Concept

Republicanismo en Euskal Herria

Republicanismo, dícese del movimiento político cuyo objeto es la instauración de la República como forma de Gobierno.

En cada una de las provincias vascas, el republicanismo experimento un desarrollo dispar. Al igual que en el resto del Estado, los primeros republicanos tuvieron que esperar hasta 1868 para aparecer en la plaza pública, momento en que la sociedad empezó a interesarse por la modernidad y el sufragio universal. El republicanismo brotó sobre todo en las capitales vascas y en algunas zonas donde la industria se estaba desarrollando.

La organización de los republicanos alaveses se limitó sobre todo a la capital. Según Antonio Rivera, debido la influencia de la religión cristiana y la fuerza de los movimientos más conservadores, los grupos izquierdistas de Gasteiz defendieron políticas más "moderadas".

  • Sexenio Democrático

Antes de la I. República, el republicanismo alavés estuvo representado por Becerro de Bengoa, Daniel Arrese y Fermín Herran. Los dos primeros tomaron parte en el periódico surgido a raíz del pacto de Eibar, Laurac-bat (1869), como comisionados de Araba. En la II. Asamblea federal celebrada en 1870, representaron a Araba Pedro Martínez de la Hidalguía y Pablo Martínez.

  • Restauración

Después de la traumática experiencia de la I. República, los republicanos alaveses empezaron a organizarse de nuevo en la década de 1880. En 1881, inauguraron el Centro Republicano de Gasteiz y crearon el periódico El Demócrata Alavés.

Los principales actores del republicanismo alavés de esta época pertenecieron a la élite económica y social de la provincia, pero con la implantación del sufragio universal masculino, los republicanos consiguieron atraer a parte de la masa social gasteiztarra, compuesta sobre todo de artesanos, trabajadores y jóvenes. Para hacer frente al carlismo, aparte de creer necesario atraer a la masa, veían indispensable organizarse a nivel provincial, y de esa idea surgieron dos grupos importantes de republicanos: el Partido Republicano Histórico y el Partido Republicano Progresista, este último cercano a Ruiz Zorrilla. Entre todos los republicanos se distinguía Becerro de Bengoa (primero defensor de los fueros y después zorrillista), que fue capaz de conseguir la unión entre todos los republicanos y liberales.

El propio Becerro de Bengoa, junto con Herran y Apraiz, creó la Unión Republicana Vascongada, con la intención, una vez más, de aunar las fuerzas de todos los republicanos alaveses. En opinión de Rivera, este movimiento favoreció a los republicanos, que hasta entonces, dentro de la coalición liberal, permanecían en un segundo plano. Con la nueva organización, fueron los republicanos los que atraerían a su partido a los liberales.

En 1909 se creó Unión Republicana Autónoma de Álava, una vez más, con la intención de unir a los republicanos que todavía no militaban en ningún partido y seguir estrechando relaciones con los liberales. Con el nuevo partido, no menguaron los problemas en el seno republicano y en 1911, después de que los republicanos españoles se unieran a los socialistas, en Araba se dividieron los que opinaban a favor de ir en las elecciones con los socialistas y los que estaban en contra. Esta división no duro mucho y en 1913 volvieron a aunar las fuerzas todos los republicanos, junto a algunos liberales y socialistas, con el objeto de lograr buenos resultados en las elecciones provinciales de aquel año. Después de las elecciones municipales de 1913, los republicanos alaveses se separaron de los socialistas, para no arrimarse a ellos hasta la II. República, desapareciendo de esta forma del plano político.

Durante la dictadura de Primo de Rivera los republicanos alaveses siguieron celebrando la conmemoración de la I. República. Su reorganización no llegaría hasta 1928 y 1929, cuando la dictadura anunciaba su final.

  • Elecciones

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, el republicanismo fue la segunda fuerza política en el Ayuntamiento de Gasteiz. De todos los concejales que pasaron por el consistorio, el 30% estaba adscrito al republicanismo. Si se tiene en cuenta un periodo más amplio, 1890-1923, el porcentaje no decae mucho ya que los concejales republicanos siguen siendo el 23% del total. En el año 1903 por ejemplo, gracias a la coalición entre los republicanos y socialistas salieron triunfantes 9 candidatos, en 1905 4, en 1909 4, 1911 4, y en 1913 6.

Pero no sucedió lo mismo en las elecciones para la Diputación, en donde los carlistas demostraron tener mucha presencia. Al igual que sucedió en Nafarroa, en Araba los carlistas obtuvieron victorias elección tras elección. Por ello, hasta 1931, los republicanos que llegaron a la Diputación de Araba fueron una minoría, ya que debido a la implantación de las fuerzas conservadoras en el resto de la provincia (carlistas, integristas, liberales monárquicos y conservadores), las opciones de los republicanos de la capital se diluían.

Aun así, el republicano Becerro de Bengoa llego a ser en cuatro ocasiones diputado a Cortes entre 1886 y 1900. En 1905 y 1907 Aniceto Llorente tuvo la misma suerte, y en 1920 y 1923, Enrique Ocio López de Haro, republicano tibio, gano las elecciones en el distrito de Laguardia.

  • II. República

El republicanismo alavés no comenzó a reorganizarse hasta bien entrado el período republicano, pues hasta finales del verano de 1931 todavía se encontraba agrupado en torno al Partido Republicano Alavés. De ese tronco común comenzaron a separarse elementos que dieron lugar a los nuevos partidos republicanos.

El Partido Republicano Radical Socialista fue la formación republicana alavesa más importante y la primera en organizarse en Gasteiz tras la proclamación de la República. A la altura de 1933 el PRRS contaba con ocho agrupaciones y con unos 1.300 afiliados. Su ideología era la más izquierdista dentro del republicanismo. Entre 1933 y 1934, al hilo de la división estatal que se produjo en el seno del PRRS, el partido se dividió entre seguidores de Marcelino Domingo, independientes, y seguidores de Gordón Ordás, ortodoxos, siendo los primeros los que se llevaron consigo a la mayoría del antiguo PRRS, mientras que los segundos tuvieron una trayectoria mucho más lánguida. Los independientes pasarían en 1934 a engrosar la nómina de Izquierda Republicana, junto a Acción Republicana y al Partido Republicano Autónomo.

El Partido Republicano Radical se organizó en Vitoria a comienzos de 1932. Llegó a tener, hacia 1933, dieciocho comités situados, fundamentalmente, en Vitoria, la Rioja Alavesa y la Ribera del Ebro. Entre su militancia se contaban tanto viejos republicanos de la provincia como republicanos de nuevo cuño procedentes del monarquismo, lo que ocasionó al partido numerosas disputas internas y le situó a la derecha dentro del espectro ideológico republicano alavés. El partido, tanto por causas internas como por la crisis a nivel estatal relacionada por los escándalos de Alejandro Lerroux, se fue desintegrando a lo largo de 1935.

El Partido Republicano Alavés pasó a denominarse en octubre de 1931 Partido Republicano Autónomo, y a él continuaron estando adscritos todos aquellos elementos que no fueron a parar a los nuevos partidos republicanos. Su implantación fue únicamente vitoriana y su afiliación muy escasa. Su líder más destacado fue Teodoro González de Zárate, el primer presidente del partido y alcalde de Vitoria en la II República. Mantenían una adscripción ideológica de centro-izquierda que les llevó a integrarse en Izquierda Republicana en 1934.

Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña, se empezó a organizar en Vitoria a comienzos de 1932. Situándose en un tono ideológico no tan avanzado como el PRRS, el partido no tuvo una importante implantación en la provincia, contando únicamente con tres agrupaciones: Vitoria, Llodio y Laguardia. Fue un partido minoritario dentro del espectro republicano alavés; en 1934 acabó fusionándose, a Izquierda Republicana.

  • Sexenio Democrático

La aparición del republicanismo en Bizkaia como fuerza política organizada se produjo en 1865, alrededor del diario El Eco Bilbaíno, cuando se formó un comité vinculado con el Partido Demócrata Español.

El ideario de estos protorepublicanos estaba compuesto principalmente por una marcada defensa de los principios forales, leídos en clave democrática, y por un acentuado federalismo, vinculados a las ideas de Proudhon y Pi y Margall.

El comité demócrata vizcaíno, y en general la totalidad del republicanismo español, desapareció tras la insurrección del cuartel de San Gil en junio de 1866 debido a la represión del gobierno O?Donell.

Tras la revolución democrática de 1868, se conformó el Partido Republicano Federal de Bizkaia, presidido por Cosme Echevarrieta. Siguiendo la concepción federal pactista de Pi y Margall, los republicanos vascos firmaron el pacto federal de Eibar el 23 de junio de 1869, que seguía la estela de los firmados por otras regiones españolas.

Los hechos más destacados de este período fueron la consecución, en enero de 1872, de las primeras actas concejiles republicanas en el Ayuntamiento de Bilbao y la insurrección de carácter republicana intransigente que encabezó Cosme Echevarrieta junto a 300 hombres por las estribaciones del monte Gorbea a finales de ese mismo año 1872, donde lanzaron una proclama en contra de la monarquía y a favor de la República democrática federal.

Una vez instaurada la I República en España, con la guerra carlista de fondo, los republicanos bilbaínos se hicieron con el control del Ayuntamiento de Bilbao y monopolizaron la representación parlamentaria de Bizkaia en las Cortes Constituyentes.

La caída de la I República coincidió en Bilbao con la dimisión del Ayuntamiento republicano a causa de los apuros económicos por los que estaba pasando debido a la coyuntura bélica, el cerco carlista y el poco entusiasmo que la población no republicana manifestaba hacia el consistorio. A partir de entonces el republicanismo se vio reprimido por las autoridades.

  • Restauración

A partir de 1874 la idea fuerza que dividió a la política vizcaína fue la animadversión entre liberales y carlistas, con el recuerdo reciente del cerco de Bilbao, la sociedad "El Sitio" y la fiesta del 2 de mayo de fondo. En este contexto no extrañó que los republicanos formaran varias coaliciones electorales con los liberales para impedir la victoria carlista en Bilbao y ostentar la mayoría en el Consistorio de la capital vizcaína.

El republicanismo se encontraba dividido y se agrupaba en torno a distintos partidos, cada uno de los cuales estaba encabezado por los antiguos presidentes de la I República: los posibilistas de Castelar, los progresistas de Ruiz Zorrilla, los centralistas de Salmerón y los federales de Pi y Margall. En Bizkaia, si bien todos esos partidos tuvieron su implantación, el grueso del republicanismo se alineó tras la figura de Cosme Echevarrieta, el histórico líder, que pasó del progresismo zorrillista en la década de los 80 a comulgar con el centralismo salmeroniano a partir de 1890 y hasta su muerte en 1903. Su táctica electoral pasó por la colaboración con el Comité Liberal de Bilbao, lo que le permitió ser la segunda fuerza política en número de escaños tras los propios liberales, sin embargo, sus mejores resultados se produjeron cuando acudieron unidos y en solitario a las elecciones al hilo de conjunciones republicanas estatales. Así, en 1893, consiguieron la victoria en las municipales, donde obtuvieron 10 concejales, y estuvieron a punto de hacerse con el escaño a Cortes por Bilbao.

El año 1903 marca un nuevo tiempo en la política vizcaína. A partir de ese año la idea fuerza que dividió la política provincial ya no fue el binomio liberales/carlistas, sino que se abre una nueva dinámica protagonizada por la rivalidad entre la izquierda laica y la derecha católica. El apoyo electoral al liberalismo monárquico y al carlismo descendió considerablemente, irrumpiendo con mucha fuerza un nuevo partido que fue el eje del bloque de la derecha, el PNV. Por lo tanto, teniendo en cuenta esta nueva división política, nos encontramos con dos bloques claramente diferenciados, republicanos y socialistas por una parte y nacionalistas y católicos por otra.

Los republicanos pusieron fin en 1903 a más de dos décadas de división partidaria para reagruparse alrededor de la Unión Republicana. En Bizkaia, la Unión Republicana generó entusiasmo entre el republicanismo local, constituyéndose comités por toda la provincia, pero fundamentalmente a ambos lados de la ría y la zona minera. Asimismo, los resultados electorales de los republicanos vizcaínos cobraron vigor, logrando ser la primera fuerza política en Bilbao en las elecciones municipales 1903, donde obtuvo 8 concejales, y consiguió en 1905, por fin, hacerse con el diputado a Cortes por Bilbao en la persona de Federico Solaegui Múgica. Por otra parte, y como consecuencia de este nuevo tiempo político y del éxito inicial de la Unión Republicana, los republicanos vizcaínos pusieron ese mismo año de 1903 fin a su alianza con el liberalismo local, iniciando un camino de acercamiento a los socialistas que cristalizará, primero en 1907, con la consecución del Bloque de izquierdas, y después en 1909, con la formación oficial de la Conjunción republicano-socialista.

A pesar de que la Unión Republicana no tardó en resquebrajarse a nivel estatal, en Bizkaia la inmensa mayoría del republicanismo provincial se encontraba unido en torno a ella. Sin embargo, en las filas vizcaínas existía un descontento con respecto a la situación fragmentaria del republicanismo español, lo que hizo que fuera tomando forma la posibilidad de declararse como agrupación autónoma, lo que ocurrió en 1913, con la constitución del Partido Republicano Autónomo de Vizcaya, formación republicana hegemónica en la provincia hasta 1931.

  • Elecciones

Los resultados electorales para el republicanismo fueron dispares desde la formación de la Conjunción republicano-socialista, pues si bien obtuvieron grandes victorias en las municipales bilbaínas de 1909, 1913 y 1915 y consiguieron hacerse con el Diputado a Cortes por Bilbao en la persona de Horacio Echevarrieta en las elecciones de 1910, 1914 y 1916, también es cierto que en épocas de agitación social fueron superados por el bloque de la derecha católica. A partir de 1917 el republicanismo vizcaíno entró en crisis debido a que Indalecio Prieto se hizo con la cabeza de la Conjunción en Bizkaia, perdiendo no sólo la iniciativa en la misma sino que también con la representación a Cortes por Bilbao, que pasó a ostentarla el líder socialista bilbaíno hasta 1923.

  • II. República

Con la proclamación de la II República el sistema de partidos republicanos en Bizkaia se recompuso con la aparición de nuevas fuerzas políticas. El Partido Republicano Autónomo de Vizcaya, el partido republicano más importante, se integró en 1932 en Acción Republicana, la formación de Manuel Azaña.

La segunda organización política republicana en importancia en Bizkaia fue el Partido Republicano Radical-Socialista, que apareció en Bilbao el año 1930. Mucha menor implantación que estas dos formaciones tuvo el Partido Radical, cuya influencia en la política vizcaína fue muy reducida. De forma casi testimonial aparecieron otros partidos republicanos que no tardaron en descomponerse como la Derecha Liberal Republicana y la Agrupación al Servicio de la República.

A partir de 1934 se procedió de nuevo a la reorganización del panorama político republicano vizcaíno. De esta forma, surgió Izquierda Republicana, fruto de la unión entre Acción Republicana y la facción situada más a la izquierda de antiguo PRRS, encabezada por Marcelino Domingo y que en Bizkaia representaba a la mayoría de los antiguos radicales socialistas. Por otra parte apareció Unión Republicana, de la alianza entre la facción minoritaria del PRRS y de una rama escindida del Partido Radical.

Todos los partidos republicanos vizcaínos en la II República estaban de acuerdo en iniciar el proceso autonómico en las provincias vascas, pero tenían disparidad de criterios, dentro de cada partido incluso, en cuanto al modelo de texto estatutario.

Su postura a favor del proceso autonómico estuvo marcada por su antinacionalismo y por su intento de republicanizar Euskadi. Deseaban que la iniciativa recayese en las Comisiones Gestoras de las Diputaciones, compuestas en su mayoría por republicanos y socialistas, para que el proceso estatutario revirtiese a favor de las fuerzas prerrepublicanas, pretendiendo de esta forma republicanizar el País Vasco en detrimento del PNV.

Los sectores más republicanos, más acusadamente autonomistas, se situaron en Acción Republicana, donde el núcleo que encabezaba Ramón de Madariaga, redactor del Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos, defendía la concesión de un amplísimo grado de autonomía a las provincias vascas.

En el otro lado de la balanza se situó el Partido Radical, con un concepto mucho más centralizado del Estado, y que, en general, facilitaba el trámite estatutario con la garantía de que el texto sería enmendado por su grupo parlamentario en las Cortes. En medio de ellos se situó el PRRS, favorable siempre al Estatuto pero manteniendo reservas y esperando a enmendar algunos aspectos en el Parlamento.

  • Sexenio Democrático

Para diciembre de 1868 hay constancia de una organización republicana de federales de Tolosa, bajo la presidencia de Bruno Abello. El 23 de junio del año siguiente, respondiendo al llamamiento estatal hecho por los federales, se reunieron en Eibar los representantes republicanos de las cuatro provincias, firmando el "Pacto de Eibar". Fueron representantes de Gipuzkoa los republicanos de Tolosa, Irún y Eibar: Justo María Zavala, Blas Irazusta, Felipe Iriotegui, Manuel Ezcurdia, Vicente Aguirre, Celestino Echevarria, Inocencio Ortiz de Zarate y José Cruz Echeverria.

Poco tiempo después de firmar el "Pacto de Eibar", se organizó en Donostia el Partido Republicano Federal, compuesto por donostiarras e iruneses, entre los cuales destacaban Jose María Aristizabal, Antonio Arruti, José Brunet, León Guerendiain, Bernardino Tejedor, Manuel Matheu, Agustín Mugika y Manuel Zubillaga. Tampoco tardaron mucho en organizar una periódico federal, al que llamaron La Justicia.

  • Restauración

Después de la I. República, hay que esperar hasta la década de 1880 para conocer las primeras organizaciones republicanas en la provincia. En 1884 se creó el Comité Republicano de Irún, y en 1885 empezó a publicarse el periódico republicano La Voz de Guipúzcoa, que no paro sus rotativas hasta 1936. Los accionistas de dicho periódico pertenecían a la élite social y económica de la provincia, y la mayoría se identificaba con los ideales republicanos, aunque hubo algún liberal entre ellos: Francisco Goitia (accionista principal con el tercio de las acciones), Benjamín Brunet, Ramón Usabiaga, Blas Escoriaza, Tomás Bermingham, Antonio Echeverria, Feliciano Echeverria, Benito Jamar, Manuel Urcola, Marcelo Garat, Guillermo Brunet, José Manuel Oa Amilibia y Tomás Acha. Desde el primer día de su publicación quedó claro que el periódico estaría "siempre, en este baluarte del carlismo, al lado de los liberales".

Desde 1885 hasta el final de siglo, la familia republicana guipuzcoana estuvo divido entre progresistas, posibilistas, federales y centralistas. Para 1890, según La Voz, los republicanos estaban organizados en "San Sebastián, Eibar, Irun y otros puntos de la provincia". En 1892, crearon los casinos republicanos de Tolosa y San Sebastián, este último gracias al empeño del republicano centralista García Álvarez.

A comienzos del siglo XX, se organizó en Donostia La Liga Foral Autonomista y ello provocó una vez más la división entre los republicanos.

En la década de 1910, la Unión Republicana y el Partido Radical se acercaron a los socialistas, pero debido a los malos resultados obtenidos en las elecciones, a mediados de esa década los republicanos intentaron volver a coaligarse con los liberales. Con el golpe de estado de Primo de Rivera, los republicanos de Gipuzkoa se sumieron en un profundo letargo que perduró casi hasta 1930.

Aquel año, se celebró en el casino de la Unión Republicana de Donostia el conocido "Pacto de San Sebastián", que reunió bajo la dirección del presidente de la Unión Fernando Sasiain, entre otros, a Lerroux, Azaña, Marcelino Domingo, Álvaro Albornoz, Ángel Galarza, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Manuel Carrasco, Jaime Aiguader, Macía Mallol y Santiago Casares Quiroga. Pero aparte de los compromisos que se adoptaron en esta reunión, tuvo mayor trascendencia el acontecimiento en sí, ya que se reivindicaba una república que no tardaría en instaurarse.

  • Elecciones

Durante toda la restauración los republicanos guipuzcoanos mandaron a un correligionario a las Cortes: Francisco Zavala Villar (1899). Con respecto a la diputación, hasta el comienzo del siglo XX los mejores resultados los obtuvieron en los distritos de Irun y Donostia, gracias sobre todo, a la coalición liberal. Desde las elecciones celebradas en 1903 hasta 1915, fue el distrito de Irun en donde se eligieron más republicanos (4). En periodo señalado, en el distrito de Donostia obtuvieron tres diputados y en Bergara, dos.

En las elecciones municipales, fueron Donostia, Irun y Eibar las mejores plazas para los republicanos. Además de estas tres ciudades, era habitual ver a republicanos en los consistorios de Errenteria, Bergara y Tolosa, sobre todo, al igual que sucedía en la Diputación, cuando realizaban alianzas con los liberales. Durante la restauración, el 25% de los concejales que se eligieron en Donostia fueron republicanos.

  • II. República

Al comienzo de la II. República, los partidos republicanos de Donostia eran defensores de la unión entre los republicanos, y autónomos en sus organizaciones y funcionamiento, pero según Rodríguez Ranz, a medida que avanzaba la República, el republicanismo guipuzcoano se fue dividiendo y se crearon partidos "sucursales" de los partidos estatales. Los republicanos de la Provincia se coordinaban mediante el Partido Republicano Provincial.

En julio de 1931 se creó en Donostia la Federación Local de Partidos Republicanos con seguidores en Pasaia, Irun, Errenteria, Arrasate y Eibar. Los republicanos que no querían relacionarse con un partido republicano concreto, siguieron perteneciendo a la Unión Republicana y en octubre de ese año la Unión Republicana pasó a ser la Unión Republicana Autónoma de San Sebastián. En las elecciones generales de 1931, el republicano Juan Usabiaga fue elegido diputado a Cortes, gracias a la alianza entre republicanos, socialistas y ANV.

En marzo de 1932 comenzó su andadura el Partido Radical-Socialista, con una primera reunión en la que se presentaron comisionados de Donostia, Irun, Ordizia, Hondarribia, Deba, Orio, Altza, Arrasate, Errenteria, Pasaia y Tolosa. Después, debido a la división a nivel estatal dentro de este partido, se creó en Donostia Izquierda Republicana Radical-Socialista. En octubre de 1933, coexistían tres grupos radical-socialistas en la provincia: Izquierda Republicana Radical-Socialista de San Sebastian, en Donostia; el Partido Republicano Radical-Socialista, con seguidores en Donostia, Elgoibar e Irun; y el Partido Republicano Radical-Socialista Independiente, inscrito en Donostia, Irun, Elgoibar, Eibar, Errenteria y Arrasate. Por culpa de esta atomización de las fuerzas, los radical-socialistas apenas llegaron a tener alguna influencia política en la provincia.

Los federales pasaron de pertenecer a Unión Republicana a la Federación Local de Partido Republicanos, y en 1934 se organizaron en torno a Ezquerra Vasca Federal, pero a la hora de elegir a los representantes políticos, obtuvieron malos resultados.

La desaparición de la Federación de Centros Republicanos de la Provincia y la dirección hacia políticas más derechista tomada por el Partido Radical, hizo que en marzo de 1934 se organizara Izquierda Republicana. Este partido se propago por toda la provincia, llegando a tener representantes en 24 pueblos de Gipuzkoa. En su creación, tomaron parte Acción Republicana, Partido Republicano Radical-Socialista y sobre todo, un número bastante elevado de republicanos de izquierdas que no pertenecían a ningún partido concreto. Este partido compartió el mismo programa e ideología que el partido estatal, con una excepción: en lo que se refería al problema vasco, según Rodríguez Ranz, el partido trabajaba con autonomía. En 1936, al igual que en el resto del Estado, los guipuzcoanos organizaron Frente Popular, y gracias a esa coalición, resultó elegido un republicano para diputado a Cortes: Mariano Ansó Zunzarren.

  • Sexenio Democrático

De entre todas las provincias vascas fue en Nafarroa donde menor organización llegaron a tener los republicanos. En el "Pacto de Eibar" celebrado en 1869 estuvieron presentes los republicanos de Iruña y Tutera: Ignacio Aztarain, Antonio Velasco, José Lorente, Félix Utray, Baldomero Navascues, Pedro Fraizu y Julián Garay.

  • Restauración

Después de la traumática experiencia de la I. República y la II. Guerra Carlista, en la década de 1880 convivían en Nafarroa republicanos autonomistas, zorrillistas y federales. Entre los zorrillistas destacaba la figura de Basilio Lacort, aunque pero los federales lograron mayor implantación en la provincia.

En 1881 se registro en Tutera el primer centro republicano de la Restauración y su manifiesto fundacional, firmado por Juan Burgaleta y Eusebio Sánchez, sirvió para organizar el Partido Republicano Democrático Federal Navarro. Ese mismo año en Iruña se creó el Comité Republicano de Pamplona. Los demócratas autonomistas navarros, según Juan Jesús Virto, se distinguieron de los demás republicanos del Estado en el tema religioso, ya que en vez de la admiración hacia lo francés que demostraban los demás republicanos, los republicanos navarros preferían dirigir su atención a la República Federal de los Estados Unidos, según ellos, tenían en mayor consideración la religión de su antecesores. Según César Layana, la característica religiosa de los republicanos navarros era debido a Serafín Olave, que en 1883 escribió en Tutera la "Constitución Futura de Navarra". Después de su muerte (1884), comenzó la caída del republicanismo en la provincia, que duro casi hasta el final del siglo.

En 1898 Basilio Lacort fundó el semanario republicano El Porvenir Navarro, el cual tuvo relaciones estrechas con la clase trabajadora, y en el que se publicaron escritos en contra de la orden religiosa navarra y su clero. En consecuencia, Basilio Lacort fue excomulgado de la Iglesia y en noviembre de 1900 el semanario dejó de imprimirse.

Con el cambio de siglo, el republicanismo navarro continuó con sus acercamientos hacia la clase obrera. En opinión de Virto, la Agrupación Republicana de Iruña, siguiendo la corriente federal del resto del Estado y para favorecer al federalismo local, decidió atraer a la clase trabajadora a sus filas. En 1904 por ejemplo, se creó en Iruña la Agrupación Obrera Republicana de Pamplona. Pero pasadas las elecciones de 1911, comenzó la segunda recaída del republicanismo navarro que duraría hasta el final de la dictadura.

Aparte de Iruña y Tutera, es sabido que en otros pueblos de Nafarroa coexistían diferentes familias republicanas pero su organización fue efímera. Ejemplos de estas organizaciones pueden ser Fusión Republicana de Altsasu, el Centro de Unión Republicana de Valtierra (1903), Casino de Unión Republicana de Viana (1912) y los centros republicanos de Ablitas (anterior al 1917) y Kortes (1919).

Durante los primeros años de la dictadura el republicanismo navarro permaneció apostado del plano político hasta la segunda mitad de la década de 1920. En 1926, en conjunción con la Alianza Republicana que se estaba organizando a nivel estatal, El Partido Republicano Autónomo de Navarra, el Partido Republicano de Tutera y el Centro Republicano-Socialista de Kortes salieron de su letargo para unir sus fuerzas a dicho movimiento. En 1930 surgieron los primeros órganos de prensa post-dictadura: La Republica en Iruña y Hoy en Tutera.

  • Elecciones

En las elecciones generales celebradas en 1873, los republicanos obtuvieron los únicos representantes a Cortes hasta la II. República. Entre otros, estaban Niceto Huder San Roman y Serafin Olave (este último elegido en 1872 y 1873). Hasta la II. República, no hubo representantes republicanos en la Diputación navarra.

Las elecciones municipales fueron otro cantar para los republicanos. Aún reconociendo que el consistorio de Iruña fue feudo inexpugnable del carlismo, los republicanos obtuvieron al menos un representantes en todas las elecciones celebradas hasta 1915. Atendiendo al número de concejales logrados durante la Restauración, se concluye que el republicanismo fue la segunda fuerza política en la capital. En total, fueron 33 los republicanos concejales, y dos de ellos, Agustín Blasco Mitxelena y Jabier Arbizu Gorriz, incluso llegaron a ser alcaldes de la ciudad.

  • II. República

A partir de la proclamación de la República, el republicanismo en Navarra empezó de nuevo a florecer constituyéndose nuevos comités durante el verano de 1931, que venían a sumarse a los ya existentes desde la caída de Primo de Rivera.

El Partido Republicano Radical comenzó a reorganizarse en Navarra desde comienzos del año 1932. Su influencia fue mínima y no cosechó resultados electorales de relevancia. Sus comités se situaron fundamentalmente en los distritos de Tudela, Estella y Tafalla. Se configuró como la derecha republicana.

El Partido Republicano Radical Socialista se configuró como el partido más a la izquierda del republicanismo navarro. Se empezó a organizar de forma local en la provincia desde 1931. Llegó a contar con diecisiete agrupaciones locales a la altura de 1933, situadas en su mayoría al sur de la provincia, en la zona de la Ribera sobre todo. Tras la división del partido a nivel estatal de 1933 entre independientes y ortodoxos, la mayoría del radicalsocialismo navarro siguió los pasos de éstos últimos, liderados Gordón Ordás. En 1935, los radicales socialistas navarros se integraron en el partido Unión Republicana junto a los radicales demócratas que comandaba Diego Martínez Barrio a nivel estatal. Sin embargo la penetración en Navarra de UR fue muy débil, abriendo únicamente 7 comités locales, lo que se explica por el paso de la mayoría de los comités locales del antiguo PRRS hacia Izquierda Republicana.

Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña, comenzó a extenderse por Navarra en 1932, llegando a tener hacia 1933 un total de 18 agrupaciones repartidas por toda la geografía provincial, aunque con especial influencia en la zona de la Ribera, a pesar de lo cual fue una fuerza política minoritaria. Fue el partido republicano que más sensibilidad tuvo por el tema estatutario vasco, mostrándose conformes con un texto para las cuatro provincias. Sus líderes más destacados fueron Mariano Ansó, alcalde de Pamplona y diputado de la Conjunción Republicano-Socialista en 1931, y Ramón Bengaray, candidato republicano en las listas del Frente Popular en 1936. Acción Republicana se integró en 1934 en Izquierda Republicana. El crecimiento de IR en Navarra fue notable entre 1934 y 1936, llegando a tener 46 comités locales, en especial en los distritos de Tudela, Tafalla y Estella.

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La República Francesa se estableció en 1792, e Ipar Euskal Herria tuvo que vivir las consecuencias del jacobinismo, perdió los centros de poder y comenzó el centralismo de Paris. Pero el verdadero movimiento republicano empezó a desarrollarse a finales del siglo XIX, con la Tercera República. En Ipar Euskal Herria tuvo un desarrollo conflictivo, ya que muchos sacerdotes y caciques con influencia en la sociedad, siguieron a favor de la monarquía y el bonapartismo, en contra de la República que pretendía expandir el laicismo. El conflicto se apaciguó después de la Primera Guerra Mundial, e incluso los sacerdotes más contrarios a la República, la aceptaron; y también la ley de 1905, de separación de la Iglesia y el Estado.

Las Repúblicas francesas, desde sus comienzos, han dejado muchas consecuencias en Ipar Euskal Herria. Después de la Revolución francesa de 1789, se estableció la Primera República en 1792, la cual deshizo las Asambleas de Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, dejando a Ipar Euskal Herria sin autonomía y uniéndola al Biarno en un único departamento. Además, se tomaron medidas contra los sacerdotes, y muchos vascos se vieron obligaron a exiliar a Navarra, otros fueron deportados a las Landas. El diputado labortano Dominique Garat, a falta de la autonomía para Ipar Euskal Herria, reivindicó en Paris un departamento propio. Sin embargo, Francia no respondió a la demanda.

La República se arraigó en un ambiente conflictivo en Ipar Euskal Herria, aunque la Primera República no se alargó mucho. En 1799 Napoleón Bonaparte dio un golpe de estado, y en 1804 dio por finalizada la Primera República. Casi pasó medio siglo hasta que comenzó la Segunda República, pero solamente se extendió durante cuatro años, desde 1848 hasta 1852. Aquel año se proclamó emperador Napoleón III, después de haber dado un golpe de estado un año antes. De ese modo dio comienzo el II. Imperio.

Aun y todo en la historia del Republicanismo y del movimiento republicano ha sido la Tercera República la más importante. Se proclamó en 1871, después de que el emperador Napoleon III perdiera la guerra contra Prusia y se rindiera. En aquella época se pusieron en vigor varias leyes que hoy en día están todavía vigentes, entre ellas, la ley de Jules Ferry sobre la educación obligatoria, la ley de 1901 sobre las Asociaciones, y la ley de 1905 de la separación de la Iglesia y el Estado. En Ipar Euskal Herria hubo grandes polémicas entre los defensores y contrarios de la República, es decir, entre los blancos y rojos. La Iglesia Vasca perteneció a los blancos, defendiendo la monarquía en Francia. Los bonapartistas también influenciaban en la clase política. En las elecciones parlamentarias, ganaban los contrarios a la República, excepto en la zona de Baiona.

En Ipar Euskal Herria, la división entre los favorables y contrarios a la República la marcó sobre todo el debate sobre la laicidad. Aunque la ley sobre la separación de la Iglesia y el Estado se aceptó en 1905, los republicanos quisieron debilitar la Iglesia Católica a partir de 1789. La educación estaba en manos de los frailes y monjas, y las monjas actuaban además como enfermeras. El Ministro de la Enseñanza Jules Ferry pusó en vigor la ley de la enseñanza obligatoria en 1881, y en 1886 dejó en manos de profesores laicos las escuelas públicas. En los años siguientes prohibió a los frailes y monjas trabajar como profesores. Aquella decisión provocó grandes conflictos. En Ipar Euskal Herria los trabajadores de la administración y los profesores de la escuela pública eran republicanos.

Pero los partidos republicanos no tenían mucha influencia en el interior de Ipar Euskal Herria. Los políticos favorables a la monarquía y los bonapartistas, así como los caciques y sacerdotes tenían mucho poder e influencia, sobre todo en los pueblos pequeños y en el entorno rural. Los partidos políticos apenas tenían poder, debido al sistema electoral: no se elegían listas, sino personas. A aquel sistema le sacaba más provecho la derecha, ya que a la hora de elegir los candidatos tenían mayor flexibilidad. Los partidos republicanos daban mayor importancia al partido y al congreso a la hora de decidir los candidatos.

La Iglesia vasca fue muy contraria a la República hasta el final del siglo XIX. En 1892, el Papa aceptó la República, y destinaron a Baiona al obispo republicano Jauffret. Al principio los sacerdotes de Ipar Euskal Herria no lo vieron con buenos ojos y surgieron los primeros conflictos. Con el paso del tiempo, y a partir de la Primera Guerra Mundial sobre todo, los sacerdotes terminaron aceptando la ley de separación de la Iglesia y el Estado.

La tercera República finalizó en 1940, cuando Francia se rindió ante Alemania en la Segunda Guerra Mundial. La zona no ocupada la gobernó el Estado, dejando todo el poder en manos del mariscal Philippe Petain. Aquel Gobierno de Vichy fue un paréntesis en la historia de la República francesa. Ipar Euskal Herria estaba dividida en dos partes. La frontera entre la zona libre y ocupada dividía Nafarroa Beherea por la mitad. La sociedad también se dividió en dos: por una parte estaban los que se unieron a la Resistencia, quienes ayudaban a los refugiados (judios y demás) a pasar a Hego Euskal Herria; y por otro lado, la clase política (con el diputado Jean Ibarnegarai en la cabeza) y los seguidores de la Iglesia quienes apoyaron a Petain, ayudando así a Hitler.

En 1945, después de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia, comenzó la Cuarta República. Apartaron a Ibarnegarai del poder, por haber sido ministro en el Gobierno de Vichy, aunque en 1943 fue deportado a Alemania por ayudar a la Resistencia. En 1958 llegó la quinta República.

Desde que se estableció la República francesa, en Ipar Euskal Herria los hermanos Dominique y Joseph Garat fueron los primeros defensores. Dominique Garat fue diputado en el parlamento francés en 1791, y defendió la República, aunque también defendió el modelo federalista y la autonomía para Ipar Euskal Herria. Su hermano Joseph Garat siguió el mismo camino, y estuvo en el Gobierno francés entre 1792 y 1794.

Ipar Euskal Herria, en general, se unió a la revolución francesa. La revolución no agitó sólo a Paris. En julio de 1789 hubo grandes protestas en Baiona, Donibane Garazi y Maule, en contra de la subida de los precios de los alimentos y de los impuestos. En la revolución surgieron nuevos caciques, además de los hermanos Garat. Entre ellos, el procurador de Ustaritz Pierre-Eustache Dhiriart, y Daguerressar, quienes procedían del mundo administrativo. Dentro del mundo de la armada, el mariscal Harispe de Baigorri también fue un icono republicano. La República fue un camino de integración para la elite de Ipar Euskal Herria en el estado francés.

La Primera República finalizó en 1804, después del golpe de estado de Napoleón Bonaparte. Los políticos de Euskal Herria se unieron al bonapartismo, en la época del primer imperio; por ejemplo, el mariscal Harispe. La Segunda República comenzó en 1848, pero sólo duró hasta 1852. En 1848 hubo grandes protestas en Francia y el Rey Louis Philippe tuvo que abandonar el poder. La Segunda República llegó por sorpresa. En Euskal Herria también había republicanos, como por ejemplo el periodista y politico de Zuberoa Agosti Xaho; quien fundó los semanarios republicanos Ariel y Uskal-Herrico Gaseta. También se unieron a la República el sacerdote de Bardoze Jean-Baptiste Hiribarren y el poeta Martin Halsouet.

En 1851, Napoleon (el sobrino de Napoleon I) presidente de la Segunda República dio un golpe de estado, y así dio comienzo el Segundo Imperio, en 1852. El emperador Napoleon III perdió el poder en 1870, después de perder la guerra contra Prusia. Pero en Ipar Euskal Herria, el bonapartismo tenía gran fuerza, sobre todo en el interior. El movimiento ultraderechista La Croix de Feu tuvo gran influencia en el interior en la época de la Tercera República. Aquel movimiento se convirtió en el partido de ultraderecha Parti Social Français (PSF), en 1936. Entre otros perteneció a él el diputado Jean Ibarnegarai.

Los republicanos tenían mayor influencia en la zona de Baiona. El alcance de los partidos políticos era limitado, por el sistema electoral. La personalidad del candidato tenía más peso que la ideología. Los partidos de izquierda utilizaban los comités locales o los congresos para elegir a los candidatos. Muchas veces, los funcionarios o los militantes del partido eran elegidos como candidatos, y también los caciques de alrededor. Los republicanos muchas veces se reunían en torno al profesor o a los funcionarios del pueblo, y los demás alrededor del sacerdote. La administración de la prefectura fue conservadora al comienzo de la Tercera República, pero a partir de 1887 dio un giro y fue radicalmente republicana. A partir de 1914 tuvo una actitud más neutra.

Las ideas republicanas fueron sobre todo difundidas por los profesores de la escuela pública. Además de los profesores los masones también fueron fieles defensores de la República, en Baiona mismo había una logia masónica. En la Tercera República, funcionarios, pioneros de la armada y profesores formaban la logia. Todos aquellos pertenecían a la clase baja de los masones, la clase más alta la ocupaban los aristócratas. Los masones fueron impulsores del laicismo, y estaban en contra de la derecha que sostenía la Iglesia. Apoyaron a los candidatos republicanos, y más tarde a los radicales socialistas.

En lo que se refiere a la prensa, el periódico principal en Ipar Euskal Herria, Courrier de Bayonne, fue republicano en los comienzos, en 1829. Después de desaparecer y volver a renacer, en 1952, su ideología se acercaba al bonapartismo. Según iba avanzando la Tercera República, el periódico se volvió republicano moderado. Los republicanos, por otro lado, crearon el semanal Le Réveil Basque en 1886, con Martial Henry Berdoly a la cabeza.

En las elecciones de 1870, se impusieron los bonapartistas, con el 75% de los votos. Al año siguiente, sin embargo, ganaron los republicanos. En 1876, el debate se centró en la República o el imperialismo. La izquierda estaba a favor de la República, y la derecha se dividió en dos: los monarcas y los bonapartistas. A partir de 1881 en la circunscripción Baiona I (costa) dominaron los republicanos, Plantié en 1881, Haulon en 1889, Lanfonte en 1893, Legrande en 1898 y Garat en 1910. En la circunscripción Baiona II (interior de Lapurdi) ganaron los monarcas. En la circunscripción de Maule en 1881, Pradet-Ballade superó al bonapartista Charles Harispe. Este último era el sobrino del mariscal Harispe, y en 1876 ganó las elecciones contra el candidato republicano Charles d'Abbadie, hermano de Antton Abadia. En 1889, sin embargo, la victoria fue para el bonapartista Louis Etcheverry, quien ganó las elecciones contra Berdoly. En 1893 y 1898 Berdoly ganó las elecciones, y en 1902 otra vez Pradet-Ballade. Las próximas elecciones que ganó un candidato no republicano fue en 1914, Jean Ibarnegarai se proclamó vencedor.

Dentro de los republicanos no todos eran de izquierdas. Haulon, por ejemplo, era de centro-derecha, aunque con el tiempo se inclinó hacia la izquierda. El republicano moderado Saint-Martin Harriague Morroxko fue diputado de la zona Baiona II, desde 1893 hasta 1906, después de ganarle al ultra derechista Dihasarri. A finales del siglo XIX los contrarios a la República, no tenían ninguna esperanza en el final de la República, y cada vez tenían menos fuerza las críticas hacia ella. Los vascos comprendieron poco a poco que se podía aceptar la República, y que las ideas religiosas se podían defender desde dentro. Durante muchos años en Ipar Euskal Herria el tema principal en las elecciones fue en torno a las leyes sobre la religión. Entre los vascófilos había reconocidos republicanos. Además del hermano de Antton Abadia, el escritor Jean-Baptiste Elizanburu, y el médico y ex alcalde de San Juan de Luz Martin Guilbeau. Este último uno de los fundadores de los Juegos Florales.

Aunque la República francesa se puso en vigor en 1792, los cambios comenzaron desde 1789 para Ipar Euskal Herria. El acontecimiento más importante de la Revolución francesa sucedió el 4 de agosto de 1789, con las decisiones tomadas por la Asamblea para crear una constitución. En aquella reunión, se decidió terminar con el feudalismo, y de ese modo con los privilegios. Aquella decisión tuvo gran repercusión en Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, ya que se tuvieron que disolver las organizaciones propias, así como la Asamblea de Lapurdi, los Estados de Navarra y de Zuberoa. Ipar Euskal Herria perdió la autonomía que tenía.

Pero en general, el deseo revolucionario y republicano tuvo gran acogida en Ipar Euskal Herria. El ayuntamiento de Hiriburu aplaudió la nueva Asamblea Nacional de Paris, pero condenó la disolución de la Asamblea de Lapurdi. Robespierre, responsable de la Revolución francesa y de la Primera República, era contrario a la Asamblea de Lapurdi, ya que la unía al feudalismo, aunque no estuviera basada en él. Los labortanos se unieron a la Revolución francesa, pero lucharon en favor del sistema federal, basándose en el Reino Unido y en los Estados Unidos de América. Pronto se dieron cuenta que la revolución no tenía el federalismo en cuenta, sino el hombre universal y la nación unificadora. Reclamaron La Asamblea de Lapurdi, pero Paris no lo aceptó. Más tarde el diputado de Lapurdi Dominique Garat pidió un departamento para Ipar Euskal Herria, ya que pensaba que unirlo con el Biarno no era natural. Pero Paris tampoco aceptó.

El modelo de la República francesa era el jacobinismo, y su lema fue "Francia una e indivisible". Sin embargo durante el siglo XIX Francia no consiguió esa unión, y en la mayoría del Estado sólo una minoría sabía francés. En Ipar Euskal Herria, tampoco era el francés el idioma más hablado, sino el euskara. En 1870 cuando comenzó la Tercera República, los mandatarios de la época hicieron un gran esfuerzo para extender el francés. De ese modo, las dos bases fueron la escuela y la armada.

La escuela tuvo gran influencia a la hora de afrancesar a los niños de Ipar Euskal Herria. Estaba prohibido enseñar en euskara, y se podía utilizar sólo el francés en la escuela. Existe constancia de castigos a alumnos por hablar en euskara en horas de recreo, pero aquella no fue una actitud generalizada, ya que muchos profesores de las escuelas públicas actuaron con flexibilidad. En un principio supuso un problema para los profesores que los alumnos no supieran francés, y los profesores tuvieron que adaptarse al idioma de los alumnos. Sin embargo, la transmisión del euskara no se detuvo, los niños de la época siguieron hablando con las madres en euskara, ya que aquellas madres no aprendieron francés. La escuela no consiguió que el francés se impusiera al idioma materno. Al final del siglo XIX, la escuela se generalizó y las niñas comenzaron a escolarizarse. Cuando aquellas niñas crecieron y fueron madres fue cuando comenzó a detenerse la transmisión del euskara.

El servicio militar obligatorio, y más tarde la Primera Guerra Mundial (1914-1918) ayudaron a arraigar el camino emprendido por la escuela. Durante el siglo XX, las organizaciones y funcionarios de la República (profesores, trabajadores de la administración, etc.) ayudaron en el afrancesamiento. También ayudó la emigración a las ciudades. La trasmisión del euskara se interrumpió sobre todo cuando la población abandonó el mundo rural y emigró a la ciudad. Aquella tendencia empezó a acentuarse a finales del siglo XIX, y se generalizó en el siglo XX.

"El francés es el idioma de la República", dice el artículo número 2 de la Constitución francesa. Los republicanos convencidos unieron la actitud favorable a la República con el apoyo a la lengua francesa. En el siglo XIX, los republicanos veían el euskara como un modo de transmisión del cristianismo. La Iglesia de aquella época era contraria a la República, y en la lucha entre los laicos y cristianos, se unió la lucha de las lenguas.

La Revolución francesa tuvo consecuencias directas en la Iglesia de Ipar Euskal Herria. La Iglesia perdió los diezmos, y el Estado se apoderó del patrimonio de la Iglesia y lo vendió. A partir de entonces el cristianismo no se consideró como religión del Estado. De ese modo, la Iglesia perdió el dinero y la influencia. Sin embargo, aquella situación no creó conflictos. El diputado labortano Dominique Garat aceptó aquellas medidas, argumentando que las órdenes religiosas eran contrarias a la libertad. En 1790, se puso en vigor la Constitución civil del clérigo. Según la constitución todos los sacerdotes debían jurarla, pero no todos aceptaron, ya que les obligaba a aceptar el nuevo régimen y las nuevas instituciones. Los impulsores de la Revolución entendieron ese gesto como un desprecio a la Revolución. Deportaron a los sacerdotes que no juraron la Constitución, y les hicieron cencerradas en los pueblos. En 1791, el Obispo de Oloron apoyó la Constitución, y quitó del cargo a los sacerdotes que no la habían jurado. Entonces, varios sacerdotes juraron la Constitución.

En 1793 y 1794 ocurrió otra tragedia, en torno a la guerra entre Francia y España. Sara, Senpere, Donibane Lohizune y Donibane Garazi fueron lugares estratégicos. Los representantes de la República sospechaban que los habitantes de aquellos pueblos no luchaban a favor de Francia. En 1794, los ciudadanos no se unieron a la revolución, sobre todo por la Constitución civil del clérigo y el servicio militar obligatorio. Por un lado, la República nombró a representantes para expandir mensajes a favor de la Revolución y de la nación de Francia, con el objetivo de cambiar la actitud de aquellos ciudadanos. Pero viendo que muchos de los habitantes de aquellos pueblos eran desertores, y que los sacerdotes eran contrarios a la República, decidieron deportar a las Landas a casi todos los habitantes de varios pueblos de Lapurdi, entre otros, Sara, Itsasu, Azkaine y Ezpeleta.

Aquel conflicto que tuvo la Iglesia de Ipar Euskal Herria con la República francesa, dejó consecuencias durante todo el siglo siguiente, sobre todo en la Tercera República. Entre los sacerdotes de Ipar Euskal Herria estaba muy extendida la actitud favorable a la monarquía, y en las campañas electorales del último cuarto del siglo XIX, la Iglesia pidió los votos para los candidatos favorables a la monarquía o para los bonapartistas. Precisamente, por esa razón anularon las elecciones de 1889 en la circunscripción de Nafarroa Behera y Zuberoa.

Durante la Primera República, a causa del acoso a los sacerdotes, la relación entre los republicanos y el clérigo no fue buena. La relación empeoró cuando el Gobierno de Francia intentó quitarle más poder a la Iglesia. En 1881, el ministro de Educación Jules Ferry propuso la ley de enseñanza obligatoria. De ahí surgió la escuela pública. Y en consecuencia, se prohibió a frailes y monjas dar clases.

En 1892, Jauffret el Obispo de Baiona llamó a los sacerdotes de Ipar Euskal Herria a apoyar la República. Los sacerdotes aceptaron, pero a disgusto; y siguieron criticando la República. En 1890 Jauffret castigó a varios sacerdotes, cambiándolos de parroquias, argumentando que hacían campaña en contra de la República, en cabeza de ellos estaba Laurent Diharasarri. Siete sacerdotes interpusieron un recurso en Roma, y consiguieron ganar el caso. Pudieron regresar a sus parroquias.

En la historia de la Republica francesa también fue clave la ley de 1905, de la separación de la Iglesia y el Estado. Antes de la ley el ambiente estaba revuelto, sobre todo a finales del siglo XIX, por la polémica entre la derecha y la Iglesia por un lado, y los republicanos por otro, por el caso Dreyfus. La Iglesia de Euskal Herria y la derecha se alinearon en contra de Dreyfus, dejando a la luz su actitud antisemita. Aquel suceso aceleró las medidas de desapoderar a la Iglesia. Con la ley de asociaciones de 1901 la polémica aumentó. La ley dio libertad para crear asociaciones, y en Ipar Euskal Herria surgieron cientos de asociaciones a partir de 1901. En un apartado la ley obligaba a las asociaciones y congregaciones religiosas a pedir permiso. Pero todos los permisos fueron rechazados y los frailes fueron desterrados a Hego Euskal Herria. En 1904, las leyes de la República prohibieron a los frailes y monjas dar clases. Con la ley del 3 de julio de 1905, se anuló el acuerdo entre Francia y el Vaticano, vigente desde 1801. En 1906, hicieron el inventario de la Iglesia para que el Estado se apoderara de sus riquezas. En Ipar Euskal Herria surgieron grandes conflictos en varios pueblos, los sacerdotes, con la ayuda de los ciudadanos participaron en encerronas. La Iglesia recordó en ese momento los actos de 1794.

En la época de la Tercera República, hasta 1920, el tema principal de las campañas electorales se centró en la religión. Los candidatos republicanos defendían el laicismo, pero la derecha hacía campaña en contra de las leyes laicas. En 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se apaciguaron los conflictos entre los republicanos y los contrarios, ya que todos se unieron en contra de Alemania. Aún y todo, unos y otros culpaban al adversario: los seguidores de la Iglesia sostenían que ellos eran los que más habían luchado a favor de Francia. Los republicanos, sin embargo, dejaron la culpa de la guerra sobre los sacerdotes. Los contrarios a las leyes laicas utilizaron la guerra para subrayar que la guerra se había ganado gracias a los cristianos, y para pedir que el clérigo volviera a su sitio.

En las elecciones de 1920 la religión también fue tema central en Ipar Euskal Herria. Los candidatos de derechas pidieron que se deshicieran las leyes laicas. Sin embargo, el diputado de la circunscripción de Nafarroa Beherea y Zuberoa Jean Ibarnegarai aceptó al final la República, pero no las leyes sobre la religión. Al final todos aceptaron la República, no solo los laicos. La Iglesia aceptó los beneficios de la ley de separación de la Iglesia y el Estado, ya que eso significaba que la Iglesia sería independiente del Estado.

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EBA