Santuarios

San Miguel de Aralar

Santuario del municipio de Uharte-Arakil (Navarra), que recibe esta denominación oficialmente desde el 31 de enero de 1989. Ubicado al SE de la sierra de Aralar a los 1.230 m. de altitud, uno de los más antiguos de Vasconia. Se halla en una zona densamente jalonada de monumentos megalíticos (unos 70) y de leyendas relatadas aún de boca en boca. v. ARALAR, Sierra de.
El templo de Aralar es de apariencia sencilla y durante mucho tiempo se ignoró su remota antigüedad. Apenas posee grandes pretensiones artísticas y fue restaurado por el profesor de la Universidad de Navarra F. Iñiguez Almech entre 1969 y 1973. La planta es esencialmente basilical de tres naves cubiertas de bóvedas de medio cañón apoyadas en pilares que acaban en ábsides semicirculares por la parte interior y poligonal por fuera la principal. La nave central está coronada por una cúpula no visible al exterior, actualmente por un cimborrio nuevo. No existe decoración ni en los capiteles ni en los contrafuertes. Exteriormente es una sencilla iglesia románica del siglo XII (consagrada en 1074), sin adornos y construida en piedra de escasa calidad; apenas presenta el testero tres ventanitas ciegas sin ornamentación. La verdadera originalidad de este templo es la de albergar en su interior una pequeña capilla prerrománica del siglo IX. El profesor Iñíguez Almech describe así sus características en su Arte Medieval navarro (CAN, 1971 I, 80-86: "La planta inicial es idéntica y sigue las mismas etapas precisando la nave única y ábside ultrasemicircular por el interior y poligonal externamente, con el dato raro de un replanteo previo semioctogonal por ambas haces, acaso no construido, que nos acercaría mucho a las iglesias centradas (ya fuesen o no del todo exentas) de Aquisgrán y la rotonda primitiva de la catedral de Hildesheim; Saint-Riquier (o Centula), reconstruida entre 790-799, la iglesia de N.ª Señora, una de las tres del conjunto monástico; cripta de Flavigny, circular primero (864), poligonal poco después; en resumen, a las iglesias llamadas por J. Hubert de rotonda oriental. El cotejo de los despiezos de muros en San Miguel, las iglesias catalanas y las francas, acaban de afianzar las fechas coetáneas para todas. Se trata de un sillarejo pequeño y bien cortado con frentes de gran tendencia por los cuadrados, hilada seguida, sillares en los ángulos y tendeles de ladrillo (de piedras delgadas, en San Miguel) de vez en cuando; de acuerdo con lo romano tardío, normal en Cataluña y Francia por los siglos III al V (templo de Vich y muralla de Barcelona) y empleado nuevamente por los carolingios: Norte-Dame-de-la-Basse- Oeuvre, en Beauvais (949-998); Saint-Pierre, de Metz (poco posterior al 783), Saint-Cristophe, de Suévres, etc. En España las tres de Tarrasa, San Pedro, San Miguel y Santa María; San Vicente de Ampurias, etc. San Miguel de Aralar lleva idéntico aparejo en toda la parte baja del ábside central, flanqueado poco después por los dos menores, que se adosan mal y traban sus piezas peor, como todo añadido, pero se diferencian poco en despiezos. Los dos son circulares externa e interiormente, como los agregados en el siglo X al ábside único de Pedret (consignado en el acta de consagración de San Lorenzo, de Brocá, del año 983, en Barcelona), aunque sean allí ultrasemicirculares; porque no se parecen tan sólo en lo apuntado, sino en el desnivel de los departamentos laterales respecto de la nave central, bien de manifiesto cuando las dos iglesias pasaron de la primera y única nave a las tres actuales, así como los empalmes de los muros Norte y Sur entre sacristías primitivas y los de prolongación de las naves. Los peldaños precisos para salvar los desniveles están indicados en la planta de San Miguel. Destruida en el siglo X (¿por las "aceifas" musulmanas?) se impuso la reconstrucción de las partes altas absidales y de las bóvedas, claramente diferenciadas por su diverso aparejo y distinta piedra (caliza casi negra primaria y durísima la del principio; arenisca terciaria blanda y coloreada, la nueva), con las tres ventanas de la capilla mayor en herradura, sólo visibles por el rejuntado del tradós en los arquitos, pues otra reforma románica del siglo XI cortó los arranques, convirtiéndolos en semicirculares peraltados. Las dos saeteras de los ábsides laterales desaparecieron en una moderna reforma; por suerte no se destruyeron por completo y se han podido rehacer. En el interior, luego de la limpieza de los espantosos enlucidos, quedó descubierto el ábside románico, restos inapreciables de las pinturas del mismo estilo y partes difíciles de adivinar de la bóveda gallonada del siglo X, modificada elevando los arranques, la embocadura y el espinazo, así como rapando las aristas; sólo con luz rasante puede advertirse lo conservado. Esta reforma fue impuesta por un incendio, que pudimos apreciar en los ahumados del interior de los muros, como siempre de mampostería, visibles al resanar las grietas. Ante la capilla mayor hubo una cúpula sobre cuatro arcos fajones; con lo cual queda completa por esta parte la disposición carolingia, reconstruida en el siglo X, reparada en el XI y con otra variante del XII, descrita cuando veamos el románico, que levantó más los ábsides laterales, acaso también el central, les agregó nueva cornisa de canes y reconstruyó la cúpula sobre trompas. A los pies de la nave única existió un porche y encima la capilla de San Miguel, rematando definitivamente ya el patrón carolingio. Está reconstruida en el precioso románico del siglo XII (consagrada en 1143) sólo con un piso y como una capilla del todo aislada dentro de la otra grande, que tenía completas las tres naves cuando se construyó (...) Como datos de forma existe una ventana, cortada por la decoración de dicha centuria, y por tanto, de otra capilla que hubo allí antes. El doble piso está bastante definido, asimismo, por un pilar circular adosado a la edícula, bien visible en la planta y único de todo el templo en esta forma, justificado si allí hubo una escalera de caracol, de acceso a la capilla en alto, encima del porche. En tal caso la comunicación de porche y escalera se haría por el rincón derecho, a la entrada; y allí está, en efecto, el solado viejo de argamasa típico de los siglos IX y X y sólo en aquel sitio; todo el resto de los muros apoya en la roca. En fin, tenemos la iglesia de nave única y porche: la comunicación, innecesaria caso de no existir la capilla en alto; el cilindro de la escalera conservado en el pilar circular, porque antes, la iglesia de tres naves del siglo XI debió apoyar encima, pues la capilla no estaba derribada, como nos afirma la ventana existente; y la leyenda justificadora de todo. Sin ella, sin la elocuencia del intenso culto situado en aquel preciso lugar, culto protegido especialmente por . todos los reyes de Navarra, no existirla nada: ni la iglesia del siglo IX, ni las sucesivas reconstrucciones de los X, XI y XII, cada una de las cuales certifica y fecha la de antes. Fuera del templo, en lo que ahora es nártex, quedan restos no reconocidos de una torre-palacio, con aparejo quizá del siglo X y puerta, que tuvo arco en herradura. La característica imagen de San Miguel es un estuche plateado que mide 68 cm. de altura y fue confeccionado en el siglo XVIII. Un problema curioso plantea el "Lignum Crucis", la reliquia venerada en Aralar, que se halla en la cabeza de la imagen del Arcángel, hecha también de madera forrada de plata. Esta imagen lo representa de modo estilizado: un cuerpo cubierto de ropajes, con dos alas simétricas extendidas, los brazos en alto, llevando sobre la cabeza la Cruz. La imagen interior de madera se dice que es del siglo XVI. Pero corresponde a un arquetipo popular en Navarra muy antiguo, como lo atestiguan las imágenes pétreas de San Miguel de Villatuerta, de un capitel de Berrioplano y otra en dos piezas de Aralar mismo. Es, pues, éste un Arcángel Crucífero, muy distinto al guerrero en trance de vencer al dragón, que aparece en gran cantidad de retablos medievales y también al que se representa en otros como juez de los muertos. Pero este santuario, pobre de edificación, guarda una de las mayores maravillas del país: el famoso frontal de cobre dorado y esmaltado, colocado encima de un pobre altar, en el ábside de la nave central. Mide 2 m. de long. por 1 ,14 m. de alto y es de comienzos del siglo XIII. Según letrero adicional perteneció a la catedral de Pamplona y fue colocado en este lugar en el año 1765. Luis María de Lojendio, en su cuidadoso trabajo "Navarre romane", lo describe así: "Obra famosa de la esmaltería europea que se encuentra en el santuario de San Miguel. Se le llama por lo general "retablo" pero parece que se trata más exactamente de un frontal que fue reorganizado en el siglo XVIII con incorporación de algunos elementos, también de esmalte, que podían proceder de un trabajo distinto. El frontal propiamente dicho está formado por un gran óvalo central con la figura de la Virgen con el Niño en sus rodillas. Se sienta sobre un arco iris y todo el borde del óvalo está festoneado por una decoración del mismo tipo. El fondo de la placa, trabajada en técnica de champlevé, está cubierto por filigrana vermiculada. En las cuatro enjutas del óvalo, los signos del tetramorfos con primorosas estilizaciones. A los lados de la Virgen, en dos órdenes o pisos, hay tres figuras por cada lado, que ocupan unos arcos de medio punto, con columnas cuyos fustes están cincelados con rameados de talla vegetal. Las seis figuras de la parte alta son apóstoles, y en la inferior las tres de la derecha representan una Anunciación figurando en cada uno de los arcos el ángel, la Virgen y San José. Al lado izquierdo los tres Reyes Magos. Este, que parece ser el frontal original, está ahora rematado por un aditamento cuya parte central, más alta, ocupan cuatro plaquetas con figuras que parecen también apóstoles aunque no son de la misma colección y tamaño que los anteriores, y diez y ocho preciosos medallones de esmalte. Completan los adornos bastantes cabujones de piedras duras y diversos tamaños. La calidad de este trabajo es realmente extraordinaria. Dominan en los esmaltes los colores azules, los verdosos, los amarillos, que no están extendidos en tintas planas, sino también con veladuras y tonos intermedios. Todas las cabezas están cinceladas en relieve. Las de la Virgen y el Niño, sonrientes, son primorosas. Las demás, bastante individualizadas, responden a tres o cuatro modelos fundamentales. Interesantísimos y bellísimos los vestidos que visten los personajes, siempre diferentes entre sí. Todo muy estilizado con detalles finísimos de línea y color". Según siglo Huici, en Pamplona había un platero -Manuel de Beramendi- que es muy probable que llevara a cabo la restauración efectuada en 1765. El Dr. Arigita, uno de los primeros historiadores de Aralar, cree ver en este frontal un retablo bizantino del siglo VI, interpretación que ha sido impugnada con posterioridad.

Ainhoa AROZAMENA AYALA
El Arcángel San Miguel.

Antes, mucho antes de que escribiera el padre Burgui, los historiadores que se ocuparon de Navarra con más conocimientos (e incluso por encargo de las autoridades del reino), como el padre Moret, no vincularon la fundación del Santuario de San Miguel de Excelsis a los hechos de don Teodosio, pero sí hicieron referencia a los instrumentos más antiguos en que el mismo santuario aparece citado. Otro tanto ocurre en obras autorizadas de historiadores más modernos, donde se demuestra que el culto, en el norte de la península, es viejísimo y que obedece a coyunturas religiosas e históricas muy claras. Sobre el culto a San Miguel en el Occidente de Europa hay mucho escrito y no es ahora cuestión de extenderse en indicaciones bibliográficas. Las tres apariciones clásicas son: la del monte Gargano, la de Avranches y la de Roma en tiempo de San Gregorio I (590-604), que dio nombre al Castel Sant'Angelo [F. Gregorovius, Storia della cità di Roma nel Medio Evo, II (Venecia, 1872), pág. 40]. También hay en Navarra monumentos que recuerdan estos milagros y apariciones famosísimos. Señalaremos ahora el retablo de San Miguel de Cía, debido al pintor Ramón de Oscáriz, que floreció de mediados de siglo XVI a 1579, en que se fija su muerte, estudiado por María Concepción García Gainza, «Los Oscáriz, una familia de pintores navarros del siglo XVI», en Príncipe de Viana, año XXX, núms. 114-115 (1969), págs. 5-52 (las 25-26 especialmente), y las láminas XXX, XXXI, donde están las tablas que representan a San Miguel triunfante del demonio y la aparición de San Miguel a San Gregorio. A partir de la aparición famosísima del Monte Gargano, el arcángel guerrero, conductor de las almas y participante con su enemigo el demonio en la psicostasia cristiana, es decir, en el peso de las almas en la balanza, según se le representa muchas veces, es objeto de culto en las montañas y alturas, en los lugares agrestes con fuentes y espeluncas. El Santuario de San Miguel de Excelsis no es una excepción a esta regla, sino que la confirma. Es evidente que el culto es muy castizo en toda la península, puesto que dan fe de él documentos de la primera época de la Reconquista. Resulta claro también que, en la banda norte de España, hay memoria o más que memoria de santuarios muy antiguos que estaban bajo advocación. El primer documento del cartulario de San Millán de la Cogolla se refiere al monasterio de San Miguel del Pedroso, que organizó una monja llamada Nonna Bella en tiempo del rey Fruela el 24 de abril de 759 si la escritura es cierta. San Miguel de Lillo, cerca de Oviedo, es obra del tiempo de Ramiro I, erigida, al parecer, porque el monarca creyó haber recibido ayuda del arcángel batallador en sus luchas. Sean mozárabes, sean astures o sean francos los que ejercen la acción del siglo VIII en adelante vemos que el culto a San Miguel se generaliza y que en Navarra parece documentarse en época muy remota de la Reconquista a juzgar por las averiguaciones realizadas con motivo de la restauración del mismo santuario del monte Aralar. Puede imaginarse, pues, que la misma fe que tuvo el rey de Asturias en la intervención del arcángel la tuvieron los primeros reyes de Navarra en sus luchas piadosas o de otra índole. La representación del mismo como un mancebo, casi adolescente, vestido con lujosa armadura alanceando al dragón, se halla relacionada con esta fe de hombres de armas y de guerra. No en balde los textos cristianos esenciales para comprender su culto nos lo dan siempre en trance de combatir. El guerrero medieval, pues, pensó en San Miguel, y antes de que se extendiera el culto a Santiago hubo de darle un significado parecido al que al fin se dio al santo «matamoros». Los reyes de Navarra tuvieron como algo muy suyo la casa de Aralar; esto lo demuestran, aparte de textos de distinta índole que aluden a sus visitas y a sus donaciones, hechos materiales hoy observables, como es el que allí esté el estupendo frontal esmaltado. ¿Cómo un templo tan conocido desde antaño se considera, en fin, fundación pía de un simple caballero penitente? He aquí algo que no hay modo de explicarse. Pero dada la discrepancia respecto a la fecha en que vivió don Teodosio de Goñi (¿s. VIII, s. XI?), cabe suponer que de la memoria de alguna penitencia de un personaje medieval (pero de época en que hacía tiempo existía el santuario con mucha fama en la tierra) surgiera una primera tradición y que luego se diera esta tradición como base para explicar el origen de un culto muy viejo... Tan viejo y particular como lo es la representación del arcángel alado con la cruz sobre la cabeza de la que ha tratado como particular erudición el señor Iñiguez y que se halla en obras románicas. No cabe duda de que la imagen del arcángel de Aralar, obra de madera forrada de plata, que no es de fecha muy antigua, tampoco se halla en relación con la leyenda de modo estrecho, puesto que en ella se dice que al librar a don Teodosio, San Miguel dejó su efigie reproducida también por el padre Burgui. Son del siglo XVII las menciones más antiguas del «Lignum Crucis» y de la imagen que lo contiene (en la cabeza). Pero -como va dicho- el tipo de arcángel es mucho más antiguo en el país; una figura alada, portadora de la Cruz. Los historiadores del Mont-Saint-Michel, coincidiendo con algunos folkloristas que se ocuparon en otros tiempos del folklore griego, piensan que el arcángel en la fe del pueblo heredó algunos tributos de Hermes o Mercurio, mediador entre el Cielo y Tierra, adorado en los montes, que conducirá como aquél las almas al Cielo, apareciendo en primer término en las escenas del juicio final (se representa a San Miguel a veces en dos formas simultáneamente. Como amparador de los hombres en sus tribulaciones terrenas, o como vencedor de Lucifer y los ángeles rebeldes. Werner Weisbach, Reforma religiosa y arte medieval (Madrid, 1949), págs. 146, 168, 171 (arte cluniacense)). San Miguel, pues, parecer haber recibido culto en Navarra en los tiempos más duros de la Reconquista y el santuario de montaña cada vez fue más conocido y venerado. ¿Qué significaba para los primeros reyes de Pamplona y sus súbditos? Algo que los mismos musulmanes debían saber cuando lo atacaron en una de aquellas expediciones periódicas que hacían por las primaveras. Cuando tales expediciones punitivas se hacen menos posibles, porque la Reconquista ha avanzado hacia el Sur, la devoción de los reyes de Pamplona o ya de Navarra por el santo del «Monte excelsis» aparece una y otra vez expresada en gracias y donaciones. También se advierte una relación estrecha entre el santuario y la sede episcopal y cabildo catedralicio de Pamplona. Esto explica que gran cantidad de documentos relativos al mismo se hallen en el archivo de la catedral misma. El documento más ilustrativo entre los antiguos data del tiempo de Sancho el Mayor, cuando éste otorga el privilegio de los términos del obispado de Pamplona y deja dentro al «Vallis de Araquil» y a «sua Ecclesia Sancti Michaelis de Excelsis». En 1017, pues, era templo famoso. Advirtamos que no será el único consagrado en las alturas al Arcángel, porque aún día existe el de San Miguel de Izaga y el castillo de Huarte tuvo una iglesia que, por la vista amplia que se dominaba desde ella, se denominó San Miguel de Miravalles. Pero sigamos con el santuario de Aralar. De 1074, por ejemplo, es una confirmación de todas las propiedades de San Miguel, hecha por Sancho el de Peñalén y su mujer, que confirma a su vez Sancho Ramírez, rey de Aragón (1076-1094). También hay muchas donaciones de particulares con devoción al Arcángel, de suerte que el poder temporal del santuario se amplía, sobre hombres y tierras: no sólo en la zona más cercana, sino también en otras no tan próximas hacia el Sur, como Los Arcos o el territorio donde luego se asienta Villafranca, o hacia el Norte (Fuenterrabía). Las donaciones se suceden del siglo XI al XIII. Algunas en función de las obras del santuario. Por ejemplo, en escrituras de 1157 y 1117. El cargo de abad de San Miguel aparece unido a la dignidad de chantre de la catedral de Pamplona en el siglo XIII y en 1295 se aprueban las constituciones de la cofradía del Arcángel, que constaba de capellán, mayorales y hermanos y a la que papas, cardenales y obispos concedieron gracias e indulgencias, que se enumeran en documentos de 1298, 1368 y 1492. La zona, fragosa, no estaba libre de las asechanzas de malhechores. Pero el santuario sigue atrayendo a devotos de tierras lejanas. No puede decirse, sin embargo, que tras la época románica experimente grandes cambios y reformas. De 1074 a 1143 hubo de dársele al templo la estructura que hoy tiene. Y del siglo XII ya avanzado o incluso de después sería el retablo objeto del robo reciente y de la admiración constante de propios y extraños. Acerca de él se ha escrito mucho y se han hecho sin fin de conjeturas. ¿De dónde era el gran maestro que lo creó? ¿Qué conexión tiene con otros famosos retablos de esmaltes? ¿Se hizo para San Miguel de Aralar, o para otras iglesias? ¿Cómo era antes del ajuste llevado a cabo en el siglo XVIII? Estas son las preguntas principales que se han formulado los que se han ocupado de él. En la reproducción que se da ya en el libro del Padre Burgui (dibujo de Manuel de Beramendi y grabado de Juan Antonio Salvador Carmona) y en que se recuerda la reparación de 1765, el letrero explicativo considera que la imagen central es la de la Virgen del Sagrario de la catedral de Pamplona. Esto pudo originar la idea de que, en un tiempo, el retablo estuvo y aun se hizo para aquélla. Puede sorprender que San Miguel no aparezca: sí el Arcángel San Gabriel, el de la Anunciación. Pero antes el retablo era mayor. El caso es que quedó siglos en las alturas, sin que se le prestara mucha atención y en esos siglos, que corresponden ya a fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna, San Miguel de Excelsis aparece a los ojos de los fieles envuelto en leyendas y tradiciones que, hasta cierto punto, borran la realidad histórica, quitándole incluso importancia como símbolo de lucha entre Cristiandad y sus enemigos. Estas tradiciones y leyendas hacen que el santuario esté fundado primero por unos penitentes u otras personas que en sus alturas viven en la soledad, acechados por dragones y seres malignos. Tales leyendas se han modificado en la memoria colectiva de diversos modos, aunque ya hay redacciones de milagros relacionados con ellas del siglo XII. El historiador navarro José M.ª de Lacarra publicó en 1969 el vetusto texto de los milagros del Arcángel Miguel en cuyo prólogo se narra la hazaña originaria del Santo. Según Lacarra, el texto de los «milagros» ha sido atribuido al Príncipe de Viana por figurar copiados en algunos manuscritos a continuación de su Crónica, pero, sin duda, es mucho más antiguo. Tal como ha llegado a nosotros parece traducción de un texto latino, hecha tal vez en el siglo XIII, pero Lacarra no se atreve a afirmar nada con seguridad, dada la deficiencia de las copias que utilizó. Se recoge en él la historia del caballero García Arnault, del linaje de Goñi, que hizo vida eremítica en San Miguel en tiempo de Sancho Ramírez y del obispo de Pamplona Pedro de Roda, es decir, entre los años 1084 y 1094. Hay varios milagros, que se refieren a la época de este personaje. En el número 13 se habla de un rey don Sancho, en cuyo tiempo los moros «havian entrado en tierra de los pomploneses»; si se trata de Sancho Ramírez nos llevaría igualmente a los días de García Arnault. García Arnault no fue el iniciador del culto al Arcángel en Aralar, pero su época corresponde a un momento de reactivación del mismo y de actividad constructiva. Cuando se establece allí el caballero de Goñi había ya una iglesia, pero en su tiempo se recogen limosnas y materiales para «edificar la yglesia de Sant Miguel e de los Santos Angeles», y el propio obispo dotó el santuario «con largueza y no con excasedat». Son varios los «milagros» que hacen alusión a la edificación del mismo (núms. 1, 7, 8, 10) y uno de ellos referido concretamente a la persona del rey Pedro I (1094- 1104). El n.° 19 está datado en el año 1229. El n.° 20, último de la serie, termina así: «Este romance a escrito Durafort, lu fil de Martin lu capellá, at quan nos perducat, qui vivit et regnat per omnia secula seculorum, amen». Esta mención, ¿se refiere al autor de la redacción, o a lo que creo más probable, al de la versión romance de un texto latino? El nombre parece corresponder al de un «franco» o «provenzal». El P. Burgui, tan concienzudo historiador del santuario, conoció indirectamente la existencia de estos milagros, pero no llegó a disponer del texto. [Los milagros los conoce a través del Compendio y admirable principio y misterios de La capilla de San Miguel de Excelsis; la historia de García Arnal la toma del ms. del Archivo de Duque de Granada de Ega que cito en la nota 4. Cf. BURGUI, San Miguel de Excelsis representado como Principe Supremo..., Pamplona, 1774, vols. II, 15; III, 38, 42, 121.] Arigita no los cita en su documentada Historia, y Lacarra cree que ni siquiera conoció su existencia. [Historia de la Imagen y Santuario de San Miguel de Excelsis, Pamplona, 1904]. Y, sin embargo, son varios los documentos de San Miguel Excelsis que en los siglos XIII y XIV aluden a «la frecuente refulgencia de milagros»: miraculorum coruscationem frequentem. El autor de la «Genealogía y descendencia de los caballeros y señores de los palacios de Goñi», escrita en 1547, y conservada en el Archivo del Duque de Granada de Ega, recoge la historia del caballero don García Arnal de Goñi, tal como figura en el prólogo de los «milagros». [J. DE URQUIJO, San Miguel de Excelsis y el Mayorazgo de Goñi, R. I. E. V. 1924, pp. 635-641]. «Como en memoria del muy bien abenturado señor Sant Miguel Archangel algunos lugares muchos sean por el mundo. Otrossi en tierra de Navarra, en monte que de los moradores es llamado Excelso, respandasce una yglesia fermosa e faze muchos miraglos, que sana enfermos e sordos, ciegos, flacos e endemoniados, por quanto tienen tanta devoción en el dicho Reyno como los guaresce a los dichos enfermos. En el tiempo del rey don Sancho [Sancho Ramirez, rey de aragoneses y pamploneses entre 1076 y 1094], christiano caudillo de los nabarros e de los aragoneses, como don Pedro, hombre de grant santidat e piadoso en dilection de Dios y de su proximo, muy noble de justicia e de mansedad, viniese del obispado de Pamplona, [Pedro de Roda, obispo de Pamplona (1803-1115)], contesció que un cavallero que por nombre abia Garcia Arnault por tierra de Navarra, era de la generation de Goñi, de buen linaje, veno a la dicha yglesia de Sant Miguel dexado todos sus bienes, a serbir a Dios. Cumpliendo aquella palabra del Evangelio, es a saber, «que qualquiera persona que entrare a serbir a Dios, que renuncie de sus bienes, otramente no puede ser dicipulo de Ihesu Christo», veno al sobredicho monte con la guia de nuestro Señor Ihesu Christo, no supiendo sus hermanos ni otros sus parientes; yglesuela quiso fincar no supiendo ninguno sino solo Dios, la qual iglesuela mas heran entonce visitados de onsos e de lobos e de otras vestias fieras, que no de hombres, pero hera ancianamente edificada en monte de Celso (Excelsis) Sant Miguel, en la qual iglesia tormentada por frio e por fambre e por set e por las malas noches, velando, rogando en tantos, todo trabajando que la anima no le salió. E esto si fue porque tanto estubo que no tenía / fol. 140/ que comer, e non cesaba de velar, e de plorar cada día e noche. Mas como los sus parientes y cercanos se movieron por dolor deste hombre, e fueron al dicho lugar de Sant Miguel, e alli lo fallaron cerqua muerto, e no hera marabilla que cinquo dias heran pasados que no habia comido ni bebido ninguna vianda. Estonce demandaron que por qué hera partido de su logar, rogándoli con vellas e palabras, que se tornase a su lugar del lugar sancto que estaba. Este hombre estaba ya propuesto de nunqua hir en toda su vida, y como dixieron que fuese él se puso sobre una piedra e de alli nunqua lo pudieron sacar a las rogarias ni prometimientos que le fizieron, y desde nunqua lo pudieron fazer hir. E con tanto se partieron los dichos sus parientes muy tristes. Enpues oviendo mantilla del, imbiabanle de comer, e no abia otro solaz ni compañia quoando comia sino aquellas habes que llamamos perdizes, a los quoales el hombre de Dios dando de su pan muchas veces con las manos las pascia, a las vezes en su falda las daba de comer. E los dichos parientes ovieron entre si acordao de hir al obispo de Pamplona e dixieronle la vida daquel hombre de Dios, e rogaronle mucho al sennor obispo que fuese fasta daquel hombre, et tanto le rogaron al dicho obispo que ovo de hir al dicho lugar de Sant Miguel. E con tanto fueron se el dicho obispo don Pedro e sus parientes, e como allegaron, luego Garcia Arnault rogoli al dicho obispo que su señoria la quisiesse dar licencia e su bendicion porque entrase en aquella yglesia porque servia a Dios. Y en esto el dicho obispo veyendo que este hombre Garcia Arnault tenía la devoción de entrar a servir a la dicha yglesia dio su bendición, e abito de los monjes, e mandole servir e guoardar unos mandamientos segunt la regla de Sant Benedit e amonestoli, rogando a las gentes que cerqua day vinieron muchos, que fray Garcia Arnault en remision de sus peccados con almosnas e oblaciones oviessen de socorrer, que por edificar la yglesia de Sant Miguel e de los santos Angeles e leyna e piedras e calcina traxiesen e las otras cossas que fuesen necesarias para edificar la dicha yglesia; y en esto el dicho señor obispo dio a la dicha [yglesia] y al frayre de sus bienes propios muchos buenos con pura voluntad y con largueza y no con excasedat. E mas en los prologos y escripturas el alongamiento de las palabras suele engendrar ennojo a los oydores a estas cosas annademos e brebemente, en quanto a la divinal bondat desare, e quantos a unos miraglos explandores que se fazen en la dicha yglesia de Sant Miguel de Celso dentro en las encomiendas dellos nabarros puesta asi como de suso faze mecion sin mentira ninguna».

Al santuario de San Miguel subían los matrimonios que querían tener hijos. En él existía una piedra, hoy desaparecida, sobre la cual se colocaba la mujer deseosa de tener descendencia, y allí, sentada, oía la misa, que era celebrada en el altar del santo ángel. En el lado derecho del altar de la capilla central existe un ventanillo u orificio que comunica con un hueco de poco fondo. La gente cree que llega hasta la sima sobre la cual se supone que está construido el santuario. Muchos devotos introducen allí su cabeza y rezan un Credo a fin de verse libres de dolores de cabeza. Práctica semejante es observada en otros huecos existentes en varias ermitas del país, como en San Pedro de Cegama, San Juan Bautista de Orio, San Esteban de Usúrbil, Nuestra Señora de Zikuñaga de Hernani y en una arqueta de San Formerio (Condado de Treviño). Junto a la puerta meridional de la citada capilla central penden de la pared unos supuestos trozos de cadena del caballero Teodosio de Goñi. Muchos romeros que acuden dan tres vueltas alrededor de aquéllos, con lo que también esperan evitar dolores de cabeza. El cerro de San Miguel es también considerado como escenario de algunas hazañas de Roldán». v. ROLDAN.
A comienzos del siglo XX y según contabiliza Satrústegui existían varias ascensiones a la cumbre de Aralar: el 25 de abril, Huarte-Araquil; 8 de mayo, Huarte Araquil, Irañeta, Arruazu y Lacunza y algún pueblo más del valle de Arakil, el sábado siguiente a la Ascensión, treinta y cuatro pueblos de Arakil, Barranca-Burunda, Larraún, Basaburúa e Imoz, víspera de Corpus, Ergoyena, Lizarraga Torrano, Unanua y Arruazu. El 29 de septiembre, fiesta del Santo, cerraban las ascensiones veraniegas. La efigie alada del Arcángel suele girar además una visita a varios pueblos de los alrededores. En una de sus visitas (segundo domingo de agosto), la imagen entra en Guipúzcoa posándose en la ermita de Igaratza lo que da lugar a una importante peregrinación.-A. A. A.
Danzas de San Miguel. Hay varias poblaciones vascas que dedican sus fiestas y danzas peculiares a este Arcángel victorioso. Citamos entre las más conocidas a Oñate, Yurreta, Marquina y Cortes de Navarra.
Proclamación de San Miguel por el PNV (1909). Tuvo lugar el 10 de octubre de 1909 en circunstancias particulares que recoge E. de Aranzadi en Ereintza: Se acercaba el año 1910, y en él, el triste día 3 de febrero en el que padeció el Nacionalismo Vasco la agresión más cruel e inesperada, según pronto veremos, de cuantas ha venido sufriendo en su agitada vida. Parecía que el Cielo trataba de prepararle con un Protector invencible, al mismo tiempo que la gran organización nacionalista atestiguaba su fe religiosa, cuando nadie podía poner en el acto a que aludimos, por la normalidad del tiempo en que se realizó, tacha de conveniencia partidista. Nos referimos a la proclamación, hecha en lo alto del Aralar, de San Miguel, el 10 de octubre de 1909 como Patrono, Caudillo y Custodio de Euskadi, por el Partido Nacionalista Vasco. Fue fijada por E.B.B. la fecha del 12 de septiembre para esta declaración, mas los temporales de aguas de aquellos días obligaron a retrasarla, celebrándose el mencionado 10 de octubre que bien podría ser mirada entre nosotros como la primera de las fiestas de la Patria. De víspera salían muchos de sus casas en dirección al Sagrado Monte. Recordamos que entre otros venían desde Tolosa, el que más tarde había de ser celosísimo párroco de Villabona, D. Valero de Arbide, modelo de sacerdotes y patriotas; D. José de Eizaguirre y D. Isaac López Mendizábal, mis queridos amigos. Traían éstos un guía, que poco experto se perdió sin que lo confesara hasta que fue imposible ocultarlo. Y para no sufrir entonces la humillación de reconocer el extravío, se escapó dejando con la noche encima a los tres patriotas en lo más intrincado de la sierra. Para tentar fortuna, sin cansarse más, unieron sus voces como buenos músicos y dieron por tres veces unos gritos, que juzgaron eficaces para ser encontrados, halláranse donde se hallaren. Y en vista de que nadie respondía, levantaron resignados los ojos al cielo estrellado, se acomodaron bajo una haya corpulenta y cubiertos los tres en el manteo de D. Valero pasaron así la noche, noche de octubre a más de mil metros de altura. Al amanecer advirtieron, inmediatamente, que se encontraban muy cerca del Santuario. Vinieron llegando los nacionalistas durante la mañana, y a las diez se celebró en el templo del Arcángel la Santa Misa, ejecutándose la de Perossi por valiosos elementos de Iruña, Donostia, Gazteiz, Tolosa y Lazkano. Se dio a besar a la terminación la imagen milagrosa de San Miguel. Luego comida, y después de la comida, vuelta al templo a la proclamación de Deun Mikel que fue hecha en los siguientes términos: Deun Mikel Gongotzona, donokitarr gudarijen Buru betugia! Jaun-Goikua eta Lege-Zarra ikurrin-bian Euskadin gudan dabillan Eusko-Alderdi Jeltzaliak be eukigura zau bere buru ta zuzendaritzat, eta gaur artzen zau bere Zaindari donokitartzat. Abetaldu egixu. Gongotzon altzu ta ernai orrek! geure biyotzetako matasunaren ziñalben au. Aurrerantzean Zeu ixan zadi geure aurrendari betugia; begire egixu Euskadi'k zineskintza galtzen daula beste Erri batzuben azpijan; estuntzapian larri dagon abenda zorigeiztodun oni erruki zakijo. Egixu Euskadi`k bereuki dagijola bere azkatasuna, bixi dadin lenago lez berbere Lagijen bian Jaungua'renak ointzat dauzala. Deun Mikel Zaindu egixu Eusko`Alderdi Jeltzalia! Deun Mikel, gaizka egixu Euskadi! Este texto vertido al español, dice así: ¡San Miguel Arcángel invicto Capitán de la Milicia celeste! El Partido Nacionalista Vasco que lucha por Euskadi bajo la bandera Jaun-Goikua eta Lege-Zarra quiere tenerte también por su Capitán y Jefe, y hoy te proclama por su Celestial Patrono. Acepta bondadoso este testimonio de amor de nuestros corazones. ¡Oh tú, poderoso y vigilante Arcángel! En adelante sé nuestro invicto guía; mira cómo Euskadi pierde la fe sometida a otros pueblos; compadécete de esta hoy desgraciada raza, que gime bajo la opresión. Haz que Euskadi recobre la libertad perdida para vivir bajo sus propias Leyes, basadas en la de Dios. ¡San Miguel, protege al Partido Nacionalista Vasco! ¡San Miguel, salva a Euskadi! Tengo la cuartilla original erdérica de esta proclamación redactada por el Presidente del E. B.B. , D. Luis de Arana-Goiri y la euskérica, leída en Aralar, de puño y letra de «Kirikiño» (G. B.) no se dio en la prensa el nombre del sacerdote que puso a la gran organización vasca bajo el amparo del Caudillo Celestial porque con ello se hubiera anticipado a D. Valero de Arbide el castigo que pronto le valió el destierro de Gipuzkoa y su nombramiento para el servicio de la villa, hoy nacionalista, de Agurain o Salvatierra. Hizo la proclamación, como decimos, el Sr. Arbide, precediéndole vehementísima exhoratación religioso-vasca inspirada en la historia de los Macabeos, luchando y muriendo por su religión y por su patria. Bastará esta indicación para juzgar sin gran error, sobre el alcance de la oración que precedió al acto magnífico de poner al nacionalismo vasco bajo el patrocinio del primer jefe victorioso que conocemos. Explicando la significación del acontecimiento, escribíamos entonces: El acto de Aralar es un homenaje sincero, puro y ardiente a la Causa del Bien, a la Causa de Dios, homenaje ofrecido por mediación del Arcángel guerrero, del primer caudillo y luchador que venció en el Empíreo con la ayuda de su Señor al espíritu rebelde, a Lucifer. Esta proclamación revela con brillantez que ofusca, el carácter de la lucha entablada por el nacionalismo contra los enemigos exteriores e interiores de Euskadi. Lucha eminentemente religiosa de una raza católica que no quiere fundirse con la latina, cada día más apartada de la Iglesia. Lucha iniciada con Arana-Goiri, por Dios y sólo por Dios, y sostenida hoy con la misma suprema finalidad. Por eso, según venimos afirmando sin cesar, conocido el derecho de los vascos a su originaria libertad, conocida la justicia de su ideal, lo persigue, no por el triunfo de un derecho terreno, sino porque esa libertad serviría a nuestra patria para tender a Dios y para la salvación eterna de los vascos... La proclamación de San Miguel -añadíamos- es la de la verdad nacional, es el reconocimiento práctico de la hermandad de las diversas oraciones del pueblo euskadiano. Significa la ruptura de esos malditos muros de división y aislamiento entre vascos, levantados por el desconocimiento en que han vivido, los hijos de una madre, sobre su común origen, a pesar de que la sangre, el idioma y el instinto de vida pregonaban con estruendo la nacionalidad vasca. Espíritu de fortaleza, custodio hasta ayer de Nabarra, aclamado por los nacionalistas guipuzkoanos, nabarros, alabeses y bizkainos, como su Capitán y caudillo, como defensor de toda Euskadi. Desde las alturas del Aralar, Monte Santo para los vascos; desde ese trono inconmovible como la fe de los patriotas en que la piedad de pasadas generaciones te colocó, exliende tu espada irresistible sobre las cabezas de todos los euskadianos! Y como en tiempos más felices, guardaste tu amada Nabarra para sus hijos los nabarros, ampara a Euskadi contra la injusticia, y sostén a los que la reconocen por madre en el diario combate en que se ven envueltos por Dios!».-A. A. A.