendo desde el valle del Ebro llegan hasta las desembocaduras de los ríos Bayas, Altube, Nervión, etc. En sus dólmenes -por ejemplo, Peciña, la Huesera, Egilaz, etc.- dejaron restos humanos de tipo mediterráneo, algunos de ellos próximos al tipo llamado pirenaico- occidental. Los yacimientos encontrados en las cuevas sepulcrales de Alava (Gobaederra, El Lechón, etc.) son más tardíos que los riojanos y en ellos, especialmente en el primero, empieza a aparecer más a menudo el tipo original de Euskal Herria. Aranzadi ha afirmado que en la población de los dólmenes de Aralar (Arraztaran, Pagobakoitza, Zinekogurutze) puede percibirse claramente el tipo pirenaico-occidental en los cráneos con sienes encorvadas, paladares de poca altura y norma trasera convexa o bombiforme. Algo parecido sucede en el yacimiento de Santimamiñe y en la cueva de Atxeta. Eguren ha afirmado haber encontrado cantidades pequeñas de cráneos de claro aspecto vasco en un dolmen de Cuartango. Las comparaciones realizadas con la serie mediterránea de Fusté han confirmado esta afirmación.

El error de los antropólogos franceses Marquer y Riquet radica precisamente en haber reunido en la misma serie los cráneos de los dólmenes de Peciña y La Huesera, que pertenecen a las dos variedades llamada esbelta y fuerte del tipo mediterráneo, con los de la región del Euskal Herria orientada hacia el Atlántico, pues, dado que pertenecen a dos zonas distintas de trashumancia pastoril, son dos áreas biogeográficas diferentes. Algo parecido pasa con los esqueletos de la llamada "Cueva de los Hombres Verdes" ("Gizon berden haitzuloa") de Urbiola (Lizarra, Navarra) los cuales, probablemente provenían del Mediterráneo Oriental y se establecieron en tierras cercanas a minas de cobre, pues eran parientes cercanos de los llamados "prospectores de metal", y lo mismo sucede en Asturias (Vidiago). Por haber aparecido entre esta población marinera individuos de gran estatura, nariz saliente y occipucio plano hay quien ha afirmado que todos estos biotipos han influido en la población vasca, subrayando además el parentesco entre el euskera y la lengua de estos dináricos armenoides. Dejando de lado los yacimientos eneolíticos y otros muy cercanos a ellos (Los Husos, Kobeaga, Marizulo, etc.) merece la pena fijarse en el yacimiento neolítico (4000 a.C) llamado Fuente Hoz, que está a cien metros del pueblo alavés de Pobes. Es la única población del Neolítico de Euskal Herria que, por ahora, resulta significativa, y está rodeada de cuevas sepulcrales que son cronológicamente mucho más tardías. Las piezas esqueléticas están muy troceadas. Son unos diez individuos de 20 a 40 años, casi todos varones, de aspecto esbelto y estatura media, que tienen grandes alteraciones dentales. Un ejemplar tiene una gran trepanación de 5 x 5 cms. en el parietal derecho. Los trepanadores utilizaron la técnica de abrasión, en la que, para no dañar las pieles meníngeas del cráneo, se frotaba la pared craneal con una piedra de grano abultado. El operado, que tendría unos 20 años, sobrevivió bastantes meses a la operación, pues las radiografías han confirmado que se dio un crecimiento claro de tejido óseo en sentido radial concéntrico en la tabla externa. La relación que tienen con otros neolíticos y eneolíticos peninsulares es notable pues, a pesar de haber algunos rasgos arcaicos en éstos, predomina el elemento mediterráneo esbelto. Al parecer, fueron gentes que en el Cuarto Milenio antes de Cristo vinieron desde el este de la península ascendiendo por el valle del Ebro, aparecieron en las cuevas de Alava y dejaron en sus esqueletos el fenotipo que corresponde a la esbeltez mediterránea que venimos comentando. Sin embargo, en comparación con los cráneos portugueses de Muge (Ferenbach, 1966), muestran una altura auricular más pequeña, un mayor aplastamiento obélico, mayor basculación del occipital y un adelantamiento del porio. Con todo, todavía es temprano para decir que los rasgos mencionados sugieren parentesco con el tipo pirenaico occidental. Si avanzamos en el tiempo hasta momentos más cercanos llegamos al yacimiento de Urtiaga (Itziar, Gipuzkoa), que José Miguel de Barandiarán descubrió en 1928 e investigó junto con Aranzadi y Eguren. Algún cráneo es del período llamado Aziliense y, según parece, hay otro más antiguo, quizás del Magdaleniense. Aranzadi pensó que se podían observar algunas características que corresponden a la raza vasca y otras que, sin embargo, no coincidían con esta raza, sino con la del Cromagnon. En opinión de Barandiarán estas coincidencias y diferencias, más que en raros mestizajes, nos inducen a pensar en una evolución clara y local del tipo Cromagnon para la raza vasca. Para terminar este artículo haremos constar el húmero y los dientes encontrados en las cuevas de Lezetxiki (Arrasate) y Axlor (Dima), que pertenecen al Musteriense. Tanto el húmero como los dientes, por la tipología del nivel en el que se descubrieron, el nivel de fosilización que muestran, los caracteres métricos y, en el caso de los dientes, por el taurodontismo, se sitúan dentro de la variabilidad de la raza neanderthal.

Si hablamos de la naturaleza del tipo y los caracteres morfológicos, serológicos y osteológicos que le corresponden y suponiendo, claro, que el tipo exista -ya se ha visto que ciertos autores franceses lo niegan- surge la pregunta acerca del origen de este pueblo que, a menudo, a lo largo de los siglos, muestra las características mencionadas. Aranzadi cree encontrar en los cráneos azilienses de Urtiaga algunos rasgos que los emparentan con los vascos de hoy día, a pesar de que en el cráneo B1, imputado al Magdaleniense, se vean rasgos cromañoides. El parentesco con la raza paleolítica de Dordoña es precisamente el que plantea la posibilidad de una mutación que originara la base del cráneo; de hecho, y teniendo en cuenta la influencia de la base en toda la arquitectura del cráneo, esa mutación, fijada mediante endogamia, y quizás del Mesolítico en adelante, haría surgir el tipo vasco.

Si observamos imparcialmente al especimen de tipo vasco formado por factores de variabilidad de la especie humana a lo largo de cientos de generaciones, podemos observar lo siguiente: por encima del engañoso concepto de raza, hoy día superado, y aun aceptando la aparición del tipo mediterráneo en gran parte del Euskal Herria -de todas formas siempre lejos del Pirineo-, el tipo vasco muestra, claramente, muchos más rasgos singulares que en la osteología morfológica en los caracteres más propios de la genética y bioquímica, que son los más antiguos y significativos. Teniendo en cuenta la estructura sociocultural del pueblo vasco y las secuencias de comportamiento que como grupo humano ha grabado en los etogramas de este territorio a lo largo de la historia, no es en absoluto utópico pensar que se amoldará a cualquier tipo de ambiente que el futuro le pueda deparar.

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