Pintoreak

Lope Vallejo, Emilio

Pintor contemporáneo alavés, y profesional de las artes gráficas en la renombrada firma naipera Heraclio Fournier, nace en el pueblo de la Rioja Alavesa de Leza el 20 de abril de 1936. Fallece en Vitoria el 11 de diciembre de 2009.

Aprendió las primeras letras en la escuela de su pueblo natal, prosiguiendo estudios, ya en Vitoria, en el Colegio o Grupo Escolar "Samaniego", hasta que cumplió los catorce años.

De temprana vocación dibujística, asiste a la Escuela de Artes y Oficios. En este centro tomó contacto con el dibujo de figura, con el modelado en yeso, aprendiendo también a ejercitarse delante del modelo vivo. Sin embargo, nunca recibió las anheladas clases de pintura, ya que tras la guerra civil tardaron en incorporarse a los planes de enseñanza.

Acerca de su período formativo, destaca Lope la impronta que ejerció en él la figura de Jesús Gargallo Labordeta; dibujante y profesional de las artes gráficas -trabajó en la empresa Heraclio Fournier, alcanzando el cargo de director artístico-, de quien adquirió conocimientos muy provechosos hasta desarrollar y afianzar sus propios criterios estéticos.

Como otros jóvenes con inquietudes parecidas, los Certámenes de Arte Alavés devienen en el principal medio para darse a conocer en los años cincuenta. De esta manera, remite cuatro óleos a la undécima convocatoria del concurso (1954): Paisaje navarro, Estudio, Naturaleza muerta y Bodegón. De tal suerte que obtiene el Primer Premio en el apartado de Artistas Noveles, según el jurado, por el conjunto de obras presentadas.

Al año siguiente, envía tres óleos y un retrato hecho a lápiz. Consigue ahora el máximo galardón de la Sección B del concurso "por la ambientación de los paisajes que exhibe". Así consta en actas. En la edición de 1956 resulta distinguido en su categoría con un segundo premio: con Bodegón. En 1957, compartido con Pichot, recibirá un accésit por otro tema de bodegón. Ausente en 1958 y 1959, en 1960 logrará el segundo premio de honor por el cuadro titulado Estudio. En 1961, consigue Tercer Premio por Muelle de Ondárroa; concurre por última vez a los Certámenes en 1963, ocasión en la que obtiene con Pintura un primer premio, aunque en el escalafón de recompensas hubo de consignarse un par de premios extraordinarios a manos de Ramón Alonso Verástegui y Enrique Pichot.

La primera exposición individual del pintor acaece en agosto de 1959 durante las Fiestas Patronales de La Blanca: en los antiguos salones de baile del Casino Artista Vitoriano. Mostró una docena de obras. Al año siguiente, por las mismas fechas y en el mismo local, celebra su segunda individual.

Además de participar en los Certámenes de Arte Alavés, remite también sus cuadros al Concurso Nacional de Pintura del Ayuntamiento de Cariñena; conseguirá un segundo y tercer premio en las ediciones de 1958 y 1959, respectivamente. En 1960 es seleccionado por "Educación y Descanso" para representar a la provincia, reuniéndose en Madrid con los compañeros que como él habían resultado elegidos en representación de las demás delegaciones provinciales de España.

Con este bagaje a sus espaldas, con los buenos augurios apuntados en los certámenes y concursos a los que concurre, puede afirmarse que su verdadera eclosión comienza con la exposición que celebra en los Salones de Cultura de la calle Olaguíbel, núm. 6, a finales de enero de 1964. A partir de aquella fecha, además de colgar su obra en eventos colectivos de muy distinta naturaleza, tendrá por costumbre realizar, como mínimo, una exposición individual cada año. Exhibiciones particulares que no se limitan exclusivamente al ámbito local o provincial, ya que acierta a desenvolverse igualmente por diferentes localidades de la mitad norte de España.

Significamos algunas de estas monográficas: en diciembre de 1966, en noviembre/diciembre de 1967 y en octubre/noviembre de 1968 expone en los Salones de Olaguíbel, de Vitoria; en marzo de 1968, en la Sala de Exposiciones de la Delegación Provincial de Turismo de San Sebastián; en diciembre de 1970, en la Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros Provincial de Álava, Independencia, núm. 3; en 1973, alumbra nueva individual en la capital gasteiztarra; en junio de 1974, en la galería bilbaína Windsor; en 1975, en la recién inaugurada galería vitoriana Tártalo Arte, calle Sancho el Sabio, núm. 9.

Prosiguen los retos individuales; en abril de 1976, repite en Tártalo Arte, experiencia que comparte al mismo tiempo con otra en Barcelona, en la galería Grup. S. A., de la calle Balmes. En abril de 1977 otra incursión por la Ciudad Condal le acerca hasta la Sala Llorens; en el mismo mes, pero ahora de 1978, exhibe cuarenta de sus mejores óleos en la galería Sokoa de Madrid; también cuelga en esta misma temporada un lote de paisajes en la galería Alkar de Zarautz; en mayo de 1979 vuelve a la galería Tártalo Arte, exponiendo en la segunda mitad de octubre de 1980 en la galería Espín de Bilbao.

Los años ochenta y noventa son también prolíficos para Emilio Lope en esta suerte de actividades expositivas. Entre otras comparecencias, enunciamos las celebradas en la galería Artelarre de Vitoria, en noviembre/diciembre de 1981, y su nueva incursión en Sokoa de Madrid, en febrero de 1982. En esta trayectoria personal de exhibiciones públicas acontece un hecho destacado a partir de octubre de 1985. Desde esta fecha celebrará sus muestras individuales, en Vitoria, en la galería Rubens de la calle Manuel Iradier, núm. 9.

Regentará este espacio, siendo su director artístico, hasta finales de 1995, cuando se cierran las puertas. Con la puesta en marcha de esta galería, el pintor ya no tendrá la necesidad perentoria de exponer en otros lugares, acostumbrándose a inaugurar todos los años -en octubre- la programación artística de la sala con lo más reciente de su producción. Una vez clausurada la galería Rubens, expondrá ante sus paisanos en la sala Luis de Ajuria de la capital alavesa: en octubre/noviembre de 1998, en diciembre de 2001 y en septiembre de 2006.

En cuanto a la elección de temas, aunque Emilio Lope nunca ha obviado los distintos géneros pictóricos, es una constante en su ejecutoria el tratamiento preferencial que concede al paisaje. Y en este sentido muestra aprecio por todo tipo de ambientaciones y geografías. Así, ha plasmado rincones vizcaínos, guipuzcoanos, valencianos, asturianos o catalanes, allá por donde ha ido y ha estado, e incluso vistas de Egipto, pero es notorio que su mayor preocupación recae en las panorámicas que mejor conoce: las de su propia tierra.

Un paisaje -alavés y riojano- en el que se desenvuelve con bastante comodidad, adecuando perspectivas y encuadres, masas y volúmenes, con sus correspondientes timbres de ambiente, luz y color. Con la adscripción del pintor a un paisaje muy concreto, podemos decir que si bien este paisaje es siempre el mismo, en cambio, resulta fresco y novedoso en cada interpretación. Por dos evidentes razones; por un lado porque se recoge la ambientación de un determinado instante, instante que es irrepetible y único, interviniendo por otro lado, no lo podemos ignorar, los estímulos sensitivos o sensoriales del artista. Unos estímulos, unas percepciones, que igualmente son mudables a tono con la propia apreciación y valoración de las cosas observadas.

A este pintor riojano-alavés también le gusta hablar delante de sus cuadros de la "temperatura", de las diferentes captaciones y labores de síntesis que poseen los temas, cada ambientación tomada al aire libre. Tornándose así los espacios naturales en secuencias visuales muy sutiles que reducen las composiciones a caudales eminentemente expresivos; composiciones, secuencias y escenas en las cuales el color dinamiza todo lo sentimentalmente observado. Preferentemente esas coloraciones violáceas, una de sus tonalidades preferidas, con el amplio surtido de azules, rojos, amarillos, rosas? A diferencia de otros pintores alaveses, que ocasionalmente alumbran en sus paisajes la representación de figuras humanas, Lope se desenvuelve cómodo con estas imágenes. Sabe armonizar en sus lienzos los primeros y segundos planos: figuras y naturaleza, hombres y paisaje. Todo ello con claro sabor "plenairista".

Hasta la jubilación, Emilio Lope cultiva también el campo de la impresión gráfica como dibujante, diseñador y retocador de offset en la empresa Heraclio Fournier. En estas disciplinas de realidades concretas ha elaborado, con hábil trazo, los contenidos de diferentes y originales colecciones de barajas. Una de las más ensalzadas es la "baraja riojana", diseñada en 1984.

Así los cuatro palos tradicionales de la baraja española estaban representados en las respectivas cartas o naipes con elementos y objetos típicos de la Rioja: los oros se reemplazaban por hogazas de pan; las copas, por vasos de vino; las espadas, por corquetes, y los bastos, por cepas. Las sotas eran mujeres de la tierra; los caballos, labriegos trabajando en compañía de estos animales, y los reyes, riojanos con su hogaza, vaso de vino, corquete o cepa, según fuera el palo de la baraja.

  • ANDREU, Ana. "Emilio Lope: una pintura emocionada". El Correo Español-El Pueblo Vasco, 24 de octubre, 1988.
  • ARCEDIANO, Santiago. Emilio Lope, un pintor fiel así mismo. Celedón, Revista Gráfica de Fiestas, nº 82, Vitoria, 2000, pp. 65-71.
  • ARMENTIA, Cristina. "Emilio Lope, el paisaje". El Correo Español-El Pueblo Vasco, 23 de Octubre, 1985.
  • DUQUE, Ulpiano. "Emilio Lope ha expuesto simultáneamente en Vitoria y Barcelona". Norte Exprés, 30 de abril, 1976.
  • DUQUE, Ulpiano. "Emilio Lope, un pintor alavés, bien recibido en Madrid". Norte Exprés, 19 de abril, 1978.
  • GARCÍA DÍEZ, José Antonio. La pintura en Álava, Caja Vital Kutxa, Vitoria, 1990.
  • PORTILLA, Micaela. "Emilio Lope". Tres Pintores Alaveses. Fiestras, Lope y Ugarte, Vitoria, 1978.
  • QUESADA, Luis. La Rioja en la obra de Emilio Lope, Vitoria, 1987.
  • V. de P. "Exposición de Emilio Lope, joven pintor preocupado por su evolución artística". Norte Exprés, 1 de diciembre, 1967.