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Literatura vasca clásica: siglo XVI

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Tras la Contrarreforma, salvando alguna pequeña excepción, la gran mayoría de obras publicadas en lengua vasca versaron sobre temas religiosos, y ese es (la temática religiosa) uno de los pocos rasgos homogéneos que puede hallarse entre las obras clásicas vascas. Ha de tenerse en cuenta, además, que hasta algunas reimpresiones de los siglos XVIII y (sobre todo) XIX, muchas de las obras en eusquera publicadas en los siglos XVI y XVII apenas se conocían, hecho que explica la modesta difusión que tuvieron muchas de ellas.

Basta mirar qué y dónde se publicó en eusquera para obtener una idea general acerca del aislamiento entre obras y autores del siglo XVI: se publicó poco y no todo lo publicado ha llegado hasta nosotros. En Ipar Euskal Herria no pueden dejar de mencionarse el Linguae vasconum primitiae (1545) de Etxepare y las traducciones de Leizarraga; sin embargo, ¿qué se imprimió al sur del Bidasoa? Todas las publicaciones pueden clasificarse en cuatro o cinco grupos: trabajos religiosos, herramientas lingüísticas (algún diccionario), literatura oral recogida en los trabajos de los historiadores, colecciones de refranes y los poemas y la novela pastoril del alavés Lazarraga. Todos esos materiales, sin embargo, no se publicaron en la época en la que fueron escritos y, como se ha indicado, la gran mayoría no han llegado completos hasta nuestros días.

En los trabajos de historiadores, cronistas y genealogistas de los siglos XVI y XVII aparecen numerosos testimonios de la literatura oral vasca: se trata de los trabajos de Esteban Garibai, Zaldibia, Lazarraga, Ibargüen-Cachopin o Isasti. En sus crónicas históricas dieron noticia de las guerras y batallas que pocos siglos antes, en la Edad Media, asolaron Euskal Herria y, precisamente, las explicaciones y narraciones historiográficas son ilustradas, en ocasiones, con partes de canciones y composiciones populares en lengua vasca que hablan sobre dichos sucesos. Desgraciadamente, la mayoría de esos textos no están completos y, aun en las composiciones que parecen haber sido recogidas y transcritas completamente, surgen grandes dudas y lagunas interpretativas: parece que en algunos casos faltan partes intermedias, los trabajos de encuadernación han deteriorado algunos textos y los han convertido en ilegibles, no se percibe cohesión entre unas estrofas y las siguientes, etcétera.

Entre los historiadores mencionados, destaca la contribución del arrasatearra Esteban Garibai. Nació en 1533 y fue un hombre culto y sabio. Tras realizar investigaciones en España y Portugal, en 1570 viajó a Flandria en busca de editor, y un año más tarde se publicaron los cuarenta tomos que componen su obra Compendio historial de las crónicas y Universal historia de todos los reinos de España. En 1575 fue nombrado bibliotecario de Felipe II y en 1592 pasó a ser cronista real.

En sus trabajos, Garibai recogió, entre otros textos, la "Canción de la batalla de Beotibar", en la que se narra cómo los navarros vencieron a los guipuzcoanos en el año 1321. Aparecen, asimismo, algunas endechas como la de Martín Bañez de Artazubiga y la de Mila de Lastur.

En la crónica de Ibargüen-Cachopín, por su parte, se encuentra la "Canción de la quema de Mondragón" (quizás añadida posteriormente al texto principal), texto que refleja las encarnizadas luchas entre gamboínos y oñacinos sucedidas en la Edad Media. En esa misma crónica aparece el inicio de la "Canción de la batalla de Acondia", el "Epitafio de Martín Ibanez de Labiero", la "Elegía a Diego Lopez de Haro" y la "Canción del Conde de Salinas".

Ya en el siglo XX, algunos investigadores se ocuparon de recopilar y editar dichos textos arcaicos: Juan Carlos Guerra fue el primero en 1924 y su trabajo fue continuado por Koldo Mitxelena (Textos arcaicos vascos, 1964) e Ibon Sarasola (Contribución al estudio y edición de textos arcaicos vascos, 1990) entre otros.

Siguiendo su afición por recopilar datos y testimonios vivos, el historiador Esteban Garibai completó dos colecciones de refranes que envió a Juan Idiakez, secretario y presidente del Consejo de Estado. Sin embargo, parece que Idiakez no imprimió los trabajos de Garibai, y hoy en día no existe ejemplar original alguno de dichas obras. A pesar de ello, la copia de algunos de ellos se guarda en la Biblioteca Nacional de España con el código G139: se trata de una colección de refranes recogida en las memorias de Garibai publicadas en 1854, y la grafía corresponde al siglo XVII; es decir, se trata de una copia realizada por algún tercero.

La segunda colección de Garibai estuvo guardada en esa misma biblioteca con el código Cc79, pero B. Maestre se la regaló a F. Michel y éste la incluyó en una edición de los refranes de Oihenart a modo de anexo. La situación se complicó aun más a comienzos del siglo XX, cuando Julio Urkixo afirmó que la primera de las colecciones (cuya copia se guarda en la Biblioteca Nacinoal) no era de Garibai. Urkixo conocía que el historiador arrasatearra había preparado dos refraneros, pero creyó que la primera era Refranes y sentencias (1596). La hipótesis de Urkixo tuvo varios seguidores todavía a comienzos del siglo XX, entre ellos destaca Guerra, a pesar de que defendió que los refranes recogidos en la colección debían de tener su origen en Orozko (Bizkaia). Azkue tampoco se mostró contrario a la tesis de Urkixo, que se mantuvo hasta que, ya a finales del siglo XX, Lakarra la desechó utilizando cuatro argumentos:

En primer lugar, tanto la colección G130 como la Cc79 tienen un tamaño similar, y los refranes son presentados, asimismo, de igual forma: con su correspondiente traducción española línea a línea. En segundo lugar, Lakarra mencionó el título, ya que resultaría cuando menos llamativo que apareciera la frase "compuestos por Esteban de Garibay y Çamalloa" en la obra de otro autor. En tercer lugar, no parece que la colección G139 fuera empleada para completar la Cc79: a pesar de que en ambas colecciones aparecen 37 refranes similares, en la Cc79 dos refranes no aparecen nunca uno tras otro. Finalmente, Lakarra esgrimió argumentos lingüístico-filológicos.

Garibai presentó sus refranes vascos junto a su correspondiente traducción española (en ocasiones se trata de una traducción extremadamente literal): Aita gurea bein eliçara eta orduan nequez / Nro padre vna vez á la yglesia y entonçes con trabajo. Por lo que respecta a los temas, son múltiples y todos ellos están relacionados, como es usual en este tipo de colecciones, con la vida cotidiana del pueblo llano: hay refranes sobre la personalidad de las gentes, sobre el trabajo, sobre los ricos y pobres, sobre la meteorología, sobre los calendarios popular y religioso, sobre algunos lugares concretos, sobre animales, etcétera.

Dejando de lado los refranes de Garibai, en 1596 se publicó en Pamplona otra colección de refranes: Refranes y sentencias comunes en Bascuence, declaradas en Romance con numeros sobre cada palabra, para que se entiendan en las dos lenguas. La compilación se revela como uno de los textos arcaicos vascos más interesantes: es más extenso que todos los refraneros de los siglos XVI y XVII (contiene 539 refranes) y recoge algunas características lingüísticas arcaicas de gran interés.

Sabemos que la obra Refranes y sentencias se publicó en 1596 y que tanto Oihenart (siglo XVII) como Larramendi (siglo XVIII) la conocieron; sin embargo, puede decirse que el refranero fue redescubierto en el siglo XIX, cuando Van Eys lo halló en la biblioteca personal del Gran Archiduque de Hesse en Darmstadt, en el año 1894. Por fortuna, Julio Urkixo tuvo tiempo para sacar fotografías del original, ya que el texto desapareció poco después en la guerra. Refranes y sentencias recoge 539 refranes, pero parece que la copia de Darmstadt no estaba completa y que Larramendi empleó un ejemplar más extenso, ya que el andoaindarra mencionó algunos refranes que no aparecen en la copia alemana. Según Lakarra, la colección original pudo contener entre 800 y 1.000 refranes.

Como ya se ha indicado, Julio Urkixo creyó que el autor de Refranes y sentencias había sido Garibai. Asimismo, percibió la influencia del español en los refranes y propuso que el autor vasco había empleado los refranes de Hernán Núñez para construir su obra.

En cuanto a la presentación de los refranes, en cada página aparecen dos columnas: la izquierda recoge los refranes vascos y la derecha su correspondiente traducción española. Los refranes están numerados y sobre cada una de las palabras aparece otro número, que indica las correspondencias entre el texto original en eusquera y su traducción:

1212
190.ArdiadardunaOvejacornuda
345345
ta beisabeldunayvacaBarriguda

Refranes y sentencias es una colección amplia que recoge numerosos tipos de refranes (apotegmas, denotativo-connotativos, figurativos) y de temas. La mayoría de ellos versan sobre elementos de la vida cotidiana: la familia, la personalidad, las propiedades, la riqueza y la pobreza, el calendario, la meteorología, dichos acerca de lugares y personas conocidos, etcétera.

Más que literario, el valor de la colección es puramente lingüístico.

El documentalista Borja Aginagalde realizó un gran descubrimiento el 18 de febrero de 2004: el manuscrito del alavés Joan Pérez de Lazarraga. Lazarraga nació en Larrea (Araba) entre 1547 y 1548 en una familia noble originaria de Oñati. En 1575 se casó con Katalina González Langarika en Arriola y tuvieron dos hijos. Ocupó distintos cargos públicos en la misma comarca y falleció el 12 de abril de 1605.

Era conocido que Lazarraga había escrito en español la crónica de su linaje y un trabajo titulado Historia de Álava que hoy en día se considera perdido, si es no se trata de otra forma de nombrar su crónica genealógica. Algunas de las copias de los trabajos sobre genealogía del de Larrea se han conservado, entre otros lugares, en la Biblioteca Nacional de España. Precisamente María Comas trascribió y publicó gran parte del trabajo en 1936. Nadie sabía, sin embargo, a pesar de conocer que el pseudónimo de Lazarraga fue "El Poeta", que el alavés había escrito una breve novela pastoril (al parecer inacabada) y algunos poemas, materiales que se recogen, precisamente, en el manuscrito hallado por Aginagalde en 2004.

El manuscrito fue adquirido por la Diputación Foral de Gipuzkoa y poco después fue puesto a la vista de todos en Internet. Hoy en día se conserva en el museo BiBat de Vitoria-Gasteiz. El propio Aginagalde afirmó que el texto databa de una fecha intermedia entre 1564 y 1567, y el filólogo Joseba A. Lakarra destacó el enorme valor que el ejemplar tenía desde distintos puntos de vista. El grupo de investigación Monumenta Linguae Vasconum, dirigido por el propio Lakarra, se ha encargado de analizar y publicar exhaustivamente el texto.

El manuscrito contiene 51 páginas (52 páginas estándares aproximadamente) y, aunque la mayoría de ellas están escritas en lengua vasca, también hay algunos pasajes en español. Parece, además, que los pliegos no están completos y que se han perdido numerosas páginas. Los investigadores han hallado más de una mano autora, y también se ha barajado la posibilidad de que fuera escrito en diferentes épocas.

Si bien los textos recogidos en el manuscrito no se han publicado hasta el siglo XXI, es fácilmente perceptible la importancia que el texto del alavés Larrazaga tiene tanto para la historia de la lengua como para la historia de la literatura vasca: hasta 2004 el inicio de la novela en eusquera se situaba a finales del siglo XIX, y el hallazgo ha adelantado dicho inicio tres siglos. Basta, asimismo, comparar la cantidad de páginas que tiene el manuscrito con la cantidad de páginas que había anteriormente a él en todo Araba, para percatarse de la importancia que tiene como corpus lingüístico histórico.

Para situar los trabajos de Lazarraga desde el punto de vista literario es necesario conocer las aficiones literarias de los nobles de la época. Como ya se ha señalado, el manuscrito recoge una breve novela pastoril inacabada y algunos poemas, escritos tanto en eusquera como en español. Ha de señalarse que no todos los poemas son de Lazarraga: también hay algunos escritos por el autor desconocido Estibaliz Sasiola.

Primeramente ha de recordarse que no conocemos, puesto que nos es imposible, qué textos manejaban y leían los autores y lectores de aquella época. No sabemos qué tomaban por bueno y qué rechazaban. Iñaki Aldekoa ha empleado el caso de Gutierre de Cetina para aplicarlo al de Lazarraga: el trabajo de Cetina, a pesar de ser de la misma época, no se publicó hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, salta a la vista el parecido entre el poema A8 de Lazarraga y el texto "Zagala, quán libre estás" de Cetina. Dicho de otro modo, parece que Lazarraga conoció y tomó como punto de partida el trabajo de Cetina, aunque también puede ser que ambos bebieran de la misma fuente, hecho que explicaría tal semejanza.

Aginagalde dató los textos de Lazarraga y ha defendido que se trata de un manuscrito de la segunda mitad del siglo XVI. Por lo tanto, si se pretende entender el texto desde el punto de vista literario, es imprescindible conocer la novela de la época.

La novela de caballerías, en auge durante la Edad Media, se debilitó a partir del siglo XVI a pesar de seguir siendo el género por excelencia hasta bien entrado el siglo XVII. Puede decirse que perdió fuerza a partir de mediados del siglo XVI y que la novela pastoril se valió de dicho debilitamiento para conseguir su éxito. Vista esa cronología relativa, queda claro que Lazarraga aprovechó el auge de la novela pastoril: no optó por la novela de caballerías ya en decadencia a pesar de que el género gozaba aún de prestigio entre la nobleza. Ha de tenerse en cuenta que los nobles de la época también habían perdido poder en favor del rey, que la vida sin preocupaciones de la aristocracia había desaparecido porque ya no gozaban ni el poder ni la fuerza de antaño y, precisamente, por eso resultaban tan exitosas las novelas de caballerías entre los nobles: porque recuperaba aquel mundo perdido, aquella época y modo de vida ya pasados, ahora convertidos en pura fantasía a través de la literatura.

La novela pastoril, ya se ha dicho, se aprovechó de la pérdida de hegemonía de la novela de caballerías: los protagonistas heroicos de la novela de caballerías se amilanaron y, poco a poco, el amor tomó su lugar. Los pastores, que en las novelas de caballerías no ocupaban sino lugares marginales, pasaron a ser los personajes centrales de las narraciones. Por decirlo de alguna forma, la novela pastoril y la de caballerías coinciden en la tradición bucólica, y no ha de olvidarse, junto a todo ello, el cambio producido en la sensibilidad de los lectores. En ese contexto se publicó la obra Los siete libros de Diana (1559) de Jorge Montemayor, obra que, además de coincidir con el auge del género pastoril, contribuyó a la consecución de su éxito.

El comienzo y el final de la novela de Lazarraga se han perdido, pero podemos llegar a entender la historia que en ella se narra. Resumiendo, puede decirse que se trata de una narración constituida mediante los deseos amorosos de los personajes: Silvero ama a Sirena, pero Sirena ama a Doristeo. A su vez, Doristeo ama a Silvia y Silvia a Silvero. Y no hay forma de "curar" el amor que sienten los unos por los otros. Mientras los personajes cantan dichos amores, el lector observa numerosas imágenes típicas de la literatura de la época (valles, bosques, fuentes bajo la sombra, campos, orillas...) y, de vez en cuando, se produce una aparición sobrenatural, muy al estilo de lo que ocurría en la novela de caballerías.

En cuanto a la poesía, puede decirse que Lazarraga escribió versos para ser cantados. Sin embargo, no puede establecerse homogeneidad alguna ni por lo que respecta a la temática (el amor es el tema principal, pero también aparecen la religión, la burla, el erotismo y la narración, entre otros) ni por lo que respecta a la forma (el de Larrea utilizó métricas y modelos bien distintos). Dicha situación de heterogeneidad no hace sino aumentar las dudas. Entre las características de la poesía de Lazarraga, se ha mencionado la aparición de elementos típicos del amor cortesano, donde el poeta queda rendido a su dama. Cabe subrayar, por otro lado, que Lazarraga vuelve a caminar por la senda de sus contemporáneos, y es que era usual que los jóvenes, casi a modo de juego o pasatiempo, se dedicaran a escribir poesía. Son dignos de mención, finalmente, algunos elementos procedentes de la tradición medieval que aún aparecen en las líneas de Lazarraga.

Según Iñaki Aldekoa, por otro lado, el de Larrea no empleó el modelo italiano, no se alineó a la nueva espiritualidad ya extendida por la Europa del siglo XVI como haría casi un siglo después el suletino Oihenart. Puede decirse que Lazarraga se quedó a medio camino entre los modelos tradicionales del siglo XV y el nuevo modelo surgido de la mano del italiano Petrarca.

Finalmente, han de mencionarse algunos trabajos cuyo interés resulta puramente filológico. Parece ser que Sancho de Elso, natural de Odieta, escribió un catecismo en español y euskara en 1561 (sería, por lo tanto, el primer autor navarro y el primer catecismo en lengua vasca); sin embargo, no se conoce ejemplar alguno del mismo, por lo que el primer catecismo de la historia de las letras vascas es la Doctrina christiana en Romance y Bascuence (1596) de Joan Pérez de Betolaza, publicada en Bilbao. Apenas conocemos nada sobre el autor: cuando Mitxelena preparó la reedición del texto (1955), el lingüista creyó que Betolaza era bilbaíno; sin embargo, ya en la década de los 80 Enrike Knörr demostró que el autor había nacido en un pueblo alavés con el que compartía denominación: Betolaza. La doctrina de Betolaza es la traducción de la doctrina que Ripalda publicó en 1591, el texto es dado a dos columnas en español y euskara y la orden de traducirlo fue dada a Betolaza por el obispo de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada Pedro Manso Zúñiga.

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El siglo XVI es un siglo de vital importancia en la historia de la literatura vasca, y es que entonces se publicaron los primeros libros en euskara (algunos literarios y otros de carácter religioso). Es sabido que las invenciones y los hallazgos del siglo XVI (la imprenta y las nuevas rutas de mercadeo, sobre todo las unidas al descubrimiento de América), junto a algunas innovaciones y adelantos anteriores, provocaron un cambio de paradigma en los ámbitos del libro impreso y de la misma literatura.

En el ámbito del euskara, como se ha indicado anteriormente, más allá de inscripciones, palabras sueltas, listas de términos, textos breves y pequeños fragmentos insertados en otras obras, el primer libro escrito en lengua vasca se imprimió en Burdeos a mediados del siglo XVI (la obra Linguae vasconum primitiae de Etxepare, publicada en 1545), iniciando la historia de la literatura vasca y un nuevo período en el seno de la historia del euskara.

A pesar de saber que la literatura vasca dio los primeros pasos en el siglo XVI y que ya en aquella época se publicó más de una obra, ello no ha de llevarnos a pensar que dicha literatura se estabilizó. Es cierto que desde entonces (en algunas épocas de forma continuada y en otras no tanto) se han publicado obras en euskara continuamente, pero ello no significa que existan nexos y homogeneidad entre todas ellas. Es más, parece que cuanto más atrás volvemos en el tiempo, más alejados y aislados encontramos tanto las obras como los autores vascos (algunos de los autores que hoy en día se consideran fundamentales no fueron conocidos hasta el siglo XIX, por ejemplo).

Entre los siglos XVI y XVII Etxepare escribió quince poemas (tratando temas como el amor, la religión, el euskara y la supuesta autobiografía). Treinta años después Joannes Leizarraga tradujo el Nuevo Testamento (1571) con el objetivo de expandir las ideas calvinistas, y veinticinco años después se imprimió en Bilbao la doctrina del alavés Betolaza (1596). Aquel mismo año se imprimió en Pamplona la colección vizcaína Refranes y sentencias. Entre tanto, hallamos el manuscrito de Joan Perez de Lazarraga, que recoge algunos versos y una novela pastoril escritos en el siglo XVI, aunque no fueron hallados hasta el año 2004. Cabe mencionar, del mismo modo, el material perteneciente a la literatura y tradición oral recogido en los trabajos de historiadores como Garibai, Isasti o Ibargüen-Cachopín. Basta, pues, volver a leer la lista de obras y autores precedente para percatarse del mencionado "aislamiento" y falta de continuidad.

Por lo que se refiere a Ipar Euskal Herria, cabe destacar que los principales autores vascos de los siglos XVI y XVII fueron vasco-franceses. En el siglo XVI hallamos dos autores y cuatro obras importantes. Se trata del Linguae vasconum primitiae de Etxepare (1545) [=Primicias de la lengua vasca] y de las tres obras de Lizarraga: Iesus Christ Gure Iaunaren Testament Berria (1571) [=Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo], ABC edo christinoen instructionea (1571) [=ABC o la instrucción de los cristianos] y Kalendrera (1571) [=Calendario]. Arnaud Oihenart mencionó algún otro autor (Jean Detchegaray, por ejemplo), pero no nos ha llegado obra suya alguna.

A pesar de tratarse de materiales no recogidos hasta época "tardía", al hablar sobre los siglos XVI y XVII en la literatura vasca es importante detenerse y comentar algunos aspectos relacionados con la literatura oral, que tanta fuerza ha tenido entre los vascos históricamente. Parece que algunas baladas, canciones y coplas conocidas datan de aquella época, si bien es cierto que no es nada fácil datar ése tipo de materiales: el nivel de variación y la cantidad de variantes aumenta en la medida en que dichas composiciones se expanden. En Ipar Euskal Herria cabe mencionar las baladas Bereterretxeren khantorea [=La balada de Bereterretxe] y Atharratz jauregian [=En el palacio de Atharratze], ambas suletinas. Parece que ambas son tardo medievales y fueron transmitidas de generación en generación hasta que folcloristas e historiadores del siglo XIX (Chaho, Sallaberry, Michel, Jaurgain, etcétera) las recogieron en sus cancioneros.

Bereterretxeren khantorea es una de las baladas más antiguas (y posiblemente la más conocida) que han llegado hasta nosotros. Fue recogida por Sallaberry por primera vez en el cancionero Chants populaires du Pays Basque (1879) [=Cantos populares del País Vasco]. Tras Sallaberry, también fue recogida por Bordes, Azkue y Gavel, y también aparece en el curioso cancionero Kantu, Kanta, Khantore [=Canto, canción, balada] de mediados del siglo XX. Gavel recogió tres variantes de la balada y con las tres formó una única composición. En los años 60 del siglo XX, por otro lado, Jon Mirande publicó una estrofa inédita aprendida a su padre.

Bereterretxeren khantorea narra la historia de una traición y un asesinato. Un conde hace salir a Bereterretxe de su casa de Larraine con buenas palabras, engañándolo ("El señor conde seguidamente / como un traidor ("Jaun Kuntiak berhala / traidore batek bezala: / Bereterretx, aigü borthala / ützüliren hiz berhala") y, tras llevarlo preso camino a Maule, frente a la casa Ezpeldoi, lo asesina sin darle opción a defenderse ("Ezpeldoiko alhaba / Margarita deitzen da: / Bereterretxen odoletik ahürka biltzen ari da"). Sallaberry (y, posteriormente Jaurgain) culparon del asesinato a un conde de Iruri, quizás porque veía a Bereterretxe como competencia a la hora de lograr la mano de Margarita de Ezpeldoi, si bien es cierto que no se han descartado otras hipótesis. Según Jaurgain, el conde fue Luois de Beaumont, es decir, el gobernador de Maule a partir de 1434, hecho que ayudaría claramente a datar la composición. Según el historiador labortano, por otra parte, el asesinato de Bereterretxe pudo ser un ajuste de cuentas ente agramonteses y beamonteses.

A pesar de ser una balada originaria de Zuberoa, Atharratz Jauregian u Ozaze Jaurgainean está más extendida geográficamente que la anterior: además de en todo Ipar Euskal Herria, también se ha guardado en Navarra. No sabemos de cuándo data, pero parece ser que narra hechos acontecidos en el siglo XVI. Se publicó por primera vez en el siglo XVIII, en el trabajo Poésies Populaires de la France [=Poesías populares francesas]. Ya en los siglos XIX y XX, han sido muchos los folkloristas que la han recogido: Chacho, Michel, Sallaberry, Bordes, Aita Donostiak, Irigaray, etcétera. Jaurgain tomó tres variantes de la balada para crear una única versión y, junto a ella, proporcionó mucha información acerca de los personajes que aparecen en ella. Según el labortano, la boda forzosa mencionada en la composición fue la de la joven María de Jaurgain y Charles Luxe de Atharratze. Al fin y al cabo, es eso lo que narra Atharratz Jauregian: María está enamorada de un hombre llamado Sala, pero debe casarse forzosamente con el señor de Atharratze. Las estrofas recogen los momentos anteriores a la llegada del noble en busca de María y, según cada versión, el destino de María varía.

Son baladas tradicionales de Ipar Euskal Herria (a pesar de ser, seguramente, más modernas) Egun bereko alarguntsa [=Viuda el mismo día], Errege jaun [=El señor rey], Jaun Barua [=El señor barón], Judu Herratua [=El judío herrante], Musde Sarri, Urrutiako anderea [=La señora de Urrutia], etcétera.

Ya en el ámbito de teatro popular, se han producido algunas discusiones en torno al origen de las pastorales, y es que no resulta fácil determinar cuáles fueron las primeras. Lafitte y Hérelle defendieron que las primeras datan de comienzos del siglo XVI, pero parece que los argumentos esgrimidos para defender esa hipótesis no resultaron estar demasiado fundamentadas. Se trata de argumentos indirectos: más que de testimonios y documentos, se valieron de algunas características supuestamente arcaicas referidas tanto al tipo de teatro como a la lengua.

En lo que a documentación directa se refiere, Hérelle mencionó el trabajo Clovisen pastorala [=La pastoral de Clovis], de la que no se ha hallado rastro alguno. Oihenart, por su parte, mencionó la pastoral Artzain gorria (datada en 1565), pero tampoco se conoce ningún ejemplar de la misma. En la Biblioteca Nacional Francesa, por otra parte, se guarda una copia de la pastoral Saint Jacques que también ha sido motivo de discusión. Algunos (Hérelle, Urkizu) ven escrita en ella el año 1634, y otros (Oyharçabal) han demostrado que la fecha es, realmente, 1834. Finalmente, Hérelle dató la pastoral Jeanne d'Arc en 1723 sin proporcionar argumento claro alguno.

Visto todo lo anterior, no puede decirse que los que han defendido que las primeras pastorales datan del siglo XVI hayan dado argumentos de peso: faltan los documentos, sus argumentos son indirectos y débiles, ha habido errores de datación, etcétera. Por lo tanto, no puede afirmarse que en aquel siglo no existieran pastorales, pero hay datos sólidos que llevan a pensar que las primeras pastorales, realmente, se escribieron más tarde, quizás en el siglo XVIII.

Bernat Etxepare es, desde el punto de vista cronológico, el autor del primer libro impreso en eusquera y, precisamente, la gran mayoría de los datos que conocemos sobre él son los que aparecen en su única obra conocida: Linguae vasconum primitiae. Sabemos que nació allá por 1475 en Sarrasketa (Baja Navarra), que fue párroco de Eiheralarre y que estuvo encarcelado en Bearn, seguramente por posicionarse junto a los beamonteses en la guerra de Navarra. Su única obra conocida, la ya mencionada Linguae vasconum primitiae fue impresa en Burdeos por Morpain en 1545.

Se conserva un único ejemplar de aquella edición (guardada en la Biblioteca Nacional de París), pero algunos han creído, siguiendo a una pequeña anotación que aparece al final del libro que le otorgaba a Morpain la exclusividad de imprimirlo durante tres años, que el Linguae vasconum primitae pudo haberse impreso con anterioridad a 1545. Por otro lado, Arnaud Oihenart mencionó otra edición preparada por Adrian Morront, pero no ha llegado hasta nosotros y, de existir, sería posterior a la de 1545. No parece que la obra de Etxepare fuera muy conocida, ya que aunque Oihenart la menciona (y critica), no existe referencia alguna a Etxepare en los trabajos de estudiosos como Pouvreau o Larramendi.

Linguae Vasconum primitae es una obra breve: cuenta 56 páginas, algunas anotaciones breves, una introducción a modo de dedicatoria y quince poemas (1.159 versos). Se trata, sin embargo, de una obra importante debido a la época en la que se publicó y a las pretensiones del autor: queda claro que Etxepare era consciente de que abría las puertas de la literatura vasca impresa (basta mirar el título de la obra) y quiso tratar y mostrar en eusquera algunos temas usuales en otras literaturas cercanas.

Los poemas de Etxepare se ha clasificado temáticamente: religiosos, amorosos, uno que ha sido considerado autobiográfico y dos textos escritos a modo de canción en los que se ensalza el eusquera y se celebra que la lengua vasca haya sido impresa.

Los poemas religiosos del garaztarra ("Doctrina christiana" en general y la parte "Iudizio generala" dentro del mismo) reflejan la ideología del autor, según algunos investigadores. El título del poema resume a la perfección su contenido, ya que se trata de una explicación de la doctrina cristiana en verso (la primera de la doctrina religiosa vasca). El segundo es, por su parte, un decálogo. Los yo, y usted de ambos textos se refieren al autor, a Dios y a los receptores (es decir, a los lectores) de la obra respectivamente, y en dichos textos puede apreciarse la importancia que Etxepare otorgó al mundo interior, llegando a anteponer el rezo interior a la simple liturgia.

Debido a dichas ideas y otras similares, la escritora y profesora Aurelia Arkotxa ha creído ver la influencia de la devoción moderna de Kempis y de Erasmo, pero no parece que todos los críticos estén de acuerdo con dicha propuesta. Iñaki Aldekoa, principalmente, ha esgrimido contundentes argumentos contra dicha hipótesis: entre otras cosas, Aldekoa ha demostrado que algunas líneas del Linguae vasconum primitiae fueron escritas siguiendo a Gerson y no a Erasmo. Profundizando en temas de contenido, Aldekoa ha reivindicado que la doctrina de Etxepare es la doctrina cristiana tradicional: el imaginario pertenece a la tradición cristiana y está sujeto a la doctrina y a los predicadores. Dicho de otra forma, no hace falta recurrir a Erasmo para explicar la doctrina cristiana de Etxepare y, yendo más allá, dicha mención solo trae problemas, y es que algunas ideas expuestas por Etxepare chocan frontalmente con algunas opiniones de Erasmo: Etxepare utiliza algunas imágenes escatológicas que corresponden al Juicio General; sin embargo, no parece que Erasmo fuera favorable a ellas; se mostró contrario a utilizar imágenes impactantes y terroríficas. Por otro lado, el Jesucristo de Erasmo y el Jesucristo de Etxepare no son el mismo. El primero optó por una imagen cercana de Jesucristo y buscó profundizar en su humanidad. El garaztarra, sin embargo, utilizó la imagen de la tradición medieval: el Jesucristo juez. Además, Etxepare también mostró su divinidad. Por mencionar una última diferencia, puede hablarse de la Virgen: en el Linguae vasconum primitiae aparece en múltiples ocasiones y el autor muestra su gran devoción hacia ella, incluyendo los textos de tema amoroso. En el pensamiento de Erasmo, por el contrario, la Virgen ocupa poco lugar, y ni siquiera se aprecia un acercamiento hacia ella, principalmente porque Erasmo creía que Jesucristo era el único camino para la salvación del hombre.

En sus poemas amorosos, Etxepare unió el amor mundano y divino; es decir, siguió la tradición medieval heredada. Junto al bello amor basado en el cristianismo, el de Sarrasketa presentó a la mujer mundana prohibida como el objetivo de los amantes sin escrúpulos, ya tampoco faltan reflejos de erotismo. Siguiendo a Salaberri, Etxepare, tras hablar de la Virgen, bajó al mundo de los hombres, y por ello son recurrentes las imágenes, comparaciones y reflejos de la Virgen también en los poemas que hablan del amor mundano. Ha de recordarse, además, que la Virgen también es mujer, y no una mujer cualquiera sino la madre de Dios.

El primer poema de amor ("Amorosen gaztiguya") del Linguae vasconum primitiae es precursor de algunas ideas que se desarrollan a posteriori: en "Amorosen gaztiguya" el autor abandona el amor pecaminoso y llama a amar a la madre Virgen: "amoretan plazer baten mila dira dolore" reza en dicho poema, idea que se amplifica en los siguientes poemas hasta que el texto "Amore gogorraren despita" presenta las últimas consecuencias de todo ello: "Andre faltaz eniz hilen balinba ni lehena; / oroz etsi behar dizit, non balitate hobena; / heki ezin medra naite, bai gal neure arima; / bategatik sarri niro diren oroz arnega".

Por otro lado, como se ha indicado al comienzo, las mujeres son presentadas casi al mismo nivel que la Virgen en algunos poemas de Etxepare; sin embargo, no ocurre lo mismo con los hombres, ya que son ellos quienes llevan a las mujeres al camino de la perdición: "Emaztiak ez gaitz erran ene amorekatik; / gizonek utzi balitzate, elaidite faltarik. // Anhitz gizon ari bada andrez gaizki erraiten, / arhizki eta desoneski baitituzte aipatzen, ixilika egoitia ederrago lizate; / andrek gizoneki bezi hutsik ezin daidite". El hombre, además de ser malo, es insaciable y recurre a la fuerza: no se conforma con la cortesía, la cortesía no es suficiente para saciarlo y, ante la negativa de la mujer, el hombre la somete.

Siguiendo lo dicho al comienzo, la mayoría de los datos que tenemos sobre Etxepare aparecen en su obra, y se ha dado gran importancia al poema "Mosen Bernat Etxeparere kantuia", que usualmente se ha presentado como autobiográfico, ya que es en ese texto donde el garaztarra habló de su supuesto encarcelamiento.

En los últimos dos poemas del libro ("Kontrapas" y "Sautrela") se percibe otro espíritu: se trata de un espíritu alegre, fresco y renovado. Son dos textos escritos a modo de canción en los que se ensalza el eusquera, se dan ánimos para sacarlo a la calle y al mundo y para ponerlo a la par de otras lenguas. El tema, por lo tanto, ha de tenerse en cuenta porque refleja una clara conciencia y reflexión sobre la lengua del lugar: esos dos textos y la introducción dedicada a Bernard Lehete sitúan a Etxepare en la senda de las propuestas temáticas y puntos de vista de comienzos del Renacimiento.

La mayoría de las discusiones sobre Etxepare, dejando a un lado las referidas a algunos temas relacionados con la métrica, han versado sobre la época en la que ha de situarse al autor: algunos lo ven como un escritor que tuvo un pie en la Edad Media y el otro en el Renacimiento. Otros, por el contrario, lo han presentado casi completamente como humanista. Aurelia Arkotxa, por ejemplo, tras analizar el paratexto del Linguae vasconum primitiae, concluyó que Etxepare se encontraba más cerca del Renacimiento que de la Edad Media. Para llegar a tal conclusión analizó la portada interior (escrita en latín, donde se dan el nombre del autor y de la obra), las palabras que cierran el libro, las explicaciones del impresor (escritas en latín, donde se dan algunas notas sobre la ortografía y pronunciación), la tipografía (redonda humanística, introducida por Morpain en Burdeos en 1542), la puntuación de la introducción (no se sigue a Dolet), los grabados que aparecen en el libro y la encuadernación de lujo (posiblemente del siglo XVIII).

Otros investigadores han creído ver dos tiempos o fases de escritura en la obra (Lafon fue el primero en proponerlo). En una entrarían la introducción y los últimos dos poemas ("Kontrapas" y "Sautrela") y en el otro todos los demás; es decir, en los primeros se ha apreciado el espíritu del Renacimiento y en los demás el espíritu de la Baja Edad Media, todo ello por lo que corresponde al tema y a la forma.

Hablando de la forma, puede decirse que Etxepare se mostró heredero de la métrica popular medieval; es decir, pueden apreciarse algunos elementos tomados directamente de la literatura oral popular (fórmulas, repeticiones, frases, etcétera). Además, en el Linguae Vasconum Primitiae pueden apreciarse algunos rasgos propios de la poesía ya existente en las lenguas romances.

No puede afirmarse con rotundidad qué recepción tuvo la obra de Etxepare en su época, pero, como ya se ha señalado, no parece que el librito llegara a conocerse demasiado: Pouvreau y Larramendi no lo mencionaron y parece que los conflictos religiosos surgidos en el siglo XVI no favorecieron la expansión de la obra: los textos de Etxepare estaban muy lejos de los calvinistas, y qué decir de las ideas establecidas con fuerza por el Concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma.

Conocemos poco sobre la vida de Joannes Leizarraga: sus fechas de nacimiento y defunción no son seguras, pero parece que nació en Beskoitze (Lapurdi) en 1506 y que fue sacerdote católico antes de convertirse al protestantismo. Se trata del primer autor que publicó en prosa en eusquera.

Leizarraga dejó la Iglesia Católica en 1559 para convertirse al calvinismo, hecho por el que fue encarcelado. Es conocido que en aquella época comenzaron a extenderse las ideas y reivindicaciones de Lutero, y la reina navarra Joana de Albret, siguiendo a las ideas del pensador alemán, rechazó el catolicismo y se convirtió al calvinismo. Precisamente, dicha reina se percató de la necesidad de utilizar la lengua vasca para expandir las propuestas calvinistas entre el pueblo llano de la época, y poco después Leizarraga recibió la orden de traducir el Nuevo Testamento. Concretamente, la orden fue dada durante el primer sínodo celebrado en Pau en marzo de 1563, evento al que el de Beskoitze fue convidado. Parece que Leizarraga finalizó sus traducciones en apenas dos o tres años: en 1565 la Junta de Olorón nombró a cuatro colaboradores vascohablantes para supervisar los trabajos del beskoiztarra: los suletinos Piarres Landetcheverry y Sanz de Tartas, el labortano Joannes Etcheverry y un residente en Bastida de nombre Tardets.

En 1566, el sínodo de Nay celebró el trabajo de Leizarraga, y un año después fue nombrado ministro por el sínodo de Pau, hecho tras el que fue enviado a Bastida (Baja Navarra). Sabemos que a comienzos de la década de 1570 Leizarraga fue profesor de eusquera de los hijos de tres ministros; sin embargo, en la medida en que los años avanzan, los datos sobre Leizarraga disminuyen notablemente. Sabemos que estuvo presente en las reuniones que los protestantes organizaron en 1577 y 1579 pero que se ausentó de las de 1594 y 1596, seguramente porque acumulaba ya problemas de salud. Se ha propuesto el año 1600 como fecha probable de su defunción.

Las obras más importantes preparadas por Leizarraga son tres, y las tres se publicaron en 1571 en La Rochelle: Iesus Christ gure Iaunaren Testamentu Berria [=El Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo] (su traducción principal), Kalendrera [=Calendario] y ABC, edo Christinoen Instructionea [=ABC, o la instrucción de los cristianos].

En la primera, es decir, en la traducción del Nuevo Testamento, aparecen algunos textos junto al texto principal. Por un lado, hallamos los escritos que el propio Leizarraga escribió e incluyó al comienzo y al final de la obra: la carta dirigida a la reina ("Gucizco Andre noble Ioanna Albrete Naffarroaco Reguina Bearnoco Andre guehiénic, denari...), el capítulo "Heuscalduney", es decir, el auténtico prólogo de la obra y una lista de palabras que no se emplean en Zuberoa ("Çuberoaco herrian usançan ezdiraden hitz bakoitz batzu hango ançora itzuliac"). Finalmente, hallamos algunos textos breves, principalmente pequeñas traducciones y adaptaciones como "Testamentu Berrico hitz eta minçatzeco manera difficil bakoitz batzu bere declarationéquin", "Batbederec iaquiteco, eta maiz iracurtzeco duen Advertimendua nola Iesus Christ den Iaincoaren Leguearen fina, eta gure salvatzeco moien bakoitza", "Testamentu Çaharrac eta berriac iracasten draucuten guciaren sommarioa", "Testamentu Berrico liburuën icenac", "Testamentu Berrico materien erideiteco Taulá" o "Testamentu Berrian diraden icen propri Hebraico eta Greco batzuen declarationea".

Por lo que respecta a la traducción del Nuevo Testamento, algunos investigadores han tratado de averiguar la obra de origen utilizada por Leizarraga. Durante mucho tiempo se ha pensado en la versión francesa de Olivétan, en la traducción griega y en la Vulgata. Sin embargo, las investigaciones realizadas durante estos últimos años apuntan a otras fuentes: según Salaberri (2010a: 112-113), dichas fuentes son el Nouveau Testament publicado en francés entre 1559 y 1563 (no así el de 1564, como propuso René Lafón).

Kalendrera es un breve calendario religioso de 16 páginas. Siguiendo a Salaberri, no ha de olvidarse que el objetivo principal de dicho tipo de calendarios no era más que organizar la vida del pueblo llano siguiendo parámetros religiosos.

ABC, edo Christinoen instructionea othoitz eguiteco formarequin es, finalmente, un librito compuesto para niños y jóvenes. De ahí su formato didáctico y ligero, compuesto por breves capítulos fácilmente recordables (Salaberri, 2010b: 111). El libro contiene cuatro capítulos principales: el prólogo, el capítulo dedicado a la gramática, el dedicado a la aritmética y, el más importante, el dedicado a la doctrina cristiana. Parece ser que Leizarraga compuso la obrita tomando como modelo el ABC calvinista que se publicó en 1555 en Lyon.

Una vez finalizados sus trabajos, transcurrieron seis años hasta que se imprimieron. La reina Joana de Albret falleció en 1572 y dos años después (1574) fue otorgado el permiso para distribuir las obras, hecho por el que quizás la propia reina no llegó a ver la obra de Leizarraga publicada. Son más, de todas formas, las dudas surgidas en torno a la obra: Vinson explicó que se publicaron unas 40 copias de la obra, pero hay diferencias fácilmente constatables entre unas copias y otras en la propia lengua: en algunos ejemplares se lee arthalde y en otros arthegui: parece ser que los cambios fueron realizados a propósito. A la luz de dichas variantes, Lacombe propuso la posibilidad de que la obra de Leizarraga hubiera sido publicada en más de una ocasión. Vinson contestó proponiendo que, seguramente, el mismo Leizarraga realizó algunos cambios en la medida en que las copias eran impresas.

A pesar de que Leizarraga finalizó su tarea y sus obras llegaron a imprimirse, la debacle de los propósitos calvinistas impidió que esos trabajos no llegaran a cumplir sus objetivos. Tras la muerte de Joana de Albret, el rey Enrique III de Navarra (Enrique IV de Francia) reinstauró el catolicismo y prohibió el protestantismo. En 1589 fue nombrado rey de Francia, y se reconvirtió al catolicismo. Seis años después fue nombrado Rex Christianissimus y de ahí la famosa sentencia "París bien vale una misa". El trabajo de los autores de las décadas posteriores entraron con fuerza en Ipar Euskal Herria y las ideas contra reformistas fueron definitivamente asentadas. Como consecuencia de ello, las obras de Leizarraga no se reimprimieron hasta el siglo XIX, y lo fueron de manos de investigadores vascos cuyos intereses resultaron principalmente lingüísticos.

Dejando a un lado las traducciones, ediciones y fuentes, el elemento que más ha llamado la atención y más ha atraído a los investigadores durante los últimos años ha sido la lengua empleada por el de Beskoitze. No cabe duda de que Leizarraga tuvo que realizar un gran esfuerzo para satisfacer las órdenes que le habían sido encomendadas: más que optar por un modelo lingüístico, tuvo que crearlo.

Por lo que respecta a los sonidos y a la morfología, la lengua de Leizarraga es arcaica. En el ámbito del léxico, salta a la vista su tendencia cultista latinizante: como dijo Mitxelena, "[Leizarraga] era un culterano desenfrenado". Se ha señalado que dicha tendencia responde a la necesidad de mantener el texto traducido lo más cerca posible del original. Prueba de ello es, asimismo, la "relajación" que se percibe al leer textos originales, es decir, no traducidos.

Apenas conocemos nada de Beltran Zalgize o Bertran de Sauguis, y parece que gran parte de su obra se ha perdido. No sabemos cuándo nació, pero sabemos que fue un noble suletino, calvinista y hombre de leyes. Su mujer, Catherine de Vesgez, fue familiar de Arnaud Oihenart. Beltran Zalgize tuvo cargos importantes en Maule, Piamonte (Italia), Pau y Donapaleu. El propio Oihenart declaró que Zalgize era un buen poeta; sin embargo, parece que sus textos se han perdido. Zalgize también recogió algunos refranes, que posteriormente fueron recogidos por Oihenart, gracias a lo que son conocidos hoy en día.

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