Lexicon

FRANCOS

HISTORIA.
Documentos. Una de las clases en que se dividían los habitantes de Navarra desde que alcanza la memoria de los tiempos. La primera noticia es del año 1090 en que el rey D. Sancho Ramírez intentaba hacer una población de francos en el lugar llamado Lizarra. En 1129 D. Alfonso el Batallador, dando privilegio a los francos que poblasen en el llano de Irunia, o Pamplona, entre otras cosas les concedió que no poblase entre ellos navarro, clérigo, soldado, ni infanzón; que los del pueblo propusiesen tres para alcalde, y el obispo eligiese uno de estos tres, porque había donado el rey esta población a Dios y a Santa María. En el privilegio que D. Sancho el Sabio concedió a los pobladores francos de Estella en 1164, confirmando los que antes había dado D. Sancho Ramírez, se lee que ningún navarro ni presbítero de fuera pudiese poblar en Estella sin voluntad del rey y de todos los habitantes. [Lo mismo se dice en el Fuero de San Sebastián, hablando de los navarros] : "et quod illus navarrus vel presbiter de foras non possit populare in Stella sine voluntate Regis et omnium Stellensium". Había también francos en el burgo de Sangüesa en el año 1171 con los fueros de Jaca. En 1174 el rey D. Sancho el Sabio concedió a los francos pobladores de Iribern los fueros del burgo viejo de San Saturnino de Pamplona: que ningún navarro, infanzón ni clérigo poblase entre ellos sin su voluntad; y que las heredades que comprasen a infanzones y villanos fuesen libres. En 1180 había francos en Los Arcos, y en 1252 los habían también en Puente la Reina. En Estella había en 1258 francos llamados de la Rúa y francos en la parroquia de San Miguel. En 1264 los había también en Lanz y el rey D. Teobaldo II les concedió el fuero de los francos del burgo de San Cernin de Pamplona; que las alzadas (apelaciones) de sus juicios fuesen para el rey; que contribuyesen a éste con 3 sueldos al año cada casa de la moneda que corriese en el reino, que si una casa perteneciere a varios individuos, cada uno pagase los 3 sueldos; que si estos individuos hiciesen casa nueva pagasen por ésta los tres sueldos, quedando libres de pagarlos por la parte de la antigua; los francos cedieron al rey el molino que tenían en el pueblo y se obligaron a moler todos en él y a no hacer otro. Existían igualmente francos en el valle de Larraun; y en 1397 el rey D. Carlos III mandó que se uniesen con los hijosdalgo y que todos formasen una sola clase. En Villafranca había casas llamadas de los francos en 1447; y el príncipe de Viana, donando a Blanchet de San Lux toda la tierra, heredades y bailio de aquel pueblo, exceptuaba las casas llamadas de los francos: caj. 154, n. 24. Los francos solían tener su alcalde particular; en Tafalla, donde también había francos, hacían un cuerpo con los roanos y se gobernaban por un mismo alcalde en 1473. En el cartulario (3, f. 220) se halla un documento sin fecha que contiene literalmente dos artículos, con alguna pequeña variación, del fuero de Estella del año 1164; su texto, rectificado con el mismo fuero, es como sigue:

De franco é de navarro
"De juditio si est inter francos et navarros de omni pleito quod habeant navarri cum francus cum testibus debeant probare unus ad alium per uno navarro et uno franco; é francos non debet esse de villis de foris sed de civitate aut de burgo regis: et navarros debet esse de Lizagorria citra aut de ponto Archeta, citra aut de Pampilona, citra aut de ponto Sanci Martini citra, é debet habere suum focum é suam mensuam. Si testes unus conta alterum non habuerint de toto plaito cum una jura erit liberi".

De bestia quadrupedis
"Nullus homo bestiam quadrupedis sine firmis emat. Si auctor qui exit de bestia sit francus contra francum donet auctorem et auctor sit francus et dicat numquam fuit tua, probabit cum duobus francis, et habebit suam bestiam: et si auctor est navarrus et dicat numquam fuit tua, ille qui probabit cum uno franco et altero navarro, et francus contra illum similiter".

En otra parte dice el fuero de los francos de Estella: "et quod non fecissent bellum, duellum cum hominibus de foras per nulo plaito; si dedissent testes unum navarrum et unum francum". Y más adelante: "nullus vecinus de villa Navarrum vozer ad iudicium adducere debet; sed causa rogacionis contra omnes homines potest adducere. Sed per vozer non accipientur. Et si duellum inter duos vicinus aderit, navarrum de foris ad vigilandum nec ad duellum accipient". En 1462 el rey D. Juan II perdonaba a Abrahán Forach judío de Pamplona 120 libras, como arrendador de la mercería de esa ciudad, por lo que había perdido a causa de que las gentes francas y extranjeras no osaban caminar por el reino con sus mercadurías con motivo de la guerra. De todos estos hechos se deduce que el nombre de francos era peculiar de ciertas gentes extranjeras que los reyes procuraban atraer para aumentar las poblaciones, y hacer otras nuevas, concediéndoles algunas libertades y exenciones, que después por el nombre de los mismos francos, a quienes se daban, tomaron el de franquicias y se comunicó el de francos a los demás a que se hicieron extensivas esas gracias, pues no parece nada verosímil que en estas nuevas poblaciones, usasen los reyes del medio de trasplantar los habitantes, principalmente si eran villanos o pecheros, de un pueblo para hacerlos libres en otro, a excepción de algún caso particular en que les convenía fortificar, por de pronto, un lugar de la frontera; porque sin conseguir el fin de aumentar la población, disminuían las rentas del erario.
Teorías. La indicada necesidad de buscar nuevos pobladores para Navarra procedía de las circunstancias de aquellos tiempos. A medida que se adelantaban las conquistas contra los moros, en lo interior de España, muchos pueblos quedaban desiertos y otros disminuidos por la expatriación de una multitud de sarracenos que no se acomodaban a las costumbres ni a las leyes de sus vencedores; este vacío inmenso convidaba, sin cesar, a la emigración en los países inmediatos y particularmente en Navarra, donde había un considerable número de villanos, reducidos por una parte a la servidumbre personal y halagados, por otra, con las ventajas que se concedían a los nuevos pobladores. Así es que esto debió producir un cambio muy sensible en las gentes y en las costumbres; porque al paso que se experimentaba la emigración y abandono de las tierras, se despertaba el estimulo natural y el interés en los señores feudales de transigir con sus pecheros, haciéndoles concesiones; y los reyes, al ver que se despoblaba el país, procuraban atraer otras gentes prometiéndoles ventajas que fuesen capaces de obligarles a trasladar su domicilio; y he aquí la causa de aquellos exorbitantes privilegios concedidos a Cáseda, y otros pueblos, haciéndoles el asilo de todos los delincuentes y criminales; pero este reemplazo debía hacerse naturalmente con los habitantes de los países más inmediatos al vacío que dejaba la emigración y donde no existía la misma causa que con respecto a Navarra, y era la Francia, de donde yo presumo que vinieron, en un principio, los francos a Navarra aunque después viniesen también de otras naciones. [El P. Terreros fue de esta misma opinión, y dice, con referencia a documentos originales, que la villa de Illescas y sus aldeas a 6 leguas de Toledo, se poblaron de solos gascones. Paleografía, pág. 18]. Esta opinión coincide con lo que dejó escrito el príncipe de Viana hablando de la repoblación del burgo de Pamplona por D. Alfonso el Batallador: "é ansi el dicho burgo (dice) fue poblado de gente francesa venida de la ciudat de Caors (Cahors), los quales carniceses fueron echados de Francia por el rey D. Felipe". Rey de los francos se titulaba todavía el rey de Francia en 1280. [La Academia de la Historia, en su Diccionario geográfico dice en lugar de Caors Tours, siguiendo sin duda el texto de algunos de los códices de la crónica del príncipe D. Carlos donde se escribe Taurs: yo he seguido lo que dicen dos códices de los cuatro que he cotejado, esto es caors y carniceses. Anales, tomo 3, pág. 435]. La circunstancia de encontrarse francos, villanos y ruanos en varios pueblos, cada uno con su alcalde y gobierno municipal separado, fortifica mi opinión, porque da a entender que las costumbres de estas diferentes clases eran diversas en su origen, y de ahí la necesidad de ser gobernados también por diferentes leyes que no chocasen con sus hábitos. El P. Moret sigue la opinión contraria suponiendo que los francos eran navarros a quienes los reyes libertaban de pechas (Anales: t. II, p. 305); pero véase los privilegios más antiguos y más libres de los pueblos de Navarra, antes de D. Alfonso el Batallador, y se advertía que los reyes hacían libres e ingenuos a sus habitantes y a sus heredades libres e ingenuas sin usar de la palabra francos ni franquicia: "et ubicunque aliquid comparare... potueritis in Jaca, vel foras Jaccam, hereditatem de ullo homine habeatis eam liberam et ingenuam sine ullo malo uso", así hablaba el rey D. Sancho Ramírez a los habitantes de Jaca en el año 1090; y de las mismas voces usaron los reyes antes de esa época hasta que el territorio de las monarquías cristianas se extendió demasiado con las conquistas y fue necesario traer extranjeros que lo poblasen; estos extranjeros se llamaban francos, y su nombre se sustituyó al de libres o ingenuos por las prerrogativas que disfrutaban; ni es cierto que los francos eran libres en toda su extensión, sino menos gravados que los villanos; pero pagaban como ellos las pechas sobre las tierras que cultivaban, según los pactos o privilegios con que venían a poblar. Distinguíanse, principalmente, en las servidumbres personales que originariamente llevaba consigo la clase de los villanos como procedentes, en mi concepto, de los esclavos de la antigüedad o de los primeros tiempos en que los señores, o propietarios de grandes terrenos, se sirvieron de aquéllos para su cultivo. Así es que la de los francos estaba colocada entre la de los villanos y los nobles; eran libres con relación a los villanos y tenían cierta analogía con los ruanos, que, como ocupados en las artes mecánicas y en el comercio, estaban también libres de servidumbres personales; y así es también que estas dos clases de gentes solían unirse bajo unos mismos pactos municipales con un concejo, un alcalde, etc., y aun se confundían con la nobleza en general, porque en un principio no se conocía otra linea de división entre nobles y plebeyos que la de la servidumbre personal de los labradores. Me parece pues que Moret no puso bien la consideración en los nombres para calificarlos con acierto; francos y navarros dicen los fueros, y ese autor no reparó en que si los francos eran también navarros no podía haber propiedad en esa manera de distinguirlos sino diciendo francos y pecheros o villanos, etc., siendo todos de un mismo país. La Real Academia de la Historia, conformándose con la opinión del P. Moret, supone que los francos eran los vascos u originarios del país, y que los navarros descendían de los antiguos navarros mencionados por Tolomeo que vinieron con Vamba a sujetar a los vascos [D. G. H. R. A. H., t. II, p. 581. Refuta lo que dice el príncipe de Viana, de haber venido los francos de Francia, fundándose la Academia en el argumento negativo del silencio del tesorero Garci López de Roncesvalles y de las otras crónicas de Navarra. "La prohibición de que poblase en el burgo de San Cerni navarro alguno puede servir de prueba (dice la Academia) [Ibid. p. 227] de que los navarros no se habían confundido aún enteramente con los vascos originarios del país". Cualquiera que sea el origen de los navarros, lo que prueba esto es que los francos eran una raza enteramente distinta de los navarros, como llevamos dicho; pero no que procedían de Navarra; y dicha prohibición está indicando todo lo contrario, así en Pamplona como en Estella y en Iriberri, porque supone la gran preponderancia que los navarros, como más numerosos, debían tener sobre las pequeñas colonias de extranjeros que venían a poblar, y las contradicciones que solían encontrar los nuevos pobladores en los intereses de los antiguos, ya por los celos de las ventajas que se les concedía, y ya porque con el aumento de las tierras cultivadas se disminuiría su valor. Por esta razón don Juan Núñez, y otros caballeros castellanos descontentos del rey D. Alfonso X de Castilla, suplicaban a D. Enrique de Navarra en 1273, entre otras cosas, que intercediese con aquél a fin de que deshiciera las "pueblas que mandó facer en Castiella é en León; porque andan hoy por puertas más de quinientos cabailleros que non han e vivir despues que las eill fezo estas pueblas...". Sin duda D. Alfonso, para las nuevas poblaciones, se valió de habitantes del mismo país despoblando los pueblos de señorío para poblar terrenos realengos: caj. 3, n. 64; y ésta parece ser la causa de protección que daban los reyes a los francos, en la necesidad de atraerlos, a fin de ponerlos a cubierto de todo insulto de los naturales navarros, clérigos, soldados e infanzones porque éstas eran, sin duda, las gentes de mayor influencia; protección que no necesitaban los navarros y por lo mismo no resulta que jamás la reclamasen ni se les diese bajo esa clase. Léase con reflexión aquel texto del fuero de los francos de Estella que dice: "et quod non fecissent bellum duellum cum hominibus de foras per nulo plaito si dedissent testes unum navarrum et unum francun". ¿Si los francos eran naturales del pais por qué tal conato en prohibir que los desafiasen los hombres de fuera? Esto prueba, con toda evidencia, que los francos no tenían ninguna simpatía con los otros habitantes; y acaso esta misma falta de simpatía produjo la contradicción que el rey de Francia experimentó, en 1277, en los habitantes de la Navarrería de Pamplona y la amistad en los burgos de San Cerni y San Nicolás donde habitaban los francos o franceses. [El Fuero de San Sebastián dado por Sancho el Sabio, indica que en ese pueblo había también francos y navarros.] Se ve que la analogía de costumbres se alejaba de tal manera, entre los francos y navarros, que se consideraban tan extraños entre sí como los cristianos y los moros, puesto que rehusaban admitir en sus juicios por testigos a los de la otra clase; y no parece que tan sólo la circunstancia de llamarse navarros los unos, y francos los otros, pudiera ocasionar un recelo tan fuerte hacia la imparcialidad en sus juramentos; es necesario creer que en esto intervenía otra causa más poderosa que los hacia mirarse como enemigos, y no pudiendo consistir en la diferencia de religión, no podemos menos de apelar a la de su origen, conformándonos con lo que dice el príncipe de Viana y con lo que indicaba el rey D. Juan II en el año 1462 acerca de que las gentes francas y extranjeras eran una misma cosa. Existen también tres indicios que no dejan de pesar en la balanza de mi opinión: es el primero que los principales habitantes de Estella, poblada en parte de francos, tenían los apellidos extranjeros. En un documento del cartulario 3, f. 152, otorgado entre el rey D. Teobaldo I y los francos de Estella en el año 1247 resultan los apellidos siguientes: Aguyller, Andreu, Anguerua, Arnalton, Aster, Bara, Barrada, Basatz, Bearn, Bigot, Bonamig, Bonet, Bordel, Boysanda, Bregador, Broter, Capat, Carner, Carpenter, Climent, Compain, Corr, Davaigar, Dayeta, Denrich, Doat, Echaverti, Esteven, Fiveler, Folches, Franca, Gaission, Ganuza, Lorenz, Mainart, Maynnan, Moneder, Mostardera, Munoquo, Murcia, Nogarol, Ordi, París, Pavillan, Peleet, Pont, Ricart, Ros, Rosel, Senat, Sendol, Seguin, Serran, Sofrainon, Suau, Zabat, Zufia. La mayor parte de estos apellidos son franceses y catalanes. El segundo indicio consiste en que, según se observa de los documentos extractados, parece que era en aquel pueblo demasiado común el idioma francés propio de los francos. Finalmente el tercer indicio se reduce a que los francos de Estella se titulaban francos de San Martín y de la rúa de San Martín de Estella, y celebraban sus juntas el día de este santo al mismo tiempo que se sabe que los reyes francos le tuvieron en la más profunda veneración. Clovis adornó su sepulcro con los más ricos presentes; condenó a muerte a un soldado por haber cortado yerba cerca de su templo, considerando este acto como una profanación; y decía frecuentemente a sus tropas que no conseguirían la victoria si habían ofendido al gran San Martín. [Portraits de rois de France par M. Mercier: tomo 1, pág. 4.] Ver DUCADO DE VASCONIA. Ref. José Yanguas y Miranda.