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NIÑO, NIÑA (NIÑOS EN LA GUERRA)

Los efectos de la guerra sobre la población infantil han sido poco estudiados. Desde el punto de vista historiográfico se ha seguido la trayectoria de los niños evacuados en 1936-1937 pero no la de los no evacuados, o la de los niños de la zona situada bajo dominio insurgente (Alava, Navarra), el destino de los huérfanos de guerra por ejemplo.

Ver NIÑO, NIÑA (Voz índice).

I LA EVACUACIÓN DE NIÑOS VASCOS EN 1936-1937. Se ha señalado repetidas veces que la guerra tuvo en el País Vasco unas características particulares. El comportamiento peculiar de la Iglesia, la falta de proceso revolucionario de la clase obrera, la complejidad militar y política debida al papel asumido por el nacionalismo vasco, la concesión de la autonomía y la formación del Gobierno vasco, etc. A todas estas características particulares habría que añadir, sin duda, el hecho del éxodo masivo de la población civil, producido por mar y en dificilísimas condiciones. La evacuación de miles de mujeres y niños constituye una parte importante de la historia de la guerra civil; su salida al extranjero, iniciada de forma desordenada en el 36, se acrecentó dramáticamente en la primavera del 37, ante el hecho de la ofensiva aérea nacional y las difíciles condiciones de abastecimiento. Denominados estos niños de diversas formas, como La generación del exilio, Los niños de la guerra, o La generación de Guernica, subyace en todas estas denominaciones una profunda emoción y tragedia, se quiere recoger en las mismas la impresión producida por uno de los episodios más sobrecogedores de la guerra, en el que abundan casos de niños que se ven separados para siempre de sus padres y hermanos. Hay que señalar que, al igual que sucede en otros aspectos de esta guerra civil, la evacuación de los niños constituyó un hecho verdaderamente polémico, y fue utilizado para los fines propagandísticos de ambos lados, tanto de la zona republicana como de la zona nacionalista. En concreto, la campaña lanzada por los franquistas (que ya se habían opuesto desde el primer momento al éxodo infantil), desarrolló una propaganda bien programada, haciendo mella en no pocos sectores conservadores de Gran Bretaña y Francia. Este estilo de propaganda en uso contribuyó a confundir aún más las motivaciones profundas del exilio, así como el conocimiento del número real y cifras de los evacuados y las circunstancias en que éstos fueron enviados al extranjero. La concesión del Estatuto de Autonomía y la formación del Gobierno Vasco se produjeron cuando ya la guerra civil, que había estallado dos meses y medio antes, había afectado profundamente la situación política y social vasca. Con el triunfo de los franquistas en Alava y la caída de la mayor parte de Guipúzcoa hacia setiembre, el mareo geográfico de jurisdicción que pretendía abarcar el Estatuto se había reducido considerablemente; tan sólo quedaban en manos de los vascos el territorio de Vizcaya y la franja guipuzcoana de Eibar. La guerra se había estabilizado en el frente de Deva. Durante la primera fase bélica, llamada fase de la Junta de Defensa, entre el inicio de la contienda a octubre del 36, miles de refugiados, procedentes de Navarra, Alava y sobre todo de Guipúzcoa, se dirigieron a Vizcaya, constituyendo con su llegada no pocos problemas de alimentación y alojamiento. Elegido el presidente del Gobierno provisional en la persona de José Antonio Aguirre, el 7 de octubre, al día siguiente apareció la formación del nuevo Gobierno; se trataba de un Gobierno de concentración, formado por cuatro consejeros del PNV, tres socialistas, uno de ANV, uno del Partido Comunista y dos de sendos partidos republicanos. Aguirre se hizo cargo de Presidencia y Defensa; Juan Gracia, de Asistencia Social, y Jesús María de Leizaola, de Justicia y Cultura. Las circunstancias bélicas hicieron que la actuación del Gobierno se desarrollara de forma casi independiente y autónoma en todos los órdenes de la vida; el estado de aislamiento era casi completo. Cerrado por el Sur y por el Este por las tropas de Franco, excepto el corredor hacia Santander y Asturias, el mar constituía su única salida; a través de la mar se organizó el abastecimiento de Bilbao. (Romaña, 1989).
La acción educativo-asistencial. Como se sabe, el Gobierno Vasco creó la Universidad Vasca en uno de sus primeros acuerdos, y se empezó a editar el Diario Oficial del País Vasco en vascuence y castellano, como una confirmación práctica del bilingüismo que se había instaurado. En cuanto a la enseñanza, el Estatuto contenía unas facultades bastante modestas, inferiores con respecto a los Estatutos de 1931 y 1932. Se le reconocía al país la facultad de crear y sostener centros docentes, pero, al mismo tiempo, el Estado mantenía sus derechos sobre los centros docentes ya existentes, con la posibilidad de crear otros nuevos en el País Vasco. «En la práctica esto supone la aceptación de una dualidad de centros estatales y autonómicos en una clara supeditación de los segundos a los primeros» (Sagüés, 1977).

a) Una escuela al servicio de la guerra y los refugiados. El desarrollo de la guerra actuó, de forma inexorable, a la hora de estructurar la enseñanza, imponiendo sus condiciones tanto en cuanto a su organización, como en su funcionamiento práctico. La situación de inseguridad de los primeros momentos y la ocupación de los locales escolares por diferentes grupos militares y sociales, sobre todo, por los refugiados, hicieron casi imposible el funcionamiento de las escuelas. En muchos casos, el profesorado había huido en busca de mejores condiciones de seguridad y autoprotección. No faltaron los buenos deseos, e incluso, intentos serios de regularizar la práctica docente en los locales ya existentes, y en este sentido se dio la orden del 16 de octubre de 1936, aunque sin grandes resultados. Vista la enorme aglomeración de gente en Bilbao, y nombrado el director general de Primera Enseñanza (cargo para el que fue designado el abogado y escritor Vicente Amézaga), la acción del Departamento de Cultura se orientó a la creación de nuevas escuelas, denominadas escuelas de Euzkadi, con el doble propósito de servir como centros de enseñanza y como refugios. El objetivo consistía en descongestionar el núcleo de Bilbao, y organizar permanencias infantiles en zonas periféricas de la provincia, contando para ello con la ayuda y asistencia de los alcaldes de los pueblos elegidos para instalar las escuelas de Euzkadi. La primera de estas escuelas se creó en Plencia, por orden del 4 de diciembre de 1936, y después de ella se crearon varias más en los pueblos de Mundaka, Barrica, Sopuerta, Orozco, Gordejuela, Sondica, etc. Jesús María de Leizaola, responsable del Departamento de Justicia y Cultura, señala que la creación y localización de las citadas escuelas se hizo de forma enteramente concienzuda y segura: «Amézaga, en el ejercicio de su cargo de director general de Primera Enseñanza, tuvo como yo mismo una primordial preocupación: que las escuelas y los niños en edad escolar no cayesen bajo las bombas de la aviación enemiga. Puedo asegurar que el autor de las páginas que seguirán, recorrió Vizcaya entera en busca de posibles lugares de asilo para la población infantil y para sus educadores. Como también estimuló y eligió lugares cuyos alcaldes vivieran con esta primera y fundamental preocupación. En ninguna de sus elecciones erró y si hubo, luego, niños víctimas de la aviación, nunca lo fueron en locales o grupos escolares. Amézaga, después de la caída de Bilbao, siguió al servicio de la población infantil y ocupó el cargo de director de la colonia de San Juan de Pie de Puerto, que agrupó en su castillo a 500 niños. Su amor al euskera hallaba en aquella institución y comarca tan euskaldunes el clima por él anhelado» (Leizaola, 1979). A pesar de todas estas precauciones, y a pesar de existir una voluntad real de no involucrar a la infancia en la lucha ideológica y la militarización, la guerra y sus circunstancias afectaron profundamente a la niñez y a su educación; el clima militarista estaba en la calle, estaba en el ambiente, estaba en todas partes, y no se podía disimular su presencia. Ello conllevaba, además, grandes dosis de sufrimiento y penuria. Por eso, los niños de la guerra y del exilio forman parte de una generación traumatizada por los problemas que «sus padres y abuelos no fueron capaces de solventar de manera racional» (Pamiés, 1977:9). Más tarde, ya en el extranjero, les tocaría a estos mismos niños desempeñar la función, que pudiéramos llamar, de resistencia cultural, como lo veremos en otro lugar.

b) Asistencia Social. La acción desarrollada por Asistencia Social fue enorme tanto en relación a la población que huía de Guipúzcoa, como en relación a las evacuaciones al extranjero y su posterior atención en el exilio. Los refugios y permanencias infantiles que se crearon en Vizcaya se pueden tomar como un verdadero antecedente y ensayo de las futuras colonias y refugios que se instalarán en el extranjero, y por ello, merece la pena dedicar un breve comentario a su organización, medios y labor realizada. El Departamento de Asistencia Social, dirigido por el socialista Juan Gracia, procedió, a una ingente búsqueda de albergues y locales, así como a la elaboración de censos a fin de obtener datos seguros y precisos acerca de su número real y de sus necesidades. Cualquier local era bueno para alojar a los refugiados y crear comedores para ellos. En este sentido, y a falta de otros medios disponibles, se dispuso la incautación de fincas y edificios, así como la ocupación de escuelas, Artes y Oficios y el Frontón Euskalduna. De paso, se llegaba a la regularización de incautaciones llevadas a cabo en la fase o etapa anterior. Asistencia Social necesitaba habitaciones y refugios para la instalación de permanencias infantiles y la Casa de Huérfanos de Milicianos. Las permanencias infantiles, creadas por decreto de 4 de noviembre de 1936, tenían la doble finalidad de proporcionar la adecuada atención y alimentación a los niños, y de otra, atender a sus necesidades educativas. Constituyeron, sin duda, una interesante iniciativa, llevada a cabo juntamente con el Departamento de Cultura. Como lo recordaría Aguirre, años más tarde, Asistencia Social no sólo ofrecía a los refugiados y necesitados el alojamiento y alimentación, sino también, y en la medida de sus posibilidades, atención médico-farmacéutica y el suministro de calzado y ropa (Aguirre, 1978; 949-950).
Guerra y evacuaciones: Etapas. El interés de este estudio se centra, fundamentalmente, en las expediciones de los niños y de todo el personal pedagógico y auxiliar, en general, a su servicio; secundariamente, en el resto de las evacuaciones (mujeres, ancianos y población adulta).

En la organización y puesta en marcha de estas evacuaciones se pueden distinguir varias etapas, en función de las diversas circunstancias bélicas y las condiciones materiales que se crearon en el territorio vasco, con la ofensiva y avance de nuevas acciones militares.

La primera etapa abarca desde la ocupación de Guipúzcoa hasta fines de marzo de 1937; la segunda, desde la ofensiva de la primavera hasta junio; y la última, abarcaría la ofensiva final, la ocupación de Bilbao y la evacuación a Santander.

Durante la primera etapa tenemos, en primer lugar, el exilio de un gran número de niños guipuzcoanos que, a través de la frontera de Irún, llegan a Francia en el 36; se trata de familias enteras que huyen a pie, o como sea, impelidos por el pánico ante el acrecentamiento del conflicto contra Irún. Este éxodo, que primero trató de encontrar refugio en el país vecino, hubo de emigrar, casi en bloque, hacia las tierras de Cataluña, ante la falta de recursos económicos para seguir subsistiendo en Francia. En Cataluña fueron distribuidos por la región, organizándose desde ese momento varios refugios y colonias, incluidas las instituciones autonómicas vascas que más tarde se darían a conocer; la delegación vasca se instaló en el Paseo de Gracia, con todos los Departamentos de Hacienda, Justicia y Cultura y Asistencia Social. Después de la campaña de Guipúzcoa, a lo largo de varios meses se mantuvo estable la línea de Deva, a unos 40 ó 50 kilómetros de Bilbao. En esta etapa, los bombardeos no pueden considerarse como algo determinante de las evacuaciones. La prensa y los testimonios literarios del momento hacen especial hincapié en las difíciles condiciones materiales de la población: «Faltaba el trigo, y el racionamiento de pan era escaso y de mala calidad. No era fácil lograr carne, leche y pescado más que en cantidades muy reducidas» (Onaindia, 1973; 284). En este concepto, y ante el generoso ofrecimiento de la Embajada de la República en París, se realizó la primera expedición organizada, en el mes de marzo de 1937. Salieron de Bermeo unos 450 niños vascos, con destino a la isla de Oleron; iban acompañados por un total de 28 personas adultas, entre las que había médicos, auxiliares y personal pedagógico. La travesía se hizo por mar desde Bermeo a San Juan de Luz, y por tierra de aquí a Burdeos, para pasar de allí a Oleron. Fue grande el éxito de esta expedición y sus resultados iban a influir en los padres. Las noticias que llegaban, a través de la prensa, desde la «Casa Dichosa» (así se llamaba la colonia infantil) eran inmejorables. Era una mansión donde había de todo y no se escatimaba nada: había confort material (baños, duchas, calefacción, biblioteca, salas de fiesta, dormitorios decorados...) y había, sobre todo, paz. Luis de Castresana, que había sido uno de los niños expedicionarios, describiría, años más tarde, los lugares de la isla de Oleron en su libro «El otro árbol de Guernica», destacando, entre todas las cosas, la paz que se sentía allí: «Lo que más le gustaba a Santi de la isla de Oleron era, en fin, la paz; y lo que menos le gustaba era que no estaba en España, sino en Francia. No era solamente que Santi añorase a sus padres y a su hermano y a su pueblo y a sus amigos -que sí los añoraba, y mucho-, sino también que allí en las pocas semanas que llevaba en territorio extranjero, había ido ensanchando paulatinamente, casi insensiblemente, su campo geográfico» (Castresana, 1967: 67).

La segunda etapa llega a partir de la intensificación de las evacuaciones que se producirán ante la ofensiva sobre Vizcaya, en la primavera de 1937. En el avance de las tropas franquistas, fueron bombardeadas las poblaciones abiertas de Durango y Guernica; sobre todo, el bombardeo de Guernica (26 de abril) constituyó un hecho dramático y controvertido. En la acción murieron varios centenares de personas. Fue en estas circunstancias cuando se decidió intensificar las evacuaciones. Como dice J. L. Steer: «Era tal el horror que causaban, sobre todo, en los ancianos, mujeres y niños, estos bombardeos aéreos contra ciudades abiertas, que los padres de familia demandaban y urgían de las autoridades del Gobierno de Euzkadi a adoptar una política de evacuación, con el fin de poner a salvo la vida de los no combatientes» (Steer, 1963; 270-271). Todo esto, unido al emotivo llamamiento efectuado por Aguirre a las naciones del mundo, provocó una oleada de reacciones favorables a la causa vasca. (Euzkadi, 29-IV-1937). El auxilio que, en su famosa Declaración, solicitaba el presidente de Euskadi en favor de miles de mujeres y de niños refugiados en Bilbao, no tardó mucho en hallar un eco favorable en diversos países europeos, caso de Gran Bretaña y Francia, entre otros. Fue en este momento cuando arribó a Bilbao Miss Manning, laborista y miembro del organismo «The National Joint Committee» de Londres para ayuda a España, especialmente encargada para hacer las gestiones y los oportunos preparativos para conducir a Gran Bretaña a un importante número de niños. Por su parte, las Armadas inglesa y francesa se aprestaron no sólo para dar protección a lo convoyes de evacuación, sino también para facilitar la entrada de las expediciones en sus respectivos países. A principios de mayo ya estaba dispuesta y preparada una expedición para salir con destino a Francia, con más de 2.500 niños y unas 1.000 mujeres a bordo del trasatlántico «Habana» y del yate «Goizeko Izarra». Los meses de mayo y junio fueron particularmente intensos en cuanto a evacuaciones, aunque el éxodo no terminaría hasta agosto. Desde el puerto de Santurce, barco tras barco, salían continuos cargamentos de refugiados, entre niños, mujeres y ancianos; algunos de ellos viajaban en calidad de pasajeros. Los barcos que más se distinguieron en este transporte fueron el citado trasatlántico «Habana» y el también citado yate «Goizeko Izarra». El «Habana», de unas 10.551 toneladas, y cuyo nombre anterior había sido «Alfonso XIII», estaba especialmente acondicionado para esta clase de viajes. La única limitación a las expediciones provenía de las posibilidades mismas de hallar los suficientes lugares de recepción y colocación de los refugiados en los países de destino; al parecer, era enorme la masa de población inscrita en espera de embarcar. En la prensa de fines de mayo se dice que son más de treinta mil los niños que esperan la evacuación. En junio se organizó también la expedición a Rusia. Y fueron evacuados, en su momento, los niños del sanatorio de Górliz.

En la última etapa, a raíz de la ofensiva final sobre Bilbao y la precipitada huida hacia la capital cántabra, una gran aglomeración de niños, mujeres, soldados y refugiados, en general, se concentró en Santander en espera de poder embarcar para Francia. Pasados unos angustiosos días de espera, hacia el día 22 de junio pudieron cruzar el mar diversos grupos de niños y personas adultas; entre ellos viajaba también el famoso grupo de niños cantores de Guernica «Elai Alai», testimonio vivo de la tragedia de la villa destruida. Esta agrupación infantil se distinguiría después por la exquisitez de su arte, puesta de manifiesto en cuantas actuaciones desarrolló ante los más diversos auditorios franceses. La mayoría de los evacuados desde el puerto de Santander fueron transportados a Pauillac, y desde allí fueron distribuidos hacia diversas zonas y colonias, como la importante colonia de Donibane Garazi.
Organización de las evacuaciones. La organización de las evacuaciones estuvo a cargo de diversos departamentos. En primer lugar, intervino Asistencia Social para ordenar las listas y efectuar los nombramientos; intervino también Cultura para el nombramiento del personal pedagógico y auxiliares. Al lado de estos dos departamentos participaron también otros, tales como el Departamento de Sanidad (para vacunar, tallar y pesar a los niños antes de la salida, y prestar atención sanitaria durante el viaje); el Departamento de Gobernación (para el arreglo de pasaportes, fechas de embarque y desembarque, ingreso en los países de destino); Hacienda (para dar instrucciones acerca de la clase de moneda necesaria y la cantidad que se podía sacar). Fue en Presidencia donde se decidió la salida del famoso coro «Eresoinka»; su envío, que fue una decisión personal de Aguirre, se hizo con el doble propósito de servir de propaganda a la causa de Euzkadi, y organizar la cultura vasca en el exilio. «Eresoinka» cantó y actuó en las principales ciudades de Francia, Bélgica, Inglaterra y Holanda; su éxito fue enorme en este sentido, y juntamente con la ya citada agrupación infantil «Elai Alai» y la misma selección de fútbol de Euzkadi, su contribución fue real y efectiva a la causa de la propaganda. Por encima de todos los organismos habría que destacar, quizás, la ingente labor desarrollada por el departamento que dirigía Juan Gracia. Como señala E. Goyhenetxe: «A la hora de atender a los refugiados, nuestro hombre fundamental fue Juan Gracia, consejero de Asistencia Social, socialista y buen patriota con el que colaboré estrechamente desde el primer momento, por la sencilla razón de que desconocía el idioma francés, sirviéndole, por tanto, de obligado intérprete. Con él, y con la ayuda de Heliodoro de la Torre, creamos toda una organización de asistencia, hicimos hospitales, colegios y centros de recuperación, alquilamos castillos al objeto de acomodarlos como refugios colectivos, y en la medida de lo posible, se ayudó económicamente a cada una de las familias» (Goyhenetxe, 285). ¿Cabe decir de todo lo arriba dicho que estamos ante una organización perfecta y un control completo de las expediciones? De ninguna forma. Por el contrario, se puede decir que el control de salidas nunca fue completo y que no faltaron momentos de desorden real en la organización. Al hablar de estas cuestiones, los informes de Asistencia Social achacan el desorden y el descontrol a diversos factores, tales como la premura del tiempo, el hecho de haberse realizado por mar las evacuaciones y la intervención de diversas autoridades que disponían de los refugiados. No hay que olvidar que hubo barcos que salieron directamente de los puertos de Bermeo, Ondárroa, Guetaria, etc., aprovechando la retirada de las tropas. Todo esto hará que no se pueda saber, a ciencia cierta, el número exacto de niños evacuados en el momento de salida; para subsanar estos fallos, de alguna forma, los departamentos vascos realizaron en el exilio varios censos. Volveremos en otro escrito sobre este tema de las cifras de los exiliados. Por último, hay que consignar que la organización de las evacuaciones fue diferente según los países de destino. Entre todas las naciones que se ofrecieron para recibir refugiados, Francia fue, sin duda, la primera en abrir sus fronteras y la que más generosa se mostró. En la elección de Francia como país de destino influían también mucho su misma cercanía geográfica y una cierta afinidad cultural entre los Pirineos Atlánticos y el País vasco español. Tanto en el caso de las expediciones realizadas a Francia como Gran Bretaña es justo destacar la intensa labor desarrollada por las delegaciones vascas de París y Londres, antes y después de la llegada de los refugiados.
Los niños y los pedagogos acompañantes. Los niños salieron con la debida autorización de los padres. Los padres y familiares, aunque no podían conocer de antemano el lugar exacto de destino, ni el tiempo preciso de permanencia fuera del país, podían decidir y decidían libremente la salida de sus hijos, bajo las garantías dadas por la organización. La prensa mantenía permanentemente informados a todos acerca de cuantas expediciones se estaban organizando. Entre las varias condiciones que se exigían para viajar al extranjero, el requisito de la edad era muy importante y estaba muy vigilado. Los niños no debían superar los quince años; para las mujeres no existía límite de edad. Si grande fue el número de niños exiliados, fue también importante el número de personas adultas adscritas en calidad de acompañantes de las expediciones, al servicio de aquéllos. Este personal estaba conformado por pedagogos, capellanes, enfermeras, médicos y otros auxiliares; su número y proporción podía variar considerablemente de una expedición a otra; en las mejor organizadas, la proporción aproximada de niños que debía atender cada persona mayor era de unos cuarenta. Al parecer, el reclutamiento del personal docente no debió constituir ningún problema para los departamentos encargados de la organización; fueron abundantes las inscripciones realizadas. Se inscribieron indistintamente maestras y auxiliares de toda clase de escuelas y orientación pedagógica. Los maestros varones, en razón de sus obligaciones militares, tomaron menos parte en estas expediciones. Fue importante el papel de este personal por muchos motivos. En primer lugar, dentro del esquema organizativo del exilio, en el que las colonias y agrupaciones infantiles iban a constituir un aspecto fundamental del mismo, era básico y esencial contar con personas responsables y dispuestas para su cuidado y atención. En este sentido, el personal femenino desempeñaría, a la vez, la función de madre, maestra, enfermera y cuidadora de los niños. En cualquiera de los casos, se hacía necesaria la presencia de estas personas, tanto en el viaje mismo como en la recepción y destino, lejos de la ayuda de los suyos, y con costumbres e idiomas diferentes del propio. Las salidas eran verdaderamente emocionantes y multitudinarias. II. La vida en las colonias. El hecho de tener que tratar de la situación de los refugiados en los países de Europa, obliga, en cierta manera, a centrarse fundamentalmente en los informes referentes a las grandes colonias infantiles, de que disponemos; del resto de las organizaciones y de la vida en general se tiene muy poca información, hasta el momento. Aparte de esto, se dan algunas particularidades de interés en cada uno de los diversos países de acogida, y esto tanto en lo que respecta a la organización de los refugios y colonias, como a su administración y financiación.
II LA VIDA EN LAS COLONIAS. El hecho de tener que tratar de la situación de los refugiados en los países de Europa, obliga, en cierta manera, a centrarse fundamentalmente en los informes referentes a las grandes colonias infantiles, de que disponemos; del resto de las organizaciones y de la vida en general se tiene muy poca información, hasta el momento. Aparte de esto, se dan algunas particularidades de interés en cada uno de los diversos países de acogida, y esto tanto en lo que respecta a la organización de los refugios y colonias, como a su administración y financiación.
Los refugios de Francia. Como en el resto de los países de acogida, también en Francia se organizó una serie de colonias, tipo colegio-internado o similares, caso de las grandes colonias de Donibane Garazi, Poyanne, Mas-Eloi (Limoges), Jatxu, Armendaritz, etc. Se daban en el mismo edificio todos los servicios alimenticios, sanitarios, administrativos, docentes y religiosos; fueron también muchos los niños que, viviendo en régimen familiar o en otras concentraciones, compartían sus estudios y educación con los demás niños nativos del pueblo o lugar. Sin duda alguna, fue la colonia de Donibane Garazi, con cerca de 500 niños, una de las más grandes que se conocía; al frente de la misma se encontraban unas 70 personas, entre maestras, auxiliares y demás personal administrativo y sanitario. Dependía directamente del Gobierno Vasco. Fue su primer director Vicente de Amézaga y tenía como importante particularidad el hecho de que se diera la enseñanza en euskera. La Citadelle, al igual que la colonia de Jatxu sostenida por Manuel de Intxausti, se convirtió en un verdadero refugio del euskera y la cultura vasca durante los años del exilio. Como en todas las agrupaciones bien organizadas, se observaba una estricta disciplina y ordenamiento interno, con respecto, sobre todo, a los diversos horarios de comidas, horas de estudio y recreo y actos religiosos; en cuanto a la educación y la enseñanza, destacaba, sin duda, la formación religiosa, teórica y práctica. La presencia de sacerdotes vascos en los internados de Francia, Bélgica y Gran Bretaña hacía que el día comenzara con una Misa obligatoria para todos, haciéndose también de forma obligatoria el rezo del Rosario, al atardecer. Entre las distintas agrupaciones infantiles peculiares, hay que incluir, sin duda alguna, a las dos siguientes: El grupo Elai-Alai y los niños del Sanatorio de Górliz; la expedición de Górliz se hizo famosa a partir del tratamiento político de que fue objeto tanto en su salida como en su repatriación. El número de niños vascos acogidos en Francia fue muy elevado. Más de 20.000. A raíz de la caída de Cataluña, varios miles de niños más pasaron la frontera, siendo distribuidos por diferentes refugios de Francia y Bélgica. Además del propio Gobierno Vasco en el exilio, surgió en el suelo francés una gran floración de instituciones y comités de ayuda a los refugiados, a saber: El Comité de Acogida a los Niños Españoles (CAEE), impulsado por el propio Frente Popular Francés; las fuerzas católicas agrupadas en torno al CNC (Comité Nacional Católico de Ayuda a los Refugiados de España); El Comité Sueco y el Comité de Holanda; el CGT, etc.
La evacuación a Gran Bretaña. La expedición dirigida a Gran Bretaña, que salió de Santurce el 21 de mayo del 37 y estaba compuesta por un total de cerca de 4.000 niños, se orientó primero al campamento de Stoneham (Southampton), en espera de poderlos distribuir más tarde por los diversos centros y colonias de acogida. Como se sabe, la permanencia en Stoneham se alargó más de lo esperado en un principio, transcurriendo la vida, mientras tanto, al aire libre, contando con el cobijo de unas 250 tiendas de campaña, preparadas con esmero por el conocido Comité de Niños Vascos (Basque Children's Committee). Las colonias en las que fueron repartidos posteriormente se encontraban alejadas unas de otras, dispersas por toda la geografía de Gran Bretaña. Para analizar, de alguna forma, los diversos centros de acogida que más se distinguieron por su peculiar concepción de la vida y la educación, podemos repetir aquí una habitual clasificación de los mismos, a saber: a) Los centros católicos, distribuidos en varias casas religiosas y colegios católicos (Dundee, Liverpool, Wight, Cardiff). b) Colonias sostenidas por Salvation Army (Ejército de Salvación) en Clapton, Hadleigh, Brixton y Ramsgate. c) Diversas casas grandes de campo. d) Por último, un cierto número de niños vivió en régimen familiar. Podemos asegurar que el Ejército de Salvación fue la primera de las instituciones en hacerse cargo de la atención y cuidado de un numeroso grupo de niños, acogiendo a unos 400 a los pocos días de llegar a Inglaterra. Los niños que han pasado por los hogares de esta institución conservan un inolvidable recuerdo de su vida pasada, aunque no ocultan la severidad y dureza de la disciplina impuesta; no hay que olvidar que los hogares de Salvation Army estaban constituidos bajo un régimen de estricta disciplina, muy poco del agrado de los niños exiliados. Por lo demás, en casi todos los centros se observaban similares líneas de orientación tanto en la organización como en los programas de estudio; se dispensaba una atención especial al aprendizaje de la lengua inglesa, así como a la práctica de ciertas actividades culturales vascas (canciones, danzas y folklore).
Niños vascos enviados a la URSS. De las varias expediciones infantiles dirigidas a la URSS, la más conocida y numerosa fue la que salió de Santurce a primeros de junio del 37, conformada por unos 1.489 niños, procedentes, en su mayoría, de las zonas minera e industrial de Vizcaya y de otras ciudades periféricas. El viaje se realizó a bordo del «Habana» hasta llegar al lugar de Le Havre (Francia), y de allí a Leningrado en un barco carbonero de nombre «Sontay». Acompañaba a la expedición un número indeterminado de profesores y educadores, así como varias enfermeras, un médico y un director. Los niños fueron acogidos en una serie de residencias y escuelas que se conocían con el nombre de «Casa de Niños»; las casas se encontraban dispersas por toda la geografía de la URSS, sobre todo, en la zona de Moscú, donde había varias, en la zona de Leningrado, en Odessa, Crimea y algunas otras emplazadas en Kiev, Jarkov, etc. El número de niños concentrados en estas casas variaba entre los cien a trescientos, según las circunstancias y los locales; al frente de los mismos se hallaba un número determinado de maestros españoles, así como un director soviético y varias educadoras soviéticas. Todos los centros funcionaban bajo la dependencia del Ministerio de Educación soviética. La organización interna de las residencias se regía según el sistema clásico de los internados; por ello, se disponía de adecuados dormitorios y comedores, así como de toda clase de instalaciones deportivas y otras dedicadas al estudio y las bibliotecas, radio y cine. No se puede olvidar el buen trato que recibieron en todo momento, así como la esmerada preparación científica y cultural que se les proporcionó. En los estudios se cuidaba la enseñanza de la lengua castellana, sin dejar de lado la gradual y progresiva introducción de la lengua rusa. El aprendizaje de ambos idiomas se facilitó mucho con la presencia de profesores tanto españoles como rusos.
Bélgica, Suiza y Dinamarca. Se calcula que el número de niños refugiados en Bélgica fue de unos 3.200; en Suiza y Dinamarca se refugiaron también varios cientos. Como se sabe, la mayor parte de los niños acogidos en Bélgica vivían en régimen familiar, si bien funcionaban también algunas colonias-internados, como es el caso de Duffel (Bruselas) y Koningshof (Shoten). Dos tipos de organizaciones se hicieron cargo de su sustento y educación: De una parte, la famosa obra del Cardenal Van Roey, que se responsabilizó básicamente, de los católicos, y de otra, todas las organizaciones laicas, en especial, la Cruz Roja Belga, los socialistas, el Socorro Rojo, etc. El escritor Luis de Castresana fue uno de aquellos niños enviados a Bélgica; en su conocida obra «El otro árbol de Guernica» se describe detalladamente la salida de Oleron, la llegada a Bélgica, la vida del protagonista en régimen familiar, primero, y después en el internado de el «Fleury».
III LA REPATRIACIÓN. La repatriación, comenzada apenas se produjo la caída del Norte, constituyó un largo proceso, como se verá a continuación, brevemente. El retorno de las expediciones a Euskadi se hizo de forma lenta, a partir del mismo año 1937. La experiencia del exilio se alargó hasta dos años para la mayoría de los niños. En el caso de los que, forzosamente, se quedaron en el extranjero fue algo que ha durado toda la vida. Muy pronto se desató una fuerte campaña que pedía el regreso de los niños, campaña en la que colaboró activamente toda la prensa franquista (Legarreta, 1987; 201206). Esta prensa se hizo eco de las gestiones que los representantes de Franco llevaban a cabo, haciendo frecuente publicidad del cartel que profusamente se había repartido en Europa con el texto de «Rendez les enfants españols a l'Espagne». Paralelamente, se crearon una serie de organismos para efectuar toda clase de gestiones en el mismo sentido. Además de ciertas personalidades eclesiásticas, los simpatizantes en el extranjero y la citada prensa franquista, se distinguieron en esta acción varias instituciones creadas para acelerar la repatriación. Se constituyó la llamada Delegación Extraordinaria para la Repatriación de Niños, en la que colaboraron la Diputación de Vizcaya, Auxilio Social y las J. O. N. S. Son también dignas de mención las gestiones desarrolladas desde el Secretariado de la Delegación Apostólica dirigida por Mons. Antoniutti, Delegación que, como se sabe, tenía abierta una oficina en Bilbao. A todo esto hay que añadir el eco favorable que estas reclamaciones encontraron en ciertos medios protestantes y católicos de Europa. Así las cosas, el viaje del Padre Enrique Gábana a Gran Bretaña dio como resultado la vuelta de las primeras expediciones, para el mes de noviembre del 37. «Como consecuencia de los pasos arriba indicados, ya el mismo año 1937 se habían organizado tres expediciones desde Bélgica y otras tres de Gran Bretaña. De Francia llegaron dos. El año siguiente aumentó considerablemente el número de niños repatriados. Y se puede decir que en 1939 se daba por concluida la labor. Había retornado al país la mayor parte de los evacuados, con la excepción de la URSS» (Arrien, 1987: 268). Aunque ya había llegado la hora de la vuelta a casa, se sabe que una buena proporción de niños no pudo hacerlo en ese momento, debido, fundamentalmente, a que eran huérfanos, o sus padres se encontraban en la cárcel, o desaparecidos, o simplemente porque sus padres no deseaban su vuelta. Se supone que a finales de 1939 quedaban en Bélgica varios cientos de refugiados, de los cuales muchos pasaron después a Francia y otros retornaron a Euskadi. Francia se había convertido en el centro de reunificación de las familias. Sin embargo, con la llegada de la guerra mundial, se hizo especialmente difícil y complicada la situación del país vecino, y los refugiados buscaron diversas salidas para su situación. Los mayores de 18 años se apuntaron, en número cercano al millar, en la Legión y las fuerzas militares francesas, mientras que otros muchos decidieron emigrar con sus familias a las tierras americanas, sobre todo, a Méjico, Venezuela, Colombia, Chile, Santo Domingo, etc. Tampoco fue fácil la vida de los jóvenes vascos que quedaron en Gran Bretaña, en número cercano al medio millar; en 1939 fueron agrupados en media docena de colonias sostenidas por Basque Children's Committee. En los años siguientes se dispersaron por todo el país, en busca de trabajo; algunos de ellos tuvieron la oportunidad de estudiar con la ayuda económica de la institución «Juan Luis Vives Scholarship Trust», creada en el exilio por el Gobierno Español, pudiendo así obtener títulos en arquitectura, ingeniería electrónica, lenguas, matemáticas, etc. La revista «Amistad» publicada por estos jóvenes ofrece una importante información para conocer su situación, ilusiones y dificultades, así como las actividades culturales desarrolladas a lo largo de varios años.
El retorno de la URSS. El Gobierno Vasco en el exilio, que quería evitar la dispersión de la población de refugiados y deseaba, por ello, la reunificación de las familias, no se opuso en ningún momento a la vuelta de los niños, siempre que éstos fueran realmente reclamados por sus padres, con todas las garantías de libertad y veracidad. En este sentido, y a solicitud de los propios familiares, trabajó arduamente en el logro del retorno de los muchachos de la URSS, a una con las familias interesadas y la Cruz Roja Internacional. El Consejero de Justicia y Cultura, D. Jesús M.ª de Leizaola, fue uno de los encargados por el Gobierno Vasco para coordinar estos asuntos. Aunque algunos ya habían regresado a lo largo de 1939, desde esa fecha se tenía la impresión de que la repatriación iba a ser lenta y difícil. Las dificultades aumentaron a raíz de la guerra mundial, dada la interrupción que sufrieron las comunicaciones y el paradero desconocido de los propios jóvenes tras la forzosa evacuación de las casas y residencias de los mismos. Reiniciadas las gestiones tras la guerra, dieron como resultado la vuelta de un reducido número, hacia 1947. Las repatriaciones colectivas tuvieron lugar en la década de los cincuenta, en las varias expediciones que arribaron a los puertos españoles del Mediterráneo, entre los años 1956 a 1959. Pero aún en este caso, y debido a las especiales circunstancias económicas, sociales y familiares, no todos lograron integrarse en la vida española y decidieron regresar de nuevo a la URSS.
  • Aguirre, J. A. (1978): Veinte años de gestión del Gobierno Vasco (1936-1956). Discurso en el CMV de 1956. Editor Leopoldo Zugaza, Bilbao.
  • Arrien, G. ( 1983): La generación del exilio, escuela vasca y educación, Edita Onura, Bilbao (Vizc.).
  • Arrien, G. (1986): El Gobierno Vasco y las evacuaciones de niños (1936-1937). «Muga», julio-agosto, 60-72.
  • Arrien, G. (1987): En el cincuentenario de las evacuaciones. Los niños vascos enviados a la URSS, «Ernaroa», 4.°.
  • Arrien, G. (1988): Niños vascos evacuados en 1937. Album histórico, Ed. el autor, Bilbao.
  • Beltza (1976): El Nacionalismo Vasco (1876-1936), Ed. Txertoa, San Sebastián; Castresana, L. de (1979): El otro árbol de Gernika, Ed. La Gran Enciclopedia Vasca, Bilbao; Ch. (1937): Los niños bilbaínos en Francia: Esta es la Casa Dichosa en Boyard-ville (Ile D'Oleron), «La tarde», 3-III. (Se hace una descripción muy detallada de la mansión de Oleron, días antes de la llegada de los niños vascos).
  • Ibarzabal, E. (1978): 50 años de Nacionalismo vasco 1928-1978, Ed. Vascas, San Sebastián, 281-286.
  • Legarreta, D. (1987): Gernika Belaunaldia, Ed. Kriselu, San Sebastián.
  • Leizaola, J. M. de ( 1979): Presentación a El hombre vasco, de Vicente de Amézaga, Vol. I, La G. E. Vasca, Bilbao.
  • Onaindia, A. (1973): Hombre de paz en la guerra, Ed. Ekin, Buenos Aires.
  • Pamies, T. ( 1977): Los niños de la guerra, Ed. Bruguera, Barcelona.
  • Romaña, A. J. M. (1989): Historia de la guerra naval de Euskadi, T. V. (recoge el tema importante del bloqueo del puerto de Bilbao, y trata del mar como casi, casi la única ruta de salvación para los vizcaínos no combatientes).
  • Steer, J. L. (1963): El árbol de Guernica, Ediciones Gudari, Caracas.
Gregorio ARRIEN BERROJAETXEBARRIA