Ikertzaileak

Francisque-Michel

Erudito francés. Su verdadero nombre era François-Xavier Michel. Nació en Lyon el 18 de febrero de 1809, murió en París el 18 de mayo de 1887.

Su padre era negociante. Su madre, Marie Gerber, era de origen alemán. Francisque-Michel llegó a París nada más finalizar sus estudios. Muy temprano sintió la vocación de escritor y, ya antes de obtener el bachillerato de letras el 14 de febrero de 1830, había publicado poesías en algunos periódicos, y en los álbumes-recordatorios que estaban de moda en la época romántica. Pero su gusto por la erudición prevalecía sobre el don poético. Alexandre Dumas lo presentaba como un "escudriñador de archivos, tan preocupado a veces por las investigaciones de la jornada, que se olvidaba de que llevaba puesto un sombrero de fieltro del tiempo de Luis XIII y unos Zapatos amarillos..." Pero sea lo que fueren estos pintorescos aspectos, Francisque-Michel, apenas bachiller, publicó en tres años, 1830, 1831 y 1832, unas veinte obras, casi todas textos medievales inéditos, y tres de crítica.

En 1833, Guizot, ministro de Educación, le encomendó investigar en Inglaterra documentos referentes a la historia y a la literatura antiguas de Francia. En 1835 redactó un informe sobre su trabajo, y en 1837, M. de Salvandy le pidió oficialmente que continuara con sus investigaciones en Inglaterra, y que las ampliara a Escocia. De 1833 a 1837, Francisque-Michel publicó 22 obras, y en particular su famosa versión original de la Chanson de Roland que descubrió en la Biblioteca de Oxford. A raíz de esto, el 18 de diciembre de 1837, le nombraron miembro del "Comité Histórique" (crónicas, documentos, inscripciones), y al año siguiente, el 3 de abril de 1838, caballero de la Legión de Honor.

Aunque no tenía más título que el bachiller, impartió clases de literatura extranjera en la Facultad de Letras de Burdeos (4 de febrero de 1839). Pero tenía interés en conseguir títulos académicos. El 10 de febrero de 1842 obtuvo la licenciatura de Letras, y el 13 de mayo de 1846, el doctorado, presentando una tesis latina sobre Virgilio y una tesis francesa sobre las razas malditas de Francia y de España. El 2 de junio de 1846, nombran a Francisque-Michel titular de la cátedra de Literatura extranjera, puesto que desempeñará hasta el 5 de marzo de 1869, fecha en la que se jubila. Sobre su faceta como profesor, su rector lo juzga en los siguientes términos:

"Conducta respetable, carácter antojadizo, inmenso amor propio. Es difícil emitir una apreciación sobre F. Michel como profesor, ya que cuando está en Burdeos, cosa rara, no imparte por falta de oyentes. Las investigaciones en las que se complace exclusivamente, son de pura erudición, y han desalentado, desde hace tiempo, a los estudiantes más valientes. En Burdeos, la enseñanza de literatura extranjera no existe. A F. Michel se le encomiendan, todos los años, investigaciones en Inglaterra o en Escocia, y su ausencia, ni se nota".

Viaja, busca, lee, mantiene correspondencia con mucha gente, a quien solicita o facilita informaciones de todo tipo, y sobre todo, no cesa de publicar. De 1838 a 1846, hemos contabilizado, fruto de su pluma, 22 títulos de obras. De 1847 a 1855 publica más de cuarenta obras, algunas de las cuales en varios tomos.

Su curiosidad, sin duda alguna principalmente dirigida hacia los textos medievales anglo-franceses, se interesa no obstante por un sinfín de temas: cría de caballos en Francia, grabados antiguos, posadas y hostelería a través de los siglos, literatura popular, teatro inglés, la seda en la Edad Media, gitanos, mendigos, cagots, el comercio y la navegación en Burdeos, las Cruzadas, los argot europeos, traducciones, monografías sobre personajes, los Vascos, etc...

Rechazó con mucha satisfacción los numerosos títulos honoríficos que se le concedieron: Doctor en Letras por la Universidad de Marburg, miembro correspondiente del Instituto, de diferentes Sociedades de Anticuarios (Londres, Escocia, Normandía, etc...). En 1840, recibió la medalla del Premio Volney. Tres veces obtuvo el segundo premio Gobert (Académie des Inscriptions et des Belles Lettres) 1847, 1854 y 1855.

¿Cómo llegó a interesarse Francisque-Michel por los vascos? Sin duda conoció algunos de ellos en Burdeos, a donde llegaron, por lo menos desde el siglo XVI. Pero por sus innumerables lecturas y sobre todo por sus investigaciones tuvo que conocer a sus antepasados, en especial al estudiar la batalla de Roncesvalles, la gesta de Gérard de Rossillon, la guerra de Navarra cantada por Anelier, las razas malditas, entre las que observó de cerca a los agotes (cagots), los cascarots y los gitanos de nuestro país, el comercio marítimo de Burdeos, la marinería gascona, etc... Nada menos sorprendente que el hecho de que quisiera dedicarse aún más a este "pueblo misterioso", puesto de moda por Humboldt y los románticos. De hecho, empezó a documentarse en las bibliotecas, pero también dirigiéndose a la gente culta del País Vasco.

Editor pródigo de textos antiguos, tal y como lo hemos dicho anteriormente, tuvo el propósito de hacer algo por el "eskuara": en 1847, reeditó los Proverbios y las Poesías de Arnault Oihenart, (Proverbios Vascos ... seguido de poesías vascas del mismo autor, 2. ed. Burdeos, 1847. La edición princeps es de 1657), con una introducción bibliográfica sorprendente para la época: obra tipográficamente excelente, en la que el inspector suletino Archu se encargó de corregir y de traducir textos cuyo arcaísmo sobrepasaba, a veces, a Francisque-Michel.

Michel se propuso el objetivo y la ambición de hacer aún más: durante diez años (sin por ello abandonar sus demás trabajos), preparó una obra de síntesis que se titularía El País Vasco, su población, su lengua, sus costumbres, su literatura y su música. Cuando se publicó, en 1857, fue una gran alegría para los vascos. He aquí las palabras del canónigo Pierre-Nérée Dassance en el Messager de Bayonne, el 5 de septiembre de ese mismo año:

"Una autoridad que no vamos a refutar: la de un escritor lleno de erudición y de talento, que no es vasco pero que ha vivido cerca de los vascos, que ha visitado sus bibliotecas, compulsado sus libros y sus manuscritos, interrogando a sus sabios, estudiado sus monumentos: le preguntaré lo que hay que pensar de sus costumbres, de su carácter, de su lengua, de su literatura: me adhiero por adelantado a sus decisiones. M. Francisque- Michel, y es una justicia que me complazco en acordarle, ha elaborado un libro curioso, interesante, bien hecho, muy completo, sobre todo en lo que atañe de cerca o de lejos a los vascos. Me ha enseñado muchas particularidades que ignoraba, y estoy convencido de que gente más sabia que yo, se instruirían con él. ¡Qué agradecidos le estaríamos si consiguiera terminar con las necias palabras que todos los días se dicen sobre nosotros y sobre nuestro país! Viajeros, turistas, dramaturgos, folletinistas, historiadores, novelistas, amateurs de lo pintoresco y de lo típico se han puesto manos a la obra para darnos a conocer, y nunca se nos ha conocido menos como después de haber leído sus narraciones, sus descripciones y sus impresiones. Francisque-Michel no se permite, como lo hacen ellos, emitir suposiciones gratuitas o conjeturas por realidades".

En el Courrier de Bayonne del 25 de septiembre, el inspector Archu, menos delicadamente, afirma con el tono de las grandes ocasiones:

"Siguiendo el ejemplo de los Juste Lipse, de los Ange Politien, de los Scaliger, los Saumaise, los Huet, los Moreri, etc., él (Francisque-Michel) destaca por la "filología".

Naturalmente, Archu también se alegra por la sensacional obra que acaba de publicarse. Sin embargo tanto Dassance como Archu no caen en la ingenuidad de admirarlo todo. Indican que algunas palabras vascas han sido mal comprendidas o mal leídas. Archu señala que las traducciones son a veces erróneas. La tradición aseguraba que fue él quien las hizo, sin embargo, aunque esto es cierto en el caso de los versos de Oihenart, para la edición de 1847, casi seguro que no lo fue en el de las canciones publicadas en 1857. Por otra parte sabemos que el maestro de escuela Etcheverry de Hélette ayudó, sin duda alguna mucho, a Francisque-Michel, y que también lo hizo J. Duvoisin (Cf. RIEV 1907, p. 49, Lettres adressées au Capitaine Duvoisin par Francisque-Michel).

Es verdad que Francisque-Michel incurre, a veces, en descuidos importantes. Por ejemplo, en la página 264, traduce el griego "purgos themeliômenos" por "¡Oh! Mi pequeña rosa roja"!, cuando lo que quiere decir es "una torre bien construída", pero el error proviene de una línea "saltada" en el texto de M. de Marcellus (Les chants du peuple de Gréce, París, 1851, tome 1.°, pp. 342-343). Otra de las críticas de Archu es que las poesías no siempre corresponden al dialecto que le es propio, y que las canciones suletinas están incompletas. Las posteriores colecciones de poesías populares corrigen estas omisiones; en especial, los volúmenes publicados por Ángel Irigaray (n.° 22 y 29 de la colección Auñamendi), Poesías populares de los Vascos, que reproducen y traducen al castellano el famoso capítulo XI de Francisque-Michel, una vez añadidos los complementos y las puntualizaciones necesarios. En el capítulo dedicado a la literatura vasca, se hubiese deseado encontrar más canciones laburdinas. Dessance opinaba que los labortanos cometieron el error de no ofrecer al autor más ejemplos de su repertorio, aunque confiaba que el error quedaría subsanado en la segunda edición.

La crítica más dura de la obra Le Pays Basque fue la de Prosper Mérimée. En su obra Correspondence, reprocha a su amigo Francisque-Michel, "decir demasiado lo que ha leído y no suficientemente lo que ha visto". Se ve contrariado por algunos pasajes del capítulo sobre la lengua vasca; en especial por las pseudoetimologías de nombres bíblicos explicados mediante el eskuara, que según él no son serias, ni permiten presentar la obra al Premio Volney, aun y cuando se haga con la garantía de Darrigol (Carta del 21 de enero de 1858).

Pierre Lafitte no piensa que Francisque-Michel "haya dicho demasiado lo que ha leído y no suficientemente lo que ha visto". Lector incansable, leía de todo en diferentes lenguas, pero no era un crédulo. Criticaba de buena gana sus fuentes, comparándolas, discutiéndolas antes de declararse a favor de algo, y hasta negándose a tomar partido ante la insuficiencia de argumentos expuestos por un lado o por otro. Todo esto queda patente al leer con atención el texto y sus notas. Es cierto que a veces, como todo el mundo, se dejaba llevar por las apariencias. Curiosamente, después de haber mostrado un prudente escepticismo en lo referente a Lelo, se "creyó" con entusiasmo el Cantar de Altabizkar, aun después de haber reflexionado detenidamente. Sin embargo, añade Lafitte, las notas de Francisque-Michel son muy valiosas, y han abierto caminos fructíferos en muy diversas disciplinas: historia, literatura, etnología, folklore, etc. Toda esta documentación sigue siendo de gran utilidad para los estudiosos vascos. De hecho, muchos vascólogos han reconocido lo que debían a Francisque-Michel: Arturo Campión, Julio de Urquijo, Georges Lacombe, Philippe Veyrin, Daranatz, Eugéne Goyheneche, Louis Dassance, Jean Haristchelhar, Pierre Lhande, Georges Hérelle, Ángel Irigaray, Bernardo Estornés Lasa, Julien Vinson, Gregorio Múgica, etc..., por citar a algunos autores. Su tesis sobre las razas malditas alimentó el estudio sobre los gitanos. Los artículos publicados en el Athaeneum Français sobre teatro vasco, le proporcionaron destreza a la hora de escribir el capítulo sobre las Pastorales.

En cuanto a Poesías populares de los vascos (225 páginas, Auñamendi, San Sebastián 1962), es evidente que constituye un trabajo aparte, e incluido en la obra. Una introducción de 19 páginas sirve de prefacio. Le siguen los poemas agrupados en categorías: históricos, políticos, leyendas, fúnebres, romances, canciones de Montevideo, meditaciones, canciones morales, sátiras y diversas canciones. En cada una de las categorías los poemas van acompañados de fragmentos análogos de diferentes épocas y países. A veces, encontramos una cierta artificialidad en algunas comparaciones, pero de todas maneras, el ejemplo no es malo y merecería ser imitado.

Francisque-Michel concibió el proyecto de escribir un libro sobre los grandes autores vascos "editados". En su obra Le Pays Basque, nos ofrece dos capítulos: uno dedicado a Arnaud Oihenart y el otro a Axular. Nos habría gustado que hubiese alargado la lista, porque es una obra muy interesante, aunque se vio en la obligación de trabajar "de segunda mano", ya que no era capaz de juzgar adecuadamente los textos, al tener que utilizar traducciones francesas que no expresaban el meollo de la lengua vasca. Después de su obra Le Pays Basque, Francisque-Michel publicó otra titulada Le romance du Pays Basque, en la que expresa sus propias impresiones (1859). Con anterioridad (1857) mandó editar un opúsculo en inglés: Basque popular Poetry, extract from the Gentlemen's Magazine (4 pp. in-8).