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ARTE POPULAR

El arte popular debe ser considerado como obra de diversas actividades humanas, las cuales han dado origen a ciertas formas que responden, más o menos, a exigencias estéticas. Gran parte del material de las artes populares del País Vasco es debido a pastores y agricultores, o, al menos, responde a necesidades características de esas profesiones. El pastor y el labrador ejercen varios oficios y han de manejar diversas materias. Son al mismo tiempo zapateros y panaderos; construyen muchos de sus instrumentos de trabajo; a veces edifican sus moradas; fabrican su indumentaria, o al menos la fabricaban hasta hace poco, tejiendo el lino y la lana. Estas y otras actividades de estirpe popular han dado origen a diversas manifestaciones de arte, más o menos rudimentario. Vamos a citar aquí algunos casos de este arte incipiente. Pasando revista al repertorio de arte popular de cualquier país, puede uno observar diversos fenómenos, siendo de los más destacados el que merece llamarse persistencia de las formas. En efecto, la continuidad o repetición de diversos motivos artísticos, a través de siglos y aun de milenios, es un hecho plenamente comprobado. Y ciñéndonos al pueblo vasco, debemos decir que algunas producciones actuales de arte popular se dan la mano, al parecer, con el arte de épocas muy lejanas de la nuestra.
Arte rudimentario. Con frecuencia vemos en las jambas de puertas y ventanas de las casas rurales vascas diversos grabados y pinturas que representan signos cruciformes. En el ambiente popular de nuestros días informado por una ideología eminentemente cristiana, tales dibujos simbolizan la cruz. Los hay de varias formas, y, en conjunto, recuerdan estilizaciones humanas prehistóricas.

El tema legendario de Teodosio de Goñi, eminentemente vasco, ha sido asociado a otros, cuyo ciclo alcanza una extensión muy superior. Uno de ellos -el de San Miguel y el dragón, localizado entre nosotros en Aralar- ha inspirado diversas producciones de arte popular. La imagen del Arcángel que se venera en su santuario de Aralar, es representada, muchas veces, en forma muy esquemática, en los collares del ganado, en vasos de cuerno o "kutxarros", etc. La circunstancia de que el Arcángel lleve sobre su cabeza una cruz, tiene su explicación en la leyenda, y sus antecedentes en diversas representaciones de arte antiguo, como, por ejemplo, en los ángeles esculpidos en la artística cruz de Gurutziaga, de Durango, que también llevan sendas cruces en sus cabezas. El dragón aparece muchas veces, en el arte popular vasco y en las leyendas, en forma de un monstruo negro de cabeza humana o de sierpe, dos alas como las del murciélago y cola de serpiente. Es el diablo, que, a veces, se halla también representado por una figura humana de color negro que lleva dos cuernos en la cabeza.

Muchos de los "kutxarros" o vasos de cuerno que usan principalmente los pastores de ganado vacuno y caballar, suelen estar decorados con diversas figuras. La ornamentación de forma de sierra y de ajedrezado, por ejemplo, es frecuente en tales objetos, como también en bastones, boquillas de pipa, antiguos trajes de carnaval, etc. Son motivos ornamentales que abundan aquí, por lo menos desde la Edad Media, puesto que aparecen ya en los monumentos románicos y de transición al gótico.

En bastones y "kutxarros" son también frecuentes los dibujos de forma rómbica que pueden apreciarse hasta en objetos prehistóricos.

Además de esta decoración geométrica, abundan en los "kutxarros" figuras que representan asuntos varios, generalmente de carácter religioso. Las "makillas" o bastones ostentan muchas veces dibujos geométricos y otras figuras, como gallos, perros y serpientes. El desarrollo de las líneas y otras incisiones que forman la serpiente de la figura adjunta revelan técnicas y procedimientos semejantes a los de la figura que representa un objeto de hueso procedente del nivel magdaleniense de la cueva de Lumentxa en Lekeitio. (Exploración de la cueva de Lumentxa, por T. de Aranzadi y J. M. de Barandiarán. Bilbao, 1935).

El yugo es otro de los objetos en que se ha ejercitado el arte popular vasco. Tanto en su forma como en los motivos ornamentales o decorativos, tiene algo de peculiar el yugo vasco, el cual va invadiendo territorios nuevos, fuera del País Vasco, principalmente Burgos y Santander, donde es conocido con el nombre de yugo vizcaíno. Sobre el yugo con que van uncidos los bueyes que llevan el carro de bodas, suele colocarse uno como enrejado de hierro del que cuelgan unas campanillas. A este adminículo llaman en Bizkaia "azkonarra".

El herraje de las puertas, consistente en clavos, cerrajas, aldaba y bisagras, representa otro de los capítulos del arte popular vasco. En la cerámica actual del pueblo vasco no abunda la decoración. Los motivos ornamentales de la de Busturia (Bizkaia) no revelan carácter local. En algunas ollas que se fabrican en Estella pueden apreciarse detalles importantes que parecen reminiscencias de otras épocas, como semicircunferencias concéntricas pintadas, semejantes a las de la antigua cerámica ibérica, y relieves con retoques análogos a los de ciertos tipos de vasijas prehistóricas, como alguno que procede del yacimiento prehistórico de Lumentxa.

El círculo -radiado o no-, el rosetón y la ornamentación en forma de espiral son frecuentes en nuestro arte popular: en la cerámica de Estella, en los collares de madera, en arcas y "argizaiolas", en que se arrolla la cerilla que arde en la iglesia en aquellos tramos del pavimento que corresponden a las antiguas sepulturas familiares. La "argizaiola" suele estar adornada con diversas figuras de talla, generalmente con rosetones, círculos y espirales. Estos motivos de ornamentación tienen, pues, en el país una tradición antiquísima; puesto que los vemos, según lo en yugos, en estelas, etc.

En algunas casas se ven piedras que ostentan calados de formas derivadas del círculo radiado. El mismo motivo aparece en diversos monumentos y objetos de carácter funerario, como lo hemos observado el algunas piedras erigidas en pleno campo en conmemoración de personas que murieron por accidente. Estas piedras nos recuerdan monumentos funerarios de otras épocas, como son las estelas discoidales, hace tiempo desaparecidas de las costumbres necrológicas de la mayor parte del País Vasco. Muchas de esas estelas pueden verse en los cementerios del País Vasco ultrapirenáico y aún en los de la montaña de Navarra En Bizkaia, Gipuzkoa y Álava se han conservado pocas. Un fragmento de estela procedente de Abadiano, que hoy se conserva en el museo arqueológico de Bilbao, tiene grabadas varias circunferencias concéntricas. En uno de los anillos se lee esta inscripción IN DEI NOMINE EGO. En el mismo museo existe otra estela, de igual procedencia, en la que hay dos líneas de caracteres precedidas de una cruz. Su interpretación parece la siguiente: EGO LEHO DEI ET MARIA. A propósito de la edad de estas estelas, conviene indicar que sus epitafios son muy semejantes al de una sepultura del siglo IX existente en el cementerio de San Adrián de Argineta. A la misma época debe pertenecer, también, otra lápida adosada a la pared de la ermita de San Juan de Zengoitia (Bérriz).

Entre los objetos usuales en los ritos y ceremonias fúnebres, se hallan las "argizaiolas" o tablillas hemos indicado ya, en monumentos de la Edad Media. Discos radiados, por ejemplo, son frecuentes en piedras sepulcrales medievales (Nanclares de Gamboa, Cenarruza, Santimamiñe de Cortézubi), así como rosetones de varias formas, los cuales se remontan a tiempos más antiguos aún, ya que abundan en las lápidas funerarias de época romana. Con flores naturales, ramas de fresno y de espino albar y hojas de lirio se adornan las puertas el día de San Juan. Créese que el espino preserva la casa contra el rayo. En el umbral de la puerta se echan flores. En muchos caseríos se conserva todavía la costumbre de fijar en la puerta una o más flores del cardo silvestre que, según creencias populares, protegen la casa contra los rayos y contra las brujas o los malos espíritus. Esa flor es tenida como símbolo del Sol.

José Miguel de BARANDIARAN.
Historia del arte popular vasco. Julio Caro Baroja resume la historia de las formas plásticas y de las representaciones en el Arte vasco después de calificarla de muy complicada y oscura. «No cabe duda, sin embargo, de que podemos rastrearla hasta la época de la romanización o la inmediatamente anterior. Ni en Guipúzcoa, ni Vizcaya, ni el país vasco-francés, pero sí en Navarra central y álava se han encontrado algunas lápidas romanas que presentan motivos decorativos y representaciones emparentadas desde un punto de vista formal, por lo menos, con las que siglos después hallamos en arcas, estelas, etc., de aquellas mismas zonas y de más al N. Pongamos como ejemplos los de las lápidas de Gastiain, en Navarra,y las de Contrasta, Luzcando, etc., en Álava, donde hallamos adornos geométricos curvilíneos y vegetales muy parecidos. Este estilo provincial, de la época del Imperio romano, no es ni privativo de la zona indicada únicamente (ya que monumentos de Castilla la Vieja y León, por encima del Duero, corresponden al mismo), ni es típicamente "latino".

Tal afirmación nos la viene a corroborar el hecho de que hace muy poco aún en cierta localidad del SE. de Álava se ha hallado el fragmento de una piedra sepulcral en que aparece asociado un motivo decorativo de cuadros y triángulos como el del arca antes citada, con representaciones de divinidades netamente "célticas" Racimos y vides, rosáceas y soles, en el Arte de la época romana que nos ocupa tenían un significado místico, que, acaso, ha perdurado más de lo que muchos piensan. De todas maneras, la Historia del Arte del País Vasco durante los períodos inmediatos posteriores es tan escasa en datos que no hay modo de hablar con plena seguridad: Sabemos, sí, que en monumentos visigóticos y mozárabes de zonas septentrionales de la meseta aparecen con frecuencia los consabidos adornos geométricos y algunos vegetales. Siglos después en el románico alavés y algo del navarro siguen surgiendo; por ejemplo, en la pila bautismal de San Román (Álava), adornada de rosáceas.

Ahora bien, con una vida autónoma, independiente de la sucesión de estilos hasta cierto punto, debió de haber en el país a lo largo de toda la Edad Media un Arte decorativo y suntuario, una técnica de la talla en madera, en consonancia con la frecuencia con que aquélla servía de material constructivo y ajustada a tradiciones de un gran arcaísmo. De este Arte, desaparecido en su mayor porción por la fragilidad del material en que se ejecutó, es un buen ejemplo el interior de la iglesia de la Antigua de Zumarraga, en que pueden verse adornos geométricos muy curiosos, análogos a los del Arte popular más moderno, combinados con caras humanas, etc., que un arqueólogo se vería perplejo para fechar si no se supiera que datan de muy avanzada la Edad Media. Otras iglesias del país corresponden al mismo Arte, en que ciertos resabios "mozárabes" no dejan de presentarse con el consiguiente retardo. Al triunfar en la Europa occidental el estilo gótico se adaptó, a veces a los gustos populares, creándose así obras híbridas en las que los consabidos elementos antiguos aparecen. Otro tanto acaece con los estilos del Renacimiento y con el barroco, que dan su aportación a lo creado por los carpinteros y canteros vascos de los pueblos en los siglos XVI, XVII y XVIII». Ref. Julio Caro Baroja: Los Vascos, p. 458·
La decoración: los artesanos y sus técnicas. Comparada a la del conjunto de artes populares circundantes, esta ornamentación vasca manifiesta sobre todo ciertas tendencias arcaizantes como las que se presentan en Bretaña, en la Alta Saboya o en Auvernia. Difiere, por el contrario, de los estilos rústicos semi-burgueses de las provincias más ricas: Normandía, Provenza, Borgoña, Bearne, etc., que han resistido menos a la influencia de los talleres urbanos bajo el Antiguo Régimen.

Entre nosotros, son los simples albañiles o carpinteros de aldea, desprovistos de cultura artística, quienes han intentado, con el apoyo evidente de quienes los hacían trabajar, de realizar una obra que sobrepase a lo simplemente utilitario. Esta tarea superior a su oficio, la llevan a cabo con los mismo útiles rudimentarios con los que realizan sus trabajos corrientes, lo cual condiciona en muchos casos, por una simplificación forzada, la evolución de las formas decorativas.

Los procedimientos de expresión de estos artesanos son idénticos en todo, pero son más fáciles de distinguir en el duro trabajo de la piedra que en el de la madera. El grabado en hueco demasiado sumario y la escultura en bulto redondo demasiado sofisticada, son los procedimientos menos utilizados.

La talla a facetas oblicuas triangulares está bastante extendida sobre todo en el mobiliario, Ver MOBILIARIO; pero se presenta también en una curiosa serie de estelas discoidales (Ver ESTELAS) pertenecientes a las localidades laburdinas, entre el Nive y el Adur. Esta técnica, aplicable solamente a las formas geométricas, parece muy antigua y de origen nórdico; aparece ya en los monumentos funerarios visigóticos de España.

El rebajado, consistente en despejar, alrededor del diseño elegido, un fondo paralelo a la superficie en relieve, es el procedimiento favorito de los lapidarios vascos. Su profundidad -de la que depende en gran medida la belleza del trabajo- varía según las épocas; disminuye mucho a partir de los últimos años del siglo XVIII viniendo la pintura a disimular en parte la pobreza creciente de la ejecución.

Si la cronología y la distribución geográfica son difíciles de precisar en lo que concierne al mobiliario, no sucede lo mismo con las obras talladas en piedra. Más duraderas, a menudo fechadas, menos susceptibles de ser desplazadas de su lugar de origen, estas últimas ofrecen una exuberancia decorativa más acusada. Ellas son las que a fin de cuentas constituyen a nuestros ojos la base más extendida y segura para hacerse una idea del repertorio ornamental vasco. Es posible, por ejemplo, discernir alrededor de tal o cual localidad la factura y los temas favoritos de diversos talleres lapidarios antiguos: sólo en Zuberoa pueden admirarse las aguabenditeras con motivos florales empotradas en el vestíbulo de las casas al pie de la escalera. En Arberoa (Arberoue), cerca de Iholdy, una escuela bastante tardía, ya que se ha perpetuado hasta aproximadamente 1870, ha decorado, a veces con prodigalidad, el fondo de los hogares de las cocinas rústicas, las chimeneas, e incluso la placa de piedra que se encuentra ante los modestos hornos de carbón vegetal. En el país de Mixe, la complicación de los dibujos que decoran las tumbas es muy típica por lo sobrecargada. Las estelas discoidales de Itxassou llevan motivos crucíferos formados, al parecer, por multitud de pequeñas ruedas yuxtapuestas que no se encuentran en otros lugares. Sin embargo, a pesar de estas particularidades locales, la unidad de este arte popular salta a la vista. Sea cual sea el ámbito -doméstico, religioso, funerario, etc.- en el que se apliquen, ya se trate de tallar un armario, el encuadramiento de una ventana, una sepultura o una pila de agua bendita, se hallan elementos parecidos, amalgamados o reunidos siguiendo un mismo estilo.
La decoración: repertorio ornamental vasco. Puede subdividirse en tres categorías esenciales: 1.° motivos geométricos tales como los que surgen espontáneamente con la utilización de una escuadra y un compás; 2.° representaciones de figuras, ya convencionales ya adoptadas de la naturaleza; 3.° símbolos u objetos religiosos tan numerosos como todos los temas precedentes.

Los dibujos puramente geométricos no son los más originales. Fáciles de inventar, pueden hallarse en los comienzos del arte popular de casi todos los países. Es sobre todo la frecuencia de algunos de ellos, o la habilidad de su ensamblaje, lo que merece retener la atención. A base de líneas rectas, los motivos estrellados son los únicos que podrían hacer suponer una lejana e indirecta influencia árabe, por lo demás muy poco verosímil. La pentalfa y el sello de Salomón dominan, pero pueden encontrarse también estrellas con ocho, doce o incluso dieciséis ramas entrecruzadas. Los motivos radiados o en forma de abanico son también particularmente apreciados por los artesanos vascos. La línea curva engendra a su vez una multitud de rosáceas de cuatro, seis u ocho hojas que a veces se unen las unas a las otras para trazar algo semejante a las mallas de una red. Más compleja, la hélice de radios curvos aparece ya en la prehistoria; algunos eruditos han visto en ella la imagen del sol en movimiento. La decoración en espirales, de un contorno bastante cuidado, presenta una curiosa aproximación a los adornos micénicos; pero, así como ocurre con ciertos entrelazados, es más verosímil que se trate de simple imitación de trabajos en hierro forjado. Un problema interesante se plantea con los tipos de vírgulas construidas mediante el compás, cuyo predominio en el arte vasco resulta muy acentuado. Se encuentran aisladas, aparejadas o curiosamente insertas en estrellas, corazones, flores de lis... Constituyen, por fin, cada uno de los pétalos de una especie de trébol de cuatro hojas, reproducida con tanta frecuencia que se la ha podido calificar, sin demasiada exageración, "cruz vasca" (lauburu). Algunos autores han puesto de manifiesto el parecido aparente de este motivo con la "svastica", otros han supuesto que podría entenderse de un signo mágico consagrado a la protección de los rebaños. Hemos creído demostrar, en un estudio aparecido hace algún tiempo, la fragilidad de esta hipótesis. Las figuras convencionales, extraídas por ejemplo de las barajas y de la heráldica -flores de lis de Francia, radio de las armas de Navarra ajedrezado del escudo del valle de Baztán- ocupan un lugar importante. Por otra parte, multitud de representaciones de árboles o de animales parecen ser una reproducción simplificada de los blasones, imitaciones modestas de los monumentales escudos que se instalan magníficamente sobre las casas del País Vasco peninsular. Otras figuraciones más realistas revelan una observación bastante imperfecta, pero a todas luces directa, del mundo exterior. En primer lugar se distinguen los emblemas de los oficios: simples enseñas cuando se hallan encima de las puertas, o, cuando están trazadas sobre las estelas, conmovedoras alusiones a las ocupaciones terrestres de los difuntos. La mayoría de éstas son imágenes estilizadas del arado, de los útiles de la hilandera o del mazo de llaves que la señora de la casa colgaba de su cintura. Aparece también el hacha del leñador, las tijeras de la costurera, la navaja del barbero, el yunque y el martillo del herrero, la ballesta del guerrero, el arpón del pescador de ballenas, etc. En este mosaico de la vida vasca, los animales domésticos, en particular las aves de corral, figuran también, dominando la representación del gallo, lo que se explica con facilidad, ya que en el folklore vasco este animal desempeña el papel de guardián del hogar, siempre alerta para revelar la presencia de los malos espíritus. Incluso los hombres -siluetas primitivas con cabeza desmesurada- esbozan el gesto del jinete, del cazador o del jugador de pelota. Poca flora natural; sin embargo aparecen algunos floreros reproducidos siguiendo el modelo de los que se colocan sobre el altar, y -probablemente imitados de la iconografía cristiana- algunos graciosos rameados de vid con racimos picoteados por los pájaros. Este último motivo, muy extendido en la Baja Navarra, nos conduce a los símbolos religiosos.

Algunos están bastante localizados: el cordero portador de la cruz, los corazones inflamados o atravesados de flechas (adornados algunas veces por una cabeza de pato, Corazones divertido despiste de un escultor ingenuo), el monograma de la Virgen rodeada de un rosal místico, etc. Sin embargo, el monograma de Cristo abunda y presenta una diversidad sorprendente. Las tres letras I. H. S. entrelazadas se hallan a veces coronadas por las letras griegas alfa y omega formando un decorativo arabesco. Otras veces, los caracteres reflejan el alfabeto gótico flamígero. En el siglo XVI, la I es remplazada frecuentemente por la flor de lis, la H aparece a veces coronada por una cruz y otras por una rama de helecho bicéfala bastante extraña, la S reviste casi siempre formas llenas de fantasía. La Cruz, escoltada a menudo de la Luna y del Sol, ofrece relaciones sólo lejanas con el instrumento de suplicio. Algunas estelas suletinas representan no obstante calvarios con cruces en forma de tau. Es sobre todo en las monedas antiguas donde se copiaron las cruces de Malta, cruces entrelazadas o flordelisadas de infinitas variantes. Tal vez las obras de orfebrería o de ferronería hayan inspirado también los motivos crucíferos de brazos calados y esas cruces separadas de una X donde se puede hallar un eco muy deformado del antiguo crisma romano- bizantino. La representación de objetos rituales es innumerable y recuerda preferentemente la época de Luis XIII: custodias (con frecuentes temas florales o geométricos), ciborios, pares de candelabros, cruces procesionales con los brazos provistos de campanillas, etc. Ref. P. V. Ver ARQUITECTURA POPULAR CERAMICA, MAKILLA, DECORACIÓN

  • Eusko Ikaskuntza: Quinto Congreso de Estudios Vascos. Vergara, 1930.
  • Arte popular vasco, San Sebastián, 1934.
  • Zabalo, Pablo y John: Arquitectura popular y grafía vasca. Buenos Aires, 1947.
  • Caro Baroja, J.: Los Vascos. Madrid, 1958.
  • Peña Basurto, L. P.: Arte popular vasco. San Sebastián, 1969.
  • Veyrin, P.: Les Basques: L'art poputaire. Bellegarde, 1955.
  • Gallop, Rodney: Los vascos. Madrid, 1955.
  • Eusko-Ikaskuntza: Anuario de Eusko Folklore, 1921-1966.
  • Bernardo ANAUT