Biografiak

Erauso y Pérez de Galarraga, Catalina de

Pedro del Valle, "el Peregrino", en su XVII carta fechada en Roma el 11 de julio de 1626 reproducida por el editor francés de las Memorias en 1894, la describe así a su amigo Mario Schipano: "Es una doncella de unos 35 ó 40 años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental. Fue mi amigo el Padre Rodrigo de San Miguel, su compatriota, quien me la condujo. Yo la he puesto después en relación con muchas damas y caballeros, cuya conversación es lo que más le agrada. Francisco Crescentio, buen pintor, la ha retratado. Alta y recia de talle, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; el efecto fue doloroso, pero muy a deseo.

De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metida en los hombros, que son demasiado altos. En suma, más tiene el aspecto bizarro de un soldado que el de un cortesano galante. Unicamente su mano podría hacer dudar de su sexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunas veces tiene un no sé qué de femenino". Esta debía ser nuestra Catalina durante su viaje a Roma. Años más tarde, la vio el capuchino Nicomedes de Rentería cuando le trasportaba la ropa que a Méjico llevaba. Dice que "andaba en hábito de hombre", "traía espada y daga con guarniciones de plata y le pareció al fraile que sería entonces como de 50 años, y que era de buen cuerpo, no pocas carnes, color trigueño, con algunos pocos pelillos por bigote".