Argazkilariak

Royo Echezarreta, Iñigo

Fotógrafo guipuzcoano contemporáneo, nacido en San Sebastián en 1962.

Ha participado en muestras como "Jóvenes Fotógrafos 87" (Madrid), "Foco 88" (Madrid), "Ambito de la Fotografía" (Madrid, 1988), "Nueva Realidad" (Tenerife, 1988), "Young European Photographers 1988" (Alemania, Polonia, Checoeslovaquia), "Arte in Leku" (Arteleku, Donostia, 1988), y "5 Fotógrafos Jóvenes Guipuzcoanos" (Arteleku, Donostia, 1989). Seleccionado para la Bienal "Barcelona 1989" y para la muestra "1968-1988. Veinte años de creación fotográfica en España".

Es uno de los exponentes más creativos dentro del ámbito de la fotografía en el País Vasco. Se licencia en Psicología por la UPV (Universidad del País Vasco). En 1987 obtiene el Premio Jóvenes fotógrafos del Ministerio de Cultura, el Premio Young European Photographers en 1989 en Alemania, además del Primer Premio en 1999 del II Festival de Cortometrajes organizado por el Centro de Estudios Cinematográficos de Cataluña y es becado en dos ocasiones por la Diputación Foral de Gipuzkoa en 1990 y 1999. Es seleccionado en el Certamen de Gure Artea en los años 1994, 1996, 1998, 2000 y 2002. Su obra está presente en diversas colecciones, entre otras en la Deustche Leasing en Alemania, la Caixa, Centro de Arte Reina Sofía, Rafael Tous, Enrique Ordoñez, Banco de España y Fundación Artium.

Coordinó a partir del mes de abril de 1993 un taller fotográfico denominado Fotograftura en el que intervinieron artistas contemporáneos españoles como Joan Fontcuberta y Javier Vallhonrat junto con otros artistas invitados y otro en 1994 Medir el cuerpo. Medir la ciudad, ambos en Arteleku (Donostia-San Sebastián).

Como resultado de su beca guipuzcoana, Iñigo Royo investiga el movimiento en el proyecto denominado Locomoción animal, del cual una obra, con el mismo título ha formado parte de la colección Ordoñez Falcón presentada en la muestra Grina Partekatu bat = Una pasión compartida en la Sala Kubo Kutxaespacio del arte en Donostia-San Sebastián en el 2002, proyecto que a su vez se expuso por primera vez en la Sala B.B.K. (Bilbao-Bizkaia Kutxa) de Bilbao en 1992. Una experimentación técnico fotográfica en la que la composición se desarrolla de una forma narrativa, con las fotografías de tamaño apaisado, haciendo leer al espectador el proceso de izquierda a derecha.

Precisamente en el trabajo La Voz humana (2000) presentado en Donostia-San Sebastián, después de estar en la feria de Arco (Madrid), el autor realiza una serie de fotografías de paisajes vacíos, de gran belleza, de un metro por un metro.

"En compañía de varias personas, tal como relata el propio autor, me dirijo a un paraje amplio, solitario y silencioso. Una vez allí, ubico en un punto cualquiera de este espacio a las personas que me acompañan y les invito a que hablen entre sí. Mientras conversan, me alejo de ellas en una dirección que determino por azar y no me detengo hasta llegar a otro punto en el que ya no puedo percibir ni el más mínimo vestigio de sus voces. A continuación busco un lugar equidistante a ambos puntos, desde donde poder fotografiar la distancia que los separa".

Una de las imágenes de esta serie se presentó en Gure Artea 2000 en octubre-noviembre de ese mismo año. Es la fotografía de la imposibilidad, de lo que no se puede fotografiar.

En este proceso la imagen reflejada, lo que vemos en imágenes es

"sólo el efecto secundario de un proceso que está, pero al que no puede tener acceso. Mi trabajo afirma Iñigo Royo habla de la imposibilidad de fotografiar, de sacar fotografías que no son más que ridículos acercamientos".

Dentro de una línea filosófica, acercándose a planteamientos relacionados con los de Cioran, el propio autor afirma que

"mis trabajos son la certificación de un fracaso. Son fotografías sobre la imposibilidad de hacerlo y son estrategias que conducen a la idea de no hacer nada".

La obra del artista donostiarra Iñigo Royo sigue un entramado complejo, mezclado con la literatura, para expresar en general la incomunicabilidad, la desesperanza, el caos. Parece que el arte se está alimentando de sus propias contradicciones y el arte, negándose como arte, manifiesta así su querer estar. Al generar graves paradojas, el arte contemporáneo vive de su propia desvalorización, de su continua autonegación y por eso está inmerso en un continuo cambio, reconstruyéndose cada día.

Desde una óptica personal en el curso Estrategias de la emoción y de la razón: actitudes de la fotografía actual desarrollado en 1999 en los Cursos de Verano de El Escorial este artista reflejó su actitud personal ante el hecho creativo. "No creo en la emoción surgida, somos seres condenados a establecer estrategias de todo tipo". Para ello, utiliza a Fernando Pessoa, su autor favorito y a Cioran siguiendo su dicho que "toda palabra es una palabra de más" a la cual Iñigo Royo añade que toda estrategia quizás también lo sea. Porque somos incapaces de callar, a Royo le seduce el silencio de Cioran y establece mecanismos que construyen la memoria del silencio. La literatura es siempre un recurrente y entre sus obras favoritas se encuentran El mito de Sísifo de Albert Camus y las obras de Samuel Beckett, sobre todo Molloy y Esperando a Godot.

"Encontrar una forma que exprese el caos, esa es la tarea del artista". Aduce Iñigo Royo que esa frase de Samuel Beckett es la más posible y la que más se aproxima a su trabajo. A este respecto reconoce que la fotografía tiene la capacidad extraña para mostrar el caos y el orden. En el inicio de su proceso de trabajo o para Relato de una estrategia (1996), este artista intenta establecer un paisaje, un lugar del que procura partir. Está poblado de sus querencias y afinidades particulares, son pinceladas de ese paisaje íntimo, esencial. La primera pincelada para establecerlo se encuentra en un libro editado por el director del Museo de Ciencias de Barcelona, La primera broma de la Historia, la segunda pincelada sería un cuento de Mario Benedetti, que le sirvió para una instalación Un boliviano con salida al mar. Una tercera pincelada, Rayuela de Julio Cortázar junto con el cuento Un viaje intemporal París-Marsella, que también narra una estrategia. La cuarta pincelada es Molloy de Samuel Beckett además de la de Georges Pérec con El olimpo y la de Italo Calvino con El barón rampante .

Historia de una colección frustrada (1996), surge tras la lectura de dos libros de Georges Pérec El secuestro y La vida, instrucciones de uso. Durante 5 días, con un ayudante, Iñigo Royo recorre sistemáticamente las 140 sucursales de Bancaixa de Valencia. Queriendo ser un coleccionista y tras la negativa para poder fotografiar las pinturas o el material que cuelgan de las cajas de ahorro, este artista realiza furtivamente su frustrado gabinete de aficionados. En este trabajo se recogen las reproducciones fotógraficas de diversas obras como el sueño de Jacob de José de Ribera, el Balandrito de Sorolla, una imagen de la Virgen de los Desamparados, un mapamundi del siglo XVII y una obra gráfica de autor desconocido. El resto, son cuadros en negro, con un archivo a la derecha en donde se recogen los resultados de la expedición de este artista por las calles de Valencia: 95 variadas fichas que concluyen con dos cartas que no se ven: una, la carta que escribe el propio artista pidiendo el permiso al director de relaciones sociales de la Fundación Cultural Bancaixa para poder ser un coleccionista de reproducciones y la otra, la negativa de Bancaixa.

Uno de sus videos, premiado en Barcelona en 1999, rodado en Las Bardenas lleva por título Muro de aguas y tiene una duración de ocho minutos. Se transmite más lo auditivo que lo visual: el ruido, el silencio, la mosca, el proyector y su ruido. El protagonista no ve nada, pero eso mismo justifica su trayecto. Se trata de plasmar lo irrepresentable. La cámara está inmóvil en un paraje desértico a pleno sol. Acaba con una máquina proyectora y el espectador sentado ante la pantalla en blanco, acompañado del run-run del proyector.

De su videofilmografía se pueden destacar Verde (1997), Réquiem (1998), Inventario (2000), trabajos realizados todos ellos en colaboración con Oscar Currás y el de Providencia (2002) realizado también junto con José Luis Arántegui.

La obra de Iñigo Royo es una muestra de esta relación autonegativa del arte, actitud que recuerda a Duchamp. "Considero, afirma el artista que cuento cosas desde la perspectiva de que no tengo nada que decir".

Iñigo Royo se encuentra en una situación paradigmática, que sigue creyendo que el ser humano quiere transmitir, sufrir, padecer y por una deformación gramatical se denomina artista, una definición meramente convencional porque precisamente aborrece eso, la mítica del arte. Quizás habría que inscribir a este artista dentro del área de arte neobarroco, tal como lo denomina el crítico de arte J.L. Brea.

Sus últimos proyectos de 2002 son "Donde se cuenta lo que en ellas se ve. Seis fotografías y un epílogo" obras en las que el artista reproduce en un muro distintos textos del Quijote, con letra en blanco, muy caligráfica sobre fondo negro; el segundo proyecto un tríptico de tres fotografías con un texto, obra seleccionada en el Gure Artea 2002 que reproducen una sala de proyección vacía con la luz cegadora del proyector y El Coyote, una instalación con dos sillas con unos auriculares conectados a unos reproductores de CD por los que se da lectura en orden alfabético que tal como completa fielmente el título "y bajo la tenue luz de una bombilla de 60 watios, de los pies de foto hallados en los periódicos que durante las ultimas semanas se han ido acumulando en mi casa".

Sus últimas exposiciones individuales se han realizado en Donostia-San Sebastián como Colaboración conjunto de varias obras presentadas en la muestra sobre Arte Eléctrónico en el País Vasco, en el Museo de la Ciencia en el 2001, en la Galería D.V. (Diario Vasco), en el "Aranburu Jauregia" de Tolosa La bicicleta roja y el exprimidor de naranjas, que se enmarca dentro de los II Encuentros de Gráfica "Okupgraf", y en la galería Visor de Valencia en el 2002. Obtiene en el 2000-2001 la beca de la Fundación Botín, cuyo proyecto se expone en diciembre de 2002 en Santander.

  • Royo, Iñigo: Historia de una colección frustrada, Donostia-San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa, 2000.