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OREITIA

Censos. 1800: 25 vecinos; 1960: 94 h.; 1970: 81; 1978: 49; 1981: 49.
1900: 27.
Castellano. Probablemente, a fines del s. XVIII, sus habitantes conocían todavía el euskera (Varios: «G. H. L. V.», Auñam., 1960, t. I, pp. 6166). En el mapa lingüístico de L. L. Bonaparte (1863) esta localidad queda muy alejada de la línea de dominio del euskera.
Parroquia de San Julián y Santa Basilisa. Construcción de mampostería a excepción de su cabecera de tipo poligonal y el primer tramo de la nave, en piedra de sillar. Esta parte más estrecha data del s. XIII, conservando todavía muchos de los elementos del arte medieval, como los canecillos en la imposta triple del ábside, los vanos del presbiterio: uno apuntado, en parte cegado hoy; un óculo decorado por rosetas y resaltado con molduras concéntricas abocinadas y la figura de un jinete encima; y el vano central gótico también abocinado. La portada pertenece también al s. XIII. Sólo lleva una arquivolta decorada por círculos entrelazados y el resto son baquetones que apean en una imposta ricamente ornamentada y ocho columnas con basas de garras y capiteles historiados combinados con otros de motivos vegetales. En el pórtico, de comienzos del XVII, se abre un ventanal del s. XIII. Torre neoclásica, construida en piedra de sillería hacia 1763 por Juan de Echevarría. Consta de un cuerpo de base cuadrada macizo y el campanario más ornamentado, separados por una comisa saliente. En planta se perciben también dos etapas: la construcción protogótica (ábside y primer tramo) y la remodelación del XVI, en el último tramo con planta de salón casi cuadrada, cubierta de múltiples nervaduras que forman una cruz reticulada con las claves pintadas. El resto de la nave cubre con bóveda de crucería simple. El arco triunfal apuntado que da paso a la cabecera, recae en pilares compuestos de medias columnas y baquetones. La cubierta de este espacio es de ocho nervios convergentes en una clave foral. Sobre el último tramo de la nave, se levanta el coro con arco escarzano apoyado en gruesos pilares decorados. Las enjutas van relivadas con el tema de la Anunciación. Encima, antepecho con recuadros trabajados en retícula lineal. El bajo coro lleva bóveda nervada de complicado diseño, realizada en la segunda mitad del s. XVI. De esta época o quizá de comienzos del s. XVII es también la sacristía, que posee una original cúpula rebajada, de círculos concéntricos y nervios radiales. Existe también un baptisterio adosado al templo, dónde se encuentra una gran pila de comienzos del s. XVI de gallones. En cuanto al contenido mueble, destaca el retablo principal de la segunda mitad del s. XVII, trazado por Martín de Tellería, esculpido por Miguel de Aldasoro y dorado en 1734 por Juan de Abaroa y Echavarría, aunque las esculturas del retablo fueron doradas y estofadas por Diego de Ibarrola, a fines del XVII. Se compone de banco, dos cuerpos articulados en tres calles y dos entrecalles por seis columnas de fuste estriado y capiteles compuestos, más el ático con elementos del primer barroco. Presiden el retablo las imágenes de los titulares, que junto con el resto de las tallas forman un buen conjunto escultórico. Resaltan especialmente las tallas de San Pedro y San Pablo. El remate es de tres calles. En la central se alberga el Calvario y en las laterales, rematadas por frontones triangulares, Salomé y otros dos personajes a la derecha. Cuatro retablos laterales más adornan la iglesia. Dos en el prebisterio, de la primera mitad del s. XVIII, y los otros en el segundo tramo de la nave. A la izquierda de la cabecera, cobijada en nicho avenerado, la escultura de la Inmaculada. En el remate del retablo, existe un escudo con las armas de los Guevara, Alzolaras-Iraetas y Estellas, señores del palacio de Guevara-Lazarraga, cuya sepultura se encuentra ante este retablo. El colateral está presidido por una buena imagen de San Agustín. Los retablos de la nave, de comienzos del s. XVIII, son obra de Martín Ruiz de Luzuriaga. Constan de predela, cuerpo principal con dos columnas salomónicas y remate. Se alzan bajo la advocación de San Roque y la Virgen del Rosario. Tallas bien policromadas y estofadas, de buena factura, especialmente la de la Virgen. Existen también unas pinturas murales del s. XV, tapadas por el retablo mayor. Pintadas en tonos oscuros y delineadas en negro, representan santos y arquitecturas. Otras pinturas en lienzo, de escaso valor, se guardan en la sacristía, junto a un buen número de piezas de orfebrería, entre las que destacan: una custodia dorada del s. XVII, un copón de la misma fecha y una botonadura de oro y esmaltes, obsequio de Isabel II al Diputado de la provincia, Ramón Ortiz de Zárate. Capilla del cementerio de la villa, dedicada a Santa Teresa. Existieron además otras dos ermitas: la de San Pedro, y la de San Juan o de Santa Polonia. Palacio de Guevara-Lazarraga. Casa-fuerte, se encuentra en la actualidad rebajada, reducida y muy transformada. Edificio rectangular de 14 m. en su fachada principal, desplegada hacia el O., y de 10 m. en sus laterales. A la fachada trasera se adosan establos y almacenes en lugar antes ocupado por un patio porticado. En el piso bajo, en la fachada, se abren dos arcos de medio punto con notable dovelaje de sillería. Se conservan en la misma fachada dos ventanas con jambas y dinteles góticos. En ambos extremos hay dos escudos, con armas de Guevara a la derecha y Lazarraga a la izquierda. Se conservan restos de la construcción del s. XV con elementos del s. XVI avanzado. «Torre Blanca». Perteneciente en su fundación a la casa de Guevara-Lazarraga, es un edificio muy reformado y ampliado en sus costados; construcción casi cuadrada en origen, de mampostería, con una planta de 9,40 por 10,60 m. De estilo gótico tardío, ostenta armas de Guevara-Lazarraga. Fundación de Diego de Guevara y Lazarraga a mediados del s. XVI.
Lugar de la hermandad de Vitoria, cuadrilla de Vitoria-Gasteiz. (Ref. «D. G. H. R. A.», t. II, p. 208).
A comienzos del s. XX carecía de escuela pública. Su población escolar asistía a la de Monasterioguren.
Carnaval de Oreitia. La fiesta infantil del jueves de Lardero tenía carácter esporádico. Este día pedía el pastor del pueblo. Postulaba por la mañana, muy temprano, antes de llamar al ganado. Le obsequiaban con viandas y dinero, y concluido el recorrido conducía el ganado al monte. El Carnaval se iniciaba el sábado. El «mozo» mayor» organizaba las carnestolendas, de acuerdo con sus compañeros, y el primer cometido de los jóvenes era cl sacrificar una oveja o un ternero. El sábado al atardecer salían en cuestación los mozos, con dos músicos que interpretaban el laúd y la guitarra. Algunos jóvenes iban disfrazados, con ellos llevaban una carroza tirada por una yunta de bueyes y en su exhibición repetían: «La señora de esta casa es una buena mujer, que da chorizos y huevos y cuartos para beber». El domingo de Carnaval, los jóvenes comían en el sitio previamente señalado, y de esta casa salían varios «porreros». A media tarde, los jóvenes y los mayores se reunían en la bolera del pueblo y jugaban la «partida» de vino», medio litro cada uno, y en el mismo escenario del juego merendaban bacalao y tortilla o chorizo que llevaban de casa. Seguidamente se bailaba en la plazuela de la iglesia. En el baile, con música de laúd y guitarra, tomaban parte las mozas, que en Oreitia no se disfrazaban. El lunes por la mañana salían los «porreros» y daban la ronda por el pueblo, con laúd, guitarra y acordeón. A primeras horas de la tarde acudían a Agurain, en un coche alquilado en Dulantzi. Esta visita festiva la realizaban conjuntamente con los mozos de Arbulo y cada uno se preocupaba de su merienda. En Agurain rondaban la villa y merendaban en la Plaza de San Juan, formando un círculo y bajo la vigilancia de un señor mayor de Oreitia, quien con un palo en la mano se colocaba en el centro de los jóvenes. De nuevo éstos salían en ronda y para cenar volvían a sus respectivos pueblos. Con la ronda mañanera abrían los mozos la fiesta del martes de Carnaval. Los «porreros» de Oreitia, incansables, cantaban y bailaban por las calles. Para el martes, los mozos de Oreitia tenían asimismo presto el muñeco de Carnaval, al que llamaban «Marquitos», homónimo del que figura en la pantomima de Zalduondo. Para montar aquel monigote se valían de un armazón de madera, al que vestían con un sombrero, la careta, un pañuelo para hacer la cabeza, el pantalón, una camisa y la chaqueta embutidos de paja y con un cartucho dentro. A eso de la media tarde, dos «porreros» lo sacaban de la denominada casa de los mozos y lo paseaban por el pueblo, asido por las extremidades inferiores. En la plaza de la iglesia lo dejaban apoyado en un pretil, y ante la presencia de la mayor parte de los vecinos, terminaban con el muñeco, explotando el petardo que llevaba. Durante el baile que venía a continuación -con acordeón y los mentados instrumentos de cuerda- se bebía «zurrakapote», elaborado con vino, canela, limón, azúcar y agua. El «zurrakapote» animaba la danza y la música no cesaba hasta las nueve de la noche. Con la cena daban los mozos por cerrada la fiesta del martes. Al atardecer del miércoles de Ceniza, los jóvenes salían una vez más en ronda y cenaban en cuadrilla. Los mozos liquidaban las cuentas de Carnaval en la cena del domingo de Piñata. [Ref. J. Garmendia Larrañaga: «C. en A.» San Sebastián 1982].
Nombre. Aparece como Oretia en doc. de 1025 («C. S. M.»); Oreytia en doc. de 1257 citado en «Revista de Archivos...» de los años 1907 a 1909; Oretia en doc. de 1294 reproducido en el «Boletín de la Real Academia de la Historia» de octubre de 1883; Oreitia en doc. de 1331 reproducido en p. 203 de «Memorias y privilegios de Vitoria» (1922) de Floranes. El apellido del mismo nombre aparece como Oretia en doc. de 1074 citado en p. 218 del «C. S. M.» publicado en 1930; Oreitia (López de) en doc. de 1615 reproducido en p. 235 del «Quaderno de Leyes y Ordenanzas de Alava...» (1776). [Ref. G. L. G., «B. I. S. S.» 1969, p. 58].
Noticias medievales. En 1138 fue donada al monasterio de Nájera una casa que tenía en Oreitia María López de Estívariz. (Ref. Ramiro de Pinedo: El santuario de Santa María de Estíbaliz, Madrid, 1940, pp. 22-23).

Siglo XVI. Según una escritura dada en Valladolid el 11 de mayo de 1542, Atanasio de Ayala, Conde de Salvatierra, cedió al hospital de Santiago de Vitoria, entre otros bienes, unos que tenía en Oreitia. (Ref. D. Ramiro de Pinedo: El Santuario de Santa María de Estíbaliz, Madrid, 1940, pp. 45-46).
Parroquia del obispado de Vitoria. En 1800 estaba bajo la jurisdicción del obispado de Calahorra, y pertenecía a la vicaría de Vitoria y al arciprestazgo de Armentia. (Ref. «D. G. H. R. A.», t. II, p. 208).