Biografiak

DUARTE IBARGUREN, María Eva

Oficialmente, cuando llegó a Primera Dama de Argentina, Eva Perón. Para el pueblo Evita, para sus enemigos La Perona. Nace en Los Toldos [26-IV-1919], muere en Buenos Aires, a los 33 años [26-VII-1952]. Es la tercera hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren, de pura ascendencia vasca. Su familia la completan dos hermanas mayores, Blanca y Amelia, su hermano Juan y otras dos hermanas, Elisa y Arminda. De origen humilde, realiza estudios en la escuela normal de Junin. Muy joven, sin recursos materiales, se presenta en Buenos Aires. Había días que no podía pagar la pensión y se quedaba sin cenar. Todo su tesoro era su voluntad indomable, que pronto le haría abrirse paso en una compañía de comedias para niños. Trabajosamente logró un puesto estable en Radio Belgrano, donde representaba papeles de mujeres célebres, sin sospechar la fulgurante carrera que pronto la haría entrar en la historia argentina.
El terremoto de 1944. Una conmoción geológica, el terremoto que asoló la ciudad de San Juan en enero de 1944, produciendo 8.000 muertos y 60.000 heridos, la haría saltar al primer plano de la actualidad argentina. El coronel Perón, secretario de Trabajo y Previsión, en nombre del presidente de la República, dirigió un patético llamamiento radial a la nación, pidiendo ayuda para las víctimas de la catástrofe. Perón convocó a una reunión de los actores y actrices más importantes de entonces. "Entre los que acudieron estaba una joven intérprete, rubia, de tez pálida y rostro agraciado, a la que el coronel veía por primera vez en su vida y de la que desconocía hasta el nombre: Eva Duarte". Perón propuso hacer una gran colecta. "Varios respondieron dice Perón-: unos decían que había de hacerse una cosa; otros que otra. Entonces Eva tomó la palabra. Recuerdo que no estaba sentada en primera fila; que llevaba un traje muy sencillo, que era muy delgada, que tenía el cabello rubio y que iba con un sombrero chiquito, como se usaba en esa época. "Nada de festivales -respondió al que lo había propuesto-. ¡Vamos directamente a pedir, sin ofrecer nada. En este momento no hay que organizar un espectáculo ni un té, ni nada de eso, que son cosas viejas, pasadas de moda! Vamos a la calle, a los lugares públicos, al hipódromo, al teatro, a todos los lugares importantes y decimos a la gente: ¡nuestros hermanos están en desgracia, vamos a ayudarles! Tenemos que sacar dinero a los que tienen, porque a los que no tienen no se lo podremos sacar". Perón inmediatamente se dio cuenta que aquella joven desconocida era superior a los demás por la forma de hablar, por sus proposiciones, su sentido práctico y sus ideas nuevas. Le encargó que organizara su plan. Y lo hizo con eficacia. Perón confiesa: "Desde el primer momento me dí cuenta que estaba frente a una mujer que no era común, sino extraordinaria". Reunía además otras cualidades: dureza de carácter para atacar a los poderosos, para echar de su despacho, a carterazos, a un farsante que le había faltado al respeto; ternura para atender a los desposeídos y a los niños; belleza y arranque vital que ponía a todo el mundo en movimiento. La labor de Eva Duarte en pro de las víctimas del terremoto fue un éxito asombroso. Le propuso trabajar en la Secretaría de Previsión Social de la Mujer. Cuatro meses de estrecha colaboración crearon el tándem Perón-Evita. Esta vasca dinámica que quemaba etapas y rompía normas se erigió en líder de la rama femenina del peronismo, que llegó a ser tan importante o más que la masculina. Eva Duarte, por su solo empuje vital, iniciaba su ascendiente mítico sobre las masas populares. Por este tiempo es nombrada presidente de la Sociedad de Actores. Esta rápida ascensión le crea algún incidente con Libertad Lamarque. La famosa cantante tuvo que abandonar Argentina y pasar largos años en el exilio.
Perón en la cárcel. Perón es nombrado vicepresidente y ministro de la Guerra. Los militares presionan sobre él para que rompa con Eva Duarte. Se produce el golpe de estado. Perón se refugia en casa de Eva. Al día siguiente es detenido y desterrado a la isla de Martín García. Eva Duarte, Evita, a quien los militares y oligarcas desestimaban, seguía en libertad. Inicia una activísima campaña personal de agitación sin precedentes. Recorre talleres y fábricas incitando a la huelga general para el día 17 de octubre. Ocho días de agitación. Las masas obreras avanzan sobre Buenos Aires. El día señalado, la plaza de Mayo, el centro de Buenos Aires, está ocupado por una inmensa multitud que llega de los suburbios y pueblos próximos. El pueblo furioso amenaza quemar la capital. Ante aquel levantamiento popular inesperado el Gobierno cede y suelta a Perón que aparece en el balcón presidencial, donde los miembros del Gobierno han sido apedreados por la multitud. Perón recoge el triunfo de Eva que le espera en su casa, segura del resultado. Esta fecha marca en los fastos del peronismo la Exaltación de Evita.
Matrimonio con Perón. Cinco días más tarde -22 octubre 1945- se casan por lo civil. En diciembre del mismo año se verifica su matrimonio religioso. En la mente del pueblo, más idealista de lo que se cree, aquella frágil figura que electriza a las masas desheredadas, es realidad y mito: el hada de los hogares humildes, pero también el azote implacable de los poderosos. Pasado el cálido 17 de octubre de 1945, Evita y Perón se retiran a la estancia del Dr. Ramón Subiza, en San Nicolás, a 75 km. al Norte de Buenos Aires. Su descanso consiste en elaborar el programa político y la campaña electoral. En febrero de 1946 Eva Duarte será ya la señora del presidente de Argentina. Perón declara: "Ni ella ni yo teníamos tiempo para ir a un concierto ni al teatro. Nuestros conciertos y nuestro teatro eran en ella la política social y en mi las funciones de gobierno". Según testimonios de su marido, Eva Duarte era una mujer sobria. Ni fumaba ni bebía ninguna bebida alcohólica, sólo agua. Era buena amazona y cultivaba rosas y hacía los quehaceres de la casa cuando descansaba en San Vicente. Autodidacta, leía mucho sobre las grandes personalidades de la historia, sobre todo en Plutarco. Pero su personaje preferido era Elisa Lynch, esposa del mariscal paraguayo Francisco Solano López, que luchó heroicamente contra Argentina,Brasil y Uruguay coaligados. Eva Duarte jamás compró una alhaja. La Confederación General del Trabajo, los obreros, hacían suscripciones entre ellos y se las regalaban. Después el pueblo le gritaba, le exigía que luciera aquellas joyas. Cuando murió las dejó para los necesitados. Debían ser una garantía para reunir dinero y construirles viviendas, deseo que consta en su testamento. Evita sufrió también un atentado. Perón lo comenta: "Un día que Evita salió de casa, en taxi, la siguieron, la bajaron del coche y le dieron fuertes golpes que le lastimaron la cara. Se trataba de prosélitos comunistas". Ella se refiere a este episodio en su libro "La razón de mi vida": "La cobardía de los hombres que pudieron hacer algo y no lo hicieron, lavándose las manos como Pilatos, me dolió más que los bárbaros puñetazos que me dieron cuando un grupo de cobardes me denunció gritando: -¡Esa es Evita!". El día 23 de marzo de 1947 José M.ª de Areilza, nuevo embajador español en Buenos Aires, tiene su primer contacto con Evita en la Casa Rosada, en todo su esplendor oficial de Eva Perón, primera dama argentina. "Iba vestida con un traje de tarde, elegante, de corte parisino indiscutible, con rutilantes joyas y con una chaqueta de visón. Me saludó fijando en mi sus penetrantes ojos oscuros que acentuaban más la palidez amarilla de la piel y el rubio trigueño de sus cabellos peinados lisamente hacia él moño. Evita no sonreía casi nunca. Tenia una mirada inquisitiva, alerta, dura, de persona que está poseída por una ardiente pasión". José M.ª de Areilza, buen observador, nos la presenta en pleno trabajo, en su Secretaría de Ayuda Social: "Llegué puntual al amplio salón donde Evita recibía a su público. Quien no haya conocido esa época, difícilmente puede imaginarse el tono y el clima del ambiente en que la mujer del presidente despachaba sus infinitos visitantes. Era un continuo clamor y barullo de cientos de personas abigarradas y heterogéneas que esperaban durante horas ser recibidos por ella". El escritor vizcaíno nos pinta magistralmente aquel ambiente apasionado, aquel agobio que habría agotado a cualquiera que no fuera ella. "Evita, sentada tras una larga mesa que presidía el auditorium, tenia ante si varios teléfonos, un montón de dossiers, tres o cuatro edecanes, dos secretarios e indefectiblemente uno o dos ministros, un grupo de senadores y diputados, gobernadores de provincias, el presidente del Banco Central y una nube de fotógrafos y operadores cinematográficos. En medio de este aparente caos, especie de kermesse ruidosa y confusa hasta la locura, Evita escuchaba las peticiones más varias que le eran formuladas... "Mantenía el agotador show durante horas y horas hasta bien entrada la noche. A veces interrumpía la audición para trasladarse a un salón contiguo del mismo edificio en el que dirigía la palabra a un grupo de peronistas o de trabajadores en un improvisado mitin político. Hablaba con voz ronca, algo metálica, rápidamente y sin cuidarse mucho del vocabulario o del contenido ideológico del discurso. Su único tema era la lealtad y la exaltación de la figura de Perón en términos inflamados y muchas veces elementales, casi infantiles". "Evita iniciaba casi siempre las conversaciones con un ataque, como las personas inseguras. La agresión verbal le servía para poner a prueba la serenidad del interlocutor y también para no dejarse interrogar sobre temas que pudieran incomodarla y comprometerla. Me hizo sentar junto a ella en la mesa larga del estrado, frente a la multitud estridente, y empezó su diálogo con una ofensiva en toda regla". Su lenguaje era directo, a veces desenfadado, con imágenes chispeantes. Sus armas eran el ataque directo, la crítica dura, la apelación directa al pueblo. Tenia un talento natural y era hábil para la polémica. Perón justifica la tenacidad, el carácter de Eva, su lenguaje directo: "La madre de ella era vasca. Se llamaba Juana Ibarguren. El apellido del padre, Duarte, también vasco. Y el vasco es un tipo de cabeza dura que dice las cosas a la bárbara". En 1947 viaja a Europa. La España de Franco le obsequió con un traje regional por cada provincia. Rechaza una invitación de la duquesa de Alba diciendo "que ella es una mujer del pueblo". La visita al Escorial le arranca este breve comentario: "¡Qué gran casa para niños huérfanos podría hacerse aquí! ¡Qué colonia de vacaciones!". A su regreso, el Congreso aprueba algunos de sus objetivos, la igualdad política de la mujer, el voto femenino y los derechos de la ancianidad. Después de este viaje aumenta su austeridad. Su atuendo se reduce a un traje sastre o a una blusa y una falda. Su peinado hacia atrás, recogido en severo moño. Quema su vida. Trabaja día y noche en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Habla a las masas con dureza y precisión. Ataca sin cesar a los jerarcas del Ejército, de la Iglesia, de la burocracia y las clases altas.
La fundación "Eva Perón". En 1948 inicia su campaña para atender a los necesitados. Pide por las casas y los comercios ropas sobrantes o invendidas. Forma un gran depósito en la residencia presidencial. Desde allí efectúa sus repartos. Organiza la Navidad de los niños en los jardines de su residencia. Se estaba gestando lo que habría de ser su obra capital: La Fundación Eva Perón. Rápidamente creó los "hogares de tránsito" para los sin trabajo y sus familias, mientras les buscaba trabajo y vivienda. Los recursos financieros abarcaban desde las suscripciones populares, subvenciones de la Lotería Nacional y Casino de Mar del Plata, hasta la ayuda permanente de los trabajadores. Cuando había aumentos de salarios, la diferencia del primer mes iba, a través de los sindicatos, a la Fundación, que llegó a ser multimillonaria. Surgen los policlínicos, hospitales y centros de asistencia pública gratuita. De ocho mil camas en 1945 se llegó a veinte mil en 1954. Por Navidad, invitaba a la residencia presidencial a todos los chicos de la vecindad. En medio de la fiesta se repartían juguetes, dulces, helados, sidra. "Evita lo movía y lo inspiraba todo", declara Perón. El 8 de julio de 1948 la Fundación de Ayuda Social Eva Perón obtiene personalidad jurídica. Eva Duarte, alma de la Fundación, construye la Ciudad Infantil, dos hectáreas de edificaciones en miniatura, donde albergaba a los niños de familias pobres o huérfanos. La Fundación sigue su enorme tarea construyendo la sede de la Confederación del Trabajo, la ciudad de las Cuevas, Hogares para Ancianos, el gran Policlínico y cerca de otros cien menores, Colonias de Vacaciones, Hogares Escuelas, Proveedurías, etc. El caso de la ciudad andina de las Cuevas retrata muy bien el humanismo de esta vasco-argentina excepcional. Estando de vacaciones, visitó este poblado situado a 3.500 m. de altitud, que atendía los servicios ferroviarios del Transandino y las aduanas con Chile. Al tropezar con la vida infrahumana de sus habitantes, ante su espantosa miseria, Eva Duarte, escandalizada, trocó su vacación por unas jornadas intensas de trabajo. Empezó encuestando a los peones, familia por familia, hasta llegar a la intimidad de aquellas vidas miserables. Inmediatamente, sobre el terreno, se proyectó el nuevo poblado. Gracias a su tenacidad las nuevas casas fueron de piedra, con calefacción y agua caliente comunitaria, para todos sin excepción. El 22 de agosto de 1951, el justicialismo celebra "Cabildo abierto", algo tradicional en Sudamérica. Se debatía el tema de las próximas elecciones presidenciales. Un millón de personas proclamaron a Eva como candidata a la vicepresidencia. Unos días más tarde, el día 31 de agosto, renuncia a la candidatura con esta declaración radial: "Deseo comunicar a mi pueblo una decisión precisa e irrevocable, una decisión que he tomado por mí misma: la de renunciar al insigne honor que me ha sido conferido por la concentración del veintidós de agosto. Y no renuncio a mi obra, sólo rechazo los honores. Continuaré siendo la humilde colaboradora del general Perón. Todo lo que pido es que la Historia recuerde que hubo al lado del general Perón una mujer que le llevó las esperanzas y las necesidades del pueblo y que esa mujer se llamaba Evita".
La muerte de Evita. El fin de aquella vida de frenética actividad se iba acercando. El día 12 de enero de 1951 es operada de apendicitis. El pueblo amotinado en las calles había presentido la tragedia y hablaba de una grave enfermedad. En la clínica, a pesar del feliz resultado de la operación, descubrieron la grave dolencia. Al comunicarle la conveniencia de una operación preventiva se puso furiosa. El doctor que la atendía, que era también ministro de Educación, tuvo que dimitir. Eva Duarte siguió su actividad acelerando con esto el proceso de una enfermedad "que pudo haberse detenido a tiempo", según los especialistas. A pesar de su lucha titánica, el 3 de setiembre de 1951, diez días antes de las elecciones presidenciales, en las que las mujeres argentinas estrenaban voto gracias a ella, era internada de nuevo. Los médicos diagnosticaron lo que no se publicó, pero que ya el pueblo lo decía consternado: "no había cura". Cuando Perón asumió la presidencia por un segundo periodo, 4-VI-52, Eva Perón, exhausta ya, asistió, sin embargo, a todos los actos y apareció por última vez ante el pueblo en el balcón de la Casa Rosada. El sábado 26 de julio, en la residencia presidencial se iba apagando aquella vida que había luchado bravamente por sus "descamisados" en una carrera loca contra el tiempo, como si presintiera la brevedad de su vida. Yo estaba. en Santiago de Chile. Recuerdo que era un día de invierno. Hasta nosotros llegaban las ondas argentinas que informaban continuamente. En aquel invierno desapacible llovía sobre Buenos Aires. Pero aquella multitud, aquellos grupos silenciosos, seguían allí en torno a la residencia. Yo escuchaba diariamente la radio argentina que iba noticiando aquel multitudinario acontecer. A las 8 y 23 de la noche de aquel sábado Perón apagó la lámpara de la ventana. Entre la multitud anhelante se difundía la noticia: Evita ha muerto. El pueblo, durante aquella larga agonía, improvisaba altares en las calles. El doctor, Pedro Ara, que había sido llamado al ocurrir el óbito, nos dice al respecto: "A mi paso por los barrios, apenas había calle popular en la que no encontrara uno o más rústicos altares con crucifijos, vírgenes o santos o sin ellos, mas con grandes retratos de Eva, iluminados por velas y candelas e improvisadas lámparas. Ante ellos, en una sorprendente exaltación entre religiosa y pagana, aquellas sencillas gentes rogaban por la salvación de su ídolo..." Debemos al Dr. Ara un patético retrato póstumo de Eva Duarte: "Entramos juntos a la cámara mortuoria. Sobre su lecho dormía para siempre el espectro de una rara, tranquila belleza, liberada al fin, del cruel tormento de una materia hasta el límite corroída y de la tortura mental sostenida por la ciencia que, esperando el milagro, prolonga el suplicio". "Ante nosotros, yacente, consumida hasta el extremo de lo posible, se hallaba la mujer más amada y más odiada de su tiempo. Había luchado fieramente contra los grandes y ahora estaba, ahí, vencida por lo infinitamente pequeño. Pronto veremos que no debió temer a la muerte: mas bien la esperó como a un huésped a quien se recibe sin sorpresa. ¿Se preparó a morir desde los días rosados de su apogeo? ¿A quien creyó encontrar en la otra orilla? Yo sólo sé que en la otra orilla está la Historia, a la que no cualquiera llega..." El Dr. Ara, con sus invalorables observaciones nos sigue perfilando el temple sobrehumano de Eva Duarte: "Cuando me disponía a envolver sus manos en el rosario de plata y nácar, regalo del Sumo Pontífice, entró en la estancia una de las que fueron doncellas de Eva, armada de sus trebejos de manicura." "-Doctor, ayer, poco antes de entrar en la agonía, me dijo la señora: En cuanto me muera, quítame el rojo de las uñas y déjame las con brillo natural. ¿Puedo hacerlo doctor?" "Tan de sorpresa me cayó la inverosímil demostración de serenidad ante la muerte, que no acertaba a salir de mi asombro." "Esa postrera orden de Eva a su doncella sólo puede tomarse como lo que indudablemente fue: espontánea manifestación de una inteligencia critica de sorprendente supervivencia, capaz de analizar menudos pero no insignificantes detalles como ése cuando ya no queda nada por quemar y la luz está a punto de dar paso a la eterna bruma (?)."
La odisea del cadáver de Eva. El Dr. Ara ya había sido encargado de su embalsamamiento. Cuando se hizo cargo de aquel cuerpo consumido por el cáncer, el mismo día del fallecimiento, sólo pesaba 33 kilos. Este especialista aragonés, famoso en los medios docentes argentinos e internacionales, tenía ya en su haber, entre otras, el embalsamamiento de Lenin. La noche del 26 de julio y parte de la mañana siguiente la empleó en las operaciones preliminares para que el cuerpo yacente de Eva pudiera ser expuesto al pueblo durante quince días sin riesgo de deterioro. Los multitudinarios traslados al Ministerio de Trabajo, al Congreso y finalmente a la sede de la CGT por expreso deseo de Eva, fueron como un largo preliminar antes del entierro en la capilla ardiente del 2.° piso. El doctor había preparado allí un laboratorio moderno, adosado a la capilla, donde trabajaría en la ardua tarea que le esperaba. Era el único portador de las llaves. La misma guardia, dotada de metralletas, mandada por el teniente Basoaldo, estaba a sus órdenes. El trabajo de embalsamamiento duró tres años. Excepto unos pocos nadie sabía ciertamente que los restos de Eva estaban allí. Las hermanas y madre, casi diariamente, llevaban flores frescas y oraban ante la puerta herméticamente cerrada. La odisea de este médico aragonés defendiendo su obra durante tres años y tres meses, sólo pudo cumplirse a fuerza de tenacidad, discreción, sabiduría y valentía. La obra había sido perfecta. Los profesionales que le visitaban quedaban impresionados. El doctor, minucioso, honrado, pero también desconfiado ante el porvenir, creó una copiosa documentación de identidad a base de radiografías y fotografías que la probaban. Que realmente allí estaba el cuerpo de Eva y no una estatua como ya se llegó a decir y a escribir. Los tres aniversarios de la muerte se celebraron con desfiles multitudinarios de antorchas ante la CGT. El previsor y activo doctor Ara había instalado un perfecto servicio contra incendios. Temía que alguna chispa de aquellas antorchas prendiera en las coronas que desde la calle cubrían el edificio. Y él sabia y lo había dicho: este cuerpo sólo puede ser destruido por el fuego o las ratas y éstas morirían. Terminada completamente la obra, la senadora Juanita Larrauri, presidenta de la Comisión Nacional del Monumento a Eva Perón, cuando el general Leonardi estaba a punto de entrar en Buenos Aires, pagó al doctor el último plazo por su trabajo: El secreto guardado celosa mente sobre la capilla ardiente que funcionaba en el segundo piso fue desvelándose poco a poco. Perón había huido sin dejar ninguna disposición sobre este grave problema. Toda la responsabilidad recaía ahora sobre D. Pedro Ara y la guardia que le era fiel. Nuevas autoridades se habían instalado en la Casa Rosada, pero nadie aparecía por la CGT. Grupitos de obreros, empleados de la misma CGT, solicitaban humildemente dar el último adiós a su lider. Entraban, rezaban, lloraban, pero todo casi en silencio. Las hermanas y la madre siguieron sus visitas. Las reducidas peregrinaciones, todas de obreros, seguían llegando a la capilla ardiente. Según nos dice el doctor Ara el asombro los sobrecogía, pues llevaban la idea de que aquello ya no existía. El día primero de octubre de 1955, Thana Palud de Goicoechea confeccionó con sus propias manos la túnica definitiva y ella misma con sus ayudantes la viste, a puerta cerrada, ante la supervisión e indicaciones del doctor. La noche del 16 al 17 de noviembre de 1955, llegan unos marinos con un tanque y derriban el busto de Evita en la esquina de la CGT. Suben al segundo piso, violentan la puerta de la capilla ardiente. Parece que el asombro y el respeto que sobrecogió a otros los contuvo también. Sólo se llevaron la bandera argentina y volvieron de revés la bandera peronista que cubría el cuerpo. Días más tarde, una comisión exige al doctor Ara la entrega de toda la documentación referente a su trabajo para quemarla y "destruir el mito". Pero el previsor aragonés la tenía a buen recaudo en Alemania. El cadáver de Eva fue sacado de la CGT entre los últimos días de noviembre y la primera semana de diciembre de 1955. El doctor Ara recibió una llamada telefónica de un desconocido que había presenciado el hecho. Se iniciaba un período de 16 años de misterio, de rumores, de relatos fantásticos. Parece que, después de estar varios años oculto en la misma Argentina, el cadáver fue trasladado a Alemania y desde allí a Roma. El 4 de setiembre de 1971, a requerimiento del general Perón, el doctor Ara identifica el cuerpo de Eva en la quinta 18 de Octubre, domicilio del ex-presidente argentino en Madrid. Salvo algunos desperfectos, reparables, causados por el ajetreo de los traslados, el cuerpo se conserva en perfectas condiciones. El féretro había sido entregado a Perón por el embajador argentino en Madrid. María Estela Martínez de Perón, con gran entereza arregló y limpió la rubia cabellera, le cambió la túnica ya ajada y húmeda. Y le volvió a colocar en sus manos el rosario de plata, ya limpio, que el Sumo Pontífice le regalara en sus días de Primera Dama argentina y líder de los desheredados. Al volver Perón a la Argentina prepara la repatriación del cuerpo de Eva Duarte. El periodista José Vicente Puente escribe, glosando estos viajes con su alada pluma: "A los cincuenta y dos años vuelve Evita a Madrid. Pero estos años ya no cuentan. Sólo los que se cruzan vivos. No éstos que se suman en un estremecedor viaje por tierras europeas, a través de Cancillerías y fronteras, ocultándose, negándose, como si la evidencia de la muerte no fuese bastante para acallar todo... Es una novela que nadie ha podido inventar. Y ahí está." Será difícil. Los enemigos de Eva Duarte no pueden arrancar su imagen de la mente del pueblo. Una mujer práctica, activísima, de arranques vitales incomparables, como relámpagos vivísimos de luz sobre un pueblo explotado y dormido. Esencia, conducta amítica, y a pesar suyo, la figura mítica de la moderna Argentina. En su loco ajetreo tuvo tiempo para escribir su libro La razón de mi vida. Perón la necesitó en vida. Murió ella, cayó el peronismo. Perón la necesitó hasta después de muerta. Ella le ayudó a vivir en el exilio con los 70.000 dólares que percibió como derechos del libro de Eva. Pasan los años y el recuerdo de Evita, líder del pueblo, persiste. Al morir el presidente Perón en 1974, asume la presidencia su esposa María Estela Martínez, "Isabelita". En su primer decreto que firma como presidente ordena la repatriación del cuerpo embalsamado de Eva Duarte Ibarguren de Perón, que ya llevaba tres años en Madrid. La prensa nos informa. El cuerpo yacente de Eva Duarte salió de la finca 17 de Octubre, de la Ciudad Puerta de Hierro, a las 6,21 horas de la tarde del 16 de noviembre. Fue trasladado al aeropuerto de Barajas en un furgón de color azul oscuro. Los seis automóviles del séquito iban ocupados por políticos y policías argentinos llegados expresamente para esta operación retorno. Allí esperaba un avión "Guaraní" de la aeronáutica argentina. El día siguiente, 17 de octubre, llegaba a su patria. A los 19 años de haber sido sacado de la CGT de Buenos Aires, en circunstancias aún no aclaradas, el cuerpo embalsamado de Eva Duarte moviliza al pueblo con el mismo poder de convocatoria de antaño. La multitud, portando imágenes de "Evita", rompe los cordones de seguridad, toca con sus manos el féretro y lo cubre de flores en medio de un griterío ensordecedor. Su paso hasta la residencia presidencial de Olivos lo hace en un sostenido clamor. La agrupación peronista clandestina "Montoneros" que había secuestrado y ejecutado al ex-presidente Pedro Eugenio Aramburu y escondido su cadáver, lo devuelve a cambio de "Evita". Ruidoso clarinazo que amplia la resonancia mundial de estos actos. Quiérase o no, Eva Duarte continúa siendo realidad y mito. Esta tremenda y conflictiva personalidad, que parece anular hasta al mismo Perón, espera el biógrafo que la interprete. A finales de 1973, la BBC de Londres inicia un programa radiofónico sobre Eva Duarte de Perón. Ante este programa, Tim Rice y Andrew Lloy Webber, los célebres autores de Jesucristo Superstar, conciben la idea de la ópera Evita. Viajan a la Argentina y se documentan: Ya nos anuncian su estreno de gran gala en Londres y Nueva York para esta primavera de 1977. Ya andan los discos de Evita en las ondas de todo el mundo. Dice W. Pérez Gómez: "Es un cuento de cenicienta sobre la asombrosa vida de una muchacha de un pequeño pueblo de provincias, que llegó a ser la mujer más poderosa de su país, y en realidad de Hispanoamérica. Su muerte a causa de un cáncer en 1952, cuando sólo contaba 33 años de edad, auguró su mitificación".
Bibliografía.
  • Eva Duarte, La razón de mi vida, Bs. Aires, 1951
  • Mary Main, La mujer del látigo
  • José M.ª de Areilza, Así los he visto, Barcelona, 1974
  • Dr. Pedro Ara, El caso Eva Perón. Apuntes para la Historia, Madrid, 1974
  • ABC de las Américas, Yo, Juan Domingo Perón. Relato autobiográfico, Barcelona, 1976
  • Lola Aguado, Vida apasionada de Eva Perón, Historia y Vida, 1972, n.° 49 Barcelona-Madrid
  • Juan Domingo Perón, Del poder al exilio
  • Manuel Revuelta, Un símbolo desenterrado: Eva Duarte de Perón, Sábado Gráfico n.° 745, Madrid-Barcelona, 1971
  • José Vicente Puente, El misterio de un mito. Eva Perón. La Actualidad Española, 1971, n.° 1.027, Madrid-Barcelona
  • Antonio Lago Carvallo, Perón, una resurrección política; Historia y Vida, 1973, n.° 68, Madrid-Barcelona.


Mariano ESTORNÉS LASA.