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ECHEVARRIETA MARURI, Horacio

Personalidad vizcaína de la política y de la industria. Nació en Bilbao, el 15 de septiembre de 1870 y falleció en Burceña-Barakaldo, en la finca "Munoa", el 20 de mayo de 1963. Hijo de prestigioso caballero también bilbaíno, D. Cosme Echevarrieta Lascuráin, interesado en negocios mineros, que intervino en la firma del Pacto Federal de Eibar del año 1869 en representación de la provincia de Bizkaia. Muy emprendedor en los negocios, de ideas liberales, y con reputación de hombre bueno, gozó siempre de grandes simpatías en amplios sectores sociales y políticos, siendo a la vez protector de los artistas bilbaínos que acudían a él, escritores, pintores, escultores, etc. Inició su vida comercial e industrial como continuador de los negocios mineros de su padre, a los que prestó su mayor atención, sin perjuicio de emprender otros. Entre ellos los marítimos, llegando a poseer una buena flota de tráfico internacional, con delegación en Londres. Pocos días después de estallar la Primera Guerra Europea, en agosto de 1914, fue la referida Delegación la que facilitó a Echevarrieta determinada información de particular importancia en aquellos momentos que inmediatamente, para su conocimiento por otras personas y Sociedades a las que sin duda podía interesar, hizo pública por medio de la prensa. Su actividad minera no la redujo a esta provincia, en la que explotó entre otras, la mina "Parcocha", sita en Valle de Trápaga-Trapagaran (La Arboleda), cuyos servicios, instalaciones y condiciones de trabajo mejoró, acogiendo e implantando nueva técnica de explotación, con repercusión en sus resultados, sino que la extendió a otras provincias españolas y a minerales de todas clases, realizando gran número de denuncias de los más variados minerales. Extendió su interés incluso al campo petrolífero y verificó sondeos en las provincias de Burgos y de Cádiz y llegó a enviar a Méjico personal técnico para el reconocimiento y estudio de yacimientos de esta clase que desde aquella República le fueron propuestos. En el año 1914, en que uno de los Bancos locales, el Crédito de la Unión Minera, atravesó un momento muy difícil, declarándose en suspensión de pagos y cerrando sus puertas, Echevarrieta, aunque no tenía ningún interés en él, tuvo parte muy importante, en unión de otras personalidades locales, en el encauzamiento de aquella delicada situación, consiguiendo que renaciera la confianza de los clientes y acreedores del Banco, gestionando y obteniendo más tarde, ya desempeñando la Presidencia de la Cámara de Comercio el año siguiente (1915), los créditos necesarios para superarla totalmente, logrando en suma, que el citado Banco reanudara normalmente sus actividades. Esta actuación le valió un homenaje del pueblo de Bilbao. Esta gestión la repitió años más tarde en otro difícil trance de otra entidad, en el que llegó a empeñar su personal garantía y responsabilidad, compartida con D. Benigno Chávarri, luego marqués de Chávarri. En el año 1917, adquirió en propiedad los Talleres Navales de Vea-Murguía, sitos en la bahía de Cádiz, con el propósito de transformarlos, como lo hizo, en verdaderos astilleros, iniciando su construcción con cinco barcos gemelos y ampliando sucesivamente los Astilleros en los que fueron muchos los barcos que se botaron y equiparon con resultado óptimo. Creó para Cádiz una gran riqueza y proporcionó trabajo a aquella ciudad, al punto de que, bajo los auspicios de personal directivo y técnico bilbaíno, se hicieron en ellos magníficos operarios navales. Una de sus construcciones, el buque escuela JUAN SEBASTIAN ELCANO para la Marina de Guerra española, causó admiración en los muchos viajes de prácticas y estudios que realizaron sus alumnos, no sólo por su perfección técnica sino también, y a la vez, por su belleza de línea. Dichos astilleros llegaron a adquirir tal fama que en los años finales (1928-1929) de la Dictadura, le fue encargado por el Gobierno español un submarino piloto. Con patente y colaboración alemana, quedó terminado justamente al advenir la República; el primer Gobierno de ésta anuló el contrato y adquirió poco después el submarino el Gobierno de Turquía tras las oportunas pruebas, con el mejor resultado, confirmado en su navegación posterior. Sin salir de los propios astilleros, creó hacia la misma fecha, aneja a los mismos, siguiendo indicaciones del Gobierno, plasmadas en el correspondiente contrato, la llamada FABRICA DE TORPEDOS, que continuó en explotación hasta la fortuita terrible explosión del año 1947, que tantas víctimas y tan importantes daños materiales causó, no sólo en la fábrica propiamente tal y en los astilleros sino en la propia ciudad de Cádiz. En muy buenas relaciones, de negocios y personales, con significadas personalidades marroquíes especialmente en la zona sujeta entonces al protectorado español, y bajo indicación del Gobierno, en el año 1923, gestionó personalmente la liberación de los prisioneros de Africa, gestión que se prolongó durante varios meses, dedicados casi exclusivamente a tal empeño, con muy fuertes gastos costeados de su particular peculio. En definitiva concertó con Abd-el-Krim el tan ansiado acuerdo, para cumplidas sus condiciones y satisfecho el precio del rescate y trasladados al buque preparado ya a tal efecto frente a la playa de Axdir el día 27 de enero de dicho año, con la circunstancia de que surgidas a última hora algunas dificultades, las solucionó ofreciéndose personalmente en rehén, ofrecimiento que no se le aceptó a cambio de su palabra, consiguiendo la libertad absolutamente de todos los presos sobrevivientes a su cautiverio. En reconocimiento a sus eminentes servicios, el Gobierno le ofreció la concesión del título de "Marqués del Rescate", que rehusó. En el año 1925 reiteró su gestión mediadora por encargo del entonces jefe del Gobierno, el General Primo de Rivera, en busca de una paz honorable con el propio Abd-el-Krim, aunque no se llegara a conseguir el objetivo. En el orden de los negocios fue personalmente el que con carácter particular iniciara el de los Saltos del Duero, acometiendo previamente el estudio correspondiente y extendiéndose a su nombre la oportuna concesión. Ante la magnitud de medios y disponibilidades que precisaba para llevar a cabo la empresa, como consejero que fue del Banco de Bilbao, lo propuso al mismo, siendo aceptado con las mayores loas, para la promoción de la S. A. SALTOS DEL DUERO, y años más tarde unida con la Hidroeléctrica Ibérica convertirse en la actual IBERDUERO, S A. El año 1916 Echevarrieta es uno de los fundadores de CEMENTOS PORTLAND IBERIA, probablemente la más moderna fábrica de tal clase en el Estado español, emplazada en Castillejo (Toledo), así como también contribuyó a la constitución de la COMPAÑIA AEREA DE TRANSPORTES IBERIA, como es sabido una de las grandes empresas en el ámbito del tráfico aéreo. Figura también entre sus promociones, la del TRANVIA AEREO SOBRE EL NIÁGARA, realizado según el proyecto del ilustre ingeniero D. Leonardo Torres Quevedo. Acometió también, entre otros varios negocios, el de explotaciones forestales de singular importancia, entre ellas la de los Pinares de Balsain, en las provincias de Cuenca, Huesca y Segovia. Dentro de la política es elegido, bajo etiqueta republicano-socialista, diputado a Cortes por Bilbao en el año 1910, prosiguiendo en el cargo tras haber sido de nuevo reelegido, obteniendo por cierto mayorías resonantes, hasta el año 1918, desarrollando una meritoria y eficaz labor para Bilbao y su provincia. Mantuvo excelentes relaciones con los políticos de aquel entonces, continuadas más tarde durante los años del Directorio Militar; su intervención personal fue decisiva en la renovación del Concierto Económico de las provincias vascas el año 1926, cuyas Diputaciones le hicieron objeto de un solemne homenaje en la Casa de Juntas de Gernika, obsequiándole con una gran placa dedicatoria que le fue entregada al pie del árbol. El año 1922, se hizo cargo de la Concesión Municipal de las obras de la Gran Vía de Madrid, realizando las comprendidas en los trozos 2.° y 3.°, y dentro de dichos trozos, en la Plaza del Callao, construyó el magnífico edificio de la Casa de la Prensa, que fue cedido a la Asociación de la Prensa de Madrid, en condiciones muy favorables y ventajosas para la misma. Destacó también en el ámbito deportivo y obtuvo para España el primer premio en la regata internacional de yachts a vela Plymouth-Santander, celebrada el año 1925, que ganó con su yacht "María del Carmen" sacando nada menos que seis horas de ventaja al que llegó en segundo lugar. Aunque muy probablemente sus méritos y trabajos en la vida de los negocios, en la política y en el deporte, quedarán oscurecidos por sus cualidades humanas en todas las circunstancias, y quizá más destacadas que nunca, durante los años de la guerra civil, en los que su casa de Madrid, en la que le sorprendió la contienda y en la que permaneció hasta su término, fue un verdadero refugio para muchísimas personas que en ella buscaron y encontraron asilo, salvando sus vidas, como custodió imágenes y ornamentos religiosos, que le fueron confiados.-J. H.