Lexikoa

NUEVA FENICIA

II parte del Proyecto Garat (1808). Tiene lugar durante la ocupación francesa del País Vasco español a comienzos de 1808. El estado de enemistad entre Madrid y éste había llegado a su punto álgido con la zamacolada y la ocupación de Vizcaya que se hallaba desde 1804 en estado de guerra. En Navarra el descontento era también grande por la introducción forzosa de quintas y contribuciones ordinarias y extraordinarias y el menosprecio de su foralidad. Godoy y Bonaparte negocian el destino de Portugal que podría pasar a España a cambio de permitir que el Ebro se convierta en frontera franco-española. Garat escribe (febrero de 1808) a Savary, comandante en jefe de las tropas francesas en España, enviándole un Exposé succint d'un projet de réunión de quelques cantons de l'Espagne et de la France dans la vue de rendre plus faciles et la soumission de l'Espagne et la création d'une maxime puissance. En esta exposición, Garat hace una relación idílica de la historia de «unos pueblos que poseen conjuntamente todas las relaciones que los hombres pueden tener entre ellos y que apenas posee ninguna ni con los españoles a los que están unidos ni con los franceses a los que los otros pertenecen». Alude a la comunidad de lengua, a la analogía jurídica, a su sistema de «nobleza universal» igualitarista, a su costumbre de rehuir el servicio militar (los vasco-franceses huyendo al País Vasco español, los otros al vasco-francés), sus idénticos y sencillos hábitos alimentarios, su fe vasco-cantabrista, su instinto marítimo, su amor al canto, etc. Garat alega que, para poder sacar provecho de este pueblo, «es necesario que esté reunido bajo una sola potencia y esta potencia no puede ser otra que el emperador». Para ello «los cuatro cantones vasco-españoles y los tres cantones vasco-franceses deberían de componer dos o tres nuevos departamentos del Imperio. «Si no se crearan más que dos -prosigue-, el más fuerte, aquel cuyos puertos fueran los más apropiados para recibir y guardar en seguridad las escuadras y las flotas, llevaría el nombre de Nueva Fenicia; el segundo se llamaría Nueva Tiro. Si las montañas, que hacen que las comunicaciones sean siempre más difíciles, exigieran la creación de un nuevo departamento, se le llamaría Nueva Sidón». A continuación debería de procederse a borrar toda influencia vasco-castellana, sólo habría servicio militar marítimo, la lengua única sería el euskera y se excluiría el avecindamiento de no euskaldunes, la enseñanza sería en esta lengua, se utilizarían textos como los de Larramendi o los de Oihenart que servirían de guía, e incluso los del propio autor sobre los fenicios, y no se escatimarían esfuerzos para convertir a Vasconia en una potencia marítima amiga, azote del poderío naval inglés. Según relata Darricau ( 1906: 31 ), «el Emperador tuvo conocimiento del contenido de este informe y ordenó a Garat, por mediación de uno de sus ministros, que prosiguiera sus investigaciones sobre el pueblo primitivo de España (según el vasco-iberismo reinante, el vasco)» y le presentara un trabajo mayor sobre este complejo tema.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA