Concept

El día de Corpus Christi en Ipar Euskal Herria

El día de Corpus Christi es una fiesta ordenada en la Edad Media por la Iglesia católica en memoria del cuerpo de Cristo. Tal y como nos recuerda Xipri Arbelbide, en Liége comenzaron en 1247 dicha celebración a partir de una visión que tuvo en dicho lugar una monja, y el Santo Padre Urbano IV la extendió a toda la Iglesia en 1264 (Arbelbide, 2001, 5 o.). El día fijado en el siglo XIII lo instituyeron con posterioridad al de Pascua o Navidad, y en euskera se le adjudicó el nombre de "Besta Berri". Actualmente, el Corpus y su octava se celebran los siguientes dos domingos de la Trinidad. En la época del concordato del emperador Napoleón I (1804) en Francia contemplaron la posibilidad de que el Corpus, que se celebraba hasta entonces el jueves, se celebrase en los siguiente dos domingos. Desde el siglo XX hasta la fecha, en muchos pueblos de Euskal Herria se celebraba el jueves la infraoctava del Corpus, y los siguientes domingos el día de Corpus y las octavas. Dicha fiesta eclesiástica ha tenido su importancia en Iparralde. Aquí vamos a analizarla en tres aspectos: como transcurre el día, qué símbolos se utilizan, y de que manera se ha modificado el Corpus a lo largo de los siglos.

El Corpus se difundió en la Europa cristiana en siglo XIV. En el País Vasco Septrentional, en la ciudad de Baiona tenían gran importancia en las Edades Media y Moderna las fiestas del Corpus. Además de las autoridades eclesiásticas y civiles, en las procesiones del Sagrado aparecen la corporación local o la mayoría de los oficios, cada cual con su altar móvil (ciris) y música (tamboril o ttunttuneros, los arrabita o atabaleros). Las milicias burguesas de Baiona constituían la guardia de honor que preservaba las procesiones (Hourmat, 1986) (Etchehandi, 1989). La revolución de 1789 suprimió tanto las milicias locales como las corporaciones. En el resto de los pueblos de Iparralde también se constituía una guardia de honor, por cuanto que cada pueblo necesitaba tener dispuestos una cantidad determinada para servir en las milicias provinciales. En Lapurdi, la milicia provincial constaba de 1.000 hombres, al menos en teoría. En el Corpus y en otras fiestas de importancia -por San Juan, en Ezpeleta en el siglo XVII- dichos hombres aparecen armados, para realzar la importancia de las mismas.

En el siglo XIX, en toda Francia instauraron la denominada garde nationale sédentaire. En cada pueblo se alistaban los hombres, y se nombraban los oficiales. Paulatinamente la función militar de dicha guardia fue cada vez más simbólica, pero siempre mantuvo una cierta importancia. La elección de los oficiales fue motivo de muchas discusiones. En Itsasu en el año 1863, el subprefecto quiso prohibir el Corpus con presencia de la guardia por dichas discusiones, recordando que las guardias nacionales no tenían más carácter oficial, salvo en su calidad de bomberos. Tras de la guerra de 1870-1871, Thiers sopesó la supresión definitiva de la garde nationale. Aún así, conservó su función simbólica, especialmente en Lapurdi y Baja Navarra, suplantando de algún modo a la juventud.

En el segundo Imperio y comienzo de la IIIª República se instauró lo que hoy conocemos como modelo del Corpus. En 1914-1918 se fortaleció el aspecto militar de la fiesta, con motivo de las maniobras de la guardia posteriores a la misa de víspera. He aquí como se sucedían los hechos en la mayoría de los pueblos de Lapurdi y Baja Navarra. Nombraban entre ellos al capitán. En muchos pueblos, el capitán era el jefe de la juventud y de los chicos instrumentistas durante todo el año, para responsabilizarse de las fiestas populares, carnavales o cualesquiera otras celebraciones. La mayoría de las veces, el capitán salía del ayuntamiento y no era raro que quien desempeñara dicha función fuera posteriormente miembro del consejo popular, o alcalde. Los jóvenes, posteriormente, solicitaban al párroco permiso para vestirse en el Corpus. No era pura formalidad: en el siglo XX, ocurrió en más de una ocasión que el párroco denegara dicho permiso a la juventud por distintas razones: porque en la iglesia no deseaba ni bailes ni música (Arbelbide, 2001, Guilcher, 1984), o, como en Lekuin por no renunciar los jóvenes a una cencerrada (Guilcher, 1984, 439 o.). En Barkoxe, en 1859, Etxahun denunciaba que el párroco se mostraba1 en contra de dicha fiesta. De vez en cuando ocurría además que había divisiones entre los ciudadanos y la unión entre los jóvenes era muy escasa. Cuando estaban todos de acuerdo, y una vez obtenido el permiso del párroco, los jóvenes organizaban la guardia: repartiendo los grados, repitiendo los bailes en los lugares determinados para ello, aprendiendo las ordenes y las maniobras, apilando vestidos, etc. Faustin Bentaberry, maestro de baile e instrumentos, durante tiempo anduvo en Heleta en calidad de periodista de la Fiesta en entreguerras.

He aquí como se sucedía -y en ciertos lugares aún sucede- el ritual. La mañana del Corpus, el guarda se dirige en busca del señor párroco, y le acompaña a la iglesia. En algunos pueblos, le acompañan también el alcalde y los consejeros. La entrada en la iglesia se acompaña con música, una vez dada la señal de inicio de marcha por el oficial y el denominado Suisa. En la iglesia bailan solamente los denominados oilarrak y zapurrak, o bien estos mismos junto con los oficiales, el llamado Suisa y algunos soldados. Bailaban todos juntos o en ocasiones ninguno de ellos. Makilari dirige la música y, especialmente, el atabal (tambour major), danzando de espaldas y marcando los puntos con la makila. Las bandera se vuelven boca a bajo. En el momento de la consagración, los guardias ofrecen los honores al Santo Sacramento, siempre acompañados por la música. En el momento de la procesión, los guardas preservan el pabellón del Santo Sacramento, oyéndose la música y cantos cada cierto tiempo. Fuera de las procesiones, los guardas nuevamente acompañan al Santo Sacramento hacia el interior de la Iglesia. El mismo ritual se repite por la tarde, en este caso, sin procesión. En las Vísperas se cantan las cantatas Magnificat y Benedicamus, acompañadas de música. Después de las Vísperas, los guardas acompañan nuevamente al párroco a la casa cural y, en la plaza, bailan la marcha kaxkarot o el baile de saltos, y, en ciertos lugares como en el caso de Itsasu o Bidarrain2, la danza de la cuerda, invitando a las muchachas jóvenes del lugar. Fuera de los actos litúrgicos matutinos y vespertinos, los guardas desfilan en el pueblo formulando algunas peticiones, especialmente en las casas grandes y posadas3. El mismo programa se repite al domingo siguiente, domingo de octavas, excepto si la procesión sale por la tarde y, en la mayoría de las ocasiones, no suele dirigirse al mismo altar que el del domingo anterior. La fiesta que se realiza fuera de las vísperas del domingo de octava es más señalada que la del primer domingo, con una mayor duración, especialmente, de las danzas.

1Barkoxen Besta Berri / Zen lehen besta handi / Bena ideki derezü zük muda eder hori / Desplazer egitia gatik hanko popüliari (Etxahun Barkoxe, "Barkoxeko eliza", 1859).

21900 inguruan, Milafrangan ere emaiten zen dantza korda. Pentsatzen ahal da lehenago eremu zabal batean dantzatzen zela bezperetarik lekora.

3Gerezietan, 1907an, Besta Berri eguneko konduak gazteriak aise jasan zituen "Amerikano" bateri esker (Eskualdun Ona, 1907ko ekainaren 7a).

En relación a la fiesta de Corpus se pueden realizar muchas lecturas (Arbelbide, 2001)(Itçaina, 2001) (Etxehandi, 1989) (Guilcher, 1984). A día de hoy, se echa en falta una investigación sistemática en la cual pudieran reunirse los aspectos históricos, sociológicos y etnográficos de la fiesta del Corpus, de una forma parecida a la que recientemente se ha hecho respecto del alarde de Antzuola (Bullen y Kerexta, 2007). Entre otras, podemos distinguir cuatro lecturas o interpretaciones de la fiesta del Corpus.

La primera, es religiosa. La fiesta del Corpus es una fiesta religiosa, es la fiesta del cuerpo de Cristo. Durante el siglo XX se encuentran muchas veces curas y fervientes cristianos, a la par del estruendo de los atabales y de las armas en recuerdo de esa celebración. En virtud de esta primera lectura, el testigo más importante de la fiesta es el Santo Sacramento, puesto que se desea manifestar que el cuerpo de Cristo de la Santísima Trinidad viene al mundo. En la década de los ochenta Jean Hiriart-Urruty relataba con humor que érase una vez un cura que estaba hasta tal punto preocupado por la organización de la procesión que al salir de la iglesia se le olvidó coger el Santo Sacramento. Por su parte, Etienne Salaberry, cura euskaltzale de Heleta, defiende fervientemente en 1968 la fiesta del Corpus, en la que contemplaba un ejemplo especial para la oración de los Euskaldunes por medio del baile y del canto4. El periodista de Herria, señalaba que la fiesta podría convertirse por mor de los foráneos en una fiesta digna de verse y, en algunos casos, por el apoyo de los jóvenes: "Usaia ona (...) barneko apaindura kanpokoaren araberakoa izaitekotan5". En la década de los noventa, nuevamente, surgieron las discusiones de antaño: piénsese que Jeanne d'Albret, en el siglo XVI, prohibió las fiestas del Corpus en Bearne y Navarra, por considerar que no era nada más que para espanto y perjuicio de la Iglesia Católica. Ciertamente, aunque no lo parece, el carácter religioso de la fiesta le confirió su propia idiosincrasia. En comparación con otras fiestas religiosas celebradas a lo largo del año, la liturgia de la fiesta del Corpus, le otorgaba al pueblo una gran libertad. Una vez que se ordenaba que el Santo Sacramento se debía de exhibir al pueblo, con carácter general, la tradición eclesiástica no establecía mucha doctrina. Gracias a esa laguna, muchos pueblos, tanto de Europa como Sudamérica, asumieron la fiesta del Corpus como propia, mezclando el mensaje católico con los bailes, cantos y vestimentas locales. Ese sincretismo es común a todos, sea en los montes de Perú, sea en la imagen de la culebra de Tarasque en Aix-en-Provence, sea en los pueblos de la Mancha, en Sevilla o en los rituales de Friburgo de Suiza (Molinié, 1996).

A la vista de la rápida participación del pueblo, algunos otorgaron prioridad a la lectura social de la fiesta del Corpus. En dicha lectura, para validar nuevamente la imagen de Emile Durkheim, en el ritual el pueblo no está de cara a Dios, sino mirándose a si mismo, como si la fiesta fuera el espejo de la sociedad. En el día del cuerpo de Cristo, el cuerpo social del pueblo también aparece en toda su complejidad (Caro Baroja, 1984, pag. 53.). En la procesión aparecen ordenadas las clases sociales del pueblo: los hombres casados, los jóvenes, los menores (de rojo y blanco), las muchachas (vestidas de blanco y unas rosas en el cesto), las mujeres casadas cantando, los monaguillos, los curas y las monjas. También el poder manifestaba simbólicamente su presencia. En muchos pueblos, el consejo popular, con el alcalde a la cabeza, participaba oficialmente en la procesión con guantes blancos y cirios por testigo. Antes dichos honores no se olvidaban facilmente. En Uztaritz, en 1783, Yves Harismendy, el Secretario o greffier del Biltzar de Lapurdi llevó a los tribunales a De Hody, lieutenant général, por que éste último no le dejó sentarse un día del Corpus en el asiento de las autoridades6. Hasta hace poco, los portadores del palio pertenecían a la misma cofradía, es decir, a la sociedad que se encargaba de la gestión parroquial. Algunas veces, en dicha festividad, aparecen los recuerdos de las jerarquías más antiguas: en Itsasu, los portadores del palio pertenecen supuestamente a las cuatro casas más antiguas del pueblo. En esencia, en la Edad Media, dichas cuatro casas eran casas nobles o infanzonas. Los espacios locales también se representan. Los altares no se levantan en el mismo lugar en los dos domingos. La guardia se organiza con el fin de que los distintos barrios tengan alguna representación y se presta atención en los giros de las calles anexas a la iglesia con el fin de que nadie quede en el olvido. Según los sitios, el primer y último lugar de la fila de danzantes, se adjudicaba, alternativamente, a cada barrio. Dichos protocolos o étiquette eran herencias de orden institucional anteriores a la revolución de 1789. En épocas anteriores, cada pueblo estaba organizado como una confederación entre distintos barrios. La soberanía no era en la medida del hombre, sino de la casa. Los señores de la casa se turnaban en calidad de jurados o electores, y entre los barrios se turnaban para ser alcaldes del pueblo. La juventud, por encima de todo, aparecía como institución en las fiestas del Corpus. Es de destacar que muchas de las personas y vestidos que se dan en la fiesta del Corpus (zapurrak, ofizierrak, oilarrak, banderariak, makilaria) salían de igual manera en las cencerradas o desfiles, junto a otras vestimentas. No hay contraposición: dichas vestimentas constituían moldes para ordenar la presencia de la juventud en la plaza, sea una fiesta religiosa o fiesta profana.

Se dice que la lectura social se "endurece" con una lectura política. En unos determinados momentos históricos, la fiesta del Corpus era testigo de una idea y de una ideología política. Hemos mencionado la Reforma y la Contrarreforma. En una buena parte de la III Republica (1870-1940) fue predominante la confrontación entre los republicanos "rojos" y los conservadores-clericales "blancos". La fiesta del Corpus fue testigo de dichos enfrentamientos. En Baiona, el párroco de vez en cuando prohibía que las procesiones salieran de la catedral. En Luhuso, en el año 1885, como consecuencia de los conflictos entre la maestra y el párroco7 prohibió la procesión para que saliera posteriormente en las Octavas. En algunos pueblos ocurrió que los rojos y los blancos, cada cual organizara su guardia. (Arbelbide, 2001). En la segunda parte del siglo XX los abertzales propusieron, con el fin de salir de ese bipolarismo político, una tercera via. Desde su punto de vista, no era políticamente correcto, porque aparecían demasiados símbolos del estado-nación francés en toda su crudeza: banderas, jerarquía y mandos militares, armas y ex combatientes. En los años 1970-1980, los abertzales reverdecieron los carnavales pero olvidaron o menospreciaron la fiesta del Corpus.

Más cercana a la lectura religiosa se difundió ampliamente también la lectura cósmica-naturalista. En base a esa lectura, la fiesta no es únicamente una tradición eclesiástica y un rito ordenado por la doctrina, sino una fiesta vinculada al ciclo ritual anual. La fiesta del Corpus constituye la fiesta de la primavera, la que conlleva el disfrute previo al verano, aquella vinculada al ciclo de San Juan. En ese día se celebra el renacimiento del universo: el santo Sacramento se manifiesta en el santo sol, las calles de la procesión (y al parecer, a finales del siglo XIX, también la entrada a la iglesia) son rociadas, al bendecir el santo Sacramento las muchachas arrojan rosas y los altares exteriores y las cruces se decoran con flores. En Arizkun, la hierba que se quema en el atrio de los caseríos la víspera de San Juan es la misma que se expande en la procesión del día del Corpus. En las inmediaciones de Ezpeleta, la salida anual de las milicias locales -lo que en el Hegoalde se llama "alarde"- a principios del siglo XVII lo realizaban el día del Corpus y el día de San Juan. En la zona de Lapurdi colindante a Baja Navarra, la víspera de San Juan, hasta hace poco, a los fuegos realizados en la parte delantera de la casa se acompañaban con salvas. No hay duda que las dos fiestas están recíprocamente unidas. La fiesta del Corpus se celebra en el espacio público y la que respecta a San Juan, en el espacio privado, en las inmediaciones de las casas (a pesar de en lugares como Hazparne o Donibane, que tienen por patrón a San Juan, se realizan diversos actos en las plazas). Juan Antonio Urbeltz ha profundizado dicha lectura, demostrando que esas fiestas de primavera son dispositivos simbólicos que ahuyentan males y enfermedades (Urbeltz, 1995).

Otras lecturas de la fiesta del Corpus han dado preferencia a la danza, al canto y a la música. El escritor Jean Etchepare destacó en 1904 dicho aspecto estético, sobre todo, rechazando las desigualdades entre los pueblos y manifestándose a favor de una fiesta de Corpus unificada (Charritton, 1988, pag. 39-42). Jean-Michel Guilder ha sido, sin duda, quien ha realizado la investigación de la danza con mayor profundidad, especialmente en San Martín y Lekorne, en la década de los setenta (Guilcher, 1984). En fiestas del Corpus se manifiestan muchas de las versiones de la marcha kaxkarot. En los pueblos en donde se baila en las procesiones y entrada a la iglesia, crearon una mezcla entre la marcha kaxkarot y el pas ordinaire de la armada. En la fiesta profana, la salida de los bailes tenía un lugar importante, así como la hilera de danzas y, recientemente, los fandangos. En el aspecto musical, con anterioridad al siglo XVI, seguramente, los acompañantes de los dantzaris fueron el tamboril (txirula y ttuttun), atabal y violín. El ttunttun de cuerdas paulatinamente desapareció, excepto en Zuberoa, para, de hecho, acompañar en pastorales y mascaradas. En la segunda mitad del siglo XIX se introdujeron los clarines de la armada. Hasta la guerra de 1914, en algún sitio acompañaban a muchas fiestas del Corpus la xirula, el atabal y los clarines. El Lekorne, en 1901, mencionaban "aquella valiosa xirula"8. En Itsasu, en 1907, las fiestas del Corpus se realizaban bajo el sonido de la xirula, atabal y clarín, y al año siguiente, en cambio, el clarinete sustituyó a la xirula. Paulatinamente, el clarinete sustituyó a la xirula y al violín, y posteriormente se introdujo la trompeta o "pistona". Entre las dos guerras tuvo lugar una época de transición: en muchos pueblos (en Bidarrain e Itsasu, en 1930, en Makea, en 1946), constituían la música de los actos religiosos el clarinete, la trompeta y los clarines, por lo que la xirula y el atabal las dejaban para la celebración de danzas exteriores, mediante la marcha kaxkarot y la danza de la hilera. Los xirularis fueron los que mejor conservaron la sabiduría de las danzas de las que disponían. A partir de la segunda guerra, la xirula desapareció de la mayoría de las fiestas del Corpus, introduciéndose el acordeón y montándose éstas por las fanfarrias populares. Hoy día, dicha fiesta la acompañan los grupos de cobre. En diversos sitios, los xirularis aparecen de nuevo para interpretar las danzas que se celebran inmediatamente después de la misa de víspera.

4Besta Berri, Herria, 13 juin 1968.

5Ibid.

6Sentencia de la Corte del Parlamento de Burdeos del 30 de julio de 1783 a instancias de Yves Harismendy, jefe de la secretaría judicial de la merindad de Lapurdi, contra el teniente general de Hody. Cf. (Duvigneau-Légasse, 1993, anexo 22).

7L'Avenir des Pyrénées et des Landes, 1885eko ekainaren 27a.

8Phesta Berri à Mendionde, L'Avenir des Pyrénées et des Landes, 15 juin 1901.

En la mayoría de los pueblos de Iparralde, a comienzos del siglo XX, las procesiones del Santo Sacramento las acompañaba la guardia nacional. Por ello, la juventud no tenía posibilidad de entrar en la iglesia y bailar en procesión. Poco a poco, el ámbito de la fiesta del Corpus acompañada por la juventud "amortajada" fue desapareciendo, tanto en occidente, como en oriente, hasta la angosta zona interior de la actual Baja Navarra y Lapurdi. En Cambo y Uztaritz, a partir de 1925, los soldados no salieron en más ocasiones a acompañar a la procesión. En Cambo, en 1933, acompañaban a la procesión 80 jóvenes del patronage vistiendo medias blancas. En la zona costera de Lapurdi, paulatinamente abandonaron la costumbre. En 1951, por ejemplo, en Arbona o Donibane Lohitzune, las procesiones las acompañaban las fanfarrias del pueblo, pero sin guardias. En Hazparne tampoco salían los guardias. En Senpere, sin embargo, la juventud seguía las procesiones con armas9. Por influencia de Hegoalde, en 1956, en Ziburu, las procesiones de las fiestas del Corpus las acompañaban los txistularis: "no tienen el sonido de los clarines" comentaba el periodista de Ziburu, "pero creo que acaso son más propias para la oración"10. En el mismo año, en Makea, organizaron fiestas del Corpus a la antigua usanza, completando quienes tenían más de 30 años un segundo grupo "amortajado". Posteriormente, la zona de Amikuze, Garazi y Baigorri, poco a poco, a su criterio, establecieron una fiesta del Corpus amortajada. J-M Guilcher demostró en 1972 que las fiestas del Corpus bailadas todavía se celebraban en 11 lugares del interior de Lapurdi, Arberua, Ortzaize y Amikuze y que en otros 14 pueblos de Lapurdi-Baja Navarra el recuerdo del ritual bailado está todavía vivo. El mapa de Guilcher, poco o mucho, es válido al día de hoy. Mientras tanto, muchos pueblos (Armendaritza y Donamartiri, entre otros) abandonaron la costumbre y nuevamente la recuperaron en la década del 2000. En el año 2008, en unos 12 pueblos de la zona que va de Itsasu a Bithiña, han incorporado la costumbre de la forma antigua. En otros muchos pueblos, a pesar que no salen "guardas", han asumido la procesión con la totalidad del resto de los elementos. En Donibane Lohitzune, en el año 2008, la mayoría de la simbología de hace tiempo aparecía en fiestas del Corpus: el palio, sábanas blancas en las orillas de las calles, ornamentadas con hojas, con hierba al paso de la procesión, medio cubierta por una tela blanca, larga y cerrada, con altares en las calles, música ...11

En la década de los 1990, surgió una reflexión en torno a la fiesta del Corpus, especialmente impulsada por los clérigos. Algunos comenzaron diciendo que las armas no tenían lugar en la iglesia. Anteriormente, muchos curas se posicionaron en contra de la fiesta por ser contrarios a la danza y a la música y no por aspectos meramente militares. En los años 90 la argumentación se encaminaba hacia el otro lado. El padre Etxehandi, en 1989, realizó una valiosa investigación en la que demostraba que la fiesta del Corpus no sólo era una fiesta militar sino que esencialmente era una fiesta danzada y florada para gloria de Dios, en donde se mezclaban los muchos símbolos mencionados anteriormente, sobre todo los naturales y cósmicos (Etxehandi, 1989). Dentro de esa tendencia, en algunos pueblos que tenían perdida la costumbre crearon un ritual, mezclando vestidos y danzas de Iparralde y Hegoalde, como en el caso de Ezpeleta, a partir del año 1992. En Uztaritz también se inició algo. En los pueblos que conservaron la costumbre se avivó la discusión: ¿qué modificar?, ¿incorporar la danza pero suprimiendo las armas?, ¿modificar las banderas francesas?, ¿para sustituirlas con cuáles?, ¿con las banderas de la diócesis?, ¿cómo introducir a las mujeres en el ritual?. Según los lugares, procedieron a modificaciones muy sencillas, pero, en general, en los lugares en los que pervivía la costumbre, siguieron sin variación.

Tuvo lugar otra importante modificación. Secularización, quiere decir el alejamiento de la sociedad respecto de la religión, que aunque tarde, llegó en algún momento a Euskal Herria. El cómputo de los que acudían a misa cada domingo iba disminuyendo, especialmente entre los jóvenes. El número de curas tampoco iba en aumento, por no mencionar el de los seminaristas vascos. Lo que ocurrió hace tiempo en otras comarcas de Francia, ocurrió también aquí. En la década de los 90, las parroquias necesitaron agruparse y los curas comenzaron a celebrar la misa en los pueblos periódicamente. Entre tanto, en muchos aquellos pueblos que conservaban la fiesta del Corpus la adhesión de la juventud era mayor que nunca. Muchos curas consideraban un contrasentido ese fervor por parte de la juventud a favor de la fiesta religiosa que tenía lugar durante dos domingos al año y el hecho de no asistir a la iglesia el resto del año. En algunos pueblos, los jóvenes desearon restaurar las vísperas, o salir nuevamente en las octavas, pero el párroco no se mostró a favor de ello. En otros lugares, los curas consideraron, desde un punto de vista filosófico, que era mejor tener a los jóvenes al menos una vez al año que nunca. El significado original o heterodoxo de la fiesta, se manifestaba más vivo que nunca (Itçaina, 2001). Era una fiesta de la iglesia pero, al mismo tiempo, era la fiesta de la identidad colectiva del pueblo y la juventud. Esa función de fortalecimiento de la identidad era conocida incluso fuera de Euskal Herria, como en Chino, en la fiesta del Corpus establecida por los vascos de América (Ysursa, 2000?).

El 6 de junio de 2008, los jóvenes de Lekorne organizaron una velada en la que dos etnólogos mostraron las fiestas del Corpus filmadas en el mismo pueblo en los años 1978 y 2000. En la sala se encontraban los jóvenes que se vistieron en el año 2008 -Lekorne ha asumido íntegramente el ritual de dos días-, así como muchos de los rituales que existían hace treinta años. Al proyectar la película del año 1978, el público, en más de una ocasión, irrumpió en carcajadas para sorpresa de los etnólogos. Al entrar a la iglesia, los dos abanderados no actuaron conjuntamente en la entrega de sus instrumentos y, lo que es peor, uno de ellos estaba entre los centinelas. Las risas no significaba que se hubieran roto todos los esquemas de entender la fiesta. Al contrario. Para la gente del pueblo existía otra dimensión tan importante como las demás, concretamente el hecho de ser una fiesta, testigo de la vida y alegría popular. En la medida en que cumpla esa función básica, tengan larga vida los pasos medidos de personajes como oilarrak y zapurrak.

9Herria, 1951eko maiatzaren 30an eta ekainaren 7a.

10Herria, 1956eko ekainaren 7a.

11Donibanen bertzalde manera berezi batez ospatzen dute Trufania edo Erregeen pesta. Lehenago, Pesta Berri garaian arraintzaleak eta mariñelak itsasoan izanki eta, urtarrileko pestak hartu zuen bertze garrantzia bat.

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