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JUDIO (HISTORIA)

Despliegue de aljamas medievales en el País Vasco. Con anterioridad al siglo X no disponemos de datos que demuestren la existencia de comunidades judías asentadas en el País Vasco, siendo Navarra el primero de los territorios vascos en el que aparecen establecidas familias hebreas. Posteriormente, en el siglo XIII, se instalaron en Araba y documentos de los siglos XIV y XV mencionan las poblaciones de Balmaseda y Orduña (Bizkaia) y Mondragón y Segura (Gipuzkoa) como asiento de población judía.

Navarra. Los datos más antiguos que tenemos sobre presencia judía en el Reino de Navarra se refieren a la fundación de la primera sinagoga en la Navarrería de Pamplona -hecho que tuvo lugar en el año 905, aproximadamente- y a la visita que en el 958, y a petición de la reina Doña Toda, realizó el médico y rabbí Abu Joseph Aben Nasdai para curar al rey Don Sancho. A comienzos del siglo XI aparecen instalados en núcleos como Tudela, Cascante, Monteagudo, Valtierra, Ablitas y Fontella. Fue tolerante la política seguida por los reyes navarros con respecto a los judíos. Sancho el Mayor y sus descendientes les protegieron, protección que se manifiesta en los Fueros otorgados por los monarcas en el siglo XII.En el siglo XIII, la población judía de Navarra se hallaba en pleno crecimiento, a efectos tributarios se agrupaban en cinco demarcaciones de las que eran cabeza las aljamas de Tudela, Pamplona-Monreal, Estella, Viana y Val de Funes. La actitud de los reyes preocupaba a la Iglesia. En el IV Concilio de Letrán se prohíbe a los cristianos comerciar con judíos, prohibición que no tuvo ningún éxito. En 1233, Gregorio IX exigía que se distinguieran de los cristianos en el vestido: la distinción consistía en un círculo de color amarillo que debían coser en sus ropas. Castilla y Portugal obedecieron, no así Navarra, repitiéndose la bula con Teobaldo I y Teobaldo II. Tras la guerra de la Navarrería, en la que los judíos tomaron parte a favor del bando anti-francés, su situación empeora. Felipe, esposo de Juana I de Navarra, introduce en Navarra la «Ordenanza de San Luis» por la cual se absuelve a los cristianos de toda responsabilidad legal con sólo devolver a los judíos el capital recibido como y cuando quisieran, sin pagar ningún tipo de interés. La hostilidad antisemita crece en el primer tercio del siglo XIV y estalla violentamente en las persecuciones de 1328. Con la instauración de la dinastía de los Evreux las perspectivas se vuelven más favorables; en 1330 el rey Felipe de Evreux sanciona el Amejoramiento, permitiendo a los judíos comerciar con los cristianos, la usura se limita al 20 % Los monarcas posteriores les brindaron su apoyo, así, Carlos III les concedió cargos importantes en la Corte -tres de los cuatro médicos eran hebreos-. En 1435, Don Juan y Doña Blanca I liberaban a los judíos de Tudela de las cargas que no podían pagar y en 1469 se reedificaba, por orden de Doña Leonor I, la judería de Pamplona. Sin embargo, a pesar de estas medidas favorables, no iba a prolongarse mucho más tiempo la estancia de los judíos en el Reino de Navarra. En 1492 Isabel y Fernando firmaron un decreto por el que se expulsaba a los judíos de Castilla; seis años más tarde eran expulsados por Catalina I de Navarra.

Araba. Exceptuando a Navarra, fue el territorio vasco que albergó mayor contingente de población judía. Los hebreos se instalaron en núcleos próximos a las rutas comerciales: Camino de Santiago y rutas de la lana. Los documentos del siglo XIII señalan presencia judía en las siguientes poblaciones: Anteñana, Antenaza, Barrio-Espejo, Berantevilla, Caicedo Yuso, El Villar, Estavillo, Fontecha, Guevara, Labastida, Laguardia, Mendoza, Morillas, Ocio, Peñacerrada, Puentelarrá, Salinas de Añana, Salinillas, Salvatierra, Santa Cruz de Campezo y Vitoria. El más famoso de estos asentamientos es el de Vitoria. Inmediatamente después de la fundación de la villa y de la concesión del Fuero por Sancho VI en el año 1181, se instalaron judíos en Vitoria. Gracias a los Fueros gozaron de ciertos privilegios en comparación a sus correligionarios castellanos; así, por ejemplo, Serdán indica que se vieron «libres de ser vendidos como esclavos en pública almoneda». La comunidad judía tuvo su propio barrio en la llamada calle de la Judería, paralela a la de la Cuchilleria y Pintorería y amurallada por la calle Nueva. La puerta de salida daba al Portal del Rey. Los reyes de Castilla los protegían porque obtenían de ellos apoyo económico. En el Repartimiento de Huete (1290) aparece el padrón de los judíos de Castilla y lo que tributaban correspondiendo a la aljama vitoriana contribuir con 11.392 maravedis (8.521 más 2.871 de servicio). Tras la caída de Pedro I y su sustitución por Enrique de Trastámara, se desencadenó una activa política antisemita que culminó con los progroms de 1391 que afectaron a los judíos de Castilla, Aragón y Valencia. Sin embargo ni Vitoria ni ninguna otra población alavesa se sumaron a la revuelta antijudía, hecho que demuestra que las relaciones con los cristianos eran más amistosas que en Castilla. Durante el siglo XV el Concejo de Vitoria endurece su actitud con respecto a la población hebrea. Las Ordenanzas dictadas en 1428, 1482, 1486 y 1487 contienen medidas de carácter restrictivo tendentes a conseguir el aislamiento de la comunidad judía; por ejemplo, se les obliga a llevar «señales coloradas» y trabajar en fiestas de guardar. Estas medidas eran similares a las adoptadas en el resto de la Península, disposiciones cada vez más restrictivas que culminaron con el decreto de expulsión firmado por los Reyes Católicos. Un hecho hay que destacar y es que a pesar de todas las medidas y prohibiciones emanadas del Concejo, las relaciones que los judíos mantuvieron con la ciudad debieron ser más amigables que en Castilla como lo demuestra el hecho de que al marcharse donaran a la ciudad su cementerio, Judizmendi.

Bizkaia. Dos son las poblaciones que en territorio vizcaíno figuran como asentamiento de judíos, Orduña y Valmaseda, siendo la aljama de Valmaseda la más importante. La villa de Valmaseda fue en la Baja Edad Media un importante centro comercial. Estaba encargada, en la línea aduanera Valmaseda-Orduña-Vitoria, del registro de las mercancías extranjeras que desembarcaban en su puerto y que luego eran transportadas a La Rioja y Bureba. Esta floreciente vida comercial atrajo a los judíos que se instalaron en la villa bajo la protección de los Velasco, condestables de Castilla. La aljama se desarrolló rápidamente; en el Repartimiento que por orden del rey Enrique IV realizó en 1474 Rabbí Jacob Aben Nuñez, juez mayor de los judíos y médico del rey, la cantidad asignada a la aljama valmasedana es de 1.100 maravedís, cantidad análoga, dice Rodríguez Herrero, a la de otras aljamas conocidas por su pujanza. En 1485 los Reyes Católicos fijaron la contribución de los judíos de Valmaseda en 28 castellanos. La protección que los reyes dispensaron a la aljama no evitó que fueran víctimas del sentimiento antisemita que en el siglo XV se extendió por la península. En 1483 la aljama valmasedana sufrió persecución y en 1486 el Concejo, haciendo caso omiso de las órdenes reales, los expulsó de la villa.

Gipuzkoa. Son muy escasos los datos que tenemos sobre presencia judía en Guipúzcoa. Las «Ordenanzas de la Hermandad de Guipúzcoa» del año 1457 prohíben el paso de judíos por la provincia «sin señales so las penas contenidas en la ley». El Repartimiento de 1485 cita a las poblaciones de Mondragón y Segura como asientos de población judía. No se conocen otros asentamientos.
El régimen jurídico.

a)Período Altomedieval. Se conservan tres Fueros municipales que tendrán gran importancia en el desarrollo normativo del derecho municipal de Navarra: El Fuero de Nájera, el de Jaca y el de Logroño. Los tres contienen alusiones a los judíos. En el Fuero de Jaca se igualan los judíos y los vendedores de pan, si bien se discriminó a unos y otros prohibiéndoles acudir al molino que quisieran. Pero no se hizo discriminación en la administración de justicia. El Fuero de Nájera equiparaba el homicidio del judío con el del infanzón y clérigo. El Fuero de Logroño no alude directamente a los judíos, tan sólo dice que el cristiano incumplidor del Fuero será señalado como maldito y anatemizado como judío. Durante la Baja Edad Media son ya numerosos los textos legales que contienen referencias a los judíos. Se distinguen varias etapas.

b)Siglo XII. Los judíos conocieron una etapa de bienestar en todos los reinos hispánicos. La protección, interesada, que les dispensaban los reyes permitió el desarrollo de las aljamas. Los Fueros promulgados en esta época en Navarra son indicadores de la actitud favorable que tenían los monarcas con relación a la comunidad judía. En este siglo quedan ya fijas las familias de Fueros municipales navarros, en todos ellos se menciona a los judíos: Familia del Fuero de Sobrarbe: A él están aforadas poblaciones como Tudela y Corella. En las primeras redacciones son escasas las alusiones pero en 1330, cuando los jurados y el Concejo de Tudela cambian sus fueros, se establece que los judíos y moros deben ser protegidos «segunt el dicho fuero e la costumbre de Tudela». Familia del Fuero de Estella: Es la aplicación más antigua en Navarra del fuero de Jaca. En él se dice que los judíos son libres, pueden comerciar libremente y gozan de protección jurídica. Socialmente quedan equiparados a los villanos («infanzones ad francos similiter et francos ad infanzones similiter. Sed infanzones et francos ad villanum et ad iudeum, iuratorem unum hominem qui quindecim annos aut plus habeat ex solidiis decem infra dabunt»). Quedan equiparados también a los navarros y rústicos («Et iudeus et villanus sua manu iurabit ex XIIcim denariis supra. Et navarrus caput sui compatris iurabit...»). No se nota diferencia jurídica en razón de la diversa religión: cristianos y judíos deben probar sus afirmaciones con testigos (Si aliquis iudeus debet aliquid christiano et iudeus vult negare, cvm testimonüs debet probare; si francus est, cum uno franco et uno iudeo; si homo de foris est, cvm uno homine de foris el cvm uno iudeo. Et iudeus christianum similiter.»). Se admiten las cartas de rabbí que tienen el mismo valor que los testimonios y testigos («Et si advenerit ut christianus habeat cartam, non potest negare iudeo, quia carta factade rabbí valet quantum testes contra iudeos. Sed opus est iudeo ut monstret ad illvm qui cartam tenet, quomodo paccauit eum cvm testibus, et si non potest probare iuret ille qui querit, quod non fuit paccatus, et paget illum.»). Tienen también valor jurídico los juramentos entre judíos y cristianos indistintamente («Sed si christianus contra iudeum pleitum habet, aut de censu vel batetura aut de nulla causa, si non habuerit cartam aut testes, cvm una iura se debet salvare iudeo, et passabit; et christianus cvm una iura contra iudeum et passabit similiter, si non habet testes»). El Fuero obliga a pagar las deudas contraídas con los judíos («Et quod nullus homo possit esse ingenus contra francos de Stella vel iudeos de aliquo debito»). El Fuero de Viguera y Val de Funes obliga a los judíos a cumplir las leyes en él contenidas, de la misma forma que están también obligados los infanzones y moros. Se autoriza a los hebreos a apropiarse de las cosas muebles empeñadas en sus casas, aun sin documentos ni testimonios, transcurrido un año. Por último equipara la muerte del judío con la de cualquier otro, siendo la caloña de 500 sueldos. No obstante, el judío es considerado individualmente, es decir sin entroncarlo en una familia o parentela. El Fuero de la Novenera equipara a judíos y cristianos en la pecha por homicidio. El Fuero de Daroca establece las mismas penas y caloñas para las tres religiones. El Fuero de Medinaceli alude a los judíos en una sola frase, «Vecino non tenga voz si non de moro o de jadio». Parece que indica una superioridad de los cristianos sobre hombres de otras religiones.

c)Siglo XIII. Desde finales del siglo XII las comunidades judías de Navarra así como las del resto de la península, comenzaron a organizarse. Suárez Fernández dice que «constituían una sociedad completa dentro de un territorio ocupado por otra sociedad que no los asimilaba. Judíos y musulmanes constituían microsociedades ligadas únicamente al rey por una dependencia personal». En cada aljama hay una sinagoga y un rabí. Hay además un rabí mayor de todos los judíos de Navarra. Tienen ordenanzas y se rigen por ellas. En 1170 el rey Sancho el Sabio concedió a la aljama de Tudela las ordenanzas y fueros que en 1211 fueron confirmados por Sancho VII el Fuerte. Son los siguientes privilegios: -La facultad de vender las casas que dejaban en su barrio («In primis laxo vobis vestras casas quas habetis in illo vestro barrio vel per prendere ad cuiucumque volueritis aut per dare aut per tenere vel per facere inde vestram propiam voluntatem»). -Les concede el Fuero de los judíos de Nájera y que no pagasen lezta con la condición de cuidar de las reparaciones del castillo excepto de la torre mayor («Deinde afirmo vobis illvm forum de Nájera et quod non detis lezdam in tota mea terra et quod non detis ullum pectum, pro tali condicione, quod curetis illvm castellum de Tutela foras de illa turre maiore»). -Que si eran invadidos en el castillo y mataban algunos hombres, no pagasen homicidios («Si enim aliqui forte invaserunt vos in illo castello et contingetit, quod sint ibi plegati aliqui homines vel occisi, pro isto judei non pectent homicidium nec recipiant dampnum aut sit dies vel de nocte»). -Que en los juramentos que hicieran, a petición de cristianos, respondieran diez veces juro y otras diez amen («De illas juras quas debitis ad christianos in illa carta solito more, quod respondeat judeus decem vicibus juro et alias decem amén et hoc suficiat»). -Que tuvieran por juez un cristiano, puesto por el rey al cual acudieran con sus quejas los cristianos. Pero que si algún cristiano tuviera alguna queja sobre algún judío, no le pudiera prender, sino que enviara su queja a quien tuviera el dominio de los judíos y después acudiera al juez, cristiano, quien encerraría al judío hasta hacer justicia («Si aliquis christianus habuerit rancuram de iudeo non sit ausus capere illvm, set primitus faciam suum clamorem ad illvm, qui erit dominus judeorum per manum regis, et si non fecerit directum ad christianum clamantem, deinde vadat christianus ad justiciam regis, qui erit christianus, et justicia regis capiat illvm judeum et teneat in presone, donec faciat directum ad suum clamantem»). que en los juicios de moros contra judíos lo probaran con judío y moro, tal como se hacía entre cristianos, moros y judíos («Moro non probet judeum nisi cum moro et jude sicut est inter christianos et moros et judeos»). -Finalmente se les señaló cementerio para enterrar a sus muertos («Dedit eciam rex judeis per fossares locum»). Estos mismos privilegios fueron concedidos en 1171 a los judíos de Funes. El albedrío percibía la tercera parte de las multas impuestas por faltas contra las ordenanzas de la aljama, mientras que sólo percibía una novena parte de los delitos cometidos contra las leyes del reino. De recaudar las pechas que los judíos pagaban al rey se encargaba un baile. En enero de 1237 se redacta el Fuero General de Navarra; diversos artículos tratan de los judíos: -Se afirma que en los tratos -compras, ventas, donaciones...- realizados entre hombres de distintas religiones, los testigos aportados deben ser uno de una religión y el otro, de la otra, mientras que el escribano será de la religión del actuante («Si algún cristiano faze convenienzas algunas de heredar con judío ó con moro, de vendida, ó en permaniente ó de donadío, ó dalgunas dotras cosas, escribano cristiano debe escribir aquili feicho, et si judío con cristiano hobiere convenienza alguna, escribano judío debe escribir la carta, et si el cristiano may llevare de judío, o de moro, el escribano cristiano debe escribir la carta, el si el judío may llevar haber de cristiano, escribano judío debe escribir la carta, el si el moro may llevare aver de cristiano, escribano moro debe escribir la carta, esto mesmo se ha fecho, si judío o moro hoviere convenienzas con cristiano, en todas las sobre dichas cosas, lun testigo debe ser de la una ley et lotro testigo debe ser de la otra ley, cuales fueren las personas que fazen las convenienzas deben ser escriptos los testigos, et eso mesmo la fianza de como se avenieren»). -Contiene, en un larguísimo capítulo, el modelo del juramento que deben prestar los judíos. -El Fuero especifica que heredades dan diezmos y primicias a la Iglesia, aunque sus dueños sean judíos o moros, únicamente quedan libres las heredades que nunca estuvieron en manos de cristianos («Si algunos infanzones o otros ombres diessen algunas heredades á iudios ó á moros por vendida ó por compra ó por empeynnamiento ó por donadío por ninguna razón no pueden estraniar las diezmas nin las primicias de los frutos que verran en aquellas heredades. De cada fruyto deben dar entegramente la diezma el la primicia á las Eglesias ond vienen las heredades et si non dan, devenlos peyndrar como por otra deuda, ata que den la diezma e la primicia, magër todas las otras heredades que los moros et los iudios han por sus avolorios et eyllos nunqua los obieron nin tovieron de cristianos, daqueyllas heredades non deben dar diezma nin primicia»). -El judío queda equiparado al franco, al moro y al villano en varios capítulos del Fuero General: («Si fidalgo preindrare á franco, villano, judío ó moro, dando fiador de dreito, cuanto mandare la Cort del Rey, et transnuitare los peinos que no los quiere dar, debe sesenta sueldos al Rey...»). Si un hidalgo matare á franco, ó á villano, judío o moro, debe aver homizidio, si cavaylo ó bestia ninguna cualquiera de infanzón matare á franco, villano, moro o judío el matador es homiziero»). («Si algún fiere á judío ó á moro, asi que la sangre salga, et esto puede ser probado por cristiano et por judío, quinientos sueldos deben per calonia tanto cuanto si lo hobiese muerto»). («Si un fidalgo matare a otro non deve homizidio al rey, mas si matare á otro franco o villano o iudio o moro deve homizidio...»). La equiparación no es general, en otra ley del Fuero se habla del moro o villano que huye de su señor y cambia de heredad. Esta condición de siervo de la gleba nunca es afirmada para los judíos. Durante el siglo XIII, amparadas por estas leyes, las aljamas navarras conocieron una época de esplendor. Al mismo tiempo que se consolidaban las comunidades judías de Navarra, se instalaron familias hebreas en Alava.

d)1274-1334. En el último tercio del siglo XIII la situación de los judíos se hace más dificil. En Castilla, se dictan medidas discriminatorias en las Cortes de Jerez (1268) y de Sevilla (1269). En Navarra, el triunfo del partido pro-francés en la guerra de la Navarrería significó el comienzo de una etapa de dificultades para las aljamas navarras. En la guerra civil, los judíos habían apoyado al bando antifrancés; con el triunfo de éste, la persecución antisemita se extendió por todo el reino, resultando afectadas, entre otras, las aljamas de Estella, Tudela, Viana y Funes. El rey francés, Felipe III, bajo cuya tutoría se hallaba el reino de Navarra, defendió de la usura judía a los Concejos de Ribaforada y Buñuel y al monasterio de la Oliva. En 1299, Felipe, esposo de Juana I de Navarra, introdujo en el reino la Ordenanza de San Luis, por la cual se absolvía a los cristianos de toda responsabilidad legal con sólo devolver a los judíos el capital prestado, sin pagar ningún tipo de interés. El sentimiento antijudío, común a todos los reinos peninsulares, creció durante el primer cuarto del siglo XIV y culminó en Navarra con las persecuciones de 1328. Sin embargo, con la instauración de la dinastía de los Evreux, comenzó una etapa más favorable para los judíos del reino. En 1330 el rey Felipe de Evreux, esposo de Juana II, sancionó el Amejoramiento foral. Este amejoramiento pretendía adecuar la legislación a las nuevas exigencias sociales, políticas y económicas. Constaba de 34 capítulos; los referentes a los judíos son los siguientes: -Cap. XII. «Como los iudíos sean cosa nuestra propia, queremos et ordenamos por fuero que las cartas de las deudas que faran, fagan a lur propio nombre et non en nombre dotri et si el contrario fizieren que pierdan la deuda et sia del rey. El iudio en cuyo nombre fuere feyta la carta de la deuda si no fuere requerido por la synoría que diga la verdar, et si no la dixiere, que pague tanto como es la deuda para la seynnoría». -Cap. XIII. «A resteeyner las malicias de los iudios et de los moros establezemos que ningun iudio nin moro non empreste a más de V por VI nin ponga en la carta sinon quoanto empresta de cabal: et que fiziere el contrario que pierda la deuda et sia del rey. Et que cada rabil por la fiesta de Sanct Johan Battista publicament en las sinagogas de los iudíos ite al aliama que empresten en la forma de sus dicta et no en otra manera, et si el rabi non gitare bien et leyalment al aliama, que pierda el oficio et pague L libras al rey, et si non sea preso ata tanto que las aya pagadas». -Cap. XIV. «Encara establezemos que después que el iudio una vegada oviere feyto su prestamo con carta, que non faga renovamiento de la deuda ata V aynos que sea doblada la deuda, porque no reziba usura de usuras, et qui el contrario fiziere que pierda la deuda et sea de la seynnoría». Cap. XV.«Por las grandes malizias et engaynnos que fazían los iudios en los tiempos pasados, faziendo las alvarras de las pagas que faran los cristianos a los iudios o a los moros que se fagan por notarios cristianos, et el notario que faga mencion de la deuda de la carta et del nombre a qui sé debe et la fezo et un testigo sea testigo cristiano et el otro iudio o moro, o quoalquiere que se faga la paga, segunt fuero». - Cap. XVII. «Placemos e tenemos por bien porque los iudios et los morospuedan cobrar sus deudas et pagar sus peytas, que los iudios et los moros puedan comprar de las heredades de los cristianos et quoando querran et menester les fara que los puedan vender á cristiano las dictas heredades». El mismo control de la actividad usuraria aparece en la Corona de Castilla: en 1332 Alfonso XI ordenó a los judíos de Vitoria que «los judíos que morassen en la villa nin en otro lugar que non fagan cartas de debdas sobre los cristianos vecinos dende et que si los fizieren, que non valan».
El régimen jurídico (2).

e)Segunda mitad del siglo XIV. El control de las actividades de los judíos no impidió que las aljamas navarras, al amparo del Amejoramiento, prosperaran. En 1336 el gobernador de Navarra ordenó que se llevase a cabo la reedificación de la judería de Pamplona: «...Salhadín Dangleura seynnor de Chenesi gouernador de Nauarra. A los nuestros amados Pere Payssera franco de Pomplona et a Bartholomeo mercero vecinos de la dicta villa de Pomplona salus et amor, como por el muyto alto et poderoso princeps D. Carlos rey de Francia et de Nauarra qui fue fesse ordenado el mandato et cierto logar lo assignado en la nauarrería de Pomplona do los judíos de Pomplona fuessen a fragoar e hedificar casas pora lures moradas et les cuiesse fecho cerrar el dicto logar que es clamado judería que ninguno non les ouiesse enojo, mal nin cdaynno en los cuerpos nin en los bienes a fazer et fincassen saluos et seguros en la dicta judería...» De esta época son también los Fueros Nuevos de Pamplona. En ellos se repiten las normas del Fuero General en cuanto a pruebas y testigos, diezmos y primicias y multas por las heridas causadas a judíos. Se establece que en la venta de la heredad judía a cristiano se debe reservar para el rey la tercera parte del precio de la venta. Aunque con presiones incitándoles a la conversión, se puede considerar que en la segunda mitad del siglo XIV, los judíos navarros disfrutaron de relativa paz, en contraste con otras Zonas de la península. En 1391 se desencadenaron violentos progroms que provocaron la desaparición de algunas juderías y numerosas conversiones. La política de los reyes navarros estaba encaminada a conservar a los judíos y sus bienes. Este fue el motivo por el que Carlos II, además de confirmar en 1355 los fueros de la aljama de Tudela, impuso en 1380 la tasa del 25 % sobre todo bien raíz que los judíos vendieran a los cristianos.

f)El siglo XV. El rey Carlos III continuó la política de protección a los judíos. En 1401 perdonó a la aljama de Tudela las 120 libras que debía de la contribución ordinaria para que pudieran reparar la sinagoga mayor. Resolución similar tomaron en 1435 los reyes Doña Blanca y Don Juan cuando perdonaron a los judíos tudelanos 342 libras de la pecha ordinaria «para que loa que eran ausentados tornasen a vivir a su regno». Estas disposiciones contrastan con las que se dan en otros territorios del País Vasco. En el caso de Araba, y concretamente en Vitoria, el Concejo dicta en los años 1428, 1482, 1486 y 1487 medidas discriminatorias para la comunidad judía. -Ordenanzas de 1428. -ordenaron e mandaron que alguno nin algunos judios nin judias de la dicha juderia e de otra qual quier parte, que non anden sin sennales coloradas, segund la ordenança del dicho sennor Rrey, por la dicha villa e su jurisdicion, so la pena en la dicha ordenança contenida. -Otrosi que ningund judio nin judia que non labren en la dicha villa en los dias de los domingos e de las pascoas e de los apostoles e fiestas de santa Maria e de la Ascension e Corpus Christi, en ofiçio alguno, so la pena... -Otrosi por quanto en esta dicha villa ay muchas e buenas ordenanças entre las quales es ordenança que ningund judio nin judia nin otro por ellos, non conpren abes en los dias de los domingos nin de los juebes fasta medio dio, so pena que pierdan las tales abes, mandamos que esta dicha ordenanza que sea guardada... -Otrosi qual quier judio o judia de la dicha villa o de fuera dalla, que donde quier que en la dicha villa viera que pase el Cuerpo de Dios o la Santa Cros, que fagan reverençia poniendose arrodillas, quitando los caperotes, so pena quel que lo contrario... -Ordenanzas de 1482. -«Ningund judio nin judia durante que se disen los oficios de las misas, non sean osados de entrar en el monesterio de sant Françisco nin en sus portegados nin calostra, so pena de cada seysçientos por cada vegada, en los cuales loa avian por condepnados para los muros e calçadas de la cibdad de Vitoria...» -Acordaron e hordenaron e mandaron que ninguna mujer nin moça de dies annos arriba, non entren nin anden en la juderia desta çibdad de dia nin de noche, sin conpannia de honbre macho que sea de tal hedad de quatorse annos arriba, so pena de sesenta maravedis, la mitad para el acusador, la otra mitad para la justicia desta çibdad, e demas que el culpante yaga nueve dias en la cadena. -Otrosy que ninguna persona cristiana con conpannia nin syn ella, non sea osada en dia de sabado nin en otro dia alguno, faser fuego nin guisar en casa de judio, para judio alguno, so pena de Cincuenta açotes... -Ordenanzas de 1486. -Que ningun non sea osado de entrar a bender en la calle de la judería hortalisa nin fruta nin cosa de comer nin yerba nin alcaçer e aun que la conpren de fuera de la calle que je la lyeben, sy querran, asta la puerta de la juderia e non adentro, so pena que pierda lo que asy levare a bender e caya en pena mas de veynte e quatro maravedis por cada begada, la mitad para el acusador e la otra mitad para las calçadas desta çibdad. -Otrosy que ninguna moça nin muger non sea osada de entrar en la dicha calle de la juderia para ninguna cosa que aya necesaria syn que lleve consygo un ome lego que ande con ella fasta que salga de la dicha calle, so la dicha pena e de tres dias en la cadepna, e que judio ninguno non la acoxa en su casa de otra manera so pena de quinientos maravedis, para ally a donde la justiçia fallare se deben destribuyr e mas que yaga nuebe dias en la cadepna. -Otrosy que ninguna muger nin moça cristiana non se alquile a jornal a judio nin judia ninguno so la dicha pena de los dichos veynte e cuatro maravedis e tres dias en la cadepna por cada begada, e para que non pretendan ynorançia, mandaron lo asy a pregonar publicamente por la çibdad... -Ordenanzas de 1487. -En estas ordenanzas, lo que se hizo fue recopilar y codificar todas las disposiciones que en años anteriores se habían decretado contra ellos. A continuación transcribimos aquellas que suponen novedad: -Otrosy acordaron y mandaron que nyngun judio ny judia no sea osado de hazer buaydas el dia de domingo, e si la fiziere que caya en pena de dozientos maravedis, ny buayda alguna eche a curar so la dicha pena, la meytad para el meryno y la otra meytad para ally donde acordaren la dispusiçion se aya de destribuyr. -Otrosy acordaron e mandaron que nynguna persona cristiana con conpanya nin sin ella, non sea osado en dia de sabado nin en otro dia alguno hazer fuego ny guisar en casa de judio para judio alguno so pena de sesenta maravedis y al judio que lo tal consintiere en su casa por cada begada sesenta maravedis. -Otrosy hordenamos que ninguna judia no sea osada de cozer pan en horma de cristiana so pena de beynte e quatro maravedis y que pague la judia los doze maravedis y la homera que pague los otros doze maravedis por cada bega, y que esta pena que sea para los rregidores la mytad y la otra mytad para los merynos, y otrosi que nynguna panadera cristiana no sea osada de llebar pan nynguno a bender a la juderya so pena de beynte y quatro maravedis. -Otrosy que ninguna judia ny judio no sea osado de thener tienda en dia de domingo ny labrar ny texer en las puertas so pena de beynte y quatro maravedis por cada begada, e otrosy que el dicho dia de domingo los judios ny judias no sean osados de thener tienda abyerta de merçerya ny de hazeyte ny de mercaderyas ny otras cosas para lo bender a los cristianos, so pena de dozientos maravedis, la mytad para los rregidores y la otra mytad para los merynos. -Otrosy que todos los judios y judias de la dicha juderya asy los bezynos de la dicha çibdad como los estranjeros y foranos que bynyeren a ella, que traygan sus sennales de panna colorado en las tropas someras que truxieren segund esta hordenado por los Rreyes, y cualquyera que lo truxiere sin sennal que aya perdido la tropa que asi trae y que sea la tal tropa de los merynos que ge la tomaren. otrosy que ningun cristiano o cristiana de la dicha çibdad o de fuera dalla no sean osados de morar con judios ny con jadias aparejados ny asoldados para que les sirban o aprendan con ellos ofiçio nynguno, so pena que por la primera bez que lo fallaren en ello que den beynte açotes y lo echen de la qibdad, y que los judios o judio que tal cristiano o cristiana tobiere que sea rrequerido que lo eche de su casa, e si no lo echare que pague en pena dozientos maravedis, y que ninguno no pueda dar liçençia a alguna muger para que entre de noche en la dicha juderya, e sy fallare que tal liçençia diere el dicho meryno que pague en pena dozientos maravedis para los alcaldes e rregidores y que faga nuebe dias en la cadena, y luego el procurador del dicho conqejo pida esta pena y el alcalde que fuere le condene en esta dicha pena syn figura de juyzio. Otrosy que nyngun judio no sea osado en dia de domingo ny de apostol ny de santa Marya ny de Pasqua, de andar en nynguno de los dichos dias, asy estranjeros como bezinos, especialmente en los domingos, so pena de çcient maravedis, la meytad para los alcaldes y rregidores y la otra meytad para los merynos. -Otrosy que ningun judio no sea osado de thener tienda de hazeyte ny de candelas ny de otra cosa alguna publicamente para los bender a los cristianos, so pena de trezientos maravedis por cada begada, la meytad para los rregidores y la otra meytad para los merynos. -Otrosy que judio ni judia desta çibdad ny de otra fuera della no pose en casa de cristiano de la dicha çibdad y sus arrabales, so pena de quinientos maravedis, y que tal judio pague los trezientos maravedis, e que esta pena sea para los alcaldes y rregidores y justiçias y diputados. No sólo en Alava, sino también en Guipúzcoa y Vizcaya aparecen leyes restrictivas con respecto a los judíos, así, en 1457 se prohibe a los hebreos circular por la provincia sin llevar señales. En el caso de Vizcaya, la villa de Valmaseda prohibe en 1483 que «ningun judío non viniese nin podiese venir de vivienda,a la dicha villa nin podiese casar fijo nin fija fuera de la dicha villa para que hobiese de venir a vivir en ella so pena de 30 mil maravedis». Todas estas medidas, cada vez más discriminatorias, desembocaron finalmente en el decreto de expulsión firmado por los Reyes Católicos en 1492. Seis años más tarde, los reyes de Navarra imitaban su ejemplo.
Oficios y ocupaciones. Los oficios desempeñados por los judíos fueron variados, los documentos mencionan a propietarios agrícolas, comerciantes, prestamistas (tanto de dinero como de alimentos) artesanos, médicos, recaudadores de impuestos... Los Archivos de la Cámara de Comptos proporcionan datos sobre las inversiones realizadas por los judíos de Navarra en el sector agrícola. Durante el siglo XII, los documentos muestran una tendencia inversionista que da paso, en la segunda mitad del siglo XIV, a una corriente de ventas consecuencia de la inestabilidad política y de las persecuciones de las que habían sido objeto las comunidades judías. La mayor parte de las heredades en las que invertían los judíos eran viñedos, debido a los altos rendimientos que obtenían de su cultivo. Invirtieron también en huertos y parcelas de tierra que dedicaron al cultivo del cereal. La importancia del viñedo se manifiesta en la suma que obtuvieron por su venta, en la segunda mitad del siglo XIV, los judíos de Viana, suma que se elevó a 44.388 sueldos, frente a los 3. 140 y 6.298 sueldos obtenidos de las ventas de huertos y parcelas de tierra respectivamente. Hubo entre la comunidad judía grandes propietarios de tierras; así, se puede citar a la familia Albofazán de Tudela y a los Benayón, Melca y Medellín de Viana. Una profesión muy extendida entre los judíos fue la de prestamista. Los elevados intereses que cobraban les restaron simpatías entre el pueblo y provocaron la intervención de la Iglesia: en 1257 el Papa Alejandro IV autorizaba al rey Teobaldo a reprimir la usura y a despojarlos de los bienes que hubieran adquirido por ese medio, restituyéndolos a sus dueños o destinándolos a usos piadosos. También los reyes intervinieron para frenar la usura; en 1277 el rey Felipe de Francia, como tutor de la reina Juana I, ordenaba que los judíos estelleses esperasen ocho años a sus deudores para el pago, cobrando cada año la octava parte. En 1280 el rey Felipe de Navarra ordenaba que se observara la Ordenanza de San Luis, ordenanza que prohibía la usura obligando a los judíos a cobrar tan sólo el capital prestado. En 1330, en el Amejoramiento, Felipe prohibió un interés superior al 20% sin embargo, la norma fue transgredida en varias ocasiones, así, por ejemplo, en 1401 el rey Carlos III tomó prestados 200 florines a un interés del 35% Las operaciones de crédito se realizaban a título individual. Las agrupaciones familiares que intervienen lo hacen nominalmente. En Estella, en la primera mitad del siglo XIV, destaca la familia Leví. En Pamplona, Mirón de Bergerac. En Tudela, la familia de Ezmel de Ablitas, y en Viana, los Melca. Los judíos destacaron como médicos. Los monarcas utilizaban los servicios de los médicos hebreos así, por ejemplo, la reina Doña Toda hizo llamar a Pamplona al médico y rabbí Abu Joseph Aben Nasdai para que se ocupara de su nieto, el rey Don Sancho. En el siglo XV, tres de los cuatro médicos de la corte del rey Carlos III eran judíos. También los Concejos de las ciudades reconocían su valía y procuraban disponer de los servicios de los más afamados. Se puede citar el ejemplo del acuerdo firmado entre la ciudad de Vitoria y el cirujano David en virtud del cual el Concejo pagaría 6.000 maravedís anuales si él accedía a instalarse en la villa. Tras la expulsión de los judíos, se planteó en ciudades como Vitoria un problema de falta de asistencia médica, debido a que esta profesión había sido ejercida exclusivamente por hebreos. El Concejo, ante lo grave de la situación, se vio obligado a pedir al licenciado Antonio de Tornay que permaneciera en la villa durante un año con el pago de 10.000 maravedís. Los reyes utilizaron también a los judíos como recaudadores de impuestos. Comerciantes adinerados arrendaban las contribuciones de villas y ciudades, así los judíos vitorianos Don Gaç y Don Juçef arrendaron en 1276 a Alfonso X en quinientos mil maravedís los tercios de las rentas reales de Castilla. Por último, señalar el papel de los judíos en la literatura de la época. Destaca Benjamín b. Yonah de Tudela que vivió en la segunda mitad del siglo XII. Su «Libro de Viajes» se basa en las notas e impresiones recogidas durante su itinerario a lo largo de España, Francia, Italia, Grecia, Constantinopla, el Egeo, Israel, Mesopotamia, Persia, Egipto, Sicilia y España. Bajo la apariencia de un itinerario, Benjamín de Tudela pasa revista a tres aspectos fundamentales: los judíos y su situación, las grandes líneas de la política en y entre las naciones del mundo cristiano occidental y las del ámbito islámico oriental, y los principales centros comerciales occidentales y orientales.
Revueltas antijudías. En el último tercio del siglo XIII se percibe en todos los reinos peninsulares una actitud de intolerancia hacia la comunidad judía. Es un momento de depresión económica, Ubieto Arteta pone en relación las expulsiones, leyes antijudías y matanzas con las épocas de recesión. En Navarra, el régimen francés acentúa el antijudaísmo, los reyes Felipe III de Francia y Juana I de Navarra limitan la acción de los hebreos al establecer que en sus préstamos sólo recibirían lo prestado, sin ningún tipo de interés. La hostilidad antisemita creció durante el primer cuarto del siglo XIV. En Castilla, el Sínodo de Zamora, celebrado en el año 1312, introducía las disposiciones del Concilio de Vienne (1311). Se abría así una etapa desfavorable para los judíos al prohibir la usura y no aceptar testigos no cristianos en un pleito por deudas. La intolerancia hacia las comunidades judías se extiende por Europa, son perseguidos en Alemania y expulsados de Francia e Inglaterra. En Navarra la persecución se desató en 1328, durante el interregno, tras la muerte del rey Carlos I. Campión explica las causas de la revuelta: «Cristianos, moros y judíos convivían en el mismo territorio sin que la diferencia de raza, costumbre y religión crearan al parecer entre ellos, diferencias invencibles y odios irrestrañables, preludio de la extirpación violenta de los menos por los más. El hecho de que la matanza se centrara en los judíos, dejando a salvo a los moros, indica por sí sola que la disparidad étnica y religiosa fue la menor de las causas de aquel suceso. Los judíos iban atrayéndose la enemistad de los cristianos principalmente por sus abusos usurarios y mala fe, existía prevención de ánimo de índole religiosa pero no se puede achacar a la exaltación religiosa solamente la sublevación porque de ser así también hubiera afectado a los moros. Más bien a que eran muchos los deudores a los judíos y no menos los envidiosos de sus riquezas y los resentidos por sus ganancias». Moret tiene una opinión similar: «La causa de la revuelta es la codicia intolerable de los judíos en las usuras... , ahora habían crecido tanto los excesos de esta raza que eran aborrecidos por los cristianos. Aprovechando la licencia del interregno y el tiempo revuelto se sirvieron de ella y conspiraron para acabar con esta mala raza». Ambos autores, junto con Kaysserling y Arigita culpan al franciscano Pedro de Ollogoyen como el principal instigador de la revuelta. Las matanzas comenzaron en 1321 y continuaron en 1327 y 1328. Goñi Gaztambide centra la persecución en el año 1328, rechazando que hubiera habido una gran matanza con anterioridad a esta fecha. En 1321 se planteó en Navarra el problema de los pastorelos, bandas que habían sembrado el pánico entre los judíos del sur de Francia. En Navarra hubo algunas infiltraciones que no parece que tuvieron gran importancia. El merino de Estella, Dru de Sant Pol, presenta unas cuentas de una partida contra los pastorelos «por expensas del dicho merino e de XII omes a caballo e de cinco omes a pie quel acompaynnaron quoando del dicho logar teniente ovo mandamiento e fue a Pamplona en razon que los pastorreles eran venidos por matar judios en IV dias de ida e venida contando por dia IV libras, IV sueldos... El rumor, sin embargo, debió de ser infundado puesto que el viaje del merino duró sólo cuatro días. No hay noticias de que se cometieran atrocidades contra los judíos. La persecución comenzó tras la muerte de Carlos I. Ante los rumores, las aljamas se prepararon para defenderse. Estella, Tudela, Pamplona y Sangüesa reforzaron la guarnición. A pesar de todas estas precauciones el estallido no fue evitado, a partir del uno de marzo de 1328 los judíos de Artajona, Ribaforada, Buñuel, Cortes... no hacían escrituras para sellar «a causa de la muerte del rey Carlos y de la persecución que alguno había hecho de los judíos». En Villafranca, Puente la Reina, Funes y San Adrián numerosos judíos fueron asesinados. En Estella, la persecución adquirió caracteres dantescos. No fue, sin embargo, una reacción espontánea ante las predicaciones de fray Pedro de Ollogoyen, sino un golpe organizado cuidadosamente por una liga integrada por numerosos concejos. También en Viana se registró una gran matanza. El gobernador trató de contener la revuelta, los propios regentes acudieron con mesnaderos y otros hombres de armas en defensa de los judíos tudelanos. Los reyes nombraron un tribunal especial para descubrir y sancionar a los autores de los asaltos, tribunal integrado por el mariscal Juan de Rame, el caballero Guiralt Doignon y el canónigo Vast. La investigación comenzó el dos de abril de 1329 y terminó en junio del mismo año. El tribunal demostró que no habían sido los pastorelos los autores de las matanzas, sino «algunos del reino». Se ordenó a 56 villas y aldeas la devolución de las ropas y utensilios de cocina robados a los judíos, 9 personas particulares y 59 de Estella devolvieron también bienes robados a los judíos. Otras 59 de diversas clases sociales y profesiones fueron encarceladas, aunque pronto salieron en libertad sin fianza. Fray Pedro de Ollogoyen, acusado de haber promovido la persecución, fue detenido en Estella y entregado al obispo de Pamplona, quien lo encerró en la cárcel episcopal, pero el provincial de Aragón alegó que el franciscano estaba exento de la jurisdicción del ordinario de la diócesis y consiguieron que fuera entregado a las autoridades de la Orden. El Concejo de Estella fue multado con 10.000 libras, Falces con 2.000 y Viana con 1.500; en total se impuso una sanción de 22.920 libras repartidas entre 90 aldeas y villas que debían ser abonadas al fisco a partir de la Navidad de 1331. Entre los particulares multados se puede citar al notario de Estella a quien se obligó a pagar 800 libras. Los judíos supervivientes no fueron indemnizados, el importe de las multas fue para el Estado, la reina heredó a los judíos que habían muerto sin herederos. Estas persecuciones coleaban en los procesos de 1333 pero la historia de los judíos navarros cambia con la instauración de la dinastía de los Evreux, inaugurándose una etapa de entendimiento y respeto entre las dos comunidades, a diferencia de lo que ocurría en la Corona de Castilla y en Aragón. Sin embargo, las aljamas vascas dependientes de la Corona de Castilla, no fueron afectadas por los progroms de 1391.
La expulsión de los judíos. El 31 de marzo de 1492 los reyes Católicos firmaban el decreto de expulsión concediendo a los judíos un plazo de 4 meses para liquidar sus bienes y marchar de España. Esta medida parece una contradicción con la actitud favorable que los Reyes habían demostrado durante los primeros años de su reinado; baste recordar que en 1486 se habían opuesto a la decisión del Concejo de Valmaseda de expulsar de la villa a la comunidad judía y castigaron al alcalde y otros miembros del concejo por no acatar su decisión. Suárez Fernández rechaza razonamientos como «codicia real», «odio del patriciado urbano hacia los judíos», «victoria del noble feudal sobre el capitalismo comercial»... como explicaciones de la decisión real. El expone la siguiente razón: «los judíos fueron, en gran parte, víctimas de un aparato a cuya construcción habían contribuido: la Monarquía, objetivación del poder e identificación entre la comunidad de los súbditos, su soberanía y la persona del rey. Pero la presencia del pueblo de Israel en España y su legalidad se apoyaba en estructuras políticas propias del siglo XII cuando un rey de Castilla podía titularse «rey de las tres religiones». El rey era un detentador de la potestad que se le transmitía desde su antecesor, podía contratar con comunidades ajenas admitiéndoles en su territorio a cambio de un canon. Con los Trastámara se inició la identificación rey-reino-tierra-comunidad. El signo fundamental de la comunidad es la religión, el rey es la cumbre y síntesis de la comunidad, fuera de ella no hay soberano, fuera del cristianismo no hay comunidad. El territorio es propiedad de la comunidad y se debe pertenecer a ésta para habitarlo». En 1483 tiene lugar una expulsión parcial, se les echa de Sevilla, Cádiz y Córdoba. En 1492, fracasados los intentos de negociación, los Reyes dieron un plazo de cuatro meses para que los hebreos abandonaran España alegando que la Inquisición decía que el judaísmo era una especie maldita y debía ser suprimido. La expulsión, en el País Vasco, no tuvo grandes consecuencias, Serdan señala que se plantearon problemas como el de la falta de médicos y que se dejaron de percibir cantidades de dinero que la aljama pagaba al Concejo y que eran utilizadas para el sostenimiento de las murallas de la ciudad. Al marcharse de Vitoria los judíos vendieron sus bienes, una de las ventas más conflictivas fue la de la Sinagoga, finalmente el Concejo decidió dedicarla a Centro de Estudios. El 27 de junio de 1492 los judíos donaron a la ciudad el terreno que había sido su cementerio «...que por quoanto segun era notorio los judios habían de salir para siempre de estos Reinos el mes de julio primero venidero por mandado del Rey e de nuestros señores, e considerando las buenas obras e vecindad que de esta Ciudad habían recibido ellos por si e en nombre de toda la Aljama de dicha çiudad, facian gracia e donación para en non revocable entre vivos del campo e enterrerío de la dicha judería que dicen Judizmendi con todas sus pertenencias e entradas e salidas para que fuese para agora e para siempre jamas e quedase por pasto e dehesa comun del cuerpo mismo de la dicha ciudad...» No todos los judíos se marcharon de Vitoria; algunos se convirtieron al cristianísmo y pretendieron seguir viviendo en su mismo barrio, impidiéndoselo las autoridades «...ninguna persona de los que han venido a bibir en esta çibdad que primera mente quoando heran judios bibian en esta en la calle nueva de la dicha çibdad, que non vivan en la dicha calle nueva e salgan a bibir de la dicha calle a otras calles de la dicha çibdad». Muchos de los judíos vitorianos se asentaron en Bayona y se considera que fueron ellos los fundadores del Consisterio Israelita de la ciudad. Al ser expulsados de Castilla, algunos judíos intentaron instalarse en Navarra. El 8 de junio de 1492 la ciudad de Tafalla escribía una carta a la de Tudela, acordando ambas ciudades rechazar a los que intentaran quedarse en el Reino: «Una carta vuestra recebimos á causa de la entrada que, de los judíos fuera echados de Castilla, en este regno se espera. E visto lo en ella contenido, á mucha gracia os tenemos el abis é parte que dello nos habeis fecho, é sin duda nos parece muy bien de lo facer saber á la Magestad de los reyes nuestros señores, como es contra el servicio de Dios y de sus Altezas y total perdicion de las republiquas deste regno por los respectos que decis y aun otros que decir se podrían, que sin duda es misterio de Dios y maldición que sobre ellos ha echado esto que se face, assi que, señores, en esto seamos unanimes é juntos de procurar que no sean acogidos, y nuestra deliberación tal es de no acoger solo uno, mientre que se negocia, ante habemos hoy en este dia fuera echado algunos que ocultamente eran venidos...» También tuvieron problemas los judíos conversos que quedaron tras la expulsión de 1498. En Tudela los nombres de los conversos se escribieron en un gran lienzo denominado «La Manta» el cual se colocó en el lugar más público de la catedral «para que se conservase la limpieza en la ciudad y se sepa distinguir la calidad de los hombres nobles». En Pamplona, recibió la ciudad o ayuntamiento el edificio de la Sinagoga -o Sinoga, como se llama en la escritura- para fundar en su recinto el Estudio de Gramática. Los frailes agustinos se vieron también favorecidos con el llamado "Fosal de los Judíos" sobre el que edificaron el Convento de San Agustín, dádivas reales ambas de D. Juan y Doña Catalina I, últimos reyes de Navarra. Se tiene noticia de una rúa Mayor de la Judería, posiblemente la actual de la Merced, abierta al final por una puerta practicada en el muro de Tejería. Figuraban también en este sector los barrios de Suso y Yuso, las rúas Menor de Cantarranas y la de junto al Portal del Río, a través del cual se salía por la parte de la Magdalena, hacia el cercano Cimiterio de los judíos. La Sinagoga alzábase en la hoy plaza de Santa María la Real, estando quizá cercanas las tiendas de la argentería y la alcaicería o sedería. En Bizkaia, la junta general del 3 de septiembre de 1560 pidió que los conversos de moros y judíos fuesen expulsados del Señorío, según el fuero y provisión real sobre este particular, así como los sambenitados que no fuesen naturales de él. Ante esto, el corregidor dio una orden, mandando que saliesen de Vizcaya tales personas en un plazo de 6 meses desde su publicación. [Labayru: HGSB, t. IV, pág. 345].
Los judíos en Bayona.

Instituciones. Son un primer ministro oficiante, La Hébera encargada de los médicos, orfelinato, asilos, etc., la administración del templo, el Talmud Torah, el Coro (23 hombres y 16 niños).

Orígenes. Después de la expulsión sistemática que los echó de España en 1492, buen número de judíos se refugiaron en Navarra y de allí, arrojados de nuevo, pasaron a todas las pequeñas ciudades del Suroeste de Francia. En Bayona no se les encuentra definitivamente establecidos más que hacia 1550, aunque es probable que su primera aparición date del siglo precedente. Sus comienzos fueron tán difíciles -dice Ducere- que después de haber pasado aquí varios años, la mayoría se vieron obligados a dejar Bayona y a ir a refugiarse en Peyrehorade, Bidache, y Labastide-Clairence donde los Gramont se convirtieron en sus protectores. No hay ningún documento que permita determinar la época de la llegada de los primeros judíos a Bayona. Pero aunque los archivos de la ciudad no hayan conservado la señal, parece sin embargo probable que ciertos judíos de Navarra, que una semejanza de costumbres y quizás de lenguaje confundía con los habitantes de Laburdi, pensaron primero en venir a establecerse en nuestro país, con el que habían tenido siempre relaciones comerciales. Pues antes que pensar que venían de Portugal, con un largo viaje a hacer y teniendo que atravesar poblaciones que les eran hostiles, es más lógico pensar que venían de Navarra, atraídos hacia Burdeos por la presencia de sus correligionarios que habitaban esta ciudad; y al encontrar, a su paso, Bayona y las pequeñas ciudades circundantes no dudaron en establecerse en ellas de una manera casi clandestina, de la que las actas de la época no han guardado testimonio. A favor del edicto de Luis XI, del mes de febrero de 1474, que con objeto de aumentar la población y el comercio de la ciudad de Burdeos, había permitido a todos los extranjeros, excepto los ingleses, venir a quedarse con libre disposición de sus bienes, sin ser obligados a naturalizarse, un gran número de judíos peninsulares se reunieron en esta ciudad y se establecieron en ella. Otros llegaron por las costas del mar y vivieron en Cibouru, San Juan de Luz y Biarritz. De allí pasaron después al burgo St-Esprit de Bayona, sobre el que el rey y la reina de Navarra tenían el derecho de justicia civil y criminal. Al principio, juzgaron prudente no profesar abiertamente su religión y se hicieron llamar durante mucho tiempo Nuevos Cristianos, el nombre que habían traído de Navarra, España y Portugal, donde preventivamente habían sido tolerados como tales. Y a fin de alejar las sospechas hicieron bautizar a sus hijos y se condujeron tanto en lo espiritual como en lo temporal con mucha exactitud y regularidad. Y es bajo esta calificación y haciendo valer «el singular deseo que se les acrecentaba de día en día de residir en el reino para practicar el comercio», que Enrique II les concedió, mediante dinero, el permiso de establecerse en toda la extensión del gobierno de Bayona. No tenemos la intención de hacer aquí la historia de sus discusiones con las diferentes jurisdicciones a las que pertenecían. Es este un trabajo que ha sido desarrollado en la afortunada monografía por M. H. Léon. Nos contentaremos con decir algunas palabras sobre las costumbres de esta raza antigua como el mundo y que se ha conservado hasta nuestros días. Los judíos fueron los primeros que introdujeron en Francia la fabricación y el uso del chocolate, y durante largos años fueron los únicos que se ocuparon de esta industria en Bayona; sin duda es de ellos de donde viene la gran reputación de los chocolates de Bayona. «Los judíos de Bayona -dice M. Léon- como los de Burdeos, como los de Holanda e Inglaterra, vinieron a estos diferentes países a buscar refugio, después de su expulsión de España y Portugal, de donde procedían; y habían tomado el nombre de portugueses. Se consideraban como una nación y estaban orgullosos de su distinción. Se mantenían separados de los judíos de otras latitudes, sin querer confundirse con ellos; y en Amsterdam lo mismo que en Londres tenían y conservaron sinagogas diferentes. Aunque tenían la misma religión y los mismos principios de fe, sus ceremonias no se parecían y a menudo eran muy diferentes de las de los otros judíos. Dispersos entre tantas naciones diferentes, habían tomado, por así decirlo, en cada país el carácter de los habitantes y, con más capacidad de asimilación por naturaleza que los otros, por su inteligencia, su instrucción y su audacia, se habían mantenido como una raza aparte. Un judío portugués de Bayona o de Burdeos y un judío alemán de Metz, parecían dos seres absolutamente distintos. Los judíos portugueses, en épocas antiguas no llevaban barba y no ofrecían ninguna singularidad en su forma de vestirse; las personas acomodadas buscaban la elegancia y el fasto tanto como las otras naciones de Europa de las que no se diferenciaban más que por el culto. Por otra parte estos judíos habían vivido en España o en Portugal, bajo los califas, o bajo los príncipes cristianos, poseyendo grandes riquezas, habían sido muy considerados por su saber en las artes y en las ciencias, así como por su inteligencia en el comercio y los negocios, habían desempeñado altas funciones que les habían colocado a un nivel superior y de esta manera se habían elevado; mientras que los judíos de otras partes habían sido dispersos en toda la extensión de los dos imperios de Oriente y de Occidente, habiendo vivido desde Constantino el Grande en Asia y Grecia, y desde Carlomagno en Occidente, en la opresión y la miseria, considerados como esclavos y tratados inhumanamente como a tales. No podían, pues, por menos de sufrir la influencia del medio abyecto en el que se habían visto obligados a vivir rebajándose».

Costumbres hebreas. En relación con las costumbres que existieron entre los judíos, como entre todos los pueblos cualquiera que sea la religión a la que pertenezcan, vamos a tomar también lo que sigue a su historiador en Bayona. En épocas todavía no muy lejanas, cuando el pan caía por azar de la boca o el bastón de viaje de la mano, se suspendía la salida. En el camino, si un transeúnte os llamaba, o si un animal dañino pasaba a vuestro lado, o por delante, era preciso pararse y volver a casa. Si una persona os lanzaba una mirada turbia, era mal de ojo y se estaba amenazado de enfermedad o desgracia. Nunca se sentaban trece a la mesa. El recuerdo del gran crucificado del Calvario, que murió después de haber celebrado con sus doce discípulos la Cena pascual de Israel, hacía temer que uno de los trece convidados fuese a morir durante el año. El viernes se consideraba como día nefasto, y no se empezaba nada en este día, ni trabajo ni viaje, siendo sin embargo un día medio santificado de preparación para el Sabbat. La luna influía sobre los acontecimientos o el destino de las familias. Con luna menguante no se casaban, ni se entraba en una casa nueva, por miedo de que una desgracia o una muerte tuviese lugar. Cuando nacía un niño varón, inmediatamente se colocaba encima de la cama de la madre y de la cuna del niño, unos cartones en los que se habían escrito versículos religiosos, que preservaban al niño del mal de ojo hasta que se le hiciese la circuncisión. En la circuncisión, una persona no podía ser padrino o madrina si ya lo había sido durante el año; pues hubiese traído desgracia al niño. Dos bodas no podían realizarse con el mismo dosel el mismo día. Después del primer matrimonio, había que desmontar el dosel y volver a poner otro para el segundo matrimonio, pues una de las parejas bendecidas hubiese podido sufrir una implacable fatalidad. El sábado por la tarde no se servía huevos. Pues hubiese supuesto empezar la semana con la misma comida que se ofrece a los que vienen al duelo para la ceremonia del Abel. No se debía tener tres luces en un apartamento, porque en la pieza de los Abelins hay tres luces, es decir: los dos cirios que han alumbrado el ataúd durante la noche de vigilia, y otra luz. No se sentaba, durante la plegaria o en la mesa en una silla baja, porque durante los ocho días de duelo en la plegaria, los que eran de Abel se sentaban en sillas bajas. En el momento en que alguien moría se tiraban todas las aguas que se encontraban en la casa en ese momento, pues eran consideradas como impuras por la muerte que había tenido lugar y no debían servir ya para ningún uso. Si se rompía un espejo era señal de mala suerte. Si era posible había que reemplazarlo inmediatamente para tratar de conjurar el destino fatal. La presencia de un ratón en el dormitorio, la entrada de un murciélago en la casa, anunciaban algún incidente fatal para la familia. Hasta treinta y tres días después de Pascua, a partir del primer día de la fiesta, no se estrenaba nada nuevo, no se cortaba ningún vestido. Sólo podían coserse los vestidos de los muertos. Durante este mismo período no se celebraban matrimonios. En el transcurso de tres semanas entre el día de Tanus, instituido en conmemoración del día en que se practicó la brecha durante el asedio de Jerusalem, y el día de Ab, instituido en recuerdo de la toma de la ciudad santa, no se bañaban en el río ni en el mar, ni se emprendía ningún viaje, y se procuraba evitar todo acto que ofrecía algún peligro, por temor a algún acontecimiento fatal. El vuelo de una mariposa que recibía el nombre de Aleibiador, al entrar en un apartamento, era considerado como un feliz presagio. En el momento de la boda se ponía, sin que los esposos se diesen cuenta, en su bolsillo un poco de mijo y en el zapato de la novia una moneda de oro, a fin de atraer la suerte para la pareja, la abundancia y la fortuna. Durante la ceremonia, una de las madres unía con un imperdible el vestido de los dos esposos, para que en el curso de su vida estuviesen estrechamente unidos. La esposa, durante la bendición, debía procurar poner un pie sobre el del esposo, para que éste no pudiese dominar demasiado en el hogar. Cuando la novia iba, antes de la boda, a tomar un baño de purificación se le decía que al salir tuviese en cuenta el sexo de la primera persona que encontrase, pues correspondería al de su primer hijo. La boda comprendía ocho días de festejos. El último día se daba a los amigos de los casados una comida, que se llamaba cena del pescado. Por la mañana de este día el novio debía, en un momento inesperado, echar un pescado a los pies de la novia. El pescado, una vez examinado, indicaba por su sexo el del primer hijo. La presencia en la casa de un animal doméstico, gato, perro, pájaro, etc., era considerado como un conjuro contra los acontecimientos desgraciados; pues él alejaría de la familia los males causados por el ángel exterminador. Y cuando, por azar, en un sueño, uno se creía en la hora de la plegaria de la Néhéla, del día del Kippour, o bien se figuraba que se le caían los dientes, o que las vigas de la casa se desplomaban, era como un presagio funesto que se podía conjurar con un día de ayuno. Terminaremos con unas líneas sobre una ceremonia judía, que ha conservado a través de los tiempos un carácter marcadamente familiar. Rápidamente pasamos sobre las fiestas de boda, de Pesah, o fiestas de Pascuas, sobre el Roch Hachannah, sobre le Pourrin, y nos contentaremos con hablar de la fiesta de las Cabañas -Cabanes-, que a menudo presenta un carácter íntimo y no se sale de nuestro tema. La fiesta de los Tabernáculos o de las Cabañas, era a la vez pastoril e histórica; desde el primer punto de vista esta fiesta señalaba el final de todas las cosechas, la entrada de todos los frutos y de la viña. Como fiesta histórica estaba destinada a recordar a los israelitas su vida errante en el desierto; y en esta época se debía permanecer siete días bajo la tienda. De ahí el nombre de Fiesta de las Cabañas. Esta ceremonia era acogida por todos, antiguamente, con la mayor alegría. Todo el mundo trabajaba en la Sauke, o cabaña: eran unos refugios rústicos que la familia reunida levantaba mediante algunos postes clavados en tierra y recubiertos de ramas verdes. Las paredes en el interior estaban tapizadas de musgo, y colgaduras blancas caían hasta el suelo; unas cadenas de papel estaban sujetas en el techo de la cabaña. En las rejas se habían colocado frutos de la estación; en la puerta se balanceaba majestuosamente una cebolla roja, con plumas de gallo pinchadas, que impedía la entrada a los espíritus malignos. Allí era donde se servían las comidas, y los convidados se apretaban alegremente los unos contra los otros. ¿Cuántos años transcurrieron antes de que estos actos conmovedores y piadosos, transmitidos de generación en generación durante largos siglos, quedasen reducidos entre los judíos al estado de recuerdo? Pues efectivamente, ellos también han visto desaparecer sus antiguas ceremonias bajo el soplo del espíritu moderno; las tradiciones que les habían sido tan fielmente legadas van desapareciendo más cada día y llegará un momento en que no podrán ya conservar ni sus leyendas. La Revolución fue bien acogida por los judíos de Saint-Esprit cuyos principios se apresuraron a adoptar. Varios de entre ellos tomaron parte en la nueva municipalidad y en el comité de vigilancia. En una sesión del club de los Sans-Culottes, declararon su renuncia a seguir celebrando el Sabbat. Pero estas disposiciones no eran más que superficiales, y secretamente siguieron practicando su antigua religión. Los representantes del pueblo Pinet y Cavaignac, el 21 de messidor del año II -9 de julio de 1794-, publicaron un decreto aprobando la conducta del comité de vigilancia de Jean-Jacques Rousseau, es decir de Saint- Esprit, que «censuró y multó a algunos fanáticos de esta comuna que, por sus trajes, sus acciones y sus procedimientos, festejaban aún el antiguo día del Sabbat». Otro decreto prohibía dejar quemar las lámparas sabáticas el viernes por la tarde.
Sinagoga. Profundas investigaciones realizadas a principios del siglo XX han permitido arrojar una luz sobre la situación y emplazamiento de los antiguos templos de la comunidad judía en Bayona. Este mismo edificio remonta a 1750 -aunque según el testimonio de viajeros más antiguos, existía ya en el siglo XVII- una sinagoga situada en Saint-Esprit y comprendida probablemente en el barrio del Fuerte. Hubo también varias casas religiosas que se abrían a la oración, entre las que citaremos el templo de Gueldre, el de la calle de los Jardines, detrás de la casa que hacía, a principios de siglo, el n.° 29 de la calle Maubec; era una habitación situada en el lado opuesto a la fachada de la calle y que daba a la vertiente de la ciudadela. El templo Alejandro, llamado así porque la casa en la que estaba pertenecía a M. Alejandro. El templo de Jean d'Amou, que tomó este nombre del antiguo lugarteniente del rey en Bayona; este templo comprendía·todo el tercer piso de casa situada en la plaza de Saint-Esprit n.° 24. La Yéchibah o sinagoga era el templo oficial, pero no hay ningún documento para poder constatar la fecha de sus comienzos y la forma de su organización. Parece que era una casa de cierta importancia que, en el último período del siglo XVIII, cuando los judíos pudieron mostrar a la luz su religión y su culto, debió de ser comprada para poner en ella el templo, pues pertenecía a la familia de Luis Núñez que hasta el momento de la construcción la alquilaba a la comunidad por la suma de 1.000 libras anuales. Estaba situada entre la calle de los Jardines y la falda de la ciudadela y ocupaba un espacio muy grande. Por delante, dando a la calle, había una casa de vecindad donde vivían varias familias que escondía el recinto del templo, al que se llegaba después de pasar por una puerta abovedada a través de una calleja. Al lado del templo había un jardín y una casita que servía de vivienda al jardinero. El templo estaba en el primer piso, al que se llegaba por una escalera doble, provista de barandillas de hierro; abajo estaban las escuelas donde los niños recibían la instrucción del maestro y del rabino. Instrucción laica y religiosa. En el interior había bancos para los Parnassims, el coro y los fieles, la Theba al fondo, el Hejal, viejo armario de estilo Luis XVI donde se guardaban los Sépharims que, en su ardiente fe, conservaban esmeradamente, tras habérselos traído con ellos, cuando perseguidos y martirizados, vinieron a pedir asilo a la tierra extranjera. En 1857 tuvo lugar la inauguración del templo que existía a principios de siglo, cuyo plano primitivo pertenece a M. Capdeville, arquitecto, y la ejecución a M. Faulat, contratista. El templo de Bayona conserva varios Sépharims o libros de la ley, bastante notables. Están escritos en piel de ante, y su escritura sumamente bella y clara indica que son muy antiguos. Entre los otros, transcritos en pergamino, uno ha sido hecho por Mardoqueo Fonseca que lo escribió en St-Esprit a principios del siglo XIX. Edouard Duceré

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Carmen MENDOZA ALONSO