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Falange

Movimiento español regeneracionista, de tipo fascista, institucionalizado, bajo forma de partido, por José Antonio Primo de Rivera en 1933. Fusionado con las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica y con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista de Onésimo Redondo y Ledesma Ramos en 1934, fue unificado, por decreto, el 19 de abril de 1937, con monárquicos de diversas clases, pasando a denominarse Falange Española Tradicionalista y de las JONS, "movimiento militante inspirador y base del Estado español" durante las cuatro décadas regidas por el general Franco.

El falangismo apenas contó con escasos núcleos en el País Vasco. Esto es tanto más llamativo cuanto más nos acercamos a lo que fue el falangismo de la vieja guardia, en el que destacan importantes personalidades vascas como Julio Ruiz de Alda, José Luis Arrese o Manuel Valdés Larrañaga. Como movimiento universitario, sólo halla un cierto eco en los medios tradicionalmente mauristas de Bilbao o entre algunos de los artistas guipuzcoanos de vanguardia cercanos a Giménez Caballero. Euskal Herria industrial será refractaria a este nacionalismo español de corte castellano y centralista, contando, como cuenta, con un potente tradicionalismo carlista y un agresivo integrismo que canalicen la reacción antirrepublicana:

"En los centros industriales y fabriles del país -como Cataluña, Asturias o Vascongadas- su repercusión fue verdaderamente reducida. Los ámbitos nacionales con una gran tradición política eran impermeables a la propaganda falangista, pues su estilo, expresado mediante un lenguaje entre místico, poético y militar, sólo podía hallar un auditorio propicio entre clases de población socialmente desfasada y políticamente arcaicas. Geográficamente, la Falange sólo pudo abrir algunas brechas en la España mesetaria y pobre, sublimada por Unamuno."

Saña, H.: "La Falange. Intento de un diagnóstico", Indice n.° 257, 1969, p. 24.

Confirmando el análisis de Saña constatamos que es en Navarra y en su zona sur -la más arcaica socialmente- donde surge el primer núcleo fascista de la provincia. Su inmediato precedente serán las Juventudes del Partido Nacionalista Español creado, a nivel de estado, en 1930, y, en los primeros meses del régimen republicano, en Tudela. Mauro Irizar, estudiante de derecho procedente de los "legionarios", es el primer afiliado de las JONS que, en 1934, se fusionarán con el primer núcleo falangista de Navarra, el de Tudela, creado en marzo de 1933 por Aniceto Ruiz Castillejos, Luis Ledesma Robles y Antonio Huguet de Resaire. También en Pamplona el movimiento tiene orígenes albiñanistas pudiendo ser localizado en la tertulia de la librería Arizmendi de la calle San Agustín. Propagandistas de primera hora son el poeta Ángel María Pascual y el presbítero Fermín Yzurdiaga, más aficionado este último al hábito castrense que al traje talar. Las restantes agrupaciones carecen apenas de importancia; son puñados de afiliados a los que da cohesión la revolución de 1934 y la aportación financiera de los grupos monárquicos más radicalizados. De entre ellas, las de San Sebastián, Bilbao e Irún parecen haber sido las más destacadas.

"En mayo (1934) apareció por Bilbao -nos relata Areilza refiriéndose a Primo- procedente de San Sebastián. Venía -dijo- a organizar la escuálida Falange local en la que apenas llegaban a cien los afiliados, aunque muchos fueran, por sus cualidades humanas y su abnegación, altamente estimados."

Un exponente de esta exigüidad que comentamos nos lo ofrece Marín Royo al señalar (p. 112) que de Tudela, núcleo fuerte del falangismo navarro, sólo salen, al estallar el alzamiento de 1936, 27 voluntarios al mando de Mauro Irizar. En la columna que se constituye en Pamplona rumbo a Bera y Guipúzcoa, junto a una compañía de requetés figura una sección de Falange. Eladio Esparza, columnista habitual de la prensa carlista, ironiza sobre la súbita y masiva adhesión de muchos al desfile conmemorativo de la fundación efectuado en Pamplona en octubre de 1936:

"Mucha gente, mucha gente. (...) Ayer recordaba yo la fecha del 28 del pasado marzo, en la que un grupo -un grupito- de gentes asistimos emocionados al sepelio del "primer caído" de Falange en Navarra. Desde entonces, siete meses. Ayer Falange hacía desfilar miles de afiliados. ¡Sea todo por Dios y por España!"

Burgo, Jaime: Conspiración y Guerra Civil, p. 575).

Aludiendo a la misma conmemoración, Arriba España da la cifra de 16.000 reunidos en Pamplona sabiéndose que, en mayo de 1936, los afiliados de FE en esta ciudad eran 151. En cuanto a los voluntarios de Vizcaya tras la toma de Bilbao, J. del Burgo da la cifra de 1.166 en contraposición a los 2.636 requetés vizcaínos: cifra que interesa comparar al centenar de afiliados a que alude Areilza. Ya en plena guerra, durante la reorganización del invierno de 1936-1937, las Brigadas de Navarra cuentan con cinco Banderas de Falange Española.

El monarquismo vizcaíno reaccionó rápidamente tras el hundimiento de la monarquía en 1931.

"Los de mi generación -dice Areilza-, monárquicos, organizamos en seguida un mínimo bastión de lucha para reagrupar en Vizcaya las derrotadas huestes. Fundamos una "juventud" con salón propio, círculo de estudios, revista y hasta su pequeño fichero electoral" (p. 76-77).

Y es que, en Bilbao, existe un clima "especial", existe una derecha financiera opuesta, desde el primer momento, a la República y, asimismo, a cualquier entente con el nacionalismo vasco. Derecha de origen liberal que difícilmente puede pactar tampoco con su enemigo tradicional, el carlismo. Maeztu, uno de sus ideólogos, lo explica a su manera:

"En Bilbao existía un pensamiento español y contrarrevolucionario, que podía servir de modelo al resto de España, porque Bilbao no se había contentado con que, frente al nacionalismo separatista, no estuviera representada España más que por revolucionarios enemigos de la tradición nacional española, como había acontecido en Barcelona y acontecía aún cuando se fundaba El Pueblo Vasco. Los discursos en San Sebastián pronunciados por D. José de Lequerica, la señorita Pilar de Careaga y D. José María de Areilza han sido demostración brillantísima de que era cierto cuanto había dicho yo de los bilbaínos. Los tres oradores eran exponentes de un estado de espíritu que es ahora común a muchas gentes de Bilbao y, si la verdad no fuera inmodesta, añadiríamos que a las mejores gentes de Vizcaya. El Pueblo Vasco puede jactarse de haber contribuido a realizar esta buena obra. Poco a poco ha ido haciéndose esta verdadera reconquista del alma de Vizcaya".

El Pueblo Vasco, Bilbao, 1-V-1935.

Pero no es éste el único factor de singularidad bilbaíno. De las aulas de Deusto brota, ya desde la dictadura de Primo de Rivera, un intento de "tercera vía" españolista que, alejada del tradicionalismo, persigue, sin embargo, morder en la clientela del monarquismo arriba aludido. Es el grupo de Sánchez Mazas, somatenista convencido, proselitista incansable de una vía nueva, equidistante de la "ingenua democracia socialista y el odioso y espeso democratismo hebreo de los plutócratas". "Con los ricos egoístas no sois más que criados" escribe Sánchez a Mourlane Michelena en 1923, queriendo que éste, el poeta Ramón de Basterra y el avispado Lequerica, constituyan unas Juventudes Nacionales, "especie de Somatenes del Norte de España", que aprovechen la "ocasión de trasformar el entusiasmo por el golpe de Estado en cosa más constructiva e inteligente". Este "tercerviismo" aflora en el pensamiento del nacionalismo español no democrático y llevará a una serie de bilbaínos al fascismo. Y, mientras la agitación antirrepublicana va ganando amplitud en tierra vasca -mítines y jornadas de "reafirmación católica", rumores de movimiento en los cuarteles, apariciones de Ezkioga-, los jefes de fila de la futura Renovación Española impulsan el nacimiento de las JONS.

"Ledesma -dice Areilza- contaba con escasos medios materiales. Yo mismo le proporcioné algunos, acudiendo a mis amistades bilbaínas, aunque muchas de ellas no lo conocían ni entendían muy bien qué era aquello del nacional-sindicalismo" (p. 90).

La ayuda, según cuenta Areilza, no va a ser sólo de tipo económico sino también organizativa e intelectual. Un José Félix de Lequerica aparecerá participando en el lanzamiento del semanario La conquista del Estado y escribiendo en la revista JONS, un Ramiro de Maeztu -padre del fascismo español para Salvador de Madariaga-, alambica esencias castellanas y desempolva imperios en la maurrasiana revista Acción Española, órgano del monarquismo insurgente de 1931 en el que colabora, también, Víctor Pradera. La flor y nata de la generación del 98, entre los cuales Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, José María Salaverria y Unamuno, aúnan sus ilustres plumas en el n.° 20 de La Conquista del Estado arremetiendo contra el catalanismo. Pero quien parece haber llevado todo el peso de esta colaboración hasta extremos casi equívocos es el conde de Motrico:

"Yo no acepté la disciplina de su organización aunque le prometí y conseguí ayudas sustanciales" (...) "en mi actividad política en Vizcaya y en los comicios electorales, no podía desprenderme de mi condición, públicamente mantenida, de monárquico y de mis contactos con quienes dirigían desde Madrid aquella tendencia" (p. 92) (...) "fui una especie de colaborador por libre de la naciente organización enviando incluso algunos pequeños trabajos a la revista política" (p. 92).

Su relación con los líderes históricos de Falange es estrecha: (O. Redondo) "Fue Ramiro Ledesma quien en una tarde del otoño madrileño de 1931, con su voz gutural y algo destemplada, nos presentó". "Intimé pronto con el joven castellano que sacaba ya para entonces un semanario titulado Libertad en su capital, y había organizado, por su cuenta, unas llamadas Juntas Castellanas de Actuación Hispánica que habían de quedar integradas más tarde en las nacientes "JONS" (p. 137) (Primo) "La primera vez que hablé con J. A. Primo de Rivera debió de ser en San Sebastián en el verano de 1932, poco antes del 10 de agosto" (p. 153). Para entonces, Areilza acaricia la idea de una fusión de los diversos grupos similares:

"Mi estrecha relación con Ledesma, y luego con Onésimo, hizo que el tema de José Antonio saliera a relucir con frecuencia como posible, y aun en opinión de algunos necesario acercamiento de las JONS a esa figura cuyas condiciones personales y calidades intelectuales eran extensamente admiradas. Yo fui uno de los que abogué con mayor interés en favor de ese diálogo. Otro fue Francisco Bravo, el jefe de las JONS de Salamanca, que batalló tenazmente en esa dirección. En marzo de 1933, Delgado Barreto organizó la salida de un semanario, de nombre poco afortunado: El Fascio, que no tiró sino un número, de muchos miles de ejemplares, y que fueron recogidos por la policía, salvo los que habían sido enviados a provincias y no se pudieron vender, aunque sí repartir. En Bilbao recibí un gran paquete que hice llegar a un numeroso grupo de amigos. Allí colaboraban Ramiro, Rafael Sánchez Mazas, Juan Aparicio, Ernesto Giménez Caballero y José Antonio, aunque este último bajo la inicial "E". Poco después, y a raíz de un viaje mío a Madrid a fines de abril, hablé largamente con Ledesma Ramos, y como consecuencia visité a José Antonio en su despacho de Alcalá Galiano, 8. Me recibió con gran cordialidad y ese innato señorío que emanaba de su temple vital. Había organizado un núcleo sindical, entre universitario y obrero, que se denominaba Movimiento Español Sindicalista, con el poco eufónico anagrama de MES, y trataba de hacerlo llegar a los cuatro confines de la península, de la que le llegaban ofrecimientos, estímulos y sugerencias. Yo le planteé con crudeza y precisión los problemas que suscitaba la hipotética fusión. José Antonio me habló a su vez con una franqueza notable, teniendo en cuenta que apenas me conocía y que yo le advertí lealmente de mi filiación monárquica y de que siendo -como era- el jefe de Renovación Española en Vizcaya no podía comprometerme a una línea de disciplina jerárquica ni con Ledesma ni, eventualmente, con la organización futura unificada, en el caso de que se lograse, si bien ayudaría con todo interés al logro del empeño. El me escuchó con silenciosa atención y me preguntó después sobre personas y cuestiones del País Vasco que no conocía bien pero que le preocupaban, como el tema catalán, al que aludimos varias veces y que despertaba en él una oleada de sensibilidad".

El mismo Areilza coordina las conversaciones Falange-JONS que tienen lugar en un hotel de la Concha donostiarra a fines de agosto de 1933 y en las que participan Ledesma, Primo, García Valdecasas y el piloto navarro Ruiz de Alda. De ellas no saldrá la esperada fusión sino un primer tanteo que se prolongará durante todo el año y comienzos del siguiente.

En Falange Española fundada el 29 de octubre de 1933 encontramos ya, de lleno, a varias individualidades vascas de importancia.Entre ellos a:

José Luis Arrese, de Bilbao, que escribirá, por encargo del mismo Primo, su Revolución social del nacional-sindicalismo y constituirá, con el tiempo, el pilar fundamental de la presencia azul en el régimen franquista.

Juan Antonio Ansaldo, de Aretxabaleta, colaborador de Ruiz de Alda, "de una mordacidad tan divertida como cruda" según Ridruejo, será el entrenador de la célebre Falange de la Sangre, organización destinada a vengar las acciones de la izquierda contra Falange. "Sordo, alegre, desenfadado, mordaz y un tanto loco" (Areilza), realizó el transporte de Fal Conde, en 1936, a Pamplona, e intentó efectuar el de Sanjurjo, desde Portugal, estrellándose a poco de despegar salvando sin embargo la vida. Expulsado de Falange, escribirá en 1951 un libro (¿Para qué?, Ekin, 1951) en el que denosta el ideario falangista como "bárbaras doctrinas fascistas, que por mucho que sea el oropel filosófico con que se vistan, muestran siempre, en su fondo, los básicos sentimientos de crueldad, barbarie, violencia y tiranía que les dieron vida -¡y muerte!- y que son tan viejos como el anhelo primitivo de imponerse, ya que no por la razón, por la fuerza a sus semejantes".

Rafael Sánchez Mazas, intelectual madrileño íntimamente relacionado con Bilbao donde estudia y se vincula amistosa y políticamente. Falangista de la primera hora, redactor de El Fascio (1933) y Arriba (1935) parece ser que la Falange le debió su grito patriótico ¡Arriba! ya que, según Areilza "buscando una locución exaltadora del patriotismo había venido a parar en el "arriba", traducción literal del "gora" que tos nacionalistas vascos habían acuñado para su grito habitual" (p. 48). También se le atribuye la elección del Yugo y las Flechas como escudo y parte de la paternidad de la letra del Cara al Sol. Durante el alzamiento del general Franco y posterior dictadura tuvo una actuación destacada siendo ministro, sin cartera, en 1939.

Manuel Valdés Larrañaga, marqués de Avella, arquitecto y licenciado en Exactas, n. en Bilbao en 1909. Gran amigo de Jose Antonio Primo de Rivera, miembro de la Junta Política y jefe provincial del SEU en 1933. Hombre de "una cierta rudeza hermética y bronceada de deportista pesado", para Ridruejo. Activo miembro del Movimiento tras la guerra y embajador en diversos países como Egipto, Venezuela o Líbano.

Julio Ruiz de Alda, militar, piloto famoso tras la hazaña del Plus Ultra, de Estella. Fundador, con Primo de Rivera, de Falange, y triunviro, en 1934, de FEJONS, creador del SEU, "gracia y levadura de Falange" con el que organizó actos como el asalto al local de la FUE de la Facultad de Medicina "rompiendo el encantamiento de aquellos santuarios laicos". Ximenez de Sandoval le atribuye la adopción del nombre Falange y el color azul mahón como distintivo de la indumentaria. Su trepidante activismo rechaza la definición joseantoniana de Patria sustituyendo "unidad de destino" por "unidad de misión en lo universal". Hombre de "oratoria maciza, algo desmañada y premiosa" (Areilza) fue un incansable organizador, imponiendo a Primo como jefe supremo en octubre de 1934 al que sustituyó durante sus ausencias. Le cupo, así como al resto de la Jefatura Nacional de FE, ser sorprendido por el alzamiento militar de 1936 en la cárcel de la que, al igual que José Antonio, no había de salir sino para enfrentarse al pelotón de fusilamiento. Sobre su pensamiento, Ridruejo llega a decir en sus Memorias que "era más bien un símbolo con pocas disposiciones para la gestión política". Abundan en sus modestos escritos las frases alusivas a la "Antinación", la glorificación de la violencia, demagogia obrerista y campestre, la hipervaloración de la unidad nacional y los denuestos contra el estado "demoliberal", los partidos y el sistema parlamentario.

Aniceto Ruiz Castillejos, médico residente en Tudela orientado tempranamente hacia el Movimiento Español Sindicalista por intermedio del coronel Tarduchy. Tras la guerra sólo ocupó un cargo público -gobernador civil de Teruel- pese a haber sido nombrado Consejero Nacional en 1935.

El grupo de Pamplona. Instigadas por Ruiz de Alda, una serie de reuniones desemboca en el alquiler de un local primero en Carlos III y luego en el Paseo Sarasate. El grupo se desenvuelve bajo la jefatura de Pedro Uranga, de raigambre maurista. De entre nombres como Jesús Irujo, Silvio Ustúriz, Alberto Artuondo, Blas del Cerro, Alfonso Casanova, Daniel Huarte, Luis Perez, Azcárate, Arriazu o San Martín, destaca, sobre todo, el del ex militar y hotelero José Moreno, jefe, luego, provincial de Navarra, que pasó a formar parte de la Junta de Mando Nacional. Hacia las fechas de la unificación FEJONS, este movimiento contaba simpatizantes o afiliados en Cáseda, Peralta, El Busto, con Pitillas, Dicastillo, Sansol, Mendavia, Lazagurria, Berbinzana, Mañeru y Estella. Propagandísticamente contaba Falange navarra con la pluma del presbítero Yzurdiaga y del poeta Angel María Pascual, colaboradores en la prensa local pamplonesa.

Destaca de entre todos los componentes de este Club de artistas y profesionales, José Manuel Aizpurua, arquitecto, fundador del núcleo falangista de esta ciudad. El Club en sí ha sido descrito como:

"heterogéneo, mitad cultural y gastronómico, donde un poco al modo de los "maestros cantores" he visto polemizar sin violencia, a pesar de la tensión de los años treinta, a Picasso con José Antonio Primo de Rivera, a Pío Baroja y su hermano Ricardo con Rafael Sánchez Mazas y a otros muchos en tertulias y cenas inolvidables" (Ed. Olasagasti: "Testimonio", Nueva Forma n.° 40, p. 35).

"y hacia el 33, el 34, nuestro grupo donostiarra de artistas se orientaba hacia el fascismo italiano, Giménez Caballero, Marinetti, solamente faltas tú, me vino a decir un día Soraluce, pero no era yo sólo el que les faltaba" (Oteiza: "Testimonio", Nueva Forma n.° 40, p. 3).

Grupo o equipo sindical -lo califica Ridruejo- "al que los falangistas prestamos mucha atención". Cofundador de GU es el pintor donostiarra Juan Cabanas Erausquin, amigo y compañero de Aizpurua y del excelente dibujante y arquitecto Eduardo Lagarde. Cabanas pasará a ser uno de los puntales de la propaganda del régimen tras la guerra. A él se debe el dibujo del escudo de España, de las insignias de la orden del Yugo y las Flechas y la fundación de la Jefatura del Ceremonial, junto con el entonces director general de propaganda, Ridruejo.

A partir del 4 de marzo de 1934 falangismo y nacional-sindicalismo marchan juntos. Al acto de fusión, celebrado en Valladolid, acuden desde Bilbao diversas personalidades de Renovación Española encabezada por Areilza. Las secciones provinciales se ajustan a la unificación. En Pamplona se nombra, el 15 de agosto, un triunvirato con Alfonso Casanova, Arraiza y Araoz. Incluso se celebra una fiesta en el hotel La Perla en la que tomó la palabra Justo Ollobarren, "El Pastor de El Busto", y el iruñarra Joaquín Ilundain. Pero el sesgo de los acontecimientos de 1934 no permite ni festejos ni coexistencias. En Europa soplan vientos fascistizantes, el affaire Stawisky sacude la democracia francesa. Ybarnegaray hace dimitir a Daladier gracias al manejo de la calle. En Valladolid la salida de los participantes al acto de unificación es acogida a tiros. El pistolerismo de izquierdas y de derechas comienza a cobrar víctimas cada vez más frecuentes y relevantes; a la muerte del industrial falangista Manuel Carrión, asesinado en San Sebastián el 9 de setiembre de 1934 al salir del estudio de Aizpurua, sucede, de forma fulminante, la de Manuel Andrés, destacada figura del republicanismo y propietario del diario La Prensa, en la misma ciudad y al día siguiente.

Para setiembre del mismo año casi todas las fuerzas españolas preparan alguna insurrección; los requetés reciben ya los uniformes (Iturralde: Los vascos y, t. I, p. 455), los socialistas proclaman la revolución inminente, los falangistas no van a ser una excepción. Areilza visita a Primo de Rivera y le entrega un informe monárquico sobre los preparativos izquierdistas:

"Tengo para mí que aquella fuente auténtica de noticias concretas sirvió en buena medida para alertar a sus huestes y acaso para decidirle a establecer algún reservado e importante contacto epistolar con una alta personalidad castrense que estaba destinada a ser histórica aunque su plena materialización no se llevara a cabo hasta bastantes meses después" (pp. 162-168).

Simultáneamente a la intentona de octubre, el falangismo nombra su primer Consejo Nacional con Jesús Sanz como representante del País Vasco y tres vascos -Valdés, Aizpurua y Ruiz de Alda- entre los 12 componentes de la Junta Política. Se activan las jefaturas de milicias con el navarro Blas del Cerro y la colaboración de Alberto Artundo y Luis Pérez. Pero el 8 de diciembre de 1934, las derechas monárquicas constituyen el bloque nacional con lo que Falange JONS queda aislada. Las relaciones entre Primo de Rivera y Areilza se enfrían. Y es que a las elecciones de febrero nadie quiere ir con los falangistas. Es tras éstas cuando cae el primer falangista navarro, Martín Martínez de Espronceda, el 29 de marzo de 1936, en Mendavia. El cadáver fue acompañado no sólo de correligionarios sino también por requetés navarros ya uniformados. (Burgo, Jaime: Conspiración y Guerra Civil, p. 575.) Para entonces Falange de Navarra cuenta con Sección Femenina a las órdenes de Josefina Arraiza y de la secretaria Mirentxu Mangado. Nuevas falanges se adiestran en las peñas de Etxauri al mando de Francisco Barragán, Atanasio Zavalza y Fermin Sanz Orrío teniendo, como jefe de primera línea, a Gregorio Apesteguía. De éstas se hará famosa, durante la guerra, por sus represalias la escuadra falangista "El Aguila".

Para 1935 Falange decide, por su cuenta, dar un final violento a la República (Gredos, I5 de junio). Se prepara una campaña electoral guerrera y agresiva para la que se necesita un himno. La noche del 3 de diciembre, en los sótanos del Or-Kon Pon, Ridruejo, Primo, Foxá y Mourlane Michelena componen, al alimón, los versos a una música preparada por el maestro Tellería. El Cara al Sol se canta por primera vez en el mitin de Madrid del 2 de febrero de 1936. El irunés Mourlane Michelena, erudito y excelente periodista, joseantoniano sin grandes definiciones, será director de Arriba, vicepresidente de la Asociación de Prensa de Madrid y miembro de diversas organizaciones prohijadas por el régimen. Juan Tellería Arrizabalaga, de Zegama, escribirá luego diversos himnos dedicados a la División Azul, la Vieja Guardia, el Frente de Juventudes, etc., siendo, hasta 1946, catedrático de música de cámara en el Conservatorio.

El 1 de agosto de 1936 el presbítero falangista Fermín Yzurdiaga Lorca, de Pamplona, saca el n.° 1 de Arriba España, primer diario de Falange en zona franquista, en los incautados talleres de La Voz de Navarra peneuvista. Jefe territorial de Prensa y Propaganda de Navarra y Vascongadas, de él dice Ridruejo que era "el más retórico y meloso de los discípulos que Eugenio D'Ors ha padecido. Era un orador civil que hablaba en sagrado o un orador sagrado que hablaba en civil -o en castrense con una abundancia de jardín tropical" (p. 116). Tras el decreto de unificación de Falange con el Tradicionalismo del 19 de abril de 1937, Yzurdiaga fue designado jefe de Prensa y Propaganda y se rodeó de un equipo "por aquellas fechas inmejorable" que "tenia ya casi formado en su periódico Arriba España, que se publicaba en Pamplona y era el más fino e intelectual entre los de su género" (p. 1 18). "Su acción fue poco organizativa y casi enteramente personal, pero puso en marcha una colección de libros y echó a navegar -aunque por poco tiempo- una revista lujosa, con tapas negras y rotulación en oro, que se llamó, como la italiana, Jerarquía " (p. 118). En el primer número de esta pomposa revista (1936) "del Imperio, la Sabiduría, la Técnica y el Nacional Sindicalismo" vemos las firmas del mismo Yzurdiaga, de Foyaca de la Concha, García Serrano, Joaquín Arbeloa, Sanz Orrio, F. Uranga, Giménez Caballero, Laín Entralgo, Eugenio Montes, Crispín Martínez, A. M. Pascual, J. M. Pérez Salazar, Toribio Arteaga, Eugenio D'Ors y Manuel Iribarren. El célebre presbitero sería luego consejero nacional y procurador en Cortes franquistas. De su equipo cabe destacar al periodista pamplonés y exquisito estilista Ángel María Pascual, muerto en 1947, y el prolífico Rafael García Serrano, también pamplonés, redactor del semanario Haz (1936), director de Arriba, Primer Plano, Siete Flechas, etc. Fundador del Frente de Juventudes, su nombre se hizo popular entre los vencedores de la guerra sobre todo a partir de su obra La Fiel Infantería (1943) que, llevada en 1960 a la pantalla, cosechó un gran éxito.

Convendría destacar también que la capital de Navarra es asimismo la cuna de otros falangistas de importancia como Manuel Iribarren, Joaquín Arrarás y Jesús Romeo Gorría. Otro propagandista, aunque de menor tono, es Federico de Urrutia, jonsista y luego hedillista.

Tras la conquista de Guipúzcoa -mes y medio después (16 de set.) de Arriba España de Pamplona-, sale en los talleres de El Día en San Sebastián Unidad, "Diario de Combate Nacional Sindicalista". En Álava el 18 de enero de 1937 el vespertino Norte sustituye a La Libertad, como órgano de Falange Española de las JONS en Álava, hasta 1940. Y mientras Bilbao sigue sin caer, ve la luz en San Sebastián Vértice "Revista Nacional de Falange E.T. y de las J.", en la que colabora toda la intelectualidad franquista del momento. Podemos citar entre éstos los siguientes vascos: el pintor Carlos Sáenz de Tejada, alavés de Laguardia, ilustrador de la Historia de la Cruzada de Arrarás y luego profesor en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Jacinto Miquelarena, humorista y fino periodista, nacido en Bilbao, corresponsal extranjero durante muchos años de vida. El portugalujo Juan Antonio Zunzunegui, escapado de Madrid, novelista prolífico de estilo algo grueso. El bilbainista Sánchez Mazas y algunos otros. En San Sebastián, los falangistas se hacen también con la Voz de España (2 de junio) que había aparecido el 15 de setiembre del anterior año como diario tradicionalista. En los talleres de Euzkadi se tira el número 1 (5 de julio) del vespertino falangista Hierro dirigido por J. Antonio Jiménez Arnau y el de El Correo Español, (6 de julio) falangista, que luego se fusionará con El Pueblo Vasco bajo la dirección de Santiago Nadal.

Si bien puede decirse que, con el decreto unificador de 1937, Franco ponía fin a la vida de una organización que, con pretensiones de vanguardistas, había vehiculizado, a través de sus acciones y militancia, el conservantismo autoritario de grupos y partidos de la derecha clásica, el final de la guerra va a suponer su total entierro; en sus puestos de mando pueden verse figuras monárquicas, como Areilza; carlistas, como Esteban Bilbao o José María Oriol, y un sinnúmero de personas sin vinculación política conocida. Con Arrese, el falangismo se sumerge definitivamente en la marea del Nuevo Estado franquista. Ha nacido el Movimiento.

  • ÁLVAREZ PUGA. Historia de la Falange, Dopesa, 1969, Barcelona, 221 pp.
  • ANSALDO, J. A. ¿Para qué...? (De Alfonso XIII a Juan III), Buenos Aires, Ekin, 1951
  • AREILZA, J. M. de. Así los he visto, Esp. de España, Planeta, 1974, 408 pp.
  • BÉCARUD; LÓPEZ CAMPILLO. Los intelectuales españoles durante la II República, Siglo XXI, 1978, 184 pp.
  • BURGO, J. de. Conspiración y guerra civil, Alfaguara, 1970
  • Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco: información bio-bibliográfica diversa, Auñamendi, 1969
  • GIBSON, I. En busca de José Antonio, Esp. de España, Planeta, 1980, 335 pp.
  • MAEZTU. Autobiografía, 1962, Ed. Nac.
  • MARÍN ROYO. Política tudelana del siglo XX, Tudela, 1977, pp. 109-112
  • PASTOR, Manuel. Los orígenes del fascismo en España, Madrid, Tucar, 1975
  • PAYNE, S. Falange, Historia del fascismo español, París, Ruedo Ibérico, 1965
  • Revista Nueva Forma, n.° 4 dedicado a J. Manuel Aizpurua, 1969, 190 pp.
  • RIDRUEJO, D. Casi unas memorias, Esp. de España, Planeta, 1976, 487 pp.
  • RUIZ DE ALDA, P. Obras Completas, Fe, Barcelona, 1939, 345 pp.
  • SAIZ VALDIVIELSO, Alfonso C. Triunfo y tragedia del periodismo vasco (1900-1939), Edit. Nacional, Madrid, 1977, 358 pp.
  • SAÑA, H. "Intento de diagnóstico", Indice, n.° 257, 1969, p. 24
  • SIERRA BUSTAMANTE, R. Euzkadi. De Sabino Arana a José Antonio Aguirre, Madrid, Ed. Nacional, 1941
  • XIMÉNEZ DE SANDOVAL. José Antonio, una biografía apasionada, Barc., Juventud, 1941