Poets

Otero Muñoz, Blas de

Poeta. Nacido en Bilbao, el 15 de marzo de 1916. Fallece en Madrid el 29 de junio de 1979.

Blas de Otero Muñoz nació en la calle Hurtado de Amézaga de Bilbao el 15 de marzo de 1916. Su padre, Armando Otero Murueta, era bilbaíno y regentó un negocio metalúrgico en la capital vizcaína tras realizar estudios en Inglaterra. Su madre era oriunda de Orozko. La pareja Otero-Muñoz tuvo cuatro descendientes: José Ramón, Blas, María Jesús y Conchita.

Blas de Otero inició sus estudios en el colegio María de Maeztu a la edad de siete años, y de allí pasó al colegio de los jesuitas del barrio bilbaíno de Indautxu, donde preparó el bachillerato durante dos años.

A mediados de la década de los años veinte, los negocios de Armando Otero sufrieron un duro revés, y la familia tuvo que emigrar a Madrid en busca de trabajo en 1927, teniendo Blas diez años. El poeta bilbaíno realizó sus estudios de bachillerato en la capital española, y resultó ser una estancia provechosa. Aficionado a los toros, recibió algunas clases de toreo en Las Ventas, pero parece que abandonó dicha afición poco tiempo después. Estando en Madrid, el 23 de febrero de 1928, Armando y Blas de Otero consiguieron escapar del incendio que redujo a cenizas el Teatro de Novedades, resultando ser dos de los pocos supervivientes del suceso.

Otero escribió sus primeros poemas muy joven, cuando residía aún en Madrid, bajo la influencia de poetas como Maragall, Juan Ramón Jiménez o los hermanos Machado. Los años siguientes, sin embargo, fueron trágicos para la familia: en 1929 falleció uno de los hermanos del poeta y, precisamente, tras esa pérdida, la familia animó a Blas a estudiar Derecho, carrera que la muerte truncó a su hermano. Siguiendo las peticiones de la familia, Blas de Otero inició los estudios de derecho, con matrícula de honor, en 1931. Un año después, sin embargo, la familia recibió un nuevo golpe con el fallecimiento de Armando Otero, padre de familia. Las consecuencias económicas de dicha muerte provocaron la vuelta de la familia a Bilbao.

Los años precedentes a la Guerra Civil española tanto Blas de Otero como su familia lograron estabilizarse económicamente, y fue entonces, precisamente, cuando el poeta bilbaíno realizó las conocidas visitas a su abuela, que residía en Orozko (Bizkaia), y comenzó a reunirse con otros jóvenes intelectuales en cafés bilbaínos. Fueron amigos de aquella época Jaime Delclaux, Pablo Bilbao, Antonio Bilbao y Antonio Elías. En aquella época, además, Blas de Otero fue nombrado presidente de la Asociación Profesional de Estudiantes de Derecho y miembro de la Congregación de San Estanislao de Kostka. Por otro lado, los primeros poemas publicados en revistas y periódicos como El Pueblo Vasco datan de dicho período. Por lo que respecta a las lecturas de Otero, superó algunas de las lecturas clásicas y leyó tanto a autores universales de siglos anteriores (Wilde, Tagore, Shakespeare, Francis Jammes, etc.) como a autores contemporáneos (Lorca, Salinas, Alberti, etc.). Datan de aquella época, asimismo, los primeros premios ganados por el poeta bilbaíno, entre los que cabe mencionar el obtenido en la celebración del centenario de Lope de Vega realizado en Pamplona.

A comienzos del año 1936 Otero fundó el grupo poético "Alea", y poco después tuvo la oportunidad de ver a Federico García Lorca en el teatro Arriaga de Bilbao cuando se estrenó la obra Bodas de sangre del granadino. El comienzo de la Guerra Civil Española, sin embargo, tuvo una trágica influencia, entonces insuperable, en el desarrollo cultural de todo el estado (recordemos que el propio García Lorca fue fusilado). Cuando estalló la guerra, Blas de Otero combatió en los frentes de Bilbao, Logroño y Levante, dando el bilbaíno por perdidos dichos años. Una vez finalizados los servicios prestados como soldado, continuó acudiendo a reuniones de corte literario y musical, donde tuvo ocasión de conocer a reconocidos autores de la talla de Juan Guerrero y Gerardo Diego. En 1936 falleció el amigo Jaime Delclaux y en 1940 Pablo Bilbao optó por ingresar en el seminario. Tras la muerte del primero, algunos amigos, entre los que se encontraba Otero, prepararon y publicaron el libro Ala fugitiva, que recopilaba textos de difunto Delclaux.

Ya en aquella época Otero apilaba textos, fruto de su incesante torrente productivo, y algo similar ocurría con sus lecturas, entre las que incluyó a nuevos autores como Jan Venkaade, Miguel Hernández, el Conde de Villamediana o Unamuno.

Otero consiguió su primer trabajo en 1941, cuando comenzó a realizar trabajos de asesor para la empresa Forjas de Amorebieta. Fue un momento importante no solo para el poeta bilbaíno, sino para toda su familia, y es que el ambiente oscuro de posguerra dificultaba enormemente la estabilidad económica. Durante aquellos años concluyó la redacción de su famoso Canto espiritual, y consiguió publicar en Pamplona la pequeña obra Cuatro poemas. Junto a dichas obras, continuó publicando en revistas y periódicos, y ya entonces comenzó a gozar de cierto reconocimiento entre los críticos literarios de Euskal Herria y España, que leían con gusto la producción de Otero. Dicha recepción impulsó aún más al bilbaíno a escribir.

En 1942 el grupo "Aleak" organizó la celebración del 400 aniversario de San Juan de la Cruz. Asimismo, en aquel año realizó Otero la primera lectura de sus textos y consiguió ver publicado su Cánto espiritual, obra que gozó de una magnífica recepción por parte de la crítica y de los lectores. Sin embargo, la evolución del trabajo de Otero también sufrió algunos baches, y es que el régimen franquista censuró el trabajo "Liras a la música" que el bilbaíno había preparado para publicar en el decimocuarto cuaderno de poesía Alea. Parece ser que los censores no vieron con buenos ojos dicho trabajo, y el redactor de El pensamiento navarro requirió a Otero que escogiera otro texto, sustitución que el bilbaíno aceptó hacer.

Entre los años 1942 y 1943 Otero fue crítico de pintura en la revista Hierro, y en 1943 optó por abandonar su puesto de asesor en la empresa Forjas de Amorebieta. El objetivo del bilbaíno era seguir los pasos de Antonio Machado, es decir, lograr una cátedra de literatura en la universidad y conseguir, con ello, el tiempo necesario para escribir libremente. Por ello, abandonó su puesto de trabajo, pero no tardó en arrepentirse. Se trasladó a Madrid en el curso 1943/44, se matriculó en Filosofía y Letras y poco después conoció a dos grandes autores españoles: Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso. Por otro lado, Otero publicó Poesías de Burgos en la revista Escorial.

Los años posteriores a 1945 fueron de gran importancia en la vida del poeta bilbaíno. En Semana Santa regresó a su Bilbao natal y halló a su hermana mayor gravemente enferma. A su vez, sufrió una profunda crisis y pasó algunas semanas internado en el sanatorio de Usurbil (Gipuzkoa) a causa de una profunda depresión. Por decirlo de algún modo, entre 1945 y 1950 la crisis gobernó la vida del poeta en los aspectos más relevantes de su vida: entre otras, vivió profundas crisis de fe y literarias, y llegó a quemar la mayoría de sus textos inéditos. El haber tocado fondo, sin embargo, resultó ser un magnífico combustible para la vida y la producción literaria del Otero de los años 50. Cambió profundamente de personalidad, opinión y punto de vista, y dichos cambios pueden apreciarse ya en obras como Ángel tiernamente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), donde se puede apreciar que el bilbaíno había abandonado el mundo religioso para alinearse al existencialismo. Recibió el premio Boscán por Redoble de conciencia. Para entonces su poética ya había cambiado, la creencia y afirmación en la fe se convirtió en duda existencialista. Podría decirse que la apertura de dicha nueva etapa cerró la época de crisis del bilbaíno; es decir, que la crisis ayudó a Otero a seguir adelante. La crisis, además, había provocado vacío alguno por parte de los lectores y la crítica, y ya en la década de los 50 se publicaron algunos artículos, monografías y ensayos sobre la obra poética del bilbaíno. Por otro lado, Otero comenzó a cosechar importantes premios literarios de forma continuada.

Dejando de lado las distintas épocas, crisis y superaciones, parece ser que Blas de Otero no se encontraba cómodo en la España de los años 50. No podía escribir con total libertad, no aceptaba las imposiciones de las autoridades dictatoriales y el ambiente era asfixiante, hechos por los que decidió autoexiliarse en París. El partir hacia la capital francesa proporcionó aire fresco para todos los aspectos de la vida de Otero: pudo andar, escribir y publicar todo lo que quiso y como quiso, y tuvo oportunidad para conocer nuevas personas.

Ha de tenerse en cuenta que en aquella época eran muchos los exiliados españoles que residían en Francia, y precisamente Otero entabló amistad con muchos de ellos. Conoció a muchos comunistas y comenzó a reunirse con ellos, hasta acabar afiliándose al Partido Comunista. Parece que para aquella época el existencialismo que le había servido para superar su profunda crisis tampoco saciaba sus inquietudes intelectuales, y buscó nuevos ideales que halló en el mismo París: leyó a los teóricos marxistas y en ellos encontró las bases y proyectos necesarios para su ideal utopía humanista. Creyó que la poesía podía ser una herramienta para cambiar el mundo, y dejando el existencialismo atrás, comenzó a acercarse a las líneas de la poesía social. Fue entonces cuando comenzó a escribir los textos que más tarde formaron parte de su famosa obra Pido la paz y la palabra.

Como consecuencia de su personalidad compleja, la felicidad, libertad y novedad que proporcionó París a Otero no duró demasiado, y con el tiempo la nostalgia de España se agrandó, hecho que provocó una nueva crisis en Otero que acabó regresando a su ciudad natal. El poeta bilbaíno estaba acostumbrado a vivir en un ambiente medio-burgués tanto por tradición familiar como por los círculos en los que se movía, exceptuando las épocas de mayor crisis económica. Sin embargo, tras haber leído a los grandes teóricos del marxismo, Otero sintió la necesidad de conocer los estratos de población más humildes y pobres, es decir, la vida cotidiana de los trabajadores de nivel más bajo. Para alcanzar dicho objetivo, viajó por España sin apenas dinero y llegó a trabajar codo con codo con algunos de esos trabajadores. Por ejemplo, queriendo conocer la vida cotidiana de los mineros, acudió a ellos y trabajó en las minas durante algunos días. Buscó pequeños pueblos de Castilla y León y vivió allí para conocer de primera mano aquel entorno. Para poder subsistir, realizaba pequeños trabajos y recibía pequeñas donaciones de amigos y gente que conoció durante el viaje. Otero finalizó Pido la paz y la palabra (1955) tras aquel período, y comenzó a redactar En castellano.

Entre 1956 y 1959 vivió en Barcelona, donde tomó parte en varios círculos artísticos. En aquella época trató de publicar En castellano, pero la censura lo impidió. Sin embargo, consiguió publicar Ancia (título que resume los títulos de las obras Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia), que logró una buena acogida: en 1958 le otorgaron el Premio de la Crítica y en 1961 el Premio Fastenrath.

En 1960 La Asociación Internacional de Escritores invitó a Blas de Otero a viajar a la URSS y China, y el bilbaíno aceptó la invitación. En dicho viaje volvió a hallar la libertad y logró ver publicadas algunas obras censuradas en España: Esto no es un libro (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (Paris, 1964).

Otero pasó parte de sus últimos años en Cuba, donde la Casa de las Américas premió la carrera literaria del poeta bilbaíno. En su estancia en Cuba conoció a Yolanda Pina, de quien se enamoró y con quién se casó poco después. Transcurridos tres años casados y viviendo en La Habana, los problemas afloraron y en 1967 se separaron. Otero optó por regresar a Madrid aquel mismo año, y allí recurrió a la antigua amiga y amante Sabina de la Cruz, con quien mantuvo una estrecha relación hasta el final de su vida.

Una vez afincado en Madrid, Otero vivió los últimos años de la dictadura franquista. Para entonces sus mejores obras poéticas habían visto la luz, y pasó sus últimos años reescribiendo, mejorando, corrigiendo y reorganizando sus textos. Blas de Otero falleció el 29 de junio de 1979 en Majadaonda (Madrid), cuando contaba sesenta y tres años. Los textos del bilbaíno fueron ampliamente recogidos en antologías poéticas de los años 60 y 70 como Expresión y reunión (1941-1969) (Alfaguara, 1969), País (1955-1970) (Plaza y Janés, 1971), Verso y prosa (Cátedra, 1974), Todos mis sonetos (Turner, 1977), Poesía con nombres (Alianza, 1977), etc.

Siguiendo lo anterior, la poesía de Blas de Otero puede dividirse en tres etapas: la etapa religiosa, la etapa existencialista y la etapa de la poesía social.

La primera etapa, es decir, la religiosa, corresponde con la época de juventud de Otero, a los primeros textos escritos y publicados por el bilbaíno. Son textos escritos principalmente antes de la Guerra Civil Española. Ha de tenerse en cuenta que en aquella época Otero se declaraba creyente y acudía asiduamente a misa. Los textos de aquel tiempo no son muchos y el propio poeta bilbaíno los rechazó posteriormente tildándolos de "pecados de juventud". Junto a los textos publicados en revistas y periódicos, pertenece a dicha época el libro Cántico espiritual (1942).

Cántico espiritual es un trabajo de corte místico que refleja la soledad y apuesta por el intimismo. En él puede percibirse la influencia de las lecturas previas de autores religiosos españoles. No todos los investigadores están de acuerdo a la hora de valorar la importancia de la primera etapa de la producción literaria de Otero. La poesía de dicho tiempo, analizada independientemente, no llega al nivel de la poesía escrita a posteriori por el bilbaíno: en ello están de acuerdo la mayoría de los críticos. Sin embargo, también es verdad que sin crear y andar dicho camino Otero no hubiera vivido su profunda crisis religiosa, es decir, que su obra, seguramente, no hubiera conocido la evolución que más tarde conoció, y es que, al fin y al cabo, la segunda etapa poética de Otero tiene su origen en la pérdida de la fe.

Tras la crisis religiosa vivida en los años 40 el poeta bilbaíno optó por otro modelo literario: el existencialismo que por aquel entonces tan importante era en la vecina Francia. Cuando pretendía rechazar la producción poética de su primera época, Otero solía mencionar que su primer libro de poemas era Ángel tiernamente humano (1950). Precisamente, dicho libro forma, junto a Redoble de conciencia (1951) y Ancia (1958), la etapa existencialista del poeta bilbaíno. Como tal, en ese último trabajo se recogen 32 poemas de Ángel tiernamente humano, todos los de Redoble de conciencia y otros 49 textos nuevos. Para cuando preparó dichos trabajos, Otero estaba profundamente cansado de las afirmaciones vacías y simples de la fe, y pasó de la afirmación a las dudas y preguntas surgidas entre el "yo" (del poeta) y el "tú" (de Dios o de la fuerza divina). Sin embargo, resultaba imposible constituir conversación alguna, y es que el "tú" jamás respondía: la única respuesta resultaba ser el silencio. Siguiendo las ideas de Jean Paul Sartre, el hombre se encuentra solo en el mundo y cada cual es el único responsable tanto de lo que hace como de lo que le sucede.

De la misma forma que la primera etapa trajo la segunda, trajo la segunda la tercera: no existe esperanza divina para el hombre, el hombre está sólo pero vive en comunidad, los hombres viven en sociedad la tragedia de la soledad, y precisamente en dicha vida compartida halló Blas de Otero el camino por el que seguir adelante. Lo que fue "yo" se convierte en "nosotros", y dicho "nosotros" pasa a ser el lugar en el que transcurre la vida. El "yo" del poeta también se disuelve en el "nosotros", el hombre se halla solo en el mundo, morirá y después no irá a lugar feliz alguno, pero mientras viva, el hombre tiene derecho a vivir contento y a ser feliz. Dicho de otra forma, una vez perdida la fe religiosa y superada la etapa existencialista, el poeta bilbaíno optó por la utopía humanista, y de esa tercera etapa son las obras más recordadas de Otero: Pido la paz y la palabra, En castellano y Que trata de España.

Los últimos poemarios del bilbaíno fueron Mientras e Historias fingidas y verdaderas (publicados ambos en 1970), pero cabe mencionar, como se ha dicho anteriormente, que Otero pasó la mayor parte de sus últimos años de vida reescribiendo y reorganizando los textos escritos décadas atrás.

  • ALARCOS-LLORACH, Emilio. La poesía de Blas de Otero. Salamanca: Anaya, 1996.
  • ALONSO, Dámaso. Poetas españoles contemporáneos. Madrid: Gredos, 1978.
  • ASCUNCE, J.A. Cómo leer a Blas de Otero. Madrid: Júcar, 1990.
  • BARBOSA, Carmen. Poesía como diálogo. La voz poética de Blas de Otero y su recepción. Madrid: Libertarias, 1994.
  • GALÁN, Joaquín. El silencio imposible. Aproximación a la obra de Blas de Otero. Barcelona: Planeta, 1995.
  • ZAPIRAIN, Itziar; IGLESIAS, Ramón. Aproximación a la poesía de Blas de Otero. Madrid: Narcea, 1983.