Concepto

Primera Guerra Mundial en Euskal Herria

La actuación y la relación de los vascos con esta gran conflagración fueron diferentes según se hallaren a uno u otro lado de la frontera franco-española, ya que, así como Francia tomó parte decidida en la misma, España se mantuvo al margen y fue nación no beligerante. Este artículo se divide por ello en dos apartados principales según afecte a vascos de Hegoalde (vasco-españoles) o de Iparralde (vasco-franceses).

La Gran Guerra, como se llamó entonces, a la guerra del 1914-1918, enfrentó a las grandes potencias imperialistas en su enconada lucha por la supremacía mundial y se convirtió en un gran conflicto bélico, con un gran poder de destrucción (20 millones de muertos), con la aparición de nuevas mortíferas armas.

Pero sobre todo, la Primera Guerra Mundial, posibilitó el inicio de la Revolución rusa, el surgimiento de los Estados Unidos como potencia de primer orden, por delante de los países europeos, acabó con la solidaridad internacionalista de la clase obrera y con los Imperios de Austria-Hungría, Rusia y Turquía, al tiempo que aparecieron diversos nuevos estados independientes europeos.

A pesar de que el Estado español se mantuvo neutral y no entró en la conflagración mundial, el País Vasco Sur participó de una manera activa en el conflicto, dividiéndose el país en germanófilos y aliadófilos, con predominio de estos últimos. Así también, tuvo su incidencia, especialmente, en el trato comercial que mantuvo con los aliados, -sobre todo con Inglaterra-, que ocasionó un gran auge de las compañías navieras vascas que contribuyeron en gran manera a un alza de la economía vizcaína, el despegue político del nacionalismo vasco, y por último: la aportación vasca a la causa aliada, a la Europa democrática de entonces, por medio de algunos centenares de voluntarios vascos que lucharon con firmeza dentro de las filas de la Legión Extranjera francesa.

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Durante la guerra se produjo un enorme crecimiento de la economía vasca de Egoalde, sobre todo a través de las compañías navieras: transporte marítimo y construcción de buques, producto de la creciente demanda de transportes para el comercio internacional así como la exportación de mineral de hierro hacia Inglaterra, para atender las necesidades de la guerra.

Con los beneficios obtenidos nacerán nuevos bancos, como la Banca Urquijo (1918) y el Banco Central (1919), produciéndose un claro predominio del capital financiero vasco en el Estado español. Las excepcionales ganancias de la Primera Guerra Mundial harán crecer, igualmente, nuevas empresas como por ejemplo las metalúrgicas de Guipúzcoa. Se producirá asimismo una gran transformación de la producción de los Altos Hornos de Vizcaya, trabajándose a tres turnos, y llegando a unas ganancias que oscilaban entre los 100 y los 150 millones de pesetas en los dos últimos años de la guerra. De igual manera se produjo un gran florecimiento de la industria del papel, creándose la Papelera Española (Aresti, Arteche, Gandarias, Urgoiti), que dominó el mercado estatal, y también aumentó enormemente la producción textil y se crearon importantes empresas electrodomésticas.

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En Hegoalde, al igual que en Catalunya, la correlación de fuerzas entre francófilos y germanófilos, será, por mucho, favorable a los primeros, lo que contrasta con el resto del Estado, en que predominarán los germanófilos. Hegoalde tendrá unas buenas razones para apoyar la causa aliada, pues el trato comercial con Inglaterra, será una fuente enorme de beneficios para los navieros vizcaínos. Así, se manifiestan a favor de los aliados tanto la mayor parte de la burguesía vasca, como las organizaciones de izquierda moderada (socialistas, republicanos...), mientras que tradicionalistas y monárquicos, se declaran germanófilos. También hay bastantes germanófilos en las clases medias, especialmente en profesiones liberales: médicos, abogados y notarios, ingenieros, comerciantes y sacerdotes. En cambio, entre los carlistas y nacionalistas vascos, predominan los aliadófilos. Los carlistas se hallan divididos en dos tendencias: la liderada por Vázquez de Mella, germanófila, y la partidaria de Don Jaime, aliadófila, y mayoritaria, esta última, entre los carlistas vascos.

Carta de un germanófilo ilustre, D. Carmelo Echegaray, del 12 de nov. de 1918. Entonces hablaremos de todas las cosas que están ocurriendo en el mundo, y que son como para trastornar la cabeza más firme. Ahora es cuando, quitadas las máscaras, se verá lo que buscaban los defensores de la libertad independencia de los pueblos. Lo que a mí me duele es ver a nuestros nacionalistas haciendo el panegírico de Abraham Lincoln, y adulando a Wilson. Me repugnó siempre, y me repugna cada vez más, el papel de adulador del poderoso y triunfador. Es un papel que pugna con la nativa altivez e hidalguía del vascongado. Más que nunca me siento caballero de la desgracia y simpatizo con el Kaiser, quien se hace objeto de las campañas más violentamente injustas. Ref. Echegaray, C.: Cartas a D. Serapio Múgica, 1987, pp. 520-521.

En el nacionalismo vasco, existen también dos tendencias: la mayoritaria, que tiene su medio de expresión en el periódico "Euzkadi", dirigida por Engracio de Aranzadi, "Kiskitza", y la minoritaria, representada por Luis Arana, quien perderá en 1915 y precisamente por su posición pro-germánica, la presidencia de la Comunión Nacionalista Vasca (C. N. V.). En la prensa, la causa aliada contará con las simpatías de las publicaciones nacionalistas, socialistas, republicanas y liberales.

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Desde el principio de la guerra, la gran mayoría de intelectuales vascos se decantará y se manifestará del lado de los aliados. Así, en el Manifiesto de intelectuales del Estado español en favor de los aliados (julio de 1915), se encuentran varios intelectuales vascos como el pintor Ignacio Zuloaga -que llegará incluso a asistir en París a una cena de homenaje a los voluntarios vascos y de otras naciones del Estado español-, el escritor Ramiro de Maeztu -que actuó como corresponsal de guerra en el frente aliado, durante la guerra-, Miguel de Unamuno, Juan Madinabeitia, Luis Urrutia, Pérez de Ayala, etc. En cambio en el Manifiesto pro-Entente (germanófilo), sólo encontramos a Andoni Goikoetxea, aunque sabemos que hombres como Carmelo de Echegaray y otros fueron decididos germanófilos. D. Pío Baroja, por su parte, sin militar en el campo del Kaiser manifestó su distanciamiento del entusiasmo aliadófilo.

En el campo artístico vasco, son muchos los pintores y escultores que se decantan abiertamente por los aliados, siendo uno de los máximos exponentes la revista artística "Hermes", dirigida por Jesús de Sarna, con la colaboración de los artículos de Ramón de Belausteguigoitia y Pedro M. Michelena, con grabados y textos de artistas vascos, de Zuloaga y José Arrue, entre otros. Entre los artistas vascos aliadófilos, que participaron en varias exposiciones pro-voluntarios, como la celebrada en noviembre de 1917, bajo el nombre de "Catálogo Exposición de arte a favor de los legionarios españoles", están, entre otros: Alberto Arrúe, Ignacio Zuloaga, Valentín de Zubiaurre, Juan de Echevarría, José Arrúe, Anselmo de Guezala, Gonzalo Bilbao, Unturbe, Uría, Aurelio Arteta y Gustavo de Maeztu. Por otra parte, también se llegaron a organizar suscripciones a favor de los voluntarios, en las que participaron, entre otros: Miguel de Unamuno, Ignacio Zuloaga, Luis Urrutia, Antonio de Guezala, Esteban de Aguinetxe, Feli Lascaray, Juan Pérez de Ayala y Pío Ibarra.

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En este período, las compañías navieras bilbaínas lograron grandes beneficios, a causa del trato comercial con Inglaterra y el enorme tráfico portuario de Bilbao. Así, en 1917, nacerían nueve compañías navieras más. La flota mercante vasca suponía el 70 % del total estatal, con la mayor parte de sus unidades matriculadas en Bilbao. De entre todos los grandes navieros, destaca el nacionalista Ramón de la Sota, figura clave de la aliadófila y de la industria naviera. Gran beneficiario del tráfico marítimo -esencialmente, del transporte de mineral de hierro a Gran Bretaña-, mantuvo una relación muy estrecha con Inglaterra. Así, tras rechazar de Alfonso XIII un título nobiliario, Inglaterra le nombró en 1921 "Sir Knigh Commander of the order of the British Empire (Comendador de la Orden del Imperio Británico).

Pero también se perdieron muchos barcos y marineros vascos por acoso de los submarinos alemanes: así de 1914 a 1918 fueron hundidos 59 barcos vascos, lo que representa un 80 % del total estatal de barcos hundidos. Más de 125.000 toneladas se fueron al fondo del mar, llevándose las vidas de 68 marineros vascos. Entre los barcos mercantes hundidos de mayor tonelaje, se encontraban: el "Mendibil-Mendi", de 4.719 Tn., el "Telesfora", de 4.069, el 2 de noviembre, de 3.500, el "Mar Adriático", de 3.410, y el "Santanderino", de 3.340.

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Durante estos años de guerra, el nacionalismo vasco experimentará un crecimiento importante, que se incrementará notablemente a finales del enfrentamiento bélico. Las ganancias del sector naviero, encabezado por De la Sota, repercutirán en la organización nacionalista y ayudarán a estructurar y organizar mejor el partido, que cambiará de nombre en 1916, pasando a denominarse, C.N.V. (Comunión Nacionalista Vasca) en lugar de P. N. V. A su vez el nacionalismo vasco presentará dos programas: el programa máximo, consistente en la restauración de las "lagi zarra" (viejas leyes), abolidas en 1838, reivindicación que el delegado López Mendizábal, presentó en la Asamblea de las Nacionalidades Oprimidas, celebrada en Laussanne (Suiza), en 1916, y el programa mínimo, consistente en conseguir para Euzkadi lo que Catalunya había obtenido en 1913: la Mancomunitat Catalana, por lo que el Bizkai-Buru-Batzar de la C.N.V. elaboró un proyecto paralelo al catalán.

En el año 1916, se producirá una confluencia de intereses entre la oligarquía dinástica vasca y el sector del nacionalismo vasco, -cada vez más a la derecha-, representado por Ramón de la Sota. Sin embargo, esta connivencia entre nacionalistas vascos de derechas y monárquicos, acabará de golpe en los años siguientes de 1917 y 1918, a causa de la profunda crisis política que sacudirá al Estado español en estos años. Por otra parte, el nacionalismo vasco se verá estimulado en estos dos últimos años de la guerra por los 14 famosos puntos del presidente norteamericano Woodrod Wilson, partidario de un programa de autodeterminación nacional para las nacionalidades oprimidas.

Así, durante el último año de la guerra, se producirá un importante crecimiento del nacionalismo vasco, reflejado en las urnas con importantes victorias electorales, como las de febrero de 1918, con la consecución de 5 diputados por Vizcaya -de seis-. Una vez acabada la contienda internacional, y con la aparición de nuevos estados nacionales, el nacionalismo vasco cobrará nuevos impulsos, radicalizándose.

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Varias fueron las causas que propiciaron que unos centenares de voluntarios vascos se alistaran en la Legión Extranjera francesa en la Gran Guerra: en primer lugar, hay que tener en cuenta el ambiente pro-aliados que se respiraba en las diversas organizaciones republicanas, socialistas y nacionalistas, junto con la propaganda aliadófila desarrollada por estos partidos, que confluía con las simpatías de la mayor parte del pueblo vasco. A esto se añadía el prestigio de que gozaba la nación francesa, considerada, por entonces, por las fuerzas progresistas como la representante genuina de la libertad y la independencia, de los derechos democráticos, frente a Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, consideradas, por excelencia, como potencias militaristas y dictatoriales, opresoras de los pueblos.

Así, cuando Alemania invadió Bélgica y consiguió ocupar parte del norte de Francia, amenazando París, muchos vascos de diversas tendencias políticas, predominando sin embargo los que no procedían de ninguna organización política, se lanzaron presurosos a luchar por la defensa de los ideales amenazados que representaba Francia, amenazada por el imperialismo alemán. Otro factor importante: la defensa de los aliados de las nacionalidades oprimidas ajenas, propició también el alistamiento de varios nacionalistas vascos a nivel individual, sin la participación de ninguna organización nacionalista. ¿Cuántos fueron? ¿Cuántos llegaron a sobrevivir? Sabemos que apenas un 20 ó 25 % seguían vivos al final de la guerra, la mayoría de ellos viviendo en Francia. En cuanto a su número, a pesar de que solamente hayamos encontrado poco más de cien, debía oscilar entre dos o tres centenares, o tal vez algo más.

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Los voluntarios vascos acudieron a alistarse desde los mismos principios de la guerra, y desde diferentes lugares: Euskal Herria, Francia, especialmente de París y Lyon en dónde vivían varios inmigrantes y exiliados, e incluso de América y Norte de Africa.

En el París amenazado por los ejércitos alemanes, los vascos, al igual que otras colonias extranjeras, como catalanes, polacos, italianos, etc., se organizaron y se alistaron en bloque en la Legión Extranjera, único cuerpo militar francés en el que se podían alistar los extranjeros. Sin embargo, el grueso de voluntarios vascos, procedía de Hegoalde, alistándose la mayoría en el Consulado francés de Bilbo o al otro lado de la frontera, en Bayona.

La mayoría de voluntarios vascos aprendieron a manejar las armas, primero en el campo militar de entrenamiento de Bayona, y luego en la École d'Application de Tir del Camp de Valbonne (Ain). En la Legión Extranjera se alistaron voluntarios de más de 60 nacionalidades de los cinco continentes. Su número oscilaba en 1914-1915, en unos 16.000, de los que algo más de un 1 % eran vascos y cerca de un 20 % catalanes. La inmensa mayoría de los vascos pertenecía al Primer Regimiento de Marcha, y sus profesiones eran varias: mineros, obreros metalúrgicos, marineros, músicos, profesores, trabajadores de la construcción e incluso un licenciado en Filosofía y Letras. Asimismo la mayoría eran euskaldunes, a pesar de que muchos procedían de Bilbo, y en menor grado de Gasteiz e Iruña.

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La Legión Extranjera, compuesta por una de las mejores tropas de choque del ejército francés, sacrificada como carne de cañón, se batió siempre en primera línea con valentía y ardor, al precio de un elevadísimo número de bajas. Los voluntarios vascos salieron hacia el frente en septiembre de 1914 bajo las órdenes del mariscal Joffre, participando en la ofensiva del Marne, consiguiendo rechazar a los alemanes hacia la línea del Aise.

De hecho, será, sin embargo, en la primavera de 1915, cuando empezarán las grandes acciones bélicas de la Legión Extranjera: famosos fueron los combates cuerpo a cuerpo en mayo de 1915 en La Targette, en que llegaron a conquistar la estratégica cota 140, ganando cinco kilómetros en profundidad. De los 2.800 legionarios que participaron en el ataque, 1.200 murieron, entre los que se cuentan muchos vascos, como: Larrañaga y el cabo Casamajou. Belloyen-Santerre, tomada en julio, fue también tumba de varios combatientes vascos: Andrés, García, etc. Al año siguiente, entre el 21 de febrero y el 15 de diciembre, se produjo la sangrienta y larga batalla de Verdún, que ocasionó medio millón de muertos. En el mismo febrero fue enviado allí el Primer Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera, que logró romper las formidables defensas que los alemanes habían acumulado en el lado izquierdo del Meuse. Las bajas, como en cada combate, fueron muy elevadas, registrándose por lado vasco, entre otras, las de Expósito y León Pérez.

En el 1917, participaron también en la sangrienta ofensiva de Le Chemin des Dames, en el Oise, apoderándose del saliente de Auberive, contra el que hasta entonces habían fracasado todos los asaltos aliados. Aquí también, como en cada combate, quedaron para siempre bajo tierra, varios combatientes vascos, entre los cuales: Susperregui y Chavarría. En el último año de la guerra, los voluntarios vascos lucharán con bravura en Amiens, Soissons, Compiégne, Argonne, Saint-Baudry, Laffaux, Cachy, Montigny sur Marne, Arras... Y de nuevo en Verdún y Chemin des Dames, acudiendo a los frentes más duros y difíciles del norte de Francia. Las bajas vascas continuarán: Zarandieta, Arteaga, Arrieta, hermanos Ibarra, Larrare, Alfredo García. Diezmados, los voluntarios supervivientes siguieron acosando al ejército alemán en retirada, luchando en Alsacia-Lorena; en Colmar, Mulhouse..., para pasar luego el Rhin, adentrándose en el Palatinado alemán, permaneciendo allí algunos de ellos, una vez terminada la guerra el 11 de noviembre de 1918, como soldados en la Alemania ocupada.

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En abril de 1915, los aliados, deseando apoderarse de Constantinopla (Estambul), con la finalidad de tomar el estratégico estrecho de los Dardanelos, enviaron un cuerpo expedicionario, en el que figuraban tropas inglesas, francesas, australianas y neozelandesas bajo el mando de Sir Hamilton, que desembarcó en la Península de Gallípoli. En esta operación participaron también varias decenas de voluntarios vascos, integrados en el Primer Regimiento de Marcha de Africa, de la Legión Extranjera, de los que había varios que hacía ya meses que combatían en las trincheras del norte de Francia. El desembarco tuvo lugar el 25 de abril, y fue un absoluto fracaso pues sólo pudieron mantenerse en dos pequeños enclaves: Sedd el Bahr y bahía de Suvia, a base de sacrificar miles de vidas humanas: 180.000 soldados aliados muertos por 66.000 turcos, de abril hasta principios de enero de 1916, en que las últimas tropas aliadas evacuaron la Península de Gallípoli.

De 1916 a 1918, las tropas supervivientes, más otras nuevas procedentes de Francia, constituyeron el Ejército de Oriente, luchando en el frente de Salónica, en donde murió Chavarría en 1916. Hasta septiembre de 1918 no conseguirán romper el frente, penetrando por Macedonia, Bulgaria y Servia, recuperando las ciudades de Nis y Belgrado. Algunos voluntarios, siguiendo el Danubio, llegarán hasta el puerto de Odessa, en Ucrania. La mayoría de los voluntarios vascos optó, sin embargo, por volver a Francia, reintegrándose al Primer Regimiento de Marcha, llegando todavía a tiempo para participar en la batalla de Soissons.

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Desde un principio, vascos y catalanes se encontraron y relacionaron en los campos de entrenamiento militar franceses de Bayona, Toulouse, Orleans, Lovoy, etc. , de donde salieron hacia el frente. La amistad entre vascos y catalanes, fructificó en la convivencia de las trincheras, al calor de los asaltos a la bayoneta y en los largos silencios, en la vida cotidiana. Tanto en la lucha como en el reposo, solían estar cerca unos de otros. A menudo, avanzaban, a bayoneta calada, al grito de ¡Vive la France! ¡Gora Euskadi!, unos, y de ¡Vive la France! ¡Visca Catalunya!, los otros. Muchos voluntarios vascos llegaron a hacer una gran amistad con voluntarios catalanes, y atacaban y se defendían junto a ellos, como es el caso de Hernán Bengoetxea, Inocencio Andrés, Betiri Otxoa, Chavarría, Fermín Estella, etc. Incluso, algunos vascos, a resultas de la convivencia con los catalanes, llegaron a dominar correctamente el catalán, como es el caso de Francisco Charralde.

Los catalanes contaban con una organización de solidaridad: el Comité de Germanor amb els Voluntaris Catalans, que a menudo, enviaba paquetes de ropa, libros, periódicos, tabaco, etc. Además había creado un "Madrinatge de guerra", a través del que muchos voluntarios catalanes mantenían correspondencia con una "madrina", que a su vez les mandaba varios suministros. Así, muchos vascos llegaron a tener su "madrina" catalana, de la que recibían varios envíos al año. Por otra parte, este Comité disponía a su vez de centros en Francia, destinados para ayudar y alojar a los permisionarios catalanes de los que se beneficiaron varios voluntarios vascos.

En cuanto a acciones conjuntas en las que participaron vascos y catalanes, abundan a lo largo de toda la guerra, como consta por el testimonio de Chavarría, en la tarjeta postal, dirigida al Dr. Joan Solé i Pla, presidente del Comité de Germanor, y amigo de varios voluntarios vascos:

"...Entre las catalanes y varios voluntarios vascos, buenos jugadores de pelota, se demostró aquel día, a las filas alemanas que, entre los soldados que luchan por Francia, los hay que saben lo que hacen. Casi todos los aprendices que había en la escuela de Levoy, eran voluntarios catalanes y vascos, siendo todos ellos unos excelentes maestros...".

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De entre diversas cartas y documentos escritos por combatientes vascos acerca de la guerra, tenemos la carta de José Peroneille Gorritxategui, de Arrigorriaga:

"En el frente, 9 de mayo de 1918. El 26 de abril, a las cinco de la mañana, se encaminó hacia el bosque de Hangard, la Legión como un solo hombre, porque si nuestro Regimiento se compone de individuos procedentes de todo el mundo, sólo rige un ideal: "La Justicia y el Derecho", de manera que lo anima una sola alma. La marcha era regular, en guerrillas desplegadas, frente al fuego de la artillería enemiga. Cinco minutos más tarde, una salva saludó a los héroes que sacrificaban sus vidas por la salvación del mundo entero. Y a partir de este instante, más de sesenta ametralladoras alemanas segaban las líneas de legionarios. Estos no refrenaron, sin embargo, por un solo momento, su avance metódico y rápido. El valor, la tenacidad y el propósito de vencer a un enemigo muy superior en número, unidos al esfuerzo personal de cada soldado, lograron su recompensa. Avanzamos un kilómetro, hicimos unas docenas de prisioneros y tuvimos un tanto muy elevado de pérdidas. Con nuestra ofensiva victoriosa impedimos un nuevo ataque enemigo que le hubiere valido la conquista de Amiens...".

Este otro fragmento de carta, nos describe el desembarco de los voluntarios en la península de Gallípoli en la Turquía europea:

"El 27 de abril de 1915, una gran cantidad de transportes, llenos de soldados, cañones y demás material, acompañados por las escuadras que habían intentado forzar el estrecho, se acercaban a las puntas que configuraban la entrada del difícil paso, por donde los turcos y los ingenieros alemanes habían tenido tiempo de construir terribles fortificaciones, con numerosas baterías. Al desembarcar las Compañías, en donde servían nuestros compañeros, nuestros hermanos de raza, se encontraron con unas huestes turcas tan numerosas que parecían un hormiguero; sus cañones y ametralladoras tiraban sin parar sobre las embarcaciones que desembarcaban a los soldados. Al tiempo que la artillería de la escuadra aliada, les regaba con metralla. Al fin, tirándonos al agua, y entrando tierra adentro, desde la playa, con las puntas de las bayonetas nos los sacudimos de encima, y pudimos colocar los cañones y ametralladoras, consiguiendo así protegernos, cavando trincheras y avanzando a continuación..."

Y, por último, un fragmento del testimonio de Antonio González, criado en Bilbao:

"...El día cuatro, por la tarde, nos toca a nosotros atacar. Nos encontramos en un barranco, y debemos franquear un espacio de terreno llano de un kilómetro. El enemigo había sembrado aquellas tierras con el ánimo de recoger las mieses pero los trigos que parecían destinados a convertirse en pan K. K., sirven para que los atacantes marchen ocultos, con lo cual no son tan mortíferas las ametralladoras enemigas tan tan grandes las pérdidas aliadas.

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A pesar de que los soldados vascos no eran muy numerosos, sí que destacaron por su entrega y coraje, por lo que muchos de ellos consiguieron las condecoraciones más altas, logrando ascender en gran número desde el escalafón de soldado raso -en que se encontraban los extranjeros al ingresar en la Legión-, al grado de suboficiales, de cabo y sargento, e incluso al de capitán, como es el caso de José Martínez, de Gasteiz.

José Martínez, de Gasteiz, consiguió ascender en poco tiempo, de soldado raso a capitán. La Legión de Honor, máxima condecoración francesa, la consiguió tras dirigirse el 21 de abril de 1917, con un grupo de voluntarios vascos y catalanes compuesto por 17 soldados, a las líneas enemigas, para dar un "golpe de mano". A pesar de ser herido, por dos veces, en el curso de la acción, continuó el ataque, y volvió a las filas de su Compañía con 150 prisioneros alemanes, entre los que había cuatro oficiales.

José Aramberri, de Donostia, consiguió, a su vez, la Cruz de Guerra con Palma, en una acción el 16 de junio de 1915 en Souchez. Aislado de su Compañía, avanzó con su sargento y algunos soldados más hacia la cota 123, en las posiciones de primera línea. Allí dio prueba de un gran coraje y entereza al sostener durante 48 horas un violento combate con granadas contra los alemanes, ocupando una trinchera a 30 pasos de ellos. A pesar de resultar herido, continuó lanzando granadas, defendiendo la trinchera conquistada hasta su agotamiento final. Resultó herido grave en una pierna y en un ojo.

Entre muchos otros que fueron ascendidos o que fueron condecorados por sus actos heroicos y ejemplares, destacan: 1.° El teniente Alfredo Santalla Estrella, "oficial cuya energía, ardor en la lucha y valentía ante el peligro, es admirado por todos" (citación oficial). 2.° El sargento Hernán Bengoetxea, que escribía el euskera correctamente, considerado por las autoridades militares francesas como un "héroe vasco". 3.° Francisco Beascoechea, Cruz de Guerra, conseguida en la batalla de Saint Waast, el 5 de mayo de 1915, por su comportamiento heroico. Resultó herido de gravedad y le tuvieron que amputar la pierna izquierda. 4.° El minero de Santurtzi, Inocencio Andrés, que puso su vida en peligro en varias ocasiones por salvar la de sus compañeros. Y muchos otros combatientes condecorados por su comportamiento militar, como Rafael Eraso y A. Aibar, condecorados con la Cruz de Guerra.

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Hallándose en los archivos los nombres de 123 voluntarios vascos, tendríamos que multiplicar esta cifra posiblemente por dos o por tres para aproximarnos al número real.

Balance de bajas de los voluntarios conocidos
Sobre 123 soldados vascos82 (66,66% con datos)
82 (66,66% con datos)
De los 82 con datosMuertos y desaparecidos40 (48,78%)
Mutilados-heridos graves16 (19,51%)
Heridos6 (7,31%)
Desertores4 (4,87%)
Supervivientes 16 (19,51%)

Así podemos constatar que el número de bajas experimentado, 75,60 %, entre muertos y desaparecidos, heridos, heridos graves y mutilados y si le añadimos 8 voluntarios del grupo de los supervivientes, que también fueron heridos, el porcentaje de bajas alcanza el 85,35 %, con lo que equivale a la media de bajas que experimentó la Legión desde agosto de 1915 a abril de 1985. Por otra parte, cabe señalar, entre los heridos vascos, el alto porcentaje de mutilados que da testimonio de la fiereza de los combates, aumentado con el uso de las nuevas armas mortíferas.

En cuanto al origen geográfico de los voluntarios vascos, como podemos observar en el mapa, de los 61 voluntarios de que disponemos datos locales o provinciales acerca de su origen geográfico, un número considerable procede de Vizcaya (24), destacando Bilbo con 16, 4 Arrigorriaga, y uno Gernika, Durango y Santurtzi. Luego le siguen Guipúzcoa, con 13, de los que 3, en Donosti y Bergara, 2 en Irún, y uno en Zarautz y Hernani. De los 12 voluntarios navarros, solamente hemos encontrado el origen local de dos: uno de Iruña y otro de Barasoain. Paradójicamente, hemos encontrado 10 voluntarios de Iparralde, lo que contrasta con el elevadísimo porcentaje de insumisos y desertores en las tres provincias de Iparralde. Posiblemente las otras 63 localidades que desconocemos, reforzarían Bilbo, y las ciudades próximas, situadas cerca de las desembocaduras de las rías, de la Vizcaya industrial, junto con otras nuevas localidades, en su mayoría, de mediana o grande población, esparcidas por Vizcaya o Guipúzcoa, y Navarra, incrementando también el número de sus capitales. Y probablemente alguno más de Gasteiz y de alguna otra población alavesa.

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En la imposibilidad de reproducir todos los datos que conocemos de los 110 voluntarios vascos, hemos escogidos aquéllos que tuvieron una actuación más destacada:

Betiri Otxoa: trasladado a Francia desde pequeño, se alistó el 26 de agosto de 1914. Primer Regimiento de Marcha de La Legión Extranjera. Mantuvo una gran amistad con el periodista voluntario catalán Melcior Ferrer.

José Martínez: de Gasteiz. Uno de los voluntarios más destacados. Herido en varias ocasiones, ascendió en poco tiempo por su extraordinario coraje y valentía, de soldado raso a capitán. Le fue concedida la máxima condecoración, la Legión de Honor. Fue muy amigo del Dr. Solé i Pla, alma de los voluntarios catalanes y presidente de Unió Catalanista. Después de la guerra trabajó como director en una oficina francesa de Turismo.

Antonio León: medalla de identificación n.° 17.217. Originario de Iparralde. Destacó por su valentía y su audacia, lo que le valió acceder al grado de capitán. Participó en la expedición de los Dardanelos y en la de los Balcanes.

León Pérez: de Bilbo. Medalla de identificación n.° 42.974. Nació el 8 de diciembre de 1892, y se enroló en 1914 en Lyon. Ascendió a cabo, fue herido en varias ocasiones y obtuvo diversas citaciones, ganadas en acciones de combate. Murió en Cumières el 20 de enero de 1918. Cruz de Hierro y Palma.

José M. Aramberri: de Donostia. Medalla de identificación n.° 24.651 . Excelente soldado. Citado en varias ocasiones en el "Journal Officiel". Herido gravemente el 16 de junio de 1915. Cruz de Guerra palmeada.

Hernán de Bengoetxea: De origen vizcaíno. Estudió en París y Colombia. Poeta y escritor. Se enroló en los primeros días de la guerra. Considerado "héroe vasco" por las autoridades militares francesas, destacó por su entrega y bravura en diversos combates. Murió en Arras el 9 de mayo de 1915. Cruz de Guerra y Medalla Militar.

Alfredo Santalla Estrella: de Navarra. Primer Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera. 10.a Compañía. Soldado de un gran coraje y valentía. Fue citado en numerosas ocasiones. Llegó a teniente y obtuvo la máxima condecoración, la Legión de Honor.

Antonio González: Nacido en Zamora en 1880 y vecino de Bilbo desde 1900. Minero. Se alistó en Bayona en septiembre de 1914. Excelente soldado. Destacó en varios combates. En 1917 viajó a Estados Unidos, junto con otros delegados de la Legión que se entrevistaron con el presidente Wilson. Cruz de Guerra y Medalla Militar.

Francisco Beaskoetxea: Natural de Arrigorriaga (Vizcaya). Comportamiento heroico en la batalla del 9 de mayo de 1915. Tuvieron que amputarle una pierna y un brazo. Medalla Militar y Cruz de Guerra.

Rafael Eraso: Nacido en Euskadi el 11 de septiembre de 1886. Citado en varias ocasiones por su coraje y bravura. Llegó a sargento. Matrícula n.° 26.525. Murió gloriosamente en las trincheras de Tilloy el 14 de mayo de 1915. Cruz de Guerra y Estrella de Bronce.

Inocencio Andrés: de Santurtzi. Se alistó en los primeros días de la guerra. Minero. De extraordinario valor y espíritu de sacrificio. Murió en Belloy-en-Santerre el 11 de diciembre de 1916. Cruz de Guerra.

José Peronelle Gorritxategui: de Arrigorriaga (Vizcaya). Maestro. Matrícula n.° 27.686. Camillero, de gran audacia. Medalla Militar. Superviviente.

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Durante el año 1917 aparecieron en el ejército francés varios motines y crisis de indisciplina de carácter colectivo, sobre todo en la zona entre Soissons y Reims, y del oeste de Soissons y éste de Reims hasta el frente de Lorena, en donde se encontraban los batallones de la Legión Extranjera. Esta insumisión entre los soldados fue provocada por el gran cansancio de la guerra y el gran desastre de la ofensiva de Chemin des Dames: 271.000 bajas francesas. Estos motines tuvieron más bien un carácter de rechazo a volver a primera línea aunque varios batallones de soldados desfilaron, blandiendo banderas rojas, cantando La Internacional y dando vivas a la paz.

En tales circunstancias, de prolongación de la guerra y de ofensivas descabelladas con enormes pérdidas humanas, no es nada extraño que los legionarios extranjeros, que siempre estaban en primera línea, fuesen sensibles al clima de descontento y de rebelión, desencadenados en el ejército francés. Así, entre los soldados vascos, hubo varios, también, que tomaron actitudes de rebeldía que se manifestaron en deserciones y autolesiones. De los cuatro desertores vascos que nos consta, tres obedecían a este movimiento de protesta. La situación de indisciplina que reinaba entre los legionarios, la intentaron resolver las autoridades militares por medio de la publicación de mensajes dirigidos a los "Engagés Volontaires", para recordarles la finalidad de su alistamiento, haciendo constar que ya estaba próximo el día de la libertad.

A pesar de ello, algunos vascos abandonaron el frente, al igual que otros voluntarios de otras nacionalidades. Un frente, que hacía tiempo se había convertido en un infierno insostenible. Tales fueron los casos de: Cruz-Taberna, antiguo marinero que, después de desertar, encontró un trabajo de vendedor de libros. Fermín Estella, navarro, antes desertor del ejército español. Se comportó valientemente y con entereza en diversas acciones de ataque. Y Urtuzu, un minero fuerte y decidido, que también luchó bravamente hasta que desertó.

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De los 16 soldados vascos supervivientes -según nuestros datos-, que representan un 19,51 % del total, habría sin duda que añadir los desertores y la mayoría de mutilados y heridos graves, con lo que la cifra real de supervivientes sería de 32, con un porcentaje de 39,02 %, es decir, algo más de un tercio. Que posiblemente tenga que multiplicarse por dos o tres, para acercarnos al número real. La mayor parte de los supervivientes vascos se quedaron a vivir en Francia, volviendo también muchos a Euskadi.

Mikel Huertas, se quedó en París, en donde se hizo cargo de un café-bar. Hilario Sanmartín, se quedó también a vivir en París, al frente de un establecimiento de tarjetas postales. Franzizko Beaskoetxea, mutilado de guerra, también escogió la misma capital para vivir. Robi, se casó con una joven parisiense de buena posición. Y Lekerika fijó su residencia igualmente en la capital francesa.

Volvieron a Euskadi: el capitán José Martínez, que pasó a trabajar como director de unas Oficinas de Turismo francés. Juan Alonso, licenciado en marzo de 1919, volvió a Euskadi, en el verano del mismo año. José Peroneille Gorritxategui, trabajó un tiempo en Barcelona antes de volver al País Vasco. J. E. Saralegui, al finalizar la contienda se hallaba de permiso en Perpignan, y luego volvió a su país, como también lo hizo Franzizko Charralde Aguerrizábal, de Bergara.

En cambio, desconocemos el camino que tomaron otros vascos supervivientes, como Ildefonso Uranga, licenciado en el 18, Cirilo Ortega, licenciado a mitad de la guerra, a causa de unas heridas muy graves, al igual que Angel Korta, Carlos Díez, licenciado en el 1919, Eli Loroño, el cual no dejó la Legión hasta el año 1925, y el bravo teniente navarro, licenciado en 1919, Alfredo Santalla Estrella.

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El 27 de junio de 1916, daba comienzo en Lausanne (Suiza), la Tercera Conferencia sobre las Nacionalidades con presencia de diversas naciones sin Estado, como: Albania, Armenia, Catalunya, Euskadi, Finlandia, Georgia, Irlanda, Letonia, Lituania, Rusia Blanca, Serbia, Tartaria, Ucrania, etc. En esta Conferencia se aprobó una Declaración sobre el derecho de las Nacionalidades a disponer de sí mismas, a su derecho a la autodeterminación. La delegación vasca, sin embargo, representante del C. N. V., y presidida por López Mendizabal, después de realizar una introducción acerca "del comienzo del renacimiento de la nacionalidad vasca", y del euskera, pasó a exponer la reivindicación del CNV, consistente en la restauración de las "legi zarra", las viejas leyes abolidas en 1839. Esta era la realidad del nacionalismo vasco por entonces; aún joven, sin una maduración política y sin sintonizar con las exigencias de las reivindicaciones de los movimientos de liberación nacional europeos.

Asimismo a finales de 1917, otra comisión del CNV, de acuerdo con el programa mínimo se desplazó a Versalles para presentar a los presidentes de Inglaterra, Francia, Estados Unidos e Italia, una petición de autonomía para Euskadi, que resultó infructuosa. Será a principios de 1918, con la aparición de los "14" puntos del presidente norteamericano, Woodrod Wilson, con un contenido favorable a la emancipación de los pueblos oprimidos, cuando el nacionalismo vasco experimentará una cierta ebullición, que poco más tarde, coincidiendo con el fin de la guerra y el surgimiento de nuevos Estados nacionales en Europa, se radicalizará, afirmándose ya como la primera fuerza política de Euskal Herria, activando sus reivindicaciones de cara a conseguir nuevas parcelas de soberanía nacional.

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A juzgar por las operaciones militares, la historia diplomática, la guerra económica, las técnicas, las mutaciones sociales, no se terminaría de aclarar a qué épocas pone fin la guerra del 14 o a qué nuevas edades abre el camino. Incluso se ha dicho por un historiador americano que se trataba simplemente del nacimiento de la nación francesa. Eugen Weber "Peasants into Frenchemen, 870-1914" (Standford 1976) pretende que la conciencia nacional en Francia ha nacido de la desintegración acelerada del mundo rural que se operó especialmente entre 1870 y 1914. Sigue con minuciosidad los progresos, lentos, del francés como lengua nacional, sobre todo en el Oeste, el Centro y el Sud-Oeste. Analiza los factores de integración, la escuela y también el servicio militar. Las leyes uniformadoras sobre el reclutamiento de 1872 y 1889 han jugado un papel decisivo: aunque el reclutamiento regional limita la mezcla, se crea todo un folklore en torno a los reclutas y sean de donde sean, a su vuelta, cantan canciones de taberna o patrióticas en francés.

"Tourangeaux, Picards, Béarnais,
Quel que soit le nom qu'on vous donne
L'armée est la grande patrone
Qui vous baptise tous français".

[Turangeses, picardos y bearneses, / sea cual sea el nombre que se os dé, / el Ejército es el gran patrón / que os bautiza a todos como franceses]. Dice el capitán de la canción del Dérouléde al recluta. A lo que responde el soldado vasco:

"Heidu girenean, denborak eginik
Bazterrak ikusirik, frantsesa jakinik".

[Cuando volvimos, transcurrido el tiempo, habíamos conocido mundo y aprendido francés].

Para muchas regiones, según Weber, esto no terminó en 1914 y es la guerra la que va a dar el golpe de gracia a las costumbres y los modos de vida tradicionales de las regiones.

Sin duda, hay que ser menos categórico que él. Como los dirigentes de la III República, que perseguían a todas las lenguas que no fueran el francés en el hexágono y en las colonias, Weber mide el nivel de conciencia nacional estrictamente por la extensión del idioma nacional único y asimila a los "patois" a frenos y fuerzas retrógradas. Pero el sentimiento de pertenecer a una comunidad más vasta y la aceptación del Estado que se dieron permitían muy bien prescindir del conocimiento de la lengua francesa.

No es menos verdadero que la división de Europa en Estados-naciones aparece hoy como algo tan natural e ineluctable que se olvidan fácilmente las resistencias encontradas para el desarrollo del sentimiento nacional en Francia, y que el libro de Eugenio Weber ha venido inútilmente a recordar que nuestro hexágono no es más que un mosaico reciente de regiones y de naciones. Si se admite que sólo el presente da un sentido al pasado, no se hará uno de rogar para releer algunas páginas de nuestra historia, y cuando no estén escritas, para intentar hacerlo.

El primer s. XX ha tenido en tan pobre estima todo lo que no había accedido al estadio de la formulación escrita y de la actividad analítica, el saber tradicional estuvo tan desvalorizado frente al conocimiento institucional y la enseñanza, que se ha empequeñecido y se han olvidado muchos detalles. Muchos aspectos de esta guerra han caído en el olvido, especialmente en el País Vasco, y esto tanto más fácilmente cuanto que, convertidos en vergonzosos e inconfesables, la memoria colectiva ha intentado borrarlos y la tradición oral los ha hecho casi desaparecer. Pero la guerra vivida por los combatientes, la que han vivido las poblaciones, tiene también su historia. Esta historia, diferente a la Gran Historia, tiene también su cronología propia, sus dramas, sus tiempos muertos. En este artículo intentemos encontrar la de la mayoría de los vascos de Iparralde.

JAG

"Si las circunstancias lo exigen, os levantaréis con toda vuestra energía y todo vuestro valor para salvaguardar la independencia de la Nación y la integridad del territorio, para proteger nuestros hogares, nuestras libertades, la República".

En estos términos se dirigía Joséph Garat, alcalde de Bayona, a sus conciudadanos, en las columnas del "Courrier", el 1 de agosto de 1914. El llamamiento fue ampliamente recibido en Bayona, que vivía entonces el clima de todas las grandes ciudades de Francia y que ha sido descrito tantas veces: entusiasmo nacional, confianza en la victoria tras una guerra corta, etc.

El alcalde, a pesar de todo, había autorizado, contra la indicación del prefecto, un mitin organizado el 30 de julio por la Bolsa del Trabajo para protestar contra la guerra. No tendrá -decía- ninguna importancia y el impedirlo sería dársela. El 29 de julio, hacia la siete de la tarde, en la plaza de la Libertad, el doctor Elosu, Brion, Dupont y Cazade, que distribuían octavillas, fueron rodeados por una muchedumbre hostil que los abucheaba. La Policía hubo de intervenir para liberarlos y a cambio prometieron renunciar al mitin. A pesar de esto, hacia las nueve de la noche, alrededor de 400 personas se reunieron ante el domicilio del doctor Elosu para recriminarle. Una cuarentena de miembros de la Bolsa de Trabajo acudió para replicar a los gritos de "¡Abajo la guerra!". La "Internacional" respondió a la "Marsellesa" y hubo algunas escaramuzas. Al mismo tiempo la música del 49 Regimiento daba su concierto habitual en la plaza de Armas. La "Marsellesa" y el "Canto del Adiós", ejecutados por petición expresa del alcalde, provocaron desbordamientos de entusiasmo y 200 jóvenes se fueron a cantar la "Marsellesa" ante los Consulados de Inglaterra y Rusia. Se dispersaron hacia las once sin más incidentes.

Los espíritus estaban preparados para la guerra. No habría ningún problema. En los días que siguieron, Brion, inscrito con el carnet B, se integraba normalmente a su cuerpo. (El carnet B preveía el arresto preventivo, en el momento de la movilización, de los individuos antimilitaristas y jefes sindicalistas, considerados peligrosos para la defensa nacional: 2.501 nombres. Malvy, ministro del Interior, no mandó proceder a estos arrestos. Todos los internacionalistas y antimilitaristas que el Alto Mando había temido y que le habían hecho temer entre un 10 y un 15 % de deserciones el primer día, se habían incorporado a sus unidades.

Por el contrario, la población estaba mucho menos caliente en la zona rural, muy particularmente en el País Vasco. El subprefecto de Mauleón señalaba el 29 de julio al prefecto:

"preparativos de éxodo hacia la frontera española de numerosos jóvenes deseosos de escapar a la movilización".

Pedía que se reforzara la vigilancia de la frontera. Le escribió de nuevo el 31 de julio para expresarle sus temores:

"ante la incapacidad de la mayoría de las municipalidades del País Vasco" y "el estado de ánimo de las poblaciones y, sobre todo, de las que se denominan clases dirigentes, que es en general lamentable"... Para concluir que "el impulso patriótico que terminaría ciertamente por arrastrar al pueblo si tiene ante los ojos un ejemplo mejor, no está a punto aún".

Los temores del Alto Mando referentes a los antimilitaristas resultaron desprovistos de fundamento y los manuales no han conservado más que la fleur au fusil de París y de las grandes ciudades; pero el campo estaba lejos de mostrar entusiasmo. Sin embargo, la movilización se realizó sin problemas, aunque hubo deserciones allí donde la situación geográfica las hizo posibles. Un alto funcionario del Ministerio del Interior habla de:

"un 2 % de deserciones, procedentes casi en su totalidad de los departamentos fronterizos del Sur" (Henry Maunoury, "Police de Guerre", París, 1931).

Esto no resultó una sorpresa. El militarismo seguía siendo todavía un producto urbano y el mando lo sabía. En particular, la oficina de reclutamiento de Bayona conocía bien esta insumisión en la primera región de emigración del Estado francés y las autoridades no habían dejado de denunciar esta emigración vasco-bearnesa como una voluntad de escapar al servicio militar. Esta insumisión, que es ante todo un fenómeno pirenaico (Béarn, Ariège, Roussillon la conocían también), tiene empero, un carácter vasco.

En efecto, de 1818 a 1855 y de 1868 a 1872, el servicio militar (primero seis años, luego siete en el Ejército activo) fue obligatorio, pero no personal, sino que se basó en un sorteo surgido del derecho de reemplazo. Pero mientras se desarrolla por todas partes un comercio del reemplazo perfectamente organizado en agencias, que drena a los jóvenes de las regiones menos favorecidas, es chocante que el País Vasco no proporcione apenas reemplazantes. Bernard Schnapper (Le remplacement militaire en France, París-Sevpen, 1968) afirma que la:

"emigración ha afectado más al País Vasco que al Bearne, a la inversa que el reemplazo militar".

Aunque la ley de reclutamiento de 1889 suavizó un tanto las condiciones (en su famoso art. 50 se dispuso que los jóvenes establecidos fuera de Europa antes de los 19 años podrían dispensarse del servicio mientras estuvieran fuera y que si volvían después de los 30 años sólo se verían sometidos a las obligaciones de los de su clase), la insumisión y sus efectos retrocedieron un tanto, aunque su nivel siguió siendo preocupante.

Con la ley de 1905, que suprimía todas las dispensas, incluidas las del art. 50, volvió a crecer de modo inquietante. En 1913, en vísperas de la guerra, y en un clima de tensión nacionalista suscitado por la adopción de la ley de los tres años, el cónsul de Francia en San Francisco estimaba que, al menos dos tercios de los franceses establecidos en California eran insumisos, y que, según sus informaciones, la proporción era aún mucho mayor en México. Recomendó que, para recuperar hombres, se restableciera dicho art. 50.

La insumisión y después la deserción iban a ser, desde el principio de la guerra, en el País Vasco, la preocupación constante de las autoridades y tema de muchas conversaciones.

JAG

Transcurridos los plazos para alistarse, las Alcaldías se llenaron de muchas listas infamantes con nombres y apellidos y llamamientos dirigidos a los insumisos del cantón. En el País Vasco son impresionantemente extensas. Muchos, evidentemente, partieron para América mucho antes; muchos otros ya eran insumisos antes de 1914 y siguieron siéndolo al declararse la guerra, puesto que se hizo el llamamiento hasta la quinta de 1887 e incluso anteriores, en la reserva del Ejército Territorial. Otros habrían fallecido ya, como lo atestiguan las puestas al día y otros datos que se aportaron para que los alcaldes borraran de las listas a los familiares muertos. Muchas familias utilizaron subterfugios para tachar sus nombres y los prefectos hubieron de exhortar a los alcaldes a que compulsaran las listas. Otros habían marchado a América, tras haber cumplido sus obligaciones militares, pero no habían terminado de pagar su pasaje.

Hemos visto ya un importante movimiento de huida a España inmediatamente antes de la declaración de la guerra y en los primeros días de la movilización. Muchos pasaron la frontera antes del llamamiento concreto de clase o antes de la revisión de reclutas que se hacían cada vez más severamente, de modo que al cabo de cinco o seis revisiones se llegaba a incorporar al 94,4 % de los inscritos, como ocurrió con la quinta de 1917. Pero los reclutamientos se sucedían de continuo porque la guerra devoraba vidas. La quinta de 1915 fue llamada en diciembre de 1914; la del 16, en abril de 1915, etc.

Muchos atravesaban la frontera una vez diluidas todas las esperanzas de quedar libre de servicio. Los informes prefectorales estiman que alrededor de un tercio del número total de insumisos huyó después de la movilización. El sub prefecto y el prefecto se agitan, reclaman que se refuerce la vigilancia de la frontera e, inquietos por las desastrosas noticias que publicaban los diarios "Pueblo Vasco" o "Euzkadi" de Hegoalde, tachados de germanófilos, piden que la emisora de la TSF de la Torre de Eiffel difunda todos los días un comunicado en español en dirección a San Sebastián. Durante este tiempo el Boletín del Ejército dedica un artículo a "Nuestros soldados vascos" (3 de septiembre de 1914), que afirma de entrada: "El vasco francés es más francés que español el vasco español", ello antes de enumerar, desde la guardia de César Augusto hasta los cazadores vascos de Harispe, pasando por el Royal Cantabre, el Coursic y el Renaud de Elissagaray, "las pruebas clarísimas de su constante lealtad y su valor". Recordará, en 1915, que "Rosalie" ha nacido en Bayona por una carga heroica de vascos privados de municiones y alabará la conducta edificante de Chiquito de Cambó.

JAG

Con los primeros permisos aparecieron las primeras deserciones. Los capitanes del 18 Cuerpo del Ejército ¿tuvieron que rechazar a muchos fugitivos cuando los terribles reclutamientos de la batalla de las fronteras? ¿Se vieron obligados a cumplir la orden n.° 11 de Joffre de "si se encuentran fugitivos serán capturados y pasados por las armas"? El 10 de agosto de 1914 un decreto "confidencial" había concedido a la autoridad militar el derecho de trasladar directamente y sin instrucción previa a los acusados ante el Consejo de Guerra y ejecutar las sentencias de muerte bajo reserva de dar cuenta de ello. El diario de Marchas y Operaciones de la Capitanía habla con insistencia de "constituir barreras para conducir a los fugitivos al combate". Pero no dice más. En el mes de diciembre de 1914 un hombre fue pasado por las armas "por haber hecho señales al enemigo", y, en enero de 1915, los efectivos de la Capitanía se aumentan en 30 gendarmes.

El problema era siempre que cierto número de combatientes, después de cumplir su permiso, no se habían incorporado a su puesto y muy especialmente en los cantones fronterizos de los Pirineos. Es así como, aparentemente, desertaron los vascos. El terrible año de 1915, que dio un saldo de 450.000 muertos en vanas ofensivas, suscitó mucho miedo y muchos atravesaron la frontera. En marzo de 1915 el prefecto sugirió que se suspendieran los permisos y que se controlara la correspondencia que, escrita en euskera, contenía explicaciones alarmistas. Si es necesario habrá que exigir que todos escriban en francés. El general que manda el 18 Cuerpo del Ejército piensa, todavía en julio, que sería inoportuno suprimir los permisos de los contingentes vascos, porque esto podría crisparles. Pero a lo largo del verano las dificultades de la búsqueda de desertores condujeron al jefe de Estado Mayor, general Graziani, a reclamar esta suspensión sea como sea para la región pirenaica "o al menos para los Bajos Pirineos y los Pirineos Orientales".

En octubre de 1915 decide prohibir que los soldados de permiso, heridos o convalecientes, puedan disfrutarlo en los cantones fronterizos de los Bajos Pirineos, aunque hayan nacido allí o tengan allí la familia o su residencia habitual. Esto concierne a los cantones de San Juan de Luz, Ustaritz, Espelette, St. Etienne de Baigorry, St. Jean-Pied-de-Port, Tardets, Aramits, Accous, Larruns. Los soldados deberán disfrutar su permiso en otros cantones. Este medida se extendió a fin de año a la frontera italiana y después a la suiza. La huida hacia el Estado español para estos hombres es cosa fácil, no un salto a lo desconocido. Las relaciones familiares por encima de la frontera son aún muy frecuentes. En el País Vasco peninsular encuentran muy pronto trabajo y apoyos. El secretario de la Alcaldía de Valcarlos, llamado Marcos, proporcionaba papeles con facilidad, así como Leandro Goieneche, de Elizondo, antiguo agente de emigración, que procuraba papeles y pasajes para América a quienes querían y tenían posibilidades. De todas maneras, esta huida se inscribe en una larga tradición de emigración: saben que van a encontrar al otro lado del Pirineo un hermano, un cuñado, un tío, un vecino...

JAG

Por cada 15 insumisos hay una media de un desertor, pero a todos se los denomina así: desertores. En diciembre de 1914, ante la envergadura del fenómeno de las insumisiones, el prefecto sugiere a los Ministros de la Guerra y del Interior, para limitarlo, que destine los contingentes vascos a Marruecos:

"Es posible que una agencia de deserción muy hábilmente organizada en el otro lado de la frontera haya atraído a estos soldados. Pero su deplorable resolución puede explicarse mejor todavía por esa mentalidad especial que hace que muchos vascos consideren que no tienen otra patria que el rincón de tierra que los ha visto nacer... Convendría elegir muy particularmente, si no exclusivamente, los elementos destinados al mantenimiento de nuestra situación en Marruecos, entre los hombres del País Vasco.. . Serían buenos, sin duda alguna y con sus cualidades de resistencia y obstinación harían muy buena figura... En segundo lugar, no es dudoso que la mayoría de ellos, una vez terminada su misión militar, se quedarían en nuestra nueva colonia... y conseguiríamos así reprimir esta fuerte corriente de emigración que atrae a los vascos hacia América, en particular hacia América del Sur, y nos hace consignar cada año un número creciente de insumisos a la ley militar..."

El ministro de la Guerra le responde el 25 de diciembre que encuentra la idea interesante, pero que los imperativos de la Defensa la hacen imposible de poner en marcha y que,

"crearía en favor de los vascos una desigualdad de tratamiento incompatible con los deberes que incumben a todos los ciudadanos franceses en la defensa de su territorio".

Pese a las medidas de cierre de la frontera que se toman, los soldados con permiso intentan llegar hasta sus casas. Pese a la orden de denegar todas las peticiones, los soldados vuelven clandestinamente. Uno de ellos, asignado a Bordeaux, es detenido en la frontera. Otros muchos son encontrados en situación irregular y llevados a un cantón autorizado, lo cual no impide que a la noche siguiente reincidan. Los partes de los gendarmes están llenos de lamentaciones en este sentido, pese a lo cual no contestan a los requerimientos de que informen sobre "la actitud de las familias desde el punto de vista nacional".

JAG

¿Puede hablarse de opinión pública durante la guerra de 1914-18? La censura se impone desde los primeros días. A pesar de ello, el 6 de febrero de 1915 el diario parisién "Le Temps" publica un artículo titulado "El espionaje alemán en el País Vasco". Se hace eco de las insumisiones y deserciones en la frontera, que atribuye a la actividad de una red de espías alemanes que, establecidos en España, pasan a menudo la frontera e incitan a los jóvenes a huir de la movilización pretendiendo que no hay riesgo en ello y que, de todas formas, se daría una amnistía al fin de la guerra. A lo largo de la guerra se realizaron indagaciones sobre imaginarias "agencias de deserción", que no han podido llegar a nada en concreto. Todo lo más guías que ayudaban también a fugitivos belgas. De todas maneras, "Le Temps" concluía que este despliegue de propaganda alemana era inútil "porque se hacía en un medio muy patriota y carecía de un éxito especial".

El 26 de marzo de 1915 es "Eskualduna" quien titula "Ez uko egin" y retoma la tesis del espionaje alemán que distrae de su deber a los jóvenes vascos diciéndoles, especialmente, que pasar del País Vasco Continental al Peninsular no es desertar y que habrá amnistía, como después de la guerra de 1870. El artículo recuerda las penas a las que se exponen los desertores y que no habrá tal amnistía, entre otras cosas porque no la admitirán todos aquellos que están peleando en el frente.

"Ninguna amnistía para los desertores" titula igualmente Joseph Garat en la "Gazette" de Biarritz del 28 de junio de 1915. También habla de la agencia de deserción organizada por los alemanes con la ayuda "de los elementos carlistas llenos de odio hacia la Francia republicana" que llega a disuadir a algunos de su deber. Son poco numerosos, mucho menos que los desertores alemanes, pero existen; que sepan que "la amnistía es imposible después de la guerra; constituiría un crimen de lesa patria. No se encontrará un parlamentario para proponer o votar tal absolución".

Tras la investigación suscitada por el artículo de "Le Temps", el comisario especial de Hendaya presenta su informe al prefecto. Piensa que la existencia de tal agencia es imposible y da otra explicación de las deserciones:

"... la emoción causada por la lectura de las cartas de los compañeros que están en el frente. Estas cartas escritas en una lengua comprensible solamente para dos habitantes del país, son -lo sé- propagadas y comentadas de casa en casa... Las particularidades etnográficas del país. Todos saben que las familias vascas, que hablan el mismo lenguaje e integradas por elementos que mantienen entre sí relaciones constantes, habitan indiferentemente a un lado u otro de la frontera; este hecho es de tal modo indiscutible que en 1913, cuando el comandante francés del 'Grondeur' ordenó el arresto de cierto número de marineros españoles que habían venido a pescar en aguas francesas; eran marineros de Fuenterrabía, Pasajes o San Sebastián que recibieron la más cordial hospitalidad en casa de sus cuñados o primos de San Juan de Luz o de Ziburu. Son muy pocos los desertores actuales que no hayan encontrado hospitalidad entre sus parientes españoles de la frontera. No tengo inconveniente en declarar que los vascos son en su inmensa mayoría excelentes patriotas que suelen ser buenos soldados, pero no significa ningún desdoro a su patriotismo que incluso antes de la guerra cierto número de ellos se escapara del servicio militar emigrando "a las Américas".

Para remediarlo no se ve más que una solución: pedir al Gobierno español que envíe a estos desertores al otro lado del Ebro y. .. "una vez que el pescador de Hendaya refugiado en Fuenterrabía o en Behobia no pudiera charlar con sus compatriotas, el mal sería cortado de raíz". Es la opinión de un funcionario de Policía; es decir, la contraria a una opinión destinada a ser pública. Se la encuentra, por lo tanto, muy extendida en los informes oficiales. Por ejemplo, uno se escandaliza de que un concejal, padre de un desertor, siga siendo concejal y que nada tengan que decir sus colegas de la municipalidad. Otro, hablando de dos familias de desertores, subraya que están perfectamente bien consideradas, "lo que indica el grado de sentimiento nacional de esta región". Otro observa que "para un gran número de familias del País Vasco la deserción no es un crimen". Otro informe caracteriza la actitud de una familia diciendo "que es la de muchos vascos; es decir, indiferente". A pesar de lo cual, y no se trata de excepciones, hay vascos que obedecen a otras motivaciones y hay algún padre que incluso llegó a denunciar a su hijo que había desertado. Se encuentran numerosas cartas, anónimas o no como en todas las circunstancias revueltas, facilitando la búsqueda de la policía.

JAG

Hay un episodio de la lucha contra la insumisión y la deserción que puede parecer menor y que sería anecdótico si no tuviera un valor simbólico: la supresión de los pasadizos de Arneguy.

Existen entre Arneguy y las "ventas" del otro lado ocho pasadizos, cuatro públicos y cuatro privados. El de Etcheverry (el alcalde) une su casa en Francia con un terreno que le pertenece en territorio español. El paso de Polit pertenece a un español, propietario de una chocolatería en el Sur y une dos inmuebles que le pertenecen, uno a cada lado de la frontera. La pasarela de Mendiburu, llamada "la vieja", une su casa, en terreno francés, a la huerta situada en España. Finalmente, en Ondarole, en el lugar llamado Molino de Marbot, una pasarela une el molino con Valcarlos.

En noviembre de 1916 el prefecto ordena la destrucción de todos los pasos privados y se propone no conservar más que una pasarela pública cuidadosamente vigilada. El ayuntamiento protesta enérgicamente invocando privilegios tradicionales, derechos adquiridos y subrayando la inutilidad de la medida, ya que el río Nive es practicable en casi todo su curso. Informa al prefecto que va a recurrir al diputado local Ibarnégaray para obtener lo que pide. No sabemos cómo terminó el "affaire", pero es poco probable que Arneguy obtuviera de la Administración la anulación de la medida. En todo caso, la frontera fue objeto de la mayor atención por parte de las autoridades prefectorales. Los agentes supervisores que no piden el pasaporte a las personas conocidas son severamente reprendidos. En 1917 el propio ministro pide explicaciones al prefecto... "¡Se pasaba la frontera con cualquier documento de identidad!"

Las familias de desertores o insumisos a los que se ha retirado el pasaporte siguen pasando la frontera sin problemas. Incluso se les ha suprimido la pensión aun teniendo dos o tres hermanos en el frente..., lo que contribuyó a deteriorar las relaciones de miembros de una misma familia, ya dividida por la guerra. Se suceden continuos proyectos de reorganización de la frontera y en marzo de 1918 se crea un fondo especial para gratificaciones a los agentes más celosos en el control de la frontera.

JAG

Se cierra la frontera, pero se abre la correspondencia. En 1916 se organizan las comisiones de control postal encargadas de vigilar el estado de opinión. Se encarga a la Subprefectura de Mauleón que vigile directamente (en lugar de la comisión de control de Burdeos) la correspondencia de las familias de desertores. Las cartas están escritas siempre en euskera, por lo que hay que controlarlas en el mismo País Vasco. En noviembre de 1917 surgen ciertas dificultades con los empleados de Correos del distrito, que exigen que se ponga un sello de "abierto por la autoridad administrativa", fechado y firmado. Los servicios de control se niegan, porque ello haría inútil la censura. Este combate por las libertades individuales es interesante, pero los usuarios saben casi siempre que sus cartas se han abierto.

"La última vez te costó leerme y esta te pasará igual, pero puede ser que alguien lo haga antes que tú, se burlan en una de ellas".

De todos modos, hay muchos contrabandistas que pasan del otro lado cartas y correo. Un desertor explica a su familia que tiene intención de casarse y de adquirir, al cabo de cinco años, la nacionalidad española:

"En ese caso podría volver a Francia y nadie podría decirme nada. Pero, como desertor, no podré heredar de vosotros. El Gobierno se va a apoderar de todo lo que tenéis. Enviadme, a nombre de mi futura mujer, una pequeña dote de 5 o 6.000 francos".

En todos estos documentos se nota que hay una esperanza firme en la amnistía. A partir de abril de 1917 la correspondencia procedente de América da cuenta de las inquietudes de los insumisos franceses desde la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Se está enrolando a la fuerza en el ejército americano a los que se dejan capturar. Hay incluso acuerdos a este respecto. "Todos los franceses temen que se venga en su busca... "

JAG

En enero de 1917 Joseph Garat escribe al prefecto para decirle que:

"con Brousse de los Pirineos Orientales e Ybarnegaray ha ido a ver al ministro de Guerra para hablar sobre el inquietante asunto de los desertores". Pide un comisario especial de vigilancia en Bayona "para vigilar a los desertores, y muy especialmente a los del País Vasco". Luego estudia con sus colegas y el ministro "las medidas de rigor y suavidad que hay que emplear para atacar en sus bienes a los que han desertado, si no vuelven en un plazo determinado".

Las tensiones con la iglesia comienzan a desaparecer sensiblemente. Cuando en noviembre de 1914 el clero comienza a organizar servicios religiosos para los soldados fallecidos, Joseph Garat estima que "ninguna razón podría, en la hora actual, justificar una abstención". La administración prefectoral es más prudente y siente la tentación de ver en ello "una voluntad de hacerse abusivamente intérprete del homenaje unánime debido a la memoria de los soldados". El 18 de octubre de 1914 el cura Emile Juanchuto, en la catedral de Bayona, lee desde el púlpito una carta de un soldado (el cura Mendiondo) en la que da detalles sobre la batalla de Charleroi, "en la que los hombres caían como moscas", lo que distaba de la versión del "comunicado". El clero presenta la guerra como un castigo divino, pero hay un contencioso reciente. El 27 de julio de 1917 "Eskualduna" afirma: "No alcanzamos la victoria porque el Gobierno no ha entregado a los sacerdotes el dinero de las misas de difunto robado en el momento de la separación de la Iglesia y el Estado". El prefecto, en su informe, comenta: "Este estado de ánimo justifica las deserciones; la República sería culpable porque ha robado al clero" y deplora la falta de periódicos vascos que permitan responderle. Se darán algunos incidentes con el clero en el curso de la guerra en Baigorry, Sara, Hasparren, pero nunca se mantuvo ningún cargo. El cura de Lecunberry, Gombault, fue incluso acusado de haber favorecido una deserción en diciembre de 1916, pero fue liberado inmediatamente. Cuando la conferencia del R. P. Lhande sobre el "Soldado vasco" fue prohibida en setiembre de 1915 por el general que mandaba en la Región, es, sin duda, porque afectó a un tema tabú. La charla se clasificó como "antimilitarismo".

Pasada la tormenta, en 1919 se dieron las primeras sumisiones voluntarias. El consejo de guerra de la 18 Región impone penas de tres a cinco años de prisión firme. Pronto las persecuciones se hacen menos severas, aunque las asociaciones de ex combatientes están alerta. La de Sara, en 1922, delata ante las autoridades a un desertor en el extranjero que se quería hacer pasar por un desertor en el interior, y

"deciden dar a la presente moción la más amplia publicidad para que la opinión pública, informada sobre la arrogancia y la mala fe de los cobardes que han abandonado Francia en el momento de peligro y el asco de los ex combatientes, pueda juzgar con todo conocimiento de causa el día en que estos últimos se vean obligados a reemplazar a la justicia, si se halla debilitada, y hacer respetar por todos los medios y su poder la memoria de sus camaradas muertos por Francia y su honor de ex combatientes".

JAG

Pese a que sabemos que los desertores de la circunscripción de Bayona no eran todos vascos -Bayona se halla al borde de la línea férrea; hubo sin duda otros desertores de los ejércitos francés y aliado- se ve que el número de desertores e insumisos es netamente más alto en las otras circunscripciones vascas. Existe una estadística que data del 30 de noviembre de 1918 del Comisario del Gobierno en la frontera. Digamos ante todo que eran pocos en comparación a los 8.500.000 movilizados, y comparados con la multitud de los muertos. Digamos también que prácticamente ninguna de las cifras que hemos podido encontrar son fiables. En 1915, en el momento en que proliferan las deserciones, el Estado Mayor pide un informe detallado (ejército, departamento, ayuntamiento) y la Justicia Militar responde que para ello harían falta meses y un personal dedicado a ello.

Después de la guerra, el informe de Louis Marin no tiene en cuenta más que los casos que han pasado a consejo de guerra. Aunque están por elaborar las estadísticas, los informes de Gendarmerías nos proporcionan una idea:

Desertores e insumisos del departamento de los pirineos atlanticos (25/XI/1916)
DESERTORESINSUMISOS
Antes de la movilizaciónDespués de la movilizaciónAntes de la movilizaciónDespués de la movilización
Fuente: Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos.
27481210.4456.444
1.08616.889
CantonesDesertoresInsumisosMovilizados
Fuente: Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos.
Mauléon 111.077-
Tardets6732-
St. Palais8782-
Iholdy421.035-
Baigorry451.032594
St. Jean-Pied-de-Port491.3101.314

Como puede observarse, en la zona de Baigorry, el número de desertores e insumisos es superior en más del doble al de movilizados; en el cantón de San Juan de Pie de Puerto, el número de desertores y de insumisos es superior al de movilizados (30 de noviembre de 1916):

SEÑALADOSARRESTADOS
CircunscripciónDesertoresInsumisosDesertoresInsumisos
Fuente: Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos.
Pau 197441289
Oloron181.00632
Orthez1476020
Bayonne3241.51219755
Mauléon1612.57868

En la zona interior de los Bajos Pirineos vemos que la mayor parte de los que escapan son vascos. Aunque el problema fue tratado como uno más de los fronterizos, se observa que la atención que se le presta por el general Graziani en 1915 a los Pirineos Atlánticos y a los Orientales es enorme. Incluso carentes de datos comparativos, tenemos la tentación de conceder a este fenómeno un carácter propiamente vasco.

JAG