Toponimoak

HERNANI (HISTORIA)

Prehistoria. Estación dolménica en la línea de montes Igoin-Akola, delimitada por las regatas Epelerreka y Usoerreka.
El antiguo valle de Hernani. Hernani parece haber sido el nombre de un amplio territorio situado entre el Urumea y el Oria, territorio en el cual se enclavaron las poblaciones de San Sebastián, Urnieta, Hernani, Lasarte, Usúrbil y Orio. Este territorio es uno de los que más tempranamente aparecen en la tardía documentación guipuzcoana. Así, en el doc. denominado de los votos de Fernán González dado a favor del monasterio de San Millán de la Cogolla según se consigna en el año 938. En este célebre privilegio falso, escrito alrededor del año 1200, pero válido en cuanto a toponimia y a recopilación de costumbres anteriores, se señala lo que debían contribuir los pueblos, entre los que comprende los que estaban situados desde el río Deba hasta San Sebastián de Hernani, usando de estas palabras: de ipsa Deva usque ad Sanctum Sebastianum de Hernani, id est tota Ipuzcoa. De éste y posteriores documentos podría inferirse, como lo hace Gorosábel, que la parroquia de San Sebastián del barrio donostiarra denominado Antiguo, junto con su territorio, habría pertenecido al valle de Hernani, valle cuya extensión habría abarcado desde el río Oria al Urumea hasta Oiarso. En apoyo de esta hipótesis escribe Gorosábel los siguientes razonamientos: "Por costumbre antiquísima, cuyo origen es ignorado, el Ayuntamiento de Hernani y su cabildo eclesiástico, han solido ir el tercer día de Pascua de Pentecostés de cada año en procesión con estandartes, pífanos y cajas de guerra a la iglesia de San Sebastián el antiguo. En ella se cantaba una misa solemne, durante la cual el Ayuntamiento de Hernani ocupaba el sitio preferente al lado del evangelio; con la circunstancia de que si bien los parroquianos de aquella iglesia venían a la de Hernani el día anterior, no lo hacían en corporación ni tenían pretensión a preferencia alguna de asiento. La particularidad de ir el Ayuntamiento con las insignias y aparato militar, haciendo el alcalde de capitán, el primer regidor de alferez, y el segundo de sargento, indica que era un alarde o paseo militar. El concurrir el cabildo eclesiástico con cruz, y celebrar una misa cantada denota por otra parte que la iglesia de San Sebastián el antiguo era feligresía o dependencia del mismo. Lo que todo esto resulta es a lo menos la comunidad de origen de ambas poblaciones, esto es, de la villa de Hernani y del barrio del Antiguo, donde se halla dicha iglesia, y la pertenencia de ambas a una misma jurisdicción en los tiempos antiguos. Pretender que el territorio donde está dicha iglesia dependió de la villa de Hernani, sería cosa que no se podría sostener; porque, para el efecto debería también suponerse que lo que hoy es ciudad de San Sebastián, tan próxima a aquélla, corrió la misma suerte. Esto no tiene ninguna probabilidad, y tampoco es admisible lo otro de modo alguno". Algunos autores como Gastaminza ( 1913), deducen, aunque sin poder probarlo, que este San Sebastián pudo ser la villa de Hernani que luego se habría retirado al interland a fin de evitar los peligros costeros. La antigüedad de la denominación del valle de Hernani se confirmaría con el documento -también falso del s. XII- de la demarcación del obispado de Bayona, atribuida a su prelado Arsio por los años de 980, en el cual se hace mención de los pueblos y valles comprendidos en la misma diócesis, entre los cuales cita el de Hernani, diciendo: terram quae dicitur Hernani. Aparece con mayor credibilidad el remoto origen en la escritura de donación que el rey de Navarra D. Sancho el Mayor hizo a San Salvador de Leire en 17 de abril de 1014, confirmada por D. Pedro Ramírez en el año 1101, donde se dice que el monasterio de San Sebastián el antiguo estaba a la orilla del mar en los términos de Hernani: "in finibus Ernani ad litus maris monasterium unum quod dicitur Sancti Sebastiani, cum parrochia sua, et illam villam quam antiqui dicebant Izurun". Siguiendo a Serapio Múgica, dicho documento, cuya transcripción puede consultarse en Martín Duque (1983), es una copia, auténtica, con interpolación de frases, por lo que la cita del territorio hernaniarra corresponde a la fecha. Del mismo tenor es el doc. dado en Agnani el 28 de junio de 1174, por el que el Papa Alejandro III acoge a Leire bajo su protección confirmando sus posesiones y derechos sobre el "monasterium Sancti Sebastiani, quod positum est in litore marts in finibus Ernani, cum ecclesiis, decimis. primitiis, oblacionibus et omnibus pertinenciis suis" (Martín Duque, 1983). Inocencio III confirmó este documento en 1198.
Adquisición del villazgo. Hernani era paso obligado de los peregrinos de Santiago que desde Irún seguían el camino del interior en dirección a Vitoria. Sin embargo, como colige Gorosábel, "no debió tardar mucho en adquirir la cualidad de villa, y en constituir su gobierno propio e independiente; aunque no haya noticias de la carta-puebla, ni aun siquiera de la época en que se hubiese expedido. La misma confesó esta ignorancia en la junta general de Tolosa del año de 1491 al manifestar haberse quemado en tiempo antiguo el archivo de papeles que tenía; motivo por el que no pudo presentar su fundación, como lo hicieron las otras villas. Por esta razón Esteban de Garibay, en medio de ser tan diligente averiguador de las antigüedades, y de haber reconocido los archivos de la provincia, tampoco pudo adelantar en este asunto. Antes bien en una carta que escribió a la propia villa en el año de 1585 confiesa su ignorancia; añadiendo que querer inquirir más en tinieblas tan antiguas tenía por tiempo más perdido que el del que en un gran pajar anduviese buscando un alfiler. Sólo expresa que pocos pueblos de Burgos a la mar pudieron presentar, como Hernani antes de su quema, documento tan antiguo de su existencia, cual es el de la donación del monasterio de San Sebastián hecha en el año de 1014, citada anteriormente. Garibay se equivocó en esto; pues se ha visto que la palabra Hernani citada en este documento debe entenderse del valle de su nombre, y no de la villa actual". Murugarren (BRSVAP, 1980) aventura, basándose en la observación de que Alfonso X de Castilla unió, escalonadamente, la costa con el interior en sus fundaciones, las fechas 1252 y 1256 como probables años de fundación u otorgación de carta-puebla.
Villa dependiente de San Sebastián. La población denominada Hernani debió de estar siempre al pie de Santa Bárbara. Para Gorosábel, resulta "indudable que desde que el rey de Navarra D. Sancho concedió hacia el año de 1180 los fueros de población a la entonces villa de San Sebastián, el antiguo valle de Hernani dependió de la jurisdicción de la misma. El término asignado a ésta por dicho privilegio era en efecto todo el comprendido entre los ríos Oria y Bidasoa y desde Arenga de Pasages hasta la villa de Arano de Navarra; de manera que era todavía mayor que el que tenía el antiguo valle de Hernani. La villa de este nombre se halla dentro de dicho territorio, y debió pertenecer al mismo, sea como colación, parroquia, barrio, o por cualquier otro semejante de dependencia. Después que se erigió la villa que los antiguos llamaron Izurum, hoy ciudad de San Sebastián, la denominación del valle de Hernani quedó sin duda concretada a la restante población del mismo nombre; y lo que en el día es villa de Hernani debe ser fundación muy posterior. Esto es cuanto con más probabilidades de acierto se puede decir en materia tan obscura; y avanzar a manifestar, como lo hace D. Miguel Cortés y López en su Diccionario de la España antigua, que la villa de Hernani corresponde a la ciudad de Menosca de los romanos, parece poco seguro".
Entra, como villa, en la vecindad de San Sebastián (1379). Su título y calidad de villa no parece experimentar cambio al entrar en 1379 en la vecindad de San Sebastián. Gorosábel analiza de esta forma esta vinculación: Como quiera que sea, según se infiere de la concordia celebrada con San Sebastián en 2 de agosto de 1379, no dependía entonces de la jurisdicción de esta ciudad, sino que gozaba ya del título de villa. Efectivamente, Hernani entró por medio de esta concordia en la vecindad de San Sebastián; cuyo hecho arguye la independencia en que vivía a la sazón. "Otorgamos é conocemos que facemos vecindad, é entramos, é somos vecinos de vos el concejo de la villa de San Sebastián, é prometemos de mancomun de vos facer buena, leal é verdadera vecindad". Tales son las palabras literales de que usaron en dicha escritura Martín García de Echegaray, Martín Curria de Elduayen y Pedro Martínez Torner, alcalde y jurados que dijeron ser de la villa de Hernani aquel año. "Otorgamos é conocemos que recibimos á vos el dicho concejo é universidad de la villa de Hernani por nuestros vecinos, é otorgamos de vos facer buena é leal vecindad". Esto es lo que se asentó de parte de los apoderados de la entonces villa de San Sebastián. En otro capítulo se contiene los siguiente: "otrosí ordenamos que á cada de los dichos concejos é á sus vecinos finquen en salvo todos los términos, montes é heredad, segun los han é tienen amojonados fasta aqui, é que cada uno de ellos faga á su propia voluntad, segun que los han é hubieron de uso é costumbre fasta aquí". Parece pues bastante claro que antes de que esta sumisión se verificase, Hernani era ya villa, tenía una existencia propia, y un gobierno municipal independiente; por más que se ignore desde cuándo. En dicha escritura se le denomina en efecto villa: por la misma se ve también que tenía de antes un alcalde y dos jurados: su contexto nos enseña igualmente que estaba regida por un gobierno municipal: consta finalmente que tenía términos propios amojonados. El solo hecho de celebrar semejante concordia, como de igual a igual, es además otra prueba clara de que a la sazón no dependía de San Sebastián, ni en lo administrativo, ni en lo judicial. Padecen por consiguiente una notoria equivocación los que creen que Hernani era en dicha época un barrio de San Sebastián; y que por concesión de ésta constituyó entonces el gobierno municipal. Verdad es que en la citada concordia se estableció: que, "so la merced del rey, el dicho concejo de la dicha villa haya su preboste é alcalde é jurados, segun el fuero de la dicha villa de San Sebastian". Pero semejantes palabras no tiene al parecer el significado que los de la opinión contraria les han atribuido. Ellas lo que sin duda quieren decir es que el alcalde y demás oficiales del gobierno de Hernani hubiesen de tener las mismas facultades o jurisdicción que los de San Sebastián, o sea la aplicación del fuero de esta entonces villa a la de Hernani, como indica la locución de según el fuero de la dicha villa de San Sebastián, de que usa la escritura. La única alteración que hubo en la parte orgánica fue la creación del preboste, que no había antes en Hernani. Tampoco se puede inferir la dependencia de esta villa respecto de la de San Sebastián por las cláusulas subsiguientes de la concordia en cuanto se refiere a las apelaciones. "E si alguno ó algunos fueren agraviados, dice, del juicio que el alcalde de la dicha villa de Hernani diere, que la su apelación venga á los alcaldes de la dicha villa de San Sebastián, por que sean librados según fallaren por fuero é por derecho". Otros varios pueblos de la provincia estaban erigidos con igual cláusula, tales como Zumaya y Cestona, sin que por esto se considerasen haber sido antes barrios o dependencias de aquel para ante cuyos alcaldes se establecía la alzada. La expresada concordia fué confirmada por el rey D. Juan I en Valladolid a 28 de enero de 1380; y desde entonces quedó Hernani en la vecindad de San Sebastián con el fuero de que gozaban los habitantes de esta entonces villa. Consiguientemente tuvo su gobierno y administración peculiar, su alcalde y Ayuntamiento propios y su representación separada en las juntas generales y particulares de la provincia. Así es que Hernani ha sido considerada siempre como una de las antiguas villas de Guipúzcoa, en términos de contarse entre las diez y ocho en que por turno se han celebrado dichas juntas generales. Su procurador Juan Martínez de Amasa aparece entre los concurrentes a la de Guetaria de 1397; y figura constantemente en todas las de época posterior. Villa se le denomina también en el doc. de segregación de Astigarraga firmado el 18 de setiembre de 1382 siendo alcalde Miguel Martínez Barrena (J. Arocena: 1955). Sin embargo, contra esta interpretación de Gorosábel aparece un documento de Pedro I en el Inventario del Archivo de San Sebastián efectuado por Luis de Cruzat en 1581, en el que da, en 1431, a Hernani por aldea de San Sebastián (CDIHG, n.° 2, Sn. Sn., 1958, p. 69).
Hernani, plaza de armas. Hernani en lo antiguo era pueblo cercado, cerrado y torreado; y a causa de su buena situación, proximidad a la frontera y a San Sebastián, estaba considerado por una plaza de armas. Bajo tal concepto esta villa fue el punto de reunión y organización de los tercios guipuzcoanos, la residencia de la diputación a guerra, y donde la provincia ha solido celebrar sus juntas particulares en las ocasiones de rumores de guerras con Francia.
El incendio de 1512. Habiéndose consumado la conquista del reino de Navarra por las tropas de Fernando el Católico durante el verano de 1512, estaba en noviembre de 1512 un ejército franconavarro al mando de Juan de Albret y La Palice sitiando Pamplona. Otro cuerpo de ejército francés al mando del Delfín Francisco de Angulema, Lautrec y el duque de Borbón penetra en Guipúzcoa e incendia y saquea Oyarzun, Rentería, Irún y Hernani y el 17 de noviembre de 1512 intenta apoderarse de San Sebastián. Los libros de actas municipales comienzan en 1539.
Estancia de Felipe V. La recoge Gorosábel: Esta villa ha sido también punto de mansión de diferentes personas reales en sus tránsitos por esta provincia; pero la de más duración fue la que hizo Felipe V en su primera venida a España por el mes de enero de 1701. Consta en efecto que su majestad llegó a esta villa el 24 del mismo mes, quedando aposentado en casa de D. Juan Antonio de Leizaur, y que con motivo de las muchas lluvias que cayeron tuvo que estar detenido en ella tres días; despues de los cuales siguió a Tolosa.
La fábrica de anclas de Hernani.

La mayoría de los datos referentes a esta pionera de la industria del hierro en Guipúzcoa han sido recopiladas por Arocena (1935) y, más tarde, por Tellechea. Resumimos a continuación lo aportado por este último (1977): "En 1750 la villa de Hernani y algunos particulares mancomunadamente llegaron a concertar con el Rey un Asiento por el que se comprometían a entregar a la Armada en el término de cuatro años veinte mil quintales de anclas. Tal compromiso llevaba por parte real la compensación de algunas ventajas protectoras, que comprendían la concesión de créditos, mantenimiento de precios de materias primas y privilegios sobre aprovechamiento de montes. En compensación, Hernani se obligaba a la entrega a plazo y precio fijado de los quintales expresados en anclas y anclotes, de acuerdo con medidas y peso indicados, y sometidas al control de inspectores nombrados por el Rey. Para hacer posible el cumplimiento de tal contrato, Hernani se lanzó a la puesta en marcha de un complejo industrial suficiente y bien organizado, con una reglamentación precisa del trabajo y de su remuneración, coordinación de diversas tareas y construcción de las oficinas adecuadas. Larramendi nos refiere las intrigas que se cebaron en aquella ambiciosa empresa, poniéndola a punto de sucumbir. Anduvieron mezcladas en ellas Urnieta y San Sebastián, los inspectores y comisarios de Marina, Diputación y Corregidor, y hasta el mismo Ministro de Marina, el gran Marqués de la Ensenada. El jesuita logró disipar dificultades, relacionándose personalmente con el Ministro. [Autobiografía, ns. 51-64, cfr. Obras (San Sebastián 1973) II. 37-43]. Una fuente documental, no la única, es sin duda el libro copiador de cartas que se conserva en el archivo municipal de Hernani: Libro del Diario de Don Francisco Antonio de Oquendo, Capitán de Navío de la Real Armada y Inspector de la Real fábrica de anclas de la villa de Hernani. Año de 1750. El libro se abre con la copia del nombramiento de D. Francisco Antonio de Oquendo y del Maestro Juan Fermín de Guilisasti para inspectores de la fábrica de Hernani, una vez suscrito el Asiento con el Rey. Firmó este nombramiento Ensenada en San Lorenzo del Escorial el 19 de octubre de 1750. En documentos sucesivos se insertan las cláusulas del Asiento y se va perfilando la competencia de los inspectores. Este libro documental, manejado en su día por F. Arocena en el artículo citado, contiene un cupo de documentos oficiales de enorme interés para la historia del Real Asiento desde su mismo nacimiento. La verdad es que éste fue azaroso y conflictivo, aunque nada de esto reflejen las cartas de Oquendo, sino todo lo más los efectos que esta circunstancia produjo. En efecto, la fabricación de anclas en Guipúzcoa no se inicia con la factoría de Hernani, sino que tiene su pre-historia. En ella desempeña papel singular el célebre Maestro ancorero Juan Fermín de Guilisasti, hábil practicante del espionaje industrial en aquellos tiempos y que supo posesionarse en Holanda de las técnicas de fabricación de anclas y transplantarlas a su ferrería de Arrazubia. Los logros personales de Guilisasti revisten nueva importancia en la década 1740-50. En consorcio con el Intendente de Marina Casas, y con el suegro de éste, Guilisasti había suministrado anclas a la Armada durante diez años. En este punto se inició la intervención de Larramendi, quien denunció aquella "tiranía" ante el Intendente y su suegro, y se dispuso a abrir los ojos de la Corte, al tiempo que ofrecía el compromiso de Hernani de servir cuantas anclas le pidieren. El Intendente Casas intentó por todos los medios rematar el proyecto de Renteriola. Tras muchas dificultades, Larramendi logró su objetivo, y el Rey cerró Asiento con Hernani, aunque bajo este nombre figurasen la villa como dueña de la ferrería de Fagollaga, y Dña. Josefa Gregoria de Beroiz y J. Ignacio Duque de Estada, tutores de sus hijos y dueños de las ferrerías de Picoaga y Ereñozu. Con este nuevo planteamiento de cosas tiene que ver la documentación recogida en el libro de Oquendo. El, juntamente con Guilisasti, fueron nombrados por el Rey inspectores de las anclas que fabricaría Hernani; tenían que examinarlas, aprobarlas o reprobarlas. Guilisasti, por su parte, proporcionaría la técnica y las dimensiones (Docs. 1-2). Los nuevos maestros y oficiales de Hernani comenzarían por examinar las 40 anclas anteriores fabricadas por Guilisasti que estaban en el puerto de San Sebastián; la mayoría de ellos habían aprendido el oficio con Guilisasti (Docs. 3- 4). Uno de los documentos transcritos más importantes es el capitulado del Asiento (Doc. 7). Hernani se comprometía a entregar al Rey veinte mil quintales de anclas, a término de cinco mil por año, en el plazo de cuatro años; las anclas serían depositadas en el muelle de San Sebastián. Se fija en el Asiento el precio en reales del quintal, creciente a proporción de la medida de las anclas. El rey se comprometía al pago anual y en dinero, así como a proporcionar con claridad y precisión las medidas y peso de las anclas. Hernani pedía el favor del Intendente de Marina para la contratación de maestros y oficiales; éstos, considerados como al servicio del Rey, gozarían de las exenciones regulares. Si no se reuniese el número debido, el Intendente podría compeler a otros de la Provincia, a los que se les pagaría los emolumentos normales. La firma del Asiento implicaba para Hernani la concesión inmediata de un anticipo por parte de la Hacienda de 300 mil reales; los reintegraría en el plazo de cuatro años a razón de 75 mil anuales, deducidos del valor de la mercancía entregada. También solicitaba algún tipo de gratificación o asignación a fondo perdido, en razón de los 120 mil reales que costaría el levantar nuevas oficinas. Se disponía a servirse de Renteriola a modo de arrendamiento, pero bajo supuesta necesidad y condiciones. Hernani surtiría las ferrerías de carbones de los montes propios y francos, con arreglo a la Concordia anteriormente firmada entre Hernani, Urnieta y San Sebastián, que por obra del Asiento adquiría nuevo refrendo legal y la garantía del Rey. Asimismo gozaría en la compra de carbones en la provincia y fuera de ella en atención al servicio real, y la Provincia dirigiría un exhorto en tal sentido a las villas. El articulado, registrado por el notario D. Sebastián Cardaberaz, padre del célebre jesuita, fue aceptado por el Rey. En noviembre de 1750 ya estaban abiertos los cimientos de la nueva fábrica (Doc. 5). Pronto se formalizó el pedido de anclas (Doc. 8). Un curioso análisis de costos y precios, calcula las ganancias posibles, así como el número de fraguas mayores y menores que sería preciso montar (Doc. 10). Medidas detalladas para cada tipo de ancla o anclote nos sitúan ante el inicio de la magna empresa (Doc. 11). Algunos informes siniestros comenzaban a inquietar a propósito de los arreglos de montes (Doc. 12). Con todo, al año, ya en noviembre de 1751 pasan a inspección las primeras anclas fabricadas por el Asiento (Doc. 20). No todo el monte era orégano. El retraso en el pago de los créditos puso al Asiento al borde del colapso; posiblemente fue intencionado (Doc. 22). A ello se añadió la equivocación de medidas por parte de Guilisasti, mediciones caprichosas y otras arbitrariedades del mismo, a quien Larramendi llama abiertamente "enemigo del Asiento" (Docs. 25-30). Se rectificaron los errores, y cerró al Asiento un nuevo pedido, con nuevas medidas, de estilo inglés (Doc. 39). La fábrica proseguía su actividad incesante con satisfacción del Inspector. Surgieron nuevas dificultades vitales. Urnieta no respetaba la Concordia, pieza clave del suministro de carbón y del mantenimiento de su precio. Oquendo intervino eficazmente en este pleito, que, en el mejor de los casos, paralizaba la fábrica y la ponía en difícil situación para cumplir sus compromisos a plazo y precio fijados. No todos presentaron un apoyo tan decidido al Asiento como Oquendo. Según Oquendo, Urnieta quebrantó la Concordia, ratificada en el Asiento, al vender fuera de las herrerías los carbones, a precios superiores a los concertados. El Asiento declaraba nulos los actos en contrario. Oquendo denuncia la actuación de "gentes ociosas e inquietas que se mantienen al ruido y sombra de pleitos y revuelven a los demás de Urnieta", y desea que Ensenada tome medidas coercitivas que hagan respetar la Concordia. También se cometió otro fraude contra la misma, en la dedicación a robles bravos de los que debieran dejarse para trasmochos. Defraudar a las herrerías en carbones era condenarlas a la extinción. Oquendo muestra su alarma por la extinción de 11 de las 14 herrerías existentes al tiempo de la Concordia (Doc. 45). Ensenada intervino con decisión para reducir a Urnieta a justicia, implicando en tal sentido al Corregidor (Doc. 48), lo que fue comunicado a ambos por Oquendo (Docs. 50- 51). Oquendo, Urnieta y el Corregidor se enzarzan en una disputa de motivaciones y actuaciones un tanto confusas (Docs. 52-55). Entonces Oquendo busca el valimiento de su tío D. Joaquín de Aguirre y Oquendo, buscando el apoyo de éste y de Ensenada en favor de Hernani, cuya justicia claramente defiende. Estaba en juego la subsistencia de Asiento y el cumplimiento de sus compromisos. Varios autos del Corregidor dan idea de la gravedad del asunto. Meterse en pleito formal sería desastroso para Hernani, pues, al margen de su justicia, retrasaría el proceso de fabricación. Otro documento de esta serie (Doc. 66) denota una situación especialmente grave, que tardaría en resolverse. El último cuatrimestre de 1752 resultó particularmente angustioso. Las tachas puestas por el Intendente de Galicia a las anclas fabricadas, además de ocasionar serios perjuicios económicos, ponían en entredicho la eficiencia del Asiento (Docs. 67-8). La intriga de émulos podía más que la verdad. Parece que el problema fue mucho menor de lo que se quiso hacer pensar, y el Asiento se dispuso a nuevas ampliaciones de sus oficinas a pesar de las dificultades económicas en que le sumieron estos litigios (Doc. 76). Tras una revisión del Asiento (Doc. 78), concluye el año con el estudio de problemas técnicos sobre Maestros, calidad del hierro, suministro de carbones y leñas (Docs. 81-1). Los inconvenientes de tanta disputa, produjeron ceses de importancia y reajuste del personal ferrón (Doc. 83). También Oquendo fue exonerado de su oficio de inspector, dando paso como examinador al capitán de Navío D. Antonio González Marroquín (Doc. 84). La producción de anclas siguió su curso y a principios de 1753 se daba cuenta de las partidas concluidas. En enero de 1753 estaban ya terminadas 24 anclas gigantes de 72 quintales, en espera de la. inspección (Docs. 87-8). Sin embargo, Marroquín suspendió su inspección hasta tanto no reconociese las anclas devueltas desde El Ferrol como defectuosas. Los "indigestos" de Urnieta seguían persiguiendo al Asiento y poniendo dificultades a los suministros de carbón (Doc. 89). La política forestal de dejar guías para árboles bravos era nefasta para las ferrerías y ruinosa, en general, para el país. La ferrería de Picoaga, vendida por San Sebastián y Urnieta a Manuela de Belaunzarán, era una de las tres supervivientes de otras muchas ya. En los meses finales del año 1753 se siguen terminando, pesando y sirviendo anclas (Docs. 118- 20). En cambio, nada se contesta ni provee de Madrid, con risa y gozo de los émulos (Doc. 121). Las lluvias y nieves de los meses siguientes dificultan la elaboración del carbón. Sobre todo, no se pueden pagar salarios a fin de mes. Escovedo no adelanta dinero. Los martilladores o mallucaris amenazan con volver a la labranza para poder comer, siguen al descubierto los plazos de los ferrones. Se deben unos 12.000 pesos, con la paradoja de que el Estado debe a la fábrica unos 20.000 por anclas fabricadas (Doc. 122). Marroquín inspecciona y aprueba un buen lote en febrero de 1754: todas fueron aprobadas, "cada vez van perfeccionando estos Maestros en la fábrica" (Doc. 125). El panorama era deprimente en febrero de 1754. No llegaba respuesta de la Corte. "Está esta gente inconsolable y parada toda la obra, menos algunos carboneros que están trabajando". Se habían terminado 17 nuevas anclas, "que no se puede mejorar la obra absolutamente" (Doc. 126). En un gesto desesperado, Oquendo llegó a empeñar la poca plata labrada que tenía para poder pagar a los carboneros y asegurar el suministro de carbón para arremeter con la fabricación de otras 21 anclas (Doc. 127). Oquendo urgía el cumplimiento de la ley, recomendando se aprovechasen para bravos los terrenos baldíos; lo contrario supondría la ruina del valle del Urumea al temer el colapso de las ferrerías siempre que no se cumpliesen las leyes y las condiciones estipuladas para su funcionamiento (Doc. 94). Las nuevas anclas fueron aprobadas con mínimos reparos subsanables, y se dio orden de embarcarlas para El Ferrol (Docs. 91-3). El trabajo se reactivó para proporcionar anclas a fragatas en construcción en Cádiz y Cartagena (Docs. 96-8). Es verdad que los pesajes arrojaban exceso de peso en las anclas, se intentaba corregirlo y se atribuía a las dificultades de una labor en medio de fuego inaguantable (Doc. 99). Con todo, se advierte un esmerado celo perfeccionista en el trabajo: se utiliza exclusivamente vena de Somorrostro, se cuidan los caldos y la calidad del tocho, se pone todo esmero en la delicada confección de las aletas (Doc. 100). Oquendo se muestra entusiasta de los resultados obtenidos: "no tendrá ningún Príncipe de Europa cosa igual ni más pronto servicio a cualquier tiempo". Todo es gloria de Ensenada (Doc. 94). A pesar de ello, no dejaban de acosar los problemas, sobre todo dinerarios. Los bueyerizos se negaban a transportar las anclas al puerto de San Sebastián. Fracasado el sistema de contrata de conducción por almoneda, Oquendo piensa en que la Villa compela y apremie coactivamente a los acarreadores con un alto salario de 12 reales al día (Doc. 101). En abril de 1753, con la Pascua en puertas, no había dinero para pagar salarios (Doc. 106). Se habla de un reajuste de precios, sobre todo en las anclas gigantes (Doc. 107). En agosto se inicia el paro por falta de fondos. De paso se denuncia no sé qué especie de contrabando en Caracas, en primer lugar por la tropa (Doc. 110). La situación es desesperada, no obstante hacerse continuamente fuertes entregas de anclas (Docs. 112-3). La súplica de Oquendo a D. Joaquín de Aguirre se hace cada vez más angustiosa. Le recuerda que crió la fábrica "contra mar y viento", pero que a sus protagonistas "se les caen las alas del corazón, pues el Asiento está debiendo muchas cantidades, así de montes, con plazos caídos, Maestros, etc., y claman, a la moda del país, más de lo que yo quisiera" (Doc. 115). Oquendo se vale de la intercesión de Aguirre para obtener de Ensenada el pago de las anclas entregadas. La precaria situación económica no corresponde a los logros obtenidos. El Asiento no tiene igual en el mundo, según Oquendo, y así lo publican ingleses, franceses y holandeses que ven las anclas que salen de Hernani y se interesan por los procedimientos de fabricación (Duc. 146). Una vez más fue Ensenada el eficaz impulsor de la empresa, ya que socorrió al Asiento con 240.000 reales de vellón (Docs. 147-8). Sobrevinieron nuevas dificultades. Los ferrones se negaban a fabricar tocho (Doc. 149). Murió el apoderado del Asiento y hubo que esperar el examen de nuevas anclas para percibir los fondos acordados por Ensenada y aun resolver dificultades para el pago inventadas por Escovedo (Doc. 150- 1). Los correos de la Corte trajeron novedades inesperadas: la caída de Ensenada y la sustitución por D. Julián de Arriaga (Doc. 151). Hubo que remitir a éste un estado general de la fabricación y del grado en que se hallaba el cumplimiento de los compromisos adquiridos (Docs. 153- 4). Los apremios económicos seguían pesando sobre el Asiento en septiembre de 1754, por lo que se recurrió a Arriaga en demanda del pago de los casi trescientos mil reales que adeudaba el Estado (Doc. 156). El 5 de marzo Oquendo pasó a San Sebastián a dar parte a D. Manuel Diego de Escovedo "de haberse parado las oficinas por falta de medios". Escovedo aseguró que tenía dinero en Bilbao y que, en cuanto llegase, avisaría al apoderado del Asiento (Doc. 129). Ensenada actuó eficazmente a principios de marzo, socorriendo al Asiento con ciento veinte mil reales; correspondían a los plazos del mes de diciembre pasado (!). Con esta nueva y retrasada inyección monetaria, que sucedía a la de octubre de 1753, el Asiento se disponía a reanudar su actividad y a cumplir sus compromisos con la Armada. En mayo eran inspeccionadas y aprobadas otras veinte grandes anclas (Doc. 136). Con todo, no se había despejado la falta de fondos. El 27 de mayo Oquendo se dirige a Ensenada. El Asiento debe veinte mil pesos, las treinta y siete anclas nuevas entregadas le hacen acreedor a treinta y seis mil (Doc. 145). En abril de 1755 seguía agobiando el pasado y lleno de incertidumbre el futuro. Se debían al Asiento más de 30.000 pesos (Doc. 170). En compensación, el Rey aceptó las 23 anclas elaboradas conformé a un primer plan (Doc. 171). En mayo se examinaron nuevas anclas y aun se encargaron algunas otras para Cartagena (Doc. 172-3). Se preveía el término de la última remesa para Navidad. ¿Qué se haría más tarde? Oquendo informa a Aguirre sobre la situación y recalca que "se les hace preciso a los dueños de las herrerías saver si se a de proseguir o no, para tomar las correspondientes medidas para poder arrendar con la anticipación precisa, que es el estilo de las herrerías, para las probisiones de bena y montes, que es el tiempo preciso el verano" (Doc. 173). En agosto se hizo nueva y amplia entrega de piezas (Doc. 175). Desgraciadamente aquí se interrumpe la correspondencia en el libro copiador de Oquendo, saltando del f. 133 al 179. Es de suponer que no se verificó un nuevo Asiento. Ello ponía fin a una empresa verdaderamente curiosa e importante y abandonaba las ferrerías de Hernani a su propio destino. El maltratado libro-copiador de Oquendo nos reserva nuevas lagunas (f. 183-189), la regulación de nuevas medidas para fabricación de anclas (Doc. 177), la inserción fuera de fecha y lugar de una carta de Hernani a Ensenada del 8 de mayo de 1750 (Doc. 183), y sobre todo los interesantísimos reglamentos de gobierno y administración del Asiento hernaniarra (Doc. 182). Es un modelo de organización industrial confeccionado tras muchas consultas y conferencias, con el que se regula toda la dirección y organización de la empresa con enorme variedad de aspectos administrativos, económicos y sociales.

Hernani contra la matxinada (1766). El 15 de abril de 1766 se iniciaba la matxinada de 1766 en Azpeitia. Los amotinados comenzaron a recorrer la zona proclamando los acuerdos conseguidos. S. Gastaminza ("E. Alde", 1913) refiere así la participación represiva de los hernaniarras en la revuelta: "La noticia de su proximidad corría de villa en villa, como reguero de pólvora, obligando á las autoridades á tomar las determinaciones que su prudencia y celo les sugiriere á fin de contrarrestar la creciente invasión; pueblos hubo que poco menos que en masa hicieron, por el momento, causa común con los amotinados; otros aprestáronse á la defensa de sus intereses; entre estos últimos se contaba la villa de Oyarzun, que al recibir aviso de la de Hernani de lo no lejanas que se hallaban las turbas sublevadas contestaba con fecha 20 de Abril, por mano de su Alcalde Don Salvador Sein, las belicosas siguientes frases: "Mi ánimo con la aiuda de mis naturales es recivirles no con la suavidad que en otras repúblicas sino con gente armada y con la osttilidad que merece su sobrada libertad y osadía a lo que me hallo resueltto y detterminado siempre que llegare el caso de tener estta fortuna y acreditar en estta ocasión mi valor y celo al Real servicio y quietud de las Repúblicas". Bien ajeno en cambio el pacífico Municipio de Urnieta de que hasta su recinto pudieran llegar los alborotados machinos, alarmóse no poco cuando el día 21 vióse desagradablemente sorprendido con la presencia de cerca de tres mil amotinados procedentes de Usúrbil y al parecer castellanos, entre los que figuraban varios enmascarados "quienes ejecutaron algunas demostraciones bastante ofensivas á su honor", pues no contentos con hacer soltar al Alcalde Don Miguel Antonio de Iriarte Belandia la vara real de justicia y romper entre imprecaciones, denuestos y blasfemias nunca oídas en aquella sencilla población, las medidas corrientes para líquidos, obligaron al escribano Pedro de Vicuña á que puesto sobre una mesa en mitad de la plaza pública, rodeado por toda la chusma que espiando los menores movimientos, se burlaba de la poco gallarda apostura que en tal guisa hacia el anciano funcionario, leyese las capitulaciones arrancadas el 15 al Regimiento de Azpeitia. Tal indignación causaron estos sucesos en aquel tranquilo vecindario que al siguiente día, reunido el Ayuntamiento con los más significados de sus habitantes, acordó in continenti adquirir un quintal de pólvora, dos mil balas y cuatrocientas piedras de chispa á fin de repeler todo nuevo evento posible, y de convenio con Andoain y Hernani para si fuere menester "sacrificarse á fuego y sangre en defensa del Rey Nuestro señor, de nuestra madre la provincia y estas nuestras tres repúblicas". Al efecto celebraron en seguida una entrevista las delegaciones de los municipios de Urnieta y Hernani "en el mojón divisero de Mandazubi" en cuya entrevista trazase el plan á seguir para el mejor éxito de la empresa indicada. No tardó mucho tiempo en presentarse el conflicto ante las autoridades hernaniarras; al siguiente día de la entrevista mencionada, comenzó á reconcentrarse en las inmediaciones de la villa, la turba excitadora desperdigada por campos y caseríos, tratando de soliviantar á sus moradores; iniciáronse algunas tropelías por parte de la ruidosa banda, pero afortunadamente fueron cortadas al momento y sin ulteriores consecuencias en vista de la actitud de franca oposición á los amotinados que de antemano adoptara el vecindario, quien á prevención constituyó una compañía de naturales, para cuya formación hubo verdadera porfía; la compañía se puso al mando del Alcalde Ayerdi que ejercía funciones de capitán, del teniente Beracoechea, de un alférez y cuatro sargentos, gracias á cuyo esfuerzo pudo verse la población libre de los barulleros. El dio 23 la valerosa Compañía hernaniarra, unida á los trescientos soldados del Regimiento de Irlanda y á las demás compañías que siguiendo las nobles intenciones de la Ciudad de San Sebastián, cuyo Consulado y comercio facilitaron doce mil pesos fuertes para la organización de su Compañía, formaron los Municipios de Rentería, Oyarzun y Urnieta, marchó á las órdenes del Comandante Don Manuel Antonio Arriola, Alcalde de San Sebastián, en persecución de los revoltosos, al propio tiempo que el cabildo municipal de la hoy Invicta villa recibía un mensaje por el que Don Joseph Joaquín Emparan y Zarauz, en nombre de la provincia, exhortaba se diese á entender al vecindario, lo sensible que á aquella sería el que se agregara á la "tropa tumultuaria" que "anda inquietando barias villas" y lo lisonjeada que quedaría, si los habitantes de la villa se mantuvieran firmes, defendiéndose contra los que tuvieren el atrevimiento de insultar la población. La pequeña fuerza del Comandante Arriola llegó el mismo día veintitres por la tarde á Asteasu, y al siguiente día, en la plaza de Azpeitia, publicó solemnemente un bando militar atemperado á las circunstancias, hallándose las tropas sobre las armas. Destacóse para Azcoitia una Compañía de los veteranos granaderos de Irlanda, la que hizo prisioneros á veinticinco de los más significados cabecillas de la revuelta que unidos á los setenta y cinco que fueron detenidos en Azpeitia, motivaron la iniciación de la paz y del sosiego alterados fuertemente hacia algún tiempo; esta paz fué conseguida más tarde gracias á la dureza con que el referido Comandante ejecutó manu militari, sumarísima y ejemplarmente á los más significados jefes del movimiento sedicioso, mereciendo por todo ello el que la provincia le premiase confiriéndole el nombramiento y título de Comandante de sus milicias. Posteriormente felicitaron tanto el Consejo de Castilla como la provincia á los municipios que tan brillantemente defendieron los intereses del orden y la autoridad, y por último después de los azares y fatigas juntos sobrellevados, sellaron los Ayuntamientos de San Sebastián, Rentería, Oyarzun, Urnieta y Hernani su amistad antigua, con una "hermandad estrecha é inseparable" obligándose "por todos sus vecinos y naturales, padre por hijo y sin exepción alguna á salir á la defensa y á sobstener en la paz como en la guerra su decoro causa pública y el respeto á sus justicias, al Estado Eclesiástico y Nobleza contra cualesquiera sorpresas é insulto...".
Visita del Conde de Artois. Esta personalidad pernoctó en Hernani la noche del 14 de julio de 1782 cuando se dirigía al sitio de Gibraltar. El conde llegó más tarde al trono con el nombre de Carlos X de Francia.
Tomada por los convencionales en 1794. Tras la entrada en Oyarzun de las tropas de los generales franceses Moncey y Laborde, los soldados españoles que allí se encontraban, deben replegarse hasta Hernani. Es el 1 de agosto de 1794. Al día siguiente, día 2 de agosto, ante el avance francés, las tropas españolas se retiran a Tolosa, siendo Hernani tomado por los franceses.
La invasión napoleónica. Durante la ocupación napoleónica fue fortificada y guarnecida por los franceses. El 19 de octubre de 1807 se aproximaron las primeras tropas invasoras a Hernani. Gastaminza ("E. Alde", 1913) relata así lo acaecido en el período: "A pesar de lo identificadas que con la causa francesa parece ser que se hallaban las autoridades locales, como se desprende de las comunicaciones oficiales cruzadas entre los varios Alcaldes que gobernaron la villa de 1807 á 1813, y que por orden cronológico fueron: José Joaquín Galardi, Javier Ignacio Elizalde, Bernabé Aramburu y Miner, Juan José Miranda, Cayetano de Arguiñena, Lorenzo Yarza; y los Comandantes de armas de la plaza, Mrs. Peraldi, Cahalle, Pontearre, Besanson y Musio, en el pueblo debía existir bastante animadversión contra los invasores ya que muchos de los vecinos abandonaron la villa para guarecerse mientras durase la dominación, en los montes de Arano y Goizueta, más allá de Picoaga, hasta donde fueron perseguidos por destacamentos del Ejército extranjero que denominaba á los fugitivos con el nombre de bergantes. Prueba de mi aserto constituye el siguiente hecho rigurosamente histórico que demuestra aquella falta de armonía con las tropas advenedizas. Existía á la sazón un herrador que habitaba en la calle Urumea, llamado Mañuel á quien se le presentó un día, cierto caporal de Caballería, bigotudo en rojo, altivo y desdeñoso, pretendiendo herrase inmediatamente al animal que le servía de montura; nuestro buen convecino, bien por exceso de trabajo, bien por apatía en acceder á la pretensión del franchute ó por tácito encono, debió mostrarse algo reacio á los requerimientos bravucones del militar, quien sin encomendarse á Dios ni al diablo, al mismo tiempo que le tildaba de sacre brigand le sacudió una bofetada sin duda como estimulante para la más pronta ejecución de lo mandado, en justa réplica de la cual el pacífico herrador levantando el martillo que para sus menesteres empuñaba en la diestra, dióle al poco aprensivo hijo de Marte tal golpe en la cabeza que le dejó yerto en la tienda, viéndose precisado el agresor á huir inmediatamente hacia Navarra á engrosar las famosas partidas de bergantes. Este hecho fué causa de la orden terminante de fusilar en el acto á cuantos fueren encontrados en las calles con armas ó útiles peligrosos que dictó el primer Comandante en plaza Monsieur Peraldi, el día 6 de Septiembre de 1808, y á cuyo bando no dió publicidad el entonces Alcalde D. José Joaquín de Galardi, muy afecto á los dominadores por temor sin duda á las represalias que tal orden pudiera originar por parte de los soliviantados moradores del Municipio, sin consultar de antemano con las autoridades provinciales, las que puestas al habla con el General Thouvenot, Barón del Imperio y Gobernador de Vizcaya, consiguieron la revocación de tan draconiana disposición. Ya anteriormente hubo una porción de escaramuzas entre los moradores del término municipal; el 12 de abril del año de referencia, por ejemplo, algunos paisanos hirieron, robaron y apalearon en los confines de la villa al Director General de Víveres de la Grande Armée que en coche se internaba hacia Madrid. Más tarde, cuando el propio Duque de Istria, Mariscal del Imperio, Comandante en Jefe de los Ejércitos franceses en el Norte de España, rodeado de lucidísima y numerosa escolta, pasó por la villa con objeto de ponerse al frente de las tropas de su mando, al atravesar la calle Mayor, frente á la casa número 46 un tal Arrache, le disparó, sin consideración á la alta jerarquía del recién llegado, desde el tejado de la referida casa un trabucazo que no surtió el efecto apetecido pero sí gran revuelo, confusión y la inmediata detención del autor y cómplices de la frustrada agresión; gracias á las hábiles gestiones realizadas por el Escribano Primo León de Arrieta y el Licenciado Juan Bautista Ansorena, fueron indultados de la pena de ser pasados por las armas. Con tal motivo el "Consejo Municipal" se creyó en el caso de sincerarse ante el Generalísimo por medio del siguiente oficio, fechado en Hernani el 31 de enero de 1811.

" Excmo. Sr.: La municipalidad de la villa de Hernani, ha recibido un recado de V. E. por medio del Sacerdote beneficiado de Villabona y para desahogarse del acerbo dolor que le atormenta, la memoria de no haber tenido la satisfación de exponer á V E. los buenos sentimientos de sus habitantes á su tránsito por ella el 29 de este mes, ha creído deber hacerlo por esta representación ya que le es imposible manifestarle de otra manera hasta que una nueva ocasión le proporcione este gusto. La municipalidad de Hernani Excmo. Señor estaba confiada en que V. E. se apearía y prueva de esta confianza es que tenía preparada una sala para su recibimiento en casa de la Sra. Doña Rosa Aragorri en cuyas puertas, le esperaba todo el cuerpo municipal, como en el parage más propio pues allí mismo se hallaba montado el Cuerpo de Guardia y las tropas tendidas en la calle, terminaban en la misma puerta. Hacer á V. E. relación de los sacrificios sostenidos por esta villa para la manutención de las tropas Imperiales, no parece oportuno por ahora más crée la municipalidad ser de su obligación asegurarle que pocos pueblos se le aventajarán en la conducta de sus habitantes con respecto á las tropas y al cumplimiento de las órdenes sobre la tranquilidad pública: verdad que atestiguaran todos los Comandantes de plaza que han vivido en Hernani y este aserto suyo disipará si algunos hombres poco discretos por resentimientos particulares quisiesen hacer falsas relaciones sobre esto y si para el momento de la llegada de V. E. estaba reservado el único acontecimiento desagradable que ha ocurrido en el transcurso de treinta y nueve meses de tránsito de tropas, la clemencia bien acreditada de V. E. ha tenido la bondad de exceder á nuestros deseos: pues que no contento con salvarles la vida á sus autores condenados ya á perderlas, los ha dexado enteramente libres. Gracia en que tiene esta municipalidad la más interesante satisfacción y que la tendrá bien impresa para acreditar su reconocimiento. cuando llegue á tener la dicha de ver á V. E.".

No obstante los grandes sacrificios realizados por el Municipio para el sostenimiento de las fuerzas que continuamente se alojaban en la población a cuyo objeto tuvo que vender gran parte de sus bienes incluso las productivas ferrerías de Fagollaga y contraer obligaciones censatarias de las que algunas perduran todavía, en atención a las exigencias de los jefes franceses que llegaban a extremos inconcebibles obligando a convertir en cuarteles la mayoría de las casas grandes del casco, realizar costosas obras de defensa ante la posibilidad de un ataque por parte del enemigo, suministrar raciones, efectos y bagages sin número de reposo alguno, facilitar en una palabra cuanto por necesidad o capricho se les antojara, bajo pena de ser ejecutado militarmente, al abandonar la villa ante la acometividad de las fuerzas aliadas a finales de junio de 1813, entregáronse los franceses a saqueos, expoliaciones y actos de inaudito bandidaje sin consideración alguna a la calidad de las personas, ni a los servicios que les prestaran, como lo prueba el hecho de que una de las víctimas propiciatorias de tan vandálicos actos fue el exalcalde D. José Joaquín Galardi que de manera abnegada y sumisa coadyuvó a la mejor gestión de los intereses franceses: el Sr. Galardi tuvo que retirarse robado, pobre, maltrecho y enfermo a Oyarzun, lamentándose amargamente de las humanas ingratitudes. Así es que al acogerse bajo el recinto hernaniarra las victoriosas huestes inglesas de Lord Graham, el júbilo y alegría fueron de los que hacen época, y aunque no cejaron las peticiones y exigencias de todo género hechas por las huestes nuevamente acuarteladas, la pesadez de tal carga fue mitigada por la consideración del positivo servicio rendido a la patria que gloriosamente tras sacrificios sin fin, conseguía domeñar al coloso ante quien Europa humilde temblara, al victorioso caudillo en cien combates, al grande cuanto infortunado Napoleón.
Primera y segunda carlistada. El vecindario y la edificación de Hernani experimentaron un gran número de sufrimientos debido a esta guerra. Tras diversos encuentros en las cercanías de la villa fue ocupada y fortificada por los carlistas que dominaron toda la zona hasta entrado 1837, tras derrotar a los isabelinos en la célebre batalla de Oriamendi ( 17 de marzo). Tras ésta, Espartero traslada las tropas de Bilbao a San Sebastián, mientras dejaba fortificada Bilbao a fines de abril y comienzos de mayo de 1837 e inicia el ataque de la línea de Hernani. El 14 de mayo del mismo año los liberales toman Hernani, aprovechando que el grueso del ejército carlista había salido en la expedición real. El 4 de junio del mismo año tiene lugar una insurrección entre las tropas liberales que ocupaban Hernani. La rebelión que comenzó en el regimiento escocés, pidiendo el importe e sus gratificaciones, se extiende a los ingleses y varias compañias de la Reina. Los combates prosiguieron en Urnieta . Durante la segunda guerra carlista recibió el título (1875) de invicta (Archivo Municipal, neg, 1, lib. I, exp. 2). Entre los destrozos sufridos destaca la voladura de la casa consistorial al (1875), salvándose, sin embargo, el rico archivo de la villa, que fue bombardeada desde Santiagomendi y Albizaportu. Entre sus habitantes se habían armado 100 voluntarios de la Libertad. La villa sostuvo un cerco que duró desde el 30 de mayo de 1874 hasta el final casi de la guerra, tras de la cual tuvo que ser reconstruida. El 2 de junio adquirió, debido al levantamiento del cerco carlista en ese día, carácter de efemérides liberal celebrada anualmente, incluso durante la II República.
Elecciones en el siglo XIX.
Elecciones generales del 20-IV 1879. CANDIDATOSVOTOS Fermín Machimbarrena y Echave61 José Olano y Altuna3 N.º de electoresN.º de votantes 38874[Ref. Arch. Munic. Sn. Sn., Secc. A, Negoc. 7, Libro 4, Exped. 3].

Elecciones generales del 1-II-1891. CANDIDATOSPARTIDOSVOTOS GorostidiCoalición Liberal545 RameryIntegrista14[Ref. "La V. de G." del 3-II-1891].

Elecciones generales del 5-III-1893. CANDIDATOSPARTIDOSVOTOS SamaniegoCoalición Liberal311 MoltóCarlista126 RameryIntegrista47[Ref. "B.O.G." del 9-III-1893. Filiaciones en diversas publicaciones de la época].

Elecciones generales del 12-IV-1896. CANDIDATOPARTIDOVOTOS ArteagaConservador349[Ref. "B.O.G." del 17-IV-1896. Filiación en "La Unión Vascongada" del 13-IV-1896].

Elecciones generales del 27-III-1898. CANDIDATOPARTIDOVOTOS ArteagaCoalición Liberal202[Ref. "B.O.G." del 30-III-1898. Filiación en "El Fuerista" del 27-III-1898].

Elecciones generales del 16-IV-1899. CANDIDATOPARTIDOVOTOS ArteagaIndependiente280[Ref. "B.O.G." del 19-IV-1899. Filiación en "La Unión Vascongada" del 17-IV-1899].
Elecciones 1900-1923.
Elecciones generales del 19-V-1901.CANDIDATOPARTIDOVOTOSArteagaMinisterial191[Ref. "B.O.G." del 24-V-1901].

Elecciones generales del 26-IV-1903.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSBrunetRepublicano409ArteagaMaurista151[Ref. "B.O.G." del 29-IV-1903. Filiaciones en "La Constancia" del 26-IV-1903].

Elecciones generales del 10-IX-1905.CANDIDATOPARTIDOVOTOSArteagaLiga Foral319[Ref. "B.O.G." del 13-IX-1905. Filiaciones en "La V. de G." del 11-IX-1905].

Elecciones generales del 21-IV-1907.CANDIDATOPARTIDOVOTOSArteagaCatólico293[Ref. ""B.O.G." del 24-IV-1907. Filiaciones en "La V. de G." del 22-IV-1907].

Elecciones generales del 9-IV-1916.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSArteagaMinisterial385ZabalaRepublicano80En blanco 10Votos sueltos 4[Ref. "B.O.G." del 12-IV-1916. Filiaciones en "La V. de G." del 10-IV-1916].

Elecciones generales del 24-II-1918.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSArteagaDinástico624PaguagaJaimista118Votos sueltos 3En blanco13[Ref. "B.O.G." del 27-II-1918. Filiaciones en "La V. de G." del 25-II-1918.

Elecciones generales del 1-VI-1919.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSChurrucaMaurista491CelayaP.N.V.172En blanco 47Votos sueltos 5[Ref. "B.O.G." del 6-VI-1919. Filiaciones en "El P.V." del 26-V-1919].

Elecciones generales del 29-IV-1923.CANDIDATOPARTIDOVOTOSChurrucaMaurista288[Ref. "El P.V." del 1-V-1923].
La ruptura de 1931. Los componentes del Ayuntamiento tras las elecciones del 12 de abril de 1931 fueron los siguientes: Luis Achúcarro Zubillaga, Lucio Egaña Aramburu, Tomás Illarramendi Albizuri, José María San José, Miguel Toledo Alberdi, Francisco Zapiain Elizondo, Hipólito Zubillaga Usabiaga, José Beroitz Sarobe, Cesáreo Echeverría Garmendia, José María Liceaga Aguirre, Ramón Liceaga Larburu, Segundo Sarasua Pagola y Julio Ubarrechena Iraola. El 14 de abril fue elegido alcalde Julio Ubarrechena, alcalde anterior, que a preguntas de un asistente al acto se autodenominó independiente. El 18 del mismo mes el Ayuntamiento aprobó la moción nacionalista reclamando que "el primer acto de autodeterminación del País Vasco" fuera "la proclamación de la República vasca, confederada con las demás ibéricas".
Mayoría de izquierda, 1931.
Elecciones generales del 28-VI-1931. CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSGárateAcción Nacionalista733 UsabiagaDerecha Republ.733 De FranciscoSocialista732 AmilibiaUnión Republicana729LeizaolaNacionalista518 PildainIntegrista518PicaveaIndependiente517 UrquijoTradicionalista516[Ref. "La V. de G." del 30-VI-1931 y "B.O.G." del 29-VI- 1931. Filiaciones en "El P. V." del 30-VI-1931].
Mayoría autonomista.
En el plebiscito del 5 de noviembre de 1933 para refrendar el Estatuto Vasco, se obtuvo en esta localidad el siguiente resultado: N.° de electoresA favorEn contra 3.4292.855175 [Ref. "La Voz de Guipúzcoa", noviembre de 1933].
Mayoría nacionalista, 1933.
En las elecciones a diputados en Cortes del 19 de noviembre de 1933 se contabilizaron en esta localidad los siguientes votos:CANDIDATOSVOTOSLeizaola1.220 Monzón1.147Irujo1.120Irazusta1.110 Picavea1.057 De Francisco789 Echevarria786 Alvarez779Angulo772Maeztu268 Tellería153Paguaga151Urraca146 Usabiaga140Bizcarrondo133De la Torre122Gomendio109Zapirain22Larrañaga21Astigarribia21Urondo18 Imaz14 [Ref. "La Voz de Guipúzcoa", noviembre de 1933].
Revolución de 1934. En la revolución del 5 de octubre de 1934 fue una de las pocas localidades del País Vasco en donde se produjeron disturbios de cierta consideración. Se recogieron a los revolucionarios los escritos que contenían el plan a realizar. Entre los rehenes acordados figuraban casi todos los elementos nacionalistas de la localidad. [Ref. Aguirre, J. A.: Entre la libertad y la revolución. 1930-1935, Bilbao, 1935, p. 549].
La doble elección de 1936.
En las elecciones a diputados en Cortes del 16 de febrero de 1936 se computaron en esta localidad los siguientes votos según datos del P.N.V.: CANDlDATOSVOTOS Amilibia1.199Ansó1.199 Larrañaga1.199 Apraiz1.183 Picavea1.148 Irujo916 Monzón909 Lasarte888 Irazusta857 Lojendio306 Múgica293 Oreja272 Paguaga264 [Ref. "El Pueblo Vasco", febrero 1936].

En las elecciones a diputados en Cortes del 1 de marzo de 1936 se contabilizaron los siguientes votos: CANDIDATOSVOTOS Irujo1.389 Picavea1.389 Irazusta1.387 Lasarte1.386 Amilibia1.179 Apraiz1.168 Ansó1.165 Larrañaga1.151 [Ref. "El Pueblo Vasco", marzo de 1936].
Guerra de 1936-1939. Tras el alzamiento de julio de 1936, Hernani permaneció en zona leal a la República. El párroco, Miguel Mendicute, escondió los objetos de oro y plata de la iglesia, así como el archivo parroquial. Tras la ocupación de Andoain por las fuerzas sublevadas, éstas intentan llegar a Hernani. El avance es, sin embargo, muy lento. El 19 de agosto de 1936 llegan a las cercanías de Urnieta, en la carretera a Hernani, logrando entrar en la villa el 6 de setiembre, pero se ven obligados a retirarse. El 8 son asesinados el secretario del Juzgado, Embil, y su mujer. La resistencia de las milicias gubernamentales y la artillería del fuerte de Santa Bárbara hacen muy difícil la progresión. La ocupación de la villa, evacuada ya por sus defensores, se produce el 12 de setiembre, tras un bombardeo aéreo. En esos mismos momentos, en especial tras la toma, al día siguiente, de San Sebastián, Hernani va a convertirse en el escenario nocturno de ejecuciones. Estas tienen lugar en Galarreta y, más tarde, contra el muro del cementerio. En fosas comunes de éste se hallan los cuerpos de José de Ariztimuño "Aitzol", Celestino Onaindia, Carrasco i Formigueira y cerca de 200 fusilados más.
Las primeras votaciones del postfranquismo.
El referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 dio el siguiente resultado sobre un censo de 20.011 electores: Votos:9.867Abst.:10.144 (50,69%)Sí:6.124 (30,60%) No:3.123 (15,61%)Blanco:487Abst. y No:66,30% Elecciones del 15-VI-1977.
Tras haberse expresado en el referéndum de 1976 con 6.164 sí, 156 no, 430 votos en blanco y un 44,76 % de votantes, en 1977 define así sus opciones: 1.° PSOE4.969 (40,2 %)8.° PCE438 (3,5 %) 2.° PNV2.909 (23,5 %)9.° FUT323 (2,6 %) 3.° EE891 (7,2 %)10.° PSP129 (1,0 %) 4 ° ESB758 (6,1 %)11.° AETG89 (0,7 %) 5.° DIV647 (5,2 %)12.° FDI52 (0,4 %) 6.° GU591 (4,7 %)13.° ANV39 (0,3 %) 7 ° DC V508 (4,1 %)
Nulos y abst.: 4.977 (28,8 %)

Resultado de las elecciones generales del 1-III-1979
(Censo electoral: 20.083). 1 ° PSOE3.284 (25,24 %)9.° ORT90 (0,69 %) 2.° HB2.878 (22,12 %)10.° UFV85 (0,65 %) 3.° PNV2.441 (18,76 %)11 ° LKI77 (0,59 %) 4.° UCD1.709 (13,13 %)12.° UN48 (0,36 %) 5.° EE1.463 (11,24 %)13 ° IR15 (0,11 %) 6.° PCE407 (3,12 %)14.° ULE8 (0,06 %) 7.° EMK399 (3,06 %)15 ° FE(A)4(0,03 %) 8.° EKA99 (0,76 %)
Abstenciones: 6.639 (33,05 %)

[Ref. Ibermática. Norte S. A.].

Elecciones municipales del 3 de abril de 1979.
Con el objeto de hacerse cargo de las 21 concejalías de este Ayuntamiento se presentaron ocho candidaturas: ORT, EE, PNV, HH, EMK-OIC, PCE, PSOE y "Hernani para los Trabajadores". Los concejales elegidos y los votos obtenidos, con un censo electoral de 20.053, fueron: HB con 3.925 votos: Juan José Uría, M.ª Consuelo Yarza, José Casco, Félix Altuna, Manuel A. Apaolaza, Gregorio Santa Cruz, José M. Zumeta y Mercedes Echevarría; PNV con 2.960: Joaquín Alberdi, Pedro M. Eizaguirre, Simón Goicoechea, José A. Ochotorena, Serapio Salaverría y Antonio Errazquin; PSOE con 2.726: José Morcillo, Juan Sanchis, Angel Barrera, Miguel A. Simón y Ana Urchueguia; EE con 1.265: Francisco L. Goya y Miguel A. Zabala. Alcalde: Juan José Uria de HB.

Resultado del referéndum estatutario del 25-X 1979.
Sobre un censo electoral de 20.322 electores resultan: Votos:10.965 (53,96%)Abst.:9.357 (46,04%)Sí:9.923 (90,49%) No:423 (3,85%)Blanco: 411(3,74%)s/c (48,82%) Nulo:208 (1,89%) [Ref. "D. V.", 27-X-79].

Primeras elecciones para el Parlamento Vasco, 9-III-1980. (Censo electoral: 20.904). 1.º PNV3.343 (28,84%)6.º EMK393 (3,39%) 2.º HB2.768 (23,88%)7.º PCE(373 (3,21%) 3.º PSE2.211 (19,00%)8.º AP174 (1,50%) 4.º EE1.437 (13,39%)9.º ESEI122 (1,05%) 5.º UCD530 (4,57%)10.º LKI84 (0,72%) 11.º EKA26 (0,22%)13.º PTE24 (0,20%) 12.º UC25 (0,21%)
Abstenciones: 9.315 (44,56%)

[Ref. "D.V.", 11-III-80].

Elecciones generales del 28 de octubre de 1982.
(20.839 electores). 1.º PSOE5.4575.ºAP/UCD755 2.º HB4.3556.º CDS285 3.º PNV3.8147.º PCE242 4.º EE 1.201 Elecciones municipales del 8 de mayo de 1983.
Concejales: HB: Ricardo Mendiola, Xabier Sasisin, José Javier Oroz, José M.ª Zubillaga, Agustin Apaolaza, Coro Echeverría y Victoriano Herrera. PSOE: Ana M.ª Urchueguia, Antonio Herranz, José Morcillo, Manuel Fernández, Angel Barrera, Miguel Angel Campesino y Julián Gómez. PNV: Antonio Errazquin, José Jesús Artexe, José Antonio Recondo, Juan Francisco Minguez, Pedro M.ª Illarreta y Francisco Artola. EE: Bautista Biurrarena. Resultó elegido alcalde el primero.