Entidades

MIÑONES

El estudio de los Miñones debe afrontarse dentro del conjunto general de los cuerpos forales al servicio del País Vasco. Concretamente, este término designa el Cuerpo correspondiente a Álava y, desde 1877, el de Bizkaia. En Gipuzkoa, el cuerpo análogo ha sido conocido como «Miqueletes», acepción de la que participó durante mucho tiempo el Cuerpo vizcaino y que fue, probablemente, general en las tres provincias en tiempos más lejanos.
Los orígenes. A la hora de establecer la etimología del vocablo es difícil llegar a conclusiones concretas, lo que no impide sin embargo un relativo esclarecimiento. El Diccionario de la Academia de la Lengua dice respecto a «miñón»: «(Del fr. mignon). Soldado de tropa ligera destinado a la persecución de ladrones y contrabandistas y a la custodia de bosques reales»; también lo define como: «Individuo perteneciente a la milicia foral de las provincias de Alava y Vizcaya». Adolfo G. de Urquijo en Miqueletes, Forales y Miñones, libro publicado en 1907, apunta el posible origen francés del término basándose en el carácter de tropas irregulares y francas que da a aquellos «mignons» que en el relato de Melchor de Vogue abatieron a Enrique III de Francia. El mismo autor transcribe la opinión de Juan Mañé y Flaquer sobre el origen catalán, no sólo del término «miñón», sino también de «miquelete» que, pasando por Aragón, habrían llegado al País Vasco. Hay otras versiones que no dejan de ser curiosas. Luis Ezcurdia en Cuerpos Armados Forales. Los Miqueletes ofrece alguna explicación de este tipo, como la de Jaime de Salas Merlé que en la Página literaria del 6 de marzo del «Noticiero de Zaragoza», defendía el origen catalano-aragonés de los dos vocablos basándose en la existencia a fines del s. XVI de dos caudillos populares que ponían orden en la raya catalano-aragonesa: el aragonés Miguel Barber, llamado Micalet, y el catalán Miñón de Montellar.
Miñones y Miqueletes: fuerzas de persecución de malhechores. El motivo fundamental de la constitución casi permanente de los cuerpos armados forales fue el de la persecución de un bandolerismo favorecido por las continuas convulsiones sociales y políticas imperantes desde fines del s. XVIII hasta bien traspasada la mitad del s. XIX. Es una constante histórica bien conocida que a los enfrentamientos bélicos sucede un aumento del bandolerismo, cuya persecución fue obligación de las diputaciones en el peculiar marco foral del País Vasco. Recordemos que éste sufrió en el período apuntado las guerras de la Convención y de la Independencia y los sucesivos enfrentamientos carlistas de tan honda influencia en su evolución histórica. En este sentido se constituyó en Gipuzkoa un cuerpo de miqueletes para la persecución de maleantes y en los años 30 del s. XIX volvió a adquirir importancia ante el aumento del bandidaje tras el fin de la Primera Guerra Carlista. Con el mismo objeto se crea en Bizkaia, con el carácter de cuerpo franco al servicio del país, la llamada Partida Volante, constituida el 29 de septiembre de 1784 con ocho hombres al mando de un cabo. También se dice en el art. 1.° del Reglamento de 1939 de los Miñones de Álava que tuvieron en su origen la misión principal de perseguir malhechores.
Creación y formación de los Miñones: de fines del s. XVIII al s. XX. Así como las provincias de Álava y Gipuzkoa llamaron tempranamente miñones y miqueletes, respectivamente, a los componentes de sus milicias forales, la Diputación de Vizcaya adoptó a lo largo de los años una y otra denominación e, incluso, la de «Guardia Foral». Según el mencionado G. de Urquijo, en los papeles que se custodian en el Archivo de la Casa de Juntas de Gernika se denominan miqueletes más de una vez a los individuos de la mencionada Partida Volante, primer germen del cuerpo vizcaíno de miñones. Debió ser suprimido por dos veces con motivo de la Guerra de Independencia y del Trienio liberal, pero en 1823 se restableció, denominándose aún de miqueletes y con cuatro puntos donde se colocaban destacamentos fijos de cuatro hombres: Gumucio, Urquiola, Muniketa y el Borto. El característico enfrentamiento político entre realistas y constitucionales de esta época se dejará notar en las instrucciones dictadas a los miqueletes que se convertirán en amparadores de la situación imperante. Nuevamente debió suprimirse durante la guera civil de 1833-39, en el curso de la cual armó la diputación a sus expensas el «Batallón de Cazadores de Isabel II». Finalizada la guerra, parece conveniente su reorganización. Los todavía denominados miqueletes vizcaínos, al igual que los guipuzcoanos ahora dentro del llamado «Cuerpo de Protección y Seguridad Pública», acogieron en sus filas a excombatientes de ambos bandos buscando una unidad rota durante la guerra, de acuerdo al contenido ético del abrazo de Vergara. Después de alguna otra supresión, se estabiliza su existencia a partir de 1848 ante los graves sucesos que conmocionaron Europa y el levantamiento carlista en Cataluña que no tuvo éxito en el País Vasco. Se conservan algunas noticias del período subsiguiente hasta que en 1872 la Diputación General de Vizcaya reorganizó y amplió el Cuerpo al que dio un nuevo nombre: «Guardia Foral». Se componía ésta de 200 plazas que en abril de 1876, tras la guerra civil, se redujo a 120. En 1877 el general en jefe del Ejército del Norte D. Jenaro Quesada ordena la implantación del nombre de «Miñones», término que continuaba llevando en Álava la Guardia Provincial y que defendió frente a críticas como la de Antonio Trueba, basándose en la acepción de «soldado de tropa ligera destinado a la persecución de ladrones...» que tiene atribuida. En 1892 se le concedió, a instancia de la diputación, el fuero militar, suprimido en 1901 a petición de la propia Corporación para ser restablecido en 1904 por solicitud de la diputación. A continuación se aprueba el Reglamento orgánico del Cuerpo de Miñones de Vizcaya, según el cual, será sostenido por la diputación que regulará la clase de servicios que ha de prestar. En estado de guerra quedaba el cuerpo a disposición de las autoridades militares. El uniforme a principios de siglo y hasta su disolución, era para la clase de tropa: guerrera de paño azul tina turquí, con doble fila de siete botones dorados con las armas de Bizkaia, con dos carteras de dos picos y cuello igualmente encarnado de 3 cms. con las iniciales M. V.; pantalón del mismo paño sin encarnado alguno; boina azul para diario (que contrasta con el sombrero de copa que, como dice Urquijo, llevaban los antiguos miqueletes vizcainos), roja para gala, con una chapa amarilla en el centro que tenía el escudo de armas del Señorío con la inscripción: «Miñones de Vizcaya». El uniforme de los miñones alaveses era similar al de los miqueletes de Gipuzkoa, caracterizado por el «poncho», guerrera larga que en el caso alavés era algo más larga. El pantalón tampoco era todo él colorado como el de los miqueletes, sino de color azul con doble franja de color encarnado.
Los miñones tras el alzamiento franquista. Fue muy distinta la suerte del cuerpo vizcaino a la del alavés, dado, claro está, el diferente posicionamiento de una y otra provincia ante el levantamiento militar. El Cuerpo de Miñones de Vizcaya, así como el de Miqueletes de Guipúzcoa, no tuvo la misma suerte que en 1876 cuando subsistió a la abolición del Marco Foral constituyendo junto con el concierto económico los últimos elementos de aquel sistema. En esta ocasión fueron disueltos, precisamente a los dos meses de la derogación del concierto económico vigente desde 1876 y por causas similares. El texto literal era el siguiente: «Por resolución del Excmo. General Jefe del Ejército del Norte, quedan disueltos los Cuerpos de Miqueletes y Miñones que, como organización militar, dependían de las Diputaciones de Guipúzcoa y Vizcaya, respectivamente, a causa de su participación directa al lado de los enemigos de sus deberes militares». Razones similares a las que se exponían en el Decreto de derogación del concierto económico y que se resumían, al entender de los militares, en una palabra: traición. Si la milicia foral guipuzcoana se integró en parte en el nuevo «Cuerpo de Recaudadores de Arbitrios Provinciales», la vizcaína, compuesta antes de su disolución por unos 120 números, aparte de jefe, oficiales y clases, tuvo una continuidad simbólica a través de una ridícula sección de protocolo y ceremonial con el uniforme modificado y por supuesto sin armamento, compuesta por camineros dependientes de la Corporación. Por el contrario, el Cuerpo de Miñones de Álava, al igual que los forales de Navarra, subsistió por razones inversas durante el período franquista, dedicado a los servicios generales y de recaudación, a la vigilancia de montes y, con preferencia, a la vigilancia del tráfico en las carreteras provinciales, aunque esta función fue traspasada progresivamente a la Guardia Civil. La plantilla era de más de 200 individuos y el uniforme de diario de color caqui sin el tradicional poncho.
Bibl. G. de Urquijo, Adolfo: Miqueletes, Forales y Miñones... Bilbao 1907, 45 pp; Ezcurdia, Luis: Cuerpos armados forales. Los Miqueletes, Zarauz, 1968.

José CASTAÑEDA PRIETO