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OÑATI

La rebelión de 1389. Queriendo participar en el proceso de emancipación de las villas del poder feudal, Oñati formó parte de «Cofradías y Hordenanzas vedadas» desde, por lo menos, el s. XIV. En el verano de 1388, 87 hidalgos oñatiarras presentaron al Señor una relación de desafueros y quejas pretendiendo desnaturarse del mismo. Según resalta Gorosábel, Beltrán de Guevara, señor de la tierra a la sazón, les procesó criminalmente. Como resultado de esta causa, mandó quemar las casas de los autores principales de estos sucesos, talar sus manzanales, desterrarlos de la villa y señorío, con otras varias penas, tras lo cual reconociendo su proceder, puestos de hinojos, le pidieron éstos humildemente perdón. Intercedieron al propio tiempo ante Beltrán, su mujer Mencía de Ayala, Isabel de Múxica, que lo era de su hijo Pedro Vélez, Juan de Gamboa y otros caballeros. Por estos ruegos, considerando los servicios que los antecesores de los procesados habían prestado, y la deshonra que recaería sobre ellos, por auto de 7 de junio de 1389, les concedió el perdón pedido, sobreseyéndose la causa. Esto no obstante, quiso que los acusados principales no entrasen en la villa por algún tiempo hasta que fuese su deseo permitirlo. Terminada de esta manera la causa, la villa de Oñati continuó reconociendo el Señorío de los poseedores de la casa de Guevara en cada sucesión, así como éstos lo hacían respecto de los fueros y costumbres de la villa. Antes de morir, en 1395, Beltrán hizo su testamento manifestando su interés en que su hijo mayor, Pedro Vélez, heredara Oñati con su monasterio de San Miguel, con sus bienes de Leintz y Alava.