Place Names

Irun. Historia

Ver Irun (Voz principal).

Antes de hablar de los romanos en Irun es preciso conocer la situación física de la ciudad, entonces en la costa. El mapa que publica Banús es harto significativo.

"La ría del Bidasoa, en veinte siglos, -dice- ha cambiado enormemente; los acarreos de tierra por la lluvia que vierte al río -sobre todo por la deforestación: hoy el "saltus vasconum" no existe- han formado vegas en zonas donde entraban las embarcaciones en la época romana. Pruebas patentes de ello son el muelle desaparecido junto a la iglesia del Juncal, el nombre de este templo al pie de la colina de Beráun y este mismo nombre que yo relaciono con el del plomo en vascuence, de donde deduzco que allí, lo mismo que en el otro Beráun, el de Rentería, habría un cargadero del mineral de Arditurri". "Pues bien -sigue diciendo-, en el mapa he dibujado la actual línea de costa y más al interior la línea que señala en los mapas topográficos la primera curva de nivel; así, entre ambas queda señalada la zona sombreada con un rayado más claro que podemos suponer era también, en gran parte, navegable en tiempos romanos. Viendo este mapa, se ve muy claro cómo pudo ser el marco geográfico de Irún en el siglo I cuando las naves romanas venían a cargar el mineral de Oiason para trasladarlo a Burdigala, Burdeos".

(Glosas euskaras, p. 176-177).

La primera cita de Oiasso, Oiarso, población a orillas del mar en el confín de los vascones, data por lo menos del tiempo de Estrabón (65 al 20 a. de J.C.). Esta ciudad se ha solido identificar con San Sebastián (Dr. Camino), Hondarribia (Moret), Oiartzun (Schulten), Irun (I. Barandiarán). El actual cabo Iguer, se denominaba promontorio de Oiasso que se halla en Hondarribia, a la salida del valle del Bidasoa en que se encuentra Irun. El nombre de Oiasso parece estar integrado en Bidaso, probable contracción de Vía ad Oiasso. Debió existir una navegación en el golfo de Bizkaia que visitaba puertos entonces importantes como Burdigala (Burdeos), Lapurdum (Baiona) y Oiasson (Irun-Hondarribia).

"El año 1790 se hallaron en dicho pueblo, casi a orillas del río Bidasoa, cerca de los prados que llaman de Beráun, junto a los Juncales, hasta donde alcanza el mar con sus crecientes, varios trozos de piedras y ladrillos de extraordinaria labor, y entre estos fragmentos tres medallas de oro, además de otra de cobre, todas romanas, y las únicas de que se tenga noticia haberse encontrado de Guipúzcoa"

(Dr. Camino. Discurso...).

Dos de las monedas de oro eran, una de Adriano y otra de Faustina la Mayor. La de bronce procedía de la colonia de Cesaraugusta. En 1969 descubría Jaime Rodríguez Salís, en pleno centro urbano de Irún, un depósito arqueológico en estratigrafía distorsionada pero claros caracteres romanos. Ignacio Barandiarán resume estos hallazgos así:

"En la plaza del Juncal un minucioso trabajo de recuperación ha dado con excelentes muestras cerámicas de sigillata sudgálica (de talleres de La Graufesenque y Montans), hispánica y aretina y variadas formas de especies comunes de producción local o regional. En numismática ha de señalarse un as colonial de Tiberio. El estudio efectuado por J. Lomas, Rodríguez Salís y J. L. Tobie certifica la existencia en Irún de un importante núcleo de población que encaja en un ámbito cronológico incluible entre los años 25 antes de C. y hasta 150 después. Irún en aquel tiempo sería una ciudad densamente ocupada con un nivel de vida de relativo confort, caracterizada por sus relaciones comerciales bastante intensas con la vecina Aquitania. Irún es la primera población romana que se descubre en Guipúzcoa: por el momento la única localizada en Guipúzcoa y Vizcaya y parangonable -por los materiales arqueológicos que se van recuperando- a las de Iruña (junto a Vitoria). Pamplona, San Juan el Viejo o Bayona en época romana.

No es arriesgado sospechar que el yacimiento del Juncal y lo que en sus inmediaciones pueda descubrirse deba corresponder precisamente al casco urbano de aquella Oiason de los Vascones que por el cambio de Era se relacionaba con los romanos. Finalmente debe hacerse mención del yacimiento de Santa Elena, también en Irún, excavación realizada en 1972, durante dos meses largos de trabajo con la ayuda del ilustre ayuntamiento de la Villa. Se halla situado dentro del recinto de la actual ermita de Santa Elena (edificio de mediados del s. XVI), en el lado Sureste del casco urbano de Irún: sobre el viejo camino a Francia, la calzada real Madrid-Behobia. Y a no más de medio kilómetro del emplazamiento romano del Juncal. En el interior de la Iglesia se ha dado con una secuencia estratigráfica en que se suceden de abajo arriba: una necrópolis romana de incineración: un recinto rectangular construido sobre ella, probablemente en época imperial algo avanzada: una posterior utilización de este recinto. en la Alta Edad Media, como templo cristiano: la serie de edificaciones que. finalmente, se levantaron desde el siglo XVI, cubriendo y rodeando tanto la necrópolis como aquel recinto rectangular antiguo. La necrópolis de incineración muestra una notable densidad de concentración de los depósitos, pues, habida cuenta de los sondeos y remociones que en épocas posteriores han afectado a su entidad, en una superficie en torno a los 80 metros cuadrados prospectados se han llegado a localizar ciento seis urnas.

Son éstas fundamentalmente formas de cerámica común, de procedencia sin duda local o de un área geográfica próxima: resultan bien semejantes a algunas de las recogidas en St. Jean le Vieux, Pamplona, Liédena, Iruña y en varias cuevas alavesas y vizcaínas en que se dio una ocupación esporádica en época romana (así Lumentxa, Arezti, Santimamiñe, Solacueva, etc.). Debe señalarse el predominio de las ollae (de cuerpo cilíndrico o troncocónico de paredes algo abombadas; con borde-labio horizontal, al estilo de la kalathoi; con estrías sobre ese labio y un peinado de la superficie exterior del cuerpo), algunas vasijas globulares de mayor tamaño, oenochai, etc.

Su cronología, como es sabido, no es fácil de establecer: del estudio comparativo con las formas bien datadas de la estratigrafía que en Pompaelo estableció M.ª A. Mezquíriz puede deducirse una fecha altoimperial para el conjunto de cerámicas comunes de Santa Elena. No se observa en las urnas de esta necrópolis acondicionamiento alguno que las rodee ni el menor indicio de cubierta: al parecer se depositaban sobre la superficie del suelo (con cenizas de cremación no perfecta: en las que se han determinado varios fragmentos óseos sin quemar) y eran cubiertas con tierras de alrededor, siendo sólo posible que se empleara alguna tapadera de tabla de madera o corteza.

En un solo caso se ha usado como urna cineraria un recipiente de mayor valor que aquella vajilla común de cocina. Se trata de una gran botella de vidrio (mide 32 cm. de alto por 17 de diámetro; es alta y de cuerpo cilíndrico; con asa cubierta de costillas en relieve), correspondiendo al tipo 51b del catálogo de Isings; la mayor parte de los ejemplares de esta forma pertenecen a época flavia, concentrándose en la segunda mitad del siglo I de la Era llegan a darse hasta en la segunda mitad del II (el caso más reciente se recuperó en el cementerio de San Severino, en Colonia, en un contexto de inicios del siglo III). Esta botella -que contenía también cenizas de cremación humana- se hallaba dentro de un recinto cuadrado (de tres metros de lado), formado por bloques pequeños regularmente escuadrados y colocados en seco, como posible cella. En las tierras que cubren inmediatamente el depósito de urnas se han hallado varios fragmentos de sigillata, algunas cuentas de collar de pasta vítrea, alfileres de hueso, dos fíbulas y vasitos de vidrio. Junto a la boca de una de las urnas se recuperó un vaso de sigillata, de la forma Dragendorff 29/37, que fundamentalmente se dataría en el último cuarto del s. I d. de C.: en un sentido amplio, entre los años 70 y 125. Los datos indicados sobre tipología material, y el mismo sistema de incineración que en el siglo II comienza a ceder ante la inhumación para ser sustituido completamente por este modo en el III (así ha observado R. Etienne, por ejemplo, en las ricas necrópolis romanas de Burdeos), sirven para encuadrar provisionalmente la utilización de la necrópolis de Santa Elena en un período de tiempo que no iría más allá del año 50 d. de C. ni acaso sobrepasa los 150 d. de C.

Es una necrópolis -al parecer- de gentes modestas, con escaso ajuar y normalmente con el simple depósito de las urnas que son vasijas de cerámica común- en el suelo sin ningún tipo de monumento que las resguarde o de estelas de dedicación. Inmediatamente sobre la superficie de la necrópolis se construyó un edificio de planta rectangular (con separación interior, por muro medianero, en dos recintos). de siete metros de largo por cuatro y medio de ancho. El aparente carácter romano de su aparejo (en tosco sillarejo de arenisca procedente del flysch costero próximo) se certifica por el depósito de tejas (tegulae e imbrices) que formaran su cubierta: el tipo de esa teja, admitiendo sus dificultades de precisión cronológica, permitirá datar la construcción del edificio antes del Bajo Imperio, quizá muy poco después del momento en que aquella necrópolis dejó de utilizarse. Hasta el momento carecemos de otros elementos arqueológicos de más segura datación, si no un pequeño bronce de Constantino el Grande (306-337) acuñado en la primera ceca de Arlés.

Más difícil resulta determinar la función del edificio: dentro de lo posible entra su carácter de templo, en el tipo de forma rectangular dividida en dos estancias interiores (una cella para el culto, precedida por una antecámara), de tamaño pequeño, según ejemplos conocidos en Inglaterra, Francia y Alemania. Luego se transformaría en templo cristiano a fines del siglo X, lo más tarde.

(Ref. I. Barandiarán. Guipúzcoa en la edad antigua, Zarauz, 1973, p. 80-90).

También en el término de Irún se hallan las labores romanas de las minas de San Narciso, Zubelzu y Elatzeta (barrio de Olaberría).

BEL

Siglos VI, VII y VIII. Después de la caída del Imperio Romano hasta la fundación tardía del Reino de Pamplona la historia no nos habla sino de vascones, en derredor de los Pirineos y ya desde el Garona. Se han borrado las viejas denominaciones específicas de várdulos, vascones, caristios, autrigones, etc. En tiempo de los romanos el poblado que había en Irún era indudablemente de la tribu de los vascones, su salida al mar desde el Bidasoa hasta quizá San Sebastián. Ahora, en los siglos VI, VII y VIII se habla solamente de vascones. Las invasiones prefirieron siempre el paso de Roncesvalles dejando a un lado el de la costa. En las ofensivas contra el Ducado de Vasconia los godos y luego los musulmanes cruzaron el Pirineo por el puerto de Ibañeta, en Roncesvalles.

Constituido el Reino de Pamplona el año 824 no se sabe hasta dónde llegaban sus primitivos límites en dirección al mar, y, en concreto, a la entrada vascona Oiartzun-Irun-Hondarribia. El Bidasoa no sería una frontera muy rígida donde lo es ahora en las cercanías marítimas. De todos modos Irun siguió la suerte de Gipuzkoa aunque no fueran sus habitantes iputzak como eran los demás guipuzcoanos. Por eso, para conocer los azares políticos de esta comarca, hemos de referirnos siempre a las andanzas de los guipuzcoanos pero teniendo en cuenta que se hallaban muchas veces incluidos en la denominación Alava lo mismo que los Vizcaínos. En 843 hubo una gran batalla junto a Pamplona en la que participaron todos los vascos occidentales ya que el historiador musulmán Ibn Haiyan nos refiere que acudieron a la defensa las gentes de Alava y Alquilé, los yillikiyyin o yalaskiyyin, seguramente los de la Galia Comata que cubría esa parte de Gipuzkoa además de Álava y Laburdi hacia el interior, y los sarataniyyin (Cuenca del Deva, río Sertania) además de los pamploneses. Desde esa fecha, más o menos, se estabiliza la frontera del Reino en el Bidasoa irundarra. Gipuzkoa fue parte del mismo desde aproximadamente el año 870 al 1076 o sea 206 años y desde, también aproximadamente, el 1112 al 1200, o sea 88 años más, dando un total de 294 años, casi tres siglos. Rota la unidad nacional del Reino de Pamplona por la invasión castellana de 1200, la frontera se convierte en castellano-inglesa.

Los ducados de Aquitania y de Wasconia estaban regidos por Leonor, esposa de Luis VII rey de Francia. Esta unión personal sembró en Francia el ansia de poseer esas nacionalidades para su reino. La frontera del bajo Bidasoa lindaba, pues, con Wasconia bajo Leonor. Pero ocurrió lo imprevisto: el divorcio de Leonor y Luis VII y el casamiento de aquélla (1151) con el que iba a ser rey de Inglaterra, Enrique II (1154-1189). La frontera, ahora, delimitaba los dominios de la Corona inglesa por esta parte de Irún. Ambos reyes tuvieron dos hijos, Ricardo Corazón de León y Leonor, llamada así como su madre. Ricardo hereda la Wasconia y Aquitania y Leonor casa con el rey de Castilla Alfonso VIII. La frontera con los ingleses duró hasta 1450.

En 1199-1200 Castilla había invadido el Reino de Pamplona por la parte de Alava cercando a Vitoria que se defendió durante largo asedio. En 1200 las tropas castellanas invadían Gipuzkoa que se rindió con el Duranguesado sin apenas resistencia. Así cayeron San Sebastián, Hondarribia, Beloaga (en el valle de Oiartzun), Zaitegi, Arlucea, Aizorroz, Vitoria la Vieja, Marañón, Ausa y Ataun. Muerto Ricardo Corazón de León en 1199 le había sucedido su hermano Juan Sin Tierra (1199-1216). Aprovechando las luchas francoinglesas, Alfonso VIII de Castilla invade Laburdi, cercando a Bayona que se resiste. Sus tropas siguen adelante internándose en la Wasconia tomando Dax. Un donativo suyo a la catedral lleva la fecha 1204 y la inscripción Alfonso regnant en Gascogne. La guerra contra Juan Sin Tierra duró hasta 1206. No fue larga la ocupación castellana. En 1214 moría Alfonso VIII y le sucedía en el Ducado el duque de Wasconia Enrique que luego, en 1216, iba a ser rey de Inglaterra.

Uno de los caminos de peregrinos a Santiago de Compostela venía de la Wasconia, pasaba por Bayona, San Juan de Luz, Urruña, Irun, que dependía de Hondarribia, Oiartzun, Hernani, Tolosa, Villafranca, Segura, Zegama, túnel de San Adrián, Vitoria y de ahí a Burgos. El otro camino seguía por la costa. Entraba en Irun por donde aún se llama "paso de Santiago" y también "barrio de Santiago". Desde 1203, en que Alfonso VIII dio a Hondarribia el fuero de San Sebastián, dependió de aquella villa, hasta que en 1766 se constituyó en municipio aparte y propio. Por eso, cuando se habla del paso de peregrinos por Hondarribia ha de entenderse más bien por el propio Irun.

Desde que Alfonso VIII de Castilla concedió a Hondarribia en el año 1203 el término jurisdiccional comprendido entre los ríos Oiartzun y Bidasoa, la tierra de Irun perteneció al mismo distrito municipal. En el privilegio, expedido al efecto, dice Gorosábel, sólo se le da a esta villa la denominación de Irun; pero después se le conoció constantemente con el aditamento de Uranzu, sin que conste con claridad su origen o primera introducción. Bajo el expresado concepto, Irún era población dependiente de la jurisdicción de Hondarribia y como tal una aldea de esta ciudad con título de universidad. Esto no obstante, tenía su gobierno municipal propio en todo lo político, económico y militar, sin dependencia de Hondarribia; para cuyo efecto sus vecinos constituían concejo, y nombraban anualmente diputados, de los que el primero se titulaba capitán y el segundo alférez. Irun tenía también sus términos propios amojonados y separados de los de dicha ciudad; sin que los dos pueblos tuviesen en común más terreno que el monte de Aizola, en cuyos productos se interesaba el primero en cincuenta y nueve partes de sesenta.

De aquí se ve que a Irun sólo faltaba la jurisdicción civil y criminal con alcalde que la ejerciese; pues la tenían en ella los alcaldes de Hondarribia a prevención con el corregidor. Así se rigió y gobernó esta villa desde la remota antigüedad indicada hasta que se segregó de la dependencia de dicha ciudad como se dijo antes. Las pretensiones de Hondarribia se extendían todavía a más; pues solicitó que se demoliesen algunas casas que se habían empezado a construir de piedra en Irun, y faltó poco para que consiguiese aun tan incalificable medida. En efecto, parece que el ministro de la reina Doña Isabel la Católica llevó extendido a su firma el decreto que así lo ordenaba: pero tanto debió chocar esto a su majestad, que preguntó de dónde era el lugar de Irun. Respondiéronle que pertenecía a sus dominios; oído lo cual, no quiso autorizar este hecho. Así que la real provisión que se libró se limitó a disponer que no se labrasen ni edificasen en adelante casas de piedra en Irun; antes bien que todo estuviese sobreseído en el mismo estado en que estuviesen cuando fuesen requeridos con ella. Para la ejecución del contenido de esta determinación se dio comisión a D. Juan de Gamboa y a García de Alvarado; por cuya mediación capitularon Hondarribia e Irun que en esta universidad hubiese carnicería. panadería y taberna, donde no se pudiese vender sino de la cosecha de la primera mientras la hubiese; pero que en falta de ello, pudiesen hacerlo de otra parte.

El fundamento que tuvo la provincia para hacer dicho acuerdo referente a la prohibición de la carga y descarga de mercaderías en Irun, así como el gobierno de su majestad para su confirmación, consistía en lo siguiente. Dábase entonces una gran importancia a la plaza de Hondarribia, cuya conservación se quería a toda costa contra las invasiones siempre temidas de la Francia. Creíase al mismo tiempo que de aumentarse la población de Irun por medio del comercio, debía resultar la disminución de la de Hondarribia; y la consecuencia que se sacaba era que llegaría el caso de faltar en esta plaza la gente necesaria para su defensa, la cual por lo ordinario dependía de sus propios vecinos.

BEL

Mientras esta villa dependió de la jurisdicción de Hondarribia tuvo con esta ciudad muchas diferencias. La primer cuestión que refiere Gorosábel, es la referente a la carga y descarga de granos y otros mantenimientos, que se hacían por la misma villa, trato y comercio que Fuenterrabía se empeñó en impedir, para trasladarlos a su plaza. Consta que la junta general de la provincia celebrada en San Sebastián el día 15 de mayo de 1479 a instancia de Hondarribia hizo un acuerdo prohibiendo el trato y comercio de dichos géneros en Irún, y disponiendo que los vecinos de esta villa se surtiesen de aquella ciudad. Aparece también que los reyes católicos, a quienes se solicitó la aprobación de este acuerdo, enviaron a tomar informes a su repostero de camas Pedro de San Román. En vista de la pesquisa que hizo éste, se libró en 6 de febrero de 1480 una real provisión, aprobando el acuerdo de la junta y mandando además que ningún vecino de Irun pudiese tener en su casa sino lo que hubiese menester para su manutención. Así es que, habiendo hecho Hondarribia e Irun anteriormente cierto compromiso sin real licencia sobre el asunto de la carga y descarga, consintiendo en una sentencia arbitraria dictada en su razón, los reyes católicos condenaron a los dos pueblos a aprontar mil y quinientos peones para la cava y barrera de la misma plaza.

Los propios monarcas noticiosos en el año de 1481 de que no se cumplía debidamente la provisión prohibitiva del comercio en Irun, enviaron a su repostero mayor, el citado García Alvarado, con órdenes de que se ejecutase ésta. Por otra sentencia dictada por el consejo real en el año de 1499, no obstante que la tierra de Irun había fundado su intención en el derecho natural, se confirmó la de vista haciendo las declaraciones siguientes:

1.ª Que no se edificasen en Irun más casas que las que a la sazón existían.
2.ª Que las mercaderías y mantenimientos que los vecinos de Irún necesitasen para sus casas no pudiesen comprar si no es en Fuenterrabía.
3.ª Que lo que los de Irún comprasen fuera de Fuenterrabía tuviesen que llevar a esta ciudad.
4.ª Que las mercaderías que los de Irún comprasen en Fuenterrabía no pudiesen vender por mayor en la misma universidad.
5.ª Que si los de Irún traían trigo, cebada o cualquiera otra cosa por mar o por tierra, tuviesen que descargar en Fuenterrabía y vender allí; de manera que cesase todo trato, carga y descarga en Irún.

Las cinco providencias procedentes eran tan injustas, que no pudieron, comenta Gorosábel, menos de producir cierta excitación en los ánimos de los habitantes de esta universidad. Su cumplimiento de parte de éstos no podía de manera alguna esperarse; y nada tiene de extraño que pasasen a desconocer la obediencia y subordinación de las autoridades de Fuenterrabía. Esta ciudad tenía, sin embargo, a su favor una real determinación; y para su ejecución el apoyo de la autoridad militar y la fuerza material de las armas. Por causa de esta falta de subordinación, los de Irún fueron procesados y amenazados con severos castigos; para evitar los cuales se vieron obligados a prestar un acto solemne de obediencia con juramento. Esta ceremonia humillante hicieron todos los moradores de Irún en el año 1503 ante el altar de San Antón de la iglesia parroquial de Fuenterrabía en presencia del ayuntamiento, el corregidor y el comendador mayor de León. A pesar de todo esto, la prohibición del comercio, siendo tan contraria al derecho natural y tan difícil de cumplirse, jamás llegó a observarse por completo.

Habiéndose consumado la conquista del reino de Navarra por las tropas de Fernando el Católico durante el verano de 1512, estaba en noviembre de 1512 un ejército franco-navarro al mando de Juan de Albret y La Palice sitiando Pamplona. Otro cuerpo de ejército al mando del delfín Francisco de Angulema, Lautrec y el duque de Borbón penetra en Gipuzkoa e incendia y saquea Oiartzun, Errenteria, Irun y Hernani y el 17 de noviembre de 1512 intenta apoderarse de San Sebastián. En territorio de la misma villa, cerca del paso de Behobia, hubo un castillo construido entre los años de 1512 y 1521, el cual fue demolido por orden del emperador Carlos V.

Los habitantes de Irun se consideraron algunas veces agraviados por los alcaldes de Hondarribia respecto del ejercicio de su autoridad judicial en ella. Parece. en efecto. que dichos alcaldes se entrometían a proceder de oficio por riñas y palabras livianas tenidas entre vecinos de ambos pueblos. causando de este modo costas y aumentando enemistades. Consiguientemente los de Irun elevaron una queja al consejo real contra semejante abuso; en cuya vista libró este tribunal en 9 de agosto de 1516 una real provisión, por la que se mandó a los alcaldes de Hondarribia que se abstuviesen de conocer de oficio en dichos casos.

Batalla de San Marcial (1522). Aliados los navarros y los franceses formaron un ejército para la reconquista del Reino. perdido en 1512. Una de las primeras acciones fue la reconquista del castillo de Behobia y la de Hondarribia el 18 de octubre de 1521. Los guipuzcoanos llevaban ya trescientos años anexionados a la Corona de Castilla sirviéndola como leales vasallos. Los guipuzcoanos bloqueaban a Hondarribia en poder del ejército franco-navarro. Las fuerzas armadas que asediaban a la ciudad estaban formadas principalmente por los de Irun, Oiartzun, San Sebastián y Errenteria. También asediaban y hostilizaban el castillo de Behobia en manos del capitán Beaufils. Este, abrumado por la lucha, abandonó la fortaleza llevándose la artillería y municiones, pero dejando cantidad de explosivos con las mechas encendidas para la destrucción de la fortaleza. La llegada de los guipuzcoanos impidió la explosión. Quedó Behobia con 100 hombres de guarnición bajo las órdenes del capitán Ochoa de Asúa. Sería principios del verano de 1522.

La reacción del enemigo no se hizo esperar. Se movilizaron fuerzas en Lapurdi que llegaron a 1.000 hombres a las órdenes de los señores de Saint-Pée y Urtubia a los que se sumaron siete banderas de lansquenetes alemanes de quinientos hombres cada una. El primer intento de cruzar el Bidasoa fue el 28 de junio pero los disparos de la artillería del castillo de Gazteluzar y las milicias guipuzcoanas impidieron el paso de las enormes gabarras. Entonces cambiaron de táctica reemplazando la artillería pesada por otra más ligera para poderlas transportar más fácilmente por el nuevo trayecto montañoso a recorrer para poder atacar el castillo desde las peñas de Aldabe, luego llamadas de San Marcial. Por la noche, sin ser vistos, comenzaron los franco-navarros a pasar el Bidasoa por el vado de Arizmakurra para trepar luego hasta el alto de Aldabe, que quedó ocupado por los hombres de los señores de Saint-Pée y Urtubia mientras los alemanes bajaban la artillería rompiendo fuego contra el castillo.

Era domingo 29 de junio, día de San Pedro. De este modo lograban cercar el castillo de Gazteluzar. Ante este hecho los capitanes Juan Pérez de Azkue, de Hondarribia, y Manuel de Ambulodi, de Irun, aunque nacido en Oiartzun, trataron de reunir todos los hombres útiles de las cercanías para organizar el socorro. Para concertar el ataque se reunieron con el capitán general de Gipuzkoa don Beltrán de la Cueva que residía en San Sebastián. Aunque le encontraron poco decidido ante el riesgo y aventura de la empresa planeada, por fin se decidió a sumarse a la misma con 100 hombres de a caballo y algunos soldados de que disponía en ese momento. La primera acción fue una visita de exploración por Errenteria y Oiartzun donde encontró gentes dispuestas a la lucha. Con estas fuerzas y su contingente de caballería se dirigió a Irun donde se hallaban ya reunidas y preparadas las milicias de la villa y las de Hondarribia. Era la noche entre el 29 de junio, día de San Pedro. y la mañana del 30, día de San Marcial. En esa ocasión surgió lo imprevisto. Un clérigo de Rentería, Pedro de Irízar, acordándose de sus procesiones religiosas, propuso una treta para engañar al enemigo que amenazaba Irun. Hombres, mujeres y niños circularían por el camino real de Oiartzun. durante la noche con teas encendidas simulando una tropa en toda la regla que se dirigía hacia el enemigo, entre tanto las fuerzas concentradas en Irun se dirigían por Ventas. Errota-Zar y Saroya con la intención de atacarles sorpresivamente por la espalda. Ataron las lenguas a los caballos para evitar que relinchasen y pusieran en guardia al enemigo.

Todavía don Beltrán de la Cueva veía muy arriesgada la empresa por lo cual convocó a los jefes de las compañías de Irun. Hondarribia, Oiartzun y Errenteria en el caserío de Agiñaga para advertirles del riesgo que corrían.

Por fin se decidió el ataque. Del alto de San Marcial se oían los ruidos y manejos del campamento francés. El capitán general de Gipuzkoa se quedó en el caserío citado mientras los capitanes Azcue y Ambulodi avanzaban en plena noche con resolución y valentía. Ahora también ocurrió lo inesperado, pues los ocupantes de San Marcial, al verse rodeados, se dieron a la fuga después de experimentar duras pérdidas mediante el empleo de picas, lanzas y ballestas. A todo esto los alemanes con su artillería quedaban aislados en las cercanías del castillo de Behobia sin enterarse de lo ocurrido durante la noche. Don Beltrán de la Cueva con su gente subió a la altura reconquistada deseoso de emprender la lucha contra los alemanes durante la madrugada pero el capitán Ambulodi estaba decidido a adelantarse con cuatrocientos iruneses. Aprovechándose de la oscuridad reinante logró acercarse al castillo y matar silencionsamente a dos centinelas y a otros alemanes apostados en las cercanías de la fortaleza. Cuando ya amanecía, los iruneses se retiraron hacia la altura de San Marcial seguidos de los alemanes que no dudaron en salir del castillo en persecución de los mismos pero sin poder darles alcance. Un navarro, que hablaba alemán, de la casa de San Martín, les guiaba y les enardecía a trepar por las laderas del monte sin dar alcance a las gentes de Ambulodi.

Entonces los de arriba comenzaron el ataque sin detener por eso a aquellos alemanes ignorantes de la pérdida de la cima, hasta que divisaron en la misma a la caballería de don Beltrán de la Cueva. El desengaño debió de ser terrible. Emprendieron una precipitada retirada que se transformó en catástrofe. La persecución fue rápida y eficaz, ocasionándoles -según dice Garibay- 2.800 bajas, cifra seguramente exagerada. Sin embargo una compañía de lansquenetes se resistió heroicamente en las cercanías del castillo hasta ser reducida por la caballería de don Beltrán de la Cueva. Cayeron en la refriega todos, bien muertos, prisioneros o heridos. El cadáver del jefe San Martín fue devuelto a los navarros que lo reclamaron. El señor de Saint-Pée fue sorprendido por un trajinero escondido en unos matorrales y canjeado después por el noble español Enrique Enríquez, prisionero de los franceses. Los prisioneros alemanes -por ruego del cardenal Adriano Florisse que acababa de ser nombrado Papa con el nombre de Adriano VI, cuando se hallaba en Vitoria- pasaron a formar su guardia personal. Tal fue la célebre batalla de San Marcial conmemorada por los no menos célebres alardes cuyo recorrido es, ni más ni menos, el que hicieron los capitanes Juan Pérez de Azcue y Miguel de Ambulodi en la primera marcha hacia el enemigo.

La ciudad de Hondarribia no cejó en su empeño de que se disminuyese la población de Irun y se cumpliesen las antiguas cartas ejecutorias. Así es que promovió sobre ello en el año de 1531 nuevo recurso ante el consejo real. Pero la provincia, que había cambiado de ideas en esta materia, salió al amparo de la universidad. Representó pues al rey la conveniencia de que ésta se aumentase para la mejor defensa de la frontera, y lo poco que importaba para el efecto la plaza de Hondarribia. Hízole ver al mismo tiempo los grandes servicios prestados por Irún en las invasiones pasadas de los franceses. No consta el resultado de estas gestiones, pero se deduce que no debió ser favorable a Irun, cuando se ve que Hondarribia promovió nuevamente en el año de 1564 un recurso en solicitud del cumplimiento de sus ejecutorias. Los vecinos de Irun representaron nuevamente ante el Rey en el año 1532 contra las vejaciones de la justicia de Hondarribia. Consistían éstas en que, unas veces de oficio y otras a pedimento de parte, les llevaban presos y les tenían en la cárcel pública en materias de deudas civiles, siendo personas abonadas de la misma tierra, sólo con el objeto de fatigarles. Sobre esta queja dictó el Consejo Real, el 20 de julio del mismo año, otra providencia, mandando que no se prendiese a los vecinos de Irún por causas civiles, no siendo por créditos de rentas reales ni de obligaciones que trajesen aparejada ejecución, siempre que diesen fianzas de pagar lo juzgado y sentenciado, según la legislación general.

También tuvieron Irun y Hondarribia otro pleito sobre el reparto de los 112.000 maravedís de la merced de las alcabalas. Esta gracia fue hecha por los reyes católicos a Hondarribia en el año de 1516 en premio de los servicios prestados en la batalla de Belate en el de 1512; y como Irun formaba parte integrante de dicha ciudad, creía deber ser participante de ella. Hondarribia se opuso a este abono en los repartimientos foguerales, y he aquí el origen del litigio. La real chancillería de Valladolid, donde se siguió el expediente, falló el negocio condenando a Hondarribia a pagar a Irun su prorata de 1.186 y medio maravedís anuales, y por los veinticinco transcurridos desde la concesión 34.725 maravedís. Consiguientemente la real carta ejecutoria de esta determinación fue librada por dicho tribunal el 26 de marzo de 1542.

La universidad de Irun demandó así bien a la entonces villa de Hondarribia en el año 1551 ante el corregidor de la provincia sobre el goce y aprovechamiento de los montes de Jaizkibel, lonja, molino y nasas salmoneras. Seguida por sus trámites, esta cuestión fue resuelta por dicho juez licenciado D. Francisco de Vargas en virtud de sentencia pronunciada en la villa de Hernani el 24 de noviembre del mismo año. Se declaró por ella que los vecinos de Irun debían usar y gozar libremente de dichos montes en común con los de Hondarribia, conforme a las ordenanzas municipales de esta ciudad: que en el caso de arrendarse dichos montes, se interesasen ambos pueblos en los productos en proporción a lo que solían contribuir en las derramas de los gastos públicos: que las rentas de los molinos, nasas salmoneras y lonjas, después de pagado el importe de sus obras, se empleasen en el bien público y común de ambos pueblos en igual proporción. Esta sentencia fue confirmada en grado de apelación por la real chancillería de Valladolid, por la que pronunció en vista el 3 de febrero de 1554, y en revista el 31 de mayo de 1555. Ejecutoriada en estos términos, tuvo cumplido efecto hasta que la universidad de Irún consiguió la separación de la dependencia de Hondarribia, a cuya consecuencia se dividieron las propiedades de los dos pueblos.

En el año de 1583 tuvieron los mismos otro pleito ante el consejo de Castilla sobre los tres puntos siguientes: El primero versó sobre la demolición de las casas que se habían construido en Irun. El segundo sobre la traslación del paso, alcaldía de sacas y posta de Irun a Hondarribia. El tercero sobre que la carga, descarga y comercio de mercaderías tanto de mar como de tierra, se estableciesen en Hondarribia y no los hubiese en Irun. El consejo real mandó hacer vista ocular de ambos pueblos, para cuyo efecto envió en comisión al licenciado D. Diego Venegas de Córdova, quien constituido en los mismos sitios, la verificó acompañado de los diputados de la provincia. Reunióse ésta con tal motivo en junta particular en el lugar de Usarraga el 26 de setiembre del mismo año, para informar a dicho juez de comisión sobre el asunto en cuestión. Este informe se redujo a manifestar que no convenía se hiciese novedad alguna en el estado que tenían entonces las cosas, lo cual equivalía a contradecir indirectamente las pretensiones de la ciudad de Hondarribia. No consta la resolución que hubiese adoptado el consejo real sobre este particular, pero dedúcese que sería arreglada al parecer de la provincia, supuesto que no tuvo lugar la demolición de casas ni lo demás solicitado por Hondarribia.

A título de curiosidad diremos solamente que el irunés Esteban Pérez de Yerobi, habiendo caído prisionero en tierra africana, se enamoró de él la reina de Fez, y que, poniéndose ambos de acuerdo, fueron a España, donde ella abrazó el cristianismo, adoptando el nombre de Juana Carlos. Se conoce esta noticia gracias a una información judicial, instruida en la villa de Almuxera en 1584 por don Diego de Infante, nieto del matrimonio aludido. [Ref. Múgica. S. "Euskalerriaren Alde". 1918. p. 102-111].

Como hemos consignado ya, Hondarribia volvió a exigir que se cumplieran sus peticiones. Atendiendo esta solicitud un real auto dictado por la real audiencia de Valladolid en 10 de marzo de 1564 mandó dar a Hondarribia la sobrecarta que pedía para el expresado efecto. Esta universidad fue más feliz en la subsiguiente instancia de revista: pues por sentencia pronunciada por el propio tribunal en 21 de abril inmediato se declaró que por entonces no había lugar a dar a Hondarribia la sobrecarta pedida por su parte, y que los interesados siguiesen su justicia donde les conviniese. Mediante estas declaraciones. quedó sin uso ni efecto la repetida ejecutoria de Hondarribia del año de 1499 sobre el trato. comercio, carga y descarga de mercaderías en Irun, ejecutoria que ya no pudo rehabilitar, a pesar de haber acudido después para ello al consejo de Castilla. Consta en efecto que este supremo tribunal por resolución dictada en la vía contenciosa a 7 de octubre de 1598 declaró no haber lugar a dar la sobrecarta pedida por Hondarribia en este asunto.

En 1614 Irun solicita, sin éxito, separarse de Hondarribia. La cuestión capital habida entre Irun y Hondarribia fue la relativa a la segregación de aquélla de la dependencia de esta ciudad, mediante el establecimiento de alcalde propio con el ejercicio de la jurisdicción civil y criminal. Dos eran los móviles que impulsaban a esta dicha universidad para pretender esta separación. El uno era el haberse aumentado tanto su vecindario, que excedía al de Hondarribia. El otro consistía en los agravios que las autoridades de esta ciudad habían inferido a los habitantes de la misma universidad en el ejercicio de sus funciones. En tales circunstancias el deseo de Irun de eximirse completamente de la antigua unión de Hondarribia, gobernándose en todo independientemente, era el más natural y justo. Por real cédula de 19 de marzo de 1614 mandó Felipe III al corregidor de la provincia que recibiese una información sobre si de eximirse algunos lugares de las cabezas de sus jurisdicciones se seguiría algún inconveniente o perjuicio. Como se ve, esta era una invitación a que se pidiesen las exenciones por los lugares, invitación de la que desde luego se apoderaron muchos de éstos.

La universidad de Irun fue uno de ellos; y a la verdad ninguno se hallaba con más derecho para solicitarla. Formuló por consiguiente su pretensión en el consejo de hacienda por razón del servicio pecuniario que había que hacer para obtener la gracia; a cuya concesión no tardó en oponerse Hondarribia, fundándose en sus privilegios, servicios y perjuicios que resultarían para la defensa de la plaza. En tal controversia mandó el consejo que el gobernador de ésta Don Gonzalo de Luna y Mora informase en la parte militar, y que el juez de comisión licenciado Hernando de Ribera lo hiciese por lo tocante a lo civil, político y demás. En vista de sus informes y oídas las partes contendientes, el consejo declaró el punto en favor de la justicia de la exención de Irun, en virtud de decreto firmado a 15 de febrero de 1615. A tenor de esta resolución la universidad de Irún ofreció servir a su majestad con veinticinco ducados por cada vecino y cuatrocientos cincuenta más por tres escribanías de número; de manera que el desembolso que tenía que hacer ascendía a unos diez mil ducados; sobre cuyo pago otorgó la competente escritura de obligación en Madrid el 1.° de abril del mismo año.

Hondarribia recurrió del expresado fallo del consejo directamente a la real persona por la vía gubernativa. Ponderó por lo tanto los inconvenientes que de su cumplimiento se seguirían para la seguridad de la frontera y defensa de la plaza, que calificaba de propugnáculo de la provincia y de España, y llave para poder entrar los ejércitos y artillería de Francia. Por resultado de estas gestiones su majestad expidió en 9 de setiembre siguiente un real decreto, mandando que no se hiciese novedad por entonces en nada que tocase a este asunto con la mencionada ciudad, porque así era su real voluntad; y así hubo que cumplirla.

Entre los mismos dos pueblos se suscitó en el año 1621 otra cuestión sobre la sisa que Irun quería imponer a los mantenimientos con el objeto de atender a sus gastos. Solicitó para el efecto la competente real facultad, y obtuvo la acostumbrada provisión del consejo de Castilla para que el corregidor instruyese el oportuno expediente gubernativo. Hondarribia, a quien interesaba que dicha universidad careciese de recursos para la defensa de sus pleitos, salió luego a la oposición de las diligencias de su razón. La diputación, a la que recurrió esta ciudad, le dio su voz en el pleito que con tal motivo se suscitó en el expresado juzgado; pero la junta general de Mutriku del mismo año, habiendo tomado conocimiento del asunto, dejó sin efecto el poder conferido por aquella corporación. Por este medio logró Irun sus deseos.

Irun, como pueblo fronterizo a Francia, ha sufrido incendios, talas de campos y otros daños de consideración en las varias ocasiones en que los ejércitos de esta nación han invadido esta provincia. Tales desastres le ocurrieron en mayor escala en las verificadas en los años de 1476, 1512 y 1521; pero todavía fueron más terribles en la entrada que hicieron por el mes de julio de 1638, en cuya ocasión quemaron doscientas casas, cuatro ferrerías y catorce molinos harineros.

La ciudad de Hondarribia intentó nuevamente en el año de 1643 revalidar sus antiguas ejecutorias prohibitivas del comercio en Irun; para cuyo efecto recurrió al consejo real de Cantabria, que a la sazón residía en Vitoria. A pesar de sus gestiones, no logró sus deseos; pues esta junta ordenó que se dejase proveer a Irun, como por lo pasado, de los bastimentos que hubiese menester sin necesidad de ir por ellos a dicha ciudad. Pero el último golpe que recibió ésta en dicho asunto fue el decreto de la junta general celebrada por la provincia en Azkoitia el año 1648. Quejóse en ella la universidad de la denunciación que uno de los alcaldes de Hondarribia había hecho de una partida de trigo, que para provisión de sus habitantes llevaba por el río Bidasoa arriba una mujer de Urruña de Lapurdi. El fundamento de semejante detención de trigo consistía en que la descarga de esta clase de géneros debía hacerse precisamente en la lonja de aquella ciudad, y no en otra parte alguna con arreglo a ejecutorias, que tenía ganadas.

Sin embargo, la expresada junta declaró que el comercio, conducción y descarga de bastimentos que viniesen de la parte de Lapurdi para la provisión de la provincia debían ser del todo libres. Mandó además que los alcaldes de Hondarribia no intentasen cosa alguna que perjudicase a esta libertad, con apercibimiento de que si lo hiciesen, la provincia haría las demostraciones que le pareciesen convenientes en observancia de sus fueros. Determinó finalmente que cualquiera causa que se suscitase contra esta libertad comercial se siguiese a voz y costa de la provincia en todas las instancias; y como consecuencia suya acordó prestar a la parte denunciada el importe del trigo y barco decomisados, nombrando los comisarios para seguir la defensa de esta causa en nombre de la misma provincia.

La universidad de Irun renovó en el año de 1651 su pretensión de exención o separación en la real cámara y junta de caballería, y admitida por éstas, se abrió nuevo juicio sobre el asunto. Dichas corporaciones pidieron informe de la parte militar a D. Diego de Cárdenas, capitán general de Gipuzkoa, quien lo evacuó en el año de 1653, manifestando que la separación de esta universidad de la justicia de Hondarribia, y en que tuviese alcalde propio, sobre no perjudicar a la defensa de la plaza, sería todavía de mayor servicio del rey. En su vista la real cámara y junta de la caballería dictaron la providencia siguiente: "Fiat la jurisdicción en la forma ordinaria, con que no reciban vecinos de Fuenterrabía, ni de los demás lugares de su jurisdicción los de Irún". Según era de presumir, Hondarribia tampoco se aquietó con esta determinación, pues apeló de ella para ante el consejo real, pretendiendo que por ser injusticia notoria, no podía correr la gracia. El expresado tribunal, de acuerdo con el fiscal del rey, a quien oyó ante todo, declaró que no siendo el asunto materia de justicia, sino de pura gracia dependiente de la real voluntad, se consultase en este sentido a la real persona. Añadía la consulta que como no hubiese decreto contrario del rey, debía correr la gracia hecha a Irun por la real cámara y junta de caballería. Consiguiente a esta determinación, la ciudad de Hondarribia recurrió a Felipe IV, quien por decreto de 16 de enero de 1654 mandó que tampoco se hiciese novedad por entonces sobre el particular.

También tuvieron otras diferencias en el año de 1654. Consistieron ellas en la entrega de los repartimientos foguerales, alardes, servicios de tercios, dirección de comunicaciones oficiales y títulos de que usaba la universidad de Irun. Fundándose ésta en la práctica anteriormente observada, quería entregar sus contingentes directamente en la tesorería de la provincia; pero Hondarribia, a título de ser aquélla dependiente de su jurisdicción, pretendía que el pago se ejecutase en su depositaría. Solicitaba además Irun depender directamente de la provincia y no de Hondarribia en todo lo concerniente al servicio militar de tercios, a lo que igualmente se oponía dicha ciudad por la misma consideración. De la propia manera suponía Irun corresponderle el título de Noble y leal universidad, que Hondarribia no quería reconocerle. Todas estas cuestiones fueron resueltas por las juntas generales celebradas en la villa de Azpeitia el año de 1656, haciendo las declaraciones siguientes:

1 ª Que se amparaba a la universidad de Irún en la posesión en que estaba de entregar los repartimientos foguerales en la tesorería de la provincia.
2.ª Que se le guardase el uso y costumbre de hacer los alardes y demás actos de guerra independientemente de Fuenterrabía.
3.ª Que en las ocasiones de guerra, peste y otras semejantes se comunicase la provincia directamente con Irun, y en las cosas concernientes a la jurisdicción ordinaria por medio de la ciudad de Fuenterrabía.
4.ª Que en los casos de real servicio con gente de tierra o mar. el procurador juntero, que asistiese por esta ciudad, diese dentro de uno o dos días de su llegada a ella conocimiento a Irún y demás lugares de la jurisdicción del repartimiento hecho por las juntas.
5.ª Que la provincia honrase a Irún en sus comunicaciones con el título de Noble y leal universidad, y que Fuenterrabía le diese igual tratamiento.

En el mes de mayo de 1667 hubo temores de invasión de los franceses; por lo que uno de los alcaldes de Hondarribia pasó a la universidad de Irun, donde mandó se hiciese la revista de la gente y armas que hubiese en ella, para que en caso de necesidad entrase en dicha plaza. El vecindario de Irun consideró estas disposiciones como contrarias a diferentes acuerdos hechos por la provincia en sus juntas generales. Según ellos, el movimiento de la fuerza armada de sus naturales correspondía, en efecto, a la misma provincia o al coronel que ella hubiese nombrado; y no era lícito a los pueblos o sus autoridades locales disponer de aquélla sin una orden expresa que lo mandase. Los capitulares de Irun creyeron además que lo dispuesto por el alcalde de Hondarribia era una novedad que afectaba a su estado civil en su gobierno independiente de la misma ciudad.

Consiguientemente las expresadas providencias sobre alarde produjeron en la población de Irun cierta excitación en los ánimos y aun alboroto con demostraciones hostiles hacia dicho alcalde de Hondarribia; quien en su vista tuvo que sobreseer en su objeto y retirarse a esta ciudad como pudo. Levantó, sin embargo, allí un auto de oficio, y principió a proceder criminalmente contra varios vecinos de Irun, considerados como los promovedores principales del alboroto. Terminada la causa, condenó a éstos a diferentes penas corporales y pecuniarias como a reos de desobediencia, desacato y resistencia a los mandatos de la justicia; penas que no pudieron ejecutarse por falta de fuerza suficiente para el efecto. Según se puede imaginar, este procedimiento irritó más los ánimos de los habitantes de Irun, harto prevenidos de antes a ello; y por consiguiente el resentimiento y la ojeriza de los dos pueblos llegó a ser general y profunda. La junta general de Mutriku del año de 1668, deseosa de cortar estas diferencias, de evitar tan fatales perturbaciones y de calmar la enemistad de ellos, nombró para este efecto a los capitanes D. Pedro de Echave y Asu y D. Pedro de Zarauz y Aldamar, con encargo de que desde luego pasasen allí personalmente.

Por la visita de revisión de pesas y medidas por parte de Hondarribia (1669). El ayuntamiento de Hondarribia, siguiendo la costumbre establecida desde tiempos anteriores, trató de hacer en Irun la visita añal de pesas y medidas. Señaló para esta operación el día 30 de enero de 1669, y comunicó su determinación a la expresada universidad, a fin de que sus vecinos estuviesen prevenidos para su ejecución. Los diputados de este pueblo contestaron que ya habían hecho ellos la visita, y que no habiendo habido ninguna reclamación de partes, consideraban excusado del todo el que fuesen a repetir la operación. A pesar de esta contestación los alcaldes de Hondarribia volvieron a avisar a Irun que irían el día señalado. Los vecinos de esta universidad, persuadidos de que la justicia de aquella ciudad, según los rumores que habían corrido, trataba de ir con gente armada a hacer la visita, determinaron estar también con armas, no consta si para oponerse a ésta o para su defensa en caso necesario.

Es lo cierto que los concejales de Hondarribia, cuando al llegar a Irun vieron esta actitud armada, la consideraron como una verdadera resistencia a la visita; y desistiendo de ella se retiraron, dando cuenta del suceso a la Diputación de la provincia. Los alcaldes de la misma ciudad principiaron al propio tiempo a instruir el competente proceso criminal para el castigo de los culpantes. La diputación por su parte encargó a la justicia de Hondarribia hiciese la visita ordenada; pero asistiendo solamente los individuos del ayuntamiento, sin armas ni estrépito alguno. Dispuso así mismo que los dos caballeros comisionados, que estaban nombrados con motivo de las ocurrencias del año de 1667, fuesen a Hondarribia con encargo de que procurasen arreglar armoniosamente las diferencias. El corregidor de la provincia, informado de la gravedad del asunto, se presentó también en Irun y redujo a sus principales vecinos a que consintiesen en la visita, sin poner obstáculo alguno a ella. Consiguiente a esta avenencia, los diputados de esta universidad avisaron a la justicia de Hondarribia por medio de un religioso capuchino que podía ir cuando gustase a hacer la dicha visita.

Después de todos estos conciertos, se creyó que se llevaría a efecto ésta de una manera pacífica. Así habría quedado en su lugar el decoro del ayuntamiento de Hondarribia, y sobreseído el procedimiento criminal principiado por sus alcaldes, se hubiera terminado el negocio sin más progreso ni consecuencia. Pero los ánimos de los habitantes de ambos pueblos estaban demasiado encontrados para que el negocio tuviese tan buena solución. Los capitulares de Hondarribia fueron a Irun el día 7 de febrero siguiente, no según les había encargado la diputación, sino acompañados de otros sesenta vecinos, y con mucho aparato de autoridad. Los de Irun no pusieron obstáculo alguno a que se hiciese la visita. Principiada ésta, se halló que algunas pesas y medidas tenían quitado o borrado el sello de Hondarribia, sustituyendo en su lugar el nombre de Irún, por cuya razón los visitadores las quebraron, como establecidas en perjuicio de los derechos de la ciudad. Los mismos quitaron en seguida unas balanzas grandes de cruz que hallaron en la casa concejil, de las cuales se servía el pueblo para pesar el vino y demás bastimentos; balanzas que trataron de llevar a Hondarribia.

Bastó este intento para que se alborotase todo el pueblo de Irun, repicasen las campanas a rebato y saliesen a las calles las gentes con armas de fuego, espadas desenvainadas, chuzos, palos, piedras y demás instrumentos, que cada cual pudo haber a las manos. El número de los que se presentaron así en actitud hostil contra los de Hondarribia pasaba de doscientos hombres, sin contar la ayuda que prestaron las mujeres. Para calmar tanto alboroto, el corregidor tuvo que mandar la restitución de las expresadas balanzas, y puso también en libertad a un vecino de Irun, a quien había arrestado. Después de lo cual los concejales de Hondarribia y sus acompañantes fueron a sus casas. El vecindario de esta ciudad quedó muy desairado y resentido de este suceso, y trató de ir con artillería, tropa y gran número de gente armada a castigar a los de Irun. Divulgóse esta noticia con la añadidura de que además se pensaba asolar el pueblo; por lo que los habitantes de éste se prepararon a la defensa por cuantos medios estaban a su alcance. En efecto, a los dos días muy a deshoras de la noche llegaron al desembarcadero del hospital viejo de Irun algunas barcas de Hondarribia con gente armada, la cual disparó algunos tiros.

Alarmados con esto los habitantes de Irun, y creyendo que eran ciertos los rumores que habían corrido acerca de los proyectos de la destrucción de la misma población, se prepararon a la defensa por medio de la fuerza armada, pero sea lo que tuviesen de verdad tales proyectos, el hecho es que las barcas y su gente se retiraron sin otra demostración. En vista de la gravedad de estos sucesos, se reunió junta particular en el lugar de Basarte el día 18 de febrero del mismo año 1669. Los procuradores concurrentes a ella deseaban que se arreglasen armoniosamente estas diferencias y que se evitasen las fatales consecuencias de tan escandalosos encuentros entre dos pueblos contiguos, a quienes tantos vínculos de amistad debían unir. Para conseguir este objeto oyó a los representantes de ambos; y en su vista acordó las disposiciones que le parecieron más conducentes a sus deseos. Reducíanse éstas principalmente a mandar que el ayuntamiento de Hondarribia concluyese la visita principiada de pesas y medidas de Irun en la misma forma en que habían acostumbrado hacer antes, que las pesas y medidas de esta universidad no tuviesen más marca que la de la ciudad, que los vecinos de aquélla acudiesen a ésta con nuevas pesas y medidas a obtener la marca de la misma.

A pesar de ser estas providencias tan favorables a Hondarribia, sus representantes protestaron contra semejante acuerdo; pues a toda costa pedían el castigo de los culpantes del alboroto mencionado. La provincia dio cuenta circunstanciada de todo este negocio a la reina gobernadora, como también de lo obrado por ella en el particular, valiéndose para el efecto de la mediación de D. Juan de Idiáquez Isasi. Por su parte la ciudad de Hondarribia envió comisionados a la corte a promover en el consejo real el expediente criminal; y como primera diligencia pidieron en este tribunal el nombramiento de un juez pesquisidor de las ocurrencias enunciadas. El consejo real mandó que la justicia de Hondarribia fuese a Irun con el corregidor a hacer la mencionada visita, y que si los diputados capitulares de esta universidad se oponían a su ejecución, fuesen llevados presos a la real chancillería de Valladolid, para ser juzgados por ella. Por otro auto posterior, accediendo a las repetidas instancias de los comisionados de Hondarribia, nombró por juez pesquisidor de la causa a D. Miguel López de Dicastillo, oidor del consejo real de Navarra.

La comisión de éste comprendía, no solamente lo relativo a los excesos atribuidos a los de Irún en los sucesos de los años de 1667 y 1669, sino que también se extendía a averiguar las extracciones de cosas prohibidas, que los de Hondarribia suponían haberse verificado con connivencia de los capitulares de Irun. Pero la provincia, a cuyo uso se presentó la real provisión de esta comisión, opinó que su cumplimiento se oponía a los fueros de la misma en lo que tenía relación con el servicio militar y la alcaldía de sacas, ramos ambos de su privativa incumbencia. Suspendiendo por lo tanto su uso, representó al rey el contrafuero que envolvía, y requirió al juez pesquisidor nombrado, para que no usase de su comisión en tales asuntos. En vista de tal oposición, se retiró éste sin practicar diligencia sobre ninguno de los puntos para los que había sido nombrado.

Asiento en las Juntas Generales de Gipuzkoa. Más adelante, en el año de 1701, acudió Irun a las juntas generales de la provincia, solicitando la voz y costa para promover de nuevo el mismo asunto de la segregación. Admitida la instancia por la provincia, formó ella un proceso informativo de muchas hojas, en el que oyó las razones alegadas por ambas partes, en cuya vista en las juntas de Errenteria del año inmediato se dictó sobre la materia la resolución que estaba a su alcance. Al paso de reconocer ellas los justos motivos que tenía Irun para segregarse, el acuerdo se redujo a apartarse de las oposiciones que en dos ocasiones anteriores tenía hechas, para que no corriese la gracia de exención otorgada a dicha universidad en el año de 1615. De esta manera se dejaba a los dos pueblos en estado de que siguiesen el negocio por sí solos, sin el apoyo de la provincia. Mediante esta declaración, entabló Irun su solicitud en la real cámara, ofreciendo servir al rey por la concesión de la gracia con el donativo de catorce mil ducados, pero fue desestimada.

En 1719 y 1732 Irun volvió a intentar separarse de Hondarribia siendo nuevamente defraudada a pesar de que en este último año había obtenido la voz y costa de la provincia en virtud de acuerdo hecho por la junta general de Mutriku del mismo año. En la representación que la provincia elevó al rey en esta ocasión, apoyando la solicitud de Irun, decía lo siguiente:

"Porque el tiempo y la experiencia enseñan los documentos y las reglas más seguras para el gobierno humano, debo certificar a vuestra majestad que de cincuenta años a esta parte me están sucediendo con Hondarribia casos que me precisan para su remedio a mudar de dictamen. Porque, sin acabar de desengañarse de que su defensa ha consistido en vuestra majestad y en mi debida lealtad, me pone en paraje de representar lo mucho que contemplo ser necesario el que la jurisdicción que Hondarribia tiene en Irun, sobre no ser de servicio alguno, ni de provecho, sino una vana exterioridad, es muy perjudicial para mi buen gobierno, como lo reconocerá vuestra majestad por los casos individuales que abajo referiré, etc.".

Esta villa renovó la propia pretensión en el Consejo de Hacienda en el año de 1765, ofreciendo al rey por la merced de la exención y de dos escribanías el servicio de seis mil ducados. Pedido informe a la provincia, ésta lo evacuó en términos favorables a los deseos de Irun, acordando antes con ella sobre que el alcalde que se estableciese en la misma no tuviese ninguna intervención en cosa alguna tocante a la alcaldía de sacas; en cuyo sentido otorgaron la correspondiente escritura en 28 de noviembre del propio año. Irun fue más feliz esta vez en sus constantes aspiraciones. Por real cédula expedida en el Pardo el 27 de febrero de 1766 se le otorgó, en efecto, la merced de la exención tan anhelada con la jurisdicción civil y criminal, mero y mixto imperio de sus alcaldes en los mismos términos que tenían los de las otras villas de la provincia. Se le hizo también por ella la gracia de dos escribanías de número, según fuesen vacando las cinco que tenía Hondarribia para toda la jurisdicción. Cometida al corregidor la ejecución de dicha real cédula, este funcionario dio a Irun la posesión de la exención con la jurisdicción contenciosa de su alcalde en 9 de marzo del mismo año. Pero la ciudad de Hondarribia, lejos de consentir en ello, acudió al Consejo Real alegando haber sido conseguida la merced ocultando los privilegios y ejecutorias que tenía ganadas en este asunto.

Pidió por consiguiente la suspensión de los efectos de la misma, o sea su retención, cuyo incidente dio lugar a un nuevo debate judicial. Las juntas generales de la provincia debían celebrarse casualmente por turno aquel año en la misma ciudad, y ésta solicitó y obtuvo del Consejo Real una provisión para que los apoderados de Irun no concurriesen a dicho congreso. Otro tanto sucedió respecto de las que debían reunirse en la villa de Bergara el año inmediato de 1767 en virtud de otra real provisión que también ganó Hondarribia. Por su parte Irun se quejó en el mismo consejo de un proceder tan irregular e inesperado; y por fin obtuvo en 28 de setiembre del propio año una real provisión que satisfacía sus deseos. En su cumplimiento, se le dio la posesión del asiento y voto que le correspondía en las juntas de la provincia en las particulares que para este solo efecto se reunieron en la villa de Tolosa el día 21 de octubre siguiente, donde se le señaló el último lugar, con el encabezamiento de veintinueve fuegos y medio.

BEL

La revolución francesa de 1789 había triunfado culminando el 21 de enero de 1793 cuando era guillotinado Luis XVI, rey de Francia, pariente del rey de España. Una nueva guerra franco-española iba a incidir desde el primer momento en Irun v la cuenca del Bidasoa. Inmediatamente se movilizan los ejércitos de Francia y España. Esta puso en pie de guerra en la frontera de Gipuzkoa y Navarra un cuerpo de ejército al mando del general Ventura Caro quien mandó construir el 5 de julio de 1793 un puente sobre el Bidasoa, delante de Irun para facilitar el paso de la frontera. Gipuzkoa se puso alerta movilizando, según Fuero, cuatro mil seiscientos hombres. Algunos meses antes de la declaración oficial de guerra los iruneses procedieron a revisar su gente armada. desfilando en el alarde diez compañías de unos 50 hombres cada una a las órdenes del comandante Esteban de Iparraguirre que a la sazón era alcalde de Irun. Entre los capitanes que mandaban estas compañías se citan, entre otros, al marqués de Valdespina, Joaquín de Aranzate, José Joaquín de Arbelaiz Olazábal, barón de Oña, Juan Antonio Olazábal Berroiz, Sebastián Errazu y José María Orbe Elío.

Una de las primeras acciones de guerra fue la destrucción del fuerte de Hendaya desde Hondarribia que se hallaba situado a orillas del Bidasoa. A los pocos días se rindió el fuerte que fue destruido por las compañías de Irun y de Oiartzun. Por otra parte las baterías de Portu y Gazteluzar destruyeron a cañonazos la fortaleza construida cerca de Behobia que dominaba el río desde la margen derecha. El ejército de la Convención ocupaba una línea entre Sara, Olhette y proximidades de Urruña. El 2 de mayo las fuerzas del general Caro franqueaban el collado de Ibardin viéndose el enemigo obligado a retroceder hasta Ustaritz, Arcangues, Bidart y Guethary. Entonces surgió ante él la figura militar La Tour d'Auvergne que paralizó el frente de inmediato. La guerra se caracterizó por multitud de episodios más o menos importantes. algunos alrededor de la aldea laburdina de Biriatou, en cuya iglesia se habían fortificado andaluces y guipuzcoanos al mando del marqués de la Romana. Biriatou resistió los asaltos de la "columna infernal" de La Tour d'Auvergne. Al año siguiente. 1794, cambia el panorama de la guerra en favor de los franceses. El general Moncey, con 57.700 hombres, desencadena la ofensiva el 24 de julio, principalmente por el Baztán, de modo tal, que ya en la madrugada del 1 de agosto entraban en Irun, tomando las dos baterías de San Marcial así como la posición de las Peñas de Aia. El avance sobre San Sebastián y Tolosa fue rapidísimo.

Llegada de Fernando VII a Irun y paso de la frontera (1808)

Napoleón había preparado la invasión de España mediante el engaño, solicitando a Fernando VII una entrevista en Burgos o en Vitoria donde ambos monarcas se encontrarían. Fernando VII viajó desde Madrid a Burgos a donde llegó el día 12 de abril en compañía del ministro Ceballos, el duque del Infantado, del canónigo Escoiquiz y de algunas personas más de su total confianza. No encontrando al emperador en Burgos se dirigieron a Vitoria un tanto recelosos pero tampoco en la capital alavesa le esperaba como estaba convenido. En cambio de ello se recibió una carta de Napoleón apaciguándoles un tanto. El viaje prosiguió camino de Irun contra la voluntad popular que sospechaba con razón una encerrona. Hubo incidentes y alborotos. En Villafranca de Oria hubo un pequeño descanso mientras cambiaban de tiro al carruaje. Entretanto en Irun se preparaba el recibimiento al rey de España y al emperador de los franceses.

El día 13 el alcalde don Juan Antonio de Olazábal y Beroiz reunía en su casa a los concejales ya que la Casa Consistorial servía de cuartel a las tropas expedicionarias. El alcalde ofreció su casa para albergar a Fernando VII de común acuerdo con los concejales. Se trajeron de San Sebastián hachas y candilejas para iluminar las casas y edificios públicos. Llegó el rey a Irun al anochecer del día 19 encontrándose con la sorpresa de que allí tampoco había acudido Napoleón Bonaparte. La situación se hizo ingrata, sospechosa e incómoda. La gente opinaba que el rey no debía cruzar la frontera en viaje a Bayona. El mismo día Fernando VII escribió a Baiona una carta servil y aduladora anunciándole su propósito de llegar a la ciudad. El día 20 de abril el rey cruzaba la frontera de Irun y a las pocas horas caía en la trampa imperial.

José Bonaparte, rey de España. Paso por Irun (1808)

Una vez en Bayona, Bonaparte se deshizo de los Borbones ahí reunidos enviando a Carlos IV, su mujer y su hijo a Fontainebleau y a Fernando VII y a su hermano Carlos, el futuro rey de los carlistas, a Valençay. Lo que desea Napoleón es montar un tinglado de personajes de la aristocracia, del alero, del ejército y de la política para nombrar rey de España a su hermano José que reside en Nápoles. Efectivamente, el 20 de junio, en la tercera sesión, se acuerda el nombramiento tal como lo exigía Bonaparte. La farsa tenía por objeto dar la impresión al mundo de que el nombramiento era obra de los españoles. José Bonaparte había llegado a Baiona de tal modo que el 9 de julio salía ya para Madrid para hacerse cargo de la realeza. Entretanto, el virrey de Navarra, marqués de Vallesantoro, había escrito al ayuntamiento de Irun con fecha 25 de junio ordenándole se hicieran las demostraciones de júbilo y respeto que se acostumbraban en tales casos. En Madrid se hallaba Murat con considerables fuerzas francesas.

El paso de Napoleón I (1808-1809)

Las tropas que Dupont, Moncey y otros generales habían estacionado previamente en España eran gente joven y sin foguear. Las cosas andaban mal. El 19 de julio se daba la batalla de Bailén, primer revés del invencible emperador. En vista de la situación, cada vez más grave, Napoleón decidió entrar en la península acompañado de las guardias imperiales, curtidas en sus luchas por toda Europa. Napoleón cruzó el Bidasoa y pasó por Irún el 4 de noviembre apoyado por la columna San Juan Arri. Luis de Uranzo, el cronista enamorado de su pueblo Irún, nos dice que habría que ver a esos temibles contingentes desfilando por la calle Mayor.

"Uniformes verdes de polacos y de alemanes de las Confederaciones de Sajonia-Weimar y del Rhin. Casacas blancas con vueltas azules, de las de Lippe y Waldeck. Mamelucos de anchos calzones y turbante empenachado. Granaderos de peludos morriones. Dragones de cascos relucientes y de vez en vez un general con enorme bicornio o sombrero lleno de plumas y vistoso uniforme recamado de oro, saludando a la exigua figura del coloso, cubierto de un sencillo capote gris sin adorno de ninguna clase, firme al pie de la vieja columna irunesa".

Simultáneamente ocurría la repatriación de heridos procedentes del interior. Estando Napoleón en Valladolid le llegaban noticias malas de su situación en Austria. En vista de ello la noche del 17 de enero de 1809 partía a caballo camino de la frontera hacia Francia. El día 19 cruzaba de nuevo Irun y el Bidasoa para llegar a París el día 23 y tomar las medidas pertinentes que la nueva situación reclamaba.

Hazaña de Espoz y Mina (1811)

En junio del año 1811, los batallones tercero y cuarto de la división de guerrilleros de don Francisco Espoz y Mina vinieron a Irun, procedentes dc la Burunda, atravesando Goizueta y las montañas de Oiartzun. Tras alguna pequeña escaramuza con tropas francesas, llegaron al puente a la una de la madrugada. Horas después persiguieron hasta Hendaya a la reducida tropa que defendía el puente, haciéndole algunos prisioneros. Sabiendo que de un lugar cercano salía una fuerte columna francesa a defender Irun. mientras que desde Lesaka acudía otra columna con igual fin, los guerrilleros. tras poner a buen recaudo las mercancías apresadas y quemar las que no pudieron llevarse, se retiraron por Santesteban.

Segunda batalla de San Marcial y fin de la guerra (1813-1814)

Dos hechos sensacionales habían ocurrido en la lucha contra los franceses: el desastre de Vitoria, el 21 de junio de 1813, y la huida del rey José a Francia. En vista de ello Napoleón envió a la frontera al mariscal Soult que llegaba a San Juan Pie de Puerto para hacerse cargo del poder de manos de José. Frente a los franceses se hallaba el general Wellington que venía expulsando a los franceses desde Portugal al mando de las tropas aliadas, portuguesas, inglesas y españolas. aparte la acción de los guerrilleros. Soult se estableció en San Juan de Luz, y Wellington en Lesaka. Uno de los cuerpos de ejército se afincaba cerca de Irun en Biriatou. Erregemendi y la Croix des Bouquets. Entretanto se hallaba San Sebastián sitiado por los aliados, las tropas de Wellington, al mando del general Freire. protegían la frontera.

Era el cuarto ejército. La tercera división defendía los campos de Sorueta y Enakoleta; parte de la quinta, San Marcial, y la séptima, Irun y Hondarribia. Los portugueses (3.600) acampaban en las inmediaciones de las peñas de Aya mientras los ingleses ocupaban los barrios rurales de Anaka y Ventas. Pensando los franceses socorrer y levantar el sitio de San Sebastián pasaron en la mañana del 31 de agosto con 18.000 hombres bajo el mando del mariscal Soult por los vados de Saraburu y Sokoa ocupando la altura de Iratxabal. Penetraron por la cañada de Erkuti, pero al intentar la toma de Saroia fueron netamente rechazados lo mismo que en San Marcial y repetidas veces en Saroia. De nuevo pasan los franceses el Bidasoa por el lugar denominado de las Nasas con intención de penetrar en San Marcial pero son rechazados en las faldas del monte. Una postrera tentativa se dirigió contra el alto de Portu defendido por don José María Ezpeleta al frente de la segunda brigada de la cuarta división.

Ante el avance francés acude la 4.ª división, la 1.ª de Porlier y el batallón de Marina de don Gabriel de Mendizábal. La respuesta fue contundente, hasta tal punto, que se obligaba a los franceses a repasar de nuevo el Bidasoa por el mismo lugar de venida. Por el lado de Iratxabal volvían los franceses a cruzar el Bidasoa por el vado de Saraburu. Hubo nuevas tentativas pero fueron todas rechazadas. Fue la batalla decisiva el 31 de agosto de 1813. En la mañana del 17 de octubre el general Wellington con sus abigarradas tropas de ingleses, españoles y portugueses, atravesaba el Bidasoa para invadir Francia mientras el general inglés Alten entraba también en territorio enemigo por la parte de Vera de Bidasoa. El 23 de febrero de 1814 el general Freire acudió con dos divisiones cruzando el Adur y el gave de Olorón por el puente de Sauveterre. Era ya el 12 de abril. Finalmente los aliados entraron triunfantes en Toulouse, donde el 18 y 19 de abril firmaban Wellington, Soult y Suchet un convenio que daba fin a la guerra.

BEL

La proclamación de Isabel como príncipe de Asturias y, por tanto, como heredera del trono. hizo que se levantara en armas su tío Carlos María Isidro de Borbón. Poco antes de morir Fernando VII había obligado a su hermano Carlos a expatriarse refugiándose en Portugal, más tarde en Inglaterra y luego en Francia para establecer contacto con sus partidiarios de Navarra y Gipuzkoa por su condición de fronterizas. Las andanzas de la guerra en la cuenca del Bidasoa y la presencia del nuevo rey en la misma apenas afectó nada a Irun y Hondarribia que quedaron desde los primeros momentos bajo el dominio carlista. Las capitales y San Sebastián, en concreto, se hallaban en posesión de los liberales que se extendían y se habían establecido en la línea de Hernani. La entrada de don Carlos desde Francia se hizo por Dantzarinea el 12 de julio de 1834. Se destaca, entretanto, la lucha por la posesión de Elizondo, el duelo Mina-Zumalacárregui, el incendio de Lekaroz y la evacuación de Elizondo por los cristinos. En Irun transcurría la vida con normalidad. Los carlistas dominaban la ciudad desde el 12 de octubre de 1833. Las naciones se habían dividido, inclinándose hacia don Carlos Rusia, Austria y Prusia y hacia Isabel II Inglaterra, Francia y Portugal.

Como consecuencia de ello llegaron al campo cristino una legión británica, al mando de un general y oficiales británicos, una legión extranjera que actuaba en Africa bajo Francia, y seis mil portugueses. Pronto dichas fuerzas ponían en práctica un plan contra los carlistas. Espartero conquistaba a mediados de mayo de 1837 el ya famoso monte Oriamendi donde los carlistas habían tenido antes una resonante victoria. Se apostaba en Hernani ante posibles ataques enemigos y el general inglés Lacy Evans se disponía a ocupar Oiartzun, Irun y Hondarribia, con fuerzas que llegaban a los doce mil hombres (siete mil españoles y cinco mil ingleses). Su primera acción fue la ocupación de Oiartzun y, acto seguido, la marcha hacia Irun. Cuando se acercaron a la plaza, las cuatro piezas de artillería carlistas instaladas en el fuerte del Parque entraron en acción. Entretanto barcos ingleses se dejaban ver amenazantes frente a Hondarribia y una flotilla de cañoneros españoles en la bahía de Xingudi mandada por el almirante Morales.

Los defensores de Irun, unos quinientos guipuzcoanos y navarros, se encierran en el fuerte del Parque mientras que otros elementos disparan desde balcones y ventanas. La casa consistorial -dice Luis de Uranzu-, mole maciza y resistente, constituyó el reducto más importante cuando la lucha llegó a las calles. Sus ventanas habían sido tapiadas, dejando solamente pequeñas aspilleras desde donde poder disparar. Una solamente quedó abierta y por ella asomaba la boca de un potente cañón de marina que hacía numerosas bajas entre los asaltantes. Desde el frente cristino entretanto siete cañones bombardeaban el pueblo desde las colinas cercanas. Después de dos días de lucha, el 8.° escocés y un regimiento español lograban apoderarse de las casas fortificadas de las inmediaciones del Parque.

Al fin, ante la superioridad aplastante del enemigo, las fuerzas carlistas, bajo el coronel don Antonio Segura, ceden y dan lugar a la presencia del regimiento de la Princesa que aparece en las calles. A su frente van los ayudantes del general Lacy Evans, Schelly y Cotoner. No faltaron los desmanes aunque, por suerte, no se cebaron en las personas sino en el pillaje y saqueo de la iglesia parroquial. Era el 16 de mayo de 1837. Crucifijos, candelabros, objetos de plata, en cuanto toca a la iglesia, y una requisa de cerdos, terneros y aves de corral en cuanto a los particulares. A la mañana siguiente la iglesia se transformaba en hospital donde se acogía a heridos y agonizantes. El 31 de agosto de 1839, después del famoso abrazo de Bergara, se daba fin a la guerra.

BEL

Cómo era Irun entonces

El cuerpo de la villa, dice Gorosábel, se compone de siete calles principales, y de algunas otras que sólo en parte están edificadas. Tiene una buena casa concejil de construcción moderna, cuatro plazas, tituladas la Vieja o de las Escuelas, la del Mercado, de Isabel II y la del juego de pelota, fuentes de servicio público, carnicería, alhóndiga, buenos paseos y otras comodidades propias de un pueblo culto. Los edificios en general son regulares, decentes y de buena perspectiva, varios de construcción elegante y suntuosa, así que Irun era una de las poblaciones más bonitas y agradables de la provincia.

Incendio fortuito en Irun (1859)

En la noche del 26 al 27 de abril de 1859 sucedió en esta población un incendio casual, que alarmó mucho a sus habitantes, pues prendieron fuego más de cincuenta casas, de las que se quemaron del todo trece de la calle de Larretxipi, causando a sus dueños e inquilinos grandes pérdidas. Su propagación fue ocasionada por el viento que llevaba las llamas y chispas a larga distancia.

Puesto en las Juntas Generales de Gipuzkoa (1860)

Esta villa consiguió ser pueblo sede de Juntas Generales de la provincia en virtud de lo decretado en las celebradas en la villa de Zestoa el año de 1860, confirmado por la reina Isabel II como variación de punto de fuero.

Isabel II, destronada

Llega a Irun y pasa a Hendaya (1868). Así como poco antes de la Revolución del 68 el general Prim cruzaba el Bidasoa ayudado por el contrabandista Emparán, del mismo modo, pero ahora en tren real, llegaba la reina Isabel II camino de Francia. El día 30 de septiembre de 1868 dicho tren pasaba por el puente internacional hacia el destierro. Venía de San Sebastián donde se hallaba en el palacio de Ayete procedente de su veraneo en Lekeitio. Le acompañaban su esposo e hijos, su confesor el P. Claret, el Conde de Ezpeleta y otras personalidades. En la estación de Irun fue recibida por las autoridades y el general Castelnau, ayudante de Napoleón III. En la estación de la Negresse, camino de Pau, fue saludada por el Emperador.

BEL

En la segunda guerra carlista (1872-1876)

Don Carlos entraba en Bera (Navarra) pasando por Alzate el día 2 de mayo de 1872. Las acciones de guerra consiguientes fueron tan desafortunadas que el pretendiente se vio de nuevo en la necesidad de refugiarse en Francia. Su estancia en el exilio le valió que madurase mejor sus proyectos y preparase más adecuadamente a sus hombres armados. Así, pues, volvía Carlos VII a entrar por Dantzarinea el día 16 de julio de 1873.

Para mediados del año siguiente, 1874, los carlistas se habían adueñado ya de casi toda Gipuzkoa pero no de San Sebastián, Irun ni de Hondarribia; su situación era difícil ya que su comunicación con el interior de España se hacía por mar. Eran un islote liberal en pleno territorio carlista. La correspondencia llegaba directamente de Lapurdi, Sokoa en concreto, o bien desde Santander por mar hasta San Sebastián. Nada, pues, de ferrocarril ni de aduanas. Para evitar los asaltos de los carlistas, defendían a Irun empalizadas, muros aspillerados y fuertes puertas de acceso a las calles de la Iglesia, San Marcial, Larretxipi, Contracalle y Mayor. Dos personajes que se hicieron famosos capitaneaban las partidas volantes carlistas: el irunés Romualdo Mocorrea y el ondarribiarra Urrutia. Las ensenadas del Jaizkibel servían de lugares de recepción del material de guerra enviado por don Tirso de Olazábal desde Francia, Irlanda y Bélgica. La toma de las tres plazas y, en especial Irun, era la obsesión carlista. Uranzu nos dice que un banco londinense ofrecía a don Carlos un préstamo de un millón de libras con la condición de apoderarse de Irun.

Los carlistas asedian Behobia

El islote liberal de las ciudades tenía por Irun la entrante de Behobia en terreno enemigo ya que los carlistas dominaban en toda Navarra, salvo Pamplona. No tiene nada de extraño que los carlistas desearan vivamente ocupar el puente internacional para sustituir al paso aduanero de Lastaola establecido en su defecto. En ese tiempo defendía Irún y su zona el comandante Juan de Arana, militar fuerte y enérgico, con mucha influencia en la comarca incluso en los caseros que llegaban a engrosar las filas de los miqueletes. Construyó un muro aspillerado de defensa de los accesos al puente dotanto el espacio libre de veinticino miqueletes y cinco carabineros. El día 11 de octubre ya los carlistas atacaban Behobia pero con una novedad sorprendente, la aparición de un verdadero precusor de los modernos carros blindados. Apareció, en efecto, un carro blindado ideado por José Joaquín Emparán que también había inventado un lanzallamas.

El carro avanzaba por los pies de sus ocupantes. Iba el carro blindado hasta unos veinticinco centímetros del suelo. Las casas de Behobia cayeron en manos carlistas y desde sus ventanas disparaban contra el fortín. No faltaron incidentes con los franceses al verse obligada una gabarra liberal a refugiarse en la orilla francesa. El famoso carro blindado se disponía a rociar con petróleo el fortín cuando el enemigo cayó en la cuenta de que disparando a los pies que se movían debajo del blindado el artefacto quedaría inutilizado, y, en efecto, así fue. Además en ese crítico momento la artillería liberal de Mendibil comenzó a disparar sobre las casas de Behobia.También llegó en ese momento un refuerzo de miqueletes que desanimó a los carlistas hasta el punto de emprender la retirada.

Sitio y bombardeo de Irun (1874)

El general carlista Ceballos se dispuso a tomar Irun, que estaba en poder de los liberales. De toda la cuenca del Bidasoa llegaban fuerzas y más fuerzas para iniciar cl asedio de la plaza. Esta vez los carlistas disponían de cañones que colocan en el monte Ibaieta, San Marcial y otros. En total sumaban veintitrés piezas entre cañones, morteros y obuses. Frente a Irun once batallones carlistas ocupaban las alturas de Aldabe, Portu, Eizagirre y otros lugares más o menos estratégicos. En las laderas se hicieron trincheras defensivas contra posibles ataques de las baterías. Irun se hallaba totalmente aislado de Gipuzkoa ya que los carlistas ocupaban posiciones desde Urnieta al Jaizkibel. El paso de Gaintzurizketa se hallaba también bajo el fuego carlista desde el Jaizkibel. Otras alturas en poder carlista eran las de Fagollaga, Santiagomendi, Txoritokieta, San Marcos y San Enrique en el Jaizkibel. El día 4 de noviembre de 1874, a las seis y media de la mañana, caía la primera bomba carlista sobre Irun. El bombardeo continuó sobre el casco de la población y fuertes de Parque y Mendibil. Frente a los asediantes, los liberales habían colocado cuatro cañones en el Parque y tres en Mendibil.

Los defensores de la ciudad contaban con unos mil doscientos hombres de diversas procedencias, cinco compañías del regimiento de Africa, dos del de Murcia tres de miqueletes, los ingenieros y artilleros, un centenar de voluntarios, algunos carabineros, los tripulantes de una cañonera y otros. El general liberal La Serna contaba además de las fuerzas ya enumeradas con la llegada a San Sebastián de diez barcos cargados de tropa y otros que procedían del interior, de La Rioja y Castilla, y que fueron embarcados en Santander. La mayoría de la gente de Irun huyó a Hendaya para librarse de los efectos del bombardeo no sin causar ahí problemas de alojamiento. El día 6 don Carlos subió a San Marcial para estrenar la batería colocada en Aldabe. Acompañaban al pretendiente don Tirso de Olazábal y el general Elío. El segundo día se hizo con bombas incendiarias y durante la noche. Ya llevaban seis días de bombardeo cuando llegó a la bahía de Xingudi, procedente de San Sebastián, el vapor Ferrolano con los generales liberales La Serna, Loma y Ruiz Dana además del comandante Barcáiztegui.

La Serna hizo la entrada en Irun en medio de gran expectación de curiosos que presenciaban la guerra desde la frontera laburdina. La visita de La Serna, que duró apenas una hora, sirvió para levantar el ánimo y notificarles la gran ofensiva que se preparaba desde San Sebastián. Los miqueletes, en su totalidad guipuzcoanos, harían de fuerza de choque bajo el mando de conocidos personajes como Juan Pablo de Lojendio, Prudencio Amau, Juan Arana, Urdampilleta y otros de menos relieve. Como dice Uranzu, a quien seguimos, la primera operación fue la de apoderarse de San Marcial para después, al día siguiente, ponerse en marcha las tres columnas del general La Serna en plan de avance. El general Loma se dirigió por Rentería, La Serna hacia Gaintzurizketa y el brigadier La Portilla por el Jaizkibel. Pronto cayó Oiartzun con el abandono carlista de Urkabe. La pérdida del Jaizkibel fue fatal para la causa carlista. Con estas pérdidas les fue relativamente fácil a los liberales su entrada en Irún a las dos de la tarde del mismo día.

El sitio y bombardeo había durado siete días con el lanzamiento de 4.072 granadas y 314 bombas. A pesar de todo este aparato artillero los destrozos causados y víctimas humanas fueron muy pocos, cuarenta y cuatro casas entre incendiadas y deterioradas y cinco muertos y treinta y seis heridos. El levantamiento del sitio tampoco costó muchas vidas pues del ejército de La Serna solamente murieron veintinueve hombres. Los carlistas se retiraron definitivamente de Irún en forma ordenada llevándose los cañones de Ibaieta. Aldabe, Boteneko-borda y San Marcial al interior de la Navarra carlista. La derrota de Irún fue uno de los preliminares del fin de la guerra. Proclamado Alfonso XII, hijo de Isabel II, rey de España en 1875 la ofensiva y persecución de los carlistas se hizo general a cargo de los generales Martínez Campos, Moriones, Blanco, Primo de Rivera y otros menos destacados. Don Carlos, acompañado de sus tropas más adictas, abandonaba Santesteban el día 25 de febrero para pasar la frontera por Arnegui y con destino a Navarrenx. La guerra terminó el día 29 de febrero de 1876.

BEL

Elecciones en el siglo XIX

La tradición liberal de Irun arranca de estas elecciones. En junio de 1893 fue fundada la logia masónica "Luz de la Frontera".

Elecciones generales del 20-IV-1879
Ref. Arch. munic. Sn Sn., Secc. A, negoc. 7, lilb. 4, exped. 3.
CandidatosPartidosVotos
Ildefonso Femández y Sánchez35
N.º electores371N.º votantes35

Elecciones generales del 21-IV-1879
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 24-IV-1879.
CandidatosVotos
I. Fernández35

Elecciones generales del 1-II-1891
Ref. "La Voz de Guipúzcoa" del 2-II-1891.
CandidatosPartidosVotos
CalbetónCoalición Liberal714
San FelicesConservador359
ZavalaRepublicano42

Elecciones generales del 5-III-1893
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 9-III-1893. Filiaciones en diversas publicaciones de la época.
CandidatosPartidosVotos
CalbetónCoalición liberal791
SatrústeguiIndependiente484

Elecciones generales del 12-IV-1896
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 17-IV-1896. Filiaciones en "La Unión Vascongada" del 13-IV-1896.
CandidatosPartidosVotos
SatrústeguiConservador887
PavíaIntegrista430
En blanco1

Elecciones generales del 27-III-1898
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 30-III-1898. Filiación en "El Fuerista" del 27-III-1898.
CandidatosPartidosVotos
BrunetCoalición liberal889

Elecciones generales del 16-IV-1899
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 19-IV-1899. Filiaciones en "La Unión Vascongada" del 17-IV-1899.
CandidatosPartidosVotos
ZavalaRepublicano577
P. IglesiasPSOE2
En blanco1

BEL

Elecciones 1900-1923

Elecciones generales del 19-V-1901
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 24-V-1901. Filiaciones en "La Unión Vascongda" del 13-V-1901.
CandidatosPartidosVotos
PicaveaLiberal1.100
MuñozPSOE29
Julián González Pelayo1

Elecciones generales del 26-IV-1903
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 29-IV-1903. Filiaciones en "La Constancia" del 26-IV-1903.
CandidatosPartidosVotos
PicaveaIndependiente628
ZabalaRepublicano591

Elecciones generales del 10-IX-1905
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 13-IX-1905. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 11-IX-1905.
CandidatosPartidosVotos
BalbásLiga Foral975
Casimiro Muñoz MatillaPSOE5
Nicolás Salmerón AlonsoRepublicano1

Elecciones generales del 21-IV-1907
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 24-IV-1907. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 22-IV-1907.
CandidatosPartidosVotos
Gaytán de AyalaCatólico663

Elecciones generales del 8 de mayo de 1910
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa", mayo 1910.
CandidatosVotos
Tomás Berminghan804
Manuel Lizasoain765
Gedeón, Farsante y Guasón1
Domingo García Pérez1
Votos en blanco18

Elecciones del 8 de marzo de 1914
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa", marzo 1914.
CandidatosVotos
Leonardo Moyúa Alzaga, M. de Rocaverde739
Pío Bizcarrondo Erquicia18
Votos en blanco15

Elecciones generales el 9-IV-1916
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 12-IV-1916. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 10-IV-1916.
CandidatosPartidosVotos
SánchezRepublicano914
Marqués de RocaverdeLiberal645
Votos sueltos2
En blanco4
Elecciones generales del 24-II-1918
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 27-II-1918. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 25-II-1918.
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal1.017
ElóseguiMaurista621
TorrijosPSOE90
Votos sueltos2
En blanco5

Elecciones generales del 1-VI-1919
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 2-VI-1919. Filiaciones en "El Pensamiento Vasco" del 26-V-1919.
CandidatosPartidosVotos
AzquetaLiberal878
AnguloMaurista763
Araquistain100

Elecciones generales del 19-XII-1920
Ref. "Boletín Oficial de Guipúzcoa" del 22-XII-1920. Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" del 21-XII-1920.
CandidatosPartidosVotos
LizariturryMinisterial927
PicaveaIndependiente795
SáenzPSOE81
AzquetaLiberal52
Votos sueltos3
En blanco6

Elecciones generales del 29-IV-1923
Ref. "El Pensamiento Vasco" del 1-V-1923.
CandidatosPartidosVotos
Marqués de TenorioConservador1.285
IglesiasPSOE1293
ZuaznávarLiberal23

BEL

El mitin republicano de 1930

El 12 de febrero de 1930 se celebró en Irún un acto público en el frontón Ramuntxo con motivo de la repatriacion de Unamuno. Habló el bilbaíno y también I. Prieto que pronunció la que luego se hizo célebre frase "O con el rey o contra el rey". Este fue el inicio de una serie de actos que a través de todo el año preparó el advenimiento de la República en abril de 1931.

Elecciones 1931-1933

Elecciones municipales del 12 de abril de 1931
Distrito: Casa Consistorial
Papeletas en blanco2
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Luis SalísCoal. Rep.-Socialista492
Modesto GalCoal. Rep.-Socialista483
Gerardo BienecheCoal. Rep.-Socialista483
Leopoldo GarcíaMonárquico274
Emilio BerroaMonárquico267
Restantes:
Luis LarrañagaMonárquico266
F. Cruz Ortiz3
Distrito: Alhondiga
Papeletas en blanco2
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Jorge SeguraCoal. Rep.-Socialista560
Claudio UrtizbereaCoal. Rep.-Socialista550
J. J. BellidoCoal. Rep.-Socialista534
F. IrachetaCoal. Rep.-Socialista517
J. R. AguirrecheMonárquico285
Guillermo BergarecheMonárquico283
Restantes:
José ViyellaMonárquico266
J.A. RecarteMonárquico251
Cruz OrtizComunista4
J. L. Recarte1
Distrito: Hospital
Papeletas en blanco1
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Rosario TellecheaCoal. Rep.-Socialista425
E. LarrañagaCoal. Rep.-Socialista423
Sr. BodaCoal. Rep.-Socialista412
Antonio OrtizMonárquico247
Fernando EstombaMonárquico234
Restantes:
Ricardo FigueredoMonárquico232
Cruz OrtizComunista5
Francisco Estomba1
Distrito: Las Escuelas
Papeletas en blanco1
Ref. "La Voz de Guipúzcoa"
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Miguel LiceagaCoal. Rep.-Socialista311
Camilo ArocenaCoal. Rep.-Socialista300
Antonio ArreguiMonárquico191
Restantes:
Manuel MuiñoMonárquico179
Ramón GaztelumendiMonárquico179
Cruz OrtizComunista4

La primera providencia de la gran manifestación que se fue constituyendo durante la tarde del 14, conforme iban llegando noticias de la proclamación de la República en España, fue la de ir a la frontera a acoger a los repatriados que, junto con el alcalde de Bayona, Mr. Larrabeuquet, volvían a su tierra. El 16 fue elegido alcalde Luis Salís Martínez.


Elecciones generales del 28-VI-1931
Ref. "La Voz de Guipúzcoa" del 30-VI-1931. Filiaciones en "El Pensamiento Vasco" del 30-VI-1931.
CandidatosPartidosVotos
UsabiagaDerecha Republicana2.638
De FranciscoSocialista2.629
GárateAcción Nacionalista2.601
AmilibiaUnión Republicana2.600
PicaveaIndependiente777
PildainIntegrista762
LeizaolaNacionalista746
UrquijoTradicionalista743
AstagarrabíaComunista47
LarrañagaComunista45
ZapirainComunista45
BullejosComunista42
UrgoitiUnión Republicana22
CastroRepublicano12
Adolfo Bienabe Artia1
Juan Eguizabal Berroa1
Eduardo Olondriz1

Elecciones generales del 19 de noviembre de 1933
Ref. "La Voz de Guipúzcoa", noviembre 1933.
CandidatosVotos
De Francisco1.764
Maeztu1.656
Angulo1.655
Alvarez1.653
Paguaga1.622
Usabiaga1.620
Telleria1.614
Urraca1.611
Echevarría1.602
Bizcarrondo1.590
De la Torre1.516
Gomendio1.454
Leizaola1.288
Picavea1.187
Monzón828
Irazusta805
Irujo788
Astigarribia428
Larrañaga426
Urondo423
Zapirain421
Imaz62

Plebiscito del Estatuto Vasco

En el plebiscito del 5 de noviembre de 1933 para refrendar el Estatuo Vasco se obtuvo en esta localidad el siguiente resultado:

Ref. "La Voz Guipúzcoa", noviembre 1933.
N.º electoresFavorContra
9.0918.74346

Elecciones 1936

Elecciones generales del 16 de febrero de 1936
Ref. "El Pueblo Vasco", febrero 1936.
CandidatosVotos
Sr. Ansó3.857
Sr. Amilibia3.820
Sr. Larrañaga3.760
Sr. Oreja2.852
Sr. Lojendio2.655
Sr. Mújica2.625
Sr. Paguaga2.621
Sr. Irujo842
Sr. Lasarte637
Sr. Irazusta631
Sr. Monzón615
Sr. Picavea608
Apraiz-

Elecciones del 1 de marzo de 1936
Ref. "El Pueblo Vasco", marzo 1936.
CandidatosVotos
Sr. Amilibia3.898
Sr. Ansó3.865
Sr. Apraiz3.852
Sr. Larrañaga3.819
Sr. Irujo1.476
Sr. Lasarte1.477
Sr. Picavea1.466
Sr. Irazusta1.465

BEL

Al tenerse noticia del alzamiento militar del 18 de julio de 1936 las fuerzas del Frente Popular controlaron inmediatamente la situación. La madrugada del 20 de julio salió de Irún una pequeña columna de voluntarios armados al mando del teniente de carabineros Antonio Ortega con el propósito de atacar Lesaca (Navarra), donde había una concentración de requetés, ataque del que se desistió en Vera de Bidasoa, optando por regresar a Irún. Esta columna voló, a su paso, el puente de Endarlatza y apostó algunos milicianos en las inmediaciones, impidiendo así el paso hacia la ciudad fronteriza de la primera columna de requetés. La toma de Irún constituía objetivo capital en los planes del general Mola. Con su posesión se cerraría la frontera francesa, y se cortarían las comunicaciones terrestres con Europa de Guipúzcoa y la zona cantábrica leal a la República.

Cerrado el avance a lo largo del Bidasoa por la voladura del puente de Endarlatza, la progresión de las fuerzas sublevadas hacia Irún debió hacerse por un terreno difícil que a los obstáculos orográficos unía el de contar con varios fuertes, concebidos en su día como defensas contra un ataque procedente de la frontera. El avance de las fuerzas atacantes, que ya para fines de julio habían establecido una posición avanzada en Oyarzun, fue muy laborioso. Las milicias gubernamentales opusieron dura resistencia. El 26 de agosto se inició el ataque a la posición de San Marcial, último baluarte de Irún. Ante la proximidad del peligro, el 31 de este mes las autoridades republicanas dispusieron la evacuación al otro lado de la frontera de alrededor de 3.000 personas no aptas para la lucha.

El 3 de septiembre caía San Marcial y quedaba sentenciada la suerte de Irún. Al día siguiente era tomado Behobia y cerrado su puente internacional. La madrugada del 5 de septiembre entraban en Irún las fuerzas atacantes, obligando a las milicias a retirarse hacia la frontera. que sólo cruzaron tras haber defendido palmo a palmo el terreno. Irún estaba en llamas y presentaba graves destrucciones debidas a la aviación y artillería de los sublevados y a los incendios provocados en varias zonas por milicianos anarquistas. Había dirigido la defensa de Irún el teniente Ortega, mandando a las fuerzas atacantes el coronel Beorlegui, herido en esta ciudad. La lucha por la toma de Irún tuvo gran resonancia internacional por la proximidad de la ciudad a la zona veraniega de la costa vasca y la avalancha de refugiados que su caída provocó allende la frontera. Para la zona gubernamental constituyó un duro golpe.

"La pérdida de Irún -cuenta M. de Irujo- desmoralizó a toda la tropa de la Comandancia de San Sebastián. Un contagio colectivo de impotencia se impuso, mezclado con la rabia y el furor que la propia impotencia sentida produjo".

De hecho ese mes de septiembre Guipúzcoa entera caería en poder de las fuerzas sublevadas. [Ref. M. Bande: La guerra en el Norte, pp. 21 , 55-59, 62-68; El pueblo vasco frente a..., Documentos, publicación del Clero Vasco, Ed. Egi-Indarra, Toulouse,1966, pp. 222-224 y 276; A. de A.: "H.D.G.E.", pp. 105-129; Steer: El árbol de Guernica, p. 24.

BEL

Durante gran parte del Franquismo la historia de Irun estuvo condicionada por los efectos del devastador incendio que se desató el 4 de septiembre de 1936. La ciudad fronteriza será, junto con Eibar y Elgeta, una de las localidades más afectadas por la Guerra Civil en Gipuzkoa y una de las primeras localidades españolas en sufrir los devastadores efectos del conflicto. El proceso de destrucción de la ciudad ha sido ampliamente estudiado por Martín Izagirre (Izaguirre, 1986). La destrucción material que experimenta la ciudad, siguiendo la memoria editada por el Ayuntamiento en 1938, supone que 144 edificios son destruidos siendo el centro de la ciudad, y en concreto el Paseo Colón, la zona que experimenta una mayor destrucción con la pérdida de 51 edificios. Tras éste destaca la calle Iglesia, en la que arden 17 edificios y que resulta la arteria irunesa con mayor porcentaje de destrucción tras el Paseo Colón (11% del total), seguida de las calles Mayor y Cipriano Larrañaga que resultan igualmente afectadas en un número importante de edificios. Las personas que se quedaron sin hogar por el incendio, siguiendo las mismas fuentes, se situarían en torno a las 1.872 personas.

Pero la destrucción de Irun tiene otras consecuencias. La más importante, aparte de la destrucción material, es la huída de la población en los días previos a la ocupación de la villa. Sin embargo, casi de manera inmediata a la ocupación de San Sebastián, el día 13 de septiembre de 1936, da comienzo un proceso de regreso de iruneses a través del puente de Santiago. Ese mismo día se autoriza, según las autoridades francesas, el regreso de un cierto número de personas que permanecían en Hendaye (ADPA, 1M/256) y que podemos suponer que son los primeros refugiados que regresan aunque con anterioridad ya se habían producido algunos retornos esporádicos. Entre los días 13 y 30 de septiembre el regreso asciende a un total de 2.620 personas procedentes principalmente de localidades vasco francesas situadas en las inmediaciones de la frontera.

Pero el exilio y el regreso a Irun, no fueron tan rápidos para parte de los iruneses que abandonaron su ciudad en septiembre de 1936. Dos son los grupos que podemos establecer a la hora de referirnos a aquellas personas que no regresan a Irun al poco tiempo de finalizar los combates: los que continuaron la lucha junto a la República y aquellos que recibían asistencia por parte de las autoridades vascas. En el primer grupo que hemos mencionado podemos establecer dos tipos de comportamientos diferentes a la hora de continuar la lucha junto a la República. La forma más común de hacerlo es formando parte de los distintos batallones que formaron el ejército vasco o posteriormente, tras la capitulación de los batallones nacionalistas en Santoña, en las filas del ejército republicano. Lorenzo Sebastián ya ha estudiado la participación de los nacionalistas en la batalla del Bidasoa (Sebastián, 1991), del mismo modo los iruneses formaron parte de diferentes batallones guipuzcoanos como el Batallón Rusia, el Batallón Larrañaga o el Rosa Luxemburgo (Vargas, 1999). Otros siguieron la lucha en las filas republicanas hasta el final de la Guerra Civil. Otros iruneses continuaron la lucha en otros frentes. Entre ellos destacan dos personajes: el republicano Anastasio Blanco y el nacionalista José Michelena Aguirre. Ambos se situaron al frente de los servicios de espionaje que crearon respectivamente la República y los nacionalistas en el sudoeste de Francia (Barruso, 2001). Anastasio Blanco, miembro de la Junta de Defensa de Irun, fue el responsable del Servicio Especial que se creó en el Consulado de España en Hendaya, que se mantuvo fiel a la República y fue así mismo agente del Servicio de Información Militar, controlado por Indalecio Prieto hasta su salida del gobierno republicano. La organización de Blanco fue la más efectiva con la que contaron los republicanos durante la Guerra Civil y logró varios éxitos, como el descubrimiento de agentes franquistas que operaban en Francia y frustrar varios intentos de apoderarse de barcos españoles que se hallaban refugiados en puertos franceses. Tras la derrota de Francia, en junio de 1940, y ante la inminencia de la llegada de los alemanes a la costa vasca, se pierde el rastro de Anastasio Blanco, logrando exiliarse en América. Junto al anterior en los servicios de información republicanos, podemos mencionar a Fermín Cuende, irunés y secretario del consulado de Tarbes, que formó parte igualmente de la organización de Blanco. Por parte de los servicios organizados por los nacionalistas debemos mencionar a José Michelena, miembro de la Junta Municipal del EAJ-PNV (Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco) de Irun, y los hermanos Gabriel y Ramón Agesta. Estos, junto con Juan José Michelena, hermano del anterior, organizaron un primer servicio de información que enlazaba el sudoeste de Francia con Bilbao, servicio que se mantuvo hasta la ocupación de Bilbao. Posteriormente se instalaron, ya bajo la tutela y organización del Gobierno Vasco, en la villa "Mimosas" de Bayonne que sería la que daría nombre al servicio de información nacionalista.

Pero junto a los que prosiguen la lucha hay un número elevado de iruneses que permanecieron en el exilio. Un documento de 1939 nos informa que 94 vecinos de Irun permanecen en Francia mantenidos por el Gobierno Vasco (A.N.-G.V. 239/6) y que suponen un coste de 5.905 francos mensuales. Se trata de 31 familias entre las que se encuentran la viuda de Florencio Iracheta y sus cinco hijos, José Elizalde -secretario de la Junta Municipal del PNV- y su familia, Magdalena Corta -esposa de Evaristo Larrañaga fusilado junto con Iracheta en 1938- y su hija, la familia de Fermín Cuende y Floro Eizaguirre, miembro de la UGT (Unión General de Trabajadores) y administrador de la fábrica de vagones a la vez que concejal socialista de Fuenterrabía. A su vez el SERE (Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles), organismo creado por el Gobierno de la República para prestar apoyo a los refugiados españoles, organiza a éstos en función del grado de responsabilidad de los mismos para organizar su evacuación. Entre ellos podemos encontrar a varios iruneses como es el caso de Manuel Sagarminaga Arana y Carlos Iriarte Labandibar, miembros de la Junta Municipal del PNV (AN-GV 115/1). Pero también encontramos iruneses en un exilio más lejano. Este es el caso de los socialistas Andrés García Silva, Pedro García Rodríguez, Encarnación Huete Vázquez y Jesús Hernández Muñoz, que se encuentran refugiados en la localidad argelina de Orán (AN-GV 239/5).

Por parte socialista se trató de evacuar a 16 personas, entre los que se encontraban Manuel Igartiburu Espallargas, secretario de las Juventudes Socialistas de Irun y vocal de la Comisaría de Orden Público, que no regresó a Irun hasta 1944; Francisco Fernández, teniente de Alcalde de Irun y gestor provincial, Benito Boda, concejal socialista o Manuel Enjuto Rubio, metalúrgico y presidente de la Agrupación Socialista de Irun, miembro de la Comisaría de Orden Público durante la Guerra Civil y posteriormente representante del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en la Delegación de Euzkadi en Cataluña. Entre los iruneses con mayor "responsabilidad" política podemos citar a Gregorio Lana Díez y a Nicolás Barrios Méndez. El primero de ellos forma parte del comité local del Frente Popular y presidente del Centro Obrero de Irun a la vez que formaba parte de la directiva de la Federación Gráfica de la UGT (Unión General de Trabajadores). El segundo, Nicolás Barrios, había sido encarcelado en 1934 y era el presidente del Sindicato Metalúrgico de Irun y vocal de la Agrupación Socialista y del Frente Popular. Un informe del consulado de Hendaye, señala que en la demarcación del mismo reside la familia Michelena, formada por Federico, delegado del Gobierno Vasco en Hendaye, José y sus tres hijos, uno de los cuales, el último, es sacerdote y al que los diplomáticos franquistas acusan de .hacer propaganda separatista en todo momento, incluso en el púlpito y en el confesionario. (AGA-AAEE, c. 11.765).

La represión durante el Primer Franquismo

La primera e inmediata represión ejercida por los sublevados se produce a en los momentos que siguen a la ocupación de la villa por las tropas de Beorlegui. Sin embargo ésta ha dejado un escaso rastro documental. La única referencia con la que contamos para demostrar la existencia de ejecuciones en Irun tras la ocupación de la ciudad proviene de fuentes francesas, cuando corre el rumor de que algunos de los refugiados que han regresado habían sido fusilados en el Stadium Gal. El comandante divisionario de Hendaye desmiente esta noticia y afirma que los ejecutados serían .nacionalistas vascos que habían quedado en Irun y que habían sido víctimas de juicios sumarísimos. (ADPA 1M7237). Entre ellos destaca el caso del dirigente republicano Nicolás Guerendiain. Por los datos provenientes del estudio del Registro Civil y de los sumarios de los consejos de guerra celebrados en Donostia-San Sebastián y Santoña podemos localizar a 45 vecinos de Irun que son juzgados por las autoridades militares. De estos, 18 son fusilados en diferentes lugares, 17 juzgados en Donostia-San Sebastián y 10 condenados por consejos de guerra celebrados en el penal de El Dueso (Collado Quemada, 1992).

Uno de los casos más destacados de la represión que se abate sobre Irun, es el de Florencio Iracheta, concejal socialista y uno de los líderes de la izquierda en Irun, con una amplia actuación tanto en el plano político como en el social, en el que impulsó la construcción de las "casas baratas" en la localidad. El proceso que lleva a la muerte a los otros dos concejales de Irun, el republicano Evaristo Larrañaga y el socialista Iracheta es una consecuencia del combate que tuvo lugar en el cabo Matxitxako, los primeros días de marzo de 1937, en el que se enfrentaron varios bous artillados de la Marina Auxiliar de Euzkadi con varios buques de la Armada Nacional, entre ellos el crucero "Canarias", resultó capturado el "Galdames" y a bordo del mismo son apresados el delegado de la Generalitat ante el Gobierno Vasco, el dirigente catalanista Manuel Carrasco Formiguera, y los concejales socialista y republicano del ayuntamiento de Irun Florencio Iracheta y Evaristo Larrañaga respectivamente. Desde el momento en que es conocida la captura del barco, los diplomáticos franceses se movilizan para tratar de salvar la vida de los detenidos. El cónsul de Francia en Donostia-San Sebastián se entrevista con el Gobernador Militar de Gipuzkoa, general López Pinto, cuya familia permanece encarcelada en territorio republicano.

Los detenidos son conducidos a Burgos, evitando que sean juzgados en Donostia-San Sebastián. El 7 de abril de 1937 se decreta el procesamiento de Iracheta acusado de ser .el principal instigador y alentador de la revolución en Irun, como dirigente marxista se opuso desde el primer momento al Movimiento Salvador de España y organizó la defensa de Irun frente a las tropas nacionales, interviniendo activamente en la compra de armas y material de guerra para los marxistas de Irun, ha sido el culpable de los fusilamientos de personas de derechas en aquella población y fue también quien ordenó el incendio de la ciudad o por lo menos consintió que otros lo ejecutasen. (ARM 478/37). El 23 de julio de 1937 tiene lugar el consejo de guerra contra Iracheta en Burgos. En el mismo testifican el alcalde de Irun, José Ramón Aguirreche, y el secretario Emilio Navas. Ese mismo día se hace pública la sentencia en la que se da por probado que Iracheta era dirigente del Frente Popular de Irun, a la vez que se recuerda en el texto de la misma el asesinato de los presos de Guadalupe y el incendio de la ciudad. Pese a que en la sentencia no se hace referencia a las graves acusaciones que se formulan en su contra en el auto de procesamiento, en ésta se deja intuir que se considera a Iracheta como el responsable moral de todo lo ocurrido en Irun como resultado de su condición de dirigente del Frente Popular, lo que hace que sea condenado a muerte. Finalmente, el 10 de marzo de 1938, Florencio Iracheta será fusilado en Burgos.

Pero otras modalidades de represión se abatieron sobre los vencidos. Una de las más importantes en el caso de Irun, dada la destrucción sufrida por la villa, es la referente a la incautación de inmuebles y su cesión a las personas consideradas .afectas. que habían perdido sus viviendas. De esta manera, entre el 12 de septiembre de 1936 y el 31 de marzo de 1937 se entregan un total de 639 viviendas. Como dato curioso mencionar que entre los solicitantes de inmuebles se encuentra Melitón Manzanas, que solicita en nombre de la .Casa Artigas. unos bajos en las calles General Freire y Cipriano Larrañaga, que le son denegados. Posteriormente, en diciembre de 1936, le son entregados 19 pisos en nombre de las milicias de la Juventudes de Acción Popular (AMI-Actas Municipales).

Del mismo modo la Comandancia Militar del Bidasoa se ocupó de administrar los bienes incautados, como prueba que entre enero y abril de 1937 las cantidades cobradas por ésta ascendiesen a 7.883,54 pesetas, cantidad que se elevará hasta las 14.068,55 pesetas según el libro registro de la Comisión Provincial de Incautación de Bienes de Guipúzcoa. Sin embargo, de la documentación conservada en el Ayuntamiento de Irun se desprende que la Comandancia siguió cobrando las rentas de aquellas propiedades de personas que no se encontraban en la zona controlada por los sublevados y que prolongaría la administración militar hasta al menos septiembre de 1940 ascendiendo la cantidad cobrada por el organismo militar a 16.012,98 pesetas.

La Comisión Provincial de Incautación de Bienes fue la que se encargó, entre 1937 y 1939, de llevar a cabo la represión económica en Gipuzkoa en general y en Irun en particular. En Irun ésta ingresó más de 756.000 pesetas las cuales corresponden por una parte al valor de las rentas correspondientes a inmuebles incautados (36.194,64 Pts.) y, por otra, a los valores propiedad de las personas a las que se les ha abierto expediente (720.500 Pts.). Según los datos de que disponemos, en Irun son expedientados por la CPIB 21 vecinos. En lo que se refiere a las cantidades recaudadas en concepto de las rentas de los inmuebles incautados podemos observar que entre ellos se encuentra Florencio Iracheta, cuya casa "Villa Libertad", rebautizada como "Villa España", proporcionó una renta equivalente a 96 pesetas, magra cantidad si se compara con las más de 3.000 pesetas que rentaron otras propiedades. Los valores y acciones incautados a los ciudadanos de Irun ascienden a 720.000 pesetas.

Tras el cese de las actividades de las comisiones de incautación de bienes el testigo de la represión económica es recogido por el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas y los Tribunales Regionales de Responsabilidades Políticas (TRRP) que se crean a partir de lo dispuesto en la Ley de Responsabilidades Políticas (LRP) del 9 de febrero de 1939.

La primera sentencia, de la que tenemos constancia en Gipuzkoa, que se impone a raíz de la L.R.P. se dicta el 4 de septiembre de 1939 y recae sobre el vecino de Irun Moisés Urmeneta, Director y profesor de matemáticas del Instituto de Segunda Enseñanza de Irun, que es acusado de ideas nacionalistas y al que se le impone una sanción de 10.000 pesetas (AGA-Justicia, c. 511). Tras él, otros ochenta vecinos de Irun serán expedientados por el TRRP de Navarra hasta diciembre de 1944, fecha en la que es sobreseído el expediente contra Domingo Mazo. El último vecino de Irun que es condenado por la citada ley, es el mecánico Francisco Emery Arocena, perteneciente a la UGT y que había regresado de Francia en 1940, y al que se le impone una sanción de 1.000 pesetas (AGA- Justicia. c. 184).

Al igual que ocurre con el caso de Florencio Iracheta, también conocemos en detalle un proceso de responsabilidades políticas de un vecino de Irun, en este caso el del alcalde de Irun durante la II República Luis Salís Martínez. El 9 de agosto de 1936 Salís se traslada al país vecino del que no regresará hasta el 16 de octubre de 1940. Durante su estancia en Francia parece que se mantiene alejado de toda actividad política, de hecho su nombre no aparece en ningún documento formando parte de las personas que deben ser evacuadas como responsables políticos o que reciben subsidios de parte de las autoridades republicanas. Antes al contrario, se aprecian rasgos de discrepancia con éstas como se demuestra por el hecho de que sus hijas regresen a España en 1937. A finales de 1940 y durante el mes de enero de 1941 se reciben en el Gobierno Civil de Gipuzkoa informes sobre el ex alcalde remitidos por el Jefe Local de FET-JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) y por el alcalde de Irun. El primero, muy escueto, destaca la actitud moderada del procesado y su abandono de la ciudad a la vez que señala que quedó completamente al margen de los acontecimientos que se produjeron en Irun tras el comienzo de la Guerra Civil. Más extenso es el informe del alcalde. En el mismo se destaca su moderación y su coincidencia de criterio en algunas votaciones -como es el caso de la moción municipal a favor de la expulsión de los Jesuitas, a la que se opuso- con los concejales derechistas. Tras estas informaciones, los documentos que se conservan en el archivo municipal, dan un salto en el tiempo que nos trasladan hasta enero de 1943, fecha en la que Luis Salís presenta su escrito de alegación. Esto supone que, pese a los esfuerzos de su suegro, el proceso de responsabilidades políticas ha seguido su curso y se han formulado cargos contra el alcalde republicano de Irun, pese a que este no aparece en ninguna de las listas de procesados iruneses correspondientes a 1941 que hemos podido consultar. El escrito de descargo, único elemento de defensa que se permite a los procesados por la LRP, recoge las alegaciones que el procesado formula ante los cargos en su contra. Salís es acusado de ser directivo de un partido político opuesto al Alzamiento, de estar afiliado al mismo y de permanecer en el extranjero más de dos meses tras abandonar la "zona roja". El 27 de febrero de 1943 se dicta sentencia contra Luis Salís mediante la cual le imponen la pena .de inhabilitación para el cargo de Alcalde y otros de naturaleza análoga durante cinco años y la económica de cinco mil pesetas..

Otro de los aspectos destacados de la represión, puesta en marcha por las nuevas autoridades, es el referido a las depuraciones de la administración que dan comienzo desde los primeros momentos. Para poner de manifiesto la importancia de la misma, hemos optado por la elección de dos grupos que consideramos altamente representativos del proceso depurador que se lleva a cabo en Irun: el magisterio y la administración local.

El proceso de la depuración da comienzo con la suspensión de todos los maestros que ejercen en la localidad, lo que les obliga a solicitar el reingreso en el cuerpo, proceso que pasaba por cumplimentar un cuestionario sobre sus actividades profesionales. El hecho de la solicitud suponía, automáticamente, que se le abriese expediente de depuración. Este, según se desarrolla en la orden del 11 de noviembre de 1936, contemplaba la solicitud de una serie de informes sobre el depurado elaborados por la Guardia Civil, alcalde, cura párroco y presidente de la asociación de padres de la localidad en la que ejerciera sus funciones. La eliminación del nacionalismo de la escuela parece ser el principal objetivo de la comisión depuradora de Gipuzkoa. En Irun son cuatro los maestros sancionados a los que se suma un alumno de la Escuela Normal, vecino de Irun. Los maestros iruneses contra los que se formulan cargos en el proceso de depuración son acusados, fundamentalmente, de ideología contraria al Alzamiento, actitud religiosa y ausencia de la localidad. En tres casos se señalan sus ideas izquierdistas en el caso de la única maestra sancionada, ésta es acusada de ser de ideas nacionalistas.

Para completar el análisis del espectro represivo que se lleva a cabo en Irun, inmediatamente después de la ocupación de la ciudad por las tropas sublevadas, debemos referirnos a la depuración de los funcionarios de la administración local. La depuración de los funcionarios de la administración local es una de las primeras tareas que asumen las nuevas autoridades tras la ocupación de Irun. Los primeros funcionarios que son reincorporados son el secretario municipal Emilio Navas, el administrador de la Alhóndiga Agustín Amantegui y el interventor municipal Pedro Esteban Indart, que habían regresado los días 20, 16 y 17 de septiembre de 1936 respectivamente. El día 5 de enero, el Ayuntamiento acuerda abrir expediente a todos los funcionarios municipales que no hubieran sido cesados el 24 de diciembre de 1936 por no regresar. De los sesenta funcionarios municipales de los que se conserva su expediente de depuración, 33 son confirmados. En la mayor parte de los casos, los cargos se refieren a la filiación política que se atribuye a los depurados o, en caso contrario, en no haber regresado a Irun tras la ocupación de la ciudad. En algunos casos el cargo de pertenecer a una opción política contraria al Movimiento, se ve agravada con lo que se considera una clara muestra de resistencia a las nuevas autoridades, como es el trasladarse a Barcelona, tras abandonar Irun, y no regresar a la ciudad fronteriza. Entre los cargos que se formulan destacan dos funcionarios que son acusados respectivamente de pertenecer a la masonería y de ser ateo. Un caso al que queremos hace referencia inicialmente es al del director del laboratorio municipal, que es acusado de pertenecer a la Masonería. Militante del Partido Radical es detenido, el 29 de septiembre de 1936, a raíz de ser denunciado por un vecino que le acusa de manifestarse en tono despectivo hacia las tropas que ocupaban Irun. Pese a que se formulan en su contra varios cargos y todos los informes le son desfavorables, cuenta con la atenuante de tener un hijo en Falange y otro en el Ejército Salvador de España con la graduación de Alférez, que estando peleando con los rojos se pasó a nuestro glorioso ejército. Estas circunstancias hacen que su sanción se reduzca a seis meses de empleo y sueldo.

El poder local durante el Franquismo

El nuevo poder municipal en Irun, al igual que ocurre en otros lugares, esta muy condicionado por el conflicto. Buena prueba de ello es que de una muestra de dieciocho cargos locales que ostentan el poder local entre 1963 y 1943, nos encontramos con cuatro excautivos y un excombatiente, condiciones que son consideradas como méritos a la hora de ocupar puestos en la administración Franquista. Sin embargo, llama la atención que ninguno de ellos forma parte del Ayuntamiento presidido por José Ángel Fernández de Casadevante en septiembre de 1936, que será sustituido por José Ramón Aguirreche en el cargo de máximo mandatario municipal en el que permanecerá largos años. A diferencia de lo que ocurre en otras localidades guipuzcoanas, podemos apreciar en Irun una escasa movilidad en los cargos municipales, ya que entre 1939 y 1943 tan solo asistimos a dos remodelaciones del consistorio, una en 1942 y otra en 1943 de mayor envergadura. En la de 1943 son nombrados concejales, entre otros, tres de los detenidos en Guadalupe durante la Guerra Civil.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de las nuevas autoridades, parece que el Movimiento no acaba de arraigar en la ciudad fronteriza, como pone de manifiesto un informe de la Delegación Nacional de Provincias, fechado en 1940, en el que se afirma que FET y de las JONS es casi inexistente en Irun, acusando a las autoridades locales de su escasa efectividad. Una razón de este desinterés puede buscarse en el origen de los concejales iruneses durante el Primer Franquismo. De ellos, únicamente tres son considerados falangistas, pese a que todos ellos figuran como afiliados al partido único. El resto provienen de opciones derechistas como la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas) o son de claro origen monárquico. Llama la atención la presencia de tradicionalistas entre los concejales designados en 1942 y 1943 lo que pone de manifiesto el escaso peso del carlismo guipuzcoano en las localidades con mayor peso demográfico.

La recuperación

Los efectos de la Guerra Civil, aunque fueron duraderos, podemos considerar que para 1950 se han superado. La población a comienzos de la década 1950-1960 ya supera a la de 1930, lo que confirma la recuperación de la villa. Gran parte de esta recuperación se debe a la llegada de población inmigrante como consecuencia de la instalación de industrias en la localidad. La principal labor del Ayuntamiento es conseguir que se instalen industrias en Irun que se sumen a las ya existentes, como son La Palmera, Chocolates Elgorriaga y Fosforera Española. Este desarrollo supone la aparición de nuevos barrios, como el de Ventas -cuya construcción comenzó en la década 1940-1950- y del área de Pío XII y de la barriada obrera de Larreaundi. En 1957 son ya 5.000 los trabajadores que residen en Irun y que encuentran colocación en las grandes empresas de la localidad como La Palmera que cuenta con 1.000 empleados, Porcelanas Bidasoa y CAF (Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles) con 500 trabajadores y Fosforera Española con 600 (Puche, 1999, p.151), cifra que se incrementará hasta más de 8.000 asalariados a comienzo de la década 1960-1970.

Como recoge Aitor Puche, esta concentración de trabajadores permite que la oposición comience a actuar tímidamente en Irun en la década de los cincuenta. El autor mencionado constata en 1954 y 1958 paros en las principales empresas de la localidad. Las principales reivindicaciones son de mejora de las condiciones laborales y de vivienda, sobre todo cuando la llegada de inmigrantes está complicando enormemente la cuestión de la vivienda. A modo ilustrativo podemos citar que en 1967 los inmigrantes llegados a la localidad superan los 1.200 mientras que el número de viviendas construidas es de 485.

Otro factor importante en la recuperación económica de Irun, fue el desarrollo de las áreas aduaneras y la construcción del aeropuerto. Este, inaugurado en 1955, supone culminar un largo proyecto que se empezó a gestar en los años 1930-1940. No sería hasta 1949 cuando se aprobó la construcción del mismo, dando comienzo las obras al año siguiente. El desarrollo aduanero, y el incremento del tráfico comercial, tuvo sus hitos fundamentales en la construcción del complejo aduanero de Behobia, inaugurado en 1962, y diez años más tarde, en 1972, la inauguración del Puente Internacional de Santiago que vino a sustituir al viejo Puente Internacional.

El final de la década de los sesenta, trajo consigo también dos hechos de diferente naturaleza pero a tener en consideración. El primero de ellos es el fallecimiento, en marzo de 1968 de Luis Rodríguez Gal, .Luis de Uranzu., escritor, cronista y político, hombre de inquietudes culturales ligado estrechamente a la historia de Irun. El otro, es el asesinato del comisario de la Brigada Político Social de Donostia-San Sebastián, Melitón Manzanas, en agosto de 1968 en su casa de Elizatxo lo que supuso el primer asesinato cometido por la organización terrorista E.T.A. (Euzkadi ta Askatasuna-Euzkadi y la Libertad).

Los últimos años del Franquismo se caracterizaron en Irun por la apatía hacia lo que significaba el Régimen. Prueba de ello es la escasa participación en las .elecciones orgánicas. que el Franquismo celebraba periódicamente y que tan solo servían para que los cargos municipales se renovasen periódicamente. En la recta final del Franquismo el cargo de máximo regidor municipal fue ocupado, sucesivamente, por Víctor Zaragüeta (julio de 1962-diciembre de 1963), Joaquín Beltrán de Heredia (diciembre de 1963-octubre de 1966), Antonio Tejedor (octubre de 1966-marzo de 1973) y Federico Bergareche (marzo de 1973-diciembre de 1976) que fue el último regidor municipal del Franquismo y con el que se cerraba un largo periodo de la Historia de Irun que había dado comienzo en septiembre de 1936.

Bibliografía

Fuentes

  • Archivo Departamental de los Pirineos Atlánticos. Pau (A.D.P.A)
  • Archivo General de la Administración. Alcalá de Henares (A.G.A)
  • Archivo Histórico del Nacionalismo- Fondo Gobierno Vasco. Artea (A.N.-G.V.)
  • Archivo Municipal de Irun (A.M.I.)
  • Archivo Regional Militar. El Ferrol (A.R.M.)

Bibliografía

  • BARRUSO BARÉS, Pedro: El Frente Silencioso. La Guerra Civil española en el Sudoeste de Francia (1936-1940), Hiria Liburuak, Alegia, 2001.
  • BARRUSO BARÉS, Pedro: Destrucción de una ciudad y construcción del Nuevo Estado. Irún en el Primer Franquismo (1936-1945), Irun, 2003.
  • CALVO, Vicente: Poder y consenso en Guipúzcoa durante el Franquismo (1936-1951), Tesis Doctoral inédita, Universidad de Salamanca, 1994.
  • COLLADO QUEMADA, R.: Colonia penitenciaria de El Dueso (Santoña): Papel político penal durante la Guerra Civil y el Franquismo (1937-1975), Tesis Doctoral Inédita, Universidad de Valladolid, 1992
  • IZAGIRRE IGIÑIZ, Martín: "El impacto de la Guerra Civil en Irún" en Luis de Uranzu. Boletín de Estudios del Bidasoa, nº 3, Irun 1986, pp. 152-210.
  • JIMÉNEZ DE ABERASTURI, Juan Carlos: De la derrota a la esperaza. Políticas vascas durante la Segunda Guerra Mundial (1937-1947), IVAP, Oñate 1999.
  • NAVAS, Emilio: Irún en el siglo XX: monografía, Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, (3 vol.); Vol. I, Donostia-San Sebastián, 1977; vol. II, Donostia-San Sebastián, 1981; vol. III, Donostia-San Sebastián, 1984.
  • PUCHE MARTÍNEZ, Aitor: Unidad y cultura. Cien años de socialismo en Irún (1901-2001). Una aproximación a la historia local del desarrollo industrial y del movimiento obrero en el siglo XX, Irun, 1999.

PBB

Las primeras votaciones del postfranquismo

Elecciones generales del 15-VI-1977

Tras haberse expresado en el referéndum de 1976 con 2.672 sí, 575 no, 1.075 votos en blanco y un 71,46 % de votantes, en 1977 define así sus opciones:

Nulos y abst.: 7.856 (22,7%)
PartidosVotosPartidosVotos
PSOE11.053 (41,2%)PCE1.103 (4,14%)
PNV3.538 (13,2%)PSP658 (2,4%)
GU2.567 (9,5%)FUT271(1,0%)
DIV1.955 (7,2%)ANV235 (0,8%)
DCV1.937 (7,2%)AETG225 (0,8%)
EE1.838 (6,8%)FDI120 (0,4%)
ESB1.178 (4,3%)

El Referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 dio el siguiente resultado sobre un censo de 37.508 electores:

Votos:22.025Abst.:15.483 (41,28%)
Sí:16.586 (44,22%)No:3.855 (10,28%)
Blanco:1.338Abs. y No:51,56%
Elecciones generales del 1-III-1979
(Censo electoral: 37.619)
Abstenciones: 11.558 (30,72%)
Ref.Ibermática. Norte, S.A.
PartidosVotosPartidosVotos
PSOE7.250 (28,45%)UN324 (1.27%)
UCD5.483 (21,51%)EKA272 (1,06%)
PNV4.060 (15,93%)EMK258 (1,01%)
EE3.188 (12,51%)LKI82 (0,32%)
HB2.769 (10,86%)IR64 (0,25%)
PCE920 (3,61%)FE9 (0,03%)
ORT404 (1,58%)ULE4 (0,01%)
UFV392 (1,53%)
Elecciones municipales del 3 de abril de 1979

Con el objeto de ocupar las 25 concejalías de este ayuntamiento se presentaron once candidaturas: PTE, PNV, LKI, EE, ORT, HB, EKA, EMK-OIC, PCE, PSOE y Uranzu-Candidatura Independiente. Resultaron elegidos, con un censo electoral de 34.647, los siguientes concejales: PSOE con 6.484 votos: José J. Elgorriaga, Liborio Hernández, José R. Goñi, Francisco Bueno, Eutiquio Arribas, M.ª Lourdes Díez, José M. Escribano, Tomás Bachiller y Juan J. Rivas; PNV con 6.140: José J. Chapartegui, Ricardo Echepare, Ramón Requejo, José L. Ocio, Carlos Mendizábal, Laureano Liceaga, José F. Altuna y José R. Zabalza; HB con 2.557: Aitor Bengoechea, Luis Goñi y Alberto Muñoz; Uranzu-C.I. con 2.615: José A. Urtizberea, Koldo Sorzábal y José R. Larrañaga; EE con 2.074: Antonio Aramburu y Javier M. Martínez. Alcalde: José J. Chapartegui del PNV, que obtuvo 13 votos (8 de su grupo, 3 de la candidatura Uranzo y 2 de EE), frente a los 9 del candidato socialista. HB se adjudicó sus tres votos.

Referéndum estatutario del 25-X-1979

Sobre un censo electoral de 37.458 electores resultan:

Votos:24.349 (65,00%)Abst.:13.109 (35,00%)
Sí:22.288 (91,53%)s/c(59,50%)
No:960 (3,94%)Blanco:912 (3,74%)
Nulo:185 (0,75%)

Eleciones generales, municipales y autonómicas

Primeras elecciones para el Parlamento Vasco. 9-III-1980
(Censo electoral: 38.400)
Abstenciones: 16.394 (42,69%).
PNV5.694 (25,87%)PTE215 (0,97%)
PSE5.369 (24,39%)EMK211 (0,95%)
EE3.307 (15,02%)ESEI199 (0,90%)
UCD2.457 (11,66%)LKI104 (0,47%)
HB2.324EKA67 (0,30%)
AP834 (3,78%)UC50 (0,22%)
PCE665 (3,02%)

Elecciones generales del 28 de octubre de 1982
Electores28.112Válidos28.773
Nulos648Blancos145
PSOE12.201PCE366
PNV6.330PST116
HB2.998FN82
AP/UCD2.994CUC36
EE2.800PCEml33
CDS782UCE15

Elecciones municipales del 8 de mayo de 1983
Resultó elegido Ricardo Etxepare.
Posteriormente impugnado, siendo elegido Buen.
Concejales
PSOEFrancisco Buen
Liborio Hernández
José M.ª Escribano
Guillermo Echenique
José Antonio Domingo
José Antonio Santana
José M.ª Venegas
Adela Michelena
M.ª Josefa González
José Miguel Alvarez
PNVRicardo Echepare
José Javier Chapartegui
Francisco Zapiain
Juan Francisco Quiroga
José Manuel Otegui
Jesús M.ª Laguardia
Carlos Moso
Juan José Izaguirre
HBJesús Ramón Peña
Manuel Cañal
APMiguel Antelo
M.ª Jesús Aguirre
EEPedro Antonio Sierra
Máximo Goicoechea
IndependientesKoldobika Mirena Torzábal

BEL

  • GAINZA, Francisco de. Historia de la Universidad de Irun Uranzu. San Sebastián: Txertoa 1987.
  • MUGICA, Serapio. Monografía Histórica de la Villa de Irún. Tip. de la Vda. de B. Valverde, Irun, 1903.
  • "Proyecto de reconstrucción de la Ciudad de Irún MCMXXXVIII". Ayuntamiento de Irun, 1938.
  • BARANDIARAN MAESTU, Ignacio; MARTIN BUENO, Manuel; RODRIGUEZ, Jaime. Santa Elena de Irún: Excavación arqueológica de 1971 y 1972. Donostia-San Sebastián: Centro de Estudios e Investigaciones Histórico-Arqueológicas ARKEOLAN, 1999.
  • URTEAGA ARTIGAS, Mª Mercedes. "El puerto romano de "Oiasso" (Irún) y la desembocadura del río Bidasoa". FERNÁNDEZ OCHOA, Carmen (coord.). Gijón, puerto romano: navegación y comercio en el Cantábrico durante la Antigüedad, 2003, pp. 192-211
  • TENA, Soledad. "Resistencias aldeanas en las villas costeras vascas de la baja Edad Media el caso de los vecinos de Irún frente a Fuenterrabía". PORRES MARIJUÁN, María Rosario (ed.lit.). Poder, resistencia y conflicto en las provincias vascas (siglos XV-XVIII). Universidad del País Vasco, pp. 65-84.
  • ARRIZABALAGA MARIN, Sagrario. El mayorazgo de Oña. Irun: Ayutamiento de Irun, 2005.
  • GALDOS MONFORT, Ana; TRANCHE IPARRAGUIRRE, Mercedes. "Los Olazabal. Un ejemplo del surgimiento, persistencia y transformación de las élites locales en Irun (siglos XV-XX)". Boletín de Estudios del Bidasoa, 26, pp. 167-183.
  • RILOVA JERICÓ, Carlos. "Hace 350 años en Irun... la Paz de los Pirineos y su deformación como hecho histórico (1659-1959)". Boletín de Estudios del Bidasoa, 26, pp. 437-464.
  • TRUTXUELO GARCÍA, Marta. Irun y Hondarribia: Dos entidades locales durante la Edad Moderna. Colección Irun tiene Historia, nº 6. Irun: Ayuntamieto de Irun, 2007.
  • URRUTIKOETXEA LIZARRAGA, José. En una mesa y compañía. Caserío y familia campesina en la crisis de la sociedad tradicional, Irún (1766-1845). Donostia-San Sebastián: Estudios Universitarios y Técnicos de Guipúzcoa, 1992.
  • ABAIGAR MARTICORENA, Frederic. "La primavera republicana de 1931 en Irún". Boletín de Estudios del Bidasoa, 2, pp. 79-92.
  • ABAIGAR MARTICORENA, Frederic. "Elecciones y política en Irún durante la II República". Boletín de Estudios del Bidasoa, 3, pp. 7-46.
  • BARRUSO BARÉS, Pedro. Irún en el primer franquismo (1936-1945). Colección Irun tiene Historia nº 2. Irun: Ayuntamiento de Irun (Archivo municipal), 2003.
  • BERODIA GORDEJUELA, Ricardo. "La guerra de 1936 en Irún". Boletín de Estudios del Bidasoa, 3, pp. 47-104.
  • HERNÁNDEZ FRANCO, Aitor. La prensa en Irún antes y durante La Belle Époque : mujer, laicismo y modernidad (1885-1925). Colección Irun tiene Historia, nº 7. Irun: Ayuntamiento de Irun, 2008.
  • MATXIÑENA URSUEGI, Sorne. "Incidencia de la primera Guerra carlista en Irun (1833-1839)". Boletín de Estudios del Bidasoa, Tomo XVI.
  • PUCHE MARTÍNEZ, Aitor. "Unidad y Cultura". Cien años de socialismo en Irún. (1901-2001). Colección Ikerlanak-Estudios V. Luis de Uranzu Kultur Taldea. Irun, 2001.
  • PUCHE MARTÍNEZ, Aitor. El fenómeno del republicanismo en Irún durante la Restauración Borbónica (1875-1923). Colección Irun tiene Historia, nº 3. Irun: Ayuntamiento de Irun, 2005.

AEE 2011