Monarquía y Nobleza

Sancho VII el Fuerte

Rey de Navarra (1194-1234), conocido con el sobrenombre de "el Fuerte".

Se estima que su nacimiento tuvo lugar entre los años 1150 y 1160. Sus padres fueron Sancho VI "el Sabio", a quien sucedió en el trono, y Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla.

En el año 1195 contrajo matrimonio con Constanza, hija de su enemigo Raimundo VI, conde de Toulouse (Aquitania), y ese mismo año su hermana Blanca se casó con el conde de Champaña Teobaldo V.

La noticia de la muerte de su padre le llegó mientras atacaba el castillo de Loches (Indre et Loire) junto con las tropas de su cuñado Ricardo "Corazón de León", contra el rey de Francia. Abandonó el sitio y regresó a Pamplona para ser proclamado rey. El Reino de Navarra estaba formado entonces por las tierras de Durango, Álava, Guipúzcoa y Navarra, ya que su padre había perdido las tierras de Vizcaya, Bureba y la Rioja. Sancho VII intentaría recobrar estas tierras enajenadas.

Por otro lado, durante su reinado se produjo la incorporación definitiva de la Baja Navarra (1194). Las relaciones entre el reino de Navarra y el de Inglaterra se habían estrechado desde el matrimonio de Ricardo con la hermana de Sancho, la princesa Berenguela, hasta el punto de que entre las fechas de 1189 y 1196 Ricardo cedió la soberanía de Baigorry, Arberoa y Ossés y reconoció la soberanía navarra sobre Cize. La monarquía navarra recibió estos territorios de Ricardo, bien en compensación por la ayuda prestada por Sancho VI "el Sabio" y Sancho "el Fuerte", o bien para ganarse su apoyo y asegurar así sus dominios gascones mientras se incorporaba en la tercera cruzada. Desde este momento, estos cuatro valles bajonavarros consolidaron su situación dentro del reino navarro, y el apoyo inglés frenaba las intenciones castellano-aragonesas sobre el reparto de este reino.

Esta reunión, conocida también como "Mesa de los tres reyes", se produjo entre finales de febrero o marzo del año 1196 en un lugar ubicado entre Agreda y Tarazona. En ella se encontraron el rey Sancho de Navarra, Alfonso VII de Castilla y Alfonso II de Aragón. Este último representaba a su vez a Sancho I de Portugal y a Alfonso IX de León. El objetivo de esta reunión era fruto de los deseos del Papa Celestino III, que pretendía unir a los monarcas cristianos de la península para combatir y expulsar de ella a los musulmanes. En ella el rey navarro pidió la restitución de los términos que habían sido ocupados por los castellanos, a lo que Alfonso VII se negó. No obstante, los acuerdos alcanzados no se llevaron a cabo, ya que al poco tiempo falleció Alfonso II de Aragón y, por otra parte, el rey de León y Sancho se aliaron con los almohades; el de León para luchar contra el rey de León y Sancho para evitar su intervención en las luchas entre leoneses y castellanos.

Alfonso I "el Batallador" legó los reinos de Pamplona y Aragón en disposición testamentaria a tres órdenes militares. Tras su fallecimiento en 1134 su testamento no se cumplió, y García Ramírez "el Restaurador" fue proclamado rey de Pamplona. La Santa Sede, que no reconoció a García Ramírez como rey pero que tampoco podía negar su existencia, comenzó a tratarle como "Duci", tratamiento que dio también a los reyes navarros que le sucedieron.

En estos momentos, con el peligro musulmán y la nueva política del rey, se produce un cambio sustantivo en la posición diplomática de la Santa Sede; si en la bula del Papa Celestino III del 29 de marzo de 1196 titulaba a Sancho "el Fuerte" con el calificativo de "Duci Navarrae", el 28 de mayo del mismo año el Papa le elevó de jerarquía titulándole "Sanctius illustris Rex Navarrae".

Al año siguiente, en 1197, el Papa cambió su postura y excomulgó al rey de Navarra y al rey de León por la alianza que habían establecido entre sí. Las repercusiones políticas de la actuación del papado beneficiaban a Castilla. Se ha puesto en duda esta excomunión de Sancho el Fuerte, si bien, en la bula del 16 de abril de 1198, el nuevo papa Inocencio III ordenó a su legado Rainerio que comprobase si ha sido promulgada su excomunión. En ella se señala como motivo de la excomunión que el rey de Navarra había roto sus treguas con el rey castellano y que se había apoderado de los castillos que tenía como fianza de esa tregua con Castilla.

Alfonso VIII elevó sus quejas sobre el monarca navarro al Papa Inocencio III; por un lado, acusó a Sancho el Fuerte de quebrantar las treguas y de ocupar los castillos que tenía en garantía de ellas, y por otro, delató que el rey navarro había sido excomulgado por el cardenal Gregorio, uno de los árbitros de la bula de Celestino III. Ante esta denuncia, Inocencio III envió al cardenal Rainerio para intervenir y apaciguar los ánimos entre los monarcas, y para comprobar a su vez la veracidad de las acusaciones sobre Sancho el Fuerte.

Antes de que Rainerio pudiera realizar cualquier tipo de confirmación, los reyes de Castilla y de Aragón se reunieron en Calatayud el 20 de mayo de 1198 para acordar de nuevo la repartición del reino de Navarra entre ambos monarcas.

Los reyes de Castilla y de Aragón invadieron Navarra en la primavera de 1198; el aragonés desde la frontera oriental y el castellano desde la occidental. Alfonso VIII entró por Álava y tomó Miranda de Ebro e Inzura. El aragonés, por su parte, invadió la merindad de Sangüesa tomando Aibar y la villa y el castillo de Burgui, en el valle de Roncal. La campaña finalizó en julio de 1198.

En el año 1199 Alfonso VIII preparaba su campaña ofensiva para la invasión del reino vasco, esta vez sin la colaboración del rey de Aragón. Sancho VII viajó apresuradamente a África en busca de aliados poderosos, ya que la situación aquitana era inestable. Al otro lado del Pirineo solamente contaba con su cuñado Ricardo "Corazón de León", si bien, Ricardo moría sitiando el castillo de Chaluz, en el vizcondado de Limosín. Allí es herido por una saeta disparada desde la muralla y fallece con 42 años de edad. Con la muerte de Ricardo se plantea el problema de la sucesión de Aquitania, y Alfonso VIII de Castilla, como esposo de Leonor, hermana de Ricardo, reclamó dicha sucesión para su esposa.

Sobre el viaje del rey Sancho a África se abren varias incógnitas. Antes de desplazarse a África con la necesidad de obtener ayuda frente a Castilla, el monarca navarro había establecido contactos con el Miramamolín Aben Jacub. Pero cuando acudió la situación entre los almohades también había cambiado. En enero de 1199 murió el Miramamolín en circunstancias poco conocidas y le sustituyó un hermano suyo, Brahem (Mohamed al Naser), en nombre del sucesor y menor de edad Mahomed. Sancho fue recibido en la Corte de Marruecos y, durante su ausencia, el reino quedaba a expensas de ser invadido por los reyes de Castilla y Aragón. Mientras estuvo allí, los embajadores de estos reinos también firmaron treguas con Brahem, por un periodo de 10 años.

Al año siguiente, en 1200, las tropas castellanas irrumpieron de nuevo por Álava. Atacaron en primer lugar Treviño y pasó a tomar otras fortalezas. El 5 de junio Alfonso VIII atacó y cercó Vitoria. Los defensores de la ciudad se encerraron bajo el mando de su gobernador Alfonso Fernández de Guendulain y mientras duró el asedio, el rey castellano fue tomando otras poblaciones de Álava y Guipúzcoa. Vitoria estaba provista de víveres, pero el cerco a la ciudad se alargó durante cinco meses y la situación se hizo insostenible.

El reino estaba siendo atacado por ambas fronteras y se encontraba en un estado de indefensión. En esta situación intervino el obispo de Pamplona, García. El obispo acudió al rey Sancho de Navarra para solicitarle la entrega de Vitoria al rey castellano. Tras la caída de Vitoria, sea por conquista armada o a través de pactos con el poder castellano, el control del rey de Castilla se extendió rápidamente por Guipúzcoa y el Duranguesado. El rey castellano puso al frente de estos territorios a Diego López de Haro, que se había sumado a la causa castellana. El 11 de octubre de ese año Diego López de Haro era tenente en Soria, Nájera, Marañón y San Sebastián, y además de restablecer su domino en Vizcaya, consiguió anexionarse el Duranguesado por cesión del monarca en el año 1212. Según Jiménez de Rada, en aquella campaña de Alfonso VIII cayó San Sebastián, Fuenterrabía, Beloaga o Feloaga (en el valle de Oiartzun), Aizorrotz, Záitegi, Arlucea, Atauri, Vitoria la Vieja, Marañón, Irurita, San Vicente y Orzórroz. Resistieron sin caer Treviño y el castillo de Portella de Ibda, lugares que tras la paz fueron intercambiados por Inzura y Miranda. Los tres territorios vascos occidentales quedaron de esta forma bajo el dominio castellano pero, a diferencia de la Rioja y Bureba, no fueron agregadas como tierras propias del reino de Castilla, sino que fueron incorporadas a la Corona de Castilla. Navarra quedaba sin salida al mar.

Sancho "el Fuerte" regresó al reino en 1201, tras dos o tres años de ausencia. A su vuelta ya se había producido la entrada a su reino. Así lo relata el poeta Anneliers (siglo XIII):

Lai correc traicios. en alcus de sa gent,
Et adoncs i mesage anec sen mantenet
A Morrocs al rey Sancho, é dissli apertament,
"Seinnor rei de Navarra, be sapchas certament,
Que tu perdes ta terra é ton eretament,
Quel rey, Alfons que tu tens per leial parent.
Es intrat en Navarra ab gladi é ab foc ardent,
Quar tal en cui fidavas. sapchas queo conssent,
E si tu no vens trestot ton regnament,
Sapchas quauras perdut, que mas á ton vivent
No y albergaras jorn com te vei á present,
Car perdut as Bitoria, é Alava issament,
Ipuzcoa, é Amesquoa ab lur pertenement,
E Fonterabia, é zo que si apent,
E San Sebastian, or es la mar batent,
E vílas é castels, que eu non ay ement,
E si laisses Navarra par la paiana gent,
Deus tan airara, é far tena parventu.

Versión del poeta Anneliers

Esta noticia corrió, entre algunos de su gente,
Y entonces un mensajero se dirigió inmediatamente
A Marruecos al rey Sancho, y díjole abiertamente,
"Señor rey de Navarra, sabrás bien ciertamente,
Que pierdes tu tierra y heredad totalmente,
Que el rey Alfonso que tienes por leal pariente,
Ha entrado en Navarra con espada y con fuego ardiente,
Pues tal en quien fiabas, sabrás que lo consiente,
Y todo tu reino si no regresas prontamente,
Sabrás que lo habrás perdido, pero muy rápidamente,
Y allá no morarás un día, como te vi hasta el presente
Pues has perdido Vitoria, y Álava igualmente,
Guipúzcoa, y Amézcoa con lo perteneciente,
Y Fuenterrabía, y todo lo concerniente,
Y San Sebastián, donde el mar es batiente,
Y villas y castillos que no tengo en la mente
Y si dejas Navarra por la pagana gente
Dios te escarmentará, al encolerizarle reiteradamente".

Traducción de Luis del Campo

A finales de 1204 Alfonso VIII cayó enfermo. Viéndose en peligro de muerte otorgó testamento el día 8 de diciembre de 1204, y en este testamento prometía restituir a Navarra las tierras que había ocupado de su reino. Concretamente desde Puerto Araniello a Fuenterrabía, los castillos de Buradón, San Vicente, Toro, Marañón, Alcázar, Santa Cruz de Campezu, la villa de Antoñana, la de Atauri y Portilla de Cortes. Igualmente prometía devolver a Diego López de Haro el Señorío de Vizcaya, señorío del que había apoderado a raíz de la guerra sostenida entre ambos desde 1202.

Alfonso VIII de Castilla recobró la salud y no devolvió las tierras ocupadas. Es más, al final del verano del año 1205 llegó a entrar en Laburdi y tierras gasconas.

La sucesión tras la muerte de Ricardo "Corazón de León" en 1199 había abierto el enfrentamiento entre el rey de Francia y Juan "sin tierra". Mientras el monarca francés recabó la ayuda de Alfonso VIII, Juan "sin tierra" hizo lo propio con el Sancho VII. El monarca navarro, que había establecido alianzas con los burgueses de Bayona, frenaba la expansión de Alfonso VIII sobre la Guyena, pero el castellano solicitó el apoyo de los señores de la Guyena descontentos con el rey de Inglaterra y el 26 de octubre de 1204 se proclamó "Señor de Gascuña". En su campaña de 1205 ocupó varias plazas pero no logró tomar las ciudades de Bayona, Burdeos ni La Reole. En vista de las fluctuaciones de los señores que se le habían adherido, al poco el castellano desistió de este proyecto de conquista.

La derrota castellana en Alarcos (1195) y el asedio de Salvatierra (1211) por los musulmanes inquietó al monarca castellano. Alfonso VIII se percató de la importancia del ejército almohade y, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, realizó una llamada general a los pueblos cristianos europeos para que acudieran en su ayuda. También se dirigió a su aliado el papa Inocencio III, pidiéndole que proclamara la cruzada contra los musulmanes, y el Papa accedió a su petición.

Sancho el Fuerte dudó en participar, ya que se sentía agraviado por las invasiones y ocupaciones que sufría el reino desde la muerte de Sancho el de Peñalén. Fue precisa la intervención del arzobispo Arnaldo de Narbona para convencerle, y finalmente pudo más en él su responsabilidad ante la Cristiandad que los agravios sufridos.

El rey navarro se presentó en Toledo con su caballería, tras la batalla de Calatrava y unos pocos días antes de que se produjera el encuentro de las Navas de Tolosa. Dejando a un lado el problema entre ingleses y franceses y las cuestiones entre ingleses y vascos, Sancho llevó, junto con las tropas del reino, otras tropas de las tierras que se encontraban bajo su protección.

El ejército cristiano se componía de tres cuerpos; el derecho estaba al mando de Sancho el Fuerte, el izquierdo al mando del rey de Aragón y el del centro a cargo de Alfonso VIII. Los tres reyes se encontraban en la retaguardia. La batalla comenzó al amanecer del día 16 de julio de 1212. Los musulmanes en su empujón inicial desbarataron a la vanguardia, pero las alas laterales del ejército cristiano sorprendieron flanqueando a los musulmanes, provocando el desconcierto en sus filas y permitiendo rehacerse al ejército del centro. Atacaron la tienda del Miramamolín, que según la leyenda estaba defendida por una numerosa tropa de hombres sujetos unos a otros con cadenas. Siguiendo también la leyenda, Sancho rompió estas cadenas y posteriormente las incorporó simbólicamente al antiguo escudo de Navarra de barras en cruz y aspa. La batalla terminó en una gran derrota musulmana.

En el año 1225 Sancho VII tenía alrededor de setenta años. Teobaldo de Champaña, hijo de la hermana del rey doña Blanca con Teobaldo V de Champaña, aspiraba a suceder a Sancho en el trono. En realidad era el único heredero directo. Había nacido en 1201 y ya había alcanzado la mayoría de edad. Sancho tenía dos hijos bastardos, Remiro y Guillermo. El primero había sido nombrado canciller de Champaña y más tarde obispo de Pamplona, con cien libras de renta.

Ese mismo año Teobaldo viajó a Navarra con el fin de ganarse el favor de los nobles y de que le prestaran homenaje como sucesor del trono, sin menoscabo de la lealtad que debía a su tío el rey. No logró su cometido. Los dos hermanos bastardos se unieron, levantaron a parte del pueblo en su contra e impidieron que los nobles rindieran el solicitado homenaje. Enemistado con su sobrino, Sancho buscó sucesor y dirigió su atención al joven rey de Aragón, Jaime I.

Sancho el Fuerte se veía sin hijos legítimos y sin sucesor al trono. Si no se encontraba otra solución la sucesión podía recaer en su sobrino Teobaldo de Champaña, con quien se había enemistado. En la búsqueda de un sucesor se dirigió hacia el rey de Aragón, Jaime I, y ambos monarcas mantuvieron un encuentro en Tudela para acordar un mutuo prohijamiento, estableciéndose cada uno heredero de los reinos del otro. Firmaron este acuerdo el 2 de febrero de 1231, y fue ratificado a los dos meses por los nombres de los reinos de Navarra y Aragón.

Finalmente no se produjo un entendimiento entre ambos monarcas. Sancho VII, ya con una edad avanzada y enfermo, solamente quería recuperar los territorios del antiguo reino; la Rioja, Bureba, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Jaime por su parte, deseaba emprender acciones de guerra que le aportasen abundantes ganancias.

En su primera entrevista trataron de cómo hacer frente a Lope Díaz de Haro y a los castellanos, y el monarca aragonés le ofreció dos mil caballeros para enviar un ejército contra Lope Díaz. Por otra parte, Jaime I pidió al rey de Navarra un préstamo de cien mil sueldos y le entregó a cambio como garantía los castillos de Ferrera, Ferrellón, Zalatamor, Ademuz y Castielfabib. También donó al navarro Peña Faxina, al pie del Moncayo, y Peña Redonda, para que las fortificase y repoblase. Igualmente se comprometió a preparar mil caballeros que traería para Pascua y otros mil para San Miguel.

La Pascua de ese mismo año el rey de Aragón no cumplió sus compromisos, ya que tuvo que dirigirse a Mallorca. En un nuevo encuentro con Sancho VII, el aragonés, que no podía devolverle la cantidad prestada pues tenía todos sus recursos empleados en las acciones de conquista, le dio al navarro de por vida los castillos de Ferrera, Ferrellón y Zalatamor. Además de otras tantas concesiones que Jaime realizó a Sancho VIII, ambos monarcas volvieron a confirmar el mutuo prohijamiento. En esta ocasión Sancho se encontraba decaído y desconfiaba de sus ricos hombres, a los que acusaba de que sólo intentaban sacar dinero de él.

No llegaron a ningún acuerdo y, el rey aragonés, antes de volver a Mallorca, instituyó como heredero en su testamento, redactado el 6 de mayo de este mismo año, a su hijo. A falta de su hijo, los sucesores inmediatos eran parientes cercanos del rey y no mencionaba en él al rey de Navarra.

El 7 de abril de 1234 murió Sancho el Fuerte en su castillo de Tudela. Fue enterrado de forma provisional en este castillo. Los reyes castellano y aragonés estaban de nuevo a la espera de intervenir en el reino de Navarra. Reunidas las Cortes en Pamplona proclamaron como rey a Teobaldo (Tibalt) de Champaña, y una comisión de nobles junto con el obispo de Pamplona acudieron a Provins a invitar al conde a ocupar el trono. Teobaldo llevó el cuerpo de su tío para ser enterrado al monasterio de Roncesvalles.