Uharteak

Izaro

Tuvo un convento de franciscanos fundado en 1422 por el obispo de Calahorra Diego López de Zúñiga y por Fray Martín de Arteaga. Previamente había cedido el concejo de Bermeo la isla al convento, el 27 de febrero, reservándose la jurisdicción civil y criminal. Tuvo también dos ermitas dedicadas a Clara y Magdalena. Visitaron la isla y su convento Enrique IV de Castilla el 5 de marzo de 1457, Fernando el Católico el 31 de julio de 1476 y D.ª Isabel la Católica el 17 de diciembre de 1483, mandando construir una escalera desde el agua hasta la puerta. En 1588, la isla de Izaro, habitada por los franciscanos, se puso en estado de defensa. El regimiento general dio a los frailes 24 ducados por lo que habían gastado en ello.

El motivo de esta defensa era que, al irse la mayor parte de la flota del Señorío de Vizcaya a engrosar la armada Invencible, las costas vizcaínas quedaban desguarnecidas. [Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorio de Bizkaia, t. IV, p. 533]. En 1596, las huestes de Francisco Drake se aproximaron con 14 naves al golfo de Bermeo; aunque no desembarcaron, algunos de sus soldados asaltaron el islote de Izaro, ensañándose contra el convento de franciscanos, aunque no llegaron a incendiar su iglesia y claustro. [Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorio de Bizkaia", t. IV, p.590-591]. En 1719 los franciscanos abandonaron el convento estableciéndose en Forua, por lo que la edificación se derruyó quedando hoy sólo ruinas.

Como hemos descrito más arriba, el convento de franciscanos se arruinó. Los bermeanos, pasado algún tiempo, lograron reconstruir parte del edificio. La villa se constituyó en patrono perpetuo de la ermita de Sta. María Magdalena. Todos los años, y para acreditar su posesión, los bermeanos se llegan hasta la isla y arrojan en sus aguas una teja usada. El acto se celebra con gran solemnidad formándose una romería de embarcaciones que aprovechan la celebración para disfrutar de un día de diversión para todos. Han pasado más de doscientos años y la Magdalena todavía constituye un día grande para los bermeanos. Desde la mañana en su puerto pueden verse embarcaciones de todos los tipos engalanadas y dispuestas a hacerse a la mar camino de la localidad vecina de Elantxobe. Todas las autoridades provinciales y locales, tras haber oído misa en la iglesia juradera de Santa Eufemia, suben a bordo de una embarcación. Todos los barcos comienzan a hacer sonar sus sirenas mientras los cohetes dejan oír el comienzo de la romería.

Antes de llegar a la isla el alcalde de Bermeo, en el lugar exacto que lo hicieron sus antepasados y tras las palabras de rigor, lanza la teja a las aguas entre las notas de los txistus. Rumbo a Elantxobe, las autoridades son obsequiadas con bonito y un trago de vino. Después de una travesía de hora y media el alcalde de Elantxobe cede el mando durante unas horas al alcalde de Bermeo recién llegado. Más tarde las autoridades y los pescadores se reúnen ante una comida que estrecha los lazos entre los dos pueblos. Al atardecer las embarcaciones se multiplican. Ante la de las autoridades pasan en círculos, con auténticos alardes de pericia. Roces y cruces que no asustan a la tripulación, marinera de oficio o al menos de vocación. La fiesta de la Magdalena termina con una impresionante romería nocturna, remate merecido a un día de mar con sabor de siglos.