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Ez Dok Amairu

Agrupación artística de vanguardia cuya actividad se desarrolló desde otoño de 1965 hasta la primavera de 1972 teniendo como objetivo primordial la creación de nuevos módulos de expresión artística, en especial una canción vasca actual y acorde con la problemática que la dictadura franquista planteaba al pueblo vasco.

Creada por ocho artistas, funcionó, en la plenitud de su apogeo, con una veintena de cantantes, creadores e intérpretes: Lourdes Iriondo, Mikel Laboa, Julián Lekuona, Benito Lertxundi, Xabier Lete, Joxanton Arza, Jesús Arza, Luis Bandrés, Jean Paul Harregui, Koldo Antero, Itziar Maritxalar, Maite Aizkorreta, María José Fernández Etxabe, Kepa Garbizu, José Luis Treku, Karmelo Arren, Iñaki Maritxalar, José M. Zavala, Maite Cousillas, Marisa Ulla, Nekane Oiarbide y José Angel Irigaray. Pueden citarse también como colaboradores en los inicios a Miguel Vicondoa, Biurriak, Yoloak, Imanol Urbieta, José Mari Iriondo (presentador), Joxanton Bülar, Juan Mingo, José Mari Tellería, Arantxa Esnaola, Iñaki Ayestarán, Julián Beraetxe, Alberto Burgaleta, Juan Miguel Irigaray, Agustín Zulaica y Rafa Eguiguren.

Ez dok amairu se propuso, desde sus inicios, la profundización en el acerbo musical vasco y la búsqueda de fórmulas de enriquecimiento de esta base ya sea en el campo musical, técnico, literario, etc.

En su repertorio contó con canción acompañada de guitarra (autor-intérprete, canciones antiguas), txalaparta (original), conjuntos músico vocales (Urrikatz, Oskarbi), alboka, txirula, pandero, flauta, muxu-kitarra, etc.

La preocupación fundamental fue crear y casi nunca traducir u ofrecer versiones de canciones foráneas.

Se ha solido señalar a Michel Labéguerie como el pionero de la nueva canción vasca al lanzar su primer disco de canción-testimonio con 4 temas, en 1961 temas que, acompañados de una sencilla guitarra, se popularizan rápidamente y en los que, además de advertirse un cambio formal con respecto a las grandilocuentes interpretaciones corales, tan en boga por entonces, la letra, claramente inteligible, pasa a jugar un papel importante al plantear, sentimentalmente, un tema básico: la lucha que llevan adelante algunos grupos abertzales.

Por entonces hay ya otros cantantes que, acompañándose también de la guitarra, empiezan a presentarse ante el público, bien ante grupos de estudiantes vascos en Zaragoza, Barcelona, etc., como es el caso de Mikel Laboa que comienza a cantar canciones populares ya recogidas por el P. Donosti, Resurrección María de Azkue, etc., pero poco conocidas por el gran público en el País Vasco, o los que, como Benito Lertxundi, Lourdes Iriondo, Julián Lekuona, etc., empiezan a poner música a temas actuales.

Todo este movimiento, estimulado por el conocimiento de la "Nova Cançó" catalana, y unido al de los ejecutantes de instrumentos populares -el caso de los Arza Anaiak con la txalaparta- y al de los poetas, pintores y escultores -por ejemplo, Oteiza, que va a jugar un papel fundamental en la denominación del grupo- cristaliza hacia 1965 en la formación de Ez dok amairu ("No hay trece"). La denominación del grupo, que como hemos dicho se debe a Oteiza, se basa en una leyenda popular. Su significado -un conjuro- es claro: pretende terminar con el maleficio que pesa sobre la cultura vasca. Es posible que la pretensión sea excesiva. Sin embargo, el grupo, que comienza a presentarse por las plazas, frontones, salones, teatros y probaderos de ciudades y pueblos del país, tiene una rápida aceptación popular. Sus canciones, el tipo de letra y música, la misma instrumentalización, constituyen un auténtico reto al folklorismo vergonzante que prima en la producción musical de la postguerra y aun prolonga, en la década de los sesenta, su existencia. Sus actuaciones se convierten en un acontecimiento.

Pero, en el ambiente tradicional y puritano en el que tiene que abrirse camino, "Ez dok" tropieza también con la profunda desconfianza de sectores que, aunque antifranquistas, ven en el grupo los síntomas -radicalización política y laicificación de la vida- inequívocos de un cambio inminente en la sociedad vasca, cambio que temen y desaprueban. Contando, pues, con esta desaprobación, muchas veces no sólo tácita, y con la enemiga de los gobernadores civiles franquistas, este grupo de jóvenes consigue decir cosas que en castellano no hubiera podido soñar en decirse; la música sirvió de excipiente a un contenido explosivo y contestatario. Y comienza a darse a conocer en Cataluña (Palau), París, Lovaina, Zaragoza, Madrid, Bretaña, etc.

En 1970, Ez dok amairu crea el espectáculo colectivo "Baga-biga-higa" cuyo titulo se basa en una canción de Mikel Laboa, a su vez inspirada en un poema mágico tradicional recogido en el libro de D. Manuel Lecuona Literatura oral vasca. Si bien en la creación del espectáculo ("sentikaria") participa todo el grupo, hay que destacar a Joxanton Arce como director-artístico o motor primordial en su creación y montaje. "Baga-biga-higa" se estrenó en Portugalete y su última representación tuvo lugar en 1971, quedando grabado por F. Larroukert y José Luis Zabala.

En este mismo año, Ez Dok Amairu publica un manifiesto (Zeruko Argia y Anaitasuna de enero) en el que pone de manifiesto la actitud del grupo ante la problemática en la que empieza a moverse la producción artística vasca y, en especial, la necesidad de que la canción moderna vasca entre en una nueva fase en la que existe un mayor nivel de exigencia tanto por parte del público como por la del cantante o instrumentista. En esta nueva fase debería cesar el amateurismo, profesionalizarse el cantante y huir de la facilidad de ciertos planteamientos meramente populistas. Estas son las principales preocupaciones de este grupo de artistas en lo tocante a su quehacer inmediato. En el orden "externo", la acción de la autoridad gubernativa, mediante censuras y discriminaciones, cristaliza en la prohibición de cantar en Guipúzcoa y Vizcaya que recae sobre Laboa, Lertxundi, Iriondo, Lete y Lekuona.

Bajo la presión de determinados conflictos internos de diferente signo, que impiden la publicación de "Baga-biga-higa" (ya grabado), el grupo se deshace en 1972. A partir de este momento, algunos de sus componentes (Lete, Lertxundi e Iriondo) se unen con algunos artistas de Euskadi Norte para formar el espectáculo "Zazpiribai"; esta agrupación tarda poco en romperse. Por su parte, los Arza Anaiak y Laboa, montan el espectáculo "Ikimilikiliklik" (montaje de J. A. Arza).

La mayor parte de los componentes más conocidos de "Ez dok" siguieron cultivando sus especialidades por separado. De la producción discográfica de éstos se pueden destacar los magníficos 33 de la serie Lekeitio y temas de Baga-biga-higa de Laboa, la grabación de txalaparta de los hermanos Arza, la producción de Lourdes Iriondo orientada hacia variadas fórmulas de teatro y canciones infantiles, la interpretación de viejas canciones y producción bertsolarística de Lete y Lekuona (disco conjunto) y la canción moderna y tradicional adaptada del grupo Oskarbi.