Lexikoa

VICUÑAS Y VASCONGADOS

Antecedentes. Los primeros pobladores ibéricos de Potosí procedían de La Plata, ciudad erigida en 1538 y sede de la Audiencia. El establecimiento se debió al hallazgo del célebre yacimiento argentífero por el indio Gualpa. Ver BOLIVIA. La distancia y las dificultades de comunicación suscitaron pronto problemas de jurisdicción. En 1561 se le otorgó el villazgo (Villa Imperial de Potosí) con la correspondiente soberanía para la elección de alcaldes. La riqueza de los mineros, en gran parte vascos por su mayor preparación técnica y sus costumbres comerciantes, hizo que sus relaciones con los otros pobladores europeos y criollos fuera tumultuosa. Esta riqueza se vio incrementada desde 1574 por la disminución del coste de producción ocasionada al aplicarse el uso del azogue y la implantación de la "mita", trabajo semiesclavo de los indios. Según relata Crespo, "el nombre de Potosí atrajo un mundo de aventureros; antiguos soldados sin ocupación ahora que la tierra estaba sometida y había concluido la época de los descubrimientos (...) Al lado del minero que pugnaba por convertirse en noble, convivía el fraile azuzador a la revuelta o el espadachín sin otro afán que probar su destreza para las armas adquirida en Flandes o Italia."
La guerra de vicuñas y vascongados. Tiene sus orígenes en el predominio económico, social y político de los vascos en el Potosí sobre los restantes súbditos de la Monarquía. Según Martínez Arzans, "de 132 cabezas de ingenios, que tenía la ribera, las 80 eran de aquella nación". Ya en 1620 se había excluido, por deudas, a muchos no vascos del derecho a voto. Así pudieron ganar los vascongados las elecciones del Cabildo de 1622. La guerra se desencadena al asesinar los vicuñas a Juan de Urbieta el 8 de junio de ese año. A la noche siguiente los vascos rondaron la villa "diziendo en su lengua ¡el que no responda en vascuense muera!". Hubo escaramuzas por ambos lados y hasta un intento de paz el 22 de junio. Luego, la guerra se desarrolló con altibajos, favorables al comienzo a los vicuñas, guerreros, soldados de fortuna más acostumbrados al uso de las armas. Los jefes vascongados se vieron en la necesidad de abandonar el Potosí y afincarse en La Plata donde se hallaban cerca de las autoridades. En 1623 escribieron a las Juntas de Gipuzkoa dándole cuenta de las tropelías de que eran objeto. La llegada del nuevo Corregidor, Felipe Manrique, cambió en mayo de 1623 la situación al amenazar de muerte a los "vagabundos" vicuñas y ahorcar a cinco de ellos. Volvieron los huidos, reasumiendo su posición, y los vicuñas tuvieron que refugiarse en el campo desde donde perpetraron sus acciones de represalia. Pero, el atentado contra Manrique, herido a balazos en su domicilio el 6 de setiembre y los choques y represalias contra los vascongados dieron al traste con la aparente reconciliación en la iglesia de San Francisco. Nuevamente tuvieron que huir, abandonar las minas y refugiarse en sagrado. Las matanzas y saqueos de vascongados del 6 de noviembre de 1623 apenas pudieron ser certificadas por el temor a las represalias por parte de los testigos. "Mujeres, indios y niños, señala Manrique al Virrey, apellidaban contra esta desdichada nación". Aun así, el Virrey Marqués de Guadalcázar, indeciso hasta entonces, decidió tomar cartas en el asunto ya que el alzamiento vicuña pisoteaba la ley y menoscababa la autoridad del Rey en las Indias (y su economía). Esta decisión ahondó en enero de 1624 las diferencias entre los sublevados; manchegos, extremeños, criollos y portugueses se enfrentaron de forma sangrienta con sus aliados, castellanos y andaluces. Unió también, con el tiempo, a los diversos tipos de funcionarios reales con lo que el Presidente de la Audiencia de Charcas, Portugal, y el nuevo Corregidor Astete pudieron derrotar a los vicuñas y expulsarlos de Potosí no sin que sus últimas tropelías causaran sangrientos sucesos (asesinato de Gerónimo de Verástegui en su hacienda (3 de enero de 1625), intento de rebelión del Potosí (20 de enero)). La primera defección del bando vicuña fue la de los criollos. Los vascos del Perú llegaron a solicitar a las Juntas Generales de Gernika que Bizkaia y Gipuzkoa les defendieran. No debió de ser ajena a la actitud de las autoridades la representación enviada por las Juntas Generales de Bizkaia en agosto de 1624 ante el Rey. La justicia fue expeditiva, sin demasiadas averiguaciones; "en españoles es el mayor castigo que se ha hecho en las Indias". Un perdón general (29 de abril de 1625) hizo reinar, por fin, la paz entre lo que quedaba de vicuñas y vascongados, restablecidos éstos en sus ingenios y preeminencias.
Quiénes eran los vicuñas y los vascongados. Los primeros eran andaluces, extremeños, manchegos, castellanos y portugueses, animados del espíritu de los conquistadores, aventureros las más de las veces, poco dados al trabajo tenaz de minas y haciendas. Contaron con la simpatía de criollos, mestizos, negros, mulatos y de indios mitayos, explotados éstos últimos por los vascongados. Se les denominó vicuñas por tocarse con sombreros confeccionados con lana de este animal andino. Los vascongados eran los de habla vasca, prácticos, tenaces e industriosos, dueños de los ingenios argentíferos, grandes proveedores de plata para la Monarquía y monopolizadores del poder municipal. En su escrito a las autoridades de Gipuzkoa de 1623 se definen como grupo, denunciando "las calamidades y miserias que nos hacen padecer con insolencia libertades y demasías no bistas algunos hombres desalmados que, a título de provincias españolas, han levantado bandera haziendo juntas, confederándose entre sí para hazer y causar una notable persecución contra los hijos de VS del nobilísimo Señorío de Vizcaya y Provincia de Alava y Reyno de Navarra, que sin distinción hermandados en estos extendidos reynos de las Indias con amor y benevolencia nos llamamos bascongados". Ver VBASCONGADO. La solidaridad entre estos vascos es total. Según un relato anónimo de la Audiencia de Charcas "los vizcainos son pocos pero gente unida y que se ayudan los unos a los otros, así con sus personas en sus dependencias, como con sus haciendas..." Según Crespo, "estaban poseídos de un sentido utilitario de la conquista de las Indias, en más alto grado que los castellanos, extremeños o andaluces y, si caben las generalizaciones, un tanto despojados de su actitud heroica." Las querellas y la animadversión mutua de vicuñas y vascongados fueron aireadas a finales de la II Guerra carlista, especialmente en la ofensiva publicitaria que siguió a la guerra. Justo Zaragoza llegó a incluir y glosar en su Castellanos y vascongados de 1876 una relación anónima (Tratado breve...) escrita el 1 de julio de 1624, al calor mismo de los hechos, en la que el autor pone en duda la lealtad a la Corona de los vascongados. Para Zaragoza tal falta de lealtad fue una constante que resurge en el carlismo. Sin embargo este Tratado es de sumo interés para conocer las mentalidades de ambos bandos ya que tanto un burgalés como un bilbaino exponen en él sus razones. Según el primero los vascongados (guipuzcoanos, vizcainos, navarros, alaveses y colonos en Indias) fueron siempre unos protegidos de la Corona, refractarios al poder castellano y dilapidadores de "la plata de nuestras Indias (que) "la meteis en Francia por la vecindad que con ella teneis, con quien casais y emparentais, con quien amais y bebeis". A esa familia vascongada pertenecen los "franceses que hablan vascongado (que) andan entre nosotros en las Indias". "Cuando os veis mohinos nos decis que a Vizcaya no le faltará marido" reprocha, mientras que "Andalucía son vuestras Indias y paraíso". El vizcaino esgrime su nobleza e hidalguía, su limpieza de sangre para justificar su peculiar manera de ser súbdito del Imperio ("españoles de el Rey). La animadversión vicuña se debe a ser "natural el odio que tiene el villano con el hidalgo". Según el vizcaino, el origen de todo ello es que los vascos descienden de Tubal ("nosotros somos los primeros habitadores de España"), de ahí el euskera (hebreo corrupto), carácter originario reforzado por el hecho de que "nuestra tierra nunca fue conquistada". El sistema de Fueros nacería de estas circunstancias y de ser "muro de España por la parte del Norte" amén de "insigne gente en la mar". El castellano acepta el carácter semítico del euskera y de los vascos pero reclama la hidalguía originaria para los hijos de los godos (hidalgit ;eqhidalgo) alegando que los vascos son descendientes de esclavos judíos de los nobles godos, crucificadores de Cristo; de ahí su habilidad como escribas, armeros y usureros, la toponimia (Fuente-Rabía), el nombre de vizcaines (imitadores de Caín), acentuación e, incluso, su carácter judaizante puesto de manifiesto en el caso de los herejes de Durango y en los recientes Autos de Fé: "cada día nos avisan de España que os queman por eso en Logroño, Vitoria, Pamplona y principado de Bearne". La nobleza universal "es barbaridad, porque todos sois nobles". Ver NOBLEZA. Respecto a las interesantes alusiones a "los franceses que hablan vascongado", que en Indias hacían causa común con sus "parientes" meridionales, hay que recordar que la conquista y división de Navarra es un hecho reciente y que la sospecha de llevar una flor de lys en el corazón se arroja aún con frecuencia sobre los levantiscos navarros. Ver NAVARRA. También que los súbditos de la Corona de Aragón no participan como tales en la conquista y colonización de América. Una carta del capitán Oyanume al contador Sebastián de Goicolea (1622), que especifica las fuerzas del bando vascongado, lo señala: "Nuestra hueste se compone de cien caballos y 60 paisanos entre viejos y mozos, 40 navarros más 80 criollos del nuevo Reino, Quito, Lima y otras partes lejanas, hijos de nuestros paisanos, más nuestro amigo Jorge el francés, nos ha servido a su costa con 60 hombres catalanes, roncaleses y otros extranjeros. Mondragón nos envió del Tucumán 50 hombres entre paisanos y de otras tierras, a cargo de Sanchillo su hijo, y nos envió 20 caballos buenos...".
  • Anónimo: Tratado breve de una disputa y diferencia que hubo entre dos amigos, el uno castellano de Burgos y el otro vascongado, en la villa de Potosí, reino del Perú, 1624
  • Camba, General: Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú, Madrid, 1846
  • Crespo, Alberto: La guerra entre Vicuñas y Vascongados (Potosí, 1922-1925), (basado en su integridad en los fondos documentales del Archivo General de Indias), Lima, 1956
  • Fernández Albaladejo, P.: La crisis del Antiguo Régimen en Guipúzcoa, 1766-1833: cambio económico e historia, Madrid, 1975
  • Martínez Arzanz y Vela, Nicolás: Anales de la Villa Imperial de Potosí e Historia de la Villa Imperial de Potosí, escrita en la segunda mitad del s. XVIII, Buenos Aires, 1945
  • Sagarmínaga, F.: El Gobierno y el régimen foral del Señorío de Vizcaya, I, Bilbao, 1892
  • Vargas Ugarte, R.: Historia general del Perú, III, Lima, 1966
  • Z (Justo Zaragoza): Castellanos y vascongados, Madrid, 1876.
En 1996 publica el editor y escritor navarro José Mari Esparza Zabalegui su amenísimo Potosí, Andanzas de un navarro en la guerra de las naciones (Ed. Txalaparta, Tafalla, 259) en el que novela, con acopio de investigación, las andanzas de Juan de Echarren en estas guerras.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA

Ver BOLIVIA; PERU.