Lexikoa

INQUISICIÓN

Acción y efecto de inquirir o investigar, bilakuntza (L, BN), bilakinde (Hb.), billaketa (B-M), bilaketa (T-L), ikarpen, ikarkuntza (Duv.), ikarduna (Hb.), ikermen, inkesta (T-L).

Tribunal eclesiástico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe,Inkisizio.

Casa donde se juntaba el tribunal de la Inquisición, Inkisizio. Cárcel destinada para los reos pertenecientes a este tribunal, Inkisizio.

Diccionario Auñamendi.
La Inquisición medieval. La Inquisición medieval sólo se estableció, con carácter permanente, en Aragón. En Castilla no hubo Inquisición como tampoco en Navarra. La misión confiada en 1238 por Gregorio IX al ministro de los franciscanos de Navarra y al maestro Pedro de Legaria, O. P., tuvo un carácter extraordinario. Así se explica que en 1340 el obispo de Pamplona, Arnalt de Barbazán, condenara a Milón de Bragerac, judaizante, por hereje. Pero el tribunal civil apeló a la Santa Sede. El poder civil se atribuía el castigo de las brujas y de delitos puramente religiosos. En 1329 condenó a la hoguera a Juana la Leprosa y a otras compañeras como brujas y dadoras de pociones. En 1345 fue castigado con la horca Juan, converso sarraceno, que se había bautizado dos veces (Goñi Gaztambide: Los obispos de Pamplona, del siglo XIV, p. 72). Todavía en 1510 Martín de Andosilla y Arlés, en su tratado De superstitionibus, que editó el mismo Goñi Gaztambide, echaba en falta la Inquisición en Navarra. Que en 1481 la Inquisición aragonesa lanzase el entredicho sobre Tudela, se explica, porque Tudela, eclesiásticamente, pertenecía a la diócesis de Tarazona, reino de Aragón. Además, entonces podía fulminar el entredicho cualquier juez y cualquier autoridad, sin que de ahí se deduzca una jurisdicción permanente sobre el territorio. Tudela fue utilizada como ariete en la introducción de la Inquisición en Navarra. Yanguas, que reproduce varios documentos sumamente interesantes al respecto, dice que aunque "no se recibió de una manera legal, ni se trató en Cortes, fue sancionada al principio por el terror que causaban las censuras eclesiásticas, consiguientemente por el silencio y después por la costumbre de venerarla como baluarte de la religión. (O. A. R. N.)". En 1486 los reyes de Castilla Don Fernando el Católico y Doña Isabel dirigieron a la ciudad de Tudela la siguiente carta: El rey é la Reyna.=Conceio, alcayde, justicia, alcaldes, regidores, cavalleros, scuderos, offciales é hombres buenos de la ciudat de Tudela: vuestra carta vimos, en respuesta de la que yo el Rey vos mandé scribir cuando supe que todas las personas que, en la ciudat de Zaragoza y en el reyno de Aragon, son culpados del delito de la heregía se han retraido en essa ciudat, é que dende ahi, con rescritos que, con falsas informaciones, les traen de Roma, molestan á los inquisidores que están en dicho reyno, rogando y encargándoos, que entregásedes los dichos culpantes á los offciales de la Inquisicion que por ellos irían, ó. si mas quisiéssedes, los echássedes de la ciudat é dende adelante no acoissedes á ninguno dellos; é somos de vosotros maravillados decir, que por guardar los fueros é libertades desse reyno los acoieys é deffendeis, porque los mismos fueros é libertades tienen estos nuestros reynos é los otros. mas ningun reyno de christianos tiene, ni justamente puede tener, fueros ni libertades en favor de los hereges, ni han de gozar dellos, mayormente seyendo vosotros catholicos christianos é sabiendo en quan grandes descomuniones é censuras incorreis por los defender; que querais assi posponer la salud de vuestras ánimas por delibrar á ellos de la pena que por sus delictos justamente merecen. Specialmenre, que somos certificados que después de haber recebido la dicha nuestra carta en gran deservicio de Dios nuestro Señor, é obprobio de nuestra santa fé catholica. habeis fecho pregonar en la dicha ciudat, que ningun official de los dichos inquisidores, ni otra persona, con provisiones ó cartas suyas sean osados de ir á la dicha ciudat. so pena los fareis echar en el rio é diz que á un mensajero, que no sabiendo nada del dicho pregon fué á esa dicha ciudat por parte de los dichos inquisidores. le quisisteis prender. é hombres de caball, que salieron empues del, le corrieron mas de cuatro leguas: é diz que assi mesmo á un alguacil de los inquisidores de Balbastro, que levava ciertos presos que se habian fuido de la dicha ciudat, salieron dende esa ciudat trenta de caballo é dentro en el reyno de Aragon quitaron los dichos presos al alguacil é se los levaron á essa ciudat, de donde continuamente van personas á Zaragoza y á Balbastro, á presentar bullas é rescritos por parte de los hereges, no habiendo acatamiento que los dichos inquisidores son jueces é ministros de nuestro muy, Santo Padre é tienen poder é facultat para enviar a prender los hereges que en su jurisdiccion delinquieren, donde quiere que fueren fallados é proceder contra los fautores dellos. E porque todas las cosas sobredichas, por vos fechas, son en gran desservicio de Dios, é en obprobio de nuestra santa fé catholica é en derogacion é impedimento de la jurisdiccion é procesos de los dichos inquisidores, por cuyaparte somos exortados é requeridos que les demos favor é ayuda, como somos obligados, como catholicos príncipes, vos rogamos y encargamos. que luego que los sobredichos inquisidores enviarán por los culpados en el dicho delicto de heregía que en esa ciudat están, les entreguies todas aquellos que vos nombrarán, ó si mas quisiéredes los echeis de la ciudat; é no deis lugar á que, daqui adelante, se faga cosa alguna de lo sobredicho porque de otra manera, por el celo y obligacion que tenemos al servicio de Dios é de su santa fé catholica. é por no incurrir las censuras en que incurriríamos si lo non ficiésemos, pues por ellos somos exortados é requeridos, no nos podremos escusar de mandar facer guerra é todo mal é danyo á essa ciudat ét á los vecinos é moradores della, como á defensores de hereges, lo que sin duda nos desplacerá mucho por el amor que á esa ciudat tenemos é profesamos, que para ella é para toda esse reyno desseamos. E assi vos rogamos, y encargamos, que lo mireis mucho por evitar los danyos que sobre ello se os pueden seguir, como dicho es. De Córdoba á cuatro de mayo del anyo mil cuatrocientos ochenta y seis.=Yo el rey. Yo la reina. Archivo de Tudela. lib. 16, n. 53, trascrito por Yanguas y Miranda en el "Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra". Sin embargo, dice Yanguas, todavía en el año 1510 el ayuntamiento de Tudela, no del todo acostumbrado al rigor de los procedimeintos de los inquisidores, encargaba a sus procuradores en Cortes que nos quiten de aqui (les decía) este fraile que se dice inquisidor [Archivo de Tudela, lib. 4, n. 13]. La conquista del reino de Navarra por Fernando el Católico marca el inicio de una nueva etapa, la de la Inquisición moderna como instrumento integracionista eliminador de disidencias.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA.

La Inquisición moderna: Consideraciones generales. La Inquisición moderna fue una institución eficaz y un instrumento útil de control para el mantenimiento de un determinado tipo de sociedad. La estabilidad del Estado moderno requería una uniformidad ideológica y una eliminación de la disidencia. Como instrumento de control social que era, estaba en manos de las clases poderosas que eran quienes establecían los límites de lo ortodoxo y los valores válidos y defendibles. Por otra parte, fue una institución al servicio de la Corona. En realidad, se trataba de un instrumento político-religioso cuyos objetivos eran la unidad religiosa y la garantía del inmovilismo social. Sin embargo, no por estar sujeta políticamente a la Corona fue un tribunal exclusivamente secular. Su naturaleza religiosa (la persecución de la herejía) y su dependencia en ciertos aspectos de Roma, hicieron de la Inquisición una institución mixta de doble vertiente, que en ocasiones basculaba, según su conveniencia, hacia el poder real o hacia la autoridad papal, buscando una mayor autonomía e independencia. Desde su instauración en el reinado de los Reyes Católicos, la Inquisición moderna fue velando por el establecimiento de la ortodoxia. En un principio, su acción tendió á controlar a las minorías religiosas. Más tarde, al avanzar el siglo XVI, estableció un rígido control y represión de las ideas heterodoxas y reformistas que llegaban del exterior, mientras velaba por el cumplimiento de los postulados y orientaciones de la llamada Contrarreforma y del Concilio de Trento, a raíz del cual se puede apreciar un interés especial del Santo Oficio hacia la defensa del matrimonio cristiano y tendente a reprimir los delitos sexuales. Pero, además, había una faceta que hacía de la Inquisición un instrumento extremadamente apreciado por la Corona. La Inquisición era el único organismo con capacidad de acción en toda la geografía, sin limitaciones de fronteras ni de regímenes forales especiales que a veces obstaculizaban las acciones del poder central. Sin embargo, la Inquisición misma encontrará dificultades de emplazamiento y de desarrollo de su actividad en los territorios forales, como pueden ser los de la Corona de Aragón. El procedimiento de mantener en secreto el nombre de los testigos y acusadores, el excesivo número de familiares y los privilegios inquisitoriales provocarán a menudo las protestas de las Cortes, autoridades civiles y municipios que veían violados los fueros propios. Asimismo, los límites de competencias originarán una cadena sin fin de conflictos jurisdiccionales.
Ambito jurisdiccional. El País Vasco dependen inquisitorialmente, en una primera época que va hasta 1570 del tribunal de Calahorra; y posteriormente, de la Inquisición de Logroño. Por eso, si se quiere conocer las actividades de la Inquisición española en territorio vasco, es preciso estudiar lo acontecido en aquellos tribunales. En el distrito inquisitorial de Calahorra, y más tarde de Logroño, cuya mayor parte gozaba de un régimen foral tradicional, los inquisidores encontrarán en ocasiones graves dificultades tocantes a la concesión gratuita de aposentos, a la exención de impuestos y disfrute de otras prebendas, al traslado de presos, a competencias de jurisdicción con autoridades tanto eclesiásticas como civiles. Estos problemas harán exclamar al inquisidor Ybarra desde Vizcaya, en 1547: "yo no vengo a quebrantar privilegios ni a entender en otras cosas sino las tocantes a herejía y apostasía". En este contexto, la Inquisición intentará ir reafirmando sus privilegios y aumentar sus esferas de jurisdicción. Asuntos que antes eran de competencia civil, como la brujería o la bigamia, irán pasando a manos del Santo Oficio. Todo era un resultado de la ampliación del concepto de herejía, sobre la que actuaba la institución inquisitorial. Lo cierto es que la Inquisición fue fortaleciéndose a lo largo de todo el siglo XVI. Tras la dureza de los primeros años de instalación y comienzo de las actividades, y tras la muerte de los Reyes Católicos, se equivocaron quienes pensaron que con la llegada del nuevo monarca Carlos se iba a suavizar o disminuir, o al menos reformar, el ejercicio inquisitorial. Es verdad que con el advenimiento al trono de Felipe II parece producirse un endurecimiento en la actitud de la Inquisición, por varias razones, entre otras por la aparición de los focos protestantes internos. Sin embargo, en la última fase del reinado de Carlos V, ya se aprecia una radicalización en la ofensiva contra la herejía, y en este sentido el anciano emperador instruye a su hijo y sucesor. En el País Vasco se vivirán de una manera destacada los momentos claves del control de la heterodoxia. La vigilancia de gentes, de mercancías, de libros, era vital en la frontera francesa y puertos marítimos. En un territorio como el correspondiente al tribunal de Calahorra o al distrito inquisitorial de Logroño, en que se incluyen el reino de Navarra, Vizcaya y Guipúzcoa, además de Alava, con sus sistemas jurídicos forales, es fácil comprender las dificultades que la Inquisición tendrá en el ejercicio de sus funciones, en la configuración de su red de comisarios y familiares y en la efectividad de las visitas de los inquisidores. A esto hay que añadir los conflictos de jurisdicción con las autoridades civiles y la jerarquía eclesiástica. En el caso de los inquisidores que intervenían en el País Vasco, la situación se hacía visiblemente delicada al tener que realizar su labor a caballo entre tres obispados: el de Pamplona, el de Calahorra y el de Burgos. Los roces entre obispos e inquisidores acerca de determinadas materias serán frecuentes. Los inquisidores de Calahorra opinaban que dar lugar a esta intromisión de los prelados en sus asuntos "sería destruir los negocios del Santo Oficio". Sin embargo, el obispo de Pamplona se quejaba de todo lo contrario, de que los inquisidores le pisaban sus competencias, y daba irónicamente una solución salomónica al conflicto: "Sería mejor que partiésemos la jurisdicción y ellos tomasen la mitad de este obispado y yo me quedase con la otra mitad". No es más que una pequeña muestra de cómo en ocasiones se enconaba el problema. Puede afirmarse que, a grandes rasgos, el territorio controlado por los tribunales de Calahorra y Logroño comprendía el reino de Navarra, Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, La Rioja y la parte norte de las provincias de Burgos y Soria. El ámbito geográfico confiado a estos tribunales tendrá unos condicionamientos propios que incidirán en la actuación inquisitorial. Primordialmente, hay que tener en cuenta que es un territorio constituido en encrucijada de caminos, con una situación claramente fronteriza. Una frontera con Francia, una costa marítima muy activa y abierta al exterior, con una fuerte relación comercial con Europa, condicionarán la acción de los inquisidores, sobre todo en lo referente al luteranismo y control de las ideas heterodoxas.
El elemento humano. Indudablemente el desarrollo de la actividad del Santo Oficio requería la disponibilidad de unos medios humanos adecuados y especializados. Por un lado, existen unos funcionarios fijos que constituyen la plantilla del tribunal inquisitorial, formada por los inquisidores y los oficiales. Como complemento, estaban distribuidos por el distrito los llamados comisarios y familiares, que constituían la red de control e información. En el siglo XVI, salvo en algunas excepciones, puede decirse que la plantilla más usual del tribunal que intervenía en el País Vasco estaba formada por tres inquisidores, un fiscal, un receptor, tres notarios del secreto, un escribano de secuestros, un nuncio, un alguacil, un carcelero y un portero. Entre los inquisidores del Santo Oficio de Calahorra o Logroño hay algunos de gran talla intelectual. La Universidad era normalmente la que formaba y proporcionaba los cuadros dirigentes de los tribunales de distrito. Por su relevancia, merecen citarse Juan de Arneta y Sancho Carranza de Miranda -tío del famoso arzobispo Bartolomé de Carranza-, teólogos, grandes predicadores y participantes ambos en la Junta erasmista de Valladolid, en 1527. Ya en el siglo XVII, es bien conocida la figura de Alonso de Salazar y Frías, inquisidor providencial, hombre moderado y con sentido crítico, que tuvo singular protagonismo cuando el foco brujeril de Zugarramurdi. Predominan claramente los inquisidores procedentes del clero secular sobre los originarios de órdenes religiosas. También es preciso señalar el importante dato de que un alto porcentaje de los inquisidores con jurisdicción en el País Vasco eran naturales de la Zona. En determinados momentos y por necesidades del servicio, además de los funcionarios fijos inquisitoriales, se nombran una serie de oficiales extraordinarios, como pueden ser alguaciles o notarios y, sobre todo, intérpretes, tan eficaces y necesarios para las investigaciones y pesquisas en las zonas vascoparlantes. De suma importancia dentro del contexto de los medios humanos al servicio de la Inquisición es el cuerpo de los comisarios y familiares. Los comisarios, repartidos estratégicamente por el distrito, coordinaban la acción de los familiares, revisaban las mercancías, investigaban la genealogía de los candidatos a cargos inquisitoriales y enviaban informaciones a la sede del tribunal. En 1549, había en el distrito de Calahorra dieciséis comisarios. En el País Vasco, hay comisarios en los puertos importantes como Bilbao, Bermeo, Lekeitio, San Sebastián y Mutriku. También se constata la presencia de un comisario en el puerto interior de Orduña. Otros siete se reparten por el reino de Navarra. A partir de 1560, se nombrará otro comisario más, con asiento en Ochagavía, junto a la frontera pirenaica que requería indudable vigilancia. Los familiares, bastante numerosos, estaban muy dispersados por el distrito. Pero la Inquisición disponía además de otro sistema para controlar el territorio: las visitas. Periódicamente, un inquisidor se desplazaba, acompañado de varios oficiales, hacia aquellos lugares que requerían una mayor atención. Sin lugar a dudas, las visitas de distrito efectuadas por los inquisidores de Calahorra al País Vasco estuvieron condicionadas por su situación geográfica. Muchas de ellas se hicieron a la costa, expuesta al luteranismo. El peligro luterano será el que ocupe más intensamente a los inquisidores en sus visitas del siglo XVI. Aunque en menor medida, la brujería fue también móvil para los desplazamientos inquisitoriales a diversas zonas del territorio. Es digna de destacar la visita que, en 1523, realizó el inquisidor Ayala a la provincia de Guipúzcoa con objeto de controlar el paradero de ciertos libros arribados al puerto de Pasajes. La visita del inquisidor Valdeolivas a Vizcaya, en 1538-1539, dio como resultado el apresamiento y castigo de varios luteranos extranjeros, entre ellos el joven Juan Tac que fue quemado en Bilbao. El empuje luterano fue igualmente la causa de la visita del inquisidor Ybarra a la costa cantábrica, en 1546-1547, y de otras que se llevaron a cabo en el decenio de 1560 a 1570. Los oficiales inquisitoriales dispondrán de algo más que los salarios y las ayudas de costa para realizar su tarea. Era de esperar que ante las dificultades en el desempeño de sus funciones, los gastos de desplazamiento, los roces con las autoridades, tuvieran una serie de privilegios que les protegieran. En este sentido, se les otorgará el privilegio de aposentarse gratuitamente en los lugares visitados, estarán exentos del pago de tributos en los pasos y puertos, disfrutarán de exenciones fiscales de todo tipo, incluso se verán libres de un impuesto tan universal como la alcabala, se eximirán en ocasiones de servir oficios públicos y municipales, con frecuencia gravosos, serán inmunes a la justicia ordinaria, acogiéndose a la jurisdicción inquisitorial, gozarán de permiso para llevar armas y de otros privilegios. Todas estas preminencias, que tanto favorecían y protegían a los miembros del Santo Oficio, provocarán la oposición y protesta tanto de autoridades civiles como eclesiásticas y originarán una larga cadena de conflictos de jurisdicción.
Conflictos con el poder civil. Los problemas jurisdiccionales con el poder civil tienen una triple vertiente: las Cortes, las autoridades civiles y los ayuntamientos. En los enfrentamientos surgidos con las Cortes tienen mucho que ver los fueros. Dentro del distrito de Calahorra, ya se pueden ver actitudes anti-inquisitoriales en las Cortes de Navarra celebradas en Tudela en 1518, donde se intentó el establecimiento de algunas medidas en contra del Santo Oficio. Las quejas eran de todo tipo, siempre en defensa de los fueros. Así, mientras los tres Estados de Navarra se lamentaban del perjuicio que suponía a los súbditos de aquel reino el tener que pleitear con un familiar del Santo Oficio -aunque fuera de cosas profanas- ante los inquisidores y no ante los jueces ordinarios, las Juntas Generales de Guipúzcoa se quejaban de que varias personas de la provincia habían sido llamadas a Calahorra por causas leves y de que se habían efectuado traslados de presos a la sede inquisitorial. Los conflictos surgidos entre la Inquisición y las autoridades civiles estarán casi siempre ocasionados por dos motivos: la jurisdicción y los familiares. Los problemas brotarán muy localizados, a cargo de funcionarios celosos de su autoridad, generalmente corregidores o tenientes de corregidor. Particularmente reacios a ceder se mostraron los inquisidores a la hora de defender a sus comisarios y familiares de los ataques del poder civil, llegando incluso a emplear armas como la excomunión de determinadas autoridades y la puesta en entredicho de ciudades enteras. Los conflictos entre la Inquisición y los ayuntamientos tienen parecidos móviles. Sin embargo a los problemas de jurisdicción y a la oposición al cuerpo de los familiares, hay que añadir un ingrediente más: la negativa a la concesión de aposentos gratuitos. La inmensa mayoría de todos estos conflictos tenían sus raíces en los fueros establecidos. El País Vasco gozaba de un sistema foral que la autoridad civil trataba de defender, por lo que este tipo de roces es frecuente.
Conflictos con el poder eclesiástico. Pero la Inquisición tendrá más conflictos jurisdiccionales de los expuestos. Se trata de los mismos problemas anteriores, pero esta vez los protagonistas no son los alcaldes, o los corregidores, o las Cortes, sino los obispos. Los conflictos entre Iglesia e Inquisición son otro frente más de defensa del cada vez más amplio ámbito jurisdiccional del Santo Oficio, que iba en detrimento de los tradicionales poderes -el civil y el eclesiástico-, y pisoteaba su campo de acción. En ocasiones, los obispos que secularmente habían intervenido en asuntos de herejía se entremetían en casos que la Inquisición consideraba ahora como suyos. Pero hay un tema que tiene especial interés y virulencia en estos roces entre inquisidores y obispos: la condición de clérigos de muchos de los comisarios y familiares. Si bien por su condición clerical debieran depender de la jurisdicción episcopal, estos comisarios y familiares se escudaban en sus cargos inquisitoriales para zafarse de la autoridad del obispo.
Oposición popular al Santo Oficio. Hay otro aspecto que rebasa los límites de los conflictos por motivos de jurisdicción. Es, sencillamente, la simple y llana oposición al Santo Oficio, una oposición popular que se manifiesta desde la instalación de la moderna Inquisición y que puede más o menos reflejar el grado de aceptación o la opinión del pueblo, o de cierta parte del pueblo, respecto a la institución. Con la invasión navarro-francesa de 1521 , la sede inquisitorial de Navarra, que aún residía en Tudela, sufrió un fuerte motín en el que se forzaron sus puertas y se saquearon los bienes de los oficiales y parte de la documentación allí existente. Varios presos, aprovechando la confusión, escaparon y huyeron a Ultrapuertos. Muy poco después, se trasladó la sede a Calahorra. Sin embargo, las investigaciones de los hechos duraron varios años. No se buscaba sólo a los amotinados contra la Inquisición, sino a los colaboradores de Enrique de Albret, rey legítimo de Navarra. Sin duda, eran dos cosas entremezcladas; los partidarios de la causa navarra, coincidiendo con la entrada de los reconquistadores, se lanzaron contra el edificio inquisitorial probablemente porque veían en el Santo Oficio un enemigo de los fueros navarros y un aliado de Castilla.
Carta del ayuntamiento de Tudela al Inquisidor General (19 de julio de 1521).

"Reverendisimo é Ilustrísimo Señor. Con los regocijos é alborozos que en este reino de Navarra hobo por la nueva reduccion que del se fizo al príncipe D. Enrique en la venida del ejército de los franceses, algunos cristianos nuevos vecinos de esta ciudad, hobieron hablado algunas palabras é dichos contra los oficiales é ministros del santo oficio de la Inquisicion, que no son en perjuicio de la fé ni santo oficio; ahora temen los tales, por lo que assí hablaron se les siga alguna vejación é sean fatigados; é pues ellos no son vecinos, y el santo oficio fué siempre en esta ciudat muy honrado, é sus cosas é las de la fé é honra de Dios fueron, son é siempre serán, miradas é acatadas con mucha veneracion, con mucho encarescimiento á vuestra Reverendísima Señoría suplicamos, lo que tal quiera perdonar, mandando á los padres inquisidores, que en esta ciudat residen, por la dicha causa, ahora ni en tiempo alguno, á los dichos nuestros vecinos no vejen ni fatiguen, ni contra ellos procean. Demas desto algunos vecinos nuestros entraron fiadores por algunos que estaban presos por el santo oficio, los cuales se han fuido é ausentado con la ida de los franceses, de manera que sus fiadores temen ser vejados é fatigados, sobrello, por los dichos inquisidores; é pues los que asi son ausentados son personas que tienen bienes é, aunque ausentes, contra sus personas é bienes se puede proceyer como fugitivos. A vuestra Reverendísima Señoría, muy humildemente, suplicamos quiera proveer, é mandar, que los tales fiadores no sean vejados ni fatigados; en lo qual, assi probeher é mandar, vuestra S. Reverendísima nos fará mucha mercet. Nuestro Señor la Reverendísima persona, é muy grande estado de vuestra S. acresciente é prospere; de la ciudat de Tudela á diez y nueve de julio de mil quinientos veinte y uno.=De vuestra Reverendísima S. muy ciertos servidores, que sus manos besan: los Alcalde, Justicia é Jurados de la ciudat de Tudela" [Arch. de Tudela, lib. 19, n. 21 , trascrito por Yanguas en su "Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra"].

Las quejas a nivel popular tenían frecuentemente un matiz económico. A veces, estaban promovidas por lo que parecían excesivas penitencias pecunarias, impuestas en las visitas. Otras provenían de los excesivos emolumentos que llevaban los comisarios en los puertos vascos, por las visitas realizadas a las naves con objeto de revisar las mercaderías. La opinión de que la Inquisición no era más que un "sacadineros" estaba ya suficientemente extendida entre la gente. Muchos eran procesados por expresar esta idea, acusados de lo que los inquisidores tipificaban como "palabras injuriosas contra el Santo Oficio". Los ataques personales contra miembros de la Inquisición son también frecuentes. Como ejemplo, baste citar el tumulto que hubo en Calahorra ante la casa del inquisidor Valdeolivas, en aquel año de mala cosecha, en que la gente le increpaba para que entregase a la ciudad el trigo que supuestamente tenía almacenado. Una larga corte de "impedidores, fautores y perturbadores", según palabras de los inquisidores, muestra un aspecto más de lo que pudo ser la oposición popular al Santo Oficio.
El control de la ortodoxia.

La lucha contra el libro y el extranjero. Entrando en la temática jurisdiccional que competía a la Inquisición, es primordial, en cuanto al País Vasco se refiere, el apartado dedicado a las ideas heterodoxas. El problema del luteranismo se manifiesta de forma destacadísima en el distrito inquisitorial correspondiente a los tribunales de Calahorra y Logroño. Hay dos aspectos en la represión del problema luterano: los libros, verdaderos instrumentos materiales de la difusión de las nuevas ideas, y los individuos. En cuanto a los libros prohibidos, es preciso destacar primeramente la existencia de un control interior que se manifiesta en las visitas a librerías y en la recogida de algunos libros publicados dentro del país. Más importante es el esfuerzo dirigido a la vigilancia tendente a evitar la entrada de libros desde el exterior, sobre todo pensando que las ideas heterodoxas eran fundamentalmente de importación. En este sentido, la situación geográfica del País Vasco juega un papel definitivo. Se pueden distinguir claramente dos frentes de vigilancia: la costa y los Pirineos. Por los pasos de los Pirineos, se introducían con frecuencia lotes de libros prohibidos. En la costa, se generaliza una revisión sistemática de las mercancías, las inspecciones a naves y la retención de balas de libros destinados a libreros del interior, casi siempre extranjeros y afincados en Alcalá de Henares o Medina del Campo. En cuanto a las personas procesadas por luteranismo en el País Vasco hay que decir que la mayoría de ellas son extranjeros, comerciantes o marinos, que arribaban a la costa cantábrica. El intenso comercio de los puertos de mar permite un continuo contacto con gentes europeas conocedoras de la doctrina luterana. En 1539, varios ingleses son apresados en Bilbao y San Sebastián. Uno de ellos, Juan Tac, será condenado a la hoguera. A partir de entonces, no cesará la vigilancia sobre la franja marítima vasca. Con la aparición de los focos luteranos del interior parecen intensificarse las medidas de control. No hay que olvidar que una ramificación del brote de Valladolid alcanzaría al distrito de Calahorra, donde serían apresados dos conocidos personajes: don Carlos de Seso y Fray Domingo de Rojas.

El "peligro" luterano. La intervención contra los extranjeros acusados de luteranismo se convertirá en una cuestión de Estado. El apresamiento de estas personas traerá consecuencias políticas y económicas. Entre los comerciantes vascos va creciendo el temor a represalias extranjeras sobre sus haciendas, sobre todo en Francia. Ante el apresamiento de súbditos franceses en los puertos cantábricos, llega a intervenir el propio Consejo de Francia, que pedirá ante el rey de España la liberación de los presos. Estas presiones y otras no parecen debilitar la actuación del Santo Oficio, que seguirá enviando inquisidores para visitar la zona y se mantendrá informado gracias a activos comisarios residentes en los puertos. El problema herético se había internacionalizado. Si en la costa el peligro era grande, a partir de 1560 la frontera pirenaica requería los máximos cuidados para detener el empuje hugonote. Los hugonotes, que así se les llamaba ya en los documentos de la época, recibieron un gran impulso en el sur de Francia con el apoyo de Juana de Albret. Fue tomando cuerpo el temor de que el movimiento calvinista se extendiera al sur de los Pirineos. Pero, ¿cuántos de los procesados por ideas heterodoxas eran realmente luteranos? Se puede afirmar que el luteranismo en España se limita a casos aislados, sin implicaciones mutuas, si exceptuamos los focos de Valladolid y Sevilla. Por añadidura, la mayoría de los procesados son extranjeros que tocan las costas o que están de paso por España. A este panorama hay que agregar que modernamente se tienden a ver como simples blasfemias o proposiciones contra la religión lo que en un principio se consideraban como delitos de herejía. Lo cierto es que la mayoría de los acusados lo son por los denominados delitos menores o delitos de opinión o de palabra. En el tribunal de Calahorra, puede apreciarse que en el período que va desde 1538, año en que Valdeolivas emprende la visita a la costa de la que resultarán apresados varios ingleses, hasta 1558, fecha clave por la aparición de los brotes luteranos internos, se procesa a m total de novecientas cuarenta y seis personas por luteranismo y proposiciones heréticas. Propiamente luteranos o acusados de proposiciones luteranas sólo pueden contarse sesenta y dos. La distribución por sexos de este colectivo de condenados arroja una proporción de cuatro hombres por cada mujer. El reparto profesional de los acusados, aunque conocido de forma muy incompleta, parece inclinarse en su mayoría hacia el sector terciario: hay un gran número de clérigos, oficios de sanidad, de la administración, enseñanza, artes y transportes. De toda esta gran masa de procesados se puede deducir que ya existía en el distrito de Calahorra, y en el País Vasco en particular, una fuerte actividad inquisitorial para el control de la heterodoxia, incluso antes de la aparición de los focos protestantes de Sevilla y Valladolid. ¿Qué ocurre a partir del descubrimiento de estos brotes internos? El cuadro de acusados parece sufrir una transformación. Ahora adquieren un mayor protagonismo las personas acusadas propiamente de luteranismo. No sólo hay que pensar exclusivamente en que los brotes internos heterodoxos pudieran demandar un cambio de actitud, lo cual es cierto. Además, hay que tener en cuenta, como complemento a la inquietud interna, el manifiesto avance del calvinismo en el sur de Francia que parecía querer traspasar los Pirineos. Los acusados continúan siendo en su mayoría extranjeros, sobre todo franceses. Es a partir del auto de fe de Calahorra de 1565 cuando comienza a verse con claridad un mayor endurecimiento inquisitorial, con un considerable número de acusados luteranos y un descenso de los procesados de segunda fila, acusados de delitos de palabra. Sólo en este auto de fe fueron quemados cinco luteranos y un morisco. Sin duda puede hablarse de un alto porcentaje de relajados, si lo comparamos con el período anterior.

Los conversos. En cuanto a las minorías religiosas convertidas, la actividad de la Inquisición en el País Vasco no es tan importante como en otras Zonas de España. En el tema morisco, los inquisidores de Calahorra intervinieron principalmente en algunos lugares tradicionalmente considerados de raigambre morisca, como pueden ser Agreda, Cervera o Aguilar, y la localidad burgalesa de Bustillo, próxima a Medina de Pomar. Un dato a destacar es que muchos de los procesados no lo son por delitos propios de lo que supondría un apego o retomo al antiguo credo de la religión de sus padres, sino por faltas que parecen darse indistintamente entre cristianos viejos y nuevos: sólo un 30 % aproximado fueron penitenciados por hechos u opiniones sospechosos de volver a las creencias de sus mayores. En los comienzos de la década de los 60 del siglo XVI, se observan algunos casos de exilio voluntario entre los moriscos del distrito de Calahorra, como es el caso de ciertos individuos residentes en Deba, apresados en su intento de huida. Sin duda, la situación de conversión aparente de algunos de ellos se hacía insostenible ante la presión inquisitorial que siguió al fracaso de la política de asimilación, al levantamiento de las Alpujarras y al peligro otomano que se cernía sobre el Mediterráneo occidental. En cuanto a la clasificación profesional de los conversos procesados en la Inquisición de Calahorra, los datos disponibles indican que predominaban los artesanos y oficios ambulantes entre los moriscos encausados, igualmente que los mesoneros. Entre los judeoconversos, no era raro encontrar médicos y sastres. Las penas impuestas varían entre la reconciliación con pérdida de bienes y la penitencia con abjuración, acompañada de multas y destierro. A partir de 1567, se extenderá la pena de galeras entre los acusados moriscos.

La brujería. El tema de la brujería es, con seguridad, el asunto más conocido cuando se habla del distrito territorial de los tribunales de Calahorra y Logroño, y en particular de determinadas Zonas como Navarra, Gipuzkoa y Bizkaia. Lo primero y más importante a destacar es el tratamiento de moderación que el Santo Oficio da a este tipo de hechos, en contraposición con el radicalismo de un sector del pueblo, de las autoridades civiles e incluso de algunos elementos de las Inquisiciones provinciales. En este sentido, la Suprema no deja de enviar instrucciones a los diferentes tribunales de distrito donde el problema es acuciante para que no lo enfoquen según las tesis del Malleus maleficarum que alimentaban la plena credibilidad de las acciones de las brujas y requerían un riguroso castigo, sino que lo resuelvan de forma objetiva, crítica y moderada. Esta actitud inquisitorial quedará personalizada en la figura de Alonso de Salazar, inquisidor en tiempos del caso de Zugarramurdi, aunque ya venía de sobra preconizada a lo largo del siglo XVI. Hubo varios brotes colectivos de brujería en el distrito de Calahorra. Hay que resaltar el surgido, en 1500, en la Peña de Amboto, junto a la villa vizcaína de Durango. En 1507, 1525 y 1527, hay focos brujeriles en territorio navarro. Entre 1538 y 1557, la Inquisición de Calahorra procesará a ciento cuarenta y dos personas por delitos de brujería. Es significativa la cantidad de hombres penitenciados en este período, en un delito que tradicionalmente es considerado como femenino. Sin embargo, a pesar de todo, el número de mujeres sigue siendo superior al de hombres, como ocurría en otros tribunales. Hay que destacar también el protagonismo de los niños en estos sucesos de brujería, al mismo tiempo que el papel relevante que por su importancia numérica tuvieron los clérigos acusados de prácticas brujeriles, la mayoría condenados por ejercitar actividades curativas por medio de "nóminas". Las penas impuestas a los acusados de brujería en la Inquisición de Calahorra no fueron, en general, graves. Las más frecuentes eran la cárcel, la reconciliación, las penitencias espirituales, la abjuración y las pequeñas multas, en atención a la precariedad de medios de la gran mayoría de las víctimas. Hay algunas condenas a muerte en los brotes de comienzos del siglo XVI y en el posterior caso de Zugarramurdi, que pone prácticamente fin a estas manifestaciones colectivas de la brujería vasca. En resumen, se puede afirmar que la brujería que se da en el País Vasco no está exenta de ingredientes típicos del modelo mediterráneo, como la hechicería popular, supersticiosa, curanderista, individualista y urbana. Sin embargo, lo más representativo viene dado por la existencia de un tipo de brujería colectiva, no exenta de manifestaciones espectaculares como el aquelarre y el "sabbat".

Los delitos sexuales. En materia sexual, hay que hacer constar el giro experimentado en la Inquisición a partir de 1560 en el tratamiento de los distintos delitos, el cual se debe primordialmente a la culminación de las ideas preconizadas por el Concilio de Trento tendentes a la normalización del matrimonio cristiano. Ya se sabe que existen varios tipos de delitos sexuales. En cuanto a la bigamia, se puede decir que esta clase de procesos no se hace habitual en los archivos inquisitoriales hasta 1530. Anteriormente, el asunto parecía estar en manos de la justicia civil y eclesiástica. Pero es, sobre todo, a partir de 1545, y debido a las orientaciones del Concilio tridentino, cuando comienzan a proliferar los culpables de bigamia en la documentación del Santo Oficio. En general, hay que admitir que en esta materia la Inquisición sigue fielmente las iniciativas de la Iglesia. De la misma manera, sigue de cerca los pasos dados por un Estado que progresivamente fue agravando las penas contra los bígamos, hasta llegar a esos diez años de galeras que impondrá Felipe II en 1566. Parece, pues, claro un endurecimiento a mediados del siglo XVI que demuestra la intención de querer terminar con un viejo problema. Sería ingenuo pensar que el hecho de que hubiera ahora más condenados es porque de pronto aparecen más culpables. En estos delitos de bigamia parecen llevar la peor parte los hombres, que doblan en número al componente femenino. En el distrito de Calahorra se recrudece la persecución de este delito con el inicio del Concilio de Trento. Entre mayo de 1548 y enero de 1557, serán más de ochenta los bígamos castigados en el distrito de Calahorra. Es precisamente este año de 1557 cuando se puede constatar por vez primera la pena de galeras en la Inquisición calagurritana. Sin embargo, será en el auto de fe de 1565, celebrado en Calahorra, donde mejor se apreciará el endurecimiento inquisitorial de mediados de siglo. En aquella ocasión, partieron a galeras cinco nuevos bígamos. Aunque el delito de bigamia se presenta muy esparcido por todo el distrito, parece manifestarse más intensamente en zonas de Bizkaia. La resolución de los casos de bigamia acarreará a los inquisidores, como en otras materias, nuevos conflictos de jurisdicción con las autoridades civiles que aún seguían interviniendo en estos delitos. En lo tocante a los incestos, la situación en determinadas zonas debía de ser seria, según expresiones de los propios inquisidores. El punto culminante en materia de incestos se alcanza con la visita de distrito que realiza el inquisidor Ybarra en 1547. Nada menos que ochenta y cuatro personas fueron procesadas por incesto: casi la mitad de los penitenciados en la visita. Se observa igualmente en la Inquisición un ataque a los delitos de opinión respecto a la idea de que el incesto no constituía pecado. Lo mismo ocurrirá cuando se persiga a los acusados de fornicación, en cuya persecución se puede decir que el Santo Oficio lo que combatía era la creencia extendida de que fornicar no era pecado mortal. Está claro que el Santo Oficio, en materia sexual, también se movía en el terreno de los principios persiguiendo aquello que se oponía a la idea oficial del matrimonio cristiano. El denominado crimen nefando no se manifiesta de forma ostensible en el País Vasco hasta la visita que en 1547 emprendió el inquisidor Ybarra a Vizcaya y Guipúzcoa. Por cartas de los inquisidores, se deduce que, en ocasiones, y en determinadas zonas, el "crimen nefando" revestía cierta importancia numérica. Corroboran esta impresión las constantes peticiones por parte de los inquisidores de Calahorra de un breve al estilo del que disponían los homónimos de Aragón para proceder libremente contra estos hechos sin chocar gravemente con la autoridad civil o eclesiástica. v. BRUJERÍA.

Ante todo conviene señalar que hasta hace muy poco tiempo no había un estudio de conjunto sobre la Inquisición en el País Vasco. Existían, eso sí, muy buenos trabajos monográficos sobre distintos aspectos o temas concernientes al campo de intervención del Santo Oficio, destacando, sobre todo, magníficos estudios sobre la brujería vasca. Hoy día, gracias a las últimas investigaciones, puede reconstruirse, de forma más o menos completa, un primer período inquisitorial correspondiente a la trayectoria del Santo Oficio en el País Vasco cuando aquél tenía su residencia en Calahorra. Menos estudiado está el período siguiente, tocante al tribunal de Logroño, muy extendido cronológicamente ya que abarca desde 1570 hasta la abolición de la institución inquisitorial a comienzos del siglo XIX. Sin embargo, también hay algunos trabajos sobre esta época concernientes a sus primeros años y a determinados aspectos concretos. Quizá el asunto más conocido y estudiado, en este caso, sea el brote de brujería de Zugarramurdi y el auto de fe de 1610. No obstante, hay motivos suficientes para pensar que dentro de pocos años el tribunal de Logroño esté estudiado en su totalidad, teniendo en cuenta el interés que están despertando últimamente los temas inquisitoriales y que ya se está trabajando en ello.

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Iñaki REGUERA