Concept

Romanización

La palabra romanización se emplea para señalar la cultura romana que se conoce fuera de Roma (en las provincias). Cuando se cita la romanización de Hispania o la romanización de Gran Bretaña o África, Brindisi, Valle del Duero o de muchos otros lugares, se quiere explicar la colonización romana y la influencia de la conquista. Ahí esta la clave, ya que no es lo mismo dominar que romanizar. Es más, los romanos nunca quisieron romanizar a nadie. Cierto es que con los romanos los hábitos locales cambiaron radicalmente; se construyeron nuevas ciudades basándose en un plan regular desde donde se distribuían las rectas calles, los foros y templos, los balnearios, teatros, mercados, etc. Además, construyeron buenas carreteras, posibilitando que su capital -Roma- se conectara con cualquier punto del imperio; puentes, hospederías, estaciones para el cambio de caballos y el descanso de los mensajeros, todos ellos con ese fin; trajeron un derecho avanzado, nuevos alimentos, frutas desconocidas, métodos vanguardistas para la explotación de minerales, tecnología punta, impuestos, monedas y medidas unificadoras, dioses y diosas de otros lugares, el uso del latín, etc. Pero llevaron a cabo todo ello con la intención de administrar mediante fuerza militar los territorios conquistados - y así poder mantenerlos bajo su dominio durante largo tiempo-. Por otra parte, ser romano significaba tener muchas ventajas y los indígenas trataron de conseguir esa identidad jurídica, tanto después de pasar muchos años al servicio militar en tropas adscritas a la legión, como después de ayudar de un modo u otro a los conquistadores. En ese sentido, por ende de las transformaciones generadas en las relaciones con los estados romanos, es una palabra reconocida (Ortíz de Urbina, 2006, 225 p.), pero actualmente, la romanización, a pesar de ser una palabra común y a pesar de haber sido muy utilizada y aparecer en libros de texto, esta cada vez más en desuso. Por ejemplo, el famoso historiador R. Syme (Syme, 1988, p. 64) lo ha explicado claramente: "El significado de la palabra romanización indica un propósito político desarrollado previamente. Pero la actividad de Roma no se interpreta correctamente, ni la de la Roma de la República, ni la de la época Imperial. El gobierno romano promovió, sin duda, una forma de vida de carácter ciudadano y convirtió las tribus en ciudades, sobre todo para facilitar el trabajo administrativo. Pero nunca fue su intención obligar en todos los lugares a los nativos a utilizar el latín".



Por ello, Syme explica claramente que la palabra "romanización" significa "ugly and vulgar, worse than that, anachronistic and misleading"; es decir, "feo y torpe, o peor aún, anacrónico y engañoso". Y son muchos los ejemplos que confirman esa opinión. Cierto es que con las guerras y la inmigración entró el latín, y que junto a él llegaron las costumbres y las instituciones romanas. Más tarde, se asociaron los romanos y los lugareños como consecuencia lógico de todo lo acontecido. Pero no ocurrió así siempre y en todos los lugares, y no hubo tentativas de obligatoriedad, con alguna excepción que otra. No se obligaba a hablar en latín. Los habitantes romanos de Egipto siguieron hablando griego y, del mismo modo, firmaban en griego los contratos de boda y los testamentos, a pesar de que la administración territorial era romana. Los comerciantes de Cartago, aunque en otra época habían sido fuertes contrincantes de los romanos, todavía en el segundo siglo después de Cristo continuaban escribiendo en lenguaje púnico las relaciones de cargamento. Sin embargo, los romanos oprimieron con fuerza a los pueblos y tierras que se enfrentaron a ellos. El historiador Tácito escribió así en su obra Agrícola; un dirigente británico de su libro decía así: "Robar, asesinar o violar son citados mediante la palabra imperio por ellos, totalmente inadecuado; y dicen llevar la paz al lugar donde surge el desierto" (ubi solitudinem faciunt, pacem appellant, Tácito); (traducción adaptada). Sin lugar a ninguna duda así fue cuando los romanos comenzaron a dominar la Península Ibérica, es decir, así fue los doscientos primeros años (Urteaga y Arce, 2011, pp. 23-25).

A la llegada de los romanos la mayoría de los pueblos de la Península Ibérica tuvieron el mismo comportamiento, sobre todo los pueblos del norte, es decir, desde Gallaecia hasta la frontera este de Cantabria. Augusto necesitó diez años para dominar los territorios montañosos. Diez años y siete legiones. Finalmente este fue el mensaje propagandístico que divulgo el vencedor: Hemos traído la paz a Hispania (tal y como sentencian al pronunciar Hispania pacata, Res Gestae). Más adelante, un disidente romano definió perfectamente ese pax: cum domino, pax ista venit ("con el despotismo llegó la paz" Lucano). Esa era, precisamente la paz romana: La paz del despotismo. (Koch, 1997, pp. 87-92).

Por tanto, hablaremos sobre la opresión, la dominación y la integración del mundo romano. Con todo, hay que especificar en que campo geográfico de Roma y en que momento de la Historia hay que situar este fenómeno. No es labor fácil.

Los seis o siete territorios que componen Euskal Herria no existían en época romana, ni siquiera la propia Euskal Herria. Gipuzkoa, Bizkaia, Araba, Navarra, Laburdi y Zuberoa son resultado de dinámicas históricas de la Edad Media. Por lo general, esas fronteras geográficas se definieron en esa época, aunque se modificaron no hace demasiado tiempo. En lo que al contexto cronológico se refiere, discurre desde la última parte de la República de Roma hasta la destrucción del Imperio romano de Occidente. Es más, se puede afirmar que en los siglos sucesivos se mantuvo esa tónica, hasta la invasión musulmana de principios del siglo VIII.

Parece ser que la supremacía sobre estas tierras ocupadas por los vascones llegó en la misma época en que Corvinus "pacificó" y dominó las tierras del otro lado de los Pirineos (año 28 o 27 a.C.), es decir, Aquitania. Por tanto nos vamos a la época de Augusto.

De ese modo, pudo organizarse la retaguardia de las campañas militares contrarias a Cantabria y Asturias, especialmente, la correspondiente a la flota que estaba al mando de Agripa. En el año 19 a.C., después de finalizar las guerras cántabras, los romanos se asentaron en nuestras tierras. Gracias a la victoria cosechada en dicha guerra los romanos dominaron la Península Ibérica y, en consecuencia, culminaron la conquista que habían empezado dos siglos atrás con la guerra púnica.

La conquista de Iberia fue un trabajo costoso, ya que se alargó demasiado en el tiempo, en comparación con la conquista de las Galias. El poder sobre Galia recayó En Julio Cesar y consiguió la victoria en menos de diez años (años 58-51 a.C.). En ese largo espacio de tiempo que va desde el desembarco romano en Ampurias hasta el final de las guerras cántabras (desde el año 218 a.C. hasta el año 19 a.C.) se dan ciertos acontecimientos relevantes en lo que respecta a la relación de Roma y los territorios vascos. Así, el año 178 a.C. fundaron Gracurris (Alfaro), ciudad que fue introducida siglos después en la relación de ciudades vasconas; por otra parte, el año 70 a.C. crearon Pamplona. Daremos especial relevancia a esta última, ya que, por una parte, ese hito puede ser un punto de inflexión en el proceso de dominio territorial y, por otra parte, es un claro ejemplo del itinerario historiográfico que sirve para explicar aquella época.

Decimos punto de inflexión porque Pamplona surgió como resultado de sucesivas batallas, y no como orden emitida por el Senado con intención de continuar con la conquista. Surgió como consecuencia de una revolución militar dirigida por Sartorio (es decir, el gobernador de la Hispania Citerior). Sertorio opinaba que el gobierno de Sila era ilegal. Así, se fortaleció en varios territorios de Hispania, sobre todo en la región del Ebro. Creó un estado paralelo y tuvo relaciones con los pueblos de Iberia hasta que en el año 76 a.C. Pompeyo llegó a Hispania. Fue este último quien consiguió dominar el territorio mediante distintas operaciones militares. Sertorio fue abatido por varios ayudantes el año 72 a.C. y unos meses después Pompeyo derroto a su sucesor.

En ese contexto, Tito Livio citó las Vasconias. Y, precisamente esa cita es la más antigua. Tito Livio lo escribió en la época de Augusto utilizando para ello los anales. En ellos se registraban las actividades que desarrollaban los ciudadanos romanos en la época republicana, y en este caso concreto citaba las batallas de la época de Sertorio. Concretamente, Tito Livio citó ager vasconum, es decir, una parte de las tierras donde habitaban los vascones.

También Salustio, otro historiador del siglo I a.C. señaló que la armada de Pompeyo se dirigió a las tierras vasconas para recolectar trigo (en invierno de año 75-74 a.C.). Más tarde, Estrabón declaró que el significado de la palabra Pompelo (Pamplona) derivaba de "Pompeiopolis" (ciudad de Pompeyo) y que pertenecía a los vascones (III, 4-10). En base a ello se ha concluido que es allí donde asentó su campamento, y que debido a ese hecho y a la amistad que le unía con los vascones creó Pompelo (que significa Pamplona). Sin embargo, el origen de Pamplona es una duda aún por aclarar, aunque la mayoría opina que tiene que ver con la intervención de Pompeyo (Armendáriz, 2005, pp. 41-64).

Aún y todo, tal y como indica Pina Polo (Pina Polo, 2009, pp. 195-214), en ningún lugar aparece que Pompelo hubiera surgido mientras Pompeyo estuvo en tierras vasconas. Según el "hay mas probabilidades de que esa fundación se llevara a cabo (si es que hubo fundación alguna) una vez finalizada la guerra de los años 72-71 a.C.".Además añade que no hay ninguna prueba que confirme que los Vascones fueran aliados de los romanos o que ayudaran a Pompeyo es su intervención contra Roma. Es más, según el ocurrió lo contrario, Pompelo se creó después de derrotar a los enemigos, en ningún caso fue una recompensa dada a los Vascones, ni mucho menos, fue más bien un castigo.

Lo que sucede es que en medio de una batalla lidiada entre romanos aparecen los vascones. Las tropas de Pompeyo volvieron a luchar en Hispania en otra guerra civil, esta vez contra las armadas de Julio Cesar, y al contrario de lo acontecido en el caso de Sertorio, esta vez fueron derrotados.

Más allá de los Pirineos, en las guerras de las Galias, Crassus (comisonado de Cesar) venció a Aquitania, en el año 56-55 a.C. Más adelante, vinieron las campañas de paz bajo las órdenes de M. Vipsanio Agrippa y M. Valerio Messalla Corvino (los años 38 y 28 a.C. sucesivamente).

En definitiva, parece que no hubo ninguna guerra contra los vascones. Es más, la flota de Agripa se dirigió por la costa de Aquitania a lo largo de Cantabria, desembarcando sin que nadie le opusiera ningún obstáculo. Debido a que los pueblos de aquella tierra no inquietaron a Augusto y su legión, al contrario que cántabros y astures. Una vez terminadas las guerras cántabras el año 19 a.C. los vascones entraron de pleno en la estructura de la administración romana. Los vascones no inquietaron a los romanos durante los siguientes cuatrocientos años, por lo menos, hasta el siglo VI d.C.

Estrabón, conocido geógrafo de la época de Augusto, terminó la obra Geografia hacia la década de los treinta de nuestra era, siendo Tiberio el emperador. Según detalla con claridad en esa obra los romanos no tenían ningún interés ni preocupación sobre estas tierras. Describió así las tribus que por aquél entonces habitaban Euskal Herria: "no me detendré a dar todos los nombres, no tomaré tal ardua labor..., aunque muchos hubieras soltado alguna carcajada al oír nombres tan insolentes como Plentauro, Burdietano, Allotrigo u otros, nombres vanos" (Estrabón); (traducción adaptada). Según Estrabón y los lectores de entonces los nombres de las tribus que conformaban la Euskal Herria actual no eran merecedoras ni de ser citados. Sin embargo, a pesar de que no los cita, queda claro que eran muchos los linajes que habitaban en estas tierras, no solo vivían los vascones. A pesar de que las opiniones que aparecen en dicho trabajo de Estrabón son de esa índole, los historiadores se basan en Estrabón, Julio Cesar, Pomponio, Mela, Plinio y Ptolomeo para construir la historia de los vascones y sus vecinos. A grandes rasgos, podemos decir que los cronistas romanos no prestaron demasiado interés (siendo ellos la única fuente para el conocimiento de aquellos linajes), y en consecuencia se limitaron a hacer menciones vagas.

Si eso no fuera poco, es muy poca la información sobre ellos, ya que una de las características de esa tierra es la falta de epigrafía; por ejemplo, en Gipuzkoa existen únicamente 3 epígrafes, donde solo aparecen el nombre de un Dios y 3 personas.

Queda claro que en la tentativa de reconstruir el mapa étnico de los territorios vascos son muy escasas las fuentes literarias disponibles. Parece ser que la fuente más fiable es la "Guía geográfica" (Geographias Hyphégesis) escrita por Claudio Ptolomeo en el siglo II. Es una relación de lugares escrito en griego, sobre todo una relación de ciudades. Pero, además, se dan coordenadas de latitudes y longitudes, con los grados y los minutos detallados. Desafortunadamente es imposible disponer esas coordenadas en un mapa actual, por dos razones: por una parte, es probable que los datos originales fueran modificados en los diferentes manuscritos donde se escribió la obra y, por otra parte, quizá las referencias topográficas que servían de base par los datos eran erróneas; es posible que se den las dos circunstancias.

De los escritos y manifestaciones de Ptolomeo se ha concluido que en Euskal Herria entraron los várdulos y los caristios; que los vascones traspasaban las fronteras actuales por el sur, y que en la margen derecha del Ebro también habitaban; por el este llegaron hasta Jaca. Que los autrigones se situaban sobre todo en Bureba y en Losa, pero que también se movían por la parte oeste (en Valdegovía); y que algunos de ellos llegaron incluso a la parte sur de la sierra cantábrica (Rioja); y que en las tierras situadas al otro lado de los Pirineos habitaban los Tarbellos.

Ciudades caristias en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
SuesatioArkaia
VeleiaIruña Oka
TullicaTuyo? (junto a Zadorra)

Ciudades várdulas en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
GébalaGebara
Segontía ParámikaOkariz?
GabalaikaGalarreta?
Trítion ToubórikonTabuerniga?
ToulónionDulantzi
ThaboúkaPagoeta?
AlbaDurruma
MenoscaEn las costa, entre Deba y Oria

Ciudades vasconas en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
ItoúrissaAtabasa, Aurizberri
NamantourístaDesconocida
BitourísBidaurreta?
KournónionLos Arcos?
PompelónIruña
IákkaJaka
AndélosMendigorria, Muruzabal Andion
TerrachaLos Bañales, Sádaba
GrakourísAlfaro
KalagorínaCalahorra
Báskonton-KáskontonCascante
MouskariaJunto a Tudela
ErgaouïaAl sur de Cascantum?
SegiaEjea de los Caballeros
AlauonaAlagón
OiassoIrun

Ciudades autrigonas en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
Uxama BarcaOsma Valdegobia
BirovescaBriviesca
DeobrigaArce-Mirapérez, junto a Miranda de Ebro
AntekuiaJunto a Pancorbo
SegisamoncoulumCerezo del río Tirón
VendeleiaCubo de Bureba
SalioncaPoza de la Sal

Ciudades beronas en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
VareiaVarea, Logroño
LibiaHerramelluri
Tritium MagallumTricio

Ciudades tarbellas en la relación de Ptolomeo
CiudadSituación
Aguae AugustaDax

Sabemos que en los escritos de Ptolomeo hay errores y contradicciones, creadas por él o habidas en las fuentes que utilizó para escribir la Guía Geográfica; sin embargo -en nuestro caso- disponemos de una fuente que confirma algunas de sus manifestaciones. Concretamente, la inscripción fúnebre de C. Moconnio Veror, hallada en Roma (CIL, VI, 1463 = Alföldy, Fasti Hispanienses, pp. 128-129. C. Mocconio/ C. f. Fab. Ver[o]/ praetori, legato pro [pr ] / provincias Achaiae t[r. pl.] / q. urbano III vir. CAPIT[ali] / tribuno laticlavio l[eg ] / Vil). Parece que describe el cursus honorum de un individuo que llegó a ser Senador en África del Norte. Entre los cargos que ocupo durante su vida, en orden decreciente según la importancia (pretor, tribuno del pueblo, cuestor de la ciudad, vigintirivo), en último lugar legio VII Geminaren se cita el cargo de tribuno laticlavio; ese fue el cargo con el que comenzó la carrera de senador.

El tribuno laticlavio se encargaba de representar el legado de la legión, y para ello contaba con un "officium"; le ayudaban en sus labores varios funcionarios.

Dicha persona, mientras ostentaba el cargo de legio VII, teniendo su residencia en Legio (León), se encargaba de hacer el censo (at census accipiendos) de 24 ciudades habitadas por vascones y várdulos, esa es la parte de mayor importancia de la inscripción.

No hay comunión a la hora de establecer su fecha de defunción, pero sabemos que Mocconio murió con 36 años; en opinión de algunos la inscripción habría que datarla el último cuarto del siglo I; al parecer de otros, en cambio, sería contemporáneo de Adriano (117-138) o Antonino Pío (138-161) (Sayas, 1989, pp. 137-152).

En Roma se hacía el censo desde antaño, donde se recogían los datos de los ciudadanos en pos de objetivos fiscales y militares; también se utilizaba con fines electorales y se hacía cada cinco años. Dicha institución cruzó las fronteras de Roma, y en la época republicana también se hizo en ciertos territorios provinciales que existían por aquél entonces. A partir de la época de Augusto los censos provinciales eran habituales; el encargado del censo era el gobernador provincial. Conformaba el listado de las personas, con los datos relativos a la edad, residencia, propiedades y fortunas; el objetivo de todo ello era principalmente fiscal, además del anhelo de controlar la populación. También servía para el reclutamiento de las tropas. Probablemente nunca sabremos porque tomo Mocconio, mientras ostentaba un cargo militar, la responsabilidad de hacer el censo de las ciudades várdulas y vasconas; o porque hizo los dos al mismo tiempo, estando unos -los várdulos- registrados en el conventus clunienses de la ciudad de Clunia (provincia de Burgos), y los otros -los vascones- en el conventus caesaraugustanus de la ciudad de Caesar Augusta. Los conventos eran distritos fiscales, pero sabemos que también funcionaban como distritos censales. Dejando de lado todos esos asuntos, lo que aquí nos interesa es la cantidad de ciudades que estaban censadas: es decir, las 24 ciudades de várdulos y vascones. En resumidas cuentas, Ptolomeo recogía en sus relaciones 16 ciudades (denominados polis) vasconas y 8 várdulas.

Según indican los textos y restos arqueológicos, a pesar de que quizá lo que actualmente constituye Euskal Herria fue dominado en épocas de Ponpeio y Cesar, fue en la época de Augusto cuando dicho territorio comenzó a introducirse en la organización imperial de Roma. Estrabón finalizó su obra durante el mandato de Tiberio y atendiendo a lo que escribió, el camino partía de Tarraco (Tarragona) -es decir, desde la capital provincial-, cruzando las ciudades de Ilerda (Lleida) y Osca (Huesca) hasta llegar a Oiasso. Ese camino unía el Mediterráneo y el Atlántico, haciendo el trayecto más corto, como años después dijo Plinio en el lugar donde el territorio se estrecha como una cuña entre dos mares (NH III. 3.29). En el entorno de Oiasso el camino al valle del Ebro fue la clave principal de la colonización, y esa acometida fue una de las directrices a seguir en el régimen de Augusto.

Parece ser que el camino principal que llegaba a Oiasso y unía los mares internum et externum estaba relacionado con la explotación de plata de Aiako Harria. El comienzo de los trabajos comerciales de Roma hay que situarlo también en el contesto de las iniciativas correspondientes al régimen de Augusto. Ese camino daba salida por tierra a los metales preciados; en cambio, el plomo y el hierro eran transportados por la mar.

En un principio fue una integración militar. Prueba de ello eran el campamento Saint-Jean-Le Vieux (situado junto a San Juan Pie de Puerto) y el mismo Oiasso; parece ser que en dicho campamento se han encontrado recientemente restos relacionados con el Legio VI (Alkain, 2010).

Con los sucesivos emperadores (Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) de la dinastía inaugurada por Augusto, se aprecia un interés creciente por el territorio. Fue en esa etapa cuando crearon las factorías de las conservas de pescado, las denominadas cetarias, tanto la Getaria de Laburdi, como la Getaria de Gipuzkoa. Pero el gran impulso de la colonización romana vino con la siguiente dinastía, es decir, con los flavio (Vespasiano, Tito y Domiziano).

El emperador Vespasiano conocía de primera mano la parte Atlántica, ya que había participado en la conquista de Britannia durante el mandato de Claudio. Dicho emperador, se mostró a favor de Hispania y, sobre todo, a favor de los territorios de la costa cantábrica. Dio Ius latii (derecho latino) a los hombres libres de las provincias de Hispania, impulsó la creación de municipios y facilitó la obtención de la ciudadanía romana. En la costa cantábrica, a 140 kilómetros al oeste de Oiasso, en Castro Urdiales, creó la colonia de Flaviobriga.

Al finalizar el primer siglo de nuestra era la costa se nos presenta repleta de establecimientos; a los ya mencionados Irun y las Getarias hay que añadir Hondarribia, Pasaia, Donostia, Zarautz, Ondarroa, Lekeitio, Portuondo, Forua, Bermeo, alrededores de Bilbao y, seguramente, los años venideros habrá que añadir nuevos emplazamiento de la costa, ya que la carencia de testimonios arqueológicos sobre los romanos puede deberse simplemente a la falta de hallazgos, y no a una verdadera carencia de testimonios.

El origen de Getaria, como hemos citado anteriormente, se debe a una factoría de conservas de pescado, es decir, a una cetaria (parecida etimología se defiende en estos casos: Catoira de Galicia, Cetaria de Sicilia, Cetobriga del estuario del Tajo y/o Cetararako de Campania). Para organizar estas industrias se preparaban unas zanjas, donde criaban el pescado mediante distintas capas de sal, para el preparado de diferentes tipos de pasta. El más estimado era el conocido como garum, que utilizaban como condimento de muchos platos; este condimento se mantiene en las culturas del suroeste asiático, en Camboya, Vietnam, etc. Jaime Rodríguez Salís realizó un trabajo de investigación sobre la etnografía comparada y la arqueología experimental, donde identifica diferentes pastas y salsas de pescado que utilizaban los romanos (Rodríguez Salís, 2003, pp. 11-15). Esas zanjas de mediados del siglo I aparecieron junto a la vieja estación de trenes de Getaria (Laburdi), repletas de basuras depositadas en ellas. En esas fechas se derribo y abandonó la factoría; no sabemos las razones que la llevaron a tal destino.

En el interior, eran Pompelo y Veleia los puntos estratégicos de la red vial, precisamente, por su situación junto al camino que se dirigía desde Tarraco a Oiasso y junto al camino que cruzaba los Pirineos Ab Asturicam Burdigalam desde Ibañeta. Ese último camino recorría Araba y Navarra, donde se conocen otros emplazamientos romanos: Suesatio, Tullonium, Gebala, Alba, Aracelli y Itourisa.

Fue el siglo II de nuestra era la época en la cual la ocupación romana tuvo mayor crecimiento y desarrollo en nuestro territorio. Y, en general, coincide con los emperadores de la dinastía de Antonino y sus precedentes (Nerva, Trajano, Hadriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Comodo). Sin embargo, el crecimiento no se produjo únicamente en el espacio que nos ocupa; la expansión fue generalizada y el Imperio romano alcanzó su mayor expansión territorial, desde Bretaña hasta el río Éufrates y desde Dazia (en Danubio) hasta el desierto del Sahara. Además, eran épocas de bonanza económica y gracias a ello las economías regionales pudieron progresar, en un contexto de paz intrafronterizo.

Así, encontramos vestigios de la vida romana en los rincones recónditos y zonas de pastoreo de Aizkorri. Prueba de ello son las vajillas de mesa tipo terra sigillata: se trata de una vajilla muy cuidada, fabricada en Arezzo y Pisa y llevada por los romanos a Hispania pasando por Galia (debido a que los alfareros de Italia fueron primeramente a ese lugar); los principales talleres de arcilla de Hispania se situaron cerca de Tritium Magallum, al lado de Nájera. Esos talleres proveían a toda la provincia de Citerior. Además también se comercializaban dichos productos desde la Península Ibérica al extranjero.

Aunque los datos que tenemos disponibles todavía no son del todo concretos, parece que con la siguiente y última dinastía del Imperio Superior, con los Severo (Séptimio Severo, Caracala, Eliogabalo y Severo Alexandro), se dieron los primeros cambios, que en los siguientes siglos se pudieron apreciar con claridad. Precisamente, es en el puerto de Oiasso donde se mide mejor la actividad económica, mediante la importación de cerámica. Se observa que fue en esa época cuando llegaron los productos de cocina desde el norte de África.

No se trata únicamente de las importaciones que se realizaban en el puerto de Oiasso, se trata de un indicio general de la supremacía de las provincias de África, amparada e impulsada por el mismo origen africano de la dinastía (el fundador Séptimio Severo era de Leptis Magna), y que casi se apreciaba en cada región de la geografía imperial. Sin embargo, superado ese momento de relaciones comerciales lejanas, parece que el puerto entró en una suerte de letargo, y después de unos momentos puntuales de actividad, fue definitivamente abandonado.

Esos indicadores de decadencia son palpables en otros espacios emblemáticos de la ciudad de Oiasso. Las termas fueron abandonadas y en el siglo IV se les volvió a dar un uso precario; lo mismo ocurrió con los edificios más importantes de la necrópolis de Santa Elena.

La crisis del siglo III fue el resultado de una época repleta de altibajos y, justamente dicha crisis explica la situación arriba reseñada: durante esa época, después de las condiciones de paz se impulsó el crecimiento y el bienestar económico de los dos primeros siglos del Imperio, y tras la muerte del último emperador de la dinastía de los Severo, se dio una sucesión interminable de emperadores, con su intrigas, asesinatos, purgas, luchas armadas, epidemias mortales, invasiones y contiendas. Pero independientemente de los que sucedía en los siglos III y IV en Oiasso, no ocurrió lo mismo en Getaria, Zarautz, Veleia o Baiona. Por el contrario, según los datos que tenemos disponibles fue, precisamente, en esos siglos cuando se dio el mayor desarrollo en dichos yacimientos. En Veleia y en Baiona se acometió el arduo trabajo de fortificar los emplazamientos romanos. Así, construyeron una fortificación muy costosa. La muralla de Veleia era de 11 hectáreas y el de Baiona de 5.

Otro indicador del citado contexto lo encontramos en Oiasso: La crisis del siglo III, propició, entre otras cosas, la crisis de la explotación minera. La base de Oiasso eran las importantes minas de Aiako Harriak. Al agotarse su producción los asentamientos perdieron su naturaleza comercial y ciudadana, además la actividad económica de dichos asentamientos se redujo considerablemente. Al parecer, en el siglo V estaba casi definitivamente abandonada.

En Zarautz y en Getaria, como en otros lugares de la costa, durante esos siglos se mantuvo la dinámica asociada a la mar. Es más, en el contexto de la reconstrucción administrativa de finales del siglo III, mientras Diocleciano era emperador, parece que hubo oportunidades de progreso, ya que se formalizaron unas relaciones políticas y administrativas más estrechas entre la costa de la Península Ibérica y Aquitania, Galia, Bretaña y la costa germánica; todo ello provocó una bonanza en las provincias de Hispania durante el siglo IV.

Se cree que la provincia denominada Novempopulania se constituyó debido a esa reestructuración administrativa; la componían 9 pueblos, y era independiente respecto a los galos de Aquitania. Atendiendo a las inscripciones de Hasparne, fue un hombre (Verus) que ostentaba un importante cargo público quien llevo a cabo las tareas de gestión ante el emperador. Es en esa nueva provincia donde vivía el poblado de los Tarbello, cuya capital era Aquae Augusta.

La reconstrucción producida por Diocleciano, es decir, el aumento de número de provincias y el establecimiento de los Diócesis, también trajo consigo una reestructuración militar. En Hispania había una legión, la Legión VII Gemina cantonada en León. Además había otras 5 cohortes. Una de ellas con residencia en Veleia, la llamada I Gallica.

Durante los siglos del Bajo Imperio se dio un comportamiento diferente en comparación a los procesos de inicio, asentamiento y arranque de la colonización romana, en lo que a la organización territorial se refiere. Además, hay un acontecimiento a tener en cuenta: la ocupación de las cavernas.

En las cavernas de Gipuzkoa, Navarra, Bizkaia y Araba se repiten los testimonios de la época del Bajo Imperio, al igual que en otras zonas montañosas con macizos calizos. Para su explicación, se puede alegar que son consecuencia de la búsqueda de protección, debido a que en esa época la inestabilidad era manifiesta, o se puede alegar que se tratan de ocupaciones pastoriles. Sin embargo, como se ha citado anteriormente, el siglo IV fue una época estable y pacífica en Hispania (Arce, 1994), y aunque en algunas cavernas han aparecido elementos relacionados con el pastoreo (por ejemplo, cencerros), hay otras maneras para poder explicarlos. De todas maneras, atendiendo a la mitología vasca, las interpretaciones de los cultos celebradas en las cavernas dan pie a pensar que se tratan liturgias relacionadas con la fertilidad. Según relata J. J. Satrústegi (VV.AA., 1997, p. 66) la caverna es la entrada natural al santuario del subsuelo, y los santuarios de las cavernas están unidas a la idea de que el cielo fecunda la tierra; por eso surgen "en esos monumentos las liturgias de culto de fertilidad que se desarrollaban antaño".

El análisis sobre el último siglo de poder romano en la Península Ibérica, se ha realizado generalmente desde un punto de vista apocalíptico, según el cual los bárbaros no hicieron otra cosa que difundir caos y miedo. Pero, tal y como muestran las últimas investigaciones, el siglo V fue de transición, debido a que se produzco un cambio en la sociedad, la estructura política, administrativa y económica, la ciudad, y las creencias y costumbres religiosas, aunque en muchos aspectos se observa un anhelo por la continuidad, la perseverancia y las ganar por persistir (Arce, 2005). Y ese punto de vista es aplicable a nuestro territorio, prolongado además a los siglos VI y VII.

En segunda instancia, los datos hallados en la costa son significativos. Así, analizando las zonas excavadas de Zarautz y Getaria se observa que la ocupación se redujo notablemente; y se desarrollaron hábitat precarios; sin embargo, en la costa encontramos pruebas de una relación comercial lejana aún vigente En este sentido, resulta llamativo encontrar ánforas de vino del este mediterráneo en la desembocadura del Bidasoa, fechados en los siglos VI y VII (Benito, 1989, pp. 123-163). La interpretación de dichas ánforas es complicada, sobre todo, porque han sido recuperadas en labores subacuaticas y porque carecen de un contexto arqueológico que pueda aportar otro tipo de pruebas.

De cualquier modo, esos acontecimientos se pueden encadenar con las nuevas interpretaciones que hablan de un tráfico comercial; a tenor de esas interpretaciones, durante esa época existía, aunque a pequeña escala, un trafico comercial que partía de Constantinopla para llegar al reino de los francos (Hodges, 2003).

En tercer lugar, es destacable el conjunto de cajas halladas en las excavaciones realizadas en la ermita San Martín Iraurgi de Azkoitia, en 1995, donde se encontraron restos de pulverización (Urteaga, 1999, pp. 22-28). Para fabricar esas cajas, utilizaron masas y formas cerámicas pertenecientes a la cerámica tradicional tipo Golfo de Bizkaia de la época romana. El tipo de cerámica Golfo de Bizkaia es el registro arqueológico más abundante de los yacimientos gipuzkoanos; su principal característica es que esta realizada con una masa preparada mediante inclusiones de gran tamaño, ya que sobresalen los cuarzos, los pertenecientes al granito de Aiako Harriak situado en los términos municipales de Irun, Oiartzun, Bera y Lesaka. En la manufactura de la cerámica se utilizan churros de arcilla, ya que se modelan utilizando en torno manual, hasta que en ese proceso se consigue la forma definitiva. Se trata de platos, escudillas, ollas y tapas. Así, mediante esa pequeña colección de elementos se satisfacían las necesidades de la mesa, la cocina y la vajilla. En lo que se refiere a las peculiaridades formales, destacan los cantos planos de las ollas, adornadas mediante un conjunto de grietas paralelas en forma de ondas; esas bandas compuestas por grietas paralelas son también habituales en los cuerpos de los recipientes (Urteaga y Amondaray, 2003, pp. 59-104).

Dejando de lado la estética formal (la producción de la época romana puede confundirse con los citados utensilios), lo más llamativo es la cronología de los entierros, ya que se han fechado los siglos VII y VIII mediante carbono-14. El rito de la incineración no desapareció del todo ante la sepultura con la llegada del cristianismo; los dos método se dieron al mismo tiempo, hasta que a finales del siglo VIII (durante los años 775-790) se prohibió la incineración mediante el capitular De partibus Saxoniae de Carlomagno; el objetivo de esa abolición era la opresión de los sajones, porque eran enemigos del emperador carolingio.

Finalmente, los denominados castella. En los últimos años se ha formulado la posibilidad de que hubiese otra opción: la que se refiere a que dejaron las ciudades de las llanuras para partir a los lugares altos que existían alrededor de estas ciudades para edificar fortificaciones. Dichas fortificaciones tomaron funciones institucionales, y durante la Edad Media ostentaron una personalidad propia.

Los lugareños no entraron en la sociedad romana de una manera exclusiva, homologada y general. No se integraron de igual manera las persones superiores, los aldeanos, los guerreros, los sirvientes o los hombres y mujeres. Efectivamente, es así: no es de extrañar la diferencia de género que hubo en la romanización. Fueros los personajes con rango superior los primeros en entrar en dicha estructura poderosa de los romanos: ya que, en un principio continuaron administrando los territorios bajo el mandato romano, y más tarde, participaron en los órganos gubernamentales de los ciudadanos, imitando a las instituciones romanas. En ese sentido, uno de los recursos más efectivos consistió en otorgar derechos civiles a los lugareños. De ese modo, conseguían ponerse a la altura de los nacidos en Roma o Italia.

El emperador Vespasiano propagó el Ius latii (derecho latino) en Hispania los años 73-74. Gracias a esa concesión, cualquier ciudad de Hispania que resultara beneficiaria del edicto de Vespasiano, se convertía directamente en comunidad latina; por consiguiente, dejaron de lado el estado peregrino para integrarse en la organización jurídica romana. Los mandatarios de esos emplazamientos adjuntos, para alcanzar la condición de ciudadano romano, debían considerarse así en el municipio: civitas per honores; de ese modo, conseguían todos los derechos de un ciudadano romano. En el año 212 Caracalla concedió a todos los hombres el derecho romano.

Otra manera de alcanzar la ciudadanía romana era entrar en la armada romana. Sabemos que los vascones y los várdulos lucharon con la armada romana, como tropa adjunta. Tácito explico en sus Historias (Historiae) que Galba reclutó algunas cohortes vasconas en Hispania (hacia 60-68 d.C.) y que fueron llevados a Rhin para participar en la represión de Julio Civiles. Las tropas vasconas ahuyentaron al enemigo (quizá, porque comenzaban la lucha en medio de un atroz griterío) y su presencia fue clave para conseguir la victoria en la guerra; prueba de ello es que gracias a lo realizado les fue otorgado el civium romanorum (ciudadanía romana) como premio. Cada cohorte romana estaba compuesta por 600 hombres, y aunque Tácito no da una cifra concreta, se puede intuir que fueron tres o cuatro, porque los cita en plural; por tanto, reclutaron entre 1.800 y 2.400 hombres. Es una cifra elevada de hombres, dentro del parámetro de la populación de aquella época. En tiempos de Trajano una cohorte de vascones fue llevada a Bretaña (cohors II vasconum civium romanorum) que continuaba allí en la época sucesiva a Trajano, es decir, con Hadriano.

Otra inscripción nos recuerda un personaje que fue prefecto de Britannian cohors II vasconum equitata y más tarde tribuno de Mauritania Tingitanan legio II Augusta (todo eso lo sabemos gracias a la "diplomata militaria" dejada en Roma por el licenciamiento: cfr. CIL, XVI, 51 y 69, concretamente de los años 105 - Trajano- y 122 - Adriano-), y otra inscripción, esta correspondiente a la germana Nemausus, cita L. Scimmius Aemilius, es decir, el prefecto de la cohorte II de Hispania Vasconum civium romanorum. Del mismo modo, también tenemos noticia de un cohorte (Vardulorum I Cohorte) con residencia en Bretaña (High Rochester) en la época de Séptimo Severo (210/211 d.C.), quien tomó el nombre de cohors I fida vardulorum civium romanorum, muestra de que gracias a su fidelidad consiguieron una ciudadanía romana considerable al licenciarse (Roldán, 1974, p. 145). La inserción de esas tropas en la armada de Roma fue clave, debido a que al volver tras la licenciatura, esos hombres fueron decisivos a la hora de divulgar las ideas de Roma en sus respectivos pueblos.

Emperadores romanos
Augusto (Imperator Caesar Augustus)27 a.C.- 14 d.C.
Tiberio (Tiberius Caesar Augustus)14 d.C.- 37 d.C.
Claudio (Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus)41-54
Nerón (Imperator Nero Claudius Caesar Augustus)54-68
Galba (Ser. Sulpicius Galba)68-69
Vespasiano (Imperator Caesar Vespasianus Augustus)69-79
Tito (Imperator Tius Caesar Vespasianus Augustus)79-81
Domiziano (Imperator Caesar Domitianus Augustus) 81-96
Trajano (Imp. Caesra Nerva Traianus Augustus)98-117
Hadriano (Imp. Caesar Traianus Hadrianus Augustus)117-138
Antonino Pío (Imp. Caes. T. Aelius Hadrianus Antoninus Pius)138-161
Marco Aurelio (Imp. Caes. M. Aurelius Antoninus Augustus) 161-180
Séptimio Severo (Imp. Caes. L. Septilius Severus Pertinax Augustus193-211
Caracala (Imp. Caes. M. Aurelius Antoninus Augustus)198-217
Diocleciano (Imp. Caes. C. Aurelius Valerius Diocletianus Augustus)284-305
Constantino ("El Grande") (Flavius Claudius Constantinus Augustus)307-337
Teodosio (Flavius Theodosius Augustus)379-395
Honorio (Flavius Honorius Augustus)384-423

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