Lexikoa

VICUÑAS Y VASCONGADOS

La guerra de vicuñas y vascongados. Tiene sus orígenes en el predominio económico, social y político de los vascos en el Potosí sobre los restantes súbditos de la Monarquía. Según Martínez Arzans, "de 132 cabezas de ingenios, que tenía la ribera, las 80 eran de aquella nación". Ya en 1620 se había excluido, por deudas, a muchos no vascos del derecho a voto. Así pudieron ganar los vascongados las elecciones del Cabildo de 1622. La guerra se desencadena al asesinar los vicuñas a Juan de Urbieta el 8 de junio de ese año. A la noche siguiente los vascos rondaron la villa "diziendo en su lengua ¡el que no responda en vascuense muera!". Hubo escaramuzas por ambos lados y hasta un intento de paz el 22 de junio. Luego, la guerra se desarrolló con altibajos, favorables al comienzo a los vicuñas, guerreros, soldados de fortuna más acostumbrados al uso de las armas. Los jefes vascongados se vieron en la necesidad de abandonar el Potosí y afincarse en La Plata donde se hallaban cerca de las autoridades. En 1623 escribieron a las Juntas de Gipuzkoa dándole cuenta de las tropelías de que eran objeto. La llegada del nuevo Corregidor, Felipe Manrique, cambió en mayo de 1623 la situación al amenazar de muerte a los "vagabundos" vicuñas y ahorcar a cinco de ellos. Volvieron los huidos, reasumiendo su posición, y los vicuñas tuvieron que refugiarse en el campo desde donde perpetraron sus acciones de represalia. Pero, el atentado contra Manrique, herido a balazos en su domicilio el 6 de setiembre y los choques y represalias contra los vascongados dieron al traste con la aparente reconciliación en la iglesia de San Francisco. Nuevamente tuvieron que huir, abandonar las minas y refugiarse en sagrado. Las matanzas y saqueos de vascongados del 6 de noviembre de 1623 apenas pudieron ser certificadas por el temor a las represalias por parte de los testigos. "Mujeres, indios y niños, señala Manrique al Virrey, apellidaban contra esta desdichada nación". Aun así, el Virrey Marqués de Guadalcázar, indeciso hasta entonces, decidió tomar cartas en el asunto ya que el alzamiento vicuña pisoteaba la ley y menoscababa la autoridad del Rey en las Indias (y su economía). Esta decisión ahondó en enero de 1624 las diferencias entre los sublevados; manchegos, extremeños, criollos y portugueses se enfrentaron de forma sangrienta con sus aliados, castellanos y andaluces. Unió también, con el tiempo, a los diversos tipos de funcionarios reales con lo que el Presidente de la Audiencia de Charcas, Portugal, y el nuevo Corregidor Astete pudieron derrotar a los vicuñas y expulsarlos de Potosí no sin que sus últimas tropelías causaran sangrientos sucesos (asesinato de Gerónimo de Verástegui en su hacienda (3 de enero de 1625), intento de rebelión del Potosí (20 de enero)). La primera defección del bando vicuña fue la de los criollos. Los vascos del Perú llegaron a solicitar a las Juntas Generales de Gernika que Bizkaia y Gipuzkoa les defendieran. No debió de ser ajena a la actitud de las autoridades la representación enviada por las Juntas Generales de Bizkaia en agosto de 1624 ante el Rey. La justicia fue expeditiva, sin demasiadas averiguaciones; "en españoles es el mayor castigo que se ha hecho en las Indias". Un perdón general (29 de abril de 1625) hizo reinar, por fin, la paz entre lo que quedaba de vicuñas y vascongados, restablecidos éstos en sus ingenios y preeminencias.