Concepto

ETA - Euskadi ta Askatasuna

El fin de la guerra civil en el País Vasco con la victoria militar del franquismo creó el humus del que 20 años más tarde nacería ETA. Tras la toma de Bilbao en julio de 1937, se instaló en el País Vasco la ley del vencedor, con su acompañamiento de encarcelamientos y ejecuciones. Una persecución simbólica implacable se ejerció contra las señas de la identidad colectiva vasca, empezando por su lengua, la cual generó una represión indiscriminada sobre un territorio discriminado, el de las provincias "traidoras" vascas.

Apareció desde principios de los años 50 Ekin, grupo hermético de estudiantes nacionalistas dedicados a la formación y obsesionados por las medidas de seguridad, el cual se independizó de las juventudes del PNV en 1958, dándose en 1959 el nombre de ETA, Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y libertad). Las características de este nuevo nacionalismo vasco eran su independentismo, su anti-estatutismo y, a partir de principios de los años 60, su admiración por los modelos tercermundistas: Cuba, Argelia, Vietnam...

El intento en 1961 de descarrilamiento de un tren que conducía a excombatientes franquistas de la guerra civil provocó la condena sin paliativos del PNV. La represión desatada por los atentados provocó la huida al exilio de los dirigentes más conocidos. ETA celebró su primera Asamblea en el exilio en mayo de 1962. Emergió en su seno una nueva concepción de la violencia por la que ésta dejaba de ser considerada un factor auxiliar para pasar a ser elemento generador de la nación.

Durante los años 1963-64 ETA amalgamó las concepciones clásicas nacionalistas con la nueva visión de la violencia, la cual cristalizó en el imaginario de la "guerra revolucionaria", a cuya cabeza pretendía situarse. Esta fue teorizada en dos obras: el Vasconia de Federico Krutwig, persona ajena a ETA, y el cuaderno de ETA "Insurrección en Euskadi", inspirado en los textos de Mao Tse Tung y del Che Guevara. El Cuaderno postulaba que el "gudari" (guerrero) que llevara a cabo la Guerra Revolucionaria debía estar convencido de que su verdad era absoluta, y ser por tanto, intransigente.

Otros dos escritos de ETA dibujaron en 1965 la formación de una comunidad nacionalista que aceptase a ETA como vanguardia de esta "guerra revolucionaria". La "Carta a los Intelectuales", influida por Frantz Fanon, hizo un llamamiento a los profesionales e intelectuales vascos para que, a través de la cultura, se comprometieran en la "revolución integral" vasca.

Las "Bases Teóricas" perseguían la elaboración de una nueva estrategia, la de la espiral acción-represión-acción. El fin de la "guerra revolucionaria" debía ser el de desenmascarar la verdadera naturaleza opresora del Estado ocupante, a fin de que su represión cayera sobre las masas, hasta que éstas se rebelaran y estuvieran dispuestas cada vez en mayor número a colaborar con ETA en la destrucción -o expulsión- del enemigo del territorio vasco. En los diez años que siguieron hasta la muerte de Franco este objetivo fue alcanzado con el despliegue de un grado bajo de violencia física y con un pequeño número de víctimas mortales.

Fueron los años en los que empezaron a utilizarse los términos marxistas de la lucha de clases; pero este discurso acabó entrando en contradicción con el imaginario central de la "guerra revolucionaria". Los responsables de la Oficina Política analizaron desde 1965 la situación obrera desde la perspectiva de la lucha en el marco del Estado, definieron el nacionalismo vasco tradicional como "nacionalismo burgués", y sustituyeron la estrategia de la "guerra revolucionaria" por la de las "reformas no reformistas".

En la primera parte de la V Asamblea de 1966, ETA, que había detectado por primera vez a un "enemigo interior" en su seno, expulsó a los responsables de la Oficina Política. En su segunda parte, celebrada en 1967 se pusieron en pie unas estructuras estables y se realizó una nueva síntesis teórica. Se reafirmó la línea anti-imperialista; se acuñó el concepto de Pueblo Trabajador Vasco, clase protagonista de una lucha tanto nacional como social; y se ratificó el principio estratégico de la espiral acción-represión- acción, así como la organización de ETA en cuatro frentes.

El Frente Cultural sintonizó con diversos procesos culturales dinamizados por grupos como "Ez dok amairu" de la Nueva Canción Vasca, los diversos grupos de renovación estética e inspiración oteiziana en la estela de la ruptura artística de la Basílica de Aranzazu...; y junto con grupos afines político-culturales como Branka se implicó activamente en el proceso de unificación literaria y lingüística que se proponía impulsar el euskera batua.

Pero a fines de los años 60 sólo dos Frentes tenían una dinámica propia: el Frente Militar y el Frente Obrero, el cual participó hasta 1970 en intensas luchas obreras codo a codo con los militantes de las Comisiones Obreras. La rivalidad de los Frentes Militar y Obrero fue el hilo conductor de las crisis internas de ETA hasta 1974.

Tras la doble muerte en junio de 1968 de un Guardia Civil y del joven líder de la V Asamblea Txabi Etxebarrieta, ETA mató en agosto al policía de la comisaría de Irún y conocido torturador Melitón Manzanas. El Gobierno decretó un Estado de excepción que suspendía las escasas garantías constitucionales del franquismo; la situación de excepcionalidad duró intermitentemente hasta la muerte de Franco. La situación generó la formación de una nueva comunidad nacionalista (objetivo perseguido por ETA), pero de naturaleza anti-represiva; lo que facilitó la integración en ella de los inmigrantes mediante su participación en las luchas contra el Régimen.

El juicio de Burgos celebrado en diciembre de 1970 contra 14 miembros de ETA y dos sacerdotes, que pretendía ser un escarmiento contra el nuevo nacionalismo, se convirtió en una requisitoria general contra el franquismo. Al convertirse los acusados en símbolos del anti-franquismo, una fuerte solidaridad se produjo en el Estado español y en el mundo; en el País Vasco la sociedad clandestina ganó la calle, enfrentándose abiertamente en ella a las fuerzas del orden.

La llamada "dirección del interior" convocó en agosto de 1970 la VI Asamblea a fin de hacer de ETA un partido leninista con el proletariado industrial a la cabeza, Asamblea que fue declarada ilegítima por una coalición de grupos liderada por el Frente Militar. En 1971, tras reivindicar a los condenados del juicio de Burgos, esta ETA se consolidó sobre la VI Asamblea, la cual, dividida en 1972 entre "mayoritarios" y minoritarios", desapareció poco más tarde.

La ETA "militar" de los primeros años 70, hija del Juicio de Burgos, quedó impregnada del carácter radical y utópico del nuevo nacionalismo que aquél había cristalizado. La rama juvenil del PNV, EGI, entró en masa en la ETA del Frente Militar. Los modelos que ETA se proponía imitar dejaron de ser los tercermundistas de origen rural, y pasaron a ser los de la guerrilla urbana (tupamaros de Uruguay, palestinos, irlandeses...)

Un grupo de personas, los miembros del Frente Militar de ETA, empezaron a transformarse en el "ideal de grupo" de la nueva comunidad anti-represiva vasca. Años de disputas contra los "liquidacionistas" les habían predispuesto contra la palabra hablada -o escrita- y a favor de la elocuencia armada.

Desde principios de 1973 se enfrentaron de nuevo en el seno de ETA dos concepciones sobre el significado de la lucha armada: el Frente Obrero sostenía que ésta debía servir de complemento a la lucha de masas, mientras que el Frente Militar defendía su autonomía total. Las teorías de Regis Debray sobre el "foco revolucionario" y las obras de los teóricos de la guerrilla urbana Abraham Guillen y Marighela sugirieron una vía de solución al enfrentamiento entre Frentes mediante la creación de una única estructura organizativa político-militar.

El atentado que costó la vida en diciembre de 1973 al segundo del régimen franquista, el almirante Carrero Blanco, reforzó clamorosamente al Frente Militar, el cual alcanzó la cima de su popularidad. Durante el año 1974, el Frente Obrero se separó de ETA, constituyéndose en partido político con el nombre de LAIA y creando unas Comisiones Obreras Abertzales que fueron el embrión del futuro sindicato LAB.

La oposición española fue transformando la idea de ruptura con el Régimen por la de la Reforma Pactada. El alejamiento de la perspectiva de la ruptura generó desde mediados de 1974 un recrudecimiento de los atentados de ETA contra los miembros de las fuerzas policiales. En octubre de 1974 tuvo lugar una escisión mayor en el seno del Frente Militar. Un sector de éste, que constituyó la futura ETA militar, decidió separarse de toda lucha política, haciendo un llamamiento a la constitución de un frente civil independentista. A este llamamiento debió su nacimiento el partido civil EAS, futuro HASI.

Surgió por reacción ETA político-militar, la cual, ante las expectativas de cambio político, diferenció dos programas de actuación: el programa máximo, constituido por los objetivos a largo plazo de la independencia, la euskaldunización, la construcción del socialismo y el anti-imperialismo; y el programa mínimo, consistente en una alternativa inmediata para el fin del franquismo, el cual defendía la autodeterminación y la territorialidad (esto es, un marco vasco común para las Vascongadas y Navarra). En enero de 1975 ETA p-m arrinconó el esquema anterior basado en la espiral acción-represión- acción: no siendo posible la insurrección, afirmó, debía realizarse una guerra de usura contra el enemigo que le forzara a aceptar una negociación política.

En abril de 1975, el franquismo decretó el último y más duro de los estados de excepción en el País Vasco, seguido de miles de detenciones y torturas atestadas por Amnistía Internacional. En el transcurso de éste fueron ejecutados dos jóvenes militantes vascos, Txiki y Otaegi -además de tres militantes del GRAPO-. La repuesta a estas muertes fue muy intensa; al calor de estas movilizaciones, lo que desde ahora se conocería como "izquierda abertzale" creó una "Koordinadora Abertzale Socialista", la KAS. Nacieron unas Gestoras que dieron forma al objetivo primordial de la sociedad anti-represiva vasca: la consecución de la amnistía para los presos políticos y los exiliados.

Desde la muerte de Franco, acaecida en noviembre de 1975, hasta las primeras elecciones democráticas de junio de 1977, se produjeron grandes movilizaciones de tipo nacional vasco, pero también de carácter obrero. El Frente de Rechazo surgido combinó la causa de la amnistía con la de los trabajadores despedidos.

ETA p-m alumbró la idea de un desdoblamiento de la organización armada que daría nacimiento a otra organización civil. En este esquema la lucha armada tendría un papel subordinado y de retaguardia, debiendo cumplir una doble función: la de disuasión respecto de la burguesía, y la de garante de las conquistas populares. Paralelamente, las fuerzas del KAS aprobaron la alternativa de ETA p-m, conocida desde entonces como "Alternativa KAS"; la VII Asamblea de ETA p-m celebrada en septiembre de 1976 decidió la creación de un partido revolucionario por desdoblamiento.

ETA militar expresó su aprobación del proyecto. Pero mientras que en la concepción de ETA p-m el nuevo partido debía ser la vanguardia del KAS, EHAS y ETA militar consideraban que la organización armada era el único núcleo "inasimilable" por la oligarquía, por lo que su lucha debía tener un carácter "ofensivo".

Las Cortes franquistas aprobaron su propia disolución y la transición a la democracia parlamentaria, a la que dio forma la ley de noviembre de 1976. Comenzó a negociarse entre la oposición democrática y el Estado el modo y fecha de las elecciones generales. En el seno del KAS se enfrentaron las concepciones de ETA p-m, partidaria de la participación en las elecciones, y las de ETA militar, que se oponía frontalmente a ella. En abril de 1977 se presentó en Gallarta el nuevo partido político, EIA, el cual se definía como heredero de ETA.

El 8 de mayo fueron presentadas las candidaturas de izquierda vasca (con el nombre de Euskadiko Ezkerra), en las que predominaban los candidatos de EIA. Fruto de las negociaciones de ETA p-m con el Gobierno, éste decidió el extrañamiento hacia el extranjero de los condenados en el juicio de Burgos. Una asamblea de EIA de fines de mayo decidió la participación de Euskadiko Ezkerra en las elecciones, mientras que los restantes candidatos del KAS se retiraron de la coalición. Esta obtuvo en las elecciones de junio de 1977 un diputado y un senador. Pero la defensa por la izquierda vasca en 1978 del derecho de autodeterminación fue rechazada por todas las fuerzas españolas del Congreso.

El tratamiento constitucional de las cuestiones nacionales y la decepción consiguiente fue uno de los factores que provocó la emergencia de un Frente del Rechazo entre los sectores que habían asumido las utopías generadas por el juicio de Burgos. Ello incitó a ETA militar a emprender desde fines de 1977 una ofensiva de atentados mortales de una intensidad inédita.

EHAS se trasformó en el partido HASI en julio de 1977; su Congreso fundador aprobó el concepto de KAS Bloque Dirigente. La izquierda abertzale radical se polarizó en torno a HASI-ETA militar. En la primavera de 1978 nació Herri Batasuna como coordinadora de cuatro partidos, dos del KAS -HASI y LAIA-, junto con ANV y el partido ESB. El Estatuto de Autonomía vasco aprobado a fines de 1979 produjo un cisma entre el PNV y la izquierda abertzale.

Tras el golpe militar del 23 de Febrero de 1981, ETA, que concebía al Estado español actual como una continuidad de la Dictadura militar, no vio motivo alguno para interrumpir sus atentados. La estrategia de ETA de "guerra de desgaste" provocó simétricamente la reanudación por el Estado español de una estrategia contra-insurgente ilegal, la "guerra sucia" de larga duración, que había sido llevada a cabo anteriormente por diversos grupos terroristas: Anti-Terrorismo-ETA (ATE), el cual actuó desde el estado de excepción de abril de 1975 hasta comienzos de 1977; y el Batallón Vasco-Español, cuyos atentados se extendieron del verano de 1978 a poco antes del golpe militar de febrero de 1981.

Desde fines de 1983 hizo su aparición en Iparralde el grupo de terrorismo paraestatal conocido por los GAL (Grupos Anti-terroristas de Liberación), los cuales se dieron a conocer mediante el secuestro, desaparición y muerte de refugiados y militantes vascos. Los GAL desaparecieron en 1986-87, cuando las tentaciones golpistas se desvanecieron a resultas del ingreso del Estado español, y por tanto de su Ejército, en la OTAN.

Todo ello hizo creíble para la base social de HB la afirmación de ETA de que el País Vasco se encontraba en situación bélica, y reprodujo en su interior las características de las comunidades en guerra. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) adoptó así la forma de un contra-Estado (ETA) y una contra-sociedad (HB) que funcionaban con sus leyes propias en el interior del Estado español y de la sociedad vasca.

La convergencia del PNV con el PSOE en la lucha contra ETA y contra sus apoyos civiles se concretó en el programa conjunto de Gobierno de 1985, el Gobierno de coalición PNV-PSOE de 1987 y, sobre todo, el Pacto de Ajuria Enea por la Normalización y Pacificación de Euskadi de principios de 1988.

En los años 1987-1988 ETA desarrolló la teoría de la "acumulación de fuerzas" como medio de acceder a la negociación política. El MLNV debía acumular fuerzas en tres frentes: el ahondamiento de las contradicciones de las fuerzas del Pacto de Ajuria Enea; la lucha de masas; y el fortalecimiento de la organización armada. La negociación podía concretar, pero no poner en cuestión, la alternativa KAS. ETA y el PSOE serían los interlocutores de la negociación, la cual adoptaría la forma de un proceso prolongado con dientes de sierra. Tras el fracaso de las conversaciones de Argel en 1989 la lógica del Pacto como instrumento de cerco siguió su curso.

El despliegue de la Ertzaintza en los años 1987 a 1991 reforzó el poder autonómico del PNV; pero enfrentó a la Ertzaintza, no sólo contra ETA, sino también contra las organizaciones juveniles que practicaban la lucha de calle, o kale borroka. Los atentados de ETA acabaron abarcando en los años 90 a ertzainas y dirigentes de partidos políticos.

A iniciativa del Pacto se habían reforzado, o surgido, grupos pacifistas de movilización ciudadana contra la violencia, tales como Gesto por la Paz. Paralelamente, desde comienzos de los años 90 tomó forma en la izquierda abertzale una corriente alternativa favorable al pacifismo, protagonizada en un primer momento por el movimiento a favor del diálogo Elkarri. La imposibilidad de hacer del País Vasco un marco autónomo de relaciones laborales favoreció por su parte la unidad de acción de los dos sindicatos vascos ELA y LAB, la cual proporcionó una gran base social de apoyo a las perspectivas de solución pacífica del conflicto.

Inspirada en el modelo nor-irlandés, la Conferencia de Elkarri de 1995, que exploró la posibilidad de un diálogo de todos con todos sin necesidad de tregua previa de ETA, contó con el apoyo del PNV. Asistió a ella la izquierda abertzale; no así el PSE/EE y el PP. Pero la imagen del PSOE se deterioró a causa de los escándalos relacionados con la "Guerra Sucia de los GAL" de los años 1983-87 que salieron ahora a la luz.

Ante la presión de la izquierda abertzale, ETA sustituyó la concepción estratégica de la "Alternativa KAS" cuyo eje era la negociación ETA/Estado por la "Alternativa Democrática" basada en la construcción nacional. Según ésta, ETA debía negociar con el Estado la aceptación por éste del derecho de autodeterminación y la territorialidad vasca; posteriormente, correspondía a los vascos en su conjunto tener la palabra para definir la forma política que pudieran darse. Pero la "Alternativa Democrática" quedó oscurecida al darse a conocer en abril de 1995, una semana más tarde del atentado frustrado contra Aznar, candidato del PP a la Presidencia del Gobierno.

En el periodo 1995-1998 se hizo evidente el fracaso del Pacto de Ajuria Enea. La antigua coalición dominante PNV-PSE se desdibujó ante la emergencia de dos coaliciones rivales, la nacionalista vasca y la estatalista.

La serie de secuestros de larga duración llevada a cabo por ETA en los años 90 -los industriales Aldaia y Delclaux, el funcionario de prisiones Ortega Lara- alimentó los enfrentamientos en la calle entre pacifistas y radicales. En julio de 1997 ETA secuestró al concejal de Ermua y militante del PP, Miguel Ángel Blanco, y amenazó con darle muerte si no se cumplía la condición del reagrupamiento de todos sus presos en el plazo de 24 horas. El cumplimiento de la amenaza, retransmitida en directo, provocó gigantescas movilizaciones ciudadanas contra la izquierda abertzale.

El PP al poder ahondó sus diferencias con los socios nacionalistas vascos de la Mesa de Ajuria Enea en temas tales como el endurecimiento de la política penitenciaria, la negativa al diálogo con ETA, la negación de la existencia de un contencioso político vasco... Este discurso de máxima dureza del PP, conocido con el nombre de "espíritu de Ermua", fue respaldado hasta 2002 por los socialistas, pero provocó grandes recelos en el seno del PNV.

La nueva dirección de HB elegida en febrero de 1998, liderada por Arnaldo Otegi, apostó por un diálogo democrático. Mientras que el poder judicial cerraba el periódico EGIN, progresaron las conversaciones de los partidos nacionalistas vascos, a las que el acuerdo de Stormont en Irlanda del Norte en la Pascua de este año dio un impulso definitivo. El PSE-EE decidió su retirada en junio de 1998 del Gobierno Vasco. Con el fin del tripartito murió también la Mesa de Ajuria-Enea.

El texto del Pacto de Lizarra del 12 de septiembre de 1998, luego Lizarra-Garazi, fue fruto de las conversaciones entre las fuerzas nacionalistas del Pacto de Ajuria-Enea y la izquierda abertzale. El Pacto fue seguido seis días más tarde por la declaración de alto-el-fuego de ETA.

El perfil del militante de ETA cambió durante los años 80. Un estudio de la agencia Vasco-Press del año l988 elaborado sobre los datos de 220 detenidos en los 2 años anteriores llegó a las siguientes conclusiones:

  1. La edad media de la base social de ETA registraba una tendencia creciente
  2. Los suburbios de Bibao y San Sebastián eran los focos principales donde se reclutaba la base de ETA.
  3. El medio rural era ya secundario en el apoyo a ETA.

Organización: ETA se estructuraba en los años 80 y 90 en tres categorías de comandos: comandos de liberados, cuyos miembros, no fichados por la policía, eran los que llevaban a cabo las acciones de mayor relevancia; comandos legales, compuestos por miembros desconocidos por la policía, que comprendían a su vez varias sub-categorías (los enlaces, los "buzones", los comandos de información); y comandos de apoyo, que proporcionaban lo necesario a los liberados.

En estas décadas, y según fuentes policiales, había un directorio de ETA residente en los territorios vascos de Francia, dirigido por un Comité Ejecutivo. Los aparatos de la organización eran el de propaganda; el de información; la oficina política; los comandos ilegales; los comandos legales; y el de relaciones internacionales. Del Comité Ejecutivo dependían directamente los responsables de finanzas, de las operaciones de frontera, de la logística y de los entrenamientos; así como los comandos operativos. A los militantes se les impartían cursos de instrucción en territorio francés de una duración de dos semanas sobre armas, técnicas de combate, explosivos, comunicaciones...

Los Servicios de Inteligencia españoles calculaban en unos 500 el número de militantes de ETA. A principios de los años 80, según el Teniente General Casinello, los efectivos de ETA militar estaban formados por unos 200 hombres armados divididos entre unos 20 a 30 comandos de plena dedicación (ilegales), siendo el resto de los miembros, unos 300, de dedicación ocasional (legales)

Atentados: ETA definió en sus documentos de fines de los 70 como blancos de su lucha armada los miembros de las Fuerzas de Seguridad y los militares, -aportando estas dos categorías la mayoría de sus víctimas mortales-; la central nuclear de Lemóniz; y, desde 1980, los responsables del tráfico de drogas.

A estos cuatro apartados debían sumarse otros tres, no citados por ETA, de defensa de la organización: los llamados "impuestos revolucionarios", - exigencia de pago de una cantidad, única o periódica, hecha habitualmente a pequeños y medios empresarios vascos-; los secuestros de personas a liberar previo pago de rescate; y unos atentados "internos" llevados a cabo contra antiguos militantes o colaboradores que ETA consideraba "traidores".

La selectividad de sus atentados se fue degradando desde mediados de los años 80, cuando comenzaron a utilizarse los coches-bomba y las cartas-bomba. La entidad de los blancos potenciales se fue haciendo cada vez más indiscriminada: hipermercados, casas-cuarteles habitadas por familiares de guardias civiles, dirigentes de partidos políticos... El enfrentamiento armado entre ETA y la Ertzaintza que tuvo lugar en los años 90 fue un caso singular de colisión entre un grupo armado y las fuerzas policiales de un Gobierno autonómico controlado por un partido nacionalista. La violencia de calle, o "kale borroka", se disparó en los años 90 paralelamente al descenso drástico del número de los atentados de ETA.

Las víctimas mortales causadas por las distintas ramas de ETA desde su comienzo hasta principios de los años 90 superaban las 700. Tras la muerte de Franco fueron las siguientes: 9 en 1977; 67 en 1978; 72 en 1979; 88 en 1980; 38 en 1981, 44 en 1982; 44 en 1983; 31 en 1984; 37 en 1985; 41 en 1986; 52 en 1987; y 19 en 1988; 19 en 1989; y 25 en 1990.

En 1995 tuvo lugar un nuevo franqueamiento de umbrales: ETA inauguró con el asesinato del dirigente del PP vasco Ordóñez un tipo nuevo de atentados, los dirigidos contra dirigentes de partidos políticos, que se había prohibido a sí misma durante mucho tiempo. La "aceptabilidad social" de la izquierda abertzale civil comenzó a cuartearse, y emergió un nuevo frente interno de contestación a la violencia.

En esta década, y hasta 1998, descendió el número de atentados mortales, pero aumentó su repercusión social. Estas fueron las cifras: 46 en 1991, 26 en 1992, 14 en 1993, 13 en 1994, 15 en 1995, 5 en 1996, 14 en 1997, y 6 en 1998. Los resultados electorales de la izquierda abertzale en los comicios convocados durante la tregua armada, los cuales superaron en un tercio las cotas electorales más altas alcanzadas hasta entonces, fueron expresivos de la satisfacción con que ésta fue acogida.

Tras el fin de la tregua a fines de 1999, y hasta 2003, los atentados mortales llevados a cabo por ETA fueron 23 en 2000, 15 en 2001, 3 en 2002 y 3 en 2003. Se disparó en 2000 y 2001 el número de víctimas entre los militantes de Partido Popular, 8, y del PSOE, 5. Los resultados electorales de la izquierda abertzale en los comicios autonómicos de mayo de 2001, tras la ruptura del alto-el-fuego de ETA, fueron los más bajos de su historia.

Desde fines de los años 90 la izquierda abertzale se orientó hacia la resolución del conflicto, lo que requería superar el protagonismo que la Alternativa Democrática seguía confiriendo a ETA. Ha de verse en ello la influencia de diversos factores, unos externos -el desarrollo del proceso de paz en Irlanda del Norte desde el Acuerdo de Stormont, la irrupción en Occidente a partir de 2001 de los atentados del fundamentalismo islamista, de una potencia letal muy superior a los de ETA-; otros internos, consistentes en la penetración en el seno del nacionalismo radical de elementos identitarios e ideológicos nuevos.

Pero la reanudación del conflicto violento ETA-Estado impidió apreciar el cambio. Todo lo contrario: tras la ruptura del alto el fuego indefinido en noviembre de 1999, el retorno de los atentados de ETA que produjeron hasta mayo de 2003 unas 50 víctimas mortales, muchos dirigidos contra los miembros de las fuerzas estatalistas, sus sedes y sus bienes, provocó que el PP y el PSOE consensuaran el "Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo" del 9 de diciembre de 2000. El Acuerdo, dijeron sus firmantes, era un "texto de combate", no solo contra el terrorismo, sino contra las fuerzas nacionalistas vascas firmantes del Pacto de Lizarra.

Sus resultados fueron, entre otros, la tramitación desde febrero de 2002 de la Ley de Partidos. En base a ella, el Tribunal Supremo declaró en marzo de 2003 ilegal a Batasuna. Paralelamente, y en torno al macro-sumario central 18/98, la Audiencia Nacional incoó una serie de sumarios basados en la premisa de que "todo era ETA" contra los miembros de una serie de organizaciones y proyectos abertzales o simplemente vasquistas: AEK, Ekin, Fundación Joxemi Zumalabe, Gestoras pro Amnistía, Batasuna, Egunkaria, Udalbiltza...

Aralar se separó de la izquierda abertzale en junio de 2001 pero desde este año venían reuniéndose en el caserío Txilarre de Elgoibar Arnaldo Otegi y el socialista Egiguren en busca de nuevas vías. En noviembre de 2004 Batasuna presentó el documento previamente consensuado de Anoeta, el cual enumeraba los siguientes compromisos: respetar las distintas sensibilidades del pueblo vasco, dirimir las diferencias de modo pacífico y democrático, y basar el acuerdo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en los Derechos Civiles y Políticos proclamados por la ONU.

Se proponían en él "dos espacios para el diálogo y el acuerdo":

  1. 1.-Un acuerdo entre los agentes políticos, sociales y sindicales sobre la creación de un nuevo escenario en el que se pudiera decidir cualquier status político, el cual debería ser refrendado por la ciudadanía de Euskal Herria (País Vasco en sus tres territorios: Comunidad Autónoma vasca, Navarra, Iparralde).
  2. 2.-Un acuerdo entre ETA y los Estados español y francés sobre:
    1. la desmilitarización del conflicto
    2. los presos, deportados y refugiados
    3. las víctimas

ETA respaldó la declaración de Anoeta en enero de 2005 y declaró un alto el fuego permanente en marzo de 2006, el cual fue saludado por el Consejo Europeo y la Comisión Europea. El rechazo sin paliativos en febrero de 2005 por las Cortes españolas del Proyecto de Nuevo Estatuto presentado por el Lehendakari Ibarretxe en 2003 y aprobado por mayoría absoluta por el Parlamento Vasco en diciembre de 2004, así como la no convocatoria del referéndum anunciado, dejó la puerta abierta a la solución de Anoeta.

Batasuna había comenzado a explorar la vía de la mediación internacional en 2003, cuando una Delegación suya entró en contacto en Sudáfrica con un centro especializado en negociaciones sobre la paz cuyo asesor era Brian Currin.

Tras reuniones exploratorias en Oslo y Ginebra, en junio de 2006 comenzaron los encuentros en el doble carril: ETA-gobierno socialista y partidos políticos. La izquierda abertzale planteaba una negociación política sobre dos temas: el derecho a decidir -el punto de conflicto era aquí la inclusión o no de la opción independentista junto a la autonomista y la federalista-, y sobre la territorialidad -su propuesta consistía en la creación de un organismo que pusiera las bases de un Estatuto común para los cuatro territorios, incluyendo a Navarra, en el plazo de dos años-.

El contexto era desfavorable a causa de la hostilidad del Partido Popular, que calificó los encuentros de traición y de pago de precio político, y la actitud represiva del poder judicial, con el comienzo de la tramitación del sumario 18/98 en noviembre el 2004 y la aprobación de la doctrina Parot en febrero de 2006, la cual prolongaba en la práctica sine die el encarcelamiento de los presos. Se añadía a ello la ausencia de gestos del gobierno en materia de acercamiento de pesos y de dulcificación de la legalidad en la perspectiva del consenso, así como el recrudecimiento de la kale borroka.

Los encuentros en el santuario de Loyola, doce en total, de los tres partidos políticos PSE, PNV y Batasuna entre septiembre y noviembre de 2006, encallaron por la falta de concreción por el PSE y el PNV sobre los dos temas en discusión, así como por los reproches que ambos dirigieron a Batasuna por desdecirse según ellos de la hoja de ruta previamente pactada.

El carril ETA-Gobierno se encauzó en tres reuniones, dos en Ginebra en junio y septiembre de 2006 y la última en Oslo, en diciembre de este año. El esquema de ETA de acuerdo político y el del gobierno de paz por presos no llegaron a confluir. La prensa habló de diferencias entre ETA y Batasuna y de disensiones en el seno de ETA. El Gobierno admitió haber barajado dos planes: el plan A de obligar a ETA a plegarse a sus condiciones, y el plan B de hacerla responsable de la ruptura si ésta se producía.

ETA rompió la tregua el 31 de diciembre de 2006 con la destrucción de la Terminal 4 del aeropuerto Madrid-Barajas, la cual produjo dos víctimas mortales. Este atentado provocó las críticas explícitas de Batasuna por boca de Otegi y Rafa Díez, y el comienzo de la desafección hacia ETA del grueso de la izquierda abertzale. Al no haber declarado ETA formalmente la ruptura de la tregua, Batasuna pidió a las dos partes que respetaran sus compromisos, y Tony Blair y el Sinn Fein mediaron para que se retomaran los contactos. Pero los nuevos encuentros en Ginebra, que desembocaron en mayo de 2007 en una reunión con presencia de una Mesa Política y otra Mesa Técnica, certificaron el desencuentro. ETA declaró a los pocos días roto el alto el fuego.

El grupo armado y la izquierda abertzale siguieron a continuación caminos divergentes. Tras consultar a su militancia entre el otoño de 2007 y junio de 2008 ETA decidió proseguir los atentados, los cuales produjeron dos víctimas mortales el año 2007, cuatro en 2008, y tres en 2009. Mientras, el gobierno procedía a la detención de sus sucesivas cúpulas dirigentes.

La continuación de la actividad armada se había convertido en un obstáculo para la izquierda abertzale, la cual perfilaba desde 2007 el doble modelo de la construcción nacional desligada de la violencia y de la resolución del conflicto auspiciada y controlada por la mediación internacional.

La salida de prisión de Otegi en noviembre de 2008 aceleró la estrategia de la creación de un polo soberanista de amplio espectro basado en vías exclusivamente pacíficas. Tras la ratificación por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo en junio de 2009 de la ilegalización de Batasuna, la nueva y absurda detención de Otegi y de los demás impulsores de la nueva vía en noviembre 2009 en el caso "Bateragune" no impidió la presentación en Alsasua y Venecia del documento "Zutik Euskal Herria". En el curso de un proceso asambleario que concluyó en febrero de 2010, el documento de los detenidos "Clarificando la política y la estrategia" fue aprobado por el 80% de los militantes. La izquierda abertzale había ganado definitivamente el pulso a ETA sin escisiones ni traumas; lo que se demostró con la asunción pública por ETA de los planteamientos de aquella en enero de 2010. La doble estrategia soberanista e internacional se puso a continuación en marcha.

Brian Currin presentó en Bruselas la declaración de 27 personalidades de nivel mundial, las cuales exigieron el fin de la violencia de ETA y respaldaron el proceso de paz. ETA aprobó esta Declaración. En septiembre de este año los firmantes de Bruselas formaron un Grupo Internacional de Contacto formado por cinco personas. Este mes, la izquierda abertzale y los partidos Eusko Alkartasuna, Aralar y Alternativa firmaron el Acuerdo de Gernika, el cual precedió en pocos días al anuncio de ETA a través de la BBC británica del cese de sus acciones ofensivas.

ETA proclamó en enero de 2011 un alto el fuego permanente, general y verificable. En febrero, la izquierda abertzale presentó los Estatutos del partido Sortu, en ruptura explícita con la violencia y cumpliendo con la letra de la Ley de Partidos. El Tribunal Supremo bloqueó sin embargo su inscripción.

En abril se presentó a las elecciones locales la coalición de amplio espectro Bildu (izquierda abertzale, EA, Alternativa), legalizada por el Tribunal Constitucional en el último momento tras el veto del Tribunal Supremo. Bildu fue la segunda fuerza en el País Vasco tras el PNV en número de votos, 316.000, y la primera en número de alcaldes, 123. Sin embargo, la Audiencia Nacional condenó a 10 años de cárcel a los procesados en el caso Bateragune. La coalición Amaiur, la cual incluyó en sus listas a Aralar junto a los anteriores partidos, se presentó en noviembre a las elecciones generales, consiguiendo 364.000 votos y el mayor número de diputados vascos en el Congreso, siete.

En septiembre de 2011 se había presentado una Comisión Internacional de Verificación formada por personalidades del mayor prestigio para llevar a cabo, como en Irlanda del Norte, el seguimiento de los compromisos sobre desarme, la cual fue aceptada por ETA, pero no por el Gobierno.

Fruto de la colaboración entre Lokarri, organización sucesora de Elkarri, y el Grupo Internacional del Contacto, el 17 de octubre se celebró en el palacio de Aiete de San Sebastián la Conferencia Internacional de Paz, con la presencia, o respaldo, de Koffi Anan, Jimmy Carter, el senador Mitchell, Gro Harlem Brutland, Pierre Joxe, y todos los protagonistas de la resolución del conflicto de Irlanda del Norte, Tony Blair, Gerry Adams, Bertie Ahern, y Jonathan Powell.

La Declaración de Aiete llamó a ETA en sus dos primeros puntos a hacer "una declaración de cese definitivo de la actividad armada" y a solicitar dialogo con los Gobiernos español y francés sobre "las consecuencias del conflicto", e instó a los dos gobiernos, si se hiciera la declaración, a iniciar conversaciones al respecto. El punto tercero instó a avanzar en la compensación de las víctimas y en el reconocimiento del dolor causado. El punto cuarto sugirió a "los actores no violentos y a los representantes políticos", que discutieran cuestiones políticas seguidas de consulta a la ciudadanía para alcanzar una paz duradera, aconsejándoles acudir a facilitadores internacionales del diálogo. Los firmantes se mostraron dispuestos en el punto quinto a organizar un comité de seguimiento.

Tres días más tarde, el 20 de octubre, ETA respondió al llamamiento de la Conferencia declarando, en sus mismos términos, "el cese definitivo de su actividad armada", y haciendo "un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un diálogo sobre la resolución de las consecuencias del conflicto y superar así la confrontación armada".

El PP, tras su acceso al poder, ha hecho de momento oídos sordos a los firmantes de Aiete. Según sus declaraciones, ETA y la izquierda abertzale, confían en alcanzar una paz duradera basada en la movilización pacífica y democrática y en la pedagogía internacional de la Declaración de Aiete sobre cómo funcionan los procesos de resolución de conflictos en todo el mundo, lo que traerá consigo el desarme y la disolución de ETA.

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