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Historia del Arte. Arte Prehistórico

Hasta la llegada del período que conocemos como Edad Media, que en el caso de Euskal Herria comienza a partir del siglo X d.C., los restos tanto culturales como artísticos que conservamos en Euskal Herria de los dos períodos anteriores -Prehistoria e Historia Antigua- son muy escasos. Aunque hay constancia de que en nuestro territorio hubo importantes asentamientos desde la Prehistoria, y de hecho, son abundantes los restos materiales pertenecientes a disciplinas como la pintura rupestre o el arte mobiliario, en otros ámbitos como el arquitectónico todo lo que conservamos son indicios más que hechos, por lo que nos resulta muy difícil establecer el punto de partida y la primera evolución de la historia del arte en Euskal Herria. De todos modos, se distinguen claramente tres fases -Prehistoria, colonización romana y cristianismo- en las cuales analizaremos los restos conservados y su importancia para la historia del arte de Euskal Herria.

Denominamos Prehistoria al primer período de la historia del ser humano que comienza con los inicios de la humanidad y que concluye cuando aparecen los primeros documentos escritos. Durante este período el ser humano avanzó progresivamente en su modo de vida y pasó de ser nómada a ser sedentario, de subsistir de la caza y de la recolección a practicar la agricultura y la ganadería, y de habitar en las cuevas a realizar las primeras construcciones arquitectónicas. En este proceso, el ser humano comenzó también a producir otro tipo de creaciones que ya no sólo atendían a las necesidades básicas y elementales para su subsistencia, sino a otras cuestiones menos materiales y más relacionadas con un pensamiento cada vez más sofisticado. Entre estas nuevas creaciones destacaron las manifestaciones artísticas, que aunque en algunas ocasiones cumplieron un objetivo meramente decorativo, en otras muchas comenzaron a cumplir un papel mucho más complejo y acorde con un pensamiento tan evolucionado como el del ser humano. De hecho, las primeras manifestaciones artísticas importantes y significativas hoy todavía nos resultan misteriosas, ya que no se limitan a la mera decoración sino a transmitir, comunicar un pensamiento que comienza a organizarse. De todas maneras, este proceso fue muy lento y fruto de una evolución pausada que se distribuyó en cuatro etapas: Paleolítico, Mesolítico, Neolítico y Edad de los Metales.

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En Euskal Herria, como en la mayoría de los territorios de Europa occidental, son escasas las noticias que tenemos de esta extensa etapa. Los yacimientos más antiguos que se han hallado corresponden al Paleolítico Superior (30.000-10.000 a.C.), etapa en la que predominó un clima frío, el ser humano se alimentó de la caza y buscó refugio en las cuevas. En el Mesolítico (10.000-3.500 a.C.) el ser humano que habitó el territorio de Euskal Herria comenzó a abandonar las cuevas gracias a que las temperaturas se templaron y pudo añadir a su sustento tanto la recolección de frutos silvestres como la actividad de la pesca. Pero el verdadero cambio llegó con el Neolítico (3.500-2.500 a.C.), etapa en la que la agricultura y la ganadería llegan a Euskal Herria, y con ello el ser humano pasa a ser sedentario, y se plantea ya no sólo la construcción de aquellos espacios arquitectónicos que necesitaba, sino también la organización tanto del espacio como de las relaciones entre los seres humanos. En la Edad de los Metales, que duró hasta el último milenio antes del cambio de era, además de la utilización de los metales y sus aleaciones -cobre, bronce y hierro, sucesivamente- se encuentran los primeros restos de manifestaciones artísticas que preludian el desarrollo de poblaciones y culturas más complejas que, a su vez, nos anuncian el cambio histórico hacia civilizaciones también más intrincadas que se desarrollaron posteriormente en la Antigüedad.

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Sin embargo, las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad aparecen mucho antes, concretamente en la Prehistoria. Después de tener cubiertas las principales necesidades básicas, el ser humano comenzó a diferenciarse del resto de los animales gracias al desarrollo de una cultura propia y compleja en la que, desde el inicio, las manifestaciones artísticas jugaron un papel fundamental. De hecho, a partir del Paleolítico Superior, desde el momento en el que el ser humano se planteó decorar sus utensilios de trabajo o pintar sus cuevas, podemos afirmar que aquellos seres dejaron de ser homínidos para convertirse en seres humanos. De ahí que el arte, junto con otras características propias del ser humano como el lenguaje o lo capacidad de convivir y organizarse en sociedad colectivamente, sea una de las características más originales y fundamentales de los seres humanos.

Las creaciones artísticas más antiguas que conservamos de aquel período son la decoración de utensilios, primero de piedra y luego de madera y de hueso, y las pinturas rupestres. Más tarde, con la llegada del Neolítico, aparecieron soportes como la cerámica y nuevas formas de expresión como las construcciones megalíticas, realizadas a base de grandes bloques de piedra. Posteriormente, con los metales, nacieron los primeros poblados. Estas manifestaciones artísticas también se crearon y se desarrollaron en Euskal Herria, pero al igual que ocurrió con los avances en las formas de vida, en nuestro territorio también llegaron con retraso y procedentes del interior de Europa, de sus áreas septentrional y oriental. Además, desde este período se comienzan a vislumbrar diferentes grados de desarrollo dependiendo de las zonas; así, mientras que el arte paleolítico y mesolítico se desarrolló, principalmente, en el área septentrional, el neolítico y el arte relacionado con la Edad de los Metales, en cambio, alcanzaron una mayor influencia en el área meridional de Euskal Herria.

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Las primeras manifestaciones artísticas de importancia que el ser humano desarrolló en la Prehistoria estuvieron relacionadas con la pintura y la escultura. Debido al clima frío y al desconocimiento de los avances técnicos necesarios, durante este primer período de la Prehistoria la arquitectura no se desarrolló, y por tanto, la sensibilidad artística se encauzó a través de la decoración de los utensilios que utilizaban para cubrir sus necesidades vitales como cazar, comer o hacer fuego, y pintando en las paredes de las cuevas que habitaban. Por tanto, la caza y la cueva fueron los dos elementos a los que el arte inicial estuvo ligado en su origen. De ahí que a la hora de entender por qué se desarrolló esta forma de expresión -su sentido- la teoría más extendida afirme que estas primeras creaciones artísticas tenían un carácter mágico-religioso y que hacían referencia tanto a la caza -el principal medio de subsistencia- como a la reproducción del ser humano.

En Euskal Herria, la mayoría de los restos que conservamos de este período inicial de la historia del arte proceden de la fase final del Paleolítico Superior y aunque no son muy abundantes, sí son significativos e importantes en el contexto europeo del momento. Las pinturas más antiguas son las de la cueva de Venta Laperra de Carranza (Bizkaia), en cuya entrada se representan figuras -tanto humanas como animales- de un modo realista aunque todavía excesivamente esquematizadas. En esta primera fase las figuras más representadas son animales, y la pintura rupestre tiende claramente al realismo y al naturalismo, y a la variedad cromática.

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Las cuatro cuevas con restos más importantes en Euskal Herria son las de Arenaza en Galdames (Bizkaia), Santimamiñe en Kortezubi (Bizkaia), Altxerri en Aia (Gipuzkoa) y, sobre todo, Ekain en Deba (Gipuzkoa), que conforma junto con la de Altamira en Santillana del Mar (Cantabria), uno de los principales conjuntos de pintura rupestre de Europa Occidental. En las cuatro cuevas aparecen figuras de animales entre los que se encuentran bisontes, ciervos y caballos, representados de forma muy naturalista y alejándose, por tanto, del esquematismo que predominó en la fase siguiente, y de la que curiosamente no existen o no se han encontrado ejemplos en el territorio de Euskal Herria.

En cuanto a los relieves que realizaban en los útiles de uso doméstico y que también ejecutaban en las cuevas, principalmente en el acceso a las mismas, predominó -indudablemente por la dificultad técnica- un mayor esquematismo que en la pintura, aunque no exento de realismo y de una clara tendencia al naturalismo. Los mejores ejemplos de figuras grabadas en cuevas se encuentran en las cuevas de Akerdi en Urdax (Navarra) y en Isturitz (Nafarroa Beherea), donde además de relieves sobre las paredes de la cueva, se halló un ajuar mobiliario compuesto por bastones, varillas y esculturas realizadas sobre soporte óseo. En Oiartzun (Gipuzkoa), el hueso hallado en la cueva de La Torre, con siete figuras de animales grabadas, es un buen ejemplo de este tipo de manifestación artística de este período histórico.

Durante el Neolítico, el siguiente período al Paleolítico Superior, aparecieron en Euskal Herria los primeros recipientes cerámicos, y en la cueva de Arenaza (Bizkaia) y en la de Los Husos (Álava) se han encontrado algunos ejemplos. Sin embargo, las creaciones artísticas más representativas de este período en el territorio de Euskal Herria fueron las construcciones megalíticas, tanto por su número y variedad -dolmen, crómlech y menhir- y su prolongación en el tiempo -ya que se continuaron realizando incluso en la Edad de los Metales-, como por ser las primeras construcciones arquitectónicas que encontramos en las que existe un concepto del espacio predeterminado y su diseño está concebido con un objetivo, más que práctico, simbólico. Este tipo de construcciones llegaron desde el norte de Europa y estuvieron relacionadas con nuevas formas de vida vinculadas al pastoreo.

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Se cree que las construcciones megalíticas cumplían una función funeraria, ya que en el caso de los dólmenes -formados por losas de piedra verticales cubiertas por otra horizontal- y los crómlech -compuestos por piedras que constituyen una forma circular- se han hallado restos humanos enterrados entre dichas construcciones. En el caso de los menhires -una piedra de gran tamaño levantada verticalmente- su significado todavía es incierto, ya que no se acierta a entender qué función cumplirían. La mayoría de este tipo de construcciones se encuentra en áreas de montaña de la zona septentrional del territorio de Euskal Herria destacando, en el caso del crómlech y del menhir, la sierra de Aralar y las estribaciones del Pirineo. Los mejores ejemplos de dólmenes, en cambio, están situados en Álava, en localidades del sur como Agurain, Biasteri y Bilar.

Con la Edad de los Metales llegaron grandes cambios, y es que su descubrimiento y su aplicación supusieron un gran avance en todos los campos de la actividad humana, destacando entre ellos, la aparición del comercio y la creación de las primeras poblaciones. Como testimonio del comercio de metales con el exterior destacar los cuencos de oro de Axtroki encontrados en Eskoriatza (Gipuzkoa) y el vaso campaniforme de Pagobakoitza, también hallado en Gipuzkoa, y que serían importados.

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En cuanto a los poblados, sólo se han encontrado restos en la zona meridional del territorio de Euskal Herria, y los mejor conservados son el poblado de Alto de la Cruz de Cortes en Navarra y el de La Hoya en Biasteri (Álava). En ambos casos, los restos hallados -murallas, casas, sarcófagos- nos permiten hablar de una estructura urbana consolidada y en relación con los usos y las costumbres de los nuevos pueblos que llegaban de la zona septentrional de Europa. En La Hoya destaca el tipo de vivienda de planta rectangular, ligeramente trapezoidal y con estructura realizada totalmente en madera. En Cortes, en cambio, las viviendas estaban construidas con adobe formado por barro y paja y se organizaban en pequeños barrios, lo que supone el desarrollo del sentimiento de colectividad. Para finalizar apuntar, que el hecho de que en el norte del territorio de Euskal Herria durante este período se continuase con las construcciones megalíticas, mientras que en el sur, paralelamente, se desarrollaban las primeras poblaciones, nos plantea la diversidad del territorio, pero también la existencia de ritmos de desarrollo diferentes.

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