Painters

Barbara y Balza, Joaquín

Pintor contemporáneo nacido en Llodio, Álava, el 18 de diciembre de 1867. Con respecto a la fecha de fallecimiento, los especialistas no se ponen de acuerdo. Cuando se recuperaba de forma satisfactoria de un accidente doméstico, acaso en Santander, decidió suicidarse de un tiro en la cabeza. Se barajan dos fechas para el óbito: los años 1920 y 1931. En cambio, sí existe una cierta coincidencia en cuanto al día: 10 de septiembre.

La biografía de este artista conserva todavía importantes lagunas y ausencias documentales, lo que dificulta una valoración atinada sobre su persona. Destacó pronto por sus aptitudes dibujísticas, circunstancia que debió motivar el apoyo de una de sus ramas familiares, los Alday, a su vez vinculados con los Urquijo. Se instruye en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, centro en el que permanece matriculado desde 1885 hasta 1891. Entre sus profesores figura el eminente retratista, pintor de Cámara y Director del Museo del Prado, Federico de Madrazo.

Como la mayoría de los artistas de la época que ansían prestigio y reconocimientos oficiales, asiste a las convocatorias que con carácter bienal o trienal se celebran en Madrid: las renombradas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Su primera remesa es a la edición de 1890 con el lienzo titulado ¿Qué habrá dentro?. Concurre de nuevo en 1892 con Último adiós, que recibe el galardón de medalla de tercera clase. En 1895 envía tres óleos: Retrato de señora, Paisaje y Retrato del marqués de Villamejor, con el que logra de nuevo medalla de tercera clase. En la convocatoria de 1897 obtiene con Náufragos una de las medalla de segunda clase, participando por última vez en la convocatoria de 1901 en la que envía un solo cuadro.

A finales de siglo, participa también en la Exposición General de Bellas Artes de Barcelona, donde logra una mención honorífica en 1891 con el cuadro Último adiós. Al año siguiente, esta misma tela será remitida a la Nacional de Madrid. Se exhibirá otra vez más en la Exposición Artística de Bilbao en 1894. Obtendrá tercera medalla.

En 1894 consigue en brillante y reñida oposición la primera plaza como pensionado para la Academia de Bellas Artes de Roma. Se traslada un año después a la Ciudad Eterna donde conforma y madura su estilo realista. Recorre la península itálica de sur a norte, documentándose acerca de las obras de los grandes maestros italianos. Concluido el plazo de su beca-pensión, sin posibilidad de más prórrogas, regresa a Madrid hacia 1899-1900. Alcanzado ya un cierto renombre, la burguesía madrileña solicita sus servicios como retratista, modalidad en la que exhibe indudables dotes, dada la excelente formación que tiene del oficio.

En 1903 contrae matrimonio con María Garavilla en la iglesia de San Pedro de Lamuza, en Llodio. Son tiempos en los que debe solucionar la economía familiar sin la necesidad ya de depender de los siempre volubles encargos artísticos. Por este motivo prepara oposiciones a la Administración pública como profesor de dibujo. Según se ha dicho, solicitó plaza en el Instituto de Córdoba hacia 1903-1904 para trasladarse al poco tiempo al Instituto de Vitoria. Tras breve escala en la capital alavesa, terminará por afincarse en Santander, ciudad en la que reside hasta su fallecimiento.

En Santander mantuvo una interesante vida social y cultural, siendo amigo, entre otras personalidades, del escritor y filólogo Marcelino Menéndez y Pelayo, y del científico y arqueólogo Alcalde del Río, descubridor de la cueva de El Castillo. Ocupó puestos de responsabilidad en la capital cántabra, pero sin desvincularse de los círculos intelectuales madrileños. Por el contrario, durante sus últimos años parece que apenas se prodigó con los pinceles.

Aunque realizó cuadros de historia, asuntos religiosos, escenas costumbristas y paisajes, es Joaquín Bárbara y Balza, sobre todo, un consumado retratista. Ha pintado admirables efigies de su entorno social y familiar, incluido algún autorretrato. Son sus composiciones, históricamente, de un academicismo agonizante donde desarrolla una elocuencia de dibujante neto y de pintor sobrio, ya que no se adentra en atrevidos cromatismos. Los modelos están expuestos y retratados bajo una depurada técnica, con una morosa paciencia de estudio que revierte en la reproducción atinada de rasgos fisonómicos, telas, objetos y escenarios.

Desgraciadamente, la actividad creadora de este pintor no es conocida como debiera en su tierra natal y en el resto del País Vasco. Las escasas noticias que de él se tienen, el temprano alejamiento de la geografía vascongada, el magisterio como profesor de dibujo y el que una parte señera de su producción haya estado orientada hacia los encargos de tipo particular, principalmente retratos, son factores que han contribuido a que no se prestara la conveniente atención crítica a sus obras.

  • GARCÍA DÍEZ, José Antonio: La pintura en Álava, Caja Vital, Vitoria-Gasteiz, 1990, pp. 98-103.
  • MORENO RUIZ DE EGUINO, Iñaki: Artistas vascos en Roma (1865-1915), Gipuzkoa Donostia Kutxa, San Sebastián, 1995, pp. 298-307.