Monarkia eta noblezia

Eudon El Grande

Duque de Vasconia y de Aquitania que sucedió a Lupo I en ambos ducados en 710, un año antes de la invasión musulmana que llega pronto a sus dominios. Se supone a Eudón hijo de Lupo y por tanto de estirpe indígena. Algunos genealogistas franceses le hacen de la casa merovingia de lado paterno. Según ellos, Bogis, hijo de Cariberto y de Gisela, sería su padre, e Imitario, su hermano, pero la carta de Alaón, en que se basan, es totalmente falsa como lo ha demostrado la moderna crítica. Pronto se vio Eudón atenazado entre dos grandes enemigos, los musulmanes por el Sur y los francos de Carlos Martel, por el Norte. Su dominio e influencia se extendía desde el Loira a las cercanías del Ebro. Cuando acontece la invasión se encontraba el rey godo, ausente de su reino, en guerra contra los vascones de Pamplona. Rodrigo se vio obligado a abandonar su ofensiva contra Vasconia para acudir presuroso hacia Gibraltar. Jaurgáin hace este comentario:

"... parece que el duque vascón-aquitano, nada más empezar su reinado, tuvo que defender Vasconia transpirenaica contra una agresión del rey Rodrigo: éste estaba por lo menos, en guerra contra Pamplona, según los historiadores árabes cuando Tarik desembarcó al pie del monte Calpe, al que se llamó desde entonces Gibraltar (Gebel Tarek, "monte de Tarik").

Ya el año 714 los musulmanes sobrepasaban Zaragoza y ocupaban la cuenca media del Ebro, subiendo, río arriba, por la vía romana que corre paralela. Los historiadores árabes dicen que Musa se internó por Vasconia haciéndoles la guerra a sus naturales. Hacia el 716 cae Pamplona en poder enemigo, y en 718 se formaliza una capitulación o pacto de paz.

(718). Al morir Pepino de Heristal los neustrianos recobran su independencia nombrando un rey propio que los gobierne, Chilperico Daniel, cuyo alcalde de palacio era un tal Raganfredo. Esta independencia era insoportable para los austrasianos. Así es que Carlos Martel tomó sus medidas militares adecuadas para salir al paso de ese estado de cosas. Atacó a los neustrianos y les venció en Vincy el año 717. A consecuencia de este desastre los vencidos acuden pidiendo auxilio al duque vasco Eudón enviándole un embajador con el título de rey y obsequios:

Chilpericus itaque et Raganfredus legationem ad Eudeonem ducem dirigunt eius auxilium postulantes rogant, regnum et munera tradunt

(Fredegario, Cont. de C. CVII).

Así, pues, Chilperico y Raganfredo dirigen una legación al duque Eudón, solicitando su ayuda y ofreciéndole reino y regalos.

Esta embajada llegó a Eudón el año siguiente de la derrota, el 718. El testimonio de Fredegario es irrecusable porque se trata de un contemporáneo ya que escribía todavía en el 736. A todos los autores, sin embargo, ha chocado esa oferta de la realeza a favor de Eudón. Mientras Carlos Martel se entretenia guerreando contra los sajones, Chilperico II y Raganfredo aprovecharon el año 718 para reagrupar sus fuerzas militares y negociar con el duque Eudón, consiguiendo la promesa de socorro.

Eudón y sus vascones acuden en socorro de Chilperico II. (719). En los primeros meses del año 719 partía Eudón con una tropa de vascones reforzada con aquitanos:

Vasconum hoste commoto (Fredeg., Cont. de. C. CXXX). habiendo levantado una hueste de vascones.

Primeramente atravesó el Loira apoyado por las primeras villas neustrianas naturalmente al lado de Chilperico. Sería de ver a tropas vasconas del siglo VIII atravesar Beauce y entrar en París, para unirse a la armada de Chilperico y Raganfredo. No tardó mucho en que los dos ejércitos, astrasianos y neustrianos se encontraran cerca de Soisson donde tuvo lugar un terrible combate en el que perdieron la vida multitud de francos:

Occiso Francorum ad Suessionis civitate (Ann. Nazariani, ap. Houquet, II, 639).

Los austrasianos llevaron la mejor parte. Al parecer Eudón y sus vascones se batieron en retirada volviendo a pasar por París:

Parisius civitate regressus (Chron. Moissac. ap. Bouquet, II, 651).

Los Anales Metenses se limitan a consignar:

cum audisset Eodo Karofum esse itinere - territus aufugit (Ann. Metz. ap. Bouquet, II, 682).

No se sabe si los vascones llegaron a pelear. Se estima que no, que se hallaban entre París y Soisson cuando se enteraron de la victoria de los astrasianos y que, en vista de ello, procedió Eudón a retirarse hacia sus dominios, pero lo curioso es que se llevó consigo al rey Chilperico y su tesoro real, pasando por Orleans y cruzando finalmente el Loira, frontera de su ducado. En cuanto a Raganfredo huyó hacia su país de Anjou. Parece ser que Carlos Martel persiguió al duque Eudón hasta Orleans, ciudad amurallada y por tanto bien defendida.

Los musulmanes toman Narbona (719-720). Entre tanto Eudón se retiraba a sus tierras ante el acoso de Carlos Martel, los musulmanes mandados por El Haur pasaban los Pirineos por los desfiladeros de Gerona a Elne deseosos de conquistar la Septimania visigótica. Los autores árabes afirman que El Haur llegó hasta el Garona, donde empezaban la Aquitania y la Vasconia. Esta guerra fue larga, ya que se calcula su duración en tres largos años desde el paso del Pirineo y la caída de Narbona, plaza fuerte que ha de ser la base musulmana para su dominación a ese lado de la cordillera. La "Crónica de Moissac" atribuye a El Samah la toma de Narbona, a los nueve años de la entrada de los musulmanes en Hispania:

Soma Rex Sarracenorum, nono anmo postquam Spaniam ingressi sunt, Narbonam absidet, obessanque capit, virosque civitatis illius gladio perimi iussit: mulieres vero et parvulus captivos in Spaniam ducunt (Chron. Moiss.).

Soma, rey de los sarracenos (emir Al. Samah), en el noveno año después que entraron en Hispania, sitia a Narbona y teniéndola cercada la toma; y manda que sean pasados a cuchillo los varones de la ciudad: pero a las mujeres y niños se los lleva cautivos a Hispania".

Eudón y Carlos Martel llegan a un acuerdo (720). Carlos Martel, muy ocupado en su lucha contra los sajones, prefirió llegar a un acuerdo con Eudón para solucionar el problema de Neustria. Le ofreció su amistad a cambio de entregar a Chilperico y el tesoro real que llevaba consigo, y parece que el duque vascón-aquitano aceptó:

Carlusque anno insecuto, legationem ad Eudonem dirigens (amicilias) que cum eo (Faciens). Ille vero Citilperico rege (cum multa munertbus) reddit (Fredeg., Cont. de).

El tratado entre Eudón y Carlos habría sido firmado el 2 de diciembre del 720 según el contexto en que tuvo lugar. Eudón poseía, si, medios suficientes para una larga resistencia pero lo suficientemente agresivos como para desafiar a Carlos que era muy poderoso. Además, los musulmanes se habían constituido en un gran peligro a lo largo de toda la frontera meridional vascón-aquitana. Eudón, titulado rey por Chilperico, duque y príncipe en otros documentos, no llegó a acuñar moneda suya o por lo menos no se tiene noticia de ella. Para ese año de 720 los musulmanes habían ya penetrado hacia los Pirineos y se predecían días muy difíciles en lo sucesivo.

(721). Bien sea como nueva iniciativa, bien como venganza por haber Eudes contenido el avance musulmán en la Septimania, lo cierto es que Al-Samah, después de haber vencido la resistencia en esas comarcas, se dirige por las montañas de entre los ríos Auda y Ariège con la idea de sorprender la capital vascón-aquitana, Tolosa. El duque Eudón se hallaba, al parecer, en Burdeos cuando tuvo noticia del ataque a la capital y de su vigorosa defensa cerrando las puertas de las murallas y combatiendo desde el interior de la ciudad. Tolosa fue sitiada en regla, los musulmanes batieron sus murallas con máquinas de guerra y con hondas para impedir la aproximación de los defensores a las rampas. Todo fue inútil y costoso. El sitio debió de ser largo, tan largo que dio tiempo a Eudón a reunir una potente armada capaz de acudir en socorro de la capital. Venían, además de las tropas escogidas de vascones de que normalmente disponía el duque Eudón, de otras reclutadas por todos sus dominios. Se oirían el latín y el euskara como idiomas usuales.

El terrible combate tuvo lugar delante de la villa, en el lugar denominado por los árabes El Balat. Un cronista musulmán dice que Al Samh, a cuyas órdenes acaudillaba el ejército Abder-Rahman, arengaba a los suyos, seguro de la victoria, diciéndoles: "Nada temáis de esa muchedumbre que véis; si Dios está con nosotros, ¿quién nos vencerá?" Abder-Rahman, más práctico, y positivista, hacía presurosos preparativos para hacer frente a la armada vascónaquitana que se aproximaba. Los defensores de Tolosa, desde las murallas, presenciaban la llegada de socorros, dispuestos a intervenir en el momento oportuno. Eudón dio la orden de ataque que fue obedecida por las milicias, seguras de la victoria. La suerte fue echada. Se dice que la victoria quedó largo tiempo indecisa hasta que los musulmanes comenzaron a retroceder y huir. El Samh murió en el combate. El impetuoso y lucido ejército musulmán quedó tendido por la vía romana que va desde Tolosa a Carcasona y que luego los cronistas árabes llamaron "Vía de los mártires". Abder-Rahman, logró huir con los restos del ejército hacia Hispania. Según los cronistas musulmanes, 350.000 fieles murieron en suelo aquitano.

Eodem tempore nefanda Agarenorum gens, cum iam Spaniarum provinciam per X annos tenerent peruasam, undecimo anno apud Rhodanum conabantur fluvium transite, ad Francias occupandum. ubi Eodo preerat. Qui facta generali Francorum monitione contra Sarracenos, eos circundantes interemerunt. Trecenta enim septuaginta qutnque mitlia uno sunt die interfecti, ut eiusdem Eodonis Francorum ducis missa Pontifici epistola continebat; mille tantum quingentos ex Fracis fuisse mortuos in eodem bello dixerunt, adiiciens quod anno praemio in benedictionem a praedicto viro ei directis tribus spongiis quibus ad usum mense pontificis apponuntur, in hora qua bellum commitebatur, idem Eodo, Aquitaniae princeps, populo suo per modicas partes tribuens ad sumendum eis, unus vulneratus est, nec mortuus ex his qui participati sunt

(Liber Pontificalis, edic. Duchesne, 1.401).

"Los sarracenos, diez y nueve años después de haber conquistado Hispania, hicieron toda suerte de esfuerzos, al año siguiente, para franquear el Ródano y apoderarse de esa parte de Francia, la que estaba entonces en posesión del duque Eudón; el príncipe de Aquitania les envolvió, les hizo pedazos, y les mató en un solo día, según la relación que envió al Papa, trescientos setenta mil hombres, no perdiendo ellos más de mil quinientos que permanecieron sobre el lugar, habiendo distribuido antes del combate pequeñas porciones de tres esponjas benditas, que el Papa (Gregorio II) le había enviado recientemente, y que el mismo Eudón había hecho repartir entre sus soldados quedando invulnerables a la muerte y heridas aquellos que las poseían."

"Con ímpetu arrollador Al-Samh llegó luchando a Tolosa, la sitió e intentó expugnarla con catapultas y otros ingenios. Al enterarse, los francos (aquitanos y vascones) se reunieron en torno a su duque Eudón y en el encuentro decisivo que los dos ejércitos libraron en las inmediaciones de la ciudad, mataron a Al-Samh, jefe de las tropas musulmanas, y a gran parte de soldados, persiguiendo al resto que huyó a la desbandada. Durante un mes asumió el mando Abd-al-Rahman hasta que, enviado por sus superiores, llegó Ambasa para hacerse cargo del gobierno."

(Crónica mozárabe del 754, Ed. Flórez, "Esp. Sagr.", VIII, pp. 305-306).

Et in ipso anno mense tertio, ad obsidendam Tolosam, pergunt. Quam dum obsiderent exiit obviam eis Eudo Princeps Aquitaniae cum exercitu Aquitanorum vel Francorum, et commisit cum eis praelium. Et dum praeliari coepissent, terga versus est exercitus Sarracenorum, maximaque pars ibi cecidit gladio (Chron. Moiss.).

Y el mismo año, en el tercer mes, parte para poner sitio a Tolosa. Y teniéndola cercada, les salió al encuentro el príncipe de Aquitania, Eudón, al frente de un ejército de Aquitanos o Francos, y trabó combate con ellos. Y cuando empezaron a pelear, volvió la espalda al ejército sarraceno, pereciendo allí por la espada su porción mayor.

En parecidos términos se expresa el escritor musulmán Ibn Bashkuwal.

(725). Cinco años demoró en vengarse el nuevo y flamante emir Ambiza. Como hombre inteligente que era, preparó la expedición con calma y teniendo en cuenta los menores detalles. No sólo la venganza de las armas musulmanas derrotadas animaba a este caudillo. Era, además, muy piadoso y creía que debía realizarla por el más completo triunfo de su fe sobre la de los "perros" cristianos. De nuevo van a enfrentarse el caudillo africano y el duque Eudón. Era ya el año 725 cuando llegaba a Carcasona el nuevo ejército invasor repitiéndose las escenas todavía vivas de la entrada anterior. Y no se contentan con sólo eso; el Ródano vio cruzar sus aguas por primera vez a los musulmanes en correría por toda la rica región provenzal.

De nuevo Eudón debe correr presuroso con sus milicias vascón-aquitanas de una a otra parte de su territorio nacional. Esta vez debe proceder con cautela y prudencia ante la importancia de las fuerzas empeñadas en la ocupación de la costa gala. Al fin se libra la batalla, equilibrada, desesperante, incierta y dudosa, hasta tal punto, que no se sabe, una vez terminada, su verdadero resultado. La retirada de los árabes repasando el Ródano indica que les fue desfavorable y peligrosa, pero permanecieron en la Septimania que consideran siempre como parte del reino godo conquistado. Ambiza va entre sus huestes mortalmente herido. De resultas de estas expediciones se estableció un peligro permanente en esa parte de la frontera. Ambasa Ibn Suham murió a principios del año 726. Relatan sus incursiones la "Crónica de Moissac", e Ibn al-Athir.

Situación peligrosa entre francos y musulmanes (729). Otra puerta peligrosa de entrada para la Aquitania era el boquete pirenaico por el país llamado de la Cerdaña o Cerdanya donde la cadena montañosa sufre una gran depresión. Por ahí, tres caminos de invasión rápida podrían tomar los árabes: el del río Tet, hacia Perpiñan; el del río Auda, hacia Carcasona, y el del río Ariége, directamente hacia la capital, Tolosa. Precisamente esa depresión había sido ya ocupada por Tarik y Musa en los primeros momentos de la gran embestida hacia el continente. Durante el reinado del emir Abder-Rahman, el moro Munuza (Otaman Abi Nessa), hombre decidido e inteligente, luchaba contra los verdaderos árabes, rodeado de leales bereberes. Eudón conocía la importancia estratégica de la zona, para la seguridad de sus estados de la Cerdaña, así es que entró en tratos, en negociaciones, con el walí Munuza. A estas negociaciones le impulsaba el creciente peligro por la frontera del Loira amenazado por Carlos Martel y por la meridional ante los preparativos de una gran campaña de parte de Abderrahman el Gafeki. El caso de Othman Abi Nessa o Munuza no era sino un caso más de los muchos que había entre árabes explotadores y berberiscos explotados.

Sobre estos últimos se apoyaba la actitud de Munuza, ahora en tratos con Eudón. Pero Munuza, que residía en Llivia, abrigaba la esperanza de poder apoderarse del gobierno de Hispania musulmana. Llivia era algo así como la capital de la Cerdaña. El plan de Munuza y de Eudón era audaz y propio de un difícil momento. Se trataba de cambiar la faz de las cosas llevando los berberiscos al poder a través de Munuza. La negociación tuvo lugar y, para garantizarla plenamente, casó Lampegia, hija de Eudón, con el jefe musulmán de Cerdaña. Las crónicas dicen que Lampegia era una mujer de gran belleza y que Munuza quedó prendado de ella desde un primer momento. Bladé dice que la influencia de Eudón se extendía hasta el Ebro y que proyectaba apoderarse de la Septimania, en poder de los musulmanes. En realidad ambos concertantes no aspiraban sino a fortalecerse mutuamente: Eudón, a preservar una parte de su frontera y Munuza a obtener el respaldo del duque vascón-aquitano en caso de necesidad. Asi parece confirmarlo el arzobispo D. Rodrigo:

Nuper Eudo praepositus Gallicorum huic Muniz filiam suam causa foederis in conjudio copulavit, et ad suos libitus tradidit inclinandam. ob persecutionem Arabum differendam

(Roderic, Hist. Arab., c. 13).

Hacia poco, Eudón, el jefe de la Galia, había unido en matrimonio a su hija con el referido Munuza por motivos de la alianza, y la entregó para que se doblegase a los caprichos de aquél, pensando que aplazaría así la persecución de los árabes.

(731). El belicoso y ambicioso Carlos Martel acababa de vencer a los sajones y había sometido y vencido también a los alemanes, suevos y bávaros. Ahora le tocaba el turno a los ducados de Aquitania y de Vasconia. Los soldados no podían permanecer ociosos. Había que llevarlos a alguna parte a pelear y había que ensanchar los dominios neustrianos. Pero las malas acciones, aun en tiempos belicosos, necesitan justificaciones. Ahora todo era ver preparativos militares al otro lado del Loira, todo incumplimiento de tratados, todo perfidias. En la primavera del 731 la armada franca ya estaba preparada para la lucha. Eudón quiso hacerle frente, pero fue todo inútil. Los ejércitos victoriosos del Rhin atravesaron el Loira, derrotaron a Eudón, tomaron importante botín volviendo a Francia después de haber devastado la tierra aquitana dos veces en un mismo año tal y como lo relata el continuador de Fredegario:

Per idem tempus Eodone ducce a iure foederis recedente. Quo comperto per internuntios, Carlus princeps, commoto exercito, Liger Fluvium transiens, ipso duce Eodone fugata, praeda multa sublata. remeatur ad propia. Eodo namque dux cernens se superatum atque derisum. gentem perfidam Saracinorum ad auxilium contra Carlum principem et gentem Francorum excitavit. Egressique cum suo regi Aódirama nomine Geronna (Garonnam) transeunt. Burdigalensem urbem pervenerunt, etc.

(Fredeg. Cont. de. "M. G. H. S." II, 175).

Otras crónicas confirman el relato del continuador de Fredegario:

Karlus invasit Wasconiam

(Ann. Nazar., ad ann. 735. "Bouquet", II, 640).

Carlos invadió Vasconia.

Exinde exercitum commovet contra Eudonem Aquitanorum Ducem, ivitque in Wasconiam fugato Eudane

(Adon. Chron. ann. 731, "Bouquet", II, 671).

Lampegia, al harén del califa (731). Abd-al Rahman el Gafeki preparaba intensamente una expedición destinada a devastar y saquear Vasconia y Aquitania. Era el año 731. Había hecho venir de Egipto y de otras partes de Africa fuertes contingentes de soldados con destino a la gran armada invasora. Pero, antes de nada, resolvió liquidar la rebeldía de Othman Abi Nessa (Munuza). Sorpresivamente llegó a la Cerdaña con considerables fuerzas sorprendiendo a los defensores. Munuza se encerró en Llivia pero también se vio obligado a desistir de la defensa ante el empuje de las fuerzas invasoras. Se hizo todo tan rápido que no fue posible a Eudón acudir en auxilio de su yerno, entretenido como estaba luchando contra Carlos Martel en el Norte.

En este punto, historia y leyenda se entremezclan al narrar el drama de Llivia. Se cuenta que Munuza y Lampegia huyeron a un desfiladero refugiándose en un lugar muy escondido al pie de una cascada de agua. Que los soldados de Abderramán los descubrieron y atacaron y que Munuza al verse perdido se precipitó al fondo del desfiladero antes de ser hecho prisionero y, que Lampegia, en gracia a su hermosura, fue enviada al harén del califa de Damasco.

Nuper etiam Eudo, praepositus Gallicorum, huic Munniz filiam suam, causa foederis, in coniugio copulavit, et ad suos libitus tradidit inclinandam ob persecutionem Arabum differendam, quae simul cum oppido Cerritaniae fuit capta. Viri autem exercitus caput Munniz, praecipitio iam collisum, caede secunda detruncant, et cum filia Eudonis Regi suo laeti praesentant. Abderramen autem, de rebellium interitu iucundatus, uxorem eius, cum esset pulcherrima, summo Regi trans maria honorifice destinavit.

(Roderic. Tolet. Hisl Arabum. cap. XIII).

Hacia poco, Eudón, el jefe de la Galia, había unido en matrimonio a su hija con el referido Munuza por motivos de alianza, y la entregó para que se doblegase a los caprichos de aquél, pensando que aplazaría así la persecución de los árabes; y ésta tal fue apresada también, juntamente con el poblado de Cerritania. Los guerreros [de Abderramen] decapitan con una segunda muerte el cuerpo de Munuza, que se había esvellado en el precipicio, y lo presentan alegres a su rey junto con la hija de Eudón. Abderramen, alegrándose de la muerte de los rebeldes, destinó la mujer de Munuza, que era hermosísima, para que fuese llevada honrosamente al sumo rey al otro lado de los mares.

Expedición de Abd-el-Rahman al-Gafeki. Batalla de Poitiers (732). Un juvenil y grandioso ejército, preparado desde hacía tiempo con toda minuciosidad, comenzó a moverse desde las márgenes del Ebro donde se había concentrado bajo la jefatura de Abd-el-Rahman. Se adentra en Vasconia llegando a Pamplona y pasando el Pirineo por el paso de Roncesvalles, donde la vertiente norte es rápida y conduce precipitadamente a la llanura indefendible. El ejército musulmán avanza seguro, resuelto a realizar una profunda penetración. La superioridad musulmana es manifiesta. La "Crónica mozárabe" dice que Abd-el-Rahman "vio desaparecer la tierra bajo la muchedumbre de sus guerreros". La avalancha militar musulmana atraviesa Vasconia y llega a las orillas del Garona, en las cercanías de Burdeos, límite entre vascos y aquitanos. Probablemente los vascos se desalientan al verse arrojados de su país y esperan con los aquitanos, al otro lado del río, esperanzados de poder detener la invasión.

Pero Abderramán, en jornadas rápidas, se adelanta y pasa violentamente el río no dando tiempo a rehacerse a los defensores. Así y todo se traba una gran batalla en la que, después de momentos indecisos y situaciones confusas, salen terriblemente derrotados los vasconaquitanos. Burdeos, tomada al asalto, es entregada al pillaje y al saqueo asociados al incendio. Al decir de los historiadores musulmanes, con fantástica imaginación, "el soldado más oscuro, tuvo por su parte gran número de topacios, jacintos y esmeraldas, sin mencionar el oro casi despreciable en semejante caso". De tal manera salieron cargados de botín hacia el interior de Aquitania que su marcha se hizo más lenta y reposada. Isidoro de Beja, contemporáneo de estos sucesos, exclama impresionado, que sólo Dios sabe el número de los que allí perecieron. El derrotado ejército vasco-aquitano se había internado en las llanuras aquitanas buscando refugio en el Loira, en las fronteras con los francos. Pero Carlos era el enemigo número uno, no sólo de Eudón, sino de la existencia misma de los ducados vasco y aquitano. Ahora, después de la primera satisfacción, al ver derrotado a Eudón, comienza a temer por supropia seguridad.

El desastre ha sido mayor de lo esperado. El duque vasco-aquitano pide ayuda desesperada a su enemigo haciéndole ver que también el reino franco, hasta entonces seguro, peligra gravemente. Carlos procede, no con la generosidad de un caballero, sino como era; su respuesta fue la del aventurero ávido de poder y ansioso de dominación. Exige a Eudón el reconocimiento de su soberanía como condición de su ayuda. Este, sin otra salida, acepta la exigencia del caudillo franco. Recibido el juramento de rigor, llama a sus guerreros y a los de los pueblos avasallados en años anteriores, borgoñeses y germanos de ultra-Rhin. Unidos ambos ejércitos, rehechos por su gran número y la confianza en sus fuerzas, se encaminaron al Loira. Lo que había sucedido entre tanto es inenarrable: pueblos y ciudades incendiados y sus moradores pasados a cuchillo, monasterios e iglesias destruidos y robados, campos talados y por toda partes las interminables caravanas de fugitivos llevando sobre sí o en animales de labor o en modestos carros los alimentos y enseres de sus casas.

Pero la ciudad de Tours con sus riquezas y tesoros era el imán poderoso que atraía a los musulmanes. Debían pasar por Poitiers pero se encontraron con que la ciudad había cerrado sus puertas y se defendía. Fracasado un primer asalto, dejáronla a un lado y se encaminaron hacia Tours, con objeto de saquear su célebre Abadía donde esperaban encontrar tesoros fabulosos. Una voz de alerta corre de pronto por las filas árabes. Los exploradores traen la noticia de que un inmenso ejército cristiano viene del otro lado del Loira dispuesto a la lucha. Abderramán, cauteloso y prudente, se repliega ligeramente hacia Poitiers, y concentra sus milicias entretenidas todavía con el botín recogido en días anteriores. Poitiers es todavía Aquitania. Según los cronistas árabes pensó el emir en mandar quemar el botín para desembarazarse de un estorbo y quedarse sólo con las armas. Para su desgracia nunca se decidió a ello. Casi en el mismo lugar donde Clodoveo venciera antaño a los visigodos, esperó al enemigo, entre Vienne y Clain, en las inmediaciones de Poitiers.

Era otoño del año 732 cuando ambos rivales se enfrentan, plantando sus campamentos, sin decidirse a iniciar la lucha ninguno de ellos. Cristianos y musulmanes despliegan sus fuerzas haciendo alarde de su poder para replegarse nuevamente a sus tiendas sin provocar la lucha. Una semana entera dura este estado de cosas. Juiciosamente anota Guizot, que la lucha que estaba a punto de empeñarse, era la lucha de oriente contra occidente, del mediodía contra el norte, de Asia contra la Europa, del Evangelio contra el Corán. De ella, aunque los caudillos rivales lo ignoraran, dependía el futuro de la civilización europea. "Sin embargo, tenían un grave presentimiento de la grandeza de su empresa, y se observaban mutuamente con esa grave curiosidad que precede siempre a un terrible encuentro entre guerreros esforzados".

Por fin, en la mañana del séptimo u octavo día, Abderramán, a la cabeza de su caballería, ordenó el asalto general. Los cristianos esperan a pie, alineados en apretadas filas. Protegen sus cuerpos con mallas y escudos y presentan sus lanzas, según noticias de la época, "inmóviles cual un muro de hierro, semejantes a un recinto de hielo". Se produce el choque; el muro humano no cede al asalto. Repítense los asaltos de la caballería contra el ejército cristiano. Se traba un combate feroz y desigual en el modo de combatir y por los elementos empleados. La lucha entra en su momento más crítico cuando Eudón y los vasco-aquitanos, después de un disimulado rodeo, logran entrar en el campamento árabe incendiándolo.

Eo tempore gens Saracinorum in loco qui septem dicitur ex Africa transfretantes, universam Hispaniam invaserunt. Deinde post decem annos cum uxoribus et parvulis venientes, Aquilaniam Galliae provinciam, quasi habitaturi ingressi sunt. Carolus siquidem cum Eudone Aquitaniae principe tunc discordiam habebat. Qut tamen in unum se conjungentes, contra eosdem Saracenos pari consilio dimicarunt. Nam irruentes Franci super eos trecenta septuaginta millia Saracenorum interemerunt. Ex Francorum vero parte milla et quingenti tantum ceciderunt. Eudo quoque cum suis super castra eorum irruens, pari modo multos interficiens. omnia devastavit

(Paul. Diacon., Historic. de gest. Langobard., I, VI, c. 46).

A la vista de este inesperado acontecimiento vuelven los árabes hacia atrás creyéndose atacados por la espalda o que les robaban el botín, allí acumulado. Entonces el desorden cunde en todo el inmenso ejército, trabado en combate, degenerando la lucha en una confusa batalla en la que aparecen revueltos los guerreros enemigos. Poco a poco va cayendo la noche sobre la llanada de Poitiers. Cristianos y musulmanes recogen sus hombres a sus campamentos respectivos. Nadie sabe el resultado de tan titánico esfuerzo. Por todas partes se oye el clamor de los moribundos. Junto a ellos agonizan también los caballos mortalmente heridos. Algunos guerreros, desafiando el peligro, retiran a tos heridos hacia sus campamentos respectivos.

Aquella terrible noche de 732, cargada de aromas otoñales y de aires todavía tibios, transcurre larga y en estado de alerta. A la madrugada vascos, aquitanos y francos espían el campamento árabe en el que reina el más absoluto silencio. Nadie entra ni sale de sus tiendas. Ante esta extraña actitud van acercándose los cristianos hasta cerciorarse de que estaban vacías y abandonadas. El gran ejército había huido aprovechando la oscuridad nocturna para ganar tiempo y alcanzar las fronteras de la Hispania musulmana. Ahí mismo está abandonado, en parte, lo más embarazoso del famoso botín de Burdeos y de otras ciudades. Parece ser que un grupo buscó refugio en la Septimania por el camino de Tolosa y otros por el mismo camino de venida y puertos cercanos. La línea del Ebro o su frontera, por la parte de Jaca, era la más cercana. El país lo encontraban, a su paso, desierto.

732, Abderaman Rex Spaniae cum exercitu magno Sarracenorum per Pampelonam et montes Pireneos transiens, Burdtgalem civitatem obsidet. Tum Eudo Princeps Aquitaniae, collecco exercitu, obviam eis exiit in praelium super Garonna fluvium. Sed inito praelio, Sarraceni victores existunt. Eudo vero fugiens maximam partem exercitus sui perdidit: et ita demum Sarraceni Aquitaniam depraedare coeperunt. Eudo vero ad Karolum Francorum Principem veniens, postulavit ei auxilium. Tunc Karolus, collecto magno exercitu, exiit eis obviam; et inito praelio in suburbio Pictavensi debellati sunt Sarraceni a Francis: ibique Rex Abderaman cecidit cum exercito suo in praeliori; et qui remanserunt ex eis, perfugam reversi sunt in Spania. Aerolus vero, spolia accepta, cum triumpho magno gloriae reversus est in Francia".

[Chronicon Moissiacensi, Anno DCCXXXII].

El año 732 Abderramán, rey de Hispania, atravesó Pamplona y los montes Pirineos con un poderoso ejército de sarracenos y pone cerco a la ciudad de Burdeos. En éstas Eudón, príncipe de Aquitania, habiendo reunido un ejército, les salió al paso, más allá del río Garona, dispuesto a presentarles batalla. Sin embargo, entablado el combate, los sarracenos resultan vencedores, y Eudón, que consiguió huir, perdió la mayor parte de sus contingentes: y de esta manera, en fin, empezaron los sarracenos a saquear la Aquitania. Pero, llegándose Eudón a donde Carlos, príncipe de los francos, solicitó su ayuda. Entonces Carlos, habiendo reunido un poderoso ejército, salióles al paso, y, medidas sus armas, fueron derrotados los sarracenos por los francos en los arrabales de Poitiers. Allí en La refriega cayó el rey Abderramán con su ejército, y los supervivientes volvieron huyendo a Hispania. Carlos, por su parte, una vez recogidos los despojos, volvió a Francia con gran clamor de triunfo.

Tunc Abderraman multitudine sui exercitus repletam prospicens terram, montana Vacceorum dissecans, et fretosa ut plana prae calcans, terras Francorum intus experditat, atque adeo eas penetrando gladio verberat, ut praelio ab Eudone ultra fluvius nomine Geronam vel Dordoniam praeparato, et in fugam dilapso, solus Deus inmemorum mortentium vel percutium recognoscat. Tunc Abderraman, suprafatum Eudonem Ducem insequens, dum Turonensem ecclesiam, palatia diruendo et ecclesias ustulando deprae dari desiderat, cum Consule Francis interioris Austriae nomine Carolo, viro ab ineunte ae tate belligero et rei militaris experto, at Eudone proemonito, sese confrontat...

[Isidoro de Beja, Cron. Pacense].

Contemplando entonces Abderramán cubierta la tierra por la multitud de su ejército, cortando por en medio las montañas de los vacceos y hollando tanto lo abrupto como lo llano, asola interiormente las tierras de los francos y, adentrándose por ellas, de tal modo las castiga, que, habiéndole Eudón presentado batalla más allá del río llamado Garona o Dordoña y siendo desbaratado y obligado a la fuga, sólo Dios conoce el número de los muertos o heridos. Siguiéndole entonces Abderramán los pasos al referido duque Eudón, cuando trata de saquear la iglesia de Tours, destruyendo sus palacios y quemando sus iglesias, se enfrenta con el cónsul de la Francia interior, de Austria (Austrasia), llamado Carlos, varón avezado a las armas desde temprana edad y entendido en el arte militar, el cual había sido avisado por Eudón...".

Después de la gran batalla de Poitiers, cada cual volvió a su patria respectiva, como dice el cronista:

... in suas se laeti recipiunt patrias

(Chron. Mozarabe de 754, "D. Bouquet", P. 721). ...

se acogen alegres a sus patrias respectivas.

Por lo tanto, Carlos, el llamado Martel desde ahora, vuelve también de Poitiers, que era Aquitania, a su patria, a Francia:

...reversus est in Francia (Moissiacense).
... Victor Franciani rediit

(Chron. de Adhemar, "D. Bouquet", II, p. 574)....

volvió triunfante a Francia.

Con este fiero golpe al poderío musulmán se detiene su marcha sobre Europa a costa de dejar a Vasconia maltrecha y destruida y a su aliada Aquitania ligada por el vínculo de fidelidad al reino franco. Esta situación, como era de esperar, dura muy poco. Eudón recobra inmediatamente su total soberanía.

La retirada de los musulmanes derrotados (732). Se sabe realmente muy poco de lo ocurrido en el campamento musulmán después de la batalla de Poitiers. Los mismos cristianos ignoraban que los árabes se hubieran retirado de sus campamentos para intentar llegar a la Hispania musulmana. Ni siquiera está comprobado que muriera Abderramán el Gafeki en la propia batalla. Lo que se sabe es que murió y que no llegó a salvo a su tierra. Si damos crédito a varios biógrafos e historiadores como Labbe, los Bolandos y Mabillón, p. ej., el ejército musulmán se retiró a través de la Aquitania cometiendo toda clase de tropelías, incendio de monasterios y destrucción de lugares sagrados. Una de las biografías que testimonian de estas masacres e incendios es la de San Pardulfo, protector de la villa de Guéret. Se aducen como pruebas dos textos latinos de los siglos X y XII y el Oficio de San Pardulfo. En esta biografía, después de hablar de la propia batalla de Poitiers, se dice que un cierto número de ismailitas se dio a la fuga matando en el camino a todo cristiano que estuviera a su alcance.

Que se aproximaban rápidamente al monasterio de Pardulfo y cómo los religiosos huyeron, salvo el santo, que se había quedado en el exterior del convento esperando al enemigo y que éste al verle se desvió de su camino, sorprendido de la entereza del santo que oraba a la vista de todos. Estos restos del ejército debieron pasar, indudablemente, por el Poitou y Limousin, Perigord, Quercy, y, en fin, Tolosa. Depende que quisieran llegar a la Septimania o atravesar el Pirineo por los puertos más bajos, para llegar a las orillas del Aragón. Reinaud nos dice en su obra "Invasion des Sarrazins en France" que los cristianos septentrionales de Hispania habían tomado las armas al saberse la derrota de los sarracenos y que un autor árabe habla de una expedición franca que llega a Pamplona y a Gerona. Sea lo que fuere, las tradiciones roncalesas, apoyadas en un diploma de Sancho el Mayor, nos hablan de Abderramán, rey de Córdoba, muerto en el desfiladero de Olast, cerca de Leire, cuando los musulmanes se retiraban desde Tolosa aquitana. Y, de ahí, el escudo de armas roncalés con una cabeza de moro y el nombre Advrramen grabado en el mismo.

(735). El año 735 muere Eudón en tanto gobernaba Ukba en la España musulmana, Carlos, en Francia, y Pelayo, en Asturias. En ese año llevó a cabo Carlos Martel el anhelo de toda su vida. Irrumpe sorpresivamente en Vasconia, devasta el país y da muerte a Eudón:

Anno 20 regni sui iterum cum valida manu Vascaniam ingressus est, et Eudonem regno simul eta vita privavit

(Regino, Prumiensis abbas, Chron., "Pertz", Monum. Germ. Hist., t. I, p. 544).

Aunque atribuyendo la noticia al año 732, confirma lo anterior Sigiberto de Gemblours:

Karolus in Vasconia cum Eudone pugnat, eumque principatu et vita privat

(Sigeb. Gembl. Chronographia, "Bouquet", III).

En el año 20 de su reinado volvió a entrar con fuertes contingentes en Vasconia, y privó a Eudón de su reino al par que de su vida.

Fredegario da esta versión:

In illis diebus Eudo dux mortuus est

(Fredeg. Cont. de., c. 15).

Pues murió el duque Eudón en aquellos días. Después añade que oyendo esto el predicho príncipe Carlos, previo consejo de los próceres, atraviesa nuevamente el río Loira, y viniendo hasta el Garona, o la ciudad de Burdeos, o el castillo de Blavio, los ocupa; y tomó toda aquella región, y la subyugó con sus ciudades y los suburbanos de los castillos, y volvióse victorioso y en paz (año 735).

Ahora salen ya a la palestra los hijos de Eudón según los Anales Tiliani:

Carolus dimicabat contra filios Eudonem

(Ann. Tiliani, ad ann. 735. "D. Bouquet", t. II, p. 645).

Carlos guerreaba contra los hijos de Eudón.

Pero Regino especifica que al año siguiente (?36) Carlos Martel peleaba contra los hijos de Eudón:

Sequenti anno contra filios ejusdem Eudonic dimicavit.

Como se ve la vecindad franca era más peligrosa para los vascos y aquitanos que la vecindad musulmana. De mala vecindad la calificó el insigne cronista navarro Moret:

"... la mala vecindad de los francos, émulos antiguos de los godos por fortuna, y por ser confinantes; causa, que sola basta, para quererse mal las naciones, y para lograr, en aumento propio, cada una, la adversidad y flaqueza de la otra."

Unánimemente se le califica a Eudón de heroico y enérgico. Sus restos mortales fueron enterrados en el monasterio de la Isla de Rhe. Inmediatamente de muerto el duque, le sucede su hijo Hunaldo, al que se le califica de valiente y decidido, pero la situación de sus estados es bien difícil, tanto por el lado franco como por el mediodía, donde al enemigo musulmán, viene a añadirse ahora otro elemento peligroso por occidente, el conquistador Alfonso de Asturias. La sucesión de Hunaldo la consigna Fredegario:

Interea rebellantibus Wasconibus in regione Aquitaniae cum Chunoaldo Duce, filio Eudone quondam (Cont. de Fredegario, c. CX ).

Entretanto, declarándose en rebeldía los vascones en Aquitania con el duque Hunaldo, hijo de un tal Eudón...

Eodo dux mortus est, ducatum illum solita pietate Hanoldo, filio Eudonis, dedit: qui sibi et filius Pippini et Carlomano, fidem promisit

(Ann. Metens., "D. Bouquet", t. II, p. 684).

Muerto el duque Eudón, confirió con la acostumbrada piedad aquel ducado a Hunaldo, hijo de Eudón: el cual le prometió fidelidad, asi como a sus hijos Pipino y Carloman.

"En estas luchas -comenta Lacarra-, los vascones figuran entre los más fieles y batalladores aliados de la nueva dinastía ducal y forman las tropas escogidas y permanentes, dispuestas a ir a donde se les ordene, cuando ya las milicias municipales repugnan batirse fuera de las ciudades" (p. 31).

No hay noticias de la época que nos hablen de la abadía de Santa María donde se suponen enterrados los restos del duque Eudón. Según la carta falsa de Alaon, cuya falsedad está totalmente probada, Eudón habría fundado en la isla de Ré el citado convento de Santa María. Esto, que se dice en un documento falso, puede sin embargo ser cierto. No todo lo que se dice en esa clase de documentos ha de ser forzosamente falso. Al contrario; el falsario, para conseguir sus objetivos, procura averiguar noticias ciertas que den aire de veracidad a su documento. Y decimos esto porque los "Anales Metenses", documento serio y de la época, atestiguan que Huanaldo, hijo de Eudón, al dimitir en sus funciones ducales se retiró a un convento, precisamente, de la Isla de Ré

Evidente, bajo la advocación de Santa María, u otra, existió una abadía en los tiempos de Eudón en dicha isla. Y el dato anterior sobre Hunaldo confirma, en cierto modo, la veracidad de la noticia sobre la sepultura de Eudón en dicha isla. En Ré existió una abadía de Santa María, al sur de la isla, en los bordes del brazo de mar conocido con el nombre Pertuis-Bretón, que separa Ré de Olorón. El primer abad conocido de ese monasterio es Juan I, que vivía en 1190. Según la "Gall. chist.", fue destruido en el siglo XVI.

Nada se sabía de la tumba de Eudón en la Isla de Ré hasta 1730. Este año, con motivo de hacer los cimientos para la Casa de Gobierno, se descubrió una tumba y una corona en lugar muy cercano al claustro del convento de los P.P. capuchinos. Después, la historia de esa corona ha sido muy accidentada. Fue hecho un diseño y enviado a Montfaucon, autor de Les Monuments de la monarchie française. Se trataría de una corona formada por dos cintas de cobre que se unen en semicírculo con señales de pedrería en los puntos donde están remachadas y por encima de cada uno de ellos una flor de lis. En total hay cuatro flores de lis, pues hay que añadir una en la parte delantera de la corona y otra en la opuesta.

Una parte del cráneo se halla fuertemente unido a la corona en el momento de encontrarla. La corona figuró en el Museo de los Soberanos fundado por Napoleón III en 1852, pero después de la supresión de este depósito en 1872 fue a parar al Gabinete de Antigüedades de la Biblioteca Nacional. Siempre ha habido dudas sobre a quién pertenece esta corona: si a Eudón, a Hunaldo o a otra personalidad. Por otra parte, la que existe en el citado Gabinete de Antigüedades no se corresponde con la descrita en 1730. El historiador Bladé observa que la flor de lis fue usada por primera vez en Francia por los reyes capetos en tiempo de las primeras cruzadas como signo de sangre real. No es una prueba contundente ni mucho menos.

Campión:

"A la escasa luz de la historia, y entre los resplandores de la leyenda, se divisa la colosal figura de Eudón".

Moret:

"Príncipe valeroso que guerreó por la fe católica con hazañas dignas de inmortal memoria".

Levi-Provençal:

"Príncipe enérgico, Eudes, que vino a toda prisa a poner a su ciudad de Tolosa al abrigo de los designios musulmanes".