Jaialdiak-Ekimenak

Tributo de las tres vacas

El origen de esta ceremonia se pierde en la Edad Media. Las primeras citas documentales, de la segunda mitad del siglo XIV, dan cuenta de hechos acaecidos mucho antes y sobre los que existen versiones contradictorias. Una de las versiones, recogida por F. Idoate relata que junto a una fuente en litigio situada en la parte roncalesa se encontraron Pedro Carrica, roncalés y Pierre Sansoler, con sus rebaños; tras una discusión y riña cayó muerto el bearnés. Auginar Sansoler, primo del difunto, organizó una expedición de represalia en compañía de paisanos, que bajó hasta Belagua, donde al no encontrar a Carrica asesinó a su mujer, encinta. Nueva represalia, esta vez a cargo de los roncaleses, que atravesando los puertos, bajaron hasta la casa de Sansoler, en el momento en el que éste celebraba su hazaña.

Los roncaleses mataron a Sansoler y sus compañeros, pero sus convecinos de Areta organizaron una emboscada y exterminaron a unos 25 contrarios en medio de la noche. Estos sucesos provocaron la intervención del rey navarro y del vizconde bearnés, que realizaron varios esfuerzos para conseguir la paz. Hubo nuevas escaramuzas que culminaron en la que se llama batalla de Aginzea en la que murieron 53 roncaleses y 200 baretonenses. Lo que empezó por una pequeña reyerta entre pastores acabó siendo una guerra entre valles, pues por parte roncalesa participaron Isaba, Uztarroz, Urzainki y Garde. En 9 de mayo de 1361, el Infante don Luis ordenaba a Martín de Artieda, lugarteniente de Sangüesa, que fuese personalmente a los valles de Salazar y Roncal, para ayudar a los de Isaba (apretados entonces por los baretoneses, que habían invadido los yermos reales fronterizos), y obligase a sus habitantes, a que

"so pena de cuerpos et bienes, socorriesen al lugar atacado, siempre que fuesen llamados, no atendiendo padre a fijo ni fijo a padre, poniéndolis cierta pena, que si la zaguera aldea alcanzas a la primera aldea, yendo en el dicho apellido, paguen al seinnor rey de pena XX libras carlines blancos para la Seinnoría, cada vez que faillescieren. Car non es nuestra entención, que ningunos estrainios ayan a pisar la tierra del Seinnor Rey non devidament, maoerment los dichos baratones"

(Registro del Infante don Luis, fol. 7 r.º).

Esta guerra entre valles acabó con la Concordia de 1375.

El texto ha sido reproducido por Idoate en Rincones... (t. II, 488-498). Extractamos los siguientes datos principales: Exordio.

"Por el factor de la paz sino en tiempo de paz noies (sic) bien onrrado, e una de las mejores cosas del mundo es la paz. Por esto conozcan todos, como pleitos y questiones et grandes guerras, peleas, contenciones muchas y diuersas, muertes de hombres, plegas, golpes, disensiones, feridas, deuates, discordias, demandas especiales et generales, ciuiles et criminales de prendaciones, furtos, rouos, caualgadas, carnales, prendas, controuersias, prisiones de personas et ganados, leuados, fuerças, violencias e injurias e otras malfeitanças et muertes, donde fuessen et eran et an durado en luengos tiempos pasados".

"López, dicho Lurbes, Blasco Nabariz e Sancho Inniguez Arrechecoa, vezinos e procuradores de los jurados et conceillos y hombres buenos del lugar de Ustárroz Goyena, et Sancho Aznáriz, Sancho Sanz, dicho Mendigacha, y Blasco Iniguez, dicho Barricata, procuradores de los jurados, concejo et hombres buenos de la villa de Ysaua; et el dicho Sancho Aznáriz, notario, vecino de la dicha villa de Ysaua, procurador de los jurados, concejo e honbres buenos del lugar de Roncal; et Sancho Sanz de Urzainqui et Galex Sanz, procurador de los jurados, concello et hombres buenos del lugar de Urzainqui; et Galex Sanz, vecino de Garde; e Martín Ximénez de Roncal, procurador de los jurados, concejo y honbres buenos del lugar de Garde; et don Lope Sanz, alcalde, vezino e procurador de los jurados, concejo e honbres buenos del lugar de Bidángoz; et el dicho Sancho Aznáriz, notario, vezino de Ysava; et Martín Ximénez, vecino de Roncal, procuradores del consejo e uniuersidad de Burgui del Reyno de Nauarra, demandantes et defendientes de una parte, conjuntamente et de partida; et Sananaut d'Aramitz (?), et Guillen de Lasala de Arániz, et Guillent Arnalt, d'Aneuele d'Ansa et Anchies de Lacassa, Mayor de la Casa de Lana, procuradores de los hombres buenos de la tierra de Bal de Baratones de la sennoría de Bearne, demandantes et defendientes de la otra parte, conjuntamente e de partida ensemble e por raçón del puerto clamado Arlas, fuentes, pastos, límites con sus fructos et propiedad de aquél, situado entre los términos y puertos de las dichas valles de Roncal e Baratones, por esto ambas las dichas partidas e cada uno por sí, es a sauer: los dichos procuradores de los dichos lugares de Bal de Roncal e cada uno dellos por sí y en sus propios nombres, como procuradores que se auían plegados (y ajuntados) en la villa de Ansó del Reyno de Aragón, con otros muchos hombres buenos de cada una de las dichas valles e partidas, todo ensemble concordes, e cada uno dellos por sí e por sus procuraciones".

"Con mandamiento y expressa licencia del mui alto poderoso sennor Príncipe don Carlos por la gracia de Dios, Rey de Nauarra, Conde de Nemox, con licencia suya que dada fue en Pamplona a veinte y ocho días de julio del anno mil trecientos setenta y cinco. E los dichos procuradores de la Val de Baratones, con poder e licencia del alto e poderoso Sennor don Gastón, por la gracia de Dios, sennor de Bearne, con letras suyas, que dadas fueron a Ortes le deciocheno jor d'aost lan mil trecent setenta cinco".

"Ver el dicho puerto de Arias, fuentes e límites de aquél, e ayamos visto e apeado a todas partes el dicho puerto de Arias, fuentes o limites de aquél, et los términos contenciosos de aquél, en las dichas partes; et las cosas nascientes et mergentes e dependientes de aquéllos; et ayamos fecho jurar cinco honbres de cada una de las dichas partes e otras muchas buenas personas antigas, de lo que sabían, cómo antiguamente solían paxentar los puertos e yeruas del dicho puesto e término contencioso de Arias, et abrebar et prender agua en las dichas fuentes. Et sauido por deposiciones berdaderas de algunos testimonios antigos e idóneos, e con dretos e con juras de anbas las dichas partes, dó e cómo e por qué manera hauian usado cada uno de las dichas partes con sus ganados e uestias, paxentar e abrevar en el dicho puerto et términos contenciosos, que la piedra clamada de San Martín es entre los términos et límites de los de la Bal de Roncal et los de Hereta e Aramiz, que son de la Bal de Baratones".

"Pronunciamos, sentenciamos, dezimos et declaramos et mandamos, que la dicha piedra clamada de San Martín, assí como hauemos trouado e solía ser, sea, finque por sennal drecha, entre los términos de la valle de Roncal del dicho Reyno de Nauarra de una parte, et los dichos términos de los lugares de Heretta e Arámiz, que son de la dicha val de Baratones y de la Sennoría de Bearne de la otra parte; et que el término de Aramiz que sea de Aramiz, et que en aquesto, ninca alguna de las dichas partes metan diferencia ni duda alguna ni contrauengan a daqueíllo."

A partir de esta piedra, la sentencia marca con cruces la separación entre Navarra y Béam.

"Por esto, nos los sobredichos áruitros aruitradores e amigables componedores, todos ensemble concordablement contenciando, loando, aruitrando e amigablement deposando, dejus las dichas penas, pronunciamos sentenciando, decimos e mandamos, si quiere declaramos, que los de la villa o lugar de Ereta, ante y primeramente para siempre jamás, entren e puedan entrar con sus ganados e bestiares gordos e menudos por todos annos, de lo suyo propio territorio en el puerto de medio contenzioso, con aquellos que a ussado e acostunbrado de su Bal de Baratones, por el día e fiesta de Setum Fratrum et no antes. E pazcan con sus ganados veynte y ocho días continuos e siguientes, e abreben en las dichas fuentes liberalmente e franca sines de contraste et embargo de alguno de los de la Bal de Roncal e de todas otras personas durante los dichos beynte y ocho días e no más; pero que no puedan jacillar ni cubillar de noches en el dicho puerto contencioso, antes todos sean tenidos de ir a jacer e su propio territorio y término, durante el tiempo de los dichos beynte y ocho días, los de la Valle de Roncal no puedan con sus ganados ni con otros, entrar ni pazer en aquél ni abrebar en las dichas fuentes ni antes".

"Porque trouamos berdaderamente por las dichas deposiciones, siquiere relaciones de los dichos testamentos et personas fidedinas, que los dichos baretoneses, siempre usaron y acotunbraron dar tres bacas de cada dos annos sines mácula el quatreno día enpués de la fiesta de Setem Fratrum, por cada un anno, los de Ysaua, Uztárroz Goyena, Garde, Urçáinqui en su término et territorio, unos de los testigos deziendo por las muertes que los dichos baratoneses hauían fecho a los de Isaua, Uztárroz, Garde y Urzáinqui, et otros testimonios deciendo que si no, por raçón que pudiessen prender agua e abebrar en las dichas fuentes. Por esto sentenciando, loando dejus las dichas penas, pronunciamos e mandamos por sentencia, que los dichos baratoneses, den e paguen por cada un anno pepetualmante de aquí adelante, las dichas tres bacas de cada dos annos sines mácula, para el quatreno día enpués de la fiesta de Setum Fratrum, a los de Ysaua, Uztarroz, Garde y Urçainqui o a otro por ellos en su nombre con testimonios, a la dicha piedra de San Martín, ques boba o mullón entre la dicha tierra de la Sennoría de Nauarra e tierra de la Sennoría de Bearne".

A la vez que las diferencias con los baretoneses, las había también internas, entre los beneficiarios y no beneficiarios del Tributo. Tradicionalmente, los de Isaba se quedaban con dos de las tres vacas, recibiendo la tercera alternativamente los lugares de Uztarroz, Urzainki y Garde.

"Comprometieron e dexaron absolutamente en poder dicha loa, sentencia, pronunciación et amigable composición de nos, Sancho García, alcalde, Eneco Sánchez, Bilio Aznárez, Simón Romea, Juan Lópiz e Sancho Ximénez, veçinos de la villa de Ansó, en todos seis ensemble concordablement, assí como en aruitros, aruitradores e amigables componedores et prometientes, hauer por firme et seguro, agora e sienpre jamás, qualquiere dicho, loa, sentencia, pronunçiación e amigable composición, que por nos todos ensenble concordablement será dicho, pronunciado, sennado e amigablement compossado daquí al día de Setum Fratrum mas cerca ueniente, qui son sienpre a diez del mes de julio de-jus la pena de traición e de tres mil marcos de buena e fina plata".

Consecuentemente, la sentencia será leída en la iglesia de San Pedro de la villa de Ansó. A continuación la sentencia ordena se olviden las muertes habidas entre ambas partes y se dé libertad a los prisioneros estableciendo una serie de acuerdos sobre el uso de los pastos y aguas entre ambas comunidades, sobre penas a las contravenciones, arbitraje de Ansó, etc. El valle de Sola o Zuberoa también tomaba parte en el arbitraje.

La ceremonia aparece citada en el Informe de Gonzaga a Felipe II sobre la situación de la frontera de 1571.

"El primero de los dichos portillos, tomando a la mano derecha de Arrazu, por un valle adelante, es el que llaman Arlanz, el qual, aunque no se pueda pasar por estar con nieve, entiendo que no es camino para más gente que de a pie, por ser fragoso. Sale a Bearne, a Val de Bareton y en la cumbre del dicho portillo, es donde los roncaleses cada año hacen paserías (facerías), que ellos dicen, con los bearneses, de los quales reciben cierto reconocimiento y confirman los pactos y convenciones, que entre los unos y los otros hay. Es allí el confín de Aragón."

La existencia de este tributo unida a la del apellido fueron invocados posteriormente para recabar hidalguía y exención tributaria. En el Libro de Fuegos de la merindad de Sangüesa del AGN (año 1428, fol. 181, v.º) se manifiesta que los de Isaba sostenían en aquella fecha 40 ballesteros para defender la frontera, y que recibían dos de las tres vacas del tributo de los baretones, yendo a tomarlas más de 200 hombres, "por goardar la honra de la Seynnoria e del Regno, et facen muy granadas expensas". Los de Urzainki mantenían 20 ballesteros y los de Garde gastaban unos 200 florines en recibir el tributo y acudir a los frecuentes apellidos contra los invasores de sus términos. Roncal manifestaba,

"que como son frontaleros, han muit grandes afruentos con los fronteros e han vistas con los de Salvatierra de Aragón, con los de la vaill d'Ansó, de la Vaill d'Echo, de la vaill d'Aspa, de la Vaill de los Baratones, de la Tierra de Sola et de la Vaill de Sarasaz, que son sus frontaleros, et les es forzado, en cada un ainno dobladas veces, de ir en apellido con los otros de la Vaill de Ronqual, por defender los terminos e territorio del Regno, et les conviene ir armados et en gran numero, de que se les seguescen muyt grandes espensas"

(fol. 169 y sigs.).

Los roncaleses invocaron siempre el Tributo, como una prueba más de su hidalguía, en cuanto que el cobrarlo suponía servidumbre o vasallaje del que lo entrega. Como tal prueba, lo invoca por ejemplo en 1771 Esteban de Gayarre, Secretario del C. R. (Sec. de Nobleza, leg. 2, n. 30). En otros casos, se destaca la intervención del interesado o de algún ascendiente en el acto de la entrega, en calidad de alcalde mayor, con copia de la ceremonia. En la confirmación de los privilegios del Valle por Carlos V, se hace constar también terminantemente la calidad del Tributo.

Tradicionalmente, los habitantes del valle de Baretous en Bearne, venían pagando a los de Roncal el Tributo. En virtud del pacto solemne hecho en Ansó en 1375, habían jurado cumplir lo que ya estaba establecido anteriormente y se había interrumpido por los sangrientos incidentes a que dió lugar el uso común de los pastos en los términos fronterizos. No parece que hubiese graves diferencias entre ambos valles durante muchos años después de esta concordia, pero en 1612, la ceremonia de la entrega del Tributo, pecha o paria, se suspendió por un serio incidente. Reunidos ante la Piedra de San Martín, en la fecha tradicional -13 de julio- los representantes de uno y otro valle, el alcalde de Isaba pronunció el discurso acostumbrado, recordando sus obligaciones a los baretoneses; éstos, a su vez, manifestaron estar dispuestos a cumplirlas. Se hincaron las lanzas en cruz, "cuanto duraba el yerro", las manos se posaron una vez más en la histórica piedra de San Martín y fueron pronunciadas las palabras rituales: "Paz avant, paz avant, paz avant".

A continuación se nombraron los guardas de los términos y comenzó la ceremonia de la entrega de las vacas. Los roncaleses echaron una soga al cuello de la primera que les presentaron los baretones -previamente reconocida, pasándola a su campo. Pero la segunda y la tercera fueron rechazadas, por tener a juicio de aquéllos más de dos años de edad, contra lo establecido, además de presentar otros defectos. Hecha protesta formal, los roncaleses se retiraron a descansar como a distancia de un tiro de arcabuz de los bearneses, con el consiguiente malhumor. Pero deseosos de avenencia los de Baretous, invitaron al cabo de un rato a los representantes de Roncal a que acudiesen de nuevo a la raya, asintiendo éstos, previa deliberación. La ceremonia fue reanudada y se aceptó la primera vaca presentada, pero no la segunda, por ser, según los roncaleses, una de las que habían rehusado anteriormente.

Los ánimos se excitaron, acusándose unos a otros de mala fe, y después de "muchos dares y tomares", es decir, de fuertes contestaciones, cada cual se fue a su casa sin resolverse nada. Tres días daban de plazo los pactos a los de Bearne para presentar el Tributo en la plaza y mayo de Isaba, en el caso de que volvieran a su acuerdo; pero en vano les esperaron los roncaleses, por lo que, pasado un mes, se decidieron a obrar. No faltaron partidarios de apelar a la violencia para cobrar por la fuerza lo que no habían conseguido de grado, pero al fin se impuso el buen sentido y la Junta de diputados y junteros del Valle decidió agotar los medios legales, antes que exponerse a perder su secular derecho por un acto imprudente. Se hizo un cuestionario y se acudió a los letrados para que diesen su parecer, decidiéndose el Valle por el del licenciado Baiona, quien después de reconocer los derechos de los roncaleses, aconsejaba hacer un requerimiento formal a los de Ansó, para que como fiadores de las partes -según estaba establecido en el pacto de 1375-, saliesen responsables de lo hecho por los de Baretous.

No era éste el mejor momento para hacer demandas o indicaciones de tal género, pues también los ansotanos tenían diferencias con Roncal sobre el cobro de las multas por infracciones en los términos comunes. En la vista anual tenida el 29 de septiembre en la sierra de Puyeta, fueron requeridos por el alcalde de Garde, Gayarre, y sus compañeros, para que cumpliesen sus obligaciones, pero no se mostraron propicios a atenderles, manifestando que no tenían noticia de tal compromiso. Los roncaleses contestaron por su parte, que si no habían sido requeridos hasta entonces, era por no haberse presentado ocasión, pero bien claro estaba el convenio de 1375. Se pensó en una segunda comunicación y en hacer otras diligencias conducentes al logro de su gestión. Los junteros del Valle -Juan Gambra entre ellos-, decidieron enviar a Zaragoza y Ansó a los escribanos Jorge y Ros, pero el recibimiento que se hizo a la representación de Roncal en este lugar no pudo ser más desairado; los jurados "se encerraron y se escondieron", no queriendo saber nada de tal cuestión.

Fracasado este arbitrio, se pensó en otros, como el de acudir a la reina de Francia con un memorial, para que decidiese pacíficamente el asunto, y aun llevar el pleito ante los tribunales de este país, por el aliciente para el Fisco de los 1.000 marcos que le correspondían según los términos del citado convenio, pero nada de esto prosperó. Hubo que decidirse por fin a entrar en tratos directos con los franceses. Grave obstáculo era la exigencia de los baretoneses, de que las vacas del Tributo fuesen examinadas por personas ajenas a las partes, cosa razonable al parecer y causa principal del incidente, pero los roncaleses se opusieron firmemente en nombre de la costumbre establecida de siempre. No menos importante era la presentación del original del pacto, desaparecido en el incendio de Isaba de 1427, que arruinó 270 de las 297 casas que tenía la villa, obligando a emigrar a gran parte de sus habitantes. Se habían hecho copias en 1433, pero los roncaleses no las tenían todas consigo, y efectivamente, los baretoneses se negaron redondamente a aceptarlas.

La contestación fue, que si no estaban conformes, fuesen a Ansó, donde podrían sacar copia del documento allí existente, lo que hizo Juan de Casterat, notario de Oloron. Al fin las cosas se arreglaron en las vistas de junio de 1615 y los baretoneses se pusieron en esta fecha al corriente en el pago del Tributo. En la ceremonia acostumbrada que fue a la vez de reconciliación- estuvieron presentes Lorenzo Ros, como alcalde de Isaba, y Pascual Martín, teniente de alcalde de Urzainki, entre otros. Los baretoneses estaban representados por Amaret de Salinas y Beltrán d'Estornés, jurados de Arette; Peirotón de Lacasta por Issor; Juan Domice de Lanne, Arnaut de Langlada de Aramitz y Gracián d'Arivage de Ance. Levantaron el acta Gaspar de Sataut, notario de Baretous y Hernando Jorge, escribano de Roncal, separándose franceses y españoles en la mejor armonía.

"En la endrecera y término llamado Hernaz y Piedra de San Martín, donde se dividen los puertos y términos del Valle de Roncal y Reyno de Navarra, y del valle de Val de Baretons, del Principado de Bearne, a trece días del mes de julio de 1627, donde acostumbran y se suelen juntar los jurados y diputados de los dichos valles, así para recibir las tres vacas de las parias y tributo perpetuo, que los dichos del valle de Baretons son obligados a dar en cada un año a dicho valle de Roncal con el día de hoy, en el mojón y piedra de San Martín, de a cada dos años, sin defecto ni mácula alguna, vistos y reconocidos como para prestar el juramento ordinario para observar y guardar las cartas de facerías que hay en orden a esto, como para oir a los vecinos que se hallaren agraviados de una parte y otra, con razón de carneramientos y gozo de los puertos de Ernaz y Lexa, y administrar justicia, oídas las partes, así el pobre como el rico, y sumariamente ... ".

Tras de nombrar a los allí presentes, continúa:

" ... A los cuales propuso y dijo el señor alcalde de Ysava, como persona a quien le toca la primera proposición y plática de esta junta, que ya les era notorio, como ambas las dichas valles y sus diputados en su nombre, suelen tener sus juntas y ayuntamientos en el día de hoy en este puesto, y reconocer la amistad antigua como buenos vecinos frontaleros, y hacer los juramentos ordinarios, y, recibir las tres vacas de parias y tributo perpetuo que acostumbran dar los valles de Baretons al valle de Roncal, y administrar justicia a los que se hallaren agraviados. Oídos los presentes y hecha la dicha proposición a los dichos jurados del dicho valle de Baretons, y por ellos y en su nombre, respondió Gracián de Ribaje, jurado de Ansa, que eran contestos de hacer el juramento en la forma acostumbrada y de cumplir en dar las dichas tres vacas de parias y tributo perpetuo, que estaban obligados a dar en cada un año al dicho valle de Roncal, y en su nombre al dicho señor alcalde de Ysava y jurados, en el presente auto nombrados, como y de la manera que ellos en su tiempo y sus antepasados en el suyo habían usado y acostumbrado, en cumplimiento de la carta de facerías y sentencia arbitraria, pronunciada en esta razón, a que se refiere en conformidad de su respuesta.

Los jurados del dicho valle de Val de Baretons echaron una lanza en tierra en primer lugar, como va la mojón a la parte hacia Val d'Aspa, y los jurados de al dicha valle de Roncal echaron (la lanza) hasta tanto que duraba el yerro o poco más. Y hecha la señal de la cruz semejante a ésta (una cruz), poniendo las manos sobre ella, los jurados de ambas las dichas valles juraron cumplirán los contratos y sentencia arbitraria que hay entre ambas las dichas valles, y por la orden y forma que aquéllas lo declaran. Y la execución del dicho juramento de aquélla la hizo Gracián de Ribaje, jurado del lugar de Ansa. Levantando las manos los dichos jurados, dijeron que sí lo cumpliremos, diciendo por tres veces pasavant ... ".

Sigue más adelante:

"Y luego incontinenti, el dicho señor alcalde de Ysaba en nombre del dicho valle de Roncal dijo a los jurados del dicho valle de Baretons, cumplieren en dar y entregar las dichas tres vacas de parias y tributo perpetuo, que deben y acostumbran dar al dicho valle de Roncal, en cada un año con el día de hoy, fecha deste auto, sin defecto ni mácula alguna. Los cuales respondieron que estaban prestos y aparejados de lo hacer y cumplir así luego. En el mismo instante, los jurados del dicho valle de Baretons hicieron traer asidas de los cuernos las dichas tres vacas, parias y tributo. Y aquéllas, como las iban trayendo a la raya y mojón de ambas tierras fueron reconocidas por personas nombradas por el dicho alcalde de Ysaba y se recibieron las dichas tres vacas y tributo perpetuo por los jurados de la dicha valle de Roncal, en nombre de ella, por la orden y forma que las escrituras de facerías lo declaran ... ".

En 1628 surgen nuevas diferencias, y esta vez, la interrupción del Tributo es larga -hasta 1642-, con incidentes y represalias por ambas partes. Con igual criterio que la vez anterior, se apeló al parecer de los letrados, en esta ocasión Donguillén y Marichalar, y se barajaron, como antes, varias posibilidades de arreglo. Una de ellas fue dar cuenta de lo sucedido al gobernador de Bearne, Conde de Agramont, para que resolviese el conflicto. Se pensó también en que el alcalde de Isaba despachase ejecutoria para poder embargar ganados y cobrarse así la deuda, sin dar a la cosa carácter de represalia, y aun se trajo a colación el texto del legista francés Curacio, que aconsejaba esto mismo, pero con el permiso del rey (del virrey en el caso de Navarra). La cosa era peligrosa y los virreyes no se atrevían generalmente a autorizar tales iniciativas para evitar posibles complicaciones; sólo verbalmente lo hacían alguna vez.

No faltaban por otra parte dificultades de orden interno en lo que a unidad de acción se refiere, por desear inhibirse en la cuestión los de Roncal, Bidangoz y Burgi, arguyendo que ellos no debían correr con los gastos que se originasen, por no ser beneficiarios directos del Tributo. No obstante, prevaleció la tesis de los juristas consultados, que insistía en el carácter más bien honorífico del mismo, y la obligación por tanto, de llevar en común las cargas. Los de Uztarroz se decidieron a tomarse la justicia por su mano e hicieron una presa de 1.000 cabezas, pero el Consejo Real y el virrey don Luis Bravo de Acuña, desaprobaron su conducta y les obligaron a restituir el ganado. En 1635 se declaró la guerra entre España y Francia, complicándose con la de los Treinta Años. El virrey, Marqués de Valparaíso, creyó entonces llegada la ocasión oportuna para el desquite.

En el verano de este año convocó al alcalde de Isaba y a otros roncaleses (entre los cuales se encontraban el doctor Atocha y don Miguel Petroch, canónigos ambos de Roncesvalles), a los cuales manifestó que entonces le parecía coyuntura favorable, máxime teniendo en cuenta que los franceses habían hecho una expedición depredatoria por la parte de Baztán. Preparada la operación con todo sigilo, entraron un día de agosto en Baretous los roncaleses en número de 120, dirigidos por Vicente Ros, alcalde de Isaba, Miguel Marco de Uztarroz y otros jefes, cogiendo más de 4.000 cabezas de ganado menudo y unas 80 de ganado mayor, que se repartieron buenamente varios pueblos del Valle, Isaba, Urzainki, Uztarroz y Garde en la junta tenida en la Tejería de Isaba el 27 de agosto. De los ocho lotes que se hicieron, fueron dos para Isaba, que corría también con dos terceras partes en los gastos.

En la villa de Roncal se hizo el reparto el 28 de octubre, tocando 20 cabezas a Juan Gambra, 19 a Domingo Garjón y 15 a Catalina Iturri, como a ganaderos más importantes. No olvidaban naturalmente los baretoneses la rapiña de sus vecinos, y a su vez prepararon la revancha, si bien no tan sigilosamente que no se enterasen algunos de lo que se tramaba, entre ellos un viejo llamado Lanric, tipo curioso de pastor y vendedor de esquilas y trompas de música, a quien regalaron una oveja por el servicio prestado. Como medida preventiva, se había prohibido que los rebaños subiesen a los puertos de Arra y Hernaz para evitar represalias, pero no hicieron mayor caso los ganaderos. Así sucedió, que el día de San Lorenzo -10 de agosto- fueron sorprendidos varios pastores por una turba de baretoneses, que se llevaron hasta nueve rebaños, siendo la pérdida mayor para Miguel Bilioch, Domingo de Ederra, Pedro Salvo y otros de la villa de Roncal. Más de 5.000 ovejas y carneros, y unas 80 yeguas robaron los invasores.

A los pastores les despojaron de todo lo que tenían: monteras, capas, abarcas, medias de aguja (de las que ellos hacían), talegas, calderas, panes y quesos. Después, les obligaron a acompañarles hasta la frontera, tras de haber apaleado a algunos, llevándose presos a cuatro a Oloron, donde los tuvieron dos años, hasta ser rescatados. No hubo más remedio que pagar 21.000 reales para recobrar el ganado perdido, que volvió un tanto desmedrado. Aunque el Valle no quería tomar sobre sí este gasto, los tribunales sentenciaron en contra ante las reclamaciones de los interesados. De nuevo se volvió a pensar en el desquite, que evitó por entonces el gobernador de los puertos de Salazar, Roncal y Aezkoa, don Martín Argaiz y Antillón. Las cosas se habían puesto mal y parecía volverse a aquella época violenta que precedió al pacto de 1375.

Dos veces más repitieron los baretoneses sus razias en 1638, y los roncaleses, en justa correspondencia, devolvieron el golpe al año siguiente. Una última sorpresa tuvo lugar en 1642, perdiendo éstos varios millares de ovejas. La magnitud del mal hizo reaccionar favorablemente a los bandos. Con la intervención del rector de Santa Engracia -que en esta ocasión hizo de árbitro-, se celebraron varias vistas en este lugar, dando por resultado la concordia de 22 de agosto de 1642, que restablecía la de 1375, y dejaba libres a los baretoneses de toda obligación tocante a los años no pagados.

Los roncaleses se obligaban a pagar 11.000 francos por el rescate de la última presa, dejando como rehén a Domingo Ederra en casa del alcalde de Arette, Juan de Bearne. Acudieron a esta histórica entrevista Pedro Ros, alcalde de Isaba; Sancho Garde por Ronkal; Pedro Uztárroz y Pedro Glaría por Burgi; Domingo Mainz por Bidangoz; Miguel Garde por Uztarroz y Domingo Miguel por Urzainki. Por los baretoneses estuvieron presentes Tristán de Soubirou, Juan de Lagrave, Juan de Pausart, Pere Arnaud de Domice y Juan de Epatía, representantes de las comunidades de Aramits, Arette, Issor, Lanne y Ance. Autorizaron el convenio los escribanos Jorge y Gaur, el Juez de Sola, Conget, y el notario Archet. La sentencia de 1642 fue reproducida también por Idoate junto con la Concordia de 1375.

Vemos que, manteniéndose en lo esencial, la ceremonia se enriquece. Reunidas en el puerto de Las Arras (llamado Ernaz) ambas partes, el alcalde roncalés, Pedro Matías Pérez, echó su discursito, preguntando a los baretoneses si venían dispuestos a cumplir la concordia de 1375, a lo que contestaron afirmativamente. Copiamos lo que sigue, para que se aprecie el sabor de época:

" ... Inmediatamente, uno de los sobredichos jurados del valle de Baretons (sic) echó una lanza en tierra desde la piedra y moxón sobredicho, como dice la raya y moxonera de uno y otro valle. Y de parte de dicho valle de Roncal y en nombre de él, y por uno de los jurados, se echó sobre dicha lanza del dicho valle de Baretons, otra, en tanto cuanto dura el yerro o algo más, la punta para Francia, haciendo la señal de la cruz. Y poniendo las manos sobre ella los jurados sobredichos de ambos los dichos valles, se hizo la exhortación del dicho juramento para la observancia y cumplimiento de dicha sentencia arbitraria. Y mediante haber hecho dicho juramento, se dixo por tres veces Paz avant, paz avant, paz avant (paz en adelante)...

Y después de esto, por el señor alcalde de la villa de Ysaba, para ver si eran de recibo o no las sobredichas nos vacas que se deben dar del sobredicho feudo, se recibió juramento en debida forma de F elipe Lasa, vecino de dicha villa de Ysaba, para que vistas y reconocidas, haga declaración desapasionadamente... Y con efecto, puesta en la raya una vaca, la reconoció y declaró ser de recibo, y se recibió aquella por dicha villa de Ysaba. Y así bien, trajeron otra vaca y, puesta en dicha raya, que por su turno al presente año toca a la villa de Uztárroz, se reconoció y declaró no ser de recibo por hallarse tachada, pequeña y de mal pelage, y otros defectos, por lo que no se procedió a su recibo. E igualmente, trajeron la tercera y última vaca; y vista y reconocida por dicho Lasa, declaró ser de recibo, y se recibió por la misma villa de Ysaba...".

Acto seguido, el alcalde roncalés llamó al nuncio para que preguntase si había algún agravio que reparar, pero nadie protestó, dándose fin al solemne acto, no sin antes apercibirse a los de Baretous, para que "saquen otra vaca que sea de recibo en lugar de la que se ha rehusado". En caso contrario, los tribunales habrían de resolver. Los requeridos reconocieron la justicia de la reclamación y prometieron presentar una vaca en condiciones ("sin mácula alguna") en la plaza de Isaba, en el plazo de tres días. Testigos de todo ello fueron don Juan Marco (beneficiado de Isaba) y Rafael Garde (médico) por la parte de Roncal, y dos vecinos de Aramits y Arette, por la de Baretous. Estos cumplieron puntualmente su promesa, presentándose el día 15 en Isaba dos vecinos de Fians, a eso de las once, atando la vaca que traían al mayo de la plaza.

Reconocida cuidadosamente en presencia del alcalde de la villa, Juan Martín Lorea, la dio por buena, siendo aceptada sin más requisitos. Recordamos que las vacas a presentar debían tener dos años y ser "de un dentaje, pelaje y cornaje", como ya señalan Estornés Lasa y otros autores. El auto de la entrega en 1751, agrega algunos pequeños detalles imprevistos más alguna cosilla que mete el escribano por su cuenta. Sobre el momento culminante, escribe:

"Inmediatamente, uno de los del valle de Baretons tendió una lanza en el suelo, pegante al moxón divisorio, arriba especificando, en la misma raya y límite de los expresados dos reinos, según que corta aquella. Y sobre la nombrada lanza se puso otra por un roncalés, haciendo cruz, metida un palmo o algo más en tierra de Francia. Y sobre esta cruz puso su mano, un francés y encima de aquella un roncalés y sobre ellas otro francés, y por lo consiguiente, un roncalés. Y en esta manera, alternativamente, pusieron los unos y los otros, quedando sobre todas ellas la última la de un roncalés ... ".

En 1755 redactó el auto correspondiente el escribano Miguel Ros, al que se le olvidó consignar, por ejemplo, algo que recogió su antecesor: el alboroto que armaron las escopetas de los monteros o soldados roncaleses presentes, "a modo de salva". Por lo demás, una vez recogidas sus lanzas, se saludaron con toda cortesía los representantes de los valles e hicieron otras demostraciones de urbanidad. La recepción de las vacas fue normal este año, tras el visto bueno del perito roncalés. Pero el alcalde de Roncal hubo de llamar la atención a los franceses, por la presencia de tres guardas de la ronda del tabaco, que habían acudido al acto con armas de fuego, siendo esto privativo de los españoles. La advertencia fue recogida sin protesta alguna y los susodichos entregaron las armas sin chistar, siéndoles devueltas al final de la ceremonia.

El Tratado de Límites de 1856 respeta la sentencia arbitral de 1375. Napoleón III intentó hacer desaparecer el Tributo, como depresivo para Francia, pero los mismos baretoneses se opusieron en pro de las buenas relaciones de vecindad. La tradicional piedra portátil de San Martín fue sustituida por el mojón fronterizo n.º 262. El último año de la II Guerra Mundial, los alemanes prohibieron la celebración de la ceremonia acostumbrada, pero de nuevo se reanudó, y en 1952 se hizo una entrega simbólica de las vacas, conviniendo en el pago de 8.000 pesetas a los roncaleses. Este cambio surgió como consecuencia de las dificultades que suponía bajar las vacas hasta el valle, ya que no existía carretera. Las vacas muestran en todo momento gran fiereza demostrada en el reconocimiento de los dientes que deben hacer los roncaleses para comprobar el buen estado de los animales.

Otro de los cambios de gran importancia efectuados en la ceremonia, éste desde hace algunos siglos, fue la supresión de los tiros de fusil que los roncaleses disparaban apuntando hacia Francia y que de alguna forma eran considerados por los del vecino valle como un sometimiento inadmisible. A lo largo de los siglos han existido algunas discrepancias en la forma de la ceremonia por parte de los baretonenses. Hacia 1895 se extendieron en diversos periódicos franceses -entre ellos "Le Figaro"artículos en contra de lo que consideraban una sumisión indigna por parte de los baretonenses. Estos han continuado con su "sumisión" puesto que las ventajas suyas son sustanciosas. A cambio de tres vacas pueden pastar sus ganados en excelentes pastos de calidad superior a los existentes en la falda pirenaica. Pero la realidad económica queda olvidada por el símbolo y la tradición que sostienen por encima de todo, los roncaleses.

"Nosotros nos gastamos mucho más que ellos. Sólo el banquete de más de cien personas supera muy por encima las 19.500 ptas. Evidentemente tendremos que estudiar el cambio del dinero por las vacas, ya que ahora podemos bajarlas en camión y no como antes que era dificilísimo".

Esta opinión de un roncalés seguramente es compartida por muchos otros. Pero la ceremonia y el ritual están por encima, como lo demuestra la fiesta actual.

Realizada por Paul Kauffmann en 1906 para el Journal des Voyages:

"Así pues, el 13 de julio desde el amanecer, los senderos de los dos valles, habitualmente silenciosos, se pueblan, poco a poco, de numerosos peatones cargados de provisiones. Los alcaldes franceses de las comunas del valle de Baretous o sus representantes, vestidos con blusones y tocados con boina, ostentando la banda tricolor, se dirigen al collado de la Piedra de San Martín para esperar en ella a las autoridades españolas que deben de acudir a ella hacia las 9 de la mañana.

Acompañan a estos alcaldes tres labradores que llevan de la cuerda a las tres novillas del tributo, de la misma edad y pelaje. Les acompaña un cuarto personaje que sostiene en la mano una lanza con asta de madera a la que se ha fijado un gallardete blanco como símbolo de paz. Con ellos marchan también varios aduaneros franceses armados con un pacífico revólver, a veces, uno o dos gendarmes o un guardabosques, pero sin ningún mandato oficial. Cierto número de curiosos cuyos talegos rebosan de provisiones les sirven de cortejo. Sostienen en la mano la famosa makila, el bastón vasco que el vasco no abandona jamás.

En cuanto a los turistas, hombres o mujeres, éstos les siguen a distancia ya a pie o a lomos de mula. Algunos momentos después aparecen los españoles encabezados por el alcalde o alcalde del ayuntamiento de Isaba, representante del valle de Roncal. Acompañan a éste dos de sus colegas del valle, un labrador que sostiene una lanza adomada de un gallardete rojo, otro encargado de recibir el tributo y otros personajes entre los cuales 7 u 8 pastores españoles armados de carabinas y portando la indumenta pintoresca del valle navarro. Unos carabiñeros (aduaneros) encuadran la diputación armados con fusiles Mauser.

Las dos diputaciones intercambian entonces saludos corteses, luego el alcalde de Isaba viste un traje especial compuesto de una especie de capote sin mangas sobre el cual se adapta una balona blanca; se cubre la cabeza con un sombrero redondo navarro. Luego, empuña la vara de justicia, palillo de madera negra engastada en plata, que es la insignia de las funciones judiciales correspondientes al alcalde en España. Terminados estos preparativos, se coloca, rodeado de sus dos colegas vestidos con sus grandes capas, frente al mojón delimitador y sobre territorio español. A su derecha, se hallan los pastores españoles, y a la izquierda, más atrás, los carabineros con sus armas.

Frente a ellos, al otro lado del mojón y sobre territorio francés, se colocan los tres alcaldes delegados del valle de Baretous. Detrás de los dos grupos y enfrentados se colocan ambos portadores de lanzas. A la derecha de los franceses y de forma perpendicular, las tres novillas con sus guardianes. Por aquí y por allí, a su entojo sobre su territorio, los curiosos. Descubriendo su cabeza, el alcalde de Isaba pregunta entonces en lengua española a los delegados franceses si vienen, "conforme a los antiguos usos", a pagar el tributo de las tres vacas y jurar la paz. Estos responden afirmativamente en español. Hecha esta constatación, los lanceros avanzan y depositan sobre el mojón sus dos armas formando una cruz. El alcalde de Isaba toma la lanza española y, por encima del mojón, la clava en el suelo francés, luego la recoloca sobre el arma francesa y la devuelve a las manos del lancero español.

Sobre esta cruz, los delegados de los dos países extienden su mano derecha: la paz es jurada. Inmediatamente después, se procede a la entrega de las tres vaquillas que son inmediatamente examinadas por un veterinario español y luego colocadas en territorio español en manos de sus nuevos guardianes. Durante esta ceremonia, los pastores españoles no han dejado un solo instante de hacer hablar a la pólvora y los ecos rocosos repiten mediante un redoble continuo las sucesivas salvas que no cesan hasta el agotamiento de las municiones. El alcalde da a conocer a continuación que va a recibir las reclamaciones y quejas que los pastores de ambos valles tengan que formular. Las juzga sin apelación. Pero, debemos hacer consignar que, lo más a menudo, no se produce ninguna reclamación.

La ceremonia termina con la nominación de los guardas encargados de hacer respetar los límites entre los dos territorios. Esta nominación se lleva a cabo, tanto para los franceses como para los españoles, por el alcalde, que recibe su juramento, durante el cual el guarda, extendiendo la mano, baja la extremidad de la vara de justicia que sostiene el alcalde. En ese momento, este último proporciona a los delegados franceses un recibo de la entrega del tributo, y el notario hace firmar el acta auténtica que testifica el cumplimiento de la ceremonia según los antiguos usos. La ceremonia ha acabado pero no la fiesta que finaliza mediante un almuerzo ofrecido en territorio español a los delegados franceses. Esta comida es de lo más pintoresco: tiene lugar en el fondo de un collado rocoso y el menú consiste en un calderete de cordero preparado al aire libre en una enorme marmita de cobre en la que cada uno trincha su trozo y unta su pan. Cerca del lugar, medio cordero ensartado gira sobre las brasas y proporciona el segundo servicio. Los vinos españoles riegan este banquete que termina con cantos y danzas locales, momento en que españoles y franceses piensan poco en si el tributo que ha ocasionado la fiesta ha sido pagado siguiendo las antiguas expresiones "por las hierbas o por la sangre". Mediada la tarde, el collado se despuebla y vuelven el silencio y la calma etemos."

Los registros de Comptos más antiguos (de fines del XIII) del AGN, nos muestran ejemplos de tributos de parecida naturaleza al que estudiamos, normales dentro del sistema político-social de la Edad Media, sin salirnos apenas de la tierra, en Ultrapuertos mismo. Así, los de la Soule, pagaban por esta época 4 salmones y 10 vacas "empreinaderas, cada una en sí con seinal blanco", cada dos años, por San Cristóbal, siendo el lugar de la entrega el yermo de Chapuaga en los límites de Cisa con dicha tierra. En 1300, se dió el caso curiosísimo de que los suletinos tuvieron que entregar al rey navarro 25 becerros, por no estar las vacas preñadas, conforme a lo prescrito (Reg. n.º 7). Los señores de Luxa y Agramont pagaban al rey en señal de vasallaje, "sendos aztores terzuelos" cada vez que había mudanza de señor en estas casas. El señor de Huarte entregaba un gavilán por San Pedro, fecha de las ferias de Gárriz

El castellano de San Juan cobraba una vaca a roncaleses y salacencos por cada cabaña de vacas que pasaba a pacer a los términos de su jurisdicción. En 1567 los roncaleses pleitearon con los ansotanos por la posesión de los términos de Linzola y Apaliroa, interviniendo las Cortes en el conflicto, por tratarse de términos fronterizos (Sec. de Límites, leg. 1, carp. 22). De la frecuencia de incidentes de frontera por esta época, nos da idea el memorial presentado a la Diputación por el cabildo de Roncesvalles en 1609, para que le protegiese contra el prior, que deseaba extraer el tesoro de la Colegiata (8.000 ducados en dinero, además de las joyas), por temor a los 1.500 bearneses que parecían amenazar la frontera por aquella parte. En esta ocasión, los bearneses llegaron a la vista del castillo de Jaca y se llevaron 6.000 cabezas de ganado (Sección de Negocios Eclesiásticos, leg. 2, carp. 9).

Sobre este sugestivo tema, han tratado entre otros -además de los historiadores generales, como Moret y Alesón-, los siguientes:

  • Iturralde Y Suit, J. Miscelánea histórica y arqueológica, vol. 5 (Pamplona, 1917), pp. 187-218
  • Madrazo, P. España, sus monumentos... p. 497
  • Estornés, Bernardo. Erronkari (El valle de Roncal), pp. 31-43
  • Fairén, V. "Contribución al estudio de la facería internacional de los valles de Roncal y Baretous", en Príncipe de Viana, núm. 23 (1946), pp. 271-296
  • Caro Baroja, Julio. ídem, núm. 32 (1948), p. 357
  • Mañé y Flaquer, J. Viaje al país de los Fueros. Barcelona, 1878, p. 298
  • Gambra, R. La primera guerra civil de España , p. 34, nota (nos da a conocer la anécdota de Humboldt).

El Compendial histórico sobre el origen del Tributo de las Tres Vacas, existente en Isaba, que transcribió Iturralde y Suit, nos da noticias de 1373, en cuya fecha el recrudecimiento de los incidentes fronterizos hizo necesaria la concordia de 1375.

El autor que con mayor intensidad y erudición ha aportado datos sobre esta ceremonia es Florencio Idoate, en especial en su Rincones de la Historia de Navarra, t. I, II y III, y en Esfuerzo bélico de Navarra en el siglo XVI.

Orixe dedica en su Euskaldunak uno de sus poemas a su historia y ceremonia.