Léxico

NUEVA FENICIA

Nombre que recibe el «Estado Nacional Vasco» que debía resultar de la unificación de los Países Vascos de Francia y de España bajo la protección de Napoleón I según el proyecto concebido por el senador laburdino J. Dominique Garat entre 1803 y 1811.
Nombre. De la misma forma que la historiografía española había erigido a Tubal en su fundador y había hecho de los godos la columna vertebral de su historia (goticismo), de la misma forma que la historiografía francesa hizo de los francos descendientes de los troyanos, los autores vascos consagran el vasco-iberismo y, sobre todo el vasco-cantabrismo según el cual los vascos actuales son los descendientes de los cántabros de la era romana. Garat convierte, a su vez, a los cántabros en una colonia fenicia, asimilando así fenicios y vascos de la época prerromana.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA
Vicisitudes del proyecto. Dicho proyecto se desarrolla al calor de dos circunstancias diferentes:
1.-La convergencia ideológico-institucional operada entre los territorios éuskaros a medida que el centralismo borbónico incrementa su presión sobre las mismas, tal como lo percibe Cadalso cuando escribe (Carta XXVI, escr. entre 1768-1774) que «el Señorío de Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y el Reino de Navarra tienen tal pacto entre sí que algunos llaman a estos países las provincias unidas de España». Véase NACIONALISMO (PRENACIONALISMO) .
2.-Las especiales condiciones creadas en Europa a partir de la Revolución francesa y las empresas bélico-administrativas de Napoleón Bonaparte. Véase NAPOLEON I DE FRANCIA.
Es en este contexto en el que Guipúzcoa, por medio de sus autoridades legítimas, pretende independizarse al ser invadida por las tropas convencionales en el verano de 1794, y también en el que las autoridades ocupantes, con Moncey a la cabeza, barajan la posibilidad de constituir con los territorios vascos una República protegida por Francia. Las represalias ejercidas por Madrid tras la paz de Basilea, la declarada enemistad de Godoy a las instituciones forales y a su sustentación ideológica no hacen sino aumentar el malestar vasco. El proyecto Garat tiene, según los datos aportados por Darricau (1906), tres etapas.

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I Inicio del Proyecto Garat (1803). Hacía 14 años que el País Vasco de Francia había perdido su autonomía y sus instituciones, los mismos años que el oscuro diputado a los Estados Generales había iniciado su fulgurante carrera política que le había llevado a ser dos veces ministro. El senador Garat, de vacaciones en Ustaritz, escribe el 27 de diciembre de 1803 al cónsul Bonaparte tratando de llamar su atención sobre sus compatriotas sobre los que -dice «la revolución francesa ha pasado como un gran fenómeno que apenas han comprendido y les ha dejado como eran antes». Garat comenta la situación improductiva del P. Vasco francés y la necesidad de «atraer hacia nosotros tantos bienes que los españoles dejan perecer entre ellos», todo ello dentro de la reordenación de los Pirineos proyectada por el Consulado.

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II parte del Proyecto Garat (1808). Tiene lugar durante la ocupación francesa del País Vasco español a comienzos de 1808. El estado de enemistad entre Madrid y éste había llegado a su punto álgido con la zamacolada y la ocupación de Vizcaya que se hallaba desde 1804 en estado de guerra. En Navarra el descontento era también grande por la introducción forzosa de quintas y contribuciones ordinarias y extraordinarias y el menosprecio de su foralidad. Godoy y Bonaparte negocian el destino de Portugal que podría pasar a España a cambio de permitir que el Ebro se convierta en frontera franco-española. Garat escribe (febrero de 1808) a Savary, comandante en jefe de las tropas francesas en España, enviándole un Exposé succint d'un projet de réunión de quelques cantons de l'Espagne et de la France dans la vue de rendre plus faciles et la soumission de l'Espagne et la création d'une maxime puissance. En esta exposición, Garat hace una relación idílica de la historia de «unos pueblos que poseen conjuntamente todas las relaciones que los hombres pueden tener entre ellos y que apenas posee ninguna ni con los españoles a los que están unidos ni con los franceses a los que los otros pertenecen». Alude a la comunidad de lengua, a la analogía jurídica, a su sistema de «nobleza universal» igualitarista, a su costumbre de rehuir el servicio militar (los vasco-franceses huyendo al País Vasco español, los otros al vasco-francés), sus idénticos y sencillos hábitos alimentarios, su fe vasco-cantabrista, su instinto marítimo, su amor al canto, etc. Garat alega que, para poder sacar provecho de este pueblo, «es necesario que esté reunido bajo una sola potencia y esta potencia no puede ser otra que el emperador». Para ello «los cuatro cantones vasco-españoles y los tres cantones vasco-franceses deberían de componer dos o tres nuevos departamentos del Imperio. «Si no se crearan más que dos -prosigue-, el más fuerte, aquel cuyos puertos fueran los más apropiados para recibir y guardar en seguridad las escuadras y las flotas, llevaría el nombre de Nueva Fenicia; el segundo se llamaría Nueva Tiro. Si las montañas, que hacen que las comunicaciones sean siempre más difíciles, exigieran la creación de un nuevo departamento, se le llamaría Nueva Sidón». A continuación debería de procederse a borrar toda influencia vasco-castellana, sólo habría servicio militar marítimo, la lengua única sería el euskera y se excluiría el avecindamiento de no euskaldunes, la enseñanza sería en esta lengua, se utilizarían textos como los de Larramendi o los de Oihenart que servirían de guía, e incluso los del propio autor sobre los fenicios, y no se escatimarían esfuerzos para convertir a Vasconia en una potencia marítima amiga, azote del poderío naval inglés. Según relata Darricau ( 1906: 31 ), «el Emperador tuvo conocimiento del contenido de este informe y ordenó a Garat, por mediación de uno de sus ministros, que prosiguiera sus investigaciones sobre el pueblo primitivo de España (según el vasco-iberismo reinante, el vasco)» y le presentara un trabajo mayor sobre este complejo tema.

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III parte del Proyecto Garat (1811). Las circunstancias político-militares han cambiado notablemente. En España el clero ha conseguido encender el incendio nacionalista antifrancés que, pese al pacífico recibimiento inicial, ha cundido en algunas partes la Vasconia ibérica que permanece ocupada y en 1810 es dividida en dos gobiernos particulares, Navarra y Vizcaya. Se baraja la posibilidad de crear un gran País Transpirenaico con Vasconia, Aragón y Cataluña. Garat hace llegar en 1811 al duque de Bassano, ministro de relaciones exteriores de Napoleón I, una síntesis de la obra que ha escrito: Recherches sur le peuple primitif de l'Espagne, sur les revolutions de cette péninsule, sur les Basques espagnoles et français. La obra está destinada a informar al Emperador, al margen de José I, sobre la naturaleza del pueblo que Garat quiere reunificar para apuntalar la «sumisión voluntaria de España» y «la humillación próxima de Inglaterra». Reiterando las consideraciones expuestas en años anteriores, Garat preconiza la formación de un Estado Nacional Vasco con los vascos de ambas vertientes, estado compuesto por los departamentos de Nueva Tiro y Nueva Sidón y llamado en su conjunto Nueva Fenicia. Su bandera sería la de Navarra ya que «debido a circunstancias extraordinarias, se tienen fuertes razones para creer que el escudo de Fenicia ha sido conservado en el escudo de armas de Navarra».

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La Nueva Fenicia, primer proyecto nacionalista. El análisis del proyecto de Nueva Fenicia de J. D. Garat nos coloca ante el intento de adaptar el mito o teoría vasco-cantabrista, exponente donde los haya de legitimismo historicista, al nacionalismo liberal decimonónico. Bajo su pluma culmina, de esta forma, la «cantabrización» del País Vasco de Francia efectuada por el caballero Bela y por el obispo Sanadon en su Essai de 1785. Los escritos de Garat acusan recibo no sólo de sus antecesores -Oihenart, Moret, Larramendi, Sanadon- sino también de sus contemporáneos Moguel y Astarloa. No hay que olvidar tampoco que en 1801 conoció a W. Humboldt, patriarca del vasco-iberismo científico. No creemos aventurado pensar, asimismo, que conociera a Juan Antonio Zamacola, exiliado en Francia a raíz de la «zamacolada» de 1804, y autor de una Historia de las naciones bascas publicada en 1818, tras la caída de Napoleón al que, sin embargo, parece aludir al referirse a una «confederación de los países bascos con el Imperio de Occidente». Este incipiente nacionalismo desaparece al restablecerse en Europa el viejo orden bajo el dictado de la Santa Alianza. La vuelta de los Fueros, aunque muy disminuidos, y el nacimiento del fuerismo como doctrina ambigua, unionista y separatista al mismo tiempo, retrasa e incluso desvirtúa el nacionalismo clásico hasta las postrimerías del s. XIX.

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  • AGUDO HUICI, R. «La Nueva Fenicia. Proyecto de Unión Vasca bajo Napoleón», Muga n.° 26, 1983, 36-55
  • BEAUNNE, Colette. Naissance de la nation France, Gallimard, 1985, 431 pp.
  • DARRICAU, A. France et le Labourd, Dax, 1906, 86 pp.
  • ESTORNÉS ZUBIZARRETA, Idoia. Descripción del País Vasco, Aragón y Cataluña a La luz de un designio napoleónico. El País Transpirenaico en 1810, «Homenaje a Julio Caro Baroja», t. II, 1986, San Sebastián, 699-711.
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